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Artículo publicado el 25/08/2020 Derechos reservados - Toda reproducción está prohibida - ©Sportiva-Latina

Rugby De 1995 a 2020: de pionera a pionera...

Mujeres protagonistas. La Federación Colombiana de Rugby crece y avanza como pocas federaciones lo hacen en Colombia. En este proceso, las mujeres han sido partícipes de la dinámica, incluso han estado en los comienzos. Entre lo ocurrido hace 25 años y la organización de hoy en día, dos mujeres cuentan su historia y muestran a través de su experiencia cómo ha avanzado el rugby en el país. Sportiva-latina presenta dos historias, dos periodos diferentes, dos personalidades que hoy en día hacen parte de las pioneras del desarrollo de este deporte… Por Jacques Cortie / Sportiva-latina del 25 de agosto /

En 1995: Yaneth Pinilla descubre un nuevo deporte…


Era otra época. Una parte de la vida, que no se sabe hacia dónde nos llevará. Esos momentos cuando no hay preocupación por saber si lo que se hace o vive se concretará en algo, o desembocará en una historia o sólo un pedazo de recuerdo. Son las épocas que cada uno vive con la única preocupación de morder la vida, de descubrir, y de pasarlo bien en el intento. El comienzo del rugby en Colombia tiene algo de eso: de gente que ha llegado y, gracias al azar, se forman grupos que luego la historia dirá que fue el buen momento y lugar. Es así como, con mucha suerte y bastante determinación, el rugby logró arrancar en Colombia y seguir un camino novedoso porque, entre tantas cosas, fue mixto desde el principio. Yaneth Pinilla es una de esas personas que llegó al lugar que era. Ella vivió el primer partido femenino que se organizó en el país. La pionera de los primeros momentos… Sportiva-latina publica sus palabras que constituyen un recuerdo y un legado a la vez. Así arrancó todo, un día, en la Universidad Nacional de Bogotá…

Yaneth Pinilla y su hija Lisa, siempre con el rugby


"Cada ocho días, mis viernes terminaban hacia las dos o tres de la madrugada, después de haber comenzado la jornada periodística a las nueve de la mañana. Y los sábados volvía a empezar antes de las nueve de la mañana… Entre los dos días, pocas horas de sueño y mucho estrés. Mi trabajo en El Espectador, en ese entonces ubicado sobre la Avenida 68 con calle 22, era el de redactora de medio ambiente, y de los artículos especiales del fin de semana. Por eso, los viernes y sábados eran un poco más pesados que los otros días de la semana. Transcurría 1993… «En esa época toda mi vida era el periodismo, hasta que descubrí el rugby, el mismo que aún no existía en Colombia. En todo caso, no oficialmente. Un sábado cualquiera de un mes que no recuerdo, me presenté a las canchas de la Universidad Nacional. Eran las dos de la tarde. Llevaba un enorme cansancio en mis ojos, la cabeza pesada y un ligero dolor debido al esfuerzo mental. Debajo del pantalón, la pantaloneta; debajo de la camisa, la camiseta; y en la maleta unos tenis. Días antes, me habían hecho una invitación a jugar ese deporte que necesitaba un balón oval. ¿Por qué no? "Salía corriendo del periódico y entraba por la calle 26 a la Universidad. En ese terreno no había vestuarios. Los hombres se cambiaban ahí mismo, se agrupaban en el único banco cubierto. No me sorprendió ser la única mujer. Recuerdo muy bien, ese primer momento que se siguió repitiendo durante muchos sábados: luego de muchas contorsiones también terminaba en pantaloneta, camiseta y tenis. Después, todos nos lanzábamos a la cancha, más bien a un terreno cubierto de pasto desigual y con huecos… Comenzaba el calentamiento. Yo era la más pequeña entre los universitarios, colombianos, argentinos y franceses que se habían conocido siguiendo la misma pasión. Me habían acogido sin ninguna pregunta. Dos horas después terminábamos, todos sucios, sudorosos y felices. ¡Adiós ojos cansados, cabeza pesada! ¡Bienvenida la larga sonrisa, las bromas! Cada uno se despedía a seguir con su mundo (y buscar dónde ducharse, si no iban a la casa inmediatamente). "Desde ese sábado sin fecha, nunca dejé de interesarme al rugby. Algunas mujeres más empezaron a llegar, las novias de los otros jugadores que, luego de saber que ya había una mujer jugando, venían a constatar que no era peligroso, salvo por el olor después del deporte. Éramos un equipo sin nombre, sin obligaciones. Nada más encontrarse para jugar rugby.


