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culturas

N° 37 Suplemento de

artes y letras

TRIBUNA DE SALAMANCA, Domingo, 17 de julio de 2005

Ginés García Millán es Coriolano en el montaje de Ur Teatro

CORIOLANO De ciudadanos y héroes 3 ... DIGO DIEGO

8 MACEO PARKER

Intrussión Teatro se acerca a las múltiples facetas del autor salmantino Torres Villarroel dentro del programa Vidas y Ficciones.

Cada concierto de uno de los mejores saxofonistas actuales es un 2% de jazz y un 98% de funk. El miércoles actúa en la plaza de San Román.

4 Ur Teatro presenta en la Plaza Mayor, el viernes y el sábado, la tragedia más política de Shakespeare.


N°37

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TRIBUNA DE SALAMANCA, Domingo, 17 de julio de 2005

Plaza Mayor ha vivido, a estas alturas y que cumple años, de todo. Visitas de ljefesaahora de Estado cuyos medallones figuran más o menos manchados en sus soportales, conciertos musicales, conciertos de la tuna, políticos llevados a hombros tras no ser investidos del cargo que esperaban, manifestaciones reivindicativas... Hay imágenes para llenar libros enteros. Y la Plaza siempre ahí, con sus fachadas, su piedra de Villamayor y ese porte entre estirado y acogedor, como si nada. Es el

lugar común. Si algo pasa, es allí. Ha funcionado siempre como el espacio centralizado desde donde se construye esta ciudad. Ur Teatro recibió el encargo de preparar un montaje para la Plaza y eligió Coriolano, quizá la obra más política de William Shakespeare, cuyo héroe, un guerrero, es elegido por todos para construir la antigua Roma. El clásico, con su habilidad y belleza habituales, reflexiona sobre el poder, cómo se accede y cómo se mantiene uno en él. Helena Pimenta, directora de la compañía y

Recortes 1

FESTIVAL DE LAS ARTES: PUNTO FINAL AL MARATÓN Finalizado el viernes el Festival de las Artes con el concierto de la Thievery Corporation –el último y el de mayor asistencia de público–, deja una primera sensación: ha sido un maratón que sólo han corrido los que trabajaban en él. El equipo del festival tiene que haber quedado exhausto, pero el público –excepto en muy contadas excepciones, casi todas con la Plaza Mayor como protagonista– ha visto todo ese derroche de recursos humanos, técnicos y presupuestarios con cierta indiferencia, intentando enterarse de qué iba la carrera y de qué equipo eran los de verde. Aquí van algunas claves de aspectos que pueden ser manifiestamente mejorables para futuras ediciones. Promoción. El director artístico del Festival, Guy Martini, ya manifestó en estas páginas la necesidad de una mayor comunicación con el público potencial para dar a conocer algunos espectáculos cuya fama no es proporcional a su calidad. Este error de base –se empezó a hablar del Festival sólo unos días antes de su comienzo– ha lastrado la mayor parte de los espectáculos de pago, muy escasos de público. Saturación. Miércoles, día 13. A las ocho, la Compañía Nacional de Danza en el CAEM; a las nueve y media, el Teatre Lliure en el Multiusos –por favor, que nadie haga de necesidad virtud: el Multiusos es un horrible lugar para un espetáculo teatral–; a las once, Jo Bithume en la Plaza: tres espectáculos en un solo día, imposible ir a los tres, ni queriendo. Ni gratis. Múltiples actividades en los barrios, programas independientes sumados al Festival a última hora; conciertos que aparecen –Suzanne Vega– como por arte de magia; Noches del Fonseca que aparecen dentro y luego salen fuera con una programación recortada respecto a la inicialmente publicada por el propio festival... no aportan claridad a quien quiere seguir un programa. El resultado, poco público para todo aquello que requería un esfuerzo. El público. Poca o muy poca gente ha pasado por taquilla. Los espectáculos gratuitos en la Plaza –La Fura, Plasticiens, Jo Bithume– aumentan una media que en casos como la música clásica es sangrante, especialmente en la primera mitad del festival, unas malas

salmantina, y Yolanda Pallín, que ha adaptado el texto original, ponen el acento en la construcción de una ética ciudadana, de cómo se fabrican y destruyen los modelos por los que nos guiamos. Y parece muy acertado hacerlo en esa Plaza en esta época de revuelos políticos y palabras que desvirtúan su sentido. En este número también, Intrussión Teatro y su acercamiento a Torres Villarroel, la simbólica vida de Eduardo Haro Ibars y los conciertos de Maceo Parker y Mercromina.

Antonio Marcos fechas para motivar a un público joven. Descoordinación institucional. Además del ya mencionado ‘caso Fonseca’ y el destierro al Multiusos de Blanca Li y el Lliure por estar los teatros ocupados, resulta sorprendente como la programación de Salamanca 2005 ha tenido que retrasar una semana el estreno de su auténtico plato fuerte –producción propia, creado exclusivamente para la Plaza–, el Coriolano, de Ur Teatro, por coincidencia de fechas. Debería suponerse un mayor entendimiento entre Ayuntamiento y Junta, que ha sido total en otras manifestaciones no necesariamente de carácter cultural. Este retraso ha perjudicado al espectáculo de Ur, que ya no podrá contar con la música en directo de la Joven Orquesta Ciudad de Salamanca. Y no pensemos ya en el hipotético turista cultural que hubiera programado un viaje para asistir al estreno ‘mundial’. Recuerden lo del modelo de ciudad... Puede parecer este balance negativo, pero sólo constata hechos que saltan a la vista con un mínimo seguimiento del Festival. Siempre aparecen puntos negros en una organización tan compleja, pero lo que se ha expuesto responde más a cuestiones de concepto que deberían solventarse para afianzar en la ciudad un Festival cuya celebración es, sin duda, muy necesaria. Sus responsables –que, en la esfera política, ya han confirmado su continudad en las mismas condiciones económicas– deberán extraer sus conclusiones, hacer sus lecturas –cuanto más objetivas mejor–, su autocrítica, reforzar sus numerosos puntos positivos y limar los negativos. Lo demás es tirar el dinero

