Issuu on Google+

Mientras la luna destilaba su agonía yo mecía mi esperanza bajo el sol, y sobre el vuelo de una nube pasajera bosquejaba tu carita de gorrión. Llegabas, yo lo sabía, bajo el susurro de las horas cansadas, con el sol en tus mejillas ibas silbando, desgranando melodías olvidadas. Y aquí estás resplandeciente, Agitando un mar en mi interior, Quiero verte nacer, crecer, amarte, Brillar yo también, bajo tu sol.


Una alargada tristeza se dibujo en tus ojos que miraban sin ver desde el otro lado de la mesa. Sentí la humedad de tu alma en mi piel, el sonido de tus cristales rotos, que al caer, me permitían ver el contenido de tu alma quebrada. Me bebí tus lágrimas calladas, tu hondo dolor... tus gemidos interiores, tu angustia me astillaba el corazón porque entendía, porque intuía los motivos que callabas. Tanto se de ti que puedo verte aun a través de los obscuros cristales detrás de los que intentas disimular tu angustia. Ayúdame a ayudarte, no te niegues a romper el silencio, permíteme escucharte, que tal vez juntas podamos recomponer esos pedazos que has perdido, vacíate... aquí estoy, leyéndote por dentro...como siempre.

Sugal


Mi casa se recorta detrás del paraíso, entre el coro armonioso de las aves, entremezclada en el perfume que se apropia de la tarde y los frutos que bosquejan de colores las tupidas cabelleras de mis árboles. Dos grateus custodias implacables de la entrada y un mar de verde derramándose en el suelo. Más allá, enhiesto Gambusino, albergue de palomas y de horneros, mientras a sus pies, coronando el ancho tronco, anillos de violeta y rojo fuego. El limonero en el centro del camino presume de su carga generosa, y oculta de la vista a los pimpollos, que tímidos asoman de la rosa. Y aquí atrás en el ángulo perfecto, con su piel ajada por el tiempo, oscuros brazos que se enlazan y se yerguen, para danzar en silencio con el viento. Hay murmullos y también silencios bajo el verde claro que engalana mi ciruelo, jirones de cielo, como techo improvisado, y algún ave reposando de su vuelo. Compañero de tantos momentos de vigilia, mudo testigo de tantos encuentros, brazos fecundos que custodian mi descanso y en los que cobijados se mecen mis sueños...


Desde los húmedos Tejados.

Miro los tejados de mi barrio, que acariciados por los cristales alargados de esta tarde gris, lucen su humedad tajante y llamativa. Encima de ellos, el aliento refrescante de la tarde despabila las hojas ya cansadas de los árboles viejos. Este tejado, el mío, gotea pequeñas astillas del pino Gambusino que baila un compás arremolinado con los pétalos despeinados de numerosas flores, que al fin, han logrado liberar sus sueños. En todas las esquinas la lluvia ha apagado el sol, ocultándolo detrás de una cortina de húmeda melancolía. Me gusta verlos así, con el maquillaje ahora lavado, cubiertos de este gris dorado que la tarde somnolienta nos regala, para satisfacción de todos los ojos y todos los locos que escurrimos vocablos desde los tejados.


