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REPORTAJE

El domingo 18 nos vamos hasta el valle de Chulysman. Fuera de las rutas principales, en Rusia buena parte de las carreteras son pistas sin asfaltar y en muchas ocasiones en muy malas condiciones, según nos dice Ivan. En este caso, la pista en algunos tramos es infernal, solo apta para todoterreno, especialmente los últimos kilómetros de bajada hasta el valle. Recorrer poco más de 100 kilómetros nos costó más de 5 horas. El valle de Chulysman es un lugar especial. Una gran hondonada solitaria y poco accesible, una especie de Shangri-La siberiano. Solo una familia y cuatro casitas de madera es todo lo que hay en el lugar. No hay agua corriente, por lo que hay que ir al río a buscarla. Las casitas tienen una cocina de leña que hace también de estufa para calentar la habitación. No hay lavabos; solo unas casetas de madera en el exterior con un agujero profundo en el suelo. En este lugar tampoco hay nieve. El clima es tremendamente seco y frío. Cualquier presencia de agua está congelada. Ríos, lagos, cascadas… todo está congelado. Nos resulta extraño escalar grandes saltos de agua congelada, mientras alrededor todo está seco, como en otoño en nuestros Pirineos. El lunes 20 escalamos una de las cascadas más bonitas del valle ¡al sol a -10ºC! Ivan nos dice que cree que estamos haciendo la tercera escalada absoluta de esta cascada (la segunda la hizo él mismo) ya que, a diferencia de las cascadas de Aktash, en Chulysman no han escalado más de 5 o 6 cordadas, incluyéndonos a nosotros.

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Sportvicious Magazine #38  

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