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culturas

N° 71 Suplemento de

artes y letras

TRIBUNA DE SALAMANCA, Domingo, 23 de abril de 2006

Perelétegui

4 Luz como metáfora

BERNARDÍ ROIG Ensayo de la ceguera

de la incomunicación en la exposición que el artista muestra en el Domus Artium.

3 DÍA DEL LIBRO

7 GIBSON / MACHADO

El día de la muerte de Shakespeare y Cervantes se convierte en la gran fiesta librera. Proponemos una idea desprejuiciada y gozosa de la lectura.

Ligero de equipaje es una biografía apasionada, valiente y entregada sobre la vida del poeta que recorrió a pie el camino de los vencidos.


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TRIBUNA DE SALAMANCA, Domingo, 23 de abril de 2006

quella pieza de Bernardí Roig que fue imagen de portada en el número a45 (16nuestra de octubre de 2005) nos había parecido una de las más potentes de aquella exposición titulada ‘Barrocos y Neobarrocos’: una figura blanca, con los ojos cerrados y los oídos tapados con sus propias manos, sentada frente a una pantalla donde la cara de un hombre demasiado parecido a él le decía algo que sólo ellos parecían en disposición de escuchar. Daba la sensación de una angustiosa inco-

municación. Ahora, Roig ha vuelto para ocupar el DA2 con una exposición en la que recoge obras previas y algunas creadas especialmente para este espacio. La luz cegadora que no deja ver y remite a la introspección, con esas inquietantes figuras blancas que son el sello de su producción más reciente. Hablamos con el artista en nuestras páginas centrales. Hay mucho libro esta semana por aquí. Hoy se celebra el gran día, la gran fiesta de la lectura. Los libreros sacarán sus puestos a la

calle para vender más que ningún otro día del años, mientras proliferan campañas por doquier para que leamos más de una maldita vez. Nosotros proponemos una idea desprejuiciada y gozosa de la lectura. Merece leerse la biografía que acaba de publicar el historiador Ian Gibson sobre Antonio Machado, un retrato entregado y pasional que nos acerca la grandeza del poeta. Además, libros de Guy Debord, Óscar Esquivias, Cees Nooteboom, Antonio Iturbe y Antonio Jiménez Barca.

Antonio Marcos culturastribuna@yahoo.es

1 OTRAS FORMAS DE LEER Leído en Comunicacion-cultural.com: «Existen en España cerca de 1.300 publicaciones digitales (Cibermedios, Comunicación Social Ediciones 2005), y sus lectores aumentan cada año en un 183%, pero sorprendentemente muchas entidades culturales no tienen en cuenta a estos nuevos medios en sus planes de fomento de la lectura y la promoción del libro. Hace una década, los internautas españoles apenas llegaba al 1% de la población; en menos de 10 años hemos superado la barrera de los 15 millones de internautas en España. Entre los más jóvenes, el informe Los menores en la Red de la Fundación Auna revela que el 83,9% de los jóvenes españoles son ya internautas. Con la irrupción de las nuevas tecnologías, los hábitos de consumo cultural de las nuevas generaciones están experimentando una transformación histórica: compran y recomiendan libros a través de la red, leen todo tipo de revistas digitales, escriben más que nunca en foros, chats, blogs, etc.». Hay en España una asociación de revistas electrónicas, ARDE, que agrupa, entre otras a las interesantes Espéculo, Ariadna-rc.com, Babab.com, Margencero.com, Literaturas.com o Dosdoce.com.

2VIAJAR LEER, OTRA MANERA DE Si decimos habitualmente que una novela negra propicia, entre otras cosas, un conocimiento de la ciudad o país en el que se desarrolla –como buena literatura social que es cuando lo es–, nada mejor que una guía de lugares asociados a libros y escritores. Para ir colocando banderitas en el mapamundi literario, la librería Negra y Criminal ofrece en su blog una amplia lista de puntos estratégicos: de la Marsella de Izzo, al París de Fred Vargas, pasando por la Irlanda de Ken Bruen. Pueden encontrarlo en negraycriminal.blogcindario.com. Esta librería es todo un ejemplo de cómo la especialización y la pasión por lo que se hace consiguen romper barreras. Durante San Jordi –allí sí que es una fiesta tradicional esto del libro– repartirá cócteles que aparecen en los libros que venden. Y, si todo sale como se prevé, ese día todos los libreros catalanes venderán mucho: un estudio

del gremio calcula que facturarán 19 millones de euros en los 435 puestos que se instalarán en toda Cataluña. Una cantidad respetable.

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ANTES Y DESPUÉS DEL DÍA DEL LIBRO Lo escribe Pere Guixá en el suplemento de cultura de ‘La Vanguardia’ –que, por cierto, acaba de cumplir 200 números– y me parece una de las mejores definiciones que he leído sobre todas estas celebraciones, se traten de lo que se traten: «Lo mejor es que, para la gente, el día 22 no hay expectativa alguna de que al día siguiente se avecina un buen día. Ni el 24, que ayer fue un día grande. ¡Hasta el año que viene!». Una feliz coincidencia este año. Justo hoy comienza a andar un proyecto que promete horas de buena lectura crítica. Se llama ‘La tormenta en un vaso’ y será un blog colectivo donde cada día se reseñará un libro. Se define como «un espacio independiente y fiable dedicado a la buena literatura y a los buenos lectores» y quienes lo hacen se dedican a escribir y también a criticar libros. Participan, entre una larga lista, Elia Barceló, Carlos Castán, Óscar Esquivias –de quien se reseña en este suplemento hoy mismo su última novela–, Ferrán Esteve, Hipólito G. Navarro, Elena Medel, Andrés Neuman, Joaquín Pérez Azaústre, Hilario J. Rodríguez o Ángela Vallvey. Para seguirles la pista.

