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LA TRECE NEGRA Nยบ 1

Diciembre 2011 - Febrero 2012


ÍNDICE Editorial

Gabriellle Deschain

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CUANDO LA IGNORANCIA ES REINA: Estos yankis

Sir Worth

4

Diógenes de plástico

Valenhgrandi

6

Allan Poe. El principio del terror

Scott Landon

8

LA SEGUNDA DIMENSIÓN: El testamento de Magneto

Eloy

11

LOS LÍOS QUE ME MONTO: Eternamente imbéciles

Rick Deckard

13

Lazos y cazas

El Especialista Mike, David y Rick Deckard

15

AULLIDOS DE MEDIANOCHE: Ouija

Hinata

19

Poetas malditos

Sombra

21

Una guitarra es como una mujer

Ivangor

24

ENTRE LUZ Y OSCURIDAD: Sueño

Sombra e Hinata

28

RESEÑAS SIN ESTRELLA: Todo Oscuro, sin estrellas

Ziebal de Gilead

30

OLIVER, BENJI: Todo pasa

Sebastian

32

LOS ARGUMENTOS EN CONTRA DE LA LOCURA: Edgar

NUESTROS TRAGOS CON EL DIABLO:

¿SABES? TIENEN UN GRUPO DE LA LECHE.

Equipo de La Trece Negra: Equipo editorial: Gabriellle Deschain, Rick Deckard, Soniarod Corrección: Gabriellle Deschain, Bangor Maquetación: Soniarod Reporteros: Sir Worth, Valenhgrandi, Scott Landon, Eloy, Rick Deckard, David, Hinata, Sombra, Ivangor, Ziebal de Gilead, Sebastian Si quieres contactar o colaborar con la revista, puedes escribir un e-mail a la dirección latrecenegra@gmail.com o un mensaje privado a latrecenegra en el foro de http://www.ka-tet-corp.com


EDITORIAL Pues ya estamos aquí. Y no ha sido fácil. Tras muchos meses de incertidumbres, desvelos y cruces de correos entre el “equipo directivo”, por fin es posible que una nueva etapa de La Trece Negra vea la luz. A pesar de las dificultades particulares de cada uno y la deserción de otros por cuestiones laborales, se han impuesto la ilusión con la que afrontamos este proyecto y la acogida de todo el Ka-tet. Y digo nueva etapa porque es diferente de las anteriores, tanto en formato como en contenidos, buscando una mejora constante de esos aspectos con respecto a ediciones anteriores. Esperamos que estos cambios se traduzcan en una mayor calidad, formalidad y permanencia en el tiempo, y que no volvamos a encontrarnos con un proyecto abandonado en la cuneta como las veces anteriores. Es por ello que ha sido un trabajo lento y difícil. Quiero dar las gracias a todos los que han hecho posible este resurgir de las cenizas de la revista cual ave fénix. En primer lugar agradecer a todos los escritoleros que dan vida a la revista y que sin ellos no sería posible. La calidad de sus relatos y artículos es para disfrutarla, como vais a poder hacer en cuanto terminéis de leer esta editorial. Esperamos contar con ellos para todos los números, y contar con tantos nuevos como sea posible. Agradecer la ayuda de Mike en los inicios del proyecto con sus ideas y aportaciones. Esperemos que vuelva pronto a colaborar con su toque especial. Un aplauso para la inestimable colaboración de una nueva incorporación al equipo directivo: Bangor, que ayuda en la corrección, junto a mí, y en otros menesteres de la organización. También quiero agradecer enormemente a la jefa de todo esto, Sonia, el haber resurgido ella misma de sus cenizas; pese a su tristeza, sus dificultades y sus circunstancias aciagas aquí está, al pie del cañón, con nosotros, haciendo posible que esto sea real, y viviendo con todos nosotros La Trece Negra. Y por último agradecer el apoyo, el empuje, la ilusión y las ganas de mi querido Rick, que ha sido el motor primero de todo, el puntal de nosotros cuatro, y mi Pepito Grillo particular. Sin él, hace tiempo que habría tirado la toalla. Ya está aquí. Ya ha llegado. Disfrutadla, amigos. Gabriellle Deschain

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CUANDO LA IGNORANCIA ES REINA

ESTOS YANKIS

Por Sir Worth

Es fácil hablar de cualquier tema hoy en día; y más fácil todavía, disertar acerca de cuestiones sobre las que uno no tiene la más mínima idea. Todo ello con la ventaja adicional de ser completamente gratis; algo que, en los tiempos en que vivimos, se aprecia sobremanera. Por tanto, la única manera de conocer costumbres foráneas para alguien que no se ha prodigado en viajes por el extranjero es a través de lo que le llega a través de la literatura, series, películas, bulos de internet… En mi caso, jamás he cruzado el charco; es más, dudo que lo haga algún día, dado mi temor irracional a montar en el pájaro de acero. Sí, será el medio de transporte con menos índice de siniestralidad; pero cuando cae… Por ello, todo lo que puedo saber acerca de la cultura y costumbres de los estadounidenses ha sido extraído de aquello que he visto y he oído en obras como, por ejemplo, las de Stephen King. Y muchas veces hay acciones y comportamientos que me chocan, comparados con los que observo cotidianamente a mi alrededor. Un gran número se refiere al mundo de la automoción. Me resulta muy curioso cuando, en plena persecución policíaca, dan el aviso por radio de que están siguiendo, por ejemplo, a un Mustang del año 76. Entiendo que un aficionado al motor conozca las diferentes versiones de los distintos modelos; pero es algo que parece que está plenamente extendido entre su ciudadanía. Sí, yo me puedo acordar de cómo eran los Ford Fiesta cuando era un moco; o de cuando era un chaval; o de cuando estaba en la universidad. Pero vamos, así y a bote pronto, no me preguntéis su añada… Esto está relacionado con el siguiente comentario. Muchas veces hablan de modelos de los sesenta, setenta… ¿Cuánto duran allí sus coches? Porque por aquí siempre están dando la lata con que hay demasiados elementos del parque móvil que superan los quince años, que son vehículos viejos y obsoletos. El que tiene Los chicos de Sobrenatural y su Chevvy Impala del 67 un trasto con dos décadas de andanzas sobre el asfalto es objeto de sorna, burla y escarnio público (quitando los modelos históricos; a ver quién se mete con el Club de Amigos del 600), y eso sin profundizar en la cantidad de veces que hay que reemplazar algún componente y subsanar averías de toda índole. Y resulta que allí la gente circula tan tranquila con chismes de treinta o cuarenta años sin inmutarse. Uno de los comentarios anexos a este tema es su pasión sempiterna a defender a ultranza el producto nacional frente al importado. Pero vamos, viendo la eficaz longevidad de sus vehículos cualquiera les tose. Un país tan grande, con una población tan numerosa, induce a pensar que la cantidad de automóviles danzando ha de ser, como mínimo, apabullante. Lógico, ¿no? Pues bien, me encantaría saber cómo lo hacen para aparcar siempre justo en la puerta de cualquiera que sea su destino. Y no es que haya algún hueco libre, no; es que hay sitio para cinco trailers, da igual que sea en pleno centro de la urbe. Me encantaría que algunos de sus expertos municipales se reuniesen con los concejales de nuestros ayuntamientos para explicarles cómo solventar el problema de aparcar en la calle. Cualquier centro de cualquier ciudad de mediano tamaño presenta todo un reto para aquel que quiera dejar su coche medianamente cerca de allá donde quiera que vaya. Y de aparcar según se llega, sin maniobrar, mejor ni hablamos..

