Issuu on Google+



culturas

N° 74 Suplemento de

artes y letras

TRIBUNA DE SALAMANCA, Domingo, 14 de mayo de 2006

Prieto

Francisco González

LEDESMA

sabe buscar la 4 Ledesma dignidad de lo humano en cada uno de sus libros. El autor de Historia de mis calles estuvo en el Congreso de Novela y Cine Negro.

3 NOA

6 TÍTERES DE HOY

La cantante israelí actúa el martes en el CAEM, acompañada por el siciliano Solis String Quartet. Repasamos su trayectoria musical.

La extensión salmantina de Titirimundi deja un regusto clásico. Damos un vistazo a las manifestaciones contemporáneas de este arte.


N°74

2  culturas

TRIBUNA DE SALAMANCA, Domingo, 14 de mayo de 2006

a segunda edición del Congreso de Novela y Cine Negro ha deparado agradables prelsencias en la ciudad. Este encuentro, en sus cortos dos años de vida, congrega ya la atención de los medios especializados del género y, con su respaldo de público, demuestra que existe un interés por la narrativa criminal. Una de esas presencias ha sido la de Francisco González Ledesma. Llevábamos algunas semanas hablando de su último libro, Historia de mis calles y en directo ratifica todo lo

que sus memorias prometían: un hombre con una vida intensa y que, además, la cuenta muy bien. Charlamos con él y hoy les acercamos un perfil de su obra y su trayectoria. Nos ocupamos también del concierto que Noa ofrecerá el martes junto al Solis String Quartet, dentro de la programación de Caja Duero. En 1995, en el todavía cerrado teatro Juan del Enzina, una joven Noa deslumbró con su voz sobre el escenario. Hoy vuelve consagrada y al frente de una comprometida ac-

titud política en busca de la reconciliación de Palestina e Israel. Les ofrecemos también una perspectiva por la más rabiosa creación contemporánea en el teatro de títeres, algo alejada de las propuestas más bien clásicas que nos ha dejado Titirimundi en la ciudad la pasada semana. La interacción con otras artes y la esencia poética abren nuevas vías. Traemos también libros: una decepcionante novela de Eduardo Mendoza y la belleza de Clarice Lispector.

Antonio Marcos culturastribuna@yahoo.es

1

FIEBRE EN LAS GRADAS Hace unas semanas, en el blog ‘Divergencias’ de ‘El Correo’ –uno de los medios que mejor está sabiendo adaptarse a esto de las nuevas tecnologías– se debatía sobre la carencia de buenas novelas sobre fútbol. Entre quienes no querían ni oír hablar del tema y quienes citaban algunos clásicos del deporte –al parecer, Kipling escribió un cuento, Gato Maltés, en el que se narraba un partido de polo desde el punto de vista de los caballos–, la verdad es que cuesta explicarse por qué a un espectáculo que arrastra tanta pasión le cuesta convertirse en buena literatura. Pues bien, hay una excepción. Se titula Fiebre en las gradas y viene a cuento porque esta novela de Nick Hornby viene a ser algo así como la entrada del Arsenal en el mito. Y ya saben que este equipo inglés juega el miércoles la final de la Champions contra el Barça. Hornby ha sido uno de los escritores que mejor han sabido llevar a los libros la cultura popular. Su personaje de Alta fidelidad se ha convertido en una referencia para los amantes de la música: ese hombre elaborando listas de canciones, grabando cintas, incapaz de sentir de una manera verdadera sin la mediación de la música. Algo así como un ‘snop’, según la definición que Kiko Amat hacía el otro día en el suplemento de ‘La Vanguardia’: alguien muy entendido que lo sabe todo de cada grupo y cada canción. El protagonista de Fiebre en las gradas sigue una línea similar, pero su sitio está en la grada de Highbury –otro precioso estadio condenado a la demolición–, sufriendo con su equipo. Cada capítulo de la novela se estructura alrededor de un partido, con su fecha y su resultado. Y la mayor parte de ellos fueron aburridos, acabaron con empate a cero y desengaños. Todos los equipos cambian. El Arsenal tuvo su momento de Athletic de Clemente para elaborar después un juego rápido, tocado y poco británico. Ahora, cuando ya nadie contaba con él, disputa su primera final europea. Apuesto a que Hornby estará en París para ver a su equipo, acordándose de aquellos tiempos duros y confiando en que Henry y los suyos hagan olvidar aquellas temporadas de aburrimiento. También estoy convencido de que si Hornby fuera español sería del Atlético de Madrid.

2

CAMBALACHE, 18 AÑOS Uno puede llegar a una ciudad que no conoce, encontrar un bar que le gusta y quedarse a vivir allí para siempre. Salamanca tiene uno de esos sitios, se llama Cambalache y está a punto de cumplir dieciocho años. Alejado del centro y sus movidas, con una cuidada selección musical, buenas lecturas, gente con la que encontrarse, un ambiente acogedor con el cuidado de los detalles, pero tan distinto a esos lugares de pretenciosa decoración. El antiguo Cambalache, aquella cueva nocturna y confidencial, se convirtió por culpa de una tubería díscola en un café donde alguna de la gente más inquieta de la ciudad sigue juntándose. Y esto no es publicidad. Creo que el Cambalache no la necesita ni la quiere. Sólo son unas palabras de agradecimiento por habernos servido de refugio durante todos estos años.

