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Volumen 5 Abril 2014

Editorial Comité editorial: Caroline Forastieri Daniel García Martha del C. Quiles Melany M. Rivera

En este volumen:  Editorial:

Por: Martha del C. Quiles Jiménez pág. 1

 El cuerpo como objeto y el sacrificio: sobre El arco de la histeria

Por: Verónica M. Vélez González pág. 2

 Elizabeth von R., una cara del sacrificio Por: Caroline Forastieri Villamil pág. 3-4

Por: Martha del C. Quiles Desde tiempos remotos, el ser humano ha practicado sacrificios, y siempre ha sido en búsqueda de una respuesta. Es importante señalar que al referirnos a caras, apuntamos a las múltiples formas que puede tomar el sacrificio. De hecho, la palabra caras proviene del latín “cara”, y se utilizaba para describir la cabeza o el semblante. Curiosamente un semblante, es una apariencia, por tanto- de lo que se trataría es de las “apariencias” del sacrificio. En este número de apalabra se presentarán distintas vertientes del sacrificio, de lo que se entrega y lo que se espera. En La Ganancia del Mártir se muestra la faz del sacrificio en su expectativa de retribución; Un ejercicio de fe revela el sacrificio de no saber; el caso de Elisabeth von R., nos brinda el matiz clínico de cómo el sacrificio se exhibe en el cuerpo y Sacrificio de vida: Sacrificio de muerte nos invita a pensarlo desde lo que se satisface en la insatisfacción. En fin, acercarnos al sacrificio, es acercarnos a un intercambio, es uno de los pretextos que utilizamos para vincularnos. Y en esta quinta edición de apalabra, entregamos una invitación a la reflexión, amparada en lo sagrado del pensamiento. Esperamos que nuestro intento, no se traduzca en sacrilegio.

 La ganancia del mártir

Por: Daniel García Mitchell pág. 4-6

 Un ejercicio de fe

Por: María Isabel Coss Guzmán pág. 6-7

Presentaciones:  Sacrificio de vida, satisfacción en la muerte

Por: Verónica M. Vélez González pág. 8-10

 El sacrificio en el análisis y sus distinciones de la(s) psicoterapia(s)

Por: Melany M. Rivera Maldonado

pág. 11-14

Volumen 5 Abril 2014


El cuerpo como objeto y el sacrificio: sobre El arco de la histeria

Por: Verónica M. Vélez González

El sacrificio nos ha acompañado a lo largo de la historia humana. Son muchas las caras que de él se dejan ver: sacrificios humanos, rituales para apaciguar la ira de los dioses, sacrificios de animales, soldados muriendo por sus ideales, madres y padres dando su vida por sus hijos... El sacrificio, en sus múltiples manifestaciones, trata de algo que el humano da de sí y que de una u otra forma compromete al cuerpo. Por esto la obra presentada en la promoción de nuestra 5ta Tertulia Psicoanalítica nos lo recuerda. Tanto en la obra como en el sacrificio hay un cuerpo que queda suspendido entre lo sagrado y lo profano, entre lo caído y lo erigido, entre lo propio y lo ajeno. Como lo muestra la obra de Louise Bourgeois, llamada El arco de la histeria, el ser humano tiene la posibilidad de convertir su cuerpo vivo en un objeto a ser entregado al sacrificio, ya sea que ese sacrificio implique la muerte, el sufrimiento o la privación. Un detalle que hace más interesante la obra es el hecho de que Louise Bourgeois¹ fue una artista que estuvo en análisis durante 30 años, hasta que su analista muere. Era versada en conceptos psicoanalíticos y se identificaba a sí misma como una histérica. Por esta razón hacía obras sobre la histeria, como la que nos compete. El arco de la histeria, incluso, se refiere a la posición que mostraban muchas de las histéricas en la época de Charcot, maestro de Freud y de las cuales se pueden encontrar fotos. En fin, en la imagen se muestra un cuerpo distorsionado, tenso y por tanto con vida que sin embargo tantea la muerte. Es como un objeto a medio caer, o como un objeto en caída

“El arco de la histeria”, Louise Bourgeois

que ya no se puede atrapar. En este caer es que se vuelve algo sacro, valioso, y por tanto el brillo de la obra no sobra. El cuerpo cobra la importancia necesaria para ser algo que el otro quiere, para ser algo que necesita caer, que necesita entregarse con el fin de lograr algo; es un cuerpo sacrificado. Se presenta así esta ambigua obra como un punto de entrada para pensar paradójicamente el tema que nos convoca: caras del sacrificio. ¹ Para más información pueden referirse a la siguiente página web: http://www.theguardian.com/ artanddesign/2012/apr/06/louise-bourgeois-freud

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Elizabeth von R., una cara del sacrificio Por: Caroline Forastieri Villamil Al pensar en el tema de la presente Tertulia Psicoanalítica, Caras del sacrificio, recordé un caso clínico al que me acerqué hace poco, donde me parece ver una cara del sacrificio. Se trata de una joven de 24 años de edad, paciente del psicoanalista Sigmund Freud. Esta joven acude a Freud debido a unas dificultades severas para caminar para las cuales no encontraban razón médica. Como Freud nos relata: “hacía más de dos años padecía de dolores en las piernas y caminaba mal”¹. Esta joven llega quejándose de “grandes dolores al caminar, y de una fatiga que le sobrevenía muy rápido al hacerlo y al estar de pie; al poco rato buscaba una postura de reposo en que los dolores eran menores, pero en modo alguno estaban ausentes”². Estas aflicciones no nos dan pista aún sobre ningún sacrificio. Es a partir de lo que relata sobre su historia que vemos su particular posición frente al sufrimiento que le rodea y lo que elige ella hacer con él…sacrificando-se. En la vida de la joven habían ocurrido varios eventos importantes que afectaban a todos en su familia. Primero, el padre enfermó inesperadamente y tras un año y medio de estar en cama, muere. Luego la madre, de quebrantada salud, debe someterse a varios tratamientos por una dolencia ocular. Una de las hermanas menores de Elisabeth contrae matrimonio y se aleja de la familia y luego la segunda hermana, con la cual mantenía las mejores relaciones, muere debido a un padecimiento cardíaco agravado por un embarazo, dejando un pequeño hijo el cual es alejado de la familia por su padre. Lo que es importante resaltar aquí es el lugar que ocupa Elisabeth y la posición que asume en esta familia ante todas y cada una de estas situaciones. La joven se sacrifica una y otra vez. Durante la enfermedad del padre, es ella la que duerme junto a su cama y se desvela por sus cuidados día y noche, sacrificando sus propios intereses. No sale con sus pares ni lleva a cabo actividades que la puedan mantener fuera de la

casa por mucho tiempo para no des-cuidar al padre. A partir de la muerte de éste, se dedica en cuerpo y alma a la madre. Se “movió en ella un ardiente deseo de que los suyos pronto hallaran un sustituto de la dicha perdida, y le hizo concentrar todo su apego y desvelos en la madre supérstite”³. Es a ésta que le dedica todo su tiempo y atención y hace lo posible para que todos los otros miembros de la familia se comporten de manera similar, sólo resintiendo inmensamente a todo aquel que no lo haga, como ocurre con la hermana que se marcha lejos junto a su esposo. A partir de la pérdida de la segunda hermana y la posterior separación del único sobrino, así como del yerno, aumentó la sensación de desvalimiento e impotencia de Elisabeth en devolverle a la madre los años de felicidad.