4 GENERADOR DE LITERATURA SUPERVENTAS «Enterrado en un pueblecito a las afueras de Londres, los jefes de La Manada Cruel de los Hiper-negativos guardan el oscuro secreto de Camelot. Un doctor psicópata ha tropezado con ello mientras estaba buscando otra cosa en el Google. Hay una violenta persecución en Jerusalén, con una enorme preocupación por nuestra concepción de la anti-materia, que está a punto de sucumbir ante nuestos propios ojos». Esta es la sipnosis de Arcas y ruidos, una novela que todavía no existe, pero podría. Bajo el lema «Crea tu propia novela de Dan Brown», alguien ha creado un generador automático de argumentos y portadas para reírse un poco del fenómeno editorial de moda, pero de una moda multitemporada, como los pantalones de pana. Está en prueba.blogspot.com.

Portadas que tal vez se encuentren este domingo en la Plaza Mayor y que tal vez, después de echarles una ojeada, crean que merece la pena llevarse a casa


DÍA DEL LIBRO

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Aspecto de una librería de Madrid durante ‘La Noche de los libros’, esta misma semana  EFE

Por una lectura sin prejuicios Campañas que nos conminan a leer, puestos en la calle a mayor gloria de la lista de los más vendidos... proponemos un sentido de la lectura como un camino personal de elecciones hacia el placer y el conocimiento. abía un personaje del escritor checo Bohumil Hrabal que se presentaba diciendo algo así como «soy culto a pesar de mí mismo». Trabajaba reciclando papel en un sótano y así desarrolló su amor por los libros, que devoraba con los ojos. Los trataba como a personas, les ofrecía un final digno y los agrupaba a cada uno con sus afines para que fueran armoniosamente a la máquina de triturar. Pocas veces se ha visto un amor tan grande por los libros y lo que contienen. Ahora Mercedes Milá anda recorriendo calles y plazas dejando libros por las esquinas y mirándonos fijamente desde la pantalla diciéndonos muy seria que tenemos que leer... deducimos que esta causa debe de ser tan importante y beneficiosa para la salud como dejar de fumar, por lo

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menos. Así está montado el mundo del espectáculo: se mira el calendario y se lanzan campañas para que coincidan con el Día del Libro. La agenda política y la mediática se contagian, nos dan la brasa un rato y se olvidan hasta el año que viene. Flor de un día. ¿Puede la lectura fomentarse así? Nunca se publican los resultados de estas campañas, así que no sabemos. ¿Qué se celebra exactamente el Día del Libro? Para empezar, coincide con una fecha luctuosa, la muerte, el mismo día, el 23 de abril de 1616, de Cervantes y Shakespeare. En Cataluña es una fiesta donde la gente se regala tradicionalmente rosas y libros y los escritores firman ejemplares. En Salamanca, los libreros montan sus puestos en la Plaza, generalmente bajo la lluvia. En Madrid acaban de organizar una noche de librerías ‘afterhours’ con conciertos y ‘animación cultural’. Aquí, me decantaría por pensar que la fiesta se celebra a mayor gloria a la lista de los diez libros más vendidos, que maldita la falta que les hace la publicidad extra. Porque, ¿qué se considera lectura? ¿A quién podríamos calificar como ‘lector’? ¿Importa la cantidad o importa la calidad –de la actividad lectora, no de las obras–? ¿Es necesario oponer la lectura a otras formas de ocio para fortale-

cerla? ¿Es la lectura una forma de ocio? A riesgo de parecer el profesor de Amanece que no es poco, se me antojan necesarias las preguntas. Pero aquí va una afirmación: la lectura es una actividad netamente personal en la que cada uno va marcándose un recorrido, haciendo sus elecciones, un método de conocimiento de uno mismo y de los demás, un modo de divertirse. La lectura forma individuos, produce capacidad crítica, ayuda a entender el mundo. Pero hay muchas formas de leer. Leer un libro puede ser un suplicio para el estudiante obligado a meterse en los clásicos a bocajarro o puede resultar un placer basado en la libre elección de realidades o imaginaciones a las que se llega vaya usted a saber por qué. Porque si algo tiene de bueno una relación fluida con los libros es la posibilidad de elegir. Así que la lectura, cuanto más bastarda mejor. Ninguna industria cultural de las que suelen oponerse al consumo lector –cine, videojuego, tele-

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visión– puede presumir de una producción tan grande, tan variada y tan accesible como la editorial. Miles de títulos al año –53.155 en España en 2005– donde hay para todos los gustos. Ahí cabe todo: desde los libros producidos en serie por el periodista César Vidal –se han hecho cálculos sobre cuántas páginas escribe diariamente y el dato provoca vértigo e incredulidad– a las recetas de cocina, las memorias de personajes con o sin vida que contar, la pureza de los poetas buenos, los novelistas ligeros, los pesados, los comerciales, los que saben contener el mundo entero en sus palabras, lo narrativo, lo filosófico, el humor, la tragedia y todo lo que a usted se le ocurra. Como en el anuncio de la Coca Cola. Y que cada uno se quede con lo que más le convenga o le emocione. Hay quien encuentra el sentido del mundo en las contrastadas combinaciones químicas de un recetario de Arguiñano y quien siente placer siguiendo las fáciles

La lectura forma individuos, produce capacidad crítica, ayuda a entender el mundo. Pero hay muchas formas de leer: puede convertirse en un suplicio obligatorio o en un placer electivo

intrigas del precocinado género del superventas. Es un territorio privado en el que cada punto de la red que va tejiendo cada libro supone un paso hacia adelante. Supongo que a quienes tienen la responsabilidad de gobernarnos les preocupa que los jóvenes no lean lo suficiente. Es una preocupación loable y seguramente necesaria. Pero da la sensación de que no acaban de acertar con las campañas, que suelen tener un cierto tono de culpabilización y sobreestiman el poder de la publicidad. No conozco a nadie que se haya lanzado a las librerías después de ver un cartel en la parada del autobús. Quizá habría que afinar la puntería, mejorar las estructuras cercanas –más dinero para bibliotecas–, poner las condiciones para que la pasión por los libros –cualquier libro, no sólo los del ‘currículo’– pueda trasmitirse en las escuelas, fomentar el intercambio entre lectores y escritores, reforzar el lado lúdico, no oponerlo a otras formas de divertirse y conocer, aumentar el espectro a otras formas de lectura –blogs, un fenómeno entre los jóvenes–. Cada buen libro es un anzuelo: pónganlos cerca. Y liberen esto de prejuicios. Aquel hombre que fue culto a pesar de sí mismo nunca los tuvo. Antonio Marcos 