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GOOD BYE, MCBAIN Acaba de dejarnos un tipo llamado Salvatore Lombino, nacido en 1926 en Nueva York. Se le conocía más por sus diferentes sobrenombres: Evan Hunter –con el que firmó el guión de Los pájaros, de Alfred Hitchcock–, y Ed McBain, que empleó para escribir a partir de 1956 una larga saga de novelas con la Comisaría 87 como protagonista múltiple. Carella y los demás inspectores eran policías con familia, íntegros y capaces en una ciudad implacable, originando un estilo seguido en Canción triste de Hill Street y secuelas.

El Teatre Lliure con su Ricardo III en el Multiusos, un recital de poesía en el Mercado Central y Alejando Lucas con su Doctor Chicle en Garrido, algunas imágenes de un festival que acaba de terminar / PRIETO


TEATRO

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El montaje tiene un ritmo de comedia, pero compensado porque no queríamos frivolizar el personaje ni tampoco que el texto fuera una losa. Es un ‘Vidas y ficciones’, pero adaptado a nuestro sello Roberto García Encinas, María A. Alameda (arriba), Alfonso Mendiguchía y Esther V. Nácar, en el local de ensayo / LADOIRE

Intrussión revive al Gran Piscator Intrussión Teatro representa el próximo fin de semana Digo Diego, una revisión en ritmo de comedia sobre la vida de uno de los escritores más complejos y menos conocidos de la literatura española, el salmantino Diego de Torres Villarroel. esde que en 2002 se pusiera en marcha el programa Vidas y Ficciones, la nómina de personas y personajes salmantinos que han saltado desde el papel a la calle se ha ido engordando considerablemente. La idea nació con el objetivo de teatralizar todo eso que compone lo que se ha dado en llamar el ‘patrimonio intangible’ de la ciudad, una nómina de nombres históricos y creaciones de la ficción que ni turistas ni salmantinos tienen habitualmente al alcance de la vista. Intrussión Teatro representó ya el pasado año la vida de Diego de Torres Villarroel (Salamanca, 1963-1770) y repite este fin de semana y el 7 de agosto en el Patio de Escuelas. Y si se trata de ‘dar a conocer’, nunca mejor aplicado que a este hombre del siglo XVIII que ha pasado a la historia como el último pícaro,

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cuyas andanzas le llevaron desde la cárcel a la Corte, del sacerdocio a las matemáticas y a desencantar casas embrujadas. Después de una etapa en Madrid, cuando volvió a la ciudad en 1726 para ocupar la Cátedra de Matemáticas, los alumnos celebraron grandes fiestas, «por la gran novedad de ver en sus escuelas un maestro rudo, loco, ridículamente infame, de extraordinario genio y de costumbres sospechosas», según el propio autor. «Al recibir el encargo de hacer un personaje histórico e investigar sobre él vimos que había sido médico, astrólogo, torero, actor, dramaturgo, novelista... esto nos daba bastantes posibilidades desde un punto de vista teatral que otros nombres que se habían barajado. Nos hemos centrado en su faceta de pícaro, aunque hay varias opiniones y versiones que dicen que igual se lo inventó todo porque estaba muy de moda ser un pícaro en su época. A partir de ahí hemos desarrollado, en media hora, sus trabajos como astrólogo, médico, actor, escritor...», explica Roberto García Encinas, fundador de Intrussión Teatro y autor del guión. Intrussión se distingue en sus últimos trabajos por revisar clásicos, aportándoles un toque de comedia que es el sello de su trabajo. Somosonosomos, con dos actores que recorren el universo de William Shakespeare, o su más re-

ciente Te pierdo, Miguel, sobre Cervantes, son ejemplos de un estilo muy consolidado. «Es un montaje que se apoya mucho en el ritmo, en el movimiento», dice María A. Alameda, una de las dos actrices que intervienen en la representación. García Encinas asegura que «creo que es el montaje más serio que tenemos. Tiene un ritmo de comedia, pero compensado porque no queríamos frivolizar el personaje ni

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tampoco que el texto fuera una losa. Es un ‘Vidas y ficciones’, pero adaptado a nuestro sello». La historia transcurre con dos personajes, el Torres joven y pícaro (Alfonso Mendiguchía) y el maduro, subido a un púlpito y recitando en latín. Alameda y Esther V. Nácar suponen en contrapunto cómico, interpretando a personajes que ejercen tanto de cortesanas como de enfermeras. Mendiguchía define a Torres

Perelétegui

Nos hemos centrado en su faceta de pícaro, aunque hay varias opiniones que dicen que igual se lo inventó todo porque estaba muy de moda ser un pícaro en su época

como «un poco ‘friki’, salvando las distancias, algo así como el refrán ‘discípulo de mucho, maestro de poco’, que no fue profeta en su tierra pero que tampoco salió de aquí». Roberto García Encinas piensa que «aquí se le hizo mucho la puñeta, hubo una cruzada contra él, le echaron de la ciudad. En Madrid se le respetaba más, pero creo que más como una moda, que debería ser un personaje gracioso, divertido de tener en la corte». En una de sus mejores obras, Vida, su autobiografía, el mismo Torres se define así: «Soy regularmente apacible, de trato sosegado con los iguales. En las conversaciones hablo poco, quedo y moderado, y nunca tuve valor para meterme a gracioso (...) sólo me enfadan los embusteros, los presumidos y los porfiados...». Quien firmara sus Almanaques y Pronósticos como el Gran Piscator de Salamanca sigue siendo un personaje contradictorio: pícaro y a la vez quizá el primer autor de las letras españolas que pudo vivir desahogadamente de los beneficios de su obra; poco valorado y poseedor de un estilo punzante y un fino humor negro. Torres Villarroel, el de la avenida de los Van Dyck y el instituto de San José, sigue siendo un terreno abonado para los amantes de la literatura heterodoxa y desconocida. A. Marcos 