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Algunos opinarán que ésta es la manera de asumir una situación como la de Elisabeth. Para otros, es demasiado el sacrificio propio que está en juego. Mi intención aquí no es tomar juicio respecto al lugar que Elisabeth eligió colocarse. Sí es, sin embargo, el hacerme preguntas sobre lo que estos sacrificios implicaron y los posibles efectos que -podemos sospechar- tuvo en ella. La palabra sacrificio implica “ofrenda; acción a que alguien se sujeta con gran repugnancia por consideraciones que a ello le mueven; acto de abnegación inspirado por la vehemencia del amor”⁴. ¿Qué es lo que sacrifica Elisabeth? ¿Podemos decir que ella se ofrenda como objeto de sacrificio? ¿Cuál es el costo de este sacrificio? Respecto a Elisabeth, una pista puede ser la relación de sus dolores y síntomas respecto a su elección de sacrificarse por otros. Síntomas y dolores que –recordemos- no encuentran explicación médica y que le dificultan literal y metafóricamente moverse. ¿Qué se gana y qué se pierde en el sacrificio? ¿Dónde esto la deja colocada y qué posibilidades tiene para hacer algo diferente?

Dejaré estas preguntas abiertas para que cada cual pueda proponer sus propias respuestas. Para mí, el acercarme a éste caso, fue una forma de pensar una de las múltiples caras del sacrificio a partir de la clínica. Escenario en el cual muy a menudo las cosas son paradójicas, confusas y están entremezcladas. Donde no encontramos una sola y simple respuesta y dónde es necesario escuchar, no sólo al paciente en la literalidad de lo que dice, sino lo que su cuerpo y sus acciones revelan también de aquello que no ha logrado apalabrar. ¹ Freud, S. (1893-1895). Señorita Elisabeth von R. En: Estudios sobre la histeria. Obras Completas de Sigmund Freud, Volumen II. Buenos Aires: Amorrortu editores. Pág. 151. ² Freud, S. (1893-1895). Señorita Elisabeth von R. En: Estudios sobre la histeria. Obras Completas de Sigmund Freud, Volumen II. Buenos Aires: Amorrortu editores. Pág. 151. ³ Freud, S. (1893-1895). Señorita Elisabeth von R. En: Estudios sobre la histeria. Obras Completas de Sigmund Freud, Volumen II. Buenos Aires: Amorrortu editores. Pág. 156. ⁴ Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

La ganancia del mártir Por: Daniel García Mitchell Tal como lo adelanta el título de la Tertulia para la cual escribo en esta ocasión, quiero poner sobre la mesa otra cara del sacrificio. No para dar prueba empírica de su existencia, sino como una puesta en escena, sujeta a la consideración e interpretación del espectador o en este caso del lector. Quisiera cuestionar la concepción generalmente aceptada sobre aquellas personas que se sacrifican por un supuesto bien colectivo a expensas de su beneficio propio. Podríamos intentar explicar la concepción popular de aquel que se sacrifica con una comparación: lo que para los niños son los héroes de las historietas que vienen a salvar a las ciudades, para los adultos son los mártires que sufren para evitar el sufrimiento de otros. Ya sea que el sacrificio nos cree indignación porque murió un ser humano que entendemos no merecía morir, o nos cause admiración porque ese ser humano dio su vida de forma voluntaria por un bien superior, la concepción aceptada por

muchos es que hay algo noble, heroico e incluso sagrado en el sacrificio. Sin embargo, hoy me quiero hacer eco de teóricos cuyas elaboraciones van dirigidas a mostrar otra cara del mismo. Una mirada tal vez no tan noble y admirable, pero igualmente humana. René Girard, en su libro “La violencia y lo sagrado” produce una interesante elaboración sobre este tema desde una perspectiva sociológica. Quiero hacerme eco de sus planteamientos para luego intentar mirarlos desde el psicoanálisis y trasladarlos en forma de pregunta a la realidad psíquica del sujeto. Girard, ve el sacrificio como un forma ritualizada y socialmente aceptada de descargar y canalizar la violencia inherente al ser humano- en este caso sobre el sacrificado o el mártir. Alguien tiene que recibir el castigo de forma visible, para crear un imaginario de que se está haciendo justicia. El sacrificio viene a ser un tipo de violencia camuContinúa en la pág. 5

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flada. Describe, cómo en las organizaciones sociales primitivas imperaba la ley de la venganza entre los diferentes grupos o tribus. Si un grupo hacía algún daño a un miembro de otro grupo, el grupo afectado procuraba vengarse y el ciclo de venganza y violencia entre un grupo y otro continuaba al punto de destruirse sociedades completas. En las sociedades modernas, se construye todo un sistema judicial para canalizar el ejercicio de la violencia y la venganza. Ahora es un tribunal y un juez quien tiene la autoridad de emitir castigos que incluso pueden incluir la muerte. De esta forma las personas no cargan en sus manos la sangre del que muere. Según Girard, este proceso es sacrificial porque toda la violencia inherente al ser humano se vuelca sobre el que cometió el crimen, y el hecho de que dicho criminal reciba el castigo mantiene cierto imaginario de justicia y mantiene calmados a los demás individuos, al menos hasta que haya otro nuevo criminal que sacrificar. Podríamos decir entonces que el sacrificio es el rito que media entre la violencia inherente al ser humano y la expresión de ésta. Si se expresa de una manera socialmente aceptable, aparenta aminorar la culpa en el ser humano violento y dar cierto imaginario de justicia y calma. ¿Cómo pensar esto desde la realidad psíquica del sujeto? Tanto Freud como Lacan, nos marcan un camino para pensar el sacrificio en el sujeto. Conceptos como goce y masoquismo nos pueden revelar otra cara del sacrificio. Freud, realizó elaboraciones sobre lo que llamó el principio del placer desde el cual, la acumulación de tensión produce displacer y la liberación de dicha tensión produce placer. El psiquismo, buscará entonces mantener cierta estabilidad donde los niveles de tensión permanezcan bajos. Sin embargo, en su texto “Más allá del principio del placer” complejiza este planteamiento y le añade un elemento que parece paradójico. Indica, que en ocasiones el psiquismo funciona de tal forma que reta este principio. El sujeto tiende a permanecer en un estado displacentero o de acumulación de tensión. Freud, no dejó muy claro por qué esto ocurría, pero Lacan aportó luz a este asunto con su desarrollo sobre el concepto de goce. En términos sencillos, podríamos llamar goce a esa intensidad que se juega en el sujeto,

