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E S T A D O S

U N I D O S

Mercenarios africanos para guerras norteamericanas • P. 15-17

E N T R E V I S TA A L O R E N Z O S I LVA

C H I N A V S . E S TA D O S U N I D O S

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La novela negra se hace mejor­ Pekín y Washington juegan desde la oscuridad­del sistema­• a darse miedo •

ENCARTE N° 10 Pablo Gentili

A ñ o I V. N ú m e r o 3 3 . C a r a c a s , m a y o d e 2 0 1 2 • 2 0 B s F.

Justicia social 1997. Un mes y medio antes de la marcha en que se conmemora internacionalmente el Día del Trabajador, el gobierno de Rafael Caldera decretó la nueva Ley del Trabajo donde derogaba la retroactividad de las prestaciones laborales. Según el Gobierno de aquel entonces, el derecho del trabajador era un “proceso perverso” y para “sanear el sistema”, además de eliminar la retroactividad, ese año los trabajadores recibieron el pago de sólo el 25% de las prestaciones acumuladas y una “compensación por transferencia”, que en algunos casos estaba por debajo del equivalente a tres salarios mínimos. La foto de aquella época retrataba, además del presidente Caldera, a Guillermo Aveledo, Pedro Carmona Estanga, el arzobispo de Caracas Ignacio Velasco, Hiram Gaviria, entre otros. La élite política, religiosa y empresarial convencieron, mediante la propaganda, de que todo se hacía por el “progreso social” y prometían que luego vendría “el bienestar”. Sus intenciones: que no volviesen a aparecer los “desequilibrios económicos”, esto después de haber financiado a los bancos en quiebra y haber permitido que sus dueños se fugaran con el capital financiero al exterior. Tampoco esa élite logró una política petrolera que fortaleciera a la OPEP y así mejorar los precios del crudo, que ya habían descendido a casi 16 dólares por barril. La parte más débil de la cuerda era la que debía pagar los platos rotos y en ella estaban los trabajadores.

2012. Quince años después, el presidente Hugo Chávez, un día antes del Primero de Mayo, promulga la Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras (LOTTT) que restituye el “tiempo de servicio para el cálculo de las prestaciones sociales de los trabajadores activos y trabajadoras activas al momento de la entrada en vigencia de esta Ley, será el transcurrido a partir del 19 de junio de 1997, fecha nefasta en que les fue conculcado el derecho a prestaciones sociales proporcionales al tiempo de servicio con base al último salario”, reza el texto de la LOTTT, en donde también se introduce una reducción de las horas de trabajo semanal, aumento de la protección laboral para los padres hasta que sus hijos cumplan dos años, además de conceder un permiso materno postnatal de seis meses. Al día siguiente, Primero de Mayo, los trabajadores marcharon conscientes de que el presidente Chávez no iba a aparecer para dar el discurso ya que se encontraba

Ed i c i ón

ve n e zola n a

Especulación y chantaje por Raúl Cazal en La Habana, para recibir tratamiento de radioterapia. La marcha, por demás multitudinaria, dejó en silencio a la oposición política que apenas logró la asistencia necesaria para, medianamente, llenar una cuadra frente al Colegio Nacional de Periodistas, donde la consigna “No muerdas el anzuelo” adornaba la tarima Esta vez, los argumentos de la oposición basados, igual que en 1997, en el “progreso social” no tuvo eco en los trabajadores, y las caras detrás de estos argumentos son las mismas que, en 1997, respaldaron la eliminación de la retroactividad de la Ley Orgánica del Trabajo. Por eso era de esperarse su oposición a la LOTTT. Hugo Chávez firmó la Ley Orgánica con su pluma con tinta roja, y la envió al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) para su revisión, que en pocos días la refrendó sin enmienda. Un detalle nada minúsculo: el Presidente, a la izquierda de su firma estampó la frase: “¡Justicia social!”. Haber restituido el derecho conculcado a los trabajadores sobre sus prestaciones retro­activas es sin duda alguna, justicia social. En un momento, en que en todo el “mundo occidental” las personas ven cómo se les restringe sus derechos con la promesa de una “estabilidad y progreso a largo plazo”, ¿quién puede oponerse a la restitución de uno de los tantos derechos conculcados a los ciudadanos venezolanos a lo largo de décadas? ¿Quién puede oponerse a un acto de “justicia social”? l Ilustración: Ugo Ramallo