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Coriolano es una de las tragedias más complejas e inexploradas, atípica porque el héroe es, a veces... antipático, y esto es muy extraño. La Plaza funciona como sostén conceptual y nos ha descubierto aspectos que será difícil ver en otro tipo de espacio sual conformado por el espacio escénico y la Plaza detrás que termina alimentando otra vez a las palabras. No es nada usual que un texto con esta fuerza y tan poco frecuentado se haga en un marco así. Esto se hace una vez en la vida. Es especialmente único y nunca hemos dejado de sorprendernos en el proceso. ¿Tiene la Plaza Mayor un peso dramático o simbólico en el espectáculo? La Plaza está siempre como referencia. Nos costó tomar la decisión de montar un graderío, pero esto garantiza la buena marcha técnica y la comodidad del espectador. La obra trascurre mucho en la plaza pública en Roma, y es como si la plaza fuera el sostén conceptual de la propia obra, es ella la que habla del paso de los siglos. El escenario tiene un bajorrelieve que está inspirado en las ruinas romanas y funciona como la ciudad sobre la ciudad. Se establece un puente entre la época de la acción –quinientos años antes de Cristo–, la época de Shakespeare –ya en el siglo XVII– y el presente. Es un círculo que contiene historias y que tiene una cantidad de ecos que salta el tiempo.

Helena Pimenta, esta semana en Salamanca  REPORTAJE GRÁFICO: PERELÉTEGUI

HELENA PIMENTA

«Cada sociedad crea y destruye a sus héroes»  Antonio Marcos

Estamos acostumbrados a presenciar en la Plaza espectáculos de gran formato que ponen su acento en lo visual, pero en su Coriolano el texto es el protagonista. ¿Cómo se han enfrentado a este reto? El espacio te va condicionando y al principio lo vives como algo que te agrede un poco, porque la palabra metida ahí... piensas en cómo concentrarla, en cómo adaptar la actuación. Y hemos ido viendo que hay un mundo vi-

Ur Teatro representa el viernes y el sábado en la Plaza Mayor el Coriolano, una de las tragedias más inexploradas de Shakespeare. Su ubicación en este espacio público ha hecho que su directora haya puesto el acento en la construcción de una ética social y en los héroes que la propia sociedad crea, utilizando una imagen de Roma que pertenece al imaginario colectivo.

Éste es su séptimo Shakespeare, ¿es el más complejo? Desde que lo conozco más y con más experiencia y madurez diría que La Tempestad es el más complejo porque el sentido se fuga, entra en una dimensión casi metafísica. Pero Coriolano es una de las tragedias más complejas e inexploradas, aunque ha atraído a todos los grandes del teatro, desde Brecht a Peter Brook. Es una tragedia atípica porque el héroe es, a veces... antipático, y esto es muy extraño. Ha habido una resistencia a representarla –aparte de sus grandes necesidades de reparto– porque había algo que no se entendía muy bien de la dialéctica de la función. Cada espacio le da una vida nueva y nosotros hemos entendido la dificultad de construir una ciudadanía con puntos de vista distintos. El marco nos ha hecho descubrir una parte de Coriolano que será difícil encontrar en un espacio ‘a la italiana’. Algunos expertos la califican como la obra más política del autor...

Sí. Se habla de que Shakespeare estaba intentando ser crítico con la sociedad de su época, eso siempre está ahí, incluso se cuestiona su posicionamiento político. Pero al final lo que nos queda a todos de Shakespeare es esa capacidad que tiene para formular, para dar en el clavo de las pasiones humanas. En este caso, el fingimiento, el disimulo con fines políticos, la dialéctica, cómo se manipulan unos a otros, cómo se transforma el discurso... es política en tanto que deja ver la enorme complejidad de la creación de un discurso de la ‘polis’, de los intereses de la ‘polis’. Que Coriolano sea un héroe antipático ha propiciado una lectura de que era un líder excesivamente tiránico. Yo creo que es aristócrata en vez de tiránico. Tiene una idea muy rígida de las clases sociales, pero sobre todo es un hombre construido por su propia sociedad. Estamos hablando de una época en la que la valentía, el coraje guerrero, la capacidad física, el valor para enfrentarse al enemigo, eran cosas muy valiosas para la sociedad, por lo que a esas personas se las encumbraba. Es un héroe construido por todos, patricios, plebeyos y militares, para salvar y dignificar roma y para ser un paradigma. Y después, esa construcción tan especial la destruye la propia sociedad porque él no puede con todo lo que le han metido. Y creo que esto nos ofrece una lectura muy abierta. Shakespeare trata aquí del hombre como ser social.

