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Vestida de Sol Giorgio Sernani

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Vestida de Sol

María Reina Buenos Aires - Mendoza 13 de julio de 2013 fecha en la que la Virgen, en Fátima, prometió ¡Al fin, mi Corazón Inmaculado triunfará!

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Al Santo Padre Francisco el Papa de MarĂ­a, Pastor de los Ăşltimos tiempos

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aría, virgen purísima y santísima, de regia estirpe, anunciada antes por tantas figuras, con tantas visiones y vaticinios de los profetas, y esperada tanto tiempo por los Santos Padres; que por fin, apareciendo adornada por el brillo de tantas virtudes y de toda suerte de gracias, nos libró del cautiverio con su saludable fecundidad, y triturada la cabeza de la serpiente, vestida de sol, teniendo la luna por escabel de sus pies, victoriosa y triunfadora, mereció ser coronada con corona de doce estrellas, y ensalzada sobre los coros de los Ángeles, ser llamada Reina del cielo y de la tierra. Paulo IV, Bula Inmensae bonitatis, 27 de octubre de 1615.

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A modo de prólogo Cuando leí al frente de la primera prueba de este magnífico libro: “De Maria nunquam satis” -De María nunca será suficiente-, acepté la invitación de escribir unas letras a modo de prólogo, recordando las luchas por el dogma de la Concepción Inmaculada de Nuestra Señora vividas en tierras españolas, como lo expresó José María Pemán, abriendo el Congreso Mariano de Zaragoza de 1954: Estas tierras de la vieja Corona de Aragón hasta el Mediteráneo, así como mis luminosas tierras de Andalucía, son las veteranas del Concepcionismo popular. En Salamanca y Alcalá se analizó, se dicutió, y probó la Concepción; aquí y en Andalucía se intuyó y se adivinó. El Tajo fue un contoneo de silogiosmo y el Ebro y el Guadalquivir de cantares. Estos son los pueblos que razonan con la lógica de la congruencia: La Concepción Inmaculada de María es “la gran exageración” del pensamiento religioso. Dios quiso dar a su Madre todo lo que pudo, por eso la hizo Corredentora y Pura y sin mancha y Assumta. Todo ello es lógico, y así aparecía a la lógica mediterránea, no con la frialdad de la mente, sino con las cálidas congruencias del corazón. Vengo a estas tierras en las que Prudencio hace siglos habló de la inútil mordedura del reptil en el pie de mármol; en que Lulio y Juan I, el amador de toda gentileza, rindieron homenaje a la Inmaculada. Vengo de esa otra tierra en que la Giralda es como un Rosario de piedra y el Guadalquivir una letanía de crsital, en que los lienzos de Murillo cantaron la Inmaculada con las sutilezas del color, y al venir a Zaragoza siento mis pies bien hincados, pues antes he tenido que pisar toda la geografía concepcionista de España. Ya el gran Menéndez y Pelayo, el Crisóstomo de España, terminaba uno de sus proverbiales discursos diciendo que España tenía “un pueblo de teólogos” Expresiones que se han actualizado hoy, bajo la guía providencial del Santo Padre Francisco, que nos hace valorar la teología que guardan los pueblos en su corazón, y que dijera recientemente: “Si quieres conocer a María, ve al teólogo y te lo dirá bien. Pero si quieres amar a María, ve al Pueblo de Dios, que te lo explicará mejor” (Papa Francisco, 25/5/13). Así pues, con el deseo de que todos los lectores imitemos aquel fervor inquebrantable a fin de rogar hoy por el Dogma de la Corredentora y para que vuelvan a brillar todas las glorias de Nuestra Señora, me he ubicado imaginariamente en Sevilla, la que mereció el nombre de “ciudad de la Inmaculada”, y como si allí estuviera, puse manos a la obra. Lo hago como co-hermano del autor en la Orden del Inmaculado Corazón de María por él fundada. Pequeña, desconocida, pero viva desde aquel glorioso espaldarazo que diera en Roma Juan Pablo II, con su fornida diestra -anillo en ella del pescadorentusiasta espaldarazo, repito, sobre el hombro izquierdo de Jorge Sernani Panópulos pronunciando estas encendidas y vibrantes palabras: “¡Io benedico la vostra Cavallería!”, (Yo bendigo vuestra Caballería) que ya habían bendecido y alentado varios obispos. La devoción y el amor a la Santísima Virgen en su Inmaculado Corazón fue nuestro lazo de unión como el “Congregavit nos in unum Christi amor”. Como a los cristianos en el principio fundacional de la Iglesia los congregó el amor a Cristo, a nosotros en momentos en que el Espíritu Santo muestra cada vez más a su Santísima Esposa, nos unió el amor a María. Y lo hicimos a semejanza de aquello del Cenáculo “con María 7


su Madre” (Hechos 1,14). Y el amor a María se manifestó en el amor a su Corazón -que contemplamos, según la Madre de Ágreda como el “Sagrario viviente de Dios”según el Mensaje de Fátima: “Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón” . Ante la Imagen Peregrina de la Pura y Limpia Concepción del Río Luján a Ella decimos, quienes no queremos llevar indignamente el nombre de caballeros, que nos consideramos “esclavitos indignos” -en palabras de San Ignacio de Loyola- que queremos siempre recordar que caballero es sinónimo de servidor- y al estilo del negrito Manuel, que con la misma tozudez del buey, se quedó al servicio de la Virgen Gaucha. Pero también somos -debemos serlo- celosos defensores de su honor, y por eso “Vestida de Sol”, que reivindica para conocimiento del pueblo de Dios, lo que enseña la Iglesia santa de Nuestra Señora y Madre. Por eso, volviendo al “De María nunquam satis”, y con el empeño caballeresco de defender el honor de la Madre de Dios, esto hago y digo citando a San Pablo: Ut possitis comprehendere cum omnibus sanctis que sit latitudo et longitudo, sublimitas et profundum: scire etiam supereminentem scientiae caritatem Christi ut impleamini plenitudinem Dei (Efesios 3 18-19). Estas palabras de San Pablo referidas a Jesucristo, me tomo la libertad, motu proprio, de imaginarlas en boca del discípulo amado San Juan Evangelista, a quien entregó su Madre, y lo hago en la seguridad de su beneplácito: “A fin de que podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la sublimidad y la profundidad de este misterio y conocer también aquel amor de María hacia vosotros, para que seáis henchidos de toda la plenitud de Dios”. ¿No fue acaso el Corazón Inmaculado de la Virgen el que formó con su propia Carne y su propia Sangre el Sacratísimo Corazón de Jesús, e impulsó su primer latido? El que latiendo y amando -Dios y hombre- treinta años, hasta que la lanza de uno de los soldados abrió su costado, y el que lo vio dijo que “daba testimonio de ello, para que vosotros también creáis”, y que la lanza del longinos fue la espada que profetizó Simeón atravesaría -místicamente- allí, junto a la Cruz, el Corazón Inmaculado. ¿Quién puede dudar que la misma Sangre de Madre del Redentor fue Sangre Corredentora? Meditemos estas verdades para alentarnos a orar para que el Papa Francisco proclame el Dogma de la Corredención de María. Al latir ambos Corazones al mismo compás de Madre e Hijo, laten también al unísono con la Santísima Trinidad: Hija del Padre, Madre del Hijo, Esposa del Espíritu Santo ¿Cómo podría terminar jamás el “nunquam satis”? Y como quien escribe lo hace como si estuviera en su patria España, responde: ¡Nunca! Al menos en Sevilla, al menos en España, al menos en la América Española. Como no termina nunca la infinitud del Amor de Dios hacia su Madre. Hay un soneto sin par -de autor anónimo- que recibí de mi hermano Jaime q.e.p.d. caballero de honor de nuestra mínima Orden. Con él nos preguntábamos si se podría atribuir a Calderón de la Barca o a Lope de Vega, u otro de nuestros grandes Luises. Quien fuera su autor, ha dejado unos versos que harán bien a muchos en nuestra época opacada por el avance del llamado “minimalismo mariano”, además de animar a quienes aman a Nuestra Señora.

Si el instrumento de mis labios templo para cantaros Virgen especiosa, obra de Dios tan única y dichosa 8


que sola Vos de Vos sois vivo ejemplo. Enmudece la voz porque os contemplo la Madre de Dios Hijo, la Hija hermosa del Padre, del Espíritu la Esposa y de los tres sagrario, claustro, templo. Toda la Trinidad os perfecciona tanto, que si en los Tres caber pudiera persona cuarta, universal persona vuestra deidad, cuarta persona fuera. Mas si no os pudo hacer cuarta persona, después de Dios os hizo la primera. En este libro, Jorge Sernani Panópulos hace honor a su sangre greco-latina, habiendo recibido de sus padres y abuelos el amor a la Virgen, y nos llega luego de una vida dedicada desde los años jóvenes a Ella, con estudio y apostolado y una búsqueda incansable de todo cuanto a la Santísima Virgen se refiera o pudiera tener algún hilo que de alguna manera pudiera conducirlo a Ella. En su caminar, ha tenido el apoyo de nuestro querido Monseñor Roque Puyelly, hasta que partiera - hace poco- para la Casa del Padre. “Labor omnia vincit improbus” - todo lo vence el ímprobo trabajo - sabia y muy verdadera sentencia latina, en cuanto al trabajo humano se refiere. Que no fue ímprobo, sino placentero para Jorge, pues mientras lo pensaba, lo intuía y lo iba armando, lo hacía contemplando embelesado las glorias de María, día a día, año tras año, en el cotidiano ofrecimiento, renovando su entrega a la Pura y Limpia Concepción de Luján, ante su Imagen Peregrina, que es preciosa joya y réplica de la que se venera en su Basílica, visitada y bendecida -quién lo creería- tres veces, por el Papa Juan Pablo II. Ella lo acompaña en la que es su morada, y allí comparte horas marianas No fue ímprobo su trabajo, pero sí constante, perseverante, y buscador de perlas de pontífices, doctores y santos para mostrar al mundo la lucha de la Mujer que viera Juan en Patmos. El libro venció toda clase de obstáculos y contratiempos, dificultades de todo tipo y color con la ayuda de la Virgen, y llegó por fin al “omnia vincit” al poner punto final, con gozo de su alma tan mariana y argentina. “Vestida de sol” ya no tendrá eclipse porque Ella en Fátima dijo: “por fin, mi Corazón Inmaculado triunfará”. Como el Rosario que todos llevamos y rezamos, está dividido el cinco partes, con diez capítulos cada uno, como sus cuentas, y también con sus temas que recuerdan los Misterios Gozosos, Luminosos, Dolorosos y Gloriosos. Y culmina asomándonos al terreno de la Realeza, la de Cielos y tierra, siempre presente en la mente y el corazón de quien esto escribe por la devoción a la Virgen de los Reyes, Patrona de Sevilla, Imagen que regaló San Luis Rey de Francia a su primo el Rey de Castilla San Fernando, haciendo mención a Ella para que se diga que sobre la misma en letras de plata sobre terciopelo rojo se lee “PER ME REGES REGNAT”, es decir “POR MÍ REINAN LOS REYES” , algo que no deberían olvidar jamás los 9


gobernantes de las naciones. María es la Reina del Universo, sentada a la derecha del Rey Jesucristo. Nosotros somos el pueblo llano llanísimo, los que hemos salido, peregrinos -cuando nuestras piernas respondían- desde Liniers, con el pueblo de Avellaneda y la Boca y todo el Gran Buenos Aires, acompañados por devotos llegados de provincias, rumbo a la Virgen de Luján. Por todo lo dicho, si el buen Jesús tendrá escritos a sus devotos en su propio Corazón ¿qué menos hará el Corazón de su propia Madre? Y ¿Sabéis esto? Lo concluyó el mismo día en que la fumata blanca anunció la llegada del Papa argentino, el 13 / 3/13, saludado por una gaviota argentatus, vestida de paloma. Hay una advocación mariana poco conocida: Nuestra Señora de los Buenos Libros que se lee en una calle de Sevilla, la que me hace pensar que Vestida de Sol está ya en un estante de la biblioteca del cielo, creo que comenzada por Santa Ana, ya que la vemos leyendo un libro a la Virgen Niña… Jorge: Laetare in Domino Semper! ¡Alégrate siempre en el Señor! Iterum dico: laetare! Repito ¡Alégrate! Pero así como te digo ¡alégrate!, ahora te digo “perdóname” porque sé cuánto fastidio te da que hable de ti. Pero he creído que debía hacerlo. Y bien: Aquí tenemos el libro de este eximio estudioso de la Virgen y peregrino suyo vitalicio. Ofrezcámoslo con él a Nuestra Señora para que se vuelvan a proclamar sus glorias y prerrogativas. Lector, quien quiera que seas, yo te digo lo que San Ambrosio dijo a San Agustín: “Toma y lee!” Ignacio García Llorente, 27 de junio de 2012, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

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Indice Introducción

De María nunquam satis Primera parte

Signum magnum I - Un Mensaje ignorado II - María, la Mujer de las Escrituras III - El predilecto del Señor IV - Patmos, la isla sagrada V - El Apocalipsis VI -El Arca de la Alianza VII - María es la Mujer Vestida de Sol VIII - Reluciente de sol IX - La luna a sus pies X - Coronada de estrellas Segunda parte

La manifestación de la Mujer I - La gran mariofanía II - La era de María III - La verdadera devoción a María IV - Apariciones y Santuarios marianos V - El ejemplo de los santos VI - María, Reina de la Paz VII- Fátima VIII - El Corazón Inmaculado de María IX - Los dos bandos X - María en los últimos tiempos Tercera parte

La gran lucha de la Mujer I - Los gritos sacrílegos II - El dragón III - El ataque a la Virgen IV- María, Madre de la Iglesia V - El nefasto minimalismo mariano VI - El trascendental Secreto de Fátima VII - etc VIII - Las herejías y sus consecuencias IX - El ataque a la Eucaristía X- Desacralización

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Cuarta parte

Hacia el triunfo I - Rezad el Rosario todos los días II - Es la hora de Jesús en la Eucaristía III- El sueño de Don Bosco IV- Multiplicación de las apariciones V - La profecía de San Nilo VI - Los consagrados VII- La Virgen llora en el mundo VIII. Coronación de la Madonnina de Civitavecchia IX - Los Ángeles luchan por su Reina X - San Miguel Arcángel Quinta parte Christus vincit, Christus regnat, Christus imperatI I - El Conreso Eucarístico Internacional de 1934 II - Consagración al Corazón Inmaculado de María III- Argentina consagrada IV - El reconocimiento del Señorío de María Santísima V - El triunfo VI - Ad Coeli Reginam VII- María Reina del Universo VIII- La esclavitud mariana en la Argentina IX - La Profecía de Don Orione X - La Mujer Vestida de sol, vista desde nuestro país. Epílogo El Papa de María, la Mujer Vestida de Sol

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Introducción

De Maria nunquam satis Dice San Bernardo que “María es el excelso y divino mundo de Dios”. Y agrega San Luis María de Montfort que encierra bellezas y tesoros inefables. Es la magnificencia del Altísimo, donde Él ha ocultado, como en su propio seno, a su Hijo único y, en Él, todo lo que hay de más excelente y más precioso ¡Oh, qué cosas tan grandes y tan ocultas ha realizado este Dios omnipotente Cuántas cosas grandes y escondidas ha hecho este Dios poderoso en esta criatura admirable, como Ella misma se ve obligada a confesar, a pesar de su profundísima humildad: “Ha hecho en Mí cosas grandes el Poderoso” (Lc I, 49). El mundo no las conoce, porque es incapaz e indigno de de conocerlo. Los santos han dicho cosas admirables de esta ciudad santa de Dios, y jamás han estado más elocuentes y hasta, como ellos mismos nos manifiestan, jamás han gozado tanto como cuando han hablado de sus excelencias. Reconocen, en efecto, que la sublimidad de los méritos de esta criatura, elevados por Ella hasta el trono de la divinidad, no es dado descubrirla al entendimiento humano; que la extensión de su caridad, dilatada por Ella sobre las dimensiones de la tierra, nadie la puede apreciar; que la grandeza del poder que Ella tiene, aún sobre el mismo Dios, jamás se comprenderá, y, en fin, que lo profundo de su humildad, así como las demás virtudes y gracias, no se puede sondear. ¡Oh sublimidad incomprensible! ¡Oh extensión inefable! ¡Oh grandeza sin medida! ¡Oh abismo impenetrable! Todos los días, en todos los confines de la tierra, en lo más alto de los cielos, en lo más profundo de los abismos, todo nos predica, todo nos habla de la admirable María. Los nueve coros de los Ángeles, los hombres y las mujeres de todas las edades, condición y congregación, los buenos y los malos, hasta los mismos diablos, se ven obligados a llamarla, por la fuerza de la verdad a llamarla, de buen o mal grado, bienaventurada. En los Cielos todos los Ángeles la proclaman incesantemente, ha dicho San Buenaventura: Santa, Santa, Santa eres Tú ¡Oh María, Madre de Dios y siempre Virgen y le ofrecen millones de veces, todos los días, la salutación angélica: Ave María, etc., y postrados ante Ella, le suplican que los honre por favor con alguna de sus órdenes. El mismo San Miguel, dice San Agustín, con ser el príncipe de toda la corte celestial, es el más celoso en rendirle y procurar que los demás le rindan toda clase de honores, a punto siempre a obedecer sus mandatos y acudir, a su palabra, a prestar servicios a alguno de sus servidores. Toda la tierra está llena de su gloria, particularmente entre los cristianos, en donde se la toma por tutelar en muchos reinos, provincias, diócesis y ciudades y de muchas catedrales que están consagradas a Dios con su nombre. Jamás se encontrará una iglesia que no tenga un altar levantado en su honor, ni comarca, ni cantón, en donde no se venere alguna de sus imágenes milagrosas, a las cuales acuden las gentes para curarse de sus dolencias y obtener toda suerte de bienes. Que hablen, si no, tantas cofradías y comunidades establecidas para honrarla, tantas congregaciones puestas bajo su nombre y protección, tantos hermanos y hermanas de todas esas cofradías, y tantos religiosos y religiosas de todas las órdenes, los cuales publican sus alabanzas y que anuncian sus misericordias. No hay un niñito que, diciendo con voz balbuceante el Avemaría no la alabe; ni pecador apenas que no conserve en su pecho una chispa de 13


confianza en Ella, ni aún siquiera un demonio que, desde los infiernos no la venere, temiéndola y respetándola. Según esto, debemos en verdad decir con los santos: De Maria nunquam satis… Todavía no se ha alabado, ensalzado, honrado, amado y servido bastante a María. Ella merece aún más alabanzas, más respetos, más amor y más servicios. Nota que aparece la edición de la BAC de las Obras del santo: “Las palabras De Maria nunquam satis están escritas en el manuscrito con gruesos caracteres, y se adivina al verlas, la alegría que experimentaba San Luis María Grignion de Montfort al escribirlas.”

Ésa es la Mujer que fue mostrada gloriosa a San Juan, que tuvo la indecible gracia de verla durante años, bajo su solícito cuidado, en la sencillez y el ocultamiento. Ése discípulo, el que recostó la cabeza sobre el Corazón del Señor, es el que tuvo el privilegio de contemplarla con sus atributos de Soberana de todo lo creado, gracia que debemos esperar nosotros también, como lo cantábamos en los buenos tiempos: “Un día la veré/ es el cantar del alma /que mi tormento calma/y aliento da a mi Fe: /¡Un día al Cielo iré/ y la contemplaré…!”

De Maria nunquam satis. Cuando creíamos que todos los títulos marianos que se fundamentan en hechos relevantes en la historia de la salvación, y en la historia y geografía de los pueblos estaban agotados, advertimos que faltaba venerar e invocar a Nuestra Señora como la Mujer Vestida de Sol, para no desmayar en las actuales circunstancias. Esa Mujer es la Inmaculada, Aquella que en medio de las actuales tinieblas, envuelta en el Sol de la divinidad, nos prodiga la luz de Cristo para recorrer su camino en una Iglesia que pretende ser “copada” por la apostasía, pero que aún se gloría en los obispos fieles que son las estrellas de su corona; en tanto que todo lo mutable que ofrece el mundo, Ella lo tiene sujeto a sus pies, como tiene dominada a la misma muerte. Este trabajo no pretende analizar todo el libro del Apocalipsis, sólo se aboca a reflexionar sobre las grandezas de la que en él nos muestra San Juan como “el gran signo que apareció en el Cielo”, a fin de que “sea más alabada, ensalzada, honrada, amada y servida”, como nos dice el fervor de Montfort, porque aún no son suficientes los homenajes que se le han tributado, ya que Ella merece muchos más. Y, además, porque es una profunda necesidad nuestra hacerlo, que nace del designio creador de Dios. El gran maestro mariano nos ha dicho que los santos “jamás han gozado tanto como cuando han hablado de sus excelencias”. Estando ciertos de la voluntad de Dios de dar a María Santísima la misión de conducir a sus elegidos en esta lucha apocalíptica que vivimos, es absolutamente necesario obedecerla y seguirla fidelísimamente, pues las honras que menciona el santo implican necesariamente esa actitud, como por otra parte lo podemos deducir al comprobar la impotencia de nuestras solas fuerzas humanas ante “el diluvio de males” que nos invade, para decirlo con la expresión que usara hace un siglo San Pío X. Obediencia que tendrá como premio compartir dentro de nuestra pequeñez el triunfo de María Santísima sobre satanás, la serpiente antigua, a la que Ella “trituró la cabeza con su pie inmaculado” (Beato Pío IX, Bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854).

Obedecer a María es obedecer a Cristo, sus Mandamientos, su Evangelio y su Iglesia, a despecho de un mundo que no sólo desechó las tablas de la Ley, sino que instauró leyes agresivamente contrarias a ellas, y que ha hecho de la Escritura algo simplemente decorativo, en ambientes o comunidades católicas que los ignoran por

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completo, y que no conocen ni creen tener necesidad de conocer las enseñanzas de la Tradición y el Magisterio Pontificio. La nuestra es una generación que surge de la “autodemolición de la Iglesia” que aún no ha logrado purificarse del “humo de Satanás que ha entrado en ella” Expresiones que pronunciara con dolorosas lágrimas el Papa Pablo VI. (7/XII/ 68; 29/6/1972). ¿Cómo hacer para salir de ese estado de cosas que nos lleva al abismo? Juan Pablo I, que lo sucedió, tuvo un Pontificado de sólo 33 días, en los cuales, para la mentalidad reinante, que vive sólo de lo visible y tangible, simplemente “no pudo hacer nada”. Sin embargo realizó algo trascendental: Invocó solemnemente a la Virgen Santísima, como la “Fúlgida Estrella de su Pontificado”, y Ella respondió, como a San Pío V cuando le rogó como Señora del Rosario y Europa fue salvada en Lepanto, o como a Benedicto XV que le suplicó como Reina de la Paz y concluyó la primera guerra mundial. Esta vez el Papa Luciani volvió casi inmediatamente a la Casa del Padre, en tanto María, respondiendo a su invocación, comenzó Ella misma una época de manifestaciones de todo tipo, para salvar a la humanidad de los castigos, consecuencia del pecado. Esta acción de Nuestra Señora fue llamada por el Padre René Laurentín, “la multiplicación de las apariciones en el mundo de hoy” (1). En esas apariciones sigue instaurando la devoción a su Corazón Inmaculado -según la voluntad del Señory señalando como comienzo del camino de conversión el Rosario, que nos lleva a la Confesión y a la Eucaristía, centro de nuestra vida. Y nos llama a la penitencia y al desagravio. Es imperioso obedecer a María Santísima, que viene a prodigar su luz en las tinieblas de nuestro mundo. Para la realización de este trabajo se ha recurrido a la Tradición y las Escrituras, a la doctrina pontificia y a la mariología tradicional, al culto y a la piedad; a la historia, a la poesía, al arte. En todas esas fuentes existen verdaderos tesoros, generalmente menospreciados: “Esas viejas verdades, que por sabidas se callan, y por calladas se olvidan, como afirma, precisamente de las verdades marianas, Bernardino Bravo Lira, prestigioso historiador chileno. Y con especial atención, tratando de recibirlas con alma de niños (Mateo, 18,3), se ha recurrido también a las revelaciones, recordando que Santo Tomás de Aquino dice: "Cuando no haya más revelaciones, la gente se quedará sin guía" (Summa II-II. q. 174 a.6). Ésta es la razón de que siempre haya habido profetas en la Iglesia que no proclamaron una nueva doctrina, pero que dieron una orientación a la actividad humana. El mismo Santo Tomás de Aquino subraya: "La revelación es dada para beneficio de la Iglesia" (Summa II-II. q. 172 a.4). La Iglesia tiene hoy el beneficio invalorable de la guía de María Santísima. En Ella hemos reconocido prontamente la Fúlgida Estrella a la que clamó Juan Pablo I, y hemos recordado aquellos consejos áureos de San Bernardo: Oh cualquiera que seas, en la impetuosa corriente de este mundo, no apartes los ojos del resplandor de esta estrella, si no quieres ser oprimido por las borrascas. Si se levantaren los vientos de las tentaciones, si tropezares en los escollos de las tribulaciones, mira la estrella, llama a María. Si fueres agitado por las ondas de la soberbia, si de la detracción, si de la ambición, si de la emulación, mira la estrella, llama a María. Si turbado por la memoria de la enormidad de tus crímenes, confuso a la vista de la fealdad de tu conciencia, aterrado a la idea del horror al juicio, comienzas a ser sumido en la cima de la tristeza, en el abismo de la 15


desesperación, piensa en María, invoca a María. No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón; y para conseguir los sufragios de su intercesión, no te desvíes de los ejemplos de su virtud. No te descaminarás si la sigues; no te desesperarás si le ruegas, no te perderás si en Ella piensas. Si Ella te tiene de su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer, no te fatigarás si es tu guía; llegarás a feliz puerto si Ella te ampara. Y así, en ti mismo experimentarás con cuánta razón se dijo: Y el nombre de la Virgen era María … No es posible hablar de la lucha actual de la Mujer sin tener en cuenta sus apariciones, sus manifestaciones y mensajes, que son parte esencial de la misma lucha, con las que Dios ha querido que su Madre llegue a todos sus hijos y a todos los rincones del mundo, antes y ahora:

Yo puse mis pies en todas las partes de la tierra; y en todos los pueblos, y en toda nación tuve el supremo dominio, yo sujeté con mi poder los corazones de todos, grandes y pequeño ( Eclo.24, 9-11 ). Es un tema difícil, porque el enemigo, cuando puede inmiscuirse en algunas de ellas, hace que se descarten todas, y al ver a los que siguen a su Adversaria, logra que muchos mezclen verdad y fantasía, para lograr que ciertos sectores de la Iglesia se aparten. La realidad es que resulta imposible vivir las situaciones actuales sin la ayuda de la Virgen, pero es necesario usar de la prudencia de la Iglesia para no seguir impulsivamente toda manifestación aparentemente suya. Hacerlo no es sensato, pero negarlas porfiadamente, tampoco. Aquí vendrá bien recordar que en las Letanías del Espíritu Santo, se ruega: - Para que no creamos a todo espíritu, - te rogamos óyenos. - Para que probemos si los espíritus son de Dios - te rogamos óyenos. Necesitamos el discernimiento de la Iglesia, pero, y dicho sea con verdadero dolor, la crisis sacerdotal es muy grande, y quedarse en un sitio sin buenos confesores o consejeros a quien recurrir, es mucho peor que vivir en una ciudad sin médicos, o sin policías. Tal discernimiento de los pastores requiere la colaboración respetuosa y dócil de los fieles, porque, en no pocas ocasiones, hay falsedades y hay desvíos. Algo que no debe extrañar, porque no se falsifica cualquier metal, ni cualquier piedra, se falsifica el oro y las piedras preciosas. Cuando esas manifestaciones son ciertas, hay que saber que si la Virgen Santísima por voluntad de Dios, viene a nosotros, debemos ir a su encuentro, no por curiosidad, sino para escucharla y obedecerla humildemente. Eso nos dará paz, y se cumplirá lo que la Iglesia ha puesto en sus labios:

El que me escucha, jamás será confundido; y los que se guían por mí, no pecarán. Los que me honran, obtendrán la vida eterna. (Eclo. 24, 30-31) La necesitamos, porque Ella tiene todo el poder de Dios para asistirnos en las tribulaciones que vivimos y su ayuda es indispensable para resolver todos nuestros problemas a la luz del Evangelio de su Hijo. Sepamos escucharla, porque la lucha es muy difícil, y “sin Ella, nada podríamos” -como afirma Monseñor Hnilica,- ya que esa lucha “no es contra la carne y la sangre sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que están en las alturas” (Ef., 6,12). 16


Sigamos decididamente a la Mujer Vestida de Sol, que nos defiende contra el enemigo que nos quiere devorar. Tengamos en cuenta que la Virgen quiere, ante todo, que vayamos en busca de las enseñanzas que custodia la Iglesia desde hace más de dos mil años. Allí encontraremos muchos tesoros. Es verdad que en la actualidad es difícil, porque estamos viviendo un proceso de destrucción precisamente de esos tesoros. Y además, la ignorancia religiosa y la confusión de los católicos es muy grande. Es difícil, pero ¿quién dijo que vivir cristianamente es fácil? En muchos casos, ante la confusión, debemos mirar a los tiempos pasados, para aplicar sus enseñanzas a nuestros interrogantes, sin dejar de estar atentos a quien el Señor designa para cada época como su Vicario, a quien Santa Catalina de Siena gustaba llamar el Dulce Cristo de la tierra, nombre que hoy se aplica tan cabalmente a nuestra amado Padre Francisco. La Virgen, en sus revelaciones, siempre nos recuerda el amor filial, la adhesión y la, obediencia que debemos al Papa, actitud que debemos proteger en estos tiempos de impertinente rebeldía, cuando se ha llegado a un punto en que muchos olvidan que, al condenar, azotar, coronar de espinas y clavar en la cruz al Papa, lo están haciendo con el propio Cristo. No despreciemos las profecías, nos dice el Apóstol (I Tes. 5, 19-20). Si nos remontamos a 1636, tendremos un consejo papal respecto a este tema: En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad. Papa Urbano VIII, 1636. Más cerca nuestro, tenemos no pocas directivas particularmente autorizadas. Muy oportunas nosparecen las conclusiones del Obispo de Tarbes, Francia, Monseñor Bertrand-Sévère Laurence, cuando la Virgen se manifestó en su Diócesis a Santa Bernardita Subirous, en 1858. Hoy, cuando las apariciones de Lourdes son indiscutidas, y su Santuario es considerado el más importante del mundo, visitado por los Papas y por innumerables peregrinos de los cinco continentes. Las enseñanzas de aquel pastor resultan invalorables. Ese obispo se encontró ante el mismo dilema que hoy se nos presenta multiplicado. Su oración hizo posible que se levante allí el “santuario de los santuarios”. Él acudió al Señor presente en la Eucaristía, perseveró en su plegaria, y así fue que recibió las luces para discernir ¿Quién mejor que el Señor puede afirmar que es su Madre la que aparece, siendo. Él mismo quien la envía? Monseñor Laurence, luego de acudir al sagrario, escribió: Negar la posibilidad de hechos sobrenaturales es seguir una escuela anticuada, es abjurar la religión cristiana y arrastrarse por los caminos de la filosofía incrédula del siglo pasado... ¿Significa esto que rechazamos, en los hechos que nos conciernen, (las Apariciones a Santa Bernardita) una discusión amplia, sincera, concienzuda, iluminada por la ciencia y sus progresos? No por supuesto; la planteamos, por el contrario, con todos nuestros deseos. Monseñor Bertrand-Sévère Laurence. Obispo de Tarbes, 28 de julio de 1858.

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Y más tarde, en su “Carta pastoral que contiene el juicio sobre la aparición que tuvo lugar en la gruta de Lourdes”, el propio Monseñor Laurence explicaba: En todas las épocas de la humanidad se han establecido maravillosas comunicaciones entre el Cielo y la tierra. Desde el origen del mundo Nuestro Dios se apareció a nuestros primeros padres, para reprocharles su crimen de desobediencia. En los siglos siguientes lo vemos conversar con los Patriarcas y los Profetas, y el Antiguo Testamento es la historia de las apariciones celestiales con las cuales fueron favorecidos los hijos de Israel. Esos divinos favores no debían cesar con la ley mosaica; al contrario, debían ser, bajo la ley de la gracia, más numerosos y deslumbrantes. Desde la cuna de la Iglesia, en esos tiempos de sangrienta persecución, los cristianos recibían la visita de Jesucristo o de los Ángeles que venían tanto a revelarles secretos del porvenir, como a librarlos de sus cadenas, o fortificarlos en los combates… Esas manifestaciones sobrenaturales no fueron algo exclusivo de los primeros siglos de la Iglesia. La historia atestigua que se perpetuaron de edad en edad, para gloria de la Religión y educación de los fieles. Entre las apariciones celestiales, ocupan un lugar destacado las de la Santísima Virgen, y ellas han sido para el mundo una fuente abundante de bendiciones. Recorriendo el universo católico el viajero encuentra, a intervalos regulares, templos consagrados a la Madre de Dios; y muchos de esos monumentos deben su origen a apariciones de la Reina del Cielo. Monseñor Bertrand-Sévère Laurence, Obispo de Tarbes, 18 de enero de 1862. Monseñor Pierre Marie Théas, su sucesor en la diócesis, que ahora se llama “de Tarbes-Lourdes”, agradece a Nuestra Señora esta claridad de ideas y firmeza de decisiones diciendo que la Santísima Virgen no sólo había elegido a Bernardita como “confidente”, sino también a “su obispo”. También hoy tenemos pastores que humildemente estudian hechos sobrenaturales en sus diócesis. Entre ellos, recordamos uno, el de San Nicolás de los Arroyos (Bs.As. Argentina) en momentos en que se debía afirmar la manifestación de la Virgen: Dios no pide permiso a los pastores y a los teólogos para producir especiales acontecimientos de gracia, y para elegir medios que siguen escandalizando a algunos por su humana invalidez. Monseñor Domingo Salvador Castagna,

Obispo de San Nicolás de los Arroyos, Pcia. de Bs.As. Argentina homilía del 19 de marzo de 1989.

Monseñor Paolo María Hnilica, Obispo titular de Rusado, por su parte, mostraba la necesidad de unirse rezando el Santo Rosario siguiendo los pedidos de la Virgen Santísima en sus apariciones contemporáneas, poniendo como ejemplo a la primitiva Iglesia, donde los Apóstoles “perseveraban unánimes en la oración con María, la Madre de Jesús” (Hechos,1,14) …Ejemplo que tendríamos que meditar, para ver si existe hoy el mismo espíritu de unidad en la oración con Ella. Si somos sinceros, debemos admitir que actualmente no encontramos la presencia de la Santísima Virgen en muchos ambientes católicos, y por lo tanto no existe armonía y 18


perseverancia en la oración. Debemos pedir perdón por esa falta. Actualmente se está librando una batalla apocalíptica en la que el demonio ha lanzado su mayor ataque, y si María no está con nosotros quedaremos indefensos. El Espíritu Santo quiere renovar la conciencia de la presencia de la Virgen en la Iglesia. Nuestra Señora está viniendo a nosotros para traernos un mensaje divino. Reflexionemos sobre los hechos de Fátima, Ámsterdam, Medjugorje, Kibeho en Ruanda y muchos otros lugares de apariciones… Catedral Notre Dame de París, 4 de junio de 1996.

Cromayo de Aquilea, Obispo, que vivió a fines del siglo IV y fuera amigo de San Jerónimo,

tenía una devoción muy tierna y delicada a la Virgen Santísima. Escribió sobre símbolos y alegorías suyas como también en sus aspectos eclesiológicos y bíblicos. Él, dieciséis siglos atrás, se expresaba en forma similar a Monseñor Hnilica, y no dudaba en afirmar que no puede existir Iglesia sin María:

Cuando Jesucristo Nuestro Señor y Salvador, después de haber vencido a la muerte, resucitó y subió al Cielo, su Iglesia, que se componía de un centenar de personas, se agrupó como habéis escuchado en la presente lectura. Se reunió, pues, la Iglesia en la sala del piso alto, junto con María, la Madre de Jesús y con sus hermanos. Así, pues, la Iglesia no puede llamarse así, si no está presente la Madre del Señor, junto con sus hermanos. En efecto, la Iglesia de Cristo existe allí donde se predica la encarnación de Cristo nacido de la Virgen; y allí donde predican los apóstoles que son los hermanos del Señor, allí es escuchado el Evangelio: No se puede hablar de Iglesia allí donde está la sinagoga de los judíos, porque ésta no ha querido creer en la encarnación de Cristo nacido de la Virgen. Cromayo, Obispo de Aquilea,

Sermón 30 III, nº 2110.

Estas revelaciones, que se denominan “privadas” para distinguirlas de la Revelación que nos hizo el Señor, y que finalizó con la muerte del último Apóstol, no obligan a la aceptación de los fieles. Sin embargo, será bueno recordar que hace unas décadas los sacerdotes se apresuraban a aclarar, con las palabras autorizadas del célebre mariólogo dominico Royo Marín: “No es obligatorio creer en ellas, pero negarlas sería temerario”. Pero el Padre Laurentín lo dice en forma más contundente: “Las apariciones no son dogmas de fe, no se imponen, son propuestas de amor”. El cristianismo es la religión del amor, negarlas sería negar la esencia de nuestra Fe. Sería ignorar a un Dios que se encarnó no sólo para redimirnos, sino para estar cerca nuestro, a pesar de nuestra condición de pecadores. Monseñor Pío Bello Ricardo, el obispo que estudió y reconoció como verdadera la maravillosa aparición de Betania, Venezuela, nos dejó esta regla para comprender la actitud de la Iglesia y conducirnos correctamente: En materia de fenómenos religiosos, por prudente praxis tradicional, la autoridad eclesiástica puede simplemente observar, o permitir, o aprobar, o recomendar, o sancionar”. Monseñor Pío Bello Ricardo,

Obispo de la Diócesis de Los Teques, Estado Miranda, Venezuela

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Aquí es necesario decir que no sólo es temerario negar o rechazar las apariciones reconocidas, sino también el relegarlas, o silenciarlas -aunque se haga con buena intención- porque se ha machacado tanto que no es obligatorio creer en ellas, que de hecho se las ignora en las predicaciones o en ciertos ambientes, dejándolas para otros lugares y ocasiones donde se mencionan separadamente de los comentarios bíblicos o noticias eclesiales, planes pastorales, etc. Es decir, que de hecho hay como dos religiosidades separadas. Si a esto se le agrega el hecho de que se haya dejado de lado las afirmaciones del Magisterio Pontificio, imponiendo la consigna de Lutero: ¡Sólo Scriptura! comprobaremos que el panorama es desolador. Dios está siempre al lado de su pueblo, y le habla, por la Tradición y la Biblia (el depósitum fidei), pero también le habla por los Papas, sus Vicarios, cuyo Magisterio es uno sólo y no puede caer en el olvido. Y también le habla por medio de su Madre, y habla Él mismo en sus manifestaciones extraordinarias. Todo debe estar unido armoniosamente en las enseñanzas y en la vida de la Iglesia. Al ser reconocida por la Iglesia -en el Magisterio Pontificio y en la Sagrada Liturgiaque María es la Mujer Vestida de Sol, la que está librando la lucha apocalíptica, se comprende la imperiosa necesidad de sus mensajes, que nos dan a conocer su voluntad, nos ayudan a tener una vida de oración y Sacramentos, nos alientan, nos recuerdan las enseñanzas del Señor y de la Iglesia, y así nos guían hacia el triunfo de su Corazón Inmaculado. No debemos olvidar que el maligno se empeña en que se viva en el aturdimiento que provoca el ruido del pecado. La Virgen viene precisamente a sacarnos de los engaños y de las garras de Satanás. Pero ¿Cuándo se puede creer en una aparición? San Agustín decía: “preguntemos a los milagros qué dicen, pues tienen su lengua, si se sabe entenderla” La Iglesia es la que sabe entender esa lengua, por eso, cuando permite que se exprese públicamente la devoción que suscitan, está respondiendo con pastores que nos acompañan a rezar el Rosario, nos esperan con la estola morada para confesarnos y nos ofrecen el Santo Sacrificio para que vivamos plenamente la vida cristiana. Escribiendo desde Argentina, nos hemos detenido especialmente en las manifestaciones más notables de nuestro país: San Nicolás de los Arroyos, Salta y Lanús, donde la Santísima Virgen se prodiga en gracias, acercando a incontables peregrinos a la conversión. La Iglesia, que es ante todo Madre, después de haber estudiado prudentemente esas apariciones, y haber comprobado que sus frutos son “en gran manera buenos” (Gen. 1,31) ha decidido “ampararlas”, guiándolas con su particular sabiduría. Y lo hace “observando y permitiendo”, y también “recomendando”, como dice Monseñor Bello Ricardo. De esa manera los pastores dan un paso hacia el reconocimiento mientras siguen discerniendo hasta el momento en que, si corresponde, las aceptará definitivamente como verdaderas. Mientras tanto, se pone de manifiesto, al menos en esas tres manifestaciones “nuestras” que en sus mensajes no hay nada contra la Fe y la moral católicas, que la actitud de la persona que las recibe, como también en los fieles que las siguen, se cumple con las directivas de los respectivos obispos, y que los frutos son buenos, pues brindan esa consolación que San Ignacio, en los Ejercicios recibidos de la Santísima Virgen llama a todo aumento de esperanza, fe y caridad y toda leticia (alegría) interna que llama y atrae a las cosas celestiales y a la propia salud del ánima, quietándola y pacificándola en su Criador y Señor. San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales,

Reglas de discernimiento, 316, 3ª.

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En este tema, como en todo lo escrito, quien escribe se apresura a declarar que se somete a la autoridad de la Santa Iglesia, en la que quiere vivir y morir. Y siente la necesidad de testimoniar que ha recurrido al Señor, rogándole lo asista en su empeño de cumplir el áureo testamento del Padre Pío: “Amar y hacer amar a la Virgen, rezar y hacer rezar el Rosario”. Jesucristo fue el único que la amó perfectísimamente. Con su ayuda fue posible encontrar una cantidad de esos tesoros despreciados por quienes deberían darlos a conocer a los cuatro vientos. Es que todavía quedan quienes rechazan todo lo que no es nuevo (“moderno”, y casi siempre modernista) Y sobre todo relegan a la Mujer Vestida de Sol, para inventarse “una María acepta a los protestantes”, como decía el Padre Faber (2). Algo que, siendo vergonzoso, se verifica en ambientes importantes de la Iglesia, usando una palabra pretendidamente mágica: “ecumenismo”. Sin embargo, no lo logran, ya que “no es posible tapar el sol con la mano”. No se puede ocultar a la que el Señor vistió con el sol. A quienes caen en este lamentable error, les recordamos las palabras de la Escritura que la Iglesia ha puesto en boca de la Virgen:

Quien me hallare hallará la vida, y alcanzará del Señor la salvación; más quien pecare contra mí, dañará su propia alma. Todos los que me aborrecen a mí, aman la muerte. (Prov 8, 35-36) Sin embargo, a poco que observa cualquier verdadero fiel, descubre el engaño del padre de la mentira, que no soporta ni siquiera escuchar su nombre, como entona otro cántico mariano: “María cuyo Nombre/ como conjuro santo/ aterra con espanto/ el trono de Luzbel…” ¿lo recuerdan? También muchos de aquellos cánticos piadosos son tesoros de la Iglesia. Duele, y duele mucho, por amor a Ella y por amor a nuestros hermanos, que se desconozcan las enseñanzas tradicionales de los Papas y los Santos, que, como las infaltables ofrendas de flores y velas ante sus imágenes, han dejado a través de los siglos al hablar de María y a María, la Toda Santa. Ellos actuaron con su sabiduría, como nosotros, los pequeños, con nuestras devociones. Le han ofrecido alabanzas que tienen el colorido, el perfume, la belleza de las flores, como también la cálida luz de las velas. Éste es el motivo de tantos textos rescatados y recopilados para ponerlos a disposición de los que aman a la Virgen a fin de que irradien su luz, la luz de la verdad, que sólo se encuentra en la Iglesia. Una lucha en la que todos, ineludiblemente, estamos involucrados, y, naturalmente, tenemos que elegir uno de los dos “bandos”: el de María o el del dragón. Diríamos que nadie, o pocos, quieren abiertamente pertenecer al bando del maligno, pero no son mayoría los que eligen decididamente el de María, la vencedora. Dios quiera que este intento los ayude y confirmen lo que han prometido en el Bautismo: Renunciar a Satanás, a sus pompas y sus obras, y entregarse totalmente a Jesucristo, en las manos de María, su Madre Santísima, y luchar con Ella, por Ella, en Ella y para Ella. Finalmente sea dicho que la osadía de abordar este tema singularmente dramático tiene su origen en una moción personal muy profunda. Precisamente por ese motivo, si en el resultado se encuentran fallas, se deben atribuir a las limitaciones del autor, pero si sus frutos son buenos, debemos agradecerlo a la Virgen de Luján, Nuestra Madre de Luz. El resultado queda como un ofrecimiento a Ella -al modo que se hace con las flores y las velas- en su altar de la Iglesia del Pilar de Buenos Aires, porque a sus pies comenzó este trabajo. Desde ese templo salió la más grande y fervorosa procesión de Jesús 21


Sacramentado de la Historia de la Iglesia, en la tarde de la clausura del Congreso Eucarístico del 34. Quiera Ella revivir en nosotros el ardor de nuestros corazones por cumplir -de una vez por todas- con la vocación eucarística y mariana de ésta, su Argentina. Aquí terminaba la Introducción. Eran las dos de la madrugada del 13 de marzo en nuestro país, y el libro estaba corregido y listo para ir a la imprenta. Poco después de las dos de la tarde fue elegido el nuevo Papa. Con ansiedad se esperó saber quién era. Aproximadamente una hora después, siguiendo la tradición, el Cardenal decano lo proclamó desde los balcones de la Basílica de San Pedro. “ANNUNCIO VOBIS GAUDIO MAGNUM: HABEMUS PAPAM!” … Sorpresa, lágrimas, conmoción de todo el pueblo cristiano del mundo. Era nuestro Cardenal Bergoglio. Todos los medios gritaban la noticia, y las campanas sonaron como nunca antes, con un timbre más gozoso, más argentino… explosiones de júbilo en todo el país. Nuestra historia había cambiado para siempre. Del Corazón Misericordioso del Señor y por las manos de María Santísima nos llegaba una singular gracia para acabar con el rencor y el enfrentamiento y cumplir con las Consagraciones hechas por nuestro pueblo. Recordemos la que hizo Juan Pablo II: “¡Virgen de Luján, te consagro la Argentina pacificada y reconciliada!” Se frenó el envío del libro a la imprenta, a fin de poder agregar hechos y dichos del Papa Francisco, y con lo que se pudo, lo dimos por terminado uin mes después, el 13 de junio de 2013, San Antonio de Padua y Segunda Aparición de la Virgen en Fátima. 1 - El Padre René Laurentín es considerado el mayor experto de la Iglesia de hoy en el tema de las apariciones, con una gran cantidad de libros sobre ellas. Su opinión es tenida muy en cuenta por los obispos cuando se encuentran ante la necesidad del discernimiento. 2 - Padre Frederic-William Faber (1814-1863), oratoriano inglés, propagador en Inglaterra de la espiritualidad mariana de San Luis María Grignión de Montfort. Su último grito, dice “El Catolicismo en Inglaterra”, fue exhortar a los sacerdotes a que propagasen la devoción a la Madre de Dios, como medio eficaz de salvación y conversión de los herejes. Repetía con frecuencia: "Santa Teresa vino a ser tan grande santa, porque desde los doce años escogió por madre a la Santísima Virgen". (3) en Argentina el Mes de María se celebra en preparación a la fiesta de la Inmaculada, desde el 27 de noviembre, María Medianera de todas las gracias.

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Apocalipsis 12 (1-17) 1 Y una gran señal apareció en el Cielo: Una Mujer revestida del Sol y con la luna a sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas, 2 la cual, estando encinta, gritaba con dolores de parto y en las angustias del alumbramiento. 3 Y se vio otra señal en el Cielo, y he aquí un gran dragón de color de fuego, con siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas. 4 Su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del Cielo y las arrojó a la tierra. El dragón se colocó frente a la Mujer que estaba por dar a luz, a fin de devorar a su hijo luego que Ella hubiese alumbrado. 5 Y Ella dio a luz un hijo varón, el que apacentará todas las naciones con cetro de hierro; y el hijo fue arrebatado para Dios y para el trono suyo. 6 Y la Mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios para que allí la sustenten durante mil doscientos sesenta días 7 Y se hizo la guerra en el Cielo: Miguel y sus Ángeles pelearon contra el dragón; y peleaba el dragón y sus ángeles, 8 más no prevalecieron, y no se halló más su lugar en el Cielo, 9 Y fue precipitado el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el engañador del universo. Arrojado fue a la tierra, y con él fueron arrojados sus ángeles. 10 Y oí una gran voz en el Cielo que decía: “Ahora ha llegado la salvación, el poderío y el reinado de nuestro Dios y el imperio de su Cristo, porque ha sido precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. 11 Ellos han vencido en virtud e la sangre del Cordero y por la palabra, de la cual daban testimonio, menospreciando sus vidas hasta morir. 12 Por tanto alegraos, oh Cielos, y los que habitáis en ellos. Mas ¡Ay de la tierra y el mar ¡porque descendió a vosotros el Diablo, lleno de gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo. 13 Cuando el dragón se vio precipitado a la tierra, persiguió a la Mujer que había dado a luz al varón. 14 Pero a la Mujer le fueron dadas las dos alas del águila grande para que volase al desierto, a su sitio, donde es sustentada por un tiempo, dos tiempos, y la mitad de otro tiempo, fuera de la vista de la serpiente. 15 Entonces la serpiente arrojó de su boca, en pos de la Mujer, agua como un río, para que Ella fuera arrastrada por la corriente. 16 Mas la tierra vino en ayuda de la Mujer, pues abrió la tierra su boca, y se sorbió el río que el dragón había arrojado de su boca. 17 Y se el dragón contra la Mujer, y se fue a hacer la guerra contra el resto del linaje de Ella, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.

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Primera parte

Signum magnum El gran signo que vio San Juan

E

l apóstol San Juan describe en estos términos una visión divina: Apareció un gran signo en el cielo: Una Mujer vestida del sol, con la luna a sus pies, y con una corona de doce estrellas en su cabeza (Ap 12,1). Nadie ignora que esta mujer significa la Virgen María, quien, sin mancilla para su integridad, engendró a nuestra Cabeza. Y el Apóstol prosigue: “Estando encinta, gritaba al dar a luz, y sufría dolores de parto” (Ap 12,2) San Juan vio, por lo tanto, a la Santísima Madre de Dios gozando ya de la eterna felicidad, y, sin embargo, en los dolores de un misterioso alumbramiento. ¿Qué alumbramiento? El de nosotros, sin duda, que, retenidos todavía en este destierro, tenemos necesidad de ser engendrados en el perfecto amor de Dios y en la eterna felicidad. En cuanto a los dolores del parto, señalan el ardor y el amor con que María vela sobre nosotros desde su trono en el cielo y procura con asiduas oraciones aumentar el número de los elegidos. San Pío X, Encíclica Ad diem illum

2 de febrero de 1904, 50º aniversario de la proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción de María.

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I

Un mensaje ignorado Un gran signo apareció en el cielo: una mujer, vestida del sol, con la luna a sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Ap 11,19 -12,1.

E

n el atrio de la Basílica de Luján se levanta un monumento al Padre Jorge María Salvaire. A él se debe ese magnífico santuario, la Historia de la Virgen, y su Coronación Pontificia. Por eso, Monseñor Federico Aneiros, Arzobispo de Buenos Aires, le decía: “El Pueblo de Nuestra Señora de Luján os deberá eterna gratitud” Pero este pueblo ignora que el incansable misionero recibió una locución interior que señalaba la Santa Imagen con las palabras de la visión de San Juan en Patmos. El hecho tuvo lugar precisamente después de las solemnes ceremonias de su Coronación Pontificia, y fue documentado por el Padre Antonio Scarella, su cohermano en la Congregación de la Misión, siendo publicado por “La Perla del Plata”, órgano oficial del Santuario. Su desconocimiento ha motivado que lo destaquemos al comienzo de nuestras reflexiones, con la esperanza de que los argentinos, volviendo sus ojos a la pequeña Imagen de su Madre, correspondamos a tal gracia en momentos en que el mundo entero necesita reconocer a Aquella que ha de aplastar la cabeza de la serpiente infernal, según las palabras del Génesis. Coincidamos en que es una gran gracia para nuestro país que el Señor manifieste su voluntad de que Nuestra Patrona se presente a nuestros ojos como la Mujer Vestida de Sol. En este día mismo de la solemne Coronación de la milagrosa Imagen de Ntra. Sra. de Luján, y todavía embargado el espíritu por la magnificencia de la ceremonia, una joven señora, Da. Rosario E. de Estrada, recién desposada, sacaba de su dedo, a impulso de su entusiasmo, el anillo de oro, adornado de un magnífico brillante, con que le obsequiara, en día memorable, su joven esposo, como símbolo de mutuo amor y fidelidad, y entregándolo al Padre Salvaire, le dijo: “Tome usted, Padre, este regalo que yo le hago a Ntra. Sra. de Luján, que ya sabrá usted el destino que debe darle”. Al recibir esta prenda, más preciosa aún por lo que significaba que por su valor real, estuvo dicho Padre algún tanto pensativo, pero luego, en ese gran día del triunfo admirable de la Inmaculada Virgen de Luján, sintió en lo más íntimo de su corazón una voz misteriosa que le recordaba aquella frase apocalíptica de San Juan: “Apareció en el Cielo un gran prodigio: una Mujer vestida del sol, calzada con la luna, y sobre su cabeza, una corona de doce estrellas”. El ropaje de la coronada Imagen de Ntra. Sra. de Luján, cuajado de piedras preciosas, chispeaba ese día como un verdadero sol: A sus pies brillaba la plateada luna, pero... faltaban aún las doce estrellas que debían circundar la preciosa cabeza coronada, únicamente añadiendo esta deficiente aureola quedaría completa la visión apocalíptica de San Juan, el discípulo amado. “Pues bien –replicó el Padre Salvaire- este brillante que usted me da tan generosamente, señora, será la primera piedra de las doce estrellas que, según mi concepto, habrán de formar el nimbo que más adelante circundará la cabeza y la corona de María Santísima de Luján”. En aquellos días comunicó su proyecto a un corto número de personas devotas de la Virgen, y esas personas, respetables matronas unas, elegantes 26


señoritas otras, presurosas de responder a tan piadosa indicación, se despojaron de sus piadosas prendas, a fin de contribuir con sus generosos donativos a la realización de la proyectada aureola de las doce estrellas (siguen nombres de donantes). Faltaba aún un brillante para completar el centro de la duodécima estrella, cuando hablando en la capital de la vecina República de su intento, con el inspirado y devoto vate Dr. D. Juan Zorrilla de San Martín, éste le dijo: ‘Mire Padre, usted me da la idea de hacer, en obsequio de Nuestra Señora de Luján, un sacrificio que ha de costar a mi corazón, pero para la Virgen ¿Qué no harían sus devotos? Acepte Padre, este anillo, adornado con brillantes, que regalé a mi malograda Elvira, el día de nuestro enlace; Dios quiso disponer de ella para una vida mejor, este anillo lo guardaba como una preciosa reliquia, pero ahora lo ofrezco en nombre de mi inolvidable compañera, y en el mío, a Ntra. Sra. de Luján’. No bien otras personas supieron que se ejecutaba la obra de la aureola, cuando pidieron cual singular favor, el poder contribuir en cualquier forma a realzar su hermosura con sus generosos donativos (siguen nombres de donantes). Desde entonces el nimbo festivo de la imagen es de oro finísimo y obra de un joyero muy recomendable por su habilidad y honradez, aunque su modestia, que no es el menor atractivo de su trato, no le ha permitido todavía colocar su nombre entre los principales de su gremio. Mide el precioso nimbo unos veinte centímetros, se compone de doce estrellas a seis puntas, reunidas entre sí por un halo de oro, en el centro de cada estrella va engastado un brillante con su correspondiente engarce, algunos de los cuales tienen un verdadero valor lapidario. A. Scarella C.M.

La Perla del Plata -

Revista mensual ilustrada-Órgano oficial del Santuario y Basílica de Nuestra Señora de Luján. Año LXXIII - Abril de 1962, págs. 9 y 10.

Un siglo después de aquel hecho, Ella misma proclama desde San Nicolás de los Arroyos:

Gladys, están cayendo los hombres en una progresiva autodestrucción. Es por eso que es tan necesario en estos momentos difundir las palabras de esta Madre. El Señor ha marcado para estos tiempos, un signo: La Mujer Vestida de Sol, Ella, es la esperanza a la que deben aferrarse sus hijos. La Madre ha puesto su mirada en vosotros, poned vosotros, vuestros ojos y vuestro corazón, en Dios. Las Glorias sean a Él. Hazlo conocer (28/2/89). Tenemos necesidad imperiosa de conocer la realidad actual, que se va agudizando a cada momento, porque la ignorancia es grande y aumenta la confusión, que es el ambiente propicio para satanás, el “príncipe de las tinieblas”. Ya en noviembre de 1976, el Cardenal Karol Wojtyla -dos años después convertido en Juan Pablo IIseñalaba: Nos encontramos hoy ante el más grande combate que la humanidad haya nunca visto. No creo que la comunidad cristiana lo haya comprendido totalmente. Estamos hoy ante la lucha final entre la Iglesia y la AntiIglesia, entre el Evangelio y el Anti-Evangelio. 27


Desgraciadamente, nuestra comunidad cristiana no lo termina de comprender tampoco en este principio de siglo, aún después de haber pasado por terribles tribulaciones precisamente en ese combate. Urgente resulta una palabra demasiado débil para convencer a todos los cristianos que deben “alinearse en pos de la gran triunfadora de esta batalla final”, como exhorta vivamente el Cardenal Días desde Lourdes al recordar la afirmación del Cardenal y Papa polaco. Fue en la Misa del 150º aniversario de las apariciones, hablando en carácter de Legado del Santo Padre Benedicto XVI: La victoria final pertenece a Dios y ella se verificará gracias a María, la Mujer del Génesis y del Apocalipsis, que combatirá a la cabeza del ejército de sus hijos e hijas contra las fuerzas enemigas de Satanás y aplastará la cabeza de la serpiente. María, la Mujer del Génesis y del Apocalipsis, es la Madre de Dios, y por lo tanto Jesucristo, su Hijo, y toda la Santísima Trinidad, la colmó de gracias, de dones y de privilegios: La preservó del pecado original, y le concedió la gracia singularísima de la Maternidad virginal. Su parto fue milagroso y pleno de gozo celestial, y siendo Virgen perfecta y perpetua, fue llevada al Cielo en cuerpo y alma, donde reina a la diestra de su Hijo como Señora del Universo, velando por todos nosotros, como Madre nuestra, que así la proclamó el mismo Redentor desde la Cruz. María Santísima tiene ésos y muchos otros privilegios y prerrogativas, derivados del más grande de todos: la Maternidad divina. Nadie podría llegar a conocer todas las glorias con que el Altísimo honró a la Santísima Virgen. Sin embargo, de alguna manera, Él mismo quiso que atisbáramos esa dote divina al manifestarla en la visión de San Juan: El hombre mira al Cielo y ve el sol, “que sale y alumbra todo ” (Ecl. 42,16) “la luna, que brilla a sus tiempos, que en sus varios cambios crece maravillosamente” (Ecl. 43, 6,8) y “las estrellas, brillante adorno en las alturas del Señor” ( Ecl. 43, 10) y lo conmueve ver la solicitud divina que adorna a esa Mujer, su Madre, con esas joyas de la Creación: A la derecha del Rey está la Reina, vestida de oro y engalanada (Salmo 44) Quiso pues el Señor que la Iglesia contemple a María con los atributos de una soberanía celestial en la portentosa imagen del Apocalipsis. Portentosa y plena de simbolismos, con un dejo de misterio que no acaban de aceptar los “sabios” de este mundo, pero que entienden rápidamente los humildes de corazón: “Yo te bendigo, Padre, (...) porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños” (Mt 11, 25). El Señor también quiere que escuchemos a su Madre cuando refiere “las maravillas que ha hecho en Ella.”(Lc 1, 49), por eso en las Escrituras aparecen estas palabras y así tengamos alguna noción del amor inconmensurable que le profesa y del poder sin límites que ha querido darle. Quiere el Altísimo que comprendamos -en cuanto nos sea posible- que Ella es la Mujer de las Escrituras, la que aplastará definitivamente la orgullosa cabeza de la serpiente antigua, y que en la gran batalla que se está librando a sus órdenes en estos momentos, nosotros debemos seguirla. Ella nos llama a la lucha porque nuestra participación es indispensable según la voluntad de Dios.

La Mujer Vestida de sol, venerada en el centro de América del Sur La Virgen de Quito es la Virgen del Apocalipsis, la Mujer Vestida del Sol, representada con las alas que le fueron dadas para huir al desierto, como leemos en el versículo 14 28


del cap. 12 del Libro de la Revelación. Tiene también bajo sus pies una serpiente encadenada, como se anuncia en el Génesis. El monumento, realizado sobre una esfera que simboliza la tierra, de 45 metros de alto, está emplazado en la loma llamada del Panecillo, que a su vez se encuentra a 3000 m sobre el nivel del mar, siendo el gran signo emblemático de la capital de Ecuador, que se puede contemplar desde cualquier punto de la ciudad. Fue realizado por el artista español Agustín de la Herrán Matorral, quien se inspiró en una escultura de sólo 30 cm de alto, realizada por Bernardo de Legarda en 1734, que se venera en la Iglesia de San Francisco de la capital de esa ciudad. La Virgen del Apocalipsis fue emplazada en el centro de América del Sur el 28 de marzo de 1976, fecha que pareciera ser un signo profético. En efecto, el 28 de marzo del año 2013, después de un mes en que el Santo Padre Benedicto XVI dejara de la sede de Pedro, renunciante, fue Jueves Santo, el primero del Papa de María, comenzando, según las inspiraciones de algunas almas, el llamado “fin de los tiempos”, que vivimos guiados por él. Además, la imagen original de Legarda se venera en la Iglesia de San Francisco de Quito, el Santo de quien tomó el nombre y el espíritu el Papa argentino -sudamericano- que lo sucedió, para su Pontificado. Mencionamos estos hechos porque no parecen sólo coincidencias: América venera desde hace casi tres siglos a la Mujer Vestida de sol, y desde fines del siglo XX su Imagen luce imponente en el centro del país por donde pasa el Ecuador, la línea imaginaria de la mitad del planeta. En su base se encuentra una placa que así la proclama a su país, a América y al mundo. El siguiente es un soneto del Padre Jesús Rigoberto Correa Vázquez, que dice: La Mujer del Capítulo 12 del Apocalipsis ¿Quién es esta mujer, de sol vestida, Reina, de doce estrellas coronada, portentosa señal, airosa, alada, que al firmamento se remonta erguida? ¿Quién es esta mujer engrandecida, que a sus plantas la luna ve postrada mantiene a la serpiente encadenada, y entre todas es la única escogida? Es María, la Virgen, la Esperanza, mostrada en el Edén a Cielo y tierra, en quien Dios se encarnó y entró en la historia. Es la Madre de Dios, flor de la Alianza, la Mujer fuerte que al infierno aterra, la esclava del Señor, la asunta a gloria.

II

María, la Mujer de las Escrituras María es la Mujer prometida por Dios que aplastaría con su poderoso pie la cabeza de la antigua serpiente, cuyo calcañar acometió con muchas intrigas, mas sin éxito; pues sola Ella aplastó toda herética maldad. 29


San Bernardo

María, es la Mujer prometida por Dios, figurada por Jeremías y profetizada por Isaías, aludida por Miqueas, señalada por Pablo, bendecida por el Ángel y por Isabel, nombrada por su Hijo en Caná, alabada por una mujer del pueblo, proclamada Madre nuestra por el Redentor desde Cruz; la que rogó la venida del Espíritu Santo rodeada por los Apóstoles en el Cenáculo, y que se manifestó como Reina del Universo a Juan. . Jesucristo quiso ser el Hijo de esa Mujer, María, que fue la predestinada desde la eternidad, totalmente pura y sin mancha, ya desde el mismo decreto de la Encarnación. María estuvo junto a Él en la Creación, le dio su sí para que se encarnase en su seno inmaculado, estuvo a su lado como Madre en Belén y Nazaret y como Madre Corredentora en el Calvario, y lo sigue estando como Reina y Señora para siempre, en su condición de Madre, sentada a la derecha del Rey y Señor inmortal de los siglos. “No es bueno que el hombre esté sólo” ( Gn 2,18), dijo Dios, y lo dijo para su Hijo también, María es la nueva Eva junto al nuevo Adán. María es la Llena de Gracia, Aquella que estuvo en la mente de Dios desde la eternidad, predestinada como Madre de su Hijo, el Verbo hecho hombre en su seno virginal. María es la Mujer del anuncio solemne de la Misericordia de Dios en el Protoevangelio, la que “trituró su cabeza con el pie inmaculado” (Beato Pío IX, Ineffabilis Deus, 8/12/1854) Siendo tan grande el don que nos hace Dios al darnos a María, que Él mismo irá preparando a la humanidad con múltiples figuras y oráculos para que la recibamos, de una manera análoga a la que preparó la venida del Redentor, su Hijo divino, y la nombrará reiteradamente en los libros sagrados de la Biblia, llamándola “Mujer”, envuelta en el Misterio de sus designios de salvación, hasta que el propio Hijo la entregará a la Iglesia y a la humanidad en el momento culminante de la Redención, para mostrarla luego, con solemnidad celestial en la visión de Patmos. María, la Mujer Vestida de Sol es la Mujer de las Escrituras. …Para conocer a la mujer por excelencia, para tener noticia del encargo que ha recibido de Dios, para considerarla en toda su belleza inmaculada y altísima, para formarse alguna idea de su influencia santificadora (…) es necesario llegar a la plenitud de los tiempos, al cumplimiento de la primitiva promesa; para sorprender a Dios formando el tipo perfecto de la mujer, es necesario subir hasta el trono resplandeciente de María. María es una criatura aparte, más Ella por sí sola que toda la creación; el hombre no es digno de tocar sus blancas vestiduras; la tierra no es digna de servirla de peana, ni de alfombra los paños de brocado; su blancura excede a la nieve que se cuaja en las montañas, su rosicler al rosicler de los cielos, su esplendor al esplendor de las estrellas. María es amada de Dios, adorada de los hombres, servida de los Ángeles. El Padre la llama Hija, y la envía embajadores; el Espíritu Santo la llama Esposa, y la hace sombra con sus alas; el Hijo la llama Madre, y hace su morada de su sacratísimo vientre; 30


los serafines componen su corte, los cielos la llaman Reina, los hombres la llaman Señora; nació sin mancha, salvó al mundo, murió sin dolor, vivió sin pecado. Juan Donoso Cortés, Discurso académico sobre la Biblia. Muchas veces oímos hablar del “silencio” sobre María en las Escrituras, tal vez porque se toma a la Biblia como un libro puramente histórico, queriéndola entender en un espíritu inficionado de protestantismo, sin el Magisterio de la Iglesia. ¡Cuánta falta hace a la Iglesia y al mundo que surjan oradores sagrados y escritores verdaderamente católicos que apliquen la Palabra de Dios a la Santísima Virgen, a ejemplo tantos que lo han hecho a través de los siglos! Ellos estaban persuadidos, como San Vicente Ferrer, que la Virgen María está contenida místicamente, directa o indirectamente, en todos los libros de la Sagrada Escritura, en todos sus cánticos, más aún, en cada uno de sus versículos. San Vicente Ferrer, Sermón de la Concepción Virginal. De esta afirmación hay muchos testimonios que cita el P. Gabriele Roschini: la Biblia Mariana del Venerable Carlos Jacinto de Santa María, la de Agustino Descalzo, en 20 tomos; la del P. José San Miguel y Barco OP; la de Santo Tomás de Villanueva (con fragmentos de muchos sermones célebres) o la de San Alberto Magno, entre otras. En los últimos tiempos, y debido al reciente recrudecimiento de la influencia modernista, no oímos las palabras de la Sabiduría puestas en su boca por la Iglesia, ni tampoco la coherencia bíblica en que se la nombra como la Mujer, con el consiguiente significado mariológico de esas menciones.

Prometida en el Génesis En la primera de ellas, es la voz de Dios la que resuena desde el Paraíso, para anunciarla en la promesa del Génesis (3,15), que ilumina toda la Historia de la Salvación. Y como eco de la voz divina escuchamos las palabras áureas de la Bula Ineffabilis Deus, del Beato Pontífice Pío IX al proclamar el dogma de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre de 1854: ... los Padres y escritores de la Iglesia, adoctrinados por las divinas enseñanzas, no tuvieron tanto en el corazón, en los libros compuestos para explicar las Escrituras, defender los dogmas, y enseñar a los fieles, como el predicar y ensalzar de muchas y maravillosas maneras, y a porfía, la altísima santidad de la Virgen, su dignidad, y su inmunidad de toda mancha de pecado, y su gloriosa victoria del terrible enemigo del humano linaje. Por lo cual, al glosar las palabras con las que Dios, vaticinando en los principios del mundo los remedios de su piedad dispuestos para la reparación de los mortales, aplastó la osadía de la engañosa serpiente levantó maravillosamente la esperanza de nuestro linaje, diciendo: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya”; y enseñaron que, con este divino oráculo, fue de antemano designado clara y patentemente el misericordioso Redentor del humano linaje, es decir, el unigénito Hijo de Dios Cristo Jesús, y designada la Santísima Madre, la Virgen María, y al mismo tiempo brillantemente puestas de relieve las mismísimas enemistades de entrambos contra el diablo. Por lo cual, así como Cristo, mediador de Dios y de los hombres, asumida la naturaleza 31


humana, borrando la escritura del decreto que nos era contrario, lo clavó triunfante en la Cruz, así la Santísima Virgen, unida a Él con apretadísimo e indisoluble vínculo, hostigando con Él y por Él eternamente a la venenosa serpiente, y de la misma triunfando en toda la línea, trituró su cabeza con el pie inmaculado. (1).

Figurada por Jeremías Tenemos luego otra mención de María Santísima como “Mujer”, hecha por el profeta Jeremías: Una mujer rodeará al varón ( Jr 31, 22). La Mujer prometida es ahora figurada en una alusión a su Maternidad: La Virgen rodeará corporalmente al Hijo de Dios hecho hombre, como sólo lo puede rodear una madre, teniéndolo en su seno purísimo, su tabernáculo viviente. Luego lo rodeará con sus brazos para alimentarlo, adormecerlo y ofrecerle su calor materno, estrechándolo en su regazo, el trono que Él mismo se hizo.

Profetizada por Isaías Isaías, llamado “el quinto evangelista” por la claridad de sus profecías mesiánicas, nos anuncia a la Mujer como “una señal” que dará el mismo Dios:

El Señor mismo va a daros una señal. He aquí que la virgen está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel” (Is 7,14). Será el milagro de una mujer que, siendo virgen concebirá un hijo, y permaneciendo virgen lo dará a luz, y que se llamará Emmanuel, que quiere decir “Dios con nosotros”. La expresión señal se identifica con la que dará Juan en el Apocalipsis. San Juan nombra su visión de la Virgen vestida de sol, expresamente como una gran señal. (que otros traducen como “signo”) Y verdaderamente la señal que diera el mismo Dios es grande: la de la Virgen Madre. Porque “la divinidad exigía la virginidad” como afirmaba con lógico sentido Bourdalone. Es por lo tanto equívoca la versión que traduce en nuestros días, y leída desde nuestros altares (2) a la virgen o doncella como “la joven”. No es nuevo este gravísimo error, que induce a negar, heréticamente, la virginidad de María: Ya San Ireneo defendía el valor profético de este texto, argumentando que cuando Isaías señala claramente que ocurrirá “algo inesperado” con respecto a la generación de Cristo; está aludiendo claramente a una señal, pero ¿Dónde está lo inesperado o qué señal se os daría en el hecho de que una mujer joven concibiera un hijo por obra de un varón? Esto es lo que ocurre normalmente a todas las madres. Lo cierto es que, con el poder de Dios, se iba a empezar una salvación excepcional para los hombres y, por tanto, se consumó también de una manera excepcional un nacimiento de una virgen. La señal fue dada por Dios; el efecto no fue humano. San Ireneo, en torno al año 200.

Aludida por Miqueas El profeta Miqueas, dirigiéndose a la ciudad de Belén, exclama:

Y tú, Belén de Efrata, tú eres pequeña entre las millares de Judá. –de ti me saldrá el que ha de ser dominador de Israel, el cual fue engendrado desde 32


el principio, desde los días de la eternidad. Por esto, el Señor los dejará hasta aquel tiempo en que dará a luz la que ha de dar a luz…(Mq 5, 2-5) Miqueas parece conocer la profecía de Isaías, contemporáneo suyo. Esta profecía mesiánica es llamada “grandiosa” por Monseñor Straubinger, “que reúne los fundamentos de la doctrina cristológica: la eternidad y la divinidad del Mesías (Prov 8,22,ss); su consubstancialidad al Padre, su realeza y su reinado”. Efrata es el antiguo nombre de Belén y significa “fértil”. El texto concuerda maravillosamente con el de Isaías 7, 14: “Una virgen concebirá y dará a luz un hijo…” y con los versículos 2 al 6 del cap.12 del Apocalipsis “Estando encinta con ansias de dar a luz, y sufría dolores de parto”. Y después al mencionar la otra señal -el dragón- dice:

Este dragón se puso delante de la mujer, que estaba por dar a luz, a fin de tragarse a su hijo, luego que ella le hubiese dado a luz. En esto dio a luz un hijo varón, el cual iba a regir todas las naciones con vara de hierro … (Ap12,4)

Miqueas alude en primer lugar a la Mujer profetizada por Isaías en la gran señal de que iba a ser una virgen, la que por ser la Madre del Emmanuel, “Dios con nosotros”, daría a luz permaneciendo virgen (la Maternidad divina) y en segundo lugar a la Mujer que vio Juan, donde se menciona este parto virginal y milagroso de la Virgen Santísima: El de Cristo “que iba a regir las naciones con vara de hierro”, al que el dragón quiere devorar, junto con el parto místico de todos los cristianos - “el resto de su descendencia”- cumplido al pie de la Cruz con dolores inenarrables.

Bendecida por el Ángel y por Isabel Por fin llegamos a la plenitud de los tiempos, y Dios mismo se dirige “a una virgen desposada con una varón de la casa de David” (Lc 1,27) por medio de uno de los siete Arcángeles que sirven ante su trono: Gabriel, Nuncio de Dios. Y nombra a la Mujer con el nombre con que es conocida en la tierra: “y el nombre de la virgen era María” (Lc 1, 28 ) pero la saludó con un nombre que jamás fue -ni antes ni después- de ninguna otra persona: “Kejaritomeni –La plena de Gracia” (Lc 1, 29). Por eso colocamos el artículo en la traducción “La” llena de gracia (1) , y lo decimos, como lo dijo el Arcángel, a modo de nombre de la única que tuvo la plenitud de la unión con Dios. Es la Mujer elegida por Él, y por eso el Ángel la bendice, con la misma frase de Isabel (un códice que falta en algunas traducciones pero que no omite la Biblia de Straubinger): “Bendita eres entre las mujeres” (Lc 1,29) La Mujer de las Escrituras es la Bendita entre todas las descendientes de Eva, es “la plena de Gracia”. A esto dice San Bernardo: Escucha hija, y mira e inclina tu oído, y olvida tu pueblo y la casa de tu padre (Salmo 44, 11 )(…) Bendita Tú entre las mujeres. Quiero juntar a esto lo que añadió Santa Isabel a estas mismas palabras, diciendo: Y bendito el fruto de tu vientre (Lc 1, 42), porque Él te previno con bendiciones de dulzura, de cuya plenitud recibiste Tú de un modo mucho más excelente que todos los demás; sin duda Tú eres bendita entre las mujeres. Esa bendición del Ángel, de parte de Dios, la repite Isabel en una exclamación que hace “llena del Espíritu Santo”. Exclamación que los hijos de la Iglesia repetimos incontables veces por día, sobre todo en el Santo Rosario: “ ¡Bendita Tú eres entre todas 33


las mujeres!” Al Encarnarse el Verbo, María es bendecida por Dios, por el Ángel y por Isabel, y a partir de ese momento por todas las generaciones de cristianos en todas las lenguas y lugares del mundo. Los Ángeles y los hombres se hacen eco de Dios y, como en un coro universal, las generaciones no se cansan de repetir por los siglos: “¡Bendita Tú entre las mujeres!” Y así se cumplen las propias palabras de Nuestra Señora: “Todas las generaciones me llamarán bienventurada” (Lc1,48) Porque predestinada para ser Madre de Dios, es por siempre y para siempre bendita y alabada la Mujer “en cuyo seno virginal se aposentó el que no podrían contener los cielos”. (Bonifacio IX, 1390). Verdaderamente decía Donoso Cortés: “María es una criatura aparte, más bella por sí sola que toda la Creación...” y así lo enseña Santo Tomás, “María es un universo aparte, debido a su pertenencia relativa a la unión hipostática”. Todos los santos han colmado de alabanzas a la Mujer anunciada, inspirados como Santa Isabel por el Espíritu Santo, y contemplándola “con Cristo encerrado en sus entrañas”.

Señalada por Pablo Consideramos ahora las palabras de San Pablo: “Al llegar la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer” (Gal 4,4 ). La Maternidad divina de María, antes figurada en una reiteración del anuncio del Paraíso, ahora es proclamada como hecho que ya vieron los cielos y la tierra: Jesucristo, el Verbo de Dios, quiso encarnarse en esa Mujer que en el Antiguo Testamento es nombrada misteriosamente, esperada y figurada muchas veces por hechos simbólicos que ha leído la fe de la Iglesia, hasta llegar el momento en que es nombrada expresamente por Él.

Nombrada por su Hijo en Caná Si ahora nos asomamos a esas Bodas que se celebraron en Caná de Galilea, vamos a escuchar el diálogo de María con Jesús: “Hijo, No tienen vino” (Jn 2,3) y presenciaremos el milagro luego de comprobar que Nuestro Señor no le responde nombrándola “Madre”, sino “Mujer”. En esa epifanía cumplida en Caná, el Señor mostró al mundo que María es la Reina que todo lo rige junto con Él (Figurada en el A.T. como la Guebirah, título de la Reina Madre en la dinastía davídica) a quien aún aclarando que no era “su hora” concede su deseo silencioso: “¿Qué nos va a ti y a mí Mujer, no sabes que aún no ha llegado mi hora?” (Jn.2, 4,5) pero la adelanta complacido, para que nadie dude nunca, en los tiempos futuros, que Él, siendo el Dios Altísimo, se aviene a los deseos de Aquella a quien, por ser su Madre, nada le negará jamás, poniendo por otra parte en evidencia “la ininterrumpida comunión de voluntades” entre Cristo y María, a la que alude San Pío X en su Encíclica “Ad diem illum”. Lo pide su Madre, y Él lo realiza. Es el primer milagro, “y los discípulos creyeron en Él” (Jn 2,11). Manifestación de su divinidad y manifestación de su Madre como Reina mesiánica, como Abogada y Mediadora de todas las Gracias.

Alabada por una mujer del pueblo

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Más adelante tenemos la bienaventuranza que hace a la Madre del Maestro una mujer de pueblo que al escucharlo, pudo haber creído en Él como Mesías y Rey, y admirar a su Madre como la Guebirah mesiánica. O bien, sólo al oír sus “palabras de vida eterna”, comprendió la grandeza de quien las pronunciaba, e inmediatamente admiró a su Madre, porque, como dice San Alfonso María de Ligorio , “si es imposible hallar un Hijo más noble que Jesús, imposible es también encontrar una madre más noble que María”. Ese impulsivo grito de alabanza sólo podría salir de una mujer, y, muy probablemente, de una madre, por haber comprendido más rápidamente y mejor que un varón tal privilegio. Así pareciera mostrarlo esa expresión tan espontánea: “Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron” (Lc 11,27). Una más entre los seguidores de Jesús, no identificada por el evangelista, es la que como mujer, comprende el privilegio de la Mujer que fue Madre de este hombre al que escucha maravillada. Una mujer que alaba a la Mujer y Madre por excelencia; como la alabó Isabel y como la alaban las mujeres que tienen la gracia de conocerla como la bendita entre todas ellas.

Proclamada por Jesucristo desde la Cruz Ya en el Calvario, leemos nuevamente en el texto sagrado la palabra “Mujer”, dirigida a la Virgen. Casi diríamos que “la escuchamos”, pues es una proclamación en medio del drama deicida del Calvario. En la hora suprema, Jesús que nos lo ha dado todo, y se ha dado Él mismo en la Eucaristía, aún nos dará más: nos dará a su Madre: diciéndole como testamento supremo: “Mujer, ahí tienes a tu hijo, y a Juan, ahí tienes a tu Madre” (Jn.19, 27) Allí nos recibió como hijos a todos nosotros, pecadores, en medio de las tinieblas del Viernes Santo, con indecibles dolores y amarguísimas lágrimas, Ella que dio a luz en Belén al Santo de los santos, con el gozo de un milagroso parto virginal, en medio de resplandores celestiales, ahora nos da a luz a nosotros con terribles dolores y amarguísimas lágrimas, envuelta en las nubes tenebrosas que cubren el Gólgota, como lo canta el rito de San Juan Crisóstomo: En este día, al contemplarte la irreprensible Virgen colgado de la Cruz, sufriendo en sus maternales entrañas, sentía amargamente traspasado el Corazón, y suspirando dolorosamente desde lo profundo del alma, era consumida por los tormentos que antes, en el parto, no había conocido… Liturgia Bizantina. Si en Caná Jesucristo nos enseñó la devoción a María, mostrándola en su lugar de Reina “por gracia y parentesco”, en el Calvario lo es también “por la gracia de la conquista” (Pío XII, Radiomensaje a Fátima, 13 de mayo de1946 ), cumpliéndose así su voluntad de asociarla como Corredentora Por lo cual podemos decir piadosamente: El Señor nos conquistó con su Sangre, Ella con sus Lágrimas, porque lo que Él padeció en su Cuerpo, ella lo sufrió en su alma: En ese momento supremo, el Redentor nos entrega a la Mujer anunciada como Madre de gracia.

Rodeada por los Apóstoles en el Cenáculo De regreso a Jerusalén, luego de la Ascensión del Señor… subieron al cenáculo donde tenían su morada, Pedro y Juan, Santiago y Andrés. Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, y Simón el Zelote, y Judas, hermano de Santiago. Todos los cuales, animados de un mismo espíritu, perseveraban juntos en oración con las mujeres y con María, la Madre de Jesús… (Hech 1,13) 35


Allí, en el piso alto del Cenáculo, se rezará la primera novena de la historia, para pedir la venida del Espíritu Santo prometido por el Maestro: Obedeciéndole, están todos reunidos, perseverando en la oración” (ibid) . El escritor sagrado nombra uno a uno a los Doce, y menciona a las mujeres, y a la Mujer ya no la llama así, sino por su nombre: “María, la Madre de Jesús” (ibid). No era posible que los Doce pilares de la Iglesia sean nombrados y Ella, la Madre de la Iglesia no lo fuera. Tampoco podía quedar escrito que María era una más de esas mujeres piadosas, seguidoras de su Hijo. No. Ahora ya se ha develado, al pie de la Cruz, el misterio de la Mujer: El Señor la ha proclamado a la faz de la tierra Madre de la Humanidad. Es necesario decir, y dejar constancia en las Escrituras, que María no es una mujer más, ni siquiera entre las mujeres que acompañaron al Señor al Calvario, cuando Once de sus elegidos lo dejaron solo. Ella es la Llena de Gracia, la Esposa del Espíritu Santo y Madre de la Iglesia naciente, ante cuyo nombre nos inclinamos. Es “ María, la Madre de Jesús”, nos dice esta página de la Biblia, y la Iglesia nos la muestra en toda su grandeza, en tanto el pueblo proclama que lo entiende en su corazón: María, la Madre de Jesús, nuestro Dios, es la Madre espiritual de la Iglesia y de todo el género humano.

La Mujer es manifestada solemnemente a Juan Vestida del Sol, con la luna a sus pies, y coronada por doce estrellas. Llegamos aquí a la culminación de esta secuencia de menciones bíblicas de la Mujer preparada por Dios desde la eternidad. Ahora es Juan quien la menciona, el discípulo que la recibió en su casa como hijo, el que tuvo el privilegio de orar con Ella, el que con temor gozó al cuidarla. Que por algo Dios lo había elegido y le había concedido los dones adecuados a su sagrada misión. Es el discípulo predilecto de Jesús, ahora con la predilección de su Madre. Juan es precisamente el que tiene la visión que motiva este libro. No dice él que vio a la Madre de Dios o a la Reina del Universo, no usa ninguna de las tantas formas en las que podemos nombrar a la Virgen. El dilecto de Jesús y María proclama solemnemente, en el libro de la Revelación, que ha visto como un gran signo a Aquella Mujer que en las Escrituras es nombrada reiteradamente, cada vez con menos dejos de misterio, y la describe: “Vestida de sol con la luna a sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas. En el primer libro de la Biblia, el Génesis, dice Juan Carlos Moreno, aparece la Mujer que aplastará la cabeza de la serpiente, y en el último, el Apocalipsis, la Mujer entabla la lucha final contra el Dragón, venciéndolo, en cumplimiento de la divina sentencia. Es la Mujer, la Mujer por excelencia, la Santísima Virgen, que abre y cierra el ciclo de los tiempos decretados por Dios. Es esta coherencia admirable que sólo podía darse en la Palabra revelada, lo vio y lo transmitió Juan, “el discípulo que Jesús amaba”. En el Gén 3,15 le dice Dios a la serpiente: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. Ella te aplastará la cabeza”. Actualmente algunos suelen decir: “El” (autos) te aplastará la cabeza, interpretando en forma individual el linaje de la mujer, como refiriéndose al Salvador y, por tanto, entendiendo que la mujer es María, la Madre del Salvador. S. Jerónimo en la Vulgata traduce “ipsa conteret caput tuum” (Ella te aplastará la cabeza), es decir que se refiere directamente a María. Esta interpretación fue propuesta ya en el siglo II por algunos santos como S. Ireneo, S. Epifanio, S. Cipriano, Isidoro de Pelusio y también, más tarde, por S. León Magno, cuya explicación desbordaría este trabajo. Nos basta saber que es la traducción que consagra el Concilio de Trento como “de fe”, y la que usa el Papa Beato Pío IX

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en su Ineffabilis Deus, Bula definitoria de la Inmaculada Concepción de María. Anteriormente, el 23 de abril de 1845 había escrito: “… la Santísima Virgen aplasta con su pie inmaculado, la cabeza”. Y San Pío X el 8 de septiembre de 1903 dice: “María, que aplasta la cabeza de la serpiente”. También Pío XII el 26 de julio de 1954 en Pont. Par. 652, escribe: “La Inmaculada aplasta, con su pie, la serpiente infernal” (“L’Osservatore Romano” 26 de julio de 1954).

El texto hebreo traduce “hu” (autos, ipse) que se refiere a la descendencia de la mujer. Según nuestra versión y la traducción de la Vulgata, será la mujer quien obtenga la victoria; según el texto hebreo, ella vencerá a través de su descendencia. La Bula “Ineffabilis” atribuye la victoria a Nuestra Señora, según la interpretación tradicional. Porque Ella lo hace con el poder de Cristo, su descendencia. La versión "ella" (ipsa) no es ni una corrupción intencionada del texto original ni un error accidental, sino que es una versión explicativa que expresa explícitamente el hecho de la participación de Nuestra Señora en la victoria sobre la serpiente, que está contenido de manera implícita en el original hebreo. La fuerza de la tradición cristiana referente a la participación de María en esta victoria puede deducirse del hecho de que San Jerónimo mantuviera “ella” en su versión a pesar de su familiaridad con el texto original y con la traducción “él” (ipse) en la antigua versión latina.

Ya nos dicen los traductores que las traducciones llamadas “literalísimas” no son las más exactas. Si relacionamos la visión de San Juan con el Génesis, entenderemos más rápidamente la verdadera traducción: María, vestida del Sol de la divinidad de su Hijo, recibe la fuerza del mismo Dios -su Hijo-para aplastar la serpiente. El Señor, según las enseñanzas de San Luis María de Montfort, quiere vencer al demonio por medio de una criatura humana, que además es mujer y casi una niña. Ése es el espíritu de la Iglesia. Por lo demás, es sabido que las traducciones “literalísimas” no son siempre las más exactas. La Iglesia buscó las que lo eran y el Beato Pío IX la usa en su Magisterio Solemne. Por otra parte, la misma Virgen María la confirmó, cuando se apareció en el Tepeyac de México. Allí, la Señora le dijo a San Juan Diego quién era Ella, “ La siempre Virgen, Santa Maria de Coatlaxopeuh” Juan Diego y su tío que sólo hablaban dialecto nauatl, lo tradujeron como “Santa Maria de Guadalupe”, Pero en realidad significa: “La siempre Virgen, Santa María, la que pisa a la serpiente.” Coatlaxopeuh quiere decir “la que pisa la serpiente”. En la aparición que hizo la Virgen en la Rue du Bac de París a Sta. Catalina Labouré, venerada en el mundo entero- la Virgen le pidió que acuñara la famosa Medalla Milagrosa tal como Ella se mostraba: sobre el globo de la Tierra y aplastando la cabeza de una serpiente. En la carta a su confesor la Santa dice, al describir la aparición del 27 de noviembre de 1830: “…Sus pies se apoyaban sobre la mitad de un globo blanco… tenía también bajo sus pies una serpiente de color verdoso con manchas amarillentas…” ( J.Eysler CM, L’Immaculée et sa Medaille, Paris 1971). La misma descripción, por ser la autenticada como oficial, hace Chapez en su obra sobre la Medalla, pag. 81, como también el Padre Emilio Cid, en el Congreso Mariano de 1954 en Zaragoza, España, y todos los demás autores fidedignos. En no pocas de sus otras apariciones a través de la historia y en distintos lugares del mundo, Dios quiere mostrar a su Madre aplastando la serpiente infernal. Así la vieron la mayoría de los pintores, escultores y literatos, así la sabe el pueblo fiel: Vox populi, vox Dei. Es verdad que los teólogos no se basan en Apariciones, ni en los artistas, ni en la devoción que llaman “religiosidad popular”, para sus estudios y conclusiones, y así debe ser, pero también es verdad que los maestros de la fe son los obispos y no ellos. Los obispos observan, juzgan y deciden contemplando a toda su grey, unidos al Papa y a toda la Iglesia, de la cual los teólogos son una parte importante, pero sólo eso: una parte.

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Además del Papa y Beato Pío IX, que usó esa traducción nada menos que para la Bula de la Inmaculada Concepción de María, la usaron unánimemente los anteriores Pontífices, los Padres, los doctores y los Santos de todos los tiempos, además de los teólogos anteriores a nuestra época turbulenta. ¿Por qué dudaríamos de ellos? En realidad, no debe extrañarnos, porque los teólogos actuales dudan, deforman o malinterpretan muchos misterios de la Virgen, inclusive sus dogmas. Y todo ello porque las fuerzas del mal en determinado momento, instalaron la duda y la negación sobre todo lo anterior a ellos. Y cuando no pudieron, relegaron al silencio y al olvido las palabras del Magisterio Pontificio de veinte siglos. “Por los frutos los conoceréis”, nos ha dicho el Maestro, y los frutos de esa generación de la duda, el desprecio y la negación son frutos de apostasía. Veneno mortal para las almas que costaron indecibles dolores al Redentor. (2) En los leccionarios que se usan en todas las Misas de Argentina figura esa traducción equívoca que se acerca a la blasfemia y a la herejía.

III

El predilecto del Señor Estaba uno de ellos, al cual Jesús amaba, recostado sobre el pecho de Jesús Juan 13, 23

Al analizar la visión de San Juan, es natural y necesario que recordemos algo sobre él y su presencia en los primeros tiempos de la Iglesia. Juan, Apóstol y Evangelista, era “el discípulo que Jesús amaba”, nos dice él mismo en el Evangelio. “Amigo de su Corazón y testigo íntimo de su amor y de sus penas”, comenta Monseñor Straubinger. Sin duda recibió gracias especiales para cuidar a la Santísima Virgen, a las que correspondió generosamente. No extraña que se haya caracterizado por su gran pureza de corazón, su humildad y su caridad, las virtudes preferidas por Nuestra Señora. Y tampoco extraña que luego de cumplida esa sagrada misión, haya sido el elegido para transmitir a los siglos futuros la gran “mariofanía” del Apocalipsis. San Juan y Santiago el Mayor eran hermanos, llamados por Jesús “los hijos del trueno” a causa del entusiasmo y fogosidad que los caracterizaba. Pescadores, como su padre Zebedeo, eran naturales de Betsaida, patria también de San Pedro, que está ubicada a orillas del mar de Galilea. Santiago fue a predicar a la península ibérica. Allí le costaron mucho las conversiones. Por ese motivo la Virgen Santísima, aún en su vida terrena, lo visitó en Zaragoza, para confortarlo y ayudarlo, dejándole el célebre Pilar. Poco después, Santiago volvió a Jerusalén y fue decapitado por Herodes Agripa, convirtiéndose en el primer mártir entre los Doce. En cambio Juan llegó a una edad casi centenaria, y si bien sufrió el martirio, no murió en él. Pedro, Santiago y Juan eran los confidentes de Jesús y testigos de sus milagros. Los tres estuvieron presentes en la transfiguración, fueron testigos de la resurrección de la hija de Jairo y lo acompañaron en el Huerto de Getsemaní. San Pablo, en su carta a los Gálatas (Cap. 2, 9), dice que eran considerados las “columnas” de la Iglesia. En el canto XXV del Paraíso, el Dante muestra a San Pedro como figura de la Fe, a Santiago de la Esperanza, y a San Juan, de la Caridad. Pedro y Juan fueron los encargados de 38


preparar la Cena Pascual y el Domingo de Resurrección comprobaron, juntos, que el sepulcro estaba vacío. Juan fue el único que acompañó al Señor hasta la Cruz, recibiendo allí el preciosísimo legado de su Madre, “a quien tomó por suya” (Jn 19,27)

Este es el que a su pecho unió dilecto el Pelícano nuestro; éste, el que ha sido bajo la Cruz, al gran Oficio electo”. (Paraíso, XXV, 112-114)

Juan cuidó de Nuestra Señora hasta que el Señor la llevó a los Cielos. El gran oficio de Custodio de la Virgen lo hizo permanecer mucho tiempo en Jerusalén y luego, poco después del año 40, se trasladó a las cercanías de Éfeso, a donde la llevó para protegerla de una violenta persecución amenazante. Allí la Virgen vivía en una casa que él mismo previamente había preparado, donde la acompañaba una joven que la servía, en tanto que el discípulo la visitaba continuamente, según cuenta la vidente alemana Beata Ana Catalina Emmerick (1) 1

La mística alemana también fue quien tuvo la visión del lugar exacto y las características de esa casa hasta en sus detalles, desde su lecho de enferma en un pueblo de Westfalia, en el que transcurrió los doce últimos años de su vida. La Beata Anna Katherina murió en 1824 y fue beatificada por el Papa Juan Pablo II en el 2004. Con los datos precisos de sus visiones, dos sacerdotes lazaristas pudieron encontrar la Casa de la Virgen en 1891, constatando que ya había sido convertida en capilla. Restaurada nuevamente como tal, es desde entonces un lugar de incesantes peregrinaciones, al que han llegado los Papas Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI.

San Pedro Julián Eymard llama a San Juan “el Capellán de la Virgen”, por haber sido quien le celebraba la Santa Misa y le daba la Comunión. La unión sublime de la Virgen y la Eucaristía ha sido tema de teólogos, maestros de la espiritualidad y también de artistas. En la Basílica del Santísimo Sacramento de Buenos Aires, la puerta del Sagrario muestra la escena de la Comunión de María, recibida de manos de San Juan, en un estupendo bajorrelieve de bronce. Sabemos que la Santísima Virgen terminó su vida terrena en Jerusalén. Y que después de la Asunción a los Cielos, San Juan volvió a Éfeso, donde pasó sus últimos años, dejando su huella de amor evangélico, aprendido del Maestro. Hacia fines del primer siglo cristiano reaparece Juan dominando el fin de la era apostólica con una majestad incomparable, debida al poder de su palabra y al prestigio de su autoridad. Retorna a Éfeso y le sigue una gran cantidad de fieles, víctimas de la dispersión que tuvo lugar en tiempos de la guerra judeo-romana, y la crisis de Jerusalén, que culminó hacia el año 70 con la destrucción que anunciara Jesús. Un texto de San Papías, discípulo del Apóstol, de comienzos del segundo siglo, habla con gran veneración de “Juan, el Anciano, discípulo del Señor”. Antes del regreso de Juan, la comunidad de Éfeso había sigo gobernada por San Pablo, que la llamaba “la gran puerta que se me ha abierto”. Y realmente Éfeso era una puerta de gran importancia geográfica y espiritual. Situada en la costa jónica, casi frente a la isla de Samos, ocupaba uno de los lugares más aptos como punto de tránsito y actividad comercial entre el Oriente y el Occidente. Tenía, además, una rica tradición cultural y religiosa, dado que desde tiempo inmemorial había sido un gran centro de inquietudes superiores. No es extraño que, con Juan a la cabeza de su comunidad cristiana, se constituyera pronto en la provincia más activa.

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Él era entonces el único sobreviviente del Colegio Apostólico, y representante del grupo íntimo de los confidentes del Señor. Todas las miradas de la Iglesia, dice un autor, se dirigieron al Discípulo predilecto. En los años 94-96, el emperador Diocleciano emprendió una cruel persecución a los cristianos. Dice el historiador Eusebio de Cesarea, que el emperador dispuso la detención de varios orientales, considerados sospechosos de la creencia, muy extendida en Oriente, sobre un próximo reino de Jesús de Nazaret, vástago de David, “que abarcaría el mundo entero”. Por ese motivo, el anciano Apóstol Juan, afamado en toda el Asia Menor, era considerado muy “peligroso”. Refiere Tertuliano (siglos II-III) que San Juan sufrió en Roma la terrible prueba del aceite hirviendo, ocurrida, según se cree, donde hoy se encuentra la Puerta Latina, un campo de las afueras de la urbe, al inicio de la vía que atravesaba el Lacio. Allí fue echado, con las manos atadas, en una gran caldera llena de aceite hirviendo; los verdugos atizaban el fuego y lo contemplaban estupefactos. El santo rezaba con los ojos fijos en el cielo, aceptando pacientemente su martirio: se lo veía intacto, sereno, alegre. Pero nada pudo hacer daño a su carne virginal, narra Tertuliano, añadiendo que el Evangelista, después de haber salido ileso de aquel perverso baño fue relegado, por orden imperial, a una de las islas del Dodecaneso, la de Patmos, en el mar Egeo; allí tendrá las visiones del Apocalipsis y permanecerá largos meses, hasta la muerte de Domiciano, para regresar a su Éfeso querida, amparado por una amnistía general, que decretara Nerva, un benigno emperador inmediato. La tradición nos ha transmitido un hermoso anecdotario de la última vejez del Apóstol. Entusiasta de la pureza de la fe, manifestó su más absoluta repugnancia contra las primeras herejías que aparecieron en la Iglesia. San Ireneo cuenta que en cierta ocasión, habiendo ido San Juan a los baños públicos de Éfeso, vio que estaba en ellos el hereje Cerinto y salió inmediatamente, diciendo: “Huyamos de aquí; no sea que vaya a hundirse el edificio por haber entrado en él tan gran adversario de la verdad”. Precisamente contra Cerinto, los Ebionitas y otros herejes, que negaban la divinidad de Jesucristo, y a ruegos de los Obispos de Asia, escribió el cuarto Evangelio. “Su lenguaje es el más alto de la Sagrada Escritura -nos dice Straubinger- como ya lo muestra el prólogo, que, por la sublimidad sobrenatural de su asunto no tiene semejante en toda la literatura humana”. Esa magnífica página se lee al final de las Misas celebradas en el rito romano tradicional. Suavísimo en sus palabras, puesto su pensamiento en Jesús y su Madre, en los postreros tiempos de su vida su predicación se redujo a una incesante exhortación a la caridad fraterna. San Jerónimo escribe: “Cuando ya apenas podía Juan ser transportado a la iglesia y levantar la voz, repetía muchas veces: Hijitos míos, amaos los unos a los otros”. En alguna oportunidad unos discípulos le preguntaron: “¿Por qué, Maestro, nos dices siempre lo mismo?”. Respondiendo con una sentencia digna de él: “Porque es precepto del Señor, y si se cumple bien, con ello basta”. Según San Jerónimo, San Juan falleció 70 años después del Sacrificio de Jesucristo, y varios Padres de la Iglesia dicen que en Éfeso y que su alma fue llevada al Paraíso, que su cuerpo incorrupto está en un lugar muy especial y que habrá de resucitar en la época del Anticristo para unirse a Elías y Enoc a fin de predicar el Evangelio y luchar contra el Dragón infernal. Así lo afirman San Efrén, San Ambrosio, San Hilario y San Epifanio, y la Beata Ana Catalina Emmerick, que vio su cuerpo “en un espacio luminoso, elevado sobre la tierra, a donde no se puede llegar”. Por “volar tan alto” en sus escritos, se lo muestra con un águila en la representación simbólica de Ezequiel de los cuatro evangelistas (1, 5 ss): San Juan es llamado “El Águila de Patmos”: Aquél que tuvo el singular honor de ver a María como Reina del Universo. 40


IV

Patmos, la isla sagrada Yo, Juan, estaba en la isla de Patmos, por causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús - Apocalipsis 1,9 Junto a las Cícladas, y como formando una cadena que desciende por el mar Egeo, se encuentra el Dodecaneso, que en griego quiere decir “doce islas”. Son las más importantes de ese archipiélago que tiene un total de 163, 26 de ellas sin habitar. Estas islas, sobre todo las del norte, tienen una gran variedad de paisajes que se cuentan entre los más bellos de todo el Mediterráneo: Una abundante vegetación contrasta con los pueblos de pequeñas casas cúbicas resplandecientes de blancura, teniendo como fondo el azul intenso del mar. De allí que se hayan convertido actualmente en una gran atracción turística. En Rodas se siente la huella de las diferentes ocupaciones a lo largo de toda su historia: épocas greco-romana, bizantina, otomana y franca. Las islas griegas del Dodecaneso son: Rodas, Karpatos, Kasos, Simi, Tilos, Nisiros, Astypalea, Kos, Kalymnos, Leros, Patmos y Kastelorizo. La presencia de San Juan en Patmos, y más aún el hecho de haber recibido allí las revelaciones del Apocalipsis, es la causa por la que se la llama “la Isla Sagrada”, siendo muy venerada por los cristianos de Oriente. Se trata, por otra parte, de una de las más tradicionales del archipiélago. Tiene 63 kilómetros de costas, siendo una de las más pequeñas entre las islas habitadas, con una curiosa forma de 8, repleta de colinas rocosas, poca vegetación y dos poblaciones principales, Patmos Jora y Skala. Juan fue apresado y llevado a Patmos durante la dominación de Diocleciano. Allí había dispuesto el Señor revelarle el libro sagrado; permitiendo su persecución y exilio, quiso sin embargo darle un ambiente propicio por la extraordinaria belleza del lugar y el alejamiento del mundo. En la isla se destaca la ciudad de Skala, con sus casas blancas con patios repletos de flores. El otro pueblo, Patmos Jora, es la ciudad antigua y en ella es como si el tiempo no hubiera pasado. En el centro está el famosísimo monasterio-fortaleza de San Juan Teólogo, fundado por el Beato Cristódulos en el siglo XI, uno de los lugares más venerados del orbe cristiano, como también uno de los más influyentes de Grecia. Se trata de una construcción de estilo bizantino, y está rodeado por una muralla almenada. Las torres y los contrafuertes fueron construidos para proteger sus grandes tesoros religiosos, que hoy son la atracción principal de miles de peregrinos y turistas. En su interior cuenta con una nave central y cinco capillas. El ambiente es el propio de la religiosidad oriental. Luego de la multitud de iconos, uno de sus grandes tesoros es la biblioteca, donde se conservan más de 16.000 documentos, entre ellos 33 páginas del Evangelio de San Marcos, el más antiguo que se conoce. (El resto está 41


repartido en los museos del Vaticano y el Británico). Las vistas desde el monasterio son realmente impresionantes. A medio camino entre Skala y Patmos Jora se encuentra la Gruta del Apocalipsis, donde le fue revelado este sagrado libro al Apóstol San Juan. Convertida ahora en una capilla bizantina, es el lugar más venerado en la Isla Sagrada. Bajando las escaleras de la Santa Gruta se encuentra la capilla de Santa Ana, en cuyo interior hay una cruz en la roca, que talló el Santo Evangelista luego del llamado de Dios. El Señor había elegido Patmos para la gran revelación. Allí vio San Juan a Nuestra Señora con los atributos de su realeza celestial, los misterios de su misión en medio de la historia, y todos los demás símbolos, que se cumplieron en distintos tiempos de la historia y se cumplirán hasta llegar a la felicidad prometida para las Bodas del Cordero en la nueva Jerusalén.

V

El Apocalipsis Bienaventurado el que lee y escucha las palabras de esta profecía, y observa las cosas escritas en ella; pues el tiempo está cerca. Apocalipsis 1, 3

El nombre Apocalipsis significa “revelación” (del griego “revelar lo oculto”) Es éste el único libro profético del Nuevo Testamento, que ha sido puesto al final de la Biblia, si bien no fue cronológicamente el último. Como dijimos, esta profecía –“palabra de Dios y testimonio de Jesucristo”- la recibió y escribió San Juan evangelista en Patmos hacia el año 97, antes de ser liberado y poder retornar a Éfeso donde seguramente escribió su evangelio y sus epístolas. En su prólogo leemos:

Revelación de Jesucristo, la cual ha recibido de Dios para descubrir a sus siervos cosas que deben suceder presto; y la ha manifestado por medio de su Ángel enviado a Juan, siervo suyo, el cual ha dado testimonio de ser palabra de Dios y testimonio de Jesucristo, de todo cuanto ha visto. Bienaventurado el que lee y escucha las palabras de esta profecía, y observa las cosas escritas en ella; pues el tiempo está cerca. (Ap.1, 1-3) “A causa de tal bienaventuranza, el Apocalipsis era, en tiempos de fe viva, un libro de cabecera para los cristianos, como lo era el Evangelio”, dice Straubinger, y Juan Carlos Moreno agrega: “Si el Apóstol elogia al que lee y a los que atienden a esta revelación, que llama claramente profecía, entonces , ella es cosa loable: quienes lo hacen deben ser alabados, nunca vituperados. ¿Por qué, entonces, hay quienes censuran y rehúyen este libro?” El IV Concilio de Toledo ordenaba en el año 633: La autoridad de muchos concilios y también los decretos sinodales y de los santos Pontífices romanos prescriben que el libro del Apocalipsis es de 42


Juan el Evangelista, y determinaron que debe ser recibido entre los libros divinos, aunque muchos son los que no aceptan su autoridad, y tienen a menos predicarlo en la Iglesia de Dios. Si alguno, desde hoy en adelante, o no lo reconociera, o no lo predicara en la Iglesia durante el tiempo de las Misas de Pascua a Pentecostés, tendrá sentencia de excomunión. (Enchiridon Biblicum nº24)

Visión del Hijo del hombre:

Entonces me volví para reconocer la voz que hablaba conmigo. Y vuelto vi siete candeleros de oro, y en medio de los siete candeleros de oro vi a uno parecido al Hijo del hombre, vestido de ropa talar, ceñido al pecho con una faja de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como la lana blanca y como la nieve, sus ojos parecían llamas de fuego; sus pies eran semejantes a bronce fino, cuando está en horno ardiente, y su voz como el ruido de muchas aguas. En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una espada de dos filos. Su rostro era resplandeciente como el sol del mediodía. Y así que le vi, caí a sus pies como muerto. Mas Él puso su diestra sobre mí, diciendo: No temas. Yo soy el primero y el último, y el que vivo; fui muerto, pero he aquí que vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del infierno. (Ap 1, 12-18) El Papa Benedicto XVI hace notar que el Apocalipsis de San Juan, aunque continuamente haga referencia a sufrimientos, tribulaciones y llanto -la cara oscura de la historia- al mismo tiempo contiene frecuentes cantos de alabanza, que representan, por así decir, la cara luminosa de la historia. Por ejemplo, habla de una muchedumbre inmensa que canta casi a gritos: “¡Aleluya! Porque ha establecido su reinado el Señor, nuestro Dios todopoderoso. Alegrémonos y regocijémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su Esposa se ha engalanado” (Ap. 19, 6-7). Nos encontramos aquí ante la típica paradoja cristiana, según la cual el sufrimiento nunca se percibe como la última palabra, sino que se ve como un momento de paso hacia la felicidad; más aún, el sufrimiento ya está impregnado misteriosamente de la alegría que brota de la esperanza. (…) Por eso, con San Pablo, con el vidente de Patmos, con la cristiandad naciente, oremos también nosotros: “¡Ven, Jesús! ¡Ven y transforma el mundo! ¡Ven ya, hoy, y que triunfe la paz!. Benedicto XVI, 23 de agosto de 2006,

Catequesis de la Audiencia General

Las formas de interpretación de este libro profético, el más misterioso que se conoce, fueron diversas a través de los tiempos: Algunos la pretenden literal, otros, de espíritu racionalista, la consideran alegórica-histórica, mezclada con mitos extraños y excluyen toda profecía. Prevalecen, sin embargo, las interpretaciones alegórico-proféticas, en base a las cuales algunos vieron en el libro la historia del género humano, otros, la historia de los combates de los primeros cristianos contra judíos y paganos, otros la imagen íntegra 43


del Reino de Dios, o de la Iglesia Universal. En fin, otros, como San Agustín, San Gregorio Magno y algunos intérpretes modernos, la historia de los últimos tiempos. Volvemos a Juan Carlos Moreno: Los tiempos anunciados y la segunda venida de Jesucristo están próximos. Estamos viviendo sus prolegómenos (escribe en la segunda mitad de los años 80) Son claros indicios la realización de lo que parecía imposible o ciencia ficción: la desintegración del átomo, el vencimiento de la gravedad, el descenso del hombre en la luna (…) y lo más grave, porque da la pauta en el orden sagrado, la crisis en la Iglesia de Cristo (…) Si parece que se oyera el galope de los cuatro jinetes y el relincho del caballo de Dan; que la tierra se estremeciera con las hecatombes provocadas por los hombres y la naturaleza trastornada; que muchos hombres, aún los signados por la gracia, se tornaran en adversarios de la Cruz; que la Verdad fuera error, y el error, verdad, y el bien, mal, y el mal, bien, y lo blanco, negro, y lo negro, blanco, y lo divino, humano, y lo humano, divino (…) Rusia, que según el anuncio de Nuestra Señora de Fátima, será el azote de la humanidad, ya está invadiendo a Europa (con sus errores) Asia, África y América Latina. Ella apareció en Fátima, Portugal, en octubre de 1917, el mimo mes y año en que se producía la revolución soviética. Ahora está en hipócrita controversia con los Estados Unidos. Falta que el demonio dé una vuelta de llave para que estalle la guerra nuclear. (La caída de la Unión Soviética no cambia lo que describe Moreno, porque Rusia sigue “esparciendo sus errores por el mundo, al no cumplirse lo pedido por Dios para su conversión y el triunfo del Corazón Inmaculado de su Madre: La Consagración de esa Nación por todos los obispos del mundo, ya que es necesario reparar la grave ofensa de que la Santa Rusia repare la ofensa hecha a Dios con el ateísmo, que sigue en vigor) Y sigue Moreno: Advierto que son muy pocos los que interpretan los actuales y próximos sucesos mundiales, con la gravedad que el asunto demanda; ni ven cercanos los últimos tiempos. Son claros indicios la depreciación y cambio de la moneda dirigida, la fabulosa deuda externa de los países latinoamericanos, el altísimo costo de la vida, el empobrecimiento de las masas, a la par que el enriquecimiento de pocos, la disolución creciente de los matrimonios, el hambre, la desnutrición alarmante, el aumento de las enfermedades contagiosas, las muertes repentinas, las vastas inundaciones, la confusión política y social, la perversión de los hombres, la prostitución organizada de las mujeres, la contaminación del aire, el acelerado proceso de la extinción de la fauna terrestre, acuática y volátil, las guerrillas, los enfrentamientos bélicos, el satanismo y la brujería en actividad, la impiedad y la falta de fe y de caridad, aun dentro de la Iglesia, según lo anunció Jesucristo. A tres décadas de esta descripción, habría que agregar no pocos agravantes y “novedades”, fruto del imperio del mal. “Los últimos tiempos” es una expresión frecuente en nuestros días, cuyo significado no se acaba de comprender por qué no se la define. Sin embargo tenemos una definición o explicación de lo que la Iglesia entiende por los “últimos tiempos”, que nos ha dejado el Padre Lhomeau a comienzos del siglo XX, comentando los escritos de San Luis María Grignion de Montfort: El lenguaje cristiano da el nombre de “últimos tiempos” a un período de una duración sin duda indeterminada que puede comprender años o siglos, pero en el que las catástrofes o los acontecimientos de cualquier género, particularmente los lutos de la Iglesia, sus caídas y sus triunfos, en 44


fin, todo, tendrá un carácter extremo y, por así decir, terminal, que preparará la segunda llegada de Cristo”. Y aclara lo que significa esa segunda llegada: “Lo que nosotros llamamos “Parusía”, esta segunda venida de Cristo es el objeto de nuestra fe, que el Maestro mismo nos ha mandado velar y esperar (…) Su fecha se mantiene como secreto de Dios. A. Lhomeau, “La Vierge Marie et les Apostres des dernies temps” d’apres le B. Louis Marie di Montfort”, Tours, Mane 1919. Hugo Wast afirmaba: Así como la clave de todas las profecías del Antiguo Testamento, durante miles de años, fue la esperanza del Mesías, es decir el anuncio de la primera venida del Señor al mundo; así la piedra angular de las del Nuevo Testamento es la segunda venida del Señor. El pueblo judío vivió cuarenta siglos en la ansiedad jubilosa de la primera venida, en cambio nosotros, los pueblos cristianos, que hemos visto realizarse el primer advenimiento y recibido el anuncio del segundo, ya no como Redentor, sino como Rey, en gloria y majestad, apenas nos acordamos de ello. Y sin embargo, diariamente, millones de fieles afirman en su credo este dogma: “ Y de allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos” y en su padrenuestro ruegan “venga a nosotros tu reino” ¿El fin del mundo es una desgracia? ¿No han pensado que él coincidirá con el triunfo definitivo de la Iglesia de Cristo, y que su segunda venida será el comienzo de su reino sin fin? Esa segunda Venida de Cristo es lo que está preparando su Madre Santísima al aparecerse por todo el mundo, como en Lanús (Pcia. de Buenos Aires) manifestándose desde hace 11 años como Santa María del Espíritu Santo. Allí lo dice ya en su primer mensaje, aún antes de aparecerse a Marcia, la niña vidente, a quien hace escuchar en su interior su “voz muy fina y melodiosa” que le dice:

Arrepentíos, hijos míos arrepentíos. Convertíos. La Venida de mi Hijo está cerca, la venida para el Juicio final, de lo contrario vosotros os destruiréis. Que la Santísima Trinidad derrame de cada una de sus Personas sus grandísimas Bendiciones y sus maravillosos Dones, para que los hombres seáis uno con el Padre y el Hijo, en el Espíritu Santo. Amén. Amén y Amén. (Lanús, 21/7/99)

Tomemos otro ejemplo, el de Kibeho, Ruanda. Allí, las apariciones ocurridas entre 1981 y 1984 fueron reconocidas como verdaderas por el Obispo, Monseñor Agustín Misago el 29 de junio de 2001, en un acto solemne realizado en su Catedral, conjuntamente con todos los Obispos de Ruanda y el Nuncio Apostólico, en tanto que ese mismo día se lo dio a conocer en la Santa Sede. En aquel lugar de África la Santísima Virgen la vidente Alphonsine cuenta que la Virgen se apareció como la Madre del Verbo, que vino a Kibeho para preparar a la humanidad para la Segunda Venida de su Hijo:

El mundo está llegando a su fin. El regreso de Jesús está cercano... La Reina de los Ángeles viene a aconsejarnos que nos preparemos para la Venida de su Hijo. Tenemos que sufrir con Jesús, rezar y ser apóstoles, para prepararnos para su Venida. Las videntes vieron el Paraíso, el Purgatorio y el Infierno. 45


Anteriormente había pedido a la vidente Marie Clarie la difusión del Rosario de sus Dolores y un santuario dedicado a Ella como Nuestra Señora de los Dolores. El culto había sido autorizado por el anterior obispo con la dedicación del santuario el 15 de agosto de 1988. Michael Brown publica una terrible profecía que les hizo la Virgen a las videntes el 15 de agosto de 1983, dos años antes del genocidio ruandés: …vieron imágenes aterradoras de personas matándose unas a otras, de cuerpos echados a los ríos... Cuerpos sin cabezas -decapitados-. Ellos lloraban y lloraban y los testigos alrededor de los videntes se quedaron con la impresión inolvidable de temor y de tristeza. Un árbol en llamas, un río de sangre, personas que se mataban entre sí, muchos cuerpos decapitados y abandonados; un enorme abismo, un monstruo. Michael Brown, The final hour, 1992, pag. 255. Doce años después, entre 1994 y 1995, en un período de 4 meses, murieron en Ruanda unas 800.000 personas. La violencia entre las etnias hutu y tutsi se desató con una virulencia inaudita. Poblados enteros fueron brutalmente masacrados por sus vecinos con armas de fuego y con armas más primitivas, como machetes y otras armas blancas. Todo el planeta pudo ver por televisión cómo infinidad de cadáveres se pudrían al sol, a la espera de ser enterrados por paleadoras mecánicas. Muchos otros fueron lanzados al río Kagera, convertido en un “río de sangre”, y una gran cantidad de cuerpos flotaban en dirección al lago Victoria, de los cuales muchos estaban decapitados. Las visiones se cumplían con espantosa exactitud. Inmediatamente después, esta violencia se propagó a los países vecinos: Burundi y Zaire, -actualmente Congo-, donde se inició una guerra civil con intervención de varios Estados limítrofes que provocó otros cuatro millones de muertos. Esta conflicto fue conocido como la “Guerra Mundial Africana” y se prolongó hasta el año 2008. Emmanuelle, otra de las videntes, recibió mensajes de la Santísima Virgen y del Señor. La Virgen le dijo:

Y Jesús:

No queda mucho tiempo para prepararse para el Juicio final. Debemos cambiar nuestra vida, renunciar al pecado. Orar y prepararnos para nuestra propia muerte y para el fin del mundo. Debemos prepararnos mientras aún haya tiempo. Aquellos que hagan el bien, irán al Cielo. Si hacen el mal, se condenarán a sí mismos sin esperanza de apelación. No perdáis el tiempo y empeñaos en hacer el bien y en orar. No queda mucho tiempo y vendrá Jesús. Demasiadas personas tratan a su prójimo con deshonestidad. El mundo está lleno de odio. Vosotros sabréis que Mi Segunda Venida está cerca cuando veáis que estallan guerras religiosas. Sabed, entonces, que estoy en camino.

