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Publicación Gratuita

ISSN: 2007-3119

Abril-Mayo-Junio 2016, Año 8 Número 38

Revista oficial de la uanl a través de la Facultad de Psicología


No. 38 “¿Y el amor?” Una publicación de la Universidad Autónoma de Nuevo León Ing. Rogelio Guillermo Garza Rivera Rector M.A. Carmen del Rosario de la Fuente García Secretaria General Dr. Juan Manuel Alcocer González Secretario Académico Dr. Celso José Garza Acuña Secretario de Extensión y Cultura Lic. Antonio Ramos Revillas Director de Publicaciones Dr. Álvaro Antonio Ascary Aguillón Director de la Facultad de Psicología Mtra. Magaly Cárdenas Rodríguez Subdirectora Académica Mtra. Nora Isela Macías Nuñez Subdirectora Administrativo Dr. Guillermo Vanegas Arrambide Subdirector de Proyectos Educativos y Asistenciales

CONTENIDO EDITORIALES: 1- “Seducción: Idealización y Poder” Por Guillermo Vanegas Arrambide

4- “El Amor en Femenino en la Teogonía de Hesíodo” Por Lic. Julieta Filippi Villar

7- “El amor en Babel” Por Esteban Espejo

10- “El Psicoanálisis y el Amor” Por Walter Brunstein

14- “Escorzos Narcisistas en el Amor Notas Freudianas” Por Mario Orozco Guzmán

28- “¿Qué, el amor?” Por Rodrigo Rafael de Ochoa Salazar

TEMA CENTRAL:

Dr. José Cruz Rodríguez Alcalá Subdirector de Posgrado

31- “¿Spectri Amoris”

Dr. Carlos Sánchez Sosa Subdirector de Investigación

36- “Los Lazos de un Amor: un nuevo paradigma Psicoanalítico”

Mtro. Omar Méndez Castillo Director y Editor responsable

42- “El amor existe”

Iris Reyes Escobedo Co-editora responsable Ivan Guerrero Vidales Jefe de redacción

Por Silvestre Manuel Hernández

Por Dra. Martha Alicia Sánchez Muñoz

Por Enrique Burunat

LA ENTREVISTA: 47- “Entrevista al Dr. Rolando Karothy”

Christian Alanis Contreras Ivan Guerrero Vidales José Vieyra Rodríguez Comité editorial

Por Comité Editorial

Irma Irene Manzano Cantú Nelly Deyanira Garza García Axel Alejandro Herrera Salazar Veronica Lorena Hernandez Ribbon Leslie Monserrat Sifuentes Reyes Equipo de Redacción

54- “Un Narciso Diferente”

Ramiro Ruiz Castillo Diseño

Por Osvel Becerra

QUID: Por Iván Guerrero Vidales

PSICOANALIZARTE: 57- “De Amor y sobre Sueños Absurdos”

Jonatan Olvera Alvador — Director Creativo FRAMELOVA Diseño de portada

SUIGENERIS SUI GENERIS, Año 8, Nº38 , Abril-Mayo-Junio 2016. Es una publicación trimestral, editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través de la Facultad de Psicología. Domicilio de la publicación: Dr. Carlos Canseco y Mutualismo No. 110, Colonia Mitras Centro, Monterrey, Nuevo León, México, C.P.64460. Teléfono: +52 8183 33 7859 ext. 510. Fax. +52 81 83337859. Editor Responsable: Omar Méndez Castillo. Reserva de derechos al uso exclusivo No. 04-2010-030514053000-102. ISSN 2007-3119 ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor, Licitud de Título y Contenido No. 14,927 otorgado por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Registro de marca ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial: II83057. Impresa por: EDIREY, Narciso Mendoza 4024, Col. Niño Artillero, Monterrey, Nuevo León, México. Fecha de terminación de impresión: 22 de Agosto de 2016, Tiraje: 1,000 ejemplares. Distribuido por: Universidad Autónoma de Nuevo León, a través de la Facultad de Psicología, Carlos Canseco y Mutualismo No. 110 Colonia Mitras Centro, Monterrey, Nuevo León, México, C.P.64460. Las opiniones y contenidos expresados son responsabilidad exclusiva de los autores. Prohibida su reproducción total o parcial, en cualquier forma o medio, del contenido editorial de este número. Impreso en México Todos los derechos reservados © Copyright 2016 suigeneris.fapsi@uanl.mx


Editoriales Seducción: idealización y poder

Por Guillermo Vanegas Arrambide | Facultad de psicología - División estudio de postgrado

Introducción

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a temática que aquí nos convoca no deja de ser muy sugerente, hablar de la seducción y las relaciones de poder en lo particular me entusiasma y me impone un reto que no se si pueda salvar dadas las complejidades que el mismo implica. Sin embargo, no deja de ser tentador ofrecer al auditorio algunas apreciaciones que en el mejor de los casos servirán de puntos de partida para una reflexión más detenida en espacios posteriores. Hablar de la seducción exige un punto de partida, tomare una definición como pretexto. Se entiende por seducción “el acto de inducir o persuadir a alguien con el objetivo de cambiar o modificar su opinión o hacerle adoptar un comportamiento según la voluntad del agente seductor” Así, el acto de seducción implica desde el principio una estrategia de poder, en donde los influjos de un personaje persuaden el actuar del otro. La real academia española lo define como “el arte de engañar con maña” Así, al parecer la seducción de entrada nos sitúa en el campo de la fingimiento y la simulación, espacio en donde la habilidad del sujeto persuasivo juega con la voluntad del otro a manera de encantamiento. Situada la seducción en el campo del imaginario podemos delimitar que la seducción de la que hablaremos aquí sea la seducción sexual, aquella que envuelve las relaciones intersubjetivas y que posibilita cual Cupido las relaciones de amor y desamor entre los seres humanos. En este contexto, la seducción toma materialidad en actos y estrategias que van desde la simulación o hacer creer al otro que se le puede dar lo que él está demandando, hacer surgir en el otro la necesidad de amor para de

esa manera escatimar el afecto y de manera gradual controlar al otro con base a sus carencias y necesidades. Estrategias de seducción y encantamiento que tiene que ver más con las privaciones e insuficiencias del seducido que con las virtudes y cualidades del seductor. De inicio podemos hacernos una pregunta ¿Que subyace al acto de la seducción? Y abordaremos la pregunta desde tres lugares que en realidad es uno mismo. Establecemos que el fenómeno de la seducción se produce en el contexto de la economía libidinal y específicamente en la intersubjetividad del individuo. Por intersubjetividad entendemos las relaciones imaginarias que se producen en los vínculos entre las personas y en nuestro caso particular en las relaciones de pareja. Hemos planeado en otros momentos que la relación amorosa se instaura a partir del intercambio libidinal de las personas que componen la pareja. Vínculo que se genera a partir de una parte de la libido narcisista depositada en él partenaire, esta libido engrandece al otro y el supuesto seria que el compañero sentimental a su vez dirige parte de su libido a la persona, produciendo un equilibrio lo que tendría como consecuencia una relación de equidad afectiva y como resultado el enamoramiento. Evidentemente sentirse amando por el otro y amar a otro produce una sensación de completud y bienestar que hace que la relación amorosa se mantenga y perdure. El desamor sobrevendría cuando un miembro de la pareja retira su energía libidinal del otro, produciéndose un desequilibrio y con ello la devaluación afectiva del este que aun mantiene su energía en el otro. Lógica cuántica que orienta nuestra heurística de la depresión y la baja autoestima. Siguiendo esta línea argumentativa trasladamos no si riesgos, esta lógica cuántica al fenómeno de la seducción. En esta notamos

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Editoriales: Seducción- dealización y poder

también como en el centro de la seducción se encuentra el intercambio de libido narcisista. El agente de la seducción aparece como aquel que cuenta con lo que el seducido adolece, es decir, el seductor posee las calidades y los recursos que el otro desea y de los cuales carece. El concepto de narcisismo nos ayuda a pensar la lógica del encantamiento y lo que se encuentra en la base del acto seductor. Apoyándonos en Freud exponemos “ Con particular nitidez se evidencia que el narcisismo de una persona despliega gran atracción sobre aquellas otras que han desistido de la dimensión plena de su narcisismo propio y andan en requerimiento del amor de objeto; el atractivo del niño reside en buena parte en su narcisismo, en su complacencia consigo mismo y en su inaccesibilidad, lo mismo que el de ciertos animales que no parecen hacer caso de nosotros, como los gatos y los grandes carniceros; y aun el criminal celebre y el humorista que subyugan nuestro interés… por la congruencia de que saben alejar de sí todo cuanto pueda empequeñecer su yo” (Freud 1914 p. 86 ) De esta manera, el narcisismo del seductor se conjugaría con las carencias del seducido estableciéndose una relación particular en la cual la desigual configuración afectiva produciría una relación de poder en donde uno desde sus estrategias y simulaciones somete al otro a su voluntad y disposición. Diríamos más tarde siguiendo a Freud que el seducido ocuparía el lugar del hipnotizado y caído presa de la sugestión. Proceso en donde el seducido se somete incondicionalmente a su imaginario objeto de amor otorgándole todos sus favores. De esta manera el seducido ha puesto al agente seductor en el lugar de su ideal, otorgándole su amor sin condiciones. Al respecto del enamoramiento Freud escribe “En 2

el marco del enamoramiento, nos ha llamado la atención desde el comienzo el fenómeno de la sobreestimación sexual; el hecho de que el objeto amado goza de ciertas exención de la crítica, sus cualidades son mucho más valoradas que en las persona a quienes no se ama” (Freud 1921 p.106) Observamos así como el seducido sitúa en un lugar espacial al seductor, lo pone en el lugar del ideal, exento de toda crítica y digno de toda credibilidad. Siguiendo estas tesis freudianas estaríamos en condiciones de decir que en el centro del acto de la seducción se encentaran, la dialéctica del narcicismo, la lógica cuántica del amor y la necesidad de construir un objeto ideal. Después de pensar el acto de la seducción desde estos conceptos de la teoría psicoanalítica. Nos gustaría desde este marco reflexionar en torno a la materialización del fenómeno seductor. Por principio el acto de la seducción obedece a una serie de estrategias que orquesta el seductor para crear la atmosfera adecuada y ejercer cierta fascinación sobre el otro. La seducción no es un acto natural sino una estrategia social de que se vale el seductor para ejercer el poder y el dominio sobre el seducido. Estrategias de poder que van desde el cuidado de la apariencia, el estilo personal, modales y formas de lenguaje hasta usufructúo de lugares que se ocupan y figuras o identidades que se proyectan. Desde una perspectiva de las relaciones de poder podemos pensar el acto de la seducción desde un imaginario social, en donde los lugares, las figuras, las cualidades y los atributos ejercen influencia sobre el otro en tanto espacios de valoración social y de prestigio para los sujetos. Sin embargo, debemos decir que tales imágenes de la seducción adquieren su eficacia en tanto objetos, figuras o lugares desaseados por aquellos que los carecen y que desean poseerlos.

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Editoriales: Seducción- dealización y poder

Así podemos ejemplificar que el acto de la seducción no se reduce a la seducción sexual. La seducción está presente en todo acto social en donde estén implicadas las relaciones de poder y de dominio. Por ejemplo, aquí mismo, ¿no ejercen cierta fascinación los participantes de la mesa sobre el auditorio aquí presente? O ¿el profesor que realiza su clase no ejerce cierta seducción sobre sus alumnos habidos de saber? ¿O el lugar que ocupan nuestros administradores no los hace más sugerentes? Así a las explicaciones sociales sobre las relaciones de poder es necesario integrar esas partes de la subjetividad que son las que le imprimen su carácter de humanas. En la base de la seducción y del ejercicio del poder tendríamos que incluir una reflexión subjetiva en donde el narcisismo, el enamoramiento y la idealización apartarían ese plus que permite entender la influencia de un ser humano sobre otro. Al fenómeno de la seducción subyace una expectativa amorosa que produce la idealización del otro, la profecía de que el otro colmara con sus virtudes y bondades mis carencias y mis miserias. Promesa que se sostendrá como encantamiento hasta que el otro, el seductor logra satisfacer sus necesidades narcisista.

Conclusiones Podemos concluir que la teoría del narcisismo y la idealización se encuentran en el centro del fenómeno de la seducción. Este se produce de la conjunción de dos elementos dispares, por un lado el narcisismo con el que cuenta el seductor y por otro lado, las necesidades afectivas del seducido. Exceso narcisista de uno y carencias

afectivas del otro. Trasladado a las relaciones de poder la seducción equivaldría a la estrategia en la cual el seductor promete o ilusiona al otro con aquello que necesita o requiere para lograr su completud. Los campos de materialización pueden ser diversos desde relaciones interpersonales pasando por estrategias de creencia varias hasta ideologías políticas y filosóficas. En conclusión la seducción promete, embelesa, ilusiona y fascina al aquel que tiene la necesidad de creer en algo. Sobre el autor: Guillermo Vanegas Arrambide estudió su licenciatura en la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Es doctor en Psicología Social por la Universidad Autónoma de Barcelona. Trabaja como profesor de tiempo completo e investigador en la Facultad de Psicología, UANL donde también ha sido supervisor de la practica clínica con alumnos de licenciatura y posgrado. Actualmente se desempeña como Coordinador de la Maestría en Psicología con orientación en Clínica y Psicoanalítica de la misma institución así como Subdirector de Proyectos Educativos y Asistenciales. Cuenta con consulta privada desde 1983

Bibliografía: Freud S. (1914) Introducción al narcisismo. O. C. vol. XIV Ed. Amorrortu Buenos Aires 1979 Freud S. (1921) Psicología de las masas y análisis del yo. O. C. vol. XVII Ed. Amorrortu Buenos Aires 1979 Referencias de imágenes: Marc Chagall (SF) El cumpleaños [Pintura] Recuperado de: http:// palabrasenimagen.blogspot.mx/2016/02/esa-necesaria-clase-deenamoramiento.html [Fotografía de Jhon F. Kennedy] Recuperado de: http://www.history. com/news/jfk-tells-west-berliners-that-he-is-one-of-them-50-years-ago Caravaggio (1594) The Fortune Teller [Pintura] Recuperado de: http:// www.20minutos.es/noticia/2772859/0/thyssen-caravaggio-influenciapintores-norte-europa/

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Editoriales: El amor femenino en la Teogonía de Hesíodo

El amor femenino en la Teogonía de Hesíodo Por Lic. Julieta Filippi Villar

Introducción Hace un tiempo me encontré en el relato de un filósofo con la Teogonía de Hesíodo, obra que data del Siglo VIII A.C. La palabra teogonía se encuentra conformada por dos raíces griegas «theos» (dios) y «gignomai» (nacimiento) y se traduce como la «creación de los dioses», y en ella se relata el nacimiento de cada uno de los Dioses que conforman la mitología griega. El mito del nacimiento de Afrodita, la diosa del amor, me generó un gran interés por la proximidad con algunos desarrollos psicoanalíticos que intentaré articular. Pero primero me voy a detener el relato de Hesiodo.

La castración de Urano y el nacimiento de Afrodita La teogonía comienza diciendo que lo primero que existió fue Caos, de quien nace Gea, la tierra, sede segura de todos los inmortales que habitaban el Olimpo. Alumbró al estrellado Urano, el cielo, con sus misma proporciones para que pudiera contenerla por todas partes y hacerla más segura. Pero el malvado Urano todas las noches se abalanzaba sobre Gea para cometer crueles ultrajes de los que terminaron naciendo más de 40.000 dioses, todos irritados con su cruel padre, quien los mantenía ocultos en el seno de Gea, gozando cínicamente de la malvada acción que les impedía salir a la luz. La monstruosa Gea, agotada, afligida en su corazón, pero llena de valor, creo una hoz de brillante acero y reunió a todos sus hijos para decirles que era posible vengar el cruel ultraje. Fue el poderoso Cronos, Dios del tiempo y de mente retorcida, quien prometió realizar dicha empresa, ya que no sentía piedad por su abominable padre. La monstruosa Gea se alegró y preparo una emboscada. Puso en manos del más 4

cruel de sus hijos una hoz y disimuló perfectamente la trampa. Urano, como todas las noches, llegó ansioso del comercio sexual y se echó sobre la tierra, extendiéndose por todas partes. El hijo, saliendo de su escondite, logró alcanzarle con la mano izquierda, empuñó con la derecha la prodigiosa hoz, y apresuradamente sesgó los genitales de su padre y luego los arrojó a la ventura por detrás. No en vano escaparon aquéllos de su mano, desde el preciso instante en que los cercenó con el acero y los arrojó lejos del continente en el tempestuoso Ponto, fueron luego llevados por el piélago durante mucho tiempo. A su alrededor surgía, del miembro inmortal, una blanca espuma y en medio de ella nació una doncella. Afrodita, la llaman los dioses y hombres, diosa del amor, y gracias a su existencia se hacen posible el amor y la dulzura, así como también la intimidad, las sonrisas y el engaño.

El Cinismo de Urano La aspiración furiosa al goce, al plus de gozar, que no colma a nadie, la que acumula vacío y se vuelve cada vez más acuciante, queda representada en el cinismo de Urano, lo que lo ubica en una posición similar a la del padre del Tótem y Tabú, de quien nadie ha dicho que amara, sino que gozaba. Mientras que el padre de la horda fue asesinado, en el mito de Hesiodo es a través de la castración que se le pone limite al goce, goce sobre el cual Lacan, en el Seminario La Angustia, llamara la atención sobre su ubicación, en un órgano que tanto la experiencia como la investigación anátomo – fisiológica lo muestran como insensible por el sencillo hecho de que no está inervado: El lugar último del goce genital es un lugar en el que se pueden verter diluvios de agua hirviendo, hasta una temperatura insoportable para cualquier otra mucosa, sin provocar reacciones sensoriales inmediatas (Lacan, 1962, pp. 83)


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Y es en el Seminario Aun donde Lacan nos permitirá pensar que Urano, a menos que sea castrado, a menos que se encuentre con que diga que no a la función fálica, no tendrá ninguna posibilidad de que hacerle el amor a Gea, quien no está dispuesta a darlo todo por quien no ama.

De la cólera a la turbación En el Seminario el Deseo y su Interpretación, Lacan dice que si uno mira en detalle, la castración del hijo no es más que el resultado y el equivalente de la castración del padre y pone en serie la castración de Urano por Cronos, con la de Cronos por su hijo Zeus. Esto nos demuestra que nunca hay más que un único falo en juego y esto es lo que hay que impedir que se vea. Por lo que se denomina complejo de castración es por lo que el sujeto no lo tiene, pero habría alguien que lo tiene: el padre como sujeto de la ley y apacible poseedor del goce, garante supremo. Es Cronos quien se encuentra invadido por la cólera, descrita por Lacan como aquello que ocurre cuando en el plano del Otro, del significante, el de la fe, de la buena fe, no se juega el juego y es Gea la que estimula, la que llama al desorden, al motín del hijo, para que el Dios del tiempo ocasione la turbación, entendida como la caída de la potencia. Cronos transforma la castración en algo positivo, en la garantía de la función del Otro al recaer sobre un real que queda elevado a la pura y simple función de significante. Y es la castración la que funda el poder deseante, erigiendo el objeto en su poder agalmático.

De la separación, del corte, de la división, surge el amor Cronos no se queda con el genital arrancado a su padre. Lo tira, lo desecha al mar. Y sobre este residuo aparece una espuma, de la

cual surge Afrodita, diosa del amor. Escena capaz de ilustrar la relación entre menos phi y la constitución del a minúscula. La reserva inasible imaginariamente, aunque esté ligada a un órgano, deberá entrar en acción para la satisfacción del deseo, el falo. Por otra parte el a, es un resto, residuo, con un estatuto difícil de articular. La hija se transforma así en soporte de aquello que falta en el campo del Otro, encarna la garantía que falta y sobre la que queda suspendida toda la existencia del Otro, al mismo tiempo que ella se representa como la víctima de una castración que aconteció en el Otro y «cuando se hace dos de uno ya no puede haber marcha atrás (Lacan, 1972, pp. 104)». Y en este acto, se produce la metáfora del amor que genera el pasaje de Urano desde erómenos a erastes, sujeto de la falta, por lo que se constituye propiamente el amor. Karothy (1993) nos dirá que es necesario que una parte del cuerpo propio caiga como desecho para que el sujeto se constituya como sujeto deseante, y cito a Lacan: Es lo que le da, por así decir, el instrumento del amor, en la medida en que se ama, que se es amante, con lo no se tiene (Lacan, 1962, pp. 131). Lacan ubica la función del objeto agalmático como aquél al cual el amante, en tanto sujeto (sujeto en falta) se dirige y al que presupone alojado en el amado (objeto). El amado, a su vez, cree en su ágalma, en que aloja algo que despierta el deseo de ese otro. El ágalma es descripta en el Seminario La Angustia como una imagen caracterizada por una falta, evocando en ella lo que en ella no puede aparecer. Es una imagen que orienta y polariza el deseo, tendiendo una función de captación. “En ella el deseo está, no solo velado, sino puesto esencialmente en relación con la ausencia” (Lacan, 1962, pp. 55). Y es en ese lugar de la falta donde algo puede aparecer. 5


Editoriales: El amor femenino en la Teogonía de Hesíodo

Ágalma resumida como lo que le falta, pues es con esta falta con lo que ama. Es por eso que Lacan repetirá una y otra vez, que el amor es dar lo que no se tiene, siendo este incluso el principio de la castración. El amor se instituye a propósito de ágalma, lo que le falta, pues es con esta falta con lo que ama. No tiene mucho que ver con el goce, pero el signo de su falta puede provocar el deseo, que no es más que el principio del amor. Y cito: El φ es el ágalma, puro ornamento, envoltorio divino, cobre de un tesoro que no tiene nada en su interior, o mejor dicho, que solo tiene un vacío en su interior (Gonzalez, 1993, pp. 61).

La feminidad se sustrae Y aquí tenemos otra insistencia, otra mujer que se deprende del cuerpo del hombre, como la primera Eva, de Adán, bordeando y delimitando el ser femenino, que para Soler (2006) pasa por la mediación obligada del otro sexo, sea para plantear la dimensión del falo, que en su valor significante representa la falta en ser para todo sujeto de lenguaje, y específicamente permite en la mujer que ella llegue a ser lo que no tiene; sea en la versión del objeto causa del deseo, por lo cual no se trataría de que ella desee, sino más bien de que ella pueda hacer desear, o bien hacia el Seminario Aun cuando se plantea que la mujer puede ser el síntoma en que se fija el goce para un hombre. Así, Afrodita se presenta tanto como resto de la castración, como solución a la misma, una solución entre otras posibles, pero en tanto solución por la vía del amor tiene por ventaja, al decir de Soler (2006), de anudar entre si los sexos y las generaciones, los goces del sexo y de las generación en una configuración soportable. 6

El amor sería así una relación sujeto a sujeto, que es la definición propuesta al final de Aun. Afrodita evoca lo que falta, lo que no puede aparecer ahí, evoca y capta al poner en relación el deseo con una ausencia. Se constituye como resto aborrecido del Otro. Designa la ausencia, presentifica lo que no está ahí.

Mascarada femenina La mascarada femenina en su sentido clásico es la identificación a ser el falo. En eso, en su mascarada, ella dará lo que no tiene, pretendiendo ser amada justamente por lo que no es. Lacan utiliza este término para designar la forma en que una mujer adopta las vestiduras fálicas para hacerse objeto del deseo de los hombres. La ausencia de pene es lo que convierte a la mujer en falo y la mascarada femenina estaría destinada a ocultar la falta (su falta) y generar deseo en una operación que consistiría en un dar para ver, en tanto vela a lo que no se puede ver. No hace olvidar la castración, si no que la hace aparecer. Soler (2006) dirá que la falta fálica de la mujer se convierte en un beneficio: ser el falo, ser lo que le falta al Otro. Este ser el falo designa a la mujer en tanto que ella es llamada al lugar de objeto. En el amor, es el deseo del partenaire el que convierte la falta en un efecto de ser: ella llega a ser lo que no tiene. Siempre es el falo para otro, nunca es el falo en sí, haciendo de la falta femenina algo yo positivizado.

El amor es femenino Freud fue quien reconoció el valor fálico del amor, ya que plantea la equivalencia entre la angustia de castración propia del hombre y la angustia de la pérdida de amor, propia de la mujer, pero las formulas de Lacan son las que permiten comprender mejor el fenómeno porque distingue el ser y el tener fálicos, siendo el ser fálico, la única identifi-


Editoriales: El amor femenino en la Teogonía de Hesíodo

cación que sostiene el ser mujer y estando sustentado en el amor, y doblemente en tanto que ser amada equivale a ser el falo, pero también por el hecho de que se ama solamente a partir de la propia falta. Este amor que parte de una falta en ser es, en definitiva, el verdadero amor, si se puede decir así. Si amar es reconocer su falta y darla al otro debemos aceptar que el amor es esencialmente femenino, que parte de una posición femenina. Un hombre que ama, nos dirá Lacan, lo hace como mujer, ya que, en lo que concierne a su ser de hombre no entiende nada del amor porque se contenta con su goce. Sobre la autora: Lic. Julieta Filippi es Psicóloga Clínica en el Servicio de Salud Mental, Unidad Sanitaria XV, Batan, Dirección General de Salud Penitenciaria, Ministerio de Justicia de la Provincia de Buenos Aires. Directora del Proyecto de Extensión “Casas por Cárceles” de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Jefa de Trabajos Prácticos de la Asignatura Grupos de Reflexión para el Aprendizaje de la Psicología de la Facultad de Psicología de la UNMdP Bibliografía: Coriat, Elsa y otros. (1993). No hay relación sexual. Buenos Aires. Homo Sapiens Ediciones. Fischman, Mario; Hartman, Alicia. (1995). Amor, sexo y... formulas. Buenos Aires: Manantial. Lacan, J. (1972-2004). El seminario: Aun. Buenos Aires: Paidos. Lacan, J. (1958-2014). El seminario: el deseo y su interpretacion. Buenos Aires: Paidos. Lacan, J. (1960-2003). Ideas directivas para un congreso sobre sexualidad femenina. Buenos Aires: Siglo XXI. Lacan, J. (1962-2006). El seminario: La angustia. Buenos Aires: Paidos. Lacan, J. (1958- 2003). La Significacion del Falo. En: Escritos II. Buenos Aires: Siglo XXI. Soler, C. (2000). La maldicion sobre el sexo. Buenos Aires: Manantial. Soler, C. (2006). Lo que Lacan dijo de las mujeres. Estudio de Psicoanalisis. Buenos Aires: Paidos.