que va más allá del principio del placer por el hecho de que no se concreta la liberación de la tensión, provocando en el sujeto un displacer y al mismo tiempo cierta ganancia. En esa tensión que experimenta el sujeto está entrelazado el sufrimiento, con cierto grado de satisfacción, aunque esto ocurra a nivel inconsciente. Tomando estos desarrollos como base, ¿cómo podríamos ver el sacrificio a nivel individual? En la clínica vemos constantemente casos donde parece darse una actitud sacrificial en el sujeto. La mujer que decide permanecer en una relación que ya no la satisface para evitarles a sus hijos el sufrimiento del divorcio de sus padres. El religioso que inhibe sus deseos sexuales y de cualquier otra naturaleza por obedecer un sistema de creencias que ha puesto en primer lugar en su vida. El hijo que abandona sus sueños de estudiar lejos de su hogar por tal de cuidar a sus padres enfermos. El esposo que dice estar dispuesto a entregar su vida si tuviera que proteger a su esposa de algún peligro. El activista político que recibe toda clase de insultos y críticas por luchar por una causa beneficiosa para un pueblo. Todas estas acciones parecen nobles y desinteresadas. A simple vista hablarían de personas altruistas. Sin embargo, la otra cara del sacrificio, tal y como lo plantearían los autores que hemos mencionado, es que siempre hay para el sujeto una ganancia psíquica. Sería injusto generalizar cuál sería esta ganancia, porque la misma puede variar en cada sujeto, pero lo importante es que el acto sacrificial no se hace sin que se reciba nada a cambio. La actitud Continúa en la pág. 6

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sacrificial viene a ser una manera socialmente aceptable de tramitar asuntos que de otra manera serían muy vergonzosos o insoportables para el sujeto. Viene a cubrir la incapacidad del sujeto de moverse de su posición de goce y pensarse de otra manera. En términos sencillos, es más soportable sufrir, que aceptar la responsabilidad que se tiene de moverse del sufrimiento. Se necesita, entre otras cosas, valentía y esfuerzo para decidir poner el deseo propio en movimiento y buscar un lugar distinto al de la pasividad masoquista de quedarse en una posición de dolor interminable. No estoy insinuando que todo sufrimiento es masoquista ni que todo el que sufre se resiste a dejar de sufrir. Esto no se puede generalizar, pero es importante reconocer que en ocasiones, sí ocurre de esta manera. Podríamos decir entonces que el sacrificio no siempre es heroico, a veces es cobarde, porque implica la resistencia a moverse de una posición. No siempre es altruista, en ocasiones tiene una función narcisista en el sujeto que busca aprobación y admiración por sus actos. Otras veces es perverso, porque sabe cómo manipular la situación para proyectarse como un mártir y gozar de la lástima de los otros. No es menos ciertos que las acciones humanas son extremadamente complejas. Encerrarlas a todas en una categoría o explicarlas todas de una manera única, no les haría justicia. Con este escrito no he pretendido darle una sola explicación a los actos sacrificiales, sino poner sobre la mesa el planteamiento de que hay otras formas posibles de pensar el sacrificio. Suena bonita la idea de que el ser humano es bueno por naturaleza y que tiende a hacer lo correcto sacrificándose por causas superiores a él, pero parece más humano pensar que junto con nuestros sacrificios, hay una expectativa de retribución, una búsqueda de satisfacción y un instrumento para sublimar y mantener ocultas las partes más vergonzosas de nosotros. ¿Qué gana la madre que dedica el resto de su vida a sus hijos sin volver a iniciar otra relación de pareja? ¿Cuál es la ganancia del hombre que dice estar dispuesto a dar su vida por su pareja? ¿En qué se beneficia el religioso que se abstiene de todo pedido del cuerpo para ser muy devoto? Todas estas son preguntas clínicas cuyas respuestas, de ser exploradas cuidadosamente, seguramente

nos llevarían a motivaciones no tan nobles y ejemplares. No necesariamente esto tenga que sonar a conspiración, pues la mayor parte del tiempo, a quien buscamos esconderle ese lado que no nos gusta de nuestra persona es a nosotros mismos. Muchas veces lo hacemos a nivel inconsciente, y en el caso de que se quiera escapar al plano de lo consciente, nos las ingeniamos para devolverlo al plano donde lo creemos más seguro. ¿Qué gana el mártir con su sacrificio? Tendríamos que evaluar el caso por caso, pero la repetición está en el hecho de que siempre algo se gana. Siempre hay un goce envuelto. Está siempre latente la ganancia del mártir.

Un ejercicio de fe Por: María Isabel Coss Guzmán Hace unas semanas atrás jamás pensé que quisiera leer un escrito con la palabra fe en su título, menos aún me imaginé que sería yo la que estuviese escribiéndolo. El esfuerzo y sacrificio de un grupo de estudiantes y amigas que continúan organizando la Tertulia Psicoanalítica, que va ahora por su quinto encuentro, fue lo que me motivó a escribir sobre el tema al que nos invitan a pensar; sobre el sacrificio. En la primera edición de Apalabra escribí sobre el valor de siempre posicionarnos como principiantes cuando el dolor de un otro está de frente a nosotros. Ahora pienso que ese posicionamiento implica ciertamente un sacrificio, el sacrificio de no saber, o tal vez de confiar en el saber del otro sobre su propio padecer. Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra sacrificio se define como la abnegación, renuncia o privación que se hace en favor de algo o de alguien. Por supuesto, muchos hacen referencia a la práctica del sacrificio por su valor religioso, que entonces sería definido como una ofrenda que se le hace a la divinidad. Considero importante aclarar que gran parte de mi niñez y adolescencia la pasé en escuelas católicas, por lo que he pasado todos estos años desaprendiendo gran parte de lo que en un momento ni se cuestionaba. Ahora bien, no importa si somos católicas, pentecostales, mormoContinúa en la pág. 7

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año de estudios graduados y habiendo culminado un año intenso de trabajo como psicóloga interna en la ciudad de Nueva York, puedo decir con seguridad que la educación que se me ha ofrecido en la Universidad de Puerto Rico me ha preparado académica y profesionalmente para los retos que he enfrentado en el camino dentro y fuera del salón de clases. Eso nadie me lo quita, eso vive conmigo.