4  culturas

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El artista mallorquín Bernardí Roig ofrece hasta el 28 de mayo en el Domus Artium 2002 una selección de obra que, bajo el lema genérico de ‘Ejercicios de luz’, plantea una metáfora sobre la ceguera y abre la puerta a la mirada interior.  Óscar Rodríguez

i fue su primera visita a Salamanca, para la presentación de la muestra a principios de abril, ni será la última. Bernardí Roig llega con sus ‘Ejercicios de luz’ al Domus Artium 2002 para transformar un espacio que fue, antes que centro de arte, una prisión.

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¿Qué pretende comunicar con ‘Ejercicios de luz’? Convertimos un espacio de sufrimiento y dolor en un lugar de oración, como es ahora un centro de arte contemporáneo. Hay que ocupar esa cavidad, que es como un gran teatro, como una cavidad craneal y hay que poner a rebotar los pensamientos. Eso es lo que he intentado hacer, he puesto a rebotar pensamientos; muchos ya se habían pensado para otras exposiciones en galerías, para ferias y aquí se han puesto pensamientos a rebotar en la misma cavidad, y esto es nuevo. Sorprendente, además. Y es lo que hay que aprovechar, el espacio con estas características tan marcadas, que no es un cubo blanco, ésa es la riqueza que tiene. Aquí hay dibujo, vídeo, fotografía y escultura. Entonces, he puesto en marcha toda una base lingüística que había que poner a caminar. Nunca se habían juntado todas estas piezas, parten del año 99 –el vídeo de ‘El hombre y la lámpara’– y termina con el último vídeo, ‘Ejercicio de repulsión’, de 2006. El hombre y la lámpara’ es el primer trabajo en el que empleo la luz como metáfora de la ceguera y es un vídeo rodado en la Casa de Campo, con Domingo Sánchez Blanco –él es el portador de la luz– y termina con ‘Ejercicios de repulsión’, también con Sánchez Blanco, con la misma cabeza. En medio, ¿qué hay? El resto: fragmentos de exposiciones..., yo creo que he seleccionado lo más interesante y también lo más adecuado para el sitio, también pensando que esta exposición, al ser itinerante, me obliga a una adaptación a los otros espacios; lo que va aquí va a los otros cuatro museos y eso me ha hecho sintetizar mucho, lo justo. Hay un sentimiento de malestar. No es un malestar político ni que

BERNARDÍ ROIG

La retina en un vaso tenga que asumirse como algo de lo contemporáneo. Es un malestar personal, que es un malestar existencial, un malestar de poeta, diría. Yo no me ocupo del malestar de la gente, me ocupo del mío, porque de la gente sé poco... de mí menos, pero por lo menos tengo la herramienta de la construcción simbólica de imágenes. Nunca se utiliza a sí mismo como objeto de sus obras, sobre todo en las esculturas. No, porque no me podría ver en el proceso de hacerme, y no tengo ningún interés por mí como forma. Uso personas de mi entorno en un sentido muy claro: son figuras, pero me quiero distanciar de la figuración, me quiero acercar más a lo figural. Intento que haya una distancia con el modelo y no me interesan para nada ninguno de sus rasgos psicológicos. Lo que me interesa es una forma que me da su

cuerpo para construir, abusar de esa forma para precipitar una narración. Me es más fácil trabajar con gente que me quiere o que quiero, porque están disponibles

que no se puede soportar. Ves que hay muchos rostros desdibujados y descosidos, como que se arranca la mirada.

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Me quiero distanciar de la figuración, me quiero acercar más a lo figural. Lo que me interesa es una forma que me da un cuerpo a partir de la cual precipitar una narración para la tortura en el proceso de producir moldes y toda esta mierda. En sus dibujos hay un punto en que se rompe la realidad. No se trata de hacer retratos, aunque reconozcamos gente, es usar como excusa un rostro para intervenir en él como una imagen

Puede transmitir cierta impaciencia... Es como la segunda fase del proceso. El dibujo es la voluntad de construir una imagen ordenada, mentalmente estable, que me haga sentir que tengo capacidad representativa, que puedo contar algo, e inmediatamente después, surge un brote de contradicción ra-


ARTE

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Tres de las obras de Bernardí Roig instaladas en el Domus Artium 2002 –DA2–, a partir de las cuales desarrolla su discurso sobre la luz y la ceguera, sobre el espacio expositivo como un reflejo del interior, de la cavidad craneal, donde Roig pone a rebotar sus pensamientos  Reportaje gráfico: Perelétegui

de leche

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Lo que he hecho es producir imágenes con esa idea rotunda de que una imagen es como un condensado de experiencia que ha quedado sin comunicar

dical y desesperado que no me permite asumir eso. En esa esquizofrenia se produce el desgarro de la imagen. El rostro sólo es un rostro si está desdibujado. A partir de su no concreción uno puede aportar un destello nuevo del significado de ese rostro, de esa cara, imprevisto. Lo otro es el realismo, que no le interesa a nadie.