La Virgen Santísima también le dijo:

He venido a preparar el camino de mi Hijo por vuestro propio bien y vosotros no queréis entenderlo. El tiempo que os queda es corto y vosotros estáis distraídos. Os distraen los bienes de este mundo que son pasajeros. Yo he visto a muchos de mis hijos perderse y he venido para mostrarles el camino verdadero. En estos hechos vemos el cumplimiento de lo afirmado por el Padre Lhomeau para “los últimos tiempos”, que se caracterizará en que “todo tendrá un carácter extremo y, por 46


así decir, terminal…”, ya señalados por el Papa San Pío X en su primera encíclica, cuando advierte que la guerra impía que actualmente, casi en todas partes se ha suscitado y se propaga contra Dios. Porque verdaderamente contra Dios rugieron las naciones y los pueblos meditaron insensateces (Sal 2,1) de modo que ya es voz común de los enemigos de Dios: Apártate de nosotros (Job 21,14) De aquí que ya casi se haya extinguido por completo en la mayoría de los hombres el respeto al eterno Dios sin tener para nada en cuenta su voluntad suprema en las manifestaciones de su vida pública y privada. Más aún, con todo esfuerzo e ingenio se preocupan que sea abolida por completo hasta la memoria y noción de Dios. Quien considere todas estas cosas, puede, con razón, temer que esta perversidad de los espíritus, sea como un anticipo y comienzo de los males que estaban reservados para el fin de los tiempos, o que ya se encuentra en este mundo el hijo de la perdición (II Tes 2-3), de que nos habla el Apóstol. Tan grande es la audacia y tan desmedida la rabia con que se ataca en todas partes a la religión, se combaten los dogmas de la fe y se hacen encomiados esfuerzos por impedir y aun por aniquilar todo medio de comunicación del hombre con Dios. Y a su vez, lo que, según el mismo apóstol, constituye la nota característica del Anticristo -el mismo hombre ha usurpado con inaudito atrevimiento el lugar de Dios, elevándose a sí mismo sobre todo lo que lleva el nombre de Dios; de tal punto que, aun cuando no le es posible borrar enteramente de su alma toda noticia de Dios, haciendo, sin embargo, caso omiso de su majestad, ha hecho de este mundo como un templo dedicado a sí mismo para ser en él adorado por los demás. Se sienta en el templo de Dios, mostrándose a sí mismo como si fuera Dios.( II Tes 2-4) Sin embargo luego, el santo Pontífice, comentando que Dios como olvidado de su poder, disimula los pecados de los hombres (Sab 11,24), pero bien pronto, después de esta ardiente retirada, enardecido (…) destrozará la cabeza de sus enemigos (Sal.77,22), para que todos conozcan que Dios es el ser de toda la tierra (Sal 76,17), y se den cuenta las naciones que no son sino hombres. (Sal 9, 20; 9,19). San Pío X, Encíclica Supremi Apostolatus,

4 de octubre de 1904.

San Pío X no hace otra cosa que anunciar y alertar que ya e su tiempo -hace un siglose podía comprobar que la lucha apocalíptica estaba declarada. San Jerónimo, afirmado el carácter profético del Apocalipsis, hace notar: “El Apocalipsis es un libro cerrado, de altísima profecía, donde hay tantos misterios como palabras, y cada palabra tiene muchos sentidos”. El comentario que coloca la Sagrada Biblia de Ediciones Paulinas (Edición 1958, en italiano) con la presentación de don Alberione, aconseja: Lo mejor es leerlo adorando humildemente los misterios divinos (…) ya que es una obra maestra de oscuridad, dado que es una profecía, y la profecía debe servir para vigorizar la fe de los cristianos que vivirán los tiempos en que ocurrirán las cosas’ (I Pedro 1,12) Porque si bien en al Apocalipsis se profetizan hechos ya cumplidos de alguna manera en la historia, está dirigido a éstos, “los últimos tiempos”, y, por lo tanto, debemos conocer, admirar y dejarnos guiar por María, la Mujer Vestida de Sol, refugiándonos en su Inmaculado Corazón. 47


Es precisamente para eso, para vigorizar nuestra fe en estos tiempos de tribulación y persecuciones, que queremos contemplar y comprender lo que nos quiere decir el Espíritu Santo a través de la visión de San Juan.

VI

El Arca de la Alianza Entonces se abrió el templo de Dios en el cielo, y fue vista el arca del testamento en su templo, y se formaron rayos, y voces, y terremoto, y pedrisco espantoso… Apocalipsis 11, 19

Decíamos que en el versículo inmediatamente anterior a la visión de la Mujer vestida de sol (Ap. 12,1) San Juan tuvo la visión del Arca (Ap. 11,19), figura por excelencia de la Santísima Virgen. Los dos versículos quedan separados en dos capítulos. Sin embargo, hay muchos autores que afirman que ambos están relacionados íntimamente. Para confirmar esa opinión, tenemos la advertencia que hace el Padre Castellani, cuando dice: El Apokalipsis fue escrito todo seguido, sin divisiones: La división en veintidós capítulos de nuestras Biblias proviene del inglés Esteban Langton y es, por tanto, del siglo XIII. P. Leonardo Castellani, el Apokalipsis, Prefacio. Evidentemente existe dicha unión, y esto es una prueba más de la interpretación mariológica de ambos versículos. Juan señala a la Virgen con la figura del Antiguo Testamento (Ap. 11, 19) y luego la ve como la Reina y Soberana de la creación, Vencedora del dragón (Ap.12, 1) -la antigua serpiente- Detengámonos en la que finaliza el capítulo 11: “Entonces se abrió el cielo, y fue vista el arca de su testamento en su templo”. Cuando Dios hizo su Alianza con el pueblo de Israel en medio de la “gloria del Señor”, que abrasaba la cima del Monte Sinaí, el Señor mandó: “Me harán un santuario y habitaré en medio de vosotros” (Ex. 25, 8), y Moisés entonces recibió estas órdenes muy precisas para construir el Arca de la Alianza:

Harás un Arca con madera de acacia, que tenga de longitud dos codos y medio, de anchura un codo y medio y de altura otro codo y medio. Y lo cubrirás por dentro y por fuera de oro purísimo, y encima labrarás una cornisa de oro y cuatro anillos de oro que pondrás en los cuatro ángulos del Arca, dos en un lado y dos en el otro. Harás también unas varas de acacia y meterás en los anillos de oro que estarán en los lados del Arca, y servirán para llevarla, las cuales estarán siempre metidas en los anillos y jamás se sacarán de ellos. Y pondrás en el Arca el Testimonio que Yo te daré. (Ex. 25, 10-16) Los israelitas levantaron la tienda de la “reunión” y dentro de ella, por orden del Señor, pusieron el Arca de la Alianza. En su preciosa realización esa Arca era una figura elocuente de la futura Madre de Dios, María Santísima, como “símbolo de sus múltiples dignidades” decía San Buenaventura. Por eso se la toma como la más importante figura de las tantas que nos ofrece el Antiguo Testamento sobre la Virgen Santísima, como lo muestra la Tradición y la Liturgia, porque el Arca fue directa y 48


cuidadosamente mandada hacer por Dios, mostrándose allí la preciosidad de los elementos para realizarla como los detalles que el Señor exigía, y que en su interior iba a contener lo más precioso y representativo de lo divino: En el Arca de la Alianza se custodiaban las tablas de la Ley, María guardaba los Mandamientos de la Ley de Dios en su Corazón. Se conservaba también la vara de Aarón, que significaba la elección por Dios al sacerdocio en el Antiguo Testamento porque Él la había hecho brotar en una noche. (Una vara del almendro - el primer árbol que florece en la primavera- de las que se usan para hacer bastones de ancianos y cetros de los reyes). La vara de Aarón representa a Cristo, Rey de reyes, Sumo y Eterno sacerdote, que Nuestra Señora llevaba en su purísimo seno. Y por fin se guardaba el maná, símbolo de la Eucaristía. En opinión de no pocos santos, La Virgen conservaba la Divina Eucaristía en forma permanente, que renovaba cada día al recibir nuevamente la Santa Hostia. La Madre de Ágreda dice que una sagrada forma se conserva en el Corazón de María en su Cuerpo llevado a los Cielos. De esta manera se cumplió el “llamado” del salmista al que alude San Antonio de Padua: “Ven Señor a tu reposo, Tú y el arca de tu santificación” cuyo texto incluye el Papa Pío XII en los fundamentos del Dogma de la Asunción. Era voluntad de Dios preparar al mundo con ese símbolo sacratísimo, a fin de que más tarde se comprenda el divino cuidado con que preparó Él su Arca Viviente, como dice San Andrés de Creta en la fiesta de la Natividad de María:

Hoy, en efecto, ha sido construido el santuario del Creador de todas las cosas, y la Creación, de un modo nuevo y más digno, queda dispuesta para hospedar en sí al Supremo Hacedor (Sermón 1: PG 97,810). En el Antiguo Testamento el Arca de la Alianza era el lugar de presencia de Dios:

Estableceré mi morada en medio de vosotros y nunca os aborreceré. Marcharé en medio de vosotros, seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo. (Lev. 26,11-12).

Dice San Francisco de Sales en su Pequeño Oficio de la Inmaculada: Así como las aguas del Jordán se detuvieron al entrar en ellas el Arca, y dejaron cruzar a los israelitas, así también las aguas del pecado original suspendieron su curso en señal de reverencia, respetando a María, el Tabernáculo de la Eterna Alianza. Los israelitas llevaban el Arca en las batallas para tener con ellos el poder de Dios. El Arca derrumbó las murallas de Jericó (Josué, 6), y derrotó a los filisteos en muchas batallas. La Virgen –bordada en los estandartes- era llevada en la flota de los cristianos que lucharon contra los musulmanes en Lepanto, mientras la cristiandad rezaba su Rosario encabezada por el Papa San Pío V, y triunfaron, como triunfaron las fuerzas de Liniers de los invasores ingleses, también sostenidas por el rezo del Rosario en los templos y familias de Buenos Aires. El valiente y fervoroso Santiago de Liniers había prometido los trofeos de la Reconquista a la Virgen del Rosario, Ella concedió el triunfo y el Reconquistador cumplió fervorosamente su voto. Y así en mil batallas de la cristiandad, la Virgen, el Arca de la Nueva Alianza, dio su victoria a quienes la honraron en sus imágenes y en su corazón. El pueblo elegido admiraba las manifestaciones de la presencia de Dios en medio de él, por medio de una nube: 49


La gloria del Señor se había posado sobre el monte Sinaí y la nube lo cubrió durante seis días. Al séptimo día, llamó el Señor a Moisés desde la nube (Ex 24,16). Entonces la nube cubrió la tienda del encuentro y la gloria del Señor llenó la morada. (Ex. 40,34) Y cuando, al son de las trompetas, címbalos y demás instrumentos musicales, alababan al Señor: “porque es bueno, porque es eterno su amor, una nube llenó el templo del Señor, de modo que los sacerdotes no podían oficiar a causa de la nube, porque la gloria del Señor llenaba el templo de Dios” (2Cor. 5,13b-14) Y en el Éxodo (40-38), leemos “porque la nube del Señor se posaba de día sobre la morada, y de noche brillaba como fuego a la vista de todo Israel, durante todas las etapas de su camino.” Por tanto, la nube que envolvía la tienda, manifestaba que dentro de ella moraba la presencia del Señor. Estos aspectos se resumen de manera singular en la Virgen Santísima. En el Evangelio de San Lucas (1,35), leemos que la sombra del Espíritu vendrá a posarse sobre María, y por eso su seno será en tabernáculo de la presencia del Hijo de Dios:

El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que va a nacer será santo, y se llamará Hijo de Dios. (Lc. 1, 35)

Con su “sí” al anuncio divino, María acoge la propuesta de la Alianza Nueva que Dios le envía por el Arcángel San Gabriel. Y ya con Jesús en su seno, Ella es la nueva Arca donde reposa Dios hecho hombre. Por eso la invocamos en las Letanías Lauretanas Foederis Arca, Ora pro nobis. Cuando el Arca estaba en camino a Jerusalén sucedieron tres hechos que son sorprendentes figuras de la visitación de la Virgen a su prima Santa Isabel: 1. David, en reverencia a Dios preguntó: “¿Quién soy yo para que el Arca de Yahvé me visite?” (2 Sam 6:9), por lo cual fue llevada a la casa de Obededom. 2. El Arca se quedó tres meses en la casa de Obededom, un pueblo de Judea, cercano a Jerusalén, atrayendo bendiciones sobre su casa. (v.11) 3. Cuando el Arca llegó a Jerusalén, David saltó de alegría danzando ante ella . (v.14)

En el evangelio de la Visitación, Isabel dice a María: “¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? ” (Lc. 1, 43) Y llena del Espíritu Santo, le dice a María: “Al entrar su saludo en sus oídos, el niño saltó de gozo en su seno” (Lc 1, 44). La Virgen “se quedó tres meses en la casa de su prima antes de regresar a su casa”. (Lc 1.56) El Arca de la Alianza se menciona 200 veces en el Antiguo Testamento y dos veces en el Nuevo. No se sabe actualmente dónde se encuentra, ni si existe aún.

VII

María es la Mujer vestida del Sol Un signo grandioso apareció en el Cielo: Una Mujer con el sol por manto. Hemos venido en peregrinación hacia ese signo. Es la fiesta de la Asunción: 50


He aquí el signo en toda su plenitud. Beato Juan Pablo II, Lourdes,15 de agosto de 1983.

A través de los siglos, la Iglesia ha reconocido y contemplado a María Santísima en el pasaje de San Juan. Ya en el siglo IV tenemos el testimonio de San Epifanio, obispo de Salamina en Chipre, que lo aplica en defensa de la Asunción de María a los Cielos, sin haber pasado por la muerte (Panarion o Adversus hereces, 78,11). Dos siglos más tarde, Quodvultusdeus, amigo de San Agustín y después obispo de Cartago, nos deja esta enseñanza: En el Apocalipsis del Apóstol San Juan está escrito que el dragón se hallaba ante la Mujer que estaba a punto de dar a luz, a fin de devorar al niño que iba a parir, (Ap.12,4). Ninguno de nosotros ignora que el dragón es el diablo. En cuanto a la Mujer, Ella es figura de la Virgen María, la cual, permaneciendo inviolada, ha dado a luz, sin lesión alguna, al que es nuestra Cabeza, y, a su vez, es imagen de la Iglesia. Es verdad que una importante cantidad de exégetas, algunos de ellos muy autorizados, vieron en este signo, durante mucho tiempo, a la Iglesia, lo que fue causa de una prolongada discusión teológica. Sin embargo, cada vez fue mayor el número de los que reconocieron claramente a la Virgen Santísima en el texto sagrado del Apocalipsis. Bossuet, citado por el P. Castellani, observa: Es natural que los intérpretes posteriores vean o sepan más que los antiguos, en cuyos hombros se apoyan ; porque una profecía se va haciendo más y más clara, a medida que se cumple o se aproxima a su cumplimiento. El Apokalipsis o.c. Y esto sucede con mayor razón con María Santísima en el correr de estos últimos tiempos, cuando el Espíritu Santo ha ido iluminando cada vez más a María en el dogma para que brille en la vida toda de la Iglesia, como lo profetizara el Santo de Montfort: “En el segundo advenimiento de Jesucristo, María debe ser conocida y revelada mediante el Espíritu Santo, a fin de hacer por Ella conocer, amar y servir a Jesucristo”. (Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, capítulo I, art. 2, Nº 49) Volvemos a Vittorio Messori, quien nos trae esta “noticia”, escondida por los minimalistas: ¿Quién o qué está representado tras el símbolo impresionante y grandioso de la“Mujer”? Desde los padres antiguos hasta hoy, las soluciones son fundamentalmente dos: unos vislumbran la figura de la Iglesia; otros, la de María, la Madre de Cristo. En las últimas décadas, la teología oficial académica parece haberse limitado exclusivamente a la primera interpretación: el autor del Apocalipsis pensaba en la comunidad eclesial, y sólo en ella. La interpretación “mariana” o se calla simplemente como “inaceptable para un biblista adulto” (volvemos con lo mismo...), o se rechaza con algo de ironía, si no desdén, porque sería “totalmente implanteable”, “devocional”. Sin embargo, igual que en otros temas teológicos o bíblicos, también aquí ocurren cosas curiosas, como lo que se señaló en un número (año 59, n° 51


151, 1997) de Marianum, la revista de la homónima Pontificia Facultad Teológica. En aquella revista, un conocido y competente estudioso recuerda un artículo de casi veinte años antes, aparecido también en Marianum (año 40, n° 121, 1978) firmado por Bellarmino Bagatti, el gran especialista —como arqueólogo y biblista— de los orígenes de la fe, sobre todo de la de los judeo-cristianos. Bagatti daba cuenta del trabajo, llevado a cabo por su Studium Biblicum Franciscanum, para una edición crítica de un apócrifo del Nuevo Testamento conocido por los expertos con el título latín de Historia Josephi Fabri Lignarii. Un texto del que nos han llegado algunas copias árabes, pero está comprobado que la versión más antigua, que también ha llegado hasta nosotros, es en lengua copta. El estudioso franciscano demostraba, con serias razones de crítica interna y externa, que ese apócrifo es antiquísimo, remontándose a una época no más tardía del siglo II y que proviene directamente del círculo de Juan, autor del Apocalipsis. El cual, en la “Historia Josephi”, es interpretado en clave netamente mariana, en lo que se refiere a la “Mujer” del capítulo 12. Por tanto, nos encontraríamos ante un hecho desconcertante para la crítica predominante hoy: en la antigüedad y, por añadidura, en los ambientes de los que provenía el Apocalipsis, no se dudaba en vislumbrar a la Madre de Jesús en la “Mujer Vestida de Sol”. En el número de Marianum al que nos referíamos, se denuncia el silencio y la indiferencia que han acompañado a estas revelaciones de Bagatti. En efecto, la revista escribe: “Estas noticias dadas hace veinte años, no parecen haber tenido eco entre los estudiosos, como era de esperar y como merece el argumento. En nuestra opinión, la cuestión merecería una ulterior profundización. Si los datos se confirmaran —¡documento del siglo II y tradición de Juan!— entonces, la interpretación de Apocalipsis 12 tendría que repensarse realmente. En todo caso, la interpretación mariológica se manifiesta ya todo menos secundaria”. Mientras que ahora, refiriéndonos siempre a las palabras del artículo, vislumbrar a la Madre de Cristo tras el símbolo apocalíptico “es considerado, con frecuencia, como algo adaptado y devocional”. Es decir, como todas las actividades humanas, tampoco la teología y la exégesis están protegidas del “espíritu de los tiempos”. Este, hace ya décadas, incluso en el ambiente católico, se orientó a “desmitologizar” la presencia mariana, a considerarla una especie de producto tardío, no originario, marcado más por la devoción popular (siempre un poco desagradable para el delicado olfato de algunos catedráticos) que por la auténtica Tradición. Por tanto, es coherente con estas premisas descartar a priori — en nombre de un esquematismo “teológico y ecuménicamente correcto”— la posibilidad de que el Apocalipsis pensara precisamente en María. Sin embargo, realmente parece que haya que descubrir de nuevo lo que ha comprendido siempre el sensus fidei de los cristianos y la intuición de los artistas, que nunca han dudado en vislumbrar a la Virgen tras la impresionante simbología de Juan. En todo caso, nosotros “devotos” podemos estar tranquilos: no hemos de avergonzarnos como anacrónicos ignorantes, al leer a nuestra manera esos 18 versículos. Sería posible que esa “manera” no fuera en absoluto “la nuestra”, sino la misma en que pensaba el autor bíblico. Palabras de uno que sabía bastante sobre la Biblia y la estudiaba a nivel científico, como el padre Bellarmino Bagatti. Vittorio Messori, Numquam Satis.

Roma locuta; quaestio finita 52


Pío XII, que ya había afirmado repetidamente en el centro mismo del siglo XX que “Los doctores escolásticos han visto a la Madre de Dios en esta Señora revestida con el sol…” (L’Osservatore Romano, 1º de enero de 1951), dio un paso definitivo en la controversia cuando, después de proclamar el dogma de la Asunción (1º de noviembre DEL Año Santo 1950) diluyó definitivamente la controversia al cambiar las oraciones y lecturas de la Misa de la Asunción, y colocar la visión de San Juan en el Introito de la Misa de esa fiesta, oración que da la tónica a toda la celebración eucarística: ¡Roma locuta; quaestio finita! (Habló Roma, se acabó la discusión). Porque, aunque el Sumo Pontífice no haya hecho una definición dogmática, al establecer este versículo en la Liturgia lo hizo ejerciendo su Magisterio Ordinario, al que debemos someternos, al que se agrega ineludiblemente la fuerza de aquella aseveración que se repite a través de las generaciones: Lex orandi, lex credendi: La ley de la oración es la ley de la fe. La Liturgia es el culto oficial de la Iglesia que, al ofrecerlo al Altísimo, no puede sino proclamar la verdadera fe católica, como enseña el mismo santo Pontífice: La Liturgia es el fiel espejo que nos legaron el pueblo cristiano y nuestros mayores a través de todas las edades, sea en Oriente como en Occidente. (Venerable Pío XII, Encíclica Ad Coeli Reginam)”

... en la Sagrada Liturgia se hace una profesión de las celestiales verdades.

(Venerable Pío XII, Bula dogmática Munificientísimus Deus, proclamación del dogma de la Asunción, 1º de noviembre de 1950).

La liturgia no crea la fe, sino que la supone, y de ésta (de la fe) derivan como frutos del árbol las prácticas del culto... (Venerable Pío XII, en la misma Bula, citando su Encíclica Mediator Dei).

Toda la Iglesia comprende, a partir de ese momento, que si el Sumo Pontífice, inmediatamente después de proclamar la Asunción de María a los Cielos, decide unir a esa proclamación un cambio en el “Propio” de la Misa (1) lo hace para complementar el homenaje del Dogma recién definido con lecturas y oraciones “que canten con más fuerza” podríamos decir la verdad proclamada. La decisión tiene pues, un valor supremo al que ningún católico puede oponerse. Pocos años después de la inclusión en la Liturgia de la visión de San Juan, el Papa Pablo VI al celebrar el cincuentenario de las apariciones de Fátima dirigió a toda la Iglesia una Exhortación Apostólica que quiso denominar con las mismas iniciales del relato de la 1 -Las oraciones y lecturas.

visión: “Signum Mágnum” (Un gran signo), agregando enseguida una ratificación a la decisión litúrgica de su antecesor en idéntica afirmación del Magisterio: “Un gran signo” -es el que el apóstol San Juan vio en el cielo: una Mujer vestida de sol- que la sagrada liturgia, no sin razón, interpreta como refiriéndose a la beatísima Virgen María, Madre de todos los hombres por la gracia de Cristo Redentor. Pablo VI, Exhortación apostólica Signum Mágnum,

13 de mayo de 1967.

Juan Pablo II, en su largo pontificado, señaló no pocas veces que María Santísima es la Mujer Vestida de Sol. Desde antes de ser pontífice proclama a la Virgen “la Mujer del Génesis y del Apocalipsis”. 53


La experiencia de los fieles ve a la Madre de Dios como a la que está, de manera especial, unida a la Iglesia en los momentos más difíciles de su historia, cuando los ataques hacia ella se hacen cada vez más amenazadores. Algo que está en plena concordancia con las visión de la mujer revelada en Génesis y en el Apocalipsis. Precisamente en los periodos en que Cristo, y por lo tanto su Iglesia, son el signo de implacable contradicción, María aparece particularmente cercana a la Iglesia, porque la Iglesia será siempre el Cuerpo místico de Su Hijo… En estos periodos de la historia, surge la particular necesidad de consagrarse a María. Dios Padre confío a su único Hijo a la humanidad. La criatura humana a quien El le confío primero a su Hijo, fue María. Y hasta el fin de los tiempos Ella permanecerá como a la que Dios confía su misterio de Salvación. Cardenal Wojtyla, retiro predicado al Papa Pablo VI y a la curia en 1976. En una de ellas se hace eco de su padre espiritual, el muy mariano Primado de Polonia, afirmando: Nuestros tiempos tienen necesidad de la acción del Espíritu Santo, porque son tiempos de grandes luchas. El difunto Cardenal Stefan Wyszynski, Primado polaco, decía muchas veces: “No estamos luchando contra la carne y la sangre, sino contra los príncipes y potestades de las tinieblas de los aires” (Ef 6,12)y potestades de las tinieblas de los aires”. Y agregaba: Precisamente en el período de estas grandes luchas, María nos es dada como signo: Una mujer vestida de sol, con la luna debajo de sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas (Ap.12, 1), así la ve Juan en el Apocalipsis. En el período de esta gran lucha contra los príncipes y potestades de los aires, es necesaria una iluminación más potente que en cualquier otro momento de la fuerza del Espíritu Santo, a través de su Purísima Esposa. Beato Juan Pablo II,

Czestochowa,19 de junio de 1983.

El 13 de mayo de 2000, en la homilía en la que beatificó a los pastorcitos de Fátima, eligió personalmente ese pasaje para lectura de la Misa, y en la celebración señaló la gran lucha contra el Dragón, al que identificó con la serpiente del Génesis, mostrando que ya estamos viviendo en plenitud la trascendental visión profética de San Juan. Por otra parte, es la Virgen misma quien se ha mostrado en sus apariciones como el gran signo al que se deben aferrar sus hijos en estos tiempos de terribles tribulaciones a fin de recibir su protección y ayuda para llevarlos a Cristo. Entre estas apariciones están las de San Nicolás de los Arroyos, donde se cumplió el gesto máximo que pueden expresar los Pastores en estos acontecimientos: El Obispo, Monseñor Héctor Cardelli, realizó la Coronación Litúrgica de la Santa Imagen, acompañado por otros de la región, ante una multitud de nicoleños y peregrinos. Fue él, quien en el reciente aniversario de las apariciones, exclamó: “¡Madre, no te merezco, pero te necesito!”, sin quitar sus ojos de los de la imagen de la Virgen María del Rosario de San Nicolás, expresando en voz alta el sentimiento del millón de peregrinos que visitaron el santuario de esta ciudad durante septiembre.

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La Nación, 26 de septiembre de 2011. En esa ciudad de María, la Virgen ha dado al menos dos mensajes respecto de nuestro tema: Uno ya mencionado. El otro, más terminante aún, lo había dado seis meses antes:

(…) Soy la Señora Vestida de Sol, la nueva Eva, la que llevará a los hombres a la Luz, la que hará posible que sea alcanzada por ellos la Eternidad. Amén, amén. Hazlo conocer. (3/8/88, enunciando el quinto misterio glorioso del Santo Rosario, que lleva el número 1479 en el libro “Mensajes”)

Al comentarlo el Padre Carlos Pérez, Rector del Santuario, expresa claramente: “… frente al sol no hay nada que pueda amortiguarlo. Cristo es el Sol. María nos anuncia la presencia del Sol y está revestida de ese Sol”. La atracción de los santuarios marianos, dijimos, es una de las señales de estos tiempos de María. La Peregrinación de Jóvenes a Luján aumenta año a año, y se repiten en otros santuarios de nuestro país. Lo mismo ocurre en otros lugares del mundo. Hecho que nos consuela en medio de la impiedad que se siente triunfadora. El conocido vaticanista Vittorio Messori afirma “mientras en Europa se vacían las iglesias, se llenan los santuarios”. Y ya sabemos que la mayoría de los santuarios del mundo son dedicados a la Virgen. Alguien dijo alguna vez que el Señor quiere ser honrado en las casas de su Madre. “Comunidades pequeñas y pueblos enteros -como destacó Juan Pablo II en su Redemptoris Mater -peregrinan hacia los incontables santuarios marianos del mundo, con un mismo entusiasmo espiritual” ¿Quién podría convencer a esas multitudes que María no es la Mujer del Apocalipsis? ¿Estarán equivocados esos peregrinos, que luego prolongan sus plegarias en sus hogares, formando grupos para desgranar piadosamente el Rosario? ¿Alguien podrá afirmar que en esta eclosión de la piedad mariana no se aplica el famoso adagio: “Vox populi, vox Dei”? Seguramente había considerado estas realidades Juan Pablo II cuando hizo esta expresa indicación a los profesores del “Marianum”: En el campo de la espiritualidad, que hoy suscita un vasto interés, los estudiosos de la mariología deberán hacer ver la necesidad de una inserción armónica de la “dimensión mariana” en la única espiritualidad cristiana, porque la misma se fundamenta en la voluntad de Cristo. En otra ocasión, refiriéndose a los dos versículos unidos, afirmó:

…Y se abrió el santuario de Dios en el cielo, y apareció el arca de su alianza en el santuario. Una gran señal apareció en el cielo: una mujer, vestida del sol, con la luna pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza” (Ap 11, 19-12,1). Esta visión del Apocalipsis, se considera, en cierto sentido, la última palabra de la mariología. Sin embargo, la Asunción que aquí se expresa magníficamente, posee al mismo tiempo su sentido eclesiológico. Contempla a María no sólo como Reina de toda la creación, sino también como Madre de toda la Iglesia. Y como Madre de la Iglesia, María, elevada al cielo y coronada, no deja de estar implicada en la historia de la Iglesia, que es la historia de la lucha entre el bien y el mal. San Juan escribe: “Y apareció otra señal en el cielo: un gran dragón rojo” 55


(Ap 12, 3). En la Sagrada Escritura, ya desde los primeros capítulos del libro del Génesis (Gn 3, 14), se conoce a este dragón como el enemigo de la

Mujer. En el Apocalipsis, el mismo dragón se pone delante de la mujer que está a punto de dar a luz, decidido a devorar al niño apenas nazca (Ap 12, 4). El pensamiento va espontáneamente a la noche de Belén y a la amenaza contra la vida de Jesús, recién nacido, constituida por el perverso edicto de Herodes, que ordena “matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo” (Mt 2, 16) “…la imagen de la Madre de Dios, está insertada vivamente en el misterio de Cristo y de la Iglesia. María, Madre del Hijo de Dios, es, a la vez, Madre de todos los hombres, quienes en el Hijo han llegado a ser hijos adoptivos del Padre celestial, Precisamente aquí se manifiesta la lucha incesante de la Iglesia. Como una madre a semejanza de María, la Iglesia engendra hijos a la vida divina, y sus hijos, hijos e hijas en el Hijo unigénito de Dios, están amenazados constantemente por el odio del “dragón rojo: Satanás. El autor del Apocalipsis, al mismo tiempo que muestra el realismo de esta lucha que continúa en la historia, pone de relieve también la perspectiva de la victoria definitiva por obra de la Mujer, de María, que es nuestra abogada y aliada potente de todas las naciones de la tierra. El autor del Apocalipsis habla de esta victoria: “Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo. (Ap. 12, 10) Beato Juan Pablo II, 15 de agosto de 1995. Con el Magisterio Pontificio, ya pronunciado definitivamente por Pío XII, con el sensus fidei de todas las generaciones de cristianos, donde se destacan los artistas, en una expresión de sentido común, a veces muy poco común en algunos teólogos, el prestigioso Padre Sebastián Bartina SJ, señala: ¿Cómo no vería San Juan a la Virgen en esta visión, habiendo vivido tanto tiempo en su compañía?” Juan ha visto en esta Mujer a Nuestra Señora ¿Cómo no iba a verla? Habiendo vivido tanto tiempo en su compañía, no podría haber escrito sobre la Madre del Mesías sin pensar en Ella, como tampoco pudo escribir sobre el “comer la Carne y beber la Sangre de Cristo sin pensar en la Eucaristía.

Finamente, refirma Benedicto XVI: … un primer significado (de la visión) es que se trata sin duda de la Virgen María, vestida totalmente de sol, es decir de Dios; es María, que vive totalmente de Dios, rodeada y penetrada de la luz de Dios. Está coronada por doce estrellas, es decir, por las doce tribus de Israel, por todo el pueblo de Dios, por la comunión de los santos, y tiene bajo sus pies la luna, imagen de la muerte, y de la mortalidad. María superó la muerte, está totalmente vestida de vida, elevada en cuerpo y alma a la gloria de Dios (…), y continuando la homilía, repite el Papa: Éste es el primer significado de la mujer, es decir María, la Mujer vestida de sol es el gran signo de la victoria del amor, de la victoria del bien, de la victoria de Dios. Un gran signo de consolación. 56


Benedicto XVI, 15 de agosto de 2007,

Parroquia Santo Tomás de Villanueva, homilía de la Misa de la Asunción de la Virgen.

Como se ve, el Santo Padre afirma la doctrina de sus antecesores inmediatos y muchos otros anteriores. Si hemos reunido unos pocos testimonios de diversas épocas, es porque tenemos intención mostrar con seguridad y claridad el Magisterio pontificio en este tema, que ha sido puesto en duda por algunos pocos autores -algunos prestigiosos, otros no tanto. Séanos permitido abundar en el tema, enmarcando las dos últimas ocasiones en que el Papa Benedicto repite esta clara posición del Magisterio, hasta casi las mismas palabras. El honor de Nuestra Señora y la actualidad del tema merece que le dediquemos toda nuestra atención. Además, la experiencia nos dice que no pocos de nuestros lectores recibirán esta documentación con mucho gozo. Una de esas reafirmaciones fue en el Santuario de Lourdes, Francia. el más célebre de la Cristiandad. Fue el sábado 13 de septiembre de 2008, celebrando los 150 años de las Apariciones, en la tradicional Procesión nocturna de antorchas en la Plaza del Rosario, contigua a la gruta. Él mismo nos ubicará en ese ambiente que tanto tiene de sobrenatural: Querido Monseñor Perrier, Obispo de Tarbes y Lourdes, queridos hermanos en el episcopado y el sacerdocio, queridos peregrinos, queridos hermanos y hermanas: Hace ciento cincuenta años, el 11 de febrero de 1858, en el lugar llamado la gruta de Massabielle, apartada del pueblo, una simple muchacha de Lourdes, Bernadette Soubirous, vio una luz y, en la luz, una mujer joven “hermosa, la más hermosa”. La mujer le habló con dulzura y bondad, respeto y confianza: “Me hablaba de Usted (narra Bernadette)… ¿Querrá Usted venir aquí durante quince días? (le pregunta la Señora)… Me miró como una persona que habla a otra persona”. En la conversación, en el diálogo impregnado de delicadeza, la Señora le encarga transmitir algunos mensajes muy simples sobre la oración, la penitencia y la conversión. No es de extrañar que María fuera hermosa, porque, en las apariciones del 25 de marzo de 1858, ella misma revela su nombre de este modo: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Contemplemos también nosotros a esta Mujer Vestida de Sol de la que nos habla la Escritura (Ap 12,1). La Santísima Virgen María, la Mujer gloriosa del Apocalipsis, lleva sobre su cabeza una corona de doce estrellas que representan las doce tribus de Israel, todo el pueblo de Dios, toda la comunión de los santos, y a sus pies la Luna, imagen de la muerte y la mortalidad. María ha dejado atrás la muerte, está completamente revestida de vida, la vida de su Hijo, Cristo resucitado. Así es signo de la victoria del amor, de la bondad y de Dios, dando a nuestro mundo la esperanza que necesita. Volvamos esta noche la mirada hacia María, tan gloriosa y tan humana, dejándola que nos lleve a Dios que es el vencedor. Muchos fueron testigos: el encuentro con el rostro luminoso de Bernadette conmovía los corazones y las miradas. Tanto durante las apariciones mismas como cuando las contaba, su rostro era radiante. Bernadette estaba transida ya por la luz de Massabielle. La vida cotidiana de la familia Soubirous estaba hecha de dolor y miseria, de enfermedad e incomprensión, de rechazo y pobreza. Aunque no faltara amor y calor en el trato familiar, era difícil vivir en aquella especie de mazmorra. Sin 57


embargo, las sombras terrenas no impedían que la luz del cielo brillara . “La luz brilla en la tiniebla” (Jn 1, 5) Lourdes es uno de los lugares que Dios ha elegido para reflejar un destello especial de su belleza, por ello la importancia aquí del símbolo de la luz. Desde la cuarta aparición, Bernadette, al llegar a la gruta, encendía cada mañana una vela bendecida y la tenía en la mano izquierda mientras se aparecía la Virgen. Muy pronto, la gente comenzó a dar a Bernadette una vela para que la pusiera en tierra al fondo de la gruta. Por eso algunos comenzaron a poner velas en este lugar de luz y de paz. La misma Madre de Dios hizo saber que le agradaba este homenaje de miles de antorchas que, desde entonces, mantienen iluminada sin cesar, para su gloria, la roca de la aparición. Desde entonces, ante la gruta, día y noche, verano e invierno, un enramado ardiente brilla rodeado de las oraciones de los peregrinos y enfermos, que expresan sus preocupaciones y necesidades, pero sobre todo su fe y su esperanza. Hubo otra ratificación de Benedicto XVI que podríamos nombrar como la cuarta si contamos la que hizo el Cardenal Días como su Legado Pontificio, también en Lourdes. La razón es clarísima: María es la que encabeza esta lucha apocalíptica. Fue en la gran fiesta de la Inmaculada Concepción de 2011, el Papa quiso centrar el tradicional homenaje de veneración a la Virgen en la Plaza de España de Roma en este versículo. Como es tradicional, todas las instituciones de Roma fueron a llevar sus oraciones y sus flores a la Virgen Inmaculada desde bien temprano por la mañana: Cantos, oraciones y lágrimas de gozo al honrar a la Madre de los Cielos. Queremos pintar el marco romano donde lo hizo, respirando catolicidad. En el video que ofrece el sitio vaticano, se puede ver que, al acercarse la hora de la visita del Santo Padre, una multitud se agolpaba emocionada en torno al monumento de Piazza di Spagna, erigido en honor de la Inmaculada Concepción de María. En la cumbre de una antiquísima columna está representada la Virgen exultante, con los brazos elevados al Cielo, alabando al Altísimo. En uno de sus brazos tiene una corona de laureles y rosas, ofrenda de los bomberos. Es la primera de todas, que le suben muy temprano por la escalera de una autobomba. La multitud es encabezada por el Cardenal Vicario y el Síndaco de Roma, acompañan otras autoridades y el Embajador de España, Obispos, sacerdotes y otros consagrados. Hay muchos fieles; romanos, peregrinos y turistas. En primera fila vemos a los enfermos. Como Jesús, Benedicto XVI los quiere en primer lugar, antes que las más prestigiosas personalidades. El ambiente es de oración y expectativa. Acompañan coros de niños. Vemos en este día la santa columna rodeada de una gran cantidad de ofrendas florales. La emoción sube de punto al llegar el Santo Padre. Vemos la gran alfombra y el reclinatorio donde se postra ante la Inmaculada. Luego de orar en silencio, el Papa ofrece un gran jarrón de cobre repleto de rosas blancas. Lo cruza una cinta con los colores pontificios. Mientras se realiza la entrega y se cantan las Letanías Lauretanas, el Pontífice inciensa el monumento: El perfume sacro llega a la Imagen. En seguida se lee, con solemnidad, el versículo de Juan: “Apareció en el Cielo un signo grandioso: Una Mujer vestida de sol…” terminada la lectura, el Papa hace la alocución y dice una vez más a la Iglesia y al mundo: … En la cumbre de la columna que estamos rodeando, María es representada por una estatua que nos lleva al pasaje del Apocalipsis recién 58


proclamado: “Un signo grandioso apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y, sobre su cabeza, una corona de doce estrellas” (Ap. 12, 1)… Ante todo la ”mujer” del Apocalipsis es María misma. Ella aparece “vestida de sol”, es decir, vestida de Dios. Este símbolo del vestido luminoso expresa claramente una condición que corresponde a todo el ser de María: Ella es la “plena de gracia” colmada del amor de Dios. Y “Dios es luz”, dice San Juan (I Jn 1,5). He aquí que la “Llena de gracia”, “la Inmaculada” refleja en toda su persona la luz del “Sol” que es Dios. Esta mujer tiene bajo sus pies la luna, símbolo de la muerte y de la mortalidad. María, en cambio, está plenamente asociada a la victoria de Jesucristo, su Hijo, sobre el pecado y sobre la muerte; es libre de cualquier sombra de muerte y totalmente colmada de vida. Como la muerte no tiene ya ningún poder sobre Jesús resucitado (Rm 6,9), así por una gracia y privilegio singular de Dios Omnipotente, María la ha superado. Y esto se manifiesta en los dos grandes misterios de su existencia: Al comienzo, el ser concebida sin pecado original, que es el misterio que celebramos hoy; y, al fin, el haber sido asunta en alma y cuerpo al Cielo, a la gloria de Dios (…) En la visión del Apocalipsis, hay otro particular: sobre la cabeza de la mujer vestida de sol, hay “una corona de doce estrellas”. Este signo representa las doce tribus de Israel y significa que la Virgen María está en el centro del Pueblo de Dios, de toda la comunión de los santos… En ese ámbito tan especial, Benedicto XVI repitió una vez más lo que tantos Papas, Doctores y santos han proclamado con la Liturgia de la Iglesia: Que la Mujer vestida de sol es María, Nuestra Madre y Reina.

VIII

Reluciente de sol Como el sol hace palidecer a la luna, y la luna a las miriadas de estrellas, así María, inigualable, reluce sobre toda la Creación. Adán de San Víctor, siglo XII.

Aún los pueblos primitivos que con el correr de los siglos se desviaron de la verdadera fe, advirtieron ciertos simbolismos que quedaron en la obra del Creador, y los divinizaron, como pasó con el sol al ver las maravillas que realizaba sobre la tierra y en las criaturas. La inmensa mayoría de las culturas paganas han mirado al sol con reverencia, por ser fuente de luz, vida y calor, y muchas de ellas lo han pretendido un dios. Los egipcios desarrollaron una extensa literatura en base de su culto al sol. Y en los pueblos de la Mesopotamia, donde los astros eran venerados como divinidades, el sol ocupaba un lugar principal. A tal punto creció ese culto que en algún momento de la historia, debido a la vecindad geográfica, llegó a contaminar al pueblo elegido. Los romanos lo adoraron de distintas formas, y hubo emperadores que se coronaron con él, como lo muestran algunas monedas que aún se conservan de la época, las que parecieran aludir, sin saberlo, a lo que el verdadero Dios hace con sus elegidos, y ha hecho más aún, en plenitud gloriosa, con su Santísima Madre. 59


Posteriormente, en la Grecia clásica, Platón, haciendo una abstracción simbólica, verá en el sol la imagen del bien.

Los aztecas y la Virgen de Guadalupe Los aztecas y los españoles residentes en México, recibieron la gracia de la aparición de la Virgen de Guadalupe, que les dejó el regalo de su Santa Imagen en el ayate de San Juan Diego, hecho ocurrido el martes 12 de diciembre de 1531, precisamente el día en cuya mañana tuvo lugar el solsticio de invierno, que para las culturas prehispánicas significaba el sol moribundo que vuelve a cobrar vigor, el nacimiento del nuevo sol, el retorno de la vida. Ya que el solsticio de invierno es el punto en el cual la tierra, en su recorrido en torno al sol, da un cambio de dirección en su órbita y comienza a acercarse a él. Con este cambio de dirección se tiene la impresión de que el sol va recobrando su fuerza y que el invierno va debilitándose. Para los indígenas el solsticio de invierno era el día más importante en su calendario religioso, el día en que el sol va venciendo las tinieblas y surgiendo. Por esto no es casual que precisamente en ese día la Virgen de Guadalupe haya presentado a su Hijo Jesús a los pueblos indígenas para facilitarles la comprensión de que Ella traía en su seno al mismo Dios. Además, en la cultura nahuatl, las vestiduras de las personas importantes llevaban objetos o señales que evidenciaban quién era o qué función cumplía el que las portaban. El sol es el símbolo de Dios. Así pudieron comprender que si bien Ella no es el sol, está revestida de él, es decir que María “tiene que ver con Dios”, que está unida a Él. San Juan Diego cuenta de esta manera su presencia del 9, día de la primera aparición: …su vestido relucía como el sol, como que reverberaba, y la piedra, el risco en el que estaba de pie, como que lanzaba rayos; el resplandor de Ella como piedras preciosas... La Virgen apareció rodeada de rayos de luz que le forman un halo dorado. Fue fácil entenderlo: La Niña que veían, la Mujer, estaba vestida del Sol que es Dios, y Ella está unida a Él. Es la que nos da el Sol, es su Madre. El mensaje que recibieron fue clarísimo. María es la Madre de la luz, del Sol, del Dios grande y verdadero, del Niño Sol, y Ella lo hace descender hacia el “ombligo de la luna” -que es el significado de la palabra México en náhuatl- para que ahí nazca, alumbre y dé vida. La luna (Collolxautli) y las estrellas, eran para ellos divinidades nocturnas que, presididas por la primera, mantenían una lucha permanentemente con el sol (Huitzlopóchitli). La paz y armonía en torno a la Señora, hace comprender a los aztecas que ya no hay lucha entre los astros. Que ya no hay porqué temer catástrofes astrales, ni tienen que continuar con sacrificios humanos. El hecho guadalupano abrió las mentes de los indígenas a la fe de Jesús. Hasta entonces, la evangelización había sido muy lenta, pero a partir de las apariciones la realidad cambió radicalmente y los bautismos aumentaron en un número impresionante. En otra aparición, la Señora le dijo a San Juan Diego quién era Ella: La siempre Virgen, Santa Maria de Coatlaxopeuh. Juan Diego y su tío, que sólo hablaban dialecto nauatl, lo tradujeron como “Santa Maria de Guadalupe”, Pero en realidad significa: “La siempre Virgen, Santa María, la que pisa a la serpiente.” (Coatlaxopeuh quiere decir “la que pisa la serpiente”) María viene con el resplandor del cielo a la tierra, 60


que así quiere el Señor que veamos a su Madre, que por virtud recibida de Él, es la vencedora de la serpiente, pintada, tallada y cantada de esa manera –aplastando la serpiente- por todas las generaciones de artistas cristianos desde siempre. Porque así lo anunció el Altísimo después de la caída de nuestros primeros padres: “Ella te aplastará la cabeza.” (Gen. 3,15)

Los Incas, “el pueblo del sol” Por su parte, los incas se consideraban “el pueblo del sol”, y el Inca, que era tenido por un dios -al que no se atrevían a mirar, era el hijo del sol, y toda su familia su heredera. El cristianismo mostró al mundo la verdadera simbología del sol, y de la luz y las tinieblas en sentido moral; Cristo es la luz de los hombres, y desde la Eucaristía nos alumbra y nos da la vida. Así lo contemplamos y adoramos cuando nos postramos a sus pies y fijamos nuestros ojos en la Hostia consagrada. Él es el verdadero Sol.

Cristo, luz del mundo y sol de justicia Es el mismo Cristo, el Sol de justicia, la luz del mundo, quien reviste a su Madre con Sol, con su luz: Él es “la luz verdadera, aquella que ilumina a todo hombre que viene a este mundo” (Jn 1,9), y Él es quien da el calor de su Caridad y la vida de la Gracia. Las diversas liturgias así lo proclaman, de una u otra forma aunque siempre unido a su Madre. Así, como un ejemplo solamente, en las Misas de la Virgen en la liturgia maronita, se reza esta oración introductoria: ¡Oh Sol glorioso y resplandeciente, nacido de María, el verdadero sol que ilumina las tinieblas de este mundo! Brilla en nuestro oscuro corazón, oh Señor, luz en nuestra soledad, para que iluminados y santificados, recordemos a María tu Madre y elevemos himnos de gloria y de acción de gracias a Ti, a tu Padre y a tu Espíritu Santo, por todos los siglos. Amén.

A principios del siglo V, aún antes del Concilio de Éfeso que suscitara tan grande glorificación a la Madre de Dios, Hesiquio de Jerusalén, prodigaba saludos a María, y entre los primeros de un copioso elenco de alabanzas, la relaciona con la luz: Toda persona inteligente y sensata con razón saluda a la Virgen Madre de Dios imitando en lo posible al príncipe de los Ángeles Gabriel (Lc 1, 28). Uno le dice Alégrate; otro exclama El Señor es contigo, refiriéndose al que nació de Ella y encarnándose, apareció entre los hombres. Uno la denomina Madre de la Luz, otro, astro de la vida… Homilía II sobre la Madre de Dios, Concilio de Éfeso. Presidiendo aquel Concilio que proclamó la Maternidad Divina, San Cirilo de Alejandría ofrecía con vehemencia incontables alabanzas a la Virgen Madre, como ésta: ...Por Ti el Hijo Unigénito de Dios ha iluminado a los que yacían en las tinieblas y sombras de muerte... Homilía IV, Concilio de Éfeso. 61


Vestida de sol significaba Ibelai al alabarla: Bienaventurada Tú, porque has llevado en tu seno al Omnipotente que rige con su poder el Universo y gobierna todas las cosas... Bienaventurada Tú porque de tu seno ha irradiado un resplandor que ilumina todo el orbe de la tierra y te llena de gloria... Y Jacobo de Sarug: María es el amanecer que lleva consigo al Sol de Justicia. Tampoco faltan las alegorías del sol y la luna en el reconocimiento que se le tributa como Reina de todo lo creado. Venancio Fortunato, en sus Alabanzas a María a fines del siglo VI desahoga así su devoción: Por tus méritos, oh Virgen María, es muy justo que recibas los obsequios celestiales de los Ángeles, que te rodean en gran número. El mismo sol se siente temeroso, y da muestras de respeto, y la luna suplica poder estar bajo tus pies, todo el Universo se somete a su Hacedor y rinde homenaje a Dios, que se alberga en tu seno... La nieve es vencida por tu blancura inmaculada, el sol ha sido sobrepujado por la hermosura de tu cabellera; sus rayos, oh Virgen, palidecen frente a tu belleza ... el resplandor del lucero del alba queda oscurecido ante Ti que en todo momento aventajas a los astros del firmamento. Teotecno de Livia afirmaba que “Ella ha resplandecido sobre la tierra”, en tanto que en el otro lado del Mediterráneo, San Isidoro de Sevilla exclamaba: “María, que significa Señora o Iluminadora, engendró la luz del mundo” (Etimologías, 7,10) Desde siglos, el Oriente cristiano entona fervoroso en el tradicional Himno Akáthistos a la Soberana del Universo, en el que se repiten incontables alabanzas, como éstas: ¡Salve, oh Madre del Sol sin ocaso, salve aurora del místico día!... ¡Salve inefable, la luz alumbraste…! Mostrar a Cristo como la verdadera Luz del mundo entregada por su Madre, ha sido una verdad proclamada en la Liturgia y una constante enseñanza de los Pontífices de todos los siglos. El Papa San Gregorio II, escribe en el año 726 al Emperador Isáurico: Al ver Dios que el linaje humano perecía para siempre, compadecido de su obra, envía a su Hijo, engendrado antes de los tiempos, y descendiendo de los cielos, entró en el seno de la Virgen María, brillando así en su seno la verdadera luz. San Bernardo dice en su exégesis de la visión del Apocalipsis:

Una mujer vestida del Sol”, sin duda está cubierta de luz como de un vestido, pero esto no lo percibe el hombre carnal, que lo toma por una necedad, porque sin duda es algo espiritual. El Apóstol San Pablo lo decía claramente: “revestíos del Señor Jesucristo” (Rom 13, 14) ¡Cuán familiar de Él fuiste hecha, Señora! ¡Cuán próxima, más bien, cuán íntima mereciste ser hecha! ¡Cuánta gracia hallaste en Dios! En Ti está Dios, y Tú en Él; a Él le vistes y eres vestida por Él. Le vistes con la sustancia de la carne y Él te viste con la gloria de la majestad suya. ¡Vistes al sol de una nube y eres vestida tú misma de un sol! 62


San Bernardo, Sermón sobre las Doce Prerrogativas de la Bienaventurada Virgen María Dios mismo se quiso manifestar “vestido de sol”, como lo alaba el salmista cuando bendice, la mano creadora de Dios: “Envuelto estás de luz, como de un ropaje” (Salmo 104,2), y así resplandece el Verbo Encarnado, Cristo, Rey de la Creación, Sol del mundo, que lo derramó sobre su Madre, a la que constituyó Reina de todo lo creado. Así es como la quiere presentar el Apóstol al describirla “vestida de Sol”, y esta interpretación es de todos los tiempos, como lo vemos en este ejemplo poco conocido de Melchor de Cetina: Hablando de la hermosura y belleza espiritual de la Virgen Madre de Dios, sobre toda criatura, no solamente es causada por los rayos de la divina luz de que participa, sino porque el mismo Sol de Justicia, que es la luz de las almas, se derramó sobre Ella, dejándola tan hermosa y bella, que es asombro de todos los espíritus bienaventurados. En esa figura se mostró a San Juan: Mulier amicta sole (Ap, 12,1). Jeremías encareció en su libro de divinos oráculos, aquella novedad nunca vista en la tierra: que una mujer había de cercar en su vientre a un varón: Mulier circundabit virum (Ier. 31,22). Lo cual se cumplió con la Madre de Dios, Nuestra Señora. La grandeza de este misterio consiste en que esta mujer era doncella y en su vientre virginal engendró un Niño, que siendo Niño era varón tan perfecto y de juicio tan cumplido, que con su providencia se gobierna todo el Universo. (…) Pues así como corporalmente rodeó la Sacratísima Virgen en su vientre a este divino Niño, así quiso Él, como verdadero Sol de Justicia (…) quiso cercar y rodear a su bendita Madre de tal manera, que aunque no era el sol, estaba tan embebida en él, que si la lumbre de la fe no nos descubriera que no era el sol, los ojos que la miran pudieran tenerla por él. Como lo dijo San Dionisio cuando vino a ver a la Virgen, y, asombrado de su rara hermosura y del divino resplandor que del rostro le salía, dijo: “Si no tuviera fe de que el Hijo de Nuestra Señora es Dios, pensara que Ella lo era”. Cuando una nube se pone delante del sol, de tal manera embiste en ella con los rayos de su clara luz, que la deja hermosa, resplandeciente y adornada de unos arreboles dorados que admiran y deleitan a quien la mira. Rodeó la Virgen en su vientre a Cristo, Sol de justicia y fuente de toda celestial hermosura, y así la dejó revestida de los rayos y resplandores de su gracia en tan grande abundancia que con su hermosura tiene asombrada a la Iglesia militante de la tierra y la triunfante en el Cielo: Los Ángeles dicen con admiración y asombro: ¿Quién es ésta, cuya rara hermosura se asemeja a la de la mañana, y es hermosa como la luna y escogida como el sol? Fray Melchor de Cetina, fines del siglo XVI - principios del XVII. San Buenaventura en un sermón de la Asunción, dice: María “es más hermosa que el sol y sobrepuja a todo el orden de las estrellas, y si se compara con la luz, le hace muchas ventajas” (capítulo 7 de la Sabiduría). En estas palabras, la gloriosa Emperatriz, ensalzada sobre los coros de los ciudadanos celestiales, es recomendada por el Espíritu Santo, y con recomendación perfecta, en cuanto a su asunción a los cielos; y es recomendada por tres cualidades..., a saber: la hermosura perfecta, la 63


suprema nobleza y el resplandor de la sabiduría. En cuanto a la perfecta hermosura, se recomienda aquí al ser llamada más hermosa que el sol; en cuanto a la suprema nobleza, al ser sublimada y elevada sobre todas las estrellas, o sea, sobre todos los Santos: y en cuanto al resplandor de la sabiduría, al ser ilustrada, en parangón con la luz de la eterna sabiduría, desde más cerca que las demás criaturas. María es resplandor de la luz eterna, y un espejo sin mancilla de la majestad de Dios, y una imagen de su bondad (por eso) hemos de deducir que sobrepujó al sol en hermosura ... Puede también llamarse más hermosa que el sol, porque en la asunción estuvo más cercana a la fuente de toda hermosura y con mejor disposición para recibir sus destellos a causa de la múltiple gracia, y especialmente por razón de la pureza virginal; y estando elevada sobre el sol y los astros, estrechamente unida a su Hijo dulcísimo por el amor. San Buenaventura, Sermón de la Asunción. A través de dos milenios la Iglesia nos mostró a la Virgen como Iluminadora, brillante, refulgente, resplandeciente, por ser portadora de la luz de Cristo, revestida de Cristo, la Luz del mundo. Así lo cantaron los poetas: Nace el alba María y el sol tras ella, desterrando la noche de nuestras penas. Nace el alba clara, la noche pisa, del cielo la risa su paz declara; el tiempo se para por sólo vella, desterrando la noche de nuestras penas. Para ser Señora del cielo, levanta esta niña santa su luz aurora; él canta, ella llora divinas perlas, desterrando la noche de nuestras penas. Aquella luz pura del Sol procede, porque cuanto puede le da hermosura; el alba segura que viene cerca, desterrando la noche de nuestras penas. Lope de Vega, La Natividad de María 64


Santo Tomás de Aquino nos dice: El nombre propio de María se interpreta estrella del mar e iluminadora, y en su lengua significa Señora, por lo que en el Apocalipsis se pone la Luna bajo sus pies. También la llama Sol, porque en Ella no hubo mancha alguna de pecado. Luz, “porque en su alma no existieron las tinieblas del pecado ni de ignorancia; porque guía y conduce a los que andan por el mar proceloso de este mundo; porque así como su Hijo ilumina al mundo entero, así ilumina Ella a todo el género humano, porque esparce y comunica por todas partes los rayos de su gracia, a todos es propicia y misericordiosa, y como el sol respecto de los colores, así Ella es madre de las virtudes, la más resplandeciente de las criaturas y consuelo de los hombres. Por fin, recordemos la Liturgia de la fiesta de Nuestra Señora de la Candelaria, cuyo anuncio resuena en la Iglesia cada 2 de febrero: En tanto celebrante y fieles repiten la piadosa procesión de la más remota antigüedad, que es como seguir a la Virgen con candelas encendidas y cantando bellas antífonas que se encamina a presentar a su Niño: ¡Recibe oh Sión a tu Rey Cristo: Sal al encuentro de María, puerta del Cielo; pues Ella trae al Rey de la gloria, la nueva Luz…! Contemplemos a María Santísima llevando al Templo al Dios del Templo, que lo iluminará con su presencia, humilde aunque soberana, desde su excelso trono de amor: los brazos de su Santísima Madre, y meditemos con San Sofronio: La Virgen inviolada llevaba la verdadera Luz oculta entre los pañales, y la mostró a los que yacían en las tinieblas. Ese oficio sublime de Señora de la Luz, ataviada con el Sol de Cristo, que quiso hacerlos brotar de Ella, lo sigue cumpliendo hoy y lo seguirá hasta el final de los tiempos.

Nos visita ataviada con el sol La presencia de la Virgen que se aparece glorificada en la tierra, pertenece a la tradición de la Iglesia. San Severo de Antioquia, ya en el siglo VI, en una homilía se preguntaba: ¿cuál es la nación que la Virgen no haya enseñado y conducido al conocimiento de Dios? San Germán de Constantinopla (+733) habla de ello reiteradamente: Tú visitas a todos y cuidas de todos, oh Madre de Dios... El cuerpo, en efecto, no es impedimento al poder y la energía de tu espíritu, el cual ciertamente sopla donde quiere, siendo como es, inmaterial. La primera aparición que conocemos de Nuestra Señora es la que realizó en Zaragoza cuando, aún en carne mortal, acudió a socorrer al Apóstol Santiago agobiado por el fracaso de sus predicaciones. Sabemos por la Venerable Madre María de Jesús de Ágreda cómo se presentó: Iba en una nube refulgente, y llegó desde Oriente, donde sale el sol, hacia donde se dirigían por siglos los altares para el ofrecimiento del Sacrificio Eucarístico. Su arribo maravilló al Apóstol y a sus discípulos que estaban en 65


oración, en la “segunda noche” del 2 de enero del año 40. Fue llevada por Ángeles, con su Pilar, su aliento y su promesa: Todos fueron llenos de suavidad interior y admiración, con celestial consuelo que los ocupó y casi enmudeció, dejándolos en suspenso y derramando lágrimas de alegría. Reconocieron en el aire grandísima luz, como si fuera al mediodía(...) Manifestósele a Santiago la Reina del Cielo desde la nube y trono donde estaba rodeada de los coros de los Ángeles, todos con admirable hermosura y refulgencia, aunque la gran Señora les excedía en todo a todos. El dichoso apóstol se postró en tierra, y con profunda reverencia saludó a la Madre del Creador y Redentor Sor María de Jesús de Ágreda, Mística Ciudad de Dios. ¡Cuántos relatos podríamos encontrar de sublimes visiones de luz celestial que trae en sus apariciones la Virgen nuestra Madre! Uno de ellos está expresado en la encantadora poesía del Nican Mopohua, relato de la aparición de la Santísima Virgen de Guadalupe, que ya hemos considerado. Volvemos a ese relato para que nos hable de la presencia de esa Niña, de indecible hermosura y voz celestial que lo llamó en el Tepeyac, para tratar de contemplarla rodeada del Sol que es Cristo el Señor: …hacia allá estaba viendo dice Juan Diego- arriba del cerrillo, del lado de donde sale el sol, de donde procedía el precioso canto celestial. Y cuando cesó de pronto el canto, cuando dejó de oírse, entonces oyó que lo llamaban, de arriba del cerrillo: “Juanito, Juan Dieguito” (…) Entonces fue a subir al cerrillo para ir a ver de dónde lo llamaban. Y cuando llegó a la cumbre, lo vio una Doncella que allí estaba de pie, que lo llamó para que fuera cerca de Ella. Y cuando llegó frente a Ella mucho admiró en qué manera sobre toda ponderación aventajaba su perfecta grandeza: su vestido relucía como el sol, como que reverberaba… La Madre de la Hispanidad se manifestó vestida de sol en Zaragoza y en el Tepeyac. Ese sol “magnífico en las alturas del firmamento y bellísimo en el aspecto de los cielos” (Ecl. 43, 1) lo vemos en no pocas imágenes hispanoamericanas, como en la rayera de nuestra Madre de Luján, simbolizando la divinidad de Cristo que la envuelve y reviste. También en Fátima, la Blanca Señora se muestra a los pastorcitos envuelta en una luz celestial que ellos jamás olvidarán: Vimos sobre la encina una Señora vestida toda de blanco, más brillante que el sol, irradiando una luz más clara e intensa que un vaso de cristal lleno de agua cristalina, atravesado por los rayos del sol más ardiente. Sor Lucía de Fátima, Memorias. Cuando Jacinta y Francisco fueron beatificados, fue la voz del Papa quien constató esta realidad: Por designio divino, una Mujer vestida de sol (Ap. 12, 1) vino del cielo a esta tierra en búsqueda de los pequeños privilegiados del Padre. Les habla con voz y Corazón de Madre... los invita a ofrecerse como víctimas de reparación, mostrándose dispuesta a guiarlos con seguridad hasta Dios. Entonces, de sus manos maternas salió una luz que los penetró íntimamente, y se sintieron ‘sumergidos en Dios, como cuando una persona –explican ellos- se mira en un espejo’. Más tarde, Francisco, uno de los tres privilegiados, explicaba: ‘Estábamos ardiendo en esa luz que es Dios y no nos quemábamos. ¿Cómo es Dios? No se puede decir. Esto sí que 66


la gente no puede decirlo’. Dios: una luz que arde, pero no quema. Lo que más impresionaba y absorbía al beato Francisco era Dios en esa luz inmensa que había penetrado en lo más íntimo de los tres. Beato Juan Pablo II, en la mencionada homilía en Fátima, 13 de mayo del 2000. Tiempo de mariofanías es el nuestro. Y en ellas, la Señora de la Luz siempre está acompañada del resplandor celestial: Recordemos la aparición que convirtió instantáneamente -a lo San Pablo- a Bruno Cornacchiola, en una de las grutas de Tre Fontane de Roma, lugar del martirio del Apóstol de las gentes: En la oscuridad apareció un punto luminoso... La luz aumentó poco a poco y se volvió un halo luminoso, como si entrara el sol en la gruta: en el centro una figura de mujer llena de luz, de una belleza sin comparación humana. Por fin, una copla andaluza, para mostrarnos que el pueblo sencillo comprende que sólo la Virgen Santísima puede vestir de sol: Cuando la Virgen fue a Misa al templo de Salomón, el vestido que llevaba era de rayos del sol.

IX

La luna a sus pies La Virgen es Aquella prometida por Dios para quebrantar la cabeza de la serpiente con el pie de su virtud. San Bernardo

En el paganismo, la luna fue un símbolo femenino, variable, y también mortuorio. Se la tuvo como fuente de innumerables mitos y leyendas, y ha simbolizado el principio pasivo pero fecundo de la vida en no pocas culturas. En la Mesopotamia la diosa Ishtar era representada por la luna en sus aspectos positivos. En Roma se la colocaba a la virgen Diana, que mostraba su función ordenadora de los ciclos del mundo. Recordemos una vez más a los aztecas. Ellos no conocían otra forma de transmitir o recibir mensajes que los códices o pinturas, a quienes la Santísima Virgen les ofreció su Imagen, el retrato de Guadalupe que es también un códice, que fue y sigue siendo descifrado comenzando por el sol. En cuanto a la luna, la tenían por enemiga de aquél, a quien guerreaba. Por eso al contemplar a la Señora en la tilma de San Juan Diego, comprobaron que la luna en cuarto creciente, el símbolo que usaban para representar a su dios, la serpiente emplumada Queeetzajcóatl, aparecía vencida por la Virgen. Entonces pudieron decir: Ya cesó el conflicto entre el día y la noche, el sol y las estrellas, pues la luna está bajo los pies de María, como cometa apagado que ya no indica 67


peligros; las estrellas adornan su manto, en la posición zodiacal que tenían en ese año; y el sol está en su vientre despidiendo rayos, alternando directos y ondulados. Ya no hay necesidad de sacrificios para reanimar al sol. “El sol y la luna se pararon en un lugar; a la luz de tus saetas anduvieron; sales a salvar a tu pueblo, a salvar a tu ungido” ( Habacuc 3,11.13). Trae una cinta y un moño negro, distintivo de una joven embarazada. La parte del vientre está muy amplia, y precisamente de ahí surgen los rayos más intensos del sol. En dirección a la matriz tiene la flor de cuatro pétalos, centro de la piedra del sol, que representa el origen de la vida y la explicación de todo. María es la Madre de Dios y del pueblo nuevo surgido por su Sangre. “Nacerá el sol de justicia, y en sus alas traerá la salvación. (Malaquías 4,2). San Bernardo hace notar que la luna a los pies de María muestra que Todo defecto está debajo de Ella y supera todo lo que hay en nosotros de fragilidad y corrupción, con una sublimidad excelentísima que excede superabundantemente a todas las demás criaturas, por eso con razón se dice, que la luna está debajo de sus pies. De lo contrario no parecería muy gran cosa al afirmar que la luna está debajo de sus pies, puesto que no es lícito dudar que fue ensalzada sobre todos los coros de los Ángeles y aún sobre los Querubines y Serafines. La luna suele ser considerada como símbolo no sólo de la corrupción, sino también de la necedad, y se simboliza también en ella la misma Iglesia en su estado presente. Es símbolo de la necedad por sus incesante mutaciones; y de la Iglesia tal vez por carecer de luz propia, puesto que la recibe prestada. Ahora bien, si es lícito expresarme así, digo que considerada la luna bajo ese doble aspecto, está por debajo de María aunque de diferente modo, que el necio se muda como la luna, y el sabio permanece en su sabiduría como el sol (Ecl 26,12). En el sol el calor y el esplendor son estables, mientras que con la luna se encuentra solamente el esplendor y aún éste es mudable e incierto, ya que nunca permanece en el mismo estado. La necedad la tiene esta Señora debajo de sus pies (…) El príncipe de toda necedad y locura, que se mudó como la luna, perdiendo todo su brillo y hermosura, ahora se ve pisado y aplastado bajo los pies de María, sufriendo la más ignominiosa esclavitud, puesto que la Virgen es Aquella prometida en otro tiempo por Dios para quebrantar la cabeza de la antigua serpiente con el pie de su virtud, y cuyo calcañar intenta morder insidiosamente con todos los ardides de su astucia, aunque jamás lo conseguirá. Ella sola también quebrantó toda la herética perversidad. Uno dogmatizaba que la Virgen no había concebido a Cristo de la sustancia de la carne; otro silbaba que no había alumbrado al Niño Jesús sino que sólo le había hallado al acaso, otro blasfemaba que a lo menos después de haberle dado a luz había sido conocida de varón; otro, no pudiendo sufrir que la llamasen Madre de Dios, con osada impiedad le negaba el excelso nombre de Theotocós que significa que alumbró a Dios. Y todas esas venenosas serpientes fueron aplastadas por Ella, todos esos suplantadores fueron conculcados, todos esos pérfidos engañadores confundidos, y mientras tanto, la proclaman a porfía bienaventurada todas las generaciones. San Bernardo, Grandezas incomparables de María. 68


La luna en el arte Hoy día vemos frecuentemente representada a la Mujer de la visión apocalíptica como la Inmaculada Concepción, y por ello la luna bajo sus pies. No se la vio así en la primera versión del arte occidental, inspirada en la Concepción de Ana, cuando la Virgen está asociada con el encuentro de sus padres, Santa Ana y San Joaquín, frente a la Puerta Dorada de Jerusalén. La luna, según las más divulgadas versiones, aparece en las imágenes de la Virgen a finales del siglo XV, cuando se difundieron los temas de su Asunción y de su Coronación como Reina. Fue hacia finales de la Edad Media que aparece en el arte como Inmaculada. De pie sobre la luna, coronada de estrellas, es la Dueña y Señora del Universo, según la etimología de la lengua siríaca, por eso, dirá Santo Tomás: “se pone la luna bajo sus pies”. Siglos más tarde el Papa Pío XII en su encíclica “Ad Coeli reginam” sobre la realeza de María mencionará -como ya vimos- esa etimología y condición de Señora. Las imágenes muestran entonces a María que extiende los brazos o une las manos sobre el pecho mirando hacia lo alto, para ensalzar a Dios como repitiendo el Magníficat. Las figuras bíblicas, aparecen a su alrededor: el sol, la luna, la estrella del mar, el jardín cerrado, la fuente, el pozo de agua viva, el cedro del Líbano, el olivo, el lirio, la rosa, el espejo sin mancha, la Torre de David, la Ciudad de Dios, la Puerta del cielo. Entonces aparecen los atributos del capítulo 12 del Apocalipsis y desplazan a las figuras del Antiguo Testamento. La luna nunca se representa llena, como en la Crucifixión, sino recortada en forma de creciente. Algunos autores sostuvieron que era el símbolo de San Juan Bautista, Precursor del Señor, que desaparece al llegar Él. Otra significación más se dio después de la batalla de Lepanto, cuando la Cristiandad veía claramente en la luna bajo los pies de María como un símbolo visible de la victoria de la Cruz sobre la media luna turca, a través del rezo del Rosario, con el que Nuestra Señora salvó la Cristiandad convocada por el gran Papa San Pío V . A finales de la Edad Media comenzará el empleo de la luna en las grandes series de Inmaculadas españolas del siglo XVII: Alonso Cano, Murillo, Montañés o Zurbarán, y otros, que colocarán la luna a los pies de la Virgen, llegando a ser tema de controversia si debía ser representada abierta hacia arriba o hacia abajo. Antiguos grabados demuestran que la imagen de la Macarena llegó a portarla junto a una ráfaga ya desaparecida. El arte barroco del siglo XVII, por tanto, tiene el mérito de haber creado el tipo definitivo de la Inmaculada Concepción, relacionada con la Mujer Apocalipsis. Libre ya de los otros símbolos bíblicos, rodeada sólo por Ángeles, sus pies aplastan la serpiente infernal, para recordar su victoria sobre el pecado original anunciada en las primeras páginas de la Biblia. En la historia de la formación iconográfica de la Inmaculada Concepción llegamos al momento crucial en que la imagen de devoción inmaculista se presenta como la concreción plástica de la visión de Juan en Patmos.

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X

Coronada de estrellas Contemplad a la dulce Reina del Cielo adornada con la diadema con que la coronó su Hijo. San Bernardo

Las coronas fueron ofrendas muy frecuentes en la antigüedad. Se comenzaron a usar como recompensa hacia el año 500 a. de J.C. Los estrategas que rompían un cerco recibían una corona hecha con las flores y hierbas recogidas en el mismo campo de batalla: era la corona gramínea. La corona olímpica estaba hecha con ramas de olivo. También a los dioses paganos se ofrecían diferentes coronas. Hubo coronas de materiales artificiales: estaban hechas con tejidos, láminas de cuerno coloreadas o de metales. Éstos, especialmente el oro y la plata, fueron sustituyendo a los otros materiales. Los egipcios idearon la corona fúnebre, costumbre que pasó a Grecia. Ofrecer coronas a los difuntos era para ellos la mejor forma de demostrarles que habían triunfado en la lucha de la vida. Ya al arte cristiano, la corona es el símbolo de los mártires. Las imágenes de la Madre de Dios siempre se representaron con aureolas. Los franceses, al comienzo de la Baja Edad Media, representaban a la Virgen María con corona nobiliaria. En Andalucía, las imágenes de marianas siempre van coronadas. Las Dolorosas a veces forman parte de un Calvario, otras están al pie de la Cruz o en el camarín, pero siempre con una diadema, símbolo imperial, que en el lenguaje de los cofrades (1) se le suele llamar “ráfaga”. La diadema o ráfaga pretende ser precisamente una fiel interpretación del Apocalipsis: “…en su frente una corona de doce estrellas” . Estas diademas se rematan con unos haces de rayos, rectos o curvilíneos, y el rayo central de cada grupo termina en una estrella. Las coronas imperiales son coronas cerradas, que rematan en una pequeña esfera preciosa que simboliza el mundo y sobre ella una cruz. La corona que carece de estos elementos es una corona abierta. Todas las coronas de la Virgen, sean abiertas o cerradas, quedan cobijadas por la ráfaga con las doce estrellas que viera San Juan. La ráfaga hace de la corona una pieza sacra, y la completa: en muchos casos, el diseño, el material o el acabado de ésta convierten al todo en un objeto único. La ráfaga es una gran diadema, con rayos y estrellas, que surge desde el aro, pasa por encima del canasto de los imperiales y termina en el extremo opuesto del aro. Aludiendo a la Mujer vestida del Sol, San Bernardo también se refiere al mencionado oráculo de Jeremías: Porque una cosa nueva hizo Dios sobre la tierra, y fue que una mujer rodease a un varón, que no es otro que Cristo, de quien se dice: He ahí un varón; Oriente es su nombre; una cosa nueva hizo también en el cielo, y fue que apareciese una mujer cubierta con el sol que finalmente le coronó y mereció ser coronada por Él”. En este punto, San Bernardo exclama con los versículos bíblicos: “Salid, hijas de Sión, y ved al rey Salomón con la 70


diadema con que le coronó su Madre” “Entrad, y ved a la Reina luciendo la diadema con que la coronó su Hijo”. (2) Entonces “el citarista de la Virgen” nos hace contemplarla coronada por estrellas, y a las mismas estrellas en su más profundo simbolismo: Y en su cabeza, dice San Juan, tenía una corona de doce estrellas. Digna, sin duda, de ser coronada con estrellas aquella cuya cabeza, brillando mucho más 1- Devotos aunados en cofradías o hermandades. 2 -La Guebirah o Reina Madre, de la dinastía davídica, es figura en el Antiguo de la Virgen María Reina en el Antiguo Testamento.

lucidamente que ellas, más bien las adornará que será por ellas adornada. ¿Qué mucho que coronen los astros a quien viste el sol? Como en los días de primavera, dice, la rodeaban las flores de los rosales y las azucenas de los valles… ¿Quién apreciará estas piedras? ¿Quién dará nombre a estas estrellas con que está fabricada la diadema real de María? Sobre la capacidad del hombre es dar idea de esta corona y explicar su composición. El Santo nos advierte que evitemos escudriñar los designios de Dios, que llama “peligroso secreto”, pero nos invita a contemplar “según nuestra cortedad” el simbolismo de los grandes privilegios de gracias con que está adornada la Virgen Santísima, que considera podremos acaso entender sin inconveniente. Porque se encuentran en María prerrogativas del cielo, prerrogativas del cuerpo y prerrogativas del corazón; y si este ternario se multiplica por cuatro, tenemos quizá las doce estrellas con que la real diadema de María resplandece sobre todos. Para mí brilla un singular resplandor, primero, en la generación de María; segundo, en la salutación del ángel; tercero, en la venida del Espíritu Santo sobre ella; cuarto, en la indecible concepción del Hijo de Dios. Así, en estas mismas cosas también resplandece un soberano honor, por haber sido ella la primicia de la virginidad, por haber sido fecunda sin corrupción, por haber estado encinta sin opresión, por haber dado a luz sin dolor. No menos también con un especial resplandor brillan en María la mansedumbre del pudor, la devoción de la humildad, de magnanimidad de la fe, el martirio del corazón.

San Bernardo, Grandezas incomparables de María, cap. VII, María coronada de estrellas

Nuevamente leemos a San Buenaventura:

…y en su cabeza una corona de doce estrellas, esto es, todo el honor y dignidad, gloria, excelencia y nobleza de condición concedidos a los doce órdenes de Santos significados en las doce estrellas resplandecientes, nueve de las cuales se refieren a los espíritus celestiales y tres al triple estado de los hombres: el de los activos, de los contemplativos y el de los prelados; pues toda la dignidad y gloria concedida a ellos en parte, se otorgó totalmente a la Santísima Virgen. San Buenaventura, Sermón de la Asunción. Los poetas no cesaron de cantar a la corona de estrellas de la Virgen: 71


Y el artífice labra omnipotente de estrellas doce espléndida corona, cual doce signos de luciente zona que el cielo ciñan vuestra sacra frente. Juan de Jáuregui y Aguilar,

Nacido en Sevilla en 1570, primer cuarteto de un soneto mariano.

Los números tienen en la Escritura una significación especial, que interesaba sobremanera a los Padres de la Iglesia y que nosotros debemos aprender a descifrar, para gustar de su poesía y penetrar, al menos en una escasa medida, en el misterio que oculta. En la Biblia, doce es el símbolo de la perfección, y a lo largo de su texto aparece más de cuatrocientas veces, veinte de ellas en el Apocalipsis. Dios escogió este número para expresar la administración perfecta del gobierno divino en el mundo, Israel y la Iglesia (Mateo 19:28; Apocalipsis 21:12-21). A la edad de doce años, Jesús anunció públicamente su relación celestial y su misión en un mundo necesitado (Lucas 2:42): Y María guardaba todas estas cosas ponderándolas en su Corazón. Doce legiones de Ángeles eran señal de la perfección de los poderes angélicos (Mateo 26:53). María es la Reina de los Ángeles como la invocamos en las Letanías Lauretanas y en la oración dada por Ella para rogar su ayuda contra Satanás y sus demonios. En el Antiguo Testamento también encontraremos la simbología del número doce aplicada a María Santísima: Las doce tribus de Israel, son la corona de todo el pueblo fiel de la Vieja Alianza; en los doce panes de la proposición (Levítico 24:5) podemos hacer referencia a Nuestra Señora del Santísimo Sacramento; Las doce Fuentes de agua (Éxodo 15:27) nos muestran que Ella es Madre de la divina gracia; las doce piedras preciosas del pectoral (Éxodo 28:21) que María es Reina de los Apóstoles; Los doce patriarcas (Hechos 7:8) Ella es la Reina de los Patriarcas; las doce piedras, fundamento de la Iglesia (Josué 4:8, 9), las doce puertas, María es el Templo Santo de Dios (Ezequiel 48:31-34).

El número doce tiene relación con el gobierno patriarcal, el apostólico y el nacional. Los doce ángeles, (Ap 21:12), que representan a la jerarquía del cielo, son especiales servidores de María, que ya nombramos como Reina de los Ángeles; las doce tribus (Ap 21:12), que representan a Israel como nación, Ella es la “Virgen Santa de Israel” según un canto tradicional; los doce fundamentos (Ap 21:14), que representan la fe: “Feliz de Ti que has creído” le dice Isabel; los doce apóstoles (Ap 21:14), que representan a la Iglesia de Cristo, y Ella es proclamada Madre de la Iglesia; los doce frutos (Ap 22:2), que representan la bondadosa provisión del cielo, María es Nuestra Señora de la Divina Providencia; las doce puertas (Ap 21:12, 21), que representan la libertad para entrar, María Santísima es la Madre que jamás rechaza a nadie; las doce perlas (Ap 21:21), que representan la gloria de la ciudad, María es “ la honra de Jerusalén, la alegría de Israel, la gloria de nuestro pueblo” (Judith 15, 9). Entre los múltiplos del número doce tenemos: Doce mil estadios (Ap 21:16), las dimensiones de la nueva ciudad. Doce mil sellados (Ap 7:5-8): 12.000 de cada tribu; 144.000 en total. Mucho de lo que se relaciona con Israel está indicado por medio de este número: los 144.000 señalados (Ap 7:4; 14:1) es un número constituido por doce veces doce mil, y sugiere la perfección y la plenitud del propósito de Dios con relación a su pueblo. 72


Veinticuatro es dos veces doce y significa la plenitud de autoridad y representación. Los veinticuatro ancianos (Ap 4:4, etc.), son los representantes de la luz y la gracia. Los veinticuatro tronos (Ap 4:4; 11:16) representan el lugar de poder y de juicio. María es la Señora del Universo, Madre y Reina de todos, y ellos, todos, son su corona. El Dodecatón, son las doce grandes fiestas del calendario litúrgico bizantino. En las doce estrellas San Bernardo ve las doce prerrogativas de gracias, y San José de Calazans enumera doce gracias de la Virgen Santísima. Sin embargo, la mayoría de los intérpretes reconocen en las doce estrellas a los Doce Patriarcas del antiguo Testamento y los Doce Apóstoles del Nuevo, de los que aquéllos fueron figura. Los doce Apóstoles hoy son todos los obispos, sus legítimos sucesores. Esa corona significa el gobierno de la Iglesia, y María es Madre y Reina de la Iglesia. Los obispos deben estar unidos a Pedro, el Sumo Pontífice y en él unidos a Cristo. Cuando esa unidad se verifica en torno al Papa de Roma la corona de María está completa y resplandece ante el mundo, diciendo a toda la Creación: “ Hermosura del Cielo es el resplandor de las estrellas, brillante adorno de las alturas del Señor” (Ecl. 43, 10)

La Bandera de Europa Europa se está descristianizando aceleradamente, y de esto hace bastante tiempo. Pero la Virgen no se da por vencida, Ella vencerá pese a quien pese. Ella ha inspirado, evidentemente al creador de la bandera de la Unión europea, que ahora ondea con las estrellas de su Corona en gran parte de ese continente, según cuenta Vittorio Mesori en su “Hipótesis sobre María”: En mayo de 1949 se constituyó en Estraburgo el Consejo de Europa, organismo entonces carente de poderes políticos efectivos y responsable sólo de “sentar las bases para la constitución de una federación europea”. Así era en el momento de su fundación. Un año después -es decir en 1950- este Consejo proclamó un concurso de ideas, abierto a todos los artistas, sobre una bandera de la futura Europa unida.Un entonces joven diseñador alsaciano, Arséne Heitz, participó con un boceto en el que doce estrellas amarillas campaban en un círculo sobre un fondo azul. Como después reveló, la idea no era casual, devoto de la Virgen, cada día recitaba el Rosario. Precisamente cuando supo del concurso europeo y decidió participar estaba leyendo la historia de santa Catherine Labouré y — estimulado por esa lectura— había decidido conseguir, para él y para su mujer, una “Medalla Milagrosa”, que hasta entonces no conocía. Por tanto, las estrellas de su dibujo provienen de ahí, y desde allí, venían directamente del Apocalipsis y de su “Mujer vestida de sol” con la corona en la cabeza. En cuanto al azul, es el color tradicional de la Virgen (como veremos mejor más adelante). De entre los 101 bosquejos llegados de todo el mundo, “inexplicablemente”, como dijo el mismo Heitz (que había participado en el concurso sin demasiadas esperanzas, casi exclusivamente para responder a un impulso que le dio el descubrimiento de la Medalla), el Consejo de Europa eligió, precisamente, el suyo. Nótese, además, que el responsable de la comisión que procedía a la elección era un judío, Paul M. G. Lévy, director del Servicio de imprenta e información del Consejo. Por tanto, no intervinieron motivaciones confesionales, pese a que los tres más grandes “padres de Europa” fueran católicos practicantes: el alemán Konrad Adenauer, el italiano Alcide de Gasperi y el francés Robert Schumann. Vittorio Messori, Hipótesis sobre María. 73


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Segunda parte

La manifestación de la Mujer en la Historia Grande fue la misericordia de María para con los miserables cuando vivía en la tierra, pero mucho mayor es su misericordia ahora que Reina en el Cielo, Y si por el resplandor de la primera misericordia es María hermosa como la luna, por el resplandor de la segunda misericordia es elegida como el sol; porque de la manera que el sol vence a la luna en la grandeza de su claridad, así vence a la primera misericordia de María la grandeza de la segunda. ¿Quién es aquel a quien niega el sol sus luces? ¿Quién es aquel a quien niega María sus resplandores? El sol extiende sus rayos sobre los buenos y sobre los malos, sin hacer excepción de personas; y María, sin examinar los méritos, a todos se muestra accesible, a todos se ostenta clementísima; y finalmente, se apiada con afecto de misericordia de las miserias de todos. San Buenaventura Doctor de la Iglesia

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I

La gran mariofanía Oh Virgen Inmaculada, que reináis en la gloria vestida de sol y coronada de estrellas, Vos sois, después de Jesucristo, el gozo y la alegría de todos los Ángeles y de todos los santos. Pío XII, oración a la Asunción de la Virgen.

Cada vez que en la Iglesia se produce una exaltación de la Santísima Virgen, como también en cada una de sus apariciones, podríamos decir que se cumple la mariofanía que contempló San Juan: se abren los cielos y aparece el Arca del Testamento, y de inmediato la Mujer Vestida del Sol con los atributos celestiales de Reina y Señora. Algo similar ocurre en las comunidades, y aún con las personas. Cada vez que en la vida de alguien irrumpe la Virgen con un hecho especial, esa persona tiene en su vida, de diversa forma y en pequeño, la visión de San Juan en Patmos: María, primero figurada misteriosamente, luego vestida de sol, a la que no olvidará nunca. Y también, cada vez que esto ocurre, el demonio provoca toda clase de disturbios y luego la enfrenta para devorarse al Hijo que va a dar a luz, para impedir que Ella lo entregue al mundo, a las comunidades, a las personas. Teniendo en cuenta que en las profecías bíblicas siempre hay una realización “plena”, nos preguntamos: ¿Cuándo se cumple para la Iglesia Universal la gran mariofanía profetizada en Patmos? ¿Cuál es la manifestación plena de la apertura de los cielos para mostrar el Arca de la Alianza, que podríamos llamar con el santo de Montfort “el Secreto de María” y la manifestación que le sigue de inmediato en el relato de San Juan: la Mujer Vestida del Sol Reina del Universo? Hay un hecho en la historia de la Iglesia y del mundo, que, por las afirmaciones de los Papas, puso en evidencia de manera especialísima la grandeza y el poder de la Virgen Santísima, para todos y para siempre: La proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, que medio siglo después San Pío X describía así: …Proclamación que nadie ignora, fue acogida por todos los fieles del universo con tales transportes públicos de alegría, que no ha habido jamás en memoria de hombre manifestación de piedad, ya con relación a la augusta Madre de Dios, ya hacia el Vicario de Jesucristo, ni tan grande ni tan unánime. San Pío X, “Ad diem illum”, 2 de febrero de 1904, al celebrar con un Jubileo especial los 50 años de la proclamación del Dogma. El gozo de toda la Iglesia fue indecible. El momento y la decisión esperada ansiosamente por siglos, había llegado: “Día azul en los cielos y en la tierra” llamó el Padre Fáber al 8 de diciembre de 1854, cuando la conmovida voz del Papa y Beato Pío IX, con ecos de Cielo, definió que la Virgen no había tenido jamás el pecado de Adán y Eva. El santo Pontífice no podía contener la emoción, mientras un rayo de sol entraba por las ventanas de la Basílica de San Pedro que iluminaba su figura. Dios había mandado abrir el cielo de Roma, cubierto los días anteriores y posteriores por densas y lluviosas nubes, para permitir que el sol también rindiera su homenaje a la Reina del Universo, María Inmaculada. 76


Es posible decir que entonces, al proclamarse a la Iglesia y al mundo la verdad del Misterio de la Inmaculada Concepción, se cumplió en plenitud la profética visión de Juan, que abre la puerta a tiempos nuevos, de glorias y de luchas. Había llegado el momento anunciado por San Luis María de Montort: En los últimos tiempos María ha de brillar en misericordia, para atraer y recibir amorosamente a los pobres pecadores y desviados que se convertirán y tornarán al seno de la Iglesia Católica, en fuerza, contra los enemigos de Dios…, en gracia para animar y sostener a los valientes soldados y fieles servidores de Cristo, que combatirán por sus intereses. (1). A partir de ese día se multiplicaron las congregaciones religiosas y las vocaciones. Se enriqueció el culto litúrgico, se prodigaron las devociones y oraciones, se multiplicó el apostolado mariano de los laicos: Las Hijas de María, las Congregaciones Marianas, la Legión de María, la Milicia de la Inmaculada,. Toda la Iglesia fue renovada en ese tiempo -por Dios, no por los hombres- como lo testimonia San Pío X medio siglo después: ¿Quién podría contar, quién podría adivinar, los tesoros secretos de gracias que durante ese tiempo ha derramado Dios sobre su iglesia por intercesión de la Virgen? San Pío X, ibid. Por otra parte, quiso Dios que la proclamación de la Inmaculada quedara enmarcada en tres hechos, acordes con su magnitud: La misma Virgen la preparó desde París cuando entregó la Medalla Milagrosa en 1830. Veinticuatro años después es definido y proclamado el Dogma, y Ella lo retribuirá con su Aparición en la gruta de Lourdespurísima, suavísima, bellísima- diciendo a Bernardette y al mundo: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Desde aquellos días en que el Cielo bajó a la tierra a ese hermoso rincón de los Pirineos franceses, abandonado y desconocido hasta entonces, se convirtió en uno de los centros la Fe más importantes del mundo. Pareciera como si las tres Personas de la Santísima Trinidad hubiesen querido quede en la Historia de Salvación “un antes y un después” de esa proclamación. El Padre, dando a sus hijos de este valle de lágrimas el retrato de su Hija Inmaculada; el Hijo, que por medio de su Vicario proclama el excelso privilegio al mundo; y el Espíritu Santo que quiere prolongar por los tiempos esa gracia al erigir para su Purísima Esposa un trono refulgente de gloria y de misericordia. La Medalla, que traída del Cielo por la Virgen mostró su esplendor, se posó desde entonces sobre los corazones de infinidad de hijos suyos de toda la redondez de la tierra. Podríamos decir que la pequeña y prodigiosa Medalla fue prefigurada por el Arca de la Alianza, porque en su simbolismo encierra las principales verdades de la fe, y tiene el poder de librarnos de los males y triunfar en las luchas contra el enemigo. 1 -Tratado de la verdadera devoción, oficio especial de María en los últimos tiempos.

Y además, como expresara Pío XI: Esta Medalla, que representa la imagen de María Inmaculada juntamente con una piadosa invocación, entre otras cosas, preparó oportunamente los ánimos del pueblo cristiano para la inminente definición dogmática de la Inmaculada Concepción, y derramó abundantísimas gracias y milagros abundantísimos. 77


Pío XI, decreto para la beatificación de Santa Catalina Labouré. Al proclamarse el Dogma, exultaba el mundo católico: Ya llegó el día feliz –escribía conmovido San Antonio María Claret a sus diocesanos de Cuba- ya sonó la hora dichosa en que nuestro amadísimo Padre Pío IX ha declarado dogma de fe la Inmaculada Concepción de María Santísima(...) Alegrémonos todos en el Señor y con tierno amor felicitemos a nuestra cariñosa Madre, María, y digámosle con la más fervorosa devoción: Dios te salve Inmaculada María, Hija de Dios Padre. Dios te salve Inmaculada María, Madre de Dios Hijo. Dios te salve Inmaculada María, Esposa de Dios Espíritu Santo. Dios te salve Inmaculada María, Madre y Refugio de los pobrecitos pecadores. Bendita eres entre todas las mujeres. Tú eres la gloria de Jerusalén, Tú la alegría de Israel, Tú el honor de nuestro pueblo (…) Dios ha ensalzado a María y le ha dado un nombre, que después del de Jesús, es sobre todo nombre, a fin de que al nombre de María Inmaculada se postre toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el infierno, y toda lengua confiese que María fue concebida sin pecado original, que María es Virgen y Madre de Dios, y que María en cuerpo y alma está en la gloria del Cielo, coronada por la Santísima Trinidad como Reina de cielos y tierra. San Antonio María Claret, Carta Pastoral a sus diocesanos de Cuba, con motivo de la proclamación de la Inmaculada Concepción de María. El santo obispo estaba testimoniando a sus fieles que se había cumplido solemnemente la visión del capítulo XII del Apocalipsis, que por esto San Juan la vio vestida del Sol (…), con su belleza inefable participada del divino Sol de Justicia que es Jesucristo (…) porque preservada de toda culpa imitó exactamente a su Hijo en la inocencia, poseyendo como poseía Él una total exención de toda mancha, si bien que por diferente modo y distinta razón. De esta suerte se verifica el Oráculo de Isaías, que dice que en el Cielo de la Iglesia la luz de la luna será semejante a la luz del sol; porque en ambos no tuvo parte el pecado; ni en Jesucristo, ni en su Santísima Madre. San Antonio María Claret, ibid.

Y así explica el santo ese momento trascendental de la historia:

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El futuro Papa Pío IX, Beato, verando a Nuestra Señora de Luján, grabado

Dios, en la serie de las edades, señaló con su cetro divino el medio del siglo XIX; éste fue el tiempo pre-ordenado para publicar esta verdad. El objeto es grandioso, la materia es delicada, y ha tenido ocupados a todos los sabios eclesiásticos hasta el presente; es el alma de la devoción de los fieles. Dios dará a su Iglesia un Papa de grande espíritu; será sabio, será pío… Ya tenemos ese Papa; es Pío IX , es Papa de espíritu grande, es Papa sabio, es Papa pío. (1) Cuando Dios dispuso que se fabricase el arca del testamento, escogió a Beseleel, le llenó de su espíritu, de saber, de inteligencia, de ciencia y de toda maestría para trabajar toda especie de labores de oro, plata… (Ex 36,30-32) Sabeos que aquella arca del testamento era figura de María Santísima, arca viva de la nueva alianza con Dios; pues si para fundir el oro y la plata y cortar la incorrupta madera de Setim y formar aquella arca dio tanto saber a Beseleel ¿qué saber habrá dado y con qué virtudes habrá adornado al Beseleel de la ley de gracia para que al oro y la plata de la pureza de María les dé una nueva forma, sin variar la esencia; que presente al pueblo cristiano como un dogma de fe lo que antes era una piadosa creencia, mirando el mérito intrínseco de María Madre de Dios? Nuestro Pío IX apenas se sienta en la Silla de San Pedro empieza esta gran misión a que Dios y su Madre le envían. Se vale de todos los medios que el dictan la prudencia, el celo y la piedad, (…) y pasa a definir …

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En la mañana del 8 de diciembre de 1854”. Así se titula un conmovedor relato del momento de la declaración del dogma de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María: Desde las seis de la mañana, las puertas de San Pedro estuvieron abiertas y, a las ocho, la inmensa basílica ya estaba repleta de pueblo. En la capilla Sixtina, donde estaban reunidos 53 cardenales, 43 arzobispos y 99 obispos, llegados de todo el mundo, tuvo inicio una gran procesión litúrgica que se dirigió hacia el altar de la Confesión, en la basílica del Vaticano, donde Pío IX celebró la Misa solemne.” “Al terminar el canto del Evangelio en griego y latín, el cardenal Macchi, decano del Sacro Colegio, asistido por el miembro de mayor edad del episcopado latino, por un arzobispo griego y uno armenio, vino a postrarse a los pies del Pontífice a implorarle, en latín y con voz sorprendentemente enérgica para sus 85 años, el decreto que habría de ocasionar alegría en el Cielo y el mayor entusiasmo en toda la Tierra. Después de entonar el Veni Creator, el Papa se sentó en el trono y, portando la tiara sobre la cabeza, leyó con tono grave y voz fuerte la solemne definición dogmática. Desde el momento en que el cardenal decano hizo la súplica para la promulgación del dogma hasta el Te Deum, que fue cantado después de la Misa, a la señal dada por un tiro de cañón desde el Castillo de Sant’Angelo –durante una hora, de las once al mediodía– todas las campanas de las iglesias de Roma tocaron festivamente para celebrar aquel día que, como escribe Mons. Campana, “será hasta el fin de los siglos recordado como uno de los más gloriosos de la historia. (…) “La definición del dogma de la Inmaculada Concepción suscitó un extraordinario entusiasmo en el mundo católico en un siglo agredido por el racionalismo y por el naturalismo” y también: “La importancia de este acto no puede pasar inadvertida por nadie. Fue la solemne afirmación de la vitalidad de la Iglesia, en el momento en que la impiedad desenfrenada se vanagloriaba de haberla casi destruido” Todos los presentes afirman que, en el momento de la proclamación del dogma, el rostro de Pío IX, bañado en lágrimas, fue iluminado por un haz de luz que bajó de lo alto. Mons. Piolanti, que estudió los testimonios dejados por los fieles que presenciaron el hecho, afirma, a la luz de su amplia experiencia en la basílica del Vaticano, que en ningún periodo del año, mucho menos en diciembre, es posible que un rayo de sol entre por una de las ventanas para iluminar cualquier punto del ábside donde se encontraba Pío IX , y concuerda con la descripción hecha por la madre Julia Filippani, de las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús, presente en San Pedro con su familia en el momento de la definición, según la cual no era posible explicar naturalmente el extraordinario fulgor que iluminó el rostro de Pío IX y todo el ábside: “Aquella luz –declara ella– fue atribuida por todos a una causa sobrenatural… Tratemos de “escuchar” las palabras del grande Pontífice Pío Nono:

Hemos creído que no debíamos vacilar en sancionar y definir por nuestro supremo oficio la Inmaculada Concepción de la Virgen, para satisfacer así los vehementísimos deseos del orbe católico y nuestra piedad hacia la Santísima Virgen; y para más y más honrar al mismo tiempo en Ella a su Único Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, puesto que en el Hijo redunda todo el honor y alabanza que se dé a su Madre. Por lo cual, después de no haber interrumpido en la humildad y en el ayuno nuestras preces particulares y las plegarias públicas dirigidas por la 80


Iglesia a Dios Padre, por medio de su Hijo para que se digne dirigir y confirmar nuestra mente por la virtud del Espíritu Santo, después también de haber implorado la protección de toda la corte celestial, invocando con sollozos la asistencia del Espíritu Consolador, y sintiendo que Nos inspiraba en este sentido, para honor de la Santa e individua Trinidad, para gloria y dignidad de la Virgen Madre de Dios, para exaltación de la fe católica y triunfo de la Religión Cristiana, por la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y la Nuestra, declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que enseña que la Bienaventurada Virgen María en el momento de su Concepción, por una gracia y privilegio singular de Dios Todopoderoso y por los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, fue preservada inmune de toda mancha del pecado original, es doctrina revelada por Dios y que, por consiguiente, debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles… Beato Pío IX, Bula Ineffabilis Deus,

8 de diciembre de 1854.

Después de la definición del Concilio de Éfeso sobre la divina maternidad de María –escribe aún el teólogo Campana– la historia no puede registrar otro hecho que haya suscitado tan vivo entusiasmo por la Reina del Cielo como la definición de su total exención de culpa En todo el orbe se celebró la proclamación. Toda la Iglesia comprendió que se cumplía la visión de San Juan. Todos sentían a esa Madre y Reina benditísima en medio de su pueblo, consolando, alegrando y protegiendo a sus hijos. Las palabras no alcanzaban para expresar los sentimientos de alabanza que brotaban de los corazones católicos. Ni siquiera la de los mejores poetas: ¡Dios te salve María Inmaculada, de la gracia de Dios favorecida, y con todo el poder de Dios creada, y con todo el favor de Dios henchida, y con todo el amor de Dios amada, la sin pecado original nacida, la sin mácula Virgen coronada! Flor de las flores, adorable encanto, gloria del mundo, celestial hechizo… ¡Dios no pudo hacer más cuando te hizo! ¡Yo no sé decir más cuando te canto! José María Gabriel y Galán A la proclamación dogmática de la Inmaculada Concepción.

1 - Ese Papa que siendo un simple prelado, en viaje a Chile en misiónapostólica, visitó a nuestra querida Virgen de Luján, que jamás olvidó.

En el palacio Vaticano hay una sala que expone gran parte de las ofrendas y recordatorios llegados de todo el mundo como ofrenda en la proclamación del Dogma de la Inmaculada. Muy pronto llegó el tercer acontecimiento: Las apariciones de la Virgen en Lourdes: Apenas Pío IX había declarado dogma de fe católica la Concepción sin mancha de María, en Lourdes se inauguraban maravillosas manifestaciones 81


de la Virgen; lo cual fue, según se sabe, el origen de aquellos templos elevados en honor de la Inmaculada Madre de Dios, obras de gran magnificencia y de inmenso trabajo, donde diarios prodigios, debidos a su intercesión, que proporcionan esplendidos argumentos para confundir la incredulidad moderna. San Pío X, ibid Y es así que hasta el día de hoy, los Pontífices no han dejado de encomiar aquella proclamación al recordarla a la Iglesia, como también mostrar esa manifestación maravillosa de la Madre de Dios la dulce Bernardette. Pío XII, al decretar el primer Año Mariano Universal para recordar y revivir la definición del Beato Pío IX, decía: La Iglesia Católica entera recibió con alborozo la sentencia del Pontífice, que desde hacía tiempo esperaba con ansia, y reavivada con esto la devoción de los fieles hacia la Santísima Virgen, que hace florecer en lo más alto las virtudes cristianas, adquirió nuevo vigor, y asimismo cobraron nuevo impulso los estudios con los que la dignidad y santidad de la Madre de Dios brillaron con más grande esplendor. Y pareciera como si la Virgen Santísima hubiera querido confirmar de una manera prodigiosa el dictamen que el Vicario de su divino Hijo en la tierra, con el aplauso de toda la Iglesia, había pronunciado. Pues no habían pasado aún cuatro años cuando, cerca de un pueblo de Francia, en las estribaciones de los Pirineos, la Santísima Virgen, vestida de blanco, cubierta con cándido manto y ceñida su cintura de faja azul, se apareció con aspecto juvenil a una niña inocente y sencilla, a la que, como insistiera en saber el nombre de quien se le había dignado aparecer, Ella con una suave sonrisa y alzando los ojos al Cielo, respondió : Yo soy la Inmaculada Concepción . Venerable Pío XII, Fulgens Corona,

8 de septiembre de 1953.

Todo es grande en esta manifestación de la Virgen. Hasta el mismo nombre tiene ecos de eternidad, según nos dice Juan Pablo II:

Yo soy la Inmaculada Concepción . De este modo se denominó a sí misma en Lourdes con el nombre que le había dado Dios desde toda la eternidad; sí, desde toda la eternidad la eligió con este nombre y la destinó a ser Madre de su Hijo, el Verbo Eterno. Y, en fin, este nombre de Inmaculada Concepción es mucho más profundo y más importante que el usado por sus padres y la gente conocida, el nombre que Ella oyó en el momento de la Anunciación: “Ave María. Beato Juan Pablo II, 10 de febrero de 1979, Homilía en la Capilla Sixtina.

Bien entendieron esto, como era natural, los fieles”, seguía diciendo Pío XII, que en muchedumbres casi innumerables, acudiendo de todas las partes en piadosas peregrinaciones a la gruta de Lourdes, reavivaron su fe, estimularon su piedad y se esforzaron por ajustar su vida a los preceptos de Cristo, y allí también no raras veces obtuvieron milagros que suscitaron la admiración de todos y confirmaron la religión católica, como la única 82


verdadera dada por Dios. Y de un modo particular lo comprendieron así también los romanos pontífices, que enriquecieron con gracias especiales y favorecieron con su benevolencia aquel templo admirable que en pocos años había levantado la piedad del clero y de los fieles. Siervo de Dios Pío XII, ibid Todos los Pontífices posteriores celebraron cada año el aniversario de las apariciones de Lourdes, y diariamente, al recorrer los jardines vaticanos, saludan a la Virgen en esa gruta que es un “pequeño Lourdes” que se han erigido en su casa. Últimamente Juan Pablo II y Benedicto XVI peregrinaron piadosamente a la verdadera, algo imposible de imaginar en los tiempos de la Aparición. Profesión de fe en la Inmaculada, 1949: Nosotros creemos firmemente en el privilegio de tu Inmaculada Concepción, y proclamamos en alta voz: ¡Eres toda hermosa ¡oh María! Y en Ti no hay mancha alguna. Eres la Inmaculada, y tu vestido es cándido como la nieve, tu rostro brilla como el sol, y admiramos en Ti el resplandor de la luz eterna, y el espejo sin mancha de la divina belleza. Tú, a semejanza del divino Redentor, eres totalmente y bajo todos los aspectos hermosa, porque en Él no puede haber mancha alguna, y Tú eres su más perfecto reflejo.

II

La era de María Levántate, oh Jerusalén, recibe la luz, porque ha venido tu lumbrera, Isaías 60, 1

Según la mayoría de los autores, con la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, precedida y seguida de las dos apariciones mencionadas, comenzó “la era de María”, como la denominó un siglo después el Papa Pío XII: ¿Podemos llamar de otra manera a la época en que vivimos, que tiempo y época de la Virgen Nuestra Señora? No veis en el mundo entero qué lección de amor, de fervor extraordinario, íbamos a decir de santa locura, por la Madre de Dios, por la Medianera de Todas las Gracias, por la Corredentora del género humano, por la divina gobernadora, por la que tiene las llaves de toda gracia, de todo don perfecto, de todo bien que desciende del Cielo? Lo que siempre ha sido verdad, lo que siempre ha sido un dogma católico, se vive ahora más que nunca; es la palpitación de millones de hijos de la Virgen María que la aman, que la veneran, es el triunfo en todas las naciones de Nuestra Señora de Fátima (…) porque Ella ha querido aparecerse recientemente; es Nuestra Señora de Fátima y Nuestra Señora de Guadalupe, Nuestra Señora de Lourdes y Nuestra Señora del Pilar; es la Virgen María, es la Madre de Dios, sea cual sea el título con que se la invoque; es aquella a quien aman los católicos, a quien aclaman hasta el delirio las muchedumbres de cristianos del mundo entero. ¡Es la era de la Virgen María! 83


(…) Si Ella fue siempre el camino para ir a Cristo; si siempre fue verdadero el lema “A Cristo por María”; si siempre fue verdad que se va a Dios por su Madre, que se va a la fuente de todas las gracias por la mediación de ellas: es ahora más verdad que nunca, a lo menos los cristianos lo piensan más que nunca (…); no se trata de una moda, no; es una actualidad celestial; la palabra “moda” es una palabra demasiado profana y demasiado vulgar; es una bendición del cielo, porque los cielos tienen también su tiempo, pues también a Dios le place hacer las cosas en cada época, según su estilo y su modo, y ahora ha querido hacerlas de una manera especial, ingeniándose Él mismo, desde las alturas del Cielo, en complacer cada vez más a su Madre y en ensalzarla cada vez más para que todos los hombres la vean y todos se den cuenta de que Ella es el camino del Cielo. Venerable Pío XII, año 1949, al Director del Secretariado General de las Congregaciones Marianas. El papel histórico de María en estos tiempos. Existe en los tiempos actuales un proceso de secularización, de creciente naturalismo, en que se ha perdido la inteligencia y el sentido de los valores morales más elementales. Hablamos el lenguaje del hombre, pero no el de Dios. Contemplamos una sistemática concatenación de causas segundas históricas, radicalizándose la aversión a Dios. Contra ese poder se levanta en la Iglesia la presencia de la Santísima Virgen, como una gracia especial de la Providencia, para los tiempos que corren. Es eso lo que denominamos el papel histórico de María en los tiempos actuales. Hay serios motivos para afirmar que existe en la Iglesia, desde hace aproximadamente 150 años, un movimiento que llamaríamos de promoción carismática de la Maternidad espiritual de María como algo querido por Dios para la salvación de los hombres. Al parecer, el Espíritu Santo está orientando hacia la Iglesia, su Esposa, y quiere que los cristianos todos, en esta hora difícil, aprovechemos de su Maternidad divina. Trátase de un movimiento de la Iglesia, movida en su totalidad -jerarquía y fieleshacia la Madre de Dios y de los hombres. Movimiento carismático, que no es ningún vacío pentecostalismo, sino el fruto de la vida interior de la Iglesia, guiada por el Espíritu Santificador, prometido por el Señor cuando dijo: “Él os lo enseñará todo, y os traerá a la memoria todo lo que Yo os he dicho. (Jn 14, 26). P. Alberto García Vieyra,

El papel histórico de María.

En esta era, además, se cumplieron múltiples hechos marianos. El Papa León XIII, que sucedió al Beato Pío IX, pasó a la historia como el Papa del Rosario, debido a la cantidad de documentos que dirigió a la Iglesia para que sea conocido, amado y recitado fervorosamente. Él estableció el Mes del Rosario y erigió el Santuario Pontificio del Rosario de Pompeya. Sus exhortaciones fueron sabias e insistentes, además, daba el ejemplo personal paseándose por el palacio apostólico rezándolo con un Rosario de gran tamaño. San Pío X, el Papa de la Eucaristía, dio enseñanzas sublimes sobre la Virgen, y como hemos visto, celebró un Jubileo el cincuentenario de la proclamación del dogma. Benedicto XV proclamó a María Reina de la Paz, a quien suplicó el cese de la guerra, cuando, aún ofreciendo su propia vida, ya no sabía cómo lograrlo. La Virgen se apareció en Fátima y le respondió: “la guerra iba a terminar”, con la advertencia que 84


veremos más adelante. Ese mismo día fue consagrado Obispo Monseñor Eugenio Pacelli, que más tarde llegara a la Sede de Pedro con el nombre de Pío XII, y le correspondiera cumplir muchos de los pedidos de Fátima para “instaurar su devoción”. El siguiente Pontífice, Pío XI, convocó al XXXII Congreso Eucarístico Internacional en Buenos Aires, que fuera el más grande de todos los realizados antes y después. Fue una gracia rogada insistentemente a la Virgen de Luján en la Era de María, que fuera concedida por Ella para la Iglesia Universal, para el mundo y para nuestra Patria en particular. Hacia Buenos Aires se dirigieron durante esos días los corazones católicos de todo el mundo y los peregrinos que concurrieron regresaron con un mensaje a sus países, que proclamaba la Realeza Universal de Cristo. Ese Congreso merece un capítulo aparte. El Cardenal Pacelli, que presidiera nuestro Congreso, ya convertido en sumo Pontífice, fue quien realizó solemnemente la coronación pontificia de la ya célebre Imagen de Nuestra Señora de Fátima, y no dudó en ofrecer toda clase de homenajes a la Madre de Dios, entre los que se destacan la proclamación del Dogma de la Asunción, el Primer Año Mariano Universal, la Encíclica Ad Coeli Reginam, sobre la Realeza de María, junto a incesantes homenajes a María Santísima que iluminaba con enseñanzas sobre la doctrina y el culto marianos. Se calculan más de 500 escritos del Papa Pacelli sobre la Virgen Santísima. En nuestro país, la era de María floreció con el Primer Congreso Mariano Nacional de 1947, realizado en Luján, en el que el Episcopado Nacional consagró la Argentina al Inmaculado Corazón de María, acto que fue renovado y completado, podríamos decir, con la entusiasta participación de las autoridades nacionales y provinciales de las autoridades nacionales y provinciales en 1969, esta vez por iniciativa del Presidente Onganía según las insistentes oraciones de comunidades carmelitas de clausura y laicos que lo pidieron al Presidente de la Nación, general Juan Carlos Onganía. Fue éste un solemnísimo acto, donde la Patria quedó consagrada al Corazón de María, Tabernáculo de la Divinidad, en el espíritu de Fátima, por el Jefe de Estado y todos los pastores y todas las autoridades temporales ¡De cuántos males nos habrá salvado nuestra Madre de Luján, en razón de esta renovada entrega a su Inmaculado Corazón! Anteriormente la Gran Misión de Buenos Aires de 1960 renovó el fervor mariano de nuestra Capital, y seguidamente a ella, en nuestra Capital se dio testimonio de la devoción mariana -sobre todo de la juventud- de toda América, en el Primer Congreso Mariano Interamericano, que presidiera el Cardenal Marcello Mimmi como Legado Papal, El Congreso fue realizado en los parques del Palermo, ante un especial monumento inspirado en la Virgen de Luján que, como el de 1934, se realizó cubriendo el monumento de los españoles. Fue otro de los hechos que marcaron una época, donde fue consagrada América a la Santísima Virgen, y nuestra Virgen de Luján fue aclamada y mostrada al mundo desde Buenos Aires, en su primera salida de su Villa desde el Milagro de la Carreta. En esos años se mostró en la Iglesia con toda su saña el nefasto “minimalismo” mariano, que provocó un escandaloso enfrentamiento en el seno del concilio Vaticano II, evidenciado no sólo en violentos debates sino hasta en la negativa de los Padres al pedido expreso y reiterado del Papa Paulo VI de proclamar a María Madre de la Iglesia (1), lo que motivó hacerlo “per sé”, y ofrecerle varios actos de desagravio. Posteriormente Juan Pablo II se esforzó en disipar el menosprecio de las “nuevas” corrientes mariológicas con sus gestos de profunda devoción a la Señora. Este Pontífice fue singular en muchos aspectos, entre ellos por su centenar de viajes a los cinco continentes, peregrinando a los principales santuarios y honrándola devotamente en 85


cada uno de ellos con la ofrenda de la Rosa de Oro o de preciosos Rosarios, consagrando cada pueblo, coronando canónicamente imágenes célebres, y sobre todo dando el testimonio de su oración Fue un Magisterio de gestos, como dice Monseñor Fuentes, de Uruguay, ya que esos gestos fueron transmitidos por los medios a los cuatro puntos cardinales. Un testimonio invalorable para el pueblo fiel al que se pretendió engañar con ideas que despreciaban las glorias de la Virgen en medio de una furiosa iconoclasia, con el fin declarado de que sea olvidada la piedad mariana y eliminado su culto de hiperdulía. El Papa Juan Pablo, desde los comienzo de su Pontificado rezaba el rosario los Primeros Sábados por radiofonía, retomando una tradición iniciada por Pío XII, ahora con medios más avanzados en las comunicaciones. Lo acompañaba una grey que colmaba el Patio San Dámaso del Palacio Apostólico del Vaticano y fieles de muchísimos lugares del mundo. De este modo frenaba el avance de ese minimalismo de doctrina, propiciado por algunos mariólogos y una pequeña parte del clero, confundiendo al resto y frenando a todos, no pudo envenenar al pueblo sencillo, que se sintió apoyado por el propio Papa, al que –desde el momento del anuncio de su elección- se lo identificó como “mariano”, por su primera declaración, su escudo y su lema: Todo tuyo. El Papa polaco invitaba diariamente a su Misa privada, de modo que muchos pudieron acercarse a la intimidad de su vida espiritual, y pudieron venerar al lado del Crucifijo del altar de su Capilla, su icono de la Virgen de Czentochowa. Ese altar, a pesar de la reforma litúrgica, permaneció y permanece hasta la fecha orientado hacia el Oriente. En tanto la Virgen siguió realizando apariciones y manifestaciones por el mundo, y los fieles peregrinaron hacia Ella en multitudes siempre en aumento.

