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El amor estable no vende Diario ClarĂ­n, 1999

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Spinetta se despereza como un gato y ronronea, lánguido: "Estoy bien. Estoy muy bien, haciendo muchas cosas y atento a todo lo que pasa". Son las 4 de la tarde de un lluvioso domingo cordobés. En Buenos Aires, mientras tanto, el clásico Boca-River lo tiene en ascuas, con el corazón dividido entre el partido de los otros y el show propio, que arrancará a las nueve de la noche en el máximo escenario cordobés: el Teatro del Libertador General San Martín. En el lobby del hotel, Carolina Peleritti no se despega de su lado. Lo mira en silencio y sonríe con gentileza oriental ante las preguntas de Clarín. Yoko Ono no lo haría mejor. Prefiere callar, dice, mientras él la mira con dulzura de gato. De gato enamorado. - Se te ve feliz. - Sí... Bueno, uno no puede ser feliz cien por ciento, ni tampoco puede ser feliz el ciento por ciento del tiempo. Pero creo que conservo un buen promedio de felicidad en casi todo. Estoy viviendo una etapa muy buena. - Firmaste contrato para editar un disco este año, cuando ya están el de Andrés Calamaro, el de Charly García, se viene el de Fito Páez... ¿No era mejor esperar hasta el 2000? - Mirá, yo no tengo competencia, así que no me preocupa. Ni compito contra otros artistas... Es una cuestión del feeling de querer hacer un trabajo y querer hacerlo en un determinado momento. Así que supongo que ese factor es el que menos importa. Yo no los afecto en nada a todos ellos. Si yo fuera un vendedor de discos como Fito o como Charly, los podría perjudicar, o ellos a mí. Pero la gente mía, la gente a la que le gusta Spinetta, ya compra los discos automáticamente. Y los discos no son lanzados con una campaña para hacer golazos. - ¿La banda (Los Socios del Desierto) seguirá como trío? Sí, claro. Pensamos seguir así. El trío es como una base muy sólida, te permite volar y al mismo tiempo te permite estar en la tierra. Sin esos tres elementos no estaría completo. Y a la vez, al ser sólo tres, permite una individualidad más presente. Yo pienso que en el próximo disco que vamos a hacer, y que ya estamos elaborando, habrá trío más otras cosas. - ¿Y será tan eléctrico como San Cristóforo? Va a ser otra cosa, más lírico. No porque éste no lo sea, sino que el próximo tendrá menos distorsión y más tonos. Del lobby del hotel, a las pruebas de sonido en el viejo Teatro del Libertador. Los fans arrecian en las puertas y el Flaco saluda. Después, el show: "Cuando perdemos -dice, ya sobre el escenario y a modo de introducción-, a veces me sangra la nariz. Y si nos hacen dos goles, de los dos agujeros... Pero como cae en la camisa blanca, demuestro más cómo amo a River" Vestido de rojo y blanco de pies a cabeza y con sus cuatro guitarras haciendo juego, Spinetta sangró por la herida de la derrota deportiva y se llevó a casa la victoria de un teatro con más de mil almas que lo escucharon en un silencio casi religioso y lo vivaron como si estuvieran en la