Bernardí Roig, a principios de abril, en el Domus Artium 2002, el día de la inauguración de ‘Ejercicios de luz’

Después del DA2, la exposición viajará a Bonn, Praga y Oostende. ¿Se entiende lo mismo en todas partes? A grandes rasgos sí, porque es Europa, la herencia visual es la misma para todos y hemos sufrido las mismas cosas prácticamente todos. Aunque luego, siempre que los artistas españoles salen fuera, los de fuera tienen una tendencia a leer un sentimiento trágico inoculado que creo que es una exageración, algo que no tiene gracia. ¿Hay prejuicios? Prejuicios, no, encasillamientos

culturales de base que no te acabas de sacudir pero, resumiendo, me da lo mismo cómo lo lean. Lo que me interesa es ver cómo la exposición se va adaptando a diferentes espacios. El alemán es más racionalista, tiene más que ver con los cubos blancos. Esta exposición, allí, no la podré hacer exactamente igual, con las mismas obras habrá que construir otra manera de mostrarlas y, seguramente, en ese brote de lo inesperado, aparecerán significados que yo no había previsto. ¿Aquí le ha pasado algo así? Sí. Nunca había visto esta cantidad de 200 fluorescentes en marcha y algunas son piezas hechas a propósito para este sitio, entonces, a ver cómo se organiza la tensión del recorrido; me inquieta mucho verlo, porque de lo que se trata es de que te abrace, que no te des cuenta y estés dentro de una narración. Vas de un sitio a otro y conectas cosas, porque es verdad que es una

exposición de luz, pero una exposición de luz que genera sombras y a mí lo que más me interesa de la luz es ese espacio sombrío, porque ahí interviene la imaginación del que entra. Es más fértil lo imaginario y la franja de sombra, pero para que haya una buena sombra tiene que haber mucha luz, una luz muy potente. Ahí generamos espacios de sombra que son los interesantes. Lo otro es la ceguera, que te obliga a mirarte dentro, el estallido visual, la erección del ojo. La riqueza que tiene es la que puedes encontrar en una mirada interior. ¿Usa su obra para verse dentro? Uno no se conoce bien, por eso hace estos ejercicios buscando ese resplandor. A través de lo simbólico, que es el arte, un sustrato simbólico que nos ayuda a conocernos y a los demás, y a conocer el mundo, creando equivalentes siempre porque es un encadenado de metáforas; pero uno no sabe nada de sí mismo, porque uno nunca es ése,

siempre es otro. Además, siempre son los demás los que le dicen a uno quién es, y luego resulta que no encaja nada, pero bueno, aquí lo que hemos hecho es producir imágenes como esa idea rotunda de que una imagen es como un condensado de experiencia que se ha quedado sin comunicar, y ahí se produce una imagen, y encadenar esas imágenes para construir una narración. Es una exposición que tiene un título genérico, ‘Ejercicios de luz’, que habla de hacerse; no hay nada definitivo, el ejercicio es como un ensayo, como un apunte, como un boceto. ¿Vamos a ver qué ocurre si metemos mucha luz? ¿Qué pasa con la luz? ¿Qué es la luz? La luz es el tema del arte, desde el principio al fin. Uso los fluorescentes porque ya se han usado antes, estoy dentro de un recurso lingüístico asimilado, pero se trata de construir sobre eso. Yo nunca los utilizaría para iluminar la nada, los uso para iluminar figuras, esquinas o crear contradicción entre figuras y esquinas, o asfixia, o turbación. La luz, en la exposición, conecta con el punto de oscuridad. Cuando abres los ojos, la luz entra en tu cabeza, la retina es la ventana. He intentado que sea una exposición muy blanca, como meter la retina, el ojo, en un vaso de leche.


6  culturas LIBROS No deja títere con cabeza ANTONIO ITURBE Rectos torcidos Planeta, 2005 262 pp. / 19 euros

 Si quieren conocer a un personaje sin oficio ni beneficio, que sufre de colon irritable y que abomina la modernidad y el diseño barcelonés no deben perderse la novela Rectos Torcidos. Así es Ladislao González, el personaje inventado pero no ficticio de Antonio Iturbe, un tipo vulgar de unos cuarenta años, de los que no destacan nada, ni para bien ni para mal. Con esta novela, este escritor aragonés –actual subdirector de la revista ‘Que leer’– se estrena en el panorama narrativo español con una novela muy excéntrica en todos sus sentidos. Destacando su humor negro y corrosivo, Rectos Torcidos cuenta la historia de un personaje que está sin blanca, que tiene un trabajo basura y que cuando no lo tiene le toca lo más duro de su trabajo: buscarse otro. Todo en Rectos Torcidos llama alegremente la atención: al abrir el libro y leer su prólogo el personaje se presenta –por orden de su autor– delante de los lectores, técnica que nos recuerda a la inversión de papeles entre personajes y autores que se fue manifestando como un recurso narrativo en aquella literatura influida por las vanguardias. Con esta presentación, Ladislao, más conocido como Lalo, divaga por las calles de Barcelona sin saber a que dedicarse y con una mujer que le acaba de abandonar. Sus intentos de recuperación laboral no son aquellos de los que uno se sienta precisamente orgulloso: vendedor de cartones de Winston de contrabando, negocios de prótesis para cojos y algunos otros de baja calaña provocan la desesperación del protagonista. Estando «más colgao que un bacalao puesto a secar» Lalo tiene la brillante idea de imprimir El Quijote y otros clásicos en papel higiénico. Con esta brillante idea, Iturbe construye un mundo antagónico y a la vez real, un mundo de tragicomedias donde se denuncian las superficialidades y las continuas necedades sociales a las que está rodeada la ciudad de Barcelona, una ciudad que ha sufrido muchos cambios desde su año olímpico y que se ha dedicado a vivir de una opulencia que ya no es propia de las grandes ciudades. Sin dejar títere con cabeza, Lalo se acuerda de todos: de lo incompetentes que son en la Seguridad Social, del engaño del euro, de los chupópteros de las inmobiliarias, de la ‘amabilidad’ del Ayuntamiento y de la sinceridad de los altos cargos eclesiásticos entre una lista inabarcable. Todo ello, con unos juegos de palabras pícaras y jugosas que lo que pretenden –y lo consiguen en su totalidad– es hacer reír al lector, y sentirse identificado con la mierda de mundo que nos rodea, ya sea en su sentido real o figurado. Álex Martín Escribá 