III

La verdadera devoción a María Quien quiera tener a Jesús, debe tener a María. San Luis María de Montfort

Era de María la llamamos, queriendo señalar así estos tiempos en los cuales la devoción a la Madre de Dios ha florecido como nunca se vio en la historia. La Virgen Santísima se prodiga actualmente en manifestaciones de todo tipo, multiplica sus gracias, y guía a sus hijos fieles en la lucha apocalíptica que se va agudizando día a día. Todo esto por voluntad manifiesta del Altísimo. Entre los grandes que brillaron por su fervor mariano a través de los siglos, encontramos al gran poeta de María San Efrén, a su triunfante defensor San Cirilo de Alejandría, al Doctor Melifluo San Bernardo de Clarabal, al propagador de sus glorias, San Alfonso María de Ligorio, al Apóstol de su Corazón, San Antonio María Claret, y a muchos más que signaron cada época de la Iglesia, y luego se proyectaron hacia el futuro. Pero es indudable que, para estos últimos tiempos, el alma mater de los seguidores de la Mujer Vestida de Sol es el maestro de la esclavitud mariana San Luis María Grignión, oriundo de Montfort, una villa de Bretaña, de dónde tomó el nombre con que lo conocemos. 86


Nació el 31 de enero de 1673 y fue bautizado al día siguiente, en la Iglesia parroquial de San Juan, donde dos siglos antes había predicado San Vicente Ferrer, del cual se cuenta que también predicando en un pueblo cercano, la Chèze, profetizó la venida a aquellas tierras de un hombre de Dios y “profeta poderoso”, vaticinio que se cumplió con San Luis María, que llevara a una cumbre nunca alcanzada la devoción a Nuestra Señora, la verdadera, como la llamó él y con él la Iglesia: Tal vez alguno, deseoso de ser devoto de la Santísima Virgen, me pregunte en qué consiste la verdadera devoción a María Santísima. Respondo en pocas palabras que consiste en un gran aprecio de sus grandezas, en un gran agradecimiento a sus beneficios, en un gran celo por su gloria, en una invocación continua de su ayuda, en una total dependencia de su autoridad y en una firme y tierna confianza en su bondad maternal. Hay que guardarse de las falsas devociones a la Santísima Virgen, de las cuales se sirve el demonio para engañar y condenar a muchas almas. No me detendré en describirlas minuciosamente; me basta decir que la verdadera devoción a la Santísima Virgen: 1º, es siempre interior, sin hipocresía ni superstición; 2º, es tierna, sin indiferencia ni escrúpulo; 3º, es constante, sin cambios ni infidelidad; 4º, es santa, sin presunción ni desorden. El amor a la Sabiduría Eterna, II, 215, 216, La verdadera devoción a María. San Luis María enseña la devoción de Jesucristo por su Santísima Madre: Dios Hijo, la Sabiduría eterna, al haberse sometido en todo a María, como a su Madre, le ha otorgado sobre Sí mismo un poder maternal y natural del todo incomprensible, no sólo durante su vida mortal, sino incluso en el Cielo, ya que la gloria no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona. En virtud de la cual, Jesús es en el Cielo, más que nunca, Hijo de María, y María, Madre de Jesús. En este sentido, María tiene autoridad sobre Él, y Él, en cierto modo, le está sumiso, porque así lo ha querido; es decir que María, por su poderosa oración y gracias a la divina maternidad, obtiene de Jesús todo cuanto quiere, lo da a quien quiere y le engendra cada día en las almas que Ella quiere. ¡Oh cuán dichosa es el alma que ha logrado el favor de María! Puede tener la seguridad de poseer pronto la Sabiduría, pues como ésta ama a los que la aman, les comunica a manos llenas sus dones, especialmente el bien infinito que encierra todos los demás, Jesús, fruto de su vientre. El amor a la Sabiduría eterna I, 205-206. En su Tratado de la verdadera devoción a María, ese “misionero poderoso” expresó que

Y también:

Todos los ricos del pueblo, para servirme de la expresión del Espíritu Santo (Sal 44,15), y la explicación de San Bernardo, todos los ricos del pueblo suplicarán vuestro rostro de siglo en siglo, y particularmente al fin del mundo (…) Por María ha comenzado la salvación del mundo, y por María debe ser consumada. María casi no ha aparecido en el primer advenimiento de Jesucristo (…) pero en el segundo debe ser conocida y revelada mediante el Espíritu Santo, a fin de hacer por Ella conocer, amar y servir a Jesucristo, no subsistiendo las razones que llevaron al Espíritu Santo a ocultar a su Esposa durante su vida, y a no develarla sino muy poco desde 87


la predicación del Evangelio. Dios quiere, pues, revelar y descubrir la obra maestra de sus manos en estos últimos tiempos . Tratado de la V.D. a la Santísima Virgen, cap. I, art III, 49. En una nota al pie de Benjamín Agüero, que tradujo de los manuscritos originales, se aclara que el santo “quiere decir que esto sucederá particularmente al fin del mundo, y comenzaría pronto; pues bien, el siglo que siguió al del santo, fue un siglo mariano por excelencia”, refiriéndose al siglo XX, aunque debemos precisar que los tiempos de María, que desde la definición del Dogma de la Inmaculada se prolongan hasta nosotros, durante sus primeros cien años colmaron de gozo a la Iglesia por los frutos de esa proclamación, que nosotros creemos ver en la apertura de los Cielos para ofrecer a San Juan la visión que le fuera presentada la Mujer Vestida de Sol, “la Santísima Madre de Dios gozando ya de la eterna felicidad, y, sin embargo, en los dolores de un misterioso alumbramiento (Ap. 12, 2), el de nosotros, que, retenidos todavía en este destierro, tenemos necesidad de ser engendrados en el perfecto amor de Dios y en la eterna felicidad”, como lo expresa el Papa San Pío X, agregando: “los dolores del parto, señalan el ardor y el amor con que María vela sobre nosotros desde su trono en el cielo vigila con asiduas oraciones aumentar el número de los elegidos.” Desde entonces, ese tiempo privilegiado, por ser de María, nos depara la vivencia de los sufrimientos del ataque que el Dragón quiere hacer a la Mujer para devorar a su Hijo (Ap 12, 3,4), la huida al desierto, y las acechanzas a sus seguidores, hecho éste, que no vivió dicho traductor, y que el santo profetiza con claridad asombrosa: …He dicho el fin del mundo, y pronto, porque el Altísimo, con su Santa Madre deben formarse grandes santos que sobrepujarán tanto en santidad a la mayoría de los otros santos (…) Almas grandes, llenas de gracias y de celo, que serán elegidas para oponerse a los enemigos de Dios, que se estremecerán de todos lados, y serán singularmente devotas de la Santísima Virgen, esclarecidas por su luz, nutridas por su leche, conducidas por su espíritu, sostenidas por su brazo y guardadas bajo su protección (…) Con una mano combatirán, derribarán, aplastarán a los herejes, a los cismáticos con sus cismas, a los idólatras con sus idolatrías, y a los pecadores con sus impiedades; y con la otra mano edificarán el templo del verdadero Salomón, y la ciudad de Dios, es decir a la Santísima Virgen, llamada por los Santos Padres “el templo de Salomón” y “la ciudad de Dios”. Ellos llevarán a todo el mundo, por sus palabras y sus ejemplos, a su verdadera devoción, lo que les atraerá muchos enemigos, pero también muchas victorias y glorias para Dios solo (…) Tratado de la V.D. a la S.V.M, Cap. I, art. II, 46,47,48. Y más adelante, agrega: …el poder de María sobre todos los diablos brillará particularmente en los últimos tiempos, en los que Satanás pondrá asechanzas a su talón, es decir, a sus humildes esclavos y a sus pobres hijos, que Ella suscitará para hacerle la guerra. Ellos serán pequeños y pobres según el mundo, y abatidos delante de todos, hollados y perseguidos como lo es el talón respecto de los otros miembros del cuerpo; pero en cambio, serán ricos en gracia de Dios, que María les distribuirá abundantemente; grandes y realzados en santidad delante de Dios, superiores a toda criatura por su celo animado, y tan fuertemente apoyados por el socorro divino, que con la humildad de su talón, en unión con María, aplastarán la cabeza del diablo y harán triunfar a Jesucristo. Tratado de la V.D a la S.V.M. Cap. I, art. II, 54. 88


El santo muestra que la era de María continuará: En fin, Dios quiere que su Santa Madre sea al presente más conocida, más amada, más honrada que nunca, lo que sucederá, sin duda, si los predestinados entran con la luz y la gracia del Espíritu Santo en la práctica interior y perfecta que yo les descubriré. Entonces ellos verán claramente, tanto como lo permite la fe, a esta hermosa Estrella del Mar, y llegarán a buen puerto a pesar de las tempestades y de los piratas, siguiendo su guía, conocerán las grandezas de esta Soberana y se consagrarán enteramente a su servicio como sus súbditos y esclavos de amor; experimentaran sus dulzuras y sus bondades maternales, y la amarán tiernamente como hijos suyos bienamados; conocerán la misericordia de que está llena, y la necesidad en que están de su auxilio, y recurrirán a Ella en todas las cosas como a su querida abogada y medianera junto a Jesucristo; sabrán que Ella es medio y el camino más seguro, más fácil, más corto y más perfecto para ir a Jesucristo, y se entregarán a Ella con cuerpo y alma, sin partición, para ser totalmente de Jesucristo. Tratado de la V.D a la S.V.M. Cap. I, art II, 55. El santo enseña la verdadera devoción a María, que no es otra que seguir el camino que usó el Verbo Eterno para llegar a nosotros, queriéndose encerrar en el seno inmaculado de María para ser formado por Ella, y de esa manera ser esclavo de amor suyo, pues bien sabemos que no hay otra dependencia más plena y absoluta de un ser humano de otro que la del hijo en el vientre de su madre. Eso es lo que quiso vivir Nuestro Señor: Hacerse dependiente por completo de María, y eso es lo que llama, inspirado por el Espíritu Santo, la esclavitud mariana. Esclavitud de amor que quiso el Señor al Encarnarse y venir a nosotros. Esclavitud de amor es la que nos ofrece para imitarlo y seguirlo hacia la gloria. Ésa es la devoción que nos enseña: “Hacer todo por María, con María, en María y para María”, para que sea hecho todo “por Jesucristo, con Jesucristo, en Jesucristo y para Jesucristo” San Luis María había escrito, respecto al furor del maligno ante sus enseñanzas: Veo muchas bestias convulsas que vienen furiosas para desgarrar con sus dientes diabólicos el presente escrito, y a aquél de quien el Espíritu Santo se ha servido para escribirlo, o, por lo menos, para envolverlo en las tinieblas y el silencio de un cofre, a fin de que no aparezca… Tratado de la V.D. a la S.V.M., Cap. III, Artículo I, 114. Esta profecía, también se cumplió al pie de la letra. San Luis María murió en 1716, y uno de los sacerdotes de su Congregación, el RP Pedro Rautureau, encontró en 1842 este Tratado en Saint Laurent-sur-Sevre. “Nótese que por una providencia especial, aunque todas las hojas del manuscrito estuviesen separadas unas de otras, todas, sin embargo estaban en su lugar y bien conservadas” .El Superior General RP Dalin, en el momento del descubrimiento, reconoció la escritura que conocía perfectamente por haber estudiado los otros libros del Santo. Además fue enviado al Obispo de Luçon, quien por sus expertos, por comisión apostólica, lo reconoció bajo juramento y lo remitió a Roma ese mismo año de 1842, y la Santa Sede, por decreto del 7 de mayo de 1853, lo recibía como absolutamente auténtico a los efectos del proceso de su canonización. (datos tomados de la Introducción a la edición fototípica, Roma 1942) Decíamos antes de los indecibles hechos que Dios suscitó en estos tiempos a fin de manifestar a su Madre, que a su vez se brindó de manera especialísima a nosotros, sus hijos pecadores. La devoción enseñada por San Luis María Grignión de Montfort sin duda por voluntad divina es la que impregna toda esta era de María que estamos viviendo, y una prueba de ellos es que el Tratado fue aprobado por la Santa Sede como 89


auténtico el 12 de mayo de 1853, sólo un año y medio antes de la proclamación del Dogma de la Inmaculada, cuando se manifiesta la Mujer Vestida de Sol y comienzan estos tiempos de María, con las glorias y la lucha de las visiones apocalípticas. Los Papas y la santa esclavitud Desde el momento del hallazgo y conocimiento del Tratado, y, al menos hasta la canonización de San Luis María, mostraron su aprecio y ponderación al mismo y a su autor todos los Sumos Pontífices: El Beato Pío IX, León XIII, San Pío X, Benedicto XV, Pío XI y Pío XII. Siguió la crisis de que hablaremos más adelante (La Mujer que huye al desierto) y llegó Juan Pablo II con la misión de volverla a mostrar a toda la Iglesia con su escudo y su lema, tomado precisamente de la Consagración enseñada por San Luis María: TOTUS TUUS (Totus tuus ego sum, et omnia mea tua sunt - Soy todo tuyo y todo lo mío es tuyo) El Beato Pío IX, poco tiempo después del hallazgo del Tratado, “agradecía la dedicatoria de un libro que recomendaba la verdadera Devoción, y dirigía a su autor la Bendición más paternal, añadiendo que era la mejor forma de de devoción a la Santísima Virgen.” (Introducción a la edición al Tratado en edición fototípica de 1942) León XIII beatificó al maestro de la santa esclavitud y afirmó deber algo de su celo en predicar el Rosario en 22 documentos, de los cuales 12 son Encíclicas. Concedió indulgencia plenaria para el acto de la Consagración a la Santísima Virgen que propone San Luis María, pero hay un testimonio conmovedor: “El ilustre Papa expiró renovando, él mismo, esta Consagración a María e invocando al Beato L.M.de Montfort”. (Regina dei Cuori, octubre de 1923). San Pío X no sólo aprobó la asociación de Sacerdotes de María y la enriqueció con privilegios, sino que se hizo inscribir en ella, como antes lo había hecho en la Compañía de María, Reina de los corazones.

Dice el RP Mura, en “Le Corps mystique du Chist II” Pío X ha puesto en relieve sorprendentemente la doctrina de la mediación universal de María y su Maternidad espiritual en su bella Encíclica “Ad diem illum” que no es en sustancia sino una transposición del libro de la Verdadera Devoción del Beato Montfort. El santo Pontífice, por otra parte, era ferviente admirador del célebre tratadito…así pues, se encuentra en esta Encíclica mariana, no sólo los pensamientos más familiares del gran servidor de María, sino, a menudo, hasta sus mismas expresiones. En otra ocasión manifiesta: …encarecidamente recomendamos el Tratado de la Verdadera Devoción a la Bienaventurada Virgen María del Beato Montfort, admirablemente compuesto, y a los que lo lean muy cordialmente les impartimos la Bendición Apostólica. Día 27 de diciembre de 1908, Pío PP X. Benedicto XV, el 19 de abril de 1916 recuerda a los hijos espirituales de Montfort su especial vocación de propagar el culto de Nuestra Señora: “Muy apto , en verdad, para la obtención de esta tarea, es aquel libro de suma suavidad y máximo peso, que 90


él mismo compuso sobre la Verdadera devoción la Santísima Virgen, que os dejó, para ser expuesto celosamente a los pueblos…” Pío XI, por medio de su Secretario de Estado, el Cardenal Pacelli, luego Pío XII, envió en junio de 1930, una Bendición especial para la traducción alemana que venía a enriquecer la imponente serie de traducciones del Tratado, hechas en diversas lenguas: “El Santo Padre se complace, esperando que crezca y se fortifique, con el amor a María y de su Divino Hijo, una devoción a toda prueba para con la Iglesia de Cristo y su Cabeza visible, en todos los que la Providencia quiera guiar por los escritos tan ricos en los mejores frutos, del Beato.” El Siervo de Dios Pío XII - entre las innumerables ediciones del Tratado de Montfort, la más importante ha sido la reproducción fotográfica del manuscrito hecha en 1942, en el centenario de su descubrimiento. La misma tiene una presentación manuscrita del Papa Pío XII, quien, en el discurso que pronunció al conceder el decreto para la canonización del entonces Beato Montfort, lo compara a su compatriota San Bernardo, “aludiendo, sin duda, en esta comparación a la doctrina mariana” dice el Padre Nazario Pérez. Cinco años después, el 20 de julio de 1947 canonizó a San Luis María, afirmando en la homilía: “Es el guía que conduce a María y por María a Jesús”. En su discurso posterior a los peregrinos, decía: “Todos los santos, sin duda, han sido grandes siervos de María y todos le han llevado almas, pero él es uno de los que han trabajado más ardientemente y más eficazmente a hacerla amar y servir.” El Beato Juan Pablo II Pasó a la historia como el Papa Todo de María, lema que sintetiza la santa esclavitud mariana. El Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen lo conoció por indicación de su director espiritual siendo obrero en Cracovia. Desde entonces fue su libro de cabecera La santa esclavitud mariana era la meditación diaria del Papa Juan Pablo II. (Nota personal: Quien esto escribe tuvo la gracia de asistir a la Misa privada de Juan Pablo II, y, al entrar en la Capilla Papal pudo ver a menos de un metro de distancia, el Tratado de la verdadera Devoción a María en el reclinatorio del Papa, que había usado en su preparación al Santo Sacrificio). Juan Pablo II nombró al santo en su encíclica Redemptoris Mater, peregrinó a su tumba y ante ella se postró orando largamente en silencio. Además guió con su palabra a los montfortanos. Ésta es una de sus enseñanzas: …Toda la espiritualidad que enseña Montfort deriva de la Trinidad y lleva a ella. Impresiona su insistencia en la acción de las tres Personas divinas en relación con María. Dios Padre "dio a su Hijo único al mundo sólo por medio de María" y "quiere tener hijos por medio de María hasta el fin del mundo" (124, 16 y 29). Dios Hijo "se hizo hombre por nuestra salvación, pero en María y por medio de María" y "quiere formarse y, por decirlo así, encarnarse día a día, por medio de su amada madre, en sus miembros " (Ib.16 y 31). Dios Espíritu Santo "comunicó a María, su Esposa fiel, sus dones inefables" y "quiere formarse, en ella y por medio de ella, a elegidos" (Ib.25 y 34).

Otros testimonios sobre el Tratado y su autor: “Si se persevera en a práctica de devoción enseñada por el Santo, ella puede conducirnos a las más profundas de las gracias de unión con Dios” (RP Nicolás OP)

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“Este libro puede ser considerado como el fruto de una madurez poco común en la ciencia teológica y en la santidad. Su enseñanza hinca raíces en los fundamentos del cristianismo; se aviva en las fuentes de la tradición más antigua y más pura, y, aún para lo que lo distingue, se abona con lo que el dogma o el ascetismo tienen de más autorizado” (P. Lhoumeau SMM) “Montfort es el sintetizador y el apóstol de la piedad mariana que lleva su nombre, y nada más. Su doctrina es católica, en toda la amplitud de la palabra y tiene su raigambre en la Tradición y en la Escritura. No ha hecho más que presentarla bajo una luz nueva, trabajando armónicamente los diversos elementos que la integran, con la fuerza de su pensamiento de teólogo y de santo, que ambas cosas fue el Beato Grignión. (Cardenal Gomá y Torrás) “Este partidario (Montfort) de la santa locura evangélica es el autor más sabio del más arrebatador opúsculo mariano que se pueda leer. (…) La doctrina que contiene fue aprobada por Clemente XI, el Papa de la Bula “Unigénitus”…a quien le pertenece el haber definido, mejor que sus predecesores, la perfecta devoción a María y de haber dado reglas sobre su práctica hasta en los menores detalles” (P .Dillenschneider) “San Luis María de Montfort habla del Misterio de María siguiendo al Apóstol. Escuchándole predicar, con tanta fuerza e inspiración, este misterio que tanto embarga a su corazón, creeríase oír aún a San Pablo predicando a la primitiva Iglesia la insondable riqueza contenida en Cristo.” (P Bernard) “Uno de los más hermosos libros que han sido escritos sobre María”, dice el Padre Garrigou Lagrange “En diez años, el Beato de Montfort había removido tan profundamente la devoción mariana a fines del siglo XVII en estas provincias del Oeste, que los nietos de sus oyentes se levantaron de un salto para defender su fe, llevando sobre el pecho el escapulario del Sagrado Corazón y el Rosario en la mano… Chuanos y vandeanos salvaron así la religión en Francia…” “Si se hiciese un referéndum internacional sobre la pregunta: ¿Cuál es el más hermoso libro escrito sobre la Virgen? estoy seguro que la mayoría de las respuestas darían preferencia este pequeño libro. Es un librito verdaderamente clásico, una verdadera pequeña Suma de Teología Mariana. Es un librito, repetimos, superior a todo elogio, destinado a ser manual de todo verdadero devoto de la Virgen Santísima” (P. Gabriele Roschini, servita, uno de los más grandes mariólogos de los tiempos modernos) Sobre la tumba de San Luis de Monfort se lee: ¿Qué miras, caminante? Una antorcha apagada, un hombre a quien consumió el fuego del amor, y que se hizo todo para todos: Luis María Grignion Monfort. -¿Preguntas por su vida? No hay ninguna más íntegra, -¿Indagas su penitencia? Ninguna más austera. -¿Investigas su celo? Ninguno más ardiente. -¿Y su piedad mariana? Ninguno más cercano a San Bernardo. Sacerdote de Cristo, a Cristo reprodujo en su conducta, y enseñó con sus palabras. Infatigable, tan sólo en el en el sepulcro descansó, fue padre de los pobres, defensor de los huérfanos, y reconciliador de los pecadores. Su gloriosa muerte fue semejante a su vida. Como 92


vivió, murió. Maduro para Dios, voló al cielo a los 43 años de edad.

IV Apariciones y santuarios de María Yo puse mis pies en todas las partes de la tierra; y en todos los pueblos, y en toda nación tuve el supremo dominio, yo sujeté con mi poder los corazones de todos, grandes y pequeños… (Eclo.24, 9-11). En todas partes de la tierra puso sus santísimos pies, ya desde cuando llevó su Pilar a Zaragoza, acompañada por un séquito de Ángeles que le cantaban alabanzas. ¿Quién pudiera calcular los beneficios que ha traído a la humanidad de veinte siglos esa maravillosa aparición? Después de esa visita a Santiago Apóstol, encontramos la primera que ha quedado escrita. Lo hizo fue San Gregorio de Nisa (hermano de San Basilio), en su “Vida de San Gregorio Taumaturgo” que murió en el 268. Narra el escritor que una noche estaba reflexionando acerca de unas cuestiones difíciles relativas a verdades de la fe, sin poder conciliar el sueño. Entonces se le apareció un personaje anciano de aspecto venerable con ropajes propios de una sagrada dignidad, que le manifestó que acudía por voluntad de Dios, para instruirle sobre esos asuntos que preocupaban. Entonces San Juan, el Evangelista, (que no era otro el anciano que venerable), “extendió la mano hacia adelante como para mostrarle algo que de improviso había aparecido. Gregorio, volviendo la vista en la dirección indicada, vio una figura, que era la de una mujer más bella que otra persona humana. Nuevamente conturbado desviaba él la mirada y se sentía lleno de perplejidad; no sabía qué pensar acerca de aquella visión hacia la que no acertaba a dirigir la vista. Lo más extraordinario era que, a pesar de ser noche oscura, brillaba ante él una luz junto a la figura aparecida, como si se hubiera encendido una lámpara muy brillante (…) Se dice que Gregorio escuchó que la mujer aparecida exhortaba al evangelista Juan a que explicase al joven (Gregorio) el misterio de la verdadera fe. Juan, por su parte, se mostró totalmente dispuesto a complacer también en esto a la Madre del Señor, y dijo que lo deseaba de todo corazón. Vida de San Gregorio de Nisa, escrita por San Gregorio Taumaturgo.

En todos los tiempos la Virgen se manifestó con apariciones, aunque también suscitando y guiando a santos (como a Santa Brígida, o a Santa Matilde); o pidiéndoles que colaboren con su solicitud a favor de sus otros hijos (Como a Don Bosco, a Don Orione o al Padre Pío); protegiendo pueblos y ciudades, (como lo hizo con el Milagro de Salta); cambiando el rumbo de la historia que parecía fatalmente dirigida a oscuros objetivos (como lo hizo en la Reconquista de Buenos Aires que había caído en manos del Imperio inglés) ¿Y qué diremos de aquellas que permanecieron en el secreto de claustros o en la intimidad de muchos corazones? 93


En el Tepeyac de México es Ella misma la que entrega su propia Imagen, que sigue maravillando después de siglos. Pero en otros casos son prodigios que obra con sus distintas imágenes, como aquéllas que se encontraron en impensados lugares -donde tal vez muchos años antes fueran escondidas por algún peligro- para renovar su devoción y atraer a otros hijos en determinado momento de la historia (como las hay numerosas en España). En otros casos la Virgen se ha usado de sus imágenes para realizar milagros con un fin, inimaginable en su momento, que tiene guardado en lo profundo de su Inmaculado Corazón. Eso ocurrió con el Milagro de la Carreta de Luján. La era de María que por gracia nos toca vivir, comenzó en la Rue du Bac de París, cuando apareció a la joven novicia Catalina de Labouré para pedirle que haga acuñar una Medalla, que luego la Iglesia llamó “Milagrosa”, extendiéndose por el mundo, Luego del Dogma de la Inmaculada, sería la gruta de Lourdes el lugar privilegiado para que Ella misma dijera: Sí, Yo soy la Inmaculada Concepción… Siguieron La Salette, donde se mostró llorando por los pecados de sus hijos, Pellevosin, Potmain, y así, habiendo nombrado sólo algunas de sus manifestaciones, llegamos a Fátima, lugar elegido para traer un Mensaje no sólo dirigido al pueblo de Dios en general, sino a la jerarquía de la Iglesia en particular, donde anuncia que es designio divino para nuestros tiempos “establecer en el mundo la devoción a su Corazón Inmaculado”. Desde entonces el llamado a recurrir y refugiarse en su Corazón es la repetida recomendación de Nuestra Madre. Y como ha sido y sigue siendo difícil conseguir que se escuchen sus llamados a la oración y la conversión, el pecado avanza y Ella multiplica sus esfuerzos por salvarnos de las garras de Satanás, siempre exhortando desde lo más profundo de su Corazón Materno. Una característica de esta intervención de la Virgen Santísima como la Mujer del Apocalipsis, es que en prácticamente todas sus manifestaciones Ella pide un santuario. Grande o pequeño, o al menos un lugar de oración. El Papa “Todo de María” propició y alentó “la fuerza atractiva e irradiadora” de los santuarios marianos, en los que no sólo los individuos o grupos locales, sino a veces naciones enteras y continentes buscan el encuentro con la Madre del Señor. Éste es el mensaje de la tierra de Palestina, patria espiritual de todos los cristianos, al ser la patria del Señor y de su Madre. Éste es el mensaje de tantos templos de Roma y del mundo entero que la fe cristiana ha levantado a lo largo de los siglos. Éste es el mensaje de centros como Guadalupe, Lourdes, Fátima (…) Jasna Gora. Tal vez se podría hablar de una geografía de la fe y de la piedad mariana que abarca todos estos lugares de especial peregrinación, el cual busca el encuentro con la Madre de Dios . Beato Juan Pablo II, Redemptoris Mater, 28c,

25 de marzo de 1987.

También Benedicto XVI, en su visita a Lourdes, alentó á los numerosos peregrinos que, angustiados por la iniquidad reinante, recurren en busca de consuelo y alivio a la Mujer del Apocalipsis que lucha contra el dragón. Ella no sólo destruye “todas las herejías del mundo universo” sino que es la confidente y consoladora de sus hijos que libran esta lucha con Ella: Estáis viendo, aquí, en Lourdes, como en todos los santuarios marianos, que multitudes inmensas llegan a los pies de María para confiarle lo que cada uno tiene de más íntimo, lo que lleva especialmente en su corazón. Lo que, por miramiento o por pudor, muchos no se atreven a veces a confiar 94


ni siquiera a los que tienen más cerca, lo confían a Aquella que es toda pura, a su Corazón Inmaculado: con sencillez, sin fingimiento, con verdad. Ante María, precisamente por su pureza, el hombre no vacila a mostrarse en su fragilidad, a plantear sus preguntas y sus dudas, a formular sus esperanzas y sus deseos más secretos. El amor maternal de la Virgen María desarma cualquier orgullo; hace al hombre capaz de verse tal como es y le inspira el deseo de convertirse para dar gloria a Dios. Benedicto XVI, alocución antes del Ángelus del 14 de agosto de 2008, en Lourdes. San Cirilo de Alejandría, al inaugurar el Concilio de Éfeso, en medio de interminables alabanzas a la Maternidad divina, exclamaba en una de sus célebres homilías : ¡Salve, oh María, Madre de Dios, por quien son puestos en fuga los demonios; por quien la creatura, caída en el pecado, es elevada al Cielo; por quien toda la creación, sujeta a la insensatez de la idolatría, llega al conocimiento de la verdad; por quien los creyentes obtienen la gracia del Bautismo y el aceite de la alegría; por quien han sido fundamentadas en todo el orbe, todas las iglesias de la tierra; por quien todos los hombres han sido llamados a la conversión…! Y si también emocionaba diciendo: “¡Salve María, por quien se poblaron de iglesias nuestras ciudades!”, hoy el gran Patriarca podría decir: “¡Salve María, por quien se poblaron de Santuarios nuestros países!” y todos podríamos repetir como un eco de Éfeso en nuestros santuarios: “Salve, Santa e inefable Trinidad, que nos congregas para honrar a la Santa Virgen Madre de Dios!”. En esta etapa de la era de María, es cuando se muestra desembozado el ataque del dragón infernal, porque en esta era se cumplirá plenamente el triunfo de la Mujer sobre él, como manifestaba el Cardenal Iván Días en Lourdes: Las apariciones de Lourdes se hallan, en efecto, entre las primeras de la larga cadena de apariciones de la Virgen que se inició 28 años antes, en 1830, en la Rue du Bac, en París, con el anuncio de la decisiva entrada de la Virgen María en el corazón de las hostilidades entre Ella y el demonio, como está descrito en la Biblia, en los libros del Génesis y del Apocalipsis. Y, como veremos más adelante, las apariciones siguen y aumentan increíblemente, todo hace suponer que seguirán hasta que “la Vencedora de todas las herejías del mundo Universo”, y “de todas las batallas de Dios”, triunfe definitivamente para abrir las puertas al Reinado Cristo Jesús. Ya vimos que en los días de Fátima, María Santísima se manifestó como “la Señora del Rosario”, porque por voluntad divina, la guerra y demás castigos por los pecados del mundo, sólo serán detenidos por Ella, con su Rosario. La condición puesta por Dios, Rey de Justicia, es que la Iglesia muestre al mundo el amor y el poder de su Madre. Es Él quien señala el Inmaculado Corazón de María para obtener la paz. Por eso el incansable llamado a la conversión de la Virgen. Y es Él quien la envía a ofrecer esa paz, con la condición de amar, contemplar, y desagraviar ese Corazón del que brotan llamas del fuego inextinguibles, que simbolizan la Caridad de María, ardiente para con el Altísimo, pero también para con nosotros, sus hijos pecadores. La condición para la paz es la devoción de reparación y consagración al Inmaculado Corazón de María. Dios no detiene las consecuencias de la ceguera que lleva al mundo a tan terribles castigos, pero si lo pedimos por su Madre, por el amor de su Inmaculado Corazón, entonces concede todo, Ya lo dijimos, como en Caná. 95


El hombre, en su libertad, aceptará o rechazará la Misericordia que implica este ofrecimiento del Señor que sólo le pide honrar y desagraviar el Corazón de su Madre, Reina de todo lo creado. Esa decisión es presentada al mundo de modo análogo al que hiciera en el Paraíso ante los Coros Angélicos. Hecho que expone así San Maximiliano Kolbe: El Altísimo, al crear los Ángeles, les pidió una prueba de obediencia: Les manifestó la Encarnación y les hizo saber que había de elevar a una criatura humana a la dignidad de Madre de Dios, y como tal habría de convertirse en su Reina y ellos tendrían que venerarla. Así fue que innumerables escuadrones de espíritus angélicos saludaron con gozo a Aquella que el Creador había decidido elevar en modo tan sublime, y rindieron homenaje con humildad a su Señora. Algunos de ellos en cambio, con Lucifer a la cabeza, no quisieron someterse a la voluntad de Dios, y les pareció que un acto tal de veneración iba en detrimento de su dignidad: Se dejaron llevar por la soberbia y se negaron a cumplir la voluntad de Dios. Por esto cayó sobre ellos un castigo inmediato: el alejamiento de Dios, el infierno. He aquí porqué estos Ángeles se convirtieron en demonios, y para siempre. Y el recuerdo de que aquella Criatura los colmó de odio infernal hacia Ella, un odio similar a aquel que sentían hacia Dios, del cual Ella debía ser una imagen tan fiel. Así, ellos volvieron su odio sobre la futura Madre de Dios, la progenitora de la humanidad. Pero Dios, en su misericordia, promete un Redentor al hombre, y a satanás le anuncia que Ella aplastará su cabeza, mientras él pondrá insidias a su calcañar. San Maximiliano Kolbe La Madre de Ágreda nos dice que la Mujer Vestida de Sol era la que, aparecida verdaderamente en el Cielo por voluntad de Dios, que se propuso manifiesta a los buenos y malos Ángeles… aunque de Ella se les había dado noticia, revelándoles el misterio de la unión hipostática, quiso manifestársela por diferente modo en pura criatura y en la más perfecta y santa que, después de Cristo Nuestro Señor, había de criar” y para los Ángeles buenos era como una señal de que, a pesar de la inobediencia de los malos iba a ejecutar el decreto de criar a los hombres, porque el Verbo humanado y aquella mujer Madre suya le obligarían infinitamente más que los inobedientes Ángeles” Y también sería como “arco en el cielo- a cuya semejanza se pondría el de las nubes después del diluvio- para asegurarles que si pecasen como los Ángeles no serían castigados sin remisión, sino que les daría medicina por aquella maravillosa señal” “Fue como decirle a los Ángeles: No castigaré yo de esta manera a las criaturas que he de criar, porque de la naturaleza humana descenderá esta Mujer en cuyas entrañas tomará carne mi Unigénito, que será el restaurador de mi amistad y apaciguará mi justicia y abrirá el camino de la felicidad que cerrará la culpa.” “Y, …aplacado de la ira que Lucifer le había ocasionado, se recreaba con la presencia de la Reina del Cielo, representada en aquella imagen, dando a entender a los Ángeles santos que pondría en los hombres, por medio de Cristo y su Madre, la gracia y dones que los apóstatas, por su rebeldía habían perdido. Venerable María de Jesús de Ágreda,

Mística Ciudad de Dios

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V

María Reina de la Paz El dragón se irritó contra la Mujer, y se marchó a guerrear contra los demás de la descendencia de ella, que guardan los mandamientos de Dios, y mantienen la confesión de Jesucristo. Apocalipsis 12, 17

Todo lo concerniente a la Madre de Dios había florecido dentro de la Iglesia: En el clero, en la vida religiosa, en los seminarios y noviciados, en las parroquias y en el pueblo. La mariología era profundizada a la luz del Espíritu Santo y toda la Iglesia era iluminada por las gracias de la Llena de Gracia. Pero no se notaba abiertamente que el mundo estaba sumergido en el pecado, y las corrientes filosóficas hacían estragos en las clases dirigentes. Y así fue como llegó la Primera Guerra Mundial. El Papa Benedicto XV hizo denodados esfuerzos para detenerla con medios humanos y sobrenaturales, pero todo parecía en vano. Los sufrimientos del Papa fueron indecibles. De una audiencia que concedió al ABC de Madrid, tomamos una anécdota que muestra el estado de ánimo del atribulado Pontífice al ver fracasar sus intentos de paz. Al comentar –ineludiblemente- los horrores de la guerra, Juan José Cadenas de dicho periódico, relata que en ese punto de la conversación la fisonomía de Benedicto XV se transforma. Una nube de tristeza empaña sus pupilas robándoles el brillo. Hasta su voz sufre un cambio rotundo, haciéndose más suave, más dulce: `… ¡Esta guerra es un horror! Y lo que más espanta es la ferocidad con que se combate; lo que no tiene ejemplo es ese procedimiento de destrucción que se emplea en la lucha… Y no se puede hacer nada…´ Sus ojos se humedecen, hay un sollozo en su garganta, lágrimas en su voz. El Santo Padre queda inmóvil, silencioso, con la mirada perdida en el vacío…y me dice: ‘¿Reza, reza ¡La paz ha huido de Europa! Sin embargo, su corazón de Pastor Universal no cesaba de recordar a la Iglesia que María Santísima todo lo puede con sus ruegos, y jamás abandona a sus hijos, por eso instaba insistentemente a la oración de la Iglesia, interponiendo su intercesión en su carácter de “la Omnipotencia Suplicante” : Tan pronto como, aceptado el Sumo Pontificado, nos vimos envueltos en el peligro de la lucha mundial, entendimos inmediatamente que Nos, más que nuestros predecesores, debíamos trabajar principalmente en aplacar la ira divina a favor de la sociedad humana, cuya salvación era muy particularmente de nuestra incumbencia. Así, pues, hemos impuesto al orbe católico oraciones a este fin ordenadas, y no dejamos de implorar la divina clemencia, tomando principalmente por patrona a la Virgen Madre, que, entre los muchos títulos gloriosos que con razón ha recibido, se cuenta el de “la Omnipotencia Suplicante. Benedicto XV, Epístola del 19 de abril 1915. El Papa confiaba en la intercesión de la Virgen y no cesaba de arengar a la Iglesia:

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Dirijámonos todos con confianza al Corazón Doloroso e Inmaculado de María, la dulcísima Madre de Jesús y nuestra, a fin de que por su poderosa intercesión nos alcance de su Divino Hijo el pronto fin de la guerra y la vuelta a la paz y la tranquilidad.

Epístola del 31 de mayo de 1915

Rezad mucho el Rosario. Día y noche levantad vuestros brazos al Cielo, implorando perdón, fraternidad, paz. Y como en otro tiempo cuando el jefe levantaba su brazo vencía el pueblo escogido, así venza ahora, en esta su cruzada indeclinable a favor de la paz, el Padre de los fieles, sosteniendo su brazo mediante las plegarias fervientes de los devotos de María. Epístola del 18 de septiembre de 1915, a la obra del Rosario Perpetuo

Siguieron los esfuerzos y las oraciones, y por fin el ofrecimiento que seguramente esperaba el Señor para que su Madre interviniera en favor del fin de esa terrible guerra: La instauración a nivel mundial del título Reina de la Paz que constituyó una verdadera proclamación, realizada en una carta que, por medio de su Secretario de Estado (como era costumbre entonces) hacía llegar a toda la Iglesia. En ella recordaba el aliento dado por él mismo y su antecesor San Pío X, a la obra de la entronización del Sagrado Corazón de Jesús en los hogares, y la esperanza de que las oraciones de esas familias preparara los espíritus para que sea acogida la invitación a la paz que en nombre del mismo Señor “iba a dirigir, en su augusto nombre, a los pueblos beligerantes”. Menciona “el ardor con que “las familias cristianas y los soldados de los diversos ejércitos combatientes ofrecieron a Jesucristo a partir de aquel día”, que lo “animó a levantar más alto el grito paternal de paz”, y por fin señaló a los pueblos “la única vía para arreglar sus divergencias con honor y en beneficio de cada uno de ellos”. Los conjuramos, en nombre de Dios y de la humanidad a que abandonasen los proyectos de mutua destrucción, llegando a una equitativa conformidad. Pero aquel día y los que siguieron, nuestra voz, que clamaba con ansiedad para que cesase el espantoso conflicto, suicidio de la Europa civilizada, quedó sin eco. La sombría marca del odio desbordante entre las naciones beligerantes pareció subir más alto aún, y la guerra, envolviendo a otros países, en su horrible torbellino, multiplicó las ruinas y la mortandad. Sigue luego la carta del Papa diciendo que no desmayó su confianza, y “en la indecible pena de nuestra alma y entre lágrimas amargas que derramamos con atroces dolores” manifiesta la esperanza “de que no esté lejano el suspirado día de que los hombres, hijos del mismo Padre, vuelvan a mirarse como hermanos”. Exhorta a rezar con fervor a Jesús especialmente en el mes dedicado a su Sagrado Corazón, y agrega entonces un reconocimiento de María como Medianera de todas las gracias: Y porque todas las gracias que el Autor de todo bien se digna conceder a los pobres descendientes de Adán, por un amoroso designio (1) de su divina Providencia son dispensadas por la Santísima Virgen, queremos que en esta espantosa hora se vuelva más que nunca hacia la Madre de Dios el vivo y confiado ruego de sus hijos muy afligidos. Y fundamentando así ese título de Nuestra Señora, el Papa manda que la invocación que dos años antes había permitido añadir a los obispos en forma temporal, quede 98


definitivamente introducida en la culminación de las tradicionales Letanías Lauretanas: “Regina Pacis, ora pro nobis: Reina de la Paz, ruega por nosotros”. El nombre de estas Letanías se debe a que nacieron hace siglos -posiblemente en el 1500- y se rezan desde entonces en el santuario de la Santa Casa de la Virgen, llevada por los Santos Ángeles a Loreto, en Las Marcas de Ancona, Italia: En el origen de esa advocación, hay un hecho celestial y prodigioso que se remonta al siglo VII: El 18 de diciembre del año 645, pasada la medianoche, terminado el IX Concilio de Toledo, su arzobispo San Ildefonso, ferviente devoto de la Virgen María, en compañía de algunos colaboradores, se dirigió a la Catedral para cantar los maitines. Al entrar, se produjo en el altar un resplandor irresistible a los ojos corporales. Los acompañantes del arzobispo huyeron asustados, pero él avanzó resueltamente y vio a la Santísima Virgen, que había descendido del Cielo y estaba sentada en su cátedra episcopal. La Madre de Dios habló con dulces palabras a su fiel servidor y promotor de la fe en su Inmaculada Concepción, le entregó una casulla, conservada en esa Catedral hasta que desapareciera. Por este particular beneficio, a su muerte ocurrida el 23 de enero de 667, la Iglesia de Toledo decretó que el 24 de enero se celebrase solemnemente en todo el arzobispado, el memorable descenso de la Virgen María a la Iglesia Catedral. Este hecho es un anticipo de la advocación de Nuestra Señora de la Paz que le es dada a la Virgen Santísima a raíz de un singular acontecimiento ocurrido en el año 1085, cuando Alfonso VI, el Bravo, rey de Asturias y León, reconquistó Toledo de los moros. Una de las condiciones del tratado de paz, fue que el templo principal de la ciudad quedase para los moriscos (los moros que permanecieron en España después de la Reconquista) como mezquita. El rey Alfonso firmó el tratado y se ausentó, dejando a su esposa, la reina Constanza, como gobernadora. Los cristianos se indignaron al saber que esa iglesia, consagrada a la Santísima Virgen y lugar del milagro que prodigó a San Ildelfonso, quedara en manos de los infieles, aún cuando la ciudad entera se les había restituido. Por ese motivo se quejaron ante el arzobispo Rodrigo y ante la reina Constanza, quienes compartieron su horror de que la Catedral de la Virgen sirviese para los cultos a Mahoma y apoyaron sus peticiones. Alentados por aquella tácita autorización, los cristianos trataron de apoderarse de la Catedral con gente armada. Los moros, mayores en número, ante el ataque, tomaron las armas y, juzgando que el rey quebrantaba el tratado, se lanzaron contra los cristianos. El combate se entabló frente a la Catedral y no cesó hasta que la reina y el arzobispo se presentaron en el campo de batalla para aclarar que el ataque se había lanzado sin saberlo el rey. Inmediatamente, los moros enviaron embajadores al rey para denunciar el atentado, y Alfonso volvió rápidamente a Toledo, con el firme propósito de hacer un escarmiento a la reina, el arzobispo y los cristianos por haber quebrantado su real palabra. Cuando los cristianos de la ciudad tuvieron noticia del enojo del rey, salieron a su encuentro en procesión, encabezada por el arzobispo, la reina y su hija única. Pero ni las súplicas de aquellos personajes, ni los ruegos del pueblo para que los perdonase, dado el motivo que los animó al ataque -tributar culto al verdadero Dios y a su Santísima Madre en la gran iglesia de Toledo- consiguieron que el monarca accediese a faltar a la 99


palabra que había empeñado. Don Alfonso anunció a los solicitantes que la Catedral quedaría en poder de los infieles, como lo había prometido. Fue en ese momento se produjo un acontecimiento extraordinario, que todos tomaron como una señal de que Dios había escuchado tantas plegarias. Los moros consideraron el peligro a que se exponían si mantenían el culto a Mahoma en la Iglesia principal de aquella ciudad cristiana y enviaron al encuentro del rey una comitiva de sus jefes. Los embajadores salieron de Toledo y, postrados ante Don Alfonso, le suplicaron que perdonase a los cristianos y prometieron devolverle la Catedral. Grande fue el regocijo del rey y el de su pueblo, que vieron en aquella solución inesperada una obra de la Divina Providencia. El monarca ordenó entonces, con el beneplácito del arzobispo y de todos los fieles que, al día siguiente, 24 de enero, se tomase posesión de la Catedral y se hiciesen celebraciones especiales en honor de la Virgen María de la Iglesia Metropolitana, a la que, por haber restablecido la paz en la fecha de su fiesta, se la veneraría en adelante con el nombre de Nuestra Señora de la Paz. Desde aquel 24 de enero de 1085 hasta hoy, se realizan en Toledo magníficas celebraciones y espléndidas procesiones en su honor. El día 23 es el día en que se celebra el “Descendimiento de la Virgen con la casulla para San Ildelfonso” María es Reina de la Paz por su íntima y estrecha relación y cooperación con el Hijo, “Príncipe de la Paz” (Is. 9,6), en la reconciliación o “paz” entre Dios y los hombres, que Él realizó, María ha sido venerada cada día más como “Reina de la Paz”, especialmente por estos tres motivos: -En el misterio de la Encarnación, la humilde esclava del Señor, al recibir el anuncio del ángel Gabriel, concibió en su seno virginal al Príncipe de la Paz (cf. Lc. 1,26-38), el cual nos devolvió la paz, reconciliando consigo el cielo y la tierra. -En el misterio de la Pasión, María es la Madre fiel que se mantuvo intrépida, en pie, junto a la cruz donde el Hijo, para salvarnos, pacificó con su sangre el universo. -En el misterio de Pentecostés, la Santísima Virgen es la Intercesora de la paz que, orando con los Apóstoles, esperó el Espíritu de la paz, de la unidad, de la caridad y del gozo. A lo largo de los siglos esas Letanías, las más tradicionales de la Iglesia, han sido muy apreciadas y recomendadas por los Papas. Y no sin un motivo de suma importancia se agrega alguna invocación. El Papa había reconocido así que era necesario dirigirse a Jesucristo por medio de su Madre ya que “todas las gracias, por un amoroso designio de su divina Providencia son dispensadas por las manos de la Virgen Santísima”. Y así fue confirmado por el Cielo: Jesucristo mostró en tal dramático momento, cuando “Europa se suicidaba” que sólo escuchó esas oraciones, dirigidas a su Sagrado Corazón, porque eran ofrecidas por medio de su Madre, la Dispensadora de todas las gracias. La enseñanza de Caná nos ilumina para comprender esta decisión: El Señor no iba a detener el castigo de la guerra, era su Divina Justicia la que lo permitía, pero al rogarlo su Madre, como Hijo perfectísimo, no podía negarlo. Era necesario que su Iglesia la reconozca en esa condición de Medianera ante Él. Así lo hizo el Papa. Benedicto XV firmó su carta el 5 de mayo de 1917. Ocho días después la Virgen se aparecía a los niños en la Cova da Iría, Fátima. Lo hizo con premura, como cuando visitó a su parienta Isabel. Ya estaba empeñada en la lucha 100


apocalíptica. Venía “rodeada de un esplendor más brillante que el sol” a responder al Papa y a toda la Iglesia que la invocó:

La guerra va a terminar, pero, si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor…(Fátima, 3ª aparición, 13 de julio de 1917) Como testimonio de su agradecimiento a la Virgen Santísima el Papa Benedicto XV entronizó en Santa María la Mayor -el primer templo mariano del mundo- para veneración y reconocimiento de las generaciones futuras, una espléndida escultura en mármol de Carrara, en la que se la ve con el Niño Jesús, en su condición de “Reina de la Paz y Soberana del Universo”, realizada por el célebre escultor Guido Galli, Benedicto XV, que ya estaba vinculado para siempre con la Mediación de María -Él estableció la fiesta de María Medianera de todas las Gracias, el 31 de mayo- quedó también unido al título que hoy se repite en todo el mundo: María Reina de la Paz. Efectivamente, a casi un siglo de su proclamación es invocado por toda la redondez de la tierra con ansiosa esperanza. Así nació el título de María Reina de la Paz, expresamente fundamentada por el Sumo Pontífice en la condición de la Madre de Dios como Medianera de todas las Gracias. Y con ese título, desde las postrimerías del siglo pasado se manifiesta la Virgen Santa desde Medjugorje (Bosnia Hersegovina), con mensajes de paz para el mundo entero. Es éste el punto central de su mensaje, en un mundo que cada vez se aleja más de la paz verdadera, dada sólo por Dios. El pedido de María en Medjugorje es simple y claro: la oración -sobre todo el Rosario- el ayuno, la confesión, la Eucaristía y la lectura de la Palabra de Dios, son los caminos ineludibles para encontrar la conversión. Durante más de tres décadas de apariciones, no se cesó la Virgen de enseñar a pedir que se ruegue y se trabaje por la paz:

¡Queridos hijos! Hoy os invito a todos a orar por la paz y a testimoniarla en vuestras familias, a fin de que la paz se convierta en el tesoro más grande en este mundo sin paz. Yo soy vuestra Reina de la Paz y vuestra Madre. Deseo conduciros por el camino de la paz que solamente proviene de Dios. Por eso, orad, orad, orad. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado! (Medjugorje 25/4/2009) La paz es un don precioso de Dios. Es lo que busca el hombre consciente o inconscientemente, aunque sus esfuerzos vayan en c ontra de esa búsqueda. La condición esencial para la paz es la oración. En la Liturgia se nos dice: ¡Pax Domini sit semper vobiscum! -“La paz del Señor esté siempre con vosotros”, y nosotros respondemos “Et cum spíritu tuo” “Y con tu espíritu”. En el prefacio de la fiesta de Cristo Rey, el sacerdote proclama las características del Reino de Cristo “Reino de verdad y vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz”. Todas las liturgias de la Iglesia tienen en sus plegarias el pedido de la paz, de esa paz que fue prometida en la Santa Noche de Belén: “¡Paz a los hombres de buena voluntad!” (Lc.2, 14). Pero nótese bien, la paz es anunciada a los hombres que tengan buena voluntad. Voluntad significa “la facultad del ser humano para gobernar sus actos, decidir con libertad y optar por un tipo de conducta determinado” (4). El anuncio de la Nochebuena está dirigido pues a los hombres que decidan libremente gobernar sus actos en pro de una buena conducta, buscando el bien. En el mismo momento en que nace el Verbo humanado los Ángeles cantan al Altísimo y a la paz de los hombres que 101


Él viene a traerles, perdida por el pecado. Solamente la puede traer Él, que fue anunciado y es llamado “Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”. “Is. 9:6) Es necio, por lo tanto, hablar de paz, tanto en Navidad como en cualquier momento o circunstancia, si no hay “buena voluntad”. Y eso se hace en forma habitual en los ambientes mundanos. El hombre de hoy desea, pide, ofrece, promete la paz, discute sobre ella, sin tener en cuenta la condición que exige Dios, que en pocas palabras, con cantos de júbilo, hacen manifiesta los Coros Angélicos. Sin embargo, después de dos milenios de esa Noche, gran parte de la humanidad sigue buscando la paz en otras cosas, la mayoría falsas o abiertamente malas. ¿cuál es el motivo? A poco que reflexionemos lo veremos claro: El maligno, sigue engañando a los hombres, que, a causa de su frialdad en el trato con Dios -falta de oración- o permaneciendo en actitud de rechazo a Él, caen en el engaño. Para salvarlos de ese engaño y librarlos de las garras de satanás es que aparece en el mundo y en la historia la Mujer Vestida de Sol, la que con la luz emanada de la divinidad con que ha sido vestida por su Hijo, ilumina las mentes y vivifica las voluntades para que los hombres busquen a Dios. Esa Mujer es la Reina de la Paz.

¡Gloria a Dios en las alturas y Paz a los hombres de buena voluntad! . Es muy lamentable, por lo tanto, que en la liturgia se haya cambiado esta parte del canto evangélico, propio de la noche sacratísima de la Natividad, por otra que no es correctamente bíblica, porque no es lo que cantaron los coros angélicos. La frase cambiada es, estrictamente hablando “una traducción que no responde ni al griego, ni al latín ni siquiera al francés” del cual parece se ha intentado copiar, como lo desarrolla González Fernández (5)Uno de tantos cambios que provocan la confusión actual. La Misa tradicional, sin embargo la conserva y lo canta jubilosamente. Como la conserva el Papa Benedicto XVI, que nos dice "Si la paz es la aspiración de cada persona de buena voluntad, para los discípulos de Cristo ésta es un mandato permanente que compromete a todos”. Discurso del Papa Benedicto XVI en el Día Internacional de la Paz 2006. 1- Juan José Cadenas- ABC, Madrid, Nos 3655 y 3656. 2 - “por ministerio angélico”, expresa, confirmando la tradición Lauretana, el Beato Pío IX, en su Bula Inter Omnias. 3 - Carta Pastoral del Obispo de Leiría, Monseñor D. Alves Correia da Silva, reconociendo como sobrenaturales las apariciones de Fátima, 13 de octubre de 1930. 4 - Definición de voluntad según el Diccionario de la Real Academia Española 5 -Transmisión de la Palabra, dice Enrique González Fernandez: “Sobre el Gloria. La versión española dice “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”. Las últimas palabras son sintácticamente incorrectas. Resulta chocante por qué no se ha traducido bien el texto original latino: Gloria in excelsis Deo et in terra pax hominibus bonae voluntatis (Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad). Como es sabido, el comienzo del Gloria es una repetición de lo que decían los ángeles en Belén después de nacer Jesús. Las palabras aparecen en el Evangelio según San Lucas (2, 14): Dóxa en hypsístois Theô kai epi gês eiréne en anthrópois eudokías (Gloria en lo más alto a Dios y sobre la tierra paz entre los hombres de su buena voluntad). Eudokías es un genitivo que se refiere a Theô, no a anthrópois, lo cual significa “de la buena voluntad” o “de la benevolencia” de Dios. La

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traducción comprensible del griego sería “a los hombres en quienes él se complace”; la traducción latina dice “a los hombres de buena voluntad”, que para el caso es lo mismo, porque Dios se complace en los hombres de buena voluntad, que cumplen la voluntad divina, como aquellos pobres pastores de Belén —que no eran precisamente fariseos—, pero no se complace en los hombres de mala voluntad. La traducción española “a los hombres que ama el Señor” contiene también una incorrección gramatical porque en español el complemento directo, cuando se refiere a personas, debe ir precedido de la preposición “a”. Habría que decir, entonces, “a los hombres a quienes ama el Señor”. Pero incluso esto está mal, porque Dios ama a todos los hombres, aunque se complace verdaderamente en los de buena voluntad. ¿A qué se debe entonces esa introducción del verbo “amar” —mal empleado— frente al concepto “buena voluntad”? ¿Y por qué se ha introducido este sujeto redundante: “el Señor”? Justamente aquí se prueba que la versión española no constituye una traducción directa del texto típico latino, sino de la versión francesa, que dice: “Gloire à Dieu, au plus haut des cieux, et paix sur la terre aux hommes qu'il aime” (Gloria a Dios, en lo más alto de los cielos, y paz sobre la tierra a los hombres a quienes ama). La traducción “a los hombres que ama el Señor” es un galicismo inadmisible: en francés el complemento directo, aun referido a personas, no va precedido de la preposición “à”. De todo lo cual se desprende que el trascriptor del francés —no del latín— hizo esta primera traducción: “a los hombres que él ama”. Al suprimir el pronombre “él”, añadió la coletilla “el Señor”. Es decir, le salió un dislate y una invención arbitraria, ajena completamente al texto griego, al latino y hasta al francés, aunque revele su dependencia de esta última lengua. Y la frase “a los hombres que ama el Señor” se ha impuesto incluso en la traducción litúrgica de los textos de los Santos Padres que citan el Gloria: se fuerza a los Padres a decir lo que ellos no escribieron. Por supuesto el Gloria español se ha musicalizado con esa incorrección, que ya es muy difícil de subsanar y que tanto desentona de las partituras escritas por los grandes compositores de misas, como Bach, Mozart o Beethoven.”

VI

La enseñanza de los santos ¡Desgraciados los que abandonan a María bajo pretexto de rendir honor a Jesucristo! ¡Como si se pudiese encontrar al Hijo de otra manera que con María, su Madre! San Pío X, Ad diem illum, 2 de febrero de 1904

Al ubicarnos en la historia en estos tiempos de María, es necesario también recurrir a los santos, sobre todo a los que se destacaron por sus escritos, sus predicaciones y alabanzas a la santísima Virgen, porque en nuestra lucha debemos enfrentarnos con el minimalismo mariano y sus consecuencias. Los santos serán nuestros mejores maestros en este tema. Ellos no tuvieron temor en ensalzar a la Madre de Dios. Por el contrario, temieron no alabarla debidamente. Ellos han competido, por decirlo así, por cantar sus glorias, alabar y enseñar sus grandezas, a través de los siglos. Y al llegar los tiempos de María han resurgido sus alabanzas a la Madre Santísima de Dios, algo que enerva a los sus enemigos, por eso es imprescindible recurrir a los testimonios que nos han dejado, ya desde los primeros tiempos del cristianismo, como esta alabanza que le ofrece San Sofronio de Jerusalén: ¿Quién podrá describir tu esplendor? ¿Quién podrá contar tu misterio? ¿Quién será capaz de proclamar tu grandeza? Tú has adornado la naturaleza humana. Tú has superado las legiones angélicas, Tú has superado a toda criatura, Nosotros te aclamamos: ¡Salve, llena de gracia!

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San Efrén, le canta: ¡Oh Inmaculada Virgen María, Madre de de Dios, Reina del Universo, bondadosísima Señora nuestra! Vos sois superior a todos los Santos, la esperanza de los elegidos y a alegría del Paraíso. Vos nos habéis reconciliado con nuestro Dios; Vos sois la única abogada de los pecadores, el puerto seguro de los que naufragan, el consuelo del mundo , la redentora de los cautivos, el regocijo de los enfermos, el recreo de los afligidos, el refugio y la salvación del Universo (…)No tenemos más esperanza que en Vos ¡Oh Virgen Purísima!, nos hemos entregado a Vos y consagrados a vuestro obsequio, llevamos el nombre de vuestros siervos: No permitáis pues, que el demonio nos lleve consigo al infierno ¡Oh Virgen Inmaculada! Ponednos bajo vuestra protección: Por eso acudimos sólo a Vos, y os suplicamos que impidáis que vuestro Hijo, irritado por nuestros pecados, nos abandone al poder del demonio. ¡Oh María, llena de gracia! alumbrad mi entendimiento, moved mi lengua para cantar vuestras alabanzas y principalmente la Salutación Angélica tan digna de Vos. Yo os saludo, oh paz, oh alegría , oh salud y consolación de todo el mundo. Yo os saludo, oh el mayor de los milagros que jamás se haya obrado en el mundo; paraíso de delicias, puerto seguro del que se encuentra en peligro, fuente de gracia, medianera entre Dios y los hombres. ¡Oh Madre de Jesús, amor de Dios y de todos los hombres ¡ A Vos sea dado honor y bendición, con el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo! Amén. San Juan Damasceno se dirige a la Virgen Santísima diciéndole: Yo os saludo, oh María, esperanza de los cristianos. Recibid la súplica de un pecador que os ama tiernamente, que os honra de un modo especial, y que pone en Vos toda la esperanza de su salvación. De Vos tengo la vida: Vos me restablecisteis en la gracia de vuestro Hijo, Vos sois la prenda cierta de nuestra salvación. San Atanasio, la alaba como Señora y como Reina: Recibid, oh Virgen Santísima, nuestras súplicas, y acordaos de nosotros. Dispensadnos los dones de vuestras riquezas y de la abundancia de las gracias que estáis llena. El Arcángel os saluda y os llama la Llena de Gracia. Todas las naciones os llaman bienaventurada, todas las jerarquías del Cielo os bendicen, y nosotros, que pertenecemos a la jerarquía terrestre, os decimos también: Dios te salve ¡Oh llena de gracia! El Señor es contigo: Ruega por nosotros, oh Madre de Dios! Nuestra Señora y Nuestra Reina. Otro cantor de María, San Bernardo de Claraval, exulta: Vos sois la única mujer en la cual el Salvador ha hallado su descanso, y en la que ha depositado a manos llenas sus tesoros inagotables. Por esta razón , todo el mundo, oh santa Señora mía, honra tu casto seno como templo de Dios, en el cual se dio principio la salvación del mundo, y se verificó la reconciliación entre Dios y los hombres (…) ¿Con quién podré compararos, oh Madre de gracia y hermosura? Vos sois el paraíso de Dios, de Vos ha salido el manantial de agua viva que fecunda toda la tierra ¡Cuántos beneficios a recibido el mundo de Vos, que habéis merecido ser un acueducto tan saludable! 104


De Vos se dice: ¿Quién es aquélla que se levanta como la aurora, hermosa como la luna y resplandeciente como el sol? Habéis venido al mundo, oh María, como brillante aurora, presidiendo con la luz de vuestra santidad el Sol de justicia. El día en que vinisteis al mundo, bien puede llamarse día de salud, día de gracia. Sois hermosa como la luna, porque así como no hay planeta que más se asemeje al sol, así también no hay criatura que se asemeja más a Dios que Vos. La luna alumbra la noche con la luz que recibe del sol y Vos alumbráis nuestras tinieblas con el resplandor de vuestras virtudes; pero Vos sois más bella que la luna, porque en Vos no hay manchas ni sombras. Vos sois escogida como el sol. Esto es, como el Sol que ha criado el sol. Él fue escogido entre todos los hombres, y Vos habéis sido escogida entre todas las mujeres. San Alfonso, que debió luchar contra los enemigos de Nuestra Señora, escribe en su magna obra Las Glorias de María: La Iglesia nos enseña a recurrir continuamente a esta divina Madre y a invocarla: Salud de los enfermos, Refugio de los pecadores, Auxilio de los Cristianos, Vida, Esperanza nuestra. La misma Santa Iglesia, en el oficio que manda rezar en las festividades de María, aplicándole las palabras de la Sabiduría, nos da a entender que en María encontraremos “ toda esperanza de vida y de virtud; toda gracia para conocer el camino de la verdad” (Ecl 24, 25). En María, en suma, “encontraremos la vida y la salvación eterna” (Prov 8, 35). Y en otro lugar: “los que me sirven no pecarán; los que me dan a conocer alcanzarán la vida eterna” ; cosas todas que nos declaran la necesidad que tenemos de la intercesión de María. Y éste es también el sentir en que nos confirman tantos teólogos y Santos Padres, de los cuales no es justo afirmar como lo hace un autor, que por ensalzar a María, hablaron con hipérboles, y se les cayeron de la boca exageraciones excesivas, porque el exagerar y proferir hipérboles es exceder los límites de la verdad, lo cual no conviene decir de los Santos, que hablaron con el espíritu de Dios, que es espíritu de verdad. Y séame permitido hacer aquí una breve digresión para exponer un sentimiento propio. Cuando una opinión es de alguna manera honrosa a la Santísima Virgen, tiene algún fundamento, y no está en pugna con la fe, ni con los decretos de la Iglesia, ni con la verdad: impugnarla so pretexto de que también la opinión contraria puede ser verdadera, denota poca devoción a la Madre de Dios. En el número de estos pocos devotos no quiero estar yo; ni quisiera ver al que esto lee; sino más bien en el número de los que plena y firmemente creen cuanto sin error se puede creer de la grandeza de María; como escribe Ricardo de San Lorenzo, que entre los obsequios muy agradables a esta Santa Madre, pone éste: Creer firmemente sus grandezas. Cuando otra razón no hubiere, baste para quitar el temor de excederse en las alabanzas de María la palabra atribuida a San Agustín, que dice: Cuando digamos alabanzas a María, todo es poco para lo que Ella se merece, por su dignidad de Madre de Dios. Lo mismo siente la Iglesia, pues hace leer en la Misa de la Santísima Virgen : “Feliz eres, Sagrada Virgen María, y dignísima de todas tus alabanzas. San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia,

Las Glorias de María, 1ª parte, cap. V

San Luis Orione tampoco temía “exagerar” en sus alabanzas a la Santísima Virgen, ni pensaba que debemos conquistar a los protestantes empequeñeciendo la grandeza de Nuestra Madre. Él desahogaba su corazón cuando la alababa con vehemencia: 105


¡Oh, cuántos corazones ha consolado, cuántas almas ha salvado la Virgen! ¡Todo lo tenemos en María! ¡Todo es gracia recibida de María! Leed en mi frente, leed en mi corazón, leed en mi alma, no veréis cosa que no lleve escrito: “Gracia de María”. Desde San Juan Evangelista, pasando por el Cottolengo, hasta Don Juan Bosco, todos los santos fueron devotísimos de María. ¡Y cuántos elevados pensamientos de libertad, de sacrificio, cuántos actos de heroísmo ha inspirado su nombre! Génova, llamada a las armas por la osadía de Balilla, rechazaba a los opresores al grito de “¡Viva María!”. El invencible Eugenio de Saboya llevaba sobre su coraza la imagen de María y lanzándose el primero en la brecha de Hersan, levantaba el grito de “¡Viva María!”. ¡Dante, Petrarca, Tasso, Rafael, Miguel Ángel, Manzoni y nuestro Perosi inspiraron su genio en María! ¡Colón ha consagrado a María sus audaces viajes! El juramento de Pontida y las Ligas Lombardas contra el déspota de la Edad Media, Federico Barbarroja que quiso la destrucción de Tortona, se realizaron en el nombre de María. En Lepanto, Europa y la civilización se salvaron por María.El Quinet ha dicho: “¡Italia es una enamorada de María!” San Luis Orione San Josémaría Escrivá, un santo de nuestro tiempo, tampoco temió profesar la devoción tradicional de la Iglesia en medio de la corriente nefasta: “No hay peligro de exagerar” decía, mientras muchos teólogos modernistas se atrevían temerariamente a llamar “exageradas” las enseñanzas de los Sumos Pontífices anteriores al Vaticano II: La Maternidad divina de María es la raíz de todas las perfecciones y privilegios que la adornan. Por ese título, fue concebida inmaculada y está llena de gracia, es siempre virgen, subió en cuerpo y alma a los cielos, ha sido coronada como Reina de la creación entera, por encima de los Ángeles y de los santos. Más que Ella, sólo Dios. La Santísima Virgen, por ser Madre de Dios, posee una dignidad en cierto modo infinita, del bien infinito que es Dios. No hay peligro de exagerar. Nunca profundizaremos bastante en este misterio inefable; nunca podremos agradecer suficientemente a Nuestra Madre esta familiaridad que nos ha dado con la Trinidad Beatísima. San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios. Ningún santo puede ser tildado de “minimalista mariano”. “Si lo fuera -como decía un sacerdote hace años- no sería santo” El Santo Padre Pío -grande como pocos- dejó este pensamiento, que resume el de todos los santos de la Iglesia: Yo quisiera amar a la Virgen tanto como Ella se lo merece, pero recordad que tampoco los santos y los Ángeles pueden amar y alabar dignamente a la Madre de Dios. El modernismo, frenado por San Pío X, junto con todas las fuerzas anticatólicas infiltradas desde mucho tiempo atrás en la Iglesia de Cristo, dieron batalla abierta en el seno del mencionado Concilio, precisamente cuando debía tratarse el tema de la Santísima Virgen. Habitualmente el demonio y los suyos hacen su obra destructora sigilosamente. Pero cuando se trata de María Santísima no pueden contener su furia desesperada y manifiestan su odio con torpeza. (Recordemos a Nestorio, Helvidio, Lutero, Calvino, etc.) 106


Así sucedió cuando una parte del Concilio arremetió contra el avance que la doctrina y la devoción mariana con el Magisterio y los ejemplos espléndidos de los pontificados que van desde el Beato Pío IX hasta el de Pío XII, y entre ellos uno verdaderamente definitorio, el de San Pío X: Quién no reconocerá que Nos hemos afirmado con justicia que María, asidua compañera de Jesús desde la casa de Nazaret hasta la cumbre del Calvario, iniciada más que nadie en los secretos de su Corazón, dispensadora por derecho maternal de los tesoros de sus méritos, es, por todas estas causas, un auxilio muy seguro y muy eficaz para llegar al conocimiento y amor a Jesucristo? ¡Ay! Bien evidente es la prueba que nos proporcionan con su conducta aquellos hombres que, seducidos por los artificios del demonio o engañados por falsas doctrinas, creen poder `prescindir del auxilio de la Virgen. San Pío X, Ad diem illum,

2 de febrero de 1904.

VII

Fátima Si el mal nos vino por una mujer, por otra mujer nos vino asimismo el bien; por Eva caímos, por María estamos de pie, por Eva postrados, por María levantados; por Eva sometidos a la esclavitud, por María liberados… San Ambrosio de Milán, siglo IV

Los hombres, muy desgraciadamente, no hemos correspondido al inmerecido ofrecimiento hecho en Fátima a la Iglesia, a la humanidad y cada uno de nosotros. Es algo extremadamente lamentable. Sin embargo ¡Cuánto se ha hablado de Fátima en estos 95 años! ¡Cuánto se ha preguntado, conjeturado, escrito y discutido sobre el Tercer Secreto! Y qué poco se ha hablado, con responsabilidad de cristianos unos, con el simple carácter de hombres y mujeres sensatos otros, de los pedidos de la Virgen que nos tocan a todos, absolutamente. Y más aún a los que pretendemos ser católicos “militantes”. El Rosario, la conversión y el sacrificio de cumplir los Mandamientos y frecuentar los Sacramentos para mantenernos en paz con Dios; los sacrificios por los pecadores, a los que nos invitó la Virgen para evitar la enormidad de males que hoy vivimos. Todo enmarcado en la devoción al Inmaculado Corazón de María, que trae consigo una promesa sin medida. Esa devoción que para la Iglesia supone propagarla y darle el lugar litúrgico que merece como también dar a conocer y fomentar el ejercicio de los Primeros Sábados ¡Qué estamos pidiendo, si se han olvidado de los nueve Primeros Viernes del Sagrado Corazón de Jesús! Cuántas veces nos han preguntado por el Secreto, mientras no se mostraba en absoluto una inquietud por lo que ya se conocía desde años. Y si se lo explicaba, o se hablaba 107


del Rosario, no había en la mayoría de los casos ninguna reacción. Sólo indiferencia ¡Cuántas veces nos preguntaron por los tres días de tinieblas! En realidad, ya tenemos mucho más de tres días, en el orden espiritual, aunque a nadie le importe. Esta triste realidad la estamos viviendo desde hace décadas. La conclusión es muy dolorosa. El espíritu de curiosidad se queda allí, en la respuesta, que si no es la esperada, es decir referida a acontecimientos sensacionalistas, entonces, sencillamente, se habla de otra cosa. Muy pocos son los que se han maravillado por la forma en que se presentó la Virgen, o por la ternura de los niños, y menos aún por que Ella vino a pedir, para evitar castigos. Sin embargo ahora estamos viviendo esos acontecimientos en todo el mundo. Y se anuncian peores. Pero nuestra gente, esa gente que amamos: familiares, amigos, parientes…, “están en otras cosas”. Están muy preocupados por el dólar y por el programa inmundo de TV que van a ver por la noche. ¿Qué debemos hacer para volver a despertar el espíritu de oración y conversión en nuestro pueblo?

Sus elegidos “Los niños de Fátima no sabían leer, ni escribir, ni contar, ni entender el calendario. Pero sabían rezar”, dice un autor, al referir esta exquisita anécdota, contada por la madre de Jacinta y Francisco: “Cada día los despertaba con esta jaculatoria:

-Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento de la Eucaristía; a la que respondían, aún con los ojos aún cerrados:

-Fruto bendito y sagrado de la Virgen Purísima Santa María” Esos eran los niños elegidos por la Virgen para las trascendentales apariciones de Fátima. Su primer acto de cada mañana, era alabar al Señor presente en “todos los sagrarios de la tierra” y proclamar su fe en la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía, unida inseparablemente a María, de quien profesaban también los tres dogmas suyos definidos hasta esos años: María es Madre de Dios, es la Siempre Virgen, y es Inmaculada. La decisión de Dios de “establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María”, para la conversión de los corazones, que evite las consecuencias del alejamiento de Dios por el pecado: la apostasía y toda clase de males y castigos (en definitiva, para salvar al mundo), tendría en ellos una respuesta inmediata de entrega total. Los niños ya estaban haciendo, con candidez inefable, oración y penitencia. Ya rezaban el Rosario, y ofrecían gustosos el trabajo de cuidar las ovejitas familiares, sin por ello dejar de construir casitas con las piedrecitas de la Cova y cantar animadamente. Monseñor Correia da Silva, en el documento de reconocimiento de la autenticidad de las apariciones, los describía de esta manera: Son criaturas humildes de nuestras sierras, modestamente vestidos, sin estudios, sin saber leer, y apenas con una rudimentaria instrucción

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religiosa. No son nerviosos ni irritables, sino amables y cariñosos en medio de su rudeza, amigos de la familia, obedientes con los padres, alegres. Carta Pastoral del Obispo de Leiría reconociendo la autenticidad de

las apariciones en la Cova da Iría, fechada el 13 de octubre de 1930 .

La Virgen “bajó de los cielos a Cova da Iría” en busca de esos niños simples como las florcitas silvestres que cortaban para sus juegos. A ellos iba a encomendar el más trascendental mensaje del siglo XX. Niños de hace un siglo, según la mencionada y completa descripción del Obispo, a la que hoy es necesario agregar: niños puros, algo que no hacía falta decir en aquellos tiempos cuando no se había desatado la furia de pecado, que hoy en día llega a contaminar hasta la infancia, crimen que clama la indignación del Señor. La Virgen Purísima quería corazones y labios puros para transmitir sus pedidos a la Iglesia, a fin de que todos entendamos que Dios exige nuestra pureza. Ella tenía ya un día, elegido y preparado desde siempre por Dios, en el que se oiría en esa campiña el eco de aquellas palabras del Maestro: “Yo te bendigo Padre, Señor del Cielo y de la tierra porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños" (Mt 11, 25)” A esos niños se les iba a revelar la Mujer a la que Dios confirió el poder y la misión de aplastar la cabeza de la antigua serpiente. La Mujer que se manifestó a San Juan, aquél que, entre los Doce se destacó por su pureza. Juan la vio en Patmos, donde es característica la magnificencia del sol. Los pastorcitos un Domingo, el Día del Señor, día antiguamente dedicado al sol (que en los países de habla inglesa aún se llama Sunday, día del sol) precisamente a las doce, cuando el Sol está en el zenit, en unos años en que podríamos decir, también estaba en el zenit la era de María, luego de las indecibles gracias que se derramaron sobre la Iglesia a causa de la proclamación de la Inmaculada, y más inmediatamente a las enseñanzas sobre el Santo Rosario que había dejado el Magisterio de León XIII, verdaderos rayos de sol para la Iglesia, que aún perduran. Ese día ...por designio divino, "una mujer vestida del sol" (Ap 12, 1) vino del cielo a esta tierra en búsqueda de los pequeños privilegiados del Padre” Juan Pablo II, 13 de mayo de 2000, en Fátima, homilía de la Misa de beatificación de Jacinta y Francisco. Según el relato de Monseñor Correia da Silva, “el Obispo de la Virgen” -como se lee en su tumba- los niños vieron, después de un repetido relámpago …sobre una pequeña encina (…) una Señora de incomparable belleza, con un vestido de purísima blancura; un manto orlado de oro le cubre la cabeza y la mayor parte del cuerpo. El rostro, de celestial y sobrenatural hermosura se presentaba sereno, grave y velado por una leve sombra de tristeza. De las manos, juntas y a la altura del pecho, le colgaba, rematado por una cruz, un hermoso rosario. De esta Señora, rodeada de un esplendor más brillante que el sol, salían innumerables rayos de luz. (De la misma carta pastoral)

Su día

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Un 13 de mayo, en los últimos años del siglo XIV, se anunciaba en Lisboa que el Papa Bonifacio IX declaraba que, a pedido del rey Juan I, (el que tenía grabado en su espada el nombre de María) dispuso que todas las catedrales de Portugal fuesen dedicadas en honor de Nuestra Señora. Portugal, Tierra de Santa María, había sido elegida por la Llena de Gracia para esta Aparición, hecho que ocurrió cuatro siglos después de aquel homenaje del rey y del Papa trayendo del Cielo al mundo el más grande ofrecimiento de paz de la historia: Un ofrecimiento que ese pueblo escuchó, y que, seguramente por eso le mereció la promesa de tan dulce Madre: “En Portugal se conservará siempre el dogma de la fe, etc.” El 13 de mayo de 1792 había nacido en Senigaglia, en Las Marcas de Ancona, muy cerca del Santuario que custodia la Santa Casa de la Virgen en Loreto, Giovanni Maria Mastai Ferretti, que sería el glorioso Pío IX, con el pontificado más largo de la historia, después del de Pedro, a quien el Señor le encomendara la misión sublimísima de proclamar la Inmaculada Concepción de María Santísima. Y en 1917, el 13 de mayo, es leída en todas las Parroquias la disposición del Papa Benedicto XV de que se invocara a la Virgen como Reina de la Paz, para pedir el fin de la guerra al Sagrado Corazón de Jesús. La Virgen respondió con premura, apenas el Papa hizo su ofrecimiento:

Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si se hace lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra pronto terminará. Pero si no dejaren de ofender a Dios, en el pontificado de Pío XI comenzará otra peor… Ese mismo día, en Roma, es consagrado Obispo Monseñor Eugenio Pacelli, que sería años más tarde el Papa Pío XII y cumpliera muchos de los pedidos de la Virgen, en la Cova de Iría, y en Rusia se cumple la primera de una larga lista de profanaciones a Iglesias que hicieron los bolcheviques. En las seis apariciones los niños hablaron con “su Senhora”. En todas apareció luego del rezo del Rosario, y en todas pidió el Rosario diario. Los niños preguntaron, y la Virgen les respondía con inefable ternura. Les dijo que “era del Cielo” y que ellos iban a ir al Cielo. Jacinta y Francisco “pronto”, Lucía debía quedarse “un tiempo” para ayudarla “a instaurar la devoción a su Corazón Inmaculado”, que por eso debía aprender a escribir… En agosto fueron apresados por el gobierno masón; sufrieron, oraron y confiaron siempre. Tres fueron los hechos más importantes de esas apariciones. La manifestación de su Corazón Inmaculado, el 13 de junio; la revelación de un Mensaje con un secreto, el 13 de julio; y el Milagro del Sol, el 13 de octubre, con el que se manifestó la Realeza Universal de María. La Virgen dijo que “volvería” a “pedir la consagración de Rusia y el Ejercicio reparador de los Primeros Sábados” Hechos que cumplieron -como veremos- el 10 de diciembre de 1925 el segundo de los mencionados, y el 13 de junio de 1929 el primero. Transcribimos las crónicas del milagro del 13 de octubre, para después hablar de los otros dos temas más detalladamente, por la actualidad que tienen y el interés que suscitan.

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El Milagro del Sol El 17 de Octubre, “O Día” , un periódico de Lisboa hizo la siguiente crónica del Milagro del 13 de octubre de 1917, último día de las Apariciones en la Cova da Iría: A la una de la tarde, medio día por el sol, (1)la lluvia cesó. El cielo, con un color gris aperlado, iluminaba el vasto paisaje árido con una luz extraña. El sol tenía un velo delgado transparente, así que los ojos se podían fijar fácilmente en él. El tono gris nácar se tornó en una sábana de plata la cual se rompió cuando las nubes se abrieron y el sol de plata, rodeado en la misma luz de gris transparente, se vio girar y dar vuelta en el circulo de las nubes abiertas. Un grito brotó de todas las bocas y la muchedumbre cayó de rodillas en el suelo pantanoso. La luz se volvió un hermoso azul como si hubiera venido a través de vidrios ahumados de ventanas de catedral y se esparció sobre la gente quienes estaban arrodillados extendiendo las manos. El azul se desvaneció despaciosamente y entonces la luz parecía pasar a través de un vidrio amarillo. Manchas, también amarillas, cayeron sobre los pañuelos blancos y sobre las faldas oscuras de las mujeres. También se vieron en los arboles, en las rocas y en la sierra. La gente lloraba y rezaba con las cabezas descubiertas en la presencia del milagro que habían esperado. En esos días hubo un cambio de hora en Portugal, provocado por la guerra. La hora correcta, la solar, era la de las 12. Otro periódico importante de Lisboa, “O Século”, mandó a su editor, Avelino de Almeida al sitio de las apariciones, que fue preparado para ridiculizarlas, sin embargo esto es lo que escribió en su crónica: En la carretera, donde estaban estacionados los vehículos, se habían congregado cientos de personas que no se atrevían a atravesar el pantano, y se podía ver la inmensa multitud que miraba hacia el sol, el cual aparecía estar libre de las nubes y en su zenit. Parecía como una placa de plata desteñida y era posible mirarle sin ninguna molestia. Podría haber sido un eclipse. En ese momento se escuchó un gran grito y se podía oír exclamar a los espectadores más cercanos: "¡Milagro!, ¡Milagro!" Ante los ojos atónitos de la multitud, cuyo aspecto era bíblico, ansiosamente buscando el cielo, el sol tembló, hizo unos movimientos increíbles fuera de sus leyes cósmicas - el sol "bailó" - de acuerdo a las expresiones sencillas de la gente. El Doctor Joseph Garrett, un profesor de ciencias en la Universidad de Coimbra, notó esto: Éste no fue el centelleo normal de un cuerpo celestial, porque cuando repentinamente se escuchó el clamor de la muchedumbre, el sol giró alrededor de sí mismo en un remolino loco. El sol parecía salirse del firmamento y avanzar amenazante sobre la tierra como si fuera a aplastarnos con su gran peso abrasador. La sensación durante estos momentos era terrible.

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VIII

El Corazón Inmaculado de María El Corazón Inmaculado de María se abrasó en un calor tan inconmensurable que atrajo al mismo Dios a la tierra y en ella extiende su reinado, para convertir los corazones fríos en hogueras perennes de amor a Dios. Mons. Pedro Pascual Farfán, Arzobispo de Lima, en el Congreso Eucarístico Internacional de Buenos Aires, en 1934.

En Fátima Dios quiso manifestar a María como la Omnipotencia Suplicante. Al hacerlo, hizo ver de manera inefable “la gracia y los dones” que ofrecería a la humanidad. El manantial de esa gracia y esos dones sería el Corazón de su Madre de donde brota incesantemente un amor encendido e incesante que quiso representar por las llamas, como en Paray le Monial había mostrado su Sacratísimo Corazón (1). El Corazón de la Corredentora estaría rodeado de una corona de espinas por los pecados de la humanidad. El “arco en el Cielo” que, después del diluvio Dios había puesto como signo de paz, fue una figura del Inmaculado Corazón de María. La Virgen había dicho a la Madre de Ágreda que no castigaría Dios de la misma manera a los hombres como lo hizo con los Ángeles rebeldes, porque la devoción a su Corazón Inmaculado iba a lograr que se aplaque la santa ira de Dios. Pero en cuanto a esos dones y gracias, no olvidemos que el hombre fue creado con libertad, y es imprescindible un acto libre de amor a Dios y de conversión para recibirlos:

Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón . A quien la abrace le prometo la salvación; y esas almas serán amadas de Dios como flores puestas por Mí para adornar su trono. “A quienes abracen esta devoción”, es decir, a quienes amen a su Madre correspondiendo al amor de su Corazón Inmaculado, y acepten quitar las espinas que los pecados del mundo le han clavado, recibirán un premio inigualable, impensable siquiera hasta entonces, dado por Nuestra Señora, que agrega: “Serán como flores”, con todo el significado que tienen en el lenguaje espiritual, que no otro habla Nuestra Señora. Las flores fueron creadas por Dios con una belleza que difiere entre unas y otras, y despiden fragancias, que simbolizan las virtudes, también diversas. Se expresarán así los frutos del esfuerzo de cada uno en esta devoción. “Puestas por Mí ante el trono de Dios” ¿Habrá algo que complazca más a Dios que una ofrenda hecha por su Madre? Y María, que es Madre nuestra también, nos promete colocarnos Ella misma “ante el trono de Dios” ¿No es verdad que estremece saber que tenemos la posibilidad de estar en el Cielo delante del mismo Dios, como ornamento de su trono, nosotros que somos gusanillos llenos de miserias? No hay palabras para ponderar esta gracia que sólo puede brotar del Inmaculado Corazón de María. Que la recibiremos si somos fieles a sus pedidos.

El Arco Iris de la paz 112


El Corazón de María ha sido puesto por Dios como arco iris para la paz del mundo. Debemos amarlo, tenerle devoción. Una devoción explícitamente dada por Ella misma y por el mismo Señor: El Rosario, los sacrificios por los pecadores (Mensaje de Fátima, 13 de mayo al 13 de octubre de 1917); el ejercicio de los Primeros Sábados, explicitado en Pontevedra, España, el 10 de diciembre de 1925, para reparar las ofensas hechas a las glorias de María, que son sus dogmas, la profanación a sus altares e imágenes y el alejamiento de los niños de Ella. La paz que pidió el Papa con sus hijos fieles, sólo será concedida al mundo si se establece esta devoción, según designio del Altísimo. Rusia debe ser consagrada a su Corazón Inmaculado por el Papa conjuntamente con todos los obispos del mundo. Porque Rusia se ha convertido en flagelo del mundo por haber renunciado a su condición de ser la Santa Rusia, y haber insultado a su Dios con el ateísmo militante, y que a pesar de la caída del comunismo no se ha convertido, y sólo se convertirá si es consagrada a ese Corazón Materno en la forma expresamente pedida por Dios. Sólo considerando ese pedido, sus destinatarios y su promesa se advierte la trascendencia del Mensaje de Fátima. Además, podemos encontrar una gran luz sobre este tema en las palabras del mismo Jesús a Sor Lucía: Interiormente he hablado al Señor de este asunto. Y hace poco le preguntaba por qué no convertía a Rusia sin que Su Santidad hiciese esa consagración. Jesús respondió: “Porque quiero que toda Mi Iglesia reconozca esa consagración como un triunfo del Inmaculado Corazón de María, para después extender su culto y poner, al lado de la devoción de Mi Sagrado Corazón, la devoción a este Corazón Inmaculado.” Lucía entonces dijo: “Pero Dios mío, el Santo Padre no me creerá si Tu mismo no le mueves con una inspiración especial”. A lo que respondió Jesús: “¡El Santo Padre! Rezad mucho por el Santo Padre. Él la hará, pero será tarde. Sin embargo el Corazón Inmaculado de María ha de salvar a Rusia. Le está confiada”. Sor Lucía, carta a su Director Espiritual, respondiendo

a varias preguntas, 18 de mayo de 1936.

La Misericordia de Dios se pone de manifiesto en esta respuesta del Señor, pero antes aún se puede comprobar su amor indecible de Hijo: Él quiere que toda la Iglesia reconozca el poder que Él ha dado al Inmaculado Corazón de María, y así se comprenda la necesidad de venerarlo junto a su divino Corazón, como lo comprobamos a leer los mensajes de la Virgen de toda esta época posterior con sus insistentes pedidos. La mencionada Gran Promesa del Corazón Sacratísimo de Jesús se unía, luego de doscientos sesenta y ocho años (fue realizada en 1657), a esta segunda Gran Promesa. Recordémosla:

Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que mi amor todopoderoso concederá a todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes seguidos la gracia de la penitencia final; no morirán

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en pecado ni sin recibir los sacramentos, y mi divino Corazón les será asilo seguro en aquel último momento. En Fátima, la Virgen anuncia que volverá a pedir la devoción de los Primeros Sábados y la Consagración de Rusia. El 10 de diciembre de 1925 se cumple la primera de esas visitas. Ocurrió en Pontevedra, donde estaba Sor Lucía. La devoción al Inmaculado Corazón de María tendrá, por voluntad del Señor, un carácter de desagravio por las ofensas que recibe, y a la vez mostrará el amor indecible de su Madre a Él y al mundo pecador a la vez. El sentido profundo que debemos valorar humildemente, será que el Señor, habiendo agotado su paciencia hacia el mundo pecador, por su Madre, y sólo por Ella, por su amor, concederá la paz: “Al fin mi Corazón Inmaculado triunfará…” Las palabras con que la Santísima Virgen dio a Sor Lucía la Promesa de su Corazón Inmaculado el 10 de diciembre de 1925 fueron éstas:

Mira, hija mía, mi Corazón circundado de espinas que los hombres ingratos infligen continuamente con blasfemias e ingratitudes. Consuélame al menos tú y haz saber esto: A todos aquellos que por cinco meses consecutivos, el primer sábado de cada mes se confiesen, reciban la santa Comunión, reciten el Rosario y me hagan compañía durante quince minutos meditando los Misterios con la intención de ofrecerme reparaciones, prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación. . Esta promesa se une a la del Sacratísimo Corazón de Jesús y así, unidas, se manifiestan a la Iglesia entera. No se trata ya de un llamado a una comunidad a pueblo, ni a una nación, es un llamado al mundo entero. Los Primeros Sábados, junto con la Consagración de Rusia y la penitencia por los pecadores, son las condiciones esenciales de la devoción al Inmaculado Corazón de María para la paz. Al manifestarla, la Virgen se dirige directamente al Sumo Pontífice y a todos los obispos de la Iglesia para que la establezcan con su autoridad, a todos los sacerdotes, religiosos y apóstoles laicos para difundirla, y a toda la Iglesia para practicarla. El Mensaje es inefable por lo que nos presenta, infinitamente misericordioso por lo que promete, y no tan exigente como para dejarlo de cumplir. La devoción al Corazón Inmaculado de María es una gracia maravillosa de Dios que marca una época. Tal es su magnitud que quiso preparar los corazones de sus fieles desde muy antiguo a través de inspiraciones y revelaciones a sus santos. Adentrándonos en la historia de la Iglesia, encontramos sus inicios en las manifestaciones artísticas y aún en la Liturgia. Vemos imágenes con el Corazón de María rodeado de flores; o traspasado por una espada, o la devoción de los siete Dolores, representados por siete puñales -como la de Quito- y por otro lado, una representación singular del Corazón glorioso, como el que muestra la Virgen de Beauring, “la del Corazón de Oro”. En la Edad Media son muchos santos y tratadistas espirituales que manifiestan su piedad al Corazón de María, como San Anselmo, Eadmero, San Bernardo, Hugo de S. Víctor, como también las santas místicas Matilde de Hackeborn, Gertrudis la grande, Brígida de Suecia. 114


La devoción se renovó en los siglos XVI y XVII debido particularmente a los esfuerzos de San Juan Eudes, a quien San Pio X llamó “padre, Doctor y promotor de la devoción a los Corazones de Jesús y de María”. Posteriormente, ya en el siglo XIX, aparece su inmediato precursor: San Antonio María Claret, ya en los tiempos de la proclamación del Dogma de la Inmaculada. También los papas fueron adoctrinando a la Iglesia. Pío VII, que fue elegido Papa en el 1800, “tuvo una gran devoción mariana, que podríamos decir la recibió con la leche materna”, en palabras de Juan Pablo II (1), y por ella pudo soportar el cautiverio y las vejaciones de Napoleón. Fue él quien daba estos títulos al Corazón de María en una oración a la Dolorosa:

Corazón tierno, sensibilísimo, solícito, generoso, compasivo, amantísimo, afligido, angustiado, zarandeado, fatigado, martirizado, atravesado, amargado. (Pío VII, audiencia del 14 de enero de 1815)

El Corazón de María es el primer Evangelio escrito María guardaba todas esas cosas-los Misterios de su Hijo- ponderándolos en su Corazón, nos dice y repite el Evangelio. El Purísimo Corazón de María fue el Primer Evangelio escrito. Escrito no por mano de hombres, sino por el mismo Verbo de Dios que se hospedó en su seno virginal, El Señor quiso dejar grabado eternamente todo íntegro su Evangelio en el Corazón Inmaculado de su Santísima Madre infinitamente más guardado, meditado y predicado por Ella sola que por todos los Apóstoles juntos. El Corazón de María, como verdadera Reina de la Iglesia fue el Evangelio viviente de los primeros cristianos, sobre todo de los Apóstoles y Evangelistas; a través de ese Corazón el Espíritu Santo hacía descender sobre todos ellos sus Misterios, para meditarlos, vivirlos y realizarlos cada uno en su propia vida. A ese Libro Abierto del Corazón de María saluda San Epifanio: “¡Dios te salve, libro de Infinitos Misterios, que enseñaste al mundo a leer en Vos, a conocer y aprender de Vos al Verbo e Hijo del Padre!”. Ese libro continúa siempre abierto a toda la Iglesia, a través de los siglos, desde su vida gloriosa en el Cielo enseñando a todos los cristianos a conocer, amar y servir y orar a Dios tal cual como quiere Jesucristo. Prueba de ello es la perpetua intervención de la Santísima Virgen en todo tiempo y lugar mediante sus maravillosas apariciones e imágenes milagrosas, que avivan la fe en Cristo mediante la presencia de su Madre, atrayéndolos Ella a Sí misma para más fácilmente llevarlos a su Hijo. Resultando así el Reinado del Corazón de Jesús mediante el Corazón de María. De ese Divino Libro escrito en su Corazón, la Virgen Bendita ha ofrecido al mundo un compendio admirable, cual es su Santísimo Rosario, que es el modo más fácil, eficaz y universal para conocer, 1- Homenaje del Papa Juan Pablo II a Pío VII en el 200º aniversario de su elevación al Solio Pontificio.

meditar, orar e imitar a Jesucristo, que la Iglesia ha recibido de Ella, por medio de su querido hijo, el Patriarca Santo Domingo de Guzmán para conformar los cristianos su propia vida a Él, y que la Iglesia recomienda 115


insistentemente como el medio más eficaz para la conversión y salvación de las almas. Fray Reginaldo M. Farías OP

Capellán scout

La unión de los Sagrados Corazones de Jesús y María Otro sacerdote de María, el claretiano Félix-Cruz Ugalde, llama a la devoción al Corazón Inmaculado de María “la gran revelación del siglo XX”, comprendiendo la magnitud de esta gracia del Altísimo a un mundo que ya no merece -y hasta podríamos decir ni quiere- el perdón de Dios. Porque un mundo que ha perdido la noción del pecado, no piensa siquiera en el perdón que necesita. Sin embargo, Dios ha querido dar este último recurso al mundo. Más de una vez hemos llamado al Corazón de María mina y tesoro de gracias, Potosí del Cielo, colmado por Dios de riquezas para sí, que son sobreabundantes para nosotros. Los santos nos han dicho cosas de maravilla acerca de ese tesoro inexhausto, cofre de Dios, que quiso hace gala de su poder y grandeza en ese Corazón creado, dilatando su capacidad y los límites de sus riberas. Algo de esto quiso decir la Virgen cuando en la montaña de Hebrón cantó su Magníficat, y mirando lo que Dios había hecho en Ella, dijo: “Hizo en mí maravillas el que es Todopoderoso, cuyo nombre es santo” (Lc I, 49) En los grandes templos se nos representa ese Inmaculado Corazón al lado del Corazón Divino de su Hijo, como una cifra del cielo. En el coro de la Basílica de Montmartre, un mosaico monumental nos lo ofrece a nuestra veneración. Como cima del friso, se lee la célebre inscripción: Sanctissimo Cordi Jesu Galia poenitens et devota et grata, “Al Sacratísimo Corazón de Jesús, la Francia penitente, devota y agradecida” (las dos últimas palabras fueron añadidas por el Cardenal Amette después de la Primera Guerra Mundial) En el centro está la figura de Jesús mostrando su Corazón, dominando la escena. A la derecha está el Sagrado Corazón de María en actitud suplicante, mostrando la Virgen, con su mano, la ola humana y Francia a sus pies, entre San Miguel y Santa Juana de Arco. Padre Félix-Cruz Ugalde, “La gran revelación del siglo veinte” Una escena similar, pero con toda la humanidad sufriente a sus pies, podemos imaginar desde aquel 13 de junio de 1917 cuando Nuestra Señora decía los niños: “Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón…” Y en medio de la luz intensísima que les ofrecía a los niños, delante de su mano derecha, mostraba su Purísimo Corazón. Siendo de tal modo inconmensurable el amor que María Santísima ofrece le ofrece a Dios, más encendido que el de todos los Serafines juntos, superior al de todos los coros angélicos y al de todos los bienaventurados, y siendo -por otra parte- indecible el amor que tiene por nosotros, pecadores, y considerando que el corazón es el símbolo por excelencia del amor humano, todo esto en “sus tiempos”, cuando Ella enfrenta al dragón infernal para aplastarle su cabeza y derrotarlo; es comprensible que el Señor mismo, después de la manifestación de Su Corazón Sacratísimo a Santa Margarita María, quiera que se venere a su lado el Corazón Purísimo de su Madre, como lo expresara con cándido fervor la Beata Jacinta de Fátima desde su lecho de muerte,

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dirigiéndose a su primita Lucía: “No dejes de decir a todos que el Sagrado Corazón de Jesús quiere que el Corazón Inmaculado de María sea venerado a su lado”. Voluntad divina que ya nos había mostrado sin palabras, al aparecerse en París en 1830 y dar la Medalla Milagrosa, que destaca en su reverso la unión de los dos Sagrados Corazones. Y que se ha manifestado posteriormente en diversas partes del mundo. Un día, en las primeras apariciones de Salta, escribe María Livia esta escena de incomparable ternura divina para difundirla desde la Argentina: Ese día, tuve una visión de la Santísima Virgen, Nuestra Señora del Shoensttat Madre, Reina y Victoriosa. La Virgen y el Niñito Dios cobraron vida en el cuadro. Ella, la Santísima Virgen, estaba muy sonriente y el Niñito también en medio de una gran y radiante luz, el Divino Niño Jesús en sus brazos acariciaba amorosamente con su manito el rostro de la Santísima Virgen, luego el Niño se agachó, besó sobre el Corazón de María y luego entró su manito en el pecho de la Virgen, tomó entre sus manos amorosamente el Corazón de la Virgen, luego los sostuvo delante de ellos con una manito como ofreciéndolo, y mientras hacía esto, con su otra manito bendijo sobre el Corazón Inmaculado de la Virgen a toda la ciudad y el mundo. Siempre sus rostros estuvieron sonrientes y alegres inspirando una gran confianza, luego se fue la visión. Después de esto mi alma quedó muy extasiada, con gran gozo y paz interior. María Livia de Obeid, Salta, 13 /3/95 La unión de los Sagrados Corazones se manifiesta particularmente en los pedidos del Señor y la Virgen a Amparito Cuevas, en los mensajes de Escorial: “Donde está el Corazón del Hijo está el Corazón de la Madre ”, dice el 7 de diciembre de 1996,y muy frecuentemente se leen expresiones como éstas “la tristeza de nuestros Corazones” o “amen mucho a nuestros Corazones”, etc Tal vez, con su propio corazón puesto en los pedidos de la Virgen en Fátima y en el mundo, el Santo Padre Benedicto XVI, cuando visitó en su país a la Dolorosa de Etzelsbach, manifestaba: Una particularidad de la imagen milagrosa de Etzelsbach es la posición del Crucificado. En la mayor parte de las representaciones de la Piedad, el cuerpo sin vida de Jesús yace con la cabeza vuelta hacia la izquierda. De esta forma, el que lo contempla puede ver su herida del costado. Aquí en Etzelsbach, en cambio, la herida del costado está escondida, ya que el cadáver está orientado hacia el otro lado. Creo que dicha representación encierra un profundo significado, que se revela solamente en una atenta contemplación: en la imagen milagrosa de Etzelbach, los Corazones de Jesús y de su Madre se dirigen uno al otro; los dos Corazones se acercan. Se intercambian recíprocamente su amor. Sabemos que el corazón es también el órgano de la sensibilidad más profunda para el otro, así como de la íntima compasión. En el Corazón de María encuentra cabida el amor que su divino Hijo quiere ofrecer al mundo. Benedicto XVI, Wallfahrtskapelle de Etzelsbach

23 de septiembre de 2011.

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El incumplimiento del mandato divino Toda la manifestación celestial de Fátima está centrada en el ofrecimiento de misericordia y paz, a condición de que se instaure la devoción a su Corazón Inmaculado. En la última, como vimos, dijo llamarse la Señora del Rosario, realizará el gran milagro de la manifestación de su Realeza Universal enmarcada en los Misterios del Rosario. En tanto, se multiplican las blasfemias y los sacrilegios que los motivaron. (Cuando comenzó la revisión de este texto para su publicación, asumía como Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe un Cardenal que tiene la osadía de propiciar una doctrina hereje y blasfema sobre la Virginidad de María).

IX

Los dos bandos La lucha es entre la Iglesia y la contra-iglesia –la Iglesia de Dios y la del antidiósla Iglesia de Cristo y la del Anticristo. Hilaire Belloc

Estamos intentando incursionar en el misterioso libro de la Revelación de Jesucristo: el Apocalipsis, en lo que respecta a la actuación de María, la Mujer Vestida del Sol, para tener claro también que estamos viviendo sus tiempos, y decidirnos definitivamente a consagrarnos a su Corazón, y así pertenecer totalmente de Jesucristo, y “vencer, por la Sangre del Cordero, y en virtud de la palabra que debemos confesar ” (Ap.12,11). La confusión, obra del maligno, es terrible y desoladora. La inmoralidad se impone, las herejías despedazan la fe de los buenos, y luego destruye su moral, porque como ha recordado el hasta hace poco Nuncio Apostólico en Argentina, Monseñor Bernardini: “a la inseguridad de la fe siempre le sigue la ofuscación de la moral”. Para poner luz en medio de tanta inmoralidad y luchar sin desmayo -ante todo con la oración- es necesario clarificar nuestras ideas y mover nuestra voluntad, acudimos nuevamente a Hilaire Belloc: …no hay doctrina esencial alguna que podamos aceptarla y al mismo tiempo estar de acuerdo en diferir en el resto, como por ejemplo aceptar la inmortalidad y a la vez negar la Trinidad. (No es posible que) un hombre quiera llamarse cristiano si niega la unidad de la Iglesia cristiana; que quiera llamarse cristiano si niega la presencia de Jesucristo en el Santísimo Sacramento; que se denomine confiadamente cristiano si niega la encarnación”. Belloc hace, a continuación, la misma afirmación del Cardenal Wojtyla: “La lucha es entre la Iglesia y la contra-iglesia –la Iglesia de Dios y la del antidiós- la Iglesia de Cristo y la del Anticristo”. La verdad se está volviendo cada día tanto más evidente que dentro de unos pocos años será universalmente admitida. No llamo al ataque moderno el Anticristo –aunque en lo profundo creo que es la designación que verdaderamente le corresponde- no, no le doy ese nombre porque parecería por el momento exagerado. (Escribía en los años 40) Pero el nombre no importa. Lo llamemos “el ataque moderno” o “el Anticristo”, 118


es todo uno; se ha llegado ya al claro conflicto entre la conservación de la moral, la tradición y la autoridad católicas por una parte y el activo esfuerzo para destruirlas, por la otra. El ataque moderno no nos tolerará. Tratará de destruirnos. Hilaire Belloc, Las grandes herejías.

El Papa León XIII nos recuerda: “que, por la envidia del demonio, el género humano se ha dividido en dos campos opuestos, que no cesan de combatir: uno por la verdad y la virtud, el otro por todo aquello que es contrario a estos valores. El primero es el reino de Dios sobre la tierra, es decir la Iglesia de Jesucristo cuyos miembros deben servir a Dios. El segundo es el reino de Satanás. Bajo su imperio y su poder se encuentran todos aquellos que, siguiendo los funestos ejemplos de su jefe y de nuestros primeros padres, rechazan obedecer a la ley divina y multiplican sus esfuerzos, aquí para prescindir de Dios y allí para actuar directamente contra Dios. León XIII, Humanum genus, 20 de abril de 1884. San Agustín ha captado y descrito estos dos reinos con una gran perspicacia bajo la forma de dos ciudades opuestas entre sí… tanto por las leyes que las rigen como por el ideal que persiguen.” “La ciudad terrestre procede del amor de sí llevado hasta el desprecio de Dios, mientras que la ciudad celeste procede del amor de Dios llevado hasta el desprecio de sí” según la famosa máxima del obispo de Hipona. León XIII continúa: “Con el paso de los siglos las dos ciudades no han cesado de luchar la una contra la otra, empleando todo tipo de tácticas y las armas más diversas, aunque no siempre con el mismo ardor ni con el mismo ímpetu. León XIII, Humanum genus, 20 de abril de 1884. Luego de comprender estas afirmaciones, meditemos sobre la arenga que nos hace San Luis María Grignion de Montfort: ¡Ánimo! Luchad valientemente! Sea vuestra unión una fuerte trabazón de espíritus y de corazones infinitamente más consistente y más terrible para el mundo y el infierno de lo que puedan ser a los enemigos de un estado los ejércitos de un reino bien unido. Los demonios se unen para perderos: Uníos vosotros para arrollarlos. Los avaros se unen para traficar y ganar oro y plata; aunad vuestro esfuerzo para conquistar los tesoros de la eternidad que la cruz encierra. Los libertinos se unen para divertirse: Uníos vosotros para padecer. (…) ¿Sabéis distinguir con certeza la voz de Dios y de su gracia, de la voz del mundo y de la naturaleza caída? ¿Percibís bien la voz de Dios, nuestro Padre bondadoso, el cual, después de haber lanzado su triple maldición a cuantos siguen las concupiscencias del mundo, os grita amorosamente, tendiéndoos los brazos: Alejaos pueblo escogido mío, amigos de la Cruz de mi Hijo; alejaos de los mundanos, que mi Majestad maldice, que mi Hijo excomulga, que mi Santo Espíritu condena. (…) No sigáis otras pisadas que las de mi amado Hijo, que yo os di para ser vuestro camino, vuestra 119


verdad, vuestra vida y vuestro modelo. ¿Oís a ese amable Jesús que, cargado con la cruz, os grita: Seguidme. Quien me sigue, no anda en tinieblas. Confiad, Yo vencí al mundo. Ahí tenéis los dos bandos (1) que presenciamos todos los días: el de Cristo y el del mundo: El de nuestro amable Salvador a la derecha, ascendiendo por un camino angosto y reducido más que nunca, por la corrupción del mundo. El divino Maestro va a la cabeza, con los pies descalzos, la cabeza coronada de espinas, el cuerpo completamente ensangrentado y cargado con una pesada cruz. Sólo un puñado de fieles, si bien de los más valientes, lo siguen, porque su voz es tan delicada que no se oye en el tumulto del mundo, o porque se carece del valor necesario para abrazar su pobreza, sus dolores, sus humillaciones, y las demás cruces que es menester llevar para servirle todos los días de la vida. A la izquierda está el bando del mundo o del demonio, mucho más nutrido, lo más selecto del mundo acude a él, se apelotonan aunque los caminos son anchos, bordeados de placeres, de oro y de plata. Y claman para incitarse a perseverar en su malicia: ¡vivamos, vivamos; alegría, comamos, bebamos, cantemos, bailemos, divirtámonos!; Dios es bueno, no fuimos creados para el infierno, no nos prohibe Dios el divertirnos, no nos condenaremos por eso… San Luis María Grignion de Montfort

Carta circular a los amigos de la Cruz, Primera parte, 2-10.

San Pablo nos previene cómo serán los hombres “réprobos en la fe”, en esos últimos tiempos, y nos manda “apartarlos de nosotros”:

Haz de saber que en los últimos días sobrevendrán tiempos difíciles. Porque los hombres serán amadores de sí mismos y del dinero, jactanciosos, soberbios, maledicentes, desobedientes a sus padres, ingratos, impíos, inhumanos desleales, calumniadores, incontinentes, despiadados, enemigos de todo lo bueno, traidores, temerarios, hinchados, amadores de los placeres más que de Dios. Tendrán ciertamente apariencia de piedad, mas negando lo que es su fuerza. A éstos, apártalos de ti. Porque de ellos son los que se infiltran en las casas y se ganan mujerzuelas cargadas de pecados, juguetes de las más diversas pasiones, que siempre están aprendiendo y nunca serán capaces de llegar al conocimiento de la verdad. Así como James y Jambres resistieron a Moisés, de igual modo resisten éstos a la verdad; hombres de entendimiento corrompido, réprobos en la fe. (2 Tim. 3 , 1-8) También es el Apóstol quien nos señala el bando de Dios, en la misma carta a Timoteo, viviendo “en la fe, la longanimidad, la caridad, la paciencia en las persecuciones y padecimientos” (II Tim 3, 10-11) e indica con claridad y energía la conducta de los seguidores del Señor:

Tú persevera en lo que has aprendido y has sido confirmado y que desde la niñez conoces las Santas Escrituras que pueden hacerte sabio para la salud mediante la fe en Cristo Jesús … a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, bien provisto para toda obra buena. (II Tim 3, 14, 15, 17) Y yo te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, el cual juzgará a vivos y muertos (…) predica la Palabra, insta a tiempo y a destiempo, reprende, 120


censura, exhorta con toda longanimidad y doctrina. Porque vendrá el tiempo en que no soportarán más la sana doctrina, Antes bien con prurito de oír se amontonarán maestros con arreglo a sus concupiscencias. Apartarán el oído de la verdad, y se volverán a las fábulas, tú, por tu parte, sé sobrio en todo, soporta lo adverso, haz obra de evangelista, cumple bien tu ministerio. (II Tim 4, 1-5) Por medio del bando del mundo y sus mentiras, satanás está dominando a la humanidad. No se han correspondido los pedidos de la Virgen en Fátima y nos abruman las consecuencias ya advertidas por Ella: “Rusia esparcirá sus errores por el mundo”, “los buenos tendrán mucho que sufrir” (1), para eso la oración y la penitencia, esa penitencia que como subrayó Lucía es ante todo el esfuerzo y los sacrificios por cumplir los Mandamientos de la Ley de Dios y los propios deberes. ¿En qué profesión o trabajo no siente el rechazo y la persecución aquél que quiere vivir conforme a la moral cristiana? Y ¿qué mandamiento no se deforma en el mundo y aún dentro de la Iglesia, para transgredirlo engañándose a sí mismo y a otros? Nuestra naturaleza caída sólo puede resistir escudada en la oración, la penitencia, la confianza en Dios y en su Madre, porque ha desbordado descarada y públicamente, y nos invaden el propio hogar por los medios masivos de comunicación las tentaciones a todos los pecados, que enumera el Señor dramáticamente, y que están inundando el mundo: los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricia, las malicias, los fraudes, las deshonestidades, la envidia, la blasfemia, la soberbia, la insensatez…(Mc 7, 21-23) En Kibeho, Ruanda, la Virgen comunicó un mensaje urgente para el mundo enseñándonos: la importancia del Rosario; la oración sincera; la penitencia; amar; tener una fe viva; la conversión; y sobre todo un llamado a la reconciliación. También llamó a la renuncia del pecado. Se lamentó de la idolatría; de la irreverencia; del materialismo, de la hipocresía; de la inmoralidad sexual. La Virgen advirtió que todo esto tendría graves consecuencias. Por eso exhorta a sus hijos a una profunda conversión, y precisamente éstas son sus palabras:

Hay que dejar de ir por dos caminos, es necesario seguir uno solo, el que lleva a Cristo. Queremos vivir cristianamente, pero nos sentimos débiles. Y San Luis María nos da la clave de nuestra fuerza: María. “María las cruces no quita, pero las confita”, nos dice. Ya hemos entendido que debemos ponernos urgentemente a sus órdenes porque, y repitamos una vez más lo que proclamó para alentarnos desde la gruta de Lourdes el Legado Papal Cardenal Días: “La victoria final de Dios se verificará gracias a María, la Mujer del Génesis y del Apocalipsis.” Entonces escuchamos de nuevo al santo de Montfort, que rechaza a los falsos devotos de la Virgen: A los hipócritas que hacen consistir su devoción a Ella solamente en las palabras y en el exterior; a los críticos y escrupulosos que temen tributarle excesivas honras y deshonrar así al Hijo por la Madre; a los indiferentes e interesados que sólo recurren a Ella cuando se trata de bienes temporales; a los inconstantes y superficiales que sólo son sus devotos por ímpetus y a intervalos, que la abandonan en el momento de la tentación; y finalmente a los presuntuosos que con el velo de algunas devociones exteriores encubren un corazón corrompido por el pecado y que imaginan que gracias a esas prácticas no morirán sin confesión y se salvarán, continuando en sus pecados.

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Verdades que recordó San Pío X cuando recordaba lo dicho por la Virgen prudentísima: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2,5) y el mandato del Maestro: “Si quieres entrar en la vida eterna, guarda los Mandamientos” (Mt 19,17). Que todos se persuadan, por lo tanto, de esta verdad: Que si su piedad hacia la bienaventurada Virgen no le impide pecar o no le inspira la voluntad de enmendar su vida culpable, será su falsa y embustera tal piedad desprovista de su efecto propio y de su fruto natural. Si alguno desea confirmación de estas cosas, es fácil encontrarla en el dogma mismo de la Concepción Inmaculada de María. Porque omitiendo la Tradición, fuente de verdad, lo mismo que la Santa Escritura, ¿Cómo ha parecido en todo tiempo esa creencia de la Inmaculada Concepción de la Virgen tan conforme al sentido católico que se ha podido tener como incorporada y como innata en el alma de los fieles? He aquí la contestación de Dionisio el Cartujo: “Causa horror confesar que la Mujer que iba a quebrantar la cabeza de la serpiente, fue por ella quebrantada en algún tiempo, y que la Madre de Dios fuera hija del diablo. San Pío X, Ad diem illum, 2 de febrero de 1904. Queda claro, “no podemos servir a dos señores”, y si elegimos a Jesucristo, debemos renunciar al demonio, al mundo y a la carne. Debemos -a toda costa- rechazar el pecado. Por todo lo cual, el Santo de Montfort resume: …la más perfecta y útil de todas las devociones a la Santísima Virgen es la de consagrarse enteramente a Ella y a Jesús por Ella en calidad de esclavo, haciéndole entera y perfecta entrega de su cuerpo, de su alma, de sus bienes exteriores e interiores, de sus satisfacciones y de los méritos de sus buenas obras y del derecho a depender de ellos; en fin, de todos los bienes recibidos en el pasado, de los que se poseen en el presente y de los que se poseerán en el futuro. San Luis María Grignion de Montfort

El amor a la Sabiduría eterna - Cap VIII, punto II, 219.

Finalmente, hoy como nunca debemos conocer a nuestros hermanos y a nuestros enemigos. Y para ello, San Luis María da una regla tan breve como clara: “Quien no tiene a la Virgen por Madre, no tiene a Dios por Padre”. Criterio similar nos enseña San Antonio María Claret, con palabras que se pueden aplicar a esta era de María con todo lo que se ha hecho en ella por la gloria de Nuestra Señora aplastando indecibles veces a la serpiente: Se han irritado los que forman la raza de la serpiente; y es muy natural que así sea. Cuando no se molesta a la serpiente va marchando a su manera; pero si se le pisa la cabeza se resiente y vuelve sobre su cuerpo, y a proporción que se le aprieta y machaca la cabeza, tanto más se irrita, se hincha, y se venga a su modo del que la hace sufrir… He aquí por qué los malos que forman su raza se han irritado, porque su cabeza que es Satanás, sufre; la Virgen la aprieta y la quebranta, y ellos que forman su cuerpo, se revuelven llenos de rabia y de furor, y ya que no pueden herir a la Santísima Virgen se vengan en sus hijos y les hacen todo el mal que pueden y de todos modos. Esto es indispensable que así suceda, porque se han de cumplir las palabras que dijo Dios allá en un principio a la serpiente: “Yo pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tu raza y la descendencia suya”. (Gén. 3, 15).

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Por eso conviene mucho amados hermanos, que sepáis hacer diferencia de unos y de otros, para seguir a la Mujer predilecta y resistir virilmente a la serpiente y a todos los que forman su cuerpo. La Mujer de que se habla aquí, bien sabéis que es María; su descendencia es Jesucristo, Hijo suyo primogénito, y todos los verdaderos católicos son los segundos o hijos adoptivos por gracia. El mismo Jesucristo, después de la Resurrección, os llama hermanos, pues si somos hermanos de Jesús, María, que es su Madre, será también la nuestra, y Dios, que es su Padre, será también nuestro Padre. Esta es una consecuencia tan legítima como verdadera, por eso nos manda que digamos a Dios: Padre nuestro, que estás en los cielos. Y San Juan nos dice: Mirad qué tierno amor hacia nosotros ha tenido el Padre, queriendo que nos llamemos hijos de Dios y lo seamos en efecto. (…) Entre tanto, quien tiene tal esperanza en Él, santifíquese a sí mismo, esto es que haga todo lo posible por vivir santamente, pues cualquiera que cometa pecado, por lo mismo comete una injusticia, pues el pecado es una injusticia o una transgresión de la Ley. Y a la verdad, nadie será semejante en el Cielo a Dios y a Jesucristo en la gloria si aquí en la tierra le fuera desemejante en las costumbres. Bien sabéis que Él vino a quitar nuestros pecados y que en Él no cabe pecado. Y es tanto el horror y la aversión que tiene a los pecados, que para quitarlos de nosotros pagó con su muerte y nos lavó con su Sangre. Todo aquel que permanece en Él con la debida observancia de la Ley y con un amor constante, no peca; y el que peca no le ha visto ni le ha conocido. Hijitos míos, nadie se engañe diciendo que con la sola fe el hombre se justifica y se salva, pues no sólo el que cree, sino el que hace todo lo que manda la Ley de Dios. Quien comete pecado es hijo del diablo, pues sigue sus máximas y espíritu. Por eso vino el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Todo aquel que nació de Dios no hace pecado, porque la gracia santificante mora en él. Por aquí se distinguirán los hijos de Dios de los hijos del diablo. Caín, el cual era hijo del espíritu maligno, mató a su hermano ¿Y por qué le mató? Porque sus obras eran malignas y las de su hermano justas. No os extrañéis, hermanos si os aborrece el mundo. San Antonio María Claret El Santo exhorta a la devoción a María, Reina de los Ángeles y de los hombres, y destinada a ser Madre del mismo Dios, con una dignidad casi infinita, con las gracias análogas a esta dignidad, mostrando que su espíritu es diametralmente opuesto, y a Ella debemos imitar, sobre todo en la humildad, en la sumisión y obediencia a Dios, en la caridad y demás virtudes que le merecieron tanta gloria que la Iglesia, llena de entusiasmo canta: “Es exaltada la Santa Madre de Dios sobre los coros angélicos a los reinos de los Cielos.” Entreguémonos confiadamente a ese Corazón, según la voluntad de Dios manifestada para nosotros, los hombres de estos tiempos y acudiendo a él, que es el Sagrario viviente de Dios, y digamos “osadamente” con San Juan Damasceno, según nos exhorta el Santo de Montfort: Si confío en Vos ¡Oh Madre de Dios! seré salvo; defendido por Vos, nada temeré; con vuestra protección y auxilio perseguiré y pondré en fuga a mis enemigos, porque vuestra devoción es un arma de salvación que Dios da a aquellos que Dios quiere que se salven. San Juan Damasceno, sermón de la Anunciación.

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La devoción a María nos lleva a escucharla en sus Apariciones y seguir sus directivas, a fin de que nada ni nadie nos haga equivocar en esta lucha. Es por eso que Ella dice a los sacerdotes, sus hijos predilectos, y al hablar a ellos nos habla a todos:

He venido desde el Cielo a revelaros mi designio en esta lucha que envuelve a todos, enrolados a las órdenes de dos caudillos opuestos: La Señora Vestida de Sol y el Dragón rojo. Os he indicado el camino a recorrer: El de la oración y la penitencia. Os he invitado a la conversión interior de vuestra vida. Os he indicado también un refugio para estar recogidos, protegidos, fortalecidos durante la presente tormenta que aún se hará más grande. El refugio es mi Corazón Inmaculado. Ahora os anuncio que éste es el tiempo de la batalla decisiva. En estos años, Yo misma intervengo, como la Señora Vestida de Sol, para llevar a cumplimiento aquel triunfo de mi Corazón Inmaculado que ya he iniciado por medio de vosotros, mis hijos predilectos (los sacerdotes). Se os pedirán sufrimientos, pero en mi Corazón Inmaculado seréis llamados también a gozar de las íntimas alegrías de mi Amor Maternal. Las tinieblas se harán más densas, pero también se volverá más fuerte el rayo de luz que parte de mi Corazón para indicaros el camino. El pecado lo cubrirá todo, pero vosotros seréis ayudados por Mí a revertiros de la gracia divina, que en vosotros deberá resplandecer cada vez más para dar a todos el testimonio de santidad. Escuchad mi voz con docilidad y con humildad. (Al Padre Gobbi, 13/5/1979, Aniversario de la Primera Aparición en Fátima)

X

María en los últimos tiempos El poder de María brillará particularmente en los últimos tiempos. San Luis María Grignion de Montfort

El maestro de la esclavitud mariana nos dice: “Por María ha comenzado la salvación del mundo y por María debe ser consumada…”. “En el segundo advenimiento de Jesucristo, María debe ser conocida y revelada mediante el Espíritu Santo, a fin de hacer por Ella conocer, amar y servir a Jesucristo”. Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen,

Capítulo I, art. II, 49

Transcribimos en este capítulo sus enseñanzas: Dios quiere, pues, revelar y descubrir a María, la obra maestra de sus manos, en estos últimos tiempos: 124


1º - Porque Ella se ha ocultado en este mundo y se ha puesto más abajo que el polvo por su profunda humildad, habiendo obtenido de Dios, de sus Apóstoles y Evangelistas, no ser manifestada. 2º - Porque siendo la obra maestra de las manos de Dios, tanto aquí abajo por la gracia, como en el cielo por la gloria, Él quiere a causa de Ella ser glorificado y alabado en la tierra por los vivientes. 3º - Como Ella es la aurora que precede y descubre al Sol de justicia, que es Jesucristo, debe ser conocida y percibida, a fin de que Jesucristo lo sea. 4º - Siendo la vía por la que Jesucristo ha venido a nosotros por primera vez, Ella lo será también cuando venga la segunda, aunque no de la misma manera. 5º - Siendo el medio seguro y la vía recta e inmaculada para ir a Jesucristo y hallarlo perfectamente, es por Ella que deben encontrarle las almas santas que han de brillar en santidad. Aquél que hallare a María hallará la vida (Prov.8,36), es decir a Jesucristo, que es el camino, la verdad y la vida (Jn. 14); mas, no se puede hallar a María si no se la busca; no se la puede buscar si no se la conoce; porque no se busca ni se desea un objeto desconocido; es menester, pues, que María sea más conocida que nunca, para el mayor conocimiento y gloria de la Santísima Trinidad. 6º- María debe resplandecer, más que nunca, en misericordia, en fuerza y en gracia en estos últimos tiempos; en misericordia, para volver a traer y recibir amorosamente a los pobres pecadores y descarriados que se convertirán y volverán a la Iglesia Católica; en fuerza contra los enemigos de Dios, los idólatras, cismáticos, mahometanos, judíos e impíos endurecidos, que se revolverán terriblemente para seducir y hacer caer, con promesas y amenazas, a todos aquellos que les serán contrarios; y, en fin, Ella debe resplandecer en gracia, para animar y sostener a los valientes soldados y fieles servidores de Jesucristo que combatirán por sus intereses. 7º - En fin, María debe ser terrible al diablo y a sus secuaces como un ejército en orden de batalla principalmente en estos últimos tiempos (1) porque el demonio, sabiendo bien que tiene poco tiempo, y mucho menos que nunca, para perder a las almas, redobla todos los días sus esfuerzos y sus combates. Él suscitará pronto crueles persecuciones, y pondrá terribles asechanzas a los servidores fieles y a los verdaderos hijos de María, a quienes le cuesta más trabajo superar que a los otros. Es principalmente de estas últimas y crueles persecuciones del diablo, que aumentarán todos los días hasta el reinado del Anticristo, de las que se debe entender esta primera y célebre predicción y maldición de Dios, lanzada en el paraíso terrenal contra la serpiente. Viene a propósito explicarla aquí para la gloria de la Santísima Virgen, la salud de sus hijos y la confusión del diablo. “Yo pondré enemistades entre ti y la Mujer, entre tu raza y la suya; ella misma te aplastará la cabeza y tú pondrás asechanzas a su talón” (Gen III,15) 1 - Es de notar, interpola aquí el Padre Nazario Pérez, SJ, que nuestra época, que ve al demonio redoblar sus esfuerzos, organizar y jerarquizar un verdadero ejército, ve también acrecentarse al extremo la devoción a la Santísima Virgen.