A tu alma que está dormida, que aletarga en las proximidades del Sena. Para tu corazón deshilachado de esperanza y ahogado en la desconfianza. Para tus palabras sin sonido y tus respuestas que nunca llegan... Para tu partida sin rumbo y tu caminar sin brújula, porque es evidente que jamás encontrarás mi norte.... Para nuestra...nuestra? despedida sin sabor, en un aeropuerto cualquiera. Para tus alas quebradas en un vuelo desganado, para tu café sin olor a madrugada y tu cena sin sabor a encuentro, a cada minuto de tu vida que tenga la textura de las lágrimas le digo.... Despierta ya!..... saca lustre a tus zapatos y ve por aquello que te moviliza, busca el pan y la sal de cada día en tu mesa. Descuelga madrugadas de tus sábanas gastadas de desencuentros, renueva tu corazón con latidos nuevos, grita!, siente!, sal al encuentro del camino que ansias o que ya has encontrado y no te animas a recorrer...si es que no te animas. Tu lo has dicho, una sola es la vida.... ¿A que esperas?, para que?... si tu silencio todo lo dice y tu lento caminar lo demuestra, no es mi camino tu sendero...ni mis hojas forman parte de tu otoño, Soy un sol que ya no te entibia ni desvela... un ocaso tan siquiera que sostienes por temor y con dolor. Que, ¿que estoy diciendo?....la verdad...solo la verdad que tu me muestras. Sabes que no tengo grises, aprovéchalo para echar a rodar lo que muy adentro llevas. Me gusta vibrar como el mejor acorde y que me amen con locura...o me abandonen. Jamás medias tintas, mucho menos en el amor. Así que vete y quédate tranquilo... que nada me debes. Te prefiero lejos y vivo, a verte cada día en gris y descalzo sobre la niebla. Busca la llama incandescente, que bien sé, que mi lámpara encendida.... ya no da luz a tu vida.


Creemos ser påjaros y tan solo somos hojas naufragando en el viento. Palabras bajo el agua, suspiros enmohecidos Nos salva el abismo, la lluvia de abril golpeando rocas, Un río de sonrisas volando en el viento Murmullos silenciosos en el vector de tus ojos El vuelo solitario, la espuma y el fuego‌ desde la orilla de tus labios.


Avanzas a tientas, sin horizonte ni rumbo despliegas las alas tanteando el silencio, Encuentras palabras escritas a medias y te ofreces mudo, sin convicción y en reserva. Pescador de sueños para tu noche silenciosa y negra ¿Que buscas buceando en la oscuridad?


Ahora me río... Pensar que te había borrado de mi calendario, Que te había guardado en un cajón obscuro de la memoria para que no volvieras, Que como un viejo reloj sin cuerda había dejado que se oxiden sobre mí, todas las horas que alguna vez, fueron las nuestras.


¿Me pregunto en que instante infausto me quedé dormida? ¿En qué orilla de los sueños me perdí tu realidad? ¿En qué momento tu horizonte se desdibujó para siempre del plano de mi vida….? La verdad, es que ya lo sabía,… Sabía que tus pasos sonaban lejanos en las veredas de mi vida, Que se adormilaban tus besos sobre la nervadura de mis hojas de otoño, Pesadez e incertidumbre, ecos pálidos… luego olvido.


El tĂşnel de esceptismo se desgaja, en caricias que a tu piel mis manos atan En la espuma de tu boca envuelta en olas, que en la costa de mis labios se desmaya. Envuelto en el nĂĄcar de la luna, tu figura se incrusta en mi horizonte Te asomas me suspiras y me envuelves, borrando entre nosotros las distancias.


Habrá sido tal vez, el roce de una palabra resbalando del otro lado de la mesa. O quizá el vértice de tus ojos sujetando una lágrima. Por ahí fueron tus manos dibujando arcos intangibles o tu carita de gorrión herido. Quizá fue una conjunción de todos ellos. No lo se… Pero lo cierto es que algo desató el antojo de anudarte entre mis manos. Liberar por fin las caricias retenidas, el abrazo de osa tantas veces prometido, Y finalmente el beso presuroso rebotando sobre el hueco de tus labios ofrecidos. Fue bueno llegar a vos, observarte, detenerme y encontrarte


Un lago se estremece en la tormenta, Tus manos que abandonan el teclado Tus ojos de hombre luna que se asombran Y perfilan en mi piel tus torbellinos. Tus sueños se confunden con la lluvia, Mis ansias se deshilan en promesas, Las pieles que son una en el deseo Desconocen la distancia y los hastíos. Pareciera que la niebla nos envuelve, Nos unieran esos besos no estrenados, Que te tengo hombre/niño entre mis senos, Y en la corteza de tu piel tallo mis besos. Esa noche que no fue y nunca ha sido, Que nacida en la ilusión se fue muriendo, Ha quedado adormecida en el recuerdo, Y desgastada en brumas fue muriendo.