“Maternidad” , Olga Blinder

nas, judías, testigos de Jehová o ateas, cuando decidimos entrar a la Universidad y peor aún, a programa graduado, todas hacemos un ejercicio de fe. Desde mi punto de vista, ese ejercicio de fe se practica pues esperamos que el proceso educativo nos permita no sólo adquirir un conocimiento superior sobre el área del saber que nos interpela, sino que consciente o inconscientemente deseamos estar mejor posicionadas al momento de entrar al campo laboral. Al acercarnos a la graduación o al abandono de la escuela o la Universidad, aparece más vivo que nunca el temor de salir a la “jungla” sin la protección de un salón de clases, de un maestro o de tiempo de gracia de los miles de dólares en préstamos que cargamos en nuestras mochilas. En la actualidad, cursando el quinto

Durante el transcurso de mis estudios graduados, las exigencias académicas junto con las dificultades económicas, han sido y continúan siendo mi principal reto, y por lo cual, me urge graduarme y poder entrar al campo laboral y generar ingresos para mi familia. Desde que vivo en Nueva York, me enfrento cada día con la cruda realidad de ser inmigrante y recordar que lo desconocido es una oportunidad para enfrentar los cambios con valentía. Vivir como inmigrante, y a la vez, ser un recurso para personas que viven esa misma experiencia, ha sido una lección de la importancia de la solidaridad, humildad y empatía. A comienzos del año 2013, mientras cumplía siete meses de trabajo en el internado y me preguntaba si este “lugar” era para mí, el lugar de terapeuta y el lugar de inmigrante, descubrí que estaba embarazada. Con la noticia, el mundo de repente, no era el mismo, se tornó totalmente desconocido. Luego de muchas noches sin dormir pero con muchos sueños de futuro, tomé la decisión de re-descubrir el mundo junto a mi hijo. Y aquí me encuentro, aún en un lugar desconocido pero con más ganas de perseverar, de triunfar, sobretodo más ganas de vivir y por supuesto, bien acompañada. Si ser madre y estudiante no es un sacrificio, entonces digamos pues que es un constante e interminable ejercicio de fe.

¿Eres estudiante o egresado de un Programa de Psicología Clínica? ¿Te interesa participar de un espacio de discusión clínica a partir de la propuesta psicoanalítca? El Grupo de Encuentro y Formación Analítica (GEFA) te invita a participar de sus reuniones, celebradas todos los jueves de 7:00pm a 9:30pm. Interesados en obtener más información o en participar deberán enviar un correo electrónico a: encuentroanalitico@gmail.com

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PRESENTACIONES

Sacrificio de vida, satisfacción en la muerte Por: Verónica M. Vélez González El sacrificio ha sido parte de la historia humana desde la antigüedad. Quedan por ejemplo rastros de los sacrificios que los antiguos griegos hacían a sus dioses. También quedan, más cercanos, los varios pasajes en la biblia que los describen. Todavía hoy el sacrificio, aunque no sea predominantemente en la forma de un animal o un humano, se constata con facilidad, incluso más allá de su experiencia religiosa. No solo hacemos ayuno, renuncias o caminamos descalzos procesiones sino que "por otros" donamos órganos, somos soldados o dejamos al lado nuestros sueños y deseos. Acaso no se habla del sacrificio de una madre por su hijo. No solo nos sacrificamos sino que también sacrificamos a los otros a favor del beneficio "propio". Tanta insistencia del sacrificio en la experiencia humana me hace preguntarme: ¿Qué se esconde detrás de éste? ¿Por qué el ser humano sacrifica y se sacrifica? ¿El acto del sacrificio implica una pérdida o es una ganancia? Con estas preguntas en mente comencé a leer y a buscar. En la lectura me topé con un mito que despertó mi curiosidad: el mito de Tántalo. Se los resumo: en la mitología griega, Tántalo era hijo de Zeus y una ninfa. Rey de su ciudad tenía el favor de los dioses y por esto era bienvenido en la mesa divina, entre otros privilegios. Sin embargo, en desobediencia y reto develó los secretos de los dioses, compartió su néctar y ambrosía a sus amigos mortales y les robó. Éstas no fueron las únicas ofensas. Tántalo invitó a los dioses a una cena, sacrificó a su hijo Pélope, lo desmembró, lo cocinó y se los sirvió. Puso a prueba el saber de los dioses, quería ver si los podía engañar. Solo uno de los dioses, distraído, comió algo del hombro del chico sacrificado, los otros se dieron cuenta de inmediato. Decidieron revivir a Pélope y como castigo la descendencia de Tántalo fue maldecida, él muere y sufre en castigo eterno en el Tártaro (en una parte del Hades reservada para los

malvados). Se describe su castigo en la Odisea: "Vi a Tántalo (nos dice Odiseo), el cual sumergido en un lago cuyas aguas le llegaban a la barba, padecía el horrible tormento de la sed, pues no conseguía alcanzar una sola gota con que humedecer su lengua. Cuantas veces bajaba la cabeza, las aguas desaparecían como tragadas por la Tierra. Pero aún era mayor su tortura, pues colgaban sobre él riquísimas frutas que, al intentar cogerlas, desaparecían entre las nubes."¹ ¿Porqué hablar del mito de Tántalo en un escrito sobre el sacrificio? ¿Cuál fue el sacrificio de Tántalo? ¿Sacrificar a su hijo? Si suponemos que la pérdida del hijo significó realmente un sacrificio para él, Tántalo lo dio a cambio de quebrar la sapiensa de los dioses aunque no lo lograra. Sin embargo, me parece que tal vez el sacrificio de Tántalo se puede encontrar en otra parte. ¿Acaso sacrificó su lugar privilegiado entre los dioses? Si suponemos que el sacrificio fue su lugar privilegiado entre los dioses, lo dio a cambio de constatar el saber y superioridad de ellos. De tal forma que este semi dios se dio cuenta que no era semejante a los dioses. Por así decir lo dio a cambio de constatar su propia mortalidad. Ahora sufre en las entrañas de la tierra, en el sitio más oscuro del mundo de los muertos, la eterna insatisfacción. Su morada está llena de bienes, de frutas y agua y sin embargo le es imposible tomarlas. Solo sirven para alimentar su engaño de que alguna vez va poder saciar su sed y su hambre. Ahí cuando las esperanzas de disfrutar de los objetos de sus deseos lo asaltan y trata de moverse para alcanzarlos, el agua se seca y el fruto se va. Este mito, a mi parecer, no solo da cuenta del porque muchos de los griegos sacrificaban animales y no humanos para placer a los dioses, sino que nos da pista de aquello que se esconde detrás del sacrificio. Tal vez todo sacrificio tenga algo del de Tántalo. Sin embargo Tántalo enseña la cara negativa del sacrificio. Me refiero que es el negaContinúa en la pág. 9