Dios no ha hecho ni formado nunca sino una enemistad, pero irreconciliable, que durará y aumentará aún hasta el fin: es entre María, su digna Madre, y el diablo; entre los hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y secuaces de Lucifer; de suerte que la más terrible de las enemigas que Dios ha hecho contra Lucifer, es María, su Santa Madre. Él le ha dado, aún desde el Paraíso terrenal, aunque no fuese aún sino en su idea, tanta industria para descubrir la malicia de esa antigua serpiente, tanta fuerza para vencer, abatir y aplastar a ese orgulloso impío, que éste 125


la teme más, no sólo que a todos los Ángeles y a los hombres, sino, en un sentido, más que a Dios mismo. No es que la ira, el odio y el poder de Dios no sean infinitamente más grandes que los de la Santísima Virgen, puesto que las perfecciones de María son limitadas; sino que es, primeramente, porque satanás, siendo orgulloso, sufre infinitamente más el ser vencido por una pequeña y humilde sierva de Dios, y su humildad lo humilla más porque Dios ha dado a María un poder tan grande contra los diablos, que ellos temen más, como a menudo han sido obligados a confesar, a su pesar, por boca de los poseídos, uno solo de sus suspiros por algún alma, que las plegarias de todos los santos, y una sola de sus amenazas contra ellos que todos sus otros tormentos. No solamente Dios ha puesto una enemistad, sino enemistades, no sólo entre María y el demonio, sino entre la raza de la Santísima Virgen y la raza del demonio; es decir, que Dios ha puesto enemistades, antipatías y odios secretos entre los verdaderos hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y esclavos del diablo; ellos no se aman mutuamente, no tienen correspondencia interior unos con otros. Lo hijos de Belial, los eslavos de Satán, los amigos del mundo (pues son la misma cosa), han perseguido siempre hasta aquí y perseguirán más que nunca a aquellos y aquellas que pertenecen a la Santísima Virgen, como antaño. Caín persiguió a su hermano Abel, y Esaú a su hermano Jacob, que son la figura de los réprobos y de los predestinados. Pero la humilde María tendrá siempre la victoria sobre ese orgulloso. Y tan grande, que llegará hasta aplastarle la cabeza donde reside su orgullo. Ella descubrirá siempre su malicia de serpiente; desbaratará sus maquinaciones infernales, disipará sus consejos diabólicos y preservará hasta el fin de los tiempos a sus fieles servidores de su garra cruel. Pero el poder de María sobre todos los diablos brillará particularmente en los últimos tiempos, en los que Satanás pondrá asechanzas a su talón, es decir, a sus humildes esclavos y a sus pobres hijos, que Ella suscitará para hacerle la guerra. Ellos serán pequeños y pobres según el mundo, y abatidos delante de todos, hollados y perseguidos como lo es el talón respecto de los otros miembros del cuerpo; pero, en cambio, serán ricos en gracia de Dios, que María les distribuirá abundantemente; grandes y realizados en santidad delante de Dios, superiores a toda criatura por su celo animado, y tan fuertemente apoyados en el socorro divino, que o con la humildad de su talón, en unión con María, aplastarán la cabeza del diablo y harán triunfador a Jesucristo. En fin, Dios quiere que su Santa Madre sea al presente más conocida, más amada, más honrada que nunca, lo que sucederá, sin duda, si los predestinados entran, con la luz y la gracia del Espíritu Santo, en la práctica interior y perfecta que yo os descubriré (la santa esclavitud mariana). Entonces ellos verán claramente, tanto cuanto lo permite la fe, a esta hermosa Estrella del Mar, y llegarán a buen puerto, a pesar de las tempestades y de los piratas, siguiendo su guía; conocerán las grandezas de esta Soberana, y se consagrarán enteramente a su servicio como sus súbditos y esclavos de amor; experimentarán sus dulzuras y sus bondades maternales, y la amarán tiernamente como hijos suyos bienamados; conocerán las misericordias de que está llena, y la necesidad en que están de su auxilio, y recurrirán a Ella en todas las cosas como a su querida abogada y medianera junto a Jesucristo; sabrán que Ella es el medio más seguro, más fácil, más corto y más perfecto para ir a Jesucristo, y se entregarán a Ella con cuerpo y alma, sin partición, para ser asimismo de Jesucristo.(Ibidem puntos 50 al 55) 126


Ella misma, Nuestra Señora, nos manifiesta la misión que Dios le ha confiado para estos últimos tiempos:

Dios mi Creador quiso que María trajese a Jesús al mundo para redimir a la humanidad, y que todos los hombres le conociesen; y ahora pide la Divina Majestad de Dios que María sea la que prepare el camino para que reine su Hijo. Por eso soy Reina y Madre de Misericordia, consuelo de los pecadores y de los afligidos. (El Escorial, 4/6/88)

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Tercera parte

La gran lucha de la Mujer La lucha entre Dios y su enemigo causa siempre estragos, hoy más que nunca, porque el mundo se encuentra terriblemente sumergido en la ciénaga de un secularismo que quiere crear un mundo sin Dios; de un relativismo que sofoca los valores permanentes e inmutables del Evangelio; y de una indiferencia religiosa que sigue imperturbable frente al bien superior de las cosas que conciernen a Dios y a la Iglesia. Esta batalla causa innumerables víctimas en nuestras familias y entre los jóvenes. (…) Sin embargo, la victoria final pertenece a Dios y ello se verificará gracias a María, la Mujer del Génesis y del Apocalipsis, que combatirá a la cabeza del ejército de sus hijos e hijas contra las fuerzas enemigas de Satanás y aplastará la cabeza de la serpiente. Cardenal Iván Días, Legado de Benedicto XVI a las celebraciones del jubileo de Lourdes en el 150º aniversario de sus apariciones. 8 de diciembre de 2008.Homilía de la Misa.

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I

Los gritos sacrílegos ¿Por qué se amotinan las gentes y las naciones traman vanos proyectos? Se han levantado los reyes de la tierra, y a una se confabulan los príncipes contra Yahvé y contra su Ungido. “Rompamos (dicen) sus coyundas, y arrojemos lejos de nosotros sus ataduras. (Salmo 2) A partir de la reforma protestante, los males se fueron agrandando y acumulando en el mundo hasta desembocar en la primera gran guerra, y, sin detenerse, llegan hasta nosotros. Así describe en forma sintética la obra del dragón el Padre Wilkinson Dirube: El despeñadero fatal comenzó en el siglo XVI con el grito de la Reforma: “¡NO MÁS IGLESIA!”, que desarrolló el virus de la emancipación espiritual, marcando la tendencia a la interpretación autónoma e independiente de la Sagrada Escritura y negando a la Madre de Dios el lugar que Él le ha dado, sus privilegios y prerrogativas. Sosteniendo el principio de un individualismo absoluto, que con el correr de los tiempos ha resultado un verdadero “bumerang” lanzado a través de las generaciones por un individuo que quiso independizar al hombre, negando el orden sobrenatural y sembrando la semilla del pesimismo de una naturaleza esencialmente corrompida con su libre albedrío extinguido… simiente que, donde proliferó, hizo caldo de cultivo eficaz para el capitalismo, igualmente materialista y ateo, insensible a todo valor que no sea puramente financiero… y que ha traído la lucha hoy desatada contra él, y que arrastra en su “desastre” a todo el género humano. Al concupiscente autor de la reforma, siguió, siglos más tarde -XVII y XVIII- la doctrina del librepensamiento -ya no sólo de la libre interpretación de los textos ý el filosofismo de Voltaire y Rousseau , desembocó en el racionalismo de la escuela alemana, y entonces el grito fue más alto: “¡NO MÁS CRISTO!”. Negada la Iglesia era lógico que se negara a su Fundador y Cabeza, cuya Ley estorbaba a la soberbia de la razón engreída hasta creerse diosa. ¡María negada, el reino de su Hijo desechado! El siglo XIX comenzó con la eclosión del liberalismo y terminó con el materialismo histórico de Marx, gritándose entonces la nota estridente, que venía como consecuencia lógica de las negaciones anteriores: ¡NO MÁS DIOS!. El apoyo de la civilización y el principio sustentativo del “orden” se desvaneció, y el hombre, antes aferrado a la garantía de Dios que lo enraizaba en lo jerárquico por su autoridad divina, se halló desarraigado, separado del conjunto social y librado a sí mismo. ¡Negada la Madre, repudiado el Padre…! Y tambaleó el hogar cristiano, sustento de la civilización evangélica. Entonces comenzó la locura celular del cáncer social con el hombre independiente y autónomo, apoyado sobre

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los valores contingentes, relativos y por lo mismo cambiantes, contradictorios, antojadizos. La conciencia individual perdió su conexión con lo sobrenatural y absoluto, y como consecuencia rompió también el vínculo que más la unía a la comunidad, su segunda raíz de orden. Descastado por la “religión sin Madre”, el hombre se hizo lobo para el hombre. Y así llegamos al período de plena anarquía como régimen de conciencia, que caracteriza el siglo XX que vivimos (el Padre escribe en 1960). Lógico es que hayamos perdido la paz y el odio suplante al amor, para lanzar a la humanidad -o gran parte de ella- por el camino de utopías, en franca regresión y en caótica sensación de ansiedad y pánico. ¿Qué ha hecho crisis? Todo. Los valores, las ideas y conceptos, y por lo mismo la crisis es total: de hombres, instituciones y costumbres. Lo que sufrimos, y que engendra la angustia que asoma con ribetes de desesperación en pueblos enteros , víctimas del miedo, del odio y del hambre -secuela inseparable- es la crisis del pilar básico del orden y del bien común: crisis de verdad y de autoridad. El bumerang del siglo XVI vuelve a nosotros para golpearnos en la frente rebelde y soberbia, que no quiso al Rey del Amor -“Non serviam”- y tiene que abajarse dislocada en su humillación, cuando oye el grito milenario que comenzó por rechazar a la Iglesia Jerárquica, negó a Cristo , apostató de Dios, y ahora exclama: “¡NO MÁS HOMBRE!”, sino bestias de trabajo, de procreación y de placer (…) Por eso se vive en el paroxismo de todas las conculcaciones y en el desenfreno de todos los libertinajes , con desprecio de la vida y de la sangre humana. El odio de Satanás, que sabe esconderse y hacer creer que no existe, es contra Dios. Por eso se vuelca furioso contra la criatura del Altísimo, hecha para ser rey de la Creación (Gen. 1, 26) y quiere reducirlo a la condición de bruto animal. Pero olvida el Perverso que pesa sobre él la maldición divina y la Promesa del Redentor y la Corredentora, la que quebrantará su cabeza (Gen 3, 15), como asimismo pretende olvidar que “las puertas del infierno no prevalecerán” contra la Iglesia que Jesucristo fundara sobre Pedro (Mt 16,18), de la que nosotros somos miembros y todos somos del Cuerpo Místico de Cristo (1 Cor. 12, 27), Quien, desde la cruz destruyó al demonio y a la muerte: la mentira (Heb. 2, 14) ”. “Reflexiona, reflexiona profundamente”, dice el Padre al lector, para guiarlo a la verdadera devoción a María: “¡O estás con Cristo o contra Él, sirviendo los intereses contrarios a tu hogar, tus hijos, y a tu misma condición y dignidad humana! ¡Busca María, que es Luz en medio de las tinieblas!

¡Oh Madre y Señora nuestra ¡Tuus totus ego sum et omnia mea tua sunt! Admíteme y recíbeme como hijo-esclavo de amor tuyo, y como tal guárdame para que mis enemigos no me engañen ni me venzan; ilumíname para que siempre descubra la inconsistencia de lo vano, lo despiadado del egoísmo y la soberbia, lo efímero de los goces sensuales; y fortaléceme para tener coraje de vencer, de frente y sin cuartel, toda mentira contra mí y en todo, y hallar de esta suerte la Verdad, que me llevará por, con, en y para Ti, al Camino y la Vida con lo que tendré paz en la tierra y gloria después en el Cielo. P. Roberto Wilkinson Dirube, Ecce Ancilla -

Entretenimientos espirituales, Mar del Plata 1960.

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El Padre Wilkinson mencionó “la eclosión del liberalismo”. Pero muchos seguirán ignorando qué significa esa doctrina, tendencia y “moda”: El liberalismo, en cuanto es un error en materia de fe y religión, es una doctrina multiforme que emancipa en mayor o menor proporción al hombre de Dios, de Su Ley, de Su revelación, y, consecuentemente, desliga a la sociedad civil de toda dependencia de la sociedad religiosa, es decir, de la Iglesia, que es custodia de la ley revelada por Dios, su intérprete y maestra. Porque si consideramos el contenido del vocablo, fácilmente se apreciará que el liberalismo, no sólo en las cosas atingentes a la religión y a las relaciones con Dios, tiene vigencia o puede tenerla. Por cierto la emancipación Dios fue el fin principal intentado. En efecto, se reunieron contra Dios y contra su Cristo, diciendo “Rompamos las ataduras y arrojemos de nosotros su yugo” Pero para este mismo fin prefijaron un principio general que sobrepasa los límites del ámbito religioso e invade y penetra todos los campos de la comunidad humana. Ese principio es el siguiente: la libertad es un bien fundamental, santo e inviolable del hombre, contra el cual es un sacrilegio atentar por medio de la coacción; y de tal modo esta misma irrestringible libertad debe ser puesta como piedra inconmovible sobre la cual se juzgue todo de derecho, que sólo se pueda llamar equitativa, buena y justa una sociedad que descanse en el citado principio de la inviolable libertad individual; inicua y perversa la que sea de otro modo. Esto es lo que excogitaron los promotores de aquella revolución de 1789, cuyas amargos frutos ya se recogen en casi todo el mundo. Esto es lo que constituye el medio y el fin de la “Declaración de los derechos del hombre” Esto es lo que para aquellos ideólogos fue como la base para la reedificación de la sociedad desde los últimos cimientos, tanto en el orden político , económico, doméstico, como principalmente moral y religioso. Cardenal Louis Billot, “El error del liberalismo”,

Alocución en el Cuarto Centenario de la Universidad Gregoriana, 18 de octubre de 1953.

Decía Clemenceau: “Desde la Revolución Francesa estamos en rebelión contra la autoridad divina y humana”. Por eso José De Maistre ponía en boca de los liberales estas palabras: Queremos organizar una humanidad que pueda prescindir de Dios. La rabia filosófica no conoció límites, y muy pronto, formándose una sola voz formidable con tantas voces reunidas se la escuchó gritar (a Dios) en medio de la culpable Europa: “¡Déjanos ¿Será necesario , pues, temblar eternamente ante los sacerdotes y recibir de ellos la instrucción que tendrán a bien darnos? La verdad es que toda Europa está escondida por la humareda del incensario; es tiempo que salga de esa nube fatal. No hablaremos más de Ti a nuestros hijos; a ellos, cuando sean hombres, les tocará saber si existes , y lo que eres, y lo que pides de nosotros. Todo lo que existe nos disgusta porque tu nombre está escrito sobre todo lo que existe. Queremos destruir todo, y rehacer todo sin Ti. Sal de nuestros consejos, sal de nuestras academias, sal de nuestras casas, la razón nos basta ¡Déjanos! José De Maistre, Essai sur príncipe générateur des constitutions politique (63-68)

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Actualmente vemos cómo todo lo dicho se ha ahondado, y el desenfreno casi no nos sorprende, porque ya no hay contención alguna a esos gritos sacrílegos: “¡No más Iglesia! ¡No más Cristo! ¡No más Dios! ¡No queremos sus Mandamientos, su Evangelio, sus enseñanzas de perdón y de amor! Y como no es posible destruir la Iglesia, mejor será meternos dentro de ella para ver si la ocupamos, engañando a sus pastores, corrompiendo a sus ministros, ganándonos a sus fieles, …! Y luego nosotros mismos nos haremos nuestra religión, con otros diez mandamientos, exactamente opuestos a los que Dios nos ha dado. Podemos ser dioses ¡Nosotros somos dios! En España y en otros países ya se abrieron oficinas “para registrar a los apóstatas”. Invitan de diversas formas a apostatar (así lo dicen) y ofrecen ayuda a los interesados para comunicarse con la parroquia donde fue bautizado para comunicar que lo borren de ese registro, que esa persona quiere ser “apostata” y “ateo”. Hasta allí llegó la soberbia incontrolada de muchos. Pero éste es un simple dato. “Varios cardenales y el archivista de Fátima coincidieron en declarar que el Tercer Secreto advierte sobre la apostasía en la Iglesia. Esa profecía de la Virgen ya la estamos viviendo. Pero Ella no nos pide discusiones y polémicas. En sus múltiples apariciones nos pide: Rosarios, muchos Rosarios, y en todas nos guía, nos alienta, nos lleva de la mano hacia Jesús. Esta intervención única en la historia no es ni más ni menos que la lucha de la Mujer contra el dragón. Aquí nos encontramos nuevamente con la palabra del Padre Alberto García Vieyra, que ya en 1980 nos aclaraba las raíces del mal, mostrándonos a María en su intervención providencial en estos tiempos suyos. Al leer, en el final de su texto: La ciencia del mal ha penetrado profundamente en las mentes y en las instituciones del mundo actual; quizás tiene que crecer, universalizarse y penetrar más hondo. Así será mayor el triunfo de la Mujer que pisa la cabeza de la serpiente”, palabras verdaderamente proféticas: “La historia es el orden de las causas segundas de más relieve y político en el mundo, que obran con libertad de acción en el mismo. Estas causas segundas son los hombres, que obran libremente por su inteligencia y voluntad. La historia del mundo, tomada complexivamente, desde el renacimiento hasta nuestros días, ha seguido un proceso en sus instancias supremas, de abandono de lo sobrenatural, de laicización, llamado asimismo de secularización, radicalizándose cada vez más en el mal, en la prescindencia de Dios Creador y de la ley divina. Este proceso es llamado naturalismo, y significa una reorganización de la vida sin Dios, en el marco de las realidades solamente empíricas. Supuesta esta radicalización en el mal, en la, aversión a Dios, tenemos lo siguiente, que creemos ser el plan de la Providencia: El incremento de la maternidad espiritual de María entre los hombres es lo único capaz de influir en el orden de las causas segundas libres -acontecimientos humanos- para volverlas a la conversión a Dios y salvarlas. (resaltado del Padre García Vieyra). La teología distingue perfectamente la providencia general y la providencia especial de las creaturas intelectuales llamadas por Dios a participar de la vida eterna. Es la distinción entre providencia y predestinación (Sto. Tomás, Summa, I, 23, 1). Dios creador, que pone las cosas en el ser, es causa también de su perfección, de su orden, de su bien particular, en función del bien del universo. Todo bien universal, desde el movimiento de las galaxias en el cielo hasta la compleja intimidad del átomo, todo está regido por las leyes 133


de la providencia, el sistema concatenado de causas segundas que tejen la perfección del universo. Por encima de aquellas leyes generales está la providencia especial de las creaturas intelectuales, llamadas a la vida eterna. Obrando con libertad, estas creaturas merecen o pecan; colocándose en la conversión a Dios o en la aversión. Es aquí, en este orden, donde existe remedio contra el pecado. Toda la economía de la Redención es para salvarnos del pecado. Y la Iglesia espera la mediación de María.

Las causas segundas a menudo defeccionan; debemos tener en cuenta su propia falibilidad. Como la cizaña en el campo sembrado de la parábola, el mal permanece. Cuando la cizaña sembrada es moral, el mal es menor; pero cuando la cizaña es intelectual, cuando se trata del error, de la herejía, sugestión de una apostasía de la fe, el mal es mucho mayor. Entonces hay un vuelco de la inteligencia del hombre de imprevisibles consecuencias (…) En diversos tiempos históricos han ocurrido estos vuelcos de la inteligencia, en la crisis nominalista, en el protestantismo, en la Revolución Francesa que endiosó a la razón, en la revolución soviética que endiosa al estado (…) Vuelcos de la inteligencia, que por el espejismo de la “conquista” se radicaliza cada vez más en la aversión a Dios. Digamos que son episodios de la guerra del dragón contra la Mujer. En cada uno de estos vuelcos, ha habido un arraigarse en el error, en el mal, pletórico de funestas consecuencias. Fáciles de detectar son las consecuencias del protestantismo, del libre examen, el confusionismo en materia tan grave como es la religión. El individualismo religioso abrió la puerta a otros individualismos funestos, como el político, el económico, etc. A la furia del dragón puede asignarse este penoso transitar del hombre por los caminos del error; esta búsqueda inútil del Paraíso en los campos de la aversión a Dios. La furia del dragón, la guerra despiadada en contra de los que guardan el testimonio de Jesús. La lucha resulta explicable. El demonio es, aunque destronado, el Príncipe de este mundo. El pudo ofrecer a Jesús los reinos de la tierra; ahora no los tiene, pero los sigue ofreciendo. El hombre se engaña por la imaginación; la vida histórica de los pueblos se organiza por la aversión a Dios. Eso no pueden desbaratarlo las causas segundas solas, sino unidas a la Mujer. Ello explica que la Iglesia, en estos últimos tiempos, por boca de los Pontífices, invoque a María. Los grandes estados del mundo actual, instalados en la aversión a Dios, no tienen ninguna preocupación moral. Reorganizan la fuerza para incrementar el poder. Son causas segundas radicalizadas en el mal; adoran lo que es menester, al diablo, para obtener de él los reinos de la tierra. (Lc. 4,7)

Contra ese orden de causas segundas radicalizadas en el mal: protestantismo, subjetivismo filosófico, tradición naturalista, liberalismo, comunismo, materialismo en todas sus formas; contra todo eso ya organizado en instituciones, leyes, costumbres, no hay remedio en el orden natural. En el orden natural no hay remedio contra el pecado. El remedio es sobrenatural o no existe. Puede recuperarse el orden público, por un tiempo, pero si no intercede el don de la gracia y de las virtudes cristianas, esa recuperación se desvanece pronto. 134


Un ejemplo nos lo muestra claramente; el pueblo hebreo no logró salir de la cautividad de Egipto sino gracias a la oración y la petición perseverante de varias generaciones. Solamente así, por la oración perseverante, Dios obró el milagro. Se quebró el orden normal de las causas segundas, y el pueblo salió de Egipto. La ciencia del mal ha penetrado profundamente en las mentes y en las instituciones del mundo actual; quizás tiene que crecer, universalizarse y penetrar más hondo. Así será mayor el triunfo de la Mujer que pisa la cabeza de la serpiente. El orden normal o natural de las causas segundas (hombres, instituciones) que han echado raíces en el mal, sólo podrá ser quebrado por un milagro de Dios. Creemos que ese milagro está reservado a la misión histórica de María. Alberto García Vieyra OP,

“El papel histórico de María”

El Padre García Vieyra afirma que esta situación sólo se puede revertir con la oración perseverante. Igual conclusión sacaba cien años antes Félix Sardá y Salvani, cuando al explicar magistralmente lo que es el liberalismo y sus peligros, concluía: …Con argumentos y réplicas se obliga tal vez a enmudecer al adversario, y esto no es poco en algunas ocasiones. Pero con esto sólo no se alcanza muchas veces su conversión. Para esto suelen valer tanto o más las fervorosas oraciones que los más bien hilados raciocinios. Más victorias ha logrado para la Iglesia de Dios el gemido del corazón de sus hijos, que la pluma de sus controversistas y la espada de sus capitanes. Sea, pues, aquella, el arma principal de nuestros combates, sin descuidar las demás. Por el ruego cayeron los muros de Jericó, más que al empuje de guerreras máquinas; ni las venciera Josué al feroz Amalech, si no estuviera Moisés, alzadas las manos, en ardiente oración durante la batalla. Oren, pues, todos los buenos. Y oren sin descansar. Ecclesiae tuae, quaesumus Domine, preces placatus admite, ut destructis adversitatibus et erroribus universis, secura Tibi serviat libertate. Félix Sardá y Salvany, Epílogo de “El liberalismo es pecado”. No erraban estos maestros en sus conclusiones. Hoy la Virgen exhorta, en Lanús, como en todas sus múltiples apariciones, a orar sin desfallecer. Aquí tenemos una de Lanús, cuando decía a Marcia:

Hijos queridos, nuevamente os digo que debéis orar más. ¡El mundo sangra cada vez más y el hombre cada día quiere tomar el lugar de Dios! ¡Orad, orad!. Entonces la vio cubrir su rostro con las manos, y luego, llena de angustia la miró y dijo:

¡Ay hijos, ay hijos! Que el hombre juegue a ser Dios, es inconcebible, por eso os pido que toméis el Rosario y oréis mucho más! ¡Aún no oráis lo suficiente Orad el Rosario cada día en nombre del Señor, que es el escudo contra satanás! ¡Cubrid el mundo con el Rosario! (Lanús1/8/04) No cuenta la soberbia del insensato con que ya apareció hace tiempo en el Cielo la gran señal: La Mujer Vestida de sol, la Madre de Dios y de los hombres, la que va a 135


aplastar la cabeza de la serpiente… ¡El demonio no va a vencer! No ¡Ella, la Mujer, le aplastará la cabeza! Ella es la vencedora de la lucha apocalíptica. A su lado, el gran Arcángel San Miguel da sus órdenes a su ejército, que somos nosotros, y él es quien levanta el grito vencedor.

¡Quién como Dios! El hombre, por encumbrado que esté, deberá inclinarse ante el Señor. Los gobernantes, responsables de las blasfemias públicas y el propio endiosamiento, comparecerán al Rey de reyes y Señor de los señores. ¡Qué maravilla sería si en algún momento leyeran y aceptaran las admoniciones de la Sabiduría, a ellos dirigidas!

Oíd pues, oh reyes, y comprended; aprended, oh jueces de los confines de la tierra. Prestad oídos, vosotros que contenéis a las multitudes, y os gloriáis con la abundancia de las naciones. Porque la potestad os fue dada por el Señor, y la fuerza por el Altísimo, quien examinará vuestras obras y escudriñará los pensamientos. Porque siendo vosotros ministros de su reino, no juzgasteis con rectitud, ni observasteis la ley de justicia, ni procedisteis conforme a la voluntad de Dios. Él se os aparecerá espantosa y repentinamente, pues los que gobiernan serán juzgados con extremo rigor. Pues al pequeño se le concede misericordia, pero los poderosos serán atormentados con gran poder. Pues Dios no exceptuará a ninguna persona ni respetará la grandeza de nadie, pues al más pequeño y al grande él mismo los hizo, y se preocupa de todos por igual. Si bien a los más grandes amenaza más rigurosa inquisición. Por lo tanto, para vosotros ¡oh reyes! son éstas, mis palabras, para que aprendáis la sabiduría y no resbaléis (Sab 6, 2-10).

II

El dragón Otra señal se vio en el cielo: Y era un dragón grande, bermejo (Ap. 12, 3)

El dragón es la “serpiente antigua”, es la serpiente del Paraíso que engañó a los primeros padres, les indujo a pecar, y con el pecado entró la muerte en el mundo ( Gn 3). Es, además, el que tiene por nombre personal diablo, el que separa a los hombres de Dios, el que disuade del bien, el que odia, ataca, acusa y calumnia a los hombres. Se llama también satanás, o satán, que significa contradictor, adversario o fiscal (Job 1,62,6; Zac 3,1-2). Es el adversario que acusa a los hombres ante Dios. Se dice de él asimismo que es el seductor del mundo entero, induciéndolo a religiones y morales falsas, porque es mentiroso (Jn 8,44) y tentador (20,3). Dice Straubinger: “El dragón es un animal fabuloso que, según la imaginación popular, incorporaba en sí los elementos más temibles de varios reptiles y bestias feroces: cuerpo de serpiente, alas de águila, garras de león, etc.” 136


El dragón fue un ídolo de la antigüedad en diversas culturas. Las investigaciones arqueológicas no sólo han confirmado el culto del dragón en Babilonia, como lo testifica la Escritura en el libro de Daniel, también se han encontrado figuras de este animal entre las ruinas de las chinos y de las culturas mayas y aztecas en América, que le atribuían una ciencia oculta y superior. Nosotros lo encontramos repetidamente en el Apocalipsis, donde San Juan lo identifica como el diablo, el gran Dragón, “ la serpiente antigua (que muestra el Génesis) que se llama el diablo y Satanás (Ap.12, 9; 13, 2-4; 16, 13; 20,2), y dice que “el gran dragón tiene color de fuego, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas. “Su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del Cielo y las arrojó a la tierra”. En el lenguaje de la Biblia, las “estrellas del cielo” son aquellas que están puestas en el firmamento para iluminar el camino de otros para ir al cielo. Este pasaje ha sido clásicamente interpretado en los comentaristas católicos significando que un tercio del clero – es decir cardenales, obispos, sacerdotes – caen de su estado consagrado y están trabajando actualmente para el Diablo. Ese clero está socavando la Fe Católica, y por lo tanto poniendo en peligro nuestra salvación. El Papa Juan Pablo II, en la Misa en la que beatificó a los pastorcitos Jacinta y Francisco de Fátima el 13 de mayo del año del Gran Jubileo, decía en su homilía:

“Por designio divino, una mujer vestida del sol" (Ap 12, 1) vino del cielo a esta tierra en búsqueda de los pequeños privilegiados del Padre. Les habla con voz y corazón de madre: los invita a ofrecerse como víctimas de reparación, mostrándose dispuesta a guiarlos con seguridad hasta Dios… Y apareció otra señal en el cielo: un gran dragón" (Ap.12,3)…Estas palabras de la primera lectura de la misa nos hacen pensar en la gran lucha que se libra entre el bien y el mal ....”

Comentario del Padre Herman Kramer sobre este versículo Comentando sobre el Ap. 12, 3-4, el Padre Hermann B. Kramer, en The Book of Destiny (El Libro del Destino), señala que el dragón rojo – un signo del diablo que también puede simbolizar el comunismo, porque el rojo es el color emblemático del comunismo – trae a la Iglesia gran desolación al minarla desde adentro. El Padre nos dice que esa figura bíblica significa que “un tercio de las estrellas del cielo seguirá al dragón”. Así, un tercio del clero católico trabajará para el diablo, para destruir la Iglesia desde adentro. Por medio del clero apóstata, el diablo impondrá probablemente en la Iglesia “la aceptación de una moral anticristiana, falsas doctrinas, compromiso con el error, u obediencia a los gobernantes civiles en violación de la conciencia”. Además, sugiere que “el sentido simbólico de la cola del dragón puede revelar que el clero que está maduro para la apostasía ocupará posiciones influyentes en la Iglesia. El clero que seguirá al dragón – al diablo – incluirá a “quienes ignoraron predicar la verdad o amonestar a los pecadores con el buen ejemplo, pero buscaron popularidad por ser laxos y esclavos del respeto humano,” tanto como por aquellos “que temieron por sus propios intereses y no protestaron contra las malas prácticas en la Iglesia” y obispos “que aborrecieron a los sacerdotes rectos que se atrevieran a decir la verdad”. Por consiguiente, parece muy claro que el Papa Juan Pablo II haya enviado a la Iglesia en esa ocasión tan especial, una advertencia para que sepa que el Tercer Secreto concierne al clero; que un tercio del clero católico está siguiendo al diablo y llevando almas con él. 137


¿Qué más pudo haber querido significar el Papa, en vista de los comentarios que son conocidos por él, cuando citó los versículos 3 y 4 del capítulo 12 del Apocalipsis, y recordó la cola del dragón? Como acabamos de ver, ésa no es mi opinión; es conocido que las estrellas del cielo son el clero católico. Así, el Santo Padre quiso revelar lo que está en el Tercer Secreto. Porque la referencia a este versículo del cap. 12 del Apocalipsis no está en ningún lugar de la parte revelada del Mensaje de Fátima, por lo tanto debe estar en él. En conclusión, nosotros podemos ver que el socavamiento de la Fe Católica desde dentro de la Iglesia por un tercio del clero católico, es hoy una parte esencial del Secreto de Fátima. Esa traición está ocurriendo en nuestro tiempo. Muchos en el clero están traicionando a la Iglesia con su conducta escandalosa. En su homilía de la Misa del 13 de mayo del 2000, el mismo Papa nos avisó de lo que está ocurriendo hoy: Un tercio del clero católico está promoviendo, directa o indirectamente, falsas doctrinas que van contra el dogma de la Fe, contra doctrinas definidas, y quien se oponga a ellas se separa de la Iglesia y no se salva. Por lo tanto, creemos con fundamento que el Papa Juan Pablo II, al elegir personalmente las lecturas de la Misa que celebró para beatificar a los pastorcitos Jacinta y Francisco de Fátima, tomó esta lectura no sólo para señalar a la Virgen Santísima aparecida en Fátima a los niños que estaba elevando a los altares, sino también para mostrar a quien la quería atacar, para “devorar a su Hijo luego que lo hubiera alumbrado” (el ataque a la Divina Eucaristía, en la Misa y en el Culto de adoración que le dio siempre la Iglesia).

La dramática declaración de Pablo VI Ya en los días de su Pontificado, el Papa Pablo VI, horrorizado al ver los desastres que ocurrían en la Iglesia, había manifestado de una manera dramática, sin precedentes, ante “treinta Cardenales, junto a Obispos, prelados, sacerdotes, el Cuerpo Diplomático en pleno, y “una considerable multitud de fieles de todas partes del mundo?” reunidos en la Misa del comienzo del 10º aniversario de su Pontificado: Hay una sensación de que “por alguna fisura ha entrado el humo de Satanás en el templo de Dios. Hay duda, inseguridad, problemática, inquietud, insatisfacción, enfrentamiento. No se confía más en la Iglesia; se confía en el primer profeta profano que viene a hablarnos desde algún periódico de algún tema social para buscarlo y pedir a él la fórmula de la verdadera vida. Se creía que después del Concilio vendría una jornada de sol para la historia de la Iglesia. En cambio ha venido una jornada de nubes, de tempestad, de oscuridad, de inseguridad. Predicamos el ecumenismo y nos distanciamos cada vez más los unos de los otros. Buscamos cavar abismos en vez de colmarlos. ¿Cómo ha ocurrido esto?” El Papa confía a los presentes su pensamiento: Que “ha intervenido un poder adverso. Su nombre es el diablo, este misterioso ser al que se hace alusión en la carta de San Pedro. Tantas veces, por otra parte, en el Evangelio, en los labios mismos de Cristo, vuelve la mención de este enemigo de los hombres… Pablo VI, 29 de junio de 1972, Misa de inicio al Xº año de su Pontificado, extracto que hace el sitio www.vatican.va

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Muchos fueron los motivos que movieron a Pablo VI a esa dramática declaración, pero, principalmente se debieron, a nuestro juicio, a los resultados de los ataques a la Eucaristía y a la Virgen Santísima, que influyeron en todo el resto de las decisiones del Concilio y al clima de olor protestante que dejó el mismo. El Papa ha hablado solemnemente de la intervención del diablo en la Iglesia. Pero, todavía, luego de aquellas y las muchas intervenciones que siguieron hasta hoy del maligno, hay quienes no creen en él. Por eso, tomamos las afirmaciones de Monseñor Cristiani, hechas años antes de las afirmaciones de Pablo VI: Para los cristianos, Cristo es la autoridad soberana, ante la cual nos inclinamos, a la cual damos toda nuestra fe y toda nuestra confianza, todo nuestro amor. (…) Y Jesús es el que dijo: Que tu discurso sea: ¡Esto es o esto no es! ¡Todo lo que esté fuera de esto, de nada sirve! Preguntémonos, pues, lo que Jesús ha dicho de satán. (…) Abramos pues el Evangelio ¿Habla de satán?¿Contiene historias de poseídos, de expulsiones de demonios? Jesús en persona ¿Ha creído en el diablo? ¿Qué ha dicho sobre él? En primer lugar debe llamar nuestra atención la atención de Jesús en el desierto. Tres de los Evangelios hablan de ello. Nos muestran a Jesús y a satán solos y frente a frente. Prestemos atención a lo siguiente: Nadie había sido testigo de ese encuentro memorable. Los tres evangelistas no podían saber nada de lo ocurrido más que por boca del mismo Jesús. Por consiguiente, él se tomó el trabajo de decir a sus discípulos lo que había pasado entre Él y el demonio. Él quiso que se supiera que lo había visto, por decirlo así, “cara a cara”; que satán le había hecho proposiciones había tratado de someterlo a su yugo, ¡Había tratado de desviarlo de su camino! Jesús quiso ser tentado. Lo fue. Y reveló a los suyos en qué había consistido esa tentación: Satán le había mostrado el mundo, diciéndole: “Te daré toda esta potencia y la gloria de estos reinos, puesto que a mí me ha sido entregada y a quien quiero la doy; si pues, Tú te postrares delante de mí, será toda tuya” (Lc. IV, 5-7). La tentación no fue pequeña. Tenía las dimensiones del planeta. Satán había adivinado, pues, que tenía las dimensiones de Jesús. Y Jesús, por su arte, al llamar en dos oportunidades a satán “príncipe de este mundo” (Jn XIV, 30; XVI, 11) está de acuerdo con él para reconocerle una preponderancia en todos los reinos de la tierra. Monseñor Cristiani La presencia de satán en el mundo moderno. La Virgen Santísima viene a la tierra a guiarnos en la lucha contra en dragón infernal., y nos insiste permanentemente en el rezo del Santo Rosario con el que es vencido en cada ataque, y con el que será vencido definitivamente:

Mientras esta oración es despreciada por los grandes y los soberbios, ella es rezada con mucho amor y mucha alegría por mis pequeños: Por los pobres, los niños, los humildes, los sufrientes, por muchísimos fieles que han acogido mi invitación. La soberbia de Satanás será vencida por la humildad de los pequeños y el Dragón Rojo se verá definitivamente humillado y derrotado cuando Yo lo ataré, no valiéndome de una gruesa cadena, sino de una fragilísima cuerda: la del Santo Rosario. Es una oración que hacéis juntamente conmigo. Cuando me invitáis a orar con vosotros, Yo escucho vuestro pedido y asocio mi voz a la vuestra, uno mi oración a la vuestra. De allí q ue siempre es eficaz, porque vuestra Madre celestial es la Omnipotencia Suplicante. Cuanto yo pido lo obtengo, porque Jesús nunca dice no a cuanto le pide su Madre. El rosario es una oración que une las voces de la Iglesia y de la humanidad, porque es hecha en nombre de todos, nunca solamente a título personal(..) Vuestra Madre 139


Celestial os pide que uséis el Santo Rosario como el arma más eficaz para combatir la gran batalla a las órdenes de la Señor Vestida de Sol. Corresponded a mi invitación: Multiplicad vuestros Cenáculos de oración y confraternización; consagraos a mi Corazón Inmaculado,; recitad a menudo el Santo Rosario. Entonces el poderoso Dragón Rojo será completamente atado por esta cadena, su margen de acción se volverá cada vez más reducido, y al fin quedará impotente e inofensivo. (La Ssma. Virgen al Padre Gobbi, y los sacerdotes, sus hijos predilectos, 1º de noviembre de 1983, Fiesta de todos los Santos) También el Señor viene a llamar a la Iglesia militante a señalar el gran enemigo de las almas: ¿Cuántas veces, hijos míos, os he avisado: que vuestro pensamiento esté en Dios para que os despeguéis de la sangre y de la carne y de lo doméstico? ¡Cuántas almas se pierden, hija mía, por los apegos mundanos, porque sólo adoran a un señor: al mundo, a sus vanidades! Adoran los siete pecados capitales que son los que están en triunfo en la humanidad, y la carne, hija mía, es la que los introduce en lo profundo del Infierno. Pero los hombres siguen viendo que el mundo está en una situación buena. Sólo los ciegos y los sordos pueden pensar así. ¡Ay, hijos míos!, los hombres se han olvidado de orar, los hombres no quieren renunciar a las pasiones, y por eso el rey del mundo, que es Satanás, está haciendo estragos en todos los lugares, hijos míos. Con oración, sacrificio y penitencia el demonio huye de los hogares, de los conventos y de todas aquellas comunidades que se han aletargado. Hija mía, la mayoría de los hombres están poseídos por Satanás, y como hoy no ven, hija mía, la posesión, ni tienen almas dispuestas a aplicar la gracia para echar los demonios de sus cuerpos, hija mía, cada día el mundo está más poseído por el demonio. Hay posesos, hija mía, a montones por todo el mundo, que no se aplican exorcismos para echar esos terribles demonios de sus pobres almas, no encuentran quien les ayude a liberarse de esa esclavitud. (El Escorial, 2/9/2000).

Orad, hijos míos, no os olvidéis de la oración. Con la oración, el demonio huye de las almas. Y orad mucho para que haya sacerdotes santos que puedan expulsar las almas de los enemigos que se introducen dentro de ellas. Satanás es muy astuto y se introduce dentro de las almas, para ir contagiando unas a otras, tened cuidado, hijos míos, no os abandonéis en los Sacramentos, orad mucho, que Satanás huye con la oración. (El Escorial, 4/11/2000)

III

El ataque a la Virgen Soy la Señora Vestida de sol. Estoy en lo más íntimo de la Trinidad Divina. Mientras no sea reconocida en el lugar donde me ha querido la Santísima Trinidad, no podré ejercitar plenamente mi poder en la obra maternal de Corredención y Mediación universal de todas las gracias. Por eso, mientras la batalla entre Yo y mi Adversario 140


entraba en su fase decisiva, él ha intentado por todos los medios oscurecer la misión de vuestra Madre celestial. Al Padre Gobbi, 14 de junio de 1980, fiesta del Inmaculado Corazón de María

Para intentar comprender la trayectoria de la Mujer Vestida de sol en la lucha que profetiza el Capítulo XII del Apocalipsis, debemos mencionar lo sucedido en el seno del Concilio Vaticano II, y detenernos en los dolorosísimos acontecimientos que allí ocurrieron. Porque, aunque no se sepa, o no se recuerde, o no se diga, la Virgen tuvo su batalla en el aula conciliar. Una batalla feroz, en la que sus enemigos confundieron a la Iglesia y escandalizaron al mundo. Como ya veremos, esa batalla iba a preceder al ataque a la Eucaristía. Tomaremos la crónica del Padre García Garcés, Presidente entonces de la Sociedad Mariológica Española, y del grupo de asesores al episcopado español en el Concilio. Es una de las crónicas más autorizadas, por la autoridad que investía, que se propuso hacer con mucha mesura, “debido a que se trata del prefacio de un libro”. Esto sea dicho para comprender mejor la crónica del Padre. Después de cincuenta años, la posición minimalista no cambió, antes aumentó en número y en su influencia en toda la Iglesia. Vamos a leer pues como comenzó la controversia, que llamamos con más objetividad: el ataque a la Virgen, a su culto, a su devoción, y a sus seguidores: El tema mariano estaba en el ambiente, como podían estar los grandes movimientos litúrgico, ecumenista, de apostolado seglar, o cualquier otro que la Iglesia habría de ocuparse reunida en concilio (…) Podríamos decir más, ese movimiento mariano, por más de un título, revestía condiciones singularísimas: era más antiguo que ninguno de los antes mencionados, y más que ninguno debía su nacimiento y desarrollo a repetidas intervenciones pontificias. Por eso, apenas se anunció el Concilio, llegaron a Roma más de seiscientas peticiones de que se hablase de la Virgen; y más de quinientas pedían que se declarase como doctrina católica la misión o carácter social de la Virgen y su mediación universal”. (Lo hemos vivido, un Obispo argentino fue portador de nuestra súplica por tal dogma al Santo Padre). “La consideración y alcance del movimiento mariano antedicho no podían pasar inadvertidos . Pensemos que en siglo XIX se fundaron cerca de treinta congregaciones de varones bajo el nombre y estandarte de la Virgen. El número de esos religiosos, en 1962, no bajaba de 61.000 consagrados todos ellos a extender la devoción y las glorias de la Virgen como medio de apostolado. Las congregaciones de religiosas algunos las elevan hasta 7000, en las cuales cerca de 250.000 enfermeras, misioneras, profesoras, etc. están consagradas a la Señora y a propagar su amor para llevar a Cristo a las almas. Pensemos en las apariciones de la Virgen reconocidas por la Iglesia, a partir de1830, con la Medalla Milagrosa, han sido como llamadas de Dios, que quiere salvar al mundo valiéndose de su Madre, como por Ella se nos dio la Encarnación. Pensemos especialmente que, como ya hemos insinuado, en el último siglo han sido los papas no sólo espectadores complacidos, sino decididos fautores del movimiento doctrinal y devocional mariano, y nos persuadiremos que el Concilio no podía soslayar el tema de la Virgen. Ahora bien; el hecho de haber sido promovido por los papas, daba seguridad y fortaleza en suposición a los que rinden obsequio al magisterio ordinario; pero eso mismo predisponía en contra a quienes son menos sensibles a ese magisterio y piensan más en la dificultad que los ortodoxos y protestantes experimentan ante el sucesor de Pedro. 141


Hubo algo más que imponía el tema, y es que, por influjos ecumenistas mal entendidos, algunos católicos pusieron en tela de juicio o negaron verdades tan vividas por el pueblo como la perfecta virginidad de Nuestra Señora, el conocimiento de la maternidad que el Ángel Gabriel le proponía y, por ende, la eficacia salvadora de su consentimiento y su papel de Madre y Medianera de la Iglesia. Desde hacía varios años, soplaban aires de fronda. Se dio cuenta de ello el Papa Pío XII, y queriendo orientar a todos, además de sus inmortales encíclicas y constituciones sobre el Cuerpo Místico de Cristo, sobre la Asunción o la Realeza de María, junto con sus alocuciones y menajes radiofónicos (…) un día el gran pontífice quiso señalar el recto camino que debían seguir los teólogos al hablar de la Virgen, y a ellos se dirigió en particular:

Se aparta en absoluto de la verdad quien piensa que pueden explicarse o definirse rectamente la dignidad y excelencia de la Bienaventurada Virgen, a base de solas Escrituras; se equivoca de medio a medio quien juzgue que las mismas Escrituras pueden interpretarse debidamente sin atender a la Tradición católica y al Magisterio (…) La teología mariana avanzará por el camino medio, guardándose de toda falsa exageración de la verdad y deponiendo el vano temor de los que creen atribuir a la Virgen más de lo justo y andan repitiendo que, honrando e invocando a la Virgen, se quita al Hijo algo del honor y confianza que a Él sólo son debidos. Es cierto, -continuaba el Papa -que cuanto tiene la Virgen se lo debe a Jesucristo, y por eso mismo, admirando y celebrando a María, admiramos y celebramos la divinidad, el amor y el poder de su Hijo y Redentor Jesucristo; pero, por lo demás, son tantas las gracias que el Hijo ha concedido a la Madre, que superan inmensamente los dones y gracias de todos los hombres y Ángeles, de suerte que no puede darse nunca dignidad que exceda o iguale a la divina maternidad” Venerable Pío XII, Inter complures, 24 de octubre de 1954. Continúa con su relato el padre, diciendo: Lo repetimos, insiste el Padre García Garcés: el impulso y desarrollo mariológico se deben al magisterio de los papas del último siglo (el Beato Pío IX, León XIII, San Pío X, Benedicto XV, Pío XI y el siervo de Dios Pío XII). Magisterio tan abundante, que al Padre Marín le han bastado 161 páginas para compilar todas las enseñanzas de los Papas y concilios desde el principio de la Iglesia hasta 1846; y ha necesitado 688 para recoger las emanadas desde esa fecha hasta 1954. Y magisterio tan avanzado que no recuerdo mariólogo moderno alguno que haya pasado la raya, es decir, no sólo las normas, sino las manifestaciones expresas de Pío XII. Luego de hacer un poco de historia de la mariología, el padre García Garcés muestra una realidad fácilmente constatable : para los orientales ortodoxos y para los protestantes, el obstáculo mayor y la mayor dificultad para su acercamiento a Roma es la figura del Papa con su jurisdicción universal con la infalibilidad ex sese, (1)son irreformables como dijo el Vaticano I, es decir, propia y personal y no dependiente del concilio, para entendernos fácilmente. Se ha dado el caso de que por sí y fuera de concilio, Pío IX y Pío XII han definido los dogmas de la Concepción Inmaculada y de la Asunción de la Virgen en cuerpo y alma al Cielo; dogmas que debe abrazar quien hoy desee contarse como miembro de la Iglesia Católica. Y nace, por desgracia , la frase tan manida como falsa: “La Virgen es obstáculo para la unión, la Virgen divide a los cristianos” (quien desee ver la falsedad de 142


esta frase, lea al noorteamericano W, Most : “De corredeptione praesentata protestantibus: Ephemerides Mariologicae” (1964 467-482) No, la Virgen no divide; la Madre no destruye jamás la fraternidad de sus hijos. La Virgen no figuraba ciertamente entre los motivos o pretextos que impulsaron a los fautores de la reforma protestante. Separan la infalibilidad pontificia y las verdades que resaltan con sólo contemplar a la Virgen: su gracia, su intercesión en el Cielo. La Virgen, insistimos, no divide; pero tenemos ya formado el slogan perturbador y el ambiente en que se moverán algunas actuaciones conciliares. Tanta razón tenía García Garcés al afirmar esto, que después de medio siglo de haberlo escrito sigue siendo el pretexto para ocultar a la Virgen, y despreciarla, como se hace para negar la posibilidad del quinto dogma mariano: La Corredención, y como lo han hecho para que los seminaristas de toda una generación -muchos ya sacerdotes- y más, no conozcan ni por el nombre los más célebres textos de los Padres y del Magisterio sobre Nuestra Señora. La idea ecumenista condicionará gran parte del Concilio -sigue diciendo García Garcés- pero, de manera singularísima frente a los temas marianos y frente al magisterio universal del Romano Pontífice, y como quiera que los progresos de la ciencia mariana han tenido en los papas sus impulsores máximos, la doctrina sobre la Virgen tendería a ser rebajada o preterida por motivos no puramente teológicos: Nada que pueda exasperar a protestantes y ortodoxos. Nada que no conste en forma explícita en el magisterio solemne; nada enseñado en encíclicas y documentos, aunque se trate de un magisterio continuado repetido, en una línea tradicional clara y ascendente. Pasaron cincuenta años, los protestantes siguen siendo los mismos, los ortodoxos también, y la actitud de esta línea de conducta de la parte dominante del Concilio no ha cambiado, sino que se ha extendido como una sucia ola de agua infectada a toda la Iglesia. La protestantización del catolicismo es una realidad agobiante, sobre todo en la Europa de hoy, carente de cristianos fieles, invadida por musulmanes y gobernada por protestantes. Podríamos preguntarnos ¿Era una tendencia ecumenista, o lisa y llanamente un intento de dominar la Iglesia, cambiarla, destruirla? ¿Por qué ese empeño delirante en borrar el Magisterio, el movimiento mariano, que parecía pretender eliminar a la Virgen de la 1 - Las definiciones “ex Cathedra” del romano Pontífice son irreformables por sí mismas, no en razón del consenso de la Iglesia.

Iglesia? “Entonces el dragón vomitó de sus fauces como un río de agua, detrás de la Mujer, para arrastrarla con su corriente”. (Ap. 12,15) La otra tendencia, en cambio, podría resumirse así: El espíritu ecuménico y la caridad con los que se hallan fuera de la Iglesia tienen cabida no en la investigación de la verdad, no en la recta formulación de la verdad descubierta en las fuentes de la revelación, sino en la forma y modos (caridad, sinceridad, amor comprensivo) con que se proponga y se trate de aclarar la verdad misma. Esta actitud fue experimentada por quien escribe durante un par de años, reuniendo en una casa de familia a una cantidad considerable de católicos y ortodoxos, unidos en el amor a la Virgen, donde se rezaba con fervor el Rosario, con los Padrenuestros y Avemarías rezados alternando el castellano con el griego, y luego de las cinco decenas, el Achatistos, alabanza griega a la Virgen que cantan tanto los bizantinos separados 143


como los unidos a Roma. Luego del rezo se contaban tradiciones de iconos y otras devociones de Oriente y Occidente, terminando con un ágape fraterno. Los recuerdos de esas reuniones, lamentablemente suspendidas por diversos factores prácticos, son inolvidables. Sin duda esto lo compartiría el Padre García Garcés aunque no lo haya escrito explícitamente. En el amor a la Virgen y en la oración, está el secreto de la unión entre cristianos y ortodoxos, como ya lo afirmara en sus tiempos el Patriarca Athenágoras en un saludo enviado al Papa Pablo VI. Similar actitud ha unido a ambos “pulmones de la Iglesia” al aparecerse en Zeitún, Egipto, donde el Patriarca católico Cardenal Stephanos I y el copto Kirillus VI han reconocido como verdadera la Aparición de Zeitún, Egipto, Nuestra Señora de la Luz, desde el 10 de diciembre de 2009, reuniendo a católicos y ortodoxos, a los que se agregaban no pocos musulmanes, y en alguna oportunidad hasta el presidente egipcio, comunista. ¿Qué logro han tenido los supuestos ecumenistas del Concilio y los que siguieron después de medio siglo? María Santísima, amada, venerada, honrada por ortodoxos y católicos es lo único que puede unir, pero Ella pide oración, con el espíritu que en 1964 señalaba el Padre García Garcés “caridad, sinceridad, amor comprensivo”. Volviendo al relato que tenemos de los hechos del Concilio, que concuerdan con lo que hemos “vivido” en aquellos tiempos, leemos: Dos modos diversos y criterios diferentes que en el Concilio habrían de enfrentarse: -Ecumenismo a ultranza y prescindencia práctica del magisterio pontificio. -Método teológico tradicional y empleo normal del magisterio, norma próxima en ciencia sagrada.

Se consuma la división Puede decirse que en la congregación general del 30 de septiembre empezó la polémica sobre la Virgen. El Cardenal Frings, en nombre de los conciliares de Centro-Europa, pide que de la Virgen se hable en el esquema de la Iglesia. En el mismo sentido hablan varios Padres del grupo que se aliena tras Alemania (aunque previamente había surgido un esquema magnífico de tres obispos alemanes). Previendo esa actitud el episcopado español había redactado un esquema se exponían los oficios y grandezas de la Virgen precisamente relacionada con la Iglesia, pero eso sí, en sus relaciones verdaderas y adecuadas. Habló serena y autorizadamente el cardenal Arriba y Castro, diciendo que es preferible hablar de la Virgen en esquema propio y aparte, porque lo propio y característico de Nuestra Señora son sus relaciones del todo únicas con el Verbo encarnado, relaciones que, por su dignidad y riqueza, desbordan un tratado de eclesiología… El P. García Garcés sintetiza luego las idas y vueltas del famoso esquema, que se supo en todo el mundo, escandalizando a fieles y no fieles. Él no quiere, dice en esos textos, comentar “la pasión que pusieron por igual los contendores de ambos bandos”. Es comprensible, estaba haciendo el prólogo de un libro, y lo quiso enfocar con mesura. Pero hay, dispersos y olvidados, comentarios de ese apasionamiento. Uno de ellos es quien escribió cartas “de un obispo imaginario”, es decir, un seudónimo, y las publicó luego en un libro -“Cartas desde el Concilio”, dirigidas a sus diocesanos, en la que comenta: En lo que va del Concilio -y ya saben ustedes que ha habido momentos candentes- ningún punto ha suscitado tanta pasión en pro y en contra 144


como la cuestión de si lo que el Concilio diga sobre la Virgen María debe ir incluido o no en un esquema sobre la Iglesia… Quien escribe da testimonio de este escándalo bochornoso que desplazaba de su lugar en la Iglesia a la Santísima Virgen, hecho aprovechado por el periodismo irrespetuoso y deleznable, que corrió por todo el mundo, sin que se haya borrado hasta el presente. Era el comienzo de un minimalismo mariano que aún avergüenza al pueblo católico.. Lo que ocurre es que quienes hablan a favor de la inclusión del tema mariano en el esquema de la Iglesia, como sucedió, no habían querido involucrarse en el movimiento mariano del siglo que menciona el Padre García Garcés, promovido por todos los papas, sin excepción, desde mediados del XIX hasta la muerte de Pío XII, antes bien, lo combatieron ferozmente. El Cardenal Köeing habló en representación de tales minimalistas que no “sintieron con la Iglesia” a la que el Espíritu Santo estuvo inspirando durante todo ese siglo. Un destacado autor de esos años, expresa con dolor: No sería de extrañar, que como castigo por el fatídico voto del 29 de noviembre de 1963, en que el Concilio negó dedicar un esquema propio a la Santísima Virgen María, Nuestra Reina y Señora, se impuso un aparato eclesiástico progresista que haría creer a muchas almas sencillas el absurdo de que la Iglesia puede cambiar. Que la doctrina de Jesucristo -como si fuera imperfecta- necesita actualización . Ego enim Dominus et not mutor (Yo soy el Señor y no cambio, Malaquías, 3,6). Negando esta verdad el progresismo introduce en la religión la noción del cambio y de la evolución. Desde entonces, no hay nada fijo, nada seguro, ni en el dogma, ni en la moral, ni en los ritos. Andrés de Asboth, Roma, Nº 49, agosto 1977. No es exagerado hablar de castigo, -la Escritura los menciona innumerables veces y la ofensa fue una gran ofensa, aún no reparada, para la Virgen Santísima, y un escándalo para el mundo entero. Recordemos lo que decían los curas de antaño, y el pueblo los entendía “El Señor perdona todo, menos, las ofensas a su Madre”. Otra fue la actitud de los Obispos unidos a los Papas y a su Magisterio, representados por el Cardenal Santos. Ellos vivieron intensamente en sus países el crecimiento de la devoción a Nuestra Señora, iniciada con el insuperable acontecimiento de la proclamación de la Inmaculada, continuada con sus incontables frutos y las manifestaciones de la misma Virgen en La Salette, Beauring, Baneux, Fátima, y otras muchas, con sus mensajes, conversiones, curaciones, multitudes… Ese crecimiento lo hemos vivido plenamente desde nuestro país, con nuestros obispos, cuyas pastorales, discursos y enseñanzas, acompañada de hechos, eran reflejo del camino que habían emprendido los Pontífices Romanos, querido por Dios y manifestado en las apariciones marianas: La Inmaculada Madre de Dios, en La Salette, en Lourdes, y sobre todo en Fátima, nos ha señalado el camino de la oración y de la penitencia con la promesa de salvación aún para los mismos enemigos de la Iglesia ¡Vivimos tiempos esencialmente marianos! El Corazón de María nos abre las puertas de esperanza segura para el reino de Jesucristo ... Cardenal Antonio Caggiano, Arzobispo de Buenos Aires y Primado de la Argentina,1950.

Ese párrafo muestra la actitud de todo el Episcopado Argentino de esos años. Como también las expresiones del “Obispo de la Virgen de Luján”, cuando afirma que es ella misma la que urge tal movimiento mariano:

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…sin mediar congresos, ni asambleas, ni directivas particulares, es la misma Madre de Dios la que en todo el mundo, con distintos nombres y métodos, sale a las calles y rutas y campos y plazas, y es Peregrina, Misionera, Embajadora, Retorno… y a su llegada es Reina triunfante del mundo, y por su Mediación nace o crece o florece la Gracia de su Divino Hijo y Nuestro Señor Jesucristo… Mons. Anunciado Serafini,

Obispo de Mercedes, Bs.As. Argentina, 1950.

Qué pena no poder mostrar a las generaciones jóvenes el fervor de los obispos argentinos de esos tiempos. Qué pena no poder mostrar tantas otras grandezas marianas que proclamaban esos Pontífices de la Era de María -que continúa, aunque hayan tenido una aparente victoria de los adversarios de su Culto. La batalla no terminó aún y teneos en el llano a la misma Mujer Vestida de sol, cuyo Corazón Inmaculado triunfará. En medio de esta realidad fue que el Cardenal Santos, apoyado en la teología, en la historia, en el Magisterio Pontificio, en el sentir de la Iglesia universal, pudo afirmar que la dignidad de María exigía un esquema aparte y que resultaría muy difícil hacer comprender sus glorias presentándolas simplemente como “el miembro más eminente de la Iglesia”. Sorprendía, por lo tanto, que un grupo de Padres tuviera otra posición. Pero no sorprendía ni sorprende hoy la reacción de los buenos obispos que seguían a esos Papas, y a los Papas de los siglos anteriores. Estaban ante un verdadero complot contra el culto y la devoción a la Santísima Virgen, dirigido desde fuera de la Iglesia, que se había introducido y tomado posiciones en ella. Así se comprende la división en dos “mentalidades” como las llama García Garcés, que se habían opuesto tan violentamente:

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Una tradicional, la otra descubierta en nuestros días. Una que reconoce las enseñanzas pontificias sobre la Virgen, la otra que pasa por alto las enseñanzas de los Papas Una que no quiere disminuir sus grandezas, la otra con el complejo de pensar que se habla demasiado de Ella Una que reconoce a María como Madre nuestra y de la Iglesia, otra que hace a la Virgen igual o semejante a nosotros como hermana mayor. Una que fomenta abiertamente la devoción a la Señora, la otra que encuentra peligros en toda devoción mariana.

Hemos colocado este cuadro sinóptico del Padre García Garcés. A cincuenta años de el mismo, agregamos por nuestra parte: - Una que ama a la Virgen junto al Señor, que la venera, que le ofrece homenajes, que se consagra a Ella. - Otra que la pretende una santa más, que no tiene nada que no esté en el Evangelio, y que por lo tanto no hay que obedecerle (sobre todo en los pedidos que hace en sus apariciones). Se realizó la votación y sobre una totalidad aproximada de 2200 obispos, hubo una diferencia a favor de los modernistas (que como tales actuaban) de 17 votos. Ese resultado mostró que había habido mucho engaño, muchas operaciones fraudulentas, mucha ignorancia y un poder nefasto de tras de ese apasionado debate.

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IV

María, Madre de la Iglesia Todos los sufrimientos del Papa , de los Obispos, de los Sacerdotes, de las almas consagradas, de los fieles, están encerrados en mi Corazón de Madre. La Ssma. Virgen al P.Gobbi y a los sacerdotes, sus hijos predilectos 15 de sept. de 1980

La mayoría de los medios de difusión, vociferaban a los cuatro vientos esas ideas netamente reformistas. Los Padres que los refutaban no podían menos que hacerlo como se hace instintivamente cuando se defiende de agravios y menosprecios a la Madre, en cualquier caso, y en cualquier lugar del mundo. Si todos los mandamientos están grabados en nuestros corazones antes que en las tablas dadas a Moisés, pareciera que el primero de la segunda tabla: “Honrar padre y madre” lo estuviera con mayor fuerza en la profundidad de cada corazón humano. Es que los que nos dieron la vida nos hacen presente la imagen viva del Dios que da la vida. Y la Santísima Virgen nos trae al mismo Dios con su presencia y devoción. A esos escándalos se agregó el final, la negación al pedido expreso y reiterado solemnemente en dos ocasiones por el Papa Pablo VI: La inclusión en los documentos conciliares del título María, Madre de la Iglesia. Pero el Concilio desoyó este pedido, en modo irreverente para con la Virgen y para con el Sumo Pontífice. Entonces, el Papa Pablo VI decide hacer un acto de desagravio a la Santísima Virgen, y anuncia, con unos pocos días de antelación que el 21 de noviembre, fiesta de la Presentación de la Virgen en el Templo, va a proclamar y dar el título de Madre de la Iglesia él mismo, “per se”. Ni los dos mil y tantos Obispos ni ninguna cifra superior valen más que la decisión del Papa: que es sencillamente Pedro, la piedra sobre la cual Jesucristo el Señor edificó la Iglesia. Decisión que merece admiración y gratitud de toda la Iglesia, porque constituye un desagravio la Madre de todos, ofrendándole el título que la mitad del Concilio le negó. El desagravio iba a ser mayor: Pablo VI llamó a concelebrar en esa Misa a los Obispos de los Santuarios más célebres del mundo -entre los que figuró Monseñor Luis Tomé, de Mercedes, donde se encuentra nuestro Luján (1); el Papa recordó y renovó la Consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María realizada por el Venerable Pío XII y anunció el envío de La Rosa de Oro a Fátima (desde entonces esta distinción sólo fue ofrecida a la Virgen Santísima). He aquí el contexto en el que el Papa Pablo VI hizo la proclamación: En verdad la realidad de la Iglesia no se agota en su estructura jerárquica, en su liturgia, en sus sacramentos, ni en sus ordenanzas jurídicas. Su esencia íntima, la principal fuente de su eficacia santificadora, ha de buscarse en su mística unión con Cristo; unión que no podemos pensarla separada de Aquella, que es la Madre del Verbo Encarnado, y que Cristo mismo quiso tan íntimamente unida a si para nuestra salvación. Así ha de encuadrarse en la visión de la Iglesia la contemplación amorosa de las maravillas que Dios ha obrado en su Santa Madre. Y el

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conocimiento de la doctrina verdadera católica sobre María será siempre la llave de la exacta comprensión del misterio de Cristo y de la Iglesia. La reflexión sobre estas estrechas relaciones de María con la Iglesia nos permite creer que es este el momento mas solemne y mas apropiado para dar satisfacción a un voto que han dado todos los padres conciliares, pidiendo insistentemente una declaración explícita durante este Concilio de la función maternal que la Virgen ejerce sobre el pueblo cristiano. Así pues, para GLORIA DE LA VIRGEN Y CONSUELO NUESTRO, PROCLAMAMOS A MARÍA SANTÍSIMA "MADRE DE LA IGLESIA", es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa y queremos que de ahora en adelante sea honrada e invocada por todo el pueblo cristiano con este ratísimo título. La divina maternidad es el fundamento de su especial relación con Cristo y de su presencia en la economía de la salvación operada por Cristo, y también constituye el fundamento principal de las relaciones de María con la Iglesia, por ser Madre de Aquel que, desde el primer instante de la encarnación en su seno virginal, se constituyo en cabeza de su Cuerpo Místico, que es la Iglesia. María, pues, como Madre de Cristo, es también Madre de la Iglesia”. Pablo VI, 21 de noviembre de 1964, Solemne proclamación de María, como Madre de la Iglesia, en la clausura de la cuarta sesión del Concilio Vaticano II Al hacer la proclamación, el Aula Conciliar se conmovió como ninguna vez antes en el Concilio. Los Padres Conciliares se pusieron de pie, se quitaron las mitras y prorrumpieron en un estruendoso y prolongado aplauso -“el mayor de todo el Concilio”-, decían las crónicas periodísticas. Ese homenaje mostró el júbilo del triunfo de la Virgen, a pesar de todo y contra todo. Los más obstinados en la negativa, no sólo no aplaudieron, contaba un Obispo, sino que pataleaban el piso de las tribunas, en señal de protesta, mientras los observadores de distintas religiones permanecían en el silencio de su ignorancia. Tres álbumes de firmas fueron enviados desde Argentina, encabezadas por los pocos obispos que quedaron aquí y las autoridades civiles del país. En el libro de cartas mencionado anteriormente, figura este comentario: “Al oír esas palabras , una buena parte de los obispos, por una inspiración brotada de los más hondo del corazón, nos quitamos la mitra en señal de amor filial a la Virgen y de agradecimiento al Papa que la había proclamado ante el mundo Madre de la Iglesia. Tengo que decir, en honor de la verdad, que esa proclamación no produjo el mismo entusiasmo en todos los Padres conciliares ¿No había luchado una buena parte de nosotros por excluir de la Constitución sobre la Iglesia ese título de gloria de la Virgen “por temor a que se prestara a malos entendidos? Sin embargo, el Espíritu Santo triunfó y a Nuestra Señoera se le reconoció la dinidad y la misión que Dios le ha dado en su Iglesia: Madre. A Ella acudimos desde entonces con este título si no nuevo, reovado. Y Ella se hace eco desde de El Escorial, diciendo:

Venid a Mí, que Yo os llevaré a mi Hijo y Yo intercederé ante Él, para que perdone vuestras culpas. Yo soy la Madre del Divino Redentor. Me han dejado el timón de Pedro en mis manos, por eso soy Madre de la Iglesia, y quiero reunir todo el rebaño para que ame a la Iglesia y se conviertan tantos y tantos pecadores como ofenden a le Divina Majestad de Dios. (El Escorial, 2/11/96)

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Dos años y medio después, Pablo VI recordaba ese triunfo y lo comparaba con el del Concilio de Éfeso, en la Exhortación Apostólica Signum Magnum, en homenaje a las Apariciones de Fátima, cuyo 50º aniversario se cumplía entonces: Señal grande -la que el apóstol San Juan vio en el cielo: una Mujer vestida de sol- que la sagrada liturgia, no sin razón, interpreta como refiriéndose a la Beatísima Virgen María, Madre de todos los hombres por la gracia de Cristo Redentor. Está todavía vivo en nuestro espíritu, venerables hermanos, el recuerdo de la gran emoción experimentada al proclamar a la augusta Madre de Dios Madre espiritual de la Iglesia, esto es, de todos los fieles y de los sagrados pastores (…) Grande fue también la alegría, tanto de muchísimos Padres Conciliares como de los fieles presentes en el sacro rito en la basílica de San Pedro y de todo el pueblo cristiano esparcidos por el mundo. Entonces volvió, espontáneo, a la mente de muchos el recuerdo del primer grandioso triunfo logrado por la humilde Esclava del Señor, cuando los Padres de Oriente y de Occidente, reunidos en Concilio Ecuménico, en Éfeso, el año 431, proclamaron a María Theotokos: Madre de Dios. Con jubiloso entusiasmo de fe, a la alegría de los Padres se asociaron los cristianos de la ciudad, que con antorchas les acompañaron hasta sus moradas. ¡Oh!, con qué maternal complacencia, en aquella hora gloriosa para la historia de la Iglesia, la Virgen María habrá mirado a pastores y fieles, reconociendo en los himnos de alabanza alzados en honor principalmente del Hijo, y luego en honor suyo, el eco del profético canto que Ella misma, bajo el impulso del Espíritu Santo, había elevado al Altísimo: “Proclama mi alma la grandeza del Señor... porque ha mirado la humildad de su esclava, y por eso, desde ahora, todas las generaciones me llamarán bienaventurada; porque grandes cosas ha hecho en mí el Poderoso. Paulo VI, Signum Magnum, 13 de mayo de 196750º aniversario de las apariciones de Fátima.

Volviendo al Concilio, vemos que así se mostró entonces al mundo una Iglesia dividida, enfrentada, renegando de un pasado glorioso unos, tratando de defenderla otros. La división continúa. Fue mitigada en el pontificado de Juan Pablo II, pero continúa, y ya se puede visualizar y expresar con sólo una frase la gran diferencia entre ambas: Una parte de la Iglesia que ama a su Madre, y otra que no la ama. Hay confundidos y engañados en medio, pero cada vez son menos. Ya está clara la opción: con Pedro o contra Pedro. Con María o contra María, con Cristo o contra Cristo. Hoy, después de medio siglo, con el avance increíble de los ataques a la Virgen de parte del los que provocaron una generación casi sin doctrina mariana, no podemos ocultar el origen de tal situación. Porque son los herederos de aquellos los que han llegado a las herejías más osadas y a las blasfemias más atroces, como la del famoso film presentado en el Aula Paulo VI en “ avant premeire” ¡y de gala!, y también han encaramado en el puesto mayor del dicasterio de la Fe a un Cardenal que reniega de la Virginidad Perpetua. ¿Cuánto durará esto? ¿en qué redundará esto? No podemos ocultar esa realidad. Pero tampoco podemos dejar de recordar que la triunfadora será la Virgen Santísima, que no otra es la Mujer vestida de Sol que viera San Juan. Muy bien lo sabe el maligno, y por eso está enfurecido como nunca. Quien esto escribe, después de haber llorado esos escándalos, atado por la impotencia en aquellos tiempos como tantos otros hermanos, hace uso de la gracia que el Señor le da, a cincuenta años de distancia, de gritar -ante toda la Iglesia si fuera posible- su 149


más ardiente homenaje a esos Obispos que defendieron a María Santísima, siguiendo las huellas de Cirilo de Alejandría, de Ambrosio de Milán, de Agustín de Hipona, de Alfonso de Ligorio, de Antonio María Claret, y a la multitud de Pastores, conocidos o ignorados que en el el Vaticano II defendieron a Nuestra Señora y protestaron las verdades que acerca de Ella enseñó siempre la Iglesia, muchos de ellos ya en la Casa del Padre. Esos Obispos habían entendido que el Papa Paulo VI quiso cumplir presurosamente con el condigno desagravio a la Virgen Santísima, y lo acompañaron. El homenaje y la adhesión filial para los que quedan entre nosotros, ya ancianos y los que siguen sus huellas, sintiendo y sufriendo con la Iglesia, entre ellos los que luchan por el Dogma de la corredentora. Esos son los nuevos Juanes, a los que el Señor les ha encomendado cuidar de su Madre.

Los sufrimientos de Pablo VI Sobre los sufrimientos de este Pontífice, de quien Juan Carlos Moreno dice, con otros autores, que en los últimos años padeció un verdadero martirio incruento, contamos con un terrible testimonio. Se trata de la declaración del doctor Basilio Arambide, abogado de la Rota, Supremo Tribunal Eclesiástico del Vaticano, que publicara al renunciar a su cargo, en el cual, entre otras cosas, dice: Las actas están bloqueadas, a veces más de diez meses por aquel infame Villot (el Secretario de Estado), del cual sabemos que es el jefe de la orquesta que destruye la Misa, la Liturgia y el Domingo. Villot, declarado enemigo de la Iglesia, masón de alto grado, gobierna con su propio gobierno, que es un grupo de obispos, masones también de alto grado, y con todo un personal que tiene su empleo eclesiástico y está compenetrado y comprado por el comunismo, y repartido en el Vaticano. Estoy contando y pesando mis palabras. El Papa es un santo y a la vez un prisionero total del Vaticano. Sólo se le permite representar la fachada exterior y expresar allí pensamientos católicos cuando le guste, porque ningún obispo le hace caso, al menos en Francia; de modo que todo se pierde en el desierto. Él está enfermo y recibe, diariamente, doce inyecciones a causa del cáncer de vejiga. A veces le dan drogas para forzarle, mediante una presión e insistencias increíbles, a firmar uno u otro documento que significa una traición a la tradición. Paulo VI merece nuestra compasión y nuestras más fervorosas oraciones. He hablado de drogas. Tengo que añadir la brutalidad respecto a su salud, la vigilancia de toda su correspondencia, la selección de los visitantes, hasta la asistencia de una tercera persona que espía la conversación y los gestos del visitante, cuando el Papa ya no está en el salón de trabajo. Todos los documentos respecto de la Liturgia son inválidos, no solamente anticatólicos. Ninguno es obligación. No sirve para nada toda lucha y documentación enviada a la Congregación para la defensa de la Fe o a la Congregación del Clero, lo cual comprueba que el enemigo ya tiene firme su posición, y está arruinando, en Francia especialmente, la fe de nuestros hijos jóvenes. (…) Cardenales intimidados y angustiados, el poder en manos de fariseos obispos, cardenales o simples secretarios, ésta es la dramática situación del Santo Padre, la cual me angustia desde hace meses. ¡Dios mío, cuánto he llorado!... Con la ayuda de Dios tuve la fuerza de publicar estas terribles noticias. Verdad es que Paulo VI pensaba abdicar desanimado por la traición que le rodeaba por todas partes. Pero el Señor le dio ánimo y nuevas fuerzas. Le queda al Santo Padre devolvernos la Misa de Pío V, encima de todas las 150


mentiras. Hemos de esperar con paciencia. El documento está preparado, pero todavía bloqueado. Revista católica mensual “Estrella”, mayo de 1976, México Paulo VI proclamó solemnemente a María Madre de la Iglesia. Y Ella respondió concediendo, en la máxima muestra de su misericordia, un papa santo y grande que iba enfrentar tal dolorosa realidad. A la Roma desorientada por la invasión masónica y protestante llegó el Papa que así se proclamaba esclavo de la que ellos rechazaban: TOTUS TUUS EGO SUM, ET OMNIA MEA TUA SUNT: Juan Pablo II. El castigo del Señor a los desprecios a su Madre fueron detenidos; dependerá de nosotros que sean cumplidos o cancelados. Pero antes debemos cumplir con las deudas que tiene toda la Iglesia con Ella: Instaurar en el mundo la devoción a su Inmaculado Corazón, devolviendo la solemnidad a su fiesta y propagando el Ejercicio de los Primeros Sábados. Impedir que, al menos dentro de la Iglesia, se blasfeme de Ella y de sus privilegios; proclamar el dogma de María Corredentora, Medianera y Abogada; dar a conocer la parte ocultada del Secreto de Fátima, liberar plenamente el rito tridentino de la Misa; la Consagración de Rusia a su Corazón Inmaculado, realizada por el Papa conjuntamente con todos los Obispos del mundo. Que el honor de la Madre Dios, jamás puede ser conculcado. Recuerden los modernistas de ayer, progresistas de hoy: “El que me aborrece, ama la muerte” .

V

El nefasto minimalismo mariano Viéndose, pues, el dragón precipitado a la tierra, fue persiguiendo a la mujer, que había dado a luz aquel hijo varón. Apocalipsis 12, 13

Algo más de la mitad del Concilio pretendió desechar las enseñanzas de tan grandes Pontífices suscitados por Dios con el fin de establecer de hecho en la Iglesia el llamado “minimalismo mariano”: la pretensión de olvidar, silenciar, despreciar, para luego negar o rechazar las prerrogativas y glorias con que el Altísimo quiso privilegiar a María, su obra maestra, para dejarle “lo mínimo”, y así avanzar en el empeño de protestantizar el catolicismo, imponiendo la vivencia en la misma herejía. Todavía se venden en las llamadas librerías “católicas”, libros de temas marianos de tal espíritu.

Un libelo para un Congreso modernista

Para dar sólo un ejemplo, vamos a analizar un párrafo de lo que se tituló “instrumentum laboris” (Instrumento de trabajo) para el XI Congreso Mariológico y el XVIII Congreso Mariano Internacional realizado en Huesca, España, entre el 18 y 27 de septiembre de 1992. Tal vez el lector conozca el famoso dicho de los enemigos de Dios “Dos pasos atrás, uno adelante” En este caso, se trató de silenciar a Nuestra Señora en la Iglesia Universal, desde 1964 hasta que Pablo VI promulgó su Encíclica mariana, tiempo que osaron llamar “el decenio sin María”. Pero tampoco fue así, la Encíclica de Pablo VI no hizo retornar a la Virgen, no le dio de nuevo el lugar que Dios quiso para Ella en la Iglesia.

La Mujer en el desierto 151


La realidad es que estuvimos casi el doble de tiempo “sin María”, o mejor dicho con María escondida en el desierto de los corazones desde la tristemente célebre y violenta discusión en el Vaticano II hasta el momento en que el flamante Papa Juan Pablo II salió al balcón, y, hablando al pueblo romano, abría su corazón y proclamaba haber aceptado el Sumo Pontificado: …en espíritu de obediencia a Nuestro Señor y en la confianza total a su Madre, la Virgen Santísima… El estruendoso aplauso de la plaza fue entonces sólo el eco de los sentimientos de los católicos del orbe. Todo el mundo entendió, aún los enemigos de la Virgen, los que no querían su culto, todos entendimos que la Virgen había vuelto del desierto… !

La herejía se adueña del Congreso de Huesca En el Congreso de Huesca se dieron dos pasos atrás, y ahora un paso adelante. A ese decenio se refiere el autor cuando dice …ciñéndonos al período posconciliar, los observadores han detectado en él un brusco giro que va desde la hipertrofia mariológica (sic) al silencio sobre María o al cuestionamiento sistemático de su figura. Hipertrofia significa, según el Diccionario de la Real Academia Española:

1. f. Desarrollo excesivo de algo. Palabra derivada indudablemente del segundo significado: Aumento excesivo del volumen de un órgano. Es decir que el autor, al que se le ha pedido un libro como instrumento de trabajo para un doble Congreso Internacional sobre la Santísima Virgen, llama con una palabra despiadada a las maravillosas enseñanzas de los Papas, sobre todo a los de la mencionada era de María, que culmina con la muerte de Pío XII, pontífice que redactó no menos de 500 escritos marianos. Un insulto a la devoción de los Papas y de la Iglesia de todos los tiempos a la Santísima Virgen . Pero no termina allí el autor del libelo, porque seguidamente afirma: Del “De María nunquam satis” (De María nunca es suficiente) se pasó al De María “iam” satis (De María ya es suficiente) e incluso al De Maria nunquam (De María nunca)”, de modo que la acusación protestante que considera la mariología como una tumoración del pensamiento teológico parecía adquirir carta de ciudadanía en el campo católico. Con la traducción más o menos literal de ese famoso y secular dicho teológico de los santos, popularizado por San Bernardo hemos querido comenzar nuestro prólogo, porque siempre hay más sobre Ella. Todos, aunque sea por la simple devoción que le tienen, lo entienden perfectamente. Este sacerdote dice que de esa realidad se pasó al De María “ya” es suficiente, después del Concilio Vaticano II, para llegar finalmente al De María nunca. Como en realidad ocurrió según lo hemos visto, o lo veremos en este intento de recordar estos desgraciados hechos. El sacerdote critica esta postura, pero no defiende la validez del famoso dicho, y de esa manera da pie a un sutil engaño. Recordemos: “El Señor perdona todo, menos las ofensas a su Madre…

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Para clarificarlo más, nada mejor que la palabra de Benedicto XVI, precisamente sobre el famoso dicho. Su gobierno de más de siete años muestra que no ha cambiado su pensamiento:

La palabra del Cardenal Ratzinger, que luego sería Benedicto XVI Cuando yo era un joven teólogo, antes e incluso durante las sesiones del Concilio, como sucedió y como le sucede todavía hoy a muchos, yo alimentaba algunas reservas sobre algunas fórmulas antiguas, como por ejemplo, la famosa de "María nunquam satis" - “de María nunca sabremos lo suficiente”Me parecía exagerada. También tenía dificultad para comprender el verdadero sentido de otra expresión famosa, muy repetida en la Iglesia desde los primeros siglos, cuando después de un memorable debate del Concilio de Éfeso del 431 se había proclamado a María Madre de Dios. Esa expresión muestra a María “vencedora de todas las herejías del mundo universo” Hoy, en este periodo de confusión en la que todo tipo de desviaciones heréticas vienen a golpear a la puerta de la fe auténtica, recién hoy he comprendido que no se trataba de una exageración de devotos, sino de verdades válidas más que nunca. Cardenal Joseph Ratzinger, hoy Su Santidad Benedicto XVI,

Entrevistas sobre la Fe, Vittorio Messori - Fayard 1985

Habían dado un paso atrás, según la táctica de la masonería, y ahora se trataba de dar un paso adelante, que significaba inventar, para los modernistas de hoy, una María que acepten los protestantes, como afirma el autor del instrumentum laboris de dichos Congresos, no para volver a la verdadera doctrina sostenida desde siempre, y particularmente madurada desde los tiempos de la proclamación de la Inmaculada hasta Pío XII, sino para, engañosamente, “crear” una María que no es la Madre que Jesucristo quiso para sí, colmada por él mismo de toda clase de privilegios y gracias. Se trata de presentar a María Santísima como una santa más, a lo sumo la primera de las santas, y nada más, es decir “engañar con la verdad” que es una manera vil de mentir.

Dios quiso lo máximo para su Madre Entonces podrá decir algún lector: ¿Quien escribe es maximalista respecto de la Virgen? La respuesta es inmediata: ¡Por supuesto! Porque María es la Madre de Dios y Dios quiso lo mejor, es decir “lo máximo” para Ella. Y Dios es Omnipotente, de modo que aún la palabra maximalistas queda corta para decir lo que dio el Señor a su Madre: Así como durante veinte años triunfó el minimalismo alevoso y hasta sacrílego, ahora llegaba otro minimalismo más “elegante”, pero no por ello menos ofensivo a la Fe de la Iglesia, porque se trata de una posición mentirosa y seductora que se arrastra como una serpiente cuando espera el momento de dar el salto para envenenar. El autor de ese infortunado “instrumentum” sigue entonces engañando de tal forma que cuando habla de verdades fundamentales como la Virginidad perpetua de Nuestra Señora afirma la doctrina católica en términos más o menos verdaderos, pero diciendo: “Nos basta, por ahora, con la afirmación eclesial…” ¿¡Cómo “por ahora”!? En la siguiente página al afirmar que María fue Virgen también después del parto, 153


afirma: “Sobre la virginidad después del parto nada encontramos en la Escritura, al menos a primera vista” … ¡¿ Cómo “al menos a primera vista”?! Cuando en el siglo IV el hereje Bonoso atentó contra esta verdad resonó en la Iglesia la exclamación indignada del Papa San Siricio que condenó su doctrina: “¡causa horror sólo escucharla!” y a quien escribe le causa horror seguir este tema, que pone de manifiesto las abominaciones que encierran estos pretendidos “teólogos” que vienen a cumplir con la parte no dada a conocer del Tercer Secreto de Fátima: la apostasía general de la Iglesia. Por eso mismo será que tal autor se atreve a reconocer el comienzo de un relanzamiento que, enraizado en la doctrina conciliar, está llevando a cabo una verdadera revolución mariológica. El elegido para redactar el instrumento de trabajo de los dos Congresos Internacionales sobre la Santísima Virgen declara sin rodeos lo que se pretende: una “revolución en la mariología”. Volvemos al Diccionario de la Real Academia Española y encontramos que “revolución” quiere decir: 1 Acción y efecto de revolver o revolverse. 2. f. Cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación. 3. f. Inquietud, alboroto, sedición. 4. f. Cambio rápido y profundo en cualquier cosa.

“La apostasía de la Iglesia vendrá desde el vértice” Así lo dejó escrito el Cardenal Ciappi Estamos en la apostasía, los más encumbrados prelados y teólogos quieren un cambio violento en la doctrina, en la liturgia, y sobre todo en la obediencia al Papa. ¡Velemos y oremos! No se trataba de algo nuevo: Los herejes de todos los tiempos podrían llamarse los padres del minimalismo mariano. Por otro lado, ya habían logrado el ocultamiento de la Tercera Parte del Secreto de Fátima, y se comenzaba a atacar la autoridad de todo el Mensaje para que sean olvidados sus pedidos. “¡Revelaciones privadas!”, “¡no son dogmas!” clamaban los mismos que negaban o mutilaban no pocas verdades definidas dogmáticamente por la Iglesia. Eran los mismos que envenenaban la mariología tradicional y atacaban el culto de hiperdulía (1) y las devociones populares. Los mismos que silenciaron el ejercicio reparador de los Primeros Sábados (2), en el que la Virgen pide desagravio precisamente por los ataques contra sus dogmas, los sacrilegios contra sus altares e imágenes y el alejamiento de los niños de su amor. (3)

Desprecio del Santo Rosario

Eran -y son- los mismos que depreciaron el Rosario, sabiendo que la Virgen Santísima se llamó a sí misma “la Señora del Rosario” el 13 de octubre de 1917, y pide su rezo en todas sus aparicione,intentaron destruirlo, proponiendo “abreviarlo” (es decir “minimizarlo”). Al respecto, recordamos que trabajando en la difusión del Rosario radial en los años 70, y respaldado con los entusiastas alientos de los obispos de la zona que cubrían esas emisoras, el Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, nos alertó sobre el proyecto que gracias a Dios no prosperó en nuestra Argentina mariana: Se trataba de implantar algo así como un “mini-Rosario” (cada misterio tenía un Padrenuestro, un Avemaría solamente y un Gloria).

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Una anécdota donde se ve claramente la acción satánica que se movía detrás de todos los hechos mencionados: En un retiro de religiosas, el predicador, al colocarse frente a su audiencia para comenzar sus pláticas, tomó un Rosario, y “estirándolo” con ambas manos con todas sus fuerzas lo destrozó y arrojó al piso, mientras descontrolado por la ira, vociferó: “¡Ahora comenzamos el retiro!”. No queda duda, con esa furia satánica, además de mostrar el odio a Nuestra Señora, tal pretendido predicador quería mostrar a las desprevenidas monjitas, que predicaría una nueva religión.

Eliminación progresiva de la devoción al Inmaculado Corazón de María ¡mandada por el mismo Señor en Fátima 13/6/1917! Las ideas minimalistas fueron calculadamente inoculadas, junto con todo el bagaje progresista, en seminarios, noviciados, casas de estudio, para luego imponerlo en Parroquias y congregaciones, y, en un segundo paso, generalizarlo en el pueblo fiel. Eliminaron todo lo que se había hecho para cumplir el mandato divino en Fátima: “¡Dios quiere establecer en el mundo la devoción la mi Corazón Inmaculado!” La fiesta del Inmaculado Corazón de María fue degradada y pasó, como “memoria facultativa” a un sábado, día en que la mayoría de las Misas son vespertinas y ya dominicales, de modo que en la práctica no se la recordó más (3). Pensaron que habían sepultado Fátima. Esa fiesta había sido pedida con vehemencia al Papa y Venerable Pío XII por Sor Lucía, la confidente de la Virgen de Fátima. En una carta le agregaba, al terminar, después de referirle detalladamente el pedido de la consagración de Rusia: … Ahora permítame todavía hacer otra petición. Es solamente un deseo ardiente de mi corazón: que la fiesta en honor del Inmaculado Corazón de María sea extendida a todo el mundo como una de las principales de la santa Iglesia. Sor María Lucía de Jesús, (Lucía de Fátima), carta a Pío XII firmada en Tuy, España, el 2 de diciembre de 1940. ¡Cristocentrismo! Todavía se oyen los ecos de sus gritos: ¡que la Virgen no ocupe el lugar de Jesús! Cuando ellos mismos se han puesto en el lugar del Señor. El Apocalipsis nos dice:

A la Mujer empero se le dieron dos alas de águila grande, para volar, del desierto a su sitio donde es sustentada por un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo, lejos de la serpiente.” (Ap 12, 14). “la serpiente vomitó de su boca en pos de la mujer, cantidad de agua como un río, a fin de que fuese arrebatada de la corriente (Ap 12, 15). Ella mismo lo explica:

La Mujer en el desierto El dragón rojo, para lograr dominar la tierra, se ha puesto a perseguir en primer lugar a la Señora Vestida de Sol. Y de su boca ha arrojado tras la Señora un río de aguas, para sumergirla y arrastrarla. ¿Qué es ese río de aguas sino el conjunto de esas nuevas teorías teológicas con las que ha tratado de quitar a vuestra Madre celestial del lugar donde la ha puesto la Trinidad Santísima? De ese modo ha podido oscurecerme 155


en el alma, en la vida y en la piedad de muchos hijos míos; se ha llegado a negar parte de los privilegios con los que he sido adornada por mi Señor. Para huir de este gran río de agua fueron dadas a la Señora las “alas del águila grande” y si Ella ha podido encontrar su lugar en el desierto ¿Qué es el desierto sino un lugar escondido, silencioso, apartado y árido? El lugar escondido, silencioso, vuelto árido por muchas luchas y muchas heridas, en el que la Señora encuentra ahora su lugar , es el alma y el corazón de sus hijos predilectos, y de todos aquellos que se han consagrado a su Corazón Inmaculado. Realizo los más grandes prodigios en el desierto en el que me encuentro. Allí obro en el silencio, en el escondimiento, para transformar el alma y la vida de aquellos hijos míos que se me han confiado completamente. De ese modo cada día hago florecer su desierto en el jardín donde aún puedo llevar a cabo plenamente mi obra y donde la Santísima Trinidad puede recibir gloria perfecta. (La Santísima Virgen a los sacerdotes, sus hijos predilectos, por medio del Padre Gobbi)

La pretensión de desechar todo lo mariano El minimalismo quitó del ritual las lecturas del Antiguo Testamento en las que la Iglesia ponía en labios de María su predestinación eterna y sus glorias. Arrasó con sus imágenes, destruyó templos y Catedrales, hizo desaparecer los Rosarios, desechar escapularios, medallas, y demás sacramentales marianos, quemó libros de devoción y mariología, combatió el movimiento de consagración mariana, hizo que se olvide el “Mes de María” , tiempo de gracia y esperanza, y desterró los inspirados libros de San Luis María Grignion de Montfort. Conseguir un ejemplar de su Tratado de la Verdadera devoción se hizo casi imposible hasta la providencial llegada de Juan Pablo II, esclavo de María, admirador y seguidor del Santo de Montfort (Totus tuus). A esos les cabe la admonición de Acacio, Obispo de Militene que participara del Concilio de Éfeso: Yo no quiero privar a la Virgen Madre de Dios del honor que le otorgó el Misterio de la Encarnación ¿No resulta en verdad absurdo, oh carísimos, glorificar en los altares de Cristo la cruz ignominiosa que le sostuvo, y hacer que resplandezca ante la faz de la Iglesia, y luego privar de los honores de Madre de Dios a Aquella que acogió a la divinidad en vista de un beneficio tan grande?

Iconoclasia mariana Los enemigos de la Virgen eran, además, iconoclastas. Y cuando no podían quitar de sus lugares en los templos las imágenes de Nuestra Señora, las desfiguraban . Con esto quiero recordar hechos que aún no se han subsanado, como en el caso de una 1 - Solamente a Dios se le debe el culto de “latría” (adoración); a los santos les ofrecemos el culto de “dulía” (veneración). Pero a la Santísima Virgen, que está por encima de todos los santos y aún de todos los coros angélicos se le tributa un culto llamado por la Iglesia de “hiperdulía” (máxima veneración) Palabra silenciada por los minimalistas y sus seguidores, éstos últimos, en su mayoría, inconscientemente. 2 - El ejercicio de los Primeros Sábados que pidiera la Santísima Virgen a Sor Lucía de Fátima el 10 de diciembre de 1925 en Pontevedra. 3 - El Señor reveló que uno de los cinco motivos del ejercicio de los Primeros Sábados era el alejamiento de los niños del amor a la Virgen Santísima.

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4 – La fiesta del Inmaculado Corazón de María fue trasladada al sábado que sigue al viernes de la fiesta del Sagrado Corazón, pero en muchísimas Iglesias los sábados no hay Misas, y además, es muy grande la cantidad de personas que asiste a la Misa vespertina de los sábados para cumplir el precepto dominical, en la cual no se celebra dicha fiesta, que, en la práctica, ha quedado abolida.

Imagen de la Virgen del Carmen, que fue venerada en una tradicional iglesia cercana a Buenos Aires, a la que le quitaron el Niño Jesús de sus brazos y la pintaron de otro color para que sea “María” -a secas- y no Nuestra Señora del Carmen, aunque no pudieron cambiar la inclinación de la cabeza y rostro de la Virgen, que seguía “mirando” hacia uno de sus brazos en donde el artista había apoyado la cabecita del Niño. Lamentando el hecho, una piadosa señora decía: “Miro a la Virgen y parece estuviera diciendo: ¿Dónde han puesto a mi Niño?”… Sí, estos tales aceptan a María, pero advocaciones… jamás. Creen, lastimosamente, que ellos saben más que la Iglesia, que la Virgen Madre y Reina de la Iglesia (así la llamó en su primer Consistorio el papa Banedicto XVI) , y que el mismo Dios. Y así, durante años han logrado “acostumbrar” a los fieles a hechos similares, donde a la Virgen Madre le quitan a su Hijo Dios. Estamos hablando de Imágenes, nos responderán. Entonces deberíamos decirles: ¿Qué sentirías tú si en una antigua fotografía de tu madre contigo en sus brazos, se quitara con “fotoshop” tu cuerpecito de niño, y dejara a tu madre en una posición irreconocible sólo por capricho? ¿Qué dirías a los Papas que han ponderado el hábito del Carmelo, el escapulario, y le han concedido indulgencias? ¿Qué dirías a Pío XII cuando manifiesta que el Escapulario del Carmen es la señal externa de la consagración al Inmaculado Corazón de María? Y ¿qué dirías a los que durante tantas décadas veneraron esa Imagen que ahora desfiguraban?

“Sentir con la Iglesia” Lo que estamos relatando es grave, porque indica, según nos señala San Ignacio de Loyola, un desprecio al “sentir de la Iglesia” En la octava regla para cuidar ese “sentir”, dice el Santo: “Alabar ornamentos y edificios de iglesias; asimismo alabar imágenes, y venerarlas según lo que representan…” Tal vez te reirías de todas esas cosas, y con ello colaborarías en la “autodestrucción de la Iglesia” en Palabras del Papa Pablo VI (1) y el proceso de apostasía que hoy vivimos. Entonces deberíamos agregar: la apostasía que van a tener que vivir tus hijos, y de la que todos tendremos que rendir cuentas a Dios, tarde o temprano. Por eso recuerdo lo que decía un amigo andaluz: ¡Mira que te mira Dios! ¡Mira que te está mirando! ¡Mira que te has de morir! ¡Mira que no sabes cuándo! Y esto vale para todos, especialmente para los que se han empecinado con el menosprecio a la Madre de Dios. Y todo supuestamente para atraer a los hermanos separados, que volverían sin duda más rápidamente al seno de la Iglesia si se les mostrara la verdad mariana completa, en vez de ocultarla o mentir y hasta blasfemar de Ella, como hemos visto, con una intención pretendidamente ecumenista. Al respecto, será edificante la palabra de un protestante, que clarifica mejor que los tales a quienes hemos aludido. Se trata de C. S. Lewis, quien escribió en el prólogo de uno de sus libros respecto a Nuestra Señora, la Santísima Virgen María: 157


... no hay controversia entre los cristianos que necesite ser más delicadamente 1 - Alocución a los estudiantes del Pontificio Seminario de Lombardí a, Diciembre 7 de 1998.

tratada que ésta. Las creencias católicas sobre este tema se sostienen no sólo con el fervor inherente a toda creencia religiosa sincera sino (muy naturalmente) con la, por así decirlo, caballerosa sensibilidad que un hombre experimenta cuando el honor de su madre o de su amada están en cuestión. C.S. Lewis, apologista protestante - “Mero Cristianismo” N os teneos que apoyar en este teólogo protestante que recomienda el respeto por el tema mariano, mientras dentro de la Iglesia se blasfema de Ella. Y esto ocurre en el con texto de la persecución del pecado que nos llega desd e su seno, en palabras del Papa Benedicto XVI, cuando alude al Tercer Secreto del Mensaje de Fátima, en la peregrinación para honrar a la Blanca Señora (mayo de 2010). En aquellos oscuros tiempos resultaba difícil hasta el hecho de comprar un simple Rosario, su rezo producía en los minimalistas o burla o rechazo, al igual que las novenas, procesiones. En muchas parroquias se prohibió que los niños de Primera Comunión lleven su Rosario en las manos, y en no pocos templos se negaba la Comunión a mayores que iban a recibirla con él. Esas necedades perduran en algunos sitios y amenazan volver, aumentadas tal vez…

No quieren a María como Reina, como no quisieron a su Hijo como Rey En Paraná, la decisión del Papa Pablo VI de otorgar la Coronación pontificia a la Virgen del Rosario fue resistida por los “sacerdotes del Tercer Mundo”, debiendo volver a viajar el Arzobispo a Roma para poner en conocimiento de esta actitud al Sumo Pontífice quien ratificó su decisión con firmeza. Los “tercermundistas” entonces amenazaron con poner bombas en el acto, algo que intimidó, pero no ocurrió. Esos pequeños grupos eran los mismos que poco tiempo atrás se opusieron (los únicos) la Consagración de la Argentina al Corazón Inmaculado de María, como se puede comprobar en los periódicos de entonces.

El más doloroso de los ataques Todos los ataques a la Virgen Santísima son dolorosos, pero tal vez el de mayor y pérfida malicia son las negaciones de su Virginidad Perpetua y Perfecta. Causa horror -como exclamaba el Papa San Siricio- saber que esa herejía es sostenida por quien desde hace poco es el nuevo “Guardián” de la Fe, el Cardenal Müller…! También aquí vemos la acción providencial del Beato Papa Juan Pablo II, con su “magisterio de los gestos”, visibles masivamente en nuestro mundo, que detuvo en medida considerable el avance del minimalismo, pero no logró arrancarlo de raíz.

La palabra Corredentora, silenciada Durante su Pontificado llegaron a él setecientas cartas de 600 Obispos y más de ocho millones de firmas de fieles suplicando la proclamación del Dogma de María Corredentora. Juan Pablo II lo deseaba ardientemente, como lo demostró en varias menciones que hizo respecto de esa verdad mariana “Un punto enteramente particular en la economía de la salvación es la devoción a la Virgen, Mediadora de las 158


gracias y Corredentora, y por ello Madre, Abogada y Reina”, decía en su Carta Apostólica “Spiritus Domini”, en el bicentenario de la muerte de San Alfonso María de Ligorio, el 1º de agosto de 1987, poco antes de que se levantara sobre el ansiado dogma un muro inexpugnable, que todavía permanece. Sabemos por un venerado obispo latinoamericano que un sacerdote joven quiso presentar una tesis doctoral en Roma sobre la Corredención de María y su Mediación Universal sobre todas las Gracias. Los dirigentes del curso le dijeron que si quería aprobar, cambie de tema, pues ese tema no se quería tratar. Y me adelantó algo más, la Asociación Familia de María Corredentora, de derecho Pontificio - otorgado por Juan Pablo II - recibió una comunicación intimándola a que retire la palabra “Corredentora” de su nombre, so pena de que le quitaran la aprobación. Y la Asociación, con sus ramas sacerdotal y religiosa, presidida por el santo obispo Monseñor Hnilica, debió hacerlo ¡Misterio de iniquidad! Órdenes en las que ignoran la autoridad papal. Sin embargo, tarde o temprano, ese dogma será proclamado, como lo anunció la propia Madre de Dios.

Otra de las deudas que tiene la Iglesia con la Virgen: el dogma de María Corredentora, Medianera y Abogada Es una pena que para hablar de un tema de tanta trascendencia no tengamos el suficiente espacio, pero, al menos, sepamos que lo que hemos pedido y seguiremos pidiendo, Sor Lucía de Fátima lo explica afirmando que toda la obra de la Redención comenzó en el Inmaculado Corazón de María por el hecho de que fue por su “fiat” que comenzó a realizarse: Yo soy la esclava del Señor, hágase en mí según tal como lo has dicho (Lc 1,38) “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14) Por lo tanto, en la unión más estrecha posible entre dos seres humanos, Cristo comenzó, con María, la obra de nuestra salvación. Los latidos del Corazón de Cristo son los mismos que los del Corazón de María; la oración de Cristo es la oración de María; las alegrías de Cristo son las alegrías de María. Fue de María de quien Cristo recibió el Cuerpo que iba ser ofrecido, y la Sangre que iba a ser derramada por la salvación del mundo . Por lo tanto, María , hecha una sola persona con Cristo, es la Corredentora de la raza humana. Con Jesucristo en su vientre, con Jesucristo en sus brazos, con Él en Nazaret y en su vida pública; con Cristo subió al monte clavario, sufrió y agonizó con Él, recibiendo en su Corazón Inmaculado los últimos sufrimientos de Cristo, sus últimas palabras, su última agonía y las últimas gotas de Su Sangre, para poderlas ofrecer al Padre. Sor Lucía de Fátima, El llamado de Fátima.

Herejía y blasfemia propagada por el mundo Sólo sabiendo que el minimalismo mariano es, junto con la negación eucarística, pieza clave del intento de protestantizar el catolicismo, se puede entender la proyección realizada en el Aula Paulo VI -¡en “avant premier mundial” y “de gala”!de una película herética, aberrante y blasfema que niega todas las glorias de María, atacando especialmente su Inmaculada Concepción y su Virginidad perfecta y perpetua, presentándola en forma grotesca, mutilando las Escrituras, mostrándola con dolores de parto que producen el horror de las almas católicas. La publicidad oficial que recorrió el mundo proclamaba en su costosísima propaganda (¡!): “La verdadera historia del nacimiento de Jesucristo ”. Es decir que todo lo que 159


enseñó la Iglesia en dos mil años, según los productores de este film es falso, todo lo que hemos oído y dicho del Nacimiento virginal y milagroso de Jesús y todo lo que lo rodeó, es mentira, porque esta señora lo proclama desde el Aula Paulo VI, apoyada por un obispo que luego fue elevado creado Cardenal, es decir que en el próximo cónclave votará, junto con Müller y otros herejes, que han introducido la abominación en el templo santo de Dios. Se trataba nada menos que de quitarle a la Iglesia a su Madre, imponiendo el “catecismo” del Padre de la Mentira en el Aula misma de las catequesis papales. Estamos ya en la apostasía, anunciada en el tercer Secreto de Fátima, que ya vemos enseñorearse en la Santa Iglesia de Cristo. Varios Cardenales y Arzobispos propiciaron escandalosamente esa película. En dos países hermanos, al menos, sus Episcopados hicieron también su “avant premier” (¡!) Nadie puede ser más celoso del honor de la Virgen que su propio Hijo Jesucristo. Por eso nosotros debemos pedir al Sacratísimo Corazón de Jesús la ayuda para que se la vuelva a honrar debidamente, y a obedecerla cuando nos habla en su condición de Madre y de Reina. El minimalismo mariano ha frenado y obstaculizado este sagrado deber. Y ha logrado que los desprevenidos se queden inactivos ante las afrentas a su Madre. Porque afrentas son los olvidos y desprecios de las glorias que la Iglesia, guiada por el Espíritu, reconoció a la Madre del Señor a través de veinte siglos. Esta corriente que sigue haciendo estragos por medio de sus adeptos conscientes o inconscientes.

Comienzo de la gran apostasía Este minimalismo mariano fue el comienzo de la gran apostasía, que será derrotada, pero sólo por la obediencia a Ella, la Mujer Vestida de Sol. Cuando se obedezca a todos sus mensajes de Señora y Reina, cumpliendo con los apremiantes pedidos de oración y penitencia que hace en sus apariciones. Cuando creamos firmemente en las verdades que no cambian, y rechacemos enérgicamente las modas incompatibles con la vida cristiana: “Introducirán unas modas que ofenderán mucho al Señor”. “Dios no tiene modas”, como decía la pequeña Beata Jacinta en su lecho de muerte. La gran decadencia moral en el vestir, el hablar, el actuar, va de la ano o con la herejía, la blasfemia, la apostasía. Cuando se vivan todos los pedidos de la Virgen se disipará la gran apostasía. Pero advirtamos que la falta de obediencia a la Reina que nos ha enviado Nuestro Señor y Rey Jesucristo para vencer “a satanás, sus pompas y sus obras”, es consecuencia de una falta de amor, de un amor que hace brotar la verdadera devoción a Ella, y ese amor falta porque María “no es suficientemente conocida” según afirma el gran profeta que suscitó Dios para estos tiempos: San Luis María Grignion de Montfort. Su Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen , que él mismo profetizó sería ocultado por el maligno, fue escrito en otra época de ataques a la Madre de Dios, que descripta por el Padre Nazario Pérez SJ nos muestra que no son nuevas las falacias de sus enemigos:

Los enemigos de Montfort Se libraba entonces la más fuerte batalla que hayan visto los siglos contra la devoción a Nuestra Señora. Precisamente en el año 1653, año en que nació San Luis María, se publicó un desgraciado libelo contra Ella, que 160


entrañaba todo el veneno de la herejía jansenista contra el dogma y el culto de la Santísima Virgen. El error era tanto más dañoso cuanto más disimulado. No negaban los jansenistas la maternidad divina de Nuestra Señora, ni el honor que por ello se le debe, ni el socorro que de Ella podemos recibir. Sólo trataban, según decían ellos, de cortar las exageraciones y abusos de la Iglesia, que convertía el cristianismo en marianismo; sólo protestaban contra del culto “idolátrico” que el pueblo rudo tributaba a María; sólo se mostraban celosos del honor de Jesucristo. ¡Hipócritas! ¡Y eran ellos los que más fuertemente combatían la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y los que apartaban a los fieles de la sagrada Comunión! Con estas encubiertas razones combatían toda opinión teológica que tendiera a enaltecer las gracias y privilegios de la Santísima virgen, y aún se atrevían a levantarse contra muchas doctrinas ciertas y católicas. No sólo negaban la Concepción Inmaculada y la Asunción corporal a los cielos (dogmas aún no proclamados entonces) sino también los títulos de Corredentora, Reparadora, Medianera y Madre de Misericordia, y hasta el culto de, hiperdulía. Inútilmente se les objetaban los testimonios tan claros y numerosos de los Santos Padres y doctores en alabanza a la Reina de los Ángeles. Todos eran para ellos expresiones extraordinarias y figuras, de que no había que usarse sin grande prudencia. En los mismos himnos y oraciones de la Iglesia hallaban “hipérboles y vanas adulaciones” que era preciso interpretar en sentido moderado, o mejor, cortarlas y sustituirlas por otras más exactas “que no falsearan las ideas de los fieles. P. Nazario Pérez, comentario en las

Obras de San Luis María G. de Montfort.

No se puede amar lo que no se conoce. Y no se pueden conocer las glorias de la Madre del Señor si no se escucha predicarlas, si no se habla de Ella sino para una pobre invocación hasta en los ejercicios espirituales o retiros, si no se puede encontrar bibliografía adecuada en las librerías “católicas”, si las publicaciones que se amparan en la Iglesia no difunden su doctrina. Si, no nos convencemos que la sólida devoción a la Virgen es el remedio para los problemas y carencias de estos tiempos: Gran maestro de espiritualidad fue el Padre Faederick-William Faber, que naciera y ejerciera su ministerio en la Inglaterra anglicana. Para apreciar su testimonio, leamos antes el relato sobre la situación de la Iglesia Católica en ese país, y el cambio producido por la predicación y vivencia de la devoción mariana, hecho por otro gran apóstol de esos tiempos -mediados del siglo XIX- el Padre Hermann: Afligidos por leyes represivas y odiosas, y respirando tan sólo una atmósfera anticatólica, los hijos de la Iglesia, no obstante permanecer fieles a la fe, no se habían atrevido a entregar sus almas a las dulces expresiones de la devoción cristiana. Y aun después de la emancipación, su devoción a la sagrada Eucaristía, a la Santísima Virgen y al Vicario de Jesucristo se reprimía todavía por el temor a las burlas de la herejía. Todavía se ignoraba en Inglaterra lo que era la comunión frecuente. El miedo era aún mayor, si cabe, en lo que se refiere a la devoción hacia la excelsa Madre de Dios... Claro está que los católicos amaban a María, y rezaban a María, pero no se atrevían a hablar de Ella... Hace veinte años no se veía ni una sola imagen de la Santísima Virgen en las iglesias católicas de Inglaterra. Un respetable canónigo de Westminster me ha asegurado que en la misma época, para tener unos rosarios, era necesario 161


encargarlos en Francia, y que un día de la Asunción, habiendo predicado quien fuera luego el Cardenal Wiseman, joven sacerdote entonces, sobre las grandezas de María, recibió al bajar del púlpito el parabién de un sacerdote extranjero, que le dijo: "¡Ya es hora de que oiga en este país un sermón sobre la Santísima Virgen! Usted es el único que trata semejante tema". Cierto, se había formado como una especie de acuerdo tácito para no hablar en el púlpito acerca de la Santísima Virgen... El Padre Hermann se regocija del cambio que hubo posteriormente y que lo atribuye a la obra de los Padres jesuitas, al Cardenal Wiseman, y al padre Fáber. Hoy día, ¡qué diferencia! ¡Y qué júbilo, señores, para un religioso de la Orden de María, poderos decir : "Esperemos, ya que no sólo la fe hace cada día nuevas conquistas en Inglaterra, sino que al mismo tiempo el reino de María -el imperio tan dulce de su devoción- se extiende en esta tierra llamada en otro tiempo “feudo de María"! ( …) Poco tiempo después, de trece diócesis creadas para el restablecimiento de la jerarquía, doce fueron colocadas bajo la advocación de la Madre de Dios. Actualmente el Mes de María se celebra en todas las iglesias católicas. La piedad de los fieles ha visto reaparecer cofradías del Rosario, del santo escapulario y del Sagrado Corazón de María. “Sé muy bien que algunos quisieran, a causa del carácter naturalmente más frío de la nación inglesa, aconsejar a los católicos cierta reserva en su devoción a la Virgen..., como si fuese otra en lugar de María quien debiera aplastar todas las herejías..., como si hubiese algún peligro en excederse en lo que Dios mismo se excedió... Ya que, en resumidas cuentas, ¿el amor de los católicos por María podrá jamás elevarse hasta darle gloria tan sublime como aquella en que Dios la ha colocado? Es como si, para no citar más que la devoción al santo escapulario, ésta pudiera ser inconveniente en Inglaterra, cuando precisamente éste es el país al que la Santísima Virgen trajo del cielo esta prenda de salvación, y la dio a un santo, no de nación italiana o española, sino a un religioso que era inglés por su nacimiento, por sus obras, por su misión y elección. Señores, en opinión mía, la elección de Inglaterra como teatro de esta revelación, y el haber escogido a un inglés, a San Simón Stock, como depositario de la promesa unida al escapulario, es signo de la futura conversión de dicha nación... Y sigue el Padre Hermann, ahora mencionando la obra del Padre Frederic-William Fáber (1814-1863),: ¡Ah! El padre Faber no hubiera seguramente recomendado semejantes precauciones... Que mi palabra y mi corazón le rindan aquí tributo de alabanza, de admiración y de pesar. El padre Faber, que fue el más grande escritor ascético de nuestro siglo, el padre Faber, que fundó el célebre Oratorio de San Felipe en Londres, y cuya muerte prematura deja un vacío inmenso en el clero de Inglaterra, escribió como testamento a los católicos las últimas palabras siguientes: "Si los herejes no se convierten, es porque no se predica bastante de la Santísima Virgen. Jesús no es amado, porque se deja a María en la sombra. El Padre Faber oratoriano inglés, fue el gran propagador en Inglaterra de la espiritualidad mariana de San Luis María Grignion de Montfort, decía ante la mención de los males de esa época, precisamente prologando el Tratado de Montfort: 162


Una inmensa devoción a María y no esa débil, mezquina y pobre ...¿cuál es el remedio que necesitamos? ¿cuál es el remedio indicado por el mismo Dios? Si damos crédito a las revelaciones de los santos, el remedio está en hacer que la devoción a la Santísima Virgen alcance un grado inmenso. Pero téngase en cuenta que lo inmenso no reconoce límites. Aquí, en Inglaterra, no se predica a María la mitad de lo que se debe. La devoción que se profesa es débil, mezquina y pobre. Anda tímidamente fuera de su verdadero camino, a causa de las burlas de la herejía. Invocando siempre el respeto humano y la prudencia de la carne, se pretende hacer de María una María tal que los protestantes pudieran admitirla fácilmente. Su ignorancia en la teología hace a ésta insustancial y baja. No posee la característica de nuestra religión; no tiene fe en sí misma. He aquí por qué no se ama a Jesucristo, no se convierten los herejes, no es exaltada la Iglesia, desfallecen y degeneran las almas que debieran ser santas, no se reciben dignamente los Sacramentos, y las almas no son evangelizadas con entusiasmo. Jesús está olvidado, porque María no es conocida. Mil almas perecen porque María está lejos de ellas. Esta miserable e indigna sombra, a la que pretendemos llamar devoción a la Santísima Virgen, es la causa de todas estas necesidades e infortunios, de tantos males, omisiones y relajamientos. Sin embargo, si hemos de creer en las revelaciones de los santos, Dios exige una devoción mayor, más extensa y sólida, y del todo nueva a su Santísima Madre. Padre Frederic-William Faber, 2 de febrero de 1864,

Prefacio del Tratado de la verdadera devoción a María.

Ocultamiento de las Glorias de María Sorprendente es la similitud entre el catolicismo de aquella nación reformada, que nos pinta el Padre Fáber hace un siglo y medio, con la que debemos padecer en gran parte de las naciones católicas en estas últimas décadas, lograda por la infiltración protestantizante. Sorprendente aunque comprensible cuando se conocen los planes de las fuerzas del mal. Lamentablemente, nos ha invadido una mariología que teme más importunar a los “hermanos separados” que ofender a la Santísima Trinidad. Elaborada y enseñada desechando la teología católica, que “anda fuera de su verdadero camino”, a causa ahora de la convivencia con la herejía, inspirada y ya instaurada actualmente “por el respeto humano y la prudencia de la carne”, que considera a la Virgen solamente como “una muchacha humilde” de Nazaret, con un dejo de piedad. Mejor aún si decimos que la Virgen Santísima fue solamente a ayudar a su prima anciana en sus quehaceres domésticos, sin mencionar la santificación del Precursor que “saltó de gozo en su seno” apenas su saludo fue escuchado por Isabel (Lc. 1, 44) y las mil bendiciones que llevó a ese hogar el propio Jesucristo desde su seno purísimo. Pretenden estos tales, “hacer de María una María tal que los protestantes pudieran admitirla fácilmente”. De esa manera quieren oponer, como proclaman descaradamente ciertos pretendidos “mariólogos” (de “fama” mundial) una “Mariología del servicio” a la “Mariología de 163


los privilegios”. Es decir, quieren imponer una Madre de Dios semejante a cualquier muchacha moderna, pretexto que se usó, con estas palabras, para presentar la obra blasfema en el Aula Pablo VI, como declaró a la prensa mundial la directora protestante del film, encontrando eco en los más engañados de nuestros católicos, los que quieren una devoción a María (así, a secas), sin otros títulos que los que tengan una connotación bíblica. Es la última moda, impuesta para encubrir las anteriores negaciones con la mayor sagacidad. Pero esa pretensión está condenada al menos desde 1794, por el Papa Pío VI, cuando censura enérgicamente a quienes se atrevieron a prohibir los títulos que no sean “bíblicos”, reprobando expresamente La doctrina que prohíbe que las imágenes mayormente de la Santísima Virgen, sean distinguidas con otros títulos que con las denominaciones que sean análogas a los misterios que expresamente se mencionan en la Sagrada Escritura; como si no pudiesen darse a las imágenes otras piadosas denominaciones que la Iglesia aprueba y recomienda en las mismas oraciones públicas; esa doctrina es temeraria, ofensiva a los oídos piadosos, injuriosa, principalmente a la veneración debida a la Beatísima Virgen María. Pío VI, Constitución Auctorem fidei. 28 de agosto de 1794. Si nos detenemos a pensar, vamos a recordar que hay lugares donde ya no se menciona a la Virgen con los hermosos títulos de las Letanías Lauretanas o de las devociones más grandes de cada país, muchas de cuyas imágenes fueron coronadas por los Pontífices Supremos. Gracias a Dios el mismo pueblo fiel frena ese avance del mal. Porque no se trata de algo consciente, sino de una “moda” que se ha incubado en el seno de la Iglesia de las últimas décadas, con mucha sutileza, causada también por una generación de predicadores a los que no le han enseñado lo debido. Entonces oponen una “María de la Historia” a la “María de la Fe”. A eso han llegado esos “doctores” que “temen se abuse de la devoción a la Virgen” a los que combatían San Alfonso María de Ligorio y San Luis María de Montfort, habiendo hasta osado afirmar en un desborde de soberbia, que “los pontífices anteriores han caído en ese error”, afirmación temeraria, irreverente, contestataria que, con sus variantes del caso, se la prédica y publica, hiriendo la Iglesia de Cristo en su unidad de fidelidad a los que han sido sus Vicarios, Maestros de la Fe, no pocos considerados gigantes de los últimos siglos. Esos “expertos” rechazan el Magisterio Pontificio con una soltura de cuerpo que espanta, pues para ellos la desobediencia al Papa es cosa de poca monta, y hasta algo meritorio, como los que están enviando al mundo el “llamado a la desobediencia”…! No habrá nadie que con caridad fraterna y firmeza de cristianos de ley les hab a saber la verdad que vivieron los Santos y el Pueblo de Dios proclamada por San Padre Julián Eymard: Fuera del Papa no hay más que cisma y esterilidad; contra el Papa no hay más que herejía y escándalo, que es un crimer mayor, seguido de todas las venganzas divinas , de todas las desgracias reservadas a los sacrilegios. San Pedro Julián Eymard, Obras Eucarísiticas,

Tercera parte: De la devoción a la Iglesia

Verdaderamente, la Iglesia necesita oraciones y penitencias, y vivir en verdadera consagración al Señor y su Santísima Madre. San Luis María nos ofrece la enseñanza 164


de la verdadera devoción en su libro recomendado por todos los Pontífices de los últimos tiempos, y que estos supuestos “doctores” tienen la osadía de acusar. Y por si no les basta, tenemos las copias fotográficas de las cartas de la inmensa mayoría los obispos argentinos del Año Santo 1950, encomiando y recomendando el Tratado de Montfort. Roguemos pues, en esta batalla decisiva, con la oración dolorida de nuestro santo:

La oración de Montfort A Vos me dirijo en estos momentos, amable Jesús mío, para lamentarme amorosamente a vuestra Majestad de que la mayor parte de los cristianos, aun los más instruidos, no conocen el enlace necesario que existe entre Vos y vuestra Santísima Madre. Vos, Señor, estáis siempre con María, y María con Vos y no puede estar sin Vos; pues de lo contrario, dejaría de ser lo que es. Ella está de tal manera transformada en Vos por la gracia, que ni vive ni es nada en realidad, sino que Vos Jesús mío, sois quien vive y reina más perfectamente en Ella que en todos los Ángeles y bienaventurados. ¡Ah! Si se conocieran la gloria y el amor que Vos recibís de esta criatura admirable, se tendrían hacia Vos y hacia Ella muy distintos sentimientos de los que al presente se abrigan; tal íntimamente está unida Ella a Vos, que antes se separaría la luz del sol y el calor del fuego; digo más, antes se separarían de Vos todos los Ángeles y santos que la divina María; porque Ella os ama más ardientemente y os glorifica más perfectamente que todas las demás criaturas juntas. Según esto, amable Maestro mío, ¿no es cosa que causa estupor y lástima ver la ignorancia y las tinieblas que embargan a los hombres de este mundo con respecto a vuestra Santísima Madre? Y ahora no hablo de tantos idólatras y paganos que, al no conoceros a Vos no se cuidan de conocerla a Ella; no hablo tampoco de los herejes y cismáticos que habiéndose separado de vuestra Santa Iglesia, no se cuidan para nada de ser devotos de vuestra Santísima Madre; hablo, sí, de los cristianos católicos y aún de algunos doctores entre los católicos (1), que, haciendo profesión de enseñar a otros la verdad, no os conocen a Vos ni a Vuestra Santísima Madre más que de una manera especulativa, seca, estéril e indiferente. Éstos a quienes aludo no hablan sino rara vez de Vuestra Santísima Madre y de la devoción que se le debe profesar, porque temen dicen ellos, que se abuse de esta devoción; que honrando mucho a Vuestra Santísima Madre se infiera injuria a Vos. Si ven u oyen a algún devoto de María hablar con frecuencia de esta Madre bondadosa de una manera intensa tierna y persuasiva, como de un medio seguro sin ilusión, de un camino corto sin peligro, de una senda inmaculada sin imperfección y de un secreto maravilloso para hallaros y amaros perfectamente, claman contra él y le arguyen con mil razones falsas, para probarle que no es conveniente que se hable tanto de la Santísima Virgen, que hay grandes abusos de esta devoción y que es necesario a con empeño en destruirlos y hablar de Vos antes que llevar a los pueblos hacia la devoción a María, a quien ya aman bastante. A veces se les oye hablar de la devoción a Vuestra Santísima Madre, pero no es para establecerla ni inculcarla, sino para destruir los abusos que de ella se cometen, en tanto que carecen de piedad y devoción tierna para con Vos, porque no la tienen para con María, pues consideran el Rosario, el Escapulario y la Corona como devociones de mujercillas, propias de ignorantes, sin las cuales puede uno salvarse; y si tropiezan con algún devoto de María, trabajan por cambiar su espíritu y su corazón (…) ¿Tienen estos tales, amable Jesús mío, vuestro Espíritu? ¿Os agradan obrando de esta manera? ¿Os complace quien no se esfuerza en obsequiar 165


a vuestra Madre por miedo de disgustaron a Vos? ¿La devoción a Vuestra Santísima Madre es obstáculo para la vuestra? ¿Acaso Ella se atribuye el honor que se le tributa? ¿Acaso forma bando aparte? ¿Es por ventura una extraña que o tiene con Vos ninguna relación? ¿Os desagrada a Vos quien a Ella desea agradar? ¿Es separarse o alejarse de vuestro amor el entregarse a Ella y amarla? Sin embargo de esto, amable Maestro mío, la mayor parte de los sabios, en castigo de su orgullo, no se alejarían más de la devoción a Vuestra Santísima Madre, ni mostrarían más indiferencia para con Ella si fuera verdad todo lo que acabo de decir. Guardadme Señor, guardadme de sus sentimientos y de sus prácticas, y comunicadme alguna parte de los sentimientos de reconocimiento de estima, de respeto y de amor que Vos abrigáis hacia Vuestra Madre Santísima, a fin de que os ame y glorifique cuanto más os imite y más de cerca os siga. Permitidme que, como si hasta aquí no hubiera hecho nada en honor de Vuestra Santísima Madre, la alabe ahora dignamente ‘Fac me digne team Matrem collaudare’, a pesar de todos sus enemigos, que son los vuestros, y que yo les diga en alta voz con los santos: ‘Non praesumant aliquis Deus se habere propitiumm qui benedictam Matrem offensam habuerit… “No presuma obtener de Dios misericordia aquel que ofende a su Santísima Madre. San Luis María Grignion de Montfort, Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, Cap. I, art. II, nº 63.