Referencias de imágenes: Filipi, E. (s.f.) Gea [Dibujo] Filipi, E. (s.f.) Cronos [Dibujo] Filipi, E. (s.f.) Afrodita [Dibujo] Filipi, E. (s.f.) Caos [Dibujo]

El amor en Babel Por Esteban Espejo

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s famoso el mito de Babel: cuando los hombres intentaron construir una torre inmensa que llegara al cielo y así poder competir con Dios, él diseminó una multiplicidad de lenguas para sembrar la confusión. La torre que daba la ilusión de la unidad quedó inconclusa por el equívoco general de las lenguas. Podríamos imaginar que el amor en Babel tuvo el mismo destino que su lenguaje y había en aquella ciudad mítica tantas formas de ejercer el amor y hablar de él como variables en la lengua. Todos hablan de amor, en la calle, en el consultorio, en las canciones, en los bares, en las reuniones. ¿Puede el psicoanálisis decir algo acabado sobre el amor, sentar una posición teórica? El amor, al igual que el goce, es una noción problemática porque en sí misma no tiene un valor preciso sobre el lugar en la cura; siempre dependerá de la relación con el deseo. Me interesa marcar las dificultades que me encuentro como analista en formación y como estudiante de psicoanálisis para demarcar los diversos campos del amor y la relación con otros conceptos. Que se hable tanto del amor no significa que se ame. Quizás a veces hablamos del amor por la dificultad para hacerlo. De hecho, Lacan (2007a, pg. 139) afirma: «Si hay un terreno en el discurso en que el engaño tiene probabilidades de triunfo, su modelo es el del amor.» Ahí tenemos una primera aproximación, las palabras sobre el amor pocas veces coinciden con el acto. La obsesión por definir el amor hace de resistencia a las fuer7


Editoriales: Amor en Babel

zas que lo gobiernan. Debemos preguntarnos quién es el amor, no qué es. Desde Nietzsche, los filósofos se preguntan con más insistencia por el quién y el cómo de las cosas, más que por el qué. Nietzche (citado en Deleuze, 2002, pg. 101-102) lo define así: La pregunta «¿Quién?», significa esto: considerada una cosa, ¿cuáles son las fuerzas que se apoderan de ella, cuál es la voluntad que la posee? ¿Quién se expresa, se manifiesta, y al mismo tiempo se oculta en ella? La pregunta ¿Quién? es la única que nos conduce a la esencia. Porque la esencia es solamente el sentido y el valor de la cosa; la esencia viene determinada por las fuerzas en afinidad con la cosa y por la voluntad en afinidad con las fuerzas. (…) «…La esencia, el ser es una realidad perspectiva y supone una pluralidad. En el fondo, siempre es la pregunta: ¿Qué es lo que es para mí? (para nosotros, para todo lo que vive, etc.)».

Esto implica interrogar las fuerzas, lugares y posiciones subjetivas que intervienen en el amor. Esta orientación que sirve para los amantes puede servir para pensar al amor desde el psicoanálisis: rehuir las definiciones seguras para preguntarnos en cada caso, ante cada analizante: ¿cómo ama?, ¿a quién?, ¿cuál es el goce que causa ese amor?, ¿cómo está operando el ideal? Parece que nuestra época puede prescindir de todo, pero el amor sigue insistiendo, sigue pulsando: «El amor pide amor. Lo pide sin cesar. Lo pide… aun. Aun es el nombre propio de esa falla de donde en el Otro parte la demanda de amor (2007b, pg. 12).» El amor que debe 8

fragmentarse en nuestra época para sobrevivir; la multiplicidad no implica estar al servicio del hedonismo o de la poligamia, sino de los movimientos inagotables del eros. El amor se produce en la multiplicidad porque el sujeto en una relación amorosa atraviesa diferentes posiciones: idealización, elección narcisista, ser o tener el falo del Otro, síntomas, angustia, deseo, satisfacción pulsional. Por eso no podemos pensar una definición del amor para un determinado sujeto, sino qué forma de amor está en juego en determinado momento y su articulación con la política del análisis: el deseo. De aquí pensaremos qué dirección de la cura tomar. Todos nos preguntamos por el amor porque erramos en el discurso y el deseo del Otro: ¿qué me quiere el Otro?, ¿de qué manera?, ¿qué objetos míos busca y cuáles rechaza? Por más que el amor sea narcisista, siempre remite a Otro en tanto ideal o para articular su demanda, o para hallar su satisfacción. Para delimitar un poco la confusión de Babel, empezamos por la noción más difundida del amor. Lacan (2007a, pg. 261) dice: «Todo amor sólo se ubica (…) en el campo del narcisismo. Amar es, esencialmente, querer ser amado.» En Introducción al narcisismo, Freud (2000, pg. 80) postula dos formas de amor: la narcisista (según lo que uno mismo es o fue, según lo que uno querría ser y según la persona que fue una parte del sí-mismo propio) y la anaclítica, que es la vía edípica-fálica (según el ideal de la mujer nutricia para la posición masculina o el hombre protector para la posición femenina). Lacan (2007a, pg. 263) da una interpretación donde ambas formas de amor serían narcisistas: «Amor e identificación son equivalentes en cierto registro, y que narcisismo y sobre-estimación del objeto (…) son exactamente lo mismo en el amor.» Podríamos objetarle a Lacan que en la vía edípica de la elección de objeto hay un encuentro con la castración porque el sujeto está en falta frente al ser quien ama, mientras que en la vía narcisista el interés del sujeto pasa por ser el objeto amado, es decir, el falo. Y querer ser el falo que completa al Otro está en las antípodas de la castración. Por otra parte, cualquier


Editoriales: Amor en Babel

elección de amor lleva implícita la esperanza de ser Uno con el Otro y, en este sentido, siempre será narcisista. Lacan (2007b, pg. 14) afirma en el Seminario 20: «El amor es impotente (…) porque ignora que no es más que el deseo de ser Uno, lo cual nos conduce a la imposibilidad de establecer la relación de (…) dos sexos.» Lacan (2007b, pg. 59) afirmará que «Lo que suple la relación sexual es precisamente el amor». El amor a uno mismo, el amor narcisista es uno de los máximos obstáculos para el deseo, pero difícilmente podamos pensar en actos de amor ligados al deseo donde no intervenga de ningún modo el narcisismo (justamente, para Freud el narcisismo es un estado “normal” de la libido, no neurótico). Hacer referencia al deseo nos conduce directamente al Otro, nos saca del círculo del uno-mismo. En Introducción al narcisismo Freud planteaba que una parte de la libido no pasaba a los objetos y permanecía en el yo. Esta es la dimensión real del amor: la libido que toma como objeto al cuerpo propio; si a esta vertiente real de la libido se le agrega la identificación, se constituye el Yo. En la esquizofrenia, por ejemplo, falta de deseo y fragilidad del Yo van de la mano. Por eso, la constitución del Yo parece necesaria para toda relación de deseo: en términos freudianos, no podría haber pasaje de la libido a otros objetos si no hubiera una libido que permaneciera en el Yo, así como no podríamos idealizar y desidealizar esos objetos si previamente no nos hubiéramos identificado con algún ideal. Se podría pensar la libido y el ideal freudiano desde la noción de fantasma en Lacan, donde hay un objeto de goce y una escena simbólica donde éste puede satisfacerse. Para Lacan el fantasma sostiene nuestro deseo, pero vemos en la clínica que los fantasmas casi siempre son un obstáculo para el deseo. Algo similar podríamos decir del amor: su constitución narcisista lo mantiene vivo, pero si no hay pasajes por objetos del mundo exterior que implican una confrontación con el ideal y la estabilidad del Yo, la libido que sostiene al amor se atrofiará. Una pregunta que nos hacen en muchos momentos los analizantes es: ¿me conviene o

no tal relación amorosa? Ante esto, debemos diferenciar el amor de todos los síntomas que ligan a un sujeto con su partenaire sexual. Esta cuestión clínica es fundamental porque muchas veces los pacientes hablan del amor para referirse a sus condiciones de deseo y de goce, o a sus síntomas. El amor a veces está en función de un síntoma. Freud (2000, pg. 82) dice: «Un fuerte egoísmo preserva de enfermar, pero al final uno tiene que empezar a amar para no caer enfermo, y por fuerza enfermará si a consecuencia de una frustración no puede amar.» Es fundamental leer la posición freudiana sobre el amor como un problema económico. La dirección de la cura para Freud era que la asociación libre levantase la represión para dejar una energía disponible para amar y trabajar, no en un sentido moral e ideológico, sino económico. Pensar esta orientación freudiana desde una perspectiva imaginaria vuelve su planteo inofensivo y oxidado para pensar la clínica. El problema del amor sigue siendo económico: ¿cómo orientar el goce hacia el amor? El amor no es sólo narcisista, también es lo que permite al sujeto una relación con el deseo del Otro y una vía para la satisfacción pulsional.

El amor, para Freud y Lacan, parece sobre determinado; es decir, un efecto de fijaciones libidinales, construcciones fantasmáticas y ansias de satisfacción narcisistas. Muchos son los vasallajes del amor, por eso la cuestión es cómo articularlo en una dirección de la cura y no resignarse a su faz resistencial. El acto amoroso se aproxima al deseo. Sólo en este sentido es una irrupción, un conjuro entre los 3 registros que así como irrumpe se diluye. No permanece en ninguna definición porque cuando estamos 9


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terminando la frase donde creíamos capturarlo quizás ya no está. El amor puede nacer como una satisfacción narcisista pero siempre termina revelando una falta; Lacan (2007a, pg. 109) dice: «Cuando, en el amor, pido una mirada, es algo intrínsecamente insatisfactorio, y siempre falla porque – Nunca me miras desde donde yo te veo. A la inversa, lo que miro nunca es lo que quiero ver» En el Seminario 8, Lacan nos deja el guiño donde acontece el amor. El banquete de Platón es el relato de una celebración donde se reunieron algunos hombres para discutir lo que era el amor a través de varios discursos. Los personajes nos dan diferentes versiones sobre su consistencia, pero el amor no estaba en los discursos solemnes, sino en un arrebato. Alcibíades interrumpe la reunión, entre hipos y eructos de alcohol, con una declaración amorosa para Sócrates, donde elogia su belleza al mismo tiempo que indica la atracción irresistible que ejerce sobre él. Lacan (2003, pg. 178) afirma que «El elogio del otro sustituye, no al elogio del amor, sino al amor mismo.» El amor acontece en ese eructo con el que Alcibíades interrumpe esos vacuos discursos del amor, en esa embriaguez partida por ese objeto que falta. En el amor transcurre la «Verdad del vino», como llama Lacan a la aparición de Alcibíades; hay impudor, escándalo. No sólo es ridículo por las pasiones que arrastra, sino por esa verdad subjetiva imposible de conmover. El amor exige un acto, por más obstáculos que le impongan nuestros fantasmas y nuestros síntomas. Nunca será un acto puro, porque no hay pureza en donde podamos determinar nuestro deseo, siempre errático. Sin embargo, es nece10

sario ese acto. Después pasa, como todo, y los amantes vuelven a sentirse un poco extraños, un poco solos y hasta defraudados. Cualquier tendencia a la armonía queda saqueada por el amor maldito. Maldito, maldicho, queda el amor; un acto entre el equívoco simbólico y el ridículo imaginario. Por suerte, también tiene la potencia para disfrazar el goce: la famosa libido de objeto que se enlaza a Otro y luego se suelta, conjugando ideal, deseo y goce hasta un vértigo insospechado. Sobre el autor: Esteban Espejo tiene 32 años y es Lic. en Psicología (UBA). Se desempeña como psicoanalista en Hospitales de salud mental de la Ciudad de Buenos Aires. Coordina un taller de escritura ensayística y es docente de la Universidad Nacional General Sarmiento. Además de formarse en psicoanálisis, realiza estudios en literatura y filosofía en la UBA. Bibliografía: Deleuze, G. (2002) Nietzsche y la filosofía. Madrid: Editora Nacional Freud, S. (2000) Obras completas Tomo XIV. Buenos Aires: Amorrortu Lacan, J. (2003) El Seminario, Libro 8: La transferencia. Buenos Aires: Paidós Lacan, J. (2007a) El Seminario, Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós Lacan, J. (2007b) El Seminario, Libro 20: Aun. Buenos Aires: Paidós Referencias de imágenes: Bruegel P. (ca.1563) The Tower of Babel [Pintura] recuperado de: https://en.wikipedia.org/wiki/The_Tower_of_Babel_(Bruegel) [Imagen de ángel flechado] Recuperado de: http://tecnologia21. com/1739/san-valentin-estafas-spam Escher, M.C. (1956) Bond of Union [Litografía] Recuperado de: http:// ncartmuseum.org/exhibitions/dual/escher_and_da_vinci Kokoschka, O. (1914) La novia del viento [Pintura] Recuperado de: http://marthadicroce.blogspot.mx/2014/02/harte-con-hache.html

El Psicoanálisis y el amor Por Walter Brunstein

«E

l amor implica establecer un lazo con el otro que aloje la singularidad del ser amado. Se trata de escoger a uno entre muchos y es por eso que no puede ser sostenido solo por ideales estéticos. Está siempre más cerca de la falla que de la


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perfección. Ahí donde uno y el otro vacilan, en ese agujero, es posible que se realice algún tipo de enlace».  Amar no es ser completado por el otro o completarlo, esa es una ilusión que irremediablemente se deshace, no solo porque el otro no puede colmarnos, sino porque la completitud es la gran mentira que nos rodea constantemente, es la  meta a la cual nos sentimos constantemente impulsados a alcanzar. De allí la gran proliferación de religiones, doctrinas y libros que nos prometen llegar a un estado de plenitud, sea esto aquietar la mente o alcanzar la voluntad divina. Tal vez el secreto está en dejar de aspirar a ser perfecto, y entonces, en la imperfección, el mundo se convierte el algo más vivible, y el amor, en algo más posible.  El amor es un tema que nos toca siempre de cerca, nos convoca, es motivo de opinión, despierta pasiones; están los amores felices, los desdichados, los desdichados en la felicidad y los felices aún en la desdicha, y podemos hacer un largo recorrido de historias que van desde lo romántico hasta lo trágico y muchas veces nos preguntamos: ¿Cómo es posible que algunas parejas permanezcan unidas a pesar de llevarse muy mal, y cómo otras que parecen perfectas, «tal para cual», terminan abruptamente sin aparente sentido? 

La elección de un objeto de amor es un asunto intrigante y complejo, y la proliferación de modelos de belleza y perfección, de ideales estéticos o de partners exitosos, siempre se opone al lazo amoroso. La pregunta es: ¿Cómo elegir

«uno» entre tantos? ¿Cómo enamorarse de otro y no de uno mismo? ¿Siempre elegimos según el modelo de amor de nuestros padres o se puede elegir de otra manera, o sea: ¿estamos destinados a elegir a alguien similar a nuestros progenitores o se puede inventar un nuevo amor, distinto a aquel en el que fuimos parte en nuestra infancia?  ¿Qué es el amor en definitiva? ¿Debería ser una sensación constante de placer y bienestar?  Vamos a tratar de entender algo de esto. Según Freud, la manera en la que cada uno ha sido querido, el lugar que ha ocupado en el seno familiar (o sea, en el juego tripartito que se establece en la relación madre-padre-hijo), más la relación con los objetos que lo han satisfecho en la infancia, todo esto, establece una matriz de relaciones que dará cuenta de sus elecciones amorosas en la vida adulta posterior, tanto del lugar que ocupará en la pareja, como de los objetos que le darán satisfacción, y esta matriz amorosa, se repetirá a la manera de un cliché con cada nuevo objeto que aparezca. El niño intenta ocupar un lugar en la relación con sus padres. Simplificando mucho la cuestión podría decirse que: El varón querrá tener para sí a su madre y con su padre tendrá una relación ambivalente, pues es su rival en su lucha por la madre, pero también su modelo, pues es el «dueño» de la madre. La mujercita, querrá ser el amor de su padre y rivalizará con la madre, razón por la cual es tan común que las relaciones madre-hija sean bastante complejas, y también las relaciones padre-hijo.  Luego, la infancia es de algún modo, la historia de un gran amor, amor que no terminó de muy buena manera, ya que, en los casos medianamente normales (o sea, si el padre ocupa el lugar que debe ocupar un hombre y la madre, además de madre ocupa el lugar que debe tener una mujer, a saber: ser cada uno el objeto de deseo de su pareja), este gran amor termina con la derrota del pequeño o la pequeña. Luego, todo este gran amor es reprimido, aproximadamente alrededor de los cinco o seis años, razón por la cual, recordamos muy poco de esa época, y estamos preparados para entrar en la escuela, en búsqueda 11


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de otros logros, que tienen más que ver con lo social. Resumiendo: ese lugar en la trama edípica, en el triángulo Padre-Madre-Hijo, será un lugar que intentaremos repetir de distintas maneras, ocupando distintos roles, no solo el del hijo, sino también el del padre o de la madre. Parece confuso, pero... si, es confuso, y encima, uno no recuerda nada de esto y se embarca en una relación tras otra, repitiendo las mismas problemáticas del pasado, solo que... sin sospecharlo. Para el psicoanálisis actual, al menos el que me convoca, uno no está destinado a repetir siempre la historia trágica vivida con nuestros progenitores, sino que la experiencia analítica se trata de un proceso en el que uno debe poder captar, obviamente con la ayuda de alguien que esté a la altura de las circunstancias, cuál es la posición que se repite, y poder separar de entre toda la madeja que lo envuelve qué es lo que le pertenece y qué parte influye sin saberlo, para así poder decidir si quiere seguir en donde está, pero ya con una decisión subjetiva, lo que implica dejar de quejarse de ello, (o quejarse con gusto!) o... tratar de inventar una nueva forma de relacionarse con los otros, que no esté determinada por el inconsciente, pues es allí donde está inscripta aquella vieja historia.  Es por eso que para dar cuenta de este inconsciente, el analista toma las fallas del discurso, los fallidos lapsus, como también los sueños, donde de forma desfigurada aparecen retazos de lo que fue el tiempo anterior a la represión. O sea que el analista no trabaja con lo consciente, con lo evidente, sino con lo que aparece sorprendiendo al individuo, eso que le parece ajeno, eso que descartaría como un error sin pensarlo siquiera, ese es el material privilegiado que puede decirnos algo del pasado. Obviamente un analista toma más que eso, pues también están los relatos del paciente, sus odios y amores, sus broncas y fantasías, y la relación con el analista, donde repite también su pasado.   La idea entonces es: pasar del destino a la creación del amor, y esto, no implica que desaparezcan las viejas formas de elegir, sino en estar advertidos que algo nos empuja hacia un lugar extraño, incómodo pero reiterado, y que no es 12

posible erradicarlo como a un parásito, sino, y aquí está el secreto, se trata de saber hacer con lo que nos tocó, que cuando aparece algo de este orden, unos pensamientos molestos en un buen momento, o angustia en algunas situaciones que no está de acuerdo a lo que está pasando, como por ejemplo, sentirse angustiado en un buen momento de la relación, o inclusive, ante una mejora en nuestro trabajo, saber que las viejas elecciones, los viejos roles están aún allí, pero que uno puede decidir no seguirlos, porque sabe que son viejos conocidos, que en un momento de la infancia tuvieron su razón de ser, pero ya no.  Este es un trabajo de elaboración constante, hasta que uno puede en un momento casi burlarse de uno mismo y de algunos pensamientos que no dejan de aparecer cada tanto, como negándose a desaparecer. Esa es la historia personal, que lejos de extirparse, hay que tratar de llevar con dignidad, manteniéndola en su sitio, estando advertidos que en cualquier ocasión propicia estará presta a tomar la iniciativa, si se lo permitimos. Con respecto a la pregunta acerca de si el amor debería ser una sensación de plenitud constante, o sea, una sensación que no cesa, la respuesta nos lleva a otra ilusión, que está del lado del ideal de ser completado por el otro. Digamos que las elecciones que hacemos, lo que nos atrae del otro es algo, en realidad, un poco inexplicable, y no por falta de palabras, sino porque las palabras no pueden dar cuenta de ese rasgo del otro que nos conmueve de diferentes maneras. Ese rasgo siempre está más cerca de la


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debilidad que de la fortaleza. Frente a un otro fuerte y completo, ¿Qué lugar queda para uno? ¿Dónde puede uno ubicarse?

Frente a un otro «humano», y por ende imperfecto, hay un espacio a intentar llenar, por más que esto no se consiga nunca completa y constantemente. Digamos que es algo que aparece por momentos, que hay situaciones donde eso que nos conmueve del otro se hace presente, y esa es la constante: que ese algo invisible que aparece cada tanto, es siempre posible de ser reencontrado. Esto no solo se da en el amor por una pareja, sino también en el supuesto amor que se debería sentir por una vocación. No buscar el mito en donde la «vocación» debería conmovernos tanto que dejemos de dormir por seguirla, y si esto no ocurre, no es nuestra verdadera vocación.   Otro concepto inflado, que solo pocas veces se da con esa intensidad, y en general, esta certeza está más del lado de la locura que de la cordura. «La seguridad es propia de los locos, la duda... del resto». Muchas veces he preguntado lo siguiente: ¿Qué es lo contrario de la duda? La respuesta casi general es: La certeza. Error, lo contrario de la duda (que paraliza) es la acción, es hacer aún en la duda, es lo único que le pone un freno. La certeza es una  búsqueda, una ilusión que paraliza toda acción. Tal vez, en definitiva, el amor sea solo una cuestión de fe, pero no de fe religiosa, que está en la dirección de la sensación permanente, sino de confianza en que algo especial del otro nos conmueve. Y ese algo particular, singular, es algo que aparece por momentos, pulsando; es

de alguna manera constante en el otro, solo que no fenomenológicamente, o sea, no se expresa todo el tiempo a nuestros ojos. Es por eso que la pregunta por el amor es tan difícil de responder y tal vez el concepto del amor esté un poco inflado, sobrevaluado, merced a la cantidad de literatura, películas, novelas y  canciones que nos muestran una faceta del amor que tiene mas que ver con la pasión y el romanticismo que con el amor. Ni que hablar de la sexualidad, que muchas veces está tan superpuesto con el amor que muchos creen que representa un muy alto porcentaje del mismo.   El asunto es, a pesar que es sobre el amor de lo que más se ha escrito y se escribirá, nada de eso puede venir en nuestra ayuda para explicarnos de qué se trata, y ninguna literatura nos proporcionará una manera adecuada de relacionarnos con el otro; por el contrario, nos confundiremos en los modelos surgidos de las experiencias y fantasías ajenas. El psicoanálisis propone una manera distinta de conectarnos con el otro, de «inventar nuestra manera», pero este camino no es en principio sencillo, se trata de cuestionar aquellas respuestas que nos surgen como automáticas y de volver a realizar la pregunta, pero esta vez... responder por nosotros mismos. Solo así podremos pasar del destino a la creación, y créanme... es mucho más interesante. Sobre el autor: El Licenciado Walter Brunstein es egresado de la Universidad de Bs As (UBA), tiene un post grado en psicoanalisis en el ICdeBA, instituto clinico de Bs As, perteneciente e la escuela de la orientacion lacaniana (EOL). Tambien tiene dos post grados en Psicología del alto rendimiento deportivo en la UBA. Trabajo en centros de salud mental de la ciudad de Bs As y en el ambito privado brinda terapia en forma presencial, on line a traves de Skype o en forma de chat. Su pagina web es: www.licwalterbrunstein.com.ar Bibliografía: Nietzsche, F. (2009) Así habló Zaratustra. Madrid: Gredos González, M. (2006) Filosofía y dolor. Madrid: Tecnos Referencias de imágenes: Gerome, J.L. (1889) Love Conquers All [Pintura] Recuperado de: http://www.oceansbridge.com/oil-paintings/product/44267/ loveconquersall1889 Dominique, J.A. (ca. 1805) Oedipus [Pintura] Recuperado de: https:// en.wikipedia.org/wiki/Oedipus_complex Stone, S. (2011). In love [Pintura] Recuperado de: http:// fineartamerica.com/featured/1-in-love-marcus-stone.html

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Editoriales: Escorzos narcisistas en el amor

Escorzos narcisistas en el amor.  Notas Freudianas. Por Mario Orozco Guzmán

El egoísmo intrínseco del amor

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l presente texto hace ruta de un pensamiento donde el amor es hilo conductor en sus variaciones y secuencias temáticas. Es el pensamiento de Freud que hace del amor cuestión de praxis clínica y reiterado discernimiento  conceptual. Haremos un recorrido puntualizando la acentuación crítica del lugar del amor en esas variaciones discursivas, que a su vez sitúan su tensa e intensa relación con el narcisismo, la sexualidad, la identificación y la cultura. Este recorrido tiene un breve preámbulo biográfico para ilustrar un método en acción, el cual consiste en dar cuenta de una palabra que parece asediar un discurso, en este caso, el egoísmo, que no deja de inscribirse en el amor. La experiencia de su noviazgo con Martha permitía al joven Sigmund (Freud, 1983) vislumbrar el tejido indudablemente egocéntrico con el cual se confecciona el traje del amor. La insistencia repetitiva de esta relación

entre amor y egoísmo aparece en varias misivas: Carta del 19 de junio de 1882: «Así soy yo de egoísta cuando me estoy enamorando» (p. 30). Carta del 17 de agosto de 1882: «Si esto puede considerarse egoísmo, hay que pensar que el amor, después de todo, sólo puede ser así» (p. 43). Carta del 19 de marzo de 1884: «no sólo los pacientes son egoístas, sino también los enamorados» (p. 88). El egoísmo es brújula en el discurso del joven Sigmund para orientar su definición del amor y particularmente del amor hacia su «dulce mujercita, su preciosa amada», su «adorada y amada princesita», su «dulce niña» y su «querida Marty». Desde luego que sabiendo que este componente egoísta está involucrado en el amor que le profesa a Martha, no puede sino dudar en que no es tan flexible, aunque esté muy seguro de que no hay otro más “profundo” (Freud, 1983). Lo inflexible de su amor delata con sus premisas egoístas su aspecto tiránico, aspecto que Freud mismo advierte cuando afirma que tiene «una predisposición al despotismo» (1984 pg. 41), el cual se trasluce en sus exigencias para que su «querida Marty» rompiera relaciones amistosas con Fritz Wahle. Ulteriormente, como lo indica Jones (1989), la rivalidad celosa pasará de Fritz a la madre y al hermano de Martha, Eli. Ante un encuentro promisorio en Viena, Freud muestra sus signos de despotismo:   Sólo faltan quince días, y procura que no pase uno más, pues de lo contrario mi egoísmo se rebelará contra tu madre y Eli-Fritz, y haré tal escándalo que todo el mundo se enterará. Que quede claro que cuando regreses volverás a mí, aunque tus sentimientos familiares se rebelen contra esta idea. De ahora en adelante no eres sino huésped de tu familia, al igual que una joya que hubiese empeñado y que recobraré en cuanto tenga el dinero para ello. Pues ¿acaso no ha sido establecido ya desde tiempos muy remotos que la mujer dejará a su padre y a su madre y seguirá al hombre amado? (Freud. 1983, p. 40).   El egoísmo amoroso del joven Sigmund define quien debe ser y en qué condición se

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encuentra su «pequeña y dulce novia», una prenda de gran valor empeñada por él y en la cual  había empeñado todo su ser con la aspiración de sustraerla del dominio familiar y tenerla enteramente para sí: «Por momentos parecería que su objetivo fuera más bien la fusión que la unión» (Jones, 1989, p. 120). Sin embargo ¿quién podría diferenciar netamente estos objetivos cuando está en juego no sólo una pasión tan intensa, mezclada con resentimiento, como lo sugiere Jones al referirse a esa primera fase del noviazgo, sino también un amor profundo, en lo que supuestamente desembocó posteriormente?    