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Una sociedad de náufragos El planeta enfermo reúne tres textos de Guy Debord, fundador de la Internacional Situacionista medida que la necesidad resulta socialmente soñada, el sueño se hace necesario. El espectáculo es la pesadilla de la sociedad moderna encadenada que, en última instancia, no expresa sino su deseo de dormir. El espectáculo es el guardián de este sueño». Esta cita proviene de La sociedad del espectáculo, el texto fundamental de Debord, meollo de las ideas de la Internacional Situacionista, de la que fue fundador. El libro consta de 221 tesis dirigidas contra el reinado de la demencia económica y las nuevas técnicas de gobierno que la refuerzan de varias formas (urbanismo, ideología, cultura, etc). En este texto se enfrenta a la voluntad imperialista de los criterios comerciales, dispuestos a invadir cualquier reducto de la intimidad o la inteligencia. El planeta enfermo reúne tres textos de Debord, que si no me equivoco estaban inéditos en castellano: El primero, La decadencia y caída de la economía espectacular-mercantil, es de 1966 y trata de las revueltas de Watts, que al lector que no tenga la memoria o la edad suficiente para recordar los hechos a los que se refiere, le recordarán los disturbios de la población negra de Los Ángeles de hace unos diez años. El segundo texto, El punto de explosión de la ideología en China, es de 1967. El tercero será seguramente el más interesante para la mayoría de los lectores actuales, pues resulta muy próximo al actual ecologismo. Es el que da título al volumen, y fue escrito tan sólo un poco después, en 1971. Esta maravillosa y precursora cita pertenece a este último texto: «Una sociedad cada vez más enferma pero cada vez más poderosa ha recreado en todas partes el mundo concretamente como entorno y decorado de su enfermedad, como planeta enfermo. Una sociedad que no ha llegado aún a hacerse homogénea y que no se determina a sí misma, sino que está determinada cada vez más por una parte de sí misma que se sitúa

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GUY DEBORD El planeta enfermo Traducción: Luis Andrés Bredlow Anagrama, 2006 91 pp. / 9,50 euros

por encima y al margen de ella, ha desarrollado un movimiento de dominación de la naturaleza que no se ha dominado a sí mismo. El capitalismo ha aportado finalmente, por su propio movimiento, la prueba de que ya no es capaz de seguir desarrollando las fuerzas productivas, y no en un sentido cuantitativo, como muchos habían creído entender, sino cualitativo». Considerado uno de los inspiradores del mayo del 68 francés, Guy Debord fue filósofo y cineasta. En 1958 fundó la organización revolucionaria Internacional Situacionista y la revista del mismo nombre, que dirigió hasta su autodisolución en 1972. Entre sus libros destaca La sociedad del espectáculo (1967), que puede encontrarse en la editorial Pre-Textos y en Internet. Comentarios sobre la sociedad del espectáculo, In girum imus nocte et consumimur igni y Consideraciones sobre el asesinato de Gérard Lebovici se pueden conseguir fácilmente en castellano, en la editorial Anagrama, que también cuenta con un par de novelas sobre los situacionistas y con un ensayo de Anselm Jappe sobre Guy Debord. Sus películas son bastante más difíciles de rastrear y llevan títulos como Lamentos en favor de Sade, 1952; Sobre el tránsito de algunas personas en el transcurso de un breve período de tiempo, 1959; Crítica de la separación, 1961; La sociedad del espectáculo, 1973; o Refutación de todos los juicios, tanto elogiosos como hostiles, que han sido hechos sobre la película ‘La sociedad del espectáculo’, 1975. Sus Memorias, escritas en 1989, son un autorretrato sin concesiones al qué dirán. La primera edición francesa estaba encuadernada en papel de lija, para hacer todo el daño posible a los libros que se pusieran al lado. En 1994, a los 62 años de edad y como dañado también por esa lija, Debord se disparó un tiro en el corazón. Garcimuñoz 

Una tarde del verano del 36 Óscar Esquivias demuestra madurez creativa en una nueva visión de la guerra civil unque no ha alcanzado todavía una popularidad multitudinaria, el burgalés Óscar Esquivias es autor de tres novelas, lo cual indica que no nos haÓSCAR ESQUIVIAS llamos ante un escriInquietud tor novel. Lo deen el paraíso muestra sobre todo, Ediciones del Viento, 2005 la madurez creativa 370 pp. / 20 euros que demuestra en Inquietud en el Paraíso, una nueva visión de la guerra civil. El planteamiento es en sí arriesgado, habida cuenta de las docenas de novelas con este mismo trasfondo bélico. A pesar de todo, hay que decir que Óscar Esquivias sale airoso de este riesgo literario. La ‘addenda’ que cierra la obra (completada con un apartado de bibliografía) le sirve al autor para explicar su punto de vista ante los hechos de «una tarde de verano de 1936», utilizados de forma muy libre, lo que explica la posible falta de objetividad. Aun cuando se relatan los hechos del primer día de guerra, con la presencia de personajes políticos reales (tanto nacionales como republicanos), el estallido bélico se mezcla con un suceso histriónico ocurrido en la ciudad de Burgos: don Cosme Herrera, canónigo penitenciario de la ca-