Como final de esta triste lista de menosprecios y afrentas a la Virgen, trascribimos dos de tantos mensajes al respecto del Señor y la Virgen en El Escorial, a Luz Amparo Cuevas.

Dice su Madre Santísima: Mira, hija mía, Dios me elevó al cielo, ante su Divinidad, y me hizo participar de su gracia y de su sabiduría, y me otorgó grandes dones, y me atribuyó también grandes atributos de sus atributos, para que reinara sobre la humanidad. Me concedió ser Madre de Amor y de Misericordia y me dio gracias como a ningún ser humano le otorgó, para que Yo estas gracias pudiera distribuirlas sobre los mortales. Mandó a las estrellas, al sol y la luna, que todos me obedeciesen, a todos los llamó por su nombre, a los peces, a las aves, a los reptiles, a todos les dijo que me obedeciesen y me nombró como Madre de toda la humanidad. También me dio el título de Reina de las estrellas y Señora de todo lo creado. Por eso María es tan odiada, hijos míos, por eso el enemigo hace que desaparezca el nombre de María.(El Escorial, 4/6/1988) Y dice el Señor: Hija mía, aquí estoy, el Hijo de María Virgen e Inmaculada. Quiero que se venere a mi Madre con los títulos que la Divina Majestad de Dios le ha otorgado. Que los hombres quieren hacer desaparecer el nombre de María Virgen. La quieren dejar como simple mujer, no como Madre de Dios. Hijos míos, veneradla, porque es la Puerta del Cielo, porque Dios la quiere para la salvación de la Humanidad. (El Escorial, 7/10/2000).

VI

El trascendental 166


Secreto de Fátima Si atendieren a Mis pedidos, Rusia se convertirá y tendrán paz. Si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Palabras de María Santísima en Fátima

El Secreto de Fátima es uno sólo. Se trata de las palabras que pronunció la Virgen Santísima el 13 de julio de 1917 al final de su aparición, agregando: “esto no lo digáis a nadie”, por supuesto hasta que Ella mandara que se haga. Con el tiempo Ella mandó que se haga parcialmente, por lo cual, a los efectos prácticos, se comenzó a mencionarlo en tres partes. La primera parte fue la visión del infierno; la segunda se trata de la segunda guerra mundial, ambas partes dadas a conocer por el Obispo de Leiría en 1941. La tercera es la visión dada a conocer el 26 de junio de 2000, por orden de Juan Pablo II, faltando una parte, de la cual se conocen algunos comentarios autorizados, muy significativos. Esta última, negada por el entorno del Santo Padre (no por él) es motivo de lógico reclamo por la gran parte de la Iglesia que sabe de su existencia, y gran parte de lo que dice, aunque no conoce su texto. Vayamos ahora al Secreto para cumplir con el pedido del Altísimo en cuanto a la devoción al Inmaculado Corazón de María, e implorar, con su cumplimiento de Rosario y desagravio, que se nos conceda la unidad de la Iglesia y la paz del mundo, aunque tardíamente. Lucía comienza así el relato de la tercera aparición, donde Nuestra Señora diera el trascendental Mensaje, aún no revelado, pero digámoslo claro, aún no cumplido en lo que siempre se conoció: Día 13 de julio de 1917: Momentos después de haber llegado a Cova de Iría, junto a la encina, entre numerosa multitud del pueblo, estando rezando el Rosario, vimos el resplandor de la acostumbrada luz y, en seguida, a Nuestra Señora sobre la encina. La Santísima Virgen les dijo que quería que vuelvan el trece del mes siguiente, que continúen rezando el Rosario todos los días “en honor de Nuestra Señora del Rosario por la paz del mundo y el fin de la guerra, porque sólo Ella os puede ayudar”. A pedido de Lucía les respondió que continúen yendo allí todos los meses y que en octubre les diría quién es y lo que quiere, y que hará “un milagro para que todos vean y crean” Lucía hizo unas peticiones, y escribe que recuerda que Nuestra Señora dijo que “para alcanzar durante el año las gracias que pedían era necesario que rezasen el Rosario” Y continuó:

Sacrificaos por los pecadores y decid muchas veces, sobre todo cuando hagáis un sacrificio: “·Jesús, es por vuestro amor, por la conversión de los pecadores y en reparación por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María” al decir estas palabras, de nuevo abrió las manos como en los meses anteriores. El reflejo pareció entrar en la tierra y vimos como un mar de fuego. Sumergidos en ese fuego estaba los demonios y las almas como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas con forma humana: Llevados por las llamas quede ellos mismos salían, juntamente con horribles nubes de humo, flotaban en aquel fuego y caían para todos los lados igual que las pavesas en los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, 167


entre gritos de dolor y desesperación que horrorizaban y hacían estremecer de espanto. Debió ser ante esta visión cuando dije aquel “¡Ay!”, que dicen que me oyeron. Los demonios se distinguían por formas horribles y repugnantes de animales espantosos y desconocidos pero transparentes, igual que los carbones encendidos”. Asustados, y como para pedir socorro, levantamos la vista hacia Nuestra Señora que nos dijo, entre bondadosa y triste”:

Visteis el Infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a Mi Inmaculado Corazón. Si hacen lo que Yo os diré, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra va a acabar. Pero, si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al Mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedirlo, vendré a pedir la consagración de Rusia a Mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora en los Primeros Sábados. Si atendieren a Mis pedidos, Rusia se convertirá y tendrán paz. Si no, esparcirá sus errores por el Mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas. Por fin, Mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre Me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al Mundo algún tiempo de paz. En Portugal se conservará siempre el dogma de la fe, etc. ………………………………………………………………………… …….. Texto faltante del tercer secreto ………………………………………………………………………………. Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia!¡Penitencia!¡Penitencia! Y vimos en una inmensa luz qué es Dios: “algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él” a un Obispo vestido de Blanco, hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre. También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Ángeles cada 168


uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios.

Esto no lo digáis a nadie. A Francisco sí, podéis decírselo. Cuando rezareis el Rosario, decid, después de cada misterio: ¡O mi Jesús! Perdónanos , líbranos del fuego del Infierno, llevad al todas las almas al Cielo, principalmente aquellas que más necesitadas. La convicción general es que el texto faltante es lo que sigue a la frase sobre la fe de Portugal que agregara Lucía en su Cuarta Memoria, lugar que hemos marcado entre dos líneas de puntos, a continuación seguiría el texto dado a conocer en el 2000, luego la referencia a Francisco y la jaculatoria para la conclusión de cada Misterio del Rosario, y por fin:

¿No quiere nada más de mí?, dijo Lucía, a lo que Nuestra Señora respondió: No, hoy no quiero más. Y como de costumbre, comenzó a elevarse en dirección al este, hasta desaparecer en la inmensa lejanía del firmamento. La tercera parte del Secreto de Fátima se volvió mundialmente célebre. El mismo había sido colocado en un sobre por Sor Lucía con una leyenda exterior que indicaba: “Por orden expresa de Nuestra Señora este sobre no se podrá abrir antes de 1960” . Cuando el Papa Juan XXIII lo abrió en Castelgandolfo, el 17 de agosto de 1959, lo mostró a un cierto número de Cardenales, haciendo colocar a su Secretario privado, Monseñor Loris Francesco Capovilla: “No tomo posición sobre el mismo” y la lista de quienes lo leyeron. Pasaron los años -muchos, después de 1960, la fecha indicada por la Virgen- Y recién el 13 de mayo del 2000, cuando el Papa Juan Pablo II viajó a Fátima y allí beatificó a los pastorcitos Jacinta y Francisco. En esa ocasión quiso dar a conocer la tercera parte del Secreto de Fátima. Pero no pudo hacerlo en forma completa, nos aunque dio dos claves para de alguna manera conocerlo: Una fue la primera lectura de la Misa, que tomó personalmente del Capítulo 12 del Apocalipsis, con su homilía, por un lado; y por otro, el Vía Crucis que preparó con el cardenal Ratzinger pocos días antes de morir, según lo detallaremos más adelante. Luego de la Misa en Fátima, el Cardenal Sodano anunció que el Papa había decidido dar a conocer el Tercer Secreto, e hizo algunos comentarios sobre el mismo. Uno de ellos muy desafortunado, porque afirmó que el Mensaje decía que el Papa caía “como muerto”, cuando en realidad, lo revelado, mostrado y publicado en Roma “el obispo vestido de blanco caía “muerto”. Efectivamente, ese día se dio a conocer a la prensa mundial el texto escrito por Lucía explicando una visión. Nótese que ambas informaciones fueron de carácter público y mundial, transmitidas por todos los medios. Por otra parte no se mencionaba ninguna palabra de la Virgen, y eso, más el hecho de permanecer trunco el texto donde la Virgen dice : “En Portugal se conservará el dogma de la fe, etc.” dieron motivos para dudar. Además, el comentario teológico del día de la revelación de la visión, no convencieron a la opinión mundial y menos a los estudiosos de Fátima. Todos pensaban que faltaba algo, y efectivamente era así. Pasado un tiempo, uno de ellos, Solideo Paolini visitó a Monseñor Loris Francesco Capovilla, que fuera Secretario personal de Juan XXIII y luego del fallecimiento del Pontífice designado Delegado Pontificio del Santuario Loreto, donde se encuentra la 169


Santa Casa de la Virgen. El Arzobispo, actualmente nonagenario, rehusó a responder sobre el asunto, pero luego dijo a Paolini que le enviaría algunos papeles, de los que guardaba de los tiempos del Papa Roncalli. Al recibirlos, Paolini tuvo los indicios claros de que había otra parte no revelada, y decidió telefonear al Arzobispo. Al plantearle que todo evidenciaba la existencia de dos documentos, el arzobispo respondió: “Efectivamente”. Paolini llevó esta confirmación a Antonio Socci, prestigioso escritor y periodista italiano, y amigo personal del Santo Padre Benedicto desde tiempo atrás, quien, con la confirmación dada por Monseñor Capovilla, escribió su famoso libro: “El Cuarto Secreto de Fátima”. En el mismo, de algún modo representa a todos los que queremos que se den a conocer las palabras de Nuestra Señora, algo que esperamos desde 1960. Y que, con fundamento, nos atrevemos a creer que ha traído muchos y graves perjuicios a la Iglesia de Cristo. El libro de Socci recibió toda clase de ataques del Cardenal Bertone, tratando de negar esa evidencia además de declarar reiteradamente que la profecía ya estaba cumplida y ahora comenzaría la “primavera de la Iglesia”. Lógicamente, se desató una gran controversia, que el Cardenal no pudo frenar con sus declaraciones supuestamente “oficiales”. Finalmente, la controversia fue resuelta con las palabras del Santo Padre Benedicto XVI en su peregrinación a Fátima en apoyo de los que como nosotros, creemos que la Profecía de Fátima no se ha cumplido aún totalmente: “Se equivocan los que creen que la profecía de Fátima ha concluido”. Para los fines de este trabajo no es propicia ni la discusión ni la polémica, sino el cumplimiento del pedido de oración, sacrificio, desagravio y consagración que pide la Virgen, y por cierto que se sepa lo que Ella dijo respecto a lo más sagrado que tiene la Iglesia y la humanidad: La Santa Misa.

VII

“etc.”

La abreviatura “etc”, generalmente tiene una connotación de poca importancia, ya que simplemente quiere expresar que sigue el texto o el discurso, sin que haya necesidad de mencionarlo. Sin embargo, en el documento humano más importante del siglo pasado, tiene una importancia trascendental. Fue puesto por Lucía de Fátima en su Cuarta Memoria, (no la colocó en la tercera) después de los anuncios tan dramáticos que la Virgen manifiesta al llegar a esa parte del Secreto que no se ha querido dar a conocer: “En Portugal de conservará siempre el dogma de la Fe, etc”. Es evidente para quien lee con un poco de atención el significado de lo que sigue. La Virgen habla del mundo, de guerras, errores de Rusia diseminados por el mundo, y de la paz. De la paz del mundo. Habla al Papa, a los distintos Papas, a los Obispos a quienes, unidos a él deben consagrar (como se consagra nuevamente un templo profanado) a Rusia. Habla a las naciones, a los pueblos y a todos nosotros. Sin duda, 170


en opinión de muchos -o de todos los que estudian el tema- Lucía agregó esta frase sabiendo que el Secreto iba a ser ocultado, y sin duda también que esto lo hizo con permisión de la Virgen Santísima. Porque sabemos que ella era fidelísima a su voluntad, que es la voluntad de Dios. Y también es posible que la misma Virgen Santísima le haya ordenado colocar esa frase: “en Portugal se conservará el dogma de la Fe” inmediatamente, el sentido común nos hace ver que si la Virgen dice eso, es para tranquilizar a un pueblo que ha sido fiel a sus llamados, y a la vez que otros, muchos, pocos o todos los otros países no conservarán la fe. Renegar de la fe es sencillamente apostasía. La Virgen habla de la gran apostasía de la Iglesia. Y para que sepamos que de eso habla, Lucía pone el “etc”después de la apromesa de que en Portugal se conservará el dogma de la Fe”. Tal “eetc” también sin razonar mucho, todos comprenderán que no puede ser una palabra dicha por Nuestra Señora, sino por Lucía que está indicando lo que Ella dijo a la Iglesia y a todos nosotros, lo que no se dio a conocer de esa parte trascendental del Secreto: Cómo vendrá a nosotros la gran apostasía de la Iglesia. Es suficiente eso para que comprendamos que debemos convertirnos, rezar mucho el Rosario y hacer penitencia, acercándonos a Ella que es la “Vencedora de todas las herejías del mundo universo”. En la medida en que lo hagamos nosotros, nuestras familias y pueblos, no caeremos en tal apostasía, que es el gran precipicio al que nos estamos asomando en castigo por nuestros pecados. Una de las señales del acercamiento del fin del mundo es la predicación del Evangelio en todo él (Mt 24, 14) Pero Jesús no ha dicho “creído”, “aceptado”, sino “predicado”, y solamente a la terquedad y no a su ignorancia podrá achacarse esa incredulidad. En esa conclusión, bien fundada, es que Gustavo Martínez Zuviría (Hugo Wast) afirma que “la situación religiosa del mundo en los últimos tiempos, está pintada con una sola palabra por San Pablo: discesio (2 Tes, 2 3). Esto es: la gran apostasía” Los estudiosos del Secreto de Fátima recopilaron declaraciones que hicieron a través de los años quienes tuvieron acceso a los textos del mismo, que tal vez sean los más importantes de la Historia de la Iglesia. Y llegaron a la conclusión que el centro de lo que falta anunciar es precisamente la apostasía general de la Iglesia. Es decir que ratifican lo que nos hacen ver esas tres palabras: “etc” He aquí sólo algunos de esos testimonios: El 11 de febrero 1967 , cercano el 50º aniversario de las apariciones, el Cardenal Alfredo Ottaviani, presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, quien había leído el texto del “Secreto”, dijo en una conferencia de prensa sobre el mismo: María pidió oración y penitencia como los medios capaces de apartar terribles castigos, que como en el Apocalipsis de San Juan amenazan a un mundo del que se pudiera decir, como dijo el Profeta: “Ha sido profanada la tierra por sus moradores” Y también dijo: He tenido la gracia y el don de leer el texto del tercer secreto (…) Puedo decirles solamente esto: que vendrán tiempos difíciles para la Iglesia y que hacen falta muchas oraciones para que la apostasía no sea demasiado grande. Fue el mismo Cardenal Ottaviani quien autorizó a la revista religiosa Santa Rita, la 171


publicación de la versión diplomática del Tercer Secreto, el cual, entre otras cosas, afirma que dice: En ningún lugar del mundo hay orden, y satanás reina sobre los más altos puestos, determinando la marcha de las cosas. Él, efectivamente, logrará introducirse hasta la cumbre de la Iglesia. El Cardenal Luigi Ciappi, OP, que fuera teólogo de la Casa Pontificia durante cinco pontificados, escribió en una carta, antes de morir: El Tercer Secreto de Fátima predice, entre otras cosas, que la apostasía general de la Iglesia vendrá desde el vértice. El Cardenal Oddi, por su parte, hizo la siguiente afirmación: El Tercer Secreto no tiene nada que ver con Gorvachov. La Santísima Virgen nos está advirtiendo la gran amenaza de la apostasía en la Iglesia. (Diario El Sábado, afirmación al periodista Lucio Brunelli, 17 de marzo de 1990) El Archivista de Fátima por más de diez y seis años, P. Joaquín María Alonso CMF declaró: Es muy probable que el texto haga referencias concretas a la crisis de fe en el interior de la Iglesia y a la negligencia de los pastores (y también) a las luchas internas desde los fundamentos de la Iglesia, y a las graves negligencias de carácter pastoral en la más alta jerarquía de la Iglesia. (The Whole Truth About Fátima, vol. III p 704)

En el período que precede al gran triunfo del Corazón Inmaculado de María, deberán ocurrir muchos y terribles acontecimientos. Estos acontecimientos forman la tercera parte del Secreto. ¿Cuáles son? Si “en Portugal se conservará siempre el dogma de la fe….” Se puede deducir fácilmente de esto que en otras partes de la Iglesia estos dogmas serán oscurecidos o más aún perdidos totalmente. (Ibidem, pag 697) También el entonces Cardenal Ratzinger coincidía, diciendo que contiene …peligros que incumben a la fe y a la vida del cristiano y por lo tanto a la vida del mundo (…) que el Tercer Secreto se refiere a la importancia de los Novísimos (Los últimos tiempos) y que corresponden a anuncios de la Escritura, que son repetidos en muchas otras apariciones marianas, comenzando por esa misma de Fátima…(Declaraciones a la revista Jesús del 11 de diciembre de 1984). Los esfuerzos del CardenaL Bertone para demostrar que no existe nada más en el Secreto, y que el “obispo vestido de blanco” que cae muerto, cumple la profética visión, quedaron escandalosamente desmentidos. Recuérdese que el 13 de mayo del 2000 el Cardenal Sodano afirmó que el obispo vestido de blanco caía “como” muerto, algo que un mes y medio después lo hizo quedar muy mal parado ante la opinión mundial, porque el relato escrito por Lucía decía algo “ligeramente” distinto: MUERTO… Siguió la controversia y fue el propio Benedicto XVI quien se ocupó finalmente de aclararlo. El Santo Padre, en su viaje a Fátima de mayo de 2010, desmintió públicamente a su Secretario de Estado desagraviando al Corazón Inmaculado de María con la verdad, 172


dichas en pocas pero seguras palabras: “Se engañaría a sí mismo el que piense que la misión profética de Fátima está concluida”. Con estas palabras apoyó a todos los que defendieron el honor de la Virgen ante quienes quisieron dejar de lado la parte más trascendente de su revelación destinada al año 1960, y además hizo alusión a “ataques contra el Papa y la Iglesia… desde dentro de la Iglesia” que muestran “de manera realmente espantosa que la más grande persecución contra la Iglesia no viene de los enemigos de fuera sino que surge del pecado dentro de la Iglesia”. Un interrogante nos queda ahora por aclarar, no para polemizar. Algo que es para meditar orando silenciosamente ante el Señor y su Madre: ¿quién será el Obispo vestido de blanco asesinado? Y también, ¿por qué se habla de un Obispo vestido de blanco? Lo niños interpretaron que sería el Santo Padre, es decir el Papa, pero ni en Fátima ni en ninguna aparición de la Virgen de las que conocemos de todos los tiempos y naciones se ha mencionado al Sumo Pontífice como un “obispo vestido de blanco” Los tiempos son gravísimos, las palabras referidas a ellos son, por tanto, trascendentales. Pasamos ahora a un relato personal a quien escribe. Fue en la sacristía de una iglesia de Buenos Aires, momentos antes de ayudar la Misa a un sacerdote argentino -amigo de familia- de la confianza de Juan Pablo II, con un cargo directamente relacionado con el Presidente del la Congregación para la Doctrina de la Fe, entonces el Cardenal Ratzinger. El Padre estaba ya revestido, esperando la hora de subir al altar, cuando me hizo una seña, y sin prolegómenos, dijo literalmente : “Yo leí el Secreto de Fátima. No puedo hablar, por obediencia, pero esto sí se lo puedo decir: Cuando en las noches me despierto y recuerdo lo que leí, se me paran los pocos pelos que me quedan en la cabeza (era casi totalmente calvo), tomo el Rosario en las manos, rezo y lloro…” Al escribir esto ya no hay dudas de que el Secreto “entre otras cosas” como escribió el Cardenal Ciappi, habla de la apostasía, según los testimonios, y de la gran crisis de la Iglesia. La expresión del Padre hace pensar en algo terrible.

Entrevista al Padre Paul Kramer, autor de “La batalla final del diablo” (traducción del inglés de Joseph Cain) Pregunta: ¿Usted ve una ligación entre el Tercer Secreto de Fátima y la introducción de la Nueva Misa? Padre Kramer: Sor Lucía de Fátima, respecto del Mensaje de Fátima, dijo (en 1957) que tendría lugar una desorientación diabólica en la Iglesia. Y no hay nada que podría hacer más para causar eso que una revolución litúrgica que encerrara principios extraños en una liturgia que parece católica. En verdad, hay más substancia en la cuestión de una desorientación diabólica. Me estoy refiriendo a la parte del Tercer Secreto de Fátima que todavía no ha sido revelado. Sé que esto es verdad porque he hablado personalmente con un alemán, teólogo y Rector de Seminario que es un antiguo amigo íntimo del Papa Benedicto. Cuando el Santo Padre todavía era el Cardenal Ratzinger, reveló a ése su amigo, alrededor de 1990, que, en el Tercer Secreto de Fátima, Nuestra Señora avisaba que no se cambiase la liturgia: literalmente, “que no se

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mezclasen elementos extraños y ajenos en la liturgia católica”. Fíjese, esto fue exactamente lo que aconteció con la nueva Misa del Papa Pablo VI. Fueron introducidos elementos de protestantismo y mezclados con una estructura católica, tanto en el simbolismo como en las palabras de la liturgia, a tal punto que los autores del nuevo rito declararon abiertamente que ya no era el Rito Romano, sino una nueva creación. El Padre Joseph Gelineau era hombre de confianza del Arzobispo Annibale Bugnini, que fue el arquitecto de la nueva Misa. Tanto el Padre Gelineau como el Arzobispo Bugnini dijeron claramente que la Misa del Novus Ordo era una creación nueva; que el rito antiguo de la Misa, el Rito Romano, había sido destruido. El Papa Pablo VI anunció en noviembre de 1969 que su rito era un rito nuevo de la Misa. Por lo tanto, no se puede decir que la nueva liturgia – la liturgia del Novus Ordo – es básicamente una revisión y una continuación del Rito Romano. No. Es una ruptura en la tradición litúrgica católica. Fíjese que Nuestra Señora de Fátima había avisado expresamente en el Tercer Secreto que no hiciera este tipo de alteraciones a la liturgia. Nuestra Señora avisó también que habría un Concilio pernicioso en la Iglesia, que causaría grande escándalo. Y, es claro, fueron los documentos del Vaticano II – la Constitución sobre la Liturgia – que dio el impulso al Papa Pablo VI para reformar la liturgia de forma tan desastrosa que causó una tal perdida de fe y una gran confusión en la Iglesia. Tenemos por tanto, al propio Cardenal Ratzinger que ha dicho a un amigo personal e íntimo que estos avisos fueron dados por Nuestra Señora en el Tercer Secreto de Fátima, para que no se alterase la Misa, precisamente de la manera como se hizo. Después de haber acontecido esto, el teólogo alemán a quien me refiero volvió al país de América del Sur donde era Rector de un seminario, y explicó a un joven padre lo que el Cardenal Ratzinger le había contado. Es precisamente cuando estaba diciendo que Nuestra Señora advertía de no cambiar la Misa, y que habría un Concilio pernicioso en la Iglesia, ambos vieron una columna de humo saliendo del suelo. Mire: el suelo era de mármol, y el fenómeno no podría ser natural. El joven padre y el viejo Rector alemán quedaron tan impresionados que hicieron un informe y lo enviaron al Cardenal Ratzinger. El 26 de junio de 2000 el Cardenal Ratzinger divulgó al mundo el documento (sobre el Tercer Secreto) que incluía la visión de un “Obispo vestido de blanco”, diciendo que todo el Secreto estaba contenido en este documento. Cosa que sólo puede considerarse así si decimos que él usó una reserva mental; que lo que fue explicado por las palabras de Nuestra Señora estaba ya implícitamente contenido, de forma simbólica, en la visión. Al sacerdote de edad, alemán, amigo personal de larga data del Cardenal Ratzinger, le llamó atención el hecho de que, cuando esta visión del Tercer Secreto fue publicada, no contenía aquellas cosas, aquellos elementos del Tercer Secreto que el Cardenal Ratzinger le había revelado, casi diez años antes. El sacerdote alemán – Padre Döllinger – me dijo que su pregunta estaba ardiéndole en el cerebro un día en que concelebró con el Cardenal Ratzinger. El Padre Döllinger me dijo: “Hablé al Cardenal Ratzinger, cara a cara.” Y, claro, preguntó al Cardenal Ratzinger: “¿ Cómo es que esto puede ser todo el Tercer Secreto? ¿Recuerdas lo que me dijiste?” El Cardenal Ratzinger no sabía qué decir, y se desahogó con su amigo en alemán: “Wirklich da ist noch etwas ”, que traducido significa: 174


“realmente hay allí alguna cosa más”, es decir, que había una cosa más en el Tercer Secreto. El Cardenal lo dijo muy claramente. Pregunta: Es una historia espantosa. ¿El Padre Döllinger sería un testigo fidedigno?

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Padre Kramer: “Puedo decir esto: Estamos hablando de un padre de edad, amigo personal de larga data del Papa Benedicto XVI, un hombre que conoció personalmente, y durante mucho tiempo, a San Pio de Pietrelcina. De hecho, me dijo que había confesado 58 veces al Padre Pio. Es un hombre que fue, durante muchos años, Rector de un seminario en la América del Sur; un hombre que es altamente considerado, que tiene una gran reputación en la Iglesia. Añadiría que, en la diócesis donde él trabajó, lo que yo dije sobre el Tercer Secreto, que el Cardenal Ratzinger le reveló, era del conocimiento general entre los jóvenes padres que eran seminaristas y diáconos en la época en que este hombre era Rector. Todos conocen la historia que el Cardenal Ratzinger le contó. Como ya mencioné, hasta prepararon un dossier y lo enviaron al Cardenal Ratzinger. Se ve que es un hombre de grande credibilidad, digno de crédito, un hombre de gran seriedad, que no tiene la costumbre de inventar historias fabulosas, ni de exagerar su importancia. Este hombre no necesita de tales cosas; es de la mayor credibilidad.

-de la copia fotostática de las Memorias de Lucía -Ver comentario en el capítulo “El nefasto minimalismo mariano”. -Mensaje de Fátima, 13 de julio de 1917. -Teólogo de la Casa Pontifica durante cinco Pontificados.

Ante el avance de la apostasía general de la Iglesia, volvemos la mirada a las enseñanzas que de ella hemos recibido, y exclamamos con León XIII “¡Hay que confiar en María! ¡Hay que rogar a María!”. Y como la fe es fundamento y principio de las gracias divinas, mediante las cuales es dado al hombre elevarse por encima de las cosas naturales al conocimiento del orden sobrenatural, por eso, para adquirir esta fe salvadora y mantenerla siempre encendida en nuestras almas, con razón es ensalzada la misteriosa actuación de la que dio a luz al Autor de la fe, que por lo maravilloso de la fe fue proclamada bienaventurada. Nadie puede llegar al conocimiento de Dios sino por Vos, ¡Oh Santa Madre de Dios! Nadie, sino por Vos obtendrá misericordia” (San Germán de Constantinopla. Of. In Dormit. BMV) Ciertamente no parecerá exagerado afirmar que solamente bajo la dirección y con el auxilio de María pudo la doctrina del Evangelio esparcirse a través de tantos obstáculos y fructificar en todas las naciones, estableciendo en todas ellas el nuevo reinado, de la justicia y la paz. Este mismo pensamiento era el que inspiraba la oración de san Cirilo de Alejandría cuando se dirigía la Santísima Virgen en aquellas memorables palabras: “Por Vos predicaron los Apóstoles a las naciones la doctrina salvadora; por Vos, la Cruz preciosa es celebrada y adorada en toda la redondez de la tierra; por Vos fueron puestos en fuga los demonios, y el hombre mismo se siente llamado al Cielo; por Vos, toda creatura retenida en los errores de la idolatría llegó al conocimiento de la verdad; por Vos alcanzaron los fieles la gracia del santo Bautismo y se fundaron iglesias en todos los pueblos (Homilía contra Nestorio) 175


Todavía más: María, como así lo proclamó el mismo Doctor (Hom. Contra Nestorio) fue la que fortaleció y consolidó muy especialmente el cetro de la fe ortodoxa y desplegó todo su poder para que la fe católica se mantuviera sólida, intacta, poderosa y fecunda en las naciones. ¿a qué aducir pruebas a esta indiscutida verdad, pruebas que más de una vez se han manifestado por modo maravilloso? Sobre todo en aquellas épocas tristes y en aquellos pueblos en que se encontró abatida y como agonizante la fe, o en que se vio atacada con furor indecible por multitud de perniciosos errores, se manifestó de un modo evidentísimo el misericordioso auxilio de la Augusta Virgen María. En esos momentos fue cuando surgieron varones eminentes en santidad y en apostólico celo, que pusieron dique invencible a los asaltos del error y lograron tornar y encender a los hombres de piedad de la vida cristiana. Uno que vale por muchos fue Domingo de Guzmán, quien se consagró con éxito a este doble apostolado, poniendo entera su esperanza en el Rosario de María. Nadie ignora cuánto parte cupo a la misma Madre de Dios en los grandes servicios prestados a la causa de la verdad católica por los Venerables Padres y Doctores de la Iglesia. Pues de Ella, que es Sede de la divina Sabiduría, procedió la inspiración tan fecunda que palpita en sus escritos; y por Ella solamente, como ellos mismos lo proclaman, fue confundida la malicia de los errores y se vio detenida en sus progresos la herejía (…) Por esta razón, la Iglesia y los Padres glorifican a María con tanta verdad como magnificencia: “Salve, lengua siempre elocuente de los Apóstoles, sólido fundamento de la fe, baluarte inquebrantable de la Iglesia ” (del himno griego Acátistos) “Salve, por Vos hemos sido inscriptos en el número de los ciudadanos de la Iglesia, una, santa, católica y apostólica” (San Juan Damasceno), Disc. De la Anunciación de la Madre de Dios, Nº 9), “Salve, divino manantial del que, fluyendo sin cesar los ríos de la divina sabiduría, las aguas puras y límpidas de la ortodoxia, rechazan a lo lejos las turbias olas de los errores” (San Germán de Constantinopla, disc. De la Presentación de Dios nº4) “Regocijaos porque Vos sola habéis destruido todas las herejías en el mundo universo” (Oficio de Nuestra Señora) Esta parte principalísima que cabe a la Virgen en la extensión, en los combates y en los triunfos de la fe católica, pone de manifiesto con claridad meridiana los designios de la divina Omnipotencia respecto de la Virgen Santísima y debe inspirar a todos los buenos firme esperanza de que nuestros votos se verán cumplidos y colmados nuestros deseos. ¡Hay que confiar en María! ¡Hay que rogar a María! León XIII, Adiutricem populi, 5 de septiembre de 1895. .

VIII Las herejías y sus consecuencias De las manos de Domingo y de sus hijos recibió la Iglesia la gran defensa contra las herejías y los vicios, que se encierra en el Rosario mariano.

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El Código de Derecho Canónico define así la herejía: “Se llama herejía la negación pertinaz, después de recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz sobre la misma” . Sin embargo, el común de los cristianos no conoce o no entiende esta definición, que por otro lado no es enseñada suficientemente. Hilaire Belloc, en “Las grandes herejías” se pregunta: ¿Qué es una herejía y cuál es su importancia histórica? Y nos da esta respuesta: Como la mayoría de los vocablos modernos, “herejía” se usa en forma vaga y diversa. En forma vaga, porque el espíritu moderno es tan enemigo de la precisión en las ideas como enamorado de la precisión en la medida. En forma diversa, porque, según el hombre que la emplea, puede representar cincuenta cosas diferentes. Tenemos que comenzar por una definición, aunque toda definición implica esfuerzo mental y por lo tanto repugna. Herejía es la dislocación de alguna construcción completa, que se sostiene por sí misma, mediante la introducción de una negación posterior de alguna de sus partes esenciales. “Herejía” significa la construcción de un sistema por “excepción”, por “elección” de una parte de la estructura (1) e implica que el sistema queda destruido al sustraerse una parte de él, al negarse una parte de él, ya quede el vacío sin llenar o ya se lo llene con una afirmación nueva”. (…) La negación de un sistema en su totalidad no es herejía, ni tiene el poder creador de una herejía. Es de la esencia de la herejía dejar en pie gran parte de la estructura que ataca. De este modo puede atraer a los creyentes y sigue afectando sus vidas, aunque apartándolas de sus caracteres primitivos. De ahí que se dice que las herejías “sobreviven por las verdades que conservan”. Hillaire Belloc, Las grandes herejías La palabra deriva del verbo griego haireo, que primero significó “agarro” o “me apodero de”, y luego pasó a significar “quito”. En la Sagrada Escritura significa: grupo, facción, división. Esto lo vemos dolorosamente cumplido con las herejías que hemos mencionado. A veces no se trata de herejías formales, instaladas en forma completa, sino de “inficionamiento de herejía”, que según se la considere puede ser, por lo sutil, aún más peligrosa. La desacralización, para hablar de un tema que actúa como común denominador de todos los errores, no nos ha quitado ni los templos, ni la Misa, ni los ritos, pero inficionándolo todo por la obsesión modernista, ha producido un horror que para la gran mayoría pasa desapercibido: el cambio de vida, en el hablar, en el vestir, en el presentarse al templo, en el comportamiento dentro de la Casa del Señor. … La herejía origina una nueva vida propia y afecta vitalmente a la sociedad que ataca. El motivo por el que los hombres combaten la herejía no es única ni principalmente el conservadorismo: una devoción por la rutina, un desagrado por la perturbación en sus hábitos de pensar; mucho más que eso es la percepción de que una herejía, en cuanto gana terreno, originará una forma de vida y un carácter social contrarios y lesivos a la forma de vida y al carácter social originarios por el viejo sistema ortodoxo, y tal vez mortal para ellos. (Ibid) 177


En este caso, las diversas manifestaciones del conjunto de herejías implicadas en el modernismo, fue condenado por San Pío X en sus dieciséis proposiciones de errores enunciadas en su Encíclica Quanta Cura, (8/12/1864), acompañada del Syllabus errorum, que incluye una tabla de ocho proposiciones previamente censuradas que caían en panteísmo, naturalismo, racionalismo, indiferentismo, socialismo, comunismo, francmasonería y varios tipos de liberalismo religioso. Todos esos son errores, ya en su tiempo habían comenzado a derramar su sutil veneno en el catolicismo. Y hoy se repiten en el progresismo reinante, que ha originado lo que Belloc denuncia: “una nueva forma de vida”, impregnada totalmente de secularismo.

Las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia (Mt. 16, 18) nos ha dicho el Señor, pero también nos ha hablado de la abominación en el templo santo (Mt 24,15). Y con palabras adecuadas a la comprensión de todos, nos habla de la falta de fe, herida por las herejías mencionadas, la indiferencia, y de lo que se puede considerar el último paso permisivo que se ha dado hacia el sacrilegio en estos años: La comunión en la mano. Muy desgraciadamente a causa de ello ya se cometen muchos horrendos sacrilegios. Al respecto hay una anécdota de la Madre Teresa de Calcuta. Hacia fines de la década del 80, un sacerdote le preguntó: -¿Madre, cuál piensa usted que es el peor problema en el mundo de hoy? Ella, más que nadie, hubiese podido mencionar cualquier número de males: hambre, plagas, enfermedades, divorcios, rebelión contra Dios, corrupción en las comunicaciones, la deuda mundial, la amenaza de una guerra nuclear y así continuar. Pero sin pensarlo un segundo, respondió: - Dondequiera que voy en el mundo entero, lo que más me causa tristeza, es ver como las personas reciben la Sagrada Comunión en la mano.” Ese dolor es el de todas las almas que aman verdaderamente al Señor, que cuanto más lo aman, más grande es su dolor. Ante todo del Santo Padre, que da la comunión exclusivamente de rodillas y en la boca. Y es el mismo Señor que en Lanús afirma “Me lastiman”, al comulgar con las manos:

Hija, escribid: Queridos míos, tanto dolor me causa ver a muchas almas no aceptar que realmente Estoy en la Eucaristía. Cuando comulgan, lo hacen con las manos ¡Me lastiman! Otros no creen que muchos me insultan, blasfeman, injurian. Estoy allí, presente en la Custodia, y no me ven y ni les interesa saber Quién Es el de la Custodia. Queridos, comenzad ya a desagraviar a vuestro Señor, comenzad a sacar las espinas de mi Corazón. Mi amor es eterno, y mi misericordia todo lo perdona. Os doy mi Paz. (Lanús, 10/2/01)

La protestantización del catolicismo No sólo en la liturgia sino en todas las formas de vida la reforma está avanzando manifiestamente sobre la vida de nuestros países católicos y aún del mundo. Eso es alarmante: Lo vemos en las costumbres mencionadas, que luego influyen en la forma de creer y rezar: “El que no vive como piensa, termina pensando tal como vive” Algo realmente alarmante. Dejamos el análisis al Padre Horacio Bojorge SJ: 178


Me parece percibir que está teniendo lugar un enfrentamiento de culturas, de maneras de ver la vida. Lo que está sucediendo, y muchos católicos que quieren seguir siéndolo padecen, es la expansión de la cultura anglosajona de matriz protestante sobre naciones y poblaciones herederas de la cultura hispana y latina, de matriz católica. Vivimos un capítulo más en la historia multisecular de la expansión de la reforma protestante. Pero no es un fenómeno exclusiva ni principalmente religioso; aunque quien se queda mirando solamente los hechos que se dan en ese campo, no logre ver sus conexiones con la penetración general; la que está teniendo lugar en todos los frentes de la vida y la cultura: la lengua, la literatura, la música, el folklore, las artes plásticas, el cine y la TV, la economía, la banca y el comercio, los recursos naturales y la facultad de disponer de ellos, la industria y sus normas, las ciencias del hombre, las relaciones laborales y familiares, los hábitos alimentarios y sexuales, el comportamiento humano, el derecho y la justicia… En lo estrictamente eclesial, la deriva protestantizante, de la que no están libres ni las más altas esferas del clero, es reconocible dondequiera haya un receso de la devoción a la Eucaristía, a María y al Papa; de la piedad sacramental en general; una devaluación de las mediaciones, una disminución o pérdida del sentido de lo sagrado, un olvido o positiva aversión a ‘los que fueron antes’, una pérdida de la memoria, un desamor por las tradiciones; una indisciplina exegética que huele a Sola Scriptura. Pero también en una deriva hacia la nacionalización y politización del catolicismo, en una tendencia al episcopalismo y a las Iglesias nacionales, rasgos propios del protestantismo histórico. ¿Un signo? La Humanae Vitae, que puso a dura prueba la autoridad de Pablo VI, confrontado por enteras conferencias episcopales. ¿Otro? la pérdida de la autoridad del obispo limitada por un lado por la conferencia episcopal y por otro por el consejo de presbiterio. No se me oculta que hago afirmaciones polémicas. Pero creo que los hechos fundamentan mis afirmaciones. Está en curso un corrimiento cultural general desde la matriz católica de la que alguien procede, hacia la matriz protestante que invade el mundo en que vive. Si no la asume y se identifica, tendría que resistirla y padecer. Y eso, como la fe, no es de todos. Son cosas a tener en cuenta para proceder con inteligencia de la naturaleza de los hechos. Y para actuar con misericordia y humildad. Pero también para resistir firmemente y defender los valores recibidos en herencia, los que nos hacen ser lo que somos. Y para apreciar la gracia de preservación de la que, hasta ahora, hemos sido objeto. Horacio Bojorge SJ Dentro de este panorama no podemos quedarnos con las lamentaciones. Luego de la clara exposición del Padre Bojorge, concluimos que tenemos que mantener siempre encendidas las tres devociones del católico, que a la vez de agradar al Señor, nos defienden del avance de la protestantización: La devoción a la Eucaristía significa centrar la vida en la Misa, pero también prolongarla en la adoración -“Visitar mucho al Santísimo” dijo la Virgen en Garabandal- La devoción a la Virgen implica rezar devotamente el Rosario, y no caer en el minimalismo; y la devoción al Papa se vive orando por él y siéndole fieles. En Lanús, Marcia ve que comienza a sangrar el Corazón de María que le dice “Mi corazón sangra por vuestros pecados, hijos queridos” , y señalando el Sagrario, le dice:

Allí está mi Hijo, allí está Vuestro Señor Jesucristo, postraos ante Él y pedidle perdón. Arrepentíos y haced penitencia. Sólo con la oración y la 179


penitencia sanaréis mi dolido Corazón. Ayunad hijos míos …(Lanús, 28/11/99)

La Eucaristía es el “vínculo de caridad” dice San Agustín – una unidad que el protestantismo no conoce - y Juan Pablo II agrega en Abrid las puertas al Redentor: “es signo y causa de la unidad del pueblo de Dios, y, consiguientemente, fuente y culmen de toda la vida cristiana” Nuestra Señora, desde Salta, ya nos ha pedido hace tiempo, que, junto con los Sacramentos y el Rosario, ofrezcamos el ayuno:

Queridos hijos: Hoy quiero protegeros del maligno, satanás obra, él tratará de dominaros inclusive a través de personas, aún de las que están en la Iglesia, satanás y sus espíritus malignos, no se darán a conocer fácilmente sino que se encubrirán con piel de corderito, y sutilmente sembrarán el mal. Especialmente, él atacará a la Iglesia y a todos los lugares donde se enseñe la Palabra de mi Divino Hijo Jesús, se instalará en esos lugares para tratar de perderlos y en su trampa mortal pueden caer muchos, especialmente los que no vigilen la entrada de su corazón, por eso les pido permanentemente: el ayuno, la oración, la penitencia, mortificar el cuerpo para fortaleceros interiormente, os hablo a todos, permanezcan vigilantes porque satanás os vigila y espera siempre la oportunidad para perderlos. Os digo esto no para atemorizaros, sino para preveniros, preparaos así como se prepara la tierra para la siembra, día a día con constancia, alaben a Dios en cada cosa que hagan, bendecid el Nombre del Señor. Que Dios os bendiga mis hijos. Amén. (Salta, 22/3/1995) En Lanús nos dice claramente el gran dolor que produce a su Corazón la deformación de la fe y reitera su llamado a la oración y al ayuno:

Satanás se está involucrando. Orad, orad, orad. Donde podáis, pero orad. Orad en vuestras casas, orad en vuestros trabajos. Haced que mi Corazón sea vuestro. Ayunad. Ayunad los viernes, el ayuno es muy fuerte (…) No busquéis consuelo en las tinieblas, Dios es vuestra salvación. Él es el Amor. (Luego bendijo unas imágenes de Ella, de otras advocaciones y de ésta, y dijo:) Ved estas imágenes mías y escuchad mis palabras. Mi Hijo me envió a vosotros. Mis hijos se cerraron al Señor, no lo aceptan, me duele el Corazón y sangra por vuestras herejías… (Lanús, 13/12/99) En Medjugorje lo pide desde sus comienzos hace treinta años, y lo sigue pidiendo:

¡Queridos hijos! Hoy los invito a orar y a ayunar por mis intenciones, porque Satanás quiere destruir mi plan. Aquí inicié con esta parroquia y he llamado al mundo entero. Muchos han respondido, sin embargo, es enorme el número de aquellos que no desean escuchar ni aceptar mi invitación. Por eso, ustedes que han dicho Sí, sean fuertes y decididos. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado! (Medjugorje, 25/8/2011)

IX

El ataque a la Eucaristía El dragón se puso delante de la mujer ... 180


a fin de tragarse al hijo luego que ella lo hubiese alumbrado. Apocalipsis 12, 3-4

Los enemigos de Dios habían logrado con su conocida perfidia que sea relegado, ocultado, y finalmente olvidado el magno Congreso Eucarístico del 34, realizado en Buenos Aires, donde se vivió en plenitud la Caridad, el fruto siempre renovado de la Eucaristía: “Este Sacramento es señal de suma caridad y aliento de nuestra esperanza, pues en él se da tan familiar unión entre Cristo y nosotros” (Santo Tomás S.T. III, 75,1,c) La lucha fue y sigue siendo tremenda: Comenzaron por quitar las fiestas religiosas, entre ellas el Jueves del Corpus Christi. El Jueves de Corpus de 1976 fue el primero es postergarse. Ese día en una casa de familia una imagen de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento lacrimó. Los niños decían: “La Virgen llora porque han sacado el Corpus…” Y era verdad, así lo estimó el Obispo que estudió el caso y constató la manifestación. De esta fiesta grande de la fe, decía San Pedro Julián: Es el único día consagrado a honrar exclusivamente la persona adorable de Jesucristo y su Presencia Real y viva entre nosotros. Las demás fiestas celebran algún misterio de su vida pasada. Son hermosas y honran a Dios, y son fecundas en gracias. Con todo no son más que un recuerdo, un aniversario de un pasado ya lejano que no revive sino en nuestra piedad (…) Pero aquí hay un misterio actual, la fiesta está ordenada a la persona viva de nuestro adorable Salvador, que se halla presente entre nosotros. Por eso se celebra de manera particular… En los países donde Dios goza de libertad, todo el mundo proclama su Presencia, todos se prosternan en señal de acatamiento, los mismos impíos se conmueven e inclinan ante Él. ¡Dios está allí! San Pedro Julián Eymard, la Fiesta de Corpus Christi, Obras Eucarísticas. Luego de aquel Congreso inigualado, la Argentina tendría que haber sido la nación que más se esforzara por su ejemplo de cristianismo en las familias, en las escuelas, en los hogares, y sobre todo en los templos. Tendría que ser un ejemplo en el piadoso entusiasmo de las fiestas del Corpus. Pero poco a poco todo eso fue empañado o borrado por la perfidia del maligno. ¡La venganza del maligno! ¿O no sabemos que el enemigo de Dios es vengativo? Gustavo Martínez Zuviría, años después del Congreso pudo decir en un discurso: “Buenos Aires estaba en gracia de Dios”. ¿Qué tendríamos que decir hoy viendo la corrupción en todos los aspectos de nuestra querida ciudad, la que fue sede de aquel gran Pentecostés? El odio gritado por las calles, la prostitución propagada por las veredas, los televisores mostrando la lujuria, y los hogares profanados, los robos, la miseria, la violencia, la muerte… Pareciera que se cumplieran en ella aquellos primeros versos de las Lamentaciones de Jeremías:

¡Cómo ha quedado solitaria la ciudad populosa! Ha quedado como viuda la que era grande entre las naciones; la reina de las provincias ha sido hecha tributaria. (Lam1) 181


Sin embargo recordemos, a fin de no caer en el abismo del desaliento, que “Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rm. 5, 20), y sigamos adelante en este rápido recorrer del tiempo apocalíptico que estamos viviendo, no para llorar sobre derrotas sino para triunfar con las armas de la gran vencedora del Dragón.

La Eucaristía en Fátima Las apariciones de Nuestra Señora en Fátima fueron precedidas por “las apariciones del Ángel”, una reafirmación de la fe eucarística unida al desagravio, en oraciones enseñadas por él. Lamentablemente, estas manifestaciones no fueron (ni son) suficientemente conocidas, ni fueron seguidos los consejos que traían: Estando en guerra el mundo, San Miguel se presenta como Ángel de la Paz (Más tarde dirá que es el Ángel de Portugal, que es precisamente es San Miguel Arcángel) Viene a pedir las oraciones de los niños y les enseña una súplica, que incluye en su primera parte los actos de fe, esperanza y caridad, y en la segunda, actos de reparación a Dios y de súplica a los pecadores. Sigamos con el relato de Sor Lucía: Las fechas no puedo precisarlas con seguridad, porque en aquel tiempo yo no sabía todavía contar los años ni los meses, ni siquiera los días de la semana. Pienso, sin embargo, que debió ser hacia la primavera de 1916 cuando el Ángel se nos apareció por primera vez en el lugar del Cabeço. Hubo una primera aparición silenciosa el año anterior, cuya fecha no sabe precisar Lucía, pero que “piensa que fue entre abril y octubre” de 1915, estando con cuatro amigas, en un lugar denominado “Casa Vieja”. Al año siguiente se aparece estando con sus primos Jacinta y Francisco: Ya dije, en el escrito de Jacinta, cómo subíamos la ladera buscando un abrigo, y cómo fue allí, después de comer y rezar, donde comenzamos a ver, a cierta distancia, sobre los árboles que se extendían en dirección al este, una luz más blanca que la nieve, con la forma de un joven transparente más brillante que un cristal atravesado por los rayos del sol. A medida que se aproximaba fuimos distinguiendo sus facciones. Estábamos sorprendidos y absortos; no decíamos nada. Al llegar junto a nosotros nos dijo: “No temáis, soy el Ángel de la Paz. Rezad conmigo”. Y arrodillándose, inclinó su frente hasta el suelo . Llevados por un movimiento sobrenatural, lo imitamos y repetimos las palabras que le oímos pronunciar: Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman. Después de haber repetido esta oración tres veces, el Ángel se puso de pie y dijo: “Rezad así. Los Corazones de Jesús y María están atentos a la voz de vuestras súplicas” Y desapareció. El ambiente sobrenatural que nos rodeaba era tan intenso, que casi no nos dimos cuenta de nuestra propia existencia durante mucho tiempo y permanecimos en esta posición que nos había dejado repitiendo siempre la misma oración. La presencia de Dios se sentía tan intensa y tan íntima que ni entre nosotros nos atrevíamos a hablar. Al día siguiente todavía sentíamos nuestro espíritu envuelto por esa atmósfera, que sólo muy lentamente desapareció. Ninguno pensó en hablar de esta aparición ni en recomendar secreto. Se imponía por sí solo. Era tan íntima que no era fácil decir sobre ella la menor palabra. Quizás nos hizo tan fuerte impresión por ser la primera tan manifiesta.” 182


Segunda aparición: Verano de 1916 . El ángel se presenta como el Ángel de Portugal. Pide a los pastorcitos oraciones y sacrificios con el fin de obtener la paz; les pide aceptar el sufrimiento: “La segunda debió ser en la mitad del verano, en esos días de mucho calor en que traíamos los rebaños a casa a media mañana para volver a sacarlos al atardecer. Fuimos pues a pasar las horas de siesta a la sombra de los árboles que rodeaban el pozo ya varias veces mencionado. De repente vimos al Ángel junto a nosotros:

“¿Qué hacéis? Rezad, rezad mucho. Los Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios”. ¿Cómo nos tenemos que sacrificar?, pregunté

“De todo lo que podáis, ofreced a Dios un sacrificio de reparación por los pecados con que Él es ofendido y de súplicas por la conversión de los pecadores. Atraed así la paz sobre vuestra patria. Yo soy el Ángel de su Guarda, el Ángel de Portugal. Sobre todo aceptad y soportad con resignación el sufrimiento que Nuestro Señor os envíe.” Estas palabras del Ángel se grabaron en nuestro espíritu como una luz que nos hacía comprender quién era Dios, cómo nos amaba y quería ser amado; el valor del sacrificio y cómo le era agradable; y cómo por atención a él, convertía a los pecadores. En consecuencia, desde ese momento empezamos a ofrecer al Señor todo lo que nos mortificaba pero sin discurrir ni buscar otros sacrificios y penitencias, excepto la de pasarnos horas seguidas en tierra repitiendo la oración enseñada por el Ángel. Tercera aparición: Otoño de 1916 La tercera aparición pienso que debió ser en octubre o finales de septiembre, porque ya no íbamos a pasar la siesta a casa. Como ya dije en el escrito sobre Jacinta, pasábamos desde la Pregueira –pequeño olivar de mis padres-, a la Lapa, dando la vuelta a ladera del monte por el lado de Aljustrel y Casa Vieja. Rezamos el Rosario y la oración que el Ángel nos había enseñado en la primera aparición. Estando allí se nos apareció por tercera vez, trayendo en la mano un cáliz y sobre él una hostia de la que caían, dentro del cáliz, algunas gotas de sangre. Dejando el cáliz y la hostia suspendidos en el aire, se postró en tierra y repitió tres veces la oración:

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesucristo, presente en todos los tabernáculos de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores.

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Después se levantó, tomó de nuevo en la mano el cáliz y la hostia y me dio la hostia a mí. Lo que contenía el cáliz se lo dio a beber a Jacinta y Francisco diciendo al mismo tiempo:

Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios. De nuevo se postró en tierra y repitió con nosotros otras tres veces la misma oración: ‘Santísima Trinidad, etc’, y desapareció. Llevados por la fuerza de lo sobrenatural que nos envolvía, imitábamos al Ángel en todo, es decir, nos postrábamos como él y como él repetíamos la oración que nos enseñó. La fuerza de la presencia de Dios era tan intensa que nos absorbía y aniquilaba casi por completo. Parecía como si nos hubiera quitado por un largo espacio de tiempo el uso de nuestros sentidos corporales. En esos días, las acciones más materiales las hacíamos como llevados por esa misma fuerza sobrenatural que nos empujaba. La paz y felicidad que sentíamos era grande, pero solo interior; el alma estaba completamente concentrada en Dios. Y al mismo tiempo el abatimiento físico que sentíamos era también fuerte.” Sor Lucía de Fátima, Cuarta Memoria

La Fe católica en la Presencia Real Nuestra fe en la Presencia Real de Jesucristo en la Eucaristía está basada en la doctrina clara y explícita del Nuevo Testamento y las enseñanzas constantes de la Tradición, repetidas y explicadas por los Romanos Pontífices y los Concilios, muchas veces para contrarrestar las herejías que se suscitaron a lo largo de los siglos. Entre las principales negaciones de la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía hay que tener en cuenta, en primer lugar, las más antiguas de los docetas, gnósticos y maniqueos. Quienes partían de otra herejía, la que afirmaba que Jesucristo sólo tuvo “un cuerpo aparente”. Ya en el siglo XI, Berengario de Tours había negado la Presencia Real, considerando la Eucaristía sólo como un “símbolo” del Cuerpo y la Sangre del Señor glorificado en el Cielo, afirmando que por ser un símbolo no puede hacerse presente en todas y cada una de las hostias consagradas. Según el heresiarca, el Cuerpo de Cristo estaría sólo de modo espiritual en ellas. Berengario fue condenado en 1079 (Dz 355). Es interesante saber que con las afirmaciones de retractación doctrinal exigidas para que Berengario pudiera volver a la Iglesia, fue compuesto -según se cree por un Papa- el célebre cántico “Ave verum” (“Salve verdadero Cuerpo nacido de María Virgen…”) que se canta frecuentemente en la consagración de la Misa o ante el Santísimo Sacramento expuesto, y al que Mozart, siete siglos después convirtió en un motete (en re mayor, para cuatro cuerdas y órgano, con coro a cuatro voces). Esta composición es un testimonio de fe en la Presencia del Señor en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, alabando su Encarnación en la Virgen María y su inmolación en la Cruz. En el siglo XIV, Juan Wicleff sostenía que el pan y el vino permanecían como tales después de las palabras de la “consagración” y que los fieles recibían a Cristo de manera “espiritual”. Esta afirmación fue condenada por el Concilio de Constanza de 1418 (Dz 581 ss) Llegaron los tiempos de la Reforma, y con ella las sectas protestantes. Algunas niegan terminantemente la Presencia Real de Cristo, y otras la admiten, pero con graves errores: Niegan la Presencia Real: 184


Zwinglio, que afirma: “La Eucaristía es “figura” de Cristo”; Calvino: “Cristo está en la Eucaristía porque actúa a través de ella, pero no está sustancialmente”; los protestantes liberales: “Cristo existe en la Eucaristía ‘por la fe’; esto es, porque lo creemos así: el creyente “pone” a Cristo en la Eucaristía” Explican erróneamente la doctrina eucarística: Lutero: “En la Eucaristía está al mismo tiempo la sustancia del pan y del vino junto con el Cuerpo y la Sangre de Cristo”; Osiandro: “Se efectúa una unión hipostática entre el pan y el Cuerpo de Cristo (impanación)”; otros protestantes afirman que Cristo está presente cuando se recibe la Comunión (in uso), pero no perdura en las hostias “consagradas”. Estas negaciones suponen otras herejías, en las cuales todos son unánimes: La negación del sacerdocio ministerial : La asamblea es dirigida por un guía de diversos nombres; la negación de la renovación incruenta del Sacrificio de Cristo: La celebración es una simple “cena”, por eso se realiza en torno a una mesa, con dicho “guía” cara al pueblo y la transustanciación. En cuanto a esta última, hay algunos que la suplantan por una “transignificación”, sosteniendo que Cristo está “espiritualmente” cuando los presentes “miran con fe” a la hostia, y luego “se va”, negando decididamente la Presencia Real del Señor en la Eucaristía, por eso no tienen Sagrario, y por supuesto no existe la adoración, ni las visitas, ni culto eucarístico ninguno. Comprendemos entonces el motivo de las oraciones enseñadas por el Ángel de Fátima que refirman nuestra fe en esas verdades, como la mayoría de las oraciones de adoración al Santísimo Sacramento. Con esos actos de fe comenzaba la oración que durante dos años rezaron nuestros mayores por el éxito del gran Congreso del 34:

¡Oh Jesús! Señor nuestro, creemos que estás verdadera, real y substancialmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Que os inmoláis por nuestra salvación todos los días en el Sacrificio de la Misa, y fortalecéis nuestras almas dándoos Vos mismo como alimento en la Santa Comunión... Los errores de los protestantes, con sus variantes según las múltiples sectas, encuentran sus correspondientes condenas dogmáticas en las sesiones XIII, XXI y XXII del Concilio de Trento. San Josemaría Escrivá decía: “Si se le quita la Transustanciación a la Misa… Esta palabra es de una importancia capital, porque al suprimirla se omite la presencia real y deja, por tanto, de haber víctima. ¡No dejes de emplear esa palabra! ¡Transubstanciación! Los niños no la entenderán y tú tampoco, pero no importa: ¡Empléala! ¡Empléala! No sólo molesta a los nuevos herejes… Al que molesta mucho más es al demonio”. En medio de esta lucha, en los comienzos de la década del 60, Nuestra Señora se aparece en Garabandal, (Santander, España) puntualmente para defender el Misterio Eucarístico, con el rezo del Rosario y los sacrificios, y aún mostrando una Comunión milagrosa. Dos frases de sus Mensajes -dados por San Miguel- muestran claramente la intención de Nuestra Señora:

A la Eucaristía se le da cada vez menos importancia. Hay que visitar mucho al Santísimo, pero antes hay que ser muy buenos. (Garabandal, 18 de junio de 1965)

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Son herejías que, a pesar del tiempo y las distancias, se inficionaron en las comunidades y seminarios católicos de manera escandalosa a partir de los años 60, motivando que el Papa Pablo VI reafirmara y puntualizara la verdadera doctrina, en una Encíclica que llamó Mysterium fidei, y fechó el 3 de septiembre de 1965, fiesta de San Pío X, el Papa de la Eucaristía. Se cumplían 50 años de la aparición del Ángel a los pastorcitos con el pedido de oraciones que refirmaban la fe, la adoración, la esperanza y el amor al Señor vivo y verdadero en “todos los sagrarios de la tierra”. Durante ese recrudecimiento de los errores protestantes no pocos se burlaban de nosotros que, luego de nuestras Misas, visitamos y adoramos en los Sagrarios al Señor vivo y verdadero, presente en las Hostias consagradas. El demonio se encargaba –y lo sigue haciendo- de abrumar con estas negaciones, de modo que si bien no eran aceptadas en muchos casos, su influencia se sintió de modo tan fuerte que redundó en un enfriamiento de la piedad eucarística, y de indecibles desprecios y sacrilegios que mucho ofendieron al Señor e hirieron gravemente a su Iglesia, y lo siguen haciendo. Se llegó a un punto tal que, en algunos lugares de nuestro país se tiraban las hostias luego de las Misa, como ya hemos visto, -a imitación de otros países nórdicos- y hubo quienes blasfemaban de la Presencia Real con expresiones irrepetibles. Debemos reparar con nuestras adoraciones y seguir alabando y “cantando” alentados por el Beato Juan Pablo II “… con el Doctor Angélico: “Adoro te devote, latens Deitas” Cuatro décadas después de la Mysterium fidei de Pablo VI, los errores continuaban, a tal punto que precisamente Juan Pablo II tuvo que reprobar esos errores en su Encíclica eucarística: Desgraciadamente (…) hay sitios donde se constata un abandono casi total del culto de adoración eucarística. A esto se añaden, en diversos contextos eclesiales, ciertos abusos que contribuyen a oscurecer la recta fe y la doctrina católica sobre este admirable Sacramento. Se nota a veces una comprensión muy limitada del Misterio eucarístico. Privado de su valor sacrificial, se vive como si no tuviera otro significado y valor que el de un encuentro convival fraterno. Además, queda a veces oscurecida la necesidad del sacerdocio ministerial, que se funda en la sucesión apostólica, y la sacramentalidad de la Eucaristía se reduce únicamente a la eficacia del anuncio. También por eso, aquí y allá, surgen iniciativas ecuménicas que, aun siendo generosas en su intención, transigen con prácticas eucarísticas contrarias a la disciplina con la cual la Iglesia expresa su fe. ¿Cómo no manifestar profundo dolor por todo esto? La Eucaristía es un don demasiado grande para admitir ambigüedades y reducciones. Juan Pablo II, Encíclica Ecclesia de Eucharistia,

Jueves Santo 17 de abril de 2003, Año del Rosario.

La advertencia de la Virgen en Garabandal “A la Eucaristía cada vez se le da menos importancia” había sido desoída. Ahora, la Presencia del Señor se negaba la Presencia del Señor en ella. El Novus Ordo Misae y el impedimento de celebrar la Santa Misa en el rito tradicional es tema de largos estudios. A fin de conocerlo en detalle, recomendamos leer en forma completa el primero y más autorizado: “Breve Examen crítico del Novus Ordo Misae” de los Cardenales Ottaviani, Presidente del Santo Oficio (hoy Congregación para la Doctrina de la fe) y Bacci, (secretario del mismo dicasterio) En ocasión de la reedición del texto del histórico documento el santo y sabio Cardenal Stikler lo ponderó con estas palabras:

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El análisis del Novus Ordo hecho por los dos cardenales no ha perdido nada de su valor, ni, infortunadamente, de su atemporalidad... Los resultados de la reforma son considerados por muchos hoy en día como devastadores. Fue mérito de los cardenales Ottaviani y Bacci descubrir muy rápidamente que la modificación de los ritos resultaría en un cambio fundamental de la doctrina. Cardenal Alfonso Stickler, CSsR,

27 de noviembre de 2004

Los autores lo realizaron en acuerdo con otros purpurados, y en él afirmaban: El nuevo Ordo Missae gozará del favor de los grupos cercanos a la apostasía que, atacando en la Iglesia la unidad de la doctrina, de la liturgia, de la moral y de la disciplina, provocan en ella una crisis espiritual sin precedentes. Los puntos principales que sostenía el Breve Examen de los Cardenales eran los siguientes: 1.- La definición de la misa simplemente como asamblea y cena en desmedro de su carácter esencial de sacrificio (como se ve en el artículo 7 de la Institutio generalis). 2.- La supresión de todo aquello que habla de un sacrificio propiciatorio ofrecido a Dios (negado por los protestantes) 3.- La disminución del sacerdote celebrante, reducido a mero “presidente de la asamblea” 4.- El silencio sobre la Transubstanciación y la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía. 5.- El cambio del modo activo (infra-actionem) al modo narrativo en el momento de la consagración. 6.- La multiplicación de opciones ad libitum, que atenta realmente contra la unidad dentro del mismo rito. 7.- El empleo a lo largo de todo el texto del ordinario de la misa de un lenguaje ambiguo y equívoco que abre la posibilidad a múltiples interpretaciones. De todo ello deducían los cardenales Ottaviani y Bacci que …atendidos los elementos nuevos, susceptibles de apreciaciones muy diversas, que aparecen subentendidos o implicados, se aleja de manera impresionante, en conjunto y en detalle, de la teología católica de la Santa Misa tal como fue formulada en la XXII Sesión del Concilio de Trento, el cual, al fijar definitivamente los cánones del rito, levantó una barrera infranqueable contra toda herejía que pudiera menoscabar la integridad del Misterio . En el final del documento se expresa: San Pío V mandó que se publicara el Misal Romano con la finalidad de que fuese un instrumento de unidad (tal como la misma ‘Constitución Apostólica’ de Pablo VI lo recuerda). Por medio de él, efectivamente, como lo había prescrito el Concilio de Trento, debía alejarse de los ritos cualquier peligro de error contra la Fe, atacada en aquel tiempo por los 187


Reformados. Tan graves eran las razones que impulsaban a aquel Santísimo Pontífice, que nunca aparece tan legítima y casi profética, como en el presente caso, aquélla sagrada fórmula con la que se concluye la Bula de promulgación de la Misa: ‘Si alguien empero presumiere atentar contra esto, sepa que habrá de incurrir en la indignación del Dios Omnipotente y de sus Bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo’ ( Bula Quo primum tempore , 13 de julio de 1570) (27). Es, por tanto, de máxima importancia, conocer la Bula de San Pío V, y admirarse con los Cardenales Ottaviani y Bacci de las severísimas palabras con que concluye. Además, podemos notar que la Bula está fechada el mismo día (13 de julio) en que fue dado el Secreto e n 1917, a revelar en 1960, en el que según el Padre Döllinger, repitiendo lo que le dijera y confirmara el Cardenal Ratzinger, la Virgen Santísima advertía “que no se mezclasen elementos extraños y ajenos en la liturgia católica.

“La Misa antigua no se toca” manifestó terminantemente el Papa Francisco, en respuesta a algunas insinuaciones de Obispos el 28 de mayo de 2013 Todo aquél que se interese por la Liturgia de la Misa, debería conocer cuáles fueron los términos de la Bula que promulgó San Pio V al instaurar, o mejor dicho eliminar todas las liturgias que se diferenciaban de ella en los dos siglos precedentes, que eran muchas, dejando sólo las anteriores. Su lectura, junto con la participación en ella, hacen apreciarla, amarla y defenderla. Por eso la publicamos aquí: Bula Quo primum tempore de San Pío V, 13 de julio de 1570 Desde el primer instante de nuestra elevación a la cima de la jerarquía Eclesiástica nos hemos dirigido con agrado todo nuestro ánimo hacia aquellas cosas que por su naturaleza tienden a conservar la pureza del culto de la Iglesia, y con la ayuda de Dios Nos hemos esforzado en realizarlas en plenitud, poniendo en ello todo nuestro cuidado. Como entre otras decisiones del Santo Concilio de Trento, Nos incumbe decidir la edición y reforma de los libros sagrados, el Catecismo, el Breviario y el Misal, después de haber ya, gracias a Dios, editado el Catecismo, para la instrucción del pueblo y para que sean rendidas a Dios las alabanzas que le son debidas; corregido completamente el Breviario, para que el Misal corresponda al Breviario (lo que es normal y natural, ya que es sumamente conveniente que no haya en la Iglesia de Dios más que una sola manera de salmodiar, un solo rito para la Misa). Nos pareció necesario pensar lo más pronto posible en lo que faltaba por hacer en este campo, a saber, editar el mismo Misal. Es por esto que Nos hemos estimado deber confiar este cargo a sabios escogidos; y de hecho son ellos, quienes, después de haber reunido cuidadosamente todos los manuscritos, no solamente los antiguos de nuestra Biblioteca Vaticana, sino también otros buscados en todas partes, corregidos y exentos de alteración, así como las decisiones de los Antiguos y los escritos de autores estimados que no nos han dejado documentos relativos a la organización de estos mismos ritos, han restablecido el mismo Misal conforme a la regla y a los ritos de los Santos Padres. Una vez éste revisado y corregido, después de madura reflexión, para que todos se aprovechen de esta disposición y del trabajo que hemos emprendido, 188


Nos hemos ordenado que fuese impreso en Roma, lo más pronto posible, y que una vez impreso, fuese publicado, a fin de que los sacerdotes sepan con certeza qué oraciones deben utilizar, cuáles son los ritos y cuáles las ceremonias que deben, bajo obligación, conservar en adelante en la celebración de las Misas: para que todos acojan por todas partes y observen lo que les ha sido transmitido por la Iglesia Romana, Madre y Maestra de todas las otras Iglesias y para que en adelante y para el tiempo futuro, perpetuamente, en todas las iglesias, patriarcales, catedrales, colegiatas, y parroquiales, de todas las provincias de la cristiandad, seculares o regulares de no importa qué Ordenes Monásticas, tanto de hombres como de mujeres, aún Ordenes Militares regulares y en las iglesias y capillas sin cargo de almas, en las cuales la celebración de la Misa conventual en voz alta con el coro, o en voz baja siguiendo el rito de la Iglesia Romana es costumbre u obligación, no se canten o no se reciten otras fórmulas que aquellas conformes al Misal que Nos hemos publicado, aún si estas mismas iglesias han obtenido una dispensa cualquiera por un indulto de la Sede Apostólica, por el hecho de una costumbre, de un privilegio o de un juramento mismo, o por una confirmación apostólica, o están dotados de otros permisos cualesquiera; a menos que después de que se hubiere establecido la costumbre, esta última o la institución misma hayan sido observadas sin interrupción en estas mismas iglesias por la celebración de Misas durante más de doscientos años. En este caso Nos no suprimimos a ninguna de estas iglesias su institución o costumbre de celebrar la Misa; pero si este Misal que Nos hemos hecho publicar les agrada más, con la aprobación y consejo del Obispo o del Prelado, o del conjunto del Capítulo, Nos permitimos que, no obstando nada en contrario, ellas puedan celebrar la Misa siguiendo éste. Pero, ciertamente, al retirar a todas las iglesias antes mencionadas el uso de sus misales propios y dejarlos totalmente, determinamos que a este Misal justamente ahora publicado por Nos, nada se le añada, quite o cambie en ningún momento y en esta forma Nos lo decretamos y Nos lo ordenamos a perpetuidad, bajo pena de nuestra indignación, en virtud de nuestra constitución, Nos hemos decidido para el conjunto y para cada una de las iglesias enumeradas arriba, ... que ellos deberán, en virtud de la santa obediencia, abandonar en el futuro y enteramente todos los otros principios y ritos, por antiguos que sean, provenientes de otros misales, los cuales han tenido el hábito de usar, y cantar o decir la Misa según el rito, la manera y la regla que Nos enseñemos por este Misal y que ellos no podrán permitirse añadir, en la celebración de la Misa, otras ceremonias ni recitar otras oraciones que las contenidas en el Misal. Y aún, por las, disposiciones de la presente y en nombre de nuestra Autoridad Apostólica, Nos concedemos y acordamos que este mismo Misal podrá ser seguido en la totalidad en la Misa cantada o leída en todas las iglesias, sin ningún escrúpulo de conciencia y sin incurrir en ningún castigo, condenación o censura y que podrá válidamente usarse, libre y lícitamente y esto a perpetuidad (etiam perpetuo). Y de una manera análoga, Nos hemos decidido y declaramos que los Superiores, Administradores, Canónigos, Capellanes y otros Sacerdotes o religiosos de una Orden cualquiera, no pueden ser obligados a celebrar la Misa de otra manera diferente a como Nos la hemos fijado y que jamás nadie, quienquiera que sea podrá contradecirles o forzarles a cambiar este Misal o anular la presente instrucción o a modificarla, sino que ella estará siempre en vigor y válida con toda fuerza, no obstante las decisiones anteriores y las Constituciones Generales o Especiales emanadas de Concilios Provinciales o Generales, ni tampoco el uso de las iglesias antes mencionadas, confirmadas por una regla muy antigua e inmemorial, ni las decisiones ni las costumbres contrarias cualesquiera que sean. Nos queremos, al contrario, y Nos lo decretamos con la misma 189


autoridad, que después de la publicación de la presente constitución así como del Misal, todos los sacerdotes que estén presentes en la Curia Romana están obligados a cantar o a decir Misa según este Misal, dentro de un mes... ...Que absolutamente nadie, por consiguiente, pueda anular esta página que expresa nuestro permiso, nuestra decisión, nuestra orden, nuestro mandamiento, nuestro precepto, nuestra concesión, nuestro indulto, nuestra declaración, nuestro decreto, nuestra prohibición, ni ose temerariamente ir en contra de estas disposiciones. Si, a pesar de ello, alguien se permitiese una tal alteración, sepa que incurre en la indignación de Dios todopoderoso y sus bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo . Dado en Roma, a trece días del mes de julio del año 1570, quinto de nuestro pontificado. Al presentarse el Novus Ordo en Roma, en el Vaticano, en la sala de prensa, se manifestó que las razones aducidas por el Sínodo Tridentino habían cesado. Por el contrario, no sólo subsisten y perduran aquellas razones, sino -y esto se puede comprobar sin ninguna duda- hoy irrumpen otras inmensamente más graves. En efecto, para rechazar las insidias amenazadoras que a través de los siglos luchan contra la pureza del depósito recibido de la Fe (“Guarda el depósito, evitando las profanas novedades de las palabras”: I Tim 6, 20), debió la Iglesia protegerla y defenderla mediante definiciones y pronunciamientos dogmáticos de su doctrina. Gracias a cuyo influjo, de inmediato se consolidó tanto el mismo culto, que llegó a ser el monumento más completo de la misma Fe. Quienes hoy se empeñan en rebajar nuevamente a sus antiguas formas, de cualquier modo, al Rito Romano del culto católico, por el afán de aquel “insano arqueologismo” que ya Pío XII lúcidamente reprobó con suma oportunidad -volviendo a repetir “in vitro”; lo que tuvo su primigenia hermosura en antigüedad- no llevan a cabo, como ya antes dijimos, sino la ruina de todas las defensas teológicas del mismo culto, a la vez que destruyen todas las bellezas acumuladas a través de los siglos, y esto incluso en un grave momento, más aún, quizás en el más gravísimo de todos los momentos críticos de que se tenga memoria en la historia de la Iglesia. Hoy, en efecto, la misma autoridad suprema de la Iglesia reconoce escisiones y cismas, ya no fuera, sino dentro de la comunidad misma de los católicos. La unidad de la Iglesia no sólo peligra, sino que ya se la juzga de antemano trágicamente; los errores contra la Fe no sólo se insinúan, sino que por medio de los abusos y aberraciones litúrgicos -aunque públicamente señalados y reprobados- se imponen no obstante por los mismos hechos. Por lo tanto, el apartarse de la tradición litúrgica, que fue por cuatro siglos signo y garantía de la unidad del culto, para sustituirla por otra nueva -que no puede no ser un signo de cisma, por las innumerables facultades implícitamente concedidas, y la cual pulula ella misma con gravísimas ambigüedades, por no decir errores manifiestos contra la pureza de la Fe Católica- nos parece, para expresar nuestra opinión más benigna, el error más monstruoso. En la festividad de Corpus Christi, 1969

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Los dos Cardenales, en sus numerosas notas agregan también una comparación con los ritos orientales, tomando como un ejemplo, la Misa Bizantina: Para recordar sólo una, la Liturgia Bizantina, piénsese en las elocuentísimas, insistentes y reiteradas le oraciones penitenciales; en los ritos solemnes con los que el sacerdote y el diácono revisten sus ornamentos; en la preparación de las ofrendas en la proscomidia, que ella misma constituye ya de suyo un rito aparte ; en la presencia constante en las oraciones y hasta en las ofrendas de la Bienaventurada Virgen María, de los Santos, de la jerarquía angélica (que en la Entrada con el Evangelio es evocada realmente como concelebrante en forma invisible y cuya representación asume la “schola cantorum” en el Cherubicon) ; piénsese en la iconostasis, por la cual se separan netamente el santuario del templo, el clero del pueblo; en la consagración a ocultas, que es un símbolo del Misterio del Dios Invisible, al que alude también toda la Liturgia; piénsese además en la ubicación del sacerdote celebrante, que está de pie vuelto hacia Dios y nunca cara al pueblo; en la Comunión administrada siempre sólo por el sacerdote; en los frecuentes y profundos signos de adoración exhibidos ante las Sagradas Especies; en la actitud verdaderamente contemplativa del pueblo. Y estas liturgias, también en las formas que implican menor solemnidad, se prolongan por más de una hora, y las frecuentes definiciones (como “tremenda e inenarrable liturgia”; “tremendos, celestes y nutricios misterios”), que allí se encuentran, manifiestan con suficiente claridad la dicha mentalidad. Nótese finalmente que en la Divina Liturgia, sea en la de San Juan Crisóstomo como en la de San Basilio, aparece claramente que el término “cena” o “convivio” está subordinado al de “sacrificio”, de igual modo como estaba en la Misa Romana. La Misa con el rito secular codificado por San Pío V, llamado tridentino o tradicional, era la garantía para evitar esos errores. Por eso mandaba el Concilio de Trento: …Que se arranque de raíz la cizaña de los execrables errores y cismas, que el hombre enemigo, … sembró abundantemente (Mt. 13,25 ss.) en la doctrina de la Fe, en el uso y en el culto de la Sacrosanta Eucaristía... a la cual, por lo demás, nuestro Salvador dejó en su Iglesia como símbolo de su unidad y caridad, con la que quiso que todos los cristianos estuvieran unidos y asociados entre sí. Concilio de Trento, Sesión XIII. El impedimento de celebrar ese rito multisecular, escándalo que nunca se vio en la Iglesia, hay que buscarlo en esa fiebre reformista, que logró, en tiempos turbulentos y nefastos los cambios introducidos en el llamado Novus Ordo. Durante cuatro décadas se impidió ese rito llegándose a prohibirlo y sancionar a los sacerdotes que lo celebraban. Como resultado se produjo una desgraciada división en la Iglesia. En torno a una supuesta “derogación” del mismo se reformaron las Iglesias, transformando el altar en una “mesa”, a pesar de las advertencias reiteradas y recientes de Pío XII: Es a través del Sacrificio del Altar, ante todo, que el Señor se torna presente en la Eucaristía, y Él está en el tabernáculo sólo como una memoria “sacrifici et passiois suae”. Separar el tabernáculo del altar es separar dos cosas que por su origen y naturaleza deben estar únidas”. (Pío XII, 22 de septiembre de 1956, discurso al Congreso Internacional de Pastoral Litúrgica) “El retornar con la mente y el espíritu a las fuentes de la sagrada Liturgia es ciertamente una cosa sabia y muy laudable, ya que el estudio de esta disciplina, remontándose a sus orígenes, contribuye no poco a investigar más profunda y diligentemente el significado de las festividades y el sentido de las fórmulas en uso en las sagradas ceremonias; sin embargo, no es sabio ni laudable el hacer volver todas las cosas de cualquier modo a la 191


antigüedad. Así pues, para usar ejemplos, se apartaría del buen camino, quien quiera devolver al altar su arcaica forma de mesa; quien quiera que las vestiduras litúrgicas carezcan siempre del color negro; quien prohíba en los templos las imágenes y estatuas sagradas; quien ordene que las imágenes del divino Redentor crucificado sean modeladas de tal forma que su cuerpo no reproduzca los acerbísimos suplicios que padeció. En efecto, esta forma de pensar desea revivir aquella exagerada e insana pasión por las antigüedades, provocada por el ilegítimo concilio de Pistoya, e igualmente se esfuerza por restablecer los múltiples errores que fueron la causa por qué se reunió ese mismo conciliábulo, y los que de allí se siguieron no sin gran detrimento de las almas, y a los cuales la Iglesia, que está siempre como guardián vigilante del “depósito de la fe que le fuera confiado por su Divino Fundador, reprobó con toda razón y justicia”. Venerable Pío XII, Encíclica Mediator Dei Temerariamente se quitó el Sagrario de su lugar central ubicándose en lugares muchas veces no dignos, y colocándose la silla y la sede del “Presidente de la asamblea” en el lugar del Señor. Los pasos del Papa Juan Pablo II en pro de una interpretación correcta del Concilio Vaticano II son conocidos por todos, y desobedecidos por la inmensa mayoría. Esos pasos fueron acompañados por el Cardenal Ratzinger, y luego seguidos por él, ya convertido en Sumo Pontífice. En tanto, la grey se dividió, una gran parte fue impedida del rito tradicional, y la otra quedando sin la posibilidad de asistir al misma. El trono para la Exposición del Santísimo fue quitado, se impuso la Comunión de pie y luego con la mano, y los excesos litúrgicos llegaron a un “límite insoportable” en palabras del Papa. Benedicto XVI ha combatido esos abusos, y en sus Misas él no daba la Santa Comunión sino de rodillas y en la boca. Su actitud de volver al decoro y sacralidad en la Misa ha beneficiado inestimablemente a la Iglesia, que el tiempo y los hechos se encargarán de hacer valorar. A él se le debe la liberación del santo rito tradicional, ponderándolo por tener “una tradición de un valor inestimable”, refirmando, proclamando y dejando sentado con su firma “que no se ha abrogado nunca”, en su ya célebre Motu proprio Summorum Pontificum del 7 de julio de 2007, algo que pocos se animaban a decir, siendo desconocido para las nuevas generaciones. El rito que muchos llamaron “la Misa de siempre” en poco tiempo ha convocado no sólo a quienes nos llamaron despectivamente “nostálgicos” sino a una juventud que promete maravillas a la Iglesia. porque, como afirma el Papa enérgicamente: la Sagrada Liturgia, celebrada según el uso romano, enriqueció no solamente la fe y la piedad, sino también la cultura de muchas poblaciones. Consta efectivamente que la liturgia latina de la Iglesia en sus varias formas, en todos los siglos de la era cristiana, ha impulsado en la vida espiritual a numerosos santos y ha reforzado a tantos pueblos en la virtud de la religión y ha fecundado su piedad. Benedicto XVI, Summorum Pontificum, 8 de julio de 2007.

Fe, obediencia, teología La Iglesia sufre una penosa lucha a causa de la desobediencia al Sumo Pontífice. Una de las pruebas es esta declaración alarmante de Monseñor Malcolm Ranjith, Secretario de la Congregación del Culto Divino: “Fe, obediencia y teología” el 6 de octubre de 2007, en la reunión de la Asociación Holandesa de Liturgia Latina: 192


El Motu Proprio Summorum Pontificum sobre la Liturgia Latina del 7 de julio del 2007 es fruto de una profunda reflexión de nuestro Papa sobre la misión de la Iglesia. No nos toca a nosotros, los que usamos la púrpura eclesiástica, cuestionar esto, desobedecer y anular el motu propio con nuestras pequeñas “reglitas”. Ni siquiera si fueron hechas por Conferencias Episcopales. Ni siquiera los obispos tienen ese derecho. Lo que el Santo Padre dice, debe ser obedecido por la Iglesia. Si no seguimos este principio, estaremos permitiendo nada más ni nada menos que el demonio nos utilice como sus instrumentos. Esto conduciría a discordia en la Iglesia y entorpecería su misión. No tenemos tiempo que perder. De lo contrario estaríamos comportándonos como el emperador Nerón, tocando el violín mientras Roma arde. Las iglesias se están vaciando, no hay vocaciones, los seminarios están vacíos. Los sacerdotes envejecen y los curas jóvenes escasean. Es importante recordar que la “nueva Misa” no fue aprobada por el Concilio Vaticano II, sino por una Comisión posterior, Es decir no por el Sacrosantum Concilium sino por el Consilium (con “s”) para la Liturgia, independiente de la Sagrada Congregación de Ritos, que fuera creado por Pablo VI, rechazado en su primera presentación y luego con algunos retoques aprobado por él. El Consilium fue presidido por el Cardenal Lercaro y el Obispo Bugnini, y lo integraron los “observadores protestantes ” Rev. Jasper, Dr. Shepherd, el Profesor George, el pastor Kenneth, el Rev. Brand y el Hno. Max Thurian de Taizé, además de un talmudista judío. La Misa del Consilium no fue la Misa del Concilio, es decir la Misa de esta comisión no era lo que permitió el Vaticano II. Se trataba –se trata- ni más ni menos de una invasión protestante. Si hasta pareciera escucharse el eco de la arenga sacrílega de Lutero: “¡Destruyamos la Misa y tendremos la Iglesia!” Ese ataque ganó tanto terreno, que se hacía referencia a él con la figura del título arrogante (que expresaba los deseos protestantes)de un libro filo modernista, acuñado en los tiempos del Vaticano II: “El Rhin se ha volcado en el Tíber”, que expresaba cómo las sectas de la Reforma se abalanzaron sobre el catolicismo y que repetían ufanos los reformistas como expresión orgullosa de triunfo. Y, naturalmente, la repercusión en el clero y los fieles fue nefasta, Las cifras de las claudicaciones de los sacerdotes y religiosos hacían llorar al Papa Pablo VI, que las llamaba “su corona de espinas”. Esas horrendas herejías fueron la causa de la supresión de muchas prácticas del culto eucarístico: Adoración prolongada, diurna y nocturna, Horas Santas, Procesiones en el interior de los templos, procesiones exteriores, sobre todo la del Corpus Christi, la deformación de los Congresos Eucarísticos, las llamadas “40 Horas, la institución tan piadosa de “los Jueves” y hasta las Marías de los Sagrarios. Sin embargo, como la herejía no fue arrancada de raíz, creció. Mientras escribimos, hemos quedado azorados al saber que ha tomado posesión como Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, el Cardenal Müller, que sostiene y ha escrito una doctrina que niega la transustanciación, a lo que se agrega la negación de la Virginidad perpetua de María, y otros errores que siendo muy graves, quedan en segundo plano ante los mencionados. ¿Qué decir a esto? ¡Desagravio! ¡Desagravio! ¡Desagravio! Como clama el Ángel de la visión de Fátima. Y rogar mucho por el Santo Padre. Viene entonces a nuestra mente para recordar y repetir, el final de la oración que se rezaba por el Congreso Eucarístico Internacional de Buenos Aires: 193


…que los pueblos todos de la tierra, postrados ante el Santísimo Sacramento, os aclamen su Rey por los siglos de los siglos. Amén. Se trata de una avalancha sin precedentes en la Iglesia, a la que hay que oponer otro embate que lo detenga, en la seguridad que con el poder de la Mujer Vestida de Sol será vencida la iniquidad, y por cierto, “no prevalecerán las puertas del infierno” contra la verdadera Iglesia de Cristo.(Mt.16,18)

X

Desacralización Entonces la serpiente arrojó de su boca, en pos de la mujer, agua como un río, para que ella fuese arrastrada por la corriente. Apocalipsis, 12, 15

Desde siempre, en todas las casas religiosas, era edificante contemplar la comunidad en los momentos de las comidas: Un par de mesas enfrentadas, a veces tres en forma de “U”, que rodeaban los sacerdotes, religiosos, novicios... En la cabecera el Superior, y un clima inicial de silencio, para escuchar una lectura de espiritual, vida o escritos de santos, testimonios. Algunos de los miembros se turnaban para leer. En el lugar más visible e importante, presidiendo todo, un gran Crucifijo y la Imagen de Nuestra Señora. Luego, los momentos de conversación, animada y fraterna. En el desgraciado momento en la Historia de la Iglesia en que el Papa Pablo VI se vio obligado a decir que “el humo se Satanás había entrado en la Iglesia de Dios” , comenzaron a desaparecer -salvo ejemplares excepciones- esas escenas propias de personas sagradas o que se encaminaban a serlo. El Crucifijo generalmente fue a parar al desván o a una casa de antigüedades, como la Imagen de la Virgen y de algunos santos que casi siempre completaban la escena. La lectura desapareció, como desaparecieron los libros piadosos no pocas veces quemados en una fogata (eran preconciliares, decían). La mesa cambió por una forma curva o de “L” que posibilitara a todos ver y escuchar a quien ahora presidía las comidas: el televisor, que el Padre Pío llamaba “ cajón funesto”, ya que de “cajón” era su forma cuando no había esas pantallas que hoy encontramos en bares, confiterías, quioscos; ómnibus y aviones, etc. etc. y sobre todo hogares, donde ya cumplieron su cometido en la obra de destrucción de la familia, corrupción de las costumbres: vestimentas, lenguaje, diversiones… con la imposición de los nuevos “valores”, y todo lo demás. El humo de Satanás no sólo ha entrado en los templos y los claustros, sino en las escuelas católicas y en el sagrado recinto del hogar donde -a imitación del ejemplo de los “consagrados”- también se desplazó del lugar donde antaño fuera entronizado y ahora olvidado, despreciado, ultrajado, el Sagrado Corazón de Jesús, para “entronizar” el televisor, púlpito de la iniquidad que no deja de vomitar veneno. Un veneno que es sorbido con ansias por los que contemplan, en su mayoría, ya adictos a este vicio inmundo de nuestros días. Quien escribe esto vio, en esos años, la imagen del Sagrado Corazón de Jesús que era venerada en el altar mayor de un templo tradicional argentino, arrumbado en su sótano, con una escoba apoyada al revés, precisamente tapando ese Corazón “que tanto ha amado a los hombres, y no recibe en cambio más que indiferencias y menosprecios…”. 194


En ese lugar, si bien se afirmaba tener devoción al Sagrado Corazón de Jesús “eso sí, pero creer en “eso de los Primeros Viernes…¡Por favor!”, se escucho decir a alguien con autoridad. Por lo visto tampoco creían en la otra promesa: “¡Bendeciré hasta las casas donde la Imagen de mi Corazón sea expuesta y honrada…” En los hogares cristianos de esa zona, gracias a Dios, se siguen viendo, entronizadas, las Imágenes del Sagrado Corazón de Jesús y de la Virgen Santísima, siguiendo la tradición ininterrumpida de sus mayores, de honrarlo y desagraviarlo. ¡Benditos sean esos padres y abuelos! ¿Qué significa desacralización? Desacralizar es destruir o desplazar lo sagrado. Y sagrado es todo aquello que se separa del resto de las cosas y personas para dedicarlo exclusivamente a Dios y a su culto. Siempre han existido tiempos, objetos, ceremonias, lugares, y también personas que son ofrecidas libremente al servicio de Dios. Atacar lo sagrado es atacar a Dios mismo, quitando o deformando sus cosas, aquello que se le ha ofrecido libremente para siempre; algo sumamente grave, y por desgracia muy frecuente dentro de la Iglesia desde que se ha venido perdiendo, como lo anunciaba Pío XII, hasta la conciencia misma del pecado. Si todo está bien, según “lo siente” cada uno, entonces nada es pecado y por lo tanto lo sagrado incomoda. Sin embargo, la necesidad de lo sagrado nace con cada ser humano, es algo instintivo que busca cada persona de cualquier nivel social o intelectual, porque lo necesita. Decimos que en el mundo “hay hambre de Dios”, y a Dios se lo busca y se lo encuentra en los templos, en las Santas Imágenes, en el silencio de la oración, en los sacramentales, en la música religiosa. Dios quiere que lo encontremos, especialmente, en las personas consagradas. Y en los Sacramentos, que son la plenitud de lo sagrado en esta tierra. Por supuesto, lo más sagrado que tiene la Iglesia, el centro de su vida, es el Santo Sacrificio de la Misa, en el que se cumple el Sacramento de la Eucaristía, del que ya hemos hablado.

El día del Señor El Altísimo hizo la primera separación de que hablamos, cuando tomó para Sí el séptimo día, después de la Creación y posteriormente quiso que lo imitáramos al colocar similar mandato para nuestra semana en las Tablas que entregó a Moisés. Cada semana, pues, dedicamos al Señor un día. No ya el sábado del Antiguo Testamento que es el último, cuando el Creador “descansó” (Gn 20,11), sino el Domingo, el primero, en que se cumplió la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, el gran Misterio de nuestra Fe. De allí deriva el nombre: Domingo -día del Señor, no sólo castellano sino en muchos otros idiomas: Un concilio decía:

Recuerden todos los cristianos que el séptimo día fue consagrado por Dios y aceptado y observado no sólo por los judíos, sino también por todos los que querían adorar a Dios; no obstante nosotros los cristianos hemos cambiado el sábado de ellos en el día del Señor, el Domingo. Junto al día del Señor están las principales fiestas de nuestra religión, ante todo la de su Natividad, la de su Santísimo Cuerpo y Sangre, junto con las festividades de su Bienaventurada Madre, que son fiestas llamadas de precepto puesto que en ellas rige, como en los Domingos, el debe de asistir a Misa y abstenerse de trabajos serviles (1) Con el avance de los enemigos de Dios, una gran parte de los feriados religiosos han ido desapareciendo. En La Salette, Francia, a fines del siglo XIX, hubo una aparición de trascendental importancia de la Virgen Santísima, donde se mostró con las manos cubriéndose el 195


rostro, llorando por la profanación de los días santos, los juramentos en vano y por supuesto, los demás Mandamientos, como los castigos que de allí devendrían.

La gente no observa el Día del Señor, continúan trabajando sin parar los Domingos. Tan solo unas mujeres mayores van a Misa en el verano. Y en el invierno cuando no tienen más que hacer van a la iglesia para burlarse de la religión. El tiempo de Cuaresma es ignorado. Los hombres no pueden jurar sin tomar el Nombre de Dios en vano. La desobediencia y el pasar por alto los mandamientos de Dios son las cosas que hacen que la mano de mi Hijo sea más pesada. (La Salette, 19/9/1846)

El día del Señor debe ser consagrado a Él, aunque moleste a la “sociedad de consumo”, aunque perturbe el horario de las orgías que comienzan después de la medianoche del sábado, a las que concurren nuestros jóvenes con el beneplácito cómplice de sus padres que prefieren “que vuelvan por la mañana a que se expongan a los peligros de la noche”, aunque los gobiernos pretendan cubrir sus estafas con los gastos del turismo y para ello, después de arrancar de los calendarios esos días, inventaron fiestas paganas o estúpidas, y las acoplaron a los Domingos o a otras existentes como “fines de semana “largos”. “Fines” nos hicieron decir desde hace décadas, aunque el Domingo es el primer día, que por eso también en otros idiomas se traduce “Día del Señor”. Ellos consiguieron, que a nivel internacional se ignorara la sagrada tradición implantando el lunes como primer día de la semana: otro paso en la pretensión de destruir la fe cristiana.

Objetos sagrados y Sacramentales Entre los objetos sagrados que son muchos, se encuentran en primer lugar el cáliz y la patena, que deben ser “consagrados” por un obispo, ya que esos objetos estarán el vino y el pan en el momento de la transubstanciación, cuando se convierten en el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Por ese motivo y aunque pueda hoy asombrar, en otros tiempos estuvo prohibido a los laicos tocar el cáliz y la patena. Junto a ellos, tenemos los altaress, en loos que se coloca el ara conteniendo reliquias de santos. Los demás objetos de Culto: el copón, la custodia y demás utensilios para los diversos Sacramentos, reciben una bendición que los constituye precisamente en objetos benditos dedicados al culto sagrado. Los sacramentales son ritos, actos, oraciones u objetos adoptados por la Iglesia como medios para obtener de Dios favores espirituales y temporales. Benefician a los fieles procurándoles gracia actual, perdón de pecados veniales, remisión de la pena temporal, salud para el cuerpo, bendiciones materiales y protección contra los malos espíritus. Su efecto depende de la misericordia de Dios que tiene en cuenta las oraciones de la Iglesia y la disposición interior de aquellos que hacen uso de ellos. Los principales sacramentales son: las numerosas bendiciones impartidas por el sacerdote, el uso de objetos de devoción bendecidos, tales como velas, incienso Rosarios, medallas, estampas, escapularios. Y también los exorcismos. Y por cierto el agua, que en el rito tradicional, antes de ser bendecida debe ser exorcizada, al igual que la sal que se le agrega, La bendición del Rosario tiene aún tiene otro valor, y muy grande, desgraciadamente olvidado, que nos recuerda María Santísima desde San Nicolás:

La bendición de un Rosario tiene mucho valor, tanto como la oración misma.

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Quiero decirte que estando bendecido el Rosario con que se reza, la oración se convierte en una súplica de amor al Señor y Él, a su vez, vuelca en este hijo que ora, Su Bendición. Por eso es tan importante tener el Rosario entre las manos mientras se reza. Alabado sea por siempre el Señor. (San Nicolás, 29/8/87) En el inagotable tesoro de la Iglesia se encuentra la lengua latina, que cambió de “lengua muerta” a “lengua sagrada”. Las oraciones en latín -como intuye el pueblo aunque no se le diga- tienen un mayor valor ya que, atendiendo a la majestad del Altísimo, se las pronuncia en una lengua dedicada a Él. Y dígase esto también de la música sacra, tan cuidada por los Papas, hoy en triste y desgraciada decadencia. Desgraciada por redundar en menoscabo de la gloria de Dios y de la elevación de las almas a Él, todo lo contrario de su fin.

Los templos Respecto de los templos, dice el Padre Alfredo Sáenz: El Pontifical Romano manda consagrar solemnemente las iglesias según una liturgia específica, para convertirlas en algo que no eran: un espacio sagrado sustraído a la vida habitual y destinado a cosas santas. A este efecto el edificio no puede construirse de cualquier modo; el arquitecto ha de tener presente, más allá de cualquier funcionalidad, que está construyendo la casa del Altísimo, en donde reinará una atmósfera inefable de silencio y contemplación que sea capaz de infundir el temor y la fascinación de Dios.

Homilía del 7/11/08, fiesta de la Dedicación de la Basílica San Juan de Letrán.

Las personas consagradas Y por fin, también tenemos personas consagradas: los sacerdotes, las religiosas, que en estos años han cedido a la presión “globalizada”, ya desde su formación en los seminarios y noviciados. En su gran mayoría han cambiado la vestimenta, que condiciona las acciones de todo ser humano, y ése ha sido ha sido el primer paso en un camino muy triste, que muchas veces los llevó a la deserción. (Hay quienes no saben que el “clergyman” es invento protestante, para los pastores de distintas sectas. Su nombre lo confirma) Luego siguió la conducta coherente con el abandono de la sotana o del hábito, y así fue que sin darse cuenta han cambiado su finalidad en su actuar y en sus predicaciones, con gran dolor de Nuestro señor y de la Madre de la Iglesia. Michel de Saint Pierre ha hablado claramente presentado esta realidad en su novela “Los nuevos curas”: Esos sacerdotes no hablan a lo más hondo del hombre. Hablan tan sólo a su estrato superficial y secular. Podrán tener éxitos momentáneos, atrayendo más gente a la iglesia, incrementando la actividad parroquial. Pero no lograrán que la gente se acerque más a Cristo. Ni saciarán su profunda sed de Dios y de paz: de esa paz que el mundo no puede dar, de esa paz que sólo Cristo puede dar. Y el kairós nos llama a atraer personas hacia Cristo, no simplemente hacia la parroquia. Michel de Saint Pierre, “Los nuevos curas”. 197


El famoso filósofo católico Dietrich von Hildebrand al que Pío XII llamó “el Doctor del siglo XX en la Iglesia” reflexiona así sobre el tema: … La legítima antipatía a toda condescendencia paternalista hacia los laicos (especialmente si los laicos pertenecen a las clases más humildes), ha conducido en muchísimos casos a una desgraciada alianza con el ídolo de la igualdad que trata de destruir todas las estructuras jerárquicas (…) Su enfoque “democrático” les hace menospreciar el hecho de que en todos los hombres que tienen anhelo de Dios hay también anhelo de lo sagrado y un sentido de diferencia entre lo sagrado y lo profano. El obrero o el campesino tienen este sentido, exactamente igual que el intelectual. Si el individuo es católico, deseará hallar en la Iglesia una atmósfera sagrada. Y esto seguirá siendo verdad, trátese o no de un mundo urbano e industrial. El individuo será capaz de distinguir entre el “arriba” esotérico y el “arriba” divino. No se sentirá oprimido, ni mucho menos, por el hecho de que Dios esté infinitamente sobre él, de que Cristo sea el Dios-hombre. Mira gozosamente a la Iglesia con su autoridad divina. Espera que todo sacerdote, como representante de la Iglesia, irradie una atmósfera distinta que la del laico de la calle. Muchos sacerdotes creen que el reemplazar la atmósfera sagrada que reina, por ejemplo, en los maravillosos templos de la Edad Media o del barroco, en los que se celebraba la misa en latín, por una atmósfera profana, funcionalista, neutra y monótona, ha de capacitar a la Iglesia para encontrarse en amor con el hombre sencillo. Pero esto es un error fundamental. Será algo que no llene los más profundos anhelos de ese hombre. Le ofrecerá piedras, en vez de pan. Esos sacerdotes, en lugar de combatir la irreverencia (que se encuentra hoy tan difundida), contribuyen de hecho a difundirla más. (…) La experiencia dirá a todo el que tenga ojos para ver y oídos para oír que un solo sacerdote santo atrae más almas para Cristo, especialmente entre las “personas sencillas”, que los que tratan de acercarse más al pueblo adoptando una actitud que carezca del sello de su oficio sagrado. Dietrich von Hildebrand Decía el Padre Sáenz Padre Sáenz, en la citada homilía: .

Desde la más remota antigüedad el hombre reservó ciertos tiempos y espacios para el culto divino, preservándolos de toda profanación. La Iglesia llevó a su plenitud este concepto de lo sagrado elevándolo a un nivel trascendente. Lamentablemente en los últimos años, teólogos, laicos encumbrados, sacerdotes y aún obispos, llevan adelante un programa pensado y establecido de desacralización, que se puede sintetizar en la siguiente frase: “Hay que liquidar lo sagrado”; de modo que no haya ya edificios sagrados, personas consagradas, música sacra, gestos ni lenguaje sagrados. La última raíz teológica de esta política es la negación de la sacramentalidad, lo que lleva a considerar la Liturgia como una acción meramente humana, según un ritual que depende del arbitrio de quien la célebre. De allí que haya misas que, con olvido de su carácter sacrificial, perecen encuentros en torno una comida vulgar. El Papa Pío XII, siendo aún el Cardenal Pacelli, a cargo de la Secretaría de Estado (es decir antes de que Sor Lucía de Fátima pusiese por escrito el Tercer Secreto) decía a Monseñor Roche: Estoy preocupado por el mensaje que ha dado la Santísima Virgen a Lucía de 198


Fátima. Este insistir de parte de María sobre los peligros que amenazan a la Iglesia es una advertencia divina contra su alma… Siento en torno mío a estos innovadores que desean desmantelar la Sagrada Capilla, destruir la llama universal de la Iglesia, rechazar sus ornamentos y hacerla sentir culpable de su pasado histórico… En nuestras iglesias, los cristianos buscarán en vano la lámpara roja donde Dios los espera. Como María Magdalena, con lágrimas ante la tumba vacía, se preguntarán: ‘¿Dónde lo han llevado? Cardenal Eugenio Pacelli, Secretario de Estado de Pío XI,

que luego sería el Papa Pío XII. Expresiones referidas por Monseñor Roche, en “Pío XII Devant l’Historie”

En Salta, un Ángel que se presentó como “a las órdenes de San Miguel en la lucha contra Satanás”, tuvo esta expresión en medio de un mensaje a María Livia:

… Escucha atentamente y presta atención. ¿Acaso creen que El Señor Dios permitirá que se sigan cometiendo abominaciones en su Casa? Dios es un Padre que corrige. Su AMOR alcanza a buenos y malos, su paciencia es Infinita, todavía la ira de Dios no se ha desatado contra los despiadados (…) (Salta, 4/7/94) Habiéndose avanzado en la desacralización, se va adelantando inexorablemente la apostasía. Destruyendo lo que pertenece a Dios, se le está robando sacrílegamente y se está llevando a la Iglesia a la negación de la misma fe católica. Pidamos a la Virgen, La Mujer Vencedora de esta batalla que no permita que nuestra Patria caiga en la apostasía. Visión de Marcia en Lanús: Me acosté a descansar y al cerrar los ojos tengo la sensación de que comienzo a volar y que me traslado hacia otro lado, y una voz de hombre me dice: “Hacia el futuro…” (Estaba alguien conmigo, pero no supe quién era) Así, volando, cruzamos el océano, el mar, no sé, era mucha agua, y de pronto veo sobre el agua un puente por donde pasan autos. Yo pasaba volando por debajo del puente y me acercaba a una ciudad. La voz me dice: “Aquí”. Sentía que dejaba de volar y me paraba frente a una iglesia que tenía el frente pintado de color tostado claro. Era antigua. Siento que entro en el interior y una vez allí puedo verme a mí misma pero desde arriba. Veo que estoy vestida de oscuro, como si fuese un hábito religioso, y llevo la cabeza cubierta de oscuro, también. El interior de la iglesia es del mismo color del frente. No había ni una sola imagen. Sólo había un púlpito al frente. Desde los asientos a la derecha había un coro que cantaba algo así como “Recordar la Santa Cena de Cristo…” había gente sentada en los asientos. Ellos no me veían y yo me preguntaba en voz alta: ¿Dónde está el Sagrario? Y allí desapareció todo. (Lanús 14/3/02) Este anuncio profético coincide con lo que dijera el Cardenal Pacelli a Mons. Roche. Cumpliendo su misión de protegernos, la Virgen muestra esta visión de futuro a Marcia, y a todos nosotros para confirmar que nos estamos encaminando a una desgraciada apostasía de tinte netamente protestante. Porque la iglesia que ve es una iglesia donde “no había ni una sola imagen”, con “sólo un púlpito al frente”, el coro 199


cantando “la Santa Cena de Cristo” y -lo más grave- en ella no había Sagrario, porque no había Eucaristía: No está el Señor en esas iglesias. En nuestras iglesias modernas, salvo raras excepciones, falta la devoción, la piedad y la belleza. Predomina la funcionalidad, la improvisación, la carencia de valores arquitectónicos musicales y artísticos en general. No pocas veces encontramos en los templos “modernos” la grosería estética. Por eso nos preguntamos si todavía habrá tiempo para aplicar las sabias palabras del Papa Pío XII a los artistas: El arte lejos de oprimir el alma y de clavarla en el suelo hace que los sentidos le sirvan de alas para elevarse, por encima de las pequeñeces y mezquindades pasajeras, hacia lo Eterno, lo Verdadero, lo Hermoso, el solo verdadero Bien, el único Centro donde se realiza la unión, hacia Dios. Es necesario que el arte, considerado como la fuente de una esperanza nueva, haga sonreír sobre la humanidad el reflejo de la belleza y de la luz divina, ayudando al hombre a amar todo lo Verdadero, lo Puro, lo Justo y lo Santo… Pío XII, alocución a los artistas del 1er. Congreso Internacional de arte cristiano, 20 de septiembre de 1950, (Texto francés en L’Osservatore Romano del 6/X/50). Comentando el arte moderno del siglo XX, que ha empeorado notoriamente desde entonces, escribía Monseñor Ernesto Segura: El arte (musical y el de todas las artes plásticas) es el arte de la humanidad caída. Y, con mayor razón, de nuestra humanidad recaída que en el pecado por su apartamiento de Cristo, está lleno de orgullo, de ambición, de materialidad y de sensualidad. Esto no es natural, o connatural al arte, ya que la belleza que tiende a expresar es un reflejo de una belleza que es, al mismo tiempo, la suma Bondad, la Pureza misma, la divina Simplicidad. Por eso, lo que necesita el arte moderno es la conversión; renunciar al demonio, al mundo y a la carne, y consagrarse de veras al servicio de Dios. Así lograron una santidad natural las artes primitivas, puestas al servicio de la religión natural, expresión del alma naturalmente cristiana. Así lograron una sobrenatural santidad los estilos cristianos, desde las basílicas romanas hasta las catedrales góticas. Y esa misma santidad logrará el artista moderno que siga el áspero pero eficaz camino de las Bienaventuranzas: “Bienaventurados los pobres de espíritu… bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia… bienaventurados los puros de corazón, porque ellos verán a Dios!” (Mt 5, 8)

P. Ernesto Segura, años después Obispo Auxiliar de Buenos Aires y Secretario del Episcopado Argentino, Los problemas del arte sagrado, Ediciones Revista de Teología, 1953.

El inicio de este proceso de desacralización en el mundo hay que buscarlo en las guerras de religión y en la Reforma, en el libre examen y la rebelión contra la Iglesia, y demás hechos similares inmersos en el renacimiento (llamado así por los modernistas) La Revolución Francesa resultó un paso importante para este plan diabólico, El marxismo es hijo suyo, a los que siguieron el comunismo, que ahora, caída la llamada “cortina de hierro”, prosigue en el postmodernismo, con un renovado racionalismo y un nuevo socialismo, un laicismo exacerbado, el relativismo y la New Age. El comunismo no cayó sino que cambió de lugares y de modos. Sus mismas ideas ateas -o antiteas como dice el Padre Bojorge- están predominando en lo que llamamos Occidente y se impusieron en los medios, en el arte y en el cine, en las 200


universidades y escuelas. Si antes gritaba sus proclamas arengando al mundo obrero, ahora lo hace en la ecología, el feminismo y los aberrantes avances de la cuestión “del género”, llegando al mayor y más despiadado crimen de lesa humanidad que es el aborto. Esas fuerzas están obsesionadas en eliminar todo signo cristiano de la vida pública, pero sin dejar de luchar por quitarlo de la vida privada, ayudados por los medios audiovisuales de comunicación masiva, colocados hasta en los lugares más inverosímiles.

La desacralización de la sociedad ha atacado ya lo sagrado de la Navidad, de la Semana Santa, quiere quitar los crucifijos en lugares públicos, y ha llegado a eliminar en muchos ámbitos el sacratísimo nombre de Dios. Antes lo hacía solapadamente, en una actitud que parodiaba la paz; ahora lo hace en son de guerra y con arrogancia: La soberbia es su bandera, la torpeza su estilo. Su objetivo es eliminar toda idea de Dios en el mundo. Ese objetivo sería el cumplimiento de la profecía de Pío XII, dicha a continuación de la antes mencionada, ante una pregunta de su interlocutor, Monseñor Roche: Llegará un día en que el mundo civilizado negará al propio Dios, cuando la Iglesia dudará como dudó Pedro. Será entonces tentada de creer que el hombre se ha convertido en Dios. Cardenal Eugenio Pacelli. Las tres citas de este capítulo corresponden a la misma conversación que relata Monseñor Roche. Repetimos ahora a lo dicho en nuestra introducción referente a las apariciones de la Virgen. No es obligatorio creer en ellas, porque no son afirmaciones dogmáticas, pero, salvo cuando la Iglesia las descarta por falsas, si los frutos muestran su veracidad, dejarlas de lado sería temerario. El panorama que hoy ofrece la situación de la Iglesia y el devenir de la historia del mundo, que se viene agudizando en las últimas décadas, al que se agregan las catástrofes naturales que hacen tambalear la soberbia de los científicos, nos lleva a pensar, con sentido católico y lógico, que nuestra Madre del Cielo no puede quedar inactiva. Si además estudiamos con calma el Mensaje de Fátima, comprenderemos que el Señor le ha concedido el triunfo en esta batalla final, y no otra cosa es lo que nos dice el libro del Apocalipsis cuando nos muestra la majestad y la lucha de la Mujer Vestida de Sol. Esta consideración nos hace esperar grandes tribulaciones y hechos terribles, pero la Fe que se nos ha concedido gratuitamente, sabe de su triunfo. Creemos firmemente en su promesa: “ Al fin, mi Corazón Inmaculado triunfará…!” María es la Mujer del Génesis y del Apocalipsis. La urgencia la enlazamos entonces con nuestras respuestas a sus llamados, que son sus mensajes y también otros signos, innumerables, que no está en la posibilidad de ninguna otra creatura que la que fue elevada a la dignidad de Madre de Dios y Reina de todo lo creado. Entre esas manifestaciones están sus lágrimas, a veces de sangre, que aparecen en sus imágenes, con las que quiere mostrar a sus hijos humildes el dolor de su Corazón Inmaculado por los castigos que la propia humanidad está buscando engañada por el padre de la mentira. La Virgen que goza de la plenitud más grande de la Gloria que puede tener un ser humano, también sufre, y aunque su sufrimiento fue ubicado en el tiempo de la Pasión y Muerte del Señor, no es otro que el provocado por los pecados del mundo, nuestros propios pecados. Debemos volver a lo que tal vez hemos olvidado: Que un sólo pecado mortal provoca la muerte de Jesucristo. Las lágrimas de la Virgen no pueden quedar de lado en estas meditaciones. La desacralización lleva al secularismo, y ambos se convierten en las dos caras de una misma moneda. Si desacralización, a grandes rasgos, quiere decir que se ha perdido el sentido de lo que pertenece a Dios, y secularización hace referencia al hombre que ya no recurre a la religión, entonces el hombre cree que ha encontrado en la ciencia, en 201


la técnica y demás actividades humanas, las mismas seguridades que antes le daba la religión. La sociedad se ha descristianizado, ha perdido el sentido de lo cristiano y ha llevado a cabo un divorcio entre religión y vida. Hemos caído en una verdadera descristianización, que denunciaba ya Pío XII: como …el fruto del lento trabajo de disgregación espiritual realizado por el humanismo paganizante, por el libre examen, por el tenebroso filosofismo del siglo XVIII, por el idealismo y el positivismo del siglo XIX”. Venerable Pío XII, 20 de abril de 1941 Una década después, el mismo Papa denunciaba: En estos últimos siglos el enemigo trató de realizar la disgregación intelectual, moral, social y de la unidad en el organismo misterioso de Cristo. Él quiso la naturaleza sin la gracia (3):¡Cristo sí, la Iglesia no! Después: ¡Dios sí, Cristo no! Finalmente el grito impío: ¡Dios está muerto! y hasta ¡Dios jamás existió! Desde entonces hasta ahora, comprobamos la tentativa de edificar la estructura del mundo sobre bases que no dudamos en señalar como las primeras responsables de la amenaza que pesa sobre la humanidad: Una economía sin Dios, una política sin Dios. Venerable Pío XII, 12 de octubre de 1952,

alocución a la Unión de hombres de la Acción Católica Italiana.

