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El rock nuevo me aburre 32 puertas Venezuela, 2006

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Luis Alberto Spinetta era el secreto mejor guardado que tuvo Argentina hasta hace pocos años. Y aunque su internacionalización demoró, el culto se adelantó. Si bien el rock es la piel que lo viste, progresivamente su mito alcanzó el cancionero latinoamericano. Sin provocar la hipérbole, su obra es tan fundamental e influyente como la de Caetano Veloso o Víctor Jara. Incluso en Venezuela, donde el rock no es cultura. Dentro de las paradojas de nuestro terruño, Caracas significó una de las primeras presentaciones del músico fuera de su país. Y por eso el concierto que ofrecerá este sábado en el Aula Magna de la UCV, a partir de las 7:00 pm, es tan especial para él: “Tenemos varias cosas a nuestro alcance porque hace 14 años que no voy. El repertorio del recital unirá lo nuevo con lo viejo, sin necesariamente ahondar en la nostalgia. Si no, no podría llevarles la arepita calientita como Dios manda. ¡Me da una gran emoción poder volver”. –En Argentina se especuló con que su reciente producción, Pan , apela intencionalmente al sonido de Spinetta Jade. ¿Fue su intención? –Le dije a un periodista que me parecía que Pan tenía que ver con el disco Los niños que escriben en el cielo, de Spinetta Jade, por su característica lírica. Y con eso creo que le solucioné la cuestión no sólo a él sino a la prensa local: Inmediatamente lo asociaron con Jade. No puedo desmentir que esto se parezca a una cosa o a otra porque al final también forma parte de mi obra. Menos mal que por lo menos se parece a mí. Pero no se refiere a Jade, pues ofrecíamos un material más orientado al jazz. Pan tiene canciones que son diferentes a las de mis trabajos anteriores. Acá hay otras cuestiones de piel, que son siempre dentro de un rock de fusión, que vuela alto y busca variantes. –En sus tres últimos discos se percibe un notable acercamiento hacia el funk y el soul. ¿Dónde quedó el rock?

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–Me atrae el soul porque hay mucha musicalidad en las canciones y se encierran como misterios que son dignos de prestarles atención. Pocas cosas dentro del pop, como Björk, me excitan y me emocionan. Esa mirada hacia el funk, la música de Stevie Wonder y de tantos otros genios me permite expandir el límite creativo un poco más arriba. Y desearía que eso también me lo proporcionara el rock. Pero desafortunadamente el rock nuevo, el rock joven, me aburre. Me cautiva la propuesta de Mars Volta o ese rock ruidoso de The Strokes. Sin embargo, son casos puntuales. –La poesía inmersa en sus canciones es uno de los principales argumentos de su obra. Si en el álbum Para los árboles trabajó como recurso literario la trascendencia en un animal, ¿qué le interesó instrumentar en su nueva producción? –El título del disco es una de las tantas palabras que me rodea, así como moda, pueblo, permiso, perdón y gracias. Pan es lo que nuestra gente reclama. Para mí la forma de poder producir la sensación de ese alimento espiritual es a través de una música simple, y este disco es líricamente menos imaginario y fantástico que Para los árboles. Toma más conciencia del pulso del mundo y de lo que me rodea. –Justamente, “Buenos Aires, alma de piedra”, corte incluido en el EP Camalotus (2004), muestra una faceta poco usual en su cancionero que es la del registro de lo social... –Creo que eso tiene varios antecedentes en mi música. La canción “Me gusta ese tajo”, que es de 1971, asoma: “Debo destruir la mierda de esta ciudad”. Padecemos la aniquilación debido a la corrupción del poder y al engaño. Pareciera que a la gente honesta le cuesta vivir. Está mejor el que delinque que el que trabaja. El tema “La bengala perdida” –incluido en el álbum Téster de violencia– se anticipó a describir un mundo de saña (en el fútbol) que desde esa época y hasta ahora se enraizó más en mi país. Asimismo, se cumplieron 30 años del golpe militar, que hizo tanto daño a Argentina y que era un plan internacional para aniquilar a la juventud. Así que los referentes sociales han estado a nuestro alcance. Nada más que por ahí algunos artistas los usan como pivote para la arenga demagógica y otros los usamos como fuente lírica.

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–Su concierto en el Poliedro de Caracas significó una de sus menguadas salidas de Argentina. ¿Cuál recuerdo guarda? –Esa experiencia fue bastante difícil porque cuando me alojé en hotel empecé a tener fiebre. Yo me estaba enfermando y en el avión hizo explosión la gripe. Una enfermera me fue a ver a la habitación y me dijo –imita el acento venezolano–: “Lo que tú tienes es un quebranto”. Casi me muero... –en el argot tanguero, quebranto se usa para llamar a la tristeza–. Tenía que hacer un montón de entrevistas y traté de hacer todo lo que pude. Realmente, me sentía tan mal que eso me consumió el tiempo. Cuando subí al escenario había hecho efecto la medicación, pero estaba agotado. Así que ahora voy con la esperanza, pidiéndole a la Virgen, que no me pase nada. La cesta básica: PAN Si Para los árboles marcó una relativa distancia de Silver sorgo, la primera producción de Luis Alberto Spinetta en solitario luego de la disolución del proyecto los Socios del Desierto, el EP Camalotus lógicamente debería haber servido para devenir una transición musical. Sin embargo, reafirmó la pauta sonora en la que se sumergió el cantautor argentino incluso desde el álbum Los ojos, en el que ya ofrece un planteamiento que aúna al jazz, con el soul y el pop. Si bien esta conjunción aflora rasgos que por momentos superpone un género sobre otro, finalmente encuentra un equilibrio que pone en contexto una nueva etapa en la trayectoria del Flaco que, según el álbum o la canción, apela a esa instancia de los años 80, post Spinetta Jade, que tiene como punto de arranque el larga duración Privé y que concluye con Pelusón of Milk. En ese período, el músico alternó el pop unipersonal de corte lo–fi con los matices jazzísticos amparados por una superbanda. Logró su clímax con el disco en vivo Exactas. Así que Pan pudo reunir ese sonido sublime, pero apoyado en una poderosa base rítmica y un impecable teclista. Puede por momentos estar más próximo a la calma de Silver sorgo que a los hits de Para los árboles, aunque, al mismo tiempo, confecciona un semblante mediante las tensiones, las melodías y los colchones ambientales. Asimismo, pellizca los ritmos telúricos y folklóricos, como lo experimenta en el sensacional “Cabecita y calesita”. Juglar de la canción, Spinetta tutea por momentos con el post rock en el increíble “Proserpina”, con el jazz en “No habrá un destino incierto” y con el rock de swing funk en “Atado a tu frontera”.