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PRESENTACIONES tivo de una foto. El positivo, la foto final del sacrificio, sería a mi parecer algo más o menos así: comenzamos en falta, somos pecadores o estamos lejos de estar en el favor de los dioses (sean los dioses en este ejemplo Dios, el destino, el mundo o simplemente un otro significativo). Escogemos algo preciado, sacro incluso, que asumimos es nuestro, o sea que es parte de nosotros, y lo ofrecemos con dolor (porque si no duele no es un sacrificio me decían cuando pequeña). Perdemos ese objeto preciado para placer a los dioses, no para retarlos. Y lo hacemos no para encontrarnos con un castigo sino para ser premiados. Expiamos un castigo, no lo provocamos. Tal vez, si seguimos invirtiendo el mito de Tántalo, lo hacemos para satisfacernos ahí donde sufríamos en el mundo de los mortales, de una terrible insatisfacción. Tal vez nos sacrificamos para poder vivir sin estar atravesados por la muerte. Esta última premisa tal vez merece más elaboración, quiero ser clara. Nos sacrificamos en el intento de poder vivir sin estar atravesados por la muerte. Sacrificamos bajo la creencia de que podemos de alguna forma poder vivir y a la vez estar satisfechos. ¿Acaso al decir esto no me arriesgo a ser muy contundente y a tratar de explicar todos los sacrificios de la misma forma? ¿Acaso por otro lado, lo que digo es en sí es paradójico e imposible? ¿Igual que decir: vivir mientras se muerte, perder mientras se gana, insatisfacerse mientras nos satisfacemos? Me parece que sí es paradójico, sin embargo sigo creyendo que hay veces en donde los humanos hacemos como si fuera posible alcanzar lo imposible a través de nuestros actos. Además creo que por lo menos los sacrificios más comunes esconden la ganancia buscada (el intento de satisfacción) y enseñan la pérdida. El ejemplo del paraíso, aunque no es el único, tal vez me puede ayudar a ser más clara. Muchísimos sostienen la creencia de que si nos sacrificamos en esta vida podemos ganarnos el

paraíso. Aunque adopta muchas formas, el paraíso implica vida eterna en dicha. Vida de satisfacción. Queremos el paraíso porque nuestra vida actual está atravesada por la mortalidad, la muerte, y esto implica dolor y profunda insatisfacción. De eso, si entiendo bien, se tratan las consecuencias del pecado original. Así que aspiramos, a que con nuestros sacrificios, a través de nuestras pérdidas en esta vida, podamos llegar al paraíso. Aspiramos llegar a un sitio en donde podamos vivir y estar satisfechos. Dicha aspiración y esperanza es humana y se refleja tanto en la religión cristina como en otras. Así creo que el humano se sacrifica para vivir sin estar atravesados por la muerte, muere para vivir, como pasaría si viramos como media el sacrificio de Tántalo. El p si co a n á l i si s plantea, que dicha aspiración va del lado de lo imposible. Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, en unos de sus escritos más conocidos, El malestar en la cultura², no s dice qu e el entrar en cultura requiere un sacrificio de nosotros, por así decir requiere pagar un precio. Para poder vivir dejamos que muera de uno. Freud usa las palabras renuncia pulsional que de forma algo escasa significa que tenemos que renunciar a algo de nuestra posible satisfacción. Más aún, este sacrificio no es único, no se hace de una vez y ya, sino como rememorándolo tenemos que repetirlo una y otra vez. De ahí en adelante nuestras satisfacciones van a ser, por decir algo, a medias. Y este "a medias" le abre la puerta al dolor. Si cada cual le diera rienda suelta a la búsqueda de las sus propias satisfacciones, ahora a medias, no sería posible vivir con otros en cultura. La renuncia, el sacrificio, es necesaria para crear lazos y por tanto para vivir. Una de las consecuencias de este constante renunciar, sacrificar incluso nuestras pequeñas satisfacciones, es la culpa. Si no actuamos de tal forma que le demos justicia a este sacrificio de entrada Continúa en la pág. 10

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PRESENTACIONES NOTAS

___________________________________ ___________________________________ ___________________________________ ___________________________________ ___________________________________ ___________________________________ a la cultura nos sentimos culpables. Somos como Tántalo en un sentido, estamos en falta desde el inicio y compartimos su insatisfacción. Creemos que podemos recuperar aquello que sacrificamos al principio. Sin embargo, siempre que tratamos de alcanzar nuestra completa satisfacción, la felicidad total, el viento aleja las ramas de las frutas de la felicidad y el agua de la satisfacción se evapora. Jacques Lacan, psicoanalista francés, por su parte y siguiendo los pasos de Freud, nos da una analogía de cómo cada cual entra en cultura. Entrar a la vida humana, que es inevitablemente simbólica, es parecido a como si un ladrón nos asaltará y nos dijera: "¡La bolsa o la vida!". Lacan dice: "Si elijo la bolsa, pierdo ambas. Si elijo la vida, me queda la vida sin bolsa, o sea, una vida cercenada"³. Uno entonces tiene que decidir si deja ir su cartera para vivir o muere con todo y cartera. Aclaro que no parece probable que te quedes con la cartera después de morir. Incluso si te entierran con ella ya no será tuya, ya tú no serás. Para vivir entonces tenemos que hacer un sacrificio, dar algo, la cartera. Vivir implica estar cercenados de ella. Esa bolsa me parece que representa algo de satisfacción que ya no tendremos si nos insertamos en el mundo mortal, en el mundo del Otro. Muchas veces hacemos como si pudiéramos quedarnos con la vida y la bolsa; queremos hacer como si fuera posible quedarnos con las dos. Esto es, dejar ir a la bolsa solo para recuperarla después. El psicoanálisis nos recuerda que el sacrificio es inherente, no querer sacrificar nada es imposible. Una vez perdido ya no está en el registro de lo recuperable. Lo curioso es que este sacrificio que nos señalan tanto como Freud como Lacan, se sigue repitiendo a través de la vida pero de distinta