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Shakespeare tiene la capacidad de dar en el clavo de las pasiones humanas. Aquí es el fingimiento, el disimulo con fines políticos, la manipulación


TEATRO

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 Pudimos ver esta semana el Ricardo III del Teatre Lliure en el que la acción se trasladaba a un bar estilo años ochenta. Usted ha respetado la época original... Por un lado, sabiendo que el destino de este espectáculo era un acontecimiento único, intentas que sea un viaje en el tiempo, encontrarnos con el origen de nuestra cultura occidental. Nos hemos arriesgado mucho con esta decisión –incluso no creo que Shakespeare lo colocara con el vestuario de época en el tiempo de los romanos–. Queríamos crear una distancia y conectar con el imaginario colectivo. Son imágenes vinculadas a los mitos, a nuestras películas de infancia, a la imaginería religiosa, a veces al sueño infantil de los héroes. Para nosotros esto era un gran reto: qué pasa si esto que está en el imaginario empieza a hablar con la universalidad de este texto, con esa poética, y empiezan a pasar cosas nuevas. Queremos ahondar en ese aspecto de nuestro imaginario, que está en nosotros, y penetrar a través de ello. El espacio de la Plaza lo permitía y lo fomentaba, porque entendemos que esta ciudad tiene un constante viaje a través del tiempo. Y después hemos puesto el acento en la construcción de un héroe en cualquier tipo de sociedad, en la elevación, la ascensión y caída de un héroe, sea de la ideología que sea. Cada época necesita un héroe nuevo, hasta inventado, porque acaba destruyéndose. Y todo esto nos conecta con el mundo de la educación, con los modelos de los que nos servimos para poder ser seres sociales, para construir una ética común, y cómo vamos apoyándonos en esos modelos. La construcción de modelos para construir una ética social. En ese proceso de elevación y caída parece haber también un discurso sobre la fama, algo siempre tan actual... Claro, muy actual. El poder, la trascendencia, trascender la inmortalidad construida, ser alguien porque haces una cosa extraordinaria... En aquel momento por ser un gran guerrero, y hoy...

Hemos ahondado en el aspecto de la educación, los modelos de los que nos servimos para ser seres sociales, para construir una ética común, y cómo nos apoyamos en ellos en cualquier caso por renuncias infinitas a tu propio yo. Qué es ser si eres un ser social reconocido. Y esa pregunta está ahí, totalmente. Y Shakespeare plantea todas las contradicciones de eso... si la construcción tuya se sale de ti, si son los demás los que te construyen la utopía, la fama, sea más o menos vulgar... ese equilibrio entre individuo y sociedad. ¿Quién sería hoy un Coriolano? Un político, un artista... Cualquiera que centre toda su vida en una sola idea y que la defienda. Puedes ser apasionado, idealista, pero no comprender que la realidad es una cosa mucho más dinámica, que hay muchas realidades, que no es definible. Esto te puede llevar a un período aparentemente de fama, pero en realidad está ahí la simiente de la destrucción. Si todo fluye, nosotros también debemos fluir. Es la elasticidad frente a la rigidez... y esto se puede aplicar a cualquiera. Es una actitud que condensa cualquier rigidez en los planteamientos, el dejarse llevar sólo por algo y no moverlo. Coriolano tiene enormes virtudes... quizá esa es la contradicción de la vida. Macbeth es un asesino, Ricardo III es un asesino, no tienen nobleza. Pero Coriolano, para construir su voluntad, su valentía, se exige a sí mismo ser sincero por encima de todo. Es una máquina de la guerra, pero tiene unos valores, no soporta la adulación. Este es el gran contraste: la mayor nobleza unida a un defecto tremendo, que es la rigidez. No encontraría a alguien concreto, porque esto lo podríamos ver en la actitud más pequeña y cotidiana y también en la más política.

Ginés García Millán (izquierda y foto inferior), Coriolano) y José Luis Santos (Tulo Aufidio) cabeza con cabeza en uno de los ensayos que la compañía ha realizado durante toda la semana en el Pabellón de La Salud

Un año de trabajo para dos noches de representación Ur Teatro recibió el pasado año el encargo de Salamanca 2005 para realizar un montaje en la Plaza Mayor. Tras elegir el texto, planificar el montaje y pasar los dos últimos meses de ensayos en Madrid, la compañía lleva ya una semana de trabajo en Salamanca. En varios turnos, se preparan coreografías y el trabajo con los actores principales. Una intensa trayectoria que culminará en dos únicas noches de representación, el viernes y el sábado, ambas a las 22.30. «Quizá ahora alguien la vea y quiera programarla en un espacio similar, pero será complicado. Hemos trabajado teniendo muy en cuenta el escenario donde se va a representar. Además, el elenco de actores es amplio y están trabajando muchísimo», afirma Helena Pimenta, que entre el reparto ha incluido en pequeños papeles a su hijo Dani y a su padre, Augusto, cónsul de Portugal en Salamanca.

Coriolano es el síntoma de un cuerpo social que, desposeído de su capacidad poética, sólo es capaz de ofrecernos el silencio». Encabezando el reparto, Ginés García Millán, quizá el más popular por sus éxitos en televisión, Ramón Barea –un hombre que abarca muchas facetas del

Yolanda Pallín, autora teatral que ha cosechado premios como el Calderón de la Barca y el María Teresa de León, ha realizado una adaptación que pone el acento en la contemporaneidad de esta tragedia: «Alejado de los dioses, el territorio pavoroso para el hombre es el propio hombre; y la naturaleza indómita, sus propias El coro de soldados; sobre estas líneas, limitaciones a la hora de Jeannine Mestre (sentada) flanqueada por construir un mundo vivible. Paz Martín Mediano (izda.) y Concha Milla

espectáculo– y Jeannine Mestre, con una sólida trayectoria en los escenarios. Pimenta se ha rodeado de su equipo habitual de Ur para el diseño de luces –Miguel Ángel Camacho–, sonido –Jorge Muñoz e Iñigo Lacasa– y escenografía –el adjunto a la dirección José Tomé–.