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Y ya, acabada la jornada de trabajo, la investigación criminal, la huida de los malos de la calle treinta y tres o lo que sea, vuelta al hogar. Parece que allí todo el mundo vive en urbanizaciones de viviendas monofamiliares, de uno o dos pisos. Vale que tienen terreno para aburrirse (estamos hablando de una extensión de casi diez millones de kilómetros cuadrados); pero parece que en el centro de las ciudades no vive nadie. O, al menos, nadie que merezca la pena. Pues eso, el personaje de turno llega a su casa y aparUn yanqui intentando aparcar en mi ciudad, Bilbao, se volvería ca. En la acera frente a su puerta, o justo delante de tarumba la entrada de su garaje. ¿Pero es que alguien usa el garaje para meter el coche? Parece que no, que son lugares cuya ocupación es de trastero, taller para chapuzas, local de ensayo para el grupo de su hijo o escondite de cadáveres descuartizados. Y el auto a la intemperie… ¿Y, aun así, les duran tanto? Increíble… Bueno, como aún tengo cuerda para darle un rato y no quiero ser demasiado abusón copando más páginas de esta publicación, creo que va siendo hora de despedirme hasta el próximo número. Seguid leyendo el resto de artículos, tienen un montón de buenas historias que contarnos…

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DIÓGENES DE PLÁSTICO Por Valenhgrandi Vamos con el temita del renacimiento entonces, del resurgimiento, de brotar como flor en primavera. Todos, alguna vez en la vida, hemos tenido que resurgir de entre las cenizas, de entre los escombros, o de entre cosas más orgánicas, si vamos al caso. Nadie me pude negar que el hecho de hacerlo ya tiene mérito, y una energía mejor, si cabe, que la de empezar o emerger por primera vez. Uno se siente más vivo, con más ímpetu, más fuerza; te desborda la energía y la seguridad de verte como la primera vez, pero conociendo el terreno. Pequeño GRAN detalle. Espero que este resurgimiento mantenga el ímpetu y la fuerza del principio, durante toda su existencia, y que esta sea larga y colmada de contenido. Contenido..., ¿qué palabra, verdad? Contenido: que contiene; algo que cuenta con algo más que su existencia. Saboreemos la palabra, por favor. Por estos lares van a poder encontrarse con cosas de cualquier índole: no le hago ascos a nada ni a nadie. Lo más maravilloso del mundo es poder expresarse sin tener que ubicar nada en ningún cajoncito, sin tener que dirigirnos a algún lugar de la mente que contenga cosas similares, para poder encontrarles sentido. ¿Qué tiene sentido? ¿Qué no tiene sentido? Antes de ahondar en estos temas de los sentidos, si son buenos, malos, dobles, me gustaría hacer una pequeña introducción (como punto de partida) a la filosofía madre de todo, y, por ende, al “por qué” o la causa de estas preguntas, y de su desarrollo hasta llegar (¿se puede llegar?) a sus respectivas respuestas: la metafísica. Es importante saber que Aristóteles utiliza la palabra “filosofía” en plural y en singular para dirigirse al saber “porque sí” y para dirigirse a las diferentes ciencias. (Filosofías) La metafísica, que es la filosofía en su modo singular, representa la parte “no mecánica” de todo. Las otras filosofías son los conductos y engranajes que utiliza la metafísica para ser. Podría explicarlo un poco más, pero sería muy extenso, y esto no tiene que dejar de ser una breve introducción, para que vean a donde quiero dirigirme. Y me dirijo al saber “porque sí”, a sacarle el máximo partido a un texto, a una canción, a una publicidad, una foto. Busquemos ese conocimiento, salgámonos de los conductos, de las vías, o por lo menos, pidámosle a Blaine que active el modo invisible para ver alrededor. ¿No quieren ver alrededor? Vamos a ello entonces. Les voy a dejar un cuento. Quiero saber qué piensan de esto, qué entienden, y por qué no, qué sentimientos les genera. ¿Será similar para todos? ¿Cada uno tendrá una opinión diferente a la del resto o será similar en ciertos aspectos? Tengo una teoría sobre ello. Veamos qué pasa. Apagón. La oscuridad no me preocupa. Me preocupa la luz. La oscuridad es solamente ausencia de luz. Pero la ausencia sí me preocupa. La preocupación, no. Me es indiferente. Sin embargo, la indiferencia me preocupa muchísimo. La considero una actitud vergonzosa. Aunque la vergüenza no me preocupa. Antes sí me preocupaba. Pero a mí me da lo mismo el antes y el después; mi vida no es un desarrollo tendiente a nada. Por eso la nada no me quita el sueño. El sueño, en cambio, es algo que sí me interesa. A veces me quedo toda la noche despierto, pensando en eso. No llego a ninguna conclusión, pero las conclusiones me exasperan. Prefiero los puntos de partida. No por las partidas; por los puntos. Siempre trato de acumular puntos. No por los puntos en sí; es por la acumulación.

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La acumulación entendida por una cosa sola, no como un cúmulo de otras. Los cúmulos, yo, si pudiera, los disgregaría. Las cosas tienen que ir separadas; no juntas. Juntas forman otras cosas, y eso trae complicaciones. Aunque yo a las complicaciones no les tengo miedo. Lo que me asusta es lo simple. Lo simple no se sabe de dónde sale; ahí es donde está el misterio. Aunque los misterios, por suerte, no me interesan. Me interesa la suerte. Qué desgracia. Porque la suerte siempre es escasa. Y si dijera que no me preocupa la escasez, mentiría. Pero mentir no me preocupa. A mí me preocupa la verdad. Cuando miento no tengo problema; puedo decir cualquier cosa. Aunque sea verdad, no importa, porque la digo de mentira. Pero cuando hablo con la verdad, tengo que andar con más cuidado. Por las dudas, en esos casos digo lo menos posible. Y después me desdigo, así cubro dos posibilidades. Pero no es que me quiera cubrir. Yo hago todo a la intemperie. Y si no hay luna, mejor. A mí me gusta la oscuridad. La oscuridad no me preocupa. Me preocupa la luz. La oscuridad es solamente ausencia de luz. Pero la ausencia sí me preocupa. La preocupación, no. Me es indiferente. Leo Maslíah.