forma. Como ya dije perdemos para ganar. Al principio hacemos un sacrificio para entrar a la vida mortal distante de ser perfecta. Luego, ya en falta, hacemos sacrificios pensando que podemos ganar eso que pensamos perdido. Es como si pensáramos, esto es preciado sin embargo todavía no es suficiente, tal vez pueda darlo a cambio de eliminar aquella falta que cargo desde el principio. Sería Tántalo pensando que si sacrifica algo preciado, se sacrifica a sí mismo, tal vez pueda entonces librarse de su eterno castigo y así alcanzar el objeto de sus deseos, que le dará la satisfacción última: la Felicidad. Ya sea la llamemos la pérdida de la bolsa en el ejemplo de Jacques Lacan, la renuncia pulsional de la cual habla Sigmund Freud o la pérdida del favor de los dioses de Tántalo (o Pélope, el hijo, depende de cual consideren fue su verdadero sacrificio) hay un pérdida que se juega en el sacrificio. Sin embargo, esa pérdida primordial que implica aceptar la imperfección de la vida mortal nos deja con sed de ganancias. Tal como Tántalo, nos engañamos si pensamos que podemos en nuestra vida mortal erradicar la pérdida, satisfacernos cuando alcancemos los frutos a nuestro alrededor. Siempre el agua se va a secar, el fruto se va a mover. Al fin y al cabo ganar total satisfacción a la vez que vida sin mortalidad es imposible. En fin para contestar las preguntas que abrí al principio del escrito creo que lo que esconde el sacrificio es algo que ya perdimos y no podemos recuperar, sin embargo lo intentamos. Como el acometido nunca es 100% perfecto, lo reitera. Por eso el ser humano se sacrifica y sacrifica. Así en el sacrificio, aunque paradójico, la pérdida implica también una ganancia. Tratamos entonces de vivir en la muerte, ganar en la pérdida y satisfacernos en la insatisfacción. Me parece que ésta es una de las caras de sacrificio. ¹Homero (1968), La odisea, Editorial Vasco Americana, p. 98-99 ² S. Freud (1930). El malestar en la cultura en Obras completas, Amorrortu, p. 57 ³ J. Lacan (1964). Seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Editorial Paidós, Buenos Aires, p. 220

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PRESENTACIONES

El sacrificio en el análisis y sus distinciones de la(s) psicoterapia(s)

Por: Melany M. Rivera Maldonado

“Los

hombres huecos viven en la piedra, se pasean por ella como cavernas móviles. Se pasean sobre el hielo como burbujas de forma humana. Pero no se aventuran por el aire, pues se los llevaría el viento. (...)El vacío es su único alimento, comen la forma hueca de los cadáveres y se embriagan de palabras huecas, de todas las palabras huecas pronunciadas por nosotros. Hay quienes dicen que desde siempre han sido y por siempre serán.“ -René Daumal, El monte análogo

Rápida, segura y agradable. Estas son las tres palabras con las que Aulo Cornelio Celso, enciclopedista romano y autor de "De medicina..." describe el deber del médico al curar. De no haber dado la referencia, bien pudiera decirse son palabras actuales, vigentes en la demanda de un sistema médico, económico y social donde por un lado se oferta la felicidad y la salud como pan nuestro y por otro la costo-efectividad hace de los calmantes sustitutos cada vez más efímeros para encubrir el malestar. Es precisamente haciendo uso de estas tres palabras, que cuando apenas comenzaba a gestar el psicoanálisis, Freud (1905) dejó claro que por sus pormenores, el tratamiento psicoanalítico no podía regirse por los mismos parámetros que cualquier psicoterapia pudiera ostentar del lado de la medicina. ¿Qué de esto atañe al tema que nos convoca hoy, siendo el sacrificio en la obra de Freud comúnmente vinculado a la transición de la ofrenda colectiva hacia una divinidad, a la respuesta individual de la demanda de un dios/padre instituido y ante el cual es posible autodespojarse? Luego de realizar una búsqueda a través de la obra freudiana, encuentro recurrentemente la alusión al "sacrificio" como aquello que implica un análisis para todo aquel que, cansado de recibir otros tipos de tratamiento para el alma, llega hasta el diván. Es pues este el pretexto con el que quisiera hoy abrir la discusión sobre tres preguntas: 1) cómo el sacrificio que se da en el análisis lo distingue de la psicoterapia y 2) qué estatuto se le

da al analista, habiendo sacrificado el analizado ante él aquello por lo que antes ganaba (gozaba) y 3) qué posibilidades depara el sacrificio analítico. De la incapacidad para la existencia a la renuncia de la ganancia de enfermedad

Pasa que una “incapacidad para la existencia” (Freud, 1905 [1904]) lleva a un sujeto al psicólogo o provoca el encuentro con éste ya sea en una institución o en una oficina privada. (Antes de continuar: no desahucie a la incapacidad, digamos que se trata de un no saber hacer con aquello que en la vida le sucede en determinado momento y ante lo cual sobreviene el sufrimiento, la incertidumbre, la queja…) En algunos casos ya el Paxil, el Clonopin, el Aderrall, el Vallium, ya han surtido cierto efecto de adormecimiento. ¿Qué busca allí? Que se le cure, que se restituya lo que una vez fue. A partir de lo anterior se le solicita al psicólogo responder a tal demanda utilizando como recurso aquello a lo que ha recurrido la más primitiva de las terapias: la palabra. Pero el intercambio paciente-terapeuta no se da como en el cotidiano, cuando conversamos con otros sobre nuestras heridas. Se da inscrita en un discurso que hace lazo social, mediada por una "expectativa esperanzada y confiada" del paciente en que aquel que "sabe" pueda dar una respuesta. Es esa expectativa tan eficaz que incluso tiene efectos en el cuerpo (Freud, 1890). Pero hay algo que la medicina no anticipa o reconoce y que el psicoanálisis transforma en la oportunidad de abrir paso a un trabajo que pudiera devenir terapéutico: el paciente se resiste a la cura y se aferra a lo que gana con la enfermedad. Desde Tratamiento psíquico, tratamiento del alma (1890) Freud había descubierto las resistencias que oponía un sujeto al renunciar a su enfermedad, lo que indica es "un gran sacrificio, no uno pequeño" (p. 131). En un texto de 1910, tiContinúa en la pág. 12

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PRESENTACIONES aferrarse a ésta que derrota sin atenuantes a los instrumentos que la técnica pone en manos del médico" (2006 [1990], p.20). Según el propio Lacan "hay goce en el nivel en que comienza a aparecer el dolor, y sabemos que es solo en ese nivel del dolor que puede experimentarse toda una dimensión del organismo que de otro modo permanece velada" (Lacan, 1966, p. 34).¿Cómo responden las psicoterapias y el psicoanálisis ante esto? Ni sugestión ni persuasión: el sacrificio enmarcado en los discursos