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Pan no es más, ni menos, que la reinvención sobre la propia base. por Yumber Vera. Luis Alberto Spinetta - En Caracas 14 años después por Juan Carlos Ballesta

Entre sus contemporáneos argentinos no es el más famoso, un privilegio que, a pesar de todo, aún ostenta Charly Garcia. Otros cantautores de generaciones siguientes como Andrés Calamaro, Fito Paez o Gustavo Cerati también han logrado ser ampliamente conocidos fuera de su pais. Sin embargo, Luis Alberto Spinetta, menos dado a presentarse fuera de su pais, sigue siendo el más respetado y querido, con una coherente carrera de casi 40 años, siempre fiel a si mismo, sin producir escándalos mediáticos ni declaraciones fuera de tono. Tampoco suele ser amigo de los desplantes ni los desaires en escena. El es un intelectual del rock con una carrera musical que ha arrojado cerca de 40 discos, libros de poesia y , sobre todo, un invalorable puñado de canciones que han marcado a fuego la historia del rock latinoamericano. Desde sus primeros días con Almendra, una de las bandas que delineó la personalidad del rock rioplatense, Luis Alberto Spinetta ha sido un creador incansable. Su voz, sus textos y su guitarra lo han convertido en un paradigma al que admiran incluso aquellos que han alcanzado mayor éxito internacional. No es nada fácil escribir acerca de algo tan importante como las pasiones y miedos, el amor y el dolor, y el Flaco –apodo que lo distingue– lo hace hasta conmover, a veces con rebuscadas metáforas y otras con descarnada vena poética. Entre las causas que han mantenido a este prolífico cantautor –más de 40 álbumes editados– en un lugar de popularidad secundaria en el resto de Latinoamérica están la irregular distribución de su discografía, así como las esporádicas presentaciones fuera del cono Sur. Desde “Tema de Pototo”, la primera canción grabada por Almendra en agosto de 1968, hasta el nuevo disco, Pan (2006), han transcurrido casi cuatro décadas, en las que Argentina ha vivido un buen número de cambios sociales y políticos: dictaduras militares, guerras, cercos económicos, devaluaciones, presidentes efímeros, sueños, mucho fútbol-dos mundiales ganados- y sobrada cantidad de buena música. Las canciones de Spinetta han estado permeadas por todas esas experiencias a la vez que han alimentado al inconsciente colectivo. Sus primeros pasos con Almendra estuvieron impregnados de psicodelia pop, con dos discos que sentaron las bases referenciales del rock en español.

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Y, además, la composición de uno de los primeros himnos de la música popular contemporánea de su país: "Muchacha (Ojos de papel)". Su siguiente aventura junto al grupo Pescado Rabioso lo acercó al blues rock de intensidades alucinógenas. El punto álgido durante los años 70 lo alcanzó con el trío Invisible, con el cual editó tres producciones fundamentales influenciadas por el rock sinfónico, el jazz fusión, el blues rock e incluso el tango: Tras la aparición del álbum Only Love Can Sustain (1979), su único intento discográfico en inglés, armó la banda Spinetta Jade. Alma de diamante (1980), Los niños que escriben en el cielo (1981), Bajo Belgrano (1983) –título homenaje a su barrio natal– y Madre en años luz (1984) integraron una etapa de gran productividad. En medio de su faena con Spinetta Jade, lanzó en solitario Kamikaze (1982), un maravilloso álbum acústico. A mediados de los 80 intentó una colaboración con Charly García que se quedó en la coautoría de la canción “Rezo por vos”. En cambio, sí cristalizó La la la (1986), junto con un todavía muy joven Fito Páez. Comenzaba entonces un período como solista que arrojó trabajos como Privé (1986), Téster de violencia (1988), Pelusón of Milk (1991) y la banda sonora Fuego Gris (1993). Después de un silencio relacionado con problemas contractuales, la reaparición no pudo ser más contundente. Spinetta y los Socios del Desierto (1997), un disco doble, lo devolvió al ruedo en formato de power trío y le insufló una inusitada energía. Esa formación regaló tres producciones más, entre ellas el magnífico Estrelicia- MTV Unplugged (1997). Y nuevamente regresó como solista con Silver sorgo (2001), secundado por discos como Para los árboles (2003) y el muy reciente Pan (2006).

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