Issuu on Google+

D o s s i e r

d e s d e

Rebeliones árabes: una región en ebullición P. 8 - 15

c a r a c a s

El largo camino a Bagdad y más allá Juan Carlos Boué • Suplemento

ONU: en las aguas turbia del “derecho de injerencia” Anne-Cécile Robert • P. 6 y 7

I S S N  

A ñ o I I I . N ú m e r o 2 5 . C a r a c a s , m a y o d e 2 0 1 1 • 2 0 B s F.

Un laboratorio liberal devastado por la crisis

El pueblo islandés vota contra los banqueros

Ed i c i ón

Fragilidad

P

equeña isla, grandes problemas. ¿Los ciudadanos deben pagar por la locura de los banqueros? ¿Todavía existe una institución ligada a la soberanía popular capaz de oponer su legitimidad a la supremacía financiera? Esto era lo que estaba en juego en el referendum organizado el 10 de abril de 2011 en Islandia. Ese día, por segunda vez, el gobierno consultó a los ciudadanos: ¿acepta usted pagarle los depósitos de particulares británicos y holandeses a la banca privada islandesa? Y, por segunda vez, los habitantes de la isla, asolada por la crisis abierta en 2008, respondían «no» –60 % de los votantes, contra el 93 % en el momento de la primera consulta, en marzo de 2010. El recurso de la consulta utilizando el voto toma una coloración particular en un momento en el que, bajo la presión de los especuladores, de la Comisión Europea y del Fondo Monetario Internacional (FMI), los gobiernos del viejo continente imponen políticas de austeridad para las cuales no han sido elegidos. El sangrado sistemático del mundo occidental, por parte de las instituciones financieras libres de toda restricción que puedan

preocupar a los devotos de la desregulación, continúa. Al día siguiente del referendum islandés, el editorialista del super liberal Financial Times felicitó a los islandeses porque “es posible poner a los ciudadanos antes que los bancos” (13 de abril de 2011). Una idea que todavía no es muy compartida por los dirigentes políticos europeos. Si Islandia se ve ahora como un modelo es porque este país ofrece un ejemplo, químicamente puro, de lo que sucedió en los años 1990 y 2000, donde se permitió a los intereses privados emitir regulaciones públicas, lo que condujo a la inflamación de la esfera financiera, al desbocamiento del resto de la economía y, finalmente, a su colapso. Antes de la crisis, en 2007, todavía todo iba bien: la entrada media islandesa se ubica en el quinto lugar en el rango mundial y sobrepasa en 60% a la de los Estados Unidos. En ese momento, los elegantes restaurantes de Reykjavik hacían pasar a los de Londres por vulgares fogones. Los artículos de lujo inundaban las tiendas y enormes 4x4 cubrían las calles. Un año después, un estudio internacional identificó a la población de la isla como la más

feliz de todo el planeta1. Una gran parte de esta prosperidad resposa en el crecimiento acelerado de tres grandes bancos islandeses. Pequeñas sociedades del sector público hasta 1998, se ubican rápidamente entre los trescientos bancos más importantes del mundo, sus activos pasan del 100% del producto interno bruto (PBI) en 2000 a más de 800% en 2007 –un nivel que sólo Suiza alcanza. La crisis económica estalla a finales de septiembre de 2008: después de la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers, los mercados monetarios se obstruyen2. Inapacitados para pagar a sus acreedores, los tres grandes bancos islandeses son nacionalizados. Éstos se enfrentan entonces a un hit parade poco glorioso: pasan a formar parte de la lista de las once catástrofes financieras más espectaculares de la historia, publicada por la agencia calificadora Moody’s. A principios del siglo XX, después de más de seiscientos años de dominación extranjera, las estructuras sociales de Islandia se ubican entre las más feudales de los países nórdicos. (continúa en la p. 4)

ve n e zola n a

Por Raúl Cazal

Ugo Ramallo, 2011

por Robert Wade y Silla Sigurgeirsdottir*

En Estados Unidos, los republicanos batallan para amputar el presupuesto federal; en Portugal, las autoridades negocian soberanía por plan de rescate; en Grecia, la perspectiva de una reestructuración de la deuda refuerza la austeridad. Bajo la presión de los especuladores, los gobiernos optaron por la impotencia. Consultados por referéndum, los islandeses sugieren otra forma: enviarles la factura de la crisis a los que la provocaron

1 8 5 6 - 9 2 7 7

L

a memoria es frágil. Es por ello que constantemente hay que recordar que el gobierno de Hugo Chávez es una extraña dictadura. Para la derecha no es extraña, por supuesto. Es una dictadura aunque no comprenda su significado, así como el de democracia. Los términos participativa y protagónica, como lo expresa la Carta Magna, le son abstractos. Ellos prefieren democracia a secas debido a que se parece más a su forma de ir al mercado porque entre elegir desde un jabón hasta un presidente no hay mayor diferencia. En otras palabras, la democracia es consumo. A esta interpretación burda hay que añadirle sus miedos atávicos a las supuestas amenazas que sufren sus libertades,, en especial la de propiedad y de expresión, que “casualmente” siempre van unidas. La respuesta a estos ataques furibundos es la entrega de propiedad, desde vehículos hasta computadoras Canaima, pasando por viviendas para los sectores de la población que han sido marginados y por aquellos que fueron estafados por el mercado especulativo. El término “libertad de expresión” ha sido secuestrado por los medios de comunicación privados. Al parecer todo pasa por allí y al hacer las cuentas de empresas de radio y televisión que ya no están en el mercado

porque el Estado le retiró la concesión que les habían otorgado, no reconocen que en estos 12 años de gobierno bolivariano ha aumentado de 40 a 111 concesiones en televisión, de las cuales 61 están operadas por privados (55%), 37 comunitarias (33%) y tan sólo 13 son públicas (12%). El impulso que ha dado el Estado venezolano al canal Telesur ha sido reconocido por la facultad de Periodismo de la Universidad de La Plata, Argentina, quien otorgó al presidente Hugo Chávez el “Premio Rodolfo Walsh a los Presidentes Latinoamericanos por la Comunicación Popular” en abril de este año. “Es cierto, el título es algo extenso”, escibió el escritor Vicente Battista y continuó: “Tal vez para cumplir con aquella premisa de Gracián (‘Lo bueno si breve dos veces bueno’), los medios hegemónicos decidieron transformarlo en ‘Premio a la Libertad de Expresión’. La brevedad no consiste en cambiar el concepto, pero ellos necesitaban cambiarlo, de ese modo podían

referirse al desatino cometido por la Facultad de Periodismo de La Plata: premiar a un dictador que se empeña en clausurar las emisoras de radios y los canales de televisión opositores a su gobierno. Los periodistas y pensadores ‘independientes’, obedientes, unieron sus voces de protesta”. Por estos lugares privados de la comunicación tampoco se mencionó a Rodolfo Walsh, escritor y periodista argentino que fue desaparecido después de haber hecho pública una Carta a la Junta Militar argentina en 1977. Dictadura que fue amparada por los dueños de los periódicos Clarín y La Nación, hoy miembros paladines de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Es por ello que no hicieron ningún comentario o señalamiento al respecto. De otro modo no se entendería la protesta. Así es como ocultan las verdades la derecha. Y como la memoria es frágil, hay que estar siempre estudiando la historia, algo que tampoco gusta. n


Fragilidad