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EDGAR ALLAN POE: El principio del terror

Por Scott Landon

OS T N UME E LA G R A AD R LOS T CON URA N E LOC

Cualquier fan del terror debe conocer (o al menos tener una vaga idea) de los comienzos del género. De por qué, cómo, cuándo y gracias a quién, surgió ese género que nos hace disfrutar tanto. Sería una muy buena forma de agradecerle todo lo que hace por nosotros, saber esos detalles, que nos pueden venir bien en cualquier momento. Pero tranquilo, no hay de qué preocuparse: aquí estoy yo, que te voy a ayudar a conocer lo que fue el terror en sus comienzos. Oh, el terror. El terror no es solo una palabra, ni el título de un libro, ni el nombre de una etapa muy sangrienta de la revolución francesa. El terror es un sentimiento. Es miedo en su máxima expresión. Es espanto, pavor. El terror está en todos lados, actualmente podemos encontrarlo en la cosa más normal del mundo, en lo más cotidiano (y de eso pueden dar fe todos los fans de Stephen King, por supuesto), pero antes, en sus comienzos, el terror solo tenía que ver con lo muy sobrenatural, lo cual lo hacía distante y poco creíble. Ya sabéis a qué me refiero: fantasmas encadenados, monjas sangrientas, aullidos, truenos... Pero afortunadamente, unos cuantos escritores decidieron dejar atrás ese terror tan frívolo e ir más allá, creando el terror moderno, que es la estructura básica de todos los libros que escriben nuestros autores contemporáneos de terror favoritos. Uno de los escritores pioneros en dejar atrás el terror primitivo fue Edgar Allan Poe, que es de quien os hablaré hoy. Huérfano de actores, marcado por la pobreza, las adicciones y la locura, Edgar Allan Poe (Boston, 1809), ocupa, sin embargo, en la historia de la literatura el privilegio de ser el más grande entre los maestros del cuento de terror. Más aún: su creador. Si bien fue el poema dramático titulado “El cuervo” el que, tras su publicación en 1845, le proporcionó una gran fama, la renovación que experimentó el género gótico a través de sus relatos le convirtió en una influencia ineludible en lectores y escritores posteriores: Baudelaire, Lovecraft, Stevenson o Borges (de los cuales hablaremos en próximos artículos) cayeron rendidos a su genio literario, forjado por las sombras del miedo, la soledad y la muerte. Fue un extraordinario constructor de tramas y ambientes opresivos y oscuros. Su muerte está rodeada de misterio, y por supuesto, no fue un final digno, aunque sí muy frecuente por aquellos tiempos. Cuatro días antes de su muerte, fue encontrado en la calle en muy mal estado, delirando, y luego fue llevado a un hospital, donde fue tratado, pero igualmente murió. Nunca tuvo la lucidez necesaria como para explicar por qué se encontraba así. Murió el 7 de octubre de 1849, en Baltimore. Como podéis apreciar, tenía solo 40 años. La prueba más contundente de la genialidad de Edgar Allan Poe son sus relatos. He reunido aquí los cinco relatos que más me gustan de Poe, para resumirlos y reseñarlos. Son fáciles de localizar, tanto por internet como en una de las muchas recopilaciones de relatos de Poe que se han editado. Berenice. Fue publicado por primera vez en 1835, ocasionando gran controversia y horror entre sus lectores por su gran carga de sadismo espeluznante. El dúo protagonista lo conforman dos primos, Egaeus y Berenice, que se van a casar. Son personalidades dispares, pero se complementan muy bien. Él, maniático y estudioso, y ella, extrovertida, dulce, sonriente. Egaeus se obsesiona con la belleza de Berenice, hasta llegar a un punto insospechado. El relato trata temas como la enfermedad, la locura o la obsesión, tres cosas que parece que Poe conocía de cerca (solo hay que leer su biografía para saber que él también las padeció). El corazón delator, un cuento de 1843. El gran escritor italiano Italo Calvino consideró que “El corazón delator”, es la obra maestra de Poe. No podría estar más de acuerdo. El que lea este relato caerá rendido a los pies de Edgar Allan. El relato va sobre un asesino que confiesa haber matado a un anciano. Pero, ¿por qué lo confiesa? ¿Qué

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sucede? Hay que descubrirlo, ese es el quid del relato. Está plagado de una frialdad que solo Poe sería capaz de describir. Creo que los escritores de novelas de asesinatos se nutrieron de este relato. Sin ir más lejos, seguramente Stephen King se inspiró en “El corazón delator” para escribir “Dolores Claiborne”, aclamadísimo libro. Lectura obligada, ambos. El entierro prematuro, publicado en julio de 1844. Justo como su nombre indica, aquí se habla de entierros de gente viva, cosa que nos suena últimamente por la película Buried, o Enterrado. Con este relato, y haciendo esta asociación, queda demostrado que Poe es la base de toda la ficción de hoy día. Es un relato bastante extenso, son unas treinta páginas, más o menos, pero se lee con facilidad y su prosa es entendible. Comienza como si fuera un ensayo, en él se nos muestra al propio Poe como escritor, y nos relata casos que conoce de gente que ha sido enterrada viva. Mezcla realidad y ficción. No llega a superar a “El corazón delator”, pero es atrayente, tanto por su argumento, como por su estilo. La verdad sobre el caso del señor Valdemar, de 1845, habla sobre un hombre que decide experimentar la hipnosis con un amigo suyo, de nombre Valdemar. Pero en el trance, Valdemar afirma estar muriendo y también que ya está muerto. Los ultimátums del señor Valdemar divergen en un final, cuanto menos, escabroso. Suspense asegurado, donde todo está entrelazado y minuciosamente calculado. Atentos al señor Valdemar. Uno de los relatos favoritos de Julio Cortázar, por cierto. El tonel de Amontillado, de 1846. Para terminar, este famoso relato. Destaca entre todos los anteriores que he mencionado aquí porque es el que más se acerca al estilo actual de escribir novelas y relatos. Es el que más diálogos tiene. Aquí se habla de la venganza, del vino, de la maldad, la ironía, el humor negro… Un resumen de todo lo anteriormente visto. Esta es la joya de la corona. Otra cosa irrefutable es la influencia que este escritor de Boston ha tenido en otros escritores. Podría nombrar a muchísimos escritores, cineastas e incluso músicos que tienen a Poe en un pedestal. Pero hay uno muy especial para nosotros: Stephen King. La relación entre Poe y King nació cuando el último todavía era un adolescente y vivía con su madre y su hermano en Durham, Maine. Al joven Steven le encantaban los libros de terror, los comics como Tales from the crypt, iba al cine a ver películas de terror de Serie B, y le fascinaba Poe. Tenía un libro publicado por Library of America llamado Edgar Allan Poe: Poetry and Tales. Lo devoraba a toda pastilla, sin perderse nada. Evidentemente, cuando fue mayor, quiso rendirle homenaje a uno de sus muchos maestros. Podemos ver el ejemplo más claro de homenaje en la tercera novela de King, con la cual se consagró como Rey del Terror (título que antes era de Poe), El Resplandor. Al abrir el libro, después de la dedicatoria a su hijo Joe Hill, vemos de prefacio un fragmento de un relato de La máscara de la muerte roja. Muchas páginas después, vemos varias frases que nos recuerdan mucho a este pequeño relato de Poe. Usando casi las mismas palabras para describir casi la misma situación. También éste relato y la obra más aclamada y venerada de King, Apocalipsis, tienen un gran punto en común. Esta vez no son palabras, sino la trama en general. Ambas narraciones tratan el tema de la devastación por culpa de una terrible enfermedad, una Supergripe en el caso de Apocalipsis, y una Peste, en el caso de La máscara de la muerte roja. Podemos encontrar varias similitudes entre el anteriormente citado cuento de Poe: El corazón delator, y Dolores Claiborne. Se trata de monólogos, de confesiones escabrosas, de victimas despreciables, y ambos son joyas, y relatos muy rompedores. El último cuento reseñado, El tonel del Amontillado tiene su homónimo Kingniano, un relato llamado El Cadillac de Dolan, que incluso comparten la famosa frase de: ¡Por el amor de Dios, Montresor!