El enlace transferencial del amor o el enlace amoroso de la transferencia.

Freud (2006a) le da sitio al amor como un factor de resistencia en la cura catártica. En las vicisitudes fundantes de una técnica, el amor dirigido al médico se presenta para obturar el paso a la palabra, que se aproxima por distintos caminos al episodio dramático del trauma. El amor aparece haciendo un «enlace falso» (2006a, pg. 306), una conexión equívoca o equivocada entre la paciente y el médico. Allí donde está por advenir una rememoración decisiva, una evocación de un pasaje crucial en la historia del sujeto, se cruza la demanda imperiosa de amor destinada al médico. El amor se opone a la liberación de los síntomas o aparece como un síntoma que se cruza y dificulta el tratamiento en su vía de

acceso a la verdad. La paciente histérica está hilando sus remembranzas y actualiza un deseo, un deseo que no se atreve a decir pero que adquiere forma de demanda amorosa: «el deseo que acariciara muchos años atrás, y enseguida remitiera a lo inconsciente, de que el hombre con quien estaba conversando en ese momento se aprovechara osadamente y le estampara un beso. Pues bien, cierta vez, al término de una sesión, afloró en la enferma ese deseo en relación con mi persona; ello le causo espanto» (2006a, pg. 307).   Este amor que espanta es el de la transferencia, está enlazado falsamente o pone en una situación falsa, pero a la vez es tan auténtica la experiencia que aterra o la autenticidad se revela mediante ese espanto. El beso que se acaricia, la caricia de ese beso estamparía un amor derivado de un deseo prohibido, de un deseo que fluye en el saber pero se detiene ante la posibilidad de decirse, en el umbral mismo de su  franca revelación.  El amor participa de la cura, de una cura hecha de conversación. El amor es llamado a participar de esta conversación. Cuando aparece espanta y rehúsa la conversación. Su presencia es discordante. Freud considerará esta presencia de «espejismo» (2006a, pg. 307) del amor en su alcance e impacto de encuentro-apertura. Algo de esto se entrevé en la película de Alfred Hitchock, llamada Spellbound (1945), en esa escena de matices oníricos donde la analista, la Dra. Constance Petersen, y el Dr. Anthony Edwardes, protagonizan el encuentro fulgurante del amor. Es el encuentro amoroso que hace apertura del inconsciente; es el amor que en lo sorprendente de su hallazgo hace que las puertas que podrían enmarcar la escena y el encuentro se abran una después de otra y de modo vertiginoso y deslumbrante. Si Fernanda, ese personaje de  Cien años de Soledad, pensaba que «las puertas se habían inventado para cerrarlas» (García Márquez, 2004, p. 332), este film podría ser la propuesta de que el amor fue inventado para abrirlas. Esa apertura del amor y del inconsciente se sella y estampa en 15


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esa escena con un beso. El amor así estampado y sellado mediante ese beso parece que abre todo lo que esta clausurado; abre todas las puertas, incluso las de un recinto tan cerrado como el de un hospital psiquiátrico. El amor es allí un encuentro entre «la mujer que sabe demasiado», (Zizek, 2013, p. 93), la analista representada por Ingrid Bergman y el hombre, el supuesto nuevo director de la clínica protagonizado por Gregory Peck, que realmente nada sabe de sí, pero que permitirá su "liberación emocional", la liberación del deseo en ella. Mientras el deseo se libera en ella, en él se liberan sus recuerdos, su memoria y su núcleo traumático.  El amor parece vencer todos los obstáculos. Espejismo encantador. El amor mismo se llega a constituir como obstáculo en la clínica incipiente del inconsciente. Pero brinda una ilusión. Una ilusión omnipotente, o la ilusión de la omnipotencia. En ese sentido Freud (2006e) vislumbra puntualmente que el amor de transferencia es tan auténtico y veraz como cualquier otro amor pues con él «la impresión que uno tiene es que de él se podría obtenerlo todo.» (pg. 171) El amor como factor para conseguir todo o para conseguir el Todo, la Plenitud, la Perfección, es algo que se desliza como una revelación fascinante, hechura del orden narcisista de la subjetividad. Hace creer que aunque el otro no me quiera bastará mi amor para hacer, en un portento mágico, que me quiera. Parece que sólo el amor de uno es suficiente cuando es apuesta y pretensión infatigable de Unidad. Es decir, con que uno de los dos quiera, ame en una entrega absoluta, basta y sobra para que el lazo amoroso prospere. Es el espejismo de la reciprocidad, de los sentimientos vertidos en la reciprocidad: «El amor ciertamente hace señas, y es siempre recíproco» (Lacan, 1981b, pg. 12). De este modo se escamotea la alteridad que descentra al yo. El tratamiento analítico asume que no puede conseguir (se) todo ni es TodoPoderoso. El amor parece que sí, sobre todo el amor por el analista, que no responde a los requerimientos amorosos por más vehementes que se manifiesten. Y es que estamos ante un amor osado, atrevido, que invita a que el ana16

lista le de algo más que palabras, algo más que vacío, algo más que falta. Invita a una petición de amor absoluto, de amor como emanación de alguien que posee las llaves del saber que abre todas las puertas. El amor transferencial es tan obstinado como el que más. Es la obstinación, la reiteración, de que el amor lo podría curar y aliviar todo. Así como abre todas las puertas, podría cerrar todas las heridas y hacer olvidar todas las miserias. El poderío divino del amor se conocía como el de una majestad suprema que, al igual que la de la muerte, no hace distinciones: «Amor es rey que iguala con justa ley la seda con el sayal» (Tirso de Molina, 1999, p. 53). 

Los confines sexuales del amor. Coyunturas y desventuras


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Este amor que ofrece la ilusión de conseguir todo no puede disimular fácilmente su costado sombrío. Puede conseguir todo: lo bueno y lo malo, el bien y el mal, lo feliz y lo desgraciado. Puede aportar la luz y la oscuridad. Eso lo sitúa como patrimonio simbólico, pero también en la estructura afectiva de la ambivalencia. Combinación de opuestos donde se tensan los hilos del tejido de lo simbólico. No obstante, Freud (2006b) reconoce esta «omnipotencia del amor» (pg. 147), en tanto configuración narcisista que permite que los desvíos de la sexualidad, las aberraciones sexuales, se emprendan y se obtengan en su ansía de placer. Por el amor se toleran las demandas aberrantes del otro, del amante y/o del ser amado. El amor es tan ingente en su poder que coadyuva para que se levanten o soslayen los diques anímicos de la vergüenza, el asco y el dolor. Lo que podría asquear, avergonzar, hacer doler, resulta incluso tolerado porque se lleva a cabo auspiciado por el poder pleno del amor. El amor que se destina al amante o al amado lo inscribe en una condición de sobrestimación psíquica tal que lo que diga resulta incuestionable: «La credulidad del amor pasa a ser así una fuente importante, sino la forma originaria, de la autoridad» (2006b, pg. 137). La sobreestimación no admite límites en el escenario erótico. La voz de amo sobrepuja cualquier restricción. Spinoza (1984, pg. 180) afirmaba: «La Excesiva estimación consiste en hacer de alguno por Amor más caro de lo que justo.» La excesiva estimación promueve injusticias en nombre del amor. Nos pone tan crédulos el amor destinado al otro encarecido y sobreestimado, que nos convertimos en sus súbditos, en vasallos obedientes de su palabra-ley. Nos hace sucumbir a una «ceguera lógica» (Freud 2006b, pg. 147) pues sólo vemos lo que el amo quiere que veamos, sólo quiere que lo veamos a él. Se pasa del amor como autoridad al amor como ejercicio de autoritarismo.  La represión consecuente con la prohibición del incesto fractura el amor en el caso de los varones. Su aspecto tierno no integra la sensualidad y ésta no admite la ternura. Se ama lo que no entra en la vertiente del deseo y se

desea lo que esta distante del amor. Fractura del amor y segmentación femenina. Mujeres para el deseo, que movilizan el deseo ahuyentando la ternura. Mujeres que quedan ubicadas  bajo la rúbrica  cruenta de la prostituta. Tenemos de este modo mujeres para el anhelo tierno, para el amor puro y depurado, pero que no implican ni movilizan el aliento sensual. En su célebre novela Ana Karenina, Tolstoi (2012) plasma esta escisión femenina que procura enaltecer a una mujer, a la mujer amada, en este pasaje Kitty para Levin, aislándola del resto de las mujeres:  

Esteban Arcadievitch  sonrió. Conocía muy bien los sentimientos de Levin, y sabía que, para él, todas las jóvenes del universo se dividían en dos categorías: en una, todas las jóvenes existentes con todas las debilidades humanas, jóvenes ordinarias; la otra categoría, compuesta por ella únicamente, sin la menor imperfección, y por encima de la humanidad entera (p. 50).   17


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El narcisismo cobra sitio y empuje mediante la idealización, la elevación de una mujer, la mujer amada,  muy por arriba no sólo de las demás mujeres, sino de toda la humanidad. Kitty representa para Levin una perfección sobrehumana, una mujer carente de cualquier signo de debilidad, una mujer en última instancia divina; una mujer no apta para el deseo.  Pero la perspectiva se puede desarrollar dialécticamente siguiendo los planteamientos freudianos. Para hacer deseable a la mujer de la vertiente amorosa e ideal de la ternura la apuesta consiste en degradarla, mancharla, corromperla. En el caso de las mujeres de la vertiente sensual, asequibles al deseo, el compromiso radica en enaltecerlas, elevarlas al plano excelso de la ternura. Es la apuesta del rescate y la purificación.   División correlativa o reciproca, entonces, de bandos masculinos. Los que apuntan a la corrupción de las mujeres, a su desvarío, a su desviación. Los que pretenden su salvación. Reproducen los esquemas genealógicos de una mujer que acarrea la perdición: Eva. Y otra que invoca redención: María. El primer ensayo de los tres que Freud plasma en su Psicología de la Vida Amorosa, versa sobre las condiciones de elección de objeto amoroso en los hombres.  Exigencias que se imponen, que subordinan el amor a una mujer «sobre quien otro hombre pueda pretender derechos de propiedad en su condición de marido, prometido o amigo» (Freud, 1910, p. 160). Es un amor que posee algo sumamente veleidoso, es un  amor donde existe el costado trágico pero gozoso de un  «tercero  perjudicado»,  es  una pasión ferviente que incluye en su apuesta desafiante el daño sobre el supuesto o presunto poseedor. El cual es dejado en falta. En este caso una mujer es instrumento, instrumento de amor, para castrar a otro. Como ocurre en el relato de Borges (1979) denominado El muerto: Benjamín Otálora parece no ver la hora de poseer a la mujer de su jefe y patrón, Azevedo Bandeira.  Del cual no soporta autoridad ni mando. No es la única posesión de su jefe que codicia para sí: «la mujer, el apero y el colorado son atributos o adjetivos de un hombre que él aspira a destruir» (p. 18

50). Mujer y caballo coinciden en un rasgo que destaca el relato: su color colorado. Mujer y caballo portan el color «resplandeciente» del «deseo rencoroso» (p. 50).  Parece que quiere despojar a su patrón de estos atributos de poder, de la mujer de cabello colorado y del caballo colorado, que son el apero de su poder intimidante.  La siguiente condición que Freud desliza en su abordaje de psicología erótica supone un traslado desde el escenario del amor por las mujeres difíciles o en situación comprometedora y difícil al escenario del  «amor por mujeres fáciles»  (1910,  pg. 160).  El amor por las mujeres difíciles es una situación enredada de celos, de amor codicioso donde «la imagen del rival…aunque se afirma como odio, es decir como negativo, y aunque se origina en el objeto supuesto del amor, se muestra de todas maneras como cultivado por el sujeto de manera absolutamente gratuita y costosa; a menudo, incluso, domina hasta tal punto al sentimiento amoroso que induce a interpretarlo como interés esencial y positivo de la pasión. Ese interés confunde en sí mismo la identificación y el amor» (Lacan, 2003, pg. 48). La tensa rivalidad con el tercero perjudicado o a perjudicar arroja el amor a una experiencia pasional. Se interesa el sujeto en ese otro, se identifica con ese otro, que dificulta pero que a la vez "calienta", es decir intensifica la experiencia del amor. En el caso del amor por las mujeres fáciles, se diría que no es fácil amarles puesto que están a disposición de otros, de terceros beneficiarios de su cuerpo y su sexo. Entonces,


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el sujeto de manera más costosa que gratuita se propone redimir a estas mujeres que tienen sus costos en el mercado de la prostitución. La premisa consiste en que el sujeto requiere una mujer a quien salvar. Como si estuviera en juego su propia redención. Ambas condiciones plasman fantasmas edípicos. En el caso del  tercero afectado, éste resulta ser una especie de figura del padre (Azevedo Bandeira para Benjamín Otálora) que ostenta posesión  orgullosa  sobre la madre. Figura  identificatoria  y objeto de amor en pugna con el odio. El sujeto, en este trance pasional, tiene que pelearle la mujer a alguien. En el caso del amor por las mujeres fáciles no se trata sino de pelearse con los presuntos dueños y patrones de esta mujer en situación de «liviandad» (Freud 2006c, pg. 163). Como sortilegio  de amor  un  hombre le encuentra lo santa y lo pura a esta puta, a esta mujer que ha caído en lo más bajo y nefando según los juicios de una moral convencional, de una moral que conviene a la ideología burguesa. Un hombre va al rescate y delata las  premisas  edípicas en juego. En la medida en que salvar a una mujer es una manera de zanjar una deuda con la mujer-madre que al traerlo al mundo le ha concedido la vida. Una salvación por otra: «La madre ha regalado la vida a su hijo, y no es fácil sustituir por algo de igual valor este singular regalo.  Con un leve cambio de significado –como es más fácil de lograr en lo inconsciente, un cambio equiparable a la confluencia cons-

ciente de un concepto en otro- , "rescatar a la madre" cobra el significado de obsequiarle o hacerle un hijo, desde luego un hijo como uno mismo es (Freud, 1910, pg. 166).»  Intercambio donde al rescatar a esta mujer, sacándola de un estado denigrante, de impureza, el sujeto mismo se exalta pues deviene su propio padre dándole un hijo a su madre. Intercambio gozoso pues cumple los dos deseos que sostienen el paradigma de la transgresión: eliminar al padre y ocupar su sitio copulando con la madre y haciéndole un hijo que resulta ser su igual. El sujeto se produce y reproduce a sí mismo poseyendo-redimiendo a una mujer que reedita la figura materna. El sujeto cultiva este fantasma de gestarse a sí mismo desterrando la deuda con los padres. En esta gestación y auto-gestación, el empeño amoroso del sujeto posee un sentido narcisista, una encumbrada idealización. El sujeto se encuentra absolutamente convencido que su amor conseguirá la redención. Por eso es que se dice en la novela En busca de Klingsor, de Jorge Volpi (2003), que el amor, al ser bastante poderío para conseguir la redención, se constituye como «el mayor de todos los absolutos» (2003, pg. 353).    Otra maniobra teñida de goce es la que consiste en la degradación del objeto amoroso. Ya hemos apuntado un boceto de la misma. En el segundo ensayo de su abordaje del amor Freud retoma esta separación de corrientes afectivas que había planteado desde sus Tres Ensayos para una Teoría Sexual en 1905. La separación entre la ternura y la sensualidad, saldo de la experiencia edípica en la medida en que la madre queda pérdida para el deseo en tanto objeto sexual; entonces se apuesta por recuperarla para el deseo convirtiendo a una mujer en principio respetable en una perdida, en una mujer a quien se le pierde el respeto y con la que sea posible hacer a un lado los diques anímicos y poner en acto los fantasmas perversos: «casi siempre el hombre se siente limitado en su quehacer sexual, y sólo desarrolla su potencia plena cuando esta frente a un objeto sexual degradado, lo que de nuevo tiene por 19


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fundamento, entre otros, la circunstancia de que en sus metas sexuales entran componentes perversos que no osa satisfacer en la mujer respetada» (Freud, 1912, pg. 179). Los límites, las resistencias de esos diques anímicos, en este caso se superan, no por el amor al otro, sino porque la persona amada, respetada, venerada, es sometida a este ejercicio viril de rebajamiento. Freud insiste en que las mujeres apelan e invocan un amor que se muestre en acto, en acto de potencia sexual. Cuando no ocurre responden a ese desamor que se declara en la impotencia con su propia impotencia: la frigidez. Relación especular, identificatoria, hombre-mujer allí donde el deseo claudica.  Por eso los hombres llevan sus ansías de denigración a otro lugar, a otras mujeres que no le cuestionen ni juzguen y con las cuales sea factible la subversión de toda resistencia anímica. El amor se mantiene inmaculado en la ternura del compromiso conyugal o del noviazgo a costa de llevar la sensualidad fuera del hogar, fuera del compromiso de la fidelidad sacramentada, hacia los recintos propios de la degradación. Esta tensa separación entre ternura y sensualidad determinó en los hombres una forma de acomodo y regulación de  sus relaciones con las mujeres: «Para los hombres, las tensiones entre amor romántico y amour passion se disolvieron, separando el confort del entorno doméstico de la sexualidad de la querida o de la prostituta» (Giddens, 2000,  pg. 49). El deseo sensual prospera y se despliega fuera de condiciones de confort, en el riesgo del engaño y la extralimitación. Hizo tomar presencia la figura de la Otra mujer, con la cual es posible permitirse las aventuras del goce.   Eso hace a Freud (2006d) sugerir que el amor, como derivación de pulsión sexual, o bien como la «espiritualización de la sensualidad» diría Nietzsche (2000, pg. 574), debe transitar hacia sus metas siempre implicando límites. El amor supone desafío, apuesta de subversión:   Es fácil comprobar que el valor psíquico de la necesidad de amor se hunde tan pronto se le vuelve holgado satisfacerse. Hace falta un obstáculo para pulsionar a la libido hacia lo alto, y 20

donde las resistencias naturales a la satisfacción no bastaron, los hombres de todos los tiempos interpusieron unas resistencias convencionales al goce del amor. Esto es válido tanto para los individuos como para los pueblos. En épocas en que la satisfacción amorosa no tropezaba con ninguna dificultad, por ejemplo durante la decadencia de la cultura antigua, el amor perdió todo valor, la vida se volvió vacía e hicieron falta intensas formaciones reactivas para restablecer los valores afectivos indispensables (Freud 2006d, pg. 181).   

De este planteamiento se entresacan las siguientes ideas. El amor es un valor. Pero también requiere valor, osadía. Para que se sostenga como valor y con valor exige que su demanda no sea fácil de cumplir. Su demanda pide dificultad, obstáculo, resistencia, oposición. Las mejores historias de amor suponen en su trama esta oposición y formación reactiva, exigen obstáculo y resistencia,  al pulsionar vivo y activo del amor. La valoración de la vida, la plenitud o el vacío de la vida, dependen del valor del amor, dependen de en qué medida se valora el amor. Pues el amor es una necesidad, no de orden natural o biológico, sino psíquica. Y no se puede desenvolver en absoluta libertad aunque parezca ser un absoluto y absolutista. Donde se le facilita su satisfacción, donde se ponen


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hombres o mujeres fáciles, pierde su carácter de valor y osadía. A partir de la osada pasión amorosa en Tristán e Isolda se entiende que el obstáculo es sumamente encomiable para que el amor, como derivación o retoño de la pulsión sexual, se envalentone en su pretensión de subversión, obteniendo una ganancia gozosa en su superación: «El obstáculo más grave es, pues, el que se prefiere por encima de todo. Es el más apropiado para engrandecer la pasión» (De Rougemont, 1997, pg.45).  El tercer ensayo sobre su Psicología de la Vida Amorosa lleva a Freud (2006f) por el sendero de la relación entre amor y la venganza. Ya había señalado cómo las mujeres se identifican con los hombres en esta declinación de la potencia sexual, aunque para ellas implique un consecuente declive del empuje amoroso. La virginidad representa «un bien al que el hombre no debe renunciar» (2006f, pg. 201). Es decir, es un bien que puede condicionar en los hombres su amor por las mujeres. Pero también su pulsionar sexual en la búsqueda, como algo muy propio de explotación capitalista,  de despojo. En tanto lo concibe como su bien, su propio bien irrenunciable, parece poseer la virginidad un estatuto fálico donde el amor se resguarda. La desfloración reedita un fantasma de castración y de pérdida de poder. Puede pensarse de este modo que una mujer sometida a la desfloración ya no resultará ni amable ni apetecible. Más bien aparece inexorablemente devaluada. Perdido este bien a manos de un hombre, una mujer se siente irremisiblemente abandonada en el mal o malamente abandonada. Un hombre ha reiterado el gesto castrante, como «la imagen del padre terrorífico» (Lacan, 1999, pg. 171), con el cual se inscribió una niña en el universo de la falta y de la estructura deseante del Edipo. Por eso la ruptura amorosa en algunas mujeres eventualmente se emprendería con mayor dificultad pues lo que se retiene, lo que una mujer retiene de ese hombre y para ese hombre es una pasión que no se confiesa ni admite fácilmente: la venganza. Aunque ya no amen al marido, novio, o  amante, no lo pueden soltar ni dejar ir porque lo re-quiere su anhelo de desquite.

Es un anhelo pasional que enreda el amor con una vehemencia identificatoria en relación  a aquel que les quito su valía, su preciado bien, su amor de sí prendido de su virginidad. Se llega a enunciar esa pasión vengativa de este modo: «que sienta lo que siento». Clamor de reciprocidad ya no en el amor sino en la sensación virulenta de despojo. Dice Spinoza (1984, pg. 184-185): «la Venganza es un Deseo que nos excita a hacer daño por un Odio reciproco, al que, afectado del mismo sentimiento en contra nuestra, nos ha causado perjuicio.» El amor ya se ha ido, el ser amado ya se ha ido, pero no este deseo vengativo en una mujer. La cual quiere conservar, no quiere dejar ir a este ser amado, sólo para saciar este deseo, para perjudicarlocastrarlo del mismo modo que fue perjudicadacastrada. Se trata de retener al ser amado para colmar este odio en la reciprocidad del daño. Así se suscita, con la saciedad de la sed vengativa, al colmarla, una calma de goce narcisista. 

La castración se despliega para una mujer en los confines del amor. De hecho estos confines, como son los de la falta, terminan por ser femeninos. La niña no sufriría la incidencia de una amenaza de castración como los varones para renunciar a su vinculación incestuosa. En la niña se presenta la aceptación de la castración en lugar del miedo. Pero Freud (1924, pg. 186) no deja de señalar que existen, sin embargo, coerciones externas, que entran en juego para la dinámica propia del complejo de Edipo: «la amenaza con la pérdida de ser amado.» Al niño se le despojaría del miembro fálico mientras a la niña se le despojaría de la condición de ser 21


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amada. Aunque también se le despojaría del ser que ella ama. No hay angustia de castración pero si angustia por privación de amor. Es el fondo posiblemente oscuro de la forma muy particular de Edipo en las niñas. Si para el niño el narcisismo que corre peligro se deposita en el falo, en las mujeres parece situarse en el amor. En ese amor que ella destina a su padre en procura de la reparación del daño narcisista. Sólo el padre  podría reparar el daño pues la madre con todo y su amor más que obturar la falta la confirma y desnuda. Pero para la niña ese amor parece requerir pruebas ostensibles, prendas garante. Como vendría a serlo presuntamente el hijo, el cual destaca, adquiere el relieve fálico de prenda de amor para una mujer. Prueba del amor que el padre  ha sentido por ella. Por eso Freud (1914, pg. 86) señala que el hijo representa para lo que denomina mujeres narcisistas «un camino que lleva al pleno amor de objeto.» El hijo encarnaría la plenitud del amor, encarnaría el sueño e ilusión de que nada falta. Podemos evocar esta idea del carácter mágico, ilusorio, fálico, del amor que concede el enorme poder de permitir conseguir todo. 