3

EDITORES Y LIBROS EN RED Durante estos días de Feria del Libro se han acercado a la ciudad algunos de esos ‘pequeños grandes editores’ a los que, con gran acierto, se les ha dedicado una caseta expositiva en Los Bandos. Hubiera estado muy bien que, además, se pudieran comprar porque la mayor parte de las librerías iban con los grandes nombres. Por debajo de los grandes grupos y los grandes premios mediáticos, hay todo un mundo donde se trata a los libros con mimo y en el que cada apuesta editorial se convierte en una apuesta personal. De esta forma nos llegan nombres de escritores desconocidos y reediciones de clásicos que ven la luz en un delicado equilibrio entre la aventura cultural y el negocio editorial. La próxima semana conocerán en este periódico a algunos de estos editores. Otra salida a la saturación del mercado es la ‘liberación’ del libro a través de la red. José Antonio Millán (jamillan.com) lo ha hecho con Nueva Lisboa , una obra que se iba a quedar sin editar o en un almacén en el mejor de los casos. «Lo importante, para mí, es que esos 250 metros de letras penetren en la mente de un lector, de cuantos más lectores sea posible», dice el autor. El mundo editorial es un gigante caótico.

Arriba, Nick Hornby durante una lectura. Paul Merson, un jugador mítico del Arsenal, por muchos motivos. Portadas de Fiebre en las gradas en otros idiomas. Tarjeta del cumpleaños del Cambalache. El actor y director Carlos Iglesias.


MÚSICA

TRIBUNA DE SALAMANCA, Domingo, 14 de mayo de 2006

culturas 3

NOA

Sonidos de la aldea global Noa dejó un recuerdo inolvidable a quienes la vieron en su primera actuación en Salamanca. Este martes vuelve, al CAEM, acompañada del siciliano Solis String Quartet. ay un espacio evocador que permanece cerrado, en el olvido institucional y en el limbo del pasado. El teatro Juan del Enzina languidece oculto en el edificio felizmente remodelado de Anayita como una herida apenas cicatrizada que guarda la memoria viva de generaciones de estudiantes de Letras que hicieron teatro francés bajo la dirección de Paullette Gaubadan, que participaron en recitales históricos y aplaudieron conciertos memorables. El Juan del Enzina, con todas sus carencias fue un espacio privilegiado en el que cantó en 1995 Noa, cuando aún era una desconocida intérprete israelí que apareció en el escenario desnudo y, en medio del silencio, comenzó a cantar a capella golpeándose rítmicamente el esternón con ambas palmas. El efecto fue electrizante, la voz y el sonido de su piel llenaron el recinto íntimo y nos llegó hasta lo más hondo. La Noa que cantará de en Salamanca es ya una artista consagrada que no sólo se deja acompañar de los músicos imprescindibles sobre un escenario desnudo. A su alter ego, el guitarrista Gil Dor y al percusionista Zohar Fresco se les ha unido un célebre cuarteto de cuerda napolitano, quienes, fascinados por su voz, la invitaron a asistir a uno de sus conciertos. El entendimiento musical fue tan inmediato que los dos violines, la viola y el violonchelo de los Solis String Quarter se unieron a la banda sin perder su independencia tras diez años de música. Después de todo, Noa no es sólo el hipocorístico de Achionoam Nini, el nombre de la cantante, se trata según ella del anagrama Not Only Achionoam. Ella es el eje, todo en ella brilla y vibra con la misma tensión que una cuerda de violín, pero a su alrededor, cada elemento mantiene una bellísima, incuestionable independencia. A Noa la recuerdo hermosa, sin embargo, el tiempo y el éxito la han sofisticado. La belleza judía es arrebatadora e incómoda, excesiva y perturbadora. Noa es la Sulamita, la amada del Cantar de los Cantares, todo se trenza en ella, se ensortija, se retuerce, se gira bai-

h

larina, resuena percusionista de sí misma, el cabello vistiéndola bajo la luz de los focos, la voz que todo lo llena. Sus conciertos son un espectáculo de música y de entrega. Fascinadora. Mi hermana la ha visto en persona, en sordina, y afirma que es aún más bella, más brillante. Perturbadora. Sus abuelos, judíos yemeníes, alcanzaron la tierra prometida tras tres años de caminar por el desierto. Nieta de rabino –su padre ingeniero y su madre psicóloga se trasladaron a Nueva York cuando Noa tenía dos años– las suyas son influencias musicales del Bronx, niñez de Yeshiva y de clases de música a las que su padre era aficionado. A los quince viajó a su país de origen y volvió a los dieciséis, se había enamorado de un soldado israelí con el que sigue casada. A los diecisiete hacía el servicio militar obligatorio cantando a las tropas, sus estudios la unirían a un músico

de jazz que desde entonces es su otra mitad y que describe su trabajo como «música para la aldea global», Gil Dor. La fusión es sencillamente perfecta, ambos han cantado acompañando a todo tipo de músicos, situándose frente a la Filarmónica de Israel bajo la batuta de Zubin Mehta, practicando todas las lenguas y todos los ritmos, y sobre todo, convirtiéndose en un símbolo de integración. Noa canta el Ave María en un encuentro en el Vaticano frente al Papa, es la primera artista israelí invitada por Marruecos, sitúa la música por encima de los odios. Un odio que conoce directamente. Cuando Isaac Rabin muere asesinado en un acto público en Tel Aviv en noviembre de 1995, la voz de Noa había sonado minutos antes de explotar las detonaciones. Se crece con el castigo, animal de casta: canta acompañando a músico argelino Khaled, a quien se cri-