“Extracción de la piedra de la locura” El Bosco

tulado Las perspectivas futuras de la terapia psicoanalítica, Freud hace alusión a la ganancia de enfermedad, que define a partir de la siguiente situación: "Muchísimos seres humanos, ante conflictos vitales cuya solución se les volvió demasiado difícil, se han refugiado en la neurosis, obteniendo así una ganancia de la enfermedad, ganancia inequívoca, si bien harto costosa y larga" (p. 141). En un texto de 1926, ¿Pueden los legos ejercer el análisis?, Freud ejemplificará cómo opera esta ganancia de enfermedad como justificación social o dispositivo protector, algo que había anticipado en el texto de 1910. "En la vida civil, la e nfermedad puede ser usada como protección para disimular la propia insuficiencia en el trabajo profesional y en la competencia con otros; en la familia, como medio para constreñir a los demás a hacer sacrificios y dar pruebas de amor, o para imponerles su voluntad"(p.208). Creo que el hallazgo de las terapias sistémicas con el paciente síntoma puede remontarse desde Freud. ¿Qué justifica para el paciente decir "es que él/ella es autista", "es que está depresivo", "tiene una depresión post-parto"...? ¿Cómo pensar los beneficios que provee el Seguro Social, el Estado, a quienes aseguran tener un padecimiento mental y arman un expediente médico que lo sustente? Antes de pasar al próximo apartado, quisiera traer a la discusión cómo dicha ganancia de enfermedad alude al concepto de goce. Braunstein (2006 [1990]) indica que en Psicoanálisis y medicina (1966) Lacan habla sobre cómo el médico constata una y otra vez que "bajo la apariencia de la demanda de curación, se esconde a menudo un

Me permitiré explicar brevemente en qué consisten las psicoterapias tradicionales (CBT, modificación de conducta, por mencionar algunas). Demoulin (2003), en ¿El psicoanálisis, terapéutico? clasificará las intervenciones de estas psicoterapias en dos categorías: aquellas donde por medio de la persuasión el médico utiliza el saber para decirle al paciente qué debe hacer con su padecer y aquellas donde la figura del médico le dice qué hacer al paciente. Tanto la sugestión como la persuasión, corresponden a dos de los discursos planteados por Lacan en el Seminario XVII: el del Amo y el Universitario (Demoulin, 2003). El alcance de la palabra, que como habíamos discutido es la materia prima del análisis, dependerá del discurso en el que se inscriba, ya que éste genera el lazo social, le da un contexto, una intención y desencadena consecuencias. Aunque de forma superficial, quisiera ejemplificar ambos discursos, pues son la base sobre la cual el psicoanálisis toma distancia al proponer el discurso del Analista. En la sugestión, el terapeuta se presenta como aquel que dice al paciente qué hacer. "Usted debe divorciarse", "eso no le está haciendo bien", "búsquese otro trabajo", son algunas de las frases que pudieran ejemplificar cómo el terapeuta se convierte en el sujeto-supuesto-poder (Demoulin, 2003). Es el poder de las terapias de hipnosis, que Freud descartó muy temprano en su obra. Es este agente el que se dirige al paciente exigiéndole obrar de una forma pre-establecida, sosteniendo un lugar de goce. Por otro lado, la persuasión no deja de ser un discurso de poder, solo que en este caso es el saber el agente que utiliza el terapeuta para dirigir al paciente aquello que debe hacer. Se vería ejemplificado con las llamadas terapias basadas en la evidencia, en la que a través de la Continúa en la pág. 13

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Frente a ambos, y esto Lacan lo dejó claro en su Seminario 17 -El reverso del psicoanálisis- la propuesta del discurso del analista es precisamente ser el reverso del discurso del amo, que es también el discurso de la universidad solo que en este el amo se disfraza en el saber. Demoulin (2003) señala que la propuesta de este discurso es incluso opuesta a terapias psicoanalíticas freudianas en las que la sugestión y la persuasión imperan. Se trata pues de que el analista ocupe, no su lugar ni el lugar del saber como agentes, sino un lugar de sujeto-supuesto-saber ante el cual el paciente debe realizar un sacrificio, poniendo en despliegue no solo su sufrimiento, sino también algo que pasa desapercibido en las demás terapéuticas y que es quizás el sacrificio mayor: aquello que gana/goza en la enfermedad. A diferencia de lo que se piensa, el análisis lacaniano apunta a que el analista no hable desde el saber que se le supone (como pudiera suceder en la interpretación freudiana), sino que actúe desde la transferencia la repetición de es ganancia de enfermedad para deconstruir los significantes que la han sostenido y la sostienen. El sacrificio puesto en transferencia

Lacan, en la lección 21 del Seminario sobre La angustia (1962-1963) dirá que "el sacrificio no está destinado ni a la ofrenda ni al don, que se propagan en una dimensión muy diferente- sino a la captura del Otro como tal en la red del deseo". ¿Cómo pensar esta captura del Otro en la red del deseo desde el encuentro analítico? ¿Habría que hacer distinciones a partir de las neurosis obsesivas, de las histerias, de las psicosis o de la perversión? Pienso que el discurso del Analista pudiera darnos pistas sobre ello. Creo que en la medida que el analista hace semblante del sujetosupuesto-saber y actúa el lugar de un objeto a sobre el cual se despliega el goce, el analizado hace de ese lugar -no del analista- algo sagrado sobre lo cual es posible realizar el sacrificio. El estatuto de sagrado no solamente remitiría a una divinidad sino también a algo amado. La diferencia -y he ahí el trabajo analítico- es que la respuesta del analista -en tanto el lugar que

4 discursos de Lacan

creación de manuales y cuestionarios diagnósticos crea tratamientos capaces de ser generalizados. Es pues ya no el sujeto-supuesto-poder sino el saber-poder performeado por la figura del terapeuta.

ocupa- no será la misma que la del resto de sus objetos consagrados. Es decir, no hay retribución ante el despliegue del sacrificio, no se dice qué hacer o se explica por qué hay que hacer lo que hay que hacer. El analista actúa, interviene, haciendo de la transferencia -y del amor que el paciente ha puesto en esta- su recurso principal, no solo la palabra. Y en ese recorrido, dicho lugar sagrado ha de caer, como caen los ídolos y las divinidades. En lugar de ¿puede considerarse el sacrificio necesario para que se de el amor de transferencia? la pregunta sería, ¿es la transferencia necesaria para que se dé el sacrificio de la ganancia/goce de la enfermedad? Apuntes finales sobre el sacrificio en el análisis