6  culturas LIBROS NOVEDADES

Polifilo y los jardines EMANUELA KRETZULESCOQUARANTA Los jardines del sueño Trad. de Miguel Mingarro Siruela, 2005 488 pp. / 30 euros

 Los jardines del sueño es una investigación apasionante sobre el libro más bello y enigmático del Renacimiento italiano: la Hypnerotomachia Poliphili, publicada en Venecia en 1499. Una prolongada pesquisa detectivesca en bibliotecas y en los parques de villas y palacios ha conducido a la autora a desvelar las claves del relato de Polifilo: una historia de amor que es alegoría de un itinerario espiritual, de una iniciación a la sabiduría hermética. Con el debate sobre la autoría del libro (¿obra del mismísimo Leon Battista Alberti?) nos adentramos en un mundo de humanistas y Academias, cardenales ilustrados y príncipes terribles, o querellas mortales entre nobles familias. La autora aplica las claves de la Hypnerotomachia a la interpretación simbólica de una serie de jardines, descifrando el lenguaje secreto de grutas y ninfas, templos, esfinges, obeliscos, laberintos, fuentes en los jardines antiguos (Palestrina, Zagarolo, Villa Adriana, Ischia) y del Renacimiento y Barroco (Bomarzo, Villa d’Este, Camigliano, Collodi, Isola Bella) hasta culminar en Versalles.

Una Noruega criminal KJARTAN FLØGSTAD El cuchillo en la garganta Trad. de Kirsti Baggethum y Asunción Lorenzo Lengua de Trapo, 2005 256 pp. / 17,95 euros

 En la Noruega de finales del siglo XX bruscamente enriquecida por el petróleo, Bjørn Pelado Blakke, Ann Dante y el Minga emprenden una violenta huida hacia adelante, aun sabiendo que el nuevo mundo de plástico construido sobre las ruinas del antiguo, que se ha derretido como el acero en una cuba de fundición, no les dará ninguna oportunidad. El cuchillo en la garganta, primera novela del noruego Kjartan Fløgstad que aparece traducida al castellano, activando los mecanismos de la novela negra con el inexcusable crimen construye una crítica mordaz de la sociedad postindustrial. Es así desde el principio. En esta novela, Fløgstad crea un espacio de ficción tupido de imágenes originales, poblado de personajes densos e íntimamente contradictorios, con un lenguaje que se dispara en todas direcciones y trabaja la oralidad, el equívoco, los dobles sentidos o el lirismo.

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La receta de la tarta en la cara ubo un tiempo, hasta que se fundó la Escuela de Letras de Madrid, en que se dudaba de que el arte de la escritura pudiera enseñarse. Y es evidente que hay algo que no se puede enseñar: la genialidad. Pero la literatura no es solo genialidad (si así fuera, los manuales de Historia de la Literatura serían tan breves como El principito), sino también técnica; y lo curioso es que incluso el escritor genial necesita adquirir esa técnica. Las escuelas y facultades de Bellas Artes no enseñarán a nadie a ser Picasso, pero hasta Picasso necesitó pasar por una de ellas para convertirse en... Picasso. Los futuros artistas plásticos pasan por sus facultades, y lo mismo hacen los músicos, sin excepción: si usted no ha estudiado en el Conservatorio podrá llegar a ser un cantante multimillonario, pero no un músico. ¿Por qué, entonces, se ha supuesto que el escritor no necesitaba el aprendizaje de su oficio para convertirse en escritor? Pues, sencillamente, porque las escuelas de escritura creativa no existían, y como no existían, no parecían necesarias. Y tampoco existían libros que orientaran en la adquisición de esas habilidades que constituyen el oficio. Afortunadamente, en los últimos años han brotado por todas partes escuelas y talleres de escritura creativa, así como libros, originales o traducidos. La editorial Alba, que publicó hace tres años el magnífico El guión, de Robert McKee, presenta ahora Cómo orquestar una comedia, un manual no sólo para escribir comedias (como podría sugerir la incómoda e inexacta traducción del título, cuyo original es algo así como ‘La caja de herramientas de la comicidad’), sino para ser gracioso. De hecho, en sus primeros capítulos Cómo orquestar una comedia parece un libro de autoayuda, pues parte de las dificultades que casi todos tenemos para ser graciosos y nos sugiere cómo vencerlas. Vorhaus desgrana los ingredientes de la comicidad: la perspectiva cómica, el conflicto cómico (que,

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JOHN VORHAUS Cómo orquestar una comedia Trad. de Jessica Lockhart Alba, 2005 279 pp. / 19 euros

como todo conflicto dramático, puede ser del hombre contra su mundo, del hombre contra el hombre, o del hombre contra sí mismo), el personaje cómico, que debe poseer una profunda perspectiva cómica, es decir, una singular visión del mundo distinta de la realidad normal y que pone en marcha el personaje; y debe tener defectos (que lo separan de nosotros como espectadores), humanidad (que nos lo acerca) y debe ser muy exagerado. Pero hay mucho más en este libro, como el análisis de instrumentos cómicos (el choque de contextos, la respuesta salvajemente inadecuada, los opuestos cómicos, la tensión y posterior liberación, la verdad y la mentira con efecto cómico) y, en fin, todo lo necesario, a juicio al menos de su autor, para que escribamos el guión de una serie, dibujemos una tira cómica, o soltemos un monólogo ante cuatro mesas y una cámara de televisión. Por si fuera poco, además el libro de Vorhaus es divertido, y es de suponer que lo será más en su versión original, pues la traductora (Jessica Lockhart, la misma de El guión) se enfrenta aquí a la dificultad de trasladar la gracia de Vorhaus sin sacrificar nada de la información. La única pega que se le puede poner es no haber sido más decidida a la hora de sustituir referencias crípticas para el lector español por otras mejor conocidas. Vorhaus ha sido guionista de series televisivas como Head of the Class, The Sentinel, The Flash, Matrimonio con hijos y Aquellos maravillosos años, profesor de redacción de guiones, articulista de humor en ‘Los ángeles Times’ y autor de Creativity Rules. Si me dedicara al humor, haría aquí mías las palabras de Fred Rubin: «Aunque quisiera, no puedo recomendar Cómo orquestar una comedia. Son tantos los secretos que desvela que el día menos pensado me veo despedido por culpa de alguno de sus lectores». Garcimuñoz 