Ella es el eje, todo en ella brilla y vibra con la misma tensión que una cuerda de violín, pero a su alrededor, cada elemento mantiene una bellísima independencia tica por su afición a la noche y al alcohol, el ‘Imagine’ de John Lennon, las amenazas son inmediatas y pide colaboración a la cantante palestina Mira Awad quien se convierte en una de sus mejores amigas. Esta mujer que llenó el pequeño escenario del Juan del Enzina tocando un darbuk, el pequeño tamboril árabe y moviendo las ca-

deras desnudas, es la misma que canta en español, italiano e inglés y se desliza por las fascinantes canciones populares yemenitas. El canto es sagrado en las religiones semitas, supone la voz silenciada de la mujer que se queja, Achinoam era la primera mujer del rey David, Noa fue la primera mujer de la biblia que se enfrentó a la sociedad afirmando que era la heredera de su padre, de su pueblo. Noa, que vive en Israel, es contundente en sus palabras, el suyo no es un discurso multicultural, apto para quienes acuden a los conciertos étnicos para acallar su mala conciencia. Afirma vehemente que ambas partes han hecho cosas terribles, que los judíos y los palestinos han de tener su patria, sus fronteras, para después, romperlas, fusionarlas. Actitud comprometida Es práctica, es certera, es valiente, la suya es la actitud izquierdista y comprometida del escritor Amos Oz, de Daniel Baremboim, el director de origen argentino que formó una orquesta con músicos judíos y palestinos que suenan con la misma armonía que le falta a esta determinante esquina del mundo en la que, según Noa, el azul se junta con el azul. Lectora de poesía en inglés, marcada por los cantautores-poetas norteamericanos como Leonard Cohen, esta mujer que escribe y canta textos propios y ajenos, afirma que hay un lugar donde el azul irracional se une al azul racional, un espacio mágico en el horizonte que se ve desde IsraelPalestina en el que nacen el amor, la creatividad y la belleza. Allí vuela la voz de Noa, por encima de las fronteras. Esta mujer, que llamó Ayheli a su primer hijo, un nombre que parece judío, pero que en realidad es una palabra indioamericana que significa «mi segunda ala», ha conseguido conmovernos por igual sean cual sean nuestras diferencias de raza, religión u origen. Esos ojos infinitos, esa boca desmesurada, la nariz inequívoca, el cabello que brilla sobre su espalda, la voz y los ecos de un paisaje desnudo donde todo empezó, habitan un espacio en el que la voz habla un lenguaje común con el que comulgar la belleza. Una arrebatadora, incuestionable, insólita belleza a nuestro alcance, cuyo eco resuena aún, en las esquinas olvidadas, cerradas polvorientas, condenadas, de un teatro universitario que una vez vibró con ella. Ella, que ahora llena auditorios inmensos, prestigiosos, imposibles, que canta ante dignatarios, papas y asesinos. Ella, aureolada de violines, aquella mujer apenas vestida que movía sus caderas y se golpeaba el esternón, recuerdo de un tiempo en el que las mujeres no tenían otra voz que la suya, otro instrumento que su cuerpo. Charo Alonso 


4  culturas

TRIBUNA DE SALAMANCA, Domingo, 14 de mayo de 2006

González Ledesma, con su último libro, la pasada semana en Salamanca, donde participó en el II Congreso de Novela y Cine Negro / Prieto

FRANCISCO GONZÁLEZ LEDESMA

Memorias de lo humano Nacer en un barrio pobre de la Barcelona de 1927 marca una vida. Escritor nocturno, censurado, rostro detrás de Silver Kane, periodista, novelista negro, su vida –recogida en Historia de mis calles– concilia capacidad de sufrimiento y de admiración por la dignidad humana. na infancia, unas memorias. Un maestro le dijo: la infancia es tu patria. Si una buena parte de los novelistas que escriben género negro provienen del desencanto del 68, podríamos situar a Francisco González Ledesma entre aquellos que palparon la pérdida de las esperanzas mucho antes, con la caída de la República. Vecino del barrio pobre del Poble Sec, creció en un ambiente donde había esperanzas de una vida mejor, ética del trabajo y solidaridad. La caída de Barcelona cuando tenía nueve años dividió la sociedad entre vencedores y venci-

u

dos y dio paso a cuarenta años grises entre los que el escritor busca en su libro Historia de mis calles –que ha agotado la primera edición– las perlas de dignidad humana en los habitantes de una ciudad que no volvería a ser la misma. «Estrictamente, no son mis memorias. Ya soy lo bastante viejo para tener recuerdos y lo bastante viejo para contarlos, pero he querido explicar la historia de mi ciudad, de mis calles, de mi época, de la gente sencilla a la que he visto sufrir, tener una esperanza y perderla. La guerras no enseñan nada, pero en la guerra civil aprendí la capacidad de sufrimiento y la capacidad de admiración. Conocimos los bombardeos, el hambre atroz, el esfuerzo de tus padres. Soy de un barrio muy pobre donde la gente estaba sometida a una presión económica tremenda, un deseo de justicia social, y he visto a mucha gente morir por unos ideales de un mundo mejor, y vieron que ese mundo no iba a existir nunca más. Mi capacidad de admiración viene porque veía a gente que siempre estaba dispuesta a dar algo por los otros, gente que tenía el sentimiento de la solidaridad y el heroísmo. Tuve una enseñanza sencilla y republicana, de una Generalitat



Para mí, la ficción debe ser la realidad vista a través de los ojos del escritor, levemente transformada. El escritor debe conocer la realidad, dotarla de un cierto sentido artístico y describirla