Otras componendas narcisistas del amor  El amor  indudablemente  posee una estructura y composición narcisista. Es cierto que hay un camino específicamente narcisista de elección de objeto de amor, pero también la elección de objeto por vía de apuntalamiento, anaclítica, tiene pigmentaciones narcisistas. Se elige al objeto amoroso en función del hombre protector y/o de la mujer nutricia. En última instancia son atributos que tienen alcance y relieve narcisista, porque el otro con su amor alimenta el ego, nutre la posición de ser amado. De igual modo el otro que protege, que cuida y brinda seguridad, ofrece satisfacción narcisista. El modelo anaclítico lo que propone también es que no hay amor del narcisismo que finalmente no se construya y constituya desde el Otro, desde los padres, guarida original de la seguridad y la omnipotencia, que alimentan y protegen con su ser y con su amor. Porque no se puede dar sustento ni protección, más que dando lo 22

que ya han perdido estos padres que pretenden dar todo a sus hijos. Freud (2006e) también podría convenir en que el amor consiste en dar lo que no se tiene, como lo asevera Lacan en varios lugares. En el caso de los padres, esa pérdida se configura desde esa renuncia al narcisismo, a la «exigencia de prerrogativas» (2006e, pg. 88), desde su resignación, para que su hijo posea todo eso que ellos ya han perdido: las investiduras de un ideal de perfección, grandeza e inmortalidad.  Es la idealización que recubre  en lo sucesivo cualquier objeto amoroso. Ideal que se impone y que dificulta o entorpece el duelo ¿Pues cómo resignarse a perder a alguien que está revestido de esos poderes narcisistas privilegiados? ¿Cómo permitir que se vaya, cómo es posible dejar ir, a alguien dotado de estos atributos fascinantes propios de His Majesty the Baby?   Desde luego la elección de objeto de amor por la vía narcisista parece imponerse como modelo y parece imponer un modelo para el goce en el amor. Porque se ama a otro y se ama en ese otro algo del propio yo. En ese amor el yo se desdobla y reencuentra. Por eso Humberto Galimberti (2011) hablaría de una especie de predominio del amor narcisista en nuestra sociedad dominada por una tecnología que ha cultivado un imperio de la imagen de sí. Sociedad dominada por la intolerancia a la alteridad que no responde ni corresponde a un reflejo imaginario de sí mismo:   Los hombres y las mujeres buscan en el tú su propio yo, y en la relación amorosa no tanto la relación con el otro sino la posibilidad de realizar su propio yo profundo, que no encuentra más para expresarse en nuestra sociedad organizada técnicamente, donde la identidad de cada uno


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se declina según su funcionalidad en relación con el sistema del cual se desprende (2011, pg. 12). De este modo toda relación de amor pasa a ser una especie de exploración, extensión y aventura narcisista.  El amor parece entrar en un orden de realización personal que debería eximirse de los riesgos de la verdadera alteridad, de los riesgos respecto a  que el otro me altere y vulnere con su singularidad ajena a los regodeos imaginarios de mi egocentrismo.  El amor narcisista revoca la diferencia y convoca la pasión por la semejanza. Aunque, es indispensable advertirlo, en ese apasionamiento algo puede salir de su encuadre imaginario, algo puede surgir súbitamente diferente, desgarradoramente distinto. Puede irrumpir un rasgo alterado de lo semejante: «Durante el encuentro descubro a cada instante en el otro un otro yo» (Barthes, 2009, pg. 109). Me descubro distinto, diferente, de lo que soy estando con ese otro y también descubro que ese otro es muy diferente de lo que es y era; muy distinto de lo que era y soy yo. Allí posee un papel lo simbólico que mediante la palabra posibilita no sólo, como Lacan (1981, pg. 351) lo destaca siguiendo a Hegel, «la identidad en la diferencia», sino sobre todo la diferencia en la identidad. Esto anticipa lo que será la reflexión final acerca de un amor no-todo narcisista.   El individualismo, de nuestra sociedad organizada para la eficacia y la funcionalidad tecnológica, insta a que se busque al otro pero solo como mero expediente para «la realización de sí» (Galimberti, 2011, pg. 12). Contrasta con el supuesto primer amor moderno, según Le Goff, ejemplificado por Abelardo y Eloísa:   Amor loco, que ha hecho a Eloísa rechazar el matrimonio pretextando que habría impedido la

carrera intelectual de Abelardo. En el siglo XIX, el romanticismo ha reunido a los dos amantes en una misma tumba en el cementerio de PereLachaise (Le Goff, 2012, pg. 153).   Supuesto primer amor moderno que al tiempo que resulta loco hace intervenir una razón, la razón que impone los intereses del otro y por el otro a los de una  plácidamente  narcisista vida conyugal. Sin embargo, De Rougemont (1997) subraya que ya en el siglo XII, siglo de Abelardo y Eloísa,  se observa un repudio al matrimonio que, en tanto sacramento y conveniencia social, impone «una fidelidad insoportable al hombre natural» (1997, pg. 75).  También entre Eloísa y Abelardo se da un primer y exultante caso de «romance de amor-pasión de nuestra historia» (1997, pg. 115), de amor loco del cual se hace participar a un Dios benigno pero de ley terrible. Empero es un  amor loco que se hace escritura, se sublima,  a través de poemas y cartas. Amor loco que se hace logos,  razón de suplicas y lamentos. Es un amor que  también podría adscribirse a  la razón sacrificial de ese  fantasma oblativo, fantasma del  ordenamiento obsesivo de «Todo para el otro» (Lacan, 2004,  pg. 235). Todo el amor, toda una pasión extática, toda la libertad principalmente, para ese maestro del diálogo, la reflexión ética y la enseñanza.  

Disyuntiva de amor.  Unidad o quebranto      Psicología de las masas y análisis del Yo representa en el pensamiento freudiano una fulgurante conceptualización del amor en oposición y relación dialéctica con la identificación, pero también en las analogías que se indican con los fenómenos del hipnotismo, la formación de masas y la cura analítica. El amor atiende a la posesión del otro y la identificación al ser modelado por el otro. Pero uno se metamorfosea en el otro. Sobre todo después de la separación del objeto amoroso existe la tendencia a integrarlo e incorporarlo al yo para no perderlo. El objeto se ha perdido pero el amor lo mantiene presente asimilándolo a la organización imaginaria del 23


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yo. Freud (2006g) insiste en que no se reduce la cuestión a un enfoque económico donde el yo se empobrece en el enamoramiento. El yo cede y concede investiduras narcisistas al otro, al ser amado, en el amor que le consagra. Pero se enriquece introyectando al objeto perdido. La identificación salva ilusoriamente la pérdida. Pero importa más bien destacar que ambas vinculaciones afectivas, la identificación y el enamoramiento, acusan dos posiciones subjetivas radicales que conviene matizar: «fascinación y servidumbre enamorada» (2006g, pg. 107). Freud no lo contempla claramente así, pero fascinación y servidumbre enamorada suponen el establecimiento y la operación de ideales. En la dimensión identificatoria encontramos un ideal que se admira, un ideal deslumbrante dotado de un poder hipnótico, un ideal fascinante que captura: El flechazo es una hipnosis: soy fascinado por una imagen: primero sacudido electrizado, mudado trastornado, ‘torpedeado’…A continuación engañado, apabullado, inmovilizado, con la nariz pegada a la imagen (al espejo). En ese momento en que la imagen del otro viene por primera vez a raptarme…» (Barthes, 2009, p. 206) La servidumbre enamorada supone que el otro se localiza en un plano ideal de enorme dominio y poder. En el plano del ideal del yo que gobierna con su vigilancia, su represión y sus principios de realidad. Como el dirigente de la masa, así me sostienen dos ataduras, sujetando y envolviendo mí yo, haciéndolo creerse rico en su pobreza y pobre en su riqueza: fascinado ante un modelo-ideal del yo, modelo subyugante,  pero igualmente reducido a siervo, por la sujeción amorosa, sometido como esclavo de otro, que se constituye en amo de mi amor y en dueño de mí.  Freud (2006g) clarifica, lo reiteramos, la modalidad distinta de enlace afectivo. El enamoramiento tiene que ver con posesión del objeto, con tenerlo. Mientras que la identificación apunta a ser igual a otro, copiarlo, ocupar su sitio, “comprenderlo” no sin sufrirlo bajo el fantasma de sustituirle y, entonces, pretender hacerlo a un 24

lado. Primero va la posición subjetiva del ser, de ser como el padre omnipotente: «querría crecer y ser como él, hacer sus veces en todos los terrenos. Digamos, simplemente: toma al padre como su ideal» (2006g, pg. 99). El niño quiere ser como el padre también en el terreno de la madre. Y eso complica todo, eso complejiza sus primeros lazos afectivos. Eso instala el Complejo de Edipo. No obstante, el padre es un ideal de posesión de aquello que también más se quiere: la madre. El padre tiene en posesión lo que la criatura más apetece y anhela poseer. El parece regir la presencia-ausencia materna. Amor e identificación se presentan en principio indiferenciables respecto a este padre. Y el odio les acompaña articulando o ajustando su relación. Pero esta indiferenciación amor-identificación también podría presentarse ante la madre, situada también en un ideal primordial de omnipotencia, modelando idealmente una pasión que resulta ser mortífera, la cual aparece ventilada en la álgida cuestión que le arroja la joven mujer al hombre en la novela de Marguerite Duras (2014), La maladie de la mort:   Las ganas de estar al borde de matar a un amante, de consérvalo para usted, sólo para usted, de tomarlo, de robarlo contra todas las leyes, contra todos los imperios de la moral, ¿no las conoce usted,  nunca las ha conocido? (2014, pg. 45).   Posesión absoluta del ser del otro sobrepujando todas las leyes, hasta llegar en su radicalidad a tomar para sí,  absolutamente, la vida y el ser del amante. Proeza de un amor que en su estadio inicial es también la de abatir toda distancia respecto al ser diferenciado del otro. Es decir, afán amoroso (odioso) por devorarlo. Los estadios de la libido son paralelamente de amor…y de identificación. También de odio. Sobre todo los de la modalidad oral-canibalística y sádico-anal. Estadio oral del amor posesivo y la identificación aprehensiva.  Este estadio del amor caníbal y la identificación vampiro posee un sentido sanguinariamente posesivo y posesivamente sanguinario. Estadio anal de la retención y el control del ser amado reducido e identificado a excremento. Para expulsarlo,


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rechazarlo, en el momento que veleidosamente convenga a los intereses narcisistas del goce corporal.  Estadio de la manipulación sádica en los escarceos con la mierda y del alarde cantado por José Alfredo Jiménez en su melodía La media Vuelta: «Te vas porque yo quiero que te vayas/a la hora que yo quiera te detengo/yo sé que mi cariño te hace falta/porque quieras o no yo soy tu dueño». Presunción de amo en el amor oral que consume y devora al otro. Presunción de amo que hace depender de su soberana voluntad la presencia o ausencia del ser amado. Por otra parte, ya sea la servidumbre amorosa combinada con fascinación o ya sea  la fascinación que somete a la servidumbre amorosa, finalmente resulta que no habría ley que se interponga en esas ganas por complacer al amo que se localiza en el cenit de la idealización.  Por amor a ese otro fascinante y poseedor del sujeto, por este amor servil se puede llegar a ser vil.  En nombre de este amor todo parece legitimarse y el sujeto se muestra dispuesto a todo. Incluso a matar si el amo lo pide. Freud (2006g) subraya el hecho de que el amor puede disolver la conciencia moral, hacernos ciegos a los límites de la ley, pues el amo, dueño de mi amor, figura ideal hipnótica y de imposición de servidumbre, es mi ley o me la dicta imperativamente. Puede hacernos, como lo exigen algunos dioses, matar en su nombre o para alimentar y enaltecer su poder. 

El Malestar en la cultura es un texto que de manera ejemplar ilustra un pasaje fundamental del amor en el discurso de Freud, presentado como uno de los métodos, de los cuales Freud, hace antología, para conseguir ser feliz y ahuyentar el sufrimiento. Pero tiene un costado flaco:   Nunca estamos menos protegidos contra las cuitas que cuando amamos; nunca más desdichados y desvalidos que cuando hemos perdido al objeto amado o a su amor. Pero la técnica de vida fundada en el valor de felicidad del amor no se agota con esto (Freud 2006h, pg. 82).   Cuando amamos estamos expuestos, estamos vulnerables, porque el amor que impulsaría no tanto «el Ser-uno con el Todo» (2006h, pg. 73), como lo reclama el báculo narcisista del pensamiento oceánico del campo religioso, sino el ser-Uno con el Otro, parece apostar Todo su ser en este vínculo. Ya estamos desvalidos desde que amamos en la medida en que esa unidad anhelada con el Otro es portentosa pero ilusoria, perfecta pero virtual, mágica pero evanescente. Sin embargo se le procura ya desde la relación de la criatura con su imagen especular. Procuración incansable de la que siempre encontramos ecos agónicos. Es lo que le declara Wronsky a Anna Karenina:   ¿No sabe usted que usted es mi vida? Pero no conozco la tranquilidad y no puedo dar lo que no tengo. Darme completamente, darle mi corazón, sí. No puedo separarla a usted de mí por el pensamiento. A mis ojos usted y yo no formamos más que uno. No veo en perspectiva más que la desgracia, la desesperación o la felicidad, ¡y qué felicidad! ¿Será de verás imposible? –murmuró entre labios sin atreverse a pronunciar las palabras, pero ella le oyó» (Tolstoi 2012, pg. 128).   Perspectiva desgraciada, desesperada y feliz precisamente la de formar unidad con el ser amado. Perspectiva deseable que parece indecible. Perspectiva del amor que hace posible lo imposible: dar lo que no se tiene. La unidad que se consigue vía el amor, sin embargo, con todo lo que resulta ser «el gozo sin mancha y sin 25


Editoriales: Escorzos narcisistas en el amor

mezcla, la perfección de los sueños, el término de todas las promesas» (Barthes 2009, pg. 245), produce figuras míticas como la del andrógino,  cancelando la falta pero anulando las diferencias, en su conformación ominosa: «El andrógino, figura de esta ‘antigua unidad de la que el deseo y la persecución constituyen lo que llamamos el amor’, no me es figurable; o al menos logro un cuerpo monstruoso, grotesco, improbable» (2009, pg. 246). También los sueños del amor, no sólo los de la razón, parafraseando el título de una famosa pintura de Goya, producen monstruos en su perspectiva gozosa de unidad inmaculada y perfecta. En su perspectiva finalmente narcisista. Y los producen en tanto cancelan, a través de esa conquista de la unidad perfecta y gozosa, la falta. Esa cancelación es la de aquello fundamental, medular,  en la experiencia del amor y del sujeto que lo padece, pues Lacan (2004, pg. 138) se refiere al «cuño de la función de la falta como constitutiva de la relación de amor».  El empeño en la unidad como cometido amoroso es persistente, indoblegable. Es un caso evidente donde la aspiración unitaria del amor acarrea miedo:   No comprendía lo que me estaba ocurriendo. La deseaba, quería tocarla, sumergirme en su olor, probar sus labios, fundirme con ella hasta convertirnos en un único ser y, al mismo tiempo, tenía miedo de ella, sentía algo parecido al odio. Suryavati, dándose cuenta de que temblaba, se ha apartado (Le Clézio, 2008, pg. 213).   Se tenía miedo de ella, de la fusión que sumergiría en una unidad indiferenciada. Ese miedo hace temblar. Aunque también infunde una dosis de goce a ese anhelo de fusión que ponía al joven Sigmund, de acuerdo a Jones, enloquecido en su pasión por Martha.  Es un amor que se confunde con un odio en la medida en que conduce al sujeto a «su pérdida, su desviación, su delirio, su negación total, su subversión» (Lacan, 1981a, pg. 403). Amor y odio en esta aspiración fusional del amor se mezclan y hacen que el sujeto se repliegue de manera inconmensurable en el ser del otro. Por eso es que 26

las mujeres, según lo señala Freud (2006h) en El Malestar en la Cultura, entran en discordia con una cultura que les exige disolver el lazo fusional con los hijos «y el amor se contrapone a los intereses de la cultura» (2006h, pg. 100).  Entonces, las mujeres, que en principio, ponen las piedras angulares de la cultura, abogando por los intereses de la familia y por su preservación, terminan por pretender retener vorazmente a su hijo «como carne de su carne» (2006h, pg. 99). De este modo se impone un modelo de amor de «canibalismo sentimental» (Galimberti, 2011, pg. 142), que es tan narcisista como pausa y pauta para el abatimiento del deseo: «El análisis demuestra que el amor en su esencia es narcisista, y denuncia que la sustancia pretendidamente objetal –puro camelo- es de hecho lo que en le deseo es resto, es decir, su causa, y el sostén de su insatisfacción, y hasta de su imposibilidad. El amor es impotente, aunque sea recíproco, porque ignora que no es más que el deseo de ser Uno, lo cual nos conduce a la imposibilidad de establecer la relación de ellos. ¿La relación de ellos, quiénes? –dos sexos» (Lacan 1981b, pg. 14). Es decir, el amor tiene una esencia narcisista que se resquebraja, o que es resquebrajada por el deseo. Pues no es omnipotente como lo indicaría su fondo narcisista. En su presunta aspiración tensa a la unidad lo que consigue, en su ilusoria satisfacción, es una experiencia de lo siniestro, de lo monstruoso. No todo es narcisista en el amor, no todo narcisismo es de amor. El amor en el surco narcisista de su consecución de unidad con el ser amado resulta temible y terrible. Resulta odioso, resulta o dios o idolatría.  No todo amor se asimila al yo del egoísmo tiránico, de los ideales de perfección y grandeza. El amor es el narcisismo y su caída. Su omnipotencia y su descreimiento. Como lo enseña este fragmento novelístico:   Ella le preguntó por esos días si era verdad, como decían las canciones, que el amor lo podía todo. "Es verdad", le contestó él, "pero harás bien en no creerlo" (García Márquez, 2010,  pg. 69).   Hay siempre margen para ese amor que rompe espejos y espejismos, fascinaciones y


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servidumbres. Hay siempre margen para un amor que se desenvuelve más allá del yo y las relaciones imaginarias-narcisistas. Hay siempre un hueco para un amor que estaría como el inconsciente, hecho de equívocos y fallas, producto de sueños y tropiezos, germinando en lo inédito, de sorpresa en sorpresa. Hay siempre chance para un amor que no sería especular ni estaría para especular con el otro que no ofrece posibilidades de unidad ni fusión. Sin embargo, si algo parece no cambiar con el paso del tiempo es el amor en su idealización narcisista. Eloísa en el siglo XII llega a afirmar que en su tortura pasional tuvo a Abelardo por su Dios. En las penurias del amor frustrado, de la decepción y la aflicción abismal, más de un sujeto en análisis llega a reconocer cuánto de divinidad le llegó a conferir y consagrar a su objeto amoroso. Sobre el autor: Mario Orozco es Psicoanalista. Doctor en Psicología por la Facultad de Psicología Clínica de Valencia, España dentro del programa: Personalidad, Enfoques Clínicos y Sociales. Maestro en Psicología Clínica egresado de la Universidad Autónoma de Querétaro, UAQ y Licenciado en Psicología con especialización en el Área Clínica por la misma universidad. Se desempeña como Profesor-Investigador de la Facultad de Psicología de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, siendo director de la misma Facultad. Bibliografía: Barthes, R. (2009) Fragmentos de un discurso amoroso. México: Siglo XXI.  Borges, J. L. (1979) El muerto. En Poesía y prosa. México: Promexa.  De Molina, T. (1999) El burlador de Sevilla. Barcelona: Folio  De Rougemont, D. (1997) El amor y occidente. Barcelona: Kairós.  Duras, M. (2014) La maladie de la mort. Paris: Minuit.  Freud, S, (1983) Cartas de amor. México: La nave de los locos.  Freud, S. (1984) Epistolario 1873/1939. Barcelona: Plaza & Janes.   Freud, S. (2006a) Estudios sobre la histeria. Obras completas, V. II. Buenos Aires: Amorrortu. 

XIV. Buenos Aires: Amorrortu.   Freud, S. (2006f) El tabú de la virginidad (Contribuciones a la psicología del amor, III). Obras completas, V. XI. Buenos Aires: Amorrortu.  Freud, S. (2006g) Psicología de las Masas y análisis del Yo. Obras Completas, V. XVIII. Buenos Aires: Amorrortu.  Freud, S. (2006h) El malestar en la cultura. Obras completas, V. XXI. Bueos Aires: Amorrortu.  Galimberti, U. (2011) Qu’est-ce que l’amour? Paris: Payot.  García Márquez, G. (2004) Cien años de soledad. México: Diana.  García Márquez, G. (2010) Del amor y otros demonios. México: Diana.  Giddens, A. (2000) La transformación de la intimidad. Sexualidad, amor y erotismo en las sociedades modernas. Madrid: Catedra.    Jones, E. (1989) Vida y obra de Sigmund Freud. Tomo 1. Buenos Aires: Hormé-Paidós.  Lacan, J. (2003) La familia. Buenos Aires: Argonauta.  Lacan, J. (1981a) Los escritos técnicos de Freud. Barcelona: Paidós.  Lacan, J. (1981b) Aun. Buenos Aires: Paidós.  Lacan, J. (1999) Las formaciones del inconsciente. Buenos Aires: Paidós.  Lacan, J. (2004) La transferencia. Buenos Aires: Paidós.  Le Clezio, J.M.G. (2008) La cuarentena. Barcelona: Tusquets.   Le Goff, J. (2012) Hommes et femmes du Moyen Age. Paris: Flammarion.  Nietzsche, F. (2000) El ocaso de los ídolos. En Obras selectas. Madrid: Edimat.  Spinoza, B. (1984) Ética. España: Sarpe.  Tolstoi, L. (2012) Ana Karenina. Madrid: Edimat.  Volpi, J. (2003) En busca de Klingsor. México: Seix Barral  Zizek, S, (2013)  Los sínthomas hitchcockianos. En Zizek, S. (comp.) Todo lo que usted siempre quiso saber sobre Lacan y nunca se atrevió a preguntarle a Hitchock. Buenos Aires: Manantial. Referencias de imágenes: [Fotografía de Sigmund Freud y su esposa] recuperado de: http://www. flickriver.com/photos/nikosv/sets/72157615077096840/ [Imagen de poster de película Spellbound] Recuperado de: http://the. hitchcock.zone/wiki/Hitchcock_Gallery:_image_4755 [Imagen de portada de libro Ana Karenina]. Recuperado de: http:// www.canalfreak.net/resena-libro/ana-karenina/ Joze, V. (1892). Reine de joie [Pintura]. Recuperado de: http:// nonahyytinen.com/alphonse-mucha-much-more-than-you-think Toulouse-Lautrec, H. (1864) The Englishman at the Moulin Rouge [Pintura]. Recuperado de: http://www.metmuseum.org/toah/worksof-art/67.187.108/ Spiess, A. (1892) Reunion in the Death of Tristan [Pintura]. Recuperado de: http://consentidoscomunes.blogspot.mx/2013/12/ tristan-e-isolda-i-galeria-tristan-e.html

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Freud, S. (2006d) Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa (Contribuciones a la psicología del amor, II). Obras completas, V. XI. Buenos Aires: Amorrortu. 

Vignaud, J. (1819) Abelardo ed Eloisa sorpresi dall'abate Fulberto [Pintura] recuperado de: http://www.ilsussidiario.net/News/L-odoredei-limoni/2010/8/5/LETTURE-Abelardo-ed-Eloisa-quando-lapassione-carnale-cede-il-passo-all-amore-di-Dio/104201/

Freud, S. (2006e) Introducción del Narcisismo. Obras Completas, V.

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Editoriales: ¿Qué, el amor?

¿Qué, el amor?

Por Rodrigo Rafael de Ochoa Salazar

H

ace algunos años me entero de un truco para que un animal, como lo es el perro, te reconozca y se vaya acostumbrando a tu presencia. El truco consiste en darle algo de comida masticada o cubierta de saliva, de esa manera el animal ahora si, como quien dicem probará tus jugos y podrá reconocerte, distinguiéndote…  El amor que podemos distinguir del amor, si culturalmente “tenemos” arraigado que el amor es ciego, desinteresado, el amor tiende a la complementariedad, dándolo todo, sacrificando, ofreciéndose; porque no me dejarán mentir que amar es reanudar esa escena constitutiva en la que ha (como acontecimiento) ocurrido “una separación”, quizá separaciones, si nos ponemos a desmenuzar en todos los niveles posibles la escena.  A propósito de los niveles ¿desde qué plano ideal y para quién, el amante busca en el amado eso que puede posibilitar la falta propia, que pude realizar con el hecho solo de su existencia que la suspensión acontecida, pueda continuarse, reescribirse? No se apresuren a contestarse imaginariamente, ya que desde ahí no contábamos con la astucia de ese otro amado, que con el que si se consigue coincidir devendrá amante, cayendo el estúpido amado en falta  (en este momento corramos a colocar todos nuestros San Antonios de cabeza); aquí ponemos en aprietos a los ciegos y errados, ya que por más que intente hacer como que no ve, ve y distingue en pleno la falta del otro, que no es más que la suya (consciencia por levísimo tiempo), punto ciego como cuando se intenta ver por el retrovisor, en este punto quizá pierda interés: “No era lo que creía, lo que quería y buscaba”; sin embargo, si el amante vuelto amado, consigue quedarse y mantener unida la cabeza con el resto del cuerpo (por decir lo menos), podrá distinguir esa cosa llamada ilusión, siendo amor, vuelta nada, vil mentira que también lo es con todo lo resquebrajante, agrietante que representa su completa imagen.  Hablar y escribir algo del amor, hacer algo él, de él, hoy en día es pretender que toda imagen e

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idea sean ciertas y que éstas llenen todas las cabidas o cavidades, que no haya huecos que representen la más mínima frustración, ya que si así fuese, aún y con la mera sospecha, no puede permitir el momento de encuentro.  ¿Por qué nosotros por medio del amor, amor de transferencia, más amor al fin, no creamos falta?  ¿Debiésemos estar en contra de esta pretendida posición, que aún y cuando no cuento con la estadística, no son pocos los que lo pretenden?  Será que lo único que puede alcanzarse es que esa falta sea reconocida, revelada,  no en el sentido del antifaz mortuorio, sino en el sentido del reconocimiento de lo que siempre ha estado ahí y precede el tiempo; lo alterno.  ¿Qué implica el reconocimiento de la falta, de una o varias?  ¿Falta en qué, en quién, en dónde?  ¿Hasta qué punto el asunto de la falta, puede colocarse en un nivel de lo real, real que no deja de imagenizarse en cuerpo o creer que por medio de un objeto pueda simbolizarse?  ¿Hasta qué punto eso no representa más que una neurosis vieja, añeja, desgastada y pestilente?  ¿No sería mejor, adecuado para nuestro tiempo, así como los estudios sobre la mujer, estudios feministas claro, que lleguemos a decir: “Aquí, hoy, ahora no me falta nada”?  Dónde la mujer dice que no le falta nada, peor y mejor aún ¡Existe, la  mujer existe, más allá de sus genitales! Existen las mujeres con pene y son sujetas a deseo, más allá de la fantasía masculina, machista, misógina, donde a la mujer se le represente y se le crea como a ese goce extenso, inacabado e infinito, en el que por ello se le obliga a limitarse, no por ella sino por otro, que la sacrifica y ella se autoinmola de mala fe.  Vencedores aquellos, esos sujetos que consiguen des-alinearse de los límites del otro y que


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por ello representen como compromiso el cuidado de sí mismos. Ante necedades de continuar con la cuestión:   ¿Qué quiere la mujer?, afirmaciones locuaces a modo de “preguntas y/o afirmaciones” como: ¿Existe la  mujer? No se escucha otra cosa más que la pregunta ¿Qué es el amor? Nos queda claro, sino se los aclaro, que no pasa a ser la entrega eterna, ese chicle masticado pasado de lanza (Ya que bien pudimos haber dado o recibido de jodido para los chicles).  ¿Qué acaso el amor no ocurre (no, no es un chiste) vía  embutido de identificaciones? El amor deviene de reconocernos y distinguirnos en un mismo acto del y en el otro, de lo otro, siempre extraño, extranjero; un alto y aclarando, el amor no viene del complemento, huyamos del complemento, así sea la última media naranja, la última Coca-Cola del desierto; y dije huyamos ya que si así se distingue, se tiende a la fantasía de completud, de simbiosis, fantasías

de poseer al otro y viceversa, para bien amarlo y viceversa, fantasías misóginas, mortuorias, de exceso, y esto es pasión.  Cuando acontece el amor, éste no es exceso, si algo tiene el amor como otra de sus características es que no se deja, ya que nadie hace tratos con el amor, sino con cuerpos, cuerpos sensibles, delimitados, reconocidos como únicos, sin falta, sin complemento.  …con el truco de la saliva puesta en la comida del perro, cuestión instintual, mero agradecimiento, la convivencia, el trato, harán el resto, después como siempre. Sobre el autor: Rodrigo Rafael de Ochoa Salazar es Psicólogo y psicoanalista, activista promotor de derechos humanos, psicólogo de la primera asociación civil en la región citrícola que atiende temas de diversidad sexual. rafaelpsique@hotmail.com Referencias de imágenes: Abrishami, H. (s.f) Love impression [Pintura] Recuperado de: http://www.piersidegallery.com/artists/hessam/hes2003suite-bloveimpression.jpg De Ochoa, R. (s.f) [Fotografía de hombre sosteniendo bandera de la diversidad]

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Artículo

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Temática central:

Spectri amoris Por Silvestre Manuel Hernández

L

Objetivo

a finalidad de este artículo es presentar el devenir del amor a partir de la filosofía, la religión y el misticismo, la literatura y el mundo actual. Tomando como hipótesis que es un sentimiento al cual se le ha querido conceptualizar, aprehender, describir, vivenciar; pero que, de una u otra manera, siempre deja algo por completar o por cumplir, tanto para el que lo vive como para quien busca su «esencia» y explicación.