Un monstruo de trece cabezas l

a ciudad donde vivo es un monstruo de trece cabezas. O tal vez de más, de miles, de millones, de tantas como habitantes la pisan COLSON WHITEHEAD –pues a eso se reduEl coloso de Nueva York ce su vida, a pisar las calles, plazas y Trad. de Cruz Rodríguez Juiz parques–, o puede Mondadori, 2005 que de una única 200 pp. / 16,50 euros cabeza, la que exhibe las metáforas musculadas con sonido artificial de que tanto gusta el que reside en el monstruo de asfalto, que se llama Colson Whitehead. Si bien, podría lucir el nombre de cualquiera de nosotros, lectores, a los que no deja de interpelar recurriendo a la segunda persona, la misma que en voz inglesa se utiliza para generalizar, para abarcar globalmente al ser humano, al igual que en nuestra lengua se recurre al sujeto uno. «Tu ciudad ha sufrido daños», dice refiriéndose a los cambios contra los que uno nada puede hacer, pudiendo haber elegido la fórmula de traducción, «la ciudad de uno a sufrido daños». En este caso, la elección de Cruz Rodríguez al traducir es doblemente correcta, primero por la fórmula de interpelación directa ya mencionada, y en segundo lugar por la asociación con un lenguaje extranje-

ro que cada día compone más la melaza de nuestra vida, y que es la ciudad de Nueva York. Colson Whitehead escoge trece espacios y tiempos de la megápolis por su especial significado: las entradas porque aparentemente nadie es autóctono, y ese flujo produce una vitalidad que invita al desaliento; el puerto donde desembarcan inmigrantes a lugares cuyos detalles nos remiten al vacío de la existencia; la rutina del día que comienza con no más sentido que el de estar en una ciudad un tanto variopinta; el supuesto oasis que es Central Park, pero que compartirá idénticas miserias a las del hormigón, de ahí que se mantenga el pulso rítmico; la enfermedad que invade al que desciende al metro, cuya percepción funcionará como en un sueño húmedo de fiebre; el fugaz cambio que supone la lluvia, un cambio que implicará que todo ha de seguir igual; caminar por Broadway para sentir que cada nimiedad que opera en tu vida te hace un ser importante, pero sin perder la conciencia de que uno es, mediocremente, otro más; la decadencia de Occidente reflejada en las aburridas formas de combatir el aburrimiento, que son la playa y los parques de atracciones; el puente como ruta o vínculo, donde todo lo que sucede está a mitad de camino, entre dos aguas de la vida que se ignora qué definen; el momento más deshumanizado del día, donde Whitehead lleva su técnica prosística hasta el pa-

roxismo; el teatro sin objetivo de los bares nocturnos, que no se distingue en nada del resto de la vida urbana; la encrucijada representada por Times Square, un lugar donde se cortan y cruzan las ideas y las cosas al confundente ritmo que impone el tráfico; el aeropuerto desde el que al despedirse uno toma conciencia de que ha visto pero no conocido. Preocupado por lo concreto, por no interpretar, no inmiscuirse, dejando que las secuencias enumerativas tengan el mismo rigor que el del ojo que explora, es decir, ninguno, vagando de acá para allá, Whitehead deja al lector el arduo trabajo de construir la estructura de la ciudad, su argumento, su tema. Pero antes nos ha legado una textura en la que el detalle aparenta ser profundo, sugiriendo una vida gobernada por el nihilismo, que se va haciendo más críptica a medida que se adentra en esta novela de situación. Y la situación es que la vida te sucede. Los fragmentos, cada uno de ellos valorado como se valora cada nota en una virtuosa pieza de jazz, diseñan estampas complejas que nos llevan a preguntarnos: si esto es lo que nos rodea, entonces, ¿esto es vivir? Una pega que ponerle, su prosa resulta demasiado grandilocuente, lo cual le hace perder credibilidad por momentos. No parece un acierto pretender escribir como si tras cada frase llegara el punto final. Ricardo Martínez Llorca 


LIBROS

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EDUARDO HARO IBARS

Las bodas de la pólvora y el tiempo a vida del poeta underground Eduardo Haro Ibars (Madrid, 1948), hijo del periodista y director del semanario ‘Triunfo’ Eduardo Haro Tecglen, letrista de grupos como Orquesta Mondragón, precursor de las reivindicaciones gays y personaje destacado de la bohemia madrileña, resume en su trayectoria la historia española del tránsito de la dictadura franquista a la democracia. Sin embargo, no es el resumen de una historia cualquiera, sino de aquella más interior, tal vez más secreta de cuantas configuran el relato colectivo con que se ha escrito la transición. Una historia que se traslada por las tensiones de ese momento histórico, por sus espacios emergentes, aquellos lugares donde la diferencia entre la realidad española de la dictadura y las aspiraciones a la libertad de las nuevas generaciones se presentaba como un conflicto insalvable, un choque doloroso. Los pasos del caído es de este modo el rescate de una memoria imposible, la salvación de una vida escrita en ámbitos subterráneos, en fragmentos de existencia nebulosos, vida rodeada de una leyenda oscura que difumina los contornos entre el rastro de ceniza de lo ocurrido y el abismo de lo que no pudo ocurrir. Es pues una historia de rastros de carmín sobre cigarrillos (Marcus), como sólo lo pueden ser las historias de los movimientos underground. Memoria de ceniza para una historia de lo efímero y que, sin embargo, se nos ofrece como más verdadera, más auténtica. Y es que la narración que visita estos espacios ocurre en lugares donde queda la constancia de que allí ocurrió algo, que hubo verdaderamente historia, tensión, emergencia. Desfase pues entre lo precario de unas memorias, unos recorridos y la fortaleza de su instalación en el centro de una época, la violencia de su argumento. Una historia que reivindica, pues, que vivir es otra cosa, que vivir en realidad sería aquello que este hombre hizo, épica de la existencia como un espacio creativo. Todo ello se verifica en la capacidad que Haro Ibars parecía tener para encarnar una época, detectar sus lugares calientes y trasladarse a

