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evangelización fue la conquista intangible, entonces las cúpulas y casonas barrocas eran el dominio visible —gran parte de la conversión religiosa sucedió gracias a la contemplación de las torres abigarradas y las inmensas cúpulas brillando en un valle con poca agua y recursos naturales. Aunque para nosotros la arquitectura novohispana se vislumbra como algo común de la ciudad, imaginemos varios siglos atrás: ¿con qué percepción caminaría un grupo de naturales frente al templo de San Felipe Neri y su precipitada altura? La invasión arquitectónica, el sometimiento de piedras y cantera. Incluso ahora, el centro de la ciudad impone con sus grandes proporciones: paredes macizas y columnas elevadas que nos obligan a levantar la cabeza hacia el cielo. Pero algo pasa si nos alejamos del núcleo novohispano: la cuadrícula serpentea, las calles se achican, los colores se amplifican y las altitudes se reducen. Entre menos caminamos por la ciudad española, más nos adentramos a la herencia prehispánica y los barrios de indios. Ahí, separados de las casonas con huertas y patios, los pueblos del valle fundaron vecindarios de guerreros y civiles recién convertidos al cristianismo. Así se formaron lo que hoy conocemos como los barrios de San Sebastián, Santa Ana, Santa Rosa, San Francisquito y El Tepetate; lugares donde el fervor español y las costumbres milenarias construyeron el folclore queretano. En México el mestizaje es bilateral: de la herencia española a las culturas mesoamericanas y viceversa. Por un lado, pueblos aprendiendo los oficios que ahora reconocemos en el mercado de artesanías; por el otro, ingredientes ancestrales incorporados en la gastronomía regional; y entre los dos, las fiestas patronales donde la pólvora y los bailes prehispánicos se reúnen con los atrios y la devoción a los santos. Después, la ciudad evolucionó: lo que solía ser las afueras quedó encerrado entre el Centro Histórico y las colonias de los años ochenta. Entonces el mestizaje pasó a ser una representación de las tradiciones enfrascadas: el folclore latente. Basta con pasear por la antigua periferia novohispana y descubrir las capillas construidas fuera del exceso barroco, los mercados con sus aromas y colores, las modestas casas de adobe en donde

Querétaro MX: memoria fotográfica  
Querétaro MX: memoria fotográfica  

La ciudad y sus múltiples tiempos paralelos.

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