Ledesma y Marcial Lafuente Estefanía, el popular escritor de novelas del oeste

que antes era más generosa que ahora. Los maestros nos enseñaban cosas sencillas: a amar a los animales, a nuestros compañeros y, sobre todo, a amar la paz». Un escritor aplazado. «Siempre quise ser escritor. Pensé que estaba bien ser testimonio de las cosas que tú has visto, las cosas de tu ciudad, poder crear personajes que, si no han existido, han merecido existir, y que siguen en las calles de la ciudad. Las ciudades exis-

ten por sus escritores, y todo escritor tiene la esperanza de que su ciudad exista un poco gracias a él, de darle un alma. Esto es lo que me movía a ser escritor». Empezó pronto, a los doce años. «Cuando tenía diecisiete yo era lo bastante imbécil para pensar que podía escribir la novela de mi vida. Presenté Sombras viejas al Premio Nadal y no gané. Janés convocó el Premio Internacional de Novela (1948), reformé el libro y lo gané. Tuve un


LIBROS

TRIBUNA DE SALAMANCA, Domingo, 14 de mayo de 2006

Arriba, el autor, con su máquina de escribir, en la redacción de ‘La Vanguardia’. Abajo, de pie, en Bruguera con compañeros como Víctor Mora (izquierda), creador del Capitán Trueno, y Conti (derecha)

FRANCISCO GONZÁLEZ LEDESMA Historia de mis calles Planeta, 2006 461 pp. / 23 euros

momento de plenitud porque me llevaron a cenar con Somerset Maugham. Soñé que ya era escritor, pero no lo fui. La censura prohibió el libro. Era un libro social, de la Cataluña de Lluis Companys. Pensaron que era un libro peligroso, escrito por un rojo y pornógrafo, esto porque un novio le tocaba la rodilla a su novia. El censor dijo: ‘Mientras el caudillo viva, usted no publicará’. Y tuvo muchísima razón porque aunque seguí escribiendo no publiqué hasta el 77». Silver Kane y el aprendizaje de perro. «Silver Kane nació por hambre y murió por agotamiento». Cerrado su camino de escritor, Ledesma trabajaba desde 1947 como guionista de los tebeos que Bruguera editaba con grandes tiradas. «El editor me dijo que como tenía imaginación y cierta soltura para escribir, por qué no hacía novelas de aventuras. ‘Escríbalo con seudónimo porque si las firma González la



He querido explicar la historia de mi ciudad, de mis calles, de mi época, de la gente sencilla a la que he visto sufrir, tener una esperanza y perderla

gente se va a reír y va a pensar que nunca ha estado en el Oeste’. Así nació Silver Kane. Yo era un estudiante en una familia que seguía siendo muy pobre y era el único que podía llevar dinero a casa. Aquello me permitió estudiar, mantener a mi familia y tener una última esperanza. Escribí unas tres novelas por semana, hay quien tiene catalogadas 610. Nunca las conté. Estudiar Derecho por las mañanas, trabajar y escribir por las noches es un ritmo que no sé hasta qué punto podría soportar hoy. Pero me enseñó mucho. Aprender los trucos de la novela, dosificar el suspense, planificar, hacer unos diálogos que sean atractivos... y todo eso en tres días. O te mueres o lo aprendes. No me quedó más remedio que aprenderlo. Y yo que quería escribir la gran novela, fíjate que tontería». Novelas de entretenimiento que hasta hace poco se cambiaban en los quioscos una vez leídas. Tiradas de mu-

chos miles de ejemplares. Un ‘pulp’ a la española. Y, como en casi todo en la época, también se podía leer entre líneas. «El hombre solitario que quería hacer justicia, el primer capitalismo salvaje, la construcción del ferrocarril donde morían cada día centenares de chinos, el cacique, la prostituta mal mirada pero que tenía una historia a su espalda, quizá un hijo secreto, un marido perdido y muchos secretos. En ese Oeste inventado se daban todos los elementos del mundo moderno. Aquellas novelas que no querían más que distraer tocaban asuntos que habían existido». Bruguera, la Santa Casa. Vázquez perseguido por sus acreedores, los dibujantes atados con cadenas a las mesas... eran viñetas habituales en los tebeos de Bruguera, la editora más grande que se recuerda. Pero la realidad era más o menos parecida. La factoría de la diversión era un infierno para sus trabajadores, en buena parte del bando perdedor. «Es paradójico, pero fue así. Y esto se debió a que aquellos vencidos que trabajaron allí buscaron la sonrisa entre el mundo pobre y gris en el que vivían, buscaron lo bueno en lo malo. Se hizo una crítica social: si había hambre, nacía Carpanta. Si vivían realquilados, nacía Rúe 13 del Percebe. El hambre, el pluriempleo, el hombre que hace negocios turbios... todo está ahí. Si un sociólogo ve estas revistas en el futuro, comprobará como era la España de la época. Era un gran negocio, pero Bruguera no fue una empresa inteligente. La mayor parte de la gente más valiosa se fue marchando porque no aguantaba más. Al final, se quedaron con los peores, los que no pudieron irse a otro trabajo. De Francisco Bruguera aprendí que el dinero no lo es todo: puedes tener mucho dinero y no tener nada. Él murió sin nada. El comportamiento ético es rentable a la larga. A corto plazo no lo es en absoluto, pero a la larga sí». El periodismo como salvación. Paralelamente, Ledesma se especializa en Derecho Catalán –existe allí un derecho sucesorio distinto al del Código Civil–, se hace abogado y trabaja para Bruguera. Gana muchísimo dinero. Pero no está contento. «Un hombre nunca está situado si no está bien con su propia conciencia. El Derecho es precioso en los libros, pero en la vida judicial diaria se busca la eficacia y no la justicia. En Bruguera se practicaba un capitalismo salvaje con todas sus consecuencias y un desprecio a la dignidad humana, y yo como abogado de la casa colaboraba un poco en aquel proceso. Al mirarme al espejo no me gustaba lo que veía. Me arriesgué y me hice periodista con 39 años». Estudió por libre y al examinarse acabó hablando con el profesor de temas militares –su otra gran pasión: fue alférez del ejército, pero le degradaron a soldado raso por hablar en catalán fuera de servicio–. Fue el primero de su promoción y se jubilaría como redactor-jefe de ‘La Vanguar-