Supuesto El concepto del amor, desde la posición que se le quiera ver, es una forma de lectura e interpretación del otro y de uno mismo, ya sea que pase por los ámbitos de la razón o por las entrañas de la sensibilidad. También, puede ser una forma de creencia, anhelo y necesidad del ser humano de reconocer en los demás lo que no logra ver dentro de sí. Ante esto, cabe hacerse el paréntesis formal de: ¿vale la pena vivir sin amor? ¿De dónde nace el amor? ¿Puede ser de la tristeza, de alguna carencia, de la alegría, del deseo, de una idealización; del proceso mismo de la vida que nos forja la noción o el impulso del amor, como una forma de apoyo a la realidad de la vida, o como una compensación ante "los males sufridos"? Interrogante factible de ampliarse. Mas, para ser puntuales, propongo cuatro formas de caracterización, donde el aporte de una puede sustentar una parte de otra. Así, en filosofía, funge como la búsqueda de la esencia de un tipo de conocimiento; en literatura, como un tema / problema de enormes posibilidades narrativas; en el misticismo y la religión, como una entrega voluntaria a la gracia divina y al amor de Dios (se ama, en función del amor de Dios desplegado a sus creaturas); y, como síntesis, en la convivencia cotidiana, donde oscila entre un valor, el deseo y lo fugaz.

Lo anterior se puede esquematizar de la siguiente manera: De acuerdo con este esquema, el amor está en el centro de las distintas disciplinas del saber; es el objeto central de la reflexión de cada una de ellas, pero también es el vínculo co-partícipe del trinomio en cuestión, pues, sin ninguna dificultad, se puede pasar de un estrato a otro con el concepto en análisis: lo que cambia es el enfoque, las aristas que enriquecen el sentido de la visión del amor. Al mismo tiempo, la filosofía tiene la finalidad de aprehenderlo conceptualmente; el misticismo anhela llegar a la comunión con el amor, es decir, con la irradiación más plena de lo divino; en la religión, distinta en su estructura y funcionalidad, respecto al misticismo, el amor puede comprenderse como la conjunción de la Palabra, la Comunidad y el ejercicio de las virtudes y bondades del ser humano insufladas por Dios; la literatura, a partir de su corpus textual y discursivo, donde fluyen las escrituras, la polisemia, los tiempos que van y vienen en la enunciación y la lectura, plasma las distintas texturas del amor, de su vivencia, de su padecer, de su espera, hasta de su muerte.1 Y, en la actualidad, se enfrenta uno con una tipología muy especial: 1. El amor a sí mismo – supervivencia, es algo instintivo. 2. Amor familiar – vínculos afectivos. 3. Amor al prójimo – supervivencia humana, hay un carácter moral, una puesta en práctica de los deberes hacia el otro. 4. Amor al otro – realización de un deseo o completud emocional. 5. Amor en sí – o es el abandono a los vaivenes del destino, o es el encuentro con aquello que rebasa lo cotidiano. 6. Amor, en tanto relación sexual – atañe a lo sensual, al deseo carnal. 7. Amor a las cosas – está el apego de por medio. 8. Amor hacia los ideales – la ideología y las convenciones determinan la acción. Amor a la justicia, a la patria, a Dios (el amor a Dios consiste en seguir, voluntariamente, sus 31


Tema central: Spectri amoris

mandatos). Hechos que, en el fondo, denotan una construcción cultural polisémica. Así, muchas veces, por no decir siempre, cuando se discute sobre el amor, los referentes son insuficientes para definirlo, y no porque los términos no alcancen a cubrir su espectro, sino porque nos queda una sensación de que “algo falta” para “estar satisfechos con nuestra experiencia o deseo”. Esto, quizá, porque los discursos sobre el amor tienden hacia la unificación del concepto amor; mientras que él es un hecho privado, único para quien lo vive. También, tal vez por esto el amante y el amado desconocen su potencial de dar y recibir; y ahí, en la espera, perviva el deseo, la aceptación y el reconocimiento del otro.

I. El concepto y la creencia

Se puede decir que el amor siempre ha existido, ya sea como anhelo, realización o vínculo; y que sus expresiones han variado de acuerdo con la evolución del ser humano, desde lo social y familiar, hasta lo cultural y simbólico, pasando por la sensibilidad y la conceptualización personal.2 Así, dos de las referencias primordiales del amor, en Occidente, son: Platón (Eros), el concepto y la idea; la Biblia (el amor judeo–cristiano), la transición de un mundo a otro, gracias a la creencia, a la fe: al amor. a. En Platón, la investigación sobre el amor pretende llegar a la esencia del concepto, a esa parte medular distinta a las descripciones que comúnmente se podrían tener. Objetivo idealizado e hipostasiado en su teoría de las ideas, la cual tiende al fundamento epistemológico de todo saber. Esto, a partir de la experiencia del ser humano, quien no necesariamente busca el conocimiento de las cosas en sí, sino que puede perderse en la contingencia del vivir. En El banquete (Platón, 1985), el ateniense intenta llegar a un fundamento directo de las esencias a través del amor; éste, en tanto método. Para ello, pone a Sócrates como el orador más diestro, quien establece, críticamente, que: 1. El amor es relativo, al ser completamente intencional; 2. Es negativo, al desear lo que no tiene, y si tiene lo que desea, lo hace porque lo

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puede perder; 3. Es mediador, pues al no tener lo que desea ni lo contrario, no es ni bello ni feo, es un intermedio. Los tres aspectos, confluyen en la finalidad, que es el bien. El amor, de la misma manera, engendra belleza, tanto en el cuerpo como en el alma.3 Ahora, hay etapas que conducen a ello: I. Amar un cuerpo bello y engendrar bellas reflexiones. II. Deshacerse de la pasión y reconocer que la belleza nos hermana. III. Amar un alma bella y generar bellas reflexiones. IV. Unir a lo anterior las ciencias y las ocupaciones cuyo fin sea bello. V. Así, lo bello, en cuanto unidad y pureza, se mostrará.


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b. En el cristianismo, el amor es algo extensible al prójimo, es un mandamiento: “Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen”, Mateo, V, 44. O también se puede uno remitir a la parábola del buen Samaritano, Lucas, X, 29 ss., que apela a la solicitud y al amor del cristiano. Esto, bajo la premisa de que Dios responde al amor de los hombres con el amor, en tanto Padre. Asimismo, en El cantar de los cantares, la expresión del hombre y la mujer (esposo – esposa) sobre el amor se escucha como el canto de lo divino; donde el desarrollo psicosexual, la disyunción amor / deseo, y el anhelo y el encuentro de dan, como una forma de pertenencia atemporal en el diálogo y en la posesión (véase Biblia, 1968: 806 – 813).

II. El cáliz religioso y místico

En San Agustín (354–430), figura culminante de la filosofía patrística y del pensamiento

cristiano, su concepción del amor se encuentra en el capítulo I del libro III de las Confesiones. Ahí, él confiesa a Dios su vivencia de un amor terrenal, deshonesto, ante la necesidad de alguien a quien amar. Y, en el capítulo XIII del libro IV, al interrogar por la belleza, se pregunta: «¿Qué es lo que nos atrae y nos aficiona a las cosas que amamos? Pues si en ellas no hubiera gracia y hermosura de ninguna manera nos movería a su amor» (Agustín, 1952: 234). Ya, desde una posición más teológica, amar a Dios es amar al Amor. Esto supone que los individuos aman a sus semejantes, pues el amor fraterno deriva de Dios. Siendo esto una revelación a la conciencia de los hombres. Tal concepción es de cáliz relacional, pues aquí, el amante se une con lo que ama. Por otra parte, el amor, en tanto virtud de las "almas perfectas", se expresa, fundamentalmente, como la inclinación hacia el amor a Dios, el cual implica la entrega total del pensamiento y los actos. Por ello, la trascendencia adviene con el abandono a la caridad, con la comunión con el amor divino, y con el paso a la bienaventuranza que es Dios mismo. Así, en el misticismo, el ego es desplazado por la sencillez, por la alegría que resplandece en el alma, gracias a la unión entre el ser y el amor, cualquiera que sea su representación. En este contexto, se encuentra San Juan de la Cruz (1542–1591), quien establece los grados para ascender al amor y muestra el "camino" por donde el alma del hombre va hacia Dios. El amor, en cuanto deseo de plenitud, hace al alma sufrir en el deseo, padecer en el anhelo, y obrar en busca del Amor, sin importar las afecciones temporales, pues el amor de Dios compensa todo. Y así: «El alma que anda en amor, ni cansa ni se cansa [ya que] el amor no consiste en sentir grandes cosas, sino en tener grande desnudez y padecer por el Amado» (Cruz, 1958: 968 y 970 – 971).

III. El sesgo literario

Obras literarias sobre el amor hay muchas, pero, por razones metodológicas, me remito al estudio titulado Amor y Occidente (Rouge33


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mont, 2001), donde se encuentra una tipología de las variantes, correlaciones o simientes del amor en épocas y contextos determinados, que van de la leyenda al mito, pasando por la pasión, la mística, la literatura, la guerra, el matrimonio, el amor–pasión desde lo histórico, la religión, Eros, Ágape, el amor cortesano, el lenguaje guerrero del amor, la fidelidad y el matrimonio. Instancias que tienen un valor histórico del devenir literario, un enfoque socio–cultural de la literatura y un matiz ensayístico del pensamiento sobre conceptos que han determinado la expresión moral, ética y estética del ser humano en su hacer personal y en su vinculación con los demás, en tanto aspiraciones o expresiones del amor. Como ejemplo idóneo de lo anterior, y del tema del este trabajo, tenemos el texto de Shakespeare (1951), Romeo y Julieta, escrita en 1597, que es la historia de amor cortés donde se devela una conducta amorosa, cuyas raíces están en la Edad Media. La obra representa el carácter isabelino, donde todo caballero y toda dama debe cumplir cierto código: un caballero debía ser, ante todo, un hombre valiente, leal, sincero, y debía ser diestro en la palabra y el combate; una dama, por su parte, necesitaba ser recatada, graciosa, fiel, instruida en música y literatura. El final del drama, como se sabe, le da tinte de tragedia al morir los amantes. Y, en términos generales, se puede leer esta obra como una crítica a los valores sociales y psicológicos de su época, donde a los individuos se les establecían roles comportamentales muy precisos, ante los cuales el amor debía ceñirse.

IV. La voluntad de amar

En la actualidad, pareciera que los individuos deben utilizar de la mejor forma sus habilidades, su persistencia y esfuerzo para lograr vínculos llevaderos y durables con las demás personas, máxime, si lo que se busca es el amor y, una vez encontrado, conservarlo. Pues ahora, las relaciones parecen ser el retrato de la ambivalencia, de la insatisfacción, del contexto de las «conexiones», de las «redes», de la inmediatez virtual, pero del alejamiento

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pleno. En esta ecuación, el yo – tu se establece y termina a voluntad, sin compromiso sentimental o ético de por medio, con un simple click se inicia y concluye una "relación", una "amistad", un "amor." Todo, sin siquiera haber experimentado alguna sensación profunda, algún estremecimiento digno de consideración. El gusto y la aceptación se reducen a presionar una tecla: el compromiso no cabe; el respeto, el ennoblecimiento, el caminar con el otro es complicado, tardado, y el mundo exige movimiento, rapidez, al grado que el enamorarse y vivir el amor se diluya sin darse cuenta que pasó (el «enamorarse» y «desenamorarse» también conlleva la velocidad, de este, de aquel, del otro; de esta, de aquella, de la otra; de los y las que vengan); quizá, por parecerse a la muerte, que sólo se vive una vez. Nos dice Bauman: El amor y la muerte no tienen historia propia. Son acontecimientos del tiempo humano, cada uno de ellos independiente, no conectados […] Y por eso es imposible aprender a amar, tal como no se puede aprender a morir. Cuando llegue el momento, el amor y la muerte caerán sobre nosotros, a pesar de que no tenemos ni un indicio de cuándo llegará ese momento (Bauman, 2006: 17). Y, dentro de las cosas que debe hacer el hombre por sí mismo, está la de amar; aunque, en esencia, el amor sea soledad. Lo cual no implica un rechazo del otro(a), sino una aceptación del otro(a) como un otro en su soledad y en su posibilidad de amar, en su tendencia a la completud con el otro(a). Pues: El amor no es lo contrario de la soledad: es la soledad compartida, habitada, iluminada – y a veces ensombrecida – por la soledad del otro. El amor es soledad, siempre, y no porque toda la soledad sea amorosa, sino porque todo amor es solitario. Nadie puede amar en nuestro lugar, ni en nosotros, ni como si fuera nosotros. Ese desierto, en torno de sí mismo o del objeto amado, es el amor mismo (Comte–Sponville, 2003: 30). Sí, en efecto, hay cosas que dependen de nosotros, como la voluntad, el pensamiento, los


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actos, quizá el amor, pero estos están subordinados a factores que no controlamos. Quizá por eso, el amor, la entrega del amor, puede verse como algo merecido, ya sea para uno mismo o para el otro, pues uno ama en el otro esa parte que se le asemeja o esa parte idealizada que uno busca para sí mismo. Lo que se ama, introspectivamente, es el deseo de ser amados: el ser objetos dignos de amor, el ser reconocidos en tal estado y saberse merecedores de ello. Mientras que amar al prójimo como se ama a uno mismo significa respetar el carácter único de cada quien, pues: «el valor de nuestras diferencias enriquecen el mundo que habitamos y que lo convierten en un lugar más fascinante y placentero, [pues] amplían aún más su cornucopia de promesas» (Bauman, 2006: 109). En el amor, a veces, se espera algo irreal y desconocido, eso que a simple vista no se ve o es sólo una idea trascendente a la realidad. Sin embargo, el amor puede materializarse, estar presente ante uno, o ser la causa del crecimiento humano o el impulso para cumplir un objetivo. Además, el amor tiene un grado axiológico, en

el sentido de que "le da valor" a cosas que en esencia no lo tienen, pero que, en función de lo que significan para el ser humano, "se les ama." Así, el amor deviene valor en la medida que se ama, pues «es el amor lo que da al objeto amado su valor» ( Comte–Sponville, 2003: 66). Todo lo anterior nos lleva a una pregunta fundamental: ¿por qué es tan difícil encontrar el amor y por qué, una vez hallado, la rutina y el paso de los días lo aniquilan? Si en cualquier amor hay dos seres, reales o figurados, que al encontrarse portan una incógnita ante el otro (a), la cual asciende al goce, al destino, a lo sublime, pero también desciende al miedo, a la incertidumbre, al rompimiento. Y sólo deja el cuestionamiento: ¿y el amor… qué del amor?

A manera de conclusión El amor, "aquí o allá", ahora o antes, interroga, inquieta, deja huellas, genera expectativas para cualquier disciplina del saber, para el ser humano en general. ¿Qué buscamos? ¿Qué nos deja? La respuesta es una encrucijada, una vivencia, un anhelo. Lo que sí sabemos es que 35


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quien escucha la queja o el gusto del otro, recrea amores, los potencia o pondera en su mente, en el silencio o en la algarabía interna, los pone ante–sí, de acuerdo con su existencia y perspectivas humanas. Así, en psicología, se desea entender el fenómeno amoroso a través de las analogías y la búsqueda del sentido de lo que está en el interior de las palabras, tal vez para ya no repetir las mismas pautas inconscientes e indeseables, sino para decidir sobre el amor, hasta donde sea posible, de forma responsable y creativa. Por su parte, en el psicoanálisis, el amor se transmutó en terapia para ubicar tal complejidad de sentimientos en los límites del narcisismo y la idealización; para que, tal vez, con la llegada del (a) amado (a), no del sexo, el deseo idealizado y real expirara, pues el otro se vuelve único (a), irremplazable; pues el amor, en tanto eros, es el espacio donde los valores de vivencia se realizan, donde los seres humanos viven con su singularidad y peculiaridad. Precisa Viktor E Frankl: «En el amor, el ser amado es concebido como un ser peculiar y singular en su ser – así – y no – de – otro – modo; es concebido como un tu y acogido como tal por otro yo» (1952, pg. 170). En este contexto, quien es amado, es insustituible para quien lo ama. Sobre el autor: Silvestre Manuel Hernández, Investigador de Ciencias Sociales y Humanidades. Ha sido profesor en el Departamento de Filosofía de la UAM–I; en el Departamento de Humanidades de la UAM–A; y en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de CARVARG. Ha sido ponente y conferencista a nivel nacional e internacional sobre temas de filosofía y teoría literaria. Tiene publicaciones en las áreas de Filosofía, Literatura, Sociología, Teoría Literaria, Psicología y Teoría Política, en revistas especializadas de investigación, nacionales e internacionales (España, Argentina, Venezuela, Puerto Rico). Su creación literaria ha aparecido en Casa del Tiempo, UAM; Tema y Variaciones de Literatura, UAM–A, y en Tlanestli. Amanecer, Veracruz. Actualmente es profesor en la División de Ciencias y Artes para el Diseño de la UAM–X, y en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de CARVARG. Bibliografía: Agustín, S. (1952). Confesiones. Madrid: Aguilar. Bauman, Z. (2006). Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Argentina: Fondo de Cultura Económica.

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Comte–Sponville, A. (2003). El amor. La soledad. Barcelona: Paidós. Cruz, S. J. (1958). Obras. Madrid: Apostolado de la Prensa. Frankl, V.E. (1952). Psicoanálisis y existencialismo. México: Fondo de Cultura Económica. Platón. (1985). El banquete. Madrid: Sarpe. Rougemont, D. (2001). Amor y Occidente. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Sabines, J. (1991). Otro recuento de poemas (1950 – 1991). México: Joaquín Mortiz. Sagrada Biblia. (1968). Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos. Shakespeare, W. (1951). “La tragedia de Romeo y Julieta”, en Obras Completas. Madrid: Aguilar, pp. 261 – 312. Referencias de imágenes: Hill, M. (s.f.) Faces of polyamory. [Fotografía] Recuperado de http:// edition.cnn.com/2013/10/26/living/relationships-polyamory/index. html?hpt=li_c2 Summers. B. (s.f.) All Love is Equal. [Fotografía]. Recuperado de: http://pop-picture.blogspot.com/2014/02/parejas-gays-fotografiaBraden-Summers.html Jan van Eyck (1434) The Arnolfini Portrait. [Pintura] Recuperado de https://www.nationalgallery.org.uk/paintings/jan-van-eyck-thearnolfini-portrait

Los Lazos de Amor: un nuevo paradigma psicoanalítico** Por Dra. Martha Alicia Sánchez Muñoz

«Lo moral es no hacerlo todo bien, o evitar todo tipo de sufrimiento, sino tener la valentía de reconocerlo.»» -Benjamín, 2012

E

Introducción

l aniversario de 25 años de la publicación del Libro Los Lazos de Amor. Psicoanálisis, feminismo y el problema de la dominación en 1988 de Jessica Benjamin, dio lugar a la divulgación de una serie de trabajos en Studies and Gender and Sexuality Journal en 2012 y 2013, reconociéndolo como un tratado versado en el estudio de las relaciones humanas y la reexaminación del cometido psicoanalítico. El libro es una conjunción de psicología, crítica social y ética como contribución en el campo del psicoanálisis.


Tema central: Los Lazos de Amor

En el texto se revigoriza y replantea el paisaje del pensamiento psicoanalítico acerca del género. Su análisis corresponde a la cercana conexión entre lo social y personal, lo cual lo hace extraordinario. Se trata de la aplicación del razonamiento dialéctico en las relaciones de género. Se discuten los binarios: reconocimiento/destrucción, autonomía/dependencia, razón/ natura, sujeto/objeto y masculino/femenino, examinando las polaridades del género que establecen las posiciones del amo y el esclavo (Celenza, 2012). En lo personal, la revisión del texto fue cautivante e impactante, pues desde una visión crítica propone la deconstrucción de la teoría de Freud en relación a la feminidad y la teoría del género clásica así como el vislumbrar los ejes conceptuales de lo que pudiera dar lugar a un nuevo paradigma en psicoanálisis. Es una particular lectura del psicoanálisis, el feminismo, la investigación infantil, y el análisis y los cambios en la práctica analítica. Benjamin ha influido en mover una disciplina fragmentada en múltiples escuelas: teoría clásica de los instintos; psicología del yo y del self; teorías de relaciones de objeto; Freudianos contemporáneos; Kleinianos contemporáneos, neo y post kleinianos; Bionianos; Jungianos y otros, hacia la intersubjetividad como su “nuevo campo común” (Wallerstein, 1990 en Altmeyer, 2013). Este aspecto intersubjetivo refleja la modernización de la psique. El self aislado ha sido reemplazado por la creciente evidencia de que la mente humana esta en relación con otros,

correspondiendo a la cada vez mayor interconexión de la vida global en el siglo 21. Después de la revisión de la serie de publicaciones por motivo del aniversario de esta obra, la intención de este trabajo, más que la realización de la reseña del texto o la revisión de las contribuciones al género, tema que he abordado en otro lugar (Sánchez Muñoz, 2010), tratará sobre algunos de los conceptos básicos en que considero se fundamenta la contribución original al psicoanálisis de Jessica Benjamin, abriendo nuevos horizontes en la teoría y la clínica. Esencialmente me refiero a los conceptos de Reconocimiento y Mutualidad, Intersubjetividad, Terceridad y el análisis Conflictos Interraciales a la luz de este marco conceptual. Dadas las limitaciones de espacio espero hacer justicia en cuanto a la complejidad de tales temas.

1.-Reconocimiento y Mutualidad. En la temprana interacción de madre y bebé ya se pueden identificar los primeros signos del reconocimiento mutuo. Las investigaciones sobre bebés han ampliado su foco al incorporar la interacción madre e infante, la reciprocidad temprana y la influencia mutua. Ello ha revelado la historia temprana del reconocimiento. Tal interacción incluye una mezcla de alteridad y unidad: “tú me perteneces, pero ya no eres parte de mi. El gozo que me da tu existencia debe incluir tanto mi conexión contigo como tu existencia independiente: reconozco que eres real” (Benjamin, 1996, p. 27) El desarrollo del reconocimiento tiene varios momentos: el primero es cuando el infante y cuidador pueden compartir la experiencia similar de afectos. El placer es experimentado cuando ambas partes comparten un afecto positivo como resultado del juego mutuo en donde cada uno reconoce la sonrisa en la cara del otro y se hablan; el segundo momento es cerca de los 10 meses, cuando el infante y cuidador pueden mirar un objeto y disfrutarlo juntos. De manera alternada el cuidador disfruta el disfrute del infante, es decir, el cuidador disfruta al contactar el estado mental del infante. Ambos momentos 37


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se pueden resumir como sigue: «Nosotros estamos sintiendo esto. Yo sé que tu, quien eres otra mente, estás sintiendo este mismo sentimiento como yo». Sin embargo cerca de los 2 años, en el contexto de la separación y diferenciación, el infante se percata que su mente y la del cuidador son independientes y esto precipita una crisis que establece la escena de la mutualidad y la consecuente falla de la negociación es un terreno fértil para la dominación y sumisión. (Benjamin, 1988; Straker, 2012). Benjamín (1988) elabora el análisis de esta crisis desde la filosofía de Hegel (1952 en Benjamin 1988 y 2004) en la «Fenomenología del Espíritu» acerca del problema del reconocimiento. Este autor demostró que el deseo de sí mismo de una independencia absoluta entra en conflicto con la necesidad que tiene de reconocimiento. De ahí que la necesidad de reconocimiento plantea una paradoja fundamental: “en el mismo momento en que llegamos a comprender el significado de «yo mismo», nos vemos forzados a advertir las limitaciones de ese sí mismo” (Benjamin, 2006, p.68). Con una influencia claramente winnicotiana y la revisión de otros autores como Bowlby, Mahler, Kohut y Stern entre otros, ayudaron a la autora a dar una nueva percepción del infante con características de activo y social capaz de responder a otros. De aquí surge la “concepción intersubjetiva” la cual sostiene que el individuo crece en relaciones con otros sujetos y a través de ellas. O todavía más importante, el otro con el que el sí mismo se encuentra es también un sí mismo, un sujeto con derecho propio. Se trata de una reorientación de la concepción del mundo psíquico desde las relaciones de sujeto con su objeto a las relaciones de sujeto con otro sujeto. En una entrevista realizada en 2013, Benjamin respondió que en la elaboración de su marco conceptual descubrió que encajó muy bien con el psicoanálisis relacional. Elaborando los siguientes temas: la subjetividad materna y su relación con la idea de la subjetividad del 38

terapeuta; la idea de interacción entre el bebé y el cuidador y su relación con la comprensión del procedimiento de interacción y la idea de ruptura y reparación y su relación con el proceso de la terapia.

