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Hablando de Tango Por Paz Diago Hablemos de Tango, de Tango Argentino, del que cuentan que en sus orígenes arrabaleros divertía a las clases más bajas y estaba mal visto por la alta sociedad, la misma que luego sucumbió ante los encantos del 2x4. El tango, que luego de estar prohibido, los jóvenes argentinos cambiaron por el rock and roll, y que sobrevivió gracias a los milongueros viejos que lo mantuvieron vivo hasta hacerlo resurgir de nuevo entre la juventud. El tango, que salió de Argentina y viajó a Europa, donde conseguimos en gran parte que los propios argentinos tomaran conciencia del tesoro que tenían enterrado en el olvido. El tango, esa danza que levanta pasiones, mundialmente tan extendida, que se puede encontrar un Festival de Tango en el lugar más insólito de la tierra, o unos campeones mundiales de Tango nacidos en Japón. El tango, como todas las danzas que se bailan en pareja, es una danza eminentemente social. Hombres y mujeres aprenden a bailar y se juntan para practicar y divertirse formando reu36. staff

niones que fomentan las relaciones sociales. Podría decirse que al igual que los bailes latinos o los bailes de salón, el tango tiene un algo “machista”, bien entendido, desde el punto de vista de que, al igual que en la salsa o el pasodoble, es el hombre “el que lleva” y la mujer “la que se deja llevar”. Pero en el tango, si bien es el hombre el que propone el movimiento y la mujer la que responde a esta propuesta, éste es un caballero que bailará para la mujer que le acompaña y hará que se sienta única. Hace falta un gran entendimiento en la pareja y lo que facilita la manera de entenderse entre ambos es el abrazo, el contacto físico que proporciona la conexión necesaria para bailar. El abrazo debe ser relajado, hay que confiar en el otro para que la pareja se mueva como si fueran uno solo. La energía fluirá entre ambos y dependiendo de la persona con la que se baile y del momento, las intensidades serán distintas. Se abraza a personas que no conoces, tratando de armonizar sin mediar palabra. Durante el tiempo que dura la pieza, cada uno baila para el otro y viceversa, sin im-

portar lo que pase alrededor. El tango es elegante en la manera de caminar, así como en los adornos o “firuletes”. Es un sentimiento que se baila. El mismo tango, cuando se baila con una o con otra persona, resultará siempre distinto, pues sentimos cosas distintas en cada momento y así las expresamos. Decía un viejo maestro milonguero que para bailar tango, ”la música entra por los oídos, llega al corazón y hace vibrar el alma, es el alma la que baila, es el alma la que mueve los pies”. Esto es verdad. Esto se llega a conseguir. Cuando el hombre consigue interpretar toda la musicalidad del tango con sus movimientos y la mujer consigue plasmar toda esa intención, es cuando se refleja una luminosidad especial en el modo de bailar. Haciéndome eco de las palabras de otro maestro, “el tango es la expresión más clara de la personalidad de uno, porque comprometemos nuestro cuerpo para bailar con alguien, y a ese alguien le tenemos que transmitir lo que queremos hacer nada más que con el contacto del abrazo”. El tango es pues una danza muy sensual

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