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tedral, imparte una conferencia en el salón del Teatro Principal de Burgos. Pretende demostrar que «Dante visitó el Purgatorio en vida para escribir La Divina Comedia». Don Cosme Herrera pretende llevar a cabo un recorrido por ese mundo de ultratumba. Paralela a este descoyuntado proyecto del penitenciario, el general Dávila planea la sublevación militar desde la ciudad. Estos dos personajes representan básicamente los dos mundos de la ciudad burgalesa, pero no son los únicos. El mundo de los republicanos tiene un símbolo doble: junto al general Batet, pulula por la ciudad el humilde y zarrapastroso Julián, acompañado de su sobrino. Como es esperable, la ciudad castellana muestra toda una serie de tipos representativos de las distintas clases sociales que, como los militares o los religiosos, se ven acompañados de seres humildes o irrelevantes, que les sirven de comparsa, pero sobre todo de contraste. Junto a la altura social y económica de don Perfecto Ruiz Dorronsoro y su hermana Pilar, figura doña Urraca Pastor, símbolo de una determinada clase social. La novela se convierte así esencialmente en una novela de personajes, de relevancia mayor que lo narrado, conocido en el caso de la sublevación militar e incompleto narrativamente en el proyecto visionario de don Cosme Herrera. Cada

uno de los personajes tiene su comparsa esperpéntica. Junto a personajes históricos representativos (Calvo Sotelo, los generales Cabanellas, Dávila, Mola, Sanjurjo), aparecen otros de pintoresquismo desgarrado, como es le caso de Cochitón, la ‘madame’ de la casa de lenocinio. No está lejana de este tratamiento arrabalero y burlesco la imagen del Crucificado, llevado a la peluquería para hacerle faenas de aliño capilar. Alguno de los personajes secundarios tiene una gran entidad, como ocurre con don Manuel Machado, tan vinculado a la ciudad burgalesa en el comienzo de la guerra, y presentado con una imagen no demasiado digna, especialmente en relación con su esposa doña Eulalia.. Considerando que Inquietud en el Paraíso es la primera entrega de una trilogía, el desenlace se ajusta de forma certera a un final consumado por una parte, pero incierto por otra. La expresión de Cabanella, «– Señores, ¡esto es el Paraíso!» sirve de una suerte de epifonema a estas jugosas páginas, cuya continuación es un enigma para el lector: «“Dávila y Mora sonrieron. Los tres generales permanecieron durante un buen rato en el balcón, felices, envueltos por un halo de humo, con la mirad clavada en las estrellas» . Nicolás Miñambres 


LIBROS

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IAN GIBSON / ANTONIO MACHADO

El poeta sí tiene quien le escriba Ligero de equipaje peregrinó Antonio Machado el camino de los perdedores. Gibson retrata con apasionamiento y entrega todas las humildades y grandezas del poeta. Un libro que es pura justicia poética. l viejo romance castellano canta «Yo no digo mi canción, sino a quien conmigo va», por ello, Antonio Machado ha tenido que esperar la llegada de un apasionado irlandés curtido en mil batallas para contemplar su propia biografía, un volumen tan denso y consistente que reivindica al autor sevillano y nos devuelve, en pleno fragor ideológico, la cicatriz aún reciente de las dos Españas, que han de helarte el corazón. Admiro sinceramente a Ian Gibson, admiro su apasionamiento por el personaje que biografía con la constancia y tenacidad del hacedor de mosaicos, quien tesela a tesela, buscando lo que es aparentemente insustancial, convierte la piedra en poema. La vida de todos nosotros es ejemplar, las anécdotas de unos pocos y el tiempo que les tocó vivir son heroicos, el día a día es indiferente a la historia, sin embargo, todo el aparataje erudito con el que se pertrecha el biógrafo configura otra vida, la vida transcendida del personaje público, por fin, a nuestro alcance en todas sus miserias, derrotas, y en el caso de Machado, en todas sus humildades y grandezas. Admiro a Gibson porque se atreve con aquellos a los que la iconografía oficial reverencia sin osar conocerlos. Admiro a Gibson porque biografió a Lorca, materializó su asesinato, habló de su amor imposible por Dalí y se atrevió a decir, oh ingrato, que le había dedicado una biografía –Cela, el hombre que supo ganar– a Camilo José Cela sólo por encargo y que no le había dedicado demasiado tiempo porque no le interesaba el personaje. Decididamente estos anglosajones no le tienen respeto a nada, son nuestros mejores hispanistas, nos conocen más profundamente de lo que nosotros nos atreveremos a conocernos ¿Quién ha descrito El laberinto Español mejor que Gerald Brennan? ¿Quién sabe más de Franco que Paul Preston? ¿Y de la guerra civil más que Hugh Thomas? Distantes de lo español, aunque a Gibson la nacionalidad española y la ascendencia irlandesa

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Ian Gibson, durante la presentación del libro. Arriba, Antonio Machado  EFE

le sitúen fuera de la flema británica, son nuestros mejores especialistas. Su análisis es tan despiadado como erudito, ordenado y sagaz. Crueles de solemnidad. Pero a Gibson le desborda el personaje, se alía con los perdedores, se pierde en Viznar, se trasmuta en Machado, camina a Coillure y se atreve a decir que allí murió y allí debe continuar sepultado. A Gibson le crucifican en las páginas web dedicadas al revisionismo nostálgico del fascismo, entro en Google con su nombre y me llueven las piedras que le acusan de oportunista, historiador mediocre y estudioso superficial. Recurro a los eruditos y le critican el decimonónico acto de leer en clave biográfica los poemas de un hombre que se reflejó en su obra y no

en sus declaraciones. Acaricio el peso que no pesa de esta biografía monumental y pienso que el profesor Machado, aquel que dio clase de francés en institutos de provincias y que murió Ligero de equipaje/como los hijos de la mar, en el éxodo de los transeúntes de la pérdida, se sentiría abrumado, incómodo, turbado. Y a la vez, cuán ejemplar es la vida de este hombre bueno, testigo humilde de su época, actante activo al final de la misma, capaz de peregrinar a pie, sin aceptar facilidades, el camino de los perdedores, caminante que había sido de una primavera soriana, bendita primavera republicana que dura tan poco como el sueño de un bendito. Machado, ese hombre atento, tímido y aparentemente recluido, que admiraba a