2. Intersubjetividad. Benjamin, (1988, 2004) tomó el concepto de intersubjetividad de la teoría social de Habermas (1970 en Benjamin 1988), quien utilizó la expresión “intersubjetividad de la comprensión mutua” para designar una capacidad individual y un dominio social. El término fue por primera vez llevado de la Teoría de Habermas a la teoría del infante por Trevarthen (1980 en Benjamin, 1988), quién documentó “un período de intersubjetividad primaria, en el que compartir intenciones con otros se convierte en una actividad psicológica efectiva”. Posteriormente, Stern identificó en la infancia el relacionamiento intersubjetivo como un punto crucial del desarrollo de sí mismo, en el que el infante es capaz de compartir las experiencias subjetivas, principalmente de tipo emocional. Dado que la intersubjetividad es tanto una capacidad como una noción teórica, la autora se refiere a la capacidad con la palabra «reconocimiento» a la que ya me ha referido e intersubjetividad para el concepto. A diferencia de la teoría intrapsíquica, la concepción intersubjetiva alude a lo que sucede en el campo del sí mismo y el otro. Lo crucial para la primera es el inconsciente y para la segunda es la representación de sí mismo y el otro como seres distintos pero relacionados. No son modos opuestos sino complementarios de comprender la psique (Benjamin, 1996). Benjamin (2004) entiende la intersubjetividad explicándola en términos de una relación de reconocimiento mutuo en la que cada persona experimenta al otro como un sujeto semejante, otra mente que puede ser cosentida (felt with) aunque resida en un lugar de sensación y percepción distinta y separada.


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Altmeyer (2013) ha destacado que la publicación de Lazos de amor contribuyó a un cambio paradigmático del psicoanálisis contemporáneo al giro llamado relacional o intersubjetivo. Este giro relacional de las ciencias humanas incluyendo el psicoanálisis está basado en el conocimiento más que en creencias. La investigación infantil y la teoría de apego han demostrado empíricamente la naturaleza intersubjetiva del funcionamiento psíquico (Trevarthen 1979, Stern 1985; Domes 2000, 2006, 2012 referidos por Altmeyer 2013). La teoría de una primaria intersubjetividad ha sido apoyada por otras ciencias como la antropología evolucionista, la filosofía social y más recientemente por los avances de la investigación del cerebro y su descubrimiento de un sistema de «neuronas espejo», el cual puede probar ser el equivalente neurobiológico de la capacidad de relacionarse mentalmente. La neurobiología y el psicoanálisis coinciden en su objeto de estudio y desde sus diferentes perspectivas, mente y cerebro, deben tratar de unir sus conocimientos. A este descubrimiento del sistema de neuronas espejo intersubjetivo se podría agregar otros hallazgos relacionales e investigaciones del cerebro tales como el supuesto de que las tempranas interacciones son internalizadas durante el desarrollo de la psique, construyendo estructuras mentales en diferentes niveles de la memoria incluyendo la implícita (inconsciente). Estas estructuras caracterizan el enfoque relacional de la dinámica inconsciente. Otro hallazgo relevante es el que

reportó Damasio (2004 en Altmeyer 2013), el cual sugiere que el background inconsciente de nuestras emociones es llenado con escenas visuales interactivas que retroceden a experiencias personales hechas por el self con otras personas en el pasado, interacciones que transforman afectos innatos en emociones humanas, lo cual podría indicar el carácter relacional de nuestros sentimientos. (Altmeyer, 2013) Se requiere de una buena investigación del desarrollo del paradigma relacional, según lo han señalado Schachter y Altmeyer, (2013 en Altmeyer, 2013), en la cual la dinámica inconsciente no consiste de sus impulsos y destinos sino de experiencias relacionales incluyendo tanto el self y el otro en interacción. El psicoanálisis relacional necesita una teoría del desarrollo basada sobre investigación empírica de interacciones entre el niño y sus cuidadores y el medio ambiente. El cambio teórico del psicoanálisis, hacia el giro relacional, es desde la teoría del impulso a la relación. Altmeyer y Hadar, (2013) han señalado a la teoría intersubjetiva de Benjamin como paradigmática entre los enfoques intersubjetivos del psicoanálisis. A diferencia de relaciones de objeto, esta subjetividad del sujeto necesita estar reconocida para permitir el desarrollo del propio posicionamiento de la subjetividad de uno mismo. La novedosa contribución de las formulaciones de Benjamin consiste en haber considerado la subjetividad del sujeto y el otro, quienes se encuentran en una asimetría para que tal subjetividad sea establecida. La subjetividad del otro no había sido adecuadamente considerada en psicoanálisis al referirse a la constitución de la subjetividad del self.

3.- Terceridad En Más allá de la dualidad agente-paciente: Una visión intersubjetiva del tercero Benjamin (2004) concibe a la intersubjetividad en términos de una relación de reconocimiento mutuo, en la que cada persona experimenta al otro como un sujeto semejante, otra mente que puede ser co-sentida aunque resida en un lugar de sensación y percepción distinto y separado. En 39


Tema central: Los Lazos de Amor

la clínica se da énfasis al modo en que es posible sentir la experiencia del otro, como un ser separado pero conectado con el que actuamos de forma recíproca. Y en este sentido, solo desde el lugar del tercero es posible captar la doble circularidad fuera de la dualidad. Benjamín (2004, pg. 8) define la terceridad como: «una cualidad de la experiencia de la relación intersubjetiva que tiene como correlato cierto tipo de espacio mental interior; este espacio está íntimamente emparentado con la idea de Winnicott de espacio potencial o transicional». La terceridad también alude a la idea de la negociación, propuesta por Pizzer (1998, citado en 2004) en la cual el analista y el paciente elaboran juntos, una construcción de sus experiencias individuales. Benjamin reflexiona sobre esta idea y escribe:

El concepto de tercero moral denota la creación de un espacio para reconocer y negociar las diferencias a través de patrones de acomodación y reconocimiento organizados simétricamente alrededor de las capacidades del adulto o analista. La meta de un proceso, cada vez más compartido, para reparar las inevitables rupturas debido a que de ese modo ambos en la pareja desarrollan su sentido de agencia, su convicción de poder impactar en y responsabilizarse del otro, la fe en que la validez puede ser restaurada.

4.- Análisis de Conflictos Interraciales

El tercero es aquello ante lo que cedemos, y la terceridad es el espacio mental intersubjetivo que facilita la cesión o es el resultado de ella. Según mi concepción el término cesión se refiere a un cierto dejarse ir del sí mismo y, por tanto, implica también la capacidad para captar el punto de vista del otro sobre la realidad. La cesión nos lleva al reconocimiento - ser capaz de mantener la conexión con la mente del otro mientras se acepta su individualidad y diferencia. La cesión implica la liberación frente a todo intento coercitivo o de control (2004, pg. 9). La meta de Benjamin es considerar la cesión del analista, de manera que se facilita nuestra cesión y la del paciente si trabajamos de manera consciente para construir un tercero compartido o cómo nuestro reconocimiento de la influencia mutua nos permite crear juntos la terceridad. El desafío de la teoría intersubjetiva, ha señalado la autora, es alejarse de la dualidad complementaria que se encuentra en mucho de los impasses o estancamientos de los tratamientos, en cuya resolución se requiere del reconocimiento de la participación del analista. La aceptación de la propia contribución, en un sentido bidireccional se convierte en una experiencia vivida, en la cual se abre el espacio a la terceridad, permitiendo negociar las diferencias y entrar en conexión con el otro exterior. 40

El libro de Benjamin ofrece ideas novedosas sobre las relaciones humanas de gran relevancia en la comprensión del racismo o conflictos interraciales aunque no se encuentran de manera explícita en el texto (Straker, 2012 y Waintrater, 2012). Es posible mencionar la aplicación de este modelo en el análisis de dos casos: el apartheid en Sudáfrica y el conflicto Palestina-Israelí. En el primero, Straker, (2012) sostiene que las contribuciones de Benjamin sobre la dominación y sumisión caracterizan a todo tipo de racismo. Refiere al Apartheid Archive Project (2009) en el que se reunieron historias de la vida cotidiana durante el apartheid y su interés se encuentra en la responsabilidad ética para resistir la sumisión y mantenerse como sujeto


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al pertenecer a un grupo de opresión; el sadismo y las formas más extremas de racismo vigentes en el postapartehid en Sudáfrica. Se concentra en el rol de la institución de la nana en el desarrollo de las relaciones de dominación y sumisión basados en la raza. El siguiente caso es descrito por Hadar (2013) en el cual se elabora en torno el conflicto Palestino-Israelí y el rol formativo, sobre la experiencia grupal en cuanto al daño sufrido, incluyendo la pérdida de la vida y el hogar. Se hace mención del llamado The Mutual Acknowledgment Project el cual coordinó Benjamin (2004 a 2010) y en el que Hadar y un equipo de trabajadores de la salud mental de diferentes grupos étnicos tuvieron participación. En este grupo se brindó asistencia a grupos Israelítas y Palestinos y miembros de otros países, que habían estado involucrados en situaciones de conflicto étnico para trabajar las repercusiones emocionales expresando su propio daño y el que causaron a otros. El autor hace un análisis de acuerdo a las ideas de Benjamin acerca de la terceridad que emerge en el trabajo con estos grupos. Conclusiones: • La capacidad de relaciones mutuas tiene sus raíces en la infancia. La mutualidad esta basada en el desarrollo de la capacidad de reconocimiento del otro. • La concepción intersubjetiva alude a lo que sucede en el campo del sí mismo y el otro; la representación de sí mismo y el otro como seres distintos pero relacionados. • El tercero es lo que puede permitir la habilidad para reconocer sentimientos del otro, la agencia de uno mismo y lograr sobrevivir a la ruptura mediante el reconocimiento mutuo. • El análisis de experiencias de conflictos interraciales a la luz del paradigma de Benjamin, tales como el Proyecto del Archivo Apartheid en Sudáfirca y el Proyecto de Reconocimiento Mutuo del Conflicto PalestinoIsrael están relacionados respectivamente con supuestos como: la dominación y sumisión

caracterizan todo tipo de racismo, así como la función del tercero como testigo esencial para el establecimiento del reconocimiento y promover la reconciliación. ** Versión resumida del trabajo con el mismo título presentado en el V Congreso Nacional del Centro de Educación e Investigación de Psicoanálisis A.C. (CEIPMty) el 2 y 3 de Octubre 2015 en Monterrey, N.L. ***Psicoanalista del programa de posdoctorado de psicoterapia y psicoanálisis de N.Y.U. Editora del Journal de Diálogos Psicoanalíticos. Co-fundadora y Directivo del Centro Stephen Mitchell de Psicoanálisis Relacional en N.Y. Fundadora y Directivo de la Asociación Internacional de Psicoanálisis y Psicoterapia Relacional (IARPP). Sobre la autora: Dra. Martha Alicia Sánchez, Psicoanalista Didacta y Dra. en Psicoterapia por la Asociación Psicoanalítica Mexicana A.C. (APM de API); Presidenta (20142016) y Miembro Fundador del Centro de Educación e Investigación de Psicoanálisis de Monterrey A.C. (CEIP Mty) Nuevo Grupo de la Asociación Psicoanalítica Internacional (API); Ex Directora de Instituto de Psicoanálisis CEIPMty; Ex Directora Académica del Instituto de Psicoterapia de Monterrey; Profesora Invitada de la Maestría en Clínica Psicoanalítica de la Facultad de Psicología de la UANL. Email: psicoanalisis.sm@gmail.com Referencias de imágenes: [Fotografía de Jessica Benjamin] Recuperado de www.feministvoices. com/jessica-benjamin/ [Imagen de portada de libro Los Lazos de Amor] Recuperado de www. amazon.com/los-lazos-Amor-Spanish-Edition/dp/9501241947 [Fotografía de Nelson Mandela] Recuperado desde: http://www. picsearch.es/index.cgi?q=nelson+mandela [Fotografía de conflicto Israel-Palestino] Recuperado desde: http:// www.lavozlibre.com/noticias/blog_opiniones/14/958078/ni-israel-nipalestina-canaan/1 Bibliografía: Altmeyer, M. (2013) Beyond intersubjectivity; science, the real world, and the third in psychoanalysis. Studies in Gender and Sexuality, 14:1, 59-77. doi: 10.1080715240657.2013.756783 Benjamin, J. (1996) Los lazos de amor. Psicoanálsiis feminismo y el problema de la dominación. Argentina: Editorial Paidós. Benjamin, J. (2004) Más allá de la dualidad agente-paciente: una visión intersubjetiva del tercero. Intersubjetivo. 1:6, 7-38. Benjamin, J. (2006) Sujetos iguales, objetos de amor. Ensayos sobre el reconocimiento y la diferencia sexual. Aregntina: Editorial Paidós.

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Benjamin, J. (2012) El tercero, reconocimiento. Clínica e investigación relacional, 6:2, 169-179. Recuperado de www.ceir.org.es Benjamin, J. (2013) The bonds of love: looking backward. Studies in Gender and Sexuality, 14:1, 1-15. doi: 10,1080/15240657.2013.756769 Celenza, A. (2012) Reading Jessica. Studies in Gender and Sexuality, 13:268-273. Hadar, U. (2013) The Benjamin Chreode. Studies in Gender and Sexuality, 14:1, 16-34. doi: 10.1080715240657.2013.756772 Sánchez, M. (2010). Aportaciones de las teorías psicoanalíticas del género en la constitución de la feminidad. Tesis doctoral. México: Centro de estudios de posgrado de la Asociación Psicoanalítica Mexicana. Straker, G. (2012) The racialization of the mind in intimate spaces: The “nanny” and the failure of recognition. Studies in Gender and Sexuality, 13: 240-252. Waintrater, R. (2012) Intersubjectivity and French Psychoanalysis: A misunderstanding?. Studies in Gender and Sexuality, 13:295-302.

El amor existe Por Enrique Burunat

El amor existe, pero no es lo que crees

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odo el mundo cree que el amor es una maravillosa emoción que suele acompañar al interés sexual, si bien el uso de la palabra amor en el lenguaje ha generado una creciente vaguedad en el concepto, dado que incluye afecto, atracción, apego, virtud, etc. En la actualidad, las dos variantes mejor estudiadas y diferenciadas por la Ciencia son el «amor maternal» y el «amor romántico» (Coria-Avila et al., 2014). Pero incluso en estas categorías bien definidas existen variantes culturales. En las culturas en las que los matrimonios son concertados, se espera que el amor aparezca con la convivencia y la intimidad, resultantes de la voluntad de acatar la decisión – habitualmente de los progenitores – que promovió el emparejamiento. Se entiende por amor el afecto, respeto – habitualmente – interés mutuo por el bienestar y felicidad de la pareja, el reparto de roles entre ambos sexos convenido por la cultura, y una placentera compatibilidad sexual. En las culturas en las que los emparejamientos y matrimonios son libres, también el paradigma del amor incorpora ingredientes similares, si bien el interés sexual, la compatibilidad sexual y la pasión se constituyen en motores importantes de la búsqueda de pareja sentimental. Naturalmente, en estas sociedades se incorporan factores como

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los intereses compartidos, creencias similares sobre la vida – por ejemplo, religiosas – y otros factores, que ya están determinados previamente y no son necesarios en las parejas concertadas de otras culturas. Cuando miles de millones de personas de todo el mundo están de acuerdo en que el amor es la intensa emoción acompañante del interés sexual, también la ciencia parte de esa idea y la asume como paradigma establecido. En efecto, el amor ha sido ampliamente considerado por los científicos como una emoción, sentimiento, cluster o prototipo emocional, y es habitual como ítem en escalas y test de evaluación de emociones (Burkett & Young, 2012; Buck, 1999; Panksepp, 1998; Shaver et al., 1987; Lazarus, 1991; Izard, 1972; Toivonen et al., 2012). De hecho, la difundida teoría triangular del amor de Sternberg (2004), que parte de la tipología clásica de Lee (1973, 1976) y basa el amor en tres pilares, «intimidad», «pasión» y «compromiso», recoge y consolida dicho paradigma del amor, aunque en función de las culturas (Hendrick y Hendrick, 1993), o de la edad de los miembros de la pareja, uno u otro de dichos pilares adquiere mayor peso. Por ejemplo, el «compromiso», esto es, la voluntad, se considera esencial para el mantenimiento de la relación cuando la “pasión” disminuye por el paso del tiempo (Hendrick y Hendrick, 1986), como parece demostrar el creciente índice de separaciones y divorcios, por lo que ésta y otras teorías sobre el amor contribuyen a consolidar el paradigma actual del amor, que acepta el predominio de la voluntad sobre el amor, por ejemplo, manteniendo la pareja unida a pesar de la desaparición de la pasión – y de las intensas emociones acompañantes, que se confundieron con el amor y que motivaron el emparejamiento o matrimonio –. Cada vez son más las personas que creen que el amor, confundido con esa intensísima emoción, termina por aminorar y desaparecer con el tiempo, siendo sustituida por – en las parejas con suerte – un afecto duradero, fruto de la intimidad compartida, del compromiso establecido previamente y, sobre todo, de la necesidad de cuidar y educar a los hijos fruto de la relación. Es lo que suele expresarse como que «el


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amor tiene fecha de caducidad» (Tabla 1). Como expresa Fisher (2004, 2006) «la intensa pasión se transforma gradualmente en sentimientos de apego para que puedan criar juntos a sus hijos en su infancia». En los siguientes apartados se explica que el actual paradigma del amor, en el que el amor es una simple emoción asociada al interés sexual, es un paradigma equivocado que ha de cambiarse con urgencia. Se explica que muchos emparejamientos y matrimonios no están fundamentados en el amor, sino en la intensa emoción acompañante del interés sexual, que no implica adicción a otra persona específica, como sí ocurre en el amor. También es errónea la creencia de que la voluntad puede mantener el amor cuando la pasión ha desaparecido, dado que lo que disminuye es la pasión sexual y sus intensas emociones acompañantes con las que se confundió el amor. Igualmente errónea es la distinción entre el amor a la pareja – o amor romántico – y el amor maternal, dado que ambos constituyen manifestaciones de la misma demanda fisiológica cerebral. Como aquí se propone, el amor existe separadamente de la sexualidad y es mucho más importante, para la humanidad en conjunto, y para cada individuo, de lo que nunca pudimos sospechar.

El amor acompaña la evolución humana desde hace un millón de años La especie humana actual, Homo sapiens, surgió hace aproximadamente 200.000 años. La línea evolutiva homínida se separó hace unos 6 millones de años, y fue hace alrededor de un millón de años cuando comenzó a incrementarse la duración de la infancia y apareció la niñez, que sólo fue posible por la creación del amor maternal, un interés extraordinario de la madre por crías progresivamente desvalidas (Burunat, 2014a, 2014b). El amor maternal promovió la aparición de un protolenguaje, empleado exclusivamente por las madres, en sucesivas especies de homínidos previas al Homo sapiens y que sólo recientemente, hace entre 40.000 y 10.000 años, se extendió a toda la especie humana, fundamentado en la influencia que sobre el desarrollo cerebral tuvieron nuevas fuentes de alimento y la progresiva complejidad social y cultural (Burunat, 2015). El amor maternal surgió como una motivación fisiológica esencial para la supervivencia de la especie, asegurando la supervivencia de las crías. Una motivación con un único objeto, el bebé, hacia el que se desarrolla una fuerte adicción maternal. Esa motivación, tras la pubertad, se dirige hacia la pareja sentimental y sexual. Así pues, amor maternal y amor romántico son el mismo amor, caracterizado por una adicción inquebrantable hacia el objeto amoroso y que, al mismo tiempo, es esencial para el logro de la homeostasis – el equilibrio fisiológico – por parte del cerebro humano.

El amor es una motivación fisiológica, como el hambre, la sed, o el sexo El amor es una motivación fisiológica, no solamente, como ya se ha propuesto, un estado motivacional (Song et al., 2015) asociado con otros sentimientos (Gonzaga et al., 2006). El 43


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amor se diferencia de las restantes motivaciones, por su origen, por su sustrato neurobiológico, y por la naturaleza del desequilibrio en la homeostasis que lo origina. Implica el desarrollo de un proceso adictivo hacia el objeto del amor, sea el bebé o la pareja sentimental. Mientras que el “hambre” y la “sed” se satisfacen mediante la ingesta de distintas sustancias tras la lactancia, inmediatamente tras el nacimiento, en los primeros meses de vida, no son motivaciones diferenciadas. Otra motivación, el “sueño”, ocupa casi toda la vida del recién nacido y posteriormente va disminuyendo su presencia diaria hasta la senectud. La “motivación sexual”, finalmente, se despliega a partir de la pubertad. Las motivaciones fisiológicas, en consecuencia, van apareciendo y cambiando a lo largo de la vida, y también el amor. Las motivaciones fisiológicas permiten el mantenimiento de la homeostasis, el equilibrio del medio interno. Cuando se producen desequilibrios y cuando se alcanza el equilibrio, se generan señales periféricas y centrales que, captadas por detectores centrales, esencialmente hipotalámicos, activan estados internos y conductas que recuperan y aseguran el mantenimiento de la homeostasis. Hay ya evidencias recientes de la importancia del amor para el desarrollo cerebral y para la homeostasis del ser humano. Motivaciones y emociones actúan sinérgicamente para conseguir la homeostasis, y también el amor se acompaña de fuertes emociones, pero el amor no es una emoción. La disputa por la comida puede generar conductas agresivas teñidas de vivas emociones, pero el hambre no es una emoción. La sexualidad también puede ir acompañada de fuertes emociones y también genera necesidad de proximidad entre los individuos – incluso en especies de vida solitaria – pero el sexo no es una emoción. Sin embargo, extremas emociones asociadas a la motivación sexual suelen interpretarse como amor, y así, en muchas sociedades el amor se ha interpretado como una simple emoción acompañante de la motivación sexual, ocultando el verdadero significado del amor. 44

El desarrollo y la homeostasis del cerebro humano requieren amor. Si durante la lactancia y niñez el amor lo aporta la madre (y de ahí el origen evolutivo de esta motivación), con posterioridad el amor aportado por la figura materna puede ser (o es, o debe ser) sustituido por el amor aportado por la pareja sentimental. A diferencia de otras motivaciones, donde los motivos son conocidos y externos (comida para el hambre, agua para la sed, otro cuerpo para el sexo), en el amor, como en el sueño, los motivos son exclusivamente internos, centrales, pero afectan a todo el organismo y a la conducta.

La errónea interpretación del amor, origen de divorcios, suicidios y femicidios En los años 70 del siglo pasado comenzó a comprenderse la importancia de la estimulación visual para el desarrollo del sentido de la vista. Trabajos merecedores del Premio Nobel de 1981 para sus autores, David Hubel y Torsten Nisl Wiesel, mostraron cómo respondía la corteza cerebral en las primeras etapas de la vida a la ausencia de información visual de un ojo, reorganizando su funcionamiento de manera permanente. Así se consolidó el concepto de plasticidad cerebral, una revolución conceptual – frente a la anterior idea de un cerebro invariable desde el nacimiento – con enormes repercusiones no sólo en el ámbito de


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la neurofisiología, sino también de la Psicología y de la Educación. Al igual que ocurrió con estos hallazgos sobre la percepción visual en los años 60 y 70 del siglo pasado, hace menos de una década que está ocurriendo otra revolución conceptual aún más extraordinaria y que ha de tener gigantescas consecuencias, no sólo científicas, sino también culturales y sociales. Al igual que la falta de luz, la falta de amor repercute drásticamente en la organización y función cerebral. Desde el abandono o la negligencia materna hasta el maltrato físico y emocional, los abusos de todo tipo, incluidos los abusos sexuales en la infancia y la niñez, tienen efectos anatómicos, fisiológicos y conductuales de carácter permanente en el cerebro y en la conducta humana, constituyéndose en un factor clave para la aparición y el curso de la mayoría de las psicopatologías (McCrory et al., 2011; De Bellis y Zisk, 2014; Teicher y Samson, 2016). El amor es esencial en el desarrollo humano.

Para terminar, se destacan algunas graves consecuencias de la errónea interpretación del amor como una simple emoción asociada al interés sexual. Así, esta confusión es probablemente la responsable de la finalización de un elevado número de emparejamientos y matrimonios, concertados por la familia o formalizados libremente por la pareja. La voluntad no puede controlar el amor, como tampoco puede controlar otras motivaciones fisiológicas, como el hambre, la sed, el sueño o el sexo, aunque sí pueda modificar la ingesta de comida o agua,

o el momento de dormir, o la conveniencia o no de la actividad sexual. La equivocada interpretación del amor como una emoción por parte de la sociedad también es probablemente la responsable de la mayoría de los suicidios, dado que las rupturas sentimentales son determinantes en la ideación y conducta suicida (Yip et al., 2015; Scourfield y Evans, 2015), y también de la violencia de género y de su consecuencia más extrema, el asesinato de mujeres a manos de sus parejas y ex-parejas. Diversos autores insisten en que el modelo de amor imperante en la sociedad contribuye a mantener la violencia contra las mujeres en la pareja (Garrido, 2001; González y Santana, 2001; Sanmartín, Molina y García, 2003), lo que representa una de las peores lacras de la sociedad y que no consigue erradicar la movilización social y la diversidad de medidas tomadas en países como España o México. Amor, Humanidad, y la misma vida humana individual, están más estrechamente relacionados de lo que jamás pudo imaginarse. Más allá de propuestas religiosas y filosóficas, existe un cantidad abrumadora de argumentos neurobiológicos y fisiológicos que confirman esa relación, por ejemplo en términos del material genético que determina la longevidad celular, los telómeros de los extremos de los cromosomas. Así, mientras que las rupturas sentimentales acortan los telómeros (Whisman, Robustelli y Sbarra, 2016), ya existen abundantes evidencias de la influencia del amor maternal en su prolongación (Wojcicki et al., 2016; Caryn, 2016). El amor es un factor esencial de la longevidad humana.

