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movimiento. Es el fuego que no cansa, que no reposa, que no se apaga; el Espíritu es un fuego que arde sin consumirse. Cada día es Pentecostés, nos levantamos valientemente y salimos a proclamar nuestra fe. La nube y la luz: Estos dos símbolos son inseparables en las manifestaciones del Espíritu Santo. La Nube, unas veces oscura, otra luminosa, revela al Dios vivo y salvador, tendiendo así un velo sobre la trascendencia de su gloria. Las nubes, por su situación ligera, su movilidad, por ser portadoras de la lluvia, han dado pie a muchos simbolismos; acompañan las manifestaciones de Dios, lo enmarcan, son su trono, lo manifiestan."Entonces la nube cubrió la tienda de la reunión......" (Ex 40, 34‐38).Y en la transfiguración (Mat 17,5). La luz que guía, que alumbra el camino, que saca de las tinieblas, “nadie enciende una lámpara y la encubre o la mete debajo de la cama, sino que la coloca en el candelero para que los que entren vean la luz.” Mateo 8:16. Sello: El sello es un símbolo cercano al de la unción. En efecto, es Cristo a quien "Dios ha marcado con su sello" (Juan 6, 27) y el Padre nos marca también en Él con su sello"También ustedes, al escuchar la Palabra de la Verdad, el Evangelio que los salva, creyeron en él quedando sellados con el Espíritu Santo prometido" (Efesios 1, 13). Viento: Los antiguos tenían la experiencia del viento, brisa apacible o vendaval destructivo, una realidad inmaterial, no se le veía, no se le puede agarrar, pero es acción real, elemento misterioso, indispensable para la vida; el hombre no lo puede domar, “Cuando llegó la noche de aquel mismo día (el día de la Resurrección).....les dijo por segunda vez: La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo. Y dicho esto sopló y les dijo: Reciban el Espíritu Santo..." (Juan 20, 20‐22). La paloma: Es la representación simbólica más gráfica y conocida del Espíritu Santo. Al final del diluvio, la paloma soltada por Noé vuelve con una rama tierna de olivo en el pico, signo de que la tierra es habitable de nuevo (Génesis 8: 10,1). Cuando Cristo sale del agua en su bautismo, el Espíritu Santo, en forma de paloma, baja y se posa sobre él. El Espíritu desciende y reposa en el corazón purificado de los bautizados. Respecto a la paloma relacionada con El Bautismo del Señor Jesús, no dice que fuese una paloma sino "como paloma" o "al igual que una paloma". Probablemente Juan vio algo que bajaba sobre Jesús que le hizo asociar al descenso de una paloma en vuelo (Mateo 3:16, 17). 184

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