"En 1995, ese grupo organizó un viaje a Medellín para enfrentar a los paisas que también estaban descubriendo el rugby. Fue el primer torneo en modalidad rugby 7’s. Por primera vez se jugaba un partido a sevens de mujeres. Al no existir el rugby femenino (¡ya el masculino tenía dificultades!), a nadie se le había ocurrido un uniforme adaptado a nosotras. Viajamos en bus desde Bogotá. Los hombres nos prestaron sus camisetas, ya que nosotras abríamos el torneo. Y jugamos. Y perdimos. Pero aún recuerdo la cancha sin pasto, el terreno duro, lleno de polvo… ¡Y el tacle que le di a una de las chicas paisas! Fue tan fuerte, que ella quedó por algunos segundos sin conocimiento. Aún veo el árbitro levantando la mano, deteniendo el partido para esperar que ella se recuperara… Aún conservo una foto de ese momento: mejillas rojas, camiseta larga color azul, hasta más debajo de las rodillas, mangas dobladas varias veces hasta llegar a los codos, y una enorme cara de felicidad… "Ese 1995 marcó muchas cosas en mi vida. Tomé la decisión de viajar a Europa a seguir con el periodismo, y estando en Francia, busqué cómo seguir jugando el rugby. Estuve en un club femenino: El RCP 15 en París. Pero aparte de entrenar, no pude volver a jugar un partido oficialmente porque las normas francesas exigían que la Federación Colombiana de Rugby certificara que yo había jugado en Colombia. ¿Cómo? ¡En esos años la Federación aún no existía! Estuve algún tiempo en los entrenamientos. El rugby femenino en Francia ya estaba bien desarrollado. Así que en el 2005 uní mis dos pasiones: fui coautora del libro “Des Filles en Ovalie” (“Las chicas del mundo oval”), que recopila 40 años de historia del rugby femenino en Francia. La primera vez que se hacía esta investigación en el país galo. Ese libro fue el pionero de nuestro medio, “Des Filles en Ovalie”, hoy Sportiva, dedicado al deporte femenino. "Ahhh, un último detalle. La persona que me invitó a jugar el rugby en la Universidad Nacional fue el francés Jacques Cortie, de familia rugbística y gran reportero en Francia. Hoy es mi esposo, pero eso es otra historia… "

En 2020: María Catalina Palacio Gaviria y su increíble destino En este año, el deporte en femenino se ha despertado en el mundo entero. Se multiplican los eventos, las competencias nuevas, o se organiza la versión femenina de eventos ancestrales solamente abiertos a los hombres como algunas de las más


grandes carreras ciclistas: Liege-Bastogne-Liège y desde este año Paris-Roubaix. Los mundiales de fútbol, sobre todo el último, Francia 2019, muestran la fuerza y el atractivo del deporte practicado por las mujeres. Y el rugby, especialmente, con el circuito del Sevens Series, se instala también en el paisaje del deporte mundial que es cada día más compartido y mixto. Si participar, como decía un personaje celebre, es importante, el desarrollo actual del deporte en femenino contribuyó también a demostrar que el sitio de la mujer es igualmente determinante fuera de las canchas, las pistas, o los gimnasios. Tanto el CIO, como la FIFA y otros grandes entes deportivos mundiales, avanzan en programas para que las mujeres también sean parte de la maquinaria y alcancen los más altos cargos. La Federación Colombiana de Rugby ha conseguido, seguramente por ser joven y por ende más abierta, convertirse en un ejemplo. María Catalina Palacio Gaviria es la personificación de esta evolución de la sociedad. Sportiva-latina publica sus palabras que prueban que todo es posible. En la Fecorugby, y, esperemos, en otros entes...

María Catalina Palacio Gaviria, en el estadio Federico Serrano Soto de Rioacha

"En el 2003, me gradué en Administración de Empresas Turísticas en el Colegio Mayor de Antioquia. Recién graduada una amiga me invitó a jugar rugby en la Universidad de Medellín, en el club "Zorros", que tenía equipos masculinos y