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Si nos centramos en la figura que despierta más morbo entre los lectores: El Diablo, por supuesto que también encontramos similitudes. Tenemos El diablo en el campanario, de Poe, y La tienda, de King. Aunque el de Poe es un cuento satírico, y no de terror, encontramos grandes similitudes en las tramas, y creo que la misma intención. En El diablo en el campanario, un señor que toca un violín llega a una ciudad tranquila y desconocida a alborotarlo todo, a desencadenar reacciones fuera de lo estricto. En La tienda, sustituyamos al señor del violín por un vendedor llamado Leland Gaunt, y nos queda la misma esencia. Aunque King, por supuesto, lo lleva un poco más allá. Otro encuentro con el diablo narrado por King es El hombre del traje negro. Y recientemente, también en Justa Extensión, el relato menos extenso (sí, ironías de la vida) de su nueva colección de novelas cortas: Todo Oscuro, Sin Estrellas. Ambos han tratado el tema del Doppelganger (o sea, el hermano maligno), uno en William Wilson y el otro en La mitad oscura. Aunque en este caso deberíamos restarle importancia, ya que es larga la lista de autores de terror que usan este recurso. Y tampoco es tan importante, pero sí interesante, decir que una de las más recientes novelas del escritor de Maine, Duma Key, tiene como protagonista a un hombre llamado Edgar. Un claro homenaje al escritor de Boston. Para acabar, si retrocedemos bastante en el tiempo, podemos recordar cómo un jovencísimo (y todavía en primaria) Stephen King novelizó una película basada en un cuento de Edgar Allan Poe, que vendió por la escuela y se convirtió en su primer best-seller (aunque fue prohibido por sus profesores, claro). El cuento de Edgar Allan Poe se titula El pozo y el péndulo, y la novelización de la adaptación cinematográfica que hizo King se titula El péndulo de la muerte. Evidentemente, King tiene muchas historias rompedoras que han salido de su mente sin ser homenajes, ni nada. Pero también es evidente la influencia que Edgar Allan Poe, y otros escritores más, ha ejercido sobre él. Tienen similitudes, pero también muchas diferencias, y eso es lo que los hace únicos y por eso son iconos de sus tiempos, y ya forman una parte importante de la cultura y la literatura universal. El más viejo consiguió relanzar el terror, y el más joven, el nuestro, nuestro tito Stevie, lo reinventó, lo llevó más allá y tomó lo mejor de cada autor de terror, para poder hacer obras tan grandes como las que hace. Yo animo a todo amante de King a darle una oportunidad a uno de sus referentes, Poe. Veamos el pasado y el presente de la literatura de terror. Así disfrutaremos el doble.

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LANDA N U Ó I G SE ENS DIM

El testamento de Magneto

Por Eloy

Sé que muchos no sois devotos de los superhéroes y mutantes, pero con esta serie limitada no tenéis nada que temer, porque a pesar de que está protagonizada por Magneto, no tiene que ver con ese extraordinario mundo de gente voladora, telepática o telekinética. De hecho, la historia podría haber estado protagonizada por cualquier hombre, mujer o niño anónimo superviviente del Holocausto judío, pero si se titula “El Testamento de Magneto” es por el tirón comercial del personaje. ¿Qué preferiríais leer, la historia de un desconocido o la de quien acabará convirtiéndose en uno de los peores enemigos de la Humanidad? Tras cinco películas de los X-Men, dudo que haya alguien que no sepa quién es Magneto, pero si has estado perdido en una isla pulsando un botón cada 106 minutos o atrapado en el hielo durante 50 años te haré un rápido resumen: Magneto es un peligroso mutante que controla los metales y los campos magnéticos, que cree que los mutantes son el siguiente paso en la evolución y que humanos y mutantes no pueden coexistir pacíficamente. ¿Y por qué odia a los humanos? Pues porque es un superviviente del Holocausto judío y estuvo prisionero en Auschwitz, experiencia que lo marcó profundamente. Esto es precisamente de lo que trata esta miniserie de cinco números. A través de los ojos del joven Max somos testigos del ascenso del nazismo, del ambiente tenso y opresivo que empieza a extenderse por Alemania como un cáncer, y lo mucho que esto afecta a los judíos, que pasan de ser “alemanes” a ser algo menos que personas. ¡Alto!, diréis algunos, ¿pero Magneto no se llama Erik, Erik Lensherr? Bien, desde la primera aparición del personaje la información sobre su pasado ha ido apareciendo con cuentagotas y algunos datos acababan contradiciéndose con otros. Para esta miniserie sus responsables escogieron unos datos a favor de otros, y así sabemos que el verdadero nombre de Magneto es Max Eisenhardt, que bien pudo cambiarse por el de Erik Lensherr al acabar la guerra (Erik era el nombre de su tío). En Alemania la situación acaba volviéndose insostenible y por ellos la familia Eisenhardt se traslada a Polonia, donde al menos estarán rodeados de los suyos. Error. Las tropas alemanas no tardan en invadir el país y al poco tiempo levantan un muro en el ghetto de Varsovia, encerrando a judíos y polacos por igual. La situación allí es incluso peor que en Alemania. Raciones mínimas de comida (cuando las hay), asesinatos indiscriminados de hombres, mujeres y niños solo por diversión… Max tiene que tragarse su rabia y su impotencia ante las barbaridades de las que es testigo, porque sabe que si mata a un soldado alemán, al día siguiente habrá cien judíos muertos como represalia, así que no le queda más remedio que mirar hacia otro lado. Max y su familia tratan de huir a un lugar mejor, pero son capturados y fusilados a las afueras de Polonia. Es aquí cuando se manifiestan sus poderes por primera vez. Consigue desviar la bala destinada a él, pero no las de su familia, y tras darles un entierro digno regresa abatido al ghetto de Varsovia. Poco después lo suben al tren que lo

