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Producción y Diseño Francisco Astorga Matías Egea Contacto supercheriafanzin e@gmail.com Imagen de Centro Francisco Astorga Imagen de Contratapa Anton Marrast

Imagen de Fondo: Yoshihiko Ueda


Me paso días enteros tratando de saber por qué sucede. Veo el cielo lanzar luces, enciendo ahogadas llamas, quemo minutos, palabras, hierbas y tabaco. Respiro y transpiro parte de lo que soy y de lo que han hecho. Quemo presencias ficticias, preguntas, respuestas y locuras. Miro cómo todo lo que parece ser igual a diario, no lo es, pues verdaderamente no lo es. Enciendo razones de ser en pequeñas llamas, respiro, quemo, miro, siento y siempre humo, nunca igual. Me paso días enteros tratando de saber por qué sucede, siempre ahí, nunca igual.

Encantador de Marmotas


Cosmogirl - Fotomontaje Digital - Amiel Balderramas


Pintura Serigrafica y Porcelana FrĂ­a TeĂąida Sobre Pet - Constanza Delfino


El tipo del auto rojo

… El tipo del auto rojo estaba ahí, sentado en el asiento del conductor, con la mirada clavada hacia delante, escupiendo miedo y transpirando locura. Volvía yo de algún lugar y lo vi, no le presté demasiada atención, tenía en qué pensar, aun así su cara se grabó en alguna parte de mi. Fueron varias las veces, las que crucé con este hombre y siempre en la misma situación: yo entrando o saliendo de mi casa, el ahí… sentado en su auto rojo -pequeño como su cuerpo- esperando a nadie, nervioso por ninguna situación. Nervioso me ponía yo cuando sus ojos se clavaban en forma punzante sobre mí, me miraba como si tuviese algo que decirme, como si fuese a mí a la persona que estaba buscando. No era nada disimulado, ni siquiera fumaba. Hablando con un amigo le conté sobre la extraña situación, vaya que se alertó, el pobre era bastante perseguido y paranoico pero buen tipo. No tuvo mejor idea que sacar de su bolso una navaja vieja que había encontrado por ahí, me dijo que la tenga por las dudas. Le hice caso, la guardé sin darle mucha importancia. De ahí en más mi mochila se convirtió, hasta sin querer, en su hogar. Pasaron meses en los que no volví a saber nada de este extraño ser el tipo del auto rojo- , hasta llegué a olvidarlo, después de todo no era demasiado importante en mi vida, más bien era una situación anecdótica, entre macabra y cómica. Una tarde de otoño volviendo a casa escuché un auto que venía a mis espaldas, cuando se adelantó pude verlo, era él, el pequeño hombre que escupía miedo y transpiraba locura. Lo vi, me vió y la sorpresa fue compartida. Redujo la velocidad y se estacionó justo en la puerta de mi casa, sentí una extraña rabia en ese momento, así como él, yo también transpiraba locura. Recordé la navaja en mi mochila y decidí que era el momento de terminar con esa extraña situación, la tomé con mi mano derecha y caminé tranquilo hasta su auto. Llegué, miré mi casa, miré el auto, lo miré a él y noté qué tenía bajo el vidrio de su ventana. Me acerqué, le pregunté a quién buscaba, no contestó. Dejé ver la navaja y levanté el brazo dispuesto a penetrar su pecho, en ese instante giró su brazo derecho y me apuntó con una pistola, sentí miedo pero sabía que él también lo sentía. Sonrió, puso la pistola en su boca y disparó. Evidentemente su miedo fue superior a su locura, o al revés, o no sé. Como sea, no sería extraño volverlo a cruzar. Encantador de Marmotas


Imagen de Fond : Broken Fingaz


Desde siembra hasta siempre... (14 palabras con "S"). Si, un día apareció sin previo aviso, la parca en persona tocó a mi puerta. Llevaba puesto un sobretodo negro e irradiaba calor… y un aroma a infancia, a sangre también… Su voz era dulce a mis oídos, pues prometía descanso, el fin de la rutina… Prometía lo inesperado, algo nuevo de verdad, rompía con mi lógica mundana de cielo azul, de mares rodeando la tierra… Logré reconocer su voz luego de largo rato… Porque no hacía más que añorar momentos, mientras ella relataba mi vida, como si hubiese sido un Suspiro, una catarata de recuerdos que, aunque eran muchos, caían a tal velocidad que parecían poderse haber vivido en tan solo unos minutos. Era la voz de la persona que más había amado sentenciándome al infinito, a lo desconocido… Se despedía de mí. Escuchar esa voz bastaba… Palabras que, de haber sido oídas en el pasado, hubieran significado, también, el final de todo cuanto conozco y aprecio. Mientras Sonreía, por volver a escuchar esa voz que tanto había extrañado, tuvo lugar el pensamiento de que en el pasado me había encontrado con la muerte, y me había enamorado… Solamente cuando terminó de relatar mi vida, cuando llegó a ese preciso momento en que ella tocaba mi puerta, acerté a hablar. Le imploré que me diera unos minutos, le expliqué que hace mucho esperaba ese momento y quería estar a la altura de las circunstancias; ni llorando, ni en pijamas… Rara vez la muerte deja de lado su tarea para conceder un favor a un mortal, similar a un Sol que sale de noche… Me dio un minuto exactamente, y amenazó con castigarme en caso de que no cumpliera. Sin prisa y despreocupado, porque iba a morir, me tomé mi tiempo… Busqué el frac, los zapatos, la camisa blanca, la corbata, peiné mi cabello (cosa que nunca acostumbré) y guardé en los bolsillos algunos recuerdos. La sensación de asistir a mi propio funeral me causaba un estrépito de risa y escalofríos.


Cuando estuve listo me dirigí a la puerta, el primer paso fue firme, con el pié derecho, el segundo continuó el movimiento de todo el cuerpo y también con firmeza se asentó en el Suelo. Me iba agigantando, me encantaba la idea de poder enfrentar mi muerte, me sentía brioso, como un gladiador ingresando a un domo, con la certeza de que iba a morir, pero preparado para ello. El picaporte se veía frágil ante mi mano que, repleta de sangre en las venas, lo apretaba… Un Suspiro antes de abrir la puerta, y un tirón limpio, que me acercaba al final… Del otro lado no había nadie. Luego, apenas unos Segundos después, un ánimo recorrió mi cuerpo, una adrenalina que me llevó a gritar: “¡Estoy vivo!”. Pero al voltear la mirada vi que había una nota colgada del otro lado del picaporte, que decía: “Un minuto. Ese era el periodo de tiempo que tenías para elegir tu castigo. Te lo concedí al notar que no aborrecías la idea de morir. Pude, durante ese minuto, conciliar un castigo mejor, para quien cree poder más que yo en este mundo. Quizás a esta altura ya Sospechas de que se trata, conserva este papel, porque es lo único que te quedará en cuanto a todo y todos los que has conocido durante tu VIDA. Ahí tienes. Desinteresadamente: tu MUERTE”. Cada palabra, cada sílaba, cada Silencio se leía en la voz de un ser querido… Despidiéndose, dejándome Solo su recuerdo… No era nadie, Solamente estaba vivo. A mi verdugo, desde el Sol: “Es porque amo la vida más que la muerte que nunca podrás olvidarme…”

Marcel y Yo


Junio  

Edición número 3 . Superchería Art-fanzine