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Testimonio Sylvia Puedo decir, sin exageración alguna, que los últimos 30 años de mi vida los viví gracias a seguir los consejos del Dr. Keshava Bhat. Mi historia es la siguiente: Enfermedad, tratamiento y embarazo A los 34 años parí una niña muerta, de 7 meses de gestación; no se encontró ninguna anormalidad ni causa de la muerte en los exámenes anatomopatológicos. Al hacerme el curetaje, el médico tratante dejó restos de placenta lo cual yo ignoraba y esto me provocó constantes sangramientos uterinos que me fueron tratados durante nueve meses con Ayerogen. Al cabo de ese tiempo me practicaron otro curetaje, pero pasados 15 días comencé de nuevo con el sangramiento. Luego de obtener diversos diagnósticos aquí en Venezuela (quistes de ovarios, fibroma, etc.) me interné en un hospital de Estados Unidos donde me realizaron numerosos exámenes y me dijeron que mi problema no era orgánico sino funcional, probablemente por la ingestión prolongada de Ayerogen. Como ellos no podían diagnosticar mi enfermedad, tampoco podían tratarme y me recomendaron no acudir a ningún médico al regresar a mi país, porque probablemente quisieran operarme o tratarme con medicamentos que podrían empeorar mi situación. Un gran porcentaje de las operaciones que ellos realizaban era para eliminar problemas causados por intervenciones anteriores sin diagnósticos precisos. Al regresar a Venezuela, por recomendación de una de mis pacientes, recurrí al Dr. Bhat en Cumaná, quién me diagnosticó un problema hepático causado por la ingesta de Ayerogen, que impedía la normal recuperación de la mucosa uterina luego de cada menstruación. Me recomendó un tratamiento a base de plantas medicinales (lengua de vaca, ponche de sábila y alimentación naturista). A los dos meses estaba perfectamente bien, pero a los seis meses presenté nuevamente sangramiento; esta vez el Dr. Bhat me diagnosticó intoxicación mercurial (ejercí como odontólogo durante muchos años y el mercurio era uno de los materiales más usados en el ejercicio de dicha profesión) lo cual fue ratificado con los exámenes clínicos que me realizaron. El tratamiento consistió en la ingesta de la raíz de la planta cundiamor durante tres meses. Mejoré en poco tiempo a pesar de que la contaminación mercurial es irreversible para la medicina tradicional. A los 36 años salí en estado, el embarazo y el parto fueron normales; di a luz un niño sano que durante sus primeros dos años no tuvo ni siquiera un resfriado. Al año siguiente volví a salir en estado y en el octavo mes de gestación el bebé cambió de posición cefálica (cabeza abajo) a sentado, por lo que mi obstetra me explicó que dado el tiempo de embarazo y lo grande del feto se hacía indispensable una cesárea, ya que no había posibilidad de que volviera a su posición normal. Ante el peligro que representaba para mí la cesárea (dificultad de cicatrización por la contaminación mercurial), recurrí de nuevo al Dr. Bhat, quién me enseño los ejercicios de estimulación a nivel de tobillo y el bebé, al cabo de una semana, volvió a su posición cefálica y nació de forma normal. Ese aprendizaje resultó igualmente positivo en una sobrina.

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