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Surcos: arando la resistencia // número 1

Editorial: Geografía de la violencia y las balsas a la deriva

  Por Alonso Merino Luetzky Barrio Arriba, León, Gto.- Es de común conocimiento que Guanajuato, más para mal que para bien, fue en algún tiempo considerado como el granero de México (esta expresión fue utilizada recientemente por un medio local en entrevista con el anterior gobernador). Este desafortunado eufemismo, sin embargo, fue utilizado en sustitución de almacén de materia prima y mano de obra barata. La metáfora no pierde vigencia, pero ha mutado. Hoy el gran capital en Guanajuato no sólo explota intensivamente sus tierras confines agroexportadores, sino que principalmente depende del sector industrial manufacturero, de la construcción y de los mal llamados servicios; Guanajuato es la “sexta economía del país”, según datos oficiales (la soga al cuello). Este discurso del pujante crecimiento y desarrollo que representa el estado de Guanajuato para México, se interrumpe cuando de entre la muchedumbre llamada “empleos creados”, que nosotr@s le llamamos fuerza de explotación, se escuchan y ven las cifras, los rostros, los nombres, los apellidos, los reclamos, las denuncias y los dolores de las víctimas de la violencia en el estado. Esta violencia toma varias formas en nuestra específica geografía: guerra entre cárteles por huachicol y por control de narcomercados, feminicidios aún sin cifras y tipificación claras, desaparecid@s, explotación de los mantos acuíferos, deforestación, precarización laboral, bajos ingresos, parques y clusters industriales, crecimiento urbano inmoderado y mal planificado, contaminación del aire, de los suelos y de las aguas, transporte público caro, lento e insuficiente, polígonos de desarrollo(de explotación) sumergidos en la miseria y funcionales a la industria, educación destinada a formar mano de obra calificada y mal pagada, inversión extranjera directa (y creciente), mega eventos turísticos y de negocios, asistencialismo en las colonias periféricas y en las comunidades campesinas y originarias, asesinato y acoso de periodistas y activistas, minería, derrames tóxicos y problemas de salud en poblaciones rurales, éxodo migratorio y la llamada población golondrina –sobre todo de personas originarias (migrante, sin casa, sin papeles, sin acceso a servicios, hacinadas, sin derechos, que desempeña trabajo de jornal), mega centros comerciales con acuarios y lujos,más y más carreteras y vialidades para conectar los centros de producción y distribución de mercancías, compra-venta abusiva de tierras, desarrollos inmobiliarios inhabitables, militarización de las calles y de la educación. Ante esas múltiples crisis sociales, económicas y ambientales (y más, las cuales con seguridad escapan a nuestro mapeo) sólo queda más que dotarles de un nombre libre de formalismos institucionales y académicos a modo: Guanajuato es una mezcla esotérica de hombres, mujeres (sobre todo hombres) y familias ricas, nacionales y extranjeras, que ocupan el gobierno y tienen el capital (capital y Estado paranosotr@s es lo mismo), que promueven la micro y mediana empresa (porque las grandes son suyas) como una medida para complementar y justificar su propio enriquecimiento, y que además son hombres y mujeres de gran fe que defienden la conservación de principios por encima de toda vida y toda diversidad. A esta mezcla mágica en las puertas cerradas del gobierno local, de los consejos ciudadanos, de la planificación del desarrollo de sus principales instituciones y de sus reuniones altruistas para la recaudación de fondos, se le llama crecimiento,progreso, desarrollo, buena gobernanza y valores familiares para el bienestar de los y las guanajuatenses. Fuera de esas puertas, la gran mayoría de nosotras, nosotros, ocupamos la posición de patio trasero, proveedores de mano de obra, carne de cañón y acasillados. “[…] Es ahí donde comprobamos que hay gente que ya está hallada pues a la esclavitud. Y si tienen su libertad, pues no saben qué hacer, porque sólo saben obedecer”(https://bit.ly/2Pr0u0S). -*- De entre los desechos del crecimiento, pestilencia urbana, sequía, agotamiento de bienes comunes y fosas clandestinas, hay unas pocas personas y colectivos, apenas 300, que de tanto en tanto se organizan y reclaman, que se asociación y se rebelan por motivos distintos, a veces dispersas, otras en complicidad.Algunas de ellas, aún esperanzadas de que el nuevo capataz que pronto ocupará la silla presidencial demuestre en lo sustancial alguna diferencia del anterior,se asocian de vez en cuando con quienes nos oponemos de tajo al blanquiazul que ocupa el Poder del estado desde que la memoria es memoria. Quizás ni ellas ni nosotr@s estemos en lo correcto, pero lo que vemos nosotr@s, como Red de Resistencia y Rebeldía de Guanajuato, en gran medida inspirad@s por la trayectoria del Congreso Nacional Indígena, del Concejo Indígena de Gobierno y del EZLN, pero también a partir de nuestras propias experiencias de fracaso y resistencia, es que no puede haber reforma de este sistema que sólo engendra muerte: un sistema global que se replica en lo nacional, lo estatal y lo municipal, que aun con sus matices, se sirve de explotar territorios, acaparar bienes comunes, limitar la vida al funcionamiento de la industria y del capital, y de vendernos un modo de vida en el que sólo ocupamos el papel de explotados, consumidores y números para sus votos. No creemos, pues, –de acuerdo a la alegoría zapatista– que ni cambiando el color de la finca en el Estado de Guanajuato, podamos cambiar a los patrones, a los capataces y a sus mayordomos (300, parte 1, 2 y 3 en comunicados, 20, 21 y 22 de agosto de 2018, http://enlacezapatista.ezln.org.mx ). A lo mucho podemos, de las balsas que somos todavía a la deriva, encontrarnos en el camino con la firme convicción (histórica convicción) de que sólo entre nosotr@spodemos encontrar alternativas.