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llevará a Auschwitz, y allí comprobará que la crueldad humana no tiene límites. En Auschwitz encuentra a su viejo profesor del colegio, el cual le enseña las reglas básicas para sobrevivir allí dentro, y a Max lo envían con los Sonderkommando, el grupo de judíos que trabaja en los crematorios y en las cámaras de gas. Allí ve y es obligado a hacer terribles cosas que le marcarán para siempre. Pero lo peor aún está por venir. Cuando ve en el crematorio el cuerpo sin vida de su profesor, Max arroja la toalla. Es entonces cuando empieza a escribir su testamento, describiendo todas las cosas que ha visto y hecho como Sonderkommando y pidiendo al hipotético lector que lo encuentre que no olvide lo que ocurrió allí, y que impida que vuelva a ocurrir. Al día siguiente se aparta de la fila, garantía de muerte segura, pero entonces la esperanza regresa a su vida. Al otro lado de la verja, en el campamento de los gitanos, descubre a Magda, la niña que le gustaba cuando vivía en Alemania, y eso le da ánimos para seguir luchando. Antes de que los aliados se decidan a intervenir, los Sonderkommando se rebelan y hacen explotar algunos de los crematorios. En la confusión del momento muchos judíos consiguen huir, Max y Magda entre ellos, aunque no todos corren la misma suerte, ya que en los días y semanas siguientes los nazis matarán a centenares de miles de judíos como represalia. Unos años después del final de la guerra, Max se presenta en las ruinas de Auschwitz y allí entierra su testamento, porque, desde su punto de vista, Max Eisenhardt sí murió en el campo de concentración y el que sobrevivió fue una persona totalmente diferente. Esta es una historia bastante dura de leer y al igual que el protagonista, sientes rabia, impotencia y unas ganas tremendas de hacer algo para impedir los actos de increíble crueldad y barbarie que desgraciadamente acaban produciéndose. Pero lo malo es que no puedes… Magneto es un personaje que siempre me ha intrigado, sobre todo por su postura tan radical en lo referente al Homo Sapiens, la cual es un tanto contradictoria ya que él fue una víctima inocente de las mismas ideas discriminatorias que ahora defiende, pero al leer estos cómics llegas a entenderle un poco mejor. ¿Acaso se le puede culpar por odiar a toda la Humanidad tras haber vivido en sus propias carnes la horrible experiencia del Holocausto?

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Eternamente imbéciles Por Rick Deckard

LOS LÍOS ME M QUE ONT O

Hace mucho tiempo, aquel gran inventor llamado Albert Einstein dijo: “es más fácil desintegrar un átomo que separar un prejuicio”. Con dicha frase, el hombre quiso dar a entender que era más sencillo que un hombre consiguiera un gran descubrimiento a que un hombre consiguiera tener un corazón tolerante. La tolerancia es algo complicado de conseguir. La tolerancia es respetar las ideas distintas de los demás, sus credos y creencias, sus religiones, incluso se puede aplicar a sus colores. El racismo fue, es y será por los siglos de los siglos la más gruesa lacra y némesis del ser humano tolerante por excelencia. El tolerante admira, se interesa, protege y respeta lo diferente. El intolerante detesta, odia, destruye todo lo hermoso que sea diferente a ojos humanos. El racismo, ese gran problema que a lo largo de los años, décadas y siglos ha provocado tantas peleas, batallas y guerras… Pongamos un caso práctico par a enfocarlo mejor; caso práctico que ocurrió hace ya la solera de veinte añitos. Ocurrió en los Estados Unidos de América. El presidente de la nación era por aquel entonces el señor George H. W. Bush –ya sabéis, “el buen padre” que zurraba al muchacho por las borracheras que se agarraba en Yale y así lo marcó cuando llegó a ocupar su puesto en la Casa Blanca–. El lugar de los hechos fue un sitio querido, deseado y admirado por mucha gente, la ciudad de Los Ángeles. El hecho, un abuso de autoridad en toda regla. El nombre: Rodney King. King era un afroamericano que tenía la libertad condicional ganada a pulso a causa de un robo en el pasado, uno de esos tipos a los que los policías gustan tachar de sospechosos habituales. El tipo iba a gran velocidad por Lake View Terrace, lugar en el que dos policías le pararon. No está muy clara la conversación, pero los dos agentes básicamente la emprendieron a golpes con King por supuesta “resistencia a la autoridad”, y como es natural, al verse tan desbordados, pidieron refuerzos. Otros dos chicos de azul aparecieron en la escena de los hechos y continuaron la fiesta –y el repaso con las porras, todo sea dicho. Un vecino del lugar lo grabó todo; el asunto dio la vuelta a la ciudad y a la noche siguiente apareció en todos los noticiarios de la noche. El jefe de policía y el alcalde convocaron un Gran Jurado por la brutalidad de los cuatro agentes mientras la figura de King pasaba a ser un nuevo mártir, incluso llegó a oídos del presidente Bush, a quien no gustó demasiado el problema de cara a la galería. Poco a poco, los tiempos fueron pasando y llegó el día del veredicto del jurado elegido en su mayoría entre la gente del Valle de San Fernando, todos blancos y latinos. Los cuatro agentes del Departamento de Policía de Los Ángeles fueron absueltos de casi todos los cargos que se les imputaban a excepción de un cargo menor. Asuntos Internos se lavó las manos y la Brigada de Régimen Disciplinario del Parker Center –la antigua Jefatura Central del DPLA– tuvo que darse con un canto en los dientes para conformarse con el pequeño correctivo que les dieron a los cuatro patrulleros –tres blancos y un latino–. ¿Conclusión del conflicto? Se prendió la chispa que hizo saltar un polvorín llamado los Disturbios de Los Ángeles de 1992. Durante seis días, el distrito South de Los Ángeles se convirtió en un campo de batalla, los pandilleros negros y latinos se aliaron para llevar a cabo pillajes, asaltos, robos con violencia e incluso asaltos. Todos los comercios de Koreatown fueron asediados de un modo espectacular y realmente violento por las pandillas de jóvenes negros. El segundo día de los asedios en la parte sur de la ciudad un grupo de jóvenes negros le dieron una brutal paliza a un camionero blanco llamado Reginald Denny como “ajuste de cuentas” por lo de King; cada coche patrulla que se acercaba a las avenidas entre Florence y Normandie era tiroteado o apedreado desde lejos. El jefe de policía Daryl Gates –decían las malas lenguas que era un consumado racista, por cierto–, concordó con el alcalde Bradley la idea de pedir ayuda al gobernador para que este hablara personalmente con el presidente Bush. El tercer día de los disturbios se mandaron a miles de miembros de la guardia estatal, para tener una autoridad federal en las calles, y al día siguiente acamparon unos cuatro mil soldados –muchos de ellos marines de combate veteranos del Golfo– en Camp Pendleton y Fort Ord. El quinto día las cosas comenzaron a ir mejor y el sexto, abrieron las escuelas, los bancos y los pequeños y medianos negocios en

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general. Aunque los disturbios duraron una semana exactamente, las cosas no fueron las mismas desde entonces, y siempre que un ciudadano de la dorada L.A. recuerda el nombre de Rodney King, ese nombre viene de la mano de las palabras racismo e intolerancia. No digo que el fulano no fuera borracho o con sustancias alucinógenas en el cuerpo, no, simplemente digo que de ese modo NO se puede actuar y aplicar la justicia. Si nadie vigila a los vigilantes ¿qué será de nosotros? La intolerancia ha provocado grandes males en el mundo a lo largo de la historia, como con este caso práctico se demuestra. Con esto quiero concluir que mientras no sepamos ni comprendamos el término y la esencia de dicha palabreja, por muchos avances científicos, por muchos descubrimientos, leyes, libros y conquistas que hagamos en cada campo del arte, de la ciencia, de la investigación y de la sociedad, seguiremos siendo lo que hemos sido hasta ahora los seres humanos: eternamente imbéciles.

