Page 114

REPORTAJE

patrocinadores, autoridades y medios de comunicación, no es que quede mucho tiempo para las relaciones sociales. Sobre todo si algunos de ellos (como los rusos) tienen un inglés bastante limitado. Por eso digo que me embarqué en esta aventurilla con un ruso al que prácticamente no conocía. - Por mi trabajo, no puedo invertir más de 8 días - le dije a Ivan. ¿Será suficiente? - Si estás motivado, es suficiente fue su respuesta. Durante una escalada, comenté el proyecto a mis buenos amigos Anton Fontdevila y Xavi Pérez Gil, que se apuntaron sin dudarlo. Al estar jubilados, no tenían problemas de tiempo. Nos fuimos un martes y trece de enero, por la tarde. Tras largas escalas en los aeropuertos de Zurich y Moscú (los vuelos con menos escalas son más caros), llegamos el miércoles 14 por la tarde a la ciudad de Novosibirsk, la tercera ciudad más grande Rusia y capital oficiosa de Siberia (Novosibirsk significa “Nueva Siberia”). Después de dormir en casa de Alex Avdienko (otro potente alpinista ruso), emprendimos un largo viaje de más de 1.000 kilómetros para llegar hasta el pueblo de Aktash, a las puertas de las montañas de Altai, a unos 165 kilómetros de la frontera con Mongolia. Fueron más de 13 horas de largo y cansado viaje. Aktash es un pequeño pueblo que no cuenta con infraestructuras para acoger visitantes. Nuestra suerte fue descubrir

114 / SPORTVICIOUS

que uno de los dos grandes petates de Ivan contenía una buena cantidad de comida. Eso nos salvó, ya que en el pueblo las posibilidades para comprarla eran muy limitadas. No hace falta decir que no existían lugares donde te pudieran preparar la comida, por lo que nuestros rublos y tarjetas de crédito fueron como un bonito adorno. Nuestra llegada coincidió con el inicio de una ola de calor en Siberia, por lo que la previsión de temperaturas fue benevolente con nosotros, ya que no llegó a bajar de los -20ºC por la noche y entre -10 y -12ºC durante el día. La primera sorpresa fue descubrir que en esa parte de Siberia, casi no hay nieve, solo frío. Todo está congelado, pero al no haber prácticamente nieve, el ambiente nos resulta un tanto extraño. Se lo comentamos a Ivan y nos responde que Siberia es muy grande y nosotros estamos en la parte situada más al sur, casi en línea con el desierto de Gobi de la vecina Mongolia. Al día siguiente ya estamos enfrascados en la escalada de la primera cascada, Hrapovski, dedicada a un alpinista clásico ruso, accidentado en montaña. La primera impresión es que el hielo es muy, muy duro y estalla en grandes trozos al clavar el piolet, lo que hace la escalada más cansada. Es necesario dar varios golpes de piolet en cada anclaje. Eso sí, los tornillos de seguro quedan a prueba de bombas. Por otro lado, la cantidad de hielo y el grosor en las cascadas es impresionante. También nos sorprende el color blanquecino del hielo, a diferencia del color azulado de lugares también muy fríos como Laponia o Canadá.

Profile for Sportvicious

Sportvicious Magazine #38  

Sportvicious Magazine #38  

Advertisement