Vuelvo a "mi" árbol... a su sombra profusa de misterios, a tu raíz hecha de incienso y de canela, a tu voz sellada por un beso. Vuelvo como quien se sujeta a una promesa, como los que cansados llegan de la guerra, vuelvo a beber de tu sabia fecunda de energía, llena de gloria, de latires, de desvelos... Me aferro a tu tronco y en tu copa vuelo, cuelgo paisajes en tus ramas tibias, extiendo mis sueños. No encuentro desacuerdos entre tu corteza y mi piel, si sentimos lo mismo, bajo idéntico cielo.


A ti, espíritu de pájaro libre, A tus manos que tallan atardeceres en mi alma... A tus pasos que llegan despaciosos pero firmes, A tu voz que suena a marcha y esperanza. A ti, ser de ojos incandescentes y viriles, Que eres todo fuego y claridad, Que me dejaste probar la alquimia de tu boca, y pones en mi mesa el sabor de las mañanas. A ti, que encendiste en mi la primavera, Que renovaste con tu sol mi atardecer aletargado, Que me diste el vuelo para planear bajo tu cielo renovado Que sujetaste en mis cabellos el aroma de tu esencia. A ti que eres exquisito y sensible, Que me llenas del dulce y el agrio que no entiendo, Que me das ganas de acercarme y luego huir, Que me llenas de deseo y a la vez...de miedo. Como olvidarte entonces, si eres el sueño, la semilla que promete, la raíz que sostiene, el olor a pan caliente y a café, Eres el sabor que descubro en la mañana, el viento, el sol, y la lluvia que me cubre y humedece. Pero nada puede ser, si no es por transparencia, El amor no se alimenta de lo opaco, ni de dudas, Deja que llegue otra mañana y veremos, Pero mientras, sabe que fuiste el color de mis mañanas.


Agradezco… El contorno de tus palabras, la profundidad de tus mensajes, Las coincidencias que nos acercan, las disidencias que nos enseñan. Agradezco… Tu luz y tu oscuridad, Ya que las dos te hacen único/a… inconfundible Tu incondicionalidad, tu risa, tu bronca… Tus abrazos (eso más que nada… jajaja!!) Agradezco… Tu decisión de permanecer en mi vida, De regalarme tu luz, Tus mail, tus llamados Tus silencios… Te amo! gracias mi amigo/a Por estar ahí, por anidar aquí Justo, justo, en el centro de mi alma.


Sobre el colchón de ocre se posarán mis sueños, hora del amor y la vigilia... soplarán enardecidas mis caricias sobre la blanca y tibia piel de la mañana. Ronca la voz de tanta súplica a la luna, de tanto fuego durmiendo en ese lecho improvisado Se abrirá la aurora deshojando sueños, y mis labios abrazarán con sed de otoño el nudo que tus besos me han atado. Extraerás la niñez de la alborada llevándote contigo el canto de los grillos y en tu camisa, ocres mariposas, como flores se desprenderán bajo tu andar, como suspiros.


En este vuelo misterioso y convexo se relega la escala sustantiva, que ausente de parámetros, escribe su nueva tesitura. ¿Sueño o realidad?, ¿culpa o inocencia?, ¿indulto o condena definitiva? Aparecen notas discordantes, que como una confusa melodía, no aciertan a ceñir su tiempo en el tiempo donde el compás exacto permite la armonía. En el sueño de un beso que batalla con el miedo, dónde las manos no se atreven a desatar caricias, se evidencia la imprudencia sin excusas y la culpa apropiándose del alma. Deseo, curiosidad, adrenalina… Reconocer el perfume de tu piel y saborear tu boca de tabaco y canela por primera vez. Algo extraño, un recuerdo lejano de pasiones olvidadas, Vos del otro lado de la mesa bordando recuerdos, relatando historias, Yo ensuciando el mantel para que corras… pero igual te quedaste. Y te quedas ahora, entre estos palabros injustos a la hora de la remembranza, Mucha ansiedad para poder definir los términos acertados al nombrar esta historia Que parece comenzar como la aurora, a pesar del miedo… de la prisa. Me quedo con tu beso, el tapiz de tu piel entre mis manos, Será cuestión de aprender a soltarse nuevamente, Será cuestión tal vez de olvidar… para volver a aprender.