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J. BENITO FERNÁNDEZ Eduardo Haro Ibars: los pasos del caído Anagrama, 2005 412 pp. / 20 euros

ellos, para acabar, por supuesto, disuelto por el fuego tóxico con que la transición se incendiaba en sus espacios más expuestos. El trabajo de Benito Fernández (El contorno del abismo. Vida y leyenda de Leopoldo María Panero) se dirige entonces al rescate de esos instantes perdidos en el flujo del tiempo. Convoca una maquinaria técnica descomunal al servicio de ese proyecto de rescate y ensaya los dispositivos más exigentes de la disciplina biográfica para poder datar con precisión, con ansiedad positivista la inmensa derive situacionista que fue la vida de Eduardo. Ese objetivismo naturalista demuestra que al implementar teórica y metodológicamente una

Eduardo Haro Ibars

existencia fragmentada y desestructurada, al acometerla con todo el potencial crítico de la disciplina, ésta se revela con toda la importancia y significación histórica que en realidad tiene. De la sucesión de actos concretos va de este modo emanando un velo, un ritmo de sensaciones que acaba por conformar el espíritu de una época. Una de las mayores virtudes de Benito Fernández es su capacidad para inscribir la anécdota en la historia, para verificar lo que de relevante hay en los hechos aislados, fugaces, insignificantes. Ese perspectivismo casi de ‘nouveau roman’ se completa a veces con un punto estilístico sensacionalista, pulsión de estilo, de presencia

personal comprensible en la rigurosa tarea del observador externo. La generación bífida Finalmente, en lo que a la importancia del libro se refiere, debemos señalar la generosidad del empeño, que proporciona un material de trabajo de primera calidad a los estudiosos del periodo. De tanta memoria histórica pendiente de recuperación como hay en nuestro contexto, la del underground transicional es sólo una de ellas. Libros como éste son un decisivo impulso en el rescate del imposible archivo de la época y piedras angulares en la articulación de un discurso diferente, aquel donde la transición no ha-

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Eugenio, Alberto y Eduardo. Los tres muertos. Madrid, noviembre, 1982. Foto: García Alix

Frente a una historia de la victoria, el final es la dolorosa evidencia de la encrucijada en la que se divide la generación bífida, aquella donde unos de sus miembros alcanzan el poder y otros la muerte

ya sido contada por políticos o militares, sino que emerja de la sociedad civil, de la ciudadanía. Frente a una historia de la victoria, el final de Los pasos del caído es la dolorosa evidencia de la encrucijada en la que se divide la, según Haro Tecglen, generación bífida, aquella donde unos de sus miembros alcanzan el poder y otros la muerte. La apuesta de Haro Ibars se produce por los segundos, relato que comienza en la cuaresma del franquismo y acaba en el miércoles de ceniza de finales de los ochenta. Una transición que fue al tiempo pasión y carnaval se diluye entre las acometidas de la industria cultural, el sida, la heroína y las exigencias del nuevo tiempo histórico: la plena posmodernidad hispana. Borges, en El arrepentimiento de Heráclito, decía «yo, que tantos hombres he sido, no he sido nunca/ aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbanch». Y es que en este esfuerzo de más cinco años que late bajo el libro se nos trasmite la melancolía del deseo utópico de vivir otras vidas. Tristeza, desencanto que implica por igual a escritor y lector, aquel de la nostalgia de acontecer a una época fuerte, la de «la verdadera presencia de verdaderas personas en un tiempo verdadero», como diría Debord. Una boda al cabo imposible, aquella que se convoca entre la pólvora del pasado y las ruinas con que éste se ha disuelto, lejano ya en el tiempo. Germán Labrador Méndez 


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TRIBUNA DE SALAMANCA, Domingo, 17 de julio de 2005

Mercromina: adiós sin heridas  Salvo cambios de última hora o inciertas futuras reuniones, la gira veraniega de conciertos de Mercromina, que desembarcará el próximo jueves en el patio del DA2, será la última oportunidad de ver en directo a la banda albaceteña. Surgida de las cenizas de Surfin’ Bichos, uno de los grupos que impulsó el desarrollo del rock alternativo en castellano abriendo un camino después transitado con éxito por Los Planetas o Los Piratas en su última época, la formación ha decidido, tras una década de existencia, poner punto final a su trayectoria apelando a una «decisión sana basada en el agotamiento natural y no en el cansancio». Curiosamente, también Chucho, la otra banda nacida de la disolución de los seminales Surfin’ Bichos, ha anunciado este año su separación. Resulta plausible la sinceridad de un grupo que admite ser incapaz de seguir haciendo canciones con la energía de antaño y que prefiere mantener lo más alto posible el listón de su dignidad profesional antes de entregar un disco del que no pueda sentirse orgulloso, pero, escuchan-