culturas 5 dia’. «Mi tío había sido periodista. Para mí era la calle, la noche, las jornadas hasta las cuatro de la mañana, el olor a tinta. El periodismo te permite vivir dos vidas, la tuya y la de la gente que conoces. Recibía cada día una lección de humanidad. Ese romanticismo que tenía no existe en realidad, pero de alguna manera te permite estar cerca de la verdad, estar en contacto con tu ciudad. Un abogado no busca la verdad. El periodista intenta encontrarla». La novela negra. Ese conocimiento de las calles y el carácter social de la novela negra le llevaron al género y a la creación de su personaje, el inspector Méndez. «Merecería llamarse novela de análisis social. Tiene un enigma que la hace más interesante y generalmente es crítica con el poder, es decir, es casi siempre una novela de izquierdas. Al llegar la Transición empecé a darme cuenta de que toda España y sobre todo Barcelona eran una novela negra. No se sabía quién estaba financiando el terrorismo, qué había pasado con las grandes fortunas formadas en la época franquista... La sociedad era nueva y creo que sólo podía ser descrita con las herramientas que te da el género. Méndez es una mezcla de tres policías reales. Con ellos me di cuenta de que tras esas personas había un tremendo ejercicio de humanidad y de conocimiento de la sociedad. Como yo concibo la literatura, si te atienes a la ficción olvidando la realidad de cada día estás mintiendo y desorientando un poco al lector. Para mí, la ficción debe ser la realidad vista a través de los ojos del escritor, levemente transformada. El escritor debe conocer la realidad, dotarla de un cierto sentido artístico y describirla. Si consigue que esa realidad recreada forme parte del alma de la ciudad, habrá logrado alguna cosa. Si sólo es ficción, habrá conseguido entretener a la gente, pero probablemente no le habrá enseñado nada». Hoy. Con casi ochenta años, Ledesma sigue en activo. Dice que el trabajo lo mantiene joven, y debe de ser verdad, porque lo parece. Está escribiendo una nueva novela de Méndez y una novela no negra con Barcelona y su propio sentido de la religiosidad –«¿cómo el hombre ha creado la idea de eternidad cuando no puede verla en nada de lo que le rodea?»–. Acostumbrado desde niño a ver a dos Españas, y preguntado por el clima político actual, afirma que «Cataluña es una nación. Tiene todos los requisitos para serlo –lengua, Derecho, territorio y sentido de pertenencia–. Pero Cataluña no es separatista, no lo fue nunca, salvo en una minoría. Tenemos la suerte de tener dos culturas. En la escuela aprendí en castellano porque te daban a elegir y el catalán ya lo hablaba en casa. No se puede poner una lengua por encima de otra, porque tras cada lengua hay muchas almas». Antonio Marcos 


6  culturas

TRIBUNA DE SALAMANCA, Domingo, 14 de mayo de 2006

Arriba, a la derecha, la rumana Aurelia Iván, interpretando La carne del hombre, de Novarina, con universo plástico inspirado en la obra del artista Jephan de Villiers

TEATRO DE TÍTERES CONTEMPORÁNEO

Un arte en revolución Dentro de la extensión salmantina de Titirimundi ha habido variedad y marcadas diferencias de calidad. Con un tono clásico predominante, damos hoy un repaso a los títeres más contemporáneos. n estos días disfrutamos en Salamanca de la Feria Municipal del Libro cuyo programa incluyó once espectáculos de títeres llegados del Titirimundi de Segovia. A priori placía creer que durante una semana los títeres ‘invadirían la ciudad’, sin embargo, menos grato ha sido ver los espectáculos. En su conjunto hubo variedad –dentro de una cierta manera tradicional de entender y hacer el teatro de títeres- y muy marcadas diferencias de calidad– buenos espectáculos (Triángulos para las cuatro estaciones, Cía. Tsubame-Ya, Japón), regulares (Tomate el hombre globo, Cirko Tomate, Argentina) y otros sin

e

ningún interés, al punto que uno se cuestiona qué hacen programados en un festival de relevancia internacional (Jukebox, La caja enana, Cía. Trukitrek, España). Los salmantinos han acudido numerosos a los espectáculos, y a juzgar por la expresión de sus rostros y la manera en la que han reaccionado y aplaudido, parecían disfrutar satisfechos de las representaciones, lo que sin duda es un valor importante. No obstante, por profundo respeto a nuestro público y al gremio titiritero, hemos de indicar que lo visto estos días de mayo en Salamanca, es una muy pequeña gama de las posibilidades expresivas del títere y del estado actual de este teatro. La tradición, en el títere como en cualquier arte, es un asidero importante de conocimientos y de saber hacer. El titiritero sueco Michael Meschke escribió que «la tradición es la tierra en la que el artista vivo planta nuevas flores, pero hay que remover la tierra para que las flores crezcan, y el agua que les da vida viene de fuera». El teatro de títeres contemporáneo, para oxigenar su sustrato, y soñar con flores frescas, alía la fuerza poética que le es propia al poder de otras disciplinas artísticas

Foto columna derecha, abajo: la joven compañía Drolatic Industry, nuevas relaciones entre el actor y el objeto.