femeninos. Me gustó. Jugábamos, pero había muy pocos partidos, no existían realmente torneos. Lo que más funcionaba era el tercer tiempo. Yo era pilar izquierdo. Jugué dos años así, en la Universidad de Medellín. Antes había practicado voleibol, balonmano, baloncesto y esas habilidades me sirvieron mucho. Pero, sobre todo, me gustaba que había la posibilidad del contacto. Jugábamos el rugby a XV, yo era muy líder y cuando se anunció una reunión en la Liga me dijeron que fuera a representarles. No dudé en hablar, hacer preguntas… Al final Mauricio Henao se acercó a mí y me pidió si yo quería encargarme de lo que me quejaba. Acepté. Los ayudé en la organización, en cositas; les hice varias propuestas de comunicaciones y organización de eventos, como contratar personal nuevo para hacer diferentes actividades "En junio 2004 se acercaban las elecciones en el Comité Ejecutivo de la Liga Antioqueña de Rugby. Me pidieron presentarme. Yo en esta época había empezado a trabajar en un hotel. Salí elegida. Rápidamente nos dimos cuenta de que, en realidad, éramos dos los que estábamos realmente comprometidos: Mauricio y yo… Lo que decidimos fue sencillo: él se encargaba de toda la parte deportiva y yo de toda la parte administrativa. Reactivamos un torneo que ya existía, "Ciudad de Medellín". Era una cita tradicional de rugby nacional al mismo tiempo que la Feria de las Flores. Me tocó organizarlo. Pedí a mis amigas con las cuales jugaba para que me ayudaran: hicimos sánduches, y muchas cosas sencillas pero que le daban buena pinta al torneo. Se siguió así, aunque este torneo ya no existe porque que el rugby ya se estructuró a nivel nacional, los clubes y los jugadores no le necesitan, tienen sus agendas bien establecidas. "Avanzábamos en la reflexión y la acción. Así surgió el programa «RUCA» de RUgby en los Colegios de Antioquia, sus mentores fueron: con Andrés Gómez, Mauricio Henao, Laurent Palau. Fue en 2005, en ese entonces hasta yo me encargaba de llevar los balones, los escudos, los refrigerios. Muchas veces, lo llevaba todo. Ahora no lo hacemos más. Los municipios lo manejan como quieren, pero sigue existiendo. "Yo vivo del rugby trabajando en la Federación. Primero he sido coordinadora, bajo la modalidad de prestación de servicios. En el 2014 se hablaba mucho de rugby y venía mucha gente de afuera. Me dieron la responsabilidad de eso: encargarme de las delegaciones, del transporte, de visitas en la ciudad y también la región. Y ese año Sudamérica Rugby confío la organización del torneo sudamericano B a Colom-


bia. Era un evento muy grande con Perú, Venezuela, Ecuador y Colombia. En ese momento, Andrés Gómez me dijo "tú lo organizas." Era un reto porque además se hizo en el marco del programa de Diplomacia Deportiva. Por eso se desarrolló en Apartadó. A nivel logístico era un gran esfuerzo porque los equipos de afuera llegaban al Aeropuerto Internacional, tocaba trasladarlos al aeropuerto Olaya Herrera para salir a Apartadó, donde se adecuó el estadio de fútbol para que fuera multidisciplinario… ¡Fue un éxito rotundo! Colombia quedó campeón del sudamericano, y Sudamérica Rugby, frente a ese éxito, nos volvió a pedir que organizáramos el torneo siguiente. Como siempre buscamos avanzar, y aportar ideas disruptivas, decidimos organizarlo en la Guajira, Rioacha. No fue nada sencillo porque en la costa es difícil el tema femenino y no era posible que yo asumiera mi cargo tomando decisiones. Entonces hice el trabajo, pero a través de César Arango. Otra vez salió súper bien, tanto que el año siguiente lo volvimos a organizar allá. Pero esta vez yo aparecí del todo… "Desde 2017 soy Directora de Gestión Organizacional en la Federación Colombiana de Rugby. De hecho, es un cargo muy importante en el organigrama de la Federación y con Mauricio Henao somos los números dos de la federación. Sé que no hay ninguna otra mujer a este nivel en las federaciones de Colombia. A raíz de todo eso fui becada por Wolrd Rugby en 2018, un programa de su plan estratégico, donde buscan darle más visibilidad a la mujer en roles de gobernanza y dirección. Hoy he podido redactar el Manual de Ética, el Manual Organizacional, el Manual para el Programa de Voluntariado. En la Federación tengo incidencia en el manejo del presupuesto, sobre todo en cuanto al debido uso del dinero del Estado y del Comité Olímpico Colombiano." ¿Y ahora? Para 2021 Las Tucanes tienen dos retos: clasificar para el Torneo Olímpico de Sevens de Tokio y ganar el cupo para el Mundial a XV 2021, en Nueva Zelandia. Para que siga la historia del rugby en femenino en Colombia. Para que las pioneras disfrutan esta continuidad ejemplar. J.C. ---(Fotos: cortesía Catalina Palacios y Yaneth Pinilla + archivos Sportiva - prohibida la reproducción


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