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NUE TRA STRO GOS S Por Rick Deckard, El Especialista Mike y David DIAB CON EL LO

Lazos y cazas

Pensarán muchos, cuando lean esto, que el título en sí del artículo ‒dejando al margen la columna, gente‒ es de lo más chocante. No les culpo, yo también lo he pensado en más de una ocasión, incluso cuando comencé a escribirlo. Para comprender las entrañas del texto, sea en una novela, un cuento, una mini-obra de teatro, una sátira, un folletín o incluso una poesía rococó, hay que comprender la imagen de ese texto. Hay que detenerse a inspeccionar el terreno, el título. Lazos y cazas… ¿Por qué los lazos y las cazas? Más adelante nos daremos cuenta; ahora pensemos en la unión, pues todo, absolutamente todo, está conectado. ¿No se caza en muchas ocasiones tirando el lazo? En la pregunta está la respuesta. Todo se encuentra en sintonía, incluso los dos tipos que escriben esta rareza en este número de esta nueva y peculiar columna. Incluso ellos, señoras y señores. Cuando les propuse a Soniarod y a EspecialistaMike la idea de crear una columna dedicada a las películas de culto, pensé en una sección propia y personal para Especialista, dada su maestría en lenguaje y temática de esta clase de cine. Mi sorpresa fue mayúscula cuando Sonia y el hombre me dijeron que yo podría echar una manita en una serie de artículos dedicados exclusivamente a las Cult Movies; escribir sobre ese género. Pensé: ‘Joder, por mí, encantado’; yo pienso que en la escritura, para poder mejorar cada día un poquito más, hay que aprender con renovación y depuración de la técnica. Además, y como él me dijo hace tiempo, cuatro manos en un trabajo así, hacen más que dos. Aun así, no creo que él necesite demasiada ayuda en esto, pues el trabajo de un servidor aquí es secundario, y él es el auténtico maestro. Al menos en este género. De todas formas, los lazos serán lanzados y la caza comenzará. Que empiece la fiesta, y cuando tú digas, Mike… En efecto, Rick, la oportunidad del momento, unido a nuestra común afición al séptimo arte y el aliento de nuestra jefa ha propiciado que el lazo de la cercanía entre camaradas nos tenga bien agarrados por la cintura y nos dirija hacia una colaboración necesaria a estas alturas de la película. Porque todos conocéis ya a Rick y tenéis presente que un tipo con su archivo cinéfilo mental y sus siempre interesantes y aleccionadores puntos de vista, tiene que compartir su conocimiento y verter su saber de alguna forma en este mundo que se ha movido y que lo sigue haciendo a un ritmo vertiginoso. Es por eso que estos dos tipos, de nombres Rick y Mike (y aunque parezca mentira, no nos esperan Sandy y Patty subidas en un Chevy Impala con un batido de fresa…) se enfrentan juntos a una serie de artículos para desmenuzar de alguna forma y extraer la esencia de un buen puñado de cult movies. Y es hora de que personalicemos y bañemos de cercanía el término cult movie o, en el idioma de Cervantes, película de culto. Y es que el culto, la devoción o la admiración son algo personal, de un hondo calado y cierto recogimiento, y cualquier película puede y debe ser una cult movie, más allá de las elegidas por antonomasia. Y qué mejor compañero de viaje al centro del alma cinéfila del mundo que Rick, que un par de párrafos más arriba se definía como secundario, cuando todos sabemos que ostenta un papel principal en la historia. Donde pone el ojo, pone el lazo, y creo que ya ha caído la primera, así que amigo, tira bien fuerte y veamos qué has cazado para abrir boca… Vamos a por ello, Mike. En su día tuve varias películas candidatas para que comentáramos en esta particular columna, y tras pensarlo seriamente, creí que lo mejor podría ser dedicarse de pleno a un film en el cual se mezclaran géneros. Tanto Mike como yo somos partidarios del cine clásico, y, además de eso, a ambos nos llaman la atención aquí ÉL es el maestro, que nadie se equivoque‒ las repetidas películas de culto. Al final decidí que hiciéramos nuestro homenaje

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a un director clásico del terror, el legendario John Carpenter. El film a elegir: Vampiros. La mezcla en Vampiros ya está servida al comienzo de la película. La historia es bien simple: Un estrafalario y macarra aunque honrado grupo de cazadores de vampiros se dedica a ir de caserón en caserón “limpiando” nidos de chupa-sangres en México. Les cortan la cabeza, les clavan estacas, les achicharran sacándoles a la luz, todo perfecto. Sin embargo, después de su última cacería, la cosa no acaba bien. El vampiro “padre” o “líder” del último grupo que cazaron, Valek un perfecto Thomas Ian Griffith les tiende una trampa de las gordas a los expertos cazadores, y de dicha trampa solo consiguen escaparse dos miembros del grupo. Más adelante se les unirá otro joven cazador con sotana y alzacuellos. Igual que un William Holden crepuscular en Grupo Salvaje, un fantástico James Woods para muchos, éste es uno de sus mejores papeles junto con los de Salvador, Fantasmas del Pasado o incluso en El Golpe Perfecto hace el papel del irónico aunque sincero y veterano exterminador de vampiros, Jack Crow. Al lado del personaje de Crow está su viejo amigo y compañero cazador de toda la vida, Montoya, un actor que, aunque se mantenga en segundo plano, tal vez por eso de ser el “peor” de sus hermanos actuando, siempre aporta fiabilidad a un film, Daniel Baldwin, cuya redención es digna de comparación con la de Dean Martin en Río Bravo, gracias a su papel como el magnífico ayudante de sheriff que se pasaba la mitad del tiempo borracho y con temblores de abstinencia. Los lazos entre ambos hombres se ven de principio a fin. Al principio los vemos tras su fea discusión después de la masacre del motel ¿a quién le gusta ver a dos buenos amigos peleándose? A mí no, a la mitad los vemos cuando ambos piensan en qué hacer con la bella Katrina, a quien Valek ha convertido en vampiro una arrebatadora Sheryl Lee, y al final los vemos en esa particular forma de darse la mano y desearse buena suerte en el camino: ‘Qué Dios te acompañe, amigo mío’. El personaje de Montoya es creyente, y aunque Crow y los otros cazadores no lo son, saben que Dios existe pero no lo comprenden. Crow guarda en su interior un horrible trauma que le revela al joven padre Guiteau Tim Guinee, un chupatintas del Vaticano que parece saber absolutamente toda la teoría pero nada de práctica, y al cual Crow decide “educar” y enseñar todo lo que sabe. De este modo los lazos también se ven presentes cuando el director pretende emular el espíritu de Henry Fonda con Anthony Perkins en Cazador de Forajidos o incluso el de John Wayne con James Caan en El Dorado. Y siendo más papistas que el Papa, y siguiendo por los derroteros del “Far West”, esa clase de conexión también se podría ver presente en Encubridora de Fritz Lang, aunque la clara diferencia ahí de la relación entre “alumno pistolero” y “maestro pistolero” véase a Arthur Kennedy y a Mel Ferrer es la mujer que hay de por medio, la eterna Marlene Dietrich. Por supuesto, no creo que Carpenter quisiera asemejar el papel de la Dietrich con el de su musa personal en el film de Vampiros, Sheryl Lee. Es cierto que Sheryl Lee es una “Femme Fatale”, pero yo creo que intenta parecerse más a una Lana Turner o a una Lauren Bacall adaptada a los años noventa. En cuanto a la corrupción de la bondad, se ve presente, más que en la mujer, en los hombres poderosos. Véase en el caso del Cardenal Alba, el genial actor alemán Maximilian Schell, uno de los principales protagonistas de aquel peliculón dramático sobre los juicios de Nuremberg titulado Vencedores o Vencidos, cuyos complots e injurias sobre el poder divino de la sangre le convierten en un bicho peor que cualquier vampiro de los que Crow juró eliminar cuando se convirtió en maestro exterminador; véase en el caso del propio Valek, el cual es un vago y muy lejano retazo de la torturada alma del vampiro clásico por excelencia llevado al cine en mil y un ocasiones: el conde Drácula. Y ahora me despido con una última cita para dejaros con un especialista de los que controla qué terreno ha de pisar cada momento en esta clase de películas, y al cual no debe de arrimarse ni en broma… ‘Quien hace una bestia de sí