–danza, escultura, vídeo, literatura, música–. Esta connivencia no emerge abruptamente del presente, sino que tiene fuertes antecedente históricos –citemos por ejemplo los cortos de Méliès, o los ballets de la Bauhaus, ciertas composiciones de Debussy, textos de Lorca, esculturas de Calder, decorados y títeres de Miró, o la obra toda de Kantor… Por eso hoy el títere ya no es sólo sinónimo de Guiñol, ni únicamente juguete o diversión infantil, ni atracción de feria, o arte marginal. Desde los héroes de guante y cachiporra de las ferias

populares, el títere ha conquistado letras de nobleza artística, afirmándose como un arte a parte entera, con sus corrientes, familias, escuelas, festivales, teorías, tendencias… Formas animadas inclasificables, títeres de guante, varilla o hilo, teatro de sombras o de objetos, el arte del títere está hoy en plena revolución: escrituras contemporáneas, nuevas tecnologías y materiales, relaciones inéditas entre el cuerpo del actor y el objeto configuran sus caleidoscópicos perfiles. Hoy, cuando tanto se habla de trans, inter, multi y/o pluridisciplinaridad, el títere consti-

tuye un polo de referencia en el corazón mismo de numerosas prácticas contemporáneas, donde las fronteras tienden a difuminarse y la creación a ser un híbrido de difícil denominación o etiquetado. Por ejemplo, el catalán Joan Baixas –quien colaboró con Miró, Saura y Matta– crea en 1996 el espectáculo Tierra Preñada, donde ‘pinta y proyecta historias’ con tierras sobre una pantalla de plástico, al tiempo que un músico, con teclado y voz, conforma imágenes sonoras que acompañan las visuales. Otras compañías exploran con otras materias co-


TRIBUNA DE SALAMANCA, Domingo, 14 de mayo de 2006

TEATRO / LIBROS

culturas 7 LIBROS

mo vegetales, hielo, agua, papel higiénico, ramas de árboles o frutos, animales vivos… El teatro de títeres contemporáneo se reivindica también como un arte visual y a veces ocupa espacios museísticos o no estrictamente teatrales: en el verano del 2000, una compañía de teatro de objetos, Turak Théâtre (Lyon, Francia) toma por asalto el Centro Cultural de Belén, en Lisboa, y expone sus títeres y objetos ‘bricolados’ en la fachada y salas del edificio, figuras que también pasean por la ciudad en tranvía y actúan en distintos escenarios lis-

boetas… En España, la compañía valenciana Hermanos Oligor, crea en 2002 Las tribulaciones de Virginia, espectáculo a medio camino entre el teatro de autómatas, el cuentacuentos y la instalación escultórica. Desde finales de los 90 la compañía francesa Amoros et Augustin, especializada en teatro de sombras, aplica nuevas tecnologías, como imágenes de vídeo digitales montadas o filmaciones en directo, a las proyecciones de sombras más tradicionales. En 2001 se estrena en París Teatro para los oídos, del autor Valère Novarina,

donde el títere es un robot con la imagen del escritor, siendo el rostro una proyección de vídeo digital, ‘manipulado’ por un actor desde un ordenador, y el texto, grabado, circula por el escenario en altavoces que van sobre cochecitos teledirigidos por el actor a distancia. Novarina es un afamado dramaturgo, también pintor, cuyos textos son continuamente puestos en escena por compañías de títeres. Su obra, como la de otros autores vivos –Daniel Lemahieu, Matéi Visniec, Kossi Efoui, Philippe Minyana– es muy solicitada por los marionetistas pues sus textos, por el uso subvertido de la lengua o la estructura aristotélica, o por los universos que proponen, o por los terrenos de intercambio que se abren entre materia y palabra, son una fuente ‘multiproteica’ para el títere. Otros artistas, como la titiritera alemana Ilka Schoenbein, o la coreógrafa belga Nicole Mossoux, exploran desde el trabajo físico formas nuevas de relacionarse con el objeto, la eterna diatriba entre manipulador y títere, entre el cuerpo vivo y la materia inerte… En paralelo, las experiencias de los maestros y de los innovadores se cruzan y se nutren entre sí, de esta forma emergen nuevos lenguajes, revalorizándose prácticas tradicionales. Por ejemplo, Arianne Mnouchkine, del parisino Théâtre du Soleil, inspirada por el bunraku japonés, crea en 1999 Tambores sobre el dique, donde los actores ‘marionetizan’ sus cuerpos, y como títeres se mueven, siendo manipulados por otros comediantes, también de carne y hueso. El conjunto de las artes escénicas reconoce la riqueza del teatro de títeres contemporáneo. El teatro clásico, la ópera, la danza contemporánea, las artes visuales, la música, tienden cada vez más a servirse del títere, de sus códigos visuales y dramatúrgicos, y poco a poco le ceden lugar en sus escenarios. Para llegar a esos múltiples escenarios, los titiriteros de hoy surcan los caminos en rápidas furgonetas o en avión, hablan a los niños dirigiéndose también a los adultos, se arman con ordenadores portátiles, teléfonos móviles, cámaras digitales, se comunican y anuncian a través de emails, blogs y páginas webs… El títere de hoy sigue portando sobre sí el peso del mundo, de las ideologías, de la incandescencia de las palabras, de la acuidad de las miradas. El títere habla fuerte e ignora a su antojo los códigos establecidos, transgrede lo políticamente correcto, se burla de los academicistas y de la cultura basura. El títere contemporáneo preconiza sin pudor el riesgo, la locura, el amor, como un derecho a la creación bajo todas sus formas, como un derecho a la invención de nuevos leguajes, como un derecho a dialogar con el público, compartiendo imaginarios y emociones. Yanisbel Victoria Martínez 

