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Territorio y hábitat sustentable Iberoamericano

Estos lenguajes arquitectónicos y urbanos que con geometrías simbólicas configuran no solo visiones míticas de la sociedad, sino que además conforma cadenas de acontecimientos que inmersos en las espirales en que avanzan la historia y la tradición, que acumulan sin cesar partes de constricciones que a veces denominamos patrimonio e integran la cultura teórica de donde vienen las ideas de la identidad para hacer ciudad porque “toda historia esta increíblemente condicionada por el modo de observarla; y no se puede escribir una historia absoluta, igual que no se puede alcanzar una arquitectura absoluta. El dibujo calidoscópico altera su alineación incluso durante un periodo de tiempo.” [Framton Kennet, 1991:7] Periodos de tiempo, arquitectura absoluta e historia y teorías absolutas hacen pensar en cuidar, cultivo de la vida – cultura- formas del cuidado de la vida que desde la comprensión de los seres sensibles y perecederos estructuran los seres perceptivos eternos y por esto es importantes la gestión del conocimiento como concepto aplicado en procesos de la disciplina y el oficio que tienen como objetivo transferir saber desde donde se genera hasta donde se emplea y ejecuta. El objetivo de transferir conocimiento implica desarrollar competencias que desde la teoría y la práctica del “arte de pensar ciudad con las manos” se comparten y utilicen para asimilar y valorar, tanto al interior como al exterior del percibir, interpretar y recrear territorios y hábitats para llegar a componer al interior del ambiente natural y construido. Para que desde el respeto, aprecio y admiración sentida por la tradición cultural lleguemos a pensar y proyectar territorios sostenibles desde el arte de pensar y proyectar a partir del arte de pensar con las manos y desde las siguientes palabras del “Cuervo” – Le Corbusier – que hacen parte del preámbulo del informe técnico del Plan Director Bogotá [PDB] “el lado filosófico del proyecto se ve de esta manera: La obra revolucionaria consiste esencialmente en volver al orden aquello que la indiferencia, la incapacidad, el egoísmo, la demagogia han perturbado, descentralizado, vuelto grotesco e ineficaz, hostil al bien público. Es por esto que, a menudo, la obra revolucionaria, se manifiesta por un carácter altamente tradicionalista. Porque reencuentra la raíz misma de las cosas, porque designa de nuevo su verdadero eje. Acá en Bogotá, la historia, la geografía, la topografía, la acción del sol, de las aguas, los vientos, etc., han conducido el plan director de tal manera que se respeten las mismas leyes que habían descubierto, respetado y seguido los fundadores de la ciudad”. Estas palabras de Le Corbusier justifican su parte filosófica del proyecto que pretende ser revolucionario y para conseguirlo debe aspirar entre otras cosas a volver al orden aquello convertido en grotesco, ineficaz y hostil producto de la indiferencia, la demagogia, incapacidad y el egoísmo. Porque como bien dice, esta obra revolucionaria se manifiesta por un carácter tradicionalista que se empeña por encontrar la raíz misma de las cosas y después de reflexionar acerca de lo filosófico y la tradición continua diciendo: “Acá en Bogotá, la historia, la geografía, la topografía, la acción del sol, de las aguas, los vientos, etc., han conducido el plan director de tal manera que se respeten las mismas leyes que habían descubierto, respetado y seguido los fundadores de la ciudad”.

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Pensar ciudad con las manos07052014  

CIUDAD1

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