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mismo se libera del dolor de ser un hombre’. Por cierto, la cita no es mía, es de una “abominación” llamada Miedo y Asco en las Vegas, y sí, es otra película de culto basada en la obra cumbre del periodismo Gonzo. Lo siento, me gusta escribir mis propias historias, pero echar el lazo a citas ajenas. Así de cabrón soy, qué le vamos a hacer. Os dejo con un maestro. Mike, todo tuyo, y dales caña, socio. Buah, Rick, tremenda película a la que le has echado el lazo: ni más ni menos que Vampiros, dirigida por el maestro Carpenter y basada en la novela de John Steakley titulada Vampire$ (sí, con el símbolo del dólar al final…), y todo un homenaje al western, su género favorito, pero con el toque justo de film de terror rozando la serie B, al que el bueno de John nos tiene acostumbrados. Todo un acierto, camarada… Cuando me pongo a pensar en esta película, lo primero que ocupa mi mente es un velo rojo que todo lo inunda. Evidentemente, rojo como la sangre, abundante en toda historia de vampiros que se precie (no como estamos contemplando últimamente con alguna que otra aberración que agrede directamente al núcleo de todo un subgénero), hasta el punto de que ese espeso fluido constituye el alimento y leitmotiv de todo vampiro, formando una dupla inseparable. Rojo sangre, sí, pero también ese tono rojizo que inunda el horizonte mientras el sol se pone, bañando con cálidos tonos tantos y tantos duelos de los que hemos sido testigos a lo largo de la historia del western. En Vampiros, de John Carpenter (así reza el título al completo) contamos con el enfrentamiento de dos bandos, aspecto que tú mismo, Rick, has expuesto de forma inmejorable apenas unos párrafos atrás. Vampiros centenarios y ese “grupo salvaje” de cazadores lucharán a muerte, unos por dinero, otros por sobrevivir, y ambos por venganza, en un escenario desértico en un pueblo del oeste americano. Puro western por los cuatro costados. Por un lado, los monstruos sedientos de sangre con Valek a la cabeza, no son más que asesinos despiadados que desprecian la vida de aquellos humanos que les alimentan con su sangre, a la vez que disfrutan con las carnicerías que provocan a su paso. En esta película Carpenter despoja a las criaturas de la noche de todo rasgo romántico que hayamos podido observar en filmes anteriores como el propio Drácula de Francis Ford Coppola, donde la elegancia acompañaba en todo momento al carismático vampiro, y los convierte en seres ávidos de sangre y de muerte, brutales y más cercanos a la definición de bestia que a la de humano. En esto coincide con la reciente 30 Días de Oscuridad de David Slade, film oscuro donde los vampiros matan brutalmente y arrasan sin piedad a todo un pueblo a su paso. Ya lo avisa Jack Crow (¡qué buen personaje!, ¿verdad, Rick?) cuando mantiene una pequeña charla con el padre Guiteau (Tim Guinee): «Olvídese de lo que haya visto en películas. Los vampiros no son para nada románticos. No tienen unos modales ceremoniosos. No hablan con acentos exóticos. No se transforman en murciélagos. Las cruces y los ajos no les producen ningún efecto. No duermen en ataúdes de terciopelo. No son homosexuales...» ¡¡Ah!! Si echara un vistazo al triste panorama actual y se topara de lleno con esos vampiros que apenas ansían la sangre humana, esos que acuden en grupo al instituto, van de compras y, agárrate los machos, Crow, ¡¡brillan a la luz del sol!! Está claro que algo no funciona (quizás en la literatura, quizás en el cine, o incuso quizás en el propio espectador) cuando las salas de cine se llenan para ver crepúsculos, lunas nuevas y eclipses. A un ocaso es a lo que asistimos sin remisión: al ocaso del cine de calidad, señoras y señores. Pero hablábamos de bandos, y el de los humanos, con el ya mencionado Crow a la cabeza, no le anda a la zaga al de los nomuertos. Mercenarios fríos, duros y sin escrúpulos que hacen su trabajo solamente movidos por el vil metal. Atrás quedan los tiempos de Van Helsing, ese ilustre y galante cazador de vampiros que ejecutaba su labor impulsado por el afán de hacer el bien en un principio, aunque posteriormente la venganza acabara sirviéndole de motor. Estos cazadores de vampiros, pagados por el mismísimo Vaticano (¡toma crítica eclesiástica del señor Carpenter!) llegan, cumplen con brutalidad su trabajo regodeándose en la tortura y el sufrimiento, cobran y se largan. Y para más señas, se largan de borrachera y de putas, con lo que queda bastante clara su estofa en esta historia.