Los rostros de las finanzas Por Geoffrey Geuens*

J

ean Peyrelevade, quien pasó de la banca pública a las finanzas privadas, y de François Mitterrand a M. François Bayrou, explicaba en 2005: “El capitalista ya no es directamente identificable. (...) ¿Con quién se rompe cuando se rompe con el capitalismo? ¿Qué instituciones hay que atacar para poner fin a la dictadura del mercado, fluida, mundial y anónima?”. Este ex director adjunto del gabinete del primer ministro Pierre Mauroy concluía: “Ante un enemigo no identificado, Marx es impotente”1. Que un representante de las altas finanzas –presidente del grupo Banca Leonardo France (familias Albert Frère, Agnelli y David-Weill) y administrador del grupo Bouygues– niegue la existencia de una oligarquía, ¿debe realmente sorprender? Más extraño es que los medios de comunicación dominantes difundan esa imagen desencarnada y despolitizada de los poderosos de las finanzas. La cobertura periodística de la designación de Mario Monti como presidente del Consejo Italiano bien podría constituir, en ese sentido, el ejemplo perfecto de un discurso-pantalla que hace referencia a “tecnócratas” y “expertos” allí donde se conforma un gobierno de banqueros. Incluso pudo leerse en el sitio web de algunos periódicos que “personalidades de la sociedad civil” acababan de tomar las riendas2. Ya que el equipo de Monti también cuenta en sus filas con profesores universitarios, lo científico de su política fue establecido de antemano por los comentaristas. Aunque, observado de cerca, la mayoría de los ministros del equipo integraban los directorios de los principales trusts de la península.

Corrado Passera, ministro de Desarrollo Económico, es director ejecutivo de Intesa Sanpaolo; Elsa Fornero, ministra de Trabajo y profesora de economía de la Universidad de Turín, ocupa la vicepresidencia de Intesa Sanpaolo; Francesco Profumo, ministro de Educación e Investigación y rector de la Universidad Politécnica de Turín, es director de UniCredit Private Bank y de Telecom Italia –controlada por Intesa Sanpaolo, Generali y Mediobanca– y ya pasó por Pirelli; Piero Gnudi, ministro de Turismo y Deportes, es gerente de UniCredit Group; Piero Giarda, encargado de las relaciones con el Parlamento, profesor de Finanzas Públicas de la Universidad Católica de Milán, es vicepresidente del Banco Popolare y gerente de Pirelli. En cuanto a Monti, fue asesor de Coca-Cola y de Goldman Sachs, y director de Fiat y de Generali. Si bien los dirigentes socialistas europeos carecen actualmente de palabras lo suficientemente duras como para calificar la omnipotencia de los “mercados financieros”, la reconversión de los ex referentes del social-liberalismo se opera sin que sus antiguos compañeros expresen realmente su indignación. El ex primer ministro de los Países Bajos, Wim Kok, integró los directorios de los trusts neerlandeses ING, Shell y KLM. Su homólogo alemán, el ex canciller Gerhard Schröder, también se recicló en el ámbito privado como presidente de la empresa Nord Stream AG (joint-venture Gazprom/E.ON/ BASF/GDF Suez/Gasunie), gerente del grupo petrolero TNK-BP y asesor para Europa de Rothschild Investment Bank. Esta trayectoria a primera vista sinuosa en realidad no tiene nada de singular. Varios antiguos miembros de (continúa en la p. 7

*Profesor de la Universidad de Lieja. Autor de La Finance imaginaire. anatomie du capitalisme : des “marchés financiers” à l’oligarchie, Aden, Bruselas, 2011

Justicia social  

Raúl Cazal / mayo de 2012

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