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No puedo escapar a querer cambiar siempre El Mercurio Chile, 2006

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El Flaco y su nueva piel Luis Alberto Spinetta: No puedo escapar a querer cambiar siempre Ha transitado por el rock, la electrónica, la trova y el jazz, entre otros estilos, reivindicando siempre su derecho a ser no encasillable. Con su último trabajo, retorna a lo más esencial en la forma y en el fondo. Spinetta análogo –no digital- pone ''Pan'', su nuevo disco, en mesa chilena. Por mucho que lo intentó, no pudo. No consiguió dar en todo Buenos Aires con un solo sitio en el que vendieran cintas de dos pulgadas para grabador análogo de 24 canales. La travesía terminó en la propia bodega del Flaco. Tuvo que borrar algunas de sus propias cintas, y todo eso porque Luis Alberto Spinetta quería que su nuevo disco, “Pan”, estuviera grabado a la manera clásica. Podría parecer una decisión curiosa en uno de los primeros artistas que grabaron digitalmente en Argentina. Su disco “Privé”, en 1985, fue uno de los pioneros en esta modalidad, pero hoy el Flaco vuelve al origen, dice, de modo intuitivo. Y no es una mera consigna. Desde el nombre en adelante, el concepto de la placa alude a lo esencial: una mesa con mantel a cuadritos, y con la palabra “Pan”, pintada en ella. Menos riffs, menos rock, menos electrónica. Letras más místicas. Una nueva transformación para el líder de Almendra, Invisible y Jade, entre otros, que vendrá a mostrar en vivo a Chile en cinco conciertos. La gira contempla dos presentaciones en el Teatro Oriente (jueves 13 y viernes 14), y actuaciones en Valparaíso (domingo 16), Talca (lunes 17), y Concepción (martes 18). Confiesa el “abuelo” Spinetta –que ya tiene cinco nietos-, que a estas alturas le parece un poco agotadora la música demasiado fuerte pero que, salvo por eso, no está dispuesto a privarse de ningún estilo. “Estoy sorprendiéndome y tratando de crear canciones nuevas todo el tiempo, y me cuido para que no se parezcan a otras, para seguir hilvanando.” -Tu disco, desde la idea de ‘Pan’ en adelante, hace pensar en un retorno a la raíz. -Claro. El cambio esencial está hecho porque este disco está ensayado y luego grabado en vivo, inmediatamente.

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Luego se agregó teclado y algunas voces de manera digital, pero esencialmente está hecho en un grabador antiguo: análogo, de 24 canales, con cinta de dos pulgadas. Eso que ya se extingue; tanto, que las cintas ya no se venden más. -Evidentemente fue más complejo que grabar en digital. ¿Cuál es el sentido de esa artesanía recobrada? -La belleza del sonido. Es lo mismo que comparar la belleza de una fotografía digital con una que ha pasado por una emulsión en una máquina muy buena. No se comparan. ”Quisiera abarcar todas las cosas” -Se ha hablado bastante de tus cambios de piel y de estilo. ¿A qué obedece esa necesidad de reinventarse? ¿Tiene algún asidero en tu lectura de Castaneda? -Los seres humanos constantemente desprendemos piel. Esas mudas en el caso de los discos aparecen en cualquier artista que se precie de tener cierta capacidad. No puedo escapar a querer cambiar siempre y, sin embargo, es siempre lo mismo. Mi trabajo cambia constantemente, intento no repetirme, aunque aparezca la reiteración. -¿Y te sientes igual de cómodo en todos los géneros musicales? -La materia sonora es una perspectiva muy amplia. No quiero despreciar nada de lo que se me ofrece musicalmente. Me siento libre como para hacer lo que desee, componer lo que quiero. ¿Para qué me voy a limitar en un estilo? Eso impide volar, a veces. Con todo lo que he disfrutado estos años, sé que puedo pasar por una canción acústica e ir de inmediato a un tema fuerte. No tengo predilección, quisiera abarcar todas las cosas, aunque últimamente lo muy fuerte me cansa en términos auditivos. -Poder transitar con ese grado de libertad es parte de las ventajas que otorga el ser ‘no formateable’, como dices tú. -Sí. Es una libertad que también te ata a ese mundo, porque hay artistas a los que les va cien veces mejor que a mí explotando un solo tipo de canción. Pero para mí no es esa la cuestión: es aprehender la materia que uno considera bella, para mostrarla y tocarla en vivo. Que tenga lo que uno quería en cuanto a sustancia, tono, variedad, subidas, bajadas.

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Un paisaje que sea divertido. El mundo tiene también una faceta a la cual no eludo: la faceta del horror, que permanentemente golpea los periódicos, nuestras retinas, nuestra conciencia. Si todo lo hiciera como una canción infantil y armónica sería una infamia. Sería ignorar la fuerza abrupta de la sociedad, los manifiestos del hombre, la sociedad. No podés ignorar eso; si no, te perdés el lenguaje de todo eso. Sólo intento que nunca se me vaya para el lado de la violencia. -Que no se torne agresivo... -Claro, pero incluso en términos no sonoros, por mi oficio de tantos años de guitarras eléctricas, a los tres minutos me canso a un nivel más físico que intelectual. Pero eso también proviene de la edad que tiene uno. Soy un abuelo que pone la viola fuerte y después le duele el bocho (la cabeza).

“Uno no es el mismo uno que era”

-¿Sigues siendo un guerrero? -No sé si tanto, pero a brazo partido, con lo mío, me siento un pequeño luchador. Al final, cuando uno lo ve bien, lo que uno hace no importa nada. Lo que importa son otras cosas, mayores: el amor, la confianza, lo que uno vive con los hijos, los amores, los amigos. La música decora eso, pero no es tan importante como la vida. Una canción es una canción; puede ser bonita, te pueden aplaudir y vos vender compacts, pero lo más importante son las cosas del corazón y de la vida de la gente. A eso dedico mis canciones. -¿Hay algún disco que habrías preferido no hacer? -No. Quizás habría cantado mejor un tema, en alguna parte... Por ahí yo escucho un tema del disco Spinettalandia y digo ‘más que cantar estaba tratando de gritar’, y no me agrado con el paso del tiempo. Digo “qué mal que canté” y pienso que ahora lo haría mejor. Pero más que eso no pasa. -En todo caso, habría que preguntarle al que estuvo ahí, cantando en ese momento. -(Ríe) Sí, es uno, que no es el mismo uno que el que era aquella vez.

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Obviamente me gustaría retocar algo que no me satisface. Incluso en el último disco... pero ya fue. -Siempre quedará el consuelo de las presentaciones en vivo.. -Claro, ahí te desquitás. O, si se te quedó en el tintero, avivate para el próximo.

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2006-No puedo escapar a querer cambiar siempre-El Mercurio Chile  
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