Conclusiones • El amor es una motivación fisiológica • El amor surgió hace un millón de años en la línea evolutiva humana • El amor hizo posible la progresiva inmadurez humana al nacimiento • El amor es responsable de la aparición de la niñez y la adolescencia 45


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• El amor es responsable de la extensa longevidad postreproductora humana • El amor fue determinante en la aparición, mantenimiento y diversificación del lenguaje

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• Es necesario difundir en las sociedades que el amor no es una emoción

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• Erróneas creencias sobre al amor son responsables de suicidios y femicidios

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Sobre el autor: Enrique Burunat es profesor Titulr de Psicobiología de la Universidad de La Laguna (ULL), en Tenerife, Islas Canarias, ha impartido docencia desde 1979 en las Facultades de Filosofía y Ciencias de la Educación, de Educación, de Psicología y de Ciencias de la Salud. Ha participado en varias decenas de proyectos de investigación, locales, nacionales e internacionales, que han generado diversas comunicaciones a Congresos, publicaciones y dos premios a los equipos en los que participaba. Líneas de investigación prioritarias en los últimos años: neurobiología de la percepción visual y auditiva; desarrollo de sistemas de sustitución sensorial; neurobiología de las funciones mentales; evolución humana Referencias de imágenes: [Imagen de portada de libro Amor y origen de la Humanidad] Recuperado de: http://www.bubok.es/libros/232826/Amor-y-origende-la-Humanidad Burunat, E. (s.f.) [Ilustración de mujer amamantando a un bebé] Burunat, E. (s.f.) [Ilustración de mujer de tercera edad abrazando a un bebe] Bibliografía:

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La Entrevista Entrevista al Dr. Rolando Karothy Por Comité editorial

1.- En su investigación sobre ‘’El goce, el deseo y el amor’’, ¿Cómo podría diferenciar dichos  términos y a la vez explicar su relación?    El psicoanálisis se ocupa del Otro que nos constituye (en primera instancia el lenguaje entendido como una red de Dr. Rolando Karothy Psicoanalista, Analista significantes que nos antecede), de la remiembro de la Escuela lación con el semejante (en la que incluiFreudiana de Buenos mos, entre otros, los fenómenos del amor Aires.  Doctor en Psiy el odio) y del objeto con el que cada cología  Ex Presidente uno goza (donde es necesario señalar de la Escuela Freudiana el carácter singular de la satisfacción). de Buenos Aires.  Ex Presidente y miembro de Esta tripartición no coincide exactaLazos Institución Psicoa- mente con los tres registros postulados nalítica de La Plata.  Ex por Lacan en 1953, pero no hay dudas profesor titular de Teoría que el Otro que nos constituye nos lleva Psicoanalítica en la Facula considerar el registro simbólico en su tad de Psicología de la Universidad Nacional de universalidad como función del deseo La Plata durante 28 años.  (todos estamos sujetados a la estructura del lenguaje), la relación con el semejanProfesor en la Maestría en Psicoanálisis de la te pone el acento en lo imaginario, aunFacultad de Psicología en que el amor no se reduce a ese registro, la Universidad Nacional mientras que el odio apunta a lo que se de Mar del Plata.  Autor ubica más allá de la imagen, y el objeto de varios libros, entre con el que cada uno goza remite a lo real ellos: Los tonos de la de la pulsión.  verdad, No hay relación El deseo persiste por una satisfacsexual, Hay relación social, Vagamos en la ción incompleta del goce al que apuninconsistencia, Una sola ta, mientras que el amor en su vertiente gota de semen. El sexo y pasional estanca el deseo y lo postula ya el crimen según Sade, El consumado. duelo, el malestar en la cultura y la clínica y múltiples trabajos en publicaciones de nuestro país y del extranjero. Dictó clases y seminarios y presentó de trabajos en Uruguay, México, Chile, Brasil, Estados Unidos, Turquía, España, Francia, Alemania e Irlanda.

2.- ¿Porque elige usted trabajar e investigar sobre estos términos? El psicoanalista es al menos dos: el que realiza diversas intervenciones en su práctica y el que reflexiona sobre ellas. Trabajar e investigar sobre estos tres términos (amor, deseo y goce) y sus relaciones es el resultado de in-

quietudes surgidas de mi experiencia clínica, la que me ha llevado a tomar en cuenta el amor, el deseo y el goce porque son los articuladores fundamentales de la práctica y a la vez operadores esenciales en la teoría para reflexionar lo que en esa experiencia ocurre. 3.- ¿A qué se enfrenta uno como psicoanalista cuando se estudia/investiga/trabaja con ‘el amor’? El estudio del fenómeno amoroso es fascinante por sus características y también esencial  por su lugar en la vida humana; por sus particularidades en determinados momentos de la historia (por ejemplo el amor cortés) y por el valor que tiene para la experiencia analítica, ya que ésta no puede funcionar sin el amor de transferencia. Si el amor de transferencia es una condición para el inicio del tratamiento, Freud sostuvo que invitar al paciente a la renuncia y a la sublimación, en cuanto nos ha confesado su transferencia amorosa, sería un solemne desatino, sería el equivalente a despertar a un espíritu del Averno y luego despedirle sin interrogarlo. Cuando la transferencia se presenta, cuando los demonios de la transferencia están allí,  es necesario interrogarlos, hacerlos hablar. La presencia del analista convoca al amor de transferencia y esta convocatoria no admite otra respuesta que la interrogación haciendo hablar a ese amor, es decir, que la palabra permita un despliegue de aquello que hasta allí sólo es acto repetitivo.  El amor parece ser meramente un desplazamiento y, por lo tanto, un error, pues si amo a alguien sería porque es sustituto de otro objeto más originario. Esto haría creer que al amor le falta autenticidad e inclu47


La Entrevista: Dr. Rolando Karothy

so podría parecer que el psicoanálisis degrada la vida amorosa. Si bien estar enamorado es perderse en un laberinto, el psicoanálisis, en su experiencia, sigue el camino del amor. Es por ello que se puede decir que no hay análisis sin transferencia.   Por otra parte, el amor es contingente, es decir, está ligado a los encuentros fortuitos aunque el enamorado inexorablemente pretende que sea necesario, que no cese de existir, que sea eterno. Lo decía en un poema el gran poeta brasileño  Vinicius  de  Moraes  refiriéndose al sentimiento amoroso: “que no sea inmortal puesto que es llama, pero que sea infinito mientras dure”. 4.- Desde el psicoanálisis, ¿cómo se pudiera diferenciar un objeto libidinal de un objeto de amor? Un objeto de amor es una persona o un ente abstracto (la Patria, la Libertad, la Justicia) sobre el cual recae una idealización, una exaltación de sus cualidades y un borramiento de sus defectos. Esto sucede particularmente en el momento del enamoramiento (der  Verliebheit). Se ama en el otro aquello que al yo le falta para llegar al ideal. De este modo surge la pretensión imposible de hacer de dos, uno, reconstruir una supuesta unidad perdida, metaforizada por el clásico mito del andrógino postulado por Platón en el Banquete, su diálogo sobre el amor.  Un objeto amoroso está investido libidinalmente, aunque ahí se estanca el deseo, pero un objeto libidinal propiamente dicho, llamémoslo erótico, remite al sexo, y el amor no es cuestión de sexo. Son dos corrientes diferenciadas. Ambas pueden estar separadas en objetos diferentes (lo cual es común en la sexualidad masculina) o coincidir en el mismo objeto, pero aun así se trata de corrientes distintas. 5.- En su investigación usted se cuestiona si hay un objeto de amor ‘’adecuado’’ ¿cómo lo podría responder?  Dos ejes fundamentales del cuestionamiento del psicoanálisis a las concepciones anterio48

res sobre el sujeto y las satisfacciones humanas son: en primer lugar, la tesis de la existencia del inconsciente según la cual el sujeto hablante no es autónomo sino dependiente de la estructura del significante y, en segundo lugar, la tesis según la cual no existe el objeto adecuado para la satisfacción sexual. Es necesario decir que la tesis que sostiene la existencia de lo inconsciente no es la más revulsiva del pensamiento de Freud. Lo más revulsivo consiste en la otra tesis, la que sostiene la contingencia del objeto de la pulsión sexual, enunciada en los Tres ensayos para una teoría sexual; fue reiterada y sostenida en toda la obra. En Pulsiones y destinos de pulsión, el objeto se define como lo más variable de la pulsión, el medio a través del cual se obtiene la satisfacción, pero ésta es en realidad un espejismo si se supone que consiste en el apaciguamiento pulsional, ya que la pulsión, por su estructura misma, es una fuerza constante. La satisfacción es lo que surge del circuito mismo de la pulsión, circuito que bordea la carencia que define el lugar del objeto: la pulsión sexual no es una suerte de tiro al blanco o un modo de caza cuyo objetivo fuese atrapar la presa.  Llegamos así a un enunciado ético fundamental en la teoría freudiana: la distancia entre el placer esperado y el placer encontrado implica una tensión sostenida que llamamos deseo, y este deseo es indestructible (término freudiano que aparece en la última frase de La Interpretación de los Sueños) porque es el destino de la pulsión, en cuya naturaleza misma se encuentra una incompatibilidad con la plena satisfacción. “Ser psicoanalista es, sencillamente, abrir los ojos ante la evidencia de que nada es más disparatado que la realidad humana. Si creen tener un yo bien adaptado, razonable, que sabe navegar, reconocer lo que debe y lo que no debe hacer, tener en cuenta las realidades, sólo queda apartarlos de aquí”, afirma Lacan en el Seminario III: Las psicosis, y continúa: “El psicoanálisis coincide al respecto con la experiencia común, muestra que no hay nada más necio que un destino humano, o sea, que siempre somos embarcados. Aun cuando tene-


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mos éxito en algo que hacemos, precisamente no es eso lo que queríamos”.

6.- ¿Se podría considerar que existe una manera particular de “amar’’ relacionada con las estructuras psíquicas que el psicoanálisis (y otras ciencias de la salud mental) suelen clasificar? Incluso ¿Que se puede “amar’’ acorde con un género, como algunos libros o teorías populares lo proponen? Las histéricas sufren en especial por amor, y la primera manifestación de ese sufrimiento se presenta en relación con ese objeto de amor de los orígenes: la madre. Freud subrayó que el primer reproche que la niña hace a la madre es el hecho de no haberla dotado de pene, lo cual desencadena una catarata de reproches, quejas y reivindicaciones.  Muchas veces el partenaire amoroso es elegido sobre el modelo materno y entonces, lo que antes recaía sobre la madre, ahora recae sobre el hombre. Desplaza sobre él la queja hacia la madre, y de ahí surgiría, según Freud, la función social de un hombre: soportar la queja femenina. No solo los reproches, también las demandas que se exige satisfacer de un lado y del otro. Es por eso que las segundas nupcias serán más venturosas, pues se elegirá al candidato, esta vez, sobre el modelo paterno. Pero sepamos que en el desplazamiento de la madre al padre las cosas no irán mejor para las mujeres pues, freudianamente hablando, sin recibir de la madre el pene anhelado, y por la ecuación simbólica, pasará la niña a la de-

manda de un hijo del padre, demanda imposible pues demandará un objeto que nunca le podrá ser otorgado. ¿Cómo no evocar, en relación con este punto, esas elecciones amorosas de algunas mujeres que siempre esperan de su pareja precisamente aquello que no puede darles y de eso mismo sufren?   El obsesivo, por su parte, se defiende encarnizadamente del amor con sus síntomas. Padece de deseos que lo obsesionan, tiene terror a esos mismos deseos y, atrapado en su jaula narcisista, plantea un control total a partir de su yo: la pretensión ilusoria, forzada e imposible de controlar y manejar los hilos de la escena deseante de su o sus mujeres, asociada a la suposición de poder colmar el deseo del Otro en una propuesta inexorablemente violenta que Lacan definió como “asesinato del deseo del  Otro.”  No puede perder a ninguna, porque cualquier pérdida lo remite a la castración, a un desfallecimiento de su imagen narcisista. De allí su carácter anal-retentivo, un afán de controlarlo todo, especialmente a su objeto amoroso.  Además, es necesario señalar que mientras que para los hombres, en su goce del órgano, se puede muy bien gozar silenciosamente y en la soledad del fantasma, en ellas el goce se articula con el amor. En las mujeres predomina la demanda de amor, en los hombres la tendencia a no escucharla, porque están más dedicados al goce que al amor, a un goce que tiende a la autosatisfacción. El varón no podrá dar el signo de amor que las mujeres demandan, porque está “tomado” por un goce solitario, que tiende al erotismo fetichizado y a la evitación del cuerpo del partenaire. 7.- ¿Cómo se puede explicar también lo que se ha tomado como polos opuestos ‘’amor’’ y ‘’odio’’ en la cultura actual? El odio aparece en Freud como una ruptura del vínculo social. Si el amor une, el odio desune, separa. Pero esta apreciación es sólo un primer acercamiento a las múltiples paradojas de la clínica pues el odio es también uno de los vínculos más fuertes que el sujeto puede mantener con el otro y con sus objetos. De hecho, tal como Freud señaló en su texto Pulsiones y 49


La Entrevista: Dr. Rolando Karothy

destinos de pulsión, el odio es más antiguo que el amor, nace de la repulsa primitiva de lo displacentero  que constituye el mundo exterior. El amor y el odio fueron considerados como dos caras de la misma moneda y por eso tuvo éxito el término ambivalencia, pergeñado por  Bleuler  e incorporado por Freud al psicoanálisis. Pero Lacan, a la altura del Seminario XX, propone un neologismo, la hainamoration, traducido como odioamoramiento, con el objeto de señalar que el amor y el odio pertenecen a registros diferentes.  En el amor,  lo imaginario tiene mucho peso y su lógica se registra en la pretensión de hacer de dos, uno, formar un Uno unificante. El odio, en cambio, pretende ir más allá de la imagen y capturar lo real que la sostiene, al modo de la venganza del tirano Creonte que no se conforma con la muerte del enemigo, es este caso la de su sobrino Polinices. 8.- Desde el punto de vista social, se podría decir que también hay un/unos constructos sociales actuales de ‘’el amor’’ ¿Cuáles se podrían considerar que son las nuevas concepciones sobre ‘el amor’? En el actual dominio planetario del discurso capitalista no tienen tanto peso las “cosas del amor”. Se trata más bien de un empuje a gozar con los objetos que se ofrecen en el mercado. La pulsión ni ama ni odia, sólo se satisface. Se satisface a expensas del amor y del odio, rodeando el objeto para volver de forma autoerótica sobre su fuente. En realidad, hace falta la articulación de la pulsión con el narcisismo, con la relación libidinal con la imagen del propio cuerpo, para que surjan el amor y el odio. La satisfacción de la pulsión, que indicamos con el término  lacaniano  de “goce” (jouissance) puede ser entonces, ella misma, objeto del odio, del rechazo más radical del sujeto cuando lo experimenta como un goce Otro. En esta vertiente encontramos toda una serie de fenómenos que el término “desinserción” puede muy bien agrupar por los efectos que produce como formas de vínculo y de ruptura. Son los fenómenos subjetivos más paradójicos que encontramos en el odio 50

a lo más querido, en el pasaje al acto de la violencia dirigida a lo más próximo, incluso a una parte del propio sujeto: la violencia llamada de modo tan inapropiado “violencia de género”, la violencia ejercida voluntaria o involuntariamente hacia los niños, hacia los locos, hacia los sujetos que son objeto de la exclusión social, pero también el acto suicida que apunta a tocar la raíz de ese odio en el propio sujeto.... El goce, en su vertiente más intolerable, no promueve el vínculo social sino su ruptura en el retorno más puro de la pulsión sobre el propio sujeto. En nuestra época los estereotipos socioculturales de la feminidad y de la virilidad están en plena transformación. Los hombres son convocados a amar, a feminizarse, mientras que las mujeres presentan un “empuje al hombre”. Al mismo tiempo, los homosexuales reivindican los derechos y los símbolos de los heterosexuales, como el matrimonio y la filiación. De allí que hay una gran inestabilidad de los papeles, una fluidez generalizada del teatro del amor, que contrasta con la fijeza de otros tiempos.

9.- Desde su clínica, experiencia e investigación entonces ¿cómo puede usted definir ‘’el amor’’? El amor consiste en creer que amando será posible acceder a una verdad sobre sí mismo. Amamos a aquel o a aquella que podría dar la respuesta a la pregunta: “¿Quién soy yo?” En este sentido el amor es una demanda de ser.   El amor no se reduce a las palabras pero requiere de ellas, las palabras de amor. “El amor


La Entrevista: Dr. Rolando Karothy

no se hace, el amor nos hace”, dijo Julio Cortázar. Por otra parte, el amor es siempre recíproco, lo cual quiere decir que el amor ubica al ser amado como amable, es decir, que el partenaire está implicado porque tiene algo que lo hace amable. Mi amor dice algo del otro aunque este no lo sepa pero eso no otorga ninguna garantía para la correspondencia. Mi amor dice que el otro causa ese amor y por eso ese otro algo tiene que ver.  Es importante decir que, si bien el amor no es el paraíso, ello no significa que sea despreciable. “De dos hagamos uno”: el carácter engañoso de esta pretensión no lo iguala a la banalidad de la versión romántica de las telenovelas rosas. 10.- ¿Cuáles serían otras preguntas o líneas de investigación que han surgido a partir de su investigación? Hay muchos problemas que se abren cuan-

do se empieza a pensar la articulación entre el amor, el deseo y el goce. Para citar solo algunos: la relación diferente con esos tres términos en la posición masculina y en la posición femenina, las variantes del amor y la profundización de las formas de goce (goce fálico y goce suplementario). Algunas preguntas: ¿El amor puede dirigirse a algo distinto de la imagen del Otro, o buscar en el Otro algo más que su respuesta? ¿Se puede amar al Otro en relación con su goce? ¿Cómo se introduce el goce en el amor? ¿Cómo pensar hoy el travestismo y el transexualismo? Referencias de imágenes: [Fotografía de Rolando Karothy dirigiendo un mensaje durante el Seminario “Los lazos sociales y la violencia en la sociedad contemporánea”] Recuperado de: http://www.curza.net/cms/comunicacion/novedades/se-realizo-el-seminario-los-lazos-sociales-y-la-violencia-en-la-sociedad-contemporanea [Fotografía del psicoanalista Rolando Karothy] Recuperado de: http:// diario1588.com/fundamentos-del-psicoanalisis/

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Artículo

La Entrevista: Dra. Paula Arizmendi

“Equipo Interdisciplinario en Atención a los Problemas en el Desarrollo”

1er Congreso Nacional: Clínica de la Subjetividad. Perspectivas Actuales. Ponentes por institución — AMERPI Ana Fabre del Rivero Celia Delgado Teijeiro Mariana Osorio Gumá Juan A. Litmanovich

CEPCIS Guadalupe Rocha Guzmán Luis Valverde

EDIIT Esperanza Pérez de Plá Patricia Acosta García Martha Rodríguez Jiménez Iveth Salazar Hernández

REDES Araceli Franco Edith Tamez Israel Chávez Graciela Oliveto

Conferencias magistrales — Dra. Esperanza Pérez de Plá "El fascinante encuentro con los bebés. Historias de amor, dolor y sobrevivencia" Dra. Celia Delgado Teijeiro "Padre ubicuo, espejo opaco. Presencia y función paterna en la clínica psicoanalítica de niños con problemas graves" Psicoanalista Mauricio Gómez “El imperativo de goce. El psicoanálisis en los bordes”

22, 23 Y 24 SEPTIEMBRE 2016 MONTERREY, NUEVO LEÓN HORARIOS— JUEVES Y VIERNES 9:00 - 2:00 / 4:00 - 7:00

SÁBADO 9:00 - 2:30

ITACA Alfredo Valencia Carlos Lomas Gabriela Carreta Ignacio Ferreyra

TEC SALUD / REDES Francisco Rivera Ortegón - Oncopediatra Arturo Garza Peña - Neuropediatra Sergio Fernández Ortiz - Gastropediatra Araceli Franco Alcocer - Psicoanalista

Mauricio Gómez Jessica Berzosa Miriam Jara Luis Chávez

Ana Laura Peralta Karla Bautista

Mesas de trabajo — AMERPI · CEPCIS · ITACA · EDIIT · REDES · TEC SALUD

Talleres — 1. Psicoanalista Mariana Osorio Gumá 2. Psicoanálista Juan A. Litmanovich 3. REDES

4. EDIIT 5. CEPCIS 6. ITACA

Costos — PROFESIONALES $900 hasta el 31 de Julio $1100 del 1 de Agosto al 16 de Septiembre $1300 del 17 al 20 de Septiembre ESTUDIANTES $900 hasta el 16 de Septiembre $1100 del 17 al 20 de Septiembre TALLERES $300 Para informes e inscripciones: T. 811 690 3063 / 811 512 2237 / 81 14 88 45 congresoredes@hotmail.com

CAMPUS LAS TORRES

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Artículo

“Equipo interdisciplinario en Atención a los Problemas en el Desarrollo”

JUEVES 22 DE SEPTIEMBRE

VIERNES 23 DE SEPTIEMBRE

08:15 - 09:00

Registro

09:30 - 10:30

09:00 - 09:30

Inauguración

Conferencia Magistral Psicoanalista Mauricio Gómez “El imperativo de goce. El psicoanálisis en los bordes”.

09:30 - 10:30

Conferencia Magistral Dra. Esperanza Pérez de Plá “El fascinante encuentro con los bebés. Historias de amor, dolor y sobrevivencia”.

10:30 - 10:45

Receso

10:45 - 12:15

Mesa de trabajo REDES “De la fragmentación al sujeto: diálogos interdisciplinarios”.

10:30 - 10:45

Receso

10:45 - 12:15

Mesa de trabajo EDIIT “EDIIT: un espacio interdisciplinario para la atención de bebés, niños y adolescentes con problemas de la estructuración subjetiva”.

• • • •

12:15 - 12:30 12:30 - 14:00

Psicoterapeuta Patricia Acosta “Reflexiones sobre las dificultades en la construcción del lenguaje y su abordaje clínico”. • Dra. Esperanza Pérez de Plá “Nuevos alcances y proyección del trabajo interdisciplinario a través de algunas viñetas clínicas”. • Psicomotricista Martha M. Rodríguez “La construcción del cuerpo en el lienzo del vínculo materno. Intervenciones tempranas desde la perspectiva de la psicomotricidad relacional”. • Psicoterapeuta Iveth Salazar “La experiencia de la “nada”. Algunas reflexiones clínicas en el trabajo con niños y adolescentes.” Receso

Mesa de trabajo CEPCIS “Psicoanálisis, clínica y extramuros”. • Dra. Guadalupe Rocha “Claroscuros del cuerpo” • Dr. Luis Valverde “El yo y el cuerpo”

14:00 - 16:00

Comida

16:00 - 19:00

Talleres 1.

2. 3.

Psicomotricista e Intervención temprana Graciela Oliveto Psicopedagoga Karla Bautista Terapeuta de Lenguaje Miriam Jara Psicoanalista Edith Tamez Psicoanalista Israel Chávez

12:15 - 12:30

Receso

12:30 - 14:00

Mesa de trabajo ITACA “Matices y desenlaces narcisistas”. • •

Psicoanalista y A.T Carlos Lomas “Narciso, del eco a la palabra”. Psicoanalista y A.T. Gabriela Carretta “Desprecio e identidad. Un caso de homosexualidad femenina”. Psicoanalista Alfredo Valencia “El cuerpo y sus guiones”

14:00 - 16:00

Comida

16:00 - 19:00

Talleres 1.

2.

3.

EDIIT. “La importancia de la observación de bebés con el método Bick y la riqueza de sus aplicaciones”. — Psicoter. Patricia Acosta, Dra. Esperanza Pérez de Plá, Psicomotricista Martha Rodríguez y Psicoterapeuta Iveth Salazar. CEPCIS. “Atención a menores víctimas de violencia”. — Dra. Guadalupe Rocha Psicoanalista Mariana Osorio. “La experiencia del objeto como significante de transformación”.

Psicoanalista Juan A. Litmanovich. “Trazos y marcas en la infancia: paso a paso con el grafo del deseo (Lacan 1956/1959)” ITACA. “Posibilidades estructurantes en la técnica de A.T”. — Psicoanalista y A.T. Ignacio Ferreyra, Psicoanalista y A.T. Carlos Lomas, Psicoanalista y A.T. Gabriela Carreta. REDES. “La experiencia creativa en el proceso de subjetivación” — Psicoterapeuta Jessica Berzosa, Psicoanalista y A.T. Luis Chávez, Psicóloga. Ana Peralta.

SÁBADO 24 DE SEPTIEMBRE 09:30 - 10:30

Conferencia Magistral Dra. Celia Delgado Teijeiro “Padre ubicuo, espejo opaco. Presencia y función paterna en la clínica psicoanalítica de niños con problemas graves”.

10:30 - 10:45

Receso

10:45 - 12:15

Mesa de trabajo AMERPI “Prácticas clínicas del antes del espejo”. •

• •

Dra. Ana María Fabre “Desencuentros fundantes. Mirada materna: baño de vergüenza y desconocimiento frente a la diferencia”. Psicoanalista Mariana Osorio “El extraño mundo de Max.” Psicoanalista Juan A. Litmanovich “La construcción del fantasma en la infancia: el tiempo especular”.

