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ENTREVISTA • Por: SUSANA PAREJAS - fotos: ADAN JONES

Sergio Renán

“Le temo más a la decadencia que a la muerte” Con dos proyectos, “Incendios” en la calle Corrientes y una comedia musical en Montevideo, volvió a su métier de director teatral. Su vida, entre el trabajo, las exigencias y su fanatismo por Racing. “Soy un joven con hábitos de persona mayor”, se define.

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legante, pulido, distinguido. Sergio Renán suele recibir diferentes calificativos por su estilo y su forma de hablar. Pero, ante todo, es un caballero, un “gentleman” dirían los ingleses. Cuando la charla termina, el frío de Buenos Aires obliga a ponerse un abrigo, Sergio lo toma en sus manos y ayuda a colocarlo. “Soy un joven con hábitos de persona mayor”, se define, ante la sorpresa de su gesto. Sí, Sergio Renán es un total caballero, algo que solo se transforma, solo un poco, cuando va a la cancha a ver a su amadoRacing. Más allá de las buenas costumbres, Sergio tiene otra definición personal: “Soy un milagro de la ciencia”. Dos meses en coma por una pancreatitis en 1997, cuando pasaba los sesenta, y después un cáncer de laringe que dejó esa voz áspera, ya un rasgo muy personal, son las razones del “milagro”. Pero esas malas historias son cuestiones del pasado; hoy vuelve a dirigir en el teatro Apolo de la avenida Corrientes, en una puesta donde ejecuta sus dotes como director de cine, teatro y ópera. “Incendios” es la inquietante obra del libanés Wajdi Mouawad, convertida en la película homónima de origen canadiense, y fue el moti-

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vo de varias noches de insomnio mientras pensaba cómo hacerla. Una obra donde un mandato de la madre muerta, Nawal, pone en acción a dos hermanos gemelos para buscar a un padre que creían muerto y un hermano del que desconocían su existencia, búsqueda que los lleva a descubrir los más trágicos secretos. “Es un espectáculo que a mucha gente deslumbra visualmente. Pero, al mismo tiempo, emociona y conmueve, que es lo que yo les planteé a los actores, que todo lo que desde el punto de vista visual este trabajo tenía de especial, sorprendente, no servía para nada si ellos no ponían la emoción y el compromiso debido, pero, afortunadamente, es un elenco maravilloso”, comenta Sergio. Vuelve a trabajar con Ana María Picchio, la protagonista de “La tregua”, de la primera película que filmó y fue candidata al Oscar, el elenco lo completan Esmeralda Mitre y Mariano Torre, en total en escena unas catorce personas. -¿Como fue la decisión de encarar este proyecto especial? -Era una obra que yo no conocía, ni siquiera tenía clara la existencia de la película, subrayo eso porque los procesos suelen ser al revés, en este caso el punto

en “incendios”, renán volvió atrabajar con anamaríapicchio,quien habíaprotagonizadola película “la tregua”, que fue candidata al oscar.

de partida fue la obra de teatro. Me fue ofrecida por Darío Lopérfido, que es asesor de contenidos de Fénix Entertainment. Él hacía tiempo que me ofrecía distintas alternativas para hacer un proyecto teatral juntos y siendo todas ellas dignas, interesantes, respetables, ninguna me provocaba lo que yo, a esta altura de mi vida, necesito para involucrarme con un proyecto. Fue leer esta obra y encontrarme con un material tan diferente, tan movilizador, emocionante y de un final tan sorprendente que inmediatamente sentí que me atraía mucho hacerla. -La obra trata el tema de la tortura, de los derechos humanos, pero también el del perdón, del reencuentro con el pasado y la memoria que bien se puede trasladar a nuestra historia… -Sí, yo creo que el marco histórico que marca este relato tiene su importancia, pero es relativa. Es la condición humana la que está en juego, su posibilidad


“a racing sólo lo veo Por la tele cuando me enteré que ganó, porque me pongo loco, loco, loco. Prefiero ir a la cancha; suelo ir con mi amigo Ginés González García, que se divierte mucho conmigo.”