MACEO PARKER do Desde la montaña más alta del mundo (Subterfuge, 2005), su último álbum, uno tiene la sensación de que a Mercromina le quedaba cuerda para rato. Aún así, cuesta trabajo no proyectar la sombra de la disolución sobre unas canciones que susurran versos como «ya no quedan más narices; este árbol se secó» o «es lo que dicta el corazón y yo no puedo ir contra él». O que, en una clara voluntad de autodefinición estética testimonial, aseguran que «muchas veces es difícil ver que no todo es tan simple, que no está tan claro, que detrás de una espesa niebla se puede encontrar un tesoro». Algo así ha sido a lo largo de estos diez últimos años la música del grupo con nombre de antiséptico, empeñado en envolver en capas y capas de denso e hipnótico sonido y de distorsión guitarrera pequeñas melodías pop. Esa concepción sonora, heredera tanto del primigenio muro de sonido de Phil Spector como, claro está, de las raíces estilísticas de Surfin’ Bichos, está presente en sus seis álbumes (Acrobacia, Líquidos, Hulahop, Canciones de andar por casa, Bingo y el ya citado Desde la montaña más alta del mundo), en los que se aprecia una progresiva recarga instrumental que hace de sus discos obras difíciles, poco accesibles en los primeros acercamientos, pero repletas de matices y brillos en las siguientes escuchas. Análoga a la de bandas de rock experimental como Mercury Rev o The Flaming Lips, la trayectoria evolutiva de Mercromina supone una continúa búsqueda en las vanguardistas posibilidades de combinación de texturas. Demasiado mayores para la generación indie y demasiado atrevidos para sus coetáneos, la banda liderada por Joaquín Pascual, quien combina su labor de guitarrista, cantante y compositor principal del grupo con la de profesor de Música en un instituto, ha circulado siempre al margen de casi todo. permaneciendo durante diez dignos años de carrera embarcado en un constante proceso de investigación sonoro que ojalá tenga continuación en nuevos proyectos. Javier Sánchez Zapatero 

Jazz en plena trasmutación aceo Parker es probablemente, junto a Wynton Marsalis, uno de los ‘jazzman’ más importantes de los últimos años. Pero Maceo no va de divo, ni siquiera la historia de la música ni la crítica han asimilado todavía el impacto sonoro de este otro gran Parker del siglo XX, que ha instalado a la música jazz directamente en el XXI. Frente a los rockeros que todavía siguen adorando a figurines de mazapán creados por el marketing y a mixtificados tótems anclados en trillados senderos de la guitarra, bajo y batería, he aquí un músico ejemplar, innovador, capaz de reinventar los planteamientos jazzísticos más clásicos para dotarlos de contemporaneidad. Ésta es la gran victoria estética del jazz sobre el rock: mientras el primero se transforma, se pule, se nutre de nuevas fragancias electrónicas y se transmuta en muy diversos géneros y estilos, el segundo continúa prisionero de sí mismo y de sus vacíos fuegos de artificio. Frente a todo eso, Maceo Parker, un músico elegante al igual que su banda, que cuida y pone especial cariño a la hora de hacer las cosas. A fuerza de ‘groove’, es capaz de convertir sus conciertos en grandes fiestas que como a él le gusta decir «tienen un 2% de jazz y un 98% de puro funk». Dicen que James Brown es el padre del funk, pues Maceo seguramente sea su primo carnal. Él se acerca al saxo y comienza a

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Maceo pertenece a esa raza de músicos generosos que alarga hasta la extenuación sus conciertos haciendo gozar al público con un sonido bailable, elegante y arrebatador inventar, a crear. Su sonido, lejos de tener algo que ver con los 70 es de una producción exquisitamente elaborada que filtra las más variadas inspiraciones para producir un sonido espectacular, sólido y embriagador. Parker dispone de una banda de músicos de primer nivel, en los que el trombón y la trompeta sostienen el sonido de un saxo que juega con el espacio y que al más puro estilo, quiebra constantemente el sonido hacia arriba («get it up» suele gritar en sus conciertos). Ese tridente sonoro descansa sobre una poderosa base rítmica apoyada en la guitarra y en las virguerías de un bajo bajo subrayado con un órgano ‘hammond’ que dotan al conjunto de fuerza y de potencia. Maceo es un grande de esto, nació en Carolina del Norte en 1943 y toca su instrumento desde los ocho. Durante los años sesenta y setenta fue uno de los

Salamanca será una de las ciudades españolas agraciadas con la presencia de uno de los ‘jazzman’ contemporáneos más creativos del panorama musical norteamericano. miembros más destacados de la banda de James Brown hasta que en 1992 dio su gran salto en solitario con Life on Planet Groove un éxito de las listas americanas que se consolidó en 1998 con la llegada de Funkoverloaded, uno de los discos de jazz más importantes de los noventa. Ahora en 2005, llega Schools in, un trabajo más conceptual pero igualmente arrebatador. Hablar de Maceo Parker es hacerlo de la fiebre del funk. Es un hombre tremendamente conocido y apreciado dentro del circuito de festivales españoles en los que siempre deja un recuerdo imborrable. A sus 60 años, los directos de Maceo continúan siendo una imparable demostración de energía, siempre bajo la autoridad de James Brown, pero también de otros nombres que quitan el hipo: Marvin Gaye, Ben E. King –ambos en sus comienzos–, George Clinton, Parliament y, más recientemente ha sido solicitado para darle lustre a trabajos de Prince, Sheryl Crow o Ani Di Franco. Maceo es pura dinamita encima de un escenario, si se necesita funk hay que llamar a Maceo y tenerlo muy en cuenta. Pertenece a esa raza de músicos generosos, que alarga hasta la extenuación sus conciertos, porque entiende que ése ha sido su modo de vida elegido y que a él se debe. Musicalmente hablando, Salamanca será otra tras la actuación de Maceo. Jorge Hernández 


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