"¿Haríamos tan grandes sacrificios justamente para desarraigar la neurosis?", es la pregunta presente en Freud (1910, p. 141), y cuya respuesta como sabemos no es la renuncia a la propuesta analítica. ¿Sacrificar el lugar que se gana con la enfermedad por otro que desconocemos y puede incluso provocarnos mayor sufrimiento, con un método que no es ni seguro, ni agradable, ni rápido? Como lo anticipa Freud (1926), el psicoanálisis no es una panacea para el sufrimiento psíquico; al contrario, exige del sujeto sacrificios indispensables para llevar a cabo una transformación en la que el sujeto ya no puede ser restituido como aquel que fue, sino que aprende a saber hacer con aquello que la experiencia de vida y la vida en cultura han hecho de él/ella. Es pues esta la ética la que define el psicoanálisis y no su técnica. Para Demoulin (2003) es incluso una terapéutica de lo incurable de la condición humana que no se da en el vacío, y que puede detenerse sin culminar el recorrido propuesto por la teoría analítica, ya sea cuando el sujeto alivia un síntoma, una culpa, una angustia, o supera una inhibición. Toca al sujeto que llega a la clínica elegir si permanece como siempre han sido y por siempre será y al analista la pregunta por la cura que dejo abierta para otra ocasión. Continúa en la pág. 14

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PRESENTACIONES Referencias

NOTAS

Braunstein, N. (2006 [1990]). El goce. Un concepto lacaniano. México: Siglo XXI Editores. Demoulin, C. (2003). ¿El psicoanálisis, terapéutico?. Medellín: Editorial No Todo. Freud, S. (1890). Tratamiento psíquico, tratamiento del alma. En J. Strachey (Comp.), Tomo I Obras completas. Buenos Aires: Amorrortu. Freud, S. (1893-1895). Sobre la psicoterapia de la histeria. En J. Strachey (Comp.), Tomo II Obras completas. Buenos Aires: Amorrortu. Freud, S. (1905 [1904]). Sobre la psicoterapia. En J. Strachey (Comp.), Tomo VII Obras completas. Buenos Aires: Amorrortu. Freud, S. (1910). Las perspectivas futuras de la terapia psicoanalíticaa. En J. Strachey (Comp.), Tomo IX Freud, Obras completas. Buenos Aires: Amorrortu. Freud, S. (1915 [1914a]). Introducción. En J. Strachey (Comp.), Tomo XV Obras completas. Buenos Aires: Amorrortu. Freud, S. (1915 [1914b]). El estado neurótico común. En J. Strachey (Comp.), Tomo II Obras completas. Buenos Aires: Amorrortu. Freud, S. (1926). ¿Pueden los legos ejercer el psicoanálisis?. En J. Strachey (Comp.), Tomo XX Obras completas. Buenos Aires: Amorrortu. Lacan, J. (2001 [1966]). Psicoanálisis y Medicina. En Escritos Tomo I. México: Siglo XXI. Lacan, J. (2006 [1962-1963]). Seminario X La angustia. Barcelona: Paidós.

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PARA SU INTERÉS  Página de internet: http://tertuliapsicoanalitica.weebly.com

Facebook: Tertuliapsicoanalitica  Página del Taller del Discurso Analítico de Puerto Rico:

www.taller-discursoanalitico.org Facebook: Taller del Discurso Analítico de Puerto Rico  Seminario clínico de la Dra. Gómez: último viernes de cada mes  Seminario sobre la Ética del Dr. Ramos: primer viernes de cada mes  Coloquio del Taller del discurso analítico: “El sufrimiento y las falacias de su control”

Fecha: viernes, 16 y sábado, 17 de mayo de 2014 Lugar: Museo de Las Américas, Viejo San Juan

Para más información escribe a: encuentroanalitico@gmail.com Volumen 5 Abril 2014

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PRESENTACIONES

Algunas caras del sacrificio "No lo hice en un estadio, ni en la calle. Lo hice frente al edificio del presidente. Cogí 200 gramos de gasolina, me la eché por encima y encendí el mechero. En diez segundos perdí el conocimiento por el shock y el dolor. Cuando desperté tenía un aspecto horrible. No tenía piel en los brazos, se me veían los huesos y no tenía labios. Parecía un vampiro". Son las escalofriantes declaraciones de Dimitir Dimitrov, un búlgaro que, harto por la situación político-económica que atraviesa su país, decidió autoinmolarse el pasado 13 de marzo, logrando sobrevivir.” (Artículo del periódico “Vozpópuli”) “Los sacrificios por la culpa son una cosa santísima. Éstas son las instrucciones en cuanto a ellos: 2 El animal ofrecido por la culpa deberá ser degollado en el lugar donde se matan los animales que se ofrecen para ser quemados, y con su sangre se deberá rociar los costados del altar. 3 Se deberá ofrecer toda la grasa del animal: la que hay en la cola y la que cubre las vísceras, 4 los dos riñones, la grasa que los cubre y la que está sobre los lomos, así como la parte grasosa que está sobre el hígado, la cual se deberá quitar junto con los riñones.5 Luego el s acerdote quemará esto sobre el altar, como ofrenda quemada en honor del Señor. Es un sacrificio por la culpa, 6 y todos los sacerdotes podrán comer de él, aunque deberán hacerlo en un lugar consagrado, pues es una cosa santísima.” (Relato bíblico del libro de Deuteronomio) “Hoy y siempre mi prioridad es mi hijo y todo lo demás viene después. Ningún sacrificio es grande si se trata de la felicidad y la estabilidad de mi Joe Joe. No tengo cabeza para pensar en una boda, ni en los preparativos y menos en disfrutarlo si sé que mi bebé se quiere ir de mi lado”, dijo Maripily a HuffPost Voces. “Correrán ríos de sangre antes de que conquistemos nuestra libertad, pero esa sangre deberá ser la nuestra.” (Mahatma Gandhi) “Tanto mayor será el provecho cuanta mayor violencia te hagas.” (Tomás de Kempis)

“Human sacrifice was relatively rare in Maya culture but important rituals such as the dedication of major building projects or the enthronement of a new ruler required a human offering. The sacrifice of an enemy king was the most prized offering, and such a sacrifice involved decapitation of the captive ruler in a ritual reenactment of the decapitation of the Maya maize god by the Maya death gods.” “Hombre paralítico recoge dinero para pagarse tratamiento y lo da un niño de 5 años con perlesía cerebral para que de sus primeros pasos.” (Noticia del periódico “MailOnline”) “El gobernador Alejandro García Padilla anunció esta tarde que se completó la emisión de bonos de $3,500 millones, considerada clave para mantener liquidez del Banco Gubernamental de Fomento (BGF)”. (Artículo de “El Nuevo Día”) “Padre se sacrifica para salvar la vida de su hijo empujándolo de la carretera y siendo arrollado por vehículo.” (Noticia del periódico “MailOnline”) “22:6 Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos. 22:7 Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? 22:8 Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos. 22:9 Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. 22:10 Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. 22:11 Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 22:12 Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. 22:13 Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. 22:14 Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.” (Relato bíblico del libro de Deuteronomio)

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Apalabra #5  

Apalabra de la 5ta Tertulia psicoanalitica. Incluye los dos textos presentados y otros escritos cortos. En este volumen: Editorial: Po...

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