Unamuno, el de la autoritas vehemente, el de la pluma ardorosa y la figura omnipresente, ese filósofo de la Sorbona amante de Bergson, exiliado por la muerte de su primera esposa niña, espoleado por el amor de su última amante imposible, la Guiomar secreta de sus últimos sonetos, es para Gibson el símbolo de una España de cambio y tradición nacida de la belleza –para él el Palacio de las Dueñas de Sevilla donde naciera el poeta es el paraíso terrenal– de la cultura erudita y popular de su padre republicano, del afecto fraternal del hermano con el que escribía a cuatro manos obras de teatro y de la omnipresencia de una madre poderosa. Machado representa la España de su época, la que pudo ser y no fue, la que salió a

estudiar afuera y a la vez se miró adentro, paisajes de la memoria historiada, paisajes castellanos íntimos y secretos aún no colonizados por una España de charanga y pandereta a la que enfrentase a golpes dejando a un lado la elitista y novecentista erudición de los de la Residencia de Estudiantes. La guerra fatricida se vivió en los Machado, Antonio quería entrañablemente a Manuel, y este, aterrado tras un arresto o convencido –había sido un defensor de la república junto a su hermano– leía sonetos a Franco en las emisoras nacionales mientras Antonio y José, los perdedores, iniciaban el éxodo que no pudo ser a la Francia madrastra que les cerró las puertas a los republicanos españoles. Estos días azules y este sol de la infancia, escribe Machado en sus últimas letras. Días que recupera el biógrafo con puntillosa voluntad, con apasionamiento, con entrega. La biografía no es un género practicado en España y sin embargo, con qué delectación y ansia las leemos, con qué minucia cruel las recibimos. Seguimos siendo pudorosos, los españoles, por eso nos cuesta inclinarnos a un género que necesita tanto rigor como tiempo y dedicación, tanta calma como sedimento. La biografía es un género necesario que precisa de una generosidad que no estamos dispuestos a entregar. Por eso este volumen monumental, majestuoso, se erige como una catedral castellana, con la misma densa fuerza de una fe que roza el misticismo. Gibson cree en sus personajes, se trasmuta en ellos y les asume en un acto de comunión divina, el resultado, le pese a quien le pese, es un acto de amor, de declaración ideológica, de justicia poética. Y en estos tiempos grises en los que hasta reivindicar a los vencidos parece haberse vuelto una moda editorial y reiterada, no puede saludarse más que con una reverencia admirada. Charo Alonso 


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TRIBUNA DE SALAMANCA, Domingo, 23 de abril de 2006

NOVEDADES

Asfixiante novela de Poe EDGAR ALLAN POE El relato de Arthur Gordon Pym Trad. de Francisco Torres Oliver Valdemar, 2006 280 pp. / 15 euros

 Edgar Allan Poe (1809-1849), maestro indiscutible de la narración breve de todos los tiempos, escribió poesía, artículos y medio centenar de cuentos que le granjearon fama universal. En 1837 aceptó el encargo de la revista ‘Southern Literary Messenger’ de Richmond (Virginia) para publicar una novela por entregas: El relato de Arthur Gordon Pym, la única que escribiría. Planteada inicialmente como una clásica historia de aventuras marineras, al estilo de Defoe o Marryat, la novela se va haciendo cada vez más inquietante, asfixiante y terrorífica, para acabar en un final sorprendente (uno de los finales más analizados de la historia de la literatura) que inspiró a escritores como Lovecraft (En las montañas de la locura) o Julio Verne (La esfinge de los hielos) obras que pretendían continuarla. Nada mejor para describir el contenido de esta novela, en parte autobiográfica, que referir su extenso y dieciochesco subtítulo: «El relato de Arthur Gordon Pym de Nantucket. Comprende los detalles del motín y atroz carnicería a bordo del bergantín Grampus en su viaje a los Mares del Sur; con una relación de cómo recuperaron la nave los supervivientes; su naufragio y horribles sufrimientos a causa del hambre; su liberación por la goleta británica Jane Guy; el breve crucero de ésta por el océano Antártico, su captura y de la matanza de su tripulación en un archipiélago del paralelo 84 de la latitud sur, junto con las increíbles aventuras y descubrimientos, más al sur, a que dio lugar esta infortunada calamidad».

Análisis de las fantochadas HARRY G. FRANKFURT On Bullshit. Sobre la manipulación de la verdad Trad. de Miguel Candel Paidós, 2006 80 pp. / 8 euros

 Una de las características más sobresalientes de nuestra cultura es la gran abundancia de fantochadas. Todos lo sabemos y todos contribuimos a ello. Pero el fenómeno aún no ha despertado demasiadas preocupaciones. No tenemos ninguna comprensión clara de cuál es la sustancia de la que están hechas las fantochadas, de por qué abundan tanto o qué papel desempeñan. Frankfurt concluye que pueden tomar muchas formas inocentes, pero en realidad es mucho más perniciosa para la verdad que las propias mentiras.

El camino solitario Nooteboom ha escrito una novela de amor donde todo está elegido para representar el mundo entero e eso se trata, de emprender el solitario camino. Eso indica el último verso de El paraíso perdido, con el que Nooteboom cierra esta novela cuyo sentido está contenido en esas palabras de Milton. Además de encontrarse también en el título de la obra, que comparte con esta novela variando meramente el orden de las palabras. A propuesta de Nooteboom, el relato versificado aterriza en el mundo real, en todo el mundo real, donde dispone a sus personajes para que actúen interpretando la diaria caída, el desengaño doloroso, la lucha contra la locura que debería imponer la supervivencia a la tragedia, o la convivencia con el superviviente, con quien vio los ojos del mal. De ahí que, tras un inicio metaliterario resuelto con una sentencia que resume el oficio de escribir –«como siempre, me quedo atrás con un par de palabras»– la obra se divide en dos partes. La primera está dedicada a la joven mujer que quiere superar la experiencia de una violación múltiple en un barrio marginal de Sao Paulo; curiosamente, pese a darle voz a la protagonista, Nooteboom no aturde con secuelas neuróticas o esquizofrénicas, sino que coloca en la cabeza de la muchacha unas reflexiones sobre el sentido de la vida que rozan el narcisismo, como si aquello no hubiera supuesto un trauma. Eso sí, ella decide emprender la huida acompañada por su mejor amiga. Y aquí es cuando el lector se da cuenta de que cada elemento, cada aspecto de la novela no es gratuito, que todo está elegido para representar al mundo entero, al verdadero Paraíso Perdido. Las dos muchachas son brasileñas, pero de sangre alemana; y su sueño es visitar Australia, recorrer el rincón menos dibujado en los mapas del mundo para encontrarse con los últimos hombres que entienden la vida al natural. Al final, la protagonista prolongará las secuelas de la búsqueda de identidad en un balneario del Tirol, relacionándose con gente de Andorra, Luxemburgo o, especialmente, de Holanda.