En este día especial… ¿Qué podría regalarte que sea diferente?, ¿Qué podría ofrecerle a tus alas inquietas?, A tus ojos de fuego y sonrisa discreta… Solo mi amor envuelto en palabros podría revelarte, Deshojar los recuerdos de tantos veranos envueltos de nostalgia, Las manos chiquitas, los rulos al viento y el sol de tu infancia. Un duende en los cuentos te roba sonrisas, Helados de Fanta, tardes de juegos y noches de guirnaldas, Tu pequeña figura corriendo en el parque, inquieta y radiante Mi niña del alma. Creciendo al galope de cientos de sueños, Corazón de oro que brillas tan bella Hoy bates las alas, desparramando estrellas. Y mi amor se hace canto, Se prepara el abrazo que acunarte quisiera, En esta noche de gala en que los quince cumple, la de los ojos grandes, espíritu inquieto… Que Dios te bendiga mi bella princesa.


Tenías tanto que decir que lo callaste, tanto por gritar que enmudeciste, Tanta soledad en la piel que lastimaba, pies descalzos, ojos tristes… Tejiste una coraza de mutismo para acallar el dolor que laceraba. Entre andenes desolados se agrietó tu infancia, El juego era sobrevivir al poli-ladrón intentando superar el hambre del olvido, Fuiste el inocente prisionero de una sociedad hipócrita e indolente, Pero no pudieron contigo gorrión… no con tu alma. Resurgiste al escapar de esa prisión que sin sentido te mutilaba, Volaste alto, tanto!, que fuiste instructor de vuelo de almas solitarias. Quién más que vos para comprender el desamparo y la indiferencia, Quién mejor que vos para maestro de los humildes sin techo ni esperanza. Pudiste haber desistido, adoptado la oscura piel del vicio y del engaño, No obstante decidiste ser, recrearte, renacer… y fue tu logro Gorrión en la simpleza, hornero constructor de tu destino, Tu canto es testimonio de que se puede, aún y a pesar del desamparo.


Te acercas, espada en mano, cincelando las huellas del camino con tu corcel de acero, llegas con todo el oro de tus conquistas, la cara encendida de girasoles y la piel... ... la piel como cien pétalos de fuego. Y aquí estoy yo, anunciando tu llegada, inquieta, expectante... vestida con los palabros de bienvenida al poeta, al amigo, a mi dulce y fiel caballero. Ellos todavía no te intuyen, no saben del arte de tu arte, todavía no conocen el rojo de amapolas que abres con tu pluma, ni la seda que tejes con tu aliento. Ya conocerán los soles que dibujas con tu magia, las lunas que plateadas se te entregan, beberán de tu garganta las razones del porqué de la noche, del misterio en el telón de la mirada, del beso de tu tinta y el son de tu guitarra. Bienvenido Caballero, como te prometí: guirnaldas blancas en el pelo, ramos de besos que se estiran al presagiar tu llegada, sonrisa ancha, brazos abiertos y todo el amor en la mirada. para Camelot...


Sobre el arco de esta noche el misterio de tu piel se hace milagro, tu ronca voz invade ahora el silencio, suspiras sobre el lienzo de mi piel transformada en aurora, esculpes caricias, asciendes como olas y me empujas y elevas‌ soy cometa y arcilla en tus manos expertas, acorde y melodía que tu pasión interpreta, me enciendo con la luz de tus labios asombrados, de tu puente de alta noche y tu cielo estrellado.


Atrapo en la cuenca de mis manos los últimos suspiros ocres de este final de otoño, Y es cuando sorpresivamente, un beso dorado se desliza en la curva del viento. Y me pregunto, ¿Viniste a modificar mi calendario? Algo apresuró la primavera, descorrió los cortinados, y sopló sobre la roja melena de las hojas suaves pétalos desprendidos de su aliento. Una nueva paleta de acuarelas Girasoles encendidos en el viento, Algo nuevo, algo extraño… Algo maravilloso en el alféizar de mi boca Se convierte en sonrisa y en verano.


