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La tercera, el Espíritu Santo, es la fuerza de Dios, es el mismo Dios, que demuestra su amor animando a la Iglesia e impulsándola a realizar obras de amor a favor de todos los seres humanos. Debemos decir siempre con devoción: "En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén".Encomendarnos a las Tres Divinas Personas, fuente de luz, esperanza y amor para el cristiano. El Nuevo Testamento narra un acontecimiento inaudito en el que Dios se revela en una dimensión que durante largo tiempo permaneció oculta: en Jesucristo nos encontramos con un hombre que es y se califica de Hijo de Dios. Por otra parte, él es el Dios cercano que se aproxima a nosotros; él es el mediador de Dios para nosotros; precisamente por ser Dios mismo como hombre, en figura y esencia de hombre, Él es el Dios‐con‐nosotros (Emmanuel). Encontramos a Dios en la figura de su enviado, que no es una esencia intermedia entre Dios y los hombres, sino realmente Dios, y que con todo llama a Dios, como nosotros, “Padre” Esto quiere decir que Dios no se acerca a nosotros como Padre, sino como Hijo y como hermano. A esta nueva experiencia de Dios sigue la del Espíritu, la de la presencia de Dios en nosotros, en nuestro ser íntimo. Nota: en este encuentro se da mayor fuerza a Dios Padre, pues en los primeros encuentros se estudió la vida y obra completa de Dios Hijo (Jesús) y Dios Espíritu Santo. Dios Padre: El antiguo testamento, hablaba de Dios como Padre de Israel y de los pueblos, como creador y señor del mundo (Génesis 1. Éxodo 3:13, 15). Dios paciente y lleno de ternura.

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Guía del Catequista  

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