12:15-12:30

Receso

12:30-14:00

Mesa de trabajo REDES / TEC SALUD “Clínica de la subjetividad en territorio médico”. • • • •

14:00 - 14:30

Dr. Francisco Rivera — Oncopediatra Dr. Arturo Garza — Neuropediatra Dr. Sergio Fernández — Gastropediatra Araceli Franco — Psicoanalista

Clausura

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Quid

Un Narciso diferente

Por Iván Guerrero Vidales | gv.ivan8@gmail.com

D

e manera general conocemos el mito atracción física (Kalick and Hamilton 1986, en 2004, pg. 180).  de Narciso como el joven de belleza  Cada una de las hipótesis tiene sus corresadmirable quien cayó enamorado de su propio rostro; fascinado, llegó a tal grado de pondientes promotores y detractores, por lo admiración que dejó de considerar a los demás por el afán de no perder de vista su imagen.   Fiel a su estilo para explicar la naturaleza humana, la psicología tradicional escudriñó en la mitología griega y acuñó el término de “narcisista” a las personas que caen presa de esta excesiva apreciación de sí mismas, generando así una connotación negativa a tal comportamiento. Sin embargo, el mito podría tener una variante distinta en la cual el narcisista, efectivamente, queda fijado en la belleza de su rostro, pero con la diferencia de que lo encuentra reflejado en la persona que selecciona como pareja.    Los humanos asignan un gran valor al aspecto visual del rostro al momento de elegir una pareja y existen varias hipótesis que buscan explicar el modo en que se realiza esta elección: la hipótesis “egocéntrica” (self seeking like), sostiene que la auto-percepción parece modular la preferencia de pareja (Buston en Emlen 2003, citado en Alvarez & Jaffe 2004, pg. 180); la evidencia de que los humanos asignan criterios de belleza basados en sí mismos también son compatibles con esta hipótesis (Aron & Aron 1986, Yela & Sangrador 2002, citados en 2004, pg. 180); más comúnmente aceptada, la  hipótesis de “competencia” (competition) menciona que el parecido físico y psicológico se considera como el resultado de la competencia por la pareja más atractiva; por último, la hipótesis de “emparejamiento” (matching) propone que no buscamos a la persona físicamente más atractiva, sino que somos atraídos hacia individuos que son similares a nosotros en términos de 54


Quid

que no se puede negar que el emparejamiento puede suceder a través de la competencia por el compañero más atractivo o por la similitud en la atracción física; sin embargo, en lo que a “narcisistas” se refiere (recordemos que el “narcisista” ahora es quien le asigna un valor especial al rostro para elegir una pareja), la evidencia parece indicar que el emparejamiento selectivo, definido como “egocéntrico” (self seeking like) tiene un gran efecto estabilizador en el sexo, es evolutivamente estable, y tiene una dinámica evolutiva análoga a la de selección por parentesco (Jaffe 2000, en 2004 pg. 178)  

Por ejemplo,  el estudio de  Alvarez  &  Jaffe  (2004)  demuestra cómo a partir de una

evaluación de la similitud (detectable por jueces neutrales durante el estudio) en los rasgos faciales de las parejas (el rostro de forma general o la nariz, ojos y boca de forma específica), las personas son capaces de emparejar correctamente a los compañeros reales en un porcentaje significativo (curiosamente, este porcentaje es mayor cuando analizan las partes del rostro anteriormente mencionadas). Los resultados de este y otros estudios que han examinado las características faciales en parejas casadas han demostrado que las evaluaciones de los participantes para emparejar a los compañeros reales superan las evaluaciones que podrían hacerse sin considerar esta condición.   La similitud en el rostro tiene un valor vital en la forma en que las parejas se eligen a sí mismas, pero más allá de este fundamento, hay estudios que sostienen que las parejas se asemejan más con el paso del tiempo. Por ejemplo, Griffiths and Kunz (1973, citado en Little, Burt & Perrett 2006 pg. 974) encontraron que las parejas casadas por menos de diez años y por más de veinte años eran emparejadas con niveles superiores a evaluaciones al azar; similarmente, en el estudio de Hinsz (1989, citado en 2006 pg. 974) se encontró una similitud significativa en los rasgos faciales de parejas reales casadas por veinticinco años frente a parejas generadas al azar.  Similarmente, el estudio de Zajonc et al (1987), demuestra que el parecido de las parejas es mayor después de veinticinco años de casados, a juzgar por las evaluaciones de los participantes, realizadas por medio de la observación de fotografías de la pareja al primer año y a los veinticinco años de casados. Los autores enumeran cuatro posibles hipótesis para explicar este parecido en las parejas: la dieta que comparten, el medio ambiente en el que se desarrollan, la predisposición a elegir personas parecidas, y por último la empatía, que es la que mejor explica la formación de semejanza en las parejas. Los autores explican que esto podría ser posible dado que las parejas empatizan con una amplia variedad de estados emocionales generados por la experiencia compartida; la emoción (tristeza, felicidad, etc.) se refleja en 55


Quid

las expresiones faciales que, con el tiempo, terminan por darle una forma similar a los rasgos faciales de la pareja.  Los autores llevan más lejos esta hipótesis y mencionan que es de suponer que las parejas que han crecido con mayor semejanza en la apariencia física comparten un mejor matrimonio. Fundamentan esta aseveración en base a los resultados de una encuesta realizada a las mismas parejas de su estudio, en donde encontraron que la felicidad propia, la frecuencia de compartir problemas y preocupaciones y la similitud percibida en la actitudes, es mayor en parejas similares (1987, pg. 345).   Como se ha demostrado, el rostro es fundamental no solo durante el proceso de elección de pareja, sino también elemental en la relación de pareja ya que tiene una capacidad adaptativa para demostrar empatía, que es una habilidad social superior que permite que la pareja sienta mayor satisfacción al compartir las experiencias positivas y negativas de la vida. ¿De dónde se deriva esta satisfacción? Del hecho de que uno ve reflejada su expresión en el rostro del ser querido.  Como lo muestra de forma sencilla, pero definitiva, el siguiente extracto de la canción  Such  Great  Heights  (Gibbard  &  Tamborello, 2003):   I am thinking it's a sign  That the freckles in our eyes  Are mirror images and when  We kiss they're perfectly aligned    And I have to speculate  That God himself did make  Us into corresponding shapes  Like puzzle pieces from the clay    De modo que uno se enamora de sí mismo, en esto no hay novedad; el elemento diferente de este enamoramiento “narcisista” es reconocer que la atracción por uno mismo es real y que esta apreciación se convierte en una aptitud para identificar el rostro de uno mismo en el reflejo de nuestro semejante, lo cual conlleva a 56

una toma de decisión consciente y congruente con nuestras preferencias y expectativas; así mismo, recordar que la forma en que amamos al otro es la proyección de la misma emoción que sentimos por nosotros mismos. Supongo que no lograr este reconocimiento  y adaptabilidad implica ser un “narcisista” mitológico. Bibliografía: Alvarez, L., & Jaffe, K. (2004). Narcissism guides mate selection: Humans mate assortatively, as revealed by facial resemblance, following an algorithm of “self seeking like”. Evolutionary Psychology, 2(1), 177-194. Recuperado desde http://evp.sagepub.com/content/2/1/147470490400200123.full. pdf+html   Gibbard, B. & Tamborello, J. (2003). Such Great Heights. [Recorded by The Postal Service]. On Give Up. [CD] Seattle, USA: Sub Pop  Little, A. C., Burt, D. M., & Perrett, D. I. (2006). Assortative mating for perceived facial personality traits. Personality and Individual Differences, 40(5), 973-984. Recuperado desde http://www.alittlelab.stir.ac.uk/pubs/ little_06_assortative_personality_paid.pdf   Zajonc, R. B., Adelmann, P. K., Murphy, S. T., & Niedenthal, P. M. (1987). Convergence in the physical appearance of spouses. Motivation and emotion, 11(4), 335-346. Recuperado desde https://deepblue.lib.umich.edu/ bitstream/handle/2027.42/45361/11031_2004_Article_BF00992848. pdf?sequence=1&isAllowed=y  Referencias de imágenes: Bonazzi, S. (2011) Undecided [Ilustración] Recuperado desde: http://www. stefanobonazzi.it/undecided/ Bonazzi, S. (2011) Compress [Ilustración] Recuperado desde: http://www. stefanobonazzi.it/?s=compress Karwacka, N. (2013) Illustration using portrait [Ilustración] Recuperado desde: https://www.behance.net/gallery/Illustration-using-portrait/6666887


PsicoanalizARTE De amor y sobre sueños absurdos Por Osvel Becerra

E

l lector de «La Interpretación de los Sueños» va a encontrarse con las operaciones intelectuales en el sueño que se pueden identificar por que caen en lo absurdo. Desde 1900, en el libro antes citado, se recuerda que los sueños fueron menospreciados por mucho y muchos y sobre todo los más absurdos, hasta que se supo por el psicoanálisis que están íntimamente ligados al espectro de un padre muerto. Quiero referir al lector al apéndice en el que Freud explicó la razón de un par de sueños que caían en lo absurdo y develó por medio de la Interpretación. En ambos casos, la interpretación de los sueños cayó en lo absurdo de matar al padre. Se avisaba en el texto que tal sueño de un par de soñantes versaba de tal manera para Freud y que es de importancia actual para el psicoanalista tomar en cuenta que la neurosis se comenzó a develar a partir de sueños propios y ajenos a Freud. 

La muerte del padre en ambos sueños se realiza a partir de sufragios que el inconsciente del soñante obtiene de la urgencia de poseer sexualmente a la madre. Yo soy un admirador de mis lectores por que sé que no los hay, por lo tanto, necesitaré ser de forma explícita un literato y me perdonarán que tenga que citar con el dedo para darles a ustedes, los que han caído en estos más que conjuros de las ideas... Único ejemplo: Sueño de un paciente que perdió a su padre en 1895. «Al padre le ocurrió una gran desgracia. Viajaba en el tren nocturno; se produce un descarrilamiento; los asientos se entrechocaron y le aplastaron la cabeza de través. Lo ve yacente en el lecho, con una herida sobre el arco superciliar izquierdo, que está cogido de manera vertical. Me asombra que el padre se haya malogrado (pues ya está muerto, según completa en el relato). Y sus ojos tan claros (los del padre).» 57


PsicoanalizARTE

Éste sueño está condensado y desplazado, sabemos que el sueño recoge de la vigilia símbolos por los cuales se vale para designar una semántica; el inconsciente en 1900 no solamente estaba estructurado como una lingüística sino que también decía que conocerlo está al alcance de la mano.En el libro Freud pasa describiendo como este sueño se ha condensado y desplazado, incluso expone de su propio material inconsciente, y pide quizá disculpas por descifrarle a las buenas costumbres el deseo ordinario de matar al padre, aunque esto sea absurdo. En su sano juicio nadie mataría a su padre, solamente que el teatro que el sueño presenta al soñante es inspirado en un juicio de muerte al padre como única consideración de la pulsión de muerte. Lo anterior solamente lo sabríamos al haber transcurrido 39 años de Freud detallando el psicoanálisis. Como lo he citado antes en publicaciones anteriores donde la explicación última considera la sexualidad en su forma brutal, un hijo contra un padre, y que le desea la muerte, y desea a la madre, y por eso le urge cancelar esto que es derivado de la repetición.  El amor en sí no es un sueño absurdo. Esta afirmación se la debemos a que sabemos que el sueño ordinario y cotidiano que no nos parece despertar ninguna inspiración versa sobre el complejo más estimado en la citación de la neurosis y la psicosis. Cuando los sueños fueron contados por Freud en el libro estaban hechos para mostrar al lector que había que tomar en cuenta en el psicoanálisis incluso lo que cae en lo absurdo, lo tosco, o bien está falto de sentido y de lógica. Esta inspiración de Freud también sucede en el psicoanálisis, es decir, en cuanto se establecen las reglas para que comience la cura. Al pautar qué se escucha es entender que muchos, sino todos, tienen una historia que contar, solo basta poner oído; pero también saber hablar de lo que la psicoanalista sabe de aquel que busca la cura a través del habla. No ostento el título de trabar lenguas. Espero en este esclarecimiento ser específico. Los 58

sueños no versan sobre tal o cual condensación o desplazamiento. Es cierto que gracias a esta mecánica podemos rastrear y acertar en la condición a la que sirve el sueño, es decir, al compromiso que ha emitido con el soñante para no decirle en cara asesino y violador, o quizá más bárbaro, como Edipo Rey expulsado a gritos de furia por sus atrocidades sexuales de la ciudad que pontificaba, por los habitantes, ¡hijos del gobierno del mismo Edipo! Al tratar el amor es bueno citar las clases de psicopatología; no habría otra manera de mostrarlo… Para los conservadores quizá sea bueno recordar como lo muestra Lacan en su kanji que hace con una flor y una mano, y es cierto, el botánico encuentra en la flor un amor digno de ser lengua, de ser hablado ¿sino de que serviría? Tan digno es que esta hecho kanji. Pero volvamos al amor sin asuntos franceses ni románticos, eso de dar flores es del siglo pasado. Casi se puede decir que la cultura ha desechado el tabú de la virginidad, como es bien sabido el caso de la cultura occidental, oriental y en general del mundo de principios del siglo veintiuno. El amor, dicen algunos que no se define sino que se hace, y es correcto, está definido como quiera en el Kamasutra pero hecho un desecho en la vida – y disculpen que rime, pero el amor es un desecho de la vida moderna por que no cabe ya en ningún lado, por ser absurdo. Quizá, de forma emergente, la palabra viva de los textos de Freud releídos y retirados de la ostentación doctoral puedan conseguir que el psicoanalista capte la relación entre amor y muerte tan fácil como moral y amoral. Pero esto lo tendremos cuando hayamos psicoanalistas que persignados podamos confesar, es decir, que no seamos una vaca que no de leche, se las pongo más fácil, porque dicen que PsicoanalizArte son como los corridos, que cuentan la pura verdad. Referencias de imágenes: [Imagen de nubes] Recuperado de https://flic.kr/p/jWQWd8


M.C. Arnoldo Téllez López Presidente de la AHNL

Inauguración/

Registro/

11:00 a 12:00

10:45 a 11:00

SALÓN 2

SALÓN 3

SALÓN SALÓN

Coordinador:

Hipnosis en un Caso Psicosomático con Convulsiones Sandra Ericka Berdejo Anaya.

La Hipnosis Clínica Terapia Breve Ericksoniana y la Sistémica en un Terapia Breve para Caso de Conflicto de Depresión Post Pareja por Infidelidad Parto. Estudio de Rafael Villa Cesar. Caso Landy N. Ramírez Autoestima y Relación de Pareja El Manejo de la Bajo El Modelo Fibromialgia por Centrado en Autosugestión Soluciones Hipnótica Ivonne Mishelle Jonatan Davenport Dodero Nesme

de Baja Estima y Violencia en el Noviazgo: Estudio de caso Angélica Pérez Arredondo. Lourdes Remigio Mondragon.

Jorge Orozco

José Ma. Rompiendo el Círculo Buenrostro

Coordinador:

Hipnosis en sobrevivientes de abuso sexual infantil Teresa Sánchez El uso de la hipnosis y Terapia Breve en un caso de Adicción sexual Alicia Ramos El Uso de la Terapia Familiar Breve Sistémica e Hipnosis Ericksoniana en Problemas de Disfunción Eréctil Swessin I. Miranda Ruth M. Braunschweiger

Mórbida: Obesidad un caso de terapia breve centrada en soluciones Angélica Pérez

El llanto Persistente de Tere: La Terapia Breve enfocada a solución e Hipnosis en la Distimia Blanca E. Cavazos

Carlos Bocanegra

Coordinador:

El Uso de la Terapia Breve e Hipnosis en el Control de Ansiedad Alma Nava

Liliana Molerez

Coordinador:

La Hipnosis y Paradoja en un Problema de Fuga Disociativa: Estudio de Caso Cristian O. Hdez.

Uso de la Técnica Hipnoterapéutica “La Alfombra Mágica” en una Adolescente con Autolesiones. Estudio de Caso Montserrat A. Jasso Silvia Barajas

Hipnoterapia Ericksoniana en Mantenimiento del Cambio en Conductas Positivas en un Adolescente Autolesivo Monica Diaz Jacobo

Antonio Zamora

Coordinador:

Mesa de Trabajo Mesa de Trabajo Mesa de Trabajo Mesa de Trabajo Mesa de Trabajo 1.A 2.A 3.A 4.A 4.A

SALÓN 1

Mesas redondas/

BREAK

(Brief Therapy Oriented to the Personal Growth) Fundación Milton H. Erickson (EU)

Dan Short

M.C. Blanca Cecilia Martínez N. Presidenta de la FENAPSIME

ACTIVIDAD

Conferencia Magistral/ 9:30 a 10:45 Terapia Breve Orientada al Crecimiento Personal

9:00 a 9:30

8:00 a 9:00

HORA

JUEVES 29 DE SEPTIEMBRE 2016

PROGRAMA VI CONGRESO INTERNACIONAL DE HIPNOSIS CLINICA Y TERAPIA BREVE

(UANL, AHNL)

Arnoldo Téllez

T1. El Uso Combinado de la Hipnosis y la EMDR en El Tratamiento Breve del Estrés Postraumático

Talleres/

(EU)

Dan Short

T2. Fomentando la Esperanza y Resiliencia con Hipnosis (Promoting Hope and Resilience with Hypnosis)

(UNYPSI)

Antonio Zamora

T3. Técnicas de Inducción Rápida y Sintaxis Efectiva para el Trance.

COMIDA

Editorial: Ediciones UANL.

10:35 a 10:50

10:45 a 11:00

10:20 a 10:35

9:00 a 10:15

HORA

ACTIVIDAD

(y Huéspedes del Barceló del grupo del Congreso)

(CAITAB, AC)

Conferencia Magistral/

Editorial: CREE-SER

Jorge Domínguez

''Domando a tus Dragones Internos: una Aventura hacia el Autocontrol de Actitudes y Emociones con un Enfoque en Soluciones''

Presentación de libro/

Jorge Orozco

Editorial: CEFAP

''Terapia Breve para Resolver Problemas: Caminos de Regreso a Casa''

Editorial: CREE-SER

Ruperto Charles

Viaje al Exito: ''Un Complemento de Biblioterapia para el Terapeuta”

por la Aportación al Conocimiento y Desarrollo de la Hipnosis Clínica y/o Terapia Breve

Entrega del ''Premio Milton H. Erickson de la AHNL 2016''

Michael Hoyt (EU).

Hipnosoluciones para Problemas con Demostración en Vivo en la Terapia La Psicoterapia Encuentra a la la Comida, Sexo y Alcohol en Parejas. de una Sola Sesión. Psicología Social (Análisis de videos) (Live Demostration of a Single Ricardo Figueroa. Session Therapy) Ruperto Charles.

Conferencia Magistral/ Demostración/

T5. El Uso de las Metáforas y Cuentos en Niños con Obesidad

Rosario Angélica Pérez Gutiérrez Anahí Camarena (AHNL)

T4. El Uso de las Metáforas en el Tratamiento en Pacientes con Anorexia.

VIERNES 30 DE SEPTIEMBRE 2016

19:30 a 21:30 Cocktail para ponentes y organizadores/

15:00 a 18:00

14:15 a 15:00

Arnoldo Téllez (compilador) 13:50 a 14:15 “Técnicas Efectivas de Hipnosis Clínica y Terapia Breve” y los autores de los capítulos.

Presentación de libro/

Fundación Milton H. Erickson (EU) Editorial: Alom

Dan Short

Rubin Battino (EU)

Demostración en Vivo de una Técnica Hipnoterapéutica de una Sola Sesión. (Live Demostration of one Hypnotherapeutic Techique in a Single Session)

Demostración/

13:30 a 13:50 ''Estrategias Terapéuticas de Milton H. Erickson'' (''Therapeutic Strategies of Milton H. Erickson'')

Presentación de libro/

Michael Hoyt (EU)

Terapia de una Sola Sesión: 12:00 a 13:25 Aprovechando al Máximo Cada Sesión (Single Session Therapy: Making the Most of Each Session)

Conferencia Magistral/

Tema central: El amor existe

59


11:00 a 12:00

12:00 a 13:00

13:00 a 16:00

16:00 a 19:00

SALÓN 1

SALÓN 2

Mesas redondas/ SALÓN 3

SALÓN 4

Coordinador:

Jaime Montalvo

Coordinador:

Armanado

Coordinador:

Coordinador:

SALÓN

Salud Mental en Caborca, Sonora Cuitláhuac Morales, Cinthya Lilian Contreras Y Alejandra Madrid Gamboa.

Problema de destete de los Padres Trabajado Con Técnicas De Terapia Familiar Breve Sistémica e Hipnosis Ericksoniana Alma Rosa Martínez Pliego

Los efectos de la Hipnosis y la Música en la Biopsia de mama Teresa Sánchez

El Efecto de la Hipnosis en la Calidad del Sueño en Mujeres en Cáncer de Mama. Leticia Jaime Arnoldo Téllez

Los Efectos Psicológicos de la Hipnosis en Pacientes con Cáncer de Mama durante la Quimioterapia Dehisy Juárez Arnoldo Téllez

Nadia Marquez

Coordinador:

Mesa de Trabajo Mesa de Trabajo Mesa de Trabajo Mesa de Trabajo Mesa de Trabajo 1.B 2.B 3.B 4.B 4.B Jorge

Carlos Casanova

Terapia Breve Sistémica e Hipnosis de Grupo en un caso de Depresión Edith Carvajal

Los beneficios de la Hipnosis y Terapia Breve en Pacientes con Cáncer José Ma. Buenrostro El Efecto de la Hipnoterapia sobre Variables Psicológicas en Mujeres con Cáncer de Mama. Guillermo Segura Arnoldo Tellez

COMIDA

Hacia la Consolidación del Nido Vacío. Intervención desde la Terapia Breve Sistémica. Estudio de Caso Alejandra Colí

Domínguez Quiroz Principales Terapia Sistémica en Aportaciones de Teoría de la 2ª una Familia con Milton H. Erickson a Placenta: el Peligro Hijos en Edad de que los Hijos se la Psicoterapia Escolar y Problemas Abraham Hernández queden en Casa. de Límites: un José Luis Garza Hipnosis Clínica Estudio de Caso Arnoldo Téllez Aplicada al Deporte Estrella González Hipnosis y Terapia Luis Delgado Aplicación de los Breve en una Sesión, Modelos de TFBS-E Estableciendo Estudio de Caso con en un Caso de Bajo Límites en el Holón Violencia Familiar Rendimiento Escolar Conyugal Aplicando Roxa N. Cepeda Cruz Antonio Sigler el Modelo Estructural Eduardo Osorno Domínguez Análisis e Intervención Estructural en un Caso de Dislalia y Mutismo Selectivo Yamile García

Tratamiento de un Caso de Burnout Aplicando Técnicas de Programación Neurolingüistica Bajo Modelo Centrado en Soluciones Omar Estrada C.

Carteles/ Jurado: Comité Académico de la AHNL El Proceso de Adherencia en Terapia de Pareja Aramis Rosa Tello Pérez.

Talleres/

Liliana Molerez

T9. La Hipnosis en el T10. El Uso Exitoso Mejoramiento de los de la Hipnosis en el Hábitos Alimenticios Alivio del Dolor de Cabeza y Migraña

Alejandra

(CETPAFAM)

(INFASI)

(AMEONL)

(CCPYF)

Jorge Domíguez

T15. Intervenciones Sistémicas Centradas en Soluciones en Ambiente Escolar

(AHNL)

Rolando Cantú

T8. El arte de Convertirse en Terapeuta

T12. El Uso de la Hipnoterapia con Parejas

Andrade y (AHNL) y Carlos Rodríguez M. Landy Ramírez Emilio Tamayo

T6. 10 Rituales y T7. Aplicaciones Trances Terapéuticos Útiles y Novedosas Multiusos. de la TBS y la Hipnoterapia

Ruperto Charles (CCPYF)

Talleres/ T11. Movimiento, Música y Danza como Estrategias Psicopedagógicas y

T14. La Terapia Breve en la Dependencia Emocional y el Duelo-Apego Alimenticios

Guadalupe Iglesias (UANL)

T13. Imaginación Guiada para la Psicoterapia y Sanación (Guided Imagery for Healing and Terapéuticas Armando Gracia Corkidi Quiroz

(EU)

Rubin Battino

(AMAPSI)(INOCAC) (AMAPSI)(INOCAC) Psychotherapy)

HORA 9:00 a 10:15

ACTIVIDAD

SÁBADO 1 DE OCTUBRE 2016 Conferencias/

Antonio Zamora

“Pareja, Cerebro y Cuando ya no hay Nada, Todo PNL y Estados de Trance para Sexualidad... del es Posible: Terapia Breve e el Crecimiento Emocional Enamoramiento a la Fidelidad” Hipnosis en Depresión Estratégico

Jorge Orozco

Conferencia Magistral/

Armando Quiroz

Conferencia Magistral/

''Sanando al niño interior con Hipnosis Clínica Reparadora (R)''

(CHILE)

Bernardita Montero

“Terapia Secreta vs Terapia Yenta (chisme)"

10:15 a 11:15 (Secret Therapy vs Yenta (gossip) Therapy)

Rubin Battino (EU)

Presentación de libro/

Jaime Montalvo Alejandra Andrade Angélica Pérez

SALÓN 4

T20. Hipnosis en Niños.

SALÓN 6

Editorial: Ediciones INFASI

SALÓN 3

T19. Mindfulness en la Psicoterapia

Marco Tulio Garza

BREAK (Check out) SALÓN 2

Ricardo Figueroa

(UANL)

T18. "Uso y Práctica de la Técnica de Liberación Emocional (EFT) con Pacientes Adultos"

(Instituto Milton H. Erickson Gudalajara)

*SUJETO A CAMBIOS SIN PREVIO AVISO

T. 52 (81) 2235-6066 T. 52 (81) 2235-6086

Hipnoterapia Nuevo León

www.hipnoterapianl.com ahnl.hipnoterapianl@gmail.com

CONTACTO:

(CHILE)

Bernardita Montero

T17. El Tratamiento de la Dependencia Emocional Familiar y de Pareja

Jaime Montalvo (INFASI)

Clausura del VI Congreso Comité Académico de AHNL

(Instituto Milton Erickson de Mexicali)

Jorge Orozco

T16. Hipnosis y Terapia Breve en Pareja.

SALÓN 1

Talleres/

11:15 a 11:30 “Terapia Familiar Breve Ericksoniana: Investigación y Aplicaciones” 11:30 a 12:00

12:00 a 15:00

15:00 a 15:30

COSTOS DE CONGRESO: SEDE:

Septiembre $2,000.00

PUERTO VALLARTA, MÉXICO. Julio-Agosto $1,800.00

Día del evento $2,500.00 *Separa lugar con el 50% del costo. *El costo incluye derecho a todas las conferencias y dos talleres a elegir. *Costo extra por taller: $400.00

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Artículo

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Artículo

to.

29, 30 Sep. 1 Oct. HOTEL BARCELÓ

PUERTO VALLARTA, MÉXICO. Invitados Especiales:

Costos de congreso:

Dan Short (USA) Michael Hoyt (USA) Rubin Battino (USA) Bernardita Montero (CHILE)

Julio-Agosto

Conferencias Magistrales, Mesas de trabajo, Carteles, Presentaciones de libro y Talleres.

Más Invitados: Alejandra Andrade Antonio Zamora Armando Quiroz Arnoldo Tellez Carlos Rodríguez M. Emilio Tamayo Gracia Corkidi Jaime Montalvo Jorge Dominguez 62

Jorge Orozco Liliana Molerez Ma. Angélica Perez Ma. Guadalupe Iglesias Marco Tulio Garza Ricardo Figueroa Rolando Cantú Rosario Gutierréz Ruperto Charles

$1,800.00 Septiembre

$2,000.00 Día del evento

$2,500.00

*Separa lugar con el 50% del costo. *El costo incluye derecho a todas las conferencias y dos talleres a elegir. *Costo extra por taller: $400.00

Contacto: www.hipnoterapianl.com ahnl.hipnoterapianl@gmail.com Hipnoterapia Nuevo León T. 52 (81) 2235-6066 T. 52 (81) 2235-6086

#38 ¿Y el amor? (Segunda parte)  
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