A un mundo que no ha escuchado a Pío XII, viene la Virgen a repetirlos y a pedirnos que luchemos contra esos males con sus armas:

Queridos hijos, mi Corazón materno sufre inmensamente mientras observo a mis hijos que obstinadamente ponen lo que es humano por encima de lo que es Divino, a mis hijos que, no obstante todo lo que os circunda y a pesar de todos los signos que os son enviados, pensáis que podéis caminar sin Mi Hijo. ¡No podéis! Camináis hacia la perdición eterna. Por eso os reúno a vosotros que estáis dispuestos a abrirme vuestro corazón, que estáis dispuestos a ser apóstoles de mi amor, para que me ayudéis, para que viviendo el amor de Dios seáis un ejemplo para aquéllos que no lo conocen. Que el ayuno y la oración os den fuerza en esto; y yo os bendigo con mi bendición materna en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Gracias! (A Mirjana, Medjugorje, 2/4/2011) Nuestros Obispos de 1988 señalaban ese mal en una carta conjunta: El llamado secularismo, que es el pensamiento y actitud que “separa y opone al hombre con respecto a Dios” se ha instalado en el corazón de muchos y en grandes zonas de nuestra realidad social, política, económica y cultural, con su carga de autosuficiencia y soberbia independencia de Dios. En la práctica de la vida cotidiana se ha sustituido a Dios como Absoluto y razón última de todas las cosas, olvidando la palabra de Jesús que nos dice “El Señor, Dios el único Señor” (Mc 12,29) El lugar de Dios (entonces) lo ocupan los ídolos. Conferencia Episcopal Argentina, 25 de marzo 1988, “Sólo Dios es el Señor” 202


Ello lo conduce a la esclavitud en la que el hombre cae cuando crea sus propios ídolos, propuestos por la sociedad moderna que ha dado las espaldas a Dios, hecho del que se duele tanto la Santísima Virgen en sus mensajes, como el aludido: “… pensáis que podéis caminar sin Mi Hijo. ¡No podéis! Camináis hacia la perdición eterna” Los obispos del 88 pasan luego a describir la idolatría del dinero, del sexo y del poder. Años después, desde Lanús, el mismo Señor llama al Sagrario, a la oración, a la conversión, y en uno de los párrafos finales nos hace recordar lo dicho por los Obispos:

No permitáis que los ídolos, lo falsos ídolos, os alejen de Mí. Que sólo mi mirada sea vuestra guía. Sin mi Corazón no podríais guiaros. Hijos, tomad vuestra Cruz y seguidme sin ningún temor. (Lanús, Mensaje del Señor del 8/9/2001)

Ver “Sólo Dios es el Señor”, que concluye con una súplica a Nuestra Señora de Luján, como es habitual en nuestro Episcopado: “Que María Santísima de Luján, Patrona de la Argentina, nos lleve maternalmente a todos hacia Dios, “Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos” (Efesios 4,6)

“Mi casa será casa de oración…” Y añadió: “pero vosotros habéis hecho de ella una cueva de ladrones” . Leemos en el Evangelio que quiso el Señor inculcar a todos cuál debía ser el respeto y la compostura que se debía manifestar en el Templo por su carácter sagrado. ¡Cómo habrá de ser nuestro respeto y devoción en el templo cristiano –en las iglesias–, donde se celebra el sacrificio eucarístico y donde Jesucristo, Dios y Hombre, está realmente presente en el Sagrario! San Josemaría enseñaba: Hay una urbanidad de la piedad. —Apréndela. —Dan pena esos hombres “piadosos”, que no saben asistir a Misa –aunque la oigan a diario–, ni santiguarse, hacen unos raros garabatos, llenos de precipitación–, ni hincar la rodilla ante el Sagrario –sus genuflexiones ridículas parecen una burla–, ni inclinar reverentemente la cabeza ante una imagen de la Señora San Josemaría Escrivá, Camino, 451”. A la Virgen le duele tal falta de amor a su divino Hijo, y así lo dice en El Escorial:

¡Qué tristeza ver el poco respeto que hay en mi Iglesia! Hijos míos, entrad con pudor ante la divina Majestad de Dios. Y vosotros, pastores, tenéis la obligación de avisar que entren en mi iglesia con modestia. Se ha perdido el respeto al Tabernáculo. Los hombres pasan por él como si nada hubiese dentro, sin hacer ni una genuflexión. ¿Qué respeto tenéis, hijos míos, a la divina Majestad de Dios? (El Escorial, 1/4/2000) El hombre, que no es sólo cuerpo ni sólo alma, necesita manifestar su fe en actos externos y sensibles, que expresen lo que lleva en su corazón. Cuando se ve a alguien hincar con devoción la rodilla ante el Sagrario es fácil pensar: tiene fe y ama a su Dios. Y este gesto de adoración, resultado de lo que se lleva en el corazón, ayuda a otros a tener más fe y más amor. El Papa Juan Pablo II señala en este sentido la influencia que tuvo en él la piedad sencilla y sincera de su padre: “El mero hecho de verle arrodillarse –contaba el Papa – tuvo una influencia decisiva en mis años de juventud”. El incienso, las inclinaciones y genuflexiones, el tono de voz adecuado en las ceremonias, la dignidad de la música sacra, de los ornamentos y objetos sagrados, el 203


trato y decoro de estos elementos del culto, su limpieza y cuidado, han sido siempre la manifestación de un pueblo creyente. El mismo esplendor de los materiales litúrgicos facilita la comprensión de que se trata ante todo de un homenaje a Dios. Cuando se observa de cerca alguna de las custodias de la orfebrería de los siglos XVI y XVII se nota cómo casi siempre el arte se hace más rico y precioso conforme se acerca el lugar que ocupará la Hostia consagrada. A veces desciende a pormenores que apenas se notan a poca distancia: Se diría que el arte mejor se ha puesto donde sólo Dios puede apreciarlo. Este cuidado hasta en lo más pequeño ayuda poderosamente a reconocer la presencia divina. Hoy se impone sin resistencia el ambiente de desacralización en el templo. En esas actitudes late una concepción atea de la persona. Y a la vez, vemos cómo crecen, incluso entre personas que se llaman cultas, las prácticas adivinatorias, el culto desordenado y enfermizo a la estadística, a la planificación...: la incredulidad sale por todas partes. Y es que, en lo íntimo de su conciencia, el hombre atisba la existencia de Alguien que rige el universo, y que no es alcanzable por la ciencia. “No tienen fe. — Pero tienen supersticiones” Nos dice también San Josemaría. La Iglesia nos recuerda, como vimos (Ep.Arg. 25/3/88), que sólo Dios es nuestro único Señor. Y ha querido determinar muchos detalles y formas del culto, que son expresión del honor debido a Dios y de un verdadero amor. No sólo enseña que la Santa Misa es el centro de toda la Iglesia y de la vida de cada cristiano, y ha determinado su liturgia; ha querido también, como lo quiere el Señor, que nuestras iglesias sean verdaderas casas de oración. Gran parte de las prescripciones que el Señor comunicó a Moisés en el Sinaí tienden a fijar, hasta en sus detalles, la dignidad de todo lo que hacía referencia al culto. Así, señala cómo ha de construirse el tabernáculo, el arca, los utensilios, el altar, las vestiduras sacerdotales; cómo han de ser las víctimas que se ofrezcan; qué fiestas deben guardarse; qué tribu y qué personas han de ejercer las funciones sacerdotales (Ex 25, 1 ss).

Todas estas indicaciones muestran que las cosas sagradas están unidas de una manera especial a la santidad divina; con ellas el Señor hace valer la plenitud de sus derechos. En aquel pueblo, tentado tan frecuentemente por los ritos paganos, Dios trató siempre de infundir un profundo respeto por lo sagrado. Jesucristo subrayó esa enseñanza con un espíritu nuevo. Precisamente el celo por la casa de Dios, por su honor y su gloria, constituye una enseñanza central del Mesías, que Cristo realiza al arrojar enérgicamente a los mercaderes del Templo; y en su predicación insistirá en el respeto con que deben tratarse los dones divinos, en ocasiones con palabras muy fuertes: “no deis a los perros las casas santas, no echéis vuestras perlas a los cerdos” (Mt 7,6)

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Cuarta parte

Hacia el triunfo María es la Virgen escogida por la benignidad del Supremo Hacedor, de la esclarecida estirpe de David, en cuyo seno tomó carne el Verbo mismo, y quiso por perfecta Reina a ésa, su gloriosa Madre, que fue digna de preparar para tan gran Rey el tálamo de su cuerpo, pues en este lugar de tanta fecundidad la Virgen regia, flor de santidad, concibió siendo virgen al Redentor de las naciones. Ésta es Aquélla de la que cantan las Sagradas Escrituras, que, vestida del sol, teniendo la luna bajo los pies, mereció ser coronada con doce estrellas. Ésta es Aquella que en sus castas entrañas llevó al Hacedor del Cielo y la tierra y sola Ella trituró todas las herejías e intercede a favor del pueblo cristiano ante el Rey que dio a luz, como Abogada valerosa y Orante vigilantísima. Nuestra humana lengua no es capaz de manifestar las glorias de tan gran Virgen, ni tampoco los santos y justos podrán ensalzar plenamente con dignos encomios a Aquella en cuyo seno virginal se aposentó el que no podrían contener los cielos. Pero desde el momento en que se nos mandó alabar al Señor en sus santos, mucho más debemos, con almas alegres, alabarlo también, venerando a Santa María, la Siempre Virgen, su propia Madre, que elevada por encima de las estrellas, se sentó en el estrellado trono que le preparó su Padre. Bonifacio IX, Bula Superni benignitas, 9 de noviembre de 1390.

I

“Rezad el Rosario todos los días” Los monstruosos errores modernos 205


habrán de ser destruidos por el Santo Rosario Beato Pío IX

En cada una de las seis apariciones de la Cova da Iría la Virgen Santísima reiteró su pedido de rezar el Rosario diariamente, y en la última hizo el gran Milagro prometido mostrando en el Cielo su grandeza. Ese 13 de octubre de 1917, la Virgen nos decía dulcemente: Yo soy la Señora del Rosario . Lo había pedido en Lourdes y en todas sus Apariciones. El Rosario es el arma invencible que nos da la Mujer que lucha por nuestra salvación, para que triunfemos y aplastemos la serpiente antigua con Ella. La misma Señora del Rosario fue quien se lo entregó a Santo Domingo para derrotar a los albigenses y convertirse luego en nuestro compañero inseparable hasta e Cielo. Quien reza el Rosario con perseverancia está protegido de los ataques del demonio, cada día más furiosos. Al llegar con nuestras rápidas reflexiones a la lucha final de los tiempos marianos, es necesario mostrar la sublimidad y el poder del Santo Rosario.

Origen del Rosario ¡Viva María! ¡Viva el Rosario! ¡Viva Santo Domingo, que lo ha fundado! El demonio a la oreja te va diciendo: deja Misa, el Rosario, sigue durmiendo… Así cantan los seguidores de María, y nos dicen con un gracejo especial que el Rosario es inseparable del alma católica, como también cuánto lo odia el demonio, que nos susurra toda clase de excusas para que lo dejemos. Hay diversos relatos de la Fundación del Rosario. Nosotros tomamos el que da San Luis María de Montfort en “El Secreto Admirable del Santísimo Rosario”; ponderado por el Beato Juan Pablo II como “preciosa obrita” en su Exhortación Apostólica Rosarium Virginis Mariae. Rara vez un Pontífice recomienda una obra, y menos aún en un documento de su Magisterio, ese hecho habla por sí solo sobre el valor de este libro: El Santo Rosario, compuesto en su fondo y sustancia de la oración de Jesucristo y de la Salutación Angélica, a saber, el Padrenuestro y el Ave María, y la meditación de los misterios de Jesús y de María, es, sin duda, la primera oración y la devoción primera de los fieles, que desde los Apóstoles y los Discípulos se transmitió de siglo en siglo hasta llegar a nosotros. No obstante, el Santo Rosario, en la forma y método que lo recitamos al presente, no fue inspirado a la Iglesia y dado por la Santísima Virgen a Santo Domingo, para convertir a los herejes albigenses y a los pecadores, hasta el año 1214, de la manera que voy a decir, y según refiere el Beato Alano de la Roche en su famoso libro titulado “De dignitate salterio”. Viendo Santo Domingo que los crímenes de los hombres obstaculizaban la conversión de los albigenses, entró en un bosque próximo a Tolosa (Francia) y pasó en él tres días y tres noches en continua oración y penitencia, no cesando de gemir, de llorar y de macerar su cuerpo con disciplinas, para calmar la cólera de Dios; de suerte que cayó medio 206


muerto. La Santísima Virgen, acompañada de tres princesas del cielo, se le apareció entonces y le dijo: “¿Sabes tú, mi querido Domingo, de qué arma se ha servido la Santísima Trinidad para reformar el mundo?” “¡Oh Señora! Respondió él, Vos lo sabéis mejor que yo, porque después de vuestro Hijo Jesucristo fuisteis el principal instrumento de nuestra salvación”. Ella añadió : “Sabe que el pieza principal de la batería fue la Salutación Angélica, que es el fundamento del Nuevo Testamento; y por tanto, si quieres ganar para Dios esos corazones endurecidos, reza mi salterio” El Santo se levantó totalmente consolado y abrasado de celo por el bien de estos pueblos, entró en la catedral; en el mismo momento sonaron las campanas, por intervención de los Ángeles, para reunir a los habitantes; y al principio de la predicación se levantó una espantosa tormenta: la tierra tembló, el sol se nubló, los repetidos truenos y relámpagos hicieron estremecer y palidecer a los oyentes (...) El cielo quería por estos prodigios aumentar la nueva devoción del Santo Rosario y hacerla más notoria. La tormenta cesó al fin por las oraciones de Santo Domingo. Continuó su discurso y explicó con tanto fervor y entusiasmo la excelencia del Santo Rosario, que los moradores de Tolosa lo abrazaron casi todos, y renunciando a sus errores, viéndose en poco tiempo un gran cambio en la vida y costumbres de la ciudad. Este milagroso establecimiento del Santo Rosario, que guarda cierta semejanza con la manera en que Dios promulgó su Ley sobre el monte Sinaí, manifiesta evidentemente la excelencia de esta divina práctica. Santo Domingo, inspirado por el Espíritu Santo predicó todo el resto de su vida el Santo Rosario, con el ejemplo y la palabra, en las ciudades y en los campos, ante los grandes y los pequeños, ante sabios e ignorantes, ante católicos y herejes. El Santo Rosario, que rezaba todos los días, era su preparación para predicar y su acción de gracias después de haber predicado… San Luis María Grignion de Montfort,

“El Secreto Admirable del Santísimo Rosario para convertirse y salvarse”

En la “Vida de la Beata Ana Catalina Emerich”, hay un párrafo de sus revelaciones, imposibilitada de explicar por completo, titulado “El Rosario, arma del combate escatológico”, que dice: Como los propagadores de las luces tenían un odio muy especial a la devoción del Rosario, la importancia de esta devoción me fue mostrada en una visión de sentido muy profundo. Después de esto (de la visión de los enemigos del Rosario), Ana Catalina hizo la descripción del mismo; pero fue imposible al Peregrino (el transcriptor de sus visiones) reproducir sus palabras, ella misma, en el estado de vigilia no podía expresar bien lo que había visto... Las distintas Avemarías eran estrellas formadas por cientos de piedras preciosas sobre las cuales los patriarcas y los ancestros de María estaban figurados en escenas que se relacionaban con la preparación de la Encarnación y con la Redención. Así, este Rosario abrazaba al cielo y la tierra, Dios, la naturaleza, la historia, la restauración de todas las cosas y del hombre por el Redentor que ha nacido de María; y cada figura, cada materia, cada color, según su significado esencial, era empleado para la realización de esta obra de arte divino. Vie d'Anne-Catherine Emerich, por el 207


Padre K. E. Schmoeger. Tequi, editor, 1950 - III.162

Los Papas y el Rosario León XIII, el Papa del Rosario, no dejó un año de su Pontificado sin dirigir algún documento a los fieles para encomiarlo, enseñarlo y recomendarlo: En nuestros tiempos tenemos tanta necesidad del auxilio divino como cuando el gran Domingo levantó el estandarte del Rosario de María a fin de curar los males de su época. Él, iluminado por la luz celestial, entrevió claramente que para curar a su siglo, ningún remedio podía ser tan eficaz como el atraer a los hombres a Jesucristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida, con la frecuente meditación de la salud que nos trajo, y servirse ante Dios del valimiento de aquella Virgen, a quien está concedido el poder de destruir todas las herejías. León XIII, Enc. Supremi Apostolatus officio, 1 de septiembre de1883. El Papa Pío XII continúa las exhortaciones de sus antecesores: …por todas partes los pueblos gimen bajo el peso del divino castigo y viven temiendo desgracias todavía mayores. Ante peligros tan graves, sin embargo, no debe abatirse vuestro ánimo, sino que, acordándoos de aquella divina enseñanza: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá (1), con mayor confianza acudid gozosos a la Madre de Dios, junto a la cual el pueblo cristiano siempre ha buscado el refugio en las horas de peligro, pues Ella ha sido constituida causa de salvación para todo el género humano (2). …Bien conocida nos es la poderosa eficacia de tal devoción para obtener la ayuda maternal de la Virgen, porque, si bien puede conseguirse con diversas maneras de orar, sin embargo, estimamos que el Santo Rosario es el medio más conveniente y eficaz, según lo recomienda su origen, más celestial que humano, y su misma naturaleza. ¿Qué plegaria, en efecto, más idónea y más bella que la oración dominical y la salutación angélica, que son como las flores con que se compone esta mística corona? A la oración vocal va también unida la meditación de los sagrados misterios, y así se logra otra grandísima ventaja, a saber, que todos, aun los más sencillos y los menos instruidos, encuentran en ella una manera fácil y rápida para alimentar y defender su propia fe. Y en verdad que con la frecuente meditación de los misterios el espíritu, poco a poco y sin dificultad, absorbe y se asimila la virtud en ellos encerrada, se anima de modo admirable a esperar los bienes inmortales y se siente inclinado, fuerte y suavemente, a seguir las huellas de Cristo mismo y de su Madre. Aun la misma oración tantas veces repetida con idénticas fórmulas, lejos de resultar estéril y enojosa, posee (como lo demuestra la experiencia) una admirable virtud para infundir confianza al que reza y para hacer como una especie de dulce violencia al Corazón maternal de María. Finalmente, el Papa recomienda el Rosario en familia: …Y es Nuestro deseo especial que sea en el seno de las familias donde la práctica del Santo Rosario, poco a poco y doquier, vuelva a florecer, se observe religiosamente y cada día alcance mayor desarrollo. Pues vano 208


será, ciertamente, empeñarse en buscar remedios a la continua decadencia de la vida pública, si la sociedad doméstica –principio y fundamento de toda la humana sociedad- no se ajusta diligentemente a la norma del Evangelio. Nos afirmamos que el rezo del santo Rosario en familia es un medio muy apto para conseguir un fin tan arduo. ¡Qué espectáculo tan conmovedor y tan sumamente grato a Dios cuando, al llegar la noche, todo el hogar cristiano resuena con las repetidas alabanzas en honor de la augusta Reina del Cielo! Entonces el Rosario, recitado en común, ante la imagen de la Virgen, reúne con admirable concordia de ánimos a los padres y a los hijos que vuelven del trabajo diario; además, los une piadosamente con los ausentes y con los difuntos; finalmente, liga a todos más estrechamente con el suavísimo vínculo del amor a la Virgen Santísima, la cual, como amantísima Madre rodeada por sus hijos, escuchará benigna, concediendo con abundancia los bienes de la unidad y de la paz doméstica. Así es como el hogar de la familia cristiana, ajustada al modelo de la de Nazaret, se convertirá en una terrenal morada de santidad y casi en un templo, donde el Santo Rosario no sólo será la peculiar oración que todos los días se eleve hacia el cielo en olor de suavidad, sino que también llegará a ser la más eficaz escuela de la vida y de las virtudes cristianas. Venerable Pío XII, Ingruentium malorum,

15 de septiembre de 1952.

El Padre Patrick Peyton recorrió el mundo durante más de medio siglo con su Cruzada del Rosario en Familia. Por la propagación del Rosario en los hogares ofreció su vida y su sacerdocio. Es que a la Virgen le agrada mucho que convirtamos nuestras casas en iglesias domésticas, rezando su oración predilecta en torno a su Imagen, y así lo ha repetido por el mundo. Notemos la caldez de este pedido de santa María delñ Espíritu Santo en Lanús: También el Papa que Ella nos ha dado, y que ha decidido consagrar su Pontificado a la Virgen de Fátima, se ha hecho eco de sus pedidos, como vemos en este párrafo que nos llega poco antes de enviar nuestro escrito a la imprenta: En este mes de mayo quiero señalar la importancia y la belleza de la oración del Santo Rosario. Recitando el Ave María somos conducidos a contemplar los Misterios de Jesús, y reflexionar sobre los momentos esenciales de su vida, para que, como para María y para San José, Él sea el centro de nuestros pensamientos, de nuestra atenciones y de nuestras acciones. ¡Sería hermoso si, sobre todo en este Mes de Mayo, se rezase en la unión de familia, con los amigos, en la parroquia (…) La plegaria hecha en unión es un momento precioso para hacer más sólida la vida familiar y la amistad! ¡Aprendamos a rezar más en familia y como familia. Santo Padre Francisco, Audiencia general del 1º de mayo 2013. Fiesta de San José Artesano y comienzo del Mes de Mayo.

Todos los Pontífices miraron con mucho aprecio el Rosario. Aquí tenemos una apretada síntesis de frases de los Papas acerca del Rosario: “El Rosario es el árbol de la vida, que resucita muertos, cura enfermos y conserva a los sanos”, decía Nicolás V, y Urbano IV: “Por el Rosario vienen todos los días beneficios al pueblo cristiano”. Clemente VII dijo que “el Rosario es la salvación de la humanidad”. Urbano VIII concedió diferentes jubileos al Rosario. Paulo V lo llamó “tesoro de gracias”. Julio III “ornamento de la Iglesia Católica”. 209


Gregorio XIII manifestó que “por la devoción al Rosario se obtiene la protección de la Virgen Santísima y se aplaca la justa indignación de Dios por los pecados del mundo”. Gregorio XVI, que llevaba siempre el Rosario en las manos y lo rezaba en procesiones públicas decía que “el Rosario aseguraba a la Iglesia la destrucción del pecado, la recuperación de la gracia y la conquista de la gloria”. León X afirmaba que “el Rosario había sido instituido como arma contra las herejías reinantes”. Y si el demonio es el padre de las herejías, Adriano VI lo llamó “azote de las herejías”. Sixto V enseñó que “esta manera de orar cede en mayor honra y gloria de Dios y es muy conveniente para conjurar los peligros que amenazan el mundo”. San Pío V exhortó a la cristiandad a “rezar el Rosario para vencer la amenaza de los mahometanos, como también a los combatientes de la Liga que luchó en Lepanto”. Lo rezaba él fervorosamente e hizo que se rece en la Casa Pontificia. El Rosario fue la gran arma que dio la gran victoria en la batalla de Lepanto. Fue la mística honda que felizmente derribó, sin esperanza de volverse a levantar, al Goliat amenazador del Islamismo, sumergido ya en las aguas de Lepanto, recalcó Gregorio XIII. Pío VI rezó el Rosario entero hasta el día de su muerte, el Rosario lo consoló en su destierro. El gran Papa de la Inmaculada, Beato Pío IX, cuando llegaron los días amargos para la Iglesia, decía a los fieles: “Hijos míos, ayudadme a combatir los males de la Iglesia, pero no con la espada, sino con el Rosario”. Cuando convocó el Concilio Vaticano I proclamaba que “los monstruosos errores modernos habrán de ser destruidos por el Santo Rosario”. Decía también: “Rezad el Rosario como yo lo rezo siempre, que si Santo Domingo consiguió la victoria en su tiempo contra los enemigos de la Iglesia, de igual modo nosotros también lo conseguiremos, con la misma arma”. Cuando salió para el destierro, llevaba el Santísimo Sacramento y el Rosario. En su lecho de muerte contemplaba los cuadros de los misterios en su habitación y decía: “¡Cuántas dichas me trae en mi lecho de muerte el Rosario de María!” León XIII, concedió indulgencias a su rezo, estableció el mes del Rosario y mandó que durante el mes de octubre se rece diariamente delante del Santísimo Sacramento expuesto en todas las Parroquias del orbe. Entre sus afirmaciones León XIII recordemos ésta: “El Rosario es el áncora de la esperanza del mundo y el arco iris de la paz.” Acostumbraba a rezarlo caminando por los pasillos y jardines del Vaticano, con un Rosario grande para que sea ejemplo visible a todos. San Pío X decía que “el Rosario es la oración por excelencia”. Y también: “Denme un ejército que rece el Rosario y vencerá al mundo”. Pío XI exhortaba a los obispos: “os encargo que pongáis sumo empeño en propagar más y más esta fructuosa oración, y que procuréis que todos le tengan gran estima”. Pío XII lo recomendó con elocuente insistencia. Juan XXIII que rezaba diariamente los quince misterios, lo llamó “el Evangelio de los pobres” y dirigió una Encíclica a la que agregó fervorosas meditaciones para cada misterio. Pablo VI lo llamó “oración de la Iglesia”, y afirmó que su rezo conduce naturalmente a la Liturgia. Y Juan Pablo II decía que era “su oración de siempre y predilecta”. Todos los primeros sábados de mes rezaba el Rosario por radio Vaticano para el 210


mundo entero. Decretó el Año del Rosario, y en una ocasión del mismo expresó: “Bien rezado, el Santo Rosario introduce en la experiencia viva del misterio divino y proporciona a los corazones, a las familias y a toda la comunidad la paz que tanto necesitamos”. Benedicto XVI nos enseña que “el Rosario es un complemento natural a la oración litúrgica, en particular como preparación y como acción de gracias a la celebración eucarística.

Los santos nos enseñan a rezarlo Sobre el Avemaría dijo san Atanasio: “Esta alabanza de Gabriel es propia no sólo de los hombres, sino también de los Ángeles, quienes dan el parabién a tan Excelsa Reina, y esta alabanza debe ofrecerse ya en la Iglesia militante, ya en la triunfante. Y ciertamente, las tres jerarquías de los Ángeles la repiten con voz magnífica y sonora”. El Beato Alano de la Roche afirmaba que “el Rosario es una corona de gloria con que se corona a la Virgen Bendita cada vez que lo rezamos con devoción”. El gran San Alfonso de Ligorio decía: “tengo voto de rezar todos los días el Rosario de la Santísima Virgen, es el homenaje más agradable a la Madre de Dios. ¡Cuántos por medio del Rosario se han librado de sus pecados, cuántos se han convertido a una vida santa, cuántos han tenido una buena muerte y han entrado en la gloria!” “El Rosario es una lira misteriosa cuyos sonidos suaves y armoniosos suben al cielo y hacen estremecer de gozo a la Soberana Emperatriz, reflexionaba San Juan María Vianney”, y San Luis María de Montfort: no tengo mejor secreto para conocer si una persona es de Dios, que si le gusta rezar el Avemaría y el Rosario. Cuando predicaba la Religión en Indias con mi Rosario se sanaron enfermos, se convirtieron pecadores, y hasta resucitaron muertos, contaba San Luis Beltrán OP. “Cuando debemos caminar por las calles del mundo hagámoslo con el Rosario en la mano, los ojos en el suelo y el alma en el cielo”, era la sabia enseñanza de San Félix, capuchino. “Rezar el Rosario con la salutación del Avemaría con gran afecto y ternura, es devoción de las que tienen mayor dulzura y más confirmadas con milagros que podamos practicar”, testimoniaba Juan Eusebio Nieremberg. “Rezar mi Rosario, rogar a mi Madre celestial, es mi más dulce ocupación y la alegría más pura de mi alma”, manifestaba San Francisco de Sales, que tenía voto de rezar diariamente los Quince Misterios. Y Santa Bernardita, a la que la Virgen Inmaculada le enseñó cómo rezarlo, solía decir en la época de las apariciones: “Aunque no sé nada, puedo al menos rezar mi Rosario y amar a Dios con todo mi corazón”. Y ya en el convento decía: “¡Amad a María! ¡Si supierais qué buena es! Rezad bien vuestro Rosario; poneos bajo su protección, nunca lo haréis en vano”. San Carlos Borromeo afirmó que el Rosario es “la devoción más divina”. Y San Juan Bosco: “Con el Rosario se pueden vencer, aniquilar, y destruir todos los demonios del infierno”. El Apóstol del Corazón de María, San Antonio María Claret, en predicaciones y misiones, pedía: “Suplicamos con el mayor encarecimiento, a todos los padres de familia, que en la iglesia o en sus casas, delante de una imagen de María Santísima, recen el Rosario con suma modestia y devoción. Si les es posible, que se reúnan todos, o si no, que cada uno lo rece como pueda”. San Josemaría Escrivá, preguntaba: “¿Quieres amar a la Virgen? ¡Pues trátala! ¿Cómo? Rezando bien su Rosario”. 211


Y por fin, el grande del siglo XX, San Pío de Pietralcina, El Santo Padre Pío dijo en una oportunidad: “¿Si la Virgen Santa ha recomendado siempre calurosamente el Rosario, dondequiera que ha aparecido, no nos damos cuenta de que debe ser por un motivo especial?”. Al amado Padre se lo veía permanentemente con el Rosario en la mano, lo rezaba todo el día, y una vez exclamó: “Quisiera que los días tuvieran 48 horas para poder redoblar los Rosarios”. Su testamento espiritual fue tan brevísimo como elocuente: “Amad y haced amar a la Virgen, rezad y haced rezad el Rosario.

Los pedidos insistentes de la Santísima Virgen La misma Virgen Santísima en sus Apariciones de todo el mundo sigue pidiendo el Rosario. Al Padre Gobbi, la Virgen le decía:

¿Por qué el Santo Rosario es tan eficaz? Porque es una oración humilde, sencilla y os forma espiritualmente en la pequeñez, en la mansedumbre , en la sencillez de corazón. Hoy Satanás logra conquistarlo todo con el espíritu de soberbia y de rebelión contra Dios, y tiene terror de aquellos que siguen a vuestra Madre Celestial por el camino de la pequeñez y la humildad. Mientras esta oración es despreciada por los grandes y los soberbios, ella es recitada con mucho amor y mucha alegría por los pequeños, por los pobres, los niños, los humildes, los sufrientes, por muchísimos fieles que han acogido mi invitación. La soberbia de Satanás será vencida otra vez con la humildad de los pequeños, y el dragón rogo se verá definitivamente humillado y derrotado cuando Yo lo atare no valiéndome de una gruesa cadena, sino de una fragilísima cuerda: La del Santo Rosario (…) Vuestra Madre Celestial os pide que uséis el Santo Rosario como el arma más eficaz para combatir la gran batalla a las órdenes de la Mujer Vestida de Sol…( al Padre Gobbi, 7/10/83) Rezad el Rosario en familia. (Medjugorje, 27/9/1984) Queridos hijos, hoy os invito a combatir contra satanás por medio de la oración. Satanás quiere actuar con mayor fuerza ahora que vosotros sois conscientes de su actividad. Queridos hijos, revestíos de la armadura contra satanás y vencedlo con el Rosario en la mano. (Medj. 8/8/1985) ¡Orad! Que el Rosario esté siempre en vuestras manos como signo para satanás de que vosotros me pertenecéis” (Medj.25/2/1988) En el 4º aniversario de sus apariciones, la Virgen dijo:

Queridos hijos, os exhorto a invitar a todos a rezar el Rosario. Con el Rosario venceréis todos los obstáculos que satanás quiere poner en estos tiempos a la Iglesia Católica. (Medj. 25/6/85) Ese mismo día, la vidente Marija Pavlovic le preguntó: “Querida Gospa, ¿qué deseas decirles a los sacerdotes?”, y la Virgen le dio el siguiente mensaje:

Pido a los sacerdotes que recen el Rosario, que le dediquen tiempo al rezo del Rosario. (Medj. 25/6/85) Precisamente desde Medjugorje pide desde hace treinta años que cada día se rece el Rosario completo:

Rezad cada día al menos un Rosario completo: misterios gozosos, dolorosos y gloriosos.(Medj. 14/8/1984) 212


En nuestro país lo repite con vehemencia. Ya nos lo había pedido desde los comienzos de sus apariciones en San Nicolás de los Arroyos, precisamente con la advocación del Rosario. La Imagen que atrae multitudes fue bendecida por el Papa del Rosario, León XIII, y desde que se manifiesta, Ella ha querido un Rosario grande para que sea muy visible y muestre su pedido hasta de esa manera. Ese Rosario lo ha llevado uno de sus Obispos, Monseñor Maulión al Papa Juan Pablo II, que lo ha bendecido especialmente para Ella. (1) Leamos algo de lo que nos dice desde esa Ciudad:

Rezad el Santo Rosario y que el Señor vea que con él va vuestra conversión. El Sagrado Corazón de Jesús os dará abundantes bendiciones. (San Nicolás, 18/1/1984)

Escribe Gladys el 10/4/86: Veo una corona de Rosarios blancos. Veo a la Santísima Virgen y me dice:

Veis esta corona, porque esto es lo que deseo que hagáis, una verdadera corona de Rosarios. Oración, hija mía, oración, ¡Cuántas bocas permanecen aún calladas! Sin conocer siquiera una oración que los acerque al Señor. El Santo Rosario es el arma a la cual teme el enemigo, es también el refugio de los que buscan el alivio a sus pesares y es la puerta para entrar en mi Corazón. Gloria a Dios, por la Luz que da al mundo. Gladys: Con el Santo Rosario se puede enfrentar cualquier peligro, ya que en él está presente Cristo y la Madre de Cristo. Es la oración profunda, la inmediata comunicación con el Señor y con María. Es el regalo que os estoy dando para que vosotros lo aceptéis y lo conservéis mediante su rezo. Amén, amén”. (San Nicolás 7/10/1986, fiesta del Ssmo. Rosario) 1 -Como es sabido, ese Rosario fue robado a la Virgen junto con su corona y la del Niño.

Desde Salta nos insiste y anima:

¡Ay mis hijitos, si supieran todo lo que reciben cuando rezan con devoción el Santo Rosario!. (Salta, 25/9/95) “El que me entrega su corazón y reza el Rosario no debe temer a nada de este mundo, ya que esta santa oración os eleva por encima de toda dificultad y os protege especialmente de todo peligro, acercándoos con rapidez a Dios, creciendo interiormente, evitando ser contaminados de toda maldad. Ésta es la protección que Dios da a los que rezan el Santo Rosario. Predicad esto. Amén. Amén”. (Salta, 17/1/96) Por Voluntad del Señor permanezco con vosotros, para exhortarlos a una urgente conversión. Orad mis hijitos, orad siempre, no se separen del Santo Rosario. (Salta, 1/1/97) En Lanús nos llama la atención sobre la forma de rezarlo, y da un consejo muy valioso, que no hemos leído en otras apariciones: Ella quiere que “sintamos la necesidad” de rezarlo. Si la amamos de veras, progresaremos en su rezo y tendremos mucha paz. También repite su voluntad de que recemos el Rosario completo:

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Hijitos, ¿Por qué oráis el Rosario tan de prisa? Pensad que son palabras que me decís a Mí, vuestra Madre. Pues bien hijos; meditad todas las oraciones; sentid vuestras palabras ¡No sabéis cuántas cosas lindas me decís en el Ave María! (Lanús, 7 de octubre de 2000, fiesta del Santísimo Rosario)

Mis queridos hijos, deseo con todo mi corazón que vosotros oréis mucho, que sintáis la necesidad de orar el Santísimo Rosario”. (Lanús, (9/11/00) ¡Orad, orad, orad el Santísimo Rosario cada día, orad los Quince Misterios! (Lanús,13/11/00)

El Rosario es la gran arma para derrotar al dragón, “que arrastra con su cola a la tercera parte de las estrellas del cielo” (Ap.12,4 ) Es decir, la gran apostasía dentro de la Iglesia, de la que la que la Virgen nos quiere librar:

Digo a todos mis hijos; Os quiero sin dudas, seguros de vuestra fe, amando al Señor y a su Madre. Mi amor está unido al de mi Hijo” (San Nicolás 16/9/88)

A instancias de las llamadas amororsas de la Virgen en toda la redonde de la tierra, el Rosario iba surgiendo y resurgiendo en muchos lugares, en gentes de todas las edades, cumpliéndose las maravillas que Ella prometió. Sin embargo, en otros lugares, donde la fe había florecido antaño, hoy está apagada y casi muerta. Allí precisamente la Virgen y el mismo Jesús fueron más vehementes en pedir que vuelva a su antiguo esplendeor. Es el caso, por ejemplo de las manifestaciones a Amparo Cuevas, en El Escorial de Madrid:

“Rezad el santo Rosario todos los días. Con el santo Rosario, hijos míos, se arreglarán muchos problemas: espirituales y morales; nacionales e internacionales.” (El Escorial, 4/6/1988) Rezad el Santo Rosario, hijos míos; os pido que lo recéis en familia, pues no le dan importancia al Santo Rosario; pero Dios puede compadecerse de los hombres que rezan esta plegaria diariamente. Ahora que el Rosario desaparece de los hogares y de muchos lugares del mundo, Yo lo sigo pidiendo: ¡Rezad el Rosario con devoción, hijos míos! (El Escorial, 3/7/2000).

El mundo está así porque se ha olvidado de Dios, y muchas de mis almas, tan queridas por mi Corazón, están en un letargo y no trabajan para la gloria de Dios, trabajan para el mundo y sus vanidades. Se han olvidado de rezar el Santo Rosario, y el Santo Rosario, hijos míos, es muy importante porque puede parar una guerra, ganar una batalla, curar enfermedades, sanar almas. Es una plegaria tan hermosa, que a Dios le gusta que se rece. Hijos míos, no dejéis de rezar un solo día el Santo Rosario. Dios ha puesto a su Madre como Puerta del Cielo, como Refugio de los Pecadores, Madre de los Afligidos; por eso, os pido esta plegaria; es la favorita de Dios. El demonio rechaza a María, porque María es la Puerta que ha puesto Dios para entrar en el Cielo. Acudid a María, hijos míos, y Ella os llevará a Jesús. (El Escorial, 5/8/2000) Es necesario convencerse de que al Rosario hay que dedicarle un momento especial y privilegiado del día, para rezarlo con calma, con el corazón.

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II

Es la hora de la Eucaristía ¡Ave verum corpus natum de Maria Virgine!

Ya al abrirse las puertas de este tiempo suyo, Nuestra Señora, en la Capilla de la Rue du Bac de París, señalaba con suave ademán acudir al Sagrario para buscar las gracias y todo consuelo, como refiere Santa Catalina Laboré: “Ella me mostró con su mano izquierda el pie del altar y me recomendó de acercarme hasta aquí, abrir mi corazón, asegurándome que aquí encontraría los consuelos que necesito”. Y luego le dijo:

Venid al pie del altar, ahí las gracias serán derramadas sobre todas las personas que las pidieran con confianza y fervor: serán derramadas sobre grandes y chicos. (París, 27 /11/1830) Los pedidos de la Virgen en sus apariciones siempre tienen su culminación en el Sacrificio Eucarístico, la Comunión y la Adoración. Sin una vida plenamente eucarística no podríamos participar del triunfo prometido por Ella. Como dijimos, el Beato Juan Pablo II hizo un esfuerzo por el mantenimiento del culto de adoración, comenzando por introducir la adoración continuada en las cuatro Basílicas Patriarcales de Roma y restaurar en esa ciudad una Procesión de Corpus centenaria, que partiendo de la Basílica de San Juan de Letrán y recorriendo la Vía Merulana llega a Santa María la Mayor, en lugar de la que se realizó durante mucho tiempo rodeando internamente la Plaza San Pedro. En esa procesión, por orden expresa del Papa, los Cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas, novicios y acólitos deben llevar una vela encendida en la mano en señal de su fe en la Presencia Real. Mandato que se comprende sólo conociendo la historia que hemos tratado de resumir.

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El Santísimo Sacramento en la Custodia, para ser adorado por sus fieles, grabado antiguo El santo Pontífice obró respecto del culto eucarístico según una de las reglas de San Ignacio para rechazar las sugerencias que le llegaron inspiradas por el maligno: “opositum per diámetrum”, que significa oponerse diametralmente: No en parte o con concesiones, sino hacer con firmeza todo lo contrario a lo que sugiera satanás. En este sentido acompañó las iniciativas de los grandes santuarios marianos y de muchas comunidades que reaccionaron ante tal ataque, en la mayoría de los casos llevados maternalmente por mensajes de la Virgen en sus apariciones, también dedicó una Encíclica para resaltar el valor supremo de la Eucaristía en la Iglesia. Contemplar el rostro de Cristo, y contemplarlo con María, es el “programa” que he indicado a la Iglesia en el alba del tercer milenio (…) La Iglesia vive del Cristo eucarístico, de Él se alimenta y por Él es iluminada. La Eucaristía es misterio de fe y, al mismo tiempo, misterio de luz. Cada vez que la Iglesia la celebra, los fieles pueden revivir de algún modo la experiencia de los dos discípulos de Emaús: “Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron” (Lc 24, 31) (…) La Eucaristía, presencia salvadora de Jesús en la comunidad de los fieles y su alimento espiritual, es de lo más precioso que la Iglesia puede tener en su caminar por la historia. Así se explica la esmerada atención que ha prestado siempre al Misterio eucarístico, una atención que se manifiesta autorizadamente en la acción de los Concilios y de los Sumos Pontífices. ¿Cómo no admirar la exposición doctrinal de los Decretos sobre la Santísima Eucaristía y sobre el Sacrosanto Sacrificio de la Misa 216


promulgados por el Concilio de Trento? Aquellas páginas han guiado en los siglos sucesivos tanto la teología como la catequesis, y aún hoy son punto de referencia dogmática para la continua renovación y crecimiento del Pueblo de Dios en la fe y en el amor a la Eucaristía. En tiempos más cercanos a nosotros, se han de mencionar tres Encíclicas: la Mirae Caritatis de León XIII (28 de mayo de 1902), Mediator Dei de Pío XII (20 de noviembre de 1947) y la Mysterium Fidei de Pablo VI (3 de septiembre de 1965). Beato Juan Pablo II, Encíclica Ecclesia de Eucharistia, Jueves Santo 17 de abril de 2003, Año del Rosario. El menosprecio de la Eucaristía perdura, desgraciadamente. Son conocidos los esfuerzos actuales de Benedicto XVI por cortar los abusos litúrgicos. Por nuestra parte, debemos saber y vivir en la verdad pero también conocer los errores para rechazarlos.

La Institución de la Eucaristía Escribe el maestro de la vida eucarística, San Pedro Julián Eymard: El Jueves Santo, es decir, la víspera de su muerte, cuando instituyó el Sacramento adorable de la Eucaristía es el día más hermoso de la vida de Nuestro Señor, el día por excelencia de su amor y cariño. ¡Jesucristo se va a quedar perpetuamente en medio de nosotros! ¡Grande es el amor que nos demuestra en la Cruz; el día de su muerte nos manifiesta sin duda mucho amor; pero sus dolores acabarán, y el Viernes Santo no dura más que un día, en tanto que el Jueves Santo se prolonga hasta el fin del mundo! Jesús se ha hecho Sacramento de Sí mismo para siempre (…) Toma las apariencias de pan que se convierte en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, y de esta manera aunque no se le ve, se le posee (…) Jesucristo quiere darse a todos, aunque no todos quieren recibirlo. Algunos, sí, querrían aceptar este precioso don, pero no las condiciones de pureza y santidad que Él mismo les pone, y el poder de su malicia es tan grande que anula el legado divino. Admiremos las divinas invenciones del amor de Nuestro Señor Jesucristo. Sólo Él ha podido elegir esta forma de amor (…) Jesús muere contento dejándonos este Pan ¡y qué pan! Jesucristo confió esta herencia a los que constituyó tutores, los cuales la han conservado y administrado para entregárnosla. Dichos tutores son los Apóstoles, y entre ellos su Jefe indefectible; los Apóstoles la transmitieron a los sacerdotes, y éstos nos ponen en posesión de ella. Abren el testamento a nuestro favor, y nos entregan nuestra Hostia, consagrada ya en el pensamiento de Jesús la noche misma de la Cena, porque como para Jesucristo no hay pasado ni presente, ni futuro, nos conocía a todos muy bien como buen Padre y consagró en potencia y en deseo todas nuestras Hostias. Muchos siglos antes de nacer hemos sido amados personalmente por Jesús. La Misa es el acto más santo de toda la religión; nada tan glorioso para Dios ni tan provechoso para nuestras almas como oírla con piedad y con frecuencia. Ésta es la devoción privilegia da de los santos. San Pedro Julián Eymard, Obras Eucarísticas.

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Jesucristo se nos da todo en la Comunión. En ella lo recibimos a Él para gozar de su unión inefable, para alimentar nuestras almas hambrientas de Dios, como enseña Santo Tomás: Los sacramentos de la Iglesia se ordenan a socorrer al hombre en su vida espiritual. Ésta guarda paralelo con la vida corporal, por la similitud que lo corporal tiene con respecto a las cosas espirituales. Es claro que la vida del cuerpo requiere generación, con la que el hombre la recibe; crecimiento, con el que la lleva a su plenitud, y alimento, con el que la conserva. Y así como convino a la vida espiritual que hubiera Bautismo, que es una espiritual generación; Confirmación, que es crecimiento espiritual, convino así también que existiera el Sacramento de la Eucaristía, que es alimento espiritual. Santo Tomás, ST III, 73, 1, c El mismo Doctor Angélico nombra las principales características de la Sagrada Eucaristía, entre otras: “Es el sacramento de la unidad de la Iglesia”; en él “se realiza de manera especial la memoria de la Pasión del Señor”; no sólo tiende a la gracia sino que “la contiene plenamente”; “es el Sacramento más digno de todos”; “es el sacramento de la caridad”; es “el máximo sacramento” “es sacramento de piedad”; “merece gran reverencia”; “en este sacramento se contiene todo el misterio de nuestra salvación; por eso se celebra con mayor solemnidad que los demás”. Este Santísimo Sacramento viene en nuestra ayuda también contra los ataques del demonio, hoy feroces como nunca. Por ese motivo la Providencia de Dios nos mandó un San Pío X, “el Papa de la Eucaristía”, que restauró y recomendó vivamente la Comunión temprana de los niños y la Comunión diaria de todos, para fortificarnos de una manera inimaginable contra toda asechanza del mal, como lo afirmó San Juan Crisóstomo: “Volvemos de esa mesa como leones espirando llamas, haciéndonos terribles al mismo diablo. (S.T. III, 79, 6, c “Unde Chrysostomus dixit…” ) Por eso la Virgen Santísima no cesa de señalarnos la Misa y la Comunión como centro de nuestra vida cristiana. Así lo hace repetidamente en Lanús:

Recibid mi Luz (envió la luz de su Corazón) ¡Hijitos! La Misa debe ser el centro de vuestras vidas. Debéis sentir la necesidad de celebrarla como verdaderos hijos de Dios. Debéis tener una vida sacramental plena. Cuando recibís la Sagrada Comunión estáis recibiendo el Bendito Cuerpo y la Bendita Sangre de Cristo, por eso debéis prepararos para recibirlo. Por eso también os pido la conversión del corazón. No podéis recibir a Jesús llenos de pecados. Cuando os confeséis, debéis arrepentiros sinceramente porque si salís del confesionario igual que entrasteis, no tiene valor. Hijos, debéis comenzar a trabajar en vuestros corazones. Entregadme vuestros corazones a Mí, Vuestra Madre, para que Yo pueda obrar en vosotros, Conmigo y con mi Hijo no tenéis nada que temer. Amén. Amén.” (Lanús, 19/6/00)

La Misa se continúa en la Adoración a Jesucristo oculto en los Sagrarios o de manifiesto en los altares. Adoración breve o prolongada: Horas Santas, adoración continuada, y la plenitud de los homenajes al Señor después de la Misa, la Adoración Perpetua. El maligno y sus secuaces quisieron desplazar y aniquilar el Culto Eucarístico que había florecido en el siglo anterior, ahora, después de esa batalla con la Virgen a la cabeza, con San Miguel luchando a sus órdenes, está floreciendo un culto mayor, que debemos apoyar con todas nuestras fuerzas. En la gran batalla final que vivimos, la 218


Virgen nos dice que ésta es la hora de Jesús en la Eucaristía. Tiempo de asistir con mayor amor a la Misa, comulgar con el mayor fervor, acudir al Señor y visitarlo. Y prolongar las adoraciones. No podemos olvidar que “las batallas de Dios se ganan de rodillas”. Por eso cuando hablaba al Padre Gobbi y por su intermedio a los sacerdotes, “sus hijos predilectos”, decía:

Yo soy la Madre de la Adoración y la Reparación. Junto a cada Tabernáculo de la tierra está siempre mi presencia materna. (…) Hoy, mi Corazón de Madre está afligido y está profundamente herido porque veo que en torno a la Divina Presencia de Jesús en la Eucaristía hay tanto vacío, tanto abandono, tanto descuido, tanto silencio. Iglesia peregrina y sufriente, de quien soy Madre, Iglesia que eres familia de todos mis hijos, Arca de la Nueva Alianza, Pueblo de Dios, Tú debes comprender que el centro de tu vida, la fuente de tu gracia, el manantial de tu luz, el principio de tu acción apostólica se encuentran sólo aquí en el Tabernáculo donde está realmente custodiado Jesús:.. ( Al Padre Gobbi, Rubbio, Vicenza, 21 de agosto de 1987)

Mark Miravalle, padre de familia y mariólogo destacado, que encabeza el movimiento mundial Vox Populi Maria Mediatrici, suplicando el dogma de María Corredentora, nos exhorta a una vida verdaderamente eucarística y mariana: Nuestra Señora Corredentora nos llama cada día al Sacrificio y banquete Eucarístico. También llama a cada uno de nosotros a su lado, ya que también está presente en sentido real con su Hijo Eucarístico. Con Ella están los Ángeles en adoración perpetua hacia Dios. Debemos imitar a los Ángeles en esa adoración, puesto que nuestra primera llamada como criaturas es amar y adorar a nuestro Creador. Pero Dios también desea esto porque la adoración a la Eucaristía es el más grande remedio para los problemas de nuestros días, especialmente cuando la hacemos unida con el Rosario. En esa oración unificadora, tenemos el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús y el Corazón Inmaculado de María suplicando juntos la petición al Abba, Padre del Pueblo de Dios. Mark Miravalle STD, El dogma y el triunfo. Con ese pensamiento, volvamos a escuchar a San Pedro Julián: La adoración eucarística es el mayor triunfo de la Fe, porque es la sumisión entera de la razón del hombre a Dios. El ejercicio de la adoración comprende todas las verdades de la Fe a un mismo tiempo, y todos los misterios de la vida de Jesucristo, porque toda verdad y toda virtud de Jesucristo prepara, instituye o perpetúa el Reinado de la Divina Eucaristía. El Santísimo Sacramento es la última gracia y la última perfección de la verdad, es Jesús en su última forma de amor, de la que no saldrá sino para juzgar a los hombres y manifestar su gloria. Los adoradores participan de la vida y del oficio de adoración de María a los pies del Santísimo Sacramento que es ciertamente el oficio más hermoso y más santo. Es el más necesario para la Iglesia, que necesita más almas de oración que predicadores, más hombres de penitencia que de elocuencia. Hoy más que nunca hacen falta varones que con su propia 219


inmolación aplaquen la cólera de Dios, irritado por los crímenes siempre crecientes de las naciones. Hacen falta almas que con sus instancias vuelvan a abrir los tesoros de la Gracia cerrados por la indiferencia general. Hacen falta adoradores, esto es, hombres de fuego y sacrificio. Cuando éstos sean numerosos ante su divino Jefe, Dios será glorificado y Jesús amado, las sociedades se harán cristianas, serán conquistadas para Jesucristo por el apostolado de la adoración eucarística. San Pedro Julián Eymard, “Obras Eucarísticas”. En distintos lugares del mundo nuevamente reviven las Horas Santas, y se extiende la Adoración continuada y perpetua, que atrae los corazones con la reflexión de esta verdad: Si Jesús está allí presente, nosotros debemos estar con Él, no sólo un rato, sino siempre. Para eso esta obra maravillosa, precursora de tiempos florecientes de amor, es llevada al mundo por argentinos bajo la protección de nuestra Madre Vestida de Sol. Ella nos dice desde Salta:

Adorad el Santísimo Sacramento. Adoradlo con el corazón, con el alma y con todo el ser. Y así pedid con confianza y recibiréis mis amados hijos todo cuanto os falta para llegar a ser dignos hijos de Dios. Vivid vuestras vidas con el que es Infinito Amor, presente entre vosotros en la Sagrada Eucaristía. Acercaos a su Mesa y comed todos de Él. Amén. Amén. Amén. (Salta, 15/3/96) Como eco de las palabras de la Virgen Santísima, el Beato Papa Juan Pablo, al culminar la Encíclica citada, recuerda la celebración de sus Misas a lo largo de su sacerdocio, y escribiendo, pareciera “entonar” los versos del cántico por excelencia de nuestra fe en Jesucristo, nacido de María, vivo y presente en la Hostia consagrada: Dejadme, mis queridos hermanos y hermanas que, con íntima emoción, en vuestra compañía y para confortar vuestra fe, os dé testimonio de fe en la Santísima Eucaristía:

Ave, verum corpus natum de Maria Virgine, vere passum, immolatum, in cruce pro homine Aquí está el tesoro de la Iglesia, el corazón del mundo, la prenda del fin al que todo hombre, aunque sea inconscientemente, aspira. Misterio grande, que ciertamente nos supera y pone a dura prueba la capacidad de nuestra mente de ir más allá de las apariencias. Aquí fallan nuestros sentidos –“visus, tactus, gustus in te fallitur”, se dice en el himno Adoro te devote –, pero nos basta sólo la fe, enraizada en las palabras de Cristo y que los Apóstoles nos han transmitido. Dejadme que, como Pedro al final del discurso eucarístico en el Evangelio de Juan, yo le repita a Cristo, en nombre de toda la Iglesia y en nombre de todos vosotros: Señor, ¿donde quién vamos a ir? Solamente Tú tienes palabras de vida eterna (Jn 6, 68).” Beato Juan Pablo II, Encíclica Ecclesia de Eucharistia. Mark Miravalle nos ofrece “un símbolo de la batalla en la cual estamos envueltos”. 220


La victoria final ha sido asegurada. Nuestra Madre nos ha dicho que su Corazón Inmaculado triunfará. Ella no dijo que la victoria estaba condicionada. Definitivamente sucederá. Pero debemos recordar que, en la medida que no respondamos a sus llamados, muchas, muchas almas se perderán. Quiero darles unas imágenes simbólicas de esta batalla, de los dos lados opuestos. La naturaleza del primer lado puede ser vista como un acontecimiento trágico histórico de la Revolución Francesa. Durante el reino del terror, el hombre sin fe buscó rechazar a Dios y la autoridad de Dios, y pareció haber alcanzado temporalmente la victoria. El punto más alto de su depravación y matanza, los revolucionarios levantaron un altar a la diosa Razón: “¡La Razón es nuestro dios! Una idolatría en su forma más beligerante, donde vemos la prefiguración del materialismo del comunismo ateo. La filosofía comunista nos dice en palabras de Marx, citado por Schellmarcher: “Los filósofos han explicado el mundo. Esos filósofos dicen: No hay Dios. Por tanto, si queremos cambiar el mundo, debemos cambiarlo nosotros mismos”. Los frutos de esta ideología fueron vistos en muy pocos años, cuando José Stalin eliminó un número estimado de 30 millones de su propia población rusa durante la Gran Purga. Buscando usurpar la autoridad de Dios por medio de la exaltación del poder del hombre, hubo terribles sufrimientos y destrucción para el hombre. De igual manera la Masonería lleva a sus devotos a la idolatría del hombre bajo el disfraz de creer en Dios. El compromiso es el más nefasto ingrediente, la destrucción de la verdad, la belleza, la bondad y la fe. Dice así: “La autoridad es el mal, y el más grande mal es la autoridad representada en el Papa” En los días de su fundación, la Masonería enfocó su atención directamente contra la autoridad del Santo Padre. Y en nuestro siglo este ataque no ha cesado, aunque se ha vuelto más sutil en algunos aspectos. ¿No vemos en nuestra propia generación un cierto homenaje a la diosa Razón? Los más espantosos poderes tecnológicos jamás desarrollados en la historia de la humanidad han surgido en nuestros tiempos. Los poderes de la vida y la muerte que pertenecen únicamente a Dios mismo (…) Estos espantosos “desarrollos” están diciéndole al Padre Eterno: “No te necesitamos, podemos crearnos a nosotros mismos”. Y con el advenimiento de la era nuclear ahora tenemos el poder de destruir el planeta “Podemos destruirnos a nosotros mismos y todo lo que Tú has creado en esta tierra” El hombre ha usado los poderes de la razón dados por Dios, sin sumisión a sus leyes, y por tanto, como en la Revolución Francesa, una de las primeras víctimas es la razón misma. La segunda imagen, del lado opuesto, es Nuestra Santísima Madre, que es la antítesis absoluta del altar idolátrico de la razón. ¿Dónde la encontramos? La encontramos frente al altar del verdadero Dios, adorando a Jesús Eucarístico en el Santísimo Sacramento. En contraste con el ruido y la matanza de la revolución, encontramos el silencio amoroso y misericordioso. El silencio de esta adoración llama al Cielo del modo más poderoso que todo el clamor alrededor del altar de la diosa razón. Cuando rezamos con María frente a Jesús Eucarístico, estamos diciendo “El hombre no está primero; Dios está primero. La razón no está primero, la humildad está primero”. La idolatría de la razón es el hombre tan orgulloso que piensa que él es dios; la Eucaristía es Dios tan humilde que se hizo hombre, y se vació de sí mismo una vez más para volverse Sacramento. 221


Nuestro Jesús Eucarístico expuesto en la Custodia nos llama en silencio para que retornemos a Él, para entregar nuestra razón a la revelación de Dios. La adoración al Santísimo Sacramento es la más grande respuesta que los seres humanos pueden hacer al amor de Dios que ha sido derramado sobre el mundo. No debemos ser tentados por la adoración a la diosa razón; en su lugar, debemos ir al silencio del altar del único verdadero Dios, uniéndonos nosotros mismos con las incalculables legiones de Santos Ángeles y con Nuestra Santísima Madre, y ahí adorar con ellos a nuestro Dios y Salvador encarnado. Nuestra Madre, en el silencio de su Corazón Inmaculado, nos enseña cómo adorar “en espíritu y en verdad”. Su Corazón triunfante nos llevará al Corazón Eucarístico de Jesús triunfante. ¿Qué es lo que nos lleva a la adoración? La humildad de corazón, la humildad que nos dice: “Necesito a Dios, soy una criatura y Él es mi Creador. Nuestra tarea es ser simplemente dóciles, recibir, responder, venir a Él, descansar en el radiante silencio de su Presencia. Él hará el resto Él nos santificará. Ésta es la fuerza más poderosa del mundo, pero suave y oculta a nuestros sentidos. Podemos recordar el histórico momento en las Filipinas, cuando la dictadura injusta de Marcos amenazó con matar brutalmente muchos fieles filipinos. En lo peor de la crisis, el Cardenal Jaime Sin pidió a las órdenes religiosas orar, ordenó adoración eucarística perpetua para todas las comunidades contemplativas en todas las islas, hasta que terminara el conflicto. Muchos han testificado la naturaleza eucarística y mariana de la revolución pacífica en las Filipinas. El pueblo filipino sabe que todas las batallas contra el maligno deben ser libradas primeramente con la oración. Sus corazones estaban abiertos. Escucharon al Pastor y respondieron. Mark Miravalle STD, “El dogma y el triunfo”. En las apariciones de Salta la Inmaculada Madre une los pedidos de Consagración con el Rosario y la devoción a la Santísima Eucaristía:

Quiero reiterar mi pedido en este día tan especial, CONSÁGRENSE TODOS AL INMACULADO CORAZÓN DE MARIA porque mi Corazón Inmaculado triunfará y ustedes, los que se consagren, triunfarán con él; y conságrense a mi Corazón con el rezo diario del Santo Rosario. Ay mis hijitos, si supieran todo lo que reciben cuando rezan con devoción el Santo Rosario. ¡Alégrense en la esperanza los que se vuelven a Dios! Bendito y alabado sea el SACRATÍSIMO CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS Bendito y Alabado sea JESÚS EUCARISTÍA Bendita y alabada sea LA SANTÍSIMA TRINIDAD presente en la SAGRADA EUCARISTÍA. Amén Aleluya, Amén Aleluya. (Salta 25/9/1995, aniversario de sus apariciones en San Nicolás)

En otro aniversario suyo, el de Fátima del año siguiente, Nuestra Señora se presentó como “la Señora del Rosario”, escribía María Livia: Hoy tuve la siguiente visión: Vi una custodia con el Santísimo Sacramento, ella está en medio de una inmensa luz, multitud de Ángeles postrados en adoración la rodean 222


totalmente, a los pies vi un Rosario. Después de ésta visión vi a la Santísima Virgen toda vestida de blanco. Ella estaba en medio de la radiante luz que siempre la precede. Lleva puesta una corona de oro sobre la cabeza, sus manos juntas a la altura del pecho, y en ellas el Rosario que parece ser de oro. Su mirada permanece hacia abajo y dice:

Yo Soy la Reina del Santo Rosario, os pido Oración, Sacrificio y Penitencia para que baje a vosotros la Paz y Misericordia del Altísimo. Adorad a Jesús vuestro Dios, como lo adoran la multitud de Ángeles en el Cielo. Rezad el Santo Rosario todos los días, en desagravio por los ultrajes y sacrilegios con que se ofenden al Sacratísimo Corazón Eucarístico de Jesús y al Inmaculado Corazón de María. Orad con el corazón para que todos sean sanados espiritualmente. El inmenso AMOR DE DIOS se está prodigando a vosotros mis hijos. Atended a mis deseos y convertíos pronto (y separando sus manos dio la bendición) Os bendigo a todos. Amén. Amén. Amén. (Salta, 13/5/96) Los Papas y la Virgen nos piden lo mismo ¡Adorar al Señor! En su primera visita a la Basílica de San Pablo Extramuros, el Santo Padre Francisco hizo notar el significado que debe tener la adoración al Señor en nuestras vidas: El Evangelista subraya que “ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor” ( Jn 21,12). Y esto es un punto importante para nosotros: vivir una relación intensa con Jesús, una intimidad de diálogo y de vida, de tal manera que lo reconozcamos como “el Señor”. ¡Adorarlo! El pasaje del Apocalipsis que hemos escuchado nos habla de la adoración: miríadas de ángeles, todas las creaturas, los vivientes, los ancianos, se postran en adoración ante el Trono de Dios y el Cordero inmolado, que es Cristo, a quien se debe alabanza, honor y gloria (cf. Ap 5,11-14). Quisiera que nos hiciéramos todos una pregunta: Tú, yo, ¿adoramos al Señor? ¿Acudimos a Dios sólo para pedir, para agradecer, o nos dirigimos a él también para adorarlo? Pero, entonces, ¿qué quiere decir adorar a Dios? Significa aprender a estar con él, a detenerse a dialogar con él, sintiendo que su presencia es la más verdadera, la más buena, la más importante de todas. Cada uno de nosotros, en la propia vida, de manera consciente y tal vez a veces sin darse cuenta, tiene un orden muy preciso de las cosas consideradas más o menos importantes. Adorar al Señor quiere decir darle a él el lugar que le corresponde; adorar al Señor quiere decir afirmar, creer – pero no simplemente de palabra – que únicamente él guía verdaderamente nuestra vida; adorar al Señor quiere decir que estamos convencidos ante él de que es el único Dios, el Dios de nuestra vida, el Dios de nuestra historia. Esto tiene una consecuencia en nuestra vida: despojarnos de tantos ídolos, pequeños o grandes, que tenemos, y en los cuales nos refugiamos, en los cuales buscamos y tantas veces ponemos nuestra seguridad. Son ídolos que a menudo mantenemos bien escondidos; pueden ser la ambición, el hacer carrera, el gusto del éxito, el poner en el centro a uno mismo, la tendencia a estar por encima de los otros, la pretensión de ser los únicos amos de nuestra vida, algún pecado al que estamos apegados, y muchos otros. Esta tarde quisiera que resonase una pregunta en el corazón de cada uno, y que respondiéramos a ella con sinceridad: ¿He pensado en qué ídolo oculto tengo en mi vida que me impide adorar al Señor? Adorar es despojarse de 223


nuestros ídolos, también de esos más recónditos, y escoger al Señor como centro, como vía maestra de nuestra vida. Queridos hermanos y hermanas, el Señor nos llama cada día a seguirlo con valentía y fidelidad; nos ha concedido el gran don de elegirnos como discípulos suyos; nos invita a proclamarlo con gozo como el Resucitado, pero nos pide que lo hagamos con la palabra y el testimonio de nuestra vida en lo cotidiano. El Señor es el único, el único Dios de nuestra vida, y nos invita a despojarnos de tantos ídolos y a adorarle sólo a él. Anunciar, dar testimonio, adorar. Que la Santísima Virgen María y el Apóstol Pablo nos ayuden en este camino, e intercedan por nosotros. Santo Padre Francisco , Homilía del IIIer Domingo de Pascua en la Basílica San Pablo Extramuros, 14 de abril de 2013. Adoración al Santísimo Sacramento y rezo del Rosario, dos prácticas de nuestra fe católica que no se pueden separar, para desagraviar los Sacratísimos Corazones de Jesús y de María. El triunfo vendrá , sin lugar a dudas, por la devoción a la Eucaristía y la Virgen , impulsadas por el Papa, Cabeza visible de la Iglesia, que nos preservan de todos “los errores de Rusia” que, habiendo sido “esparcidos por el mundo”, como lo anunciara la Virgen en Fátima, han crecido y se han convertido en un aluvión amenazante, pero que no podrán contra la Iglesia aferrada a esas devociones que sólo ella, la verdadera Iglesia, las tiene.

III

El sueño de las dos columnas, de Don Bosco Los tres amores blancos del católico: La Eucaristía, la Inmaculada y el Papa Cardenal Segura, de Madrid

Y aquí parece que debemos recordar el famoso sueño de Don Bosco, llamado “de las dos columnas”:“Os quiero contar un sueño, dijo una noche a sus jóvenes, Es cierto que el que sueña no razona; con todo, yo os contaría a Vosotros hasta mis pecados si no temiera que salieran huyendo asustados, o que se cayera la casa. Este sueño lo tuve hace algunos días y se los voy a contar para vuestro bien espiritual. Figúrense que están conmigo a la orilla del mar, o mejor, sobre un escollo aislado, desde el cual no ven más tierra que la que tienen debajo de los pies. En toda aquella superficie líquida se ve una multitud incontable de naves dispuestas en orden de batalla, cuyas proas terminan en un afilado espolón de hierro a modo de lanza que hiere y traspasa todo aquello contra lo cual llega a chocar. Dichas naves están armadas de cañones, cargadas de fusiles y de armas de diferentes clases; de material incendiario y también de libros (hoy se diría: televisión, radio, internet, cine, teatro, prensa), y se dirigen contra otra embarcación mucho más grande y más alta, intentando clavarle el espolón, incendiarla o al menos hacerle el mayor daño posible. A esta majestuosa nave, provista de todo, hacen escolta numerosas navecillas que de ella reciben las órdenes, realizando las oportunas 224


maniobras para defenderse de la flota enemiga. El viento le es adverso y la agitación del mar favorece a los enemigos. En medio de la inmensidad del mar se levantan, sobre las olas, dos robustas columnas, muy altas, poco distante la una de la otra. Sobre una de ellas luce la estatua de la Virgen Inmaculada, a cuyos pies se ve un amplio cartel con esta inscripción: Auxilium Christianorum. Sobre la otra columna, que es mucho más alta y más gruesa, hay una Hostia de tamaño proporcionado al pedestal y debajo de ella otro cartel con estas palabras: Salus credentium. El comandante supremo de la nave mayor, que es el Romano Pontífice, al apreciar el furor de los enemigos y la situación apurada en que se encuentran sus leales, piensa en convocar a su alrededor a los pilotos de las naves subalternas para celebrar consejo y decidir la conducta a seguir. Todos los pilotos suben a la nave capitaneada y se congregan alrededor del Papa. Celebran consejo; pero al comprobar que el viento arrecia cada vez más y que la tempestad es cada vez más violenta, son enviados a tomar nuevamente el mando de sus naves respectivas. Restablecida por un momento la calma, el Papa reúne por segunda vez a los pilotos, mientras la nave capitana continúa su curso; pero la borrasca se torna nuevamente espantosa. El Pontífice empuña el timón y todos sus esfuerzos van encaminados a dirigir la nave hacia el espacio existente entre aquellas dos columnas, de cuya parte superior todo en redondo penden numerosas áncoras y gruesas argollas unidas a robustas cadenas. Las naves enemigas se disponen todas a asaltarla, haciendo lo posible por detener su marcha y por hundirla. Unas con los escritos, otras con los libros, con materiales incendiarios de los que cuentan gran abundancia, materiales que intentan arrojar a bordo; otras con los cañones, con los fusiles, con los espolones: el combate se torna cada vez más encarnizado. Las proas enemigas chocan contra ella violentamente, pero sus esfuerzos y su ímpetu resultan inútiles. En vano reanudan el ataque y gastan energías y municiones: la gigantesca nave prosigue segura y serena su camino. A veces sucede que por efecto de las acometidas de que se le hace objeto, muestra en sus flancos una larga y profunda hendidura; pero apenas producido el daño, sopla un viento suave de las dos columnas y las vías de agua se cierran y las brechas desaparecen. Disparan entretanto los cañones de los asaltantes, y al hacerlo revientan, se rompen los fusiles, lo mismo que las demás armas y espolones. Muchas naves se abren y se hunden en el mar. Entonces, los enemigos, encendidos de furor comienzan a luchar empleando el arma corta, las manos, los puños, las injurias, las blasfemias, maldiciones, y así continúa el combate. Cuando he aquí que el Papa cae herido gravemente. Inmediatamente los que le acompañan acuden a ayudarle y le levantan. El Pontífice es herido una segunda vez, cae nuevamente y muere. Un grito de victoria y de alegría resuena entre los enemigos; sobre las cubiertas de sus naves reina un júbilo indecible. Pero apenas muerto el Pontífice, otro ocupa el puesto vacante. Los pilotos reunidos lo han elegido inmediatamente; de suerte que la noticia de la muerte del Papa llega con la de la elección de su sucesor. Los enemigos comienzan a desanimarse. El nuevo Pontífice, venciendo y superando todos los obstáculos, guía la nave hacia las dos columnas, y al llegar al espacio comprendido entre ambas, la amarra con una cadena que pende de la proa a un áncora de la columna que ostenta la Hostia; y con otra cadena que pende de la popa la sujeta de la parte opuesta a otra áncora colgada de la columna que sirve de pedestal a la Virgen Inmaculada. Entonces se produce una gran confusión. 225


Todas las naves que hasta aquel momento habían luchado contra la embarcación capitaneada por el Papa, se dan a la huida, se dispersan, chocan entre sí y se destruyen mutuamente. Unas, al hundirse, procuran hundir a las demás. Otras navecillas que han combatido valerosamente a las órdenes del Papa, son las primeras en llegar a las columnas donde quedan amarradas. Otras naves, que por miedo al combate se habían retirado y que se encuentran muy distantes, continúan observando prudentemente los acontecimientos, hasta que, al desaparecer en los abismos del mar los restos de las naves destruidas, bogan aceleradamente hacia las dos columnas, llegando a las cuales se aseguran a los garfios pendientes de las mismas y allí permanecen tranquilas y seguras, en compañía de la nave capitana ocupada por el Papa. En el mar reina una calma absoluta. Al llegar a este punto del relato, San Juan Bosco preguntó al Beato Miguel Rúa: —¿Qué piensas de esta narración? El Beato Miguel Rúa contestó: —Me parece que la nave del Papa es la Iglesia de la que es Cabeza: las otras naves representan a los hombres y el mar al mundo. Los que defienden a la embarcación del Pontífice son los leales a la Santa Sede; los otros, sus enemigos, que con toda suerte de armas intentan aniquilarla. Las dos columnas salvadoras me parece que son la devoción a María Santísima y al Santísimo Sacramento de la Eucaristía. El Beato Miguel Rúa no hizo referencia al Papa caído y muerto y San Juan Bosco nada dijo tampoco sobre este particular. Solamente añadió: —Has dicho bien. Solamente habría que corregir una expresión. Las naves de los enemigos son las persecuciones. Se preparan días difíciles para la Iglesia. Lo que hasta ahora ha sucedido es casi nada en comparación a lo que tiene que suceder. Los enemigos de la Iglesia están representados por las naves que intentan hundir la nave principal y aniquilarla si pudiesen. ¡Sólo quedan dos medios para salvarse en medio de tanto desconcierto! Devoción a María Santísima; frecuencia de Sacramentos: Comunión frecuente, empleando todos los recursos para practicarlos nosotros y para hacerlos practicar a los demás siempre y en todo momento. ¡Buenas noches!” Las conjeturas que hicieron los jóvenes sobre este sueño fueron muchísimas, especialmente en lo referente al Papa; pero Don Bosco no añadió ninguna otra explicación.” Relato de Don Bosco a sus alumnos, 30 de mayo de 1862 –

Memorias Biográficas de San Juan Bosco, Tomo VII, págs. 169-171.

226


IV

Multiplicación de las Apariciones En 1830, en la rue du Bac de París, se inició una larga cadena de apariciones de la Virgen con el anuncio de la decisiva entrada de la Virgen María en el corazón de las hostilidades entre Ella y el demonio, como está descrito en la Biblia, en los libros del Génesis y del Apocalipsis. Cardenal Iván Días, Legado Papal en Lourdes

Volvemos a la homilía del Cardenal Iván Días en Lourdes, invistiendo su carácter de Legado Papal en el Jubileo por el 150º aniversario de las apariciones de Nuestra Señora -es decir hablando en nombre y representación del Papa Benedicto XVI- en la que describió con mucha claridad estos tiempos de la lucha de la Mujer Vestida de Sol: Queremos recordar con gratitud y afecto las apariciones que tuvieron lugar aquí en 1958. Buscamos oír juntos los latidos del Corazón materno de nuestra querida Madre celestial, recordar sus palabras y escuchar el mensaje que nos propone aún hoy. Conocemos bien la historia de estas apariciones. La Santísima Virgen bajó del cielo como una madre muy preocupada por sus hijos e hijas que vivían en el pecado, lejos de su Hijo Jesús. Apareció en la Gruta de Massabielle que entonces era una ciénaga donde pacían los cerdos, y es precisamente en ese lugar donde quiso hacer construir un santuario para mostrar que la gracia y la misericordia de Dios han de prevalecer sobre la miserable ciénaga de los pecados humanos. En el lugar próximo a las apariciones, la Virgen hizo brotar una fuente de agua abundante y pura, que los peregrinos beben y llevan al mundo entero con mucha devoción, significando así el deseo de nuestra afectuosa Madre de hacer extender su amor y el saludo de su Hijo hasta los confines de la tierra. En fin, desde esta bendita Gruta la Virgen María ha lanzado una apremiante llamada a todos a rezar y hacer penitencia para obtener la conversión de los pobres pecadores. Se nos puede preguntar: ¿qué significado puede tener hoy para nosotros el mensaje de Nuestra Señora de Lourdes? Deseo situar estas apariciones en el contexto más amplio de la lucha permanente y feroz existente entre las fuerzas del bien y del mal desde el comienzo de la historia de la humanidad, en el jardín del Paraíso, y que continuará hasta el fin de los tiempos. Las apariciones de Lourdes se hallan, en efecto, entre las primeras de la larga cadena de apariciones de la Virgen que se inició 28 años antes, en 1830, en la Rue du Bac, en París, con el anuncio de la decisiva entrada de la Virgen María en el corazón de las hostilidades entre Ella y el demonio, como está descrito en la Biblia, en los libros del Génesis y del Apocalipsis. La Medalla, llamada Milagrosa, que la Virgen hizo grabar en esa circunstancia la representaba con los brazos abiertos de donde salían rayos luminosos, que significaban las gracias que distribuía al mundo entero. Sus pies se posaban sobre el globo terrestre y aplastaban la cabeza de la serpiente, el diablo, indicando la victoria que la Virgen lograba sobre 227


el Maligno y sobre las fuerzas del mal. En torno a la imagen se leía la invocación: “Oh María, concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a ti”. Es de notar que esta gran verdad de la Concepción Inmaculada de María haya sido afirmada allí 24 años antes que el Papa Pío IX la definiera como dogma de fe (1854): Cuatro años más tarde aquí en Lourdes, nuestra Señora quiso Ella misma revelar a Bernadette que era la Inmaculada Concepción. Después de las apariciones de Lourdes, la Santísima Virgen no ha dejado de manifestar su viva preocupación materna por la suerte de la humanidad en sus diversas apariciones en el mundo entero. En todas partes, ha pedido oración y penitencia por la conversión de los pecadores, pues Ella preveía la ruina espiritual de algunos países, los sufrimientos que el Padre Santo tendría que padecer, el debilitamiento general de la fe cristiana, las dificultades de la Iglesia, el ascenso del Anticristo y sus tentativas para reemplazar a Dios en la vida de los hombres: tentativas que, a pesar de sus fulgurantes éxitos, estarían sin embargo destinadas a fracasar. Aquí, en Lourdes, como por todas partes en el mundo, la Virgen María está tejiendo una inmensa red de hijos e hijas espirituales para lanzar una fuerte ofensiva contra las fuerzas del Maligno, para encerrarlo y preparar así la victoria final de su divino Hijo, Jesucristo. La Virgen María nos invita hoy una vez más a formar parte de su legión de combate contra las fuerzas del mal. Como señal de nuestra participación en su ofensiva, pide entre otras cosas la conversión del corazón, una gran devoción a la Sagrada Eucaristía, la recitación diaria del Rosario, la oración incesante y sin hipocresía, la aceptación de los sufrimientos por la salvación del mundo. Esto podría parecer que son pequeñas cosas, pero son poderosas en las manos de Dios, para quien nada es imposible. Como el joven David que, con una pequeña piedra y una honda, abatió al gigante Goliat que fue a su encuentro armado con una espada, una lanza y una jabalina (1 Sam 17,4-51), también nosotros, con las pequeñas cuentas de nuestro Rosario, podremos hacer frente a los asaltos de nuestro temible adversario y vencerlo. La lucha entre Dios y su enemigo causa siempre estragos, hoy todavía más que en el tiempo de Bernadette, hace ciento cincuenta años. Porque el mundo se encuentra terriblemente sumergido en la ciénaga de un secularismo que quiere crear un mundo sin Dios; de un relativismo que sofoca los valores permanentes e inmutables del Evangelio; y de una indiferencia religiosa que sigue imperturbable frente al bien superior de las cosas que conciernen a Dios y a la Iglesia. Esta batalla causa innumerables víctimas en nuestras familias y entre los jóvenes. (…) Cardenal Iván Días, Legado Papal a las celebraciones

del jubileo del 150º aniv de las Ap. de Lourdes, 8 de dic. De 2008, homilía de la Misa.

La Mujer Vestida de Sol ya está luchando, y sabemos que vencerá y aplastará la cabeza de la serpiente, como lo sentenció el Altísimo en el Paraíso. Victoria que quiere sea nuestra también, ganada con los rezos incansables, cada día más fervientes de su Rosario, el arma invencible de todos los tiempos. A medida que pasa el tiempo las apariciones se multiplican, y a ellas se agregan otros signos de su solicitud, como las lacrimaciones, las mociones en lo más íntimo de nuestros corazones, y también el uso que Ella hace con su poder sin límites, de las “causas segundas”. Todas esas manifestaciones, aún teniendo el mismo doble objetivo: la Gloria de Dios y la salvación de las almas, nos sorprenden con una nueva dulzura en sus palabras, una nueva belleza, una nueva muestra de su indecible amor. 228


Todos sabemos que sus manifestaciones de estos tiempos, llamados “los últimos” traen advertencias que a veces son de suma gravedad, pero siempre nos dejan la paz como sólo Ella sabe y puede dar: La paz de su Hijo el Señor. Y agrega, como buena Madre, gracias que no sospechábamos, y que no merecemos. Nadie ignora que el mundo está mal, y que la Iglesia sufre penosa crisis por el pecado, que, como decía el Santo Padre en Fátima, el pecado nos persigue desde dentro de ella misma. Por eso mismo, Monseñor Laurentín, experto máximo en apariciones marianas ha titulado uno de sus libros: "Multiplication des apparitions de la Vierge aujourd' hui" (Multiplicación de las aparaciones de la Virgen de hoy día). ¿Cómo poder seleccionar algunas para mencionarlas en este trabajo, sin menospreciar otras no menos valiosas? Teniendo en cuenta que éste no es un libro sobre apariciones, pero que debe tenerlas en cuenta, tomamos algunos ejemplos de distintos y distantes lugares del mundo, que muestran la solicitud de Nuestra Señora. En nuestro país:

María del Rosario de San Nicolás A partir de 1983 se apareció la Virgen en San Nicolás de los Arroyos, Provincia de Buenos Aires, a Gladys Quiroga de Motta, en medio de una crisis nacional de la cual no hemos podido salir aún, y le dice: “Soy la Patrona de esta región”. La Virgen ha venido a convertir corazones y catequizar a su pueblo por medio del Rosario ¿Qué hubiese sido de nosotros sin su intervención maternal? Las multitudes se congregaron en torno a esa Imagen, que rescató del olvido, bendecida 100 años atrás por León XIII, el Papa del Rosario, y que desde entonces es llevada en procesión los 25 de cada mes, siempre presididas por el Obispo. Pasaron tres por esa Diócesis. El último, Monseñor Héctor Cardelli, la coronó solemnemente ante una multitud de nicoleños y peregrinos de todo el país y vecinos, el 25 de mayo de 2009. Fue la verdadera celebración del bicentenario, realizada providencialmente a sus puertas, como que el Señor quiso mostrar que su Madre, en las indecibles advocaciones de la Patria, es la verdadera Reina y Señora de la Argentina. Debemos decir aquí que mientras escribimos se conoce la noticia, que conmueve al país, del robo sacrílego de las Coronas de la Virgen y el Niño, y el Rosario de madera que Ella quiso en su Imagen, bendecido por Juan Pablo II. No hay palabras para expresar nuestro dolor. Pereciera que el maligno, así como mueve a gobernantes y dirigentes a arrancar la fe de nuestra Patria, también se ensaña con las imágenes de Nuestra Señora, la Mujer que lo vencerá en un día no lejano.

María del Rosario de San Nicolás trajo un objetivo preciso: Hacer comprender el misterio de la Alianza con Dios y restaurarla con la Consagración a Ella, que “le cabe como Misión propia, ya que Dios la ha erigido como símbolo y medio de ella, en el momento de la Anunciación, cuando el Ángel Gabriel la saluda como la nueva Arca de la Alianza (Lc 28-35) en la que Dios quiere habitar entre los hombres” explica Monseñor Laurentín. Y continúa: “El prólogo del Evangelio de Juan lo confirma: ‘ Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros’” . La Virgen pide “que se renueven los lazos con Ella y la construcción del Santuario, que va a simbolizar esa Alianza”. He aquí su pedido: Quiero que mis hijos Consagrados le den a la Madre cuanto Ella pide: Dedicarle la oración por lo menos una hora diaria. Comulgar diariamente. Ser humildes. Estar al total servicio de María. Agradecer a Dios cada día 229


vivido como Consagrado Estar unido al Amor del Hijo. Pedir la Gracia de vivir bajo la Luz del Espíritu Santo. La Consagración debe ser hecha en un día especial de la Madre. Es ésta la Consagración que pido en mi Santuario. (San Nicolás 2/2/90)

La Inmaculada Madre del Divino Eucarístico de Jesús, Salta. Nuestra Señora se aparece también en Salta, llamada la “Capital de la Fe” en nuestro país, sin duda porque es escenario desde siglos de una celebración maravillosa en honor del Señor Crucificado y la Virgen Inmaculada: “El Milagro”. Una de las más antiguas y fervorosas de América, y tal vez del mundo. En un principio, la Virgen se le apareció a María Livia en distintas advocaciones, pero desde el día de la Virgen del Milagro, el 13 de septiembre de 1996, mostró cómo quiere ser llamada y venerada: La Inmaculada Madre del Divino Eucarístico de Jesús . María Livia la vio hermosísima, arrodillada ante la Sagrada Hostia, que aparece en lo alto, en medio de una estrella que es precisamente la que figura en el escudo de Salta. Cada sábado una muchedumbre se reúne en uno de los tres cerritos. Allí se reza el Rosario al promediar el día, aunque los peregrinos llegan desde la mañana temprano. En lo alto, una encantadora ermita con la Santa Imagen, en torno a esa cumbrecita un paisaje de belleza excepcional, con la ciudad a los pies. Allí no se habla, ni se come, ni se fuma. No se pide dinero ni se lo acepta. No se vende absolutamente nada. Sólo se bebe agua mineral que ofrecen los servidores, todos amables, consagrados al servicio de la Virgen. En ese ambiente de recogimiento, todo ayuda a rezar, meditar y estar con Dios. Luego del Rosario la oración de intercesión que hace María Livia. Conversiones y paz. Mucha paz da la visita al Cerro. Los mensajes que se han publicados traen un llamado a la adoración y la oración. El Santísimo está en el centro de todo, junto con el Rosario Los anuncios son duros, porque dicen lo que se nos viene. Esos mensajes los ha permitido Monseñor Blanchoud, El actual Arzobispo, Monseñor Cagnelo ha pedido que no se den más mensajes hasta que no los estudie. Si se nos permite, y con respeto filial, pedimos desde aquí su publicación. Los acontecimientos se están precipitando… No se trata de vana curiosidad, sino de querer escuchar a la Virgen, que para eso viene en auxilio de sus hijos, y les da sus mensajes. La Virgen Santísima quiere que partiendo desde la Argentina, se realice un movimiento de evangelización mundial que difunda la Consagración el Divino Corazón Sacratísimo de Jesús y al Inmaculado Corazón de María. Este apostolado eucarístico nos hace pensar en que las apariciones del cerrito son una gracia que nos llega desde el Congreso Eucarístico Internacional de 1934, realizado en Buenos Aires, el más grande de la historia de la Iglesia.

Santa María del Espíritu Santo, Lanús En Lanús, al lado mismo de nuestra Capital, se apareció la Virgen Santísima a Marcia, después de cumplir 16 años, siendo el día 21 de Julio de 1999 a las 7 de la mañana. Hoy su Imagen está entronizada en varios templos de esa zona y también en Cochabamba, Bolivia, a pedido del Obispo, que recibió la Imagen con un decreto de aprobación de su Culto. En Lanús la Virgen se manifestó como Santa María del Espíritu Santo, porque su objetivo es hacer un llamado a la devoción al Divino Paráclito. Por otra parte, y como en no pocas ocasiones de distintos lugares, Nuestra Señora viene con San Miguel, el Arcángel del Apocalipsis. Y ya desde el primer día dice que quiere que nos preparemos para la venida del Señor. Más tarde, en uno de 230


sus mensajes, da a conocer su nombre y sus directivas, comenzando por reiterar el amor que la trae a nosotros:

Hijitos, os amo y estoy entre vosotros. Aprovechad este tiempo de gracia. YO SOY LA INMACULADA ESPOSA DEL ESPÍRITU SANTO. Pedid a Dios diariamente la Bendición y orad para que el Espíritu Santo ablande los corazones de todos mis hijos. EL ESPÍRITU SANTO SERÁ EL QUE RENUEVE LA FAZ DE LA TIERRA. Amén . Amén. (Lanús, 4/1/2001) La Virgen pidió elegir un “lugar abierto” para que puedan ir todos sus hijos. Es así como en la actualidad se realizan en lo que era un “espacio ecológico” del barrio, convertido en “La placita de la Virgen”. Allí tampoco se vende, ni se come, ni se pide, ni acepta dinero. Los días 7 de cada mes se realiza una jornada especial, cuando la Virgen se hace presente espiritualmente para colmar de gracias y bendiciones. Los asistentes manifiestan una piedad admirable, sin afectaciones. El Rosario se reza pausadamente. El silencio se hace imponente cuando los relojes van marcar la hora de María: las cinco. Entonces sienten gozo y consuelo, y la virtud de su suave presencia. Sigue la Misa, en la que los sacerdotes predican catequizando con entusiasmo, mostrando una fervorosa piedad mariana. Se canta y a veces se llora -discretamente- de dolor, por las penas que llevan a los pies de la Madre, por los seres queridos que no creen. De alegría, por las gracias recibidas, o simplemente de emoción por estar con la Madre de Dios, y de todos. Esto se cumple con calores sofocantes o en días de fríos rigurosos. Si de pronto llueve, simplemente se abren paraguas, los que tienen, o se cubren con algo. Nadie se va, todos siguen rezando, con una serenidad que atrae a los indiferentes. Muchos llevan rosas al Señor y su Madre, que son honrados en sendas Imágenes: el Señor en una cruz de impresionante realismo, pedida por Él mismo para que comprendamos -algo al menos- cuánto sufrió por nosotros. Los pétalos de esas rosas se distribuyen a los devotos, especialmente a los enfermos. La Virgen está representada en una preciosa Imagen protegida por cristales. Se la ha representado como se aparece, mostrando su Inmaculado Corazón al que se acerca una blanca paloma que simboliza el Espíritu Santo. Sus manos abiertas nos dicen que nos espera, que nos ofrece sus gracias, que está pronta a tomar las nuestras para darnos fortaleza. “El Señor y la Virgen, en sus mensajes han desarrollado una pedagogía tendiente a la salvación de nuestra alma”, leemos en el libro de Mensajes. Con un lenguaje sencillo, preciso, lleno de ternura y misericordia. Nos piden el cumplimiento de los Mandamientos, orar por las conversiones, la paz del mundo, los enfermos, los moribundos y las almas del Purgatorio. También nos piden que se oren mediten los 20 Misterios del Rosario. Ellos nos enseñan que el Santo Rosario es el arma más poderosa contra el maligno, y que el ayuno tiene el poder de detener guerras y suspender las leyes naturales. Nos piden, en fin, que hagamos de la Misa el centro de nuestras vidas, y que reconozcamos la Presencia Real y verdadera de Jesucristo en la Eucaristía. Él mismo nos advierte que no se debe comulgar con nuestras manos, “porque lo lastiman” El Obispo de Avellaneda Lanús, Monseñor Frascia, luego de los estudios del caso, envió primeramente sacerdotes a confesar, y un par de meses después concedió la celebración de la Misa, a la que sigue la adoración al Santísimo Sacramento. Un signo importante: La inmensa cantidad de confesiones. Los sacerdotes que asisten son devotísimos de la Virgen, y han ganado el afecto de la concurrencia. El equipo de servidores hace honor a tal nombre. Seguramente ningún rey de la tierra pudo tener 231


una corte tan fiel. Testimonio que ofrece la Iglesia al mundo incrédulo. Todo contribuye a que cada encuentro se convierta en una verdadera jornada de espiritualidad, donde se “siente con la Iglesia”. Algunas de las más célebres en el mundo:

María, Rosa Mística, Montichiari, Italia Era la primavera del año 1947 cuando comenzó a aparecerse la Virgen Santísima en Montichiari, en el norte de Italia. En esta ocasión, la privilegida fue Pierina Gilli, enfermera. La Nuestra Señora se le apareció con el nombre de Rosa Mística en una sala del hospital. Hermosísima, la Virgen vestía una túnica morada y cubría su cabeza con un velo blanco. Tenía en el pecho tres espadas. Su rostro celestial estaba triste y deramaba lágrimas que llegaban al suelo. Cuando abrió sus dulces labios dijo: “Oración, penitencia, reparación”. La Virgen estaba de gran duelo por las almas de los consagrados que vivían en pecado o que abandonaban su santa vocación. Eso comenzó a ocurrir durante el Pontificado de Pablo VI, nacido a unos 20 km de allí, en Brescia. Este Papa derramó abundantes lágrimas y sudores de dolor por todas las desersiones de sacerdotes y religiosos, uno de los motivos que le obligaron a denunciar que “el humo de satanás había entrado en la Iglesia”. Esa crisis sigue hasta ahora. Por lo tanto, esta devoción está más vigente que nunca. El 13 de junio la Virgen mostró su Corazón, tal como hizo en Fátima en la misma fecha de1917. Esta vez venía vestida de blanco y en vez de las espadas traía una rosa roja, una blanca y una dorada. Pierina le preguntó quién era, y Ella repondió:

Soy la Madre de Jesús y de todos vosotros. Nuestro Señor me envía para instaurar una nueva devoción mariana en todos los institutos masculinos y femeninos, en los conventos de religiosas y en todos los sacerdotes. Yo les prometo que si me veneran de esa manera especial gozarán particualrmente de mi protección, habará florecimiento de vocaciones y menos deserciones, y una gran santidad en sus miembros. Deseo que el día13 se consagre como día mariano y los doce días precedentes sirvan de preparación con oraciones especiales.” Su rostro se iluminó de alegría y continuó “En ese día derramaré sobreabundancia de gracias y santidad sobre quienes así me hubieran honrado”. (Nótese que el 13 de julio es el día en que la Virgen anunció su gran Mensaje, con el Secreto de tres partes, en el cual se habla de las deserciones y rebeldías sacerdotales y religiosas, y de los castigos que vendrían sobre el mundo si no atendieran a sus pedidos, diciendo, al final de la parte del secreto no conocidaz: “ por fin, mi Corazón Inaculado triunfará, el Santo Padre meconsagrará a Rusia que se convertirá, y el mundo tendrá un tiempo de paz”) Luego le explicó el significado de las tres espadas: La primera sigifica la pérdida culpable de la vocación sacerdotal o religiosa. La segunda espada, la vida en pecado mortal de personas consagradas a Dios, la tercera espada la traición de personas que al abandonar la vocación pierdan también la fe y se conviertan en enemigos de la Iglesia. La rosa blanca significa la vida de oración, la roja reparación, y la dorada el espíritu de penitencia. El 22 de ese mes la Virgen pide la Hora de Gracia en la fiesta de la Inmaculada de cada año a las 12 del mediodía, prometiendo grandes gracias a quienes la realicen piadosamente en las iglesias o en los hogares. El 8 de diciembre de ese año, con una 232


multitud reunida en la iglesia, dijo: Yo soy la Inmaculada Concepción” “Yo soy la Madre de la gracia”, es decir “la Llena de gracia” En 1966 comienza una segunda etapa de estas apariciones en Fontanelli, un campo de Monttechiari. Luego de un anuncio a Pierina, la Virgen se apareció el Domingo in albis 17 de abril. Poco después del mediodía la Virgen se apareció y dijo:

Mi divino Hijo Jesús con todo amor me mandó para dar un poder milagroso de curación a esta fuente. En señal de penitencia y purificación besa, de rodillas, el peldaño superior... Ahora baja un poco más siempre de rodillas y besa otra vez el peldaño. Le mandó besar las gradas y levantar allí una Cruz. Y agregó: Que los enfermos y todos mis hijos pidan ante todo perdón a mi divino Hijo. Besen con mucho amor la cruz y luego saquen agua de la fuente y beban . Y luego:

Toma barro en las manos y luego lávate. Esto te debe mostrar como el pecado es lodo y suciedad en el corazón de mis hijos pero sí se bañan con el agua de la gracia, las almas quedan purificadas y otra vez dignas de la amistad de Dios. La Virgen tocó la fuente en dos lugares y dijo:

Es preciso que se haga conocer a todos mis hijos los deseos de mí Hijo Jesús, comunicados en 1947 y los mensajes que di en la Iglesia de Montichiari. Deseo que los enfermos y todos mis hijos acudan a esta fuente milagrosa. Tu misión está en este lugar en medio de los enfermos y de quienes necesiten de tu ayuda. Al elevarse abrió majestuosamente los brazos, a cuyo impulso se desplegó y extendió su manto que ocupó un espacio inmenso. Cobijadas por el manto, hacía la derecha, aparecieron la iglesia de Montichiari y la fortaleza o Castillo de María. La Madre de Dios repitió: Deseo que los enfermos y todos mis hijos, vengan aquí a la fuente de la gracia". Su maravillosa sonrisa fue la rúbrica de sus palabras, mientras seguía elevándose hasta perderse en el cielo. Una segunda aparición en Fontanelli tuvo lugar el 13 de mayo de 1966. Allí dijo:

La noticia de mí venida aquí a la fuente debe ser conocida y difundida por todas partes. Pierina le expuso algunas dificultades, y la Virgen respondió de esta manera:

Mi divino Hijo es todo amor, pero el mundo va hacia la ruina. Yo he alcanzado una vez mas misericordia y vengo a Montichiari para prodigar las gracias de su amor, pero para salvar a la humanidad se necesita oración, sacrificio y penitencia. Después señaló la fuente hacia la derecha y mandó que se construya un baño para que se puedan sumergir los enfermos, y señalando la izquierda dijo que esa otra aprte de la fuente debía ser destinada para beber. Y ante una pregunta de Pierina, la Virgen respondió que la fuente debía llamarse“Fuente de la Gracia” 233


El 19 de mayo de 1979, la Virgen le pidió a Pierina la acuñación de su Medalla:

Haz de acuñar una medalla según este modelo: por un lado "Rosa Mística" y por el otro, "María, Madre de la Iglesia". He sido enviada por el Señor, que escogió a Montichiari para traer el don de su amor, el don de la fuente de gracia y el don de la medalla de mi amor maternal. Yo intervendré en la difusión de la medalla, prenda de caridad universal. Mis hijos me llevarán sobre sus corazones a todas partes y yo les prometo mi protección maternal llena de gracias, en este tiempo en que se quiere destruir la veneración que se me tributa. Esta medalla es el signo de que mis hijos están siempre conmigo que soy la Madre del Señor y Madre de la humanidad. Este es el triunfo del amor universal. La bendición del Señor y mi protección estarán siempre con aquellos que recurren a Mi.

La Señora de todos los Pueblos, Ámsterdam, Holanda. Allí se apareció a Ida Peederman, y le da una misión importantísima: pedir la proclamación del Dogma de María Corredentora, Medianera y Abogada . La Señora de todos los Pueblos, que así pidió llamarse, promete una nueva efusión del Espíritu Santo y por consiguiente la verdadera paz para los pueblos:

Y la Señora permaneció junto a sus apóstoles hasta que vino el Espíritu Santo. De la misma manera, la Señora puede venir donde sus apóstoles y pueblos de todo el mundo, para traerles de nuevo el Espíritu Santo… Cuando el dogma, el último dogma de la historia mariana, sea proclamado, entonces la Señora de todos los Pueblos dará la Paz, la verdadera Paz al mundo. (Amsterdam, 31/05/1954). Este maravilloso efecto del dogma, la victoria de María sobre el mal y la consiguiente paz mundial, está expresado en la imagen: La serpiente no se ve más en el globo. Pero para vencer todo el poder del demonio globalmente, María, la Mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, ha de ser globalmente y solemnemente reconocida y venerada en toda la plenitud de su vocación, como Corredentora, Medianera y Abogada. Ida tuvo numerosos mensajes con alusiones a acontecimientos del mundo. Las apariciones fueron reconocidas como sobrenaturales por el Obispo, y posteriormente a su muerte, por su sucesor. Cada año, según el pedido de la Virgen, se realiza la Jornada Mundial de oración a la Señora de todos los pueblos. A esa jornada concurren peregrinos de muchos países, incluyendo Obispos. La misma comienza con un solemne desfile de las banderas de los países que participan, que se dirige al altar para que cada país entregue su bandera a la Señora. En la Jornada de 1999 la bandera argentina fue llevada en el desfile y entregada a la Ssma. Virgen. Luego permaneció junto a las de las demás naciones durante la Jornada de oración.

Nuestra Señora del Carmen de Garabandal, España Las apariciones de San Sebastián de Garabandal, en España(1961-66), están dirigidas a defender la Santísima Eucaristía, a pesar de que el Príncipe de la Milicia Celestial se había aparecido 50 años antes, en Fátima, para que se “crea en la Presencia Real del Señor, se lo adore, se espere en Él y se lo ame”. El Mensaje de Fátima no fue escuchado, y en esos años el Señor, “Jesús escondido” como lo llamaban los pastorcitos portugueses, era despreciado y ultrajado. Comenzaba el período más trágico de la 234


historia de la Iglesia, porque sus enemigos se unían contra Jesucristo en el Sacramento del Amor. Su Madre viene en su defensa, y convoca a sus mejores soldados, los niños, y los niños más sencillos, los que viven en la montaña y juegan con piedrecitas como los de Fátima. Esto es una continuación de aquello. María Concepción, Jacinta, Mariloli, Maricruz, reciben esta visita trascendental en su pueblucho San Sebastián de Garabandal, donde la San Miguel les dirá

Hay que hacer muchos sacrificios, mucha penitencia. Tenemos que visitar al Santísimo con frecuencia. Pero antes tenemos que ser muy buenos. Si no lo hacemos nos vendrá un castigo. Ya se está llenando la copa, y si no cambiamos, nos vendrá un castigo muy grande. (18/8/1961) Y también

Como no se ha cumplido y no se ha dado mucho a conocer mi mensaje del 18 de octubre, os diré que este es el último. Antes la copa se estaba llenando, ahora está rebosando. Los Sacerdotes, Obispos y Cardenales van muchos por el camino de la perdición y con ellos llevan a muchas más almas. A la Eucaristía cada vez se le da menos importancia. Debéis evitar la ira del Buen Dios sobre vosotros con vuestros esfuerzos. Si le pedís perdón con alma sincera El os perdonará. Yo, vuestra Madre, por intercesión del Ángel San Miguel, os quiero decir que os enmendéis. Ya estáis en los últimos avisos. Os quiero mucho y no quiero vuestra condenación. Pedidnos sinceramente y nosotros os lo daremos. Debéis sacrificaros mas, pensad en la Pasión de Jesús.(18/6/1965)

Le hablará del Aviso, del Milagro y del posible Castigo. Lo hará con mucha dulzura, para no espantarlas. Por eso se convierte en una verdadera “Amiga” que conversa con ellas, que regresa a visitarlas, que les concede gracias, y ellas aceptan gustosas la misión que les encarga. La Virgen viene con San Miguel. Así, sencillamente, en un lugar hermoso, pero pobre y desconocido del mundo, comienza una batalla para defender lo más sacrosanto de la Iglesia, y también todo lo sagrado, que se había convertido en objetivo de desprecio o eliminación. Las niñas disfrutan de esas visitas ¡y cómo no lo harían, si era el mismo Cielo que bajaba a ellas! Y mientras se desmantelaban iglesias y conventos despreciando imágenes, objetos piadosos, libros, mundanizando los claustros, y cambiando frenéticamente todo, la Virgen les mostraba su respeto por todo eso que se desechaba, besándolos, para darlo a los que seguían creyendo en la Iglesia de siempre como niños: “Si no os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Escribe César Uribarri: Pareciera que la Virgen esos años de 1961 a 1966 participara de la vida cotidiana de un pueblo de montaña, entre sus prados, rebaños, huertillos y faenas. Era admirable todo aquello. Y así fue, la Virgen compartió la vida diaria, no de cuatro niñas, sino de todo un pueblo. Ellas no eran más que el instrumento evidente, notorio, pero la Señora las desplazaba de arriba abajo, no dejando nada por ver, por bendecir, por visitar. El Cielo personalizó en aquellas humildes vidas, lo que le interesamos, lo que le 235


importamos, lo que nos mira y remira. Aunque no lo veamos, sintamos o comprendamos. Y les iba educando, llamando la atención, haciéndolas ver que para Dios nada es ajeno, pero que todo puede ser para Dios, y que cuando se vive para Dios, Él reparte un algo extraño que hace más llevadera la cruz diaria de la vida. Y en ese mismo desenvolvimiento diario la Virgen les elevaba las miras, más allá del terruño, más allá del quehacer, porque les ponía ante los ojos la inmensidad de la Iglesia, de su responsabilidad, de su importancia. Y la batalla que dentro de Ella misma se empezaría a manifestar, en desprecio de su fe y su santidad. Es en esa elevación de miras donde de nuevo Garabandal sorprende. Sorprende su llamada de atención hacia la Eucaristía, que adquiere una importancia central en la temática, contenidos y manifestaciones, y que años después sería descuidada del modo más llamativo, llegándose muchas veces hasta el mismo desprecio o sacrilegio. Llamativa profecía unos años antes de que la locura litúrgica anegara la Iglesia. Y así los años futuros fueron admirablemente sellando el acierto profético de Garabandal. Llegando hasta el paroxismo al anunciar la crisis de la Iglesia, donde sacerdotes irían contra sacerdotes, obispos contra obispos, cardenales contra cardenales. Nada ha dejado de cumplirse, de seguir cumpliéndose. Pero Garabandal, en esa elevación de la mirada, de nuevo haría ver la gravedad del mal, la gravedad del pecado, sus terribles consecuencias. Y lo haría con esa pedagogía mariana de ideas sencillas, concretas y misteriosas: aviso, milagro, castigo. Donde lo desconocido y su percepción ejercen una fuerza de atracción más allá de lo aclarado, descorrido o desvelado”. Uribarri concluye así su artículo: “Los tiempos que vendrán nos excederán humanamente, pero sólo tenemos el presente para pegarnos a Dios y pedir, día a día, misericordia tanto para el mundo como para la Iglesia, sumida todavía en una dura prueba que ya lleva durando demasiado. Cesar Uribarri “Crónica desde Garabandal, entre la oscuridad y la esperanza”.

Santa María de Akita, Japón Todo comenzó con la curación milagrosa de la Hna. Agnes Katsuko Sasagawa, orando a una imagen de la Señora de Todos los Pueblos, aparición de Ámsterdam. Esto hizo que la Superiora de su convento mandara hacer una Imagen de madera tallada de la misma, de casi un metro de alto. La imagen representa a María, con rasgos orientales, de pie sobre el globo terráqueo. Posteriormente, la Santísima Virgen se apareció, como en esa advocación, a la Hna. Agnes Katsuko Sasagawa, envuelta en una luz brillante, la imagen se volvió viva y le habló con una voz de una belleza indescriptible. Los hechos extraordinarios de Akita habían comenzado en 1969. Mientras rezaba el Rosario, un Ángel apareció ante la hermana y le dijo que al final de cada misterio rezara: “Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados; líbranos del fuego del infierno; lleva a todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas de tu Misericordia.” la oración que la Santísima Virgen enseñó a los pastorcitos de Fátima en 1917, pero que ella desconocía. En junio de 1973, se formó una herida en la mano de sor Agnes, mientras muchos rayos luminosos salían del Sagrario. El primer viernes de julio, se le apareció su Ángel de la Guarda y le dijo:

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No temas. Soy el que está a tu lado y te guarda. Ven y sígueme. No reces únicamente por tus pecados, sino en reparación por los pecados de la humanidad. El mundo actual hiere al Sacratísimo Corazón de Jesús con sus ingratitudes y sus ultrajes. La herida de la mano de la Santísima Virgen María es mucho más profunda que la tuya. Ahora vamos a la Capilla. El Ángel la acompañó a la Capilla, donde veneró la llaga que presentaba la mano de la Virgen, y le dio el primer mensaje (sor Agnes era sorda):

Hija mía, mi novicia, tú me has obedecido bien abandonándolo todo para seguirme. ¿Es penosa la enfermedad de tus oídos? Puedes estar segura que curarán. Ten paciencia. Es la última prueba. ¿Te duele la herida de la mano? Reza en reparación de los pecados de la humanidad. Cada persona en esta comunidad es mi hija. ¿Rezas bien la oración de las Siervas de la Eucaristía?” Entonces le pidió que la rezaran juntas. Se trata de una oración eucarística de consagración y reparación. La Virgen agregó: “Reza mucho por el Papa, los Obispos y los sacerdotes. Ese mismo día, 6 de Julio, la herida en forma de cruz que apareció en la mano derecha de de la Virgen, comenzó a sangrar, siendo testigo Monseñor John Shojiro Ito, Obispo de Niigata y siguió por unos días. También sor Agnes sintió un dolor violento en la herida de la palma de su mano. Al otro día el Ángel le dijo:

Tus dolores terminarán hoy. Guarda con mucho celo el recuerdo de la sangre de María y grábalo en tu corazón. La herida de María tiene un significado muy importante: Ha sido hecha para obtener vuestra conversión, para implorar la paz, para reparar las ingratitudes, ofensas, ultrajes e injurias que Dios recibe. Tengan en gran estima la devoción a la Preciosísima Sangre de Cristo. El 3 de agosto de 1973, Sor Agnes recibe el segundo mensaje:

Hija mía, mi novicia, ¿amas al Señor? Si tu amas al Señor escucha lo que voy a decirte. Es muy importante. Lo comunicarás a tu Superior: Muchos hombres en el mundo afligen al Señor. Deseo almas para consolarle, para suavizar la cólera del Padre Celestial. Deseo, con mi Hijo, almas que reparen con sus sufrimientos y su pobreza, por los pecadores y los ingratos. Para que el mundo se dé cuenta de su ira, el Padre Celestial se dispone a mandar un gran castigo a la humanidad. Muchas veces he intervenido con mi Hijo para apaciguar la Ira del Padre. He impedido que vinieran calamidades, ofreciéndole los sufrimientos de mi Hijo en la Cruz, su preciosa Sangre, las almas predilectas que le consuelan y constituyen la cohorte de las almas víctimas. Oración, Penitencia y Sacrificios animosos pueden suavizar la ira del Padre (…) La Virgen le preguntó dulcemente si quería ofrecerse en desagravio por los pecados del mundo, algo que desea también para su comunidad. Le dice que sus votos de pobreza, castidad y obediencia son los tres clavos que la adhieren a la cruz. De los tres, la obediencia es el fundamento, le dijo la Virgen. El 29 de septiembre de 1973, fiesta de San Miguel Arcángel, Patrono del Japón, los milagros se multiplicaron. Mientras sor Inés rezaba el Rosario con otra hermana, la estatua resplandecía con rayos luminosos, envuelta en una luz toda blanca. Al terminar notó que la herida de la mano de la estatua había desaparecido, un líquido espeso, como sudor, salía de la estatua. Lo secaron con gasas y algodones. Una vez seca la estatua, los algodones exhalaron un perfume inefable que olía a rosas, a lirios, o 237


violetas... Toda la capilla se llenó de este suave olor. Este perfume duró hasta el 16 de octubre, fecha en que el ángel le había anunciado que cesaría. El 13 de octubre (obsérvese el paralelismo con Fátima) recibe el tercer mensaje:

Mi querida hija, escucha bien lo que voy a decirte, informarás de ello a tu superior. Si los hombres no se arrepienten y no se mejoran, el Padre mandará un terrible castigo a toda la humanidad. Será un castigo más grave que el diluvio, como jamás ha habido otro. Caerá fuego del cielo y aniquilará una gran parte de la humanidad, tanto malos como buenos, no perdonando a fieles ni a sacerdotes. Los sobrevivientes se encontrarán tan desolados que envidiarán a los muertos. Las únicas armas que nos quedarán entonces serán el Rosario y el Signo dejado por mi Hijo. (...) Con el Rosario rogad por el Papa, los Obispos y los sacerdotes. La acción del diablo se infiltrará hasta la Iglesia, de tal forma que se verán cardenales oponiéndose a otros cardenales, obispos contra obispos. Los sacerdotes que me veneren serán despreciados y combatidos por otros sacerdotes. Las iglesias y los altares serán saqueados. La Iglesia se llenará de quienes aceptan componendas, y el demonio empujará a muchos sacerdotes y almas consagradas, a abandonar el servicio del Señor. El demonio atacará encarnizadamente sobre todo a las almas consagradas a Dios. El pensamiento de la perdida de tantas almas es la causa de mi tristeza. Si los pecados aumentan en número y en gravedad, ya no habrá perdón para ellos. Recen mucho las oraciones del Rosario. (...) Aquéllos que ponen su confianza en Mi serán salvados. La hermana Agnes se curó el 13 de octubre de 1974 de la sordera, aunque sólo por seis meses, Dios le pidió ese sacrificio. El día de Pentecostés de 1982 se curó definitivamente. Ambas veces fue durante la Bendición con el Santísimo Sacramento. La Imagen de la Virgen el 4 de enero de 1975 comenzó a lacrimar, y lo siguió haciendo hasta el 15 de septiembre de 1981. El Obispo, Monseñor Ito fue testigo ocular de esta manifestación. El día en que comenzó a lacrimar, el Ángel dijo a Sor Agnes:

No te sorprendas de ver llorar a la Santísima Virgen María. Una sola alma que se convierta es preciosa a su Corazón. Ella manifiesta su dolor para avivar vuestra fe, siempre tan inclinada a debilitarse. Ahora que habéis visto sus preciosas lágrimas, y para consolarla, habla con valor, extiende esta devoción para su gloria y la de su Hijo. En ese año una mujer coreana curó repentinamente de un cáncer terminal en el cerebro. La Santísima Virgen pide almas reparadoras, almas orantes. Lo pide con lágrimas y sangre que derrama su imagen. El 22 de Abril de 1984, Monseñor Ito, declaró que las Apariciones de Akita, son de origen sobrenatural, y autorizó en toda la Diócesis la veneración de la Santa Madre de Akita. En Junio de 1988, el Cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dio un juicio definitivo a favor de la aparición y los mensajes de Akita, considerándolos auténticos y dignos de ser creídos. Él Y afirmó: “El mensaje de Akita es el mensaje de Fátima”.

Nuestra Señora de Cuapa - Nicaragua

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Cuapa es un pequeño pueblo campesino, situado a 150 km al este de Managua en el Departamento de Chontales, Nicaragua. La palabra "Cuapa" se deriva de "coatl pan", que En el idioma nahualt significa “por encima de la serpiente” El 15 de Abril de 1980, un acontecimiento extraordinario que cambiaría la historia de Nicaragua sucede en Cuapa: Bernardo Martínez, sacristán de la Capilla del pueblo, mira que la imagen de la Virgen Inmaculada se ilumina. Bernardo cuenta: “Miré la Virgen toda iluminada. Pensé que eran los muchachos que jugando en la plaza habían quebrado las tejas y así era que entraba claridad sobre la imagen. Me acerqué para ver y vi que no había ningún agujero en el techo. La luz no salía de ninguna cosa. La luz salía de Ella”. Hay pedidos importantes hechos con la sencillez de una Madre que busca salvar a sus hijos. En seis apariciones, la Virgen llama a sus hijos a construir la verdadera paz en Nicaragua:

Quiero que recen el Rosario todos los días. No quiero que lo recen solamente en el mes de mayo. Quiero que lo recen permanentemente, en familia, desde los niños que tengan uso de razón...que lo recen en una hora fija cuando ya no haya problemas con los quehaceres del hogar. La Virgen dijo a Bernardo que al Señor no le gusta que hagamos oraciones de forma ligera o mecánica, y por eso nos recomendó el rezo del Rosario con citas bíblicas y quería que pongamos la palabra de Dios en práctica. También le dijo:

Ámense, cumplan con sus deberes. Hagan la Paz. No (sólo) pidan la paz al Señor porque si ustedes no la hacen, no habrá otra paz”. “Nicaragua ha sufrido mucho desde el terremoto. Está amenazada a sufrir más todavía. Seguirá sufriendo si ustedes no cambian. Reza, hijo mío, el Rosario por todo el mundo”. “Diles a creyentes y no creyentes que al mundo lo acechan graves peligros. Pido al Señor que aplaque su justicia; pero si ustedes no cambian, abreviarán la venida de una tercera guerra mundial. Los puntos principales del Mensaje de Cuapa son: 1. Recen el Santo Rosario, todos los días. En familia. A una hora tranquila. Meditando los misterios. 2. Pidan fe, paciencia, fuerza para llevar la cruz. 3. Renueven la devoción de los Primeros Sábados. 4. Mediten en las Bienaventuranzas. 5. Ámense unos a otros y perdónense. 6. Hagan la paz ustedes; no se contenten con pedirla. Si ustedes no la hacen, no habrá paz. 7. Platiquen entre ustedes; entiéndanse, y nunca vayan a la violencia. 8. Nicaragua ha sufrido mucho, y seguirá sufriendo si ustedes no cambian. 9. No se aflijan: Yo estoy con ustedes aunque no me vean. Una Madre no olvida nunca a sus hijos. 10. Invóquenme con estas palabras: “Santísima Virgen, vos sois mi Madre, la Madre de todos nosotros los pecadores.”

Nuestra Señora de los Dolores, Prado Nuevo El Escorial - España El 14 de junio de 1981 comenzaron las apariciones de El Escorial.en Madrid. Con las siguientes palabras se manifestaba, entonces, la Madre de Dios:

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Quiero que se construya en este lugar una capilla en honor a mi nombre. Que se venga a meditar de cualquier parte del mundo la Pasión de mi Hijo, que está completamente olvidada. Si hacen lo que yo digo, habrá curaciones. Esta agua curará. Todo el que venga a rezar aquí diariamente el santo Rosario, será bendecido por mí. Muchos serán marcados con una cruz en la frente. Haced penitencia. Haced oración. Desde aquel mensaje inicial en Prado Nuevo, se sucedieron decenas de mensajes, con una periodicidad mensual desde 1985, que tuvieron su culminación el 4 de mayo de 2002 (las manifestaciones prosiguieron el primer sábado de cada mes, pero sin mensaje). Este elevado número de mensajes ha causado extrañeza a algunos. Sin lugar a dudas, si comparamos esta proliferación de mensajes con la brevedad de Lourdes o Fátima, la diferencia es notable. Pero, ¿existe algún criterio absoluto en el estudio de las manifestaciones marianas que nos autorice a poner límite a esta libérrima intervención del Cielo? Ciertamente, no. La misma Virgen ofrece respuesta a tan frecuente objeción en sus mensajes de El Escorial:

Yo me aparezco, hija mía, donde quiero y cuando quiero. Todo aquél que diga que no puede ser, ¿quién es él para decirme a mí cuándo y dónde tengo que manifestarme? Os aviso, hijos míos, como una madre avisa a su hijo cuando corre un gran peligro. (20/5/1984) El gran experto en las Apariciones, Padre René Laurentín, decía en 2006, 25º aniversario de las Apariciones:

Las Apariciones a Amparo Cuevas, mujer pobre, en la real Villa de El Escorial comenzaron diez días antes de las de Medjugorje (24 de junio 1981) y cinco merses antes de las de Kibeho (28 de noviembre de 1981. Eran más bien desconocidas cuando yo me encontré con Amparo en 1985. Percibí entonces la transparencia de esta mujer, pobre entre los pobres, y me sorprendieron después las increíbles pruebas pasadas por ella y su misión. La Iglesia, prudente, se mostró reticente por largo tiempo. La Alcaldía y el cura de la Parroquia dirigieron un combate contra ella y la peregrinación. El acceso al fresno de Prado Nuevo (lugar de las apariciones) fue prohibido a los peregrinos, y las multas llovían sobre los innumerables autobuses y los coches. Me sorprendió mucho que el Cielo levantara a Luz Amparo cuando menos se esperaba: el Municipio agresivo cayó en el ridículo y perdió las elecciones. El cura de la Parroquia pidió perdón a Amparo y a sus seguidores; durante su agonía, confesó haber sido el origen de numerosas molestias. Al poco tiempo, el cardenal arzobispo de Madrid visitó a Amparo un día entero, antes de jubilarse y reconoció oficialmente sus fundaciones. Todo acabó bien en el Escorial en el plan institucional, civil y religioso, pero sobre todo en el plan espiritual, en este lugar de oración y conversión, gracias a la vida profunda de Amparo, alma víctima desde su niñez hasta su vida conyugal en la miseria, pasadas las persecuciones y oposiciones ahora cuando no se esperaba” (René Laurentín, en el 25 aniversario) En la revista Chrétiens Magazine, el Padre escribía en la misma ocasión:

He estudiado Prado Nuevo de El Escorial y a Luz Amparo, la vidente, en el trabajo monográfico mencionado. He aquí algunos fragmentos: “La 240


conocí en El Escorial, en 1985, en la casa de familia a la que sirve como doméstica (…). Es una mujer sencilla, sosegada, natural, que no se apasiona, ni tiene pretensiones, ni se mueve por sentimentalismo. Su atavío es modesto, limpio, cuidado, pese a su pobreza. No se muestra azorada ante preguntas difíciles y responde brevemente a la principal cuestión planteada (…). Después de tantas desdichas, es sorprendente que Amparo haya conservado esta serenidad, esta sencillez, esta dignidad, esta mesura que trasluce toda su persona. Es un testimonio al que se debe rendir homenaje y que hace desear que estos casos de santidad sean reconocidos con más presteza. Desde un punto de vista evangélico, no cabe duda que estas personas ejemplares no deben ser enjuiciadas desde la suficiencia, sino desde la humildad. Yo, al menos, he tenido la sensación de contemplarla gigante desde mi pequeñez. ¿Qué ha ocurrido desde aquel encuentro, cuando han transcurrido veinte años? Los peregrinos no han dejado de acudir, especialmente los primeros sábados; los testimonios de conversiones son innumerables, los fieles perseveran en la vida cristiana y sacramental, las vocaciones sacerdotales y religiosas abundan, el apostolado de los laicos se ha reavivado, etc. A pesar de estos frutos indudables, esta aparición mariana no es de las más conocidas y extendidas, como lo es Medjugorje, por ejemplo, cuyos inicios coinciden en mes y año con El Escorial. Carlos Vidal, quien se encargó de realizar la versión española de la obra ya citada, hizo un esquema sobre las manifestaciones de nuestra Señora en el curso de la Historia. Asignó a cada una de ellas, según la época histórica y el contenido, un misterio del Rosario. Conforme a su criterio, a Prado Nuevo le correspondería el cuarto misterio doloroso, la subida al monte Calvario; lo que supone postergación, olvido, desprecio… A pesar de ello, los frutos procedentes del fresno de Prado Nuevo, donde la Virgen posó sus pies inmaculados, son notables y han sido reconocidos por la Iglesia… Así, el 14 de junio de 1994 (aniversario de la primera aparición), el cardenal arzobispo de Madrid, monseñor Ángel Suquía y Goicoechea, erigió canónicamente una Asociación de Fieles llamada “Reparadores de nuestra Señora la Virgen de los Dolores”, a petición de Luz Amparo. En la misma fecha, igualmente aprobó una Fundación denominada “Virgen de los Dolores”, para llevar a cabo las obras caritativas. El cardenal arzobispo de Madrid nombró en los años 1996 y 2001, para la Fundación “Virgen de los Dolores”, dos capellanes. Solamente la rama de reparadoras cuenta en la actualidad con cerca de ochenta hermanas, que se dedican a atender las “Casas de amor y Misericordia” Los peregrinos que siguen frecuentando El Escorial, esperan que la Jerarquía se pronuncie, de modo más completo que en la única nota emitida hasta el momento en el año 1985. Esta nota tenía carácter prudencial no definitivo, pues sólo pretendía dar constancia de los hechos sin emitir un juicio. El actual cardenal de Madrid, monseñor Antonio María Rouco Varela, ha adoptado una actitud prudente pero decidida con vistas a la resolución de este caso, ahora que los mensajes han concluido y los signos positivos abundan; la documentación correspondiente le ha sido entregada para este fin. En lo que concierne a los mensajes, sabemos que son conformes a la fe católica, según varios estudios teológicos que se han hecho. Sencillos en su exposición, son profundos en su contenido. En ellos se reavivan las raíces más auténticas del cristianismo, ya que son como una señal de alarma a las conciencias de los católicos dormidos. Si examinamos la aparición de El Escorial en su conjunto, teniendo en cuenta sus factores (vidente, mensajes, forma en que se producen, etc.), podemos afirmar que tiene las 241


características de una revelación privada, semejante a las que tuvieron lugar en Lourdes, Fátima y en otros lugares. El discernimiento y el veredicto final corresponde a la Jerarquía de Madrid, pero los elementos principales van en este sentido: instrumento humilde en la persona de la vidente, Luz Amparo; obediencia y fidelidad de esta última a la Iglesia y sus pastores; frutos abundantes de vida cristiana; mensajes universales en consonancia con la Revelación bíblica; contenido específico de los mismos en algunos puntos para los tiempos que vivimos en la Iglesia y en la Humanidad; modo en que se producen los éxtasis, que han quedado grabados en imágenes (vídeos) y que se podrían incluir en los éxtasis proféticos, propios de las revelaciones privadas, en que Jesús o la Virgen transmiten su mensaje a través de la vidente, etc. Como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: «Su función no es la de “mejorar” o “completar” la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la Historia» (n. 67). ¿Habrá llegado la hora de Prado Nuevo y de que las peticiones pendientes de la Virgen de los Dolores se lleven a feliz término? Mientras tanto, Luz Amparo Cuevas, esta hija fiel de la Iglesia, sigue inmolándose en un holocausto silencioso por amor a la Iglesia y a las almas; ella no pide nada a cambio, sino permanecer fiel a la misión que el Hijo de Dios le encargó. En el segundo diálogo que el Señor tuvo con ella, antes de los mensajes de Prado Nuevo, mientras el Señor le hace partícipe de su Pasión, y ella sufre de un intenso dolor, le dice: «Puedes salvar muchas almas con tus dolores (...). ¿Lo aceptas, hija mía?”. Amparo le otorga su “fiat”, renovado, mediante el dolor y la aceptación, hasta el día de hoy—: “…con tu ayuda lo soportaré. (15-noviembre-1980 - Chrétiens MAGAZINE, Nº 191, 15junio-2006). La Virgen había pedido que se funden casas de amor y misericordia para los pobres, que ya se concretaron y están en pleno funcionamiento. El Cardenal Arzobispo anterior, se arrepintió de todo lo actuado en contra de la paracioens y la vidente, y antes de jubilarse, dio el reconocimiento oficial a esas asociacioens, y pidióperdón a la vidente, quedándose un día entero a acompañarla Más recientemente, en abril de 2012, el Cardenal Rouco Varela permitió la celebración del Triduo Pascual y la construcción de la Capilla pedida por la Virgen, lo que significa un gran paso más en el reconocimeinto de las apariciones. Se construyó la Capilla y el 17 de agosto del mismo año falleció Luz Amparo Cuevas (Amparito). La capilla se inauguró con su velatorio y allí mismo fue enterrada.