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Bombonera (perdón, en el Monumental). Pocos minutos antes de comenzar -puntualísimo, a las 21-, la gente de la Secretaría de Cultura de la provincia le entregó una plaqueta de "Reconocimiento por la trayectoria y sus aportes a la cultura contemporánea", que Spinetta recibió agradecido pero un tanto incómodo por el protocolo. Durante las dos horas exactas que duró el recital, donde predominaron las zapadas feroces que caracterizan San Cristóforo (su disco más reciente, grabado en vivo), el Flaco -acompañado por Daniel "Tuerto" Wirtz en batería y Marcelo Torres en bajo- ofreció un recital tan prolijo como potente. El rock de Tu corazón por mí, Viento del lugar y Estrella, desencadenó aplausos y curiosas declaraciones de amor con voces... masculinas! "Flaco, te amooo!", aulló inquietante una voz de tonos tan efusivos como graves, a lo que Spinetta contestó, jocoso: "Bárbaro, pero espero que no me agarres". Las versiones de "Me gusta ese tajo" y "Rutas argentinas" pusieron a cantar al teatro que, muy a pesar de Spinetta, lució no pocas camisetas boquenses entre sus butacas y las inevitables alusiones a Martín Palermo. Concentrado, de buen humor y con profesionalismo irreprochable. Spinetta hizo lo que todos esperaban de él: un show prolijo, ardiente y con sobredosis de rock del bueno. Eso sí, de vez en vez hizo un alto en la faena para aceptarle un mate calentito a Carolina Peleritti, que los cebaba a un costado del escenario, ante la envidia de la hinchada masculina que le rogaba - por lo menos dale un besito a la Caro por nosotros.... Cuando la fiesta llegó a su fin, la música poderosa de este hombre cuyo mayor patrimonio está amasado de talento y coherencia, siguió sonando en las calles cordobesas. Mientras los plomos ordenan, Spinetta elige unos cajones donde sentarse para seguir la charla. - Hace pocos días, Andrés Calamaro le dijo a Clarín que vos sos un amargo. ¿Te considerás un tipo amargo? - Pero no... (niega mientras se sacude molesto su pelo cortísimo y del color de las zanahorias). El es el que está tan amargado que ve amargo a todo el mundo. Pero mirá, no tengo nada más que decir al respecto. - ¿Qué estás leyendo últimamente? - (Piensa) La historia del joven que se perdió la revolución, de Alejandro Rozitchner. - ¿Y qué estás escuchando? - Los Beach Boys. - ¿Qué opinás de la guerra en los Balcanes? ¿La estás siguiendo por televisión? Imposible no seguir toda esa barbaridad a menos que estés con una campana de vidrio en la cabeza. Es muy doloroso, pero no tengo mucho que decir al respecto salvo eso... Es todo tan absurdo, tan irracional... Y, la verdad, me importa mucho más lo que pasa acá, con este despiole del recorte al presupuesto educativo que me parece que es como un suicidio nacional. Porque si lo que podría hacer progresar a nuestro país es justamente lo que quieren recortar... bueno, las consecuencias serán pésimas. Lo mismo que si quieren arremeter con la salud y la Justicia. Me parece una demencia. - ¿Cómo es un día en tu vida? - Mi cotidianeidad este último tiempo es estar en el estudio, porque estuvieron los (Illya) Kuryaki grabando.

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Entonces tenía la oportunidad de verlo a Dante (su hijo) todos los días. Si no, no lo veo nunca. Y compartir un poco esa grabación con los pibes. Y estoy haciendo la música para Puck (la obra de teatro basada en Sueño de una noche de verano, en versión de La Banda de la Risa). Ando muy ocupado en el estudio. Y por supuesto que también veo a Vera (su hija menor) y estoy con mi novia... - ¿Cómo está tu relación con Carolina? - Estoy muy bien... Todo el mundo apostaba que no pasábamos los seis días, pero ya ves. Estamos juntos y estamos muy bien. - ¿Cuáles son los pro y los contra de tener una novia tan deslumbrante? - Los contra, ninguno. Los pro, todos. Te aseguro que todos. - ¿Ya dejaron de acosarlos cada vez que salen? - No, pero mermó algo. Lo que pasa es que lo nuestro ya no vende. El amor estable no vende... Entonces ya no nos persiguen tanto... Carolina se le acerca cada tanto. Le acaricia la cabeza de zanahoria y le habla al oído con su voz de mujer altísima, bella, silenciosa. El recibe los mimos con la placidez de un gato al sol. Es entonces cuando el sonido de la música furiosa de San Cristóforo contrasta con la imagen de esta extraña pareja que parece ingresar a un mundo aparte cada vez que se mira. - Tu vida parece estar en orden. ¿Cuáles son las metas que te proponés por estos días? - No tengo una meta así, en gigante. Lo mío si se quiere es más bien modesto, chiquito. Quiero hacer un hermoso disco y nada más. Artísticamente eso, hacer un próximo disco muy muy lindo. Y vivir tranquilo, por supuesto, que no es poco... © Clarín Entrevista exclusiva Martes 11 de Mayo de 1999, Córdoba, República Argentina.

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