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CEES NOOTEBOOM Perdido en el paraíso Siruela, 2006 171 pp. / 15 euros

La lucha por la paz interior de una muchacha sujeta a unas venadas, a unos trances que rozan lo místico y lo misantrópico, nos invita a un recorrido por el trazado sentimental de los hombres. El libro es un viaje a nuestro confuso interior, un viaje en el que el camino está cubierto por sentimientos impuros, pues el odio comparte vetas con la compasión, y la ilusión con el desengaño. Un viaje en que los amores tienen matices incómodos al tiempo que acogedores, tanto los sexuales como los lazos de la amistad; no así los familiares, dado que las dos muchachas escapan sin permitirse lazos con el pasado, con sus familias, conscientes de que la tierra del vagabundo es la que se extiende frente a ellas. La inevitable pérdida de la inocencia vendrá regida por el desengaño, representado en la desilusión al cotejar la realidad australiana, y en un episodio de enamoramiento atípico, una relación inexplicable entre la protagonista y un pintor aborigen, algo más «fuerte, obsceno y perverso» que el amor, según sus palabras. Y así se nos aclara que crecer es, en realidad, una caída. Una caída contra la que cabe un último esfuerzo, representado por la interpretación del papel de ángel, unos seres andróginos que desde siempre fascinaron a la protagonista. La interpretación la llevará a conocer a un crítico literario holandés, con quien establece una relación platónica y fugaz, que no podrá repetirse cuando el azar de la vida les lleve a encontrarse nuevamente en Austria. Escrita en capítulos breves, ligeros, cambiando la redacción a tercera persona cuando el protagonismo es compartido, Nooteboom ha escrito una novela de amor. Se me ocurre sugerir a quien tenga prejuicios contra ese género que no abra este libro, pues en cada página se reconoce con claridad la intención de integrarlo en ese catálogo de ficción amorosa. Aunque el libro es algo más que eso. Ricardo Martínez Llorca 

Aroma de barrio El debutante Antonio Jiménez Barca se zambulle con verdad en un pasado que nunca te abandona ras una agotadora y deprimente jornada de trabajo persiguiendo morosos en una gestoría de mala muerte abocada a la ruina, Pablo se encuentra en el metro con ANTONIO Trendy, antiguo amiJIMÉNEZ BARCA go de juventud del Deudas pendientes que hace años que no El Tercer Nombre, 2006 sabe nada. A las po301 pp. / 18 euros cas horas de formularse las rituales preguntas con las que ponerse al día, intercambiar los teléfonos y despedirse prometiendo llamarse pronto para ya no volver a perder contacto, Trendy aparece muerto de una puñalada en el pecho. La vida de Pablo, en permanente zozobra por su desastrosa situación laboral y el reciente abandono de su novia, se ve envuelta a partir de entonces en una kafkiana espiral que le obliga a implicarse personalmente, junto a un taciturno y enigmático inspector, en la investigación del crimen de su amigo, recorriendo para ello los lugares en los que

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pasó su adolescencia y se fraguó su relación con la víctima. Resucitando antiguos fantasmas de un pasado que creía ya olvidado, el protagonista de la obra se reencuentra con viejas amistades perdidas y se enfrenta a recuerdos que no siempre le remiten a tiempos gloriosos. La novela establece así una doble intriga para el lector, expectante ante la resolución de una investigación en la que se habla de ajustes de cuentas, drogas y corruptelas inmobiliarias, y ante las claves de una amistad que, marcada por el amor hacia la misma chica, parece esconder más cosas de las que en un principio muestra. El protagonista intenta poner orden a todo aquello que quedó sin resolver años atrás, como si con ello pudiera restablecer la normalidad en su tormentosa existencia. Se asiste así, junto al sorprendente descubrimiento del criminal, a la reconstrucción de una época de la vida de Pablo que él mismo parecía haber olvidado ya, una época en la que el mundo se extendía por los portales de alrededor, en la que parecía que los amigos del instituto iban a ser eternos, en la que a la gente se le llamaba siempre por el mote, en la que tener mil pesetas en el bolsillo hacía a uno sentirse poderoso, en la que el único reme-

dio para el hastío de las tardes de invierno era meterse en un bar de jubilados a tomar cubatas de garrafón... Deudas pendientes es una novela de casualidades y sorpresas cuya trama está compuesta por golpes de efecto de esos que hacen que la vida cambie para siempre. Escrita con solvencia por el debutante Antonio Jiménez Barca, redactor del periódico ‘El País’, la novela gana enteros cuando se zambulle, con nostalgia, cierto toque costumbrista y mucha verdad, en los recuerdos del protagonista y en su relación con el barrio periférico en el que creció. Su impacto al encontrarse con antiguos compañeros que en su mente seguían siendo jóvenes imberbes convertidos ya en respetables padres de familia, al descubrir que el páramo de sus juegos infantiles está lleno de viviendas de nueva construcción y al comprobar que poco queda ya de todo aquello junto a lo que creció demuestra la importancia de la fidelidad a los orígenes y la necesidad de dejar siempre saldadas las cuentas con un pasado que, a pesar de los intentos por huir de él, no deja nunca de ser compañero de viaje. Javier Sánchez Zapatero 


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