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Falstaff T. Valle-Inclán. Madrid Nombre del montaje: Falstaff Disciplina: Teatro Director: Andrés Lima Autor: sobre textos de William Shakespeare Adaptación: Marc Rosich y Andrés Lima Reparto: Pedro Casablanc, Carmen Machi, Raúl Arévalo, Jesús Barranco, Sonsoles Benedicto, Rulo Pardo, Rebeca Montero, Alfonso Lara... Escenografía y vestuario: Beatriz San Juan Iluminación y proyecciones: Valentín Álvarez Caracterización: Cécile Kretschmar Música: Nick Powell Duración: 3 horas (aprox.) más intermedio Dónde: Teatro Valle-Inclán Dirección: Plaza de Lavapiés s/n. Madrid Hasta: 01.05 Horario: Martes a sábados: 20h30. Domingos: 19h30 Precio: 15 a 18€ Venta de entradas: www.servicaixa.com

Falstaff es gordo, viejo, adicto a la buena vida, se mueve por esferas marginales vagando por la taberna y sobreviviendo como buenamente pueda. Es un poco mentiroso (bueno, bastante diría yo), un poco alcohólico (bastante también), disfruta de los buenos placeres de la vida y es, ante todo, un gran amigo (en todos los sentidos). A ratos recuerda al bonachón de Obélix por la simpatía que despierta en el espectador, aunque en vez de caerse en una marmita de poción mágica Falstaff ha ido a parar en un antro que sabe a jerez. Si bien el título de la adaptación se centra en la figura entrañable de Falstaff, la obra es muy coral y se basa en la primera y segunda parte de Enrique IV, de Shakespeare, junto a otros textos donde aparece también este personaje (por ejemplo, Las alegres comadres de Windsor). Andrés Lima y Marc Rosich descubrieron enseguida el magnetismo de este gran hombre y supieron cómo darle protagonismo sin restarlo al resto del elenco. El Rumor (personaje interpretado por el propio Andrés Lima, lástima que no lo veamos más a menudo encima del escenario) narra episodios de la historia de Inglaterra allá por el siglo XV cuya esencia es la sucessión de guerras, más por vanidad que por necesidad, el peligro del poder absoluto en manos de un sólo hombre y la traición y conspiración en sus vertientes más puristas. El interés radica en observar los hechos desde el prisma de Falstaff junto con sus amigos y compañeros de borrachera, todo adquiere un matiz más cercano a la realidad, a una verdad que cualquiera de nosotros puede entender y sentir con ellos. Ya no son tramas de palacios sino intentos de supervivencia que muestran unos personajes sumidos en circunstancias


de vida inhóspitas. En todo ese meollo surge la figura del Príncipe Enrique, un heredero díscolo y libertino, amigo de Falstaff y del resto de los compañeros de taberna. Han pasado siglos, pero hoy en día no hace falta mirar muy lejos para encontrar en la corte de Inglaterra a un fiel reflejo del personaje de Shakespeare, el Príncipe Harry ese muchacho que no se pierde una fiesta y si es de disfraces, mejor... Las cosas no han cambiado mucho. Centrémonos ahora en los actores, motores imprescindibles de la obra. Pedro Casablanc interpreta al enorme Falstaff con maestría, naturalidad, humor y mucha soltura. Este actor se supera cada día, tras El arte de la comedia y Beaumarchais llega al Teatro Valle-Inclán majestuoso, imponente y perfecto en su papel con un gran trabajo corporal, bastante difícil teniendo en cuenta las dimensiones del personaje. Le siguen Jesús Barranco y Raúl Arévalo, padre e hijo o también Rey Enrique IV y Príncipe. El primero es pura intensidad mientras que el segundo se mueve por los bajos fondos a las mil maravillas. Y no nos olvidemos del resto del elenco, maravilloso, capaz de desdoblarse e interpretar cada uno a dos personajes absolutamente antagónicos. Son la taberna y la corte, la conspiración y el disfrute, la traición y la amistad. Todos son dignos de destacar, en particular una magnífica Carmen Machi divertidísima en Doña Rauda, el gran Rulo Pardo, un secundario de lujo cuyo trabajo corporal (es lo que tiene haber actuado en el Alfil con Yllana y Sexpeare) proporciona a la obra detalles memorables, los otros dos 'colgados' y el personaje de 'Simple' son igualmente geniales. Y si hay algunos fallos en la obra, no son dignos de mencionar. En general, todo el elenco está dando lo mejor de sí mismo a lo largo de tres horas. Y es que la obra, aunque no lo creáis, no se hace larga. La música, de la mano de Nick Powell, es pura dinamita encima del escenario, la escenografía es sencilla y práctica, los cambios son rápidos y se hacen amenos de ver, la presencia de Andrés Lima en el escenario aporta agilidad a la acción y crea una complicidad inusual entre director y actores. Un montaje brillante, arriesgado, ingenioso, perfectamente interpretado. ¡Un 10! cdn.mcu.es/ Justine Obert

notodo.com


Andrés Lima dirige Falstaff, una adaptación de Shakespeare en el Teatro Valle-Inclán