Se ve que las olas olvidaron mi nombre... Te esperaba vestida de esperanza con los pies calzados de espuma y arena; buscaba tu voz girando en el rojo de esta tarde, melodía ronca y plácida para mis oídos no te encontré...Desgajé el silencio, rehilvané tu rostro entre la espuma y volví a soñarte otra vez, muy cerca mío.


Resplandores en el verde de sus ojos, un campo de girasoles ha vestido sus cabellos, Larga figura, sonrisa simple y el candor de la aurora luce la niĂąa de mis desvelos. NĂ­tida y gloriosa surca la vida, gesto generoso y corazĂłn sincero.


Rasgando el horizonte con los ojos descosiendo con un beso la distancia, En barcas de palabras navegaste cincelando en cada tarde la esperanza. Y de pronto estábamos frente a frente, en locas latitudes impensadas, Desataste el espacio contenido, pincelándolo con soles y suspiros. Capitán de un barco sin bandera, Sin brújula ni ruta definida, El sol a las espaldas, la sonrisa Y el abrazo tantas veces prometido. Bajo el ciruelo compartimos unos mates, Recorrimos mi ciudad encandilados, y tus pasos se grabaron en mi alma, mi amigo que de España ha llegado.


No borre el reflejo de la luna sobre el agua, ello nos dejaría en silencio y oscuridad, Con lo cual, solo tendríamos una opción, guiarnos por los instintos… No borre la luna y ¡venga!, Permítame sentir el murmullo de su beso de fiesta en esta noche opaca y bella, Y trate de no dibujar siluetas sobre ella, prefiero que dibuje atardeceres sobre el filo de la siesta. Búsqueme en la espuma del mar o más allá del horizonte, Sea usted mismo una ola y parte de esa espuma… y cuando venga a visitar mi costa, solo vístase con el sudor de la noche, tenga a mano su sonrisa y deposite en las mías su suave piel de almendras.


Al Alimón Brando y Dina (sugal) Tengo un pacto de palabras contigo que vienen de tu piel y de la mía. Es un pacto de palabras no dichas no escritas, un lenguaje secreto que anima nuestras vidas como la savia oculta de las plantas. No es un pacto de amor precisamente, un cursi nos diría que es algo más profundo, algo que se retiene con empeño y completamente inútil, como abrazar las olas. Pero hoy me siento así, extrañamente conectado a tu alma, y no nos basta sellar el pacto con dos palabras repetidas - ya sabes que te quiero, - perdón, pero me salen cinco. Tengo un pacto de palabras contigo. Para Dinamita, con todo mi cariño

, y para todos ustedes.

Tengo un pacto de palabras contigo... Nuestro pacto se conjuga en el sosiego, se hace eco en latir de nuestros versos, sin promesas ni razones que no entiendo, es un pacto sin distancias y sin tiempo. No hay palabras que describan esta elipse, esta esférica presencia de lo auténtico, la sonrisa, la mirada y el aliento son los cómplices que sellan nuestro encuentro. El que escurre el costumbrismo y las rutinas fue tallado con la seda de tu aliento, arremolinado en tu mirada cristalina, murmurando suavemente en el silencio. Es un pacto de palabras que enmudecen, dándole lugar a los sentidos, para dejar que tiernamente se concentren, en tus versos de tinta y en los míos. Para Brandito con amor. DINA.


Es en tu mar mi niña donde se esconde el misterio donde la belleza se genera con suavidad de palabras, nacidas en lo profundo de tu corazón de nácar. Sigue mi niña soñando, te quiero por lo que expresas y también por lo que callas. Porque eres brisa marina que cincela la mañana.

Era la luna mensajera de nuestros sueños, esa descabellada dama misteriosa nos guardaba los secretos, cómplice de nuestros encuentros, dueña de nuestros desvelos... Unía como un puente invisible nuestros anhelos, nos acercaba, nos acunaba con su magia y con ojos abiertos y asombrados nos miraba desde lejos. Luna de tantas noches que me llevaron a tu encuentro, luna de amor furtivo, de pasión y de besos.


Poemas by Sugal