María, Reina de la Paz, Medjugorje, Bosnia -Hersegovina. En el corazón de Herzegovina, en la ex Yugoslavia, se encuentra este pueblo croata de mil almas situado al pie de dos colinas, Krizevac y Podbrdo. De ahí el nombre de Medjugorje, que significa "entre las montañas". Estamos en los años 80. La población, exclusivamente campesina, logra a duras penas sobrevivir con el arduo trabajo del tabaco y de la vid. La situación política es altamente opresiva, la milicia comunista omnipresente. El 24 de junio de 1981, día de la fiesta de San Juan Bautista, el Precursor, sucede el acontecimiento que logrará dar un vuelco a la vida de la aldea: algunos adolescentes ven una silueta femenina luminosa en el caminito que bordea el Podbrdo. La señora lleva un niño en sus brazos. El 25 de junio vuelve y revela su identidad: Soy la Bienaventurada Virgen María. El grupo de los seis videntes se forma definitivamente con Marija Pavlovic, Vicka Ivankovic, Mirjana Dragicevic, Ivanka Ivankovic, Ivan 242


Dragicevic

y

Jakov

Colo.

La Gospa (Nuestra Señora en croata) volverá cada día para dar a los niños mensajes destinados a ellos mismos, a la parroquia y al mundo: mensajes de paz, de conversión, de amor, para hacer volver al Corazón de Dios a la humanidad que camina lejos de él, en las tinieblas. A partir de 1987, estos mensajes son mensuales. La Gospa, además, da a cada vidente algunos secretos que serán revelados en fecha fijada por ella, por intermedio de un sacerdote elegido por cada uno de ellos. Muy pronto el padre Jozo cree en las visitas de la Virgen, ya que él mismo la ve un día en la iglesia. En cambio el obispo de Mostar, monseñor Zanic, quien inicialmente había creído en las apariciones, declara que se trata de un engaño de los franciscanos. Se inicia entonces una división que aún perdura. El 21 de agosto de 1996, el Dr. Navarro Valls, portavoz de la Santa Sede, aclara la posición de Roma: "Todos pueden ir a Medjugorje si lo desean, y los sacerdotes pueden acompañarlos", lo que no se permite es hacer peregrinaciones “oficiales”. En este momento una comisión nombrada por Benedicto XVI está a cargo de los estudios del caso. Desde el 25 de junio de 1981, más de veinte millones de peregrinos han ido a Medjugorje para orar y convertirse, transformando este lugar en uno de los santuarios más visitados del mundo. Sor Emmanuel, de la comunidad de las Bienaventuranzas, incansable apóstol de Medjugorje, escribió un libro que llamó “El Triunfo del Corazón” . Ante la pregunta ¿El corazón de quién? Responde: “Se trata, por supuesto, del Corazón de María, de su Corazón Inmaculado que, aquí más que en ningún otro lugar, camina de victoria en victoria. Porque, entre todos los pueblos del mundo, Medjugorje es como el talón de María que aplasta la cabeza de la Serpiente, en estos tiempos que son los nuestros. También se trata del Corazón de Jesús, única fuente y único fin de las victorias de María. Y finalmente, se trata de nuestros corazones pecadores; de su corazón, querido lector, pues no hay sombra, ni miseria, ni secreta desesperanza que la Reina de la Paz no quiera hoy tocar en usted, para que (…) pueda también experimentar en lo más hondo de sus entrañas que el poder del Amor triunfa sobre todas las cosas, en toda situación, siempre y cuando usted le abra las puertas”. El Papa Juan Pablo II ha dejado testimonios valiosísimos sobre la realidad de Medjugorje. Ésta es una tarjeta navideña enviada a un matrimonio de amigos polacos: (…) Señora Zofia, le agradezco por todo lo que concierne Medjugorje1. También yo voy cada día en peregrinación allí por la oración: me uno espiritualmente a todos aquellos que oran allí o que, allí, experimentan un llamado a orar. Hoy comprendemos mejor este llamado. Me regocijo del hecho que nuestro tiempo no carezca de hombres de oración y de apóstoles. (…) Jan Pawel II, Vaticano, 8 de diciembre de 1992. Pero, para conocer lo que quiere la Reina de la Paz lo mejor es escuchar sus palabras:

Queridos hijos, estoy con vosotros y no me rindo. Deseo daros a conocer a mi Hijo. Deseo a mis hijos conmigo en la vida eterna. Deseo que experimentéis la alegría de la paz y que obtengáis la salvación eterna. Ruego para que superéis las debilidades humanas. Ruego a Mi Hijo, para que os conceda corazones 1 - Zofia había escrito una carta al Papa Juan Pablo II, contándole su peregrinación a Medjugorje y las insignes gracias que recibió allí - Medjugorje, el Triunfo del Corazón. 1

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puros. Queridos hijos míos, sólo los corazones puros saben cómo llevar la cruz y saben cómo sacrificarse por todos los pecadores que han ofendido al Padre Celestial y que también hoy lo ofenden, porque no lo han conocido. Ruego para que conozcáis la luz de la verdadera fe que viene sólo de los corazones puros. De este modo todos aquellos que están cerca de vosotros experimentarán el amor de Mi Hijo. Rogad por aquellos que Mi Hijo ha elegido, para que os guíen por el camino de la salvación. Que vuestra boca esté cerrada a todo juicio sobre ellos. Os doy las gracias.” (Medj. 2/8/2012)

María, Virgen y Madre Reconciliadora de todos los Pueblos y Naciones, Betania, Venezuela Esta aparición llama mucho la atención por los fines que a ese lugar lleva la Virgen, encerrados en su nombre: “María, Virgen y Madre Reconciliadora de todos los Pueblos y Naciones” María Esperanza Medrano de Bianchini tuvo una vida digna de ser conocida, por sus experiencias místicas, el desarrollo de los acontecimientos, el apoyo especialísimo de su Obispo, la nota singular que dieron las apariciones bajo diversas advocaciones o la participación de muchos privilegiados con diversas visiones, todo marcado con el sello de su humildad. Uno de los primeros mensajes de la Virgen decía:

Hijita, éste no es un sueño; es una realidad mi presencia entre vosotros. ¡Obedece y sigue fiel a esta Madre para que puedas gozar por toda la eternidad! Acepta la ardua tarea de llevar mi mensaje de amor y reconciliación a todos los pueblos y naciones. Sufrirás, pero qué gozo y dicha será ver que has sido fiel a ésta, vuestra Madre. Os llevo de la mano.

El 25 de marzo de 1984 la Virgen se apareció de nuevo, pero en esta oportunidad pudiendo ser vista por todos los presentes, alrededor de 150 personas. Quienes tuvieron el privilegio de presenciar tan increíble acontecimiento dicen haberla visto 7 veces en un lapso de aproximadamente 3 horas durante la tarde. Ese día la Virgen dio este mensaje:

Hijos míos: Yo soy María, Virgen y Madre Reconciliadora de los Pueblos que vengo con mi Hijo en brazos para reconciliarles. Oh sublime esperanza la vuestra. Rezad el Rosario. Hijitos, me habéis sentido y visto palpando la realidad de que convivo entre vosotros. Seguid fieles al Llamado que hoy les hago y recorramos juntos el camino. Os conduzco. ¡María Reconciliadora de los Pueblos!. Esta aparición fue conocida públicamente a raíz de los testimonios de un grupo considerable de personas que esa misma semana acudieron al Obispo, Monseñor Pío Bello Ricardo quien investigó el asunto con mucha seriedad, interrogando varios centenares de personas, y realizó un viaje especial a Roma para recibir instrucciones de la Santa Sede. Finalmente, convencido de la autenticidad de las apariciones, dio el reconocimiento oficial de la Iglesia el 21 de noviembre de 1987.

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Dios gratificó a María Esperanza con dones y carismas extraordinarios, tales como: estigmatización, visiones del porvenir, don de curación, materialización de la Santa Hostia en su boca, emisión de perfumes de flores y frutas, aparición de pétalos de rosa, levitación, bilocación, trasfiguración, y un fenómeno místico único: el nacimiento de una rosa brotada de su pecho, fenómeno éste que se repitió dieciséis veces en su vida. Su esposo Geo Bianchini, al agradecer la concurrencia a la Misa en que se inició el proceso de beatificación , recordó el mensaje dejado por su mujer, sobre la formación de una familia nueva, con seres nuevos que se amen, pero muy especialmente que amen a Dios Padre: Está llegando ese tiempo maravilloso, la presencia de Dios con nosotros, además de la presencia de su Hijo todos los días en la Eucaristía. Nuestro Padre quiere unirse con nosotros definitivamente, ése es el mundo que estamos esperando y la misión de María Esperanza se consolidó en esos conceptos: la renovación del mundo. Tenemos el ejemplo de sus palabras; guardemos ese tesoro dentro de nosotros, para que lleguemos a ser seres nuevos como Dios desea que lleguemos a ser. Un mundo nuevo nos espera, confiemos plenamente que llegará ese amor tan esperado; yo soy el primero que a través de los mensajes que llegaban a María Esperanza me pude compenetrar con esa gracia divina… V

La Profecía de San Nilo Hacia mediados del siglo XX … la apariencia de las personas cambiará, y será imposible distinguir a los hombres de las mujeres debido a su inmodestia en el vestido y estilo de cabello. San Nilo Abad

Entre tantos elementos de juicio con los que contamos para analizar la guerra que estamos viviendo en la defensa de la Iglesia, hay algo que parece no debemos pasar por alto: Las profecías de San Nilo. San Nilo fue Abad y fundador del monasterio de Grota Ferrata (Italia), siglo V. Calabrés versado en todas las ciencias. Su fiesta se celebra en el calendario reformado el 15 de diciembre, y en el tradicional, como en el bizantino el 12 de noviembre. Dice Rafael Castela Santos: “San Nilo fue un Santo del siglo V que vivió como un monje cuasi-ermitaño en el Monte Sinaí. Casado y con dos hijos se convirtió en discípulo nada menos que de San Juan Crisóstomo, figura señera de la Patrística. En un momento dado pidió la dispensa de su matrimonio y se fue al monte Sinaí junto con uno de sus hijos para convertirse en un monje. Curiosamente su esposa y su otro hijo terminaron abrazando la vida religiosa” Algunos autores agregan que al seguirlo otros discípulos levantó el famoso monasterio, en cuya biblioteca se encontraron numerosos escritos espirituales y la famosa profecía que hoy vemos cumplirse, con horror, ante nuestros ojos. En ella predice hechos de los tiempos del Anticristo, que transcribimos: Después del 1900, hacia mediados del siglo XX, las personas de ese tiempo se volverán irreconocibles. Cuando el tiempo del advenimiento del Anticristo se acerque, las mentes de las personas crecerán en confusión 245


por las pasiones carnales, y el deshonor y la injusticia se volverán más fuertes. Entonces el mundo será irreconocible. La apariencia de las personas cambiará, y será imposible distinguir a los hombres de las mujeres debido a su inmodestia en el vestido y estilo de cabello. Estas personas serán crueles y serán como los animales salvajes debido a las tentaciones del Anticristo. No habrá respeto por padres ni superiores, el amor desaparecerá, y los pastores cristianos, Obispos y Sacerdotes se volverán hombres vanos, fallando completamente en distinguir el camino recto del errado. En ese momento, la moral y las tradiciones de los cristianos y de la Iglesia cambiarán. Las personas abandonarán la modestia, y la dispersión reinará. La falsedad y la codicia alcanzarán grandes proporciones, y vendrán desgracias a aquéllos que amontonen tesoros. Lujuria, adulterio, homosexualidad, hechos secretos y asesinatos gobernarán en la sociedad. En ese momento del futuro, debido al poder de tan grandes crímenes y libertinaje, se privarán las personas de la gracia del Espíritu Santo que recibieron en el Santo Bautismo e igualmente el remordimiento. Las Iglesias de Dios serán privadas del temor de Dios y de pastores piadosos, y desgracia vendrá a los cristianos que permanezcan en el mundo en ese momento; ellos perderán su fe completamente porque les faltará la oportunidad de ver la luz del conocimiento en ninguna persona. Entonces se separarán del mundo e irán a santos refugios buscando aliviar sus sufrimientos espirituales, pero por todas partes encontrarán obstáculos y constreñimiento. Y todo esto resultará del hecho de que el Anticristo quiere ser señor de todo y convertirse en gobernante del universo entero. Producirá milagros y señales fantásticas. Dará también sabiduría depravada a un infeliz para que descubra una manera de que el hombre pueda mantener una conversación con alguien de un extremo de la tierra al otro. En aquel tiempo, los hombres también volarán a través del aire como los pájaros y descenderán al fondo del mar como los peces. Y cuando hayan logrado todo eso, estas personas infelices gastarán sus vidas en medio de la comodidad sin saber, pobres almas, que esto es un engaño del Anticristo. ¡Ay, el impío! Así completará la ciencia con la vanidad que se saldrá del camino correcto y guiará a las personas a perder la fe en la existencia de Dios en tres hipóstasis. Entonces el bondadoso Dios verá la caída de la raza humana y acortará los días por causa de esos pocos que serán salvados, porque el enemigo quiere incluso llevar al escogido a la tentación, si eso es posible... entonces la espada del castigo aparecerá de repente y matará a los pervertidores y a sus sirvientes.” En Salta, la Santísima Virgen ha anunciado similares acontecimientos, ya en 1996. Impresiona la coincidencia sobre todo en la primera parte, y en la segunda algunos hechos que ya se cumplieron junto con el desenlace de otros. Escribe María Livia: “Hoy vi a la Santísima Virgen en profunda tristeza y aflicción, toda vestida de blanco y su perfectísimo rostro parecía bañado en sudor”:

Mis hijos: Hoy he venido a pediros que oren y oren con gran urgencia por la Paz del mundo, que está seriamente amenazada por la iniquidad del terrible enemigo de Dios. Confiad en mi Inmaculado Corazón que os guiará en medio de terribles tribulaciones. Seré vuestra Consejera, no os apartéis de mi guía, no os separéis del Santo Rosario y orad permanentemente con él, Yo Soy vuestra Madre y como Madre os hablo. 246


El mensaje que hoy os quiero transmitir es muy duro y difícil de entender para los que viven olvidados de que Dios existe, y aún de los que teniendo conciencia de Dios viven despreocupados de salvar sus almas, viviendo según la carne y el mundo. Terribles cosas os esperan mis hijos si no volvéis vuestros ojos a Dios, pues el tremendo castigo que Dios mandará al mundo va a comenzar. Os revelaré una parte de éste y será para llevarlos a la oración y al sacrificio y así tengan la esperanza de mitigar con vuestros rezos este castigo tan terrible. Esto es una advertencia llena del AMOR DE DIOS hacia la humanidad. Muchas almas religiosas caerán y se apartarán del camino del Señor para vivir en la tibieza del mundo. Los sacerdotes que queden no se diferenciarán en nada de los seglares, seguirán el camino del mundo que los llevará a la apostasía, las religiosas seguirán este mismo camino y muchas almas buenas se perderán por su causa. El mundo sin religión y sin Dios será morada de seres salvajes y animalezcos y cambiarán la fisonomía humana y así el cuerpo será el reflejo del alma. Estos aterradores humanos convertidos en discípulos de satanás aprovechando el caos que sobrevendrá por los grandes e inminentes castigos que caerán sobre el mundo, perseguirán a los buenos en feroz cacería. No habrá diferencia de sexos y por un tiempo determinado por Dios Padre el infierno reinará en el mundo. Pero mi INMACULADO CORAZON apartará las tinieblas y el horror, de mis hijos consagrados a Mí, El Señor esperará hasta último momento la conversión a mi Corazón Inmaculado, y así todos tendrán la oportunidad de salvarse y el perdón de Dios INFINITAMENTE MISERICORDIOSO. Oren, oren con intenso Amor. “Sacratísimo Corazón Eucarístico de Jesús en Tí confío”. (Salta, 13/4/1996) La lucha apocalíptica está desatada, por eso nos dice la Virgen misma en San Nicolás de los Arroyos: “Dios ha dado para estos tiempos una señal: La Mujer Vestida de Sol” . Y por eso, a las manifestaciones marianas que siguieron a la proclamación del gran dogma de la Inmaculada, y a todo lo realizado en la Iglesia como fruto de ese hecho trascendental, siguió el enfrentamiento del dragón “para devorarse al Hijo de la Mujer” el propio Papa Beato Pío IX debió tomar medidas para detenerlo. San Pío X condenó enérgicamente el modernismo, que es una síntesis de todas las herejías, Pío XI anatematizó el laicismo como la gran “peste” del mundo moderno.

VI

Los consagrados Y el dragón arrastraba con su cola la tercera parte de las estrellas del Cielo Apocalipsis, 12,3

Durante una audiencia con el Capítulo General de los Franciscanos en el año 1909, el santo Papa Pío X cayó en una especie de éxtasis. Volvió en sí con una mirada llena de horror. “Lo que he visto era terrible”. “ No sé si seré yo o uno de mis sucesores, pero he visto a un Papa huir de Roma sobre los cadáveres de sus sacerdotes” Esta profecía mientras se cumplió el 28 de febrero de 2013 mientras se concluían estas reflexiones, cuando Benedicto XVI tuvo que salir del Vaticano renunciando al Supremo Pontificado. Los medios reprodujeron innumerables opiniones sobre este 247


hecho, pero lo cierto es que en él se ha cumplido la profecía de San Pío X, que viera a “un Papa huir entre los cadáveres de sus sacerdotes” Benedicto XVI debió huir, no sabemos el motivo puntual, pero ésa, estamos convencidos, ha sido la realidad. Los cadáveres de sus sacerdotes simbolizan claramente a los miembros del clero muertos por el pecado. Más adelante, san Pío X agregó: “él tomará refugio disfrazado en algún lugar y después de un corto retiro, él morirá de una muerte cruel. Dios quiera que este segundo vaticinio le sea mitigado y no se cumpla. Roguemos por él. El panorama de la Iglesia es desolador y mucho más amplio, pues incluye la deformación y negación de la doctrina, las más obvias normas morales ignoradas, la disciplina casi ausente, la dolorosa claudicación de los que un día se entregaron al servicio del Señor. ¡Cuánto sufren los buenos sacerdotes, los religiosos fieles, los aspirantes a la vida sacerdotal y religiosa ante los escándalos verdaderos o falsos que se publican a diario para que la persecución a la Iglesia sea más furiosa! Sería muy largo analizarlo, pero séanos permitido insistir: Oración confiada y continua por los consagrados y la sacralidad de la familia, conversión de costumbres en los hogares, donde se ha debilitado la autoridad paterna y se ha profanado la materna, se ha corrompido la juventud y escandalizado los niños… hasta dónde llegaremos? O mejor dicho ¿Hasta cuándo la Virgen podrá detener la mano justiciera del Altísimo? Nuestro Señor hace muchos llamados a los consagrados por medio de Amparito Cuevas, hace reprimendas muy severas, pero también alienta:

Sufrí mucho, hija mía, con este volcán de fuego que me consumía de amor por los hombres, e instituí la Eucaristía para ellos, para fortalecerlos. ¿Y qué es de todo aquello, hija mía?: los hombres no tienen devoción a la Eucaristía; van muchos de ellos como si fuesen al matadero. Mis sacerdotes, un gran grupo de ellos, es rutina lo que tienen; después tienen cansancio, hija mía; después desobediencia; y luego tibieza. Yo que me entregué en sus manos para que hiciesen lo que quisiesen conmigo, me llevasen y me trajesen a donde quisieran, y los veo, hija mía, que se han introducido en el mundo y se han quedado sin la visión celestial. ¿Cómo no va a estar trite nuestros Corazones? (Los dos Sagrados Corazones, repetido habitualmente) Y si Yo les mando un mensaje, se enfurecen, porque no quieren reconocerse como son. Hijos míos, si sois lo más amado de nuestros Corazones, ¿por qué os comportáis así, hijos míos? Tenéis mucho trabajo porque el mundo está en un caos, sin Dios. Trabajad, pastores de la Iglesia, y atraed a las almas al rebaño de Jesús. No digáis que tenéis mucho trabajo y os agotéis enseguida, hijos míos; no lo toméis de rutina, sino que vuestros corazones estén llenos de fe y de amor para poder transmitir a los hombres las verdades que no conocen. ¡Qué pena de almas, hijos míos, que se desvían de los rebaños y se meten en los caminos de la perdición! Vosotros sois también responsables de los actos de esas almas, hijos míos. Yo, vuestro Dios, hijos míos, me entrego en vuestras manos y me humillo, para que vosotros seáis los que me ensalcéis. ¿Y cuántos de vosotros os ensalzáis a vosotros mismos y disminuís a Cristo? ¡Ay, criaturas de Dios, abrid vuestros oídos a mis palabras, hijos míos, que mi Corazón se derrite de amor por vosotros! Sois privilegiados, hijos míos, y vosotros, ¿cómo correspondéis a ese privilegio? Y a los que quieren seguir el camino recto y seguro, tampoco los dejáis, hijos míos. ¡Ay, almas queridas de mi Corazón, cambiad vuestras vidas, que hay mucho trabajo! No os agotéis tan pronto, hijos míos. El sacerdote es como el médico, de día y de noche tiene que estar pendiente de las almas, porque es médico del alma. ¡Y cómo os cansáis en seguida, hijos míos, y os introducís en el 248


mundo, en los placeres y en los gustos! Rechazad todos los placeres y todos los gustos, hijos míos, y dedicaos a vuestro ministerio; veréis cómo encontráis la felicidad, la felicidad eterna. Porque si no, hijos míos, la felicidad temporal os introducirá en la profundidad del Infierno, hijos míos”. (El Escorial, 3/6/2000) “¡Ay, pastores de mi Iglesia, que no os conducís por el camino de la verdad, y os dejáis arrastrar por los halagos de la carne y de la sangre y vuestras amistades, hijos míos! Renunciad a lo doméstico, a la carne y a la sangre, y seguid a Dios, vuestro Creador. Ocupaos de las almas, hijos míos, que hay muchas almas que os necesitan, y no os preocupáis de ellas. Grita, hija mía, para que los pastores de mi Iglesia oigan mi voz y la transmitan a los hombres; que Dios está triste, porque los hombres han abandonado la mirada de Dios, y han cubierto la Tierra de crímenes y de pecados. Guías de los pueblos, enseñad a los hombres el Evangelio. Enseñadles que vayan a la Iglesia y que se alimenten de los canales que hay en ella, y beban de las fuentes de gracia. Que los hombres se han abandonado y el mundo está en manos de Satanás. (El Escorial, 4/11/2000) …Pido a aquellos pastores fieles, aquellos pastores fieles de mi Corazón, que sean fuertes y firmes para seguir el camino con rectitud, y que hagan una renovación, aquellos religiosos y religiosas que todavía permanecen frescos y lozanos; que renueven su vida y caminen con fortaleza y no tengan miedo a nadie, ni a la persecución, ni a la calumnia, ni a la mentira, porque Dios es la verdad y todo el que está con Dios no puede temer nada. Almas queridas de mi Corazón, cuánto sufre mi Corazón por aquellos que se desvían del camino que escogieron, de su ministerio. Tanta mies como hay, hijos míos, y tan pocos operarios para cuidar esa mies. Pero todavía queda un gran grupo de sacerdotes amados de mi Corazón; que sean fuertes y amen mucho nuestros Corazones, como nosotros los amamos con todo nuestro Corazón. Sí, hijos míos, conservaos en la fe, no la perdáis jamás; buscad la esperanza, y practicad la caridad. Con vuestro ejemplo, hijos míos, podéis arrastrar muchas almas al camino de la perfección. No os dejéis engañar por la astucia del enemigo. Quiero sacerdotes santos, sacerdotes que amen nuestros Corazones, sacerdotes humildes que reconozcan la verdad y que, desde el principio, hayan sido fieles al camino que escogieron. Pero si no han sido fieles en sus principios, ¿cómo van a ser fieles, hijos míos, al final? Si han abandonado los conventos buscando libertad, ¿cómo pueden ser buenos sacerdotes si no han sido buenos religiosos? Pedid por ellos, hijos míos. Que salga de sus corazones ese rencor que tienen contra las almas y que dejen de calumniar y difamar. ¿No les da miedo de que puedo llamarlos en cualquier momento para que den cuenta de sus actos, hijos míos? El Evangelio dice: "Amaos los unos a los otros." ¿Por qué despreciáis a las criaturas?, hijos míos, si no tenéis caridad, no tenéis nada. No seáis funcionarios, hijos míos, sed sacerdotes de mi Iglesia. Renovad vuestras vidas, que os estoy esperando, hijos míos. (El Escorial, 1/7/2000) La situación de la Iglesia fue patéticamente descripta por el Nuncio Apostólico en Argentina: El Papa Benedicto imprimió a su pontificado el sello de continuidad con la tradición milenaria de la Iglesia y sobre todo de purificación. Sí, porque a la inseguridad de la fe siempre le sigue la ofuscación de la moral. 249


En realidad, si queremos ser sinceros, debemos reconocer que año tras año ha aumentado, entre teólogos y religiosos, hermanas y obispos, el grupo de cuantos están convencidos que la pertenencia a la Iglesia no comporta el conocimiento y la adhesión a una doctrina objetiva. Se ha afirmado un catolicismo “á la carte”, en el cual cada uno elige la porción que prefiere y rechaza el plato que considera indigesto. En la práctica un catolicismo dominado por la confusión de los roles, con sacerdotes que no se aplican con empeño a la celebración de la Misa y a las confesiones de los penitentes, prefiriendo hacer otra cosa. (…) He aquí que el Papa Benedicto, precisamente por su fidelidad a la “Verità” hace una cosa que escapó a la atención de muchos comentaristas: trae de nuevo, integralmente, el Credo en la fórmula del Concilio de Constantinopla, es decir en la versión normalmente contenida en la Misa. El mensaje es claro: recomenzamos de la doctrina, de los contenidos fundamentales de nuestra fe. “Sí, porque -escribe el teólogo y Pontífice Ratzinger- el primer anuncio misionero de la Iglesia hoy es puesto en peligro por teorías de tipo relativista, que entienden justificar el pluralismo religioso, no solo “de facto”, sino también “de jure”. La consecuencia de este relativismo, explica el futuro Benedicto XVI, es que se consideren superadas una serie de verdades, como por ejemplo: el carácter definitivo y completo de la revelación de Cristo; la naturaleza de la fe teologal cristiana con respecto a la creencia en las otras religiones; la unicidad y la universalidad salvífica en el misterio de Cristo; la mediación salvífica universal de la Iglesia; la subsistencia en la Iglesia Católica de la única Iglesia de Cristo. He aquí, por lo tanto, la Verdad como causa principal de esta aversión y diría casi persecución al Santo Padre. Una aversión que tiene como consecuencia práctica su sentirse solo, un poco abandonado. ¿Abandonado de quién? ¡He aquí la gran contradicción! Abandonado por los opositores a la Verdad, pero sobre todo de ciertos sacerdotes y religiosos, no sólo Obispos, pero no de los fieles. Así el clero está atravesando una cierta crisis, en el episcopado prevalece un bajo perfil, no obstante los fieles de Cristo están aún con todo su entusiasmo. Obstinadamente continúan rezando y van a Misa, frecuentan los Sacramentos y rezan el Rosario. Y sobre todo esperan en el Papa. Hay un sorprendente punto de solidez entre el Papa Benedicto y el Pueblo, entre el hombre vestido de blanco y las almas de millones de cristianos. Ellos entienden y aman al Papa. ¡Esto porque su fe es simple!. Por otra parte es la simplicidad la puerta de ingreso a la Verdad. Monseñor Adriano Bernardini,

Nuncio Apostólico en la Argentina 22 de febrero de 2011.

Ya en 1957, decía Sor Lucía al Padre Agustín Fuentes, postulador de las causas de los pastorcitos Jacinta y Francisco, en “declaraciones que tienen todas las garantías de autenticidad y todas las seguridades jerárquicas, entre las cuales se encontraba la del Obispo de Fátima” según afirmó el Archivista oficial de Fátima, Padre Joaquín María Alonso: Padre, la Santísima Virgen está muy triste, porque nadie hace caso a su Mensaje, ni los buenos ni los malos. Los buenos prosiguen su vida de bondad; pero sin hacer caso a este mensaje. Los malos porque no viendo el castigo de Dios actualmente sobre ellos, a causa de sus pecados, prosiguen también su camino de maldad, sin hacer caso a este Mensaje. Pero créame 250


Padre, Dios va a castigar al mundo, y lo va a castigar de una manera tremenda. El castigo del Cielo es inminente. ¿Qué falta Padre para 1960, y qué sucederá entonces? Será una cosa muy triste para todos; y no una cosa alegre si antes el mundo no hace oración y penitencia. No puedo detallar más, ya que es aún secreto… Es la tercera parte del Mensaje de Nuestra Señora, que aún permanece secreto hasta esa fecha de 1960. Algo sin embargo le fue permitido decir a Sor Lucía al Padre Fuentes: Dígales, Padre, que la Santísima Virgen, repetidas veces, tanto a mis primos como a mí, nos dijo: Que muchas naciones de la tierra desaparecerán de la faz de la misma, que Rusia sería el instrumento del castigo del Cielo para todo el mundo, si antes no alcanzábamos la conversión de esa pobrecita Nación… Padre, el demonio está librando una batalla decisiva con la Virgen; y como sabe qué es lo que más ofende a Dios y lo que en menos tiempo le hará ganar mayor un número de almas, está tratando de ganar a las almas consagradas a Dios, ya que de esta manera deja el campo libre de las almas desamparado, y se apodera más fácilmente de ellas… Lo que más aflige al Corazón Inmaculado de María y al Sagrado Corazón de Jesús es la pérdida de las almas de los religiosos y de los sacerdotes. El demonio sabe que los religiosos y los sacerdotes que fracasan en su sublime vocación, arrastran consigo al infierno a numerosas almas (…) El demonio quiere apoderarse de las almas consagradas. Intenta corromperlas a fin de adormecer las almas de los laicos, y de ese modo llevarlas a la impenitencia final. (Toute la Vérité sur Fatima, Frère Michel de la Sainte Trinité, uno de los mas documentados peritos sobre Fátima) Padre, no es mi misión indicarle al mundo los castigos materiales que ciertamente vendrán sobre la tierra si el mundo antes no hace oración y penitencia. No. Mi misión es indicarles a todos el inminente peligro en que estamos de perder para siempre nuestra alma si seguimos aferrados al pecado. (Ibid) En las dos primeras partes del Mensaje de Fátima no hay referencia alguna al ataque diabólico asestado a las almas Sin embargo, Lucía relaciona aquí claramente este ataque a la “tercera parte del Mensaje de Nuestra Señora, que aún permanece secreto hasta esa fecha de 1960”. Por eso, Sor Lucía no ha hecho otra cosa que confirmar que detrás de aquel “etc” puesto por ella en su “Cuarta Memoria”, al final de la referencia de parte de la Santísima Virgen a la conservación del dogma en Portugal, se encuentra una profecía celestial sobre la apostasía en el interior de la Iglesia Católica. Nótese también que Sor Lucía – después de la Segunda Guerra Mundial y la ascensión del comunismo internacional – pone en guardia contra los “castigos materiales que ciertamente vendrán sobre la tierra si el mundo antes no hace oración y penitencia. Pocos años después, la Virgen daba un Mensaje en Garabandal, por medio de San Miguel, el cual, desgraciadamente, ya no extraña a nadie. Lo hemos transcripto más arriba. Como dijimos antes, Juan Pablo II quiso dar a conocer la tercera parte del Secreto de Fátima. Lo intentó en la beatificación de los pastorcitos, pero ante las trabas que sufrió, pudo al menos dar dos claves para de alguna manera hacerlo saber: La lectura de la Misa de la beatificación de los pastorcitos (13 de mayo del 2000) que tomó personalmente del Capítulo 12 del Apocalipsis, con su homilía; y el Vía Crucis que pidió al Cardenal Ratzinger para el Viernes Santo de 2005. No quería morir, y cuando sintió que el Señor ya lo estaba llamando, quiso cumplir con la Virgen, a la que amaba con ardor conocido por el mundo entero, cumpliendo lo que había prometido a Sor 251


Lucía, con quien había trabado una amistad que sólo se da en los santos: Llamó al Cardenal Ratzinger -que pronto sería su sucesor- para que dirigiera el tradicional Vía Crucis del Viernes Santo en el Coliseo de Roma y con él preparó las lecturas, entre las que conmovía una especialmente “fuerte” en su contenido, como fue notado. Era la que daba a conocer parte del Mensaje de Fátima que no se dio a publicidad: .

Vía Crucis en el Coliseo Novena Estación Viernes Santo 25 de marzo de 2005 Meditación de la Novena Estación: ¿Qué puede decirnos la tercera caída de Jesús bajo el peso de la cruz? Quizás nos hace pensar en la caída de los hombres, en que muchos se alejan de Cristo, en la tendencia a un secularismo sin Dios. Pero ¿No deberíamos pensar también en lo que debe sufrir Cristo en su propia Iglesia? En cuántas veces se abusa del Sacramento de su Presencia, y en el vacío y maldad de corazón donde entra a menudo. ¡Cuántas veces celebramos sólo nosotros, sin darnos cuenta de Él! ¡Cuántas veces se abusa de su Palabra! ¡Qué poca fe hay en muchas teorías, cuántas palabras vacías! ¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia! ¡Qué poco respetamos el Sacramento de la Reconciliación, en el cual Él nos espera para levantarnos de nuestras caídas! También esto está presente en su pasión. La traición de sus discípulos, la recepción indigna de su Cuerpo y su Sangre es ciertamente el mayor dolor del Redentor, el que le traspasa el Corazón. No nos queda más que gritarle desde lo profundo del alma: Kyrie eleison – Señor sálvanos (cf Mt 8,25) Oración Señor, frecuentemente tu Iglesia nos parece una barca a punto de hundirse, que hace aguas por todas partes. Y también en tu campo vemos más cizaña que trigo. Nos abruman su atuendo y su rostro tan sucios. Pero los empañamos nosotros mismos. Nosotros somos quienes te traicionamos, no obstante los gestos ampulosos y las palabras altisonantes. Ten piedad de tu Iglesia: también en ella Adán, el hombre, cae una y otra vez. Al caer, quedamos en tierra y Satanás se alegra, porque espera que ya nunca podremos levantarnos; espera que Tú, siendo arrastrado en la caída de tu Iglesia, quedes abatido por siempre. Pero Tú te levantarás. Tú te has reincorporado, has resucitado y puedes levantarnos. Salva y santifica a tu Iglesia. Sálvanos y santifícanos a todos. Las palabras de esta meditación son duras, pero han sido dichas por el Cardenal que sería unos días después Benedicto XVI, preparadas junto con el Papa Juan Pablo II, que ya se sentía morir. Un hecho singular y trascendente.”

El Cardenal Ratzinger y la Virgen de Akita La relación entre la “profecía religiosa” del Tercer Secreto y las “otras apariciones marianas”, que hizo el Cardenal en la entrevista de 1984, era algo sumamente relevante. La aparición de la Virgen de Akita a Sor Agnese Katsuko Sasagawa, una religiosa japonesa, ocurrida el 13 de octubre de 1973 – en el aniversario del Milagro 252


del Sol – fue considerada auténtica y digna de crédito luego de una investigación del Obispo Ito de la Diócesis de Akita. Nuestra Señora habla conjuntamente de un terrible castigo para el mundo y de la división de “cardenales y obispos” y la gran crisis sacerdotal. He aquí lo que dijo la Virgen a Sor Agnese:

Como te he dicho, si los hombres no se arrepienten y no se mejoran ellos mismos, el Padre infligirá un terrible castigo sobre a toda la humanidad. Será un castigo más grande que el Diluvio, tal como no se ha visto antes. El fuego caerá del cielo y destruirá una gran parte de la humanidad, tanto los buenos como los malos, sin perdonar ni sacerdotes ni fieles. Los sobrevivientes se encontrarán tan desolados que envidiarán a los muertos. Las únicas armas que os quedarán serán el Rosario y el Signo que ha dejado mi Hijo. Rezad las oraciones del Rosario todas los días. Con el Rosario rezad por el Papa, los obispos y los sacerdotes. La obra del diablo se infiltrará hasta por dentro de la Iglesia de una manera tal que se verá cardenales oponerse a cardenales, obispos contra obispos. Los sacerdotes que me veneran serán despreciados y obstaculizados por sus hermanos en el sacerdocio… iglesias y altares saqueados; la Iglesia estará llena de aquellos que aceptan transigencias y el demonio empujará a muchos sacerdotes y almas consagradas a dejar el servicio del Señor. (Mensaje de la Virgen Ssma. en Akita, Japón) Howard Dee, ex Embajador de las Filipinas en la Santa Sede, reveló en una entrevista en 1998 a Inside the Vatican, que “el Obispo Ito estaba seguro que Akita era una prolongación de Fátima y el Cardenal Ratzinger me confirmó personalmente, que estos dos mensajes, el de Fátima y el de Akita, son esencialmente la misma cosa.” Hay relación con este mensaje aterrador de la Inmaculada Madre del Corazón Eucarístico de Jesús en Salta:

Muchas almas religiosas caerán y se apartarán del camino del Señor para vivir en la tibieza del mundo. Los sacerdotes que queden no se diferenciarán en nada de los seglares, seguirán el camino del mundo que los llevará a la apostasía, las religiosas seguirán este mismo camino y muchas almas buenas se perderán por su causa. El mundo sin religión y sin Dios…(Salta, 13/4/96 ver mensaje completo en el capítulo anterior) Los recientes “llamados a la desobediencia” y enfrentamiento al Sumo Pontífice Benedicto XVI, nos traen a la mente nuevamente las palabras del Santo Pontífice Pío X, en su primera Encíclica: Quien considere todas estas cosas, puede, con razón, temer que esta perversidad de los espíritus, sea como un anticipo y comienzo de los males que estaban reservados para el fin de los tiempos, o que ya se encuentra en este mundo el hijo de la perdición (II Tes, 2-3), de que nos habla el Apóstol. San Pío X, Encíclica Supremi apostolatus. Y también lo dicho por el mismo Pontífice en la Encíclica que recuerda la proclamación del Dogma de la Inmaculada y reflexiona sobre sus frutos: …Es una perversidad común a los enemigos de la fe, sobre todo de nuestra época proclamar que se debe repudiar todo respeto y toda obediencia a la autoridad de la Iglesia, y aun a cualquier otro poder humano, pensando que les será más fácil con esto acabar con la fe. Éste es el origen del 253


anarquismo, doctrina la más perjudicial y más perniciosa contra toda especie de orden natural y sobrenatural. Semejante peste igualmente fatal a la sociedad y al hombre cristiano, encuentra su ruina en el Dogma de la Inmaculada Concepción de María, por la obligación que impone de reconocer a la Iglesia un poder ante el cual no sólo tiene que doblegarse la voluntad, sino también la inteligencia. Porque por efecto de una sumisión de este género, el pueblo cristiano dirige esta alabanza a la Virgen: “Toda hermosa eres, María, y no hay en Ti mancha original”(Gr. F. de la I.C. de la B.V.M.) Y con esto se encuentra justificado una vez más lo que la Iglesia afirma de Ella: “Que Ella sola ha exterminado todas las herejías en el mundo entero. San Pío X, Encíclica Ad diem illum, 2 de febrero de 1904. Ya en La Salette la Santísima Virgen había dado este mensaje muy poco conocido, o al menos olvidado: Algunos puntos del importante secreto dado por la Virgen a Melanie: La Hermosa Señora de la Salette comunicó un secreto que debía revelar años más tardes. Maximino aseguró que la Virgen dijo algo a Melanie que él no oyó. Este secreto, sin embargo, no está incluido en la aprobación dada por la Iglesia a la aparición ya que fue divulgado posteriormente.

Melanie: Esto que Yo te voy a decir no será siempre secreto; puedes publicarlo en 1858. Los sacerdotes, ministros de mi Hijo, por su mala vida, por sus irreverencias y su impiedad al celebrar los santos misterios, por su amor al dinero, a los honores y a los placeres, se han convertido en cloacas de impureza. Sí, los sacerdotes piden venganza, y la venganza pende de sus cabezas. ¡Ay de los sacerdotes y personas consagradas a Dios, que por sus infidelidades y mala vida crucifican de nuevo a mi Hijo! Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al cielo y piden venganza, y he aquí que la venganza está a las puertas, pues ya no hay almas generosas ni persona digna de ofrecer la Víctima sin mancha al Eterno en favor del mundo. Dios va a castigar de una manera sin precedentes. ¡Ay de los habitantes de la tierra! Dios va a derramar su cólera y nadie podrá sustraerse a tantos males juntos. Los jefes, los conductores del pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias, se han convertido en estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer. Dios permitirá a la antigua serpiente poner divisiones entre los soberanos, en todas las sociedades y en todas las familias. Se sufrirán penas físicas y morales. Dios abandonará a los hombres a sí mismos y enviará castigos que se sucederán durante más de treinta y cinco años. Los malos libros abundarán en la tierra y los espíritus de las tinieblas extenderán por todas partes un relajamiento universal en todo lo relativo al servicio de Dios y obtendrán un poder extraordinario sobre la naturaleza: habrá iglesias para servir a esos espíritus. Algunas personas serán transportadas de un lugar a otro por esos espíritus malvados, incluso sacerdotes, por no seguir el buen espíritu del Evangelio, que es espíritu de humildad, de caridad y de celo por la gloria de Dios. Habrá por todas partes prodigios extraordinarios, porque la verdadera fe se ha extinguido y la falsa luz alumbra al mundo. ¡Ay de los príncipes de 254


la Iglesia que se hayan dedicado únicamente a amontonar riquezas, a poner a salvo su autoridad y a dominar con orgullo! Dado el olvido de la santa fe de Dios, cada individuo querrá guiarse por sí mismo y ser superior a sus semejantes. El Santo Padre sufrirá mucho. Yo estaré con él hasta el fin para recibir su sacrificio. Los malvados atentarán muchas veces contra su vida, sin poder poner fin a sus días. Los gobernantes civiles tendrán todos un mismo plan, que será abolir y hacer desaparecer todo principio religioso, para dar lugar al materialismo, al ateísmo, al espiritismo y a toda clase de vicios. En los conventos las flores de la Iglesia estarán corrompidas y el demonio se hará como el rey de los corazones. Que los que estén al frente de las comunidades religiosas vigilen a las personas que han de recibir, porque el demonio usará de toda su malicia para introducir en la órdenes religiosas a personas entregadas al pecado, pues los desórdenes y el amor de los placeres carnales se extenderán por toda la tierra. Los justos sufrirán mucho; sus oraciones, su penitencia y sus lágrimas subirán hasta el cielo y todo el pueblo de Dios pedirá perdón y misericordia e implorará mi ayuda e intercesión. Entonces Jesucristo, por un acto de justicia y de su gran misericordia con los justos, mandará a sus Ángeles para que mueran todos sus enemigos. De golpe los perseguidores de la Iglesia de Jesucristo y todos los hombres dados al pecado perecerán y la tierra quedará como un desierto. Entonces se hará la paz, la reconciliación de Dios con los hombres; Jesucristo será servido, adorado y glorificado; la caridad florecerá en todas partes. Los nuevos reyes serán el brazo derecho de la Santa Iglesia, que será fuerte, humilde, piadosa, pobre, celosa e imitadora de las virtudes de Jesucristo. El Evangelio será predicado por todas partes y los hombres harán grandes progresos en la fe, porque habrá unidad entre los obreros de Jesucristo, y los hombres vivirán en el temor de Dios. Esta paz entre los hombres no será larga: 25 años de abundantes cosechas les harán olvidar que los pecados de los hombres son la causa de todos los males que suceden en la tierra. Yo dirijo una apremiante llamada a la tierra; llamo a los verdaderos discípulos del Dios que vive y reina en los cielos; llamo a los verdaderos imitadores de Cristo hecho Hombre, el único y verdadero Salvador de los hombres; llamo a mis hijos, a mis verdaderos devotos, a los que se me han consagrado a fin de que los conduzca a mi divino Hijo, los que llevo, por decirlo así, en mis brazos, los que han vivido de mi espíritu; finalmente llamo a los apóstoles de los últimos tiempos, los fieles discípulos de Jesucristo que han vivido en el menosprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en el desprecio y en el silencio, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios, en el sufrimiento y desconocidos del mundo. Ya es hora que salgan a iluminar la tierra. Id y mostraos como mis hijos queridos, Yo estoy con vosotros y en vosotros con tal que vuestra fe sea la luz que os ilumine en esos días de infortunio. Que vuestro celo os haga hambrientos de la gloria de Dios y de la honra de Jesucristo. Pelead, hijos de la luz, vosotros, pequeño número que ahí veis; pues he aquí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines.

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Volviendo a la dolorosa declaración de Pablo VI del 29 de junio de 1972: “Por alguna fisura ha entrado el humo de satanás en el Templo de Dios”, comenta Juan Carlos Moreno en los años 80: …esas palabras dan a en tender que el maligno tiene acción libre entre las altas jerarquías eclesiásticas. Los demonios atacan hoy con mayor violencia a los obispos, sacerdotes y religiosos, porque, haciéndolos claudicar, caen con ellos muchas almas que están bajo su responsabilidad. Además, actualmente han proliferado los casos de posesos, obsesos y personas atormentadas por espíritus inmundos. Contribuye a aumentar el ambiente infestado, la creación de escuelas y conciliábulos de teosofistas , espiritistas, satanistas, esoteristas y cabalistas, manejados por seudo sabios y gente entregada a satanás. Hoy la situación es mucho más grave. La Congregación de la Doctrina de la Fe ha caído ya en manos de los enemigos de Dios. El Cardenal Müller, que la conduce desde hace un tiempo, es abiertamente blasfemo y hereje, negando dos dogmas que hacen a lo más importante de la Fe, y que cada católico conserva humilde y gozosamente en lo más profundo de su corazón: La Virginidad perpetua de la Santísima Virgen María y la Transubstaciación, es decir el Misterio por el cual los sacerdote, al consagrar, hace viva en el altar la Presencia Real de Jesucristo con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la Santísima Eucaristía. ¿Cómo no vamos a ver las imágenes de Nuestra Señora llorando sangre?

El Papa Pío XII, en 1953, había declarado: El día que la Sagrada Congregación que vigila la Fe afloje la mano, ese día habrá llegado la hora de un futuro asalto a la fortaleza de la Iglesia, perpetrado por esos elementos incrustados en su propio seno. La más dura de las admoniciones al respecto pareciera ser, sin embargo, la de San Juan Eudes: “La mayor señal de la ira de Dios sobre un pueblo y el más terrible castigo que sobre él pueda descargar en este mundo, es permitir que, en castigo de sus crímenes, venga a caer en manos de pastores que más lo son de nombre que de hecho, que más ejercitan contra él la crueldad de lobos hambrientos que la caridad de solícitos pastores, y que, en lugar de alimentarlos cuidadosamente, le desgarren y devoren con crueldad; que en lugar de llevarle a Dios, le vendan a satanás, en lugar de encaminarle Cielo, le arrastren con ellos al infierno; y en lugar de ser la sal de la tierra y la luz del mundo, sean su veneno y sus tinieblas.” San Juan Eudes, El Sacerdote.

Y por fin, una iniciativa que merece ser imitada: 256


Santa Sede promueve campaña mundial de adoración eucarística por sacerdotes Vaticano, 4 Ene. 08 (ACI).-La Congregación para el Clero lanzó una campaña mundial de adoración eucarística perpetua por la santidad de los sacerdotes de todo el globo y las vocaciones a la vida sacerdotal. Según explican desde el dicasterio vaticano, la iniciativa busca hacer que siempre alguien esté rezando por los sacerdotes durante las 24 horas del día desde cualquier lugar del mundo, al tiempo que se implora a la Virgen María su intercesión por cada uno de ellos. La vocación a ser madre espiritual de los sacerdotes es muy poco conocida, escasamente comprendida y por lo mismo poco vivida, pese a su vital importancia. Independientemente de la edad, todas las mujeres pueden ser madres espirituales de un sacerdote”. Esta es una de las acciones también propuestas para que las mujeres recen anónimamente por un sacerdote específico y lo acompañen espiritualmente”. En esta iniciativa también se propone crear más santuarios eucarísticos y la creación de lugares específicos en donde se pueda realizar la adoración eucarística continua. Busca también orar por la reparación de las faltas “de inconducta moral y cultual de una pequeñísima parte del clero”, señalaron desde el Dicasterio vaticano. Paralelamente, y desde hace tiempo, se están realizando muchas obras de oración que congregan a fieles que en el silencio y la humildad, están, con su oración, al frente de esta batalla dirigida por San Miguel en nombre de María, de quien depende el mundo aunque éste no lo quiera reconocer: Adoración al Santísimo Sacramento, en Horas Santas, en forma continuada o perpetua, porque ésta es la hora de Jesús en la Eucaristía y el poder inconmensurable de estas oraciones sólo Dios lo conoce; Rosario continuado y la tradicional y no menos poderosa Cofradía del Rosario Perpetuo; obras de abnegada caridad con enfermos y sufrientes, y tantas otras de conjunto o de personas individuales que sería imposible enumerar y hasta conocer. Hay almas de oración, y muchas. No nos desanimemos, pero tratemos de imitarlas, porque la Virgen nos está diciendo que hay que rezar más aún. El Papa Francisco comienza a cumplir lo que le ha pedido el Señor. “Restaura mi Iglesia” dirigiéndose a los sacerdotes. A pesar del gran relajamiento de las costumbres del clero, incluyendo sus votos los religiosos, el Papa no les hace reproches, les da en cambio una profunda meditación sobre la misión del sacerdote, ungido por el Señor. Existe una gran cantidad de sacerdotes que están mal, y que transmiten a los otros, los que no lo están, una gran confusión. El Papa Francisco como buen padre, les hace meditar suave y dulcemente el aspecto más consolador del llamado del Señor. Y así comienza curar las heridas del pecado, con una caridad admirable. Ésta es la homilía que pronunció el Jueves Santo 28 de marzo, a sólo quince días de su elección como Sumo Pontífice en la Misa Crismal: Queridos hermanos y hermanas: Celebro con alegría la primera Misa Crismal como Obispo de Roma. Os saludo a todos con afecto, especialmente a vosotros, queridos sacerdotes, que hoy recordáis, como yo, el día de la ordenación. Las Lecturas, también el Salmo, nos hablan de los «Ungidos»: el siervo de Yahvé de Isaías, David y Jesús, nuestro Señor. Los tres tienen en común que la unción que reciben es para ungir al pueblo fiel de Dios al que sirven; su unción es para los pobres, para los cautivos, para los oprimidos... Una imagen muy bella de 257


este «ser para» del santo crisma es la del Salmo 133: «Es como óleo perfumado sobre la cabeza, que se derrama sobre la barba, la barba de Aarón, hasta la franja de su ornamento» (v. 2). La imagen del óleo que se derrama, que desciende por la barba de Aarón hasta la orla de sus vestidos sagrados, es imagen de la unción sacerdotal que, a través del ungido, llega hasta los confines de la tierra representado mediante las vestiduras. La vestimenta sagrada del sumo sacerdote es rica en simbolismos; uno de ellos, es el de los nombres de los hijos de Israel grabados sobre las piedras de ónix que adornaban las hombreras del efod, del que proviene nuestra casulla actual, seis sobre la piedra del hombro derecho y seis sobre la del hombro izquierdo (cf. Ex 28,6-14). También en el pectoral estaban grabados los nombres de las doce tribus de Israel (cf. Ex 28,21). Esto significa que el sacerdote celebra cargando sobre sus hombros al pueblo que se le ha confiado y llevando sus nombres grabados en el corazón. Al revestirnos con nuestra humilde casulla, puede hacernos bien sentir sobre los hombros y en el corazón el peso y el rostro de nuestro pueblo fiel, de nuestros santos y de nuestros mártires, que en este tiempo son tantos. De la belleza de lo litúrgico, que no es puro adorno y gusto por los trapos, sino presencia de la gloria de nuestro Dios resplandeciente en su pueblo vivo y consolado, pasamos ahora a fijarnos en la acción. El óleo precioso que unge la cabeza de Aarón no se queda perfumando su persona sino que se derrama y alcanza «las periferias». El Señor lo dirá claramente: su unción es para los pobres, para los cautivos, para los enfermos, para los que están tristes y solos. La unción, queridos hermanos, no es para perfumarnos a nosotros mismos, ni mucho menos para que la guardemos en un frasco, ya que se pondría Rancio el aceite…y amargo el corazón. Al buen sacerdote se lo reconoce por cómo anda ungido su pueblo; esta es una prueba clara. Cuando la gente nuestra anda ungida con óleo de alegría se le nota: por ejemplo, cuando sale de la misa con cara de haber recibido una buena noticia. Nuestra gente agradece el evangelio predicado con unción, agradece cuando el evangelio que predicamos llega a su vida cotidiana, cuando baja como el óleo de Aarón hasta los bordes de la realidad, cuando ilumina las situaciones límites, «las periferias» donde el pueblo fiel está más expuesto a la invasión de los que quieren saquear su fe. Nos lo agradece porque siente que hemos rezado con las cosas de su vida cotidiana, con sus penas y alegrías, con sus angustias y sus esperanzas. Y cuando siente que el perfume del Ungido, de Cristo, llega a través nuestro, se anima a confiarnos todo lo que quieren que le llegue al Señor: «Rece por mí, padre, que tengo este problema...». «Bendígame, padre», y «rece por mí» son la señal de que la unción llegó a la orla del manto, porque vuelve convertida en súplica, súplica del Pueblo de Dios. Cuando estamos en esta relación con Dios y con su Pueblo, y la gracia pasa a través de nosotros, somos sacerdotes, mediadores entre Dios y los hombres. Lo que quiero señalar es que siempre tenemos que reavivar la gracia e intuir en toda petición, a veces inoportunas, a veces puramente materiales, incluso banales – pero lo son sólo en apariencia – el deseo de nuestra gente de ser ungidos con el óleo perfumado, porque sabe que lo tenemos. Intuir y sentir como sintió el Señor la angustia esperanzada de la hemorroisa cuando tocó el borde de su manto. Ese momento de Jesús, metido en medio de la gente que lo rodeaba por todos lados, encarna toda la belleza de Aarón revestido sacerdotalmente y con el óleo que desciende sobre sus vestidos. Es una belleza oculta que resplandece sólo para los ojos llenos de fe de la mujer que padecía derrames de sangre. Los mismos 258


discípulos – futuros sacerdotes – todavía no son capaces de ver, no comprenden: en la «periferia existencial» sólo ven la superficialidad de la multitud que aprieta por todos lados hasta sofocarlo (cf. Lc 8,42). El Señor en cambio siente la fuerza de la unción divina en los bordes de su manto. Así hay que salir a experimentar nuestra unción, su poder y su eficacia redentora: en las «periferias» donde hay sufrimiento, hay sangre derramada, ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tantos malos patrones. No es precisamente en autoexperiencias ni en introspecciones reiteradas que vamos a encontrar al Señor: los cursos de autoayuda en la vida pueden ser útiles, pero vivir nuestra vida sacerdotal pasando de un curso a otro, de método en método, lleva a hacernos pelagianos, a minimizar el poder de la gracia que se activa y crece en la medida en que salimos con fe a darnos y a dar el Evangelio a los demás; a dar la poca unción que tengamos a los que no tienen nada de nada. El sacerdote que sale poco de sí, que unge poco – no digo «nada» porque, gracias a Dios, la gente nos roba la unción – se pierde lo mejor de nuestro pueblo, eso que es capaz de activar lo más hondo de su corazón presbiteral. El que no sale de sí, en vez de mediador, se va convirtiendo poco a poco en intermediario, en gestor. Todos conocemos la diferencia: el intermediario y el gestor «ya tienen su paga», y puesto que no ponen en juego la propia piel ni el corazón, tampoco reciben un agradecimiento afectuoso que nace del corazón. De aquí proviene precisamente la insatisfacción de algunos, que terminan tristes, sacerdotes tristes, y convertidos en una especie de coleccionistas de antigüedades o bien de novedades, en vez de ser pastores con «olor a oveja» – esto os pido: sed pastores con «olor a oveja», que eso se note –; en vez de ser pastores en medio al propio rebaño, y pescadores de hombres. Es verdad que la así llamada crisis de identidad sacerdotal nos amenaza a todos y se suma a una crisis de civilización; pero si sabemos barrenar su ola, podremos meternos mar adentro en nombre del Señor y echar las redes. Es bueno que la realidad misma nos lleve a ir allí donde lo que somos por gracia se muestra claramente como pura gracia, en ese mar del mundo actual donde sólo vale la unción – y no la función – y resultan fecundas las redes echadas únicamente en el nombre de Aquél de quien nos hemos fiado: Jesús. Queridos fieles, acompañad a vuestros sacerdotes con el afecto y la oración, para que sean siempre Pastores según el corazón de Dios. Queridos sacerdotes, que Dios Padre renueve en nosotros el Espíritu de Santidad con que hemos sido ungidos, que lo renueve en nuestro corazón de tal manera que la unción llegue a todos, también a las «periferias», allí donde nuestro pueblo fiel más lo espera y valora. Que nuestra gente nos sienta discípulos del Señor, sienta que estamos revestidos con sus nombres, que no buscamos otra identidad; y pueda recibir a través de nuestras palabras y obras ese óleo de alegría que les vino a traer Jesús, el Ungido. Amén. La homilía del Papa Francisco nos hace recordar aquel santo llamado que hizo la Virgen hace 33 años:

Sacerdotes: La Mujer Vestida de Sol, con la luna bajo sus pies y en torno a su cabeza una corona de doce estrellas, es Vuestra Madre Victoriosa que,

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con el Papa, su primer hijo predilecto, os reúne a todos en su Corazón Inmaculado y os bendice “. (La Ssma Virgen a los sacerdotes, sus hijos predilectos, por medio del Padre Gobbi,1º de enero de 1980)

VII

Las Virgen llora en el mundo Soy San Miguel Arcángel y os anuncio que la Madre está triste. Lágrimas está derramando por la infidelidad del hombre. San Miguel, Lanús, 9 de junio de 1995

No acaban los llamados de la Virgen a la oración y a la penitencia. No cesa su Corazón de indicarnos el camino hacia Jesús. Hasta ha querido mostrar, y cada vez con mayor frecuencia, sus acerbísimas lágrimas, para movernos a escucharla. Todo el mundo ha oído hablar de la Virgen de Siracusa, que el 29 de agosto de 1953 y los tres días siguientes estuvo derramando lágrimas. El afluir de peregrinos ha sido incesante: cerca de 70.000 cada día. Antes de terminar el año más de un millón de personas han pasado delante de la imagen milagrosa. Se trata de una imagen sencilla de yeso, con colores y esmalte, que vulgarmente se conoce con el nombre de “Ave María”. Tiene el manto azul pálido, rostro infantil y un corazón rodeado de llamas. Fue un regalo de bodas a Antonia Giusto, casada con el albañil comunista Angel Jannuso. Se encontraba enferma, y desde que iba a ser madre, los ataques epilépticos se repetían con mayor frecuencia. En los momentos de reposo obligado, Antonia se dirigía a la Virgencita, con ese fervor sencillo y humilde de quien pide un favor. El 29 de agosto, octava de la fiesta del Corazón Inmaculado de María, a las ocho y media de la mañana, comenzaron a bajar las lágrimas de los ojos azules de la Virgen. Antonia había tenido aquella mañana una crisis más grave. La Virgen continuó derramando lágrimas cuatro días. En ese tiempo toda Siracusa estuvo conmovida. Antonina quedó curada y tuvo un niño perfectamente sano. El 3 de septiembre, Monseñor Baranzini, Arzobispo de Siracusa, en medio del silencio impresionante de la muchedumbre, oró delante de la imagen, la tomó en sus manos y, en presencia del alcalde y de numerosos sacerdotes, pudo constatar personalmente cómo aquellos ojos lloraban con un fluir ininterrumpido. Después rezó en alta voz, y la muchedumbre, emocionada, contestó a sus plegarias. Ha nombrado una comisión de médicos para examinar las curaciones. “La Iglesia -ha dicho- no tiene prisa. Maestra de sabiduría y de prudencia no se declara sino después de un maduro examen” Declaró también, bajo juramento sobre la Biblia, el artesano que realizara la Imagen, y por supuesto todos los testigos presenciales, y se hicieron las correspondientes comprobaciones químicas de las lágrimas, y todos los estudios necesarios.

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Por fin, los Obispos de Sicilia reunidos para la acostumbrada conferencia de Bagheria escucharon una amplia información del Arzobispo de Siracusa sobre la lacrimación de la imagen del Corazón Inmaculado de María, ocurrida los días 29, 30 y 31 de agosto y el 1 de septiembre. Examinadas atentamente las pruebas y los documentos originales, han concluido este juicio unánime:

No puede ponerse en duda la realidad de la lacrimación. Por lo cual, “hacen votos para que tal manifestación de la Madre celestial excite a todos a una mayor devoción al Corazón Inmaculado de María, y desean que pronto un santuario perpetúe la memoria del prodigio. La célebre lacrimación de una Imagen donde muestra su Corazón Inmaculado en Siracusa, movió a Pío XII a una exhortación pública y ardiente en la clausura del Congreso Mariano de Sicilia, realizado con motivo del Año Mariano Universal 1954: Si tan ardientemente está arraigada la devoción a María en el pueblo de Sicilia, ¿quién podrá maravillarse de que Ella -según se nos ha referido por vuestros prelados- haya escogido una ilustre ciudad para dispensar en estos últimos tiempos señaladísimas gracias? Ciertamente esta Sede Apostólica no ha manifestado hasta ahora de modo alguno su juicio en torno a las lágrimas que se dice brotaron de una imagen suya en una humilde casa de trabajadores; sin embargo, no sin viva conmoción, tuvimos conocimiento de la unánime declaración del episcopado de Sicilia sobre la realidad de aquel suceso. Sin duda María es en el Cielo eternamente feliz y no sufre dolor ni tristeza; pero no permanece insensible, antes bien alienta siempre amor y piedad hacia el desgraciado género humano a quien fue dada por Madre, cuando dolorosa y llorando estaba al pie de la Cruz donde pendía su Hijo. ¿Comprenderán los hombres el arcano lenguaje de aquellas lagrimas? ¡Oh, las lágrimas de María! Eran, sobre el Gólgota, lágrimas de compasión por su Jesús y de tristeza por los pecados del mundo ¿Llora todavía por las renovadas llagas producidas en el Cuerpo Místico de Jesús? ¿O llora por tantos hijos en quienes el error y la culpa han apagado la vida de la gracia y ofenden gravemente a la Majestad divina? ¿O son lágrimas de espera por el retorno de otros hijos suyos, un día fieles y hoy arrastrados por falsos encantos entre las filas de los enemigos de Dios? El Beato Juan Pablo II también tuvo una devota actitud hacia el llanto de la Virgen en su visita pastoral al Santuario "Nuestra Señora de las Lágrimas" en Siracusa: Las lágrimas de la Virgen pertenecen al orden de los signos: testimonian la presencia de la Madre en la Iglesia y en el mundo. Una madre llora cuando ve a sus hijos amenazados por algún mal, espiritual o físico. María llora participando en el llanto de Cristo por Jerusalén, junto al sepulcro de Lázaro y por último, en el camino de la cruz. Las lágrimas de la Madre son lágrimas de dolor por cuantos rechazan el amor de Dios y por la humanidad oprimida y rota; lágrimas de oración de la Madre que eleva su oración suplicante por los que no rezan, por los que están obstinados y cerrados para no escuchar a Dios; lágrimas de esperanza: que desean ablandar los corazones endurecidos, alcanzado arrepentimiento, llanto de conversión en todos aquellos que no han llorado por sus pecados.

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Nuestro Señor dijo a la Hna. Lucía en sus apariciones en Pontevedra: "Mira el Corazón de tu Madre rodeado de espinas por todas las ofensas e injurias con que se le hiere. Al menos tú, procura consolarle." Hoy la Madre de Dios y nuestra manifiesta su dolor por los pecados del mundo y por los castigos que suscitan y suscitarán en todas partes del mundo. Resulta verdaderamente imposible hacer una reseña de la cantidad de lágrimas que la Virgen ha “derramado” en todas partes del mundo. Continuamente leemos noticias de Imágenes de distintas advocaciones que derraman lágrimas. Y, tal vez, la más significativa sea la de Civitaveccia, cuyas lágrimas fueron de sangre. Sí, lloró sangre la Virgen, en una Imagen en la que se presenta como Reina de la Paz, llevada a Italia desde Medjugorje, y lloró en brazos del Obispo, en una manifestación especial en la que tuvo mucho que ver la participación del Papa Juan Pablo II.

VIII

Coronación de la Madonnina de Civitavecchia Que realizó el Papa Juan Pablo II, en su capilla privada. Las lágrimas de la Virgen nos ayudan a entender la gravedad del pecado y del rechazo de Dios. Juan Pablo II en La Salette

Una imagen de María, Reina de la Paz, comprada en Medjugorje por el Padre Pablo Martín, y regalada a la familia Gregori, de Civitavecchia, a 70 kilómetros de Roma, lloró lágrimas de sangre el 2 de febrero de 1995 en la entrada de la casa de esa familia. El Obispo, Monseñor Giorolamo Grillo, no lo creyó. Se hicieron investigaciones y exorcismos, y la imagen quedó guardada bajo llave por el propio obispo, quien mandó a sus sacerdotes mantenerse alejados del asunto.

El relato por los medios de Monseñor Girolamo Grillo Pero, se sabe ahora, intervino el Papa. Juan Pablo II invitó a Monseñor Grillo a que “se abra a otras interpretaciones”. Entonces, cuenta ahora el Obispo: “Mis convicciones comenzaban a desmoronarse. Un Papa como Juan Pablo II que irrumpe en la cuestión y en mi vida… no había contado con ello. Mientras tanto, los análisis de sangre revelan que se trata de sangre masculina. ¿Será la sangre del Hijo de María? La Madonnina es radiografiada en el Policlínico Gemelli. Hasta le hacen una TAC. Consultaron al Padre Gabrielle Amorth, exorcista del Papa en la diócesis de Roma, reconocido mundialmente. Amorth excluyó una influencia satánica. No se podía tratar de alucinaciones por obra diabólica. Don Amorth agregó que un alma de Florencia, por él dirigida espiritualmente, le había dicho que la Virgen habría de llorar lágrimas de sangre en Civitavecchia. ¡Se lo dijo ocho meses antes! Lágrimas con tristes presagios para el futuro de Italia: Elección en el mes de junio, victoria de Prodi y atentado al premier, guerra civil en nuestro país. Un presagio funesto que se podía detener con 262


una gran oración. Le comuniqué el mensaje de Amorth a mi hermana quien quedó profundamente alterada. La mañana del 15 de marzo, apenas había terminado de celebrar la Eucaristía, mi hermana me dice: “No he dormido en toda la noche. He meditado las palabras del padre Amorth. Antes de volver a Roma, me implora ¿me dejas rezar ante la Virgen?”, Yo pensé: rezar no hace mal. Llamo a una de las dos Hermanas, sor Teresa, rumana, y le pido que saque la estatuilla del armario, donde estaba encerrada con llave. Conmigo estaban entonces, mi hermana, mi cuñado y la religiosa. Sin antes ponernos de acuerdo, recitamos la misma oración, la “Salve Regina”. Yo en latín. Había llegado a las palabras: “illos tuos misericordes oculos ad nos converte”, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos… En ese momento, mi cuñado me da un codazo: “¡No ve que vuelve a llorar!”. Una lágrima descendía por el ojo derecho de la estatuilla como si fuese un fino cabello. La lágrima descendía casi como una lágrima normal, pero deteniéndose antes de la mejilla formaba como una pequeña perla de rubí, la cual quería superar la mejilla, para volver a hacer el trazado de aquella precedente que fuera llevada al policlínico Gemelli. Empalidecí tanto que mi hermana se puso a gritar: “auxilio, auxilio”, manchándose el dedo con la sangre por su estado de agitación. A su grito corrieron Sor Mariana y mi sobrino Angelo que estaba durmiendo. De inmediato llamaron al médico jefe cardiólogo del hospital civil, el profesor Di Gennaro, quien pudo ver tanto sea el grave estado de shock en que me encontraba como la nueva lágrima de sangre aún fresca… El hecho es un hecho constatable, afirma el Obispo, verificable, no una visión. Estaba puesta en un pequeño cesto en mis manos. ¡Y era sangre! Hay poco para agregar. ¡Era sangre! ¡Ésta es la verdad! El 22 de mayo visita la Madonnina, en gran secreto, la presidenta de la Cámara de Diputados, la honorable Irene Pivetti. Tres días después, el 25 de mayo el Obispo habla con el Papa al término del encuentro con los obispos italianos. Juan Pablo II le pide noticias sobre la Madonnina. Ante mi titubeo al responder, Juan Pablo II salió con una frase cortante: “¡Ah! Vosotros obispos italianos tenéis la cabeza dura y siempre estáis dubitativos”. Ahora creo que tenía razón. El 9 de junio fui invitado a cenar por el Santo Padre, quien quiso –cosa que hasta ahora nadie lo sabe- que le llevase a la Madonnina. Le informé de mis contactos con los cardenales Sodano, Ratzinger y Ruini. El Papa citó varias veces, a propósito del llanto, al teólogo Hans Urs Von Balthasar. El llanto de la Virgen es una invitación a la conversión. Al final de la cena rezamos largo tiempo ante la Madonnina. Luego el Obispo, con sencillas palabras, relata las muestras de amor y devoción del Vicario de Cristo, hacia la santa Imagencita, que culminan con su Coronación: El Papa la veneró, la besó, la bendijo, le impuso sobre su cabeza una corona de oro que había llevado conmigo y le puso un Rosario colgando de una mano. Al final de aquellas horas, que nunca olvidaré, el Papa me impuso el silencio sobre lo que había acontecido. Pero también, el Papa le transmitió su voluntad de que ese acto de veneración pontificia, para que deje de ser secreto: Tiemblo aún al recordar sus palabras: “Un día –me dijo el Papa– usted lo hará saber al mundo; es decir, hará conocer a todos este acto mío de veneración”. Luego agregó: “Pongamos todo en las manos de Ratzinger…”. Al día siguiente el Cardenal Sodano me hizo saber la 263


satisfacción del Santo Padre. “Para la Madonnina –exclamó- se puede proceder sin titubeos. ¡Pedro está con usted!”. El Obispo entonces, hace una reflexión: La Virgen no puede evitar el seguir de cerca el camino de sus hijos en el tiempo, sus afanes y sus preocupaciones. El creyente no debe descartar algunas hipótesis, para quien no cree... No querría estar en los paños de un teólogo que deba dar alguna explicación por una estatua de María que llora sangre masculina. Un día el entonces Cardenal Ratzinger me dijo: “Los teólogos, si esto es cierto, tendrán que discutir mucho sobre la naturaleza de la sangre de María”. Y finalmente confiesa, humilde y fervoroso: La lacrimación ha cambiado mi vida; todo se ha vuelto efímero, caduco. Es como si tuviese una percepción nueva de las cosas y de la vida. Siempre fui devoto de la Virgen. Pero cuando ahora muchos me preguntan: ¿Cuándo piensas en la Madonnina? Y yo les digo que la pregunta debería ser al revés: ¡¿Cuándo no pienso en la Madonnina?! (1) Juan Pablo II solía ir en peregrinación espiritual a Medjugorje, como lo testimonian sus cartas a diversas personas (Ver “El niño escondido en Medjugorge”, de Sor Emmanuel, Editorial Paulinas, Buenos Aires) La Virgen había viajado desde Medjugorje a Civitavecchia, una ciudad cercana a Roma, y allí por lo visto, quería encontrarse con Pedro, con el Vicario de su Hijo. Va a devolverle las visitas que él le hacía diariamente desde Roma (1) Va con un fin expreso, compartir con su hijo dilecto su profundo dolor por la situación de la Iglesia y del mundo. Va como Reina y Señora de la Paz, posiblemente a advertir castigos. Porque allí la Virgen lloró sangre, y hasta pareciera que lloró con la Sangre de su Hijo, como si le cayera desde lo alto de su Cruz. Seguramente María habló mucho con Juan Pablo II, tal vez sin palabras. Ambos se comprendieron: Había un mensaje que transmitir al mundo, y María lo dio con sus lágrimas de sangre, después de haberlo dado con tantísimos mensajes y manifestaciones. Porque si las lágrimas son un lenguaje universal, las lágrimas de sangre dicen más aún. El Papa comprende, sufre, llora también con la Madre de la Iglesia, que ve a muchos miembros de esa Iglesia apartarse, olvidarse de Dios y de su Ley, corromperse. María ve la fe en peligro, no ya la fe personal sino la de las mismas naciones, y siente en su Corazón Inmaculado el terrible dolor de ver multiplicadas las blasfemias y los sacrilegios… La primera reacción del obispo había sido el rechazo, el silencio, el ocultamiento del hecho. Pero, inesperadamente, intervino el Papa, que lo alentó a estudiar lo acontecido, y recriminó paternalmente a los obispos “dubitativos”. Y además, fue a visitar –de incógnito- a la Virgen. Y el Obispo fue amorosamente vencido y convencido por la Virgen, “pasando del más radical escepticismo a la aceptación del enigma”, como nos dice Vittorio Messori. Finalmente, el Santo Padre invitó al Obispo al apartamento pontificio. Juntos rezaron mucho a la Madonnina, En secreto. Mientras el mundo blasfemaba por las calles y por todos los medios de comunicación, el Sumo Pontífice de la Iglesia debió cerrar sus puertas para venerar a la Madre de Dios. ¡Misterio de iniquidad! El lenguaje de las lágrimas de sangre lo entendió el pueblo fiel, y eso no es del agrado de los enemigos de la Iglesia. Ahora ya se puede contar. “Se debe contar”. Porque ésa era la sagrada voluntad del Beato Juan Pablo II: que Monseñor Grillo diera a conocer al mundo estos actos de veneración que realizó como Vicario de Cristo a la Madre de Cristo, y que lo diga en el momento oportuno. Y así lo hizo ese Obispo conquistado para siempre por esas 264


lágrimas sacrosantas, quien después declaraba: "Es un evento racionalmente inexplicable. Está claro que ha sucedido algo de irracional entre mis manos. Me haré matar pero repetiré siempre lo que vi y lo que sucedió entre mis manos" Desde esa pequeña Imagen, la Reina de la Paz parece decirnos aquello que anticipaba el Antiguo Testamento: ¡Oh vosotros que pasáis por el camino, mirad si hay dolor comparable a mi dolor! (Lam 1,12) Y sabiendo de la tierna devoción mariana que tenía Juan Pablo II, podemos decir con seguridad que sus oraciones y obsequios fueron consoladores para la Virgen Santísima. Estamos seguros que Ella habrá escuchado benigna lo que ese día el Papa, con Monseñor Grillo habrán suplicado, pronunciando con gemidos la invocación que consagrara el Papa Benedicto XV: Regina Pacis, ora pro nobis! Juan Pablo II era el nuevo Pedro, y Monseñor Grillo, habiendo reaccionado de su incredulidad, era el nuevo Juan que se la recibía en su casa. Ambos la aman entrañablemente, lloran por haberla visto llorar, comprenden su dolor y tratan de consolarla filialmente. Y por fin, cuando el Sumo Pontífice la besó, le ofrendó un Rosario que puso en su mano, y finalmente la coronó, con una corona áurea que había llevado para Ella su custodio, el Obispo ahora convertido en otro “discípulo amado”, Ella habrá dejado ver en su rostro una gesto de consuelo por la reparación realizada en el secreto de la pequeña capilla de los Papas, convertida en esa noche en el centro del Universo: ¿¡Habrá habido en la historia de la Iglesia una coronación más significativa que ésta, que ignorada en la tierra era admirada por todos los coros angélicos del Cielo!? Agregamos dos hechos de lacrimaciones ocurridos en el seno de la familia: de quien escribe: El primero en una imagen de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, título que lleva a meditar y honrar la unión inseparable de la Divina Eucaristía con la Virgen Santísima, y que ofreciera a la Virgen San Pedro Julián Eymard para agradecerle el haberle inspirado la fundación de la Congregación del Santísimo Sacramento y toda la familia sacramentina. Una imagen bellísima de esta advocación se venera en el altar lateral izquierdo de la Basílica del Santísimo Sacramento de Buenos Aires. Fue realizada por el famoso escultor Galli, y bendecida en Roma, por San Pío X, que está muy vinculado con ella: él pasó a la historia como el Papa de la Eucaristía, y fue quien aprobó la advocación Además, el artista se inspiró en el rostro del Papa cuando era niño para realizar el rostro del Niño Jesús que la Virgen lleva en sus brazos. El Papa Sarto la quiso un tiempo junto a él para venerarla antes de ser enviada a Buenos Aires. En La Salette la Virgen lloró y así quedó su Imagen para siempre, por el desprecio de los días del Señor. El 13 de noviembre del Año del gran Jubileo, escribe Marcia, la vidente de Lanús: “La Madre lloraba lágrimas de sangre y se tapaba la cara con sus manos” dando este mensaje:

Hijitos queridos: ¡Paz, paz, paz! Orad mucho por eso, tanta paz necesita hoy el mundo, debe reinar la paz, orad para que la paz reine entre los hombres con Dios. ¡Orad, orad, orad el Santísimo Rosario cada día, orad los quince Misterios! Hijitos ¡Falta paz en vuestros corazones aún! ¡Hijitos, hijitos! ¡Paz, paz, paz! Esta Madre os ama tanto, tanto. Os llamo en cada lugar de este mundo sin paz. En este mundo creado por el Dios de la paz. Hijitos, orad por la paz del mundo y, mis pequeños, dejaré de llorar. Os amo y os bendigo. Amen, amén. (Lanús, 13/11/00) Unos días después el Señor se aparece a Marcia y le dice: 265


Hijos amados, considerad las lágrimas y Sangre de Vuestro Señor. Lloro, lloro y sangro por vosotros. ¿Por quién si no por vosotros, amados? ¿Por quién más derramaría mi Sangre y mortificaría mi Cuerpo, sino por vosotros pecadores? Amados hijos, ved el poder de mi Nombre y mi sangre Purificadora. Muchos signos hay para vosotros pero hacéis oídos sordos y viejos ojos a ellos. Por eso, mis amados hijos, Yo sangro y lloro. Ofreceos para aliviar mi dolor. ¡Almas víctimas, Vuestro Señor espera vuestra amorosa entrega! (Lanús, 19/11/00)

IX

Los Ángeles luchan con su Reina Entonces se trabó una gran batalla en el cielo. Miguel y sus Ángeles peleaban contra el dragón, Y el dragón lidiaba con sus Ángeles; pero éstos no prevalecieron. Apocalipsis 12, 7-8

Escribe el venerable Luis Eduardo Cestac, fundador de la Congregación de las Siervas de María, Anglet, cerca de Bayona al despuntar los tiempos marianos: En 1863, un alma que tenía muy experimentadas las bondades de la Santísima. Virgen, fue súbitamente herida como de un rayo de luz divina. Le pareció ver a los demonios diseminados por toda la tierra, haciendo estragos inexplicables. Al mismo tiempo sintió su mente elevada hacia la Santísima. Virgen, la cual le dijo que efectivamente los demonios andaban sueltos por el mundo y que había llegado la hora de rogarle como Reina de los Ángeles, pidiéndole que enviase las legiones santas para combatir y aplastar los poderes infernales. Madre mía, dijo esta alma, ya que sois tan buena, ¿no podrías enviarlas sin que Os lo rogáramos? – No, respondió la Santísima. Virgen; la oración es condición impuesta por Dios para alcanzar las gracias. -Entonces, Madre mía ¿Querrías enseñarme Vos la manera de rogaros? -Y creyó escuchar la oración Santísima Virgen la oración “Oh Augusta Soberana” La oración, aprobada por el obispo, fue publicada (las máquinas de la imprenta se rompieron dos veces) y se distribuyeron medio millón de copias. El Papa San Pío X le concedió 300 días de indulgencia en 1908. La oración se extendió rápidamente y fue aprobada por muchos otros obispos.

Oración a la Reina de los Ángeles ¡Oh Augusta Soberana, Reina de los Cielos y Señora de los Ángeles! Pues habéis recibido de Dios el poder y la misión de aplastar la cabeza de satanás, os lo suplicamos humildemente, enviadnos las legiones angélicas, para que bajo vuestro mando, persigan a los demonios, combatan contra ellos en todas partes, repriman su audacia y los sepulten en el infierno.

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¿Quién como Dios? Santos Ángeles y Arcángeles: defendednos, guardadnos. ¡Oh buena y tierna Madre! Vos seréis siempre nuestro amor y nuestra esperanza. ¡Oh divina Madre! Enviad los santos ángeles para defenderme y para rechazar lejos al demonio, nuestro cruel enemigo. La existencia de los Ángeles es una verdad de fe, basada en la Escritura y en la Tradición de la Iglesia. Los Ángeles son servidores y mensajeros de Dios, que “contemplan constantemente el rostro de mi padre que está en los Cielos” dice el Evangelio de San Mateo (18,10); ellos son “están a sus órdenes, atentos a la voz de su palabra” (Salmo 103,20). Siendo criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales e inmortales. Superan en perfección a todas las criaturas visibles. “Cada fiel tiene a su lado un Ángel protector y pastor para conducirlo a la vida”. La Iglesia los celebra a esos Ángeles, llamados de la Guarda o Custodios el 2 de octubre, como también celebra a los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael el 29 de septiembre, y en el calendario tradicional San Gabriel se festeja el 24 de marzo, víspera de la Anunciación, y San Rafael el 24 de octubre. Estamos en una guerra que comenzó cuando el mismo Dios dijo:

Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Ella te aplastará la cabeza y tú pondrás asechanzas a su calcañar.(Gn 3,15 ) Esa lucha se ha agudizando. Por eso aparece la Mujer manifestada en su gloria y atributos, y nosotros debemos consagrarnos a su Corazón Inmaculado, como hemos visto que pide la Santísima Virgen y ya en sus tiempos enseñaba San Antonio María Claret: “El ejército de María se compone de los Ángeles y de los devotos de su Inmaculado Corazón” San Pablo nos ha alertado en su carta a los Efesios, y nos indica a los Ángeles como ayuda:

¿Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que se han de salvar? (Hebr 1,14). La Iglesia nos lo ha recordado siempre, dado que la debilidad de la humana naturaleza muchas veces los olvida. Pío XII, como enseñanza póstuma ante el panorama de un mundo desolado y confundido, da la misma indicación contra la decadencia moral: …formar con los Ángeles una familia unida, fuerte y poderosa, que pueda debelar y enfrentarse contra los sutiles ataques de los espíritus malignos que en los presentes días tanto luchan y trabajan contra la Iglesia de Dios. (Veneraable Pío XII, en su última alocución pública). El enemigo ha creado mucha confusión en torno a los Santos Ángeles, sobre todo en nuestros tiempos con las aberraciones de la New Age, precisamente para avanzar él con sus demonios en la lucha que estamos librando. Juan Pablo II enseñaba al respecto: La creación de los Ángeles aparece claramente en los Símbolos de la Fe, especialmente en el Símbolo niceno-constantinopolitano: 267


Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas (esto es, entes o seres) ‘visibles e invisibles’. Sabemos que el hombre goza, dentro de la creación, de una posición singular: gracias a su cuerpo pertenece al mundo visible, mientras que, por el alma espiritual, que vivifica el cuerpo, se halla casi en el confín entre la creación visible y la invisible. A esta última, según el Credo que la Iglesia profesa a la luz de la Revelación, pertenecen otros seres, puramente espirituales, por consiguiente no propios del mundo visible, aunque están presentes y actuantes en él. Ellos constituyen un mundo específico. Hoy, igual que en tiempos pasados, se discute con mayor o menor sabiduría acerca de estos seres espirituales. Es preciso reconocer que, a veces, la confusión es grande, con el consiguiente riesgo de hacer pasar como fe de la Iglesia respecto a los Ángeles cosas que no pertenecen a la fe o, viceversa, de dejar de lado algún aspecto importante de la verdad revelada. La existencia de los seres espirituales que la Sagrada Escritura, habitualmente, llama ‘Ángeles’, era negada ya en tiempos de Cristo por los saduceos (Hech 23, 8). La niegan también los materialistas y racionalistas de todos los tiempos. Y sin embargo, como agudamente observa un teólogo moderno, ‘si quisiéramos desembarazarnos de los Ángeles, se debería revisar radicalmente la misma Sagrada Escritura y con ella toda la historia de la salvación’. Toda la Tradición es unánime sobre este tema. El Credo de la Iglesia, en el fondo, es un eco de cuanto Pablo escribe a los Colosenses: ‘Porque en Él (Cristo) fueron creadas todas las cosas del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles, los tronos, las dominaciones, los principados, las potestades; todo fue creado por El y para El’ (Col 1, 16). Beato Juan Pablo II, Catequesis del 9 de julio de 1986. También el Papa Juan Pablo alertó sobre la acción de Satanás y los demás ángeles caídos:

Veía yo caer a Satanás como un rayo”, frase de Jesús (Lc. 10, 18) con la que el Señor afirma que el anuncio del reino de Dios es siempre una victoria sobre el Diablo ... Interesarse por esto quiere decir prepararse al estado de lucha que es propio de la vida de la Iglesia en este tiempo final de la historia de la salvación, así como afirma el Apocalipsis (cf. 12, 7) ... El espíritu maligno trata de trasplantar en el hombre la actitud de rivalidad, de insubordinación a Dios. “Seréis como Dios” o “como dioses”, fueron las palabras del tentador a los progenitores ... Como efecto del pecado de los progenitores, este ángel caído que es Satanás ha conquistado en cierta medida el dominio sobre el hombre. Esta doctrina constantemente confesada y anunciada por la Iglesia, encuentra dramática expresión en la Liturgia del Bautismo cuando se pide al bautizado que renuncie al demonio y a sus seducciones ... En las Sagradas Escrituras Satanás es llamado “el príncipe de este mundo” (Jn. 12, 31; 14, 30; 16, 11) e incluso el “dios de este siglo” (2ª Cor. 4 ,4). Encontramos muchos otros nombres que describen sus nefastas relaciones con el hombre: “Belcebú” o “Belial”, “espíritu inmundo”, “tentador” “maligno”, y, finalmente, “anticristo’ (1ª Jn. 4, 3). Se le compara a un “león” (Iª Pe. 5, 8), a un “dragón” (en el Apocalipsis) y a una “serpiente” (Gen. 3). Muy frecuentemente para nombrarlo se ha usado el nombre de “diablo”, del griego ... que quiere decir: causar la destrucción, dividir, calumniar, engañar ... Y a decir verdad todo esto sucede desde el comienzo por obra del espíritu maligno que es presentado en la Sagrada Escritura como una persona, aunque afirma que no está solo: “somos muchos”, gritaban los diablos a Jesús en la región de los gerasenos (Mc. 5, 9); “el 268


diablo y sus ángeles”, dice Jesús en la descripción del juicio futuro. (Mt. 25, 41) ... Según la Sagrada Escritura y especialmente el Nuevo Testamento, el dominio y el influjo de Satanás y de los demás espíritus malignos se extiende por el mundo entero. Las impresionantes palabras del Apóstol Juan: “El mundo está todo bajo el maligno” (Iª Jn. 5, 19) aluden también a la presencia de Satanás en la historia de la humanidad, una presencia que se hace más fuerte a medida que el hombre y la sociedad se alejan de Dios ... El espíritu del maligno puede “ocultarse” de forma más profunda y eficaz: pasar inadvertido corresponde a sus “intereses”. La habilidad de Satanás en el mundo es la de inducir a los hombres a negar su existencia en nombre del racionalismo y de cualquier otro sistema de pensamiento que busca todas las escapatorias con tal de no admitir la obra del diablo ... Se trata de un conflicto entre las fuerzas oscuras del mal y las de la redención. Comprendemos así por qué Jesús en la plegaria que nos ha enseñado, el “Padre Nuestro”, termina casi bruscamente, a diferencia de tantas otras oraciones de su tiempo, recordándonos nuestra condición de expuestos a las insidias del Mal-Maligno: No nos dejes caer en la tentación, líbranos del Maligno. Beato Juan Pablo II, Catequesis en la Plaza San Pedro, 13 de agosto de 1986.

X San Miguel Arcángel San Miguel Arcángel, Príncipe de las Milicias, venid a auxiliarnos, auxiliad a las almas, aquéllas a las que Satanás quiere perder, quiere alejar de Dios.

Fragmento de la oración enseñada por San Miguel en Lanús.

Miguel o Mi-ka-el significa en hebreo ¿Quién como Dios? Con esta terminante proclamación de los derechos de Dios sobre todas las criaturas, como con espada de fuego, y llamando junto a sí a todos los Ángeles fieles, entabla San Miguel la lucha victoriosa contra Lucifer, el cual, ensoberbecido por la alteza de su naturaleza angélica, y con los grandes dones y gracias de que estaba dotado, se negó a obedecer a Dios y adorar el misterio que les reveló de la humana naturaleza hipostáticamente unida a la Persona Divina en Cristo, pues aspiraba a la Persona Divina se uniera hipostáticamente a la naturaleza angélica y así elevarse él hasta la divinidad. El misterio que revelaba Dios llevaba también la revelación de la Mujer en quien se iba a encarnar el Verbo de Dios, y en la que se iba a cumplir esa unión llamada hipostática. Y esa Mujer, naturalmente, iba a ser la Reina de la Creación a la que los Ángeles debían rendir culto y obediencia por ser la Madre de Dios. Muchos son los que afirman que este pedido de sumisión puso a Lucifer aún más rebelde en su furia, antecedente de las mencionadas palabras del Creador en el Protoevangelio: “pondré enemistades…”

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El 8 de agosto de 1986, comentando la actitud de uno y otro, el Papa Juan Pablo II nos recuerda: “Porque el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado” (Lc 14, 11). “No serviré”, fue la respuesta de Luzbel el más alto de los Ángeles de Dios y de sus ángeles rebeldes. “¿Quién como Dios?”(Mica-el), fue la respuesta del más fiel, humilde y veraz de los Ángeles de Dios, desde entonces caudillo de los fieles y defensor de la verdad. Su nombre cuestiona, ¿Quién como Dios? Su decisión responde, ¡Nadie como Dios! Y afirma el Pontífice: El combate comenzó en el cielo Se trabó entonces en el cielo una batalla: Miguel y sus ángeles entablaron combate contra el dragón. Lucharon encarnizadamente el dragón y sus ángeles, pero fueron derrotados y los arrojaron del cielo para siempre. Y el dragón que es la antigua serpiente, que tiene por nombre Diablo y Satanás y anda seduciendo a todo el mundo, fue precipitando a la tierra junto con sus Ángeles (Ap 12, 7-9). El Arcángel San Miguel quedó constituido en el Príncipe de la Milicia celestial, el Jefe de la Milicia Celestial, y el gran Protector de los que quieren humildemente servir al Señor. Ese combate del Cielo continúa en la tierra, y parece tener su mayor intensidad en los tiempos que vivimos. Por eso debemos conocer y amar a San Miguel, y rogarle que sea nuestro Protector, pidiéndole estar siempre a su servicio para ser verdaderos consagrados de María, para servir en su ejército, y así poder tener con todo ese ejército la palma de la Victoria de María, cuando por el poder concedido por Dios y cumpliéndose su expresa voluntad, sea Ella la que aplaste para siempre su cabeza y San Miguel “arroje al infierno a Lucifer y a todos los Ángeles rebeldes que había arrastrado consigo, hundiéndolos en el infierno, para ser infelices por toda la eternidad” San Miguel Arcángel es nombrado en la Escritura en: Dan 10,13 y 20. 12, 1; Ap 12, 7-9; Jds 9. San Miguel y San José son los Protectores de la Iglesia: El glorioso Patriarca es el más grande de los Santos, y San Miguel el más grande de los Ángeles. El Beato Pontífice Juan Pablo II nos dice: La Iglesia se consagró a él un 29 de Septiembre del siglo V y lo venera como custodio y patrono. Se consagra a él porque el combate continúa en la tierra.”

La visión de León XIII “La settimana del clero” en su edición del 30 de marzo de 1947”, publica el testimonio escrito por el Padre Doménico Pechenino, de allí extractamos: “Una mañana el Sumo Pontífice León XIII había celebrado la Santa Misa y estaba asistiendo a otra de agradecimiento, como era habitual. De pronto, le vi levantar enérgicamente la cabeza y luego mirar algo por encima del celebrante. Miraba fijamente, sin parpadear, pero con un aire de terror y de maravilla, demudado. Algo extraño, grande, le ocurría. Finalmente, como volviendo en sí, con un ligero pero enérgico ademán, se levanta. Se le ve encaminarse hacia un despacho privado. Los familiares le siguen con premura y ansiedad. Le dicen en voz baja: “Santo Padre, ¿no se siente bien? ¿Necesita algo?” Responde: “Nada, nada”.

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Luego comentaría: “Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que él podía destruir la Iglesia y llevar a todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás le pidió permiso a Dios de tener 100 años para influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo. Y Dios, en sus inescrutables designios, se lo concedió. El Pontífice pudo ver también a San Miguel Arcángel aparecer y lanzar a Satanás con sus legiones en el abismo del infierno. El Pontífice “se encierra en su despacho, y al cabo de media hora hace llamar al secretario de la Congregación de Ritos y, dándole un folio, le manda imprimirlo y enviarlo a todos los obispos diocesanos del mundo”. Ése es el origen de la oración a San Miguel Arcángel que León XIII mandó rezar a los sacerdotes luego de todas las Misas rezadas en el mundo, que fue abolida en los años 60. 1 - deducimos por varios detalles (por ejemplo que el Santo Padre entregó “un folio”) que ese día escribió el Papa la oración para después de las Misas y un año más tarde el exorcismo que es bastante más largo, contenido en el Ritual Romano (edición de 1954, tít. XII, c. III, pp. 863 y ss.)

De este hecho histórico y realmente dramático, se cuenta con el testimonio del Cardenal Nasalli Roca, Arzobispo de Bolonia (Italia) recibida directamente del secretario particular del Pontífice, de Mons. Rianldo Agneli, que lo publica en su carta Pastoral de Cuaresma de 1946; del Cardenal Segura, Arzobispo de Sevilla (España) dado en una conferencia en la Cuaresma de 1950 en su Catedral, como también el de Monseñor Paolo María Hnilica en la publicación de su obra Pro Deo et FrátribusFamiglia di Maria Corredentrice.

Oración a San Miguel Arcángel del Papa León XII San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé tú nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. “Reprímale Dios”, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás, y todos los espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén La visión de León XII ocurrió el 13 de octubre de 1884. Años más tarde, en 1917, se cumpliría la última aparición de la Virgen en Fátima, en la que realizaría el grandioso Milagro del Sol, el más grande de la historia luego de la Resurrección del Señor. Evidentemente, los demonios que amenazaban inundar el mundo en 1862, también querían destruir la Iglesia, pero la Iglesia estaba muy protegida, por eso Satanás le pide un siglo para destruirla, y el Señor, en sus inescrutables designios, se los concede. ¿Tal vez como merecido castigo a la humanidad por haberse apartado de Él a causa de la misma soberbia de los ángeles caídos? La visión del Venerable Cestac en 1862 y la del Pontífice León XIII en 1884, son similares y complementarias: la primera muestra los destrozos de los demonios en el 271


mundo en general, la segunda los destrozos de los mismos en la Iglesia, por eso el Señor en su infinita misericordia, mostró esa amenaza a su Vicario. En ambos relatos se mencionan a “los demonios que vagan por el mundo”, palabras que León XIII incluyó en su oración-exorcismo que mandó rezar al final de las Misas, desgraciadmente abolidas por la reforma litúrgica posterior al Vaticano II. Hoy muchos cristianos rezan ambas oraciones cada día, pero no es suficiente, debe difundirse más este propósito como una consigna para estos tiempos. Aunque nuestro análisis sea limitado, no era posible considerar la lucha que vio San Juan sin mencionar el Príncipe de la Milicia Celestial y sus Santos Ángeles. Tomemos nota de que no se trata aquí de una figura simbólica, como otras del Apocalipsis. Esta realidad, sea se aplique a la primera lucha entablada en el Cielo, como lo ven muchos intérpretes, o sea para las actuales circunstancias de la Iglesia, es necesario tenerla en cuenta, y saber que el demonio, padre de la mentira, ha hecho y sigue haciendo mucho para que nos olvidemos de ellos según la Iglesia nos enseña.

San Miguel acompaña a la Virgen La relación de la Santísima Virgen con el Arcángel San Miguel mostrada en el Apocalipsis, se refleja, en otros hechos por la existencias de templos en diversos países, de Oriente y Occidente, dedicados a Ella junto a San Miguel, como el que se está haciendo famoso por las apariciones de la Virgen en una imagen toda de luz en la cúpula de la iglesia copta de “la Virgen María y el Arcángel San Miguel” a multitudes de fieles católicos y ortodoxos, incluyendo a m usulmanes. El obispo copto-ortodoxo Anba Theodosius ya ha reconocido las apariciones como sobrenatural.. En los iconos orientales, es muy frecuente ver pintados junto a la Madre de Dios con el Niño acompañada de San Miguel por un lado y San Gabriel por el otro, como en el de la Virgen de la Pasión, que nosotros conocemos como la Virgen del Perpetuo Socorro, que recorrió el mundo occidental, llevada por los Padres Redentoristas a pedido del Papa Beato Pío IX.

Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, después de sus apariciones en la Rue du Bac de París, donde mandó acuñar y difundir su Medalla, tuvo una aparición más, esta vez en Roma a Alfonso de Ratisbona, a quien unos amigos católicos habían convencido de que llevara la Medalla. La Virgen lo convirtió del judaísmo con sólo aparecerse ante él, en el altar de San Miguel Arcángel de la Iglesia Sant’Andrea delle Fratre.

En Garabandal la Virgen pide una capilla para San Miguel. En esta aparición parece evidente que dos son los motivos: San Miguel es también el Arcángel de la Eucaristía, como lo comprobamos en Fátima, y la Virgen se apareció en “los pinos” para pedir que se restaure la devoción y el culto debido a la Santísima Eucaristía. Lo hizo al avecinarse estos “últimos tiempos”.

San Miguel junto a la Virgen en Lanús En Lanús, Provincia de

Buenos Aires, surgieron las apariciones de San Miguel que se apareció a Marcia cuando tenía diez años, antes de las apariciones de Santa María del Espíritu Santo y Nuestro Señor, diciéndole: “Yo soy el Arcángel San Miguel, Príncipe de las milicias celestiales”, y le habla de “transitar el camino”, que ella en esos momentos no comprende, hasta que unos años después, habiendo incorporado a su vida la importancia de la presencia viva de la Eucaristía, frecuenta el Sacramento de la Confesión, recibe la Comunión frecuentemente, es confirmada, y entonces comprende aquellas palabras que le había dicho San Miguel tiempo atrás: “Transitar el camino…” Ese camino no era otro que “el camino que lleva a Dios cumpliendo su Santa Voluntad” . Más adelante, la Virgen Santísima nombrará a San Miguel en sus mensajes: “Todos los días debéis orar a San Miguel Arcángel, necesito que aún os convirtáis más” ( 7/2/2000).

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El 2 de marzo de ese año, luego de alabar a la Virgen siete veces, Ella le anunció que al día siguiente “vendrá a visitaros San Miguel Arcángel y os dará una oración para rechazar a Satanás”. Al día siguiente, efectivamente llegó San Miguel y dijo:

Vengo en auxilio de las almas. Por medio del Crucifijo, recibiréis el poder suficiente para alejar a Satanás. No tengáis miedo porque Jesús y María están a vuestro lado, a vuestra Madre Dios le ha dado el poder de aplastar a Satanás. Os daré una oración como la Virgen os ha anunciado:

Jesús que sois la Luz, auxiliadme. María Inmaculada, socorredme. Amor de Dios, Misericordia Divina, venid a mi corazón, para poder rechazar a Satanás. San Miguel Arcángel, Príncipe de las Milicias, venid a auxiliarnos, auxiliad a las almas, aquéllas a las que Satanás quiere perder, quiere alejar de Dios. Orgulloso Satanás, alejaos de mí volved al Infierno, volved de donde habéis salido. La Virgen Santísima resalta la necesidad de acudir a San Miguel:

Hijitos míos, hoy nuevamente os pido: seguid rezando el Santo Rosario y también os digo, queridos, en este tiempo tan difícil en donde Satanás está ganando tantas almas, oradle al Arcángel San Miguel. (Lanús, 7/10/01)

El mismo San Miguel se apareció luego de los atentados en los Estados Unidos y dijo:

Los hijos de Dios Altísimo se han vuelto egocéntricos y no portadores de la Luz, Dios no quiere eso. Soy San Miguel Arcángel y os anuncio que la Madre está triste. Lágrimas está derramando por la infidelidad del hombre. Orad, hijos del Altísimo. (y dio una lectura: I Corintios 4) (Lanús, 13/9/01)

Pocos días después, dice el Arcángel:

María Santísima está siempre rodeada de Ángeles. El Arcángel San Gabriel le anuncia que Dios la escogió para ser Madre del Verbo. Cuando da a luz al Redentor, coros de Ángeles cantan y anuncian la buena nueva en torno al establo de Belén. Los Ángeles se la llevan al cielo, en cuerpo y alma en la Asunción. Sabemos que los Ángeles trasladaron su casa de Nazaret a Loreto, en Italia. ¿Nos hemos detenido a pensar alguna vez en los Ángeles que acompañaban la carreta de la Virgen de Luján? ¿Hemos pensado que en su Basílica hay muchos Ángeles acompañando su Imagen y adorando al Señor en las Misas que allí se ofrecen? Si en todos los templos hay Ángeles adorando al Señor y venerando a su Madre ¿no los habrá en el templo de Nuestra Madre Vestida de Sol, el lugar más sagrado de la Argentina? 273


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Quinta parte

Christus vincit, Christus regnat, Christus imperat La vida y la salvación de las almas de todas las razas, de todas las latitudes y de todos los siglos, las de este mundo y las de todos los mundos, están en manos de María. Es de Ella este mundo, porque Dios lo hizo para Ella; y son de Ella todos los mundos en donde circula la vida de la Gracia, que emana del Corazón de su Hijo Jesucristo. Por eso es Señora y Reina del universo todo, y todo el universo le rinde vasallaje. San Juan en sus sublimes visiones de Patmos, la vio de este modo, Soberana y Reina; que esto quieren decir sus palabras: “Un gran prodigio apareció en el Cielo: una mujer vestida del sol, y la luna debajo de sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas” (Apoc. XII, 1) Monseñor Audino Rodríguez y Olmos Obispo de Santiago del Estero, Argentina de su Carta pastoral sobre el Culto de Nuestra Señora de la Consolación, 1938.

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I

El Congreso Eucarístico Internacional de Buenos Aires en 1934 “¡Fue un Milagro!” Así lo afirmó San Luis Orione en una carta a sus congregación.

Los Congresos Eucarísticos Internacionales surgen de una inspiración de Mademoiselle Tamisier, y fueron creciendo desde la Bendición de León XIII. Estos Congresos fueron un maravilloso fruto de la Era Mariana. Y decía de ellos Julio Terán en el libro del Congreso Eucarístico que editó La Razón: … bajo el reinado del sensualismo, que rechaza toda validez a lo que no puede ser medido por los sentidos, reflorece con una lozanía desconocida el Culto del dogma más contrario a la inteligencia positiva: La Presencia Real de la Carne y la Sangre, Alma y Divinidad de Cristo en la Hostia y el Vino consagrados, como un alimento verdadero: Para el trigésimo segundo de esos congresos fue elegida la ciudad de Buenos Aires, algo por lo que bregaban nuestros delegados a los anteriores, influyendo, entre otras cosas, la opinión que el Nuncio Monseñor Felipe Cortesi se había formado de nuestro pueblo y de nuestra ciudad, y que transmitía al Sumo Pontífice. El Papa estudió debidamente todas las propuestas y eligió Buenos Aires, manifestando en la Bula correspondiente: Con sumo regocijo hemos comprendido que la República Argentina no quería ceder a ninguna otra nación la primacía en la preparación del triunfo de la divina Eucaristía. Y no queda en todo el orbe nación, aún la más distante, que no haya oído la cálida voz del pueblo argentino, invitando suavemente a celebrar con extraordinaria magnificencia, el primer Congreso Eucarístico Internacional de la América Latina.” (Bula Pontificia del XXXII Congreso Eucarístico Internacional)

Por su parte, los Obispos argentinos convocaron con gran esperanza: Grande es nuestra confianza en la fidelidad con que nuestra Patria corresponderá a la honrosa distinción que le ha otorgado el Sumo Pontífice, al poner en sus manos el estandarte eucarístico internacional para que lo yerga bien alto delante de todos los pueblos, razas y lenguas, y encabece el homenaje mundial a Jesucristo Sacramentado, bajo la presidencia de un Legado expresamente enviado desde la Ciudad Eterna por el Vicario de Cristo, y en presencia de la augusta asamblea de Príncipes de la Iglesia, ilustres personajes civiles y de grandes caravanas de peregrinos que han de fluir a nuestra capital desde todos los ámbitos del mundo, y especialmente desde todas las naciones hermanas de América… (Pastoral de convocatoria, que firman todos los obispos argentinos)

También el Presidente de la República, Gral. Agustín P. Justo, que sería el Presidente Honorario del Congreso, había exhortado a sus conciudadanos: “Estará con nosotros la 276


cristiandad entera y debemos ser dignos de tan enaltecedora compañía”. (15 de junio de 1934)

Con toda verdad podemos decir que esa confianza no sólo no fue defraudada, puesto que el Congreso fue “un triunfo sin precedentes”, gracia de Nuestra Señora de Luján, a quien el Señor quiso mostrar como la Mujer Vestida de Sol cuatro décadas antes, como vimos en el primer capítulo. Por eso el Legado Papal, Cardenal Pacelli, recordaba años después, su peregrinación de acción de gracias a Luján: Era el 15 de octubre de 1934. Vibraban todavía en el aire los gritos de júbilo y los cánticos entusiastas de las imponentes solemnidades de la víspera. Latían aún fuertemente los corazones, acelerados por el fervor: se agolpaban en nuestra retina las recentísimas imágenes de aquel XXXII Congreso Eucarístico Internacional, que el día antes habíamos clausurado…Íbamos a cumplir con un amable deber. La magna Asamblea había sido un triunfo sin precedentes, y este éxito se debía, después de a Dios, a la Patrona oficial del Congreso: la Pura y Limpia Concepción del Río Luján. Ante su imagen se había orado sin interrupción, para que la patria, como alguien dijo, cuya bandera tiene los colores de su manto, fuera digna de su tradición. Ella misma, dos fechas antes, había tenido la condescendencia de presidir el Día de la Patria, que Nos presenciamos, admirando de qué modo los dos grandes amores de toda alma noble, Dios y Patria, pueden fundirse armoniosamente en el único culto verdadero. Íbamos a pagar a María Santísima su visita y a darle las gracias. Pío XII, 12 de octubre de 1947, radiomensaje al 1er Congreso Mariano Nacional La Virgen de Luján fue la intercesora de esta gracia sin precedentes en la Argentina y en el mundo, declaraba fervoroso el representante uruguayo Joaquín Secco Illa: “¡La Virgen de Luján! No lo dudéis, Ella ha bendecido este Congreso ¡Es la Madre por esencia de Jesús Eucarístico, porque al llevarlo en su seno fue su primer sagrario!”. Hoy, con la perspectiva que nos da el tiempo transcurrido, podemos decir con verdad que la apertura del Congreso se realizó en el Cielo, porque el 9 de octubre, víspera de la jornada inaugural, en Turón, Asturias (España) caía asesinado por las hordas que preparaban la guerra civil española, Héctor Valdivielso Sáez, el primer santo argentino. Había ofrendado su vida a Cristo Rey, y el Señor la aceptó por el buen éxito de la gran asamblea eucarística que iba a realizarse en su Patria. Como es sabido, era hijo de una familia española que vino a radicarse a la Argentina, pero regresó a los pocos años a España. Héctor nació en ese tiempo y fue bautizado en la Parroquia San Nicolás de Bari, en su antiguo templo, donde se izó por primera vez en la ciudad de Buenos Aires la bandea argentina. Nuestro santo, al morir gritó con sus compañeros “¡Viva Cristo Rey!” Con el eco de ese grito el Cielo le abrió sus puertas donde lo esperaba su amado Señor. En esos momentos Buenos Aires vibraba con el mismo grito “¡Viva Cristo Rey!” Era el tema central del Congreso: la Realeza Universal de Cristo, coreado por las multitudes que se habían volcado a las calles. El puerto estaba colmado: todas las autoridades encabezadas por el Presidente y el Arzobispo, se disponían a recibir al Legado Papal. San Héctor cayó mártir junto a ocho compañeros en momentos en que el Conte Grande, con el Legado a bordo, enderezaba su proa hacia el Río de la Plata. En la misma nave viajaba Don Orione. Al comienzo del viaje, cuando el Cardenal Pacelli supo de su presencia, manifestó que no era posible que él viajase en 277


primeraclase, mientras un grande como Don Orione se ubicaba en tercera. Es así como ambos viajaron y platicaron muchas veces durante la travesía. Al llegar al Puerto de Buenos Aires la multitud vivaba al Cardenal, que respondía: “¡No me viven a mí, viven al santo!” Eran dos santos que se llegaban al país, pero había otros en Argentina: El Padre Román Heitmann, el Padre Antonio de Monterosso, Monseñor Francisco Alberti, Arzobispo de La Plata, además de ignorados peregrinos. Algún día habrá que investigar ese hecho para edificación de nuestras generaciones olvidadas de tal regalo del Cielo que fue el Congreso. Lo que seguramente quedará ignorado serán los múltiples ofrecimientos recibidos por la Santísima Virgen de Luján que Ella guardara apretados entre sus manecitas. Triunfalmente, el 9 de octubre de 1934, en medio de un júbilo indescriptible, desembarcó el Cardenal Pacelli. Tuvo una bienvenida sólo comparable a la que se le dio décadas después a Juan Pablo II. El pueblo argentino fue desde siempre fiel y devoto del Papa, quiera Dios y su Madre ayudarnos a mantener esa honrosa tradición. Se trataba de un Legado dignísimo del Vicario de Cristo, y de Cristo mismo: Argentinos y peregrinos lo sabían. Por eso, antes de conocerlo ya lo amaban. su sola presencia invitaba a elevar el corazón al Cielo. Nuestras familias jamás lo olvidaron. Saludo en Vos al soberano más poderoso de la tierra” -le dijo con fervor el Intendente “Sus armas son armas de vida. Es el más poderoso y también el más grande. Su fuerza es sólo espiritual, por eso los pueblos pueden verlo engrandecerse sin peligro para ninguno de ellos y para mayor gloria de todos (…) Mariano de Vedia y Mitre, Intendente de Buenos Aires, recepción en el puerto El Cardenal Pacelli respondía: Nuestra humilde persona desaparece completamente ante la trascendencia de la misión que se nos ha confiado”; “Buscamos que se realice lo que se ha impreso en los programas del Congreso, con frase que lleva llamaradas insaciables de celo: el triunfo mundial de Jesucristo, Rey de Paz” Luego de la recepción litúrgica, el Presidente se dirigió a pie a la casa Rosada. Dicen las crónicas que el General Justo manifestó que quería dejar todo protagonismo del gran acto a Jesucristo, participando con su esposa de las ceremonias como un cristiano más, aunque sin dejar de ocupar su lugar de Presidente en los momentos en que era preciso, sobre todo al ofrecer la plegaria de Consagración al Señor Sacramentado en nombre de todo el país. Repletas las calles, colmados los balcones y las ventanas y engalanados con incontables banderas del mundo, se arrojaban incesantemente flores, entre cantos, vivas y lágrimas de gozo. Brillaban los estandartes y el cielo se unía a esta recepción con una limpidez singular. En la declaración inicial el Legado decía “el mundo entero vuelve sus ojos a Buenos Aires, donde la humanidad redimida celebra un nuevo triunfo de Cristo, su divino Rey, vivo y presente en la Santísima Eucaristía” “me es grato transmitirla aprobación, la Bendición y la participación del Papa Pío XI, Vicario de Cristo en la tierra” La ciudad brindó al Señor su lugar más bello, emblemático y tradicional: los parques de Palermo. En la intercesión de las Avenidas Alvear (hoy Libertador) y Sarmiento se levantó una blanca Cruz de extraordinaria belleza. “Los inmensos jardines hicieron marco al grandioso homenaje al Señor en la Eucaristía, y la Cruz que en su centro era el centro del mundo, parecía construida por los Ángeles” cantaba el poema de José 278


María Baranda. El monumento de los españoles decía el cronista Gil Prieto “quedó oculto cual reliquia, en el cofre níveo de la cruz…era el corazón generoso y magnífico de la España eucarística y misionera…” En el día de la apertura Monseñor Copello, Arzobispo de Buenos Aires, en una cálida bienvenida, decía: Al abarcar con mi atónita mirada este lugar inmenso y este espectáculo grandioso, asombrado y conmovido, me pregunto: “de quienes se compone, de dónde ha venido esta selecta e incontable muchedumbre? ¿De dónde han venido? De todos los confines de la patria amada, que hoy viste sus mejores galas, desde los Andes majestuosos hasta las pampas llenas de encantos, de misterio; de todos los estados de América, de la del Norte, fuerte y poderosa; de la del Centro cuidadosa como pocas de sus tradiciones de gloria; de la que libertó nuestro inmortal San Martín, que hacía surgir naciones a su paso con abnegación no igualada… De la hidalga España, que nos descubrió en arriesgada y colosal empresa, que nos dio las armonías del idioma y las esperanzas inmortales de la fe. De la noble Italia, que más que ninguno se asimiló a nuestro pueblo, que abrió el surco, tendió el riel y construyó ciudades; de la ilustre Francia, que inspiró a nuestros sabios, que fue maestra y difundió cultura. De todas las naciones de Europa y de la tierra que mezclaron su sangre en el inmenso crisol de nuestro suelo. Son los hijos de nuestro pueblo y de todos los pueblos del orbe, que han levantado un momento la mano de la ruda tarea para exclamar al paso de la Hostia triunfadora: “Hosanna al Hijo de David” Siguieron días intensos: Por la mañana las Misas en torno a la Cruz, luego reuniones de participantes divididos por lenguas y países en distintos lugares de la ciudad, y al atardecer nuevamente en torno a la Cruz con un discurso sobre el tema del día y la Bendición Eucarística. Un coro de 550 voces, integrado por los coros de todos los seminarios del país, y algunos de Chile enriquecían la Liturgia. Hubo actos especiales como la Hora Santa sacerdotal, en el comienzo, la velada en el Teatro Colón, y muchos otros. Y si bien todo el Congreso fue fervoroso y entusiasta, cuatro de sus actos quedaron como los más sobresalientes. El primero de ellos fue la Misa de los niños, el 11. Dice la Memoria del Congreso: “Volviendo del séptimo Cielo, no halló Pablo cómo expresarse: “El ojo no vio, el oído no oyó” Nosotros, vimos y oímos y nos hallamos incapaces de decir algo digno de lo que nos fue dado presenciar aquella mañana, señal de que estuvimos un poco en el Cielo. ¿Qué tenía esa mañana el azul de nuestro cielo? La inmensa Cruz parecía revestida de una blancura nueva. Ciento siete mil niños se reunieron en esa mañana en torno al altar de Palermo para recibir la comunión, en un acto grandioso y solemne, que será sin duda, uno de los más significativos del Congreso. El inmenso escenario de la avenida Alvear fue asiento del mayor espectáculo que los ojos asombrados de la población de la ciudad de Buenos Aires podrán imaginar. En las cuatro alas de las avenidas, centradas por el gigantesco altar donde se eleva la imponente Cruz, se extendían los brazos de otra cruz, no menos impresionante, formadas por esos miles de niños vestidos de blanco. Vista la escena desde lo alto, el símbolo de la cristiandad se reproducía en el paisaje verde de Palermo con sus atributos de blancura y pureza inmaculada. “El cardenal Pacelli, que recorrió la inmensa cruz blanca formada por los niños y la contempló desde el estrado del altar, se conmovió profundamente y, con lágrimas de gozo repetía una frase que Buenos Aires no olvidará jamás: “¡Esto es el Paraíso! ¡Esto es el Paraíso!” 279


L’Osservatore Romano titulaba así se edición: “La jornada de los niños, una verdadera primavera de FE”. Pocos saben, pero ocurrió, que tiempo antes las fuerzas del mal amenazaron que ese día “correría sangre inocente”. “No se pudo poner a mayor prueba a las mujeres argentinas. Pero todas confiaron sus hijos a Jesús y María”El otro gran acontecimiento -grandioso- fue la llamada “noche de los hombres”. La Nación titulaba a toda página: “Fue impresionante la concurrencia en Plaza de Mayo” y en su entusiasta comentario decía “la palabra no alcanzará a reflejar jamás lo imponente de la ceremonia" L’Osservatore Romano, por su parte, relataba: Si el Parque de Palermo era esta mañana un trozo de Paraíso, la Plaza de Mayo aparece ahora como un trono. El arribo de las muchedumbres era un espectáculo celestial. Aquí, la Metrópoli era un templo. Su plaza el más grandioso altar. Las calles que convergen como rayos de cada lado son naves apiñadas de fieles, donde se escuchan los cánticos, iluminadas “a giorno” ornamentadas como basílicas de fiesta. La Santa Misa penetra en todos los corazones. En esa hora, en ese pueblo, suspira la única fe… Y Jesús pasa por filas innumerables, se posa en los labios, sacia toda sed, responde a todo deseo, por horas y horas. Amanece ya, y la multitud sigue cantando “Dios de los corazones” que vibra en el aire como un Allelluia incesante de gloria la Redentor. San Luis Orione escrebía meses después a sus sacerdotes y religiosas: Pude ver cómo es de grande la misericordia de Dios, más grande que los Cielos ¡Vi decenas de millares de obreros, de robustos trabajadores, de jóvenes florecientes de vida; médicos, abogados, oficiales, profesores universitarios, diputados, ministros, confundidos en largas columnas, confesarse en las plazas a lo largo de las calles de esta gran capital! ¡Más de 200.000 hombres, como atraídos por un imán, en interminable torrente avanzan compactos, orando, cantando y postrándose a los pies de Cristo! ¡Adorar a Cristo, recibir a Cristo en la gran Plaza de Mayo, frente a la Casa de Gobierno de esta República Argentina! En aquella plaza los he visto fraternizar, abrazarse en Cristo, jurar su fe, su amor a la Patria, llorar de amor!¡Fue un espectáculo único en el mundo! ¿Qué sentían? ¡A Cristo! ¿Quién estaba? Cristo, queridos hermanos, estaba Jesús, estaba el Señor pasando por esta metrópoli y descendía junto a su pueblo. Y en otra carta afirmaba rotundamente “¡Fue un Milagro!” A 76 años de aquella noche, nosotros agregamos: Fue verdaderamente un milagro del amor de Dios que la Virgen de Luján había conseguido de su Hijo. En esa plaza se verificó la conversión masiva de hombres más grande de la historia desde la predicación de los apóstoles. Los hombres del mundo unidos a los argentinos habían ofrecido un testimonio de fe eucarística que quedará para siempre grabado en el Corazón Sacratísimo de Jesús. Y no se piense que ésta es una frase nuestra, porque la recogemos de la famosa profecía de San Luis Orione precisamente, en la que predice “una Argentina cristiana y floreciente”, con “paz por muchos años”, “porque el Señor se ha acordado de este país en la memorable noche del Congreso Eucarístico de 1934” Sin embargo, no podemos ignorar que antes de esa maravillosa promesa se predice una sangrienta purificación. 280


El sábado se consagró a la Virgen y se rogó por la Patria con la presencia de las Fuerzas Armadas. El amor a la Virgen se mezclaba con el amor a la Patria y se depositaba a los pies del Señor de la Hostia. La Razón titulaba: “Apoteosis de la Eucaristía” “Fue fervoroso el homenaje a la Virgen de Luján” Y La Prensa: “Fue imponente el homenaje a la Virgen de Luján y a la Patria” , mientras que La Nación destacaba “Religión y Patria se hermanaron en el imponente homenaje de los militares al Eucaristía y a la Virgen”. Estandartes y pañuelos, vivas y lágrimas por la Patrona de la patria, mientras un avión pasaba derramando una lluvia de pétalos de flores. Gozo para el Señor de ver a sus hijos unidos honrando a la Madre de todos, alabada así por la Memoria del Congreso: Allá, en el altar de Palermo, como si fuera Ella misma una bandera en forma de la mujer más bella que hayan visto los siglos, recatada por cristales y ente cirios ardientes, símbolo del afecto filial del pueblo argentino; el sagrado icón de la Virgen campesina, la Madre del Amor Hermoso, la Virgen de Luján, perfumada con el olor de la plenitud de los campos y vestida con los colores de la Patria. ¡Jamás como en aquel día de luz y de triunfos, apareció tan bella a nuestra mirada! Iba a compartir con su divino Hijo sacramentado los vítores de aquella jornada memorable. Íbamos a mostrarla en todo el esplendor de su realeza a nuestros hermanos los católicos del mundo, para que conocieran la Causa de Nuestra Alegría, el centro irradiador de nuestro júbilo… La Jornada final fue llamada “Día del triunfo mundial de la Eucaristía”. Ese triunfo se dio en Buenos Aires. “El acto supremo de la Misa Pontifical de la mañana -decía La Nación- “transformaría todos los ánimos en una sola columna de incienso grata al Señor. Y nadie faltó a la cita. Magistrados y sacerdotes, ricos y pobres. Aquél que ha sido tocado ya por la gracia y aquél que se avecina al trono de Dios con las congojas vestidas de esperanzas… La multitud, insensible al rigor de la temperatura, altos los ojos y el espíritu, bebía las palabras del Legado que, una a una, caían con eco sonoro en el fondo de su corazón. Y todo ello en medio de un murmullo de cien lenguas distintas, de un tremolar de estandartes y un aletear de pañuelos, y de las voces de los niños que cantaban la liturgia gregoriana. En ese día de gloria no faltó la palabra y la Bendición del Papa Pío XI, que se escuchó nítidamente por radio: Cristo Rey Eucarístico vence, Cristo Rey Eucarístico reina, Cristo Rey Eucarístico impera. Estas palabras las meditábamos con regocijo y júbilo ¡Oh hijos amados en Cristo! Mientras seguíamos vuestros trabajos, casi como si estuviéramos presente, por medio del invento de Marconi, todos los días, y estaríamos, por decir así, todas las horas. Ahora que termina solemnemente, felizmente, vuestro glorioso Congreso de Buenos Aires, nos place añadir con exultación: ¡Cristo Rey eucarístico triunfa! … Su Bendición quedó en los corazones de cada peregrino de la ciudad y del mundo. En la tarde, una procesión jamás vista y jamás igualada, que L’Osservatore Romano llamó “Procesión triunfal”: Las Hijas de María formaban una larga cinta blanca con sus más de cien estandartes; las delegaciones extrajeras llevaron las banderas todas de sus naciones a rendir tributo y rodear al Señor figurando así la fe, el amor, y la súplica de sus pueblos cantada por esos dos millones de almas unidas en el “Vínculo de la caridad” por excelencia que es la Eucaristía: 281


¡Dios de los corazones sublime Redentor, domina las naciones y enséñales tu amor! ……………………. En torno a tu mesa cien pueblos y razas, nutrió de infinitos tu oculta sustancia. Pequeñez inmensa que multiplicada es pan para el hombre de todas las razas. Un pequeño batallón de monaguillos vestidos de rojo y otro de celeste y blanco llevando una bandera argentina, seminaristas de toda la República, y un larga columna de sacerdotes de distintas congregaciones y seculares, seguidos por más de doscientos obispos, detrás de los cuales iban el arzobispo de Buenos Aires. Por fin el Santísimo Sacramento en lo alto de un carruaje colmado de flores, en una Custodia enorme y preciosa, a sus pies, arrodillado, adorando al Señor, el Legado papal, detrás la Misión Pontifica y los cuatro Cardenales peregrinos al Congreso, y un poco más atrás el Presidente de la República, el Vicepresidente y todos sus ministros, los funcionarios del Ciudad de Buenos Aires, todos los Gobernadores de las Provincias, todo el Cuerpo diplomático y una comisión del Congreso seguidos de una interminable columna de hombres y jóvenes. Seis kilómetros en cuatro horas de adoración. Adoraban los caminantes y adoraba la muchedumbre agolpada a ambos lados de la Avenida Alvear, agitando banderas, estandartes, pañuelos, cantando y vivando al Señor. Desde el aire, como desde el cielo caían las flores arrojadas desde aviones. Al pie de la cruz, sobre el altar, el Legado depositó la custodia con el Señor. Se entona el Te Deum y a continuación la Oración del Presidente Justo:

“Señor del universo, Dios de las naciones y los pueblos, de los grandes y de los humildes…Os adoramos porque nos levantasteis del barro de nuestra pequeñez, permitiéndonos mirar hacia Vos, prometiéndonos la visión maravillosa de vuestro Cielo, bajo el dulce patrocinio de Vuestra santa Madre…” Escuchad, Señor, la plegaria que os eleva uno de vuestros hijos más humildes, colocado por sus conciudadanos a su frente para regir sus destinos en un instante del eterno rodar de los mundos creados por vuestra divina voluntad. Se os acerca a la cabeza de aquellos sus hermanos que habitan esta magnífica heredad que disteis a los argentinos; él, que ya os invocó en el juramento que prestó de servir leal y fielmente a su pueblo, viene ahora, en compañía de éste, a rendiros público, sincero, solemne testimonio de su gratitud, de su fe y de su amor. Señor Sacramentado, los católicos nos consagramos a Vos. Seños, bendecid a todos, bendecid a nuestra Patria, protegedla Señor!” 282


Finalmente, las palabras del Cardenal Legado: Podéis justamente conservar en vuestro corazón un sentimiento de emoción y de gratitud profunda. Vuestro Congreso ha superado las previsiones más optimistas. Ha sido un Himno tan sublime a Jesucristo que ha henchido el mundo entero con acentos eucarísticos. Al otro día “El Pueblo” decía: “La historia del mundo no recuerda espectáculo igual” “Más de 2.000.000 de personas en el acto de clausura del XXXIII Congreso Eucarístico”. Y La Nación iniciaba su crónica con un testimonio rotundo: “Inútilmente buscamos, en la historia de los pueblos un acontecimiento comparable. Jamás el triunfo de los pueblos ha llevado a tan alta cumbre”, mientras desde Roma el periódico vaticano mostraba que el entusiasmo había llegado a Roma: “Imponente multitud”, “Procesión triunfal”, “El Presidente de la República consagra la Patria al Rey divino” “Buenos Aires, trono monumental del Divino Rey. Jamás se vio un portento similar” ¿Quién pudiera haber imaginado en medio de esa multitud de dos millones de fieles aclamando a Jesucristo en la Eucaristía, con peregrinos de todas las naciones que retornaron a sus países irradiando su fervor; quién hubiese soñado que la Plaza de Mayo, llamada por La Nación con su antiguo nombre: Plaza de de la Victoria, por haber sido escenario de la conversión masiva más grande la Historia, de ese verdadero milagro como lo llamó Don Orione, iba a ser, sólo dos décadas después, teatro de odios y rencores, de torpezas y de vergüenza nacional, que iba a llenarse del humo del incendio de nuestras iglesias y mancharse con sangre fratricida? Nadie lo hubiese soñado, como tampoco que esos horrores iban a continuar hasta nuestros días y que ese lugar en vez de permanecer como emblema ciudadano de fe, de concordia y de paz, iba a ser usado para la incitación a la venganza y a la destrucción de las más caras tradiciones de la Patria. Concluyamos invitando a recuperar el tesoro de los frutos del Congreso, porque si bien la situación actual es horrenda, debemos recordar que “donde abundó el pecado, sobreabundó la Gracia” porque con la ayuda de la Santísima Virgen todo podremos, sabiendo que si bien estamos

En todo atribulados, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados. (II Cor 4, 8-9)

La invitación es un sola: con el conocimiento de esta grande gracia que tuvo nuestro país, luchar por el Reinado de Cristo en él y en el mundo, cantando muchas veces, hasta que se cumpla en plenitud con el triunfo del Inmaculado Corazón de María.