Dentro de la espuma de los días Clarice Lispector contruye una novela compleja, inquietante y de una hermosura tropical on un rostro híbrido y exótico –a juzgar por las fotografías de ella que nos han llegado–, y un origen que unido a su destino certifican una extraña belleza (nacida en Ucrania en 1920 y fallecida en Brasil en 1977), cabe esperar si no lo mejor al menos algo muy interesante de la literatura de esta mujer, Clarice Lispector, de quien Siruela ha recuperado anteriormente seis libros. Quien se acerque a esta novela, compleja, densa, inquietante y de una hermosura tropical, no se verá defraudado. La idea sobre la que construye el texto es aparentemente tenue: la construcción de una mujer. De un asunto tan frugal puede nacer un culebrón venezolano, Madame Bovary o ciertos párrafos de Virginia Wolf. Lejos de cualquiera de estos planteamientos, Lispector teje un mundo en el que lo interior se empapa de lo exterior hasta confundirse, de manera que uno duda de que sea protagonista de los sucesos de su vida o de que sean las cosas las que le suceden a uno. En gran medida, una mezcla magistral de realidad y magia anuncia lo que será la verdad maravillosa que empapará la obra de tantos escritores de América Latina: ·Y sin darse cuenta la joven tomó la forma que el hombre había percibido en ella. Así se construían las cosas». Y así construye ella el lenguaje, como si acabara de inventarlo, con una facilidad para modelarlo propia de un alma de artista no exenta de cierto espíritu barroco: «Cuando una cosa no pensaba, la forma que tenía era su pensamiento». Ese lenguaje rico, de un lirismo cálido y exuberante, produce en el lector una impresión que compagina lo triste y lo prodigioso describiendo constantemente los alrededores del personaje central, una mujer joven que desconoce el destino del amor, al que cree vinculado su propio destino vital, y que da la impresión de ser incapaz de enamorarse. De esta forma, el tema es su experiencia de la ciudad en la que habita: «Sólo que se veía como un bicho vería una casa: sin que ningún pensamiento sobrepasase la casa». Esa esquizofrenia define la espuma de los días de esta mujer: «En ciertos hechos creía, en otros no. No creía que las

c

CLARICE LISPECTOR La ciudad sitiada Trad. de Elena Losada Siruela, 2006 183 pp. / 17 euros

nubes fuesen agua evaporada, ¿para qué, si las nubes estaban allí? No llegaba a gustarle la poesía. Le gustaban los que contaban las cosas como eran, enumerándolas. Eso era lo que siempre admiraba, ella, que para intentar saber algo de una plaza hacía un esfuerzo para no sobrevolarla, que sería lo más fácil. Le gustaba quedarse en la propia cosa: es alegre la sonrisa alegre, es grande la ciudad grande, es bonita la cara bonita y así se probaba que sólo su manera de ver era clara». Así pues, el marco de la novela –«El pueblo de S. Geraldo, en 192… ya mezclaba con el olor a establo algún progreso»– es protagonista porque la mira a ella, la construye o, por decirlo con cierta libertad, la decide. O decide que establezca una lucha interior irresoluble: «Lucrecia Neves miraba desde su altura el horror del objeto. Cosas terribles y delicadas yacían en el suelo. El tornillo perfecto. La joven respiraba el olor de plomo de la claridad. Y al volverse, allí estaba S. Geraldo, anunciado, inexplicable, posado con la dureza de un pie. Cada objeto hiperfísico». Con una prosa repleta de metáforas exquisitas y sorprendentes, que nos remiten sin complejos a una construcción de una personalidad paradójica, de tan abrumadora como inexistente, Lispector refleja esa evolución hacia la nada en la imposibilidad de elegir un amor, o en la forma en que vive un adulterio o una viudez esta mujer a la que sólo cabe entender protegida por el epígrafe de Píndaro que Lispector eligió: «En el cielo aprender es ver; / en la tierra es acordarse». Ricardo Martínez Llorca 


8  culturas LIBROS

TRIBUNA DE SALAMANCA, Domingo, 14 de mayo de 2006

NOVEDADES

El viaje como parábola existencial LAURENCE STERNE Viaje sentimental Traducción, edición y posfacio de Max Lacruz Valdemar, 2006 304 pp. / 20,50 euros

 Laurence Sterne publicó este Viaje sentimental en 1768, apenas tres semanas antes de morir. Un lector desprevenido, visto el título, podría considerarlo como un libro de viajes a la usanza clásica; nada más lejos de la realidad. Su objeto parece insignificante, pues sirviéndose del deambular errático por Francia del despreocupado Yorick —un jovial clérigo, alter ego del autor— la obra parece limitarse a narrar, con suma indolencia, un recorrido ‘sentimental’ en que lo importante no son los monumentos, las ciudades o los accidentes geográficos, sino las mujeres encontradas, la curiosidad por los personajes conocidos y las pequeñas aventuras iniciadas. La gran habilidad de Sterne, en ésta como en su obra magna, Tristram Shandy, estriba en trascender las más nimias anécdotas del viaje, que para el lector acabarán alcanzando valor de parábola existencial. Laurence Sterne nació en 1713 en la ciudad de Clonmel (Irlanda). Cuando murió su padre, en 1731, se le envió a estudiar a Cambridge. Será allí donde sufrirá los primeros síntomas de la tuberculosis que le aquejará a lo largo de toda su vida. Acabados sus estudios, se ordenó sacerdote de la Iglesia Anglicana, y obtuvo la vicaría de Sutton-in-the-Forest, cerca de York. Su condición de clérigo no le impidió llevar una vida licenciosa y festiva, y leer a Rabelais, Cervantes y Burton en casa de su amigo John Hall-Stevenson. En 1741 se casó con Elizabeth Lumley. Las relaciones con su esposa nunca fueron buenas. Ella enloqueció en 1758. Sterne no se reveló como escritor hasta 1759, cuando tenía casi cuarenta y seis años. Ese año publicó A Political Romance, un panfleto satírico que causó gran escándalo. Ese mismo año comenzaría a publicar la que es considerada su obra magna, Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy. En 1766 conoció a Mrs. Eliza Draper, una joven casada de la que se enamoró locamente, y a la que dedicará casi toda su obra posterior. En 1767 comienza la escritura de Viaje sentimental. El libro sería publicado en febrero de 1768. Pocas semanas después, una gripe se le complicó con su tuberculosis, y murió de pleuresía el 18 de marzo de 1768. Laurence Sterne: «Es cierto que me he pasado la vida enamorado de una u otra princesa; y espero seguir así hasta que me muera, pues estoy convencido de que si algún día cometo alguna acción mezquina será en el intervalo de una pasión a otra. Durante el interregno siento mi corazón como cerrado con llave; no encuentro en él ni una moneda que darle a la miseria».