de amor, de odio, y esa posibilidad, que yo casi diría que es sobrehumana, de ese personaje de tener tal capacidad de amor para poder perdonar a quien tanto daño le ha hecho. -¿Y cómo es su manejo del perdón? -Yo soy de perdonar para las grandes cosas, por ahí soy un poquito severo. Mi severidad no se traslada sólo a los demás, empieza conmigo. -¿Es muy autoexigente? -Soy muy autoexigente en todos los sentidos, quiero decir que no me reduzco a ser autoexigente respecto de mis trabajos y detectar en ellos defectos o carencias que, muchas veces, los demás no perciben y se sorprenden cuando yo me enojo, cuando miro y siento que algo está mal. Tengo una mirada selectivamente cruel para encontrar defectos. Pero también lo soy en la vida cotidiana. -¿Está pisando lo obsesivo? -Tiene que ver con una formación en tanto en mi condición de ser humano y, por lo tanto, lo peor también pasan a ser los permisos que te das. Y yo trato de darme los menores posibles, trato de vivir con cierta ética, no siempre lo he conseguido, pero es un objetivo de vida que me he planteado desde siempre. -Eso tal vez por la formación que le dio su familia… -Absolutamente. -Leí que sus padres le decían que era un genio, pero que además lo debía saber la gente… -Sí, pero junto con esa necesidad de

un destino de trascendencia que me trasmitían, los aspectos morales eran muy importantes. Hoy, decir que tratás de ser una buena persona puede provocar sonrisas en quien lo lea, y cierto sarcasmo, pero también fue eso lo que se me enseñó. -¿Y siente que es una buena persona? -No, sin duda quisiera ser mejor persona de lo que soy, pero no es un tema que me resulte relevante. Yo trato de vivir con toda la ética que puedo. -Alguna vez dijo que se imaginaba una vejez tranquila, y ahora se pone a dirigir con todo lo que implica esta obra. ¿Qué pasó? -Es así. Porque en la madurez, la vejez, todo lo que cuando uno es joven te provoca, asociaciones por las cuales las angustias, las incertidumbres juveniles se transforman en serenidad, sabiduría, no sé si decirte que es mentira, pero por lo menos en mi caso, es mentira. Yo me sigo formulando muchas de las preguntas que me formulaba cuando era pibe, se han agregado algunas más, tengo muchas más preguntas que repuestas. Y tengo frente a mis proyectos un tipo de compromiso emocional idéntico al que tenía cuando era joven. -¿Sigue leyendo cuatro libros por semana? -Depende, ahora que estoy ensayando en Montevideo una comedia musical, son menos, pero cuando no estoy ensayando, sí. No lo menciono como un mérito, es un placer. -¿Cuántos libros hay en su biblioteca? -Deben ser unos siete mil. Es una forma de expresión, de las mayores que ten-

go. En un momento dado, quise infructuosamente hacerla ordenar, de la manera más previsible, por género, por nacionalidad, por autor, ahora es un caos absoluto. -Según comentan, este señor elegante que tengo sentado enfrente de mí, se transforma cuando va a ver a Racing. ¿Hasta dice malas palabras? -(Se sonríe.) Es muy difícil que yo diga malas palabras, mi repertorio existe pero muy acotado: “boludo”. Generalmente cuando lo destino a alguien suele ser a un jugador de mi equipo, a un jugador contrario frente a un foul o una jugada violenta. -¿Quién lo hizo de Racing? -Un primo mío mayor que, simultáneamente, me hizo de Racing y tanguero, cosa que para mi familia resultaba absolutamente ajeno, lejano, distante, casi inexplicable. Mi papá y mi mamá habían sido maestros rurales en Entre Ríos y cuando se vinieron acá abrieron un pequeño comercio en el Once. Mi casa estaba llena de libros y buena música. Y, bueno, yo vivo mi relación con los costados de la cultura popular, con algo que adhiero, como un enriquecimiento, no lo vivo como un reemplazo, he completado mis posibilidades de placer. -¿Y de sufrimiento con su equipo? -He sufrido mucho, pero también he disfrutado. -¿Cuál fue la alegría más grande? -La Copa Intercontinental del ’67. Te cuento una anécdota, yo estaba haciendo teatro, “La vuelta al hogar” dirigido por

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“Hoy, decir que tratás de ser una buena persona puedeprovocarsonrisas en quien lo lea, y cierto sarcasmo,perofueesolo que se me enseñó”, dice el director.

