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Leo en el número 4 de Estrella Digital en la sección de “¿Quién era quién en Stella?”, una biografía resumida del gran escultor y pintor Palma Burgos, acompañada de una foto espléndida de su Cristo de la Noche Oscura y súbitamente se agolpan en mi mente y en mi retina recuerdos imborrables de mis años de adolescencia en los que tuve la suerte de tratar al maestro malagueño. Conocí a Paco Palma en Úbeda en el Colegio Salesiano “Santo Domingo Savio” en el que tuve la suerte de estudiar Ingreso y los seis años de bachillerato. Una cruda mañana de aquellas de frío de órdago y de lluvia que nos obligaba a los internos a ponernos debajo del pantalón de pana y del “saquito” el pijama de franela y a refugiarnos a todos los alumnos tras los pórticos acristalados, el Consejero nos anunció en clase que sustituyendo a D. José, un anciano profesor de Dibujo de acusado acento meridional, que venía desde Baeza y durante su enfermedad, nos impartiría la asignatura un escultor muy ligado a la casa, D. Francisco Palma Burgos. Desde el primer momento los alumnos nos percatamos de que estábamos ante un gran artista de vastos conocimientos, aguerrido trazo, un sentido muy peculiar de la estética de corte clásico, magnífico dibujante, conocedor de la anatomía humana como parte de su oficio y sobre todo un hombre sencillo, asequible y divertido. Posteriormente al comentarlo en casa, mi padre o mi tío Eugenio, me dijeron que también había realizado algunos trabajos de restauración en el santuario de la Estrella. En 1966, estudiando ya el 6º curso, comenzó a tallar el Cristo de la Noche Oscura en una clase del colegio, habilitada de estudio de escultor. Allí lo visitaba y departía con él durante los recreos. Esta maravilla del arte imaginero le fue encargado por el intrépido y admirable salesiano D. Gonzalo Huesa Lope, bajo los auspicios de la familia Fuentes, los de la fundición cercana entonces a la antigua academia de la Guardia Civil. Veía con mis ojos de muchacho de 15 años, surgir día a día de la masa informe de la madera, el cuerpo de nuestro Salvador con sus heridas y magulladuras, fruto de su pasión. A la hora de tallar el rostro de Cristo, no quiso recibir visitas y pasó días y días encerrado en su improvisado taller. Cuando al cabo de este tiempo me invitó a ver su obra ya terminada, no pude por menos que maravillarme y extasiarme por tamaña obra de arte. La faz del Señor reflejaba con crudeza el dolor, la humillación y el desasosiego sufrido. 24

Estrella Digital, nº 5  

Publicación para la difusión de la Romería de la Virgen de la Estrella y de los usos y costumbres de Navas de San Juan, Jaén.

Estrella Digital, nº 5  

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