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imaginados en distintos siglos pero, al mismo tiempo, reunidos en los inicios del XXI; la representación palimpsesta. Centros comerciales con explanadas al aire libre y tiendas departamentales, edificios contemporáneos como el Centro de Congresos con vista panorámica de la ciudad, restaurantes exclusivos que reciben a los sibaritas más aventureros, grandes diseños arquitectónicos como el Contact Center de Santander imponiéndose sobre la Avenida 5 de Febrero, el ocio nocturno que desbordan las plazas y andadores del Centro Histórico, corredores gastronómicos con vista al lago de Juriquilla; tanta infraestructura donde el adobe y la cantera han sido sustituidos por el cristal y el acero, la rústica alineación del Virreinato reemplazada por perspectivas y esquemas simétricos. Aunque Querétaro dista mucho de ser como su vecino —la Ciudad de México—, su desarrollo metropolitano ha comenzado a lanzar guiños y vistazos de lo que será la ciudad en un futuro no tan lejano. Hablar de una ciudad-metrópoli no nada más es su imponente y extendida arquitectura, sino también las expresiones sociales que derivan en sus habitantes: la cultura urbana que presenciamos a nuestro alrededor. Tal vez no valga la pena adentrarse en suposiciones y conjeturas sobre cuál será el rumbo de Querétaro el siguiente siglo. Quizás este despertar metropolitano es apenas la introducción. Hace más de 400 años, los primeros pobladores de este territorio construyeron un proyecto de conquista y evangelización, que se completó durante el siglo XIX y terminó desdoblándose en proporciones inimaginables para aquellos fundadores. A lo mejor y pasa lo mismo cuando llegue el siglo XXII: la multiplicidad de Querétaro y sus tiempos paralelos que nos sobrepasan. Pero ahora, en el presente, ésta es la ciudad que caminamos todos los días; un pie tras otro, generación sobre generación.

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Querétaro MX: memoria fotográfica  

La ciudad y sus múltiples tiempos paralelos.

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