Torre Nilson, y para poder ir al partido que se jugaba en Montevideo le ofrecí a la empresa comprar todas las entradas de ese día, y no me lo aceptaron. De modo que yo estaba en escena mientras se jugaba el partido con la cabeza dividida, cuando empecé a escuchar bocinazos en la calle que me indicaban que Racing había ganado fue escuchar eso y olvidarme, no sólo de la letra sino cómo me llamaba. Ésa fue una alegría inolvidable. -¿Mira los partidos por la televisión? -Por la tele sólo veo cuando me enteré que ganó, porque me pongo loco, loco, loco. Prefiero ir a la cancha, suelo ir con mi amigo Ginés Gónzalez García, que ahora es el embajador argentino en Chile y se divierte mucho conmigo. -¿Qué opina sobre la violencia que existe hoy en el fútbol? -El nivel de odio que la gente deposita afuera y que en el fútbol tiene un punto particular de expresión, me parece abo-

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minable, que para querer a un club debas odiar a otro. Me parece un ámbito para que los peores rasgos de la condición humana se pongan en funcionamiento. -¿Es cierto que luego de su gestión como director del Colón, cuando no le renovaron el contrato, no fue más a una función? -Durante mucho tiempo. -¿Estaba enojado? -Estaba triste, que es diferente. Durante años no sólo no iba al Colón, sino que cuando iba por la 9 de Julio, no miraba hacia la derecha. -Su enfermedad marcó un antes y después en su vida. ¿Cómo quedó su relación con la muerte? -Ambigua, ambivalente. Creo que la relación que todos tenemos con la muerte depende de cómo ha sido nuestra vida. A un biafrano muerto de hambre que pesa 32 kilos, la diferencia entre estar vivo y estar muerto no es tan grande, como para quienes no hemos vivido el hambre, la miseria,

la violencia, la tortura, todo el nivel de ambición que ciertas vidas sienten. Por lo tanto, tengo claro que mi vida ha sido privilegiada y pese a que el hombre no es el que me hubiera gustado que fuera, y que candorosamente mis padres me dijeron que era; pese a eso hasta el último momento en que lo sienta trataré de expresarme, de contar historias de vivir con responsabilidad. Yo le temo mucho más a la decadencia que a la muerte, por eso la edad es una cosa que me complica muchísimo. La palabra coquetería define, un poquito define, pero no es todo. Sería un hipócrita si te dijera que mi apariencia no me importa. -¿Sigue en pareja con la arquitecta Adriana Herrero? -Sí, con una santa. -¿Es tan difícil vivir con usted? -Tiene que ser una santa, no es fácil. -¿Qué es el amor en su vida? -Ha tenido distintos matices, hoy creo mucho más de lo que creía en la juventud en la serenidad. Yo vivía como dato constitutivo del amor la pasión y, por lo tanto, algunos episodios de mi vida tuvieron que ver esencialmente con eso, y yo creo que siendo buena su existencia, finalmente importa más otro tipo de vínculo. Respeto, honestidad, lo que yo llamo querer bien, amar bien con quien vivís. Cuando hablo de la pasión no hablo sólo del sexo. Todo lo que no fuera eso yo lo vivía como aburrido, burgués. Y a veces no es así. -¿Cómo ve la Argentina hoy? -La veo con una confrontación como yo no recuerdo, en donde hay una intolerancia mutua, una falta de respeto mutuo, una falta de claridad acerca de las virtudes y defectos que pueden tener tus propios puntos de vista y los de otro, como no recuerdo. Y eso no es bueno. Yo creo que tiene que haber un replanteo profundo, personalmente el hecho de encontrar virtudes y defectos serios y personas valiosas y deleznables en ambos sectores, me convierte a veces en un solitario al que se le exige tomar un partido que no siento. Hay una enorme intolerancia y falta de sentido de la justicia y apreciación de lo que siente y piensa el otro. -¿Cuál es su sueño máximo? -Es un poco previsible, un poco recurrente, yo deseo que nuestro país tome un rumbo de una serenidad que siento que necesita para crecer. En este momento lo veo difícil, no sé si lo voy a ver, pero es mi principal angustia.


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Sergio Renán  

Charla íntima con el director de cine, teatro y ópera.

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