La novela del desengaño El último libro de Eduardo Mendoza, que novela los últimos veinte años, no alcanza su mejor nivel nunciada a bombo y platillo como la nueva novela ‘seria’ de Eduardo Mendoza, Mauricio o las elecciones primarias retoma la capacidad analítica y reflexiva del autor para radiografiar las contradicciones y los vaivenes de la sociedad barcelonesa, centrándose esta vez en los convulsos años de la posttransición, marcados por la crisis de las ideologías y el abandono de los sueños utópicos a cambio del disfrute de los lujos del Estado del Bienestar. Las maniobras mediáticas y publicitarias que han precedido la salida al mercado de la obra han vuelto a poner de manifiesto el lugar privilegiado y de referencia de que goza el autor catalán en el panorama literario nacional que, desde la publicación, en 1975, de la magistral La verdad sobre el caso Savolta, ha ansiado sus obras con la confianza de saber, y de constatar, que no iba a sentirse defraudado. Por eso resulta tan decepcionante esta última novela, porque, a pesar de mantener algunos de los valores clásicos que adornan su narrativa, se antoja pobre, ramplona y por debajo del nivel medio de una trayectoria que lucía impecable. Hasta ahora, las novelas de Mendoza que la crítica y la promoción han coincidido en denominar ‘serias’ (como si no lo fueran aquéllas en las que el autor entretiene y hace reír manejando con maestría elementos paródicos y burlescos, como las protagonizadas por el loco innominado) integraban la Historia (con mayúsculas) a la ficción. La grandeza de La verdad sobre el caso Savolta, La ciudad de los prodigios o Una comedia ligera, que pueden ser leídas en comandita como fresco evolutivo de la sociedad catalana desde la crisis finisecular hasta el desarrollo burgués de la posguerra, reside precisamente en la habilidad del escritor para inventar un

a

EDUARDO MENDOZA Mauricio o las elecciones primarias Seix Barral, 2006 365 pp. / 21 euros

argumento consistente, tan ameno como intrigante, y ensamblarlo con su marco contextual para reflejar así un ambiente histórico concreto. Quizá el gran error de Mauricio o las elecciones primarias esté en la insistencia del autor en invertir esa relación y utilizar la trama novelesca sólo para historiar los acontecimientos acaecidos en Barcelona, Cataluña y España en la década de los ochenta, desde la consolidación democrática hasta el ideal transformador del 92. De ahí que la novela destile impostura y que todo en ella parezca impuesto por la intención del autor de componer una novela de tesis con la que hacer balance de todo lo que quedó en el camino durante la transición, de todos los sueños que jamás se cumplieron y de todas las promesas que se olvidaron. Los personajes quedan relegados a la categoría de estereotipos, y su presencia en la trama parece sólo tener validez en la medida que sirven al autor para argumentar su reflexión sobre la España contemporánea. Aparecen así la joven utópica e inconformista que, poco a poco y casi sin darse cuenta, va siendo absorbida por el sistema sin que eso parezca molestarle demasiado; los políticos que cambian con facilidad el contacto con las bases por un puesto en un despacho enmoquetado con secretaria; el viejo combatiente contra la dictadura que pierde su sitio en la demo-

cracia y que afirma con nostalgia que ‘contra Franco’ se vivía mejor… Incluso le falta vida a la tríada protagonista formada por Mauricio, Clotilde y ‘la Porritos’. Él es un dentista recién licenciado, pusilánime y en permanente duda, que acepta hacer campaña por el Partido Socialista al tiempo que se enfrasca en una relación sentimental con dos mujeres, una joven abogada progre llena de prejuicios y absolutamente carente de autocrítica y una chica de barrio para la que la verdadera lucha social está en sobrevivir. A través de la interacción, en permanente diálogo, entre estos tres personajes, y entre toda la gama de secundarios que pululan a su alrededor, se establece el fresco social de una Barcelona que busca su identidad después de casi cuarenta años de dictadura al tiempo que se prepara para recibir la herencia cosmopolita y de diseño de los Juegos Olímpicos. Ese retrato, no exento de crítica, refleja el fin de las ideologías y de los referentes morales absolutos, el desengaño de quienes creían que con la muerte del dictador iban a cambiar muchas más cosas y el miedo de una sociedad desorientada que no encuentra su acomodo. El tono ácido y decepcionado, diferente al exultante discurso oficial con el que se suele recordar la transición, supone el mejor valor de una obra a la que no le faltan el humor y la ironía característicos, pero que no logra ni de lejos cumplir las expectativas que un escritor de la talla de Eduardo Mendoza despierta. Porque la literatura, como ya dijo André Gide, es mucho más que un puñado de buenas intenciones, buenos sentimientos e incluso buenas ideas. Javier Sánchez Zapatero 


numero74