Dios de los corazones sublime Redentor domina las naciones y enséñales tu amor…

II

Consagración al 283


Inmaculado Corazón de María Totus tuus ego sum Et omnia mea tua sunt El Papa Pío XII que enseñó y difundió incansablemente el significado de la Consagración a Nuestra Señora, la explica así: La Consagración a la Inmaculada Madre de Dios es una entrega total de sí mismo para siempre en la vida y para toda la eternidad, y un don, que no es una mera formalidad ni un simple sentimentalismo, sino algo efectivo, puesto que abraza en toda su intensidad la vida cristiana. Venerable Pío XII, 21 de enero de 1946 Estas palabras con comentadas por el Padre Denis Mary Mc Aulifffe OP, diciendo: “Una consagración total entrega al Corazón de maría todo lo que somos y todo lo que tenemos y es una invitación dirigida a Ella para usarnos a nosotros y nuestros bienes como -ella desee para cumplir sus designios sobre el mundo” Y recuerda además “Por nuestro acto de consagración pasamos del dominio profano secular al dominio de las cosas sagradas y reconocemos no sólo el patrocinio de Nuestra Señora, sino también que somos su legítima propiedad.” Podríamos decir que en todas sus apariciones actuales la Virgen Santísima, que son innumerables, nos pide que nos consagremos a su Inmaculado Corazón, según la voluntad del Señor manifestada en Fátima por Ella misma. Hemos hablado, en un capitulo anterior, de la dolorosa desacralización en la Iglesia. Ahora vamos a detenernos un poco en los pedidos de la Virgen que son diametralmente opuestos (opósitum per diámetrum, indica San Ignacio). Ella quiere que nosotros mismos, nuestras personas, familias, comunidades, países, nos consagremos a su Corazón Inmaculado. Así está reuniendo lo que será su pueblo en el tiempo de paz que nos promete luego del triunfo de su Corazón.En 1986, por medio del Padre Gobbi, Nuestra Señora llamaba a los sacerdotes -y con ellos a todos nosotros, los fieles- a acudir y entregarse a su Corazón:

En estos tiempos, todos tenéis necesidad de correr a buscar reparo en el Refugio de mi Corazón Inmaculado, porque grandes peligros de males os están amenazando. Nombra entonces la Virgen los males espirituales, ya que “el pecado se difunde como la peor y más perniciosa de las epidemias, que lleva por doquier la enfermedad y la muerte a muchas almas” y recuerda:

Si vivís habitualmente en pecado mortal, estáis espiritualmente muertos, y si llegáis al término de vuestra vida es ese estado, os espera la muerte eterna del infierno. El infierno existe, es eterno, y hay muchos que corren el peligro de terminar en él… Menciona luego los males de orden físico que se extienden:

desgracias, accidentes, sequías, terremotos, males incurables. Hasta en lo que os sucede en el orden natural, ved un signo de advertencia para vosotros. Debéis ver un signo de la Divina Justicia, que no puede dejar impunes los innumerables delitos que cada día se cometen. 284


Sigue la Virgen nombrando los males de orden social:

…la división, el odio, el hambre y la pobreza, la explotación y la esclavitud, la violencia, el terrorismo y la guerra” “Para ser protegidos de todos estos males, os invito a poneros a cubierto en el seguro Refugio de Mi Corazón Inmaculado Y concluye señalando el peor de los males:

En estos tiempos, sobre todo, tenéis necesidad de ser defendidos de las terribles asechanzas de mi Adversario, que ha logrado instaurar se reino en el mundo. Es el reino que se opone a Cristo; es el reino del Anticristo (…) se prepara la hora en la que el hombre inicuo que quiere ponerse en lugar de Dios para hacerse adorar él mismo como Dios, está por manifestarse en toda su potencia. Bajo el flagelo sangriento de esta terrible prueba ¿cómo podréis no dispersaros y desalentaros, permanecer fuertes en la Fe y fieles sólo a Jesús y a su Evangelio? Mi Corazón Inmaculado se volverá vuestra fortísima defensa, el escudo de protección que os salvaguardará de todos los ataques de mi Adversario. Hoy tenéis particular necesidad de ser consolados. ¿A quién os podréis dirigir, en los dolorosos momentos que os esperan, cuando la gran apostasía llegue a la cumbre y la humanidad alcance el vértice de la negación de Dios y de la rebelión, de la iniquidad y de la discordia, del odio y de la destrucción, de la maldad y de la impiedad? ¡En mi Corazón Inmaculado seréis consolados! Por eso hoy os repito a cada uno de vosotros, lo que en Fátima dije a mi hija Sor Lucía: Mi Corazón será tu Refugio y el camino seguro que te conducirá a Dios! Y concluye: En este día dedicado por la Iglesia a venerarlo de un modo especial, deseo que mi Corazón Inmaculado aparezca como el áncora de salvación para todos. (Al Padre Gobbi, 7 de junio de 1986, fiesta del Inmaculado Corazón de María) En Lanús, Santa María del Espíritu Santo sigue pidiendo esa Consagración y ofrece ese Corazón -Sagrario viviente de Dios- como Refugio, tal como lo manifestó a su confidente de Fátima, que se entristecía ante el hecho de que iba a “quedarse solita” en la tierra, Lucía: (Fátima,13/6/1917) Ahora lo da como inestimable regalo a nosotros en dos grandes fiestas suyas. La primera llamando a la consagración:

Consagraos a mi Inmaculado Corazón, no os olvidéis mis pequeñitos, que mi Corazón Inmaculado es vuestro refugio, y al que en Él entre, triunfará junto a Él. (Lanús, fiesta de la Inmaculada del 2000) La segunda es una oración también enseñada en ese lugar bendecido por Ella en nuestro país, que en su sencillez evangélica nos conforta en todo momento de prueba:

Oh Madre dulcísima de Jesús y Madre mía. Refugiadme en vuestro Corazón, para poder así consolar el mío. Amén. Oradla cuando estéis angustiados.(Lanús, fiesta de la Anunciación del 2000) Toda consagración a la Virgen es una consagración a Jesucristo que nos conquistó y consagró Él en el Sacrificio de la Cruz. Nos “consagró” decimos, porque al arrebatarnos del enemigo infernal nos tomó como posesión suya, nos conquistó. Eso 285


ocurre con cada uno de los cristianos por la virtud del Sacramento del Bautismo que aplica a nosotros los merecimientos redentores de Jesucristo y nos libra de las manos del demonio. La Consagración mariana significa una renovación y ratificación de los votos y promesas de nuestro bautismo por medio de María. En nuestro Bautismo hemos declarado expresamente, por nosotros o por medio de nuestros padrinos, que “queremos renunciar a satanás, a sus pompas y a sus obras”, para manifestar que todo aquello que de él proviene no puede ser aceptado por nosotros. De allí la gravedad sin medida de nuestros pecados, que entregan nuestras almas y nuestros cuerpos pertenecientes a Jesucristo –y son templos del Espíritu Santoal mismo satanás, que nos induce por sus pompas y sus obras a separarnos de Dios. La expresión “pompas” la encontramos en el Diccionario de la Real Academia Española con dos acepciones: la primera: “Acompañamiento suntuoso, numeroso y de gran aparato, que se hace en una función, ya sea de regocijo o fúnebre”, y una segunda, más breve: “Fausto, vanidad, grandeza”. Palabras que para comprenderlas debidamente, tenemos que considerarlas en este contexto que da San Agustín: ¿Qué significa vivir bien? Gustad las cosas de arriba, no las de la tierra. Mientras eres tierra, a la tierra irás” (Gn 3,19); mientras lames la tierra -cuando amas la tierra la lames- y te haces enemigo de aquel del que dice el salmo: “Y sus enemigos lamen la tierra” (Sal 71,9). ¿Qué erais? Hijos de los hombres. ¿Qué sois ahora? Hijos de Dios. “Hijos de los hombres ¿hasta cuándo tendréis el corazón pesado? ¿Por qué amáis la vanidad y buscáis la mentira?” (Sal 4,3). ¿Qué mentira buscáis? Ahora os lo digo. Sé que queréis ser felices. Preséntame un salteador, un criminal, un fornicador, un malhechor, un sacrílego, un hombre manchado con toda clase de vicios y cubierto con toda clase de torpezas y delitos que no quiera vivir una vida feliz. Sé que todos queréis ser felices; pero ¿qué es lo que hace que el hombre viva feliz? Eso es lo que no queréis buscar. Buscas el oro porque piensas que vas a ser feliz con él; pero el oro no te hace feliz. ¿Por qué buscas la mentira? ¿Por qué quieres ser ensalzado en este mundo? ¿Por qué crees que vas a ser feliz con el honor que te tributen los hombres y con la pompa mundana? La pompa mundana no te hace feliz”. San Agustín, Sermones, 231,3-5 ¡Y cómo atraen estas obras del demonio tentándonos con los siete pecados capitales! Que se los comete más que nunca, aunque no se los denuncie como tales. Eso sólo lo puede revertir María Santísima, y lo hará, pero nos exige, naturalmente, nuestra conversión y fidelidad, en lo que llamamos la Consagración de la esclavitud mariana. Si el Bautismo dijimos, es el Sacramento que ha hecho efectiva en nosotros la Consagración a Jesucristo, la vida y los ataques actuales nos han llevado a apartarnos, y en algunos casos, a olvidarnos de ella. Por eso cuando nos consagramos a Jesucristo en alguna de sus devociones, por ejemplo la de su Sacratísimo Corazón, estamos renovando las promesas de la santa fe católica y la renuncia a Satanás. Y eso se hace expresa y terminantemente en nuestra Consagración al Corazón Inmaculado de María, que debe centrar nuestra atención en estos tiempos de extrema gravedad. Sin conversión y Consagración, vivida con todos nuestros pequeños o grandes esfuerzos, no está completa nuestra devoción a Nuestra Señora. Así lo muestran continuamente sus palabras, reiteradas con especial énfasis por el papa Benedicto al cumplirse los 90 años de las Apariciones de Fátima:

Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1,15). Jesús inició su vida pública con esta invitación, que sigue resonando en la Iglesia, hasta el punto de que también la Santísima Virgen, especialmente en sus apariciones de los 286


últimos tiempos, ha renovado siempre esta exhortación. Hoy pensamos, de modo particular, en Fátima donde, hace noventa años, desde el 13 de mayo hasta el 13 de octubre de 1917, la Virgen se apareció a los tres pastorcillos: Lucía, Jacinta y Francisco. Pidamos a la Virgen para todos los cristianos el don de una verdadera conversión, a fin de que se anuncie y se testimonie con coherencia y fidelidad el perenne mensaje evangélico, que indica a la humanidad el camino de la auténtica paz.

Luego, al impartir la tradicional Bendición , exhorta a los peregrinos presentes en Fátima con las mismas palabras de la Santísima Virgen en sus Apariciones: Esta bendición para cuantos rezan conmigo la oración del Ángelus, de buen grado la extiendo a los peregrinos congregados en el santuario de Fátima, en Portugal. Allí, desde hace noventa años, siguen resonando las exhortaciones de la Virgen Madre, que llama a sus hijos a vivir su consagración bautismal en todos los momentos de la existencia. Todo resulta posible y más fácil viviendo la entrega a María que hizo el mismo Jesús en la Cruz, cuando dijo: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Ella es el refugio y el camino que conduce a Dios. Señal palpable de esta entrega es el rezo diario del Rosario. Exhorto a todos a renovar personalmente su consagración al Corazón Inmaculado de María y a vivir este acto de culto con una vida cada vez más conforme a la voluntad divina y con el espíritu de servicio filial y devota imitación de su Reina celestial Benedicto XVI, Alocución después del

Ángelus del 14 de octubre de 2007.

Desde Fátima la Virgen no cesa de llamar a la conversión que lleva a la Consagración, como lo recuerda el Papa “especialmente en sus apariciones de los últimos tiempos, Ella ha renovado siempre esta exhortación” Y así lo hace también desde la Argentina:

Quiero reiterar mi pedido en este día tan especial, CONSAGRENSE TODOS AL INMACULADO CORAZON DE MARIA porque mi Corazón Inmaculado triunfará y ustedes los que se consagren, triunfarán con él; conságrense a mi Corazón con el rezo diario del Santo Rosario. (Salta , 25/9/95) Hoy la Madre ha mostrado su Inmaculado Corazón –escribe María Livia- y dice:

¡Éste es mi Inmaculado Corazón! ¡Acercaos todos a Él! En estos tiempos de grandes pruebas para la humanidad, la luz de mi Corazón brillará en medio de la oscuridad” (Salta , 25/9/95) Todo ello comienza por una vida en gracia de Dios, que es la unión con el mismo Jesucristo, que debemos cuidar celosamente. Las enseñanzas de Montfort se aplican perfectamente a la devoción al Inmaculado Corazón de María: Esta devoción, no solamente atrae a Jesucristo, la Sabiduría eterna, al alma, sino que la mantiene y conserva en ella hasta la muerte. Porque decidme: ¿De qué nos servirá buscar mil secretos y emplear mil esfuerzos para poseer el tesoro de la sabiduría, si después de haberlo obtenido tenemos la desgracia de perderlo como le sucedió a Salomón? Él, que fue tan sabio, como nosotros quizá no llegaremos jamás a serlo, y por lo mismo, más fuerte y más advertido que nosotros, fue, no obstante, engañado, fue vencido y cayó en el pecado y en la locura, y cuantos le han sucedido han 287


quedado doblemente asombrados de sus luces y de sus tinieblas, de su sabiduría y de la locura de sus pecados. Para ser, pues, en cierto modo, más sabios que Salomón, es necesario poner en manos de María (y en su Corazón Inmaculado nos atrevemos a interpolar nosotros)todo lo que poseemos, hasta el mismo Jesucristo, tesoro de los tesoros, dice San Luis María, a que nos lo conserve. Somos vasos demasiado frágiles; no pongamos en ellos este precioso tesoro y este maná celestial. Son muchos los enemigos que nos rodean, demasiado astutos y experimentados, no confiemos pues en nuestra prudencia y fortaleza. Demasiada experiencia tenemos ya de nuestra inconstancia y de nuestra natural liviandad, desconfiemos de nuestra prudencia y de nuestro fervor. San Luis María Grignion de Montfort,

El amor a la Sabiduría eterna Medios para adquirir la Sabiduría eterna, 220-221.

La Virgen quiere que en estos tiempos en los que ya se avizora el triunfo de su Corazón Inmaculado, la veneremos y sigamos “Vestida de Sol”, dejándonos que Ella nos purifique el alma con los rayos del Sol que la reviste, es decir con el amor de Jesucristo. Por eso quiere que meditemos las enseñanzas de éste, su santo privilegiado y como “enviado” a nuestra generación. Él nos habla claramente y sin eufemismos de las calamidades de nuestro tiempo, provocadas por el olvido y la negación de Dios. San Luis María es el más adecuado para instruirnos, en los momentos culminantes de “la lucha permanente y feroz existente entre las fuerzas del bien y del mal desde el comienzo de la historia de la humanidad, en el jardín del Paraíso, y que continuará hasta el fin de los tiempos”, como bien nos dijo el Legado del Papa Benedicto en Lourdes. Y para ayudar “a los hijos e hijas espirituales” amorosos esclavos de amor de la Santísima Virgen que formarán esa “inmensa red que Ella está tejiendo por todas partes del mundo” “para lanzar una fuerte ofensiva contra las fuerzas del Maligno, para encerrarlo y preparar así la victoria final de su divino Hijo, Jesucristo”. Nuestra preparación debe pues, comenzar por comprender la necesidad, hoy imperiosa, ante el avance de la gran apostasía, de renovar y vivir las promesas de fe de nuestro Bautismo y la renuncia de Satanás, sus pompas y sus obras porque estamos alistándonos en las filas de la Mujer Vestida del Sol, no podemos tener nada que nos relaciones con las tinieblas del pecado. Para ello, escuchemos una vez más a San Luis María cuando nos dice: … esta devoción podía muy bien llamarse una perfecta renovación de las promesas y votos del Santo Bautismo, porque todo cristiano antes del Bautismo era esclavo del demonio, en cuanto le pertenecía, y por su propia boca o la de su padrino y madrina renunció en el Bautismo solemnemente a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y tomó a Jesucristo por Dueño y soberano Señor, a fin de estarle sujeto en calidad de esclavo de amor. Y esto mismo es lo que se hace por la presente devoción: se renuncia (según se lee en la fórmula de consagración) al demonio, al mundo, al pecado y a sí mismo, y se entrega uno totalmente a Jesucristo por las manos de María. Y hasta hace algo más; porque en el Bautismo hablamos ordinariamente por boca de otro, esto es, por medio del padrino y la madrina y, si nos damos a Jesucristo, es por medio de procurados; pero en esta devoción lo hacemos por nosotros mismos, voluntariamente, con conocimiento de causa. En el santo Bautismo no nos damos a Jesucristo por manos de María, al menos de una manera expresa, y no le damos el valor de nuestras buenas acciones y quedamos después de él enteramente libres 288


para aplicarlo a quien nosotros queramos o conservarlo para nosotros mismos; pero, por esta devoción, nos damos expresamente al Señor por las manos de María, y le consagramos el valor de todas nuestras acciones. Los hombres, dice Santo Tomás, hacen voto en el Bautismo de renunciar al diablo y a sus pompas. Y ese voto, dice San Agustín, es el más grande e indispensable. Lo confirman los canonistas. Sin embargo ¿Quién es el que guarda este gran voto? ¿Quién es el que cumple fielmente las promesas del santo Bautismo? ¿Acaso no violan casi todos los cristianos la fidelidad que en su Bautismo prometieron a Jesucristo? ¿De dónde puede originarse este gran desconcierto universal, si no es del olvido en que se vive de las promesas y obligaciones del santo Bautismo y de que casi nadie ratifica por sí mismo el contrato de alianza que ha hecho con Dios por medio de su padrino y su madrina? Tan verdadero es eso, que el Concilio de Sens, convocado por orden de Ludovico Pío para remediar los desórdenes de los cristianos, que eran grandes, juzgó que la causa principal de esta corrupción en las costumbres procedía del olvido y la ignorancia en que se vivía acerca de las promesas del santo Bautismo y no halló medio más eficaz para contrarrestar mal tan grande, que inducir a so cristianos a que renovasen los votos y promesas del santo Bautismo. El Catecismo del Concilio de Trento, fiel intérprete de las intenciones de este santo Concilio, exhorta a los párrocos a que hagan lo mismo e inculquen a los fieles de los pueblos que se les ha confiado, que se acuerden y crean que están ligados y consagrados a Jesucristo, como esclavos a su Redentor y Señor. Ahora bien; si los Concilios, los Padres y la experiencia misma nos enseñan que el mejor medio para remediar los desórdenes de los cristianos es hacerles recordar las obligaciones del Bautismo, y renovar los votos que entonces hicieron ¿No será razón que se haga ahora de una manera perfecta, mediante esta devoción y consagración al Señor por medio de su Santísima Madre? Y digo de una manera perfecta porque, para consagrarse a Jesucristo nos servimos del más perfecto de todos los ellos, que es la Santísima Virgen.” San Luis María Grignion de Montfort Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima. Virgen, Cap IV, Art I, 126-130).

III Argentina Consagrada ¡Argentina, caminad conmigo al Cielo, país consagrado a mi Corazón Inmaculado! Santa María del Espíritu Santo, en Lanús, 21 de julio del 2003

El poder de la oración es inconmensurable. Esto sea dicho para comprender que el acto de la Consagración oficial de nuestra Patria al Inmaculado Corazón de María se debió a las ardientes plegarias de monasterios carmelitas y de otras personas, ignoradas, que se unieron a ellas. Conociendo la religiosidad del Presidente de entonces, se le presentó el proyecto de consagrar la Argentina al Inmaculado Corazón 289


de María en forma que se dio en llamar “oficial” porque fue realizada por decreto presidencial y decretos de gobernadores de las provincias conjuntamente. A ella adhirieron los Obispos, y en Luján se renovó y completó, por así decirlo, la Consagración hecha en 1947, con su mismo espíritu , es decir, con el propósito de cumplir los pedidos de la Virgen en Fátima. A esos pedidos querían corresponder los Papas: Pío XII, que realizó la Consagración del mundo al Inmaculado Corazón de la Madre de Dios, y que instaba a realizarla en Diócesis y hogares; Paulo VI que renovó esa Consagración en el seno del Concilio Vaticano II y viajó a Fátima para el cincuentenario de las apariciones. El Beato Juan Pablo II y Benedicto XVI, que también peregrinaron a la Cova de Iría. El Papa polaco realizó reiteradas consagraciones, y pasó a la historia con el recuerdo imborrable de que la Virgen le salvó la vida en el día de su aparición de Fátima. Ya antes Pío XII era también llamado “el Papa de Fátima”, no sólo por sus desvelos por propagar su devoción, sino porque, como dijimos, fue consagrado Obispo el mismo 13 de mayo de 1917. La Virgen Santísima en Fátima llama a toda la Iglesia, comenzando por los Sumos Pontífices, los obispos, el clero y toda la Iglesia. Pero también a las naciones y a cada uno de nosotros fieles y ciudadanos a la vez. María Santísima ha venido al mundo por mandato de su Hijo, para dar esa bendita orden, condición para la paz, que se ratifica con las declaraciones de los Beatos pastorcitos, y la venerada vidente Sor Lucía. Pero sobre todo se comprende al leer el Mensaje, y comprender que lo que la Virgen pide no se ha cumplido debidamente, aunque alienta con la frase que todos conocemos y agradecemos en lo más profundo de nuestras almas agobiadas por los castigos que debemos padecer: “Al fin, mi Corazón Inmaculado triunfará, y el mundo tendrá un tiempo de paz” (Fátima, 13 de julio de 1917) La Consagración de 1969 completa la anterior, al haberse hecho por la autoridad temporal y la espiritual conjuntamente. La Argentina es una de las pocas naciones que así lo hicieron. Consagración más plena, más grata a Dios. Debemos decirlo con gozo, pero con verdadera humildad, porque lamentablemente no estamos viviendo con lo que esa Consagración supone. Al igual que la Consagración a Jesús Sacramentado que hizo el Presidente Justo, esta consagración fue acompañada fervorosamente por todo el pueblo argentino. Y así como en el 34 el Presidente Justo la leyó postrado ante el Santísimo expuesto, el Presidente Onganía lo hizo arrodillado ante la Sagrada Imagen de Nuestra Señora de Luján, en la Villa donde Ella fundó la Argentina. Ese mismo día, los Gobernadores de cada Provincia se unieron al acto nacional y realizaron la Consagración conjuntamente con los Obispos de cada una de ellas. La Consagración fue realizada por iniciativa del Presidente y anunciada por los medios de difusión por él mismo, invitando a que todas las familias la realicen en el seno de sus hogares, como él mismo lo haría. La hoy secular “Sociedad de Peregrinos a pie a Luján” organizó una peregrinación especial, a la que se unieron en General Rodríguez el Presidente Onganía y el Gobernador de Buenos Aires, ambos con sus Ministros y una gran cantidad de peregrinos. La ceremonia tuvo lugar en la Plaza Belgrano de Luján, ante una multitud impresionante. Además de las autoridades que llegaban a pie, presidían el acto el Cardenal Antonio Caggiano, Arzobispo de Buenos Aires y Primado de la Argentina, y los obispos que no estuvieron en los actos provinciales, los miembros del Poder Judicial, los jefes de las tres fuerzas armadas, el Cuerpo Diplomático, y representantes 290


de las diversas confesiones religiosas del país. Toda la Argentina fue unánime en esa decisión de entregarse nuevamente al Corazón Inmaculado de María. La concelebración de la Misa fue presidida por el Cardenal Caggiano, quien dirigió una encendida homilía a toda la Nación. El Presidente se limitó a leer el texto de la Consagración, arrodillado en el cordón de la plaza, los pies de la Virgen:

Madre de Dios: Señora de Luján, a quien nuestro Pueblo os llama también la Virgen de Itatí; Madre del Nordeste argentino; Señora de Sumampa en Santiago del Estero y Virgen de Catamarca; Milagrosa Imagen de la Virgen en Santa Fe y Virgen del Milagro en Salta, ante Vos estamos aquí reunidos. Nuestra bandera tiene el mismo color de vuestra túnica y manto. Nuestra historia os venera en sus dramas y en sus júbilos. Virgen del Rosario, la Reconquistadora; Virgen del Carmen, patrona del ejército emancipador por voluntad del Libertador de medio continente, patrona del pueblo argentino y de sus regimientos militares; Virgen de Loreto, patrona de la Marina y la Virgen de la Merced, Generala de nuestro Ejército. Nuestros próceres y héroes os invocaron antes de la batalla y después de la victoria. Aún se escucha la voz de San Martín, Belgrano, de Pueyrredón, de Güemes, de Lamadrid y de Díaz Vélez: ¡Salve Señora de Nuestro Pueblo! Es que es la Argentina de hoy y de siempre la que da carril y empuje a esta manifestación de fe. Fieles a Vos, leales al país y a nuestra historia, nos sumamos al testimonio de Fe que nos legaron los fundadores de la Patria y, conscientes de la responsabilidad que impone a todos esta hora del mundo, llegamos a Luján, pago y santuario entrañablemente nuestro, de todos los argentinos, para consagrar a Vuestro Inmaculado Corazón, Nuestra República y todos nuestros esfuerzos, implorando bendiciones por la grandeza de la Patria. Así sea.

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IV

El reconocimiento del Señorío de María Santísima para detener la apostasía Hermosa eres, y llena de dulzura, bella como Jerusalén, terrible como un ejército en orden de batalla (Cant 6,3)

Esa obra satánica que llamamos más arriba el “minimalismo mariano”, perdura, y nosotros no podemos quedar pasivos ante el horrendo intento de eliminar el Culto de la Madre de Dios y desplazarla del lugar que le dio el mismo Cristo, y que el pueblo sencillo vive tan profundamente en sus corazones. Pero ¿qué hacer? ¿Nada más que rezar? No, debemos conocer y difundir los documentos mariológicos y marianos de la Tradición y del Magisterio Pontificio, sobre todo los que dieron desde la proclamación de la Inmaculada hasta Pío XII, momento en que la mariología llegó a su punto culminante. Agreguemos la herencia mariana espiritual y testimonial que nos dejó el Beato Pontífice Juan Pablo II recorriendo con Ella toda la redondez de la tierra. (1) María es la obra perfecta de la Creación por ser la Madre de Dios, y como tal, Reina de la Creación. Por eso sus condiciones absolutamente excepcionales. Por eso el mundo depende de Ella: María colinda con la divinidad, dice Santo Tomás. En Ella agotó Dios, en cierto modo, sus dones y sus gracias. La hizo toda santa “deaurata divinitate”, la describe el Doctor Angélico. A esta urdimbre de dones celestiales hay que añadir los dones específicos, carismáticos, indispensables para educarnos sobrenaturalmente. Ella está dentro del arcano de Dios. Conoce el pasado, el presente, el futuro. Conoce la historia de cada corazón humano, sus miserias, sus grandezas. Conoce el plan concreto de Dios sobre cada alma. Conoce la vocación personal. Su instinto maternal le hace descubrir el secreto de cada uno en cada momento. Pero hay otra cosa. Ella ama a Cristo apasionadamente. Formar a Cristo en el hombre, hacerlo crecer, reflejar su rostro en cada alma, es la respuesta siempre actual de su inmenso amor a Dios y a los hombres. La manifestación de la gloria de Dios y la glorificación del Espíritu Santo. La hagiografía nos descubre el fuego apostólico que hierve en el corazón de los grandes santos. Salvar y santificar “es la más divina de las obras divinas”, es como una nueva generación de Cristo. Es la más perfecta conjunción de lo divino y de lo humano. Pues bien, ningún santo, ni siquiera todos los santos juntos han vivido ni vivirán el fuego apostólico de María, su anhelo de santificar a los hombres. No necesita ser llamada, Ella está siempre en actitud de darse”. Monseñor Adolfo Tortolo,

Arzobispo de Paraná y Presidente del Episcopado Argentino, “La vocación personal de María”, Año Mariano Nacional 1980.

María es Reina por ser la Madre de Cristo, Rey de Reyes, ambos descendientes del Rey David. Pero sobre todo es Reina por su singularísima colaboración con la obra redentora de su Hijo, que siendo Rey y Señor por naturaleza, lo fue por conquista al haber rescatado al género humano. María, Corredentora por gracia, es la Reina y 292


Señora del Universo. Cuando rezamos el último Misterio del Rosario proclamamos la Realeza y Señorío de Virgen Santísima, ya figurado por la Guebirah del Antiguo Testamento. En la dinastía davídica de la Casa de Judá, la madre del Rey ocupaba el puesto más cercano a él. Su cargo era oficial, y era llamado Guebirah, que significa “Señora”. Betsabé es la primera Guebirah, pues su hijo Salomón la hizo sentar en un trono que colocó a su derecha. En el libro de los reyes leemos que Betsabé se postró ante el rey para pedirle que designe sucesor a Salomón, hijo que ella le había dado. Y cuando Salomón fue rey, él fue quien se inclinó ante ella (algunas traducciones dicen “se postró”) para darle el honor de la Señora del Reino: La Guebirah. Y le hizo poner un trono a su derecha , para indicar que desde entonces correinaría con él. Y lo haría ejerciendo la misión de intercesora. Por eso cuando le va a hacer una petición, Salomón le responde. “Dime Madre, qué quieres, que nada te podré negar” . ( ) Ésa es una de las figuras más evidentes de la Virgen Santísima en el Antiguo Testamento, porque todos sabemos que Jesucristo la honra con reverencia, le coloca un trono a su derecha y las palabras de Salomón podrían ser las suyas: “Dime Madre, qué quieres, que nada te podré negar”. La Iglesia honra la Realeza de María en las Coronaciones Litúrgicas. La Coronación Pontificia de la Virgen de la Esperanza de Jacona, México, fue la primera en América (1) - ¿tal vez por ser éste el continente de la Esperanza? - En esa ocasión, el orador de la ceremonia, Monseñor Ignacio Montes de Oca y Aragón decía: María es Reina de los Ángeles y de los Santos, y en la tierra es Reina de todos los reinos, emperatriz de todos los imperios, soberana de todas las naciones. Todas las criaturas, enseña San Bernardo, sea cual fuere su naturaleza y su rango en la creación, ya sean puros espíritus como los Ángeles, ya sean seres racionales como los hombres, ya sean seres materiales como los elementos y los cielos, tienen que obedecer a la gloriosa Virgen. Sí, cuanto está sujeto a la dominación de Dios está sujeto a la dominación de María. El Sumo Pontífice, al decretar los honores de la Coronación de su sagrada efigie, hace, por decirlo así, las veces del Señor, que la coronó en los Cielos el día de su Asunción y por medio de ritos y ceremonias visibles, nos recuerda la sumisión y agradecimiento, la obediencia y veneración que debemos a tan augusta Señora. Monseñor Ignacio de Montes de Oca y Obregón, Obispo de San Luis de Potosí, México, Sermón de la Coronación de la Virgen de la Esperanza de Jacona, México, 14 de febrero de 1886. (La primera Coronación Pontificia de América)

El mundo sólo puede salir de esta coyuntura escandalosa de pecado si recurre a María Santísima como Soberana del Universo. Para que tal cosa ocurra, cada uno debe reconocerla como Señora de sí mismo, de su hogar y de sus cosas. Si cada comunidad hace esto en espíritu y en verdad, este reconocimiento llegará a la Iglesia toda. Lo cual supone una toma de conciencia y un obrar de los que nos llamamos “marianos”, dando a conocer la doctrina católica acerca de sus glorias silenciadas y defendiendo las atacadas. El privilegio de conocer esas verdades nos impone la obligación de darlo a conocer a los hermanos a quienes se ha impedido saberlas. Creemos que esa labor debe ser intensa, aunque tratando de evitar las polémicas que sólo llevan al desgaste y no pocas veces a la falta de caridad.

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Nuestra Madre está esperando ese esfuerzo, que aún no es suficientemente fuerte. Los que amamos a la Virgen, pastores y fieles, debemos unirnos en la verdadera doctrina mariana para defender el honor de la Virgen, y eso debemos hacerlo en nombre de Jesucristo, su Hijo, que es el gran ofendido al silenciarse a su Madre, que, por otra parte, nos concede el privilegio de defenderlas y difundirlas, en tanto Ella nos dice “Los que me den a conocer obtendrán la vida eterna…” (Eclo.24,31) Que nuestra vida verdaderamente cristiana nos atraiga los dones del Espíritu Santo, para mostrar al mundo a la siempre Virgen Madre de Dios, la que alabaron los Padres y Doctores, los Pontífices, los Santos y los maestros de espiritualidad. La que ensalzó el Dante como “la más alta y humilde creatura” ( Paraíso XXXIII, 2). La que por nuestra salvación llevó el Pilar a Zaragoza y descendió al Tepeyac, la que nos trajo del Cielo su Medalla y se apareció Inmaculada en la gruta de Lourdes, la que en Fátima nos dejó el mensaje de Dios para salvar al mundo de guerras y calamidades. La que “sola derrotó todas las herejías del mundo universo”, y derrotará ésta que pretende, en la suma torpeza de su soberbia, impedir su triunfo. La que, en fin, se quiso quedar con nosotros en Luján y se convirtió, por voluntad de Dios en Imagen de la Mujer Vestida de Sol de la visión apocalíptica de San Juan en Patmos. María, por ser la Madre de Dios, es la Inmaculada Concepción, la Virgen perpetua y perfecta, la que Asunta gloriosamente a los cielos fue coronada como Reina y Señora de la Creación. Es la Madre de la Iglesia, la Madre espiritual de la humanidad, por Corredentora, Medianera y Abogada del pueblo de Dios. Es la Omnipotencia suplicante…y es mucho más, según las enseñanzas de los verdaderos Doctores de la Iglesia (¡que, en veinte siglos, jamás fueron minimalistas!) Y que siguen vigentes a pesar de la irrupción del modernismo y el falso “ecumenismo”. Es por lo tanto muy difícil pedir a quienes creen solamente en una María servidora y discípula del Señor –que lo fue en la mayor plenitud- que obedezcan a sus pedidos considerándolos mandatos de Soberana, entronizada “sobre todos los coros angélicos”. El pueblo verdaderamente fiel acude devoto a sus santuarios, en tanto no ha sido víctima del “lavado de cerebro” que impuso el aluvión modernista en parroquias, conventos y centros de estudio. Ese pueblo aún aclama a la Virgen como Madre de Dios y de los hombres, y le ruega en el último Misterio del Rosario como “Reina y Señora de todo lo creado”. En Argentina lo hace en la sorprendente peregrinación juvenil a pie a Luján que en el año 2011, según los cálculos de la Policía llegó a un millón trescientos mil peregrinos (Diario La Nación, Bs.As. 2 de octubre 2011) Visitando a Luján se comprueba que fue necesario ampliar la plaza Belgrano, extendiéndola a ambas calles laterales y por una cuadra de su Avenida. En una columna separada del mismo día, La Nación titulaba “Fervor Mariano” a cuatro noticias más, con sus fotos, de actos realizados en el término de quince días: 1.000.000 de peregrinos en San Nicolás, 800.000 en las fiestas del Milagro de Salta, doscientos mil peregrinos a pie a Itatí, y 80.000 en Huachana, Santiago del Estero el 31 de julio. A esas fiestas y peregrinaciones hay que agregar las Itatí en julio, del Valle en el tiempo de Pascua y el 8 de diciemrbre, de María Auxiliadora, del Rosario del Milagro de Córdoba, y las muchas del Rosario, del Carmen, y de numerosas advocaciones en ciudades chicas en toda la extensión del país, las procesiones náuticas, las vigilias jubilosas en no pocos lugares… Nuestro pueblo no sigue a los mariólogos minimalistas ¡Gracias a Dios! El pueblo fiel la sabe Corredentora y Medianera de Todas las Gracias, y no conoce la orden de callar esas palabras, bajo amenazas de castigos. Un obispo hispanoamericano 294


me decía que en Roma un sacerdote fue obligado a cambiar el tema de su tesis doctoral sobre María Corredentora, so pena de que sea rechazada. Y también que la Asociación de sacerdotes y religiosas “Familia de María Corredentora” presidida por Monseñor Pablo María Hnilica, aprobada por Juan Pablo II como Asociación Pontificia, fue obligada a quitar la palabra “Corredentora” de su nombre, bajo amenaza de que se les retire la aprobación. ¿Creerán estos “dueños de la Iglesia” que el Señor impondrá semejantes sanciones en el Cielo a los Pontífices que la alabaron con ese nombre, y que enseñaron las razones del mismo con verdadero espíritu católico? Más bien creemos que se está cumpliendo en el seno mismo de la Iglesia de Cristo esta parte del libro de la Revelación:

Y se enfureció el dragón contra la mujer, y se fue a hacer la guerra contra el resto del linaje de ella, los que guardan los Mandamientos de Dios, y mantienen el testimonio de Jesús. Y se apostó sobre la arena del mar.

(Apocalipsis 12, 17)

En el pueblo sencillo, despreciado por los supuestos “sabios” infiltrados en la Iglesia se apoyó hace un siglo el entonces obispo de Leiría, para dictaminar la veracidad de las apariciones de Fátima, como también se apoyó en las persecuciones, que San Pablo reconoce como “una señal de las obras de Dios”: La Señora, según los videntes, se les aparecía en una encina pequeña, raquítica, como son generalmente los árboles de aquellas tierras pedregosas; y centenares, millares de personas, cuya veracidad no podemos poner en duda, vieron una columna de humo que, como si fuera incienso, envolvía el árbol durante las apariciones. Este fenómeno, humanamente inexplicable, se repitió varias veces. Hechos que recuerdan la exclamación del libro del Cantar de los Cantares, aplicado por la Iglesia a la SantísimaVirgen: “¿Quién es ésta que sube del desierto como columna de humo compuesta de mirra y de incienso, y de toda clase de perfumes? (Cant.3,6) …” A las apariciones de Fátima dice también el obispo, “no faltó tampoco el argumento de las persecuciones, que son una señal de las obras de Dios (2 Tim.3,12)”. Y después de referirse a las innumerables curaciones y conversiones el obispo exclama: ¡Bendita y alabada sea la Madre de la Misericordia!” José Alves Correia da Silva, Obispo de Leiría Carta Pastoral del 13 de octubre de 1930, en la que reconoce las Apariciones de Fátima.

Llegará el día en que contemplaremos los atributos celestiales en Nuestra Señora de Fátima. Que mostrará su Corazón glorioso y gozoso, sin la corona de espinas que hoy lo rodea. Mientras tanto, debemos esperar ese ansiado día con una lucha sin tregua, de oración, penitencia y Consagración a la que le debemos todo el amor de nuestros corazones después de Dios y junto a Dios. Pero no lo olvidemos: para amarla debemos conocerla.

V

El triunfo Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva… Y vi la ciudad santa, la Jerusalén nueva, descender del cielo de parte de Dios 295


ataviada como una novia que se engalana para su esposo. Y oí una gran voz desde el trono que decía:” He aquí la morada de Dios entre los hombres. Él habitará con ellos y ellos serán sus pueblos y Dios mismo estará con ellos. Apocalipsis 21, 1-3

Sí, después del momento del gran sufrimiento, vendrá el momento del gran renacimiento y todo volverá a florecer. La humanidad volverá a ser un gran jardín de vida y de belleza y la Iglesia una familia iluminada por la Verdad, alimentada por la Gracia, consolada por la presencia del Espíritu Santo. Jesús instaurará su Reino Glorioso. Él estará con ustedes y conocerán los tiempos nuevos Verán finalmente una nueva tierra y nuevos cielos. El Padre se estremece de ardor y quiere derramar sobre esta pobre humanidad los torrentes de su Amor Infinito. El Padre quiere plasmar con sus manos una nueva creación (…) Y Jesús reinará. Jesús, por quien todo ha sido creado. Jesús que se ha encarnado, ha sufrido y ha muerto en la cruz para redimir a la humanidad (…) Jesús que les ha enseñado la oración parara invocar su advenimiento del Reino de Dios sobre la tierra, al fin cumplirá ésta, su invocación, porque instaurará su Reino.

(Al Padre Gobbi, San Marino, 3 de julio de 1987)

Si nos convencemos de que debemos entregarnos como esclavos de amor al Inmaculado Corazón de María, y por Él al Divino Corazón Eucarístico de Jesús, y lo hacemos con sinceridad, entonces podemos estar seguros de que estamos militando en las huestes que prepara para su triunfo ese Corazón, y el Reinado de Jesús en la Eucaristía, porque en Ella es donde quiere el Señor ser encontrado, amado y adorado por nosotros. Allí está –vivo y verdadero- su Sacratísimo Corazón. Pero esa militancia hacia el triunfo de la Virgen supone que la Consagración sea realmente vivida: Todo fiel esclavo de Jesús en María debe, por tanto, invocarla, saludarla, pensar en Ella, hablar de Ella, honrarla, glorificarla, recomendarse a Ella, gozar y sufrir con Ella, trabajar, orar y descansar con Ella y, en fin, desear vivir siempre por Jesús y por María, con Jesús y con María, en Jesús y en María, para Jesús y para María. Cuarto voto del Instituto del Verbo Encarnado (Constituciones) La era de María fue anunciada por muchos santos, y así lo ven claramente quienes no se dejan aturdir y enceguecer por los engaños actuales del príncipe de las tinieblas, que son cada vez más fuertes, más sutiles, más atractivos. Esas afirmaciones proféticas nos alientan, porque vienen de los elegidos por Dios y reconocidos por la Iglesia como tales. Uno de ellos es San Maximiliano Kolbe, que nos dice: Nuestra época es la época de la Inmaculada. La serpiente levanta la cabeza sobre toda la tierra; pero la Inmaculada va a aplastarla por victorias decisivas, bien que él no cesa de acechar a su talón. Bajo el estandarte de la Inmaculada se librará una gran batalla, y nosotros haremos ondular sus estandartes en las fortalezas del príncipe de tinieblas. Entonces las herejías y los cismas se extinguirán, y los pecadores empedernidos, gracias a la Inmaculada, volverán a Dios, a su Corazón lleno de amor, y todos los paganos se harán bautizar. De este modo se cumplirá lo que Santa Catalina Labouré había previsto, es decir, que la Inmaculada será la “Reina del mundo entero y “de cada uno en particular”. 296


Santa Catalina, la novicia privilegiada que recibió la Medalla Milagrosa para que recorriera el mundo, y se posara en todos los corazones, era quien nos anunciaba jubilosa: ¡Oh, qué maravilla será oír “María es la Reina del Universo!…” Será un tiempo de paz, de alegría y de bienes que permanecerá mucho tiempo. La Señora será llevada como estandarte y así atravesará todo el mundo. Ahora podemos unir esas palabras de la Santa de la Medalla con la culminación del Gran Mensaje de Nuestra Señora del Rosario de Fátima:

Por fin, mi Corazón Inmaculado triunfará, el Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz. (Fátima, 13/7/17)

Promesa de Nuestra Señora que consuela y fortalece a todos los suyos. A los que comprendieron que el Refugio para las calamidades que vivimos está en su Corazón Inmaculado, que espera nuestra devoción con lo que puntualmente pide, para los que de veras amen a María y quieran consolar, acompañar, desagraviar y alabar su Corazón, consagrándose a él como esclavos de amor, San Luis María les dice: El alma de María estará en ti para glorificar al Señor y su espíritu se alborozará por ti en Dios, su Salvador, con tal que permanezcas fiel a las prácticas de esta devoción. “Que el alma de María more en cada uno para engrandecer al Señor, que el espíritu de María permanezca en ca da uno para regocijarse en Dios. En la esclavitud mariana, refugiados en su Corazón, que es la nueva Arca de estos tiempos, es el único lugar donde podemos salvarnos del actual Diluvio de herejías y aberraciones, que es el que inunda, en mayor o menor medida, toda la redondez de la tierra en estos momentos, también a nuestra amada Argentina. Por eso a veces flaqueamos, porque se cumple lo dicho por San Pío X:

Seguramente atravesamos una época funesta y tenemos derecho a quejarnos con el profeta: “No hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. Maldiciones y mentiras y homicidios y hurtos han llenado la tierra”. (Os 4, 1-2). Sin embargo, en medio de lo que se puede llamar un diluvio de males, la mirada contempla, semejante a un arco iris, a la Virgen clementísima, árbitro de paz entre Dios y los hombres. “Pondré mi arco en las nubes y será señal de la alianza entre Mí y la tierra” (Gen 9,13) Que se desencadene, por lo tanto, la tempestad y que una espesa noche envuelva el cielo, no por eso debemos temblar. A la vista de María se apaciguará Dios y perdonará. “Estará el arco en las nueves, y lo veré y me acordaré de la alianza perdurable (ibidem16). Y no habrá ya aguas de diluvio que destruyan a todos los vivientes” (ibidem15). Si confiamos, como es preciso, en María (…) no hay duda que veremos que “Ella es siempre aquella Virgen potentísima que con su planta virginal quebrantó la cabeza de la serpiente”. (Of. de la I. C. de la B. V.M.) San Pío X, Ad diem illum,

2 de febrero 1904.

Sin embargo, mientras confiamos en esa verdad, suspiramos al Señor: ¿Cuándo llegará el reino de María, para que venga a nosotros el Reino de Cristo? ¡Ay! ¿Cuándo llegará ese tiempo dichoso, en que la Santísima Virgen María sea restablecida como Señora y Soberana en los corazones, 297


para someterlos plenamente al imperio de su excelso y único Jesús? ¿Cuándo respirarán las almas a María como los cuerpos respiran el aire? Cosas maravillosas sucederán entonces en la tierra, donde el Espíritu Santo al encontrar a su Esposa como reproducida en las almas vendrá a ellas con abundancia de sus dones y las llenará de ellos, especialmente del de sabiduría, para realizar maravillas de gracia. ¿Cuándo llegará ese tiempo dichoso, ese siglo de María, en el que muchas almas escogidas y obtenidas del Altísimo por María, perdiéndose ellas mismas en el abismo de su interior, se transformarán en copias vivientes de la Santísima Virgen, para amar y glorificar a Jesucristo? Ese tiempo sólo llegará cuando se conozca y viva la devoción que yo enseño: Ut adveniat regnum tuum, adveniat regnum Mariæ! ¡Señor, para que venga tu reino, que venga el reino de María! San Luis María de Montfort,

transcribiendo la oración de un “un santo varón de nuestros días, ferviente enamorado de María”

VI

Ad Coeli Reginam La fe nos enseña cómo la Virgen María, Madre de Dios, reina en todo el mundo con maternal corazón. Venerable Pío XII

Sin duda, el documento más importante que tenemos sobre la Realeza de María es la Encíclica Ad coeli Reginam, del Papa Pío XII, Tan grande fue la trascendencia de la proclamación del Dogma de la Inmaculada, que el Papa Pio XII quiso celebrar su centésimo aniversario con un Año Santo especial, el primer Año Mariano Universal de la Historia. En él la Iglesia tributó toda clase de homenajes a su Madre, entre ellos esta Encíclica, en la cual el Papa instituye la fiesta de la Realeza de María. Al comenzarla, el Papa se remonta a los primeros tiempos de la Iglesia, cuando “el pueblo cristiano elevó suplicantes oraciones e himnos de loa y piedad, a la Reina del Cielo” , afirmando que “nunca languideció aquella fe que nos enseña cómo la Virgen María, Madre de Dios, reina en todo el mundo con maternal corazón, al igual que está coronada con la gloria de la realeza en la bienaventuranza celestial.” Recuerda luego el Papa la proclamación del Dogma de la Asunción, realizada por él mismo el 1º de noviembre del Año Santo 1950, y al mencionar el Año Mariano Universal que estaba culminando, hace notar “el florecimiento de la devoción a la Virgen que causara, centrado en la Basílica Santa María la Mayor”, “como también en todas las partes del mundo en que vuelve a florecer cada vez más la devoción hacia la Virgen Madre de Dios, mientras los principales Santuarios de María han acogido y acogen todavía imponentes peregrinaciones de fieles devotos”. Menciona también su propio empeño por incrementar el amor a la Virgen en toda la Iglesia, y recuerda el famoso radiomensaje a Fátima de 1946, en ocasión de la Coronación de la Imagen de la Capelinha, a la que llama “milagrosa”, pasando luego a fundamentar la Realeza de María en la Sagrada Tradición: 298


Con razón ha creído siempre el pueblo cristiano, aun en los siglos pasados, que Aquélla, de la que nació el Hijo del Altísimo, que “reinará eternamente en la casa de Jacob” (Luc. 1, 32) y (será) “Príncipe de la Paz” (Is. 9, 6), “Rey de los reyes y Señor de los señores” (Apoc. 19, 16), por encima de todas las demás criaturas recibió de Dios singularísimos privilegios de gracia. Y considerando luego las íntimas relaciones que unen a la Madre con el Hijo, reconoció fácilmente en la Madre de Dios una regia preeminencia sobre todos los seres. Por ello se comprende fácilmente cómo ya los antiguos escritores de la Iglesia, fundados en las palabras del Arcángel San Gabriel que predijo el reinado eterno del Hijo de María (Luc. 1, 32. 33), y en las de Isabel que se inclinó reverente ante ella, llamándola “Madre de mi Señor” (Luc. 1, 43), al denominar a María “Madre del Rey” y “Madre del Señor”, querían claramente significar que de la realeza del Hijo se había de derivar a su Madre una singular elevación y preeminencia.” Recuerda el Papa el ruego de San Efrén: “...Virgen augusta y dueña, Reina, Señora, protégeme bajo tus alas, guárdame, para que no se gloríe contra mí Satanás, que siembra ruinas, ni triunfe contra mí el malvado enemigo” Y sigue con “San Gregorio Nacianceno que llama a María “Madre del Rey de todo el universo”, “Madre Virgen, que dio a luz al Rey de todo el mundo». Nombra a Prudencio, que afirma: “la Madre se maravilló “de haber engendrado a Dios como hombre sí, pero también como Sumo Rey”. Esta dignidad real de María se halla claramente afirmada -sigue diciendo- por quienes la llaman “Señora”, “Dominadora” y “Reina” : “Orígenes, Isabel saluda a María “Madre de mi Señor”, y aún la dice también: “Tú eres mi señora”. “Lo mismo se deduce de San Jerónimo, cuando expone: “Sépase que María en la lengua siriaca significa Señora” Después de él, afirma San Pedro Crisólogo: “El nombre hebreo María se traduce Domina en latín; por lo tanto, el Ángel la saluda Señora para que se vea libre del temor servil la Madre del Dominador, pues éste, como Hijo, quiso que Ella naciera y fuera llamada Señora” Y continúa con más testimonios: San Epifanio, obispo de Constantinopla, escribe al Sumo Pontífice Hormidas, que se ha de implorar la unidad de la Iglesia “por la gracia de la santa y consubstancial Trinidad y por la intercesión de nuestra santa Señora, gloriosa Virgen y Madre de Dios, María”, citando a “un autor del mismo tiempo que saluda solemnemente con estas palabras a la Bienaventurada Virgen sentada a la diestra de Dios, para que pida por nosotros: “Señora de los mortales, Santísima Madre de Dios”. San Andrés de Creta, en la fiesta de la Dormición, atribuye frecuentemente la dignidad de reina a la Virgen, y así escribe: “(Jesucristo) lleva en este día como Reina del género humano, desde la morada terrenal (a los cielos) a su Madre siempre Virgen, en cuyo seno, aun permaneciendo Dios, tomó la carne humana” Y en otra parte: “Reina de todos los hombres, porque, fiel de hecho al significado de su nombre, se encuentra por encima de todos, si sólo a Dios se exceptúa”. Cita el Papa también a San Germán que así se dirige así a la humilde Virgen: “Siéntate, Señora: eres Reina y más eminente que los reyes todos, por eso a Ti te corresponde sentarte en el puesto más alto” y la llama “Señora de todos los que en la tierra habitan”; a “San Juan Damasceno que la proclama “Reina, Dueña, Señora”; y también “Señora de todas las criaturas” y a un antiguo escritor de la Iglesia occidental que la llama “Reina 299


feliz”, “Reina eterna, junto al Hijo Rey, cuya nívea cabeza está adornada con áurea corona” Finalmente, nombra el Papa a San Ildefonso de Toledo que “resume casi todos los títulos de honor en este saludo: “¡Oh Señora mía!, ¡oh Dominadora mía!: Tú mandas en mí, Madre de mi Señor..., Señora entre las esclavas, Reina entre las hermanas” Y culmina Pío XII: “Los teólogos de la Iglesia, extrayendo su doctrina de éstos y otros muchos testimonios de la antigua tradición, han llamado a la Beatísima Madre Virgen Reina de todas las cosas creadas, Reina del mundo, Señora del universo”. “Los Sumos Pastores de la Iglesia creyeron deber suyo el aprobar y excitar con exhortaciones y alabanzas la devoción del pueblo cristiano hacia la celestial Madre y Reina” Entre los más antiguos San Martín llamó a María “Nuestra gloriosa Señora, siempre Virgen” (S. Martín I, Epist); San Agatón, en la carta sinodal, enviada a los Padres del Sexto Concilio Ecuménico, la llamó “Señora nuestra, verdadera y propiamente Madre de Dios” ; y en el siglo octavo, Gregorio II en una carta enviada al patriarca San Germán, leída entre aclamaciones de los Padres del Séptimo Concilio Ecuménico, proclamaba a María “Verdadera Madre de Dios y Señora de todos los cristianos”; Sixto IV, en la bula Cum praexcelsa al referirse favorablemente a la doctrina de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen, comienza con estas palabras: “Reina, que siempre vigilante intercede junto al Rey que ha engendrado”. E igualmente Benedicto XIV, en la bula Gloriosa Dominae llama a María “Reina del Cielo y de la tierra”, afirmando que “el Sumo Rey le ha confiado a Ella, en cierto modo, su propio imperio”. Entonces trae a la memoria al gran San Alfonso de Ligorio, que en sus Glorias de María, “resumiendo toda la tradición de los siglos anteriores, escribió con suma devoción: porque la Virgen María fue exaltada a ser la Madre del Rey de los reyes, con justa razón la Iglesia la honra con el título de Reina”. El Papa entonces transcribe algunos textos “de las diversas Liturgias de la Iglesia” recordando que “La Sagrada Liturgia, fiel espejo de la enseñanza comunicada por los Padres y creída por el pueblo cristiano, ha cantado en el correr de los siglos y canta de continuo, así en Oriente como en Occidente, las glorias de la celestial Reina”. Férvidos resuenan los acentos en la Liturgia armenia: “Oh Madre de Dios, hoy eres trasladada al cielo sobre los carros de los querubines, y los serafines se honran con estar a tus órdenes, mientras los ejércitos de la celestial milicia se postran ante Ti”. De la Bizantina: “Oh justo, beatísimo (José), por tu real origen has sido escogido entre todos como Esposo de la Reina Inmaculada, que de modo inefable dará a luz al Rey Jesús” Y además: “Un Himno cantaré a la Madre Reina, a la cual me vuelvo gozoso, para celebrar con alegría sus glorias... Oh Señora, nuestra lengua no te puede celebrar dignamente, porque Tú, que has dado a la luz a Cristo Rey, has sido exaltada por encima de los Serafines. ... Salve, Reina del mundo, salve, María, Señora de todos nosotros” (del Akathistós en rito bizantino). Del Misal Etiópico recuerda: “Oh María, centro del mundo entero..., Tú eres más grande que los Querubines plurividentes y que los Serafines multialados. ... El cielo y la tierra están llenos de la santidad de tu gloria”. De la Liturgia Latina, nombra en primer lugar “la antigua y dulcísima plegaria “Salve Regina”, las alegres antífonas “Ave Regina caelorum”, “Regina caeli laetare alleluia” y otras recitadas en las varias fiestas de la Bienaventurada Virgen María: “Estuvo a tu diestra como Reina, vestida de brocado de oro” ; “La tierra y el cielo te cantan cual Reina poderosa”; “Hoy la Virgen María asciende al cielo; alegraos, porque con Cristo reina para siempre”. “A tales cantos han de añadirse las Letanías Lauretanas que 300


invitan al pueblo católico diariamente a invocar como Reina a María; y hace ya varios siglos que, en el quinto misterio glorioso del Santo Rosario los fieles con piadosa meditación contemplan el Reino de María que abarca cielo y tierra”. Luego se refiere a las manifestaciones arte cristiano: Finalmente, el arte, al inspirarse en los principios de la fe cristiana, y como fiel intérprete de la espontánea y auténtica devoción del pueblo, ya desde el Concilio de Éfeso, ha acostumbrado a representar a María como Reina y Emperatriz que, sentada en regio trono y adornada con enseñas reales, ceñida la cabeza con corona, y rodeada por los ejércitos de Ángeles y de santos, que manda no sólo en las fuerzas de la naturaleza, sino también sobre los malvados asaltos de satanás. La iconografía, también en lo que se refiere a la regia dignidad de María, se ha enriquecido en todo tiempo con obras de valor artístico, llegando hasta representar al Divino Redentor en el acto de ceñir la cabeza de su Madre con fúlgida corona.” El Papa concluye esta parte de su Encíclica mencionando las coronaciones de las Santas imágenes de la Santísima Virgen: Los Romanos Pontífices, favoreciendo a esta devoción del pueblo cristiano, coronaron frecuentemente con la diadema, ya por sus propias manos, ya por medio de Legados Pontificios, las imágenes de la Virgen Madre de Dios, insignes tradicionalmente en la pública devoción. Y llega así a las razones teológicas de la Realeza de María: Como ya hemos señalado más arriba, Venerables Hermanos, el argumento principal, en que se funda la dignidad real de María, evidente ya en los textos de la tradición antigua y en la Sagrada Liturgia, es indudablemente su divina maternidad. De hecho, en las Sagradas Escrituras se afirma del Hijo que la Virgen dará a luz: “Será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob eternamente, y su reino no tendrá fin” (Luc. 1, 32.33); y, además, María es proclamada “Madre del Señor” (Ibid. 1, 43). Se sigue de ello lógicamente que Ella misma es Reina, pues ha dado vida a un Hijo que, ya en el instante mismo de su concepción, aun como hombre, era Rey y Señor de todas las cosas, por la unión hipostática de la naturaleza humana con el Verbo. San Juan Damasceno escribe, por lo tanto, con todo derecho: “Verdaderamente se convirtió en Señora de toda la creación, desde que llegó a ser Madre del Creador”; e igualmente puede afirmarse que fue el mismo Arcángel Gabriel el primero que anunció con palabras celestiales -en nombre del Altísimo- la dignidad regia de María.” Luego hace referencia a su participación en la Redención por la cual Cristo el Señor nos conquistó con sus infinitos sufrimientos: “Mas la Beatísima Virgen ha de ser proclamada Reina no tan sólo por su divina maternidad, sino también en razón de la parte singular que por voluntad de Dios tuvo en la obra de nuestra eterna salvación.” “¿Qué cosa habrá para nosotros más dulce y suave -como escribía Nuestro Predecesor, de feliz memoria, Pío XI- que el pensamiento de que Cristo impera sobre nosotros, no sólo por derecho de naturaleza, sino también por derecho de conquista adquirido a costa de la Redención? Ojala que 301


todos los hombres, harto olvidadizos, recordasen cuánto le hemos costado a nuestro Salvador; “Fuisteis rescatados, no con oro o plata, ... sino con la preciosa Sangre de Cristo, como de un Cordero inmaculado” (1 Pet. 1, 18 -19). No somos, pues, ya nuestros, puesto que Cristo “por precio grande” (1 Cor. 6, 20) nos ha comprado” Pío XI, Quas primas. Ahora bien, en el cumplimiento de la obra de la Redención, María Santísima estuvo, en verdad, estrechamente asociada a Cristo; y por ello justamente canta la Sagrada Liturgia: “Dolorida junto a la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo estaba Santa María, Reina del cielo y de la tierra”. Y la razón es que, como ya en la Edad Media escribió un piadosísimo discípulo de San Anselmo(Eadmero) : “Así como... Dios, al crear todas las cosas con su poder, es Padre y Señor de todo, así María, al reparar con sus méritos las cosas todas, es Madre y Señor de todo: Dios es el Señor de todas las cosas, porque las ha constituido en su propia naturaleza con su mandato, y María es la Señora de todas las cosas, al devolverlas a su original dignidad mediante la gracia que Ella mereció”. La razón es que, “así como Cristo por el título particular de la Redención es nuestro Señor y nuestro Rey, así también la Bienaventurada Virgen (es nuestra Señora y Reina) por su singular concurso prestado a nuestra redención, ya suministrando su sustancia, ya ofreciéndolo voluntariamente por nosotros, ya deseando, pidiendo y procurando para cada uno nuestra salvación” (F. Suárez, De mysteriis vitae Christi). Dadas estas premisas, puede argumentarse así: Si María, en la obra de la salvación espiritual, por voluntad de Dios fue asociada a Cristo Jesús, principio de la misma salvación, y ello en manera semejante a la en que Eva fue asociada a Adán, principio de la misma muerte, por lo cual puede afirmarse que nuestra redención se cumplió según una cierta “recapitulación” (S. Iren., Adv. haer.), por la que el género humano, sometido a la muerte por causa de una virgen, se salva también por medio de una virgen; si, además, puede decirse que esta gloriosísima Señora fue escogida para Madre de Cristo precisamente “para estar asociada a Él en la redención del género humano” (Pío XI, epist. Auspicatus profecto (1933) “y si realmente fue Ella, la que, libre de toda mancha personal y original, unida siempre estrechísimamente con su Hijo, lo ofreció como nueva Eva al Eterno Padre en el Gólgota, juntamente con el holocausto de sus derechos maternos y de su maternal amor, por todos los hijos de Adán manchados con su deplorable pecado” (Pío XII, enc. Mystici Corporis (1943)); se podrá de todo ello legítimamente concluir que, así como Cristo, el nuevo Adán, es nuestro Rey no sólo por ser Hijo de Dios, sino también por ser nuestro Redentor, así, según una cierta analogía, puede igualmente afirmarse que la Beatísima Virgen es Reina, no sólo por ser Madre de Dios, sino también por haber sido asociada cual nueva Eva al nuevo Adán. Y, aunque es cierto que en sentido estricto, propio y absoluto, tan sólo Jesucristo -Dios y hombre- es Rey, también María, ya como Madre de Cristo Dios, ya como asociada a la obra del Divino Redentor, así en la lucha con los enemigos como en el triunfo logrado sobre todos ellos, participa de la dignidad real de Aquél, siquiera en manera limitada y analógica. De hecho, de esta unión con Cristo Rey se deriva para Ella sublimidad tan espléndida que supera a la excelencia de todas las cosas creadas: de esta misma unión con Cristo nace aquel regio poder con que Ella puede dispensar los tesoros del Reino del Divino Redentor; finalmente, en la misma unión con Cristo tiene su origen la inagotable eficacia de su maternal intercesión junto al Hijo y junto al Padre. Estas enseñanzas, coherentes con muchas anteriores del Magisterio Pontificio, muestran los argumentos en que se basa la petición de setecientos Obispos y más de 302


seiscientos millones de fieles para que maría Santísima sea proclamada Corredentora junto a su Hijo Jesucristo. No menos importancia tienen los siguientes párrafos de Pío XII, al prevenirnos del minimalismo mariano, que pretende mostrar a la Reina de la Creación como una santa más, o como la primera de las santas, con el pretendido deseo del ecumenismo, como si algunos “hermanos separados” podrían volver a la casa paterna cuando se encierre en una habitación a la madre de todos. Grabemos por lo tanto en nuestros corazones, con letras de oro, estas palabras, tomadas de la Sagrada Tradición por el bendito Pontífice Pío XII: No hay, por lo tanto, duda alguna de que María Santísima supera en dignidad a todas las criaturas, y que, después de su Hijo, tiene la primacía sobre todas ellas. “Tú finalmente -canta San Sofronio- has superado en mucho a toda criatura... ¿Qué puede existir más sublime que tal alegría, oh Virgen Madre? ¿Qué puede existir más elevado que tal gracia, que Tú sola has recibido por voluntad divina?” Alabanza, en la que aun va más allá San Germán: “Tu honrosa dignidad te coloca por encima de toda la creación: Tu excelencia te hace superior aun a los mismos ángeles”. Y San Juan Damasceno llega a escribir esta expresión: “Infinita es la diferencia entre los siervos de Dios y su Madre. Y agrega el Papa: Para ayudarnos a comprender la sublime dignidad que la Madre de Dios ha alcanzado por encima de las criaturas todas, hemos de pensar bien que la Santísima Virgen, ya desde el primer instante de su concepción, fue colmada por abundancia tal de gracias que superó a la gracia de todos los Santos. Por ello -como escribió Nuestro Predecesor Pío IX, de f. m.- “Dios inefable ha enriquecido a María con tan gran munificencia con la abundancia de sus dones celestiales, sacados del tesoro de la divinidad, muy por encima de los Ángeles y de todos los Santos, que Ella, completamente inmune de toda mancha de pecado, en toda su belleza y perfección, tuvo tal plenitud de inocencia y de santidad que no se puede pensar otra más grande fuera de Dios y que nadie, sino sólo Dios, jamás llegará a comprender” (Beato Pío IX, bula Ineffabilis Deus) Además, la Bienaventurada Virgen no tan sólo ha tenido, después de Cristo, el supremo grado de la excelencia y de la perfección, sino también una participación de aquel influjo por el que su Hijo y Redentor nuestro se dice justamente que reina en la mente y en la voluntad de los hombres. Si, de hecho, el Verbo opera milagros e infunde la gracia por medio de la humanidad que ha asumido, si se sirve de los Sacramentos, y de sus Santos, como de instrumentos para salvar las almas, ¿cómo no servirse del oficio y de la obra de su Santísima Madre para distribuirnos los frutos de la Redención? “Con ánimo verdaderamente maternal -así dice el mismo Predecesor Nuestro, Pío IX, de ilustre memoria- al tener en sus manos el negocio de nuestra salvación, Ella se preocupa de todo el género humano, pues está constituida por el Señor Reina del cielo y de la tierra y está exaltada sobre los coros todos de los Ángeles y sobre los grados todos de los Santos en el cielo, estando a la diestra de su unigénito Hijo, Jesucristo, Señor nuestro, con sus maternales súplicas impetra eficacísimamente, obtiene cuanto pide, y no puede no ser escuchada”. A este propósito, otro Predecesor Nuestro, de feliz memoria, León XIII, declaró que a la Bienaventurada Virgen María le ha sido concedido un 303


poder

inmenso “en la distribución de las gracias” (Leon XIII, Enc. Adiutricem populi); y San Pío X añade que María cumple este oficio suyo “como por derecho materno” (Pío X, enc. Ad diem illum). Pío XII hace aquí una exhortación especialmente fervorosa: Gloríense, por lo tanto, todos los cristianos de estar sometidos al imperio de la Virgen Madre de Dios, la cual, a la par que goza de regio poder, arde en amor maternal. A continuación, luego de un párrafo que fundamenta el culto a la Realeza de María Santísima, tomado del Breviario Romano, instituye la fiesta de María Reina: Y ante Nuestra convicción, luego de maduras y ponderadas reflexiones, de que seguirán grandes ventajas para la Iglesia si esta verdad sólidamente demostrada resplandece más evidente ante todos, como lucerna más brillante en lo alto de su candelabro , con Nuestra Autoridad Apostólica decretamos e instituimos la fiesta de María Reina, que deberá celebrarse cada año en todo el mundo el día 31 de mayo. Y mandamos que en dicho día se renueve la consagración del género humano al Inmaculado Corazón de la bienaventurada Virgen María. En ello, de hecho, está colocada la gran esperanza de que pueda surgir una nueva era tranquilizada por la paz. ¡Qué lamentable es el olvido de este mandato del Papa de renovar cada año -en esta fiesta- la Consagración del género humano a su Corazón Inmaculado! Ningún sucesor suyo lo ha eliminado, por lo que seguramente se argumentará “cayó en desuso”, como otros mandatos pontificios, que cada Soberano Pontífice encuentra “olvidados” unos, impuestos por la fuerza otros. Pero observemos que todos ellos tienen un común denominador: la desacralización. Roguemos para que María Santísima reine en los corazones y en los hogares católicos, para reinar luego en las instituciones, en las naciones, que será, indudablemente. lo que llevará al Triunfo y Reinado de Jesucristo nuestro único Rey y Señor en el mundo entero. La consagración de Rusia no se cumplió según el pedido del Cielo… El gran ofrecimiento del Señor fue despreciado y olvidado, incluyendo lo que se refiere al tercera parte del Secreto, que debía darse a conocer en 1960. Sin embargo, la propia Virgen Santísima, en su indecible solicitud de Madre, ha hecho cumplir la decisión de Dios de “establecer la devoción a su Corazón Inmaculado” en el tiempo que ha corrido desde la manifestación de Fátima hasta el presente -casi un siglo- en cada una de las innumerables apariciones en las que se presenta en todas las latitudes. Corresponde a nosotros, pastores y fieles, la imprescindible respuesta a este amoroso designio de Dios que lleva a cabo María Santísima como sólo Ella puede hacerlo

VII

María Reina del Universo María verdaderamente se convirtió en Señora de toda la Creación, 304


desde que llegó a ser Madre del Creador San Juan Damasceno

Glosando al Papa Bonifacio XI (1)también nosotros proclamamos al mundo que “la Mujer que cantan las Escrituras” es María, “la virgen escogida en cuyo seno tomó carne el Verbo mismo, es la que trituró todas las herejías e intercede a favor del pueblo cristiano ante el Rey que dio a luz, como Abogada valerosa y Orante vigilantísima.” Y aunque “nuestra humana lengua no sea capaz de manifestar sus glorias” pues ni “los santos y justos pueden ensalzarla plenamente”, la alabamos porque “en su seno virginal se aposentó el que no podrían contener los cielos”, y la mostramos “vestida del sol, teniendo la luna bajo los pies, Ella, la virgen escogida de la estirpe de David, mereció ser coronada de estrellas” porque “fue digna de preparar para tan gran Rey el tálamo de su cuerpo”, en tanto que Él “quiso por perfecta Reina del Universo a quien es su gloriosa Madre”, que “elevada por encima de las estrellas, se sentó en el estrellado trono que le preparó su Padre”. En el Apocalipsis, María muestra todo su esplendor de Reina del Universo. Ella a quien el Altísimo quiso entregar las luminarias de la Creación como atributos de esa Realeza:

Dijo después Dios: Háganse lumbreras en el firmamento del cielo que distingan el día y la noche y señalen los tiempos, los días y los años, a fin de que brillen en el firmamento del cielo y alumbren la tierra. Y fue hecho así. Hizo pues Dios dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor, para que presidiese el día: y la lumbrera menor, para presidir la noche, y las estrellas. Y las colocó en el firmamento del cielo, para que resplandeciesen sobre la tierra, y presidiesen el día y la noche, y separasen la luz de las tinieblas. Y vio Dios que la cosa era buena. Y se hizo la tarde y la mañana: el día cuarto. (Génesis I, 14-19).

Jesucristo y su Madre resplandecen sobre la tierra, y separan la luz de la fe de las tinieblas del error. Por eso en el Himno de la Virgen de Luján la alabamos como “Madre de Luz”: A María la vemos siempre aparecer “subiendo como la aurora naciente” (Cant.6, 9), suavísimo anticipo del sol, “separando el Viejo del Nuevo Testamento como la noche 1 - ver texto de Bonifacio XI en el capítulo II de la primera parte.

del día” según el decir de Santo Tomás. Esa aurora de sublime belleza es, para los enemigos de su Hijo, “terrible como un ejército formado en batalla” (Cant.6, 9 ) Éstas y otra consideraciones la Liturgia, como las creaciones literarias y artísticas del catolicismo, han aplicado la gloria que muestra nuestro versículo a la Realeza Universal de María, pues así nos la ha presentado siempre la Tradición, el Magisterio y hasta los místicos: La Virgen Santísima, dice el Padre Pizzarelli, “nos visita y hace sentir su presencia, eso no es una invención nuestra, sino una realidad consoladora, que se hace presente en las almas”. Y cita a la Madre María de Jesús de Ágreda, que tuviera, en la primera mitad del siglo XVII “una experiencia especialísima de la Virgen, místicamente presente en su espíritu”: 305


Vi enseguida un velo riquísimo que encubría un tesoro, y mi voluntad se enfervorizaba para que se corriese y se descubriese lo que la inteligencia me manifestaba por sacramento escondido, y éste, mi deseo se me respondió: Obedece, alma, a lo que se te amonesta y te manda; despójate de ti misma y se te descubrirá. Propuse enmendar mi vida y vencer mis apetitos, lloraba con suspiros y gemidos de lo íntimo de mi alma, porque se me manifestase este bien; y como lo iba proponiendo, se iba corriendo el velo que encubría mi tesoro. Corrióse, pues del todo y vieron mis ojos interiores lo que no sabré decir ni manifestar con palabras. Vi una gran señal en el cielo y signo misterioso; vi una mujer, una señora y reina hermosísima, coronada de estrellas, vestida del sol y la luna a sus pies. Dijéronme los Santos Ángeles: Ésta es aquella dichosa mujer que vio San Juan en el Apocalipsis, y donde están encerrados, depositados y sellados los misterios maravillosos de la Redención. Favoreció tanto el Altísimo a esta criatura, que a sus espíritus nos causa admiración. Atiende y mira sus excelencias; escríbelas; que para esto, después de lo que a ti conviene, se te manifiesta. Yo conocí tantas maravillas, que la abundancia me enmudece y la admiración suspende y aún en la vida mortal no juzgo por capaces de conocerlas a todas las criaturas; … Sor María de Jesús de Ágreda, Mística Ciudad de Dios, Vida de la Virgen María, Libro 1, Cap I, p.9

En esta relación que nos dejó la religiosa española llama poderosamente la atención la presencia de María contemplada como “señal grande y misteriosa en el Cielo”, la visión de San Juan, en la que todo hace suponer que incluye, al comienzo, la mención del Arca de la Alianza al nombrar “el sacramento escondido”. A comienzos del siglo XVII, Paulo IV, el Papa de la Virginidad de María, hacía una alabanza que culmina con el mismo pasaje: María, virgen purísima y santísima, de regia estirpe... anunciada antes por tantas figuras, con tantas visiones y vaticinios de los profetas, y esperada tanto tiempo de los Santos Padres, por fin, apareciendo adornada por el brillo de tantas virtudes y de toda suerte de gracias, nos libró del cautiverio con su saludable fecundidad, y triturada la cabeza de la serpiente, vestida de sol, teniendo la luna por escabel de sus pies, victoriosa y triunfadora, mereció ser coronada con corona de doce estrellas, y ensalzada sobre los coros de los Ángeles, ser llamada Reina del cielo y de la tierra. Paulo IV, Bula Inmensae bonitatis, del 27 de octubre de 1615. Lo mismo hace el doctor seráfico, San Buenaventura: Ella, sin detrimento de su integridad virginal, dio a luz a un niño de nobilísima condición, según aquellas palabras: El Santo que de ti nacerá será llamado Hijo de Dios. Era también de justicia conceder la plenitud de la dignidad y de la gloria a quien le fue concedida la plenitud de la gracia, a diferencia de las demás criaturas, a las que tanto la gracia como la gloria se otorga sólo parcialmente. Por eso se dice en el capítulo 12 del Apocalipsis: ‘Apareció un gran prodigio en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna debajo de sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas’. Esta mujer es la Virgen Reina, que se describe vestida del sol, esto 306


es, con la hermosura del Sol de justicia; y la luna debajo de sus pies, o sea, la gloria mundana valerosamente menospreciada, la cual crece y decrece como la luna; y en su cabeza una corona de doce estrellas, esto es, todo el honor y dignidad, gloria, excelencia y nobleza de condición concedidos a los doce órdenes de Santos significados en las doce estrellas resplandecientes (...) Decía el Beato Juan Pablo II el 15 de agosto de 1995: Hoy, solemnidad de la Asunción, la Iglesia refiere a María estas palabras del Apocalipsis de San Juan. En cierto sentido, nos relatan la parte conclusiva de “la mujer vestida del sol”, nos hablan de María elevada al cielo…María ha sido llevada al cielo, se alegra el ejército de los Ángeles, proclama la liturgia de hoy en el canto al Evangelio. Pero se alegra también el ejército de los hombres de todas las partes del mundo. Son numerosas las naciones que consideran a la Madre de Dios como su Madre y su Reina (1). En efecto, el misterio de la Asunción está unido a su coronación como Reina del cielo y de la tierra; “Toda espléndida, la hija del rey” -como anuncia el salmo responsorial de la liturgia de hoy- (Sal 45, 14) para ser elevada a la derecha de su Hijo: “De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir” (antífona del Salmo responsorial) ¡Te saludo, hija de Dios Padre! ¡Te saludo, madre del Hijo de Dios! ¡Te saludo, esposa mística del Espíritu Santo! ¡Te saludo, templo de la Santísima Trinidad! Juan Pablo II, 15 de agosto de 1995, Catequesis mariana

El mismo espíritu de alabanza embargaba de Pío XII al coronarla Reina del mundo y de la paz: Evocamos el día sin ocaso de la eternidad, cuando la Virgen gloriosa, entrando triunfante en la patria celestial, fue, a través de las jerarquías bienaventuradas 1 - En Polonia se celebra a la Virgen de Czestochowa con una fiesta que tiene como nombre litúrgico “Reina de Polonia”.

y de los coros angélicos, sublimada hasta el trono de la Trinidad beatísima, que, ciñéndole las sienes de triple diadema de gloria, la presentó a la corte celestial, sentada a la diestra del Rey inmortal de los siglos y coronada Reina del Universo. Y el empíreo vio que Ella era realmente digna de recibir la honra, la gloria y el imperio, porque más llena de gracia, más santa, más hermosa, más divinizada, más sin comparación que los mayores santos y los Ángeles más excelsos, individual o conjuntamente considerados; porque misteriosamente emparentada, en el orden de la unión hipostática, con toda la Trinidad beatísima, con el único que es por esencia la Majestad infinita, Rey de los reyes y Señor de los señores, como Hija primogénita del Padre, y Madre tiernísima del Verbo, y Esposa predilecta del Espíritu Santo; porque Madre del Rey divino, de Aquél a quien, desde el seno materno, dio el Señor Dios el trono del rey David, y la realeza eterna en la casa de Jacob ( Lc1, 32-33), y que de sí mismo dijo haberle sido dado todo poder en los cielos y en la tierra (Mt 28,18); Él, el Hijo de Dios, refleja sobre la celestial Madre la gloria, la majestad, el imperio de su realeza; porque asociada, como Madre y ministra, al Rey de 307


los mártires en la obra inefable de la humana redención, le queda para siempre asociada, con un poder casi inmenso, en la distribución de las gracias que se derivan de la redención (León XIII, Adiutricem populi, 5 de sept. 1985). Jesús es el Rey de los siglos eternos por naturaleza y por conquista; y por Él, con Él, subordinada a Él, María es Reina por gracia, por parentesco divino, por conquista, por singular elección. Y su reino es inmenso, como el de su Hijo y Dios, pues que de su dominio nada queda excluido. Por eso la Iglesia la saluda Señora y Reina de los Ángeles y de los santos, de los patriarcas y de los profetas, de los apóstoles y de los mártires, de los confesores y de las vírgenes; por eso la aclama Reina de los cielos y de la tierra, gloriosa, dignísima, Reina del Universo, Regina Coelorum (Brev Rom), gloriosa Regina Mundi (Oficio Parvo BVM); Regina mundi dignísima (Misal Rom); y nos exhorta a invocarla día y noche entre gemidos y lágrimas de que está lleno este destierro: ¡Salve, Reina y Madre de misericordia; vida, dulzura, esperanza nuestra!”

Pío XII, Radiomensaje Bendito seia o Signor, dirigido a los peregrinos asistentes a la Coronación Pontificia de la Virgen de Fátima como Reina del mundo y de la Paz, 13 de mayo de 1946, citado en su Encíclica Ad coeli Reginam, sobre su Realeza Universal.

Esas convicciones de las prerrogativas y poderes de la Virgen Reina, “Abogada nuestra”, arraigadas en todos los estratos de la sociedad cristiana y en todos los corazones de los creyentes, las había plasmado en una oración fervorosa el príncipe de los poetas, Lope de Vega, de esta manera: Mirad, Padre piadosísimo, que viene conmigo el mejor padrino que yo he podido hallar ni en el cielo ni en la tierra: la puerta del cielo, la tesorera de vuestras riquezas, la limosnera mayor de vuestras misericordias, la enemiga de la antigua sierpe, cuyo pie poderosísimo estampó en lo más duro de su cabeza blanca planta; la estrella de Jacob, la vara de Israel, que rompió las cervices de los capitanes de Moab; aquella Reina que, con el vestido de oro, cercado de variedad, asiste a vuestra presencia; aquella ciudad de Dios de quien tan gloriosas cosas fueron dichas, desde que los hombres tuvieron lenguas... ; el arca de nuestra santificación; la hermosa y cándida paloma, a cuya venida cesó el invierno...; aquella vara de cuyas flores de almendro tuvimos en Vos, bien mío, tan sabroso fruto...; aquella Madre de amor hermoso, de temor prudente y de esperanza santa; pues mirad Señor, que dice que por mí fue Madre vuestra... Parece, pues Señor mío, que la obliga nuestra miseria con razón de su dignidad, pues no tuvisteis Vos otra causa para nacer de Ella que remediarla... Buen Jesús, ¿quién no tendrá confianza, por pecador que haya sido, si llega a tu Santísima Madre, Ella a Ti y Tú a tu Padre. Lope de Vega En la fiesta de la Sagrada Familia de1996, Juan Pablo II agregó una invocación más a las Letanías Lauretanas, a pedido del Arzobispo Delegado Pontificio en Loreto, donde se custodia la Santa Casa de Jesús, María y José. Ya Ella había dicho al Padre Gobbi:

En estos tiempos, Yo reúno a las familias y las introduzco en lo profundo de mi Corazón Inmaculado, para que puedan encontrar refugio y seguridad, aliento y defensa. Así como me agrada ser invocada como 308


Madre y Reina de los Sacerdotes, del mismo modo me agrada ser invocada también como Madre y Reina de las familias a Mí consagradas. (…) Cuando ustedes consagran una familia a mi Corazón Inmaculado, es como si abrieran la puerta de su casa a vuestra Madre Celestial, la invitasen a entrar a fin de que Ella pueda ejercer su función maternal de una manera cada vez más fuerte. Pido que se me abran las puertas de todas las casas para que Yo pueda entrar y establecer entre ustedes mi maternal morada. Entonces Yo entro como vuestra Madre, moro con ustedes y participo de toda vuestra vida” (al Padre Gobbi, San Quirino, Pordenone, 23 de julio de 1987)

Más recientemente nos llega la noticia de que un alma, en nuestro país, ha recibido de la Virgen Santísima el pedido de ser coronada como Reina de cada familia, para que un día se la proclame y corone como Reina del Universo. Esa iniciativa se difunde por el sitio www.mariamadrededios.com.ar, con la bendición del Primado de la Argentina, Cardenal Jorge Mario Bergoglio, hoy el Santo Padre Francisco, quien envió estas palabras de aliento al director del sitio, Claudio de María Durán y a los Caballeros del Inmaculado Corazón de María:

De mi mayor aprecio en Cristo: Muchas gracias por su correo que me ha consolado y alegrado. Sigan adelante con fervor en este apostolado. Le pido, por favor, que rece y haga rezar por mí. Que Jesús lo bendiga y la Virgen Santa lo cuide. Cordialmente. Jorge Mario Bergoglio S.J.

VIII

La esclavitud mariana en la Argentina Pareciera como si hoy existiese como una urgente y triunfadora exigencia del absoluto reinado de la Virgen para acelerar el de su Hijo Jesús. Monseñor Anunciado Serafini Obispo de Mercedes, Bs.As.

En el año 1950 se realizó, en la Argentina, una edición especial del Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen. En el comienzo, se lee una “Declaración preliminar” de “los esclavos de María” de nuestro país: Los esclavos de la Santísima Virgen, o esclavos de Jesús en María, Madre de Dios, de la República Argentina, ofrecemos a nuestra amantísima Madre y Soberana, para la mayor gloria de su divino Hijo, Cristo Jesús, Señor Nuestro, esta edición del Tratado de la verdadera Devoción a la Santísima Virgen, escrito por su esclavo San Luis María Grignion de Montfort. (…) 309


No perseguimos otro objeto que contribuir a que se conozca más a la Santísima Virgen, para que Jesús sea más conocido y más amado en Ella y por Ella, y llegue a nuestros corazones su reino, y lo hacemos ahora, como contribución al Año Santo del Señor de 1950, rogando para que Él, nuestro dulce Rey, se sirva bendecir la obra apostólica de nuestros queridos Obispos, nuestros Pastores, en comunión pacífica de amor con el Padre común, gloriosamente reinante, S.S. Pío XII, a fin de que, por María, la fecunda e indisoluble Esposa del Espíritu Santo, se encienda en la Argentina y en el mundo entero aquel incendio de Amor que Jesús quiere encender en el mundo, en vez del incendio de odio que quieren producir sus enemigos. Nosotros también, como San Luis María de Montfort, quisiéramos, si ésa fuere la voluntad de Dios, rubricar este libro con nuestra sangre, para que el Padre, de quien desciende todo don perfecto, se digne hacer que dé frutos de vida eterna, según lo prometido a aquellos que unidos en su Hijo por el Espíritu Santo, en el cuerpo de su Iglesia única, Católica, Apostólica, Romana, oyen su voz y la llevan a la práctica. Siguen 18 cartas de adhesión de los 21 Obispos argentinos recomendando la santa esclavitud: Cartas fervorosas, llenas del entusiasmo apostólico. Todas felicitan y bendicen por la nueva publicación. De ellas extractamos párrafos que nos darán una idea de la espiritualidad que se vivía en aquellos tiempos: Quienquiera que considere la múltiple y admirablemente fecunda actividad apostólica de San Luis M. Grignion de Montfort, hallará la explicación de celo tan infatigable en su devoción tierna y sólida a la Madre de Dios. Por eso Nos recomendamos a nuestros fieles el tratado más célebre entre los escritos del Santo, dedicado a la Virgen María… +Santiago Luis Cardenal Copello,

Arzobispo de Buenos Aires.

¡Vivimos tiempos esencialmente marianos! El Corazón de María nos abre las puertas de esperanza segura para el Reino de Jesucristo Nuestro Divino Salvador. Esto quiere decir que la vía más segura para llevar las almas a Él es la devoción a su Madre Santísima. A ello contribuirá la difusión de este libro de oro… +Antonio Carenal Caggiano, O bispo de Rosario. Nos complace singularmente recomendar a nuestros fieles libro tan hermoso y lleno de doctrina, cuya meditación moverá los corazones cristianos a entregarse filialmente en brazos de la Madre dulcísima que nos diera el Señor para nuestro amparo y salud, y cuya mediación y protección no sólo son las más poderosas, sino también las más aseguradas, igualando su amor a su poder, para ejercitarlo triunfalmente sobre quienes la honran con un culto real y sincero y con un amorgeneroso y sincero. +Fermín Lafitte, Arzobispod e Cárdoba. …Es un tratado amable, persuasivo, encantador y convincente. Quien recorre sus páginas con espíritu de piedad no puede menos que admirar las inagotables delicadezas del plan de la Redención y se entregará confiadamente en brazos de la que es Madre y Reina del Universo, en amorosa e irrevocable servidumbre. En esta servidumbre está nuestra libertad, nuestra salvación y nuestra felicidad eterna. Jesús quiere salvar el mundo por medio del Corazón Inmaculado de María, joya de la Creación y encanto de los mundos. +Audino Rodríguez y Olmos,

Arzobispo de San Juan de Cuyo.

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…Editar el Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen es difundir los fundamentos de una verdadera y sólida piedad mariana a la que San Luis María de Montfort, elegido por Dios para ello, dio vida y calor que se trasunta en todas sus páginas, llegado de su ardiente amor a María… +Tomás J. Solari,

Arzobispo de La Plata.

Si siempre se pudo y debió decir: “A Jesús por María” y “Nunca es suficiente el tratar de María”, pareciera como si hoy existiese como una urgente y triunfadora exigencia del absoluto reinado de la Virgen para acelerar el de su Hijo Jesús, y que todo es posible para llevar esta convicción, y persuasión y entender y realizar así en nosotros una vida auténticamente mariana y por ende auténticamente cristiana. El movimiento inusitado y creciente de lo sobrenatural en todos los Santuarios Marianos nos lo dice todos los días. Desde Lourdes a Fátima y en mil formas, llega el mensaje de la voluntad de la Virgen Santísima pidiendo y exigiendo nuestra esclavitud… +Anunciado Serafini, Obispo de Mercedes.

… La auténtica edición castellana del Tratado de Grignion de Montfort, será no sólo un acontecimiento bibliográfico, sino también, y principalmente, el principio de una renovada devoción entre nosotros a la Madre de Dios… +Roberto Tavella,

Arzobispo de Salta.

Aplaudo la piadosa idea de reeditar entre nosotros, el hermoso libro del hombre de Dios y devoto insigne de la Virgen, Grignion de Montfort: La Verdadera devoción a María. En esta Era Mariana en que nos hallamos, este libro vendrá a avivar más y más la llama de esa devoción, salvadora de las almas y protectora de los pueblos. Hay, en él, amor y ciencia, trasunto del amor del santo y de su sabiduría mística… +Nicolás Fasolino,

Arzobispo de Santa Fe.

Bendigo con amor filial la iniciativa a que responde esta publicación. Pienso, con la Iglesia, que la gran verdad de la Mediación Universal de María en la economía de la redención, debe traducirse en prácticas que estrechen cada vez más la unión entre los hijos y su Madre, que no por simple título honorífico es aclamada como “Mater Divinae Gratiae. +Alfonso Buteler, Obispo de Mendoza

Bendigo y aplaudo la feliz iniciativa de reeditar el hermoso Tratado de Montfort para divulgarlo entre los fieles. No dudamos que la lectura seria de ese piadoso Tratado reavivará la devoción mariana en muchas más almas y las hará aspirar más seriamente a la perfección cristiana.” +Enrique, Obispo de Jujuy …El Tratado del piadoso Montfort señala en forma inconfundible las características de la verdadera devoción a la Virgen Santísima y tiene la singular virtud de encaminar a las almas hacia el verdadero culto, de conformidad con las enseñanzas de la santa Madre Iglesia y en consonancia con las probadas tradiciones cristianas de época inmemorial. Insinúan esas inspiradas páginas un alejamiento de todo aquello que 311


puede significar ofensa a Dios y estimulan a imitar las virtudes de nuestra celestial Madre… y despiertan una noble porfía de corazones para tributar a la Hija del Padre, Madre del Hijo y Esposa del Espíritu Santo, un culto sólo inferior al que se debe a Dios, pero muy superior al que se puede rendir a los Ángeles y a los Santos de la Corte Celestial… +José Borgatti, Vicario Capitular de Viedma. …Nuestros fieles encontrarán en la lectura de la obra de San Luis María G. de Montfort, el Misionero de María, esa unción especial que se traduce en profundo amor por Jesucristo, Principio y fin de todo, y un afecto filial cada vez más sincero por la Madre de la Divina Gracia, y por la Iglesia. Por sus virginales y fecundas manos pasan todas las gracias que del Altísimo descienden a raudales. +Agustín Barrère, Obispo de Tucumán. …El santo demuestra en este libro, con claridad meridiana, cómo la verdadera devoción a la Ssma. Virgen es el camino más fácil, más meritorio, y por consiguiente más perfecto, más breve y más seguro para llegar a Dios. Su lectura pues, será de gran utilidad para las almas ansiosas de progresar en virtud y santidad… +Germiniano Esorto, Obispo de Bahía Blanca. La verdadera devoción a la Santísima Virgen se alimenta y fortalece de los libros de sólida doctrina, doctrina, entre los cuales ocupa un lugar destacado la de San Luis María de Montfort. +César A. Cáneva, Obispo de Azul. Hoy, más que nunca, se hace necesario y urgente un mayor conocimiento de la Madre de Dios, para que Nuestro Señor Jesucristo sea más conocido, más amado y más servido. Al aumento de ese conocimiento tiende la publicación del presente libro, calificado por Su Santidad Pío XII como “percelebris” +Emilio di Pasquo, Obispo de San Luis. “Desde los ya lejanos días de nuestro noviciado aprendimos a valorar y saborear esta magnífica obra. Estamos seguros pues, que ha de producir óptimos frutos sobre los fieles, máxime en estos tiempos en que le Señor quiere regenerar y salvar el mundo por medio de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen…” +Carlos Hanlon, Obispo de Catamarca. “¡Cuánta luz y cuanto aliento sacarán las almas simples de esa doctrina espiritual llamada “santa esclavitud”, enraizada en los fundamentos del Cristianismo: ¡La Sagrada Escritura, la Santa Tradición, el Dogma! ¡Cuánta falta nos hace esa espiritualidad segura, substanciosa, transparente, humilde, en nuestro siglo en que las almas viven tan agitadas, tan débiles y sobrenaturalmente desnutridas, tan complejas , tan orgullosas de su saber y de sus experiencias y tan lamentablemente engreídas por sus adelantos técnicos…” +Enrique Rau, Obispo de Mar del Plata.

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“Bendecimos el piadoso propósito de dar a publicidad el Tratado de San Luis María G. de Montort, porque estamos ciertos de que será de mucho provecho espiritual para nuestros fieles.” +Francisco Vicentin, Obispo de Corrientes.

IX

La profecía de don Orione El Señor se ha acordado de este país desde aquella noche memorable del Congreso Eucarístico de 1934. Como enviado por la Virgen, hemos recibido el texto manuscrito por la señora María Teresa Smith de Albarracín, que nos hace llegar su hija, María Rosa Albarracín de Escasany. Su familia tenía una amistad profunda con don Orione, y ella misma y su hermano fueron bautizados por el Santo. Debemos agradecer la gentileza de allegarnos el precioso texto a la Señora Martha Cuestas Costa, Presidenta de la Archicofradía de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, de la Parroquia Nuestra Señora de las Victorias de Buenos Aires. La profecía contiene algunas “clausulas” (Así se nombran en el escrito) que evidentemente se han cumplido, pero otras no: La que hemos mencionado, sobre “los ríos de sangre”, verdaderamente dramática, que debe llamarnos a mucha oración, conversión y Sacramentos, y la que habla de la Argentina cristiana y floreciente, que es una verdadera señal de Esperanza. No hay duda de que debemos difundirla. El texto escrito por la señora de Albarracín, dice que son palabras “más o menos textuales”, porque el Santo las mencionó espontáneamente, permitiendo apenas a la señora tomar una estampa (de santa Teresita) y tomar nota. “(Palabras más o menos textuales de Don Orione)” “Compendio de las seis cláusulas que contiene la Profecía de Don Orione dicha en julio de 1935: Nueva Argentina: Falsía e hipocresía. Dichas al Emo. Cardenal: 1º Violenta y dramática persecución a la Iglesia. 2º Profanación y destrucción de los templos e iglesias de la Capital. 3º Correrá el día de la sangre (día trágico para todo el país) Dichas al Obispo de Temmos: 4º Deceso del Primado de la Iglesia argentina y asesinato de sacerdotes, religiosas y monjas. 5º Caída de los ídolos de barro endiosados (el Presidente perseguidor morirá ahorcado junto a varios de sus correligionarios); Al pequeño Cottolengo. 6º La salvación vendrá como un reguero del centro de la Rep. Arg. Y de entre tanta sangre que lavará tanta culpa y podredumbre, crecerá una flor: Una Argentina cristiana y 313


floreciente. La Paz y la Felicidad renacerán para la fiesta de la Santísima Virgen, y un gran hombre civil católico gobernará al país brillantemente, mientras que un Obispo excelso regirá los espíritus santamente. Habrá paz y prosperidad para (o por) muchos años, pues el Señor se ha acordado de este país desde aquella noche memorable del Congreso Eucarístico de 1934.”

X

La Mujer Vestida de Sol, en nuestra patria Hija : Desde tu patria estoy posando mis manos sobre todos mis hijos. Si, hija, desde aquí todos los pueblos me conocerán y sabrán que renovar el corazón, es desear que el Señor viva en el corazón La Santísima Virgen a Gladys, en San Nicolás, el 26/11/86

Para una reflexión final, nos situamos según las dos coordenadas que ayudan a plantear los problemas: el tiempo y el lugar. Vivimos los llamados “últimos tiempos” o también “fin de los tiempos”; repitamos ahora la definición que hace de ellos el Padre Lhomeau: un “período en el que las catástrofes o los acontecimientos de cualquier género, particularmente los lutos de la Iglesia, sus caídas y sus triunfos, todo, tendrá un carácter extremo, y por así decir, terminal, que preparará la segunda venida de Cristo…” Los problemas suscitados por el inficionamiento en la Liturgia y en la doctrina, la deserción sin precedentes de los consagrados, y la crisis que, provocada y aumentada en la información por fuerzas extrañas, viven los que han sido llamados al servicio de Dios –el más alto que puede concebirse- son lutos extremadamente dolorosos para la Iglesia de Cristo. El liberalismo más feroz que como un enorme volcán comenzó a expulsar lava en la revolución francesa, sigue en erupción. Y nos trae ideas que queman y matan almas, y como una sola voz formada por tantas voces reunidas, se escuchó gritar y blasfemar más fuertemente a Dios; ¡Déjanos! No hablaremos más de ti a nuestros hijos; a ellos, cuando sean hombres, les tocará ver si existes, y lo que eres, y lo que pides de nosotros. Todo lo que existe nos disgusta porque tu nombre está escrito sobre todo lo que existe. Queremos destruir todo, y rehacer todo sin ti. Sal de nuestros consejos, sal de nuestras academias, sal de nuestras casas, la razón nos basta. ¡Déjanos!” (1). Dice el Cardenal Louis Billot: La rabia antirreligiosa de los impíos promotores de la Revolución, trajo consigo como una cierta consecuencia necesaria el odio a las instituciones sociales, porque era de tal naturaleza que no podían separarse en absoluto de su principio religioso… Por lo cual decretaron que el antiguo edificio debía ser arrasado a tierra y destruido hasta sus fundamentos, para que 314


diera lugar a un nuevo orden social y político, que fuese idóneo para el fin primero y principal de destruir toda religión. Ahora bien, de este nuevo el nuevo orden social a instaurar, el pretexto fue la libertad; el código el contrato social; el medio, la demagogia; la razón última empero es la constitución de un estado ateo y coloso, árbitro supremo de todos los derechos, y omnipotente dictador de todo lo lícito, de lo permitido o prohibido, bajo el cual el nombre (infame para ellos) de Dios y su culto serían abolidos a perpetuidad. A esto apunta todo, a esto se ordenan las demás cosas como medios, a esto: la destrucción de la familia; a esto la destrucción de las libertades tanto municipales como provinciales, para que sólo quede al final la potestad restante del estado impío, sin cuyo imperio no pueda nadie mover ni manos ni pies en todo el ámbito del Universo. La libertad es un pretexto, es un ídolo que tiene manos y no palpará, que tiene pies y no caminará, numen unánime, bajo el cual Satanás prepara reducir a las naciones a una esclavitud mucho peor que aquella que tenía el mundo antiguo atado a los ídolos materiales del paganismo. Lo que está en juego no es otra cosa que la religión. “El progreso moderno no puede reconocer sino a Dios inmanente en el mundo, opuesto al Dios trascendental de la revelación cristiana, ni otra moralidad fuera de aquella única verdadera, cuya fuente es la voluntad humana determinándose por sí misma, y constituyéndose para sí misma en la ley”(Hartman, Religión del futuro) Cardenal Louis Billot, El error del liberalismo. Esos lutos están llevando a la peor catástrofe de la Iglesia, que es la apostasía que ya vemos surgir como una ola enorme de un mar embravecido, anunciada en el texto no publicado del Tercer Secreto de Fátima, como lo afirmaran varios de quienes lo leyeron, según hemos visto. La misma afirmación hizo, pero con un comentario muy importante, el Obispo de Leiría-Fátima, cuando declaró públicamente: “El contenido del Tercer Secreto se refiere únicamente a nuestra fe ... la pérdida de la fe de un continente es peor que la aniquilación de una nación; y es un hecho que la fe está continuamente disminuyendo en Europa.” (Monseñor Alberto Cosme de Amaral, Obispo de Leiría Fátima, 10 de sept. 1984, declaraciones en el Aula Magna de la Universidad Técnica de Viena, publicadas en Mensagem de Fatima, febrero de 1985). La apostasía general se ha iniciado, velemos y oremos para no caer en ella, como nos manda el Maestro y nos recuerda el Padre Lhomeau. La dialéctica y el enfrentamiento que le sigue se enseñorearon en la Argentina, frenado solamente por su Reina de cuyas gracias dependemos, y que escucha hasta la más pequeña oración que se eleva a su trono. Las directivas de los poderes mundiales se dirigieron a atacar la moral, la familia, la vida y la Fe: Los errores que Rusia ha esparcido por el mundo. Y ha ido imponiéndose, siendo la causa de la gran mancha de sangre y de ignominia que nos avergüenza, y más aún, como en la revolución francesa, se ha encaminado a la entronización y adoración de ídolos de barro sobre el dolor de varias generaciones. Así llegamos a nuestros días, cuando nos toca vivir el período más oscuro de nuestra historia. La codicia desorbitada, la fiebre de poder y la lujuria sin límites avivaron un fuego que amenaza quemarlo todo. Las leyes aprobadas recientemente avergüenzan a la Nación, y ni decir de las que proyecta, en un gran paquete para reformar el Código Civil, encaminadas a destruirlo “todo”. El pecado de la sodomía, legalizado en diversas formas, es uno de los pecados que “claman al Cielo”. Somos los 315


primeros de América, y sin embargo, no se oye una verdadera reacción a estas ignominias, y no se oyen llamados a la oración y reparación. El pueblo sigue pensando en esos ídolos de barro que mira y admira sin pudor alguno, por los nefastos aparatos televisivos ubicados en no sólo en varios lugares de cada hogar, sino en todos los rincones posibles de nuestras ciudades. Sin embargo, creemos que aún sin merecerlo no nos ha retirado el Señor la gracia de una vocación de fe y de servicio, y se puede aún luchar por una gran Nación. Nos mueve a creerlo así la afirmación del Santo Padre Benedicto XVI, en una breve entrevista que concedió al Gobernador de la Provincia de Buenos Aires.

La Argentina es “la esperanza del futuro” (1) palabras que deben ser una luz brillante en nuestro caminar, como lo manifestaba un gran argentino hace cuatro décadas: Nuestro país tiene un destino posible, magnífico: el de construir una sociedad nueva, auténticamente cristiana, pero desde sus cimientos hasta sus torres, y desde sus útiles de trabajo hasta sus adornos. Esa “Cruz del Sur” que está sobre nuestras cabezas parece un símbolo. Sólo basta con que empecemos a acostumbrarnos a considerarla como la “cruz de arriba”. Ésta es la tarea de la juventud argentina. Pero ella está a la espera de que los mayores les ofrezcamos un ideal que los entusiasme, un camino que los invite a seguirlo y una lucha en todos sus accidentes geográficos, en cada encrucijada del alma, una lucha que empieza dentro de sí mismo y que no tiene sentido ni dimensión hasta que no se ha vencido al peor enemigo: al egoísmo escondido dentro del corazón de cada uno de nosotros. Cnel. Juan Francisco Guevara, “Argentina y su sombra” 1 -Infobae, 21/3/2007.

Cuando la Argentina fue consagrada oficialmente al Inmaculado Corazón de María, bendito hecho que ya hemso comentado, el diario ABC de Madrid, publicó la noticia con esta introducción que es fiel reflejo de lo que piensan de nosotros en la Madre Patria: La Argentina es, sin duda uno de los pueblos más fervorosamente católicos de Hispanoamérica. No en balde españoles e italianos formaron los grandes núcleos de inmigrantes que poblaron realmente el país a lo largo de la pasada centuria y labraron en gran parte su riqueza. En las ciudades del interior, a semejanza de lo que sucede en nuestra patria, santuarios, ermitas, iglesias, guardan veneradas imágenes a las que se les rinde culto, no solamente en el interior de los templos, sino en procesiones multitudinarias. Hemos señalado esta fervorosa realidad católica del pueblo argentino con muchos puntos de contacto con la española, porque ayer, en horas de la noche, por radiofonía y televisión, el presidente de la República, General Juan Carlos Onganía dirigió un mensaje al país para anunciarle solemnemente, en su carácter de primer mandatario, que había resuelto consagrar la Argentina al Inmaculado Corazón de María el 30 de noviembre. Onganía se ha sentido intérprete del hondo sentir de su pueblo y le ha hablado con serenidad y convicción, poniendo en sus palabras acentos de pura exaltación espiritual. ABC de Madrid, 15 de noviembre e de 1969. 316


Actualmente las nuevas generaciones no conocen estas verdades, pero quedan, en algunas pocas familias, el recuerdo de las profecías de Don Orione referidas a una Argentina “cristiana y floreciente”. Al oírlas, surge un temor natural ante el anuncio de que antes, correrá un río de sangre... La cual la respuesta debe ser: Más oración y verdadera reforma de costumbres, sabiendo que Dios mitiga los castigos cuando se le pide con humildad y perseverancia. Aún debemos borrar de nuestros corazones el egoísmo señalado por el Cnel. Guevara, agravado en nuestros días por las consecuencias y los frutos del odio y la división que nos han inoculado pretendidamente para siempre. No será así si nos convencemos de la imperiosa necesidad de conversión. Para ello la Santísima Virgen ha acudido en nuestra ayuda en diversas manifestaciones, con promesas que renuevan nuestra esperanza:

Hijos: Sabéis que os hablo, que estoy muy cerca de vosotros, deseo que vosotros estéis muy cerca de mi Corazón”. Escribe Gladys: Veo una bandera celeste y blanca. Es nuestra bandera y otra más grande, toda azul, es un azul claro. Le pregunto por qué veo esas banderas, y me dice: Es que Yo protejo a tu país, protejo a Argentina. Este mensaje es para tu pueblo. La bandera grande tiene el color de su manto. (San Nicolás, 5/8/85) y más tarde dijo lo que quiere hacer desde nuestra patria:

Hija mía: desde tu patria el Señor está haciendo nacer en el cristiano, un nuevo cristiano. Desde tu patria, estoy posando mis manos sobre todos mis hijos. Si, hija, desde aquí todos los pueblos me conocerán y sabrán que renovar el corazón, es desear que el Señor viva en el corazón. (San Nicolás 26/11/86)

No había pasado medio año después de este mensaje, cuando el Papa Juan Pablo II, sobrevolando nuestra tierra decía con tono profético:

Desde aquí saldrán los que irán a evangelizar el mundo. (Segundo viaje a la Argentina, abril de 1987, en el vuelo Rosario-Buenos Aires) En el 87 la Virgen nos alienta con la seguridad de su ayuda. Nos dice Gladys: Le pido por mis hermanos de todo el mundo, especialmente por los de mi país. La veo y me dice: ¡Hija, los hijos de este querido país! Yo les daré fortaleza ante las dificultades y los alumbraré con la permanente Luz que brinda Cristo. Que nadie desmaye y que la fe eche raíces en los corazones. Bendito sea el Altísimo. Puedes darlo a conocer” (San Nicolás, 26/8/87) Entre esos mensajes, el más recordado, es el que se refiere a la Nueva Alianza:

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Tengo una visión. Veo una paloma blanca, con una gran cola. La paloma mira hacia el Sur, y su cola, que queda hacia el Norte, se dobla e indica también el Sur. Veo a la Santísima Virgen y me dice: Esto que has visto significa, que ya del Sur, puede el cristiano esperar la Nueva Alianza, porque está en camino. No todo está destruido, el Señor ha f