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Pátinas y texturas: rastros del esplendor barroco novohispano. por Luis Bernal

Las ciudad es la suma de detalles. En el caso de Querétaro: colores, herrajes, relieves (bajos y altos), portones, maderas y canteras. Cada rasgo es un repaso de las pátinas y texturas almacenadas en la ciudad, ornamentos que revisten la sobriedad de una tierra llana con el esplendor del barroco novohispano. Más allá de los cimientos y las construcciones levantadas, Querétaro se percibe a través de las minucias: el patio de San Agustín no sería lo mismo sin las esculturas talladas a lo largo y alto de sus dimensiones. Incluso nuestra modernidad sería diferente sin las impresiones milenarias contraponiéndose con los acabados actuales. Sin detalles, el centro de Querétaro bien podría ser un montón de bloques de piedra ausentes de tono y estilo. Cada retablo, balcón, viga y picaporte como la envoltura de la ciudad almacenando vestigios y memorias solidificadas. En un paseo cualquiera por la ciudad, los detalles se abalanzan ante la arquitectura, asentando esquinas, enmarcando puertas, dividiendo plantas, protegiendo ventanales, rebosando la mesura y coloreando los muros del paisaje urbano. Querétaro como una inmensa superficie ataviada de azulejos, piedra tallada y herrería que comprende más de 400 años de historia. Todo un mosaico de filtros y estampados recubriendo los caminos que pisamos y las paredes que rozamos: siglos de azulejos, patrones y garigoles.

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Querétaro MX: memoria fotográfica  

La ciudad y sus múltiples tiempos paralelos.

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