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Son esos sentimientos insanos como el odio, la codicia y sobre todo la venganza, los que bailan de un bando a otro, quedando ambos grupos reducidos al final a simples y meras bestias sin sentimientos (apenas los mostrados, como Rick ha apuntado muy bien, entre Katrina y Montoya…), pero rebosantes de miseria y violencia, capaces de las mayores atrocidades con tal de lograr su objetivo. Ante este panorama tan descorazonador, donde los humanos comparten el gusto por el derramamiento de sangre con aquellos monstruos a los que cazan, ¿qué nos queda? Que Rick nos asista. Poca protección puede servidor brindar entre tantas gilipolleces y mariconadas que nos inundan y fastidian el día a día, Mike. Ya no queda respeto ni fe en algo digno a seguir. Los buenos momentos se fueron por la taza del retrete y no volvieron jamás... Se ve que poco a poco se han ido perdiendo los valores, las reglas de conducta. Porque como bien saben todos los malnacidos y la calaña buena o no tan buena del cine de perdedores y antihéroes por excelencia ‒no sólo en el joven sino también en el antiguo, como bien saben tanto Crow como Pike, Craig Belden, Cole Thornton, Ben Wade, Snake Plissken, el Señor Blanco, Seth Gecko, Carlito Brigante, Neil McCauley, Harry Callahan, Dean Keaton o Vito Corleone, incluso ELLOS tienen mandamientos interpuestos. Incluso ellos tienen honor y normas, aunque sean cazadores de vampiros, pistoleros de alquiler, ex narcos de la droga, mafiosos de la Cosa Nostra, ladrones de bancos y diligencias, fugitivos futuristas, ex polis corruptos o polis demasiado violentos para regirse por un código departamental, siempre hay normas. Por encima de todo, siempre. Y, frente a la hipocresía y la desesperación, Mike, te confieso a ti y a todos los demás que ahora están leyendo esta columna, que nos queda el recuerdo. El recuerdo de dichas normas y dichos mandamientos. Dormid bien, chicas y chicos. Recordad que en este mundo ni todos los hijos de puta han de ir con colmillos y trajes oscuros, ni todos los de corazón noble tienen por qué ser radiantes y pulcros. Yo me voy a tomar unas cañas con un viejo amigo. P.D: Mike, culmina el trabajo. Te espero en el bar... Qué gran verdad, Rick. El mundo del cine parece haber entrado sin remisión en una tremenda espiral que deja fuera la originalidad, la creatividad y el buen gusto, y hoy día tiene como prioridad ver las salas de cine, otrora templos del séptimo arte, llenas a rebosar de adolescentes que destilan un torrente de hormonas y se arrastran a los pies de los directores y guionistas de moda mendigando su ración mensual de cuerpos apolíneos y torsos desnudos, sin importar que ello conlleve patear, maltratar y apalear los valores y mecanismos que elevaron al cine a la categoría de arte. Max Schreck y Bela Lugosi se retuercen en sus tumbas mientras asisten atónitos al desmoronamiento del elegante y embriagador status que un monstruo legendario del cine como el vampiro, abanderado del género de terror, alcanzó a lo largo de numerosos años de trabajo y buen hacer por parte de estos dos pioneros, y Christopher Lee y Gary Oldman (responsables del gran auge del personaje de Drácula durante la década de los `60 y `70 , y de su resurgimiento en 1992 con la película de Coppola, respectivamente) no pueden más que alzar su copa de vino, brindar por los viejos tiempos, y dar la espalda a la parodia del personaje que nos pretenden colocar a toda costa. Nosotros mismos haremos bien en seguir sus pasos y alejarnos del canon vampírico actual, ridiculizado y modelado al antojo de una horda de púberes que disfrutan boquiabiertos como lo que son, niños, cuando Eduardo I de Forks, alias Edward el Ñoño, también conocido como Edward Cullen, brilla al sol bañado en purpurina. Nos ha jodido… P.D: Rick, vete pidiéndome un trago. Algo fuerte, por favor. Lo necesito…

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Ouija

AULLIDOS DE MEDIANOCHE

Por Hinata

Yo era muy pequeña cuando oí por primera vez la palabra ouija. Fue en la calle, cerca de una tienda de golosinas y prensa del corazón. Donde también vendían tableros ouija a cualquier tipo de público, sin preguntar en ningún momento nada de nada, al igual que si vendiera un chicle de menta poleo.  Al llegar a los oídos de mi madre que muchos niños de edades no muy avanzadas (13 años) habían llevado al colegio el tablero en la mochila, y que en el tiempo de recreo y descanso se juntaban grupos de edades parecidas en servicios y sitios más cerrados para intentar «jugar» con ella, mi madre como madre que es, me advirtió de su peligro; peligro en el que hoy en día sigo creyendo.  Días después de que mi madre me avisara, me enteré, por madres y niños del colegio donde yo iba, que las sesiones que habían tenido lugar en los baños públicos habían dejado secuelas en los participantes que la utilizaron. Ahora mismo vienen a mi mente tres ejemplos que os voy a relatar.  El primer caso fue de un chaval que no volvió a pasar a aquellos baños solo; porque decía que cada vez que pasaba veía sombras terroríficas. El segundo caso le ocurrió a una chica, que contaba que su cama se movía por la noche, llegando a decir que solo podía dormir en casa de sus abuelos, y el tercer caso le ocurrió a una persona que no llegó a estar en la sesión de ouija, y era el conserje del colegio. Este señor tenía su casa detrás del colegio de los pequeños, y una noche de verano, empezó a oír ruidos. Esos ruidos no cesaban y salió de su casa para ver lo que ocurría. Anduvo hasta los aseos, y dicen que vio cómo las puertas de los tres baños pequeños se abrían y cerraban sin parar junto con las luces de la estancia. Hoy en día todavía oigo esas mismas historias

en

ese

mismo

colegio. 

He leído en muchos artículos de periódicos nacionales, que esto de la ouija es una tontería, que solo les ocurren o pasan cosas «raras» a personas que son más susceptibles o sensibles que otras. Yo en primera persona me gustaría preguntarle a Robbie Mannheim. Este chaval tenía 14 años cuando jugó con la ouija, porque quería comunicarse con su tía ya fallecida...a partir de aquí crearon el exorcista.  Sí, era un niño, y le realizaron tres exorcismo en tres lugares diferentes, dejando en su cuerpo grandes heridas y produciendo otras tantas al padre que ayudó que el demonio se fuera del cuerpo de un niño tan pequeño.  Sin embargo, lo que me ha llamado mucho la atención, y sobre todo creo que se la llamará más a los

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incrédulos, es la llamada «Operacion Often» Esta operación fue fundada en 1969 por la central de inteligencia norteamericana (C.I.A) Consistía en crear una oficina de ocultismo. El Dr. Ewen Cameron fue un psiquiatra escocés, graduado en la Universidad de Glasgow en 1924. Fue presidente de la Asociación Americana de Psiquiatría, de la Asociación Canadiense de Psiquiatría y de la Asociación Mundial de la Psiquiatría. Ewen podría considerarse uno de los padres del control mental por medio de la tortura. Tras haberse encargado del proyecto MK.ULTRA, se encargó de que este proyecto siguiera adelante con la colaboración de altos cargos de la C.I.A.  Empiezan con un presupuesto de 50.000 dólares, y pretenden y desean conseguir información a través de las fuerzas oscuras, y crear un nuevo tipo de ser humano a través de la mente.  Uno de sus primeros pasos fue ponerse en contacto con la archidiócesis en 1972. En aquel entonces tenían cuatro exorcistas disponibles en la ciudad, pero al no ser revelado para qué los iban a necesitar, denegaron su disponibilidad para tal proyecto. Después de la negación de los exorcistas se pusieron en contacto con la bruja más famosa de los Estados Unidos: Sybil Leek. Es una de los propulsores de la ouija, llegando a hacer aquelarre con otros brujos, dando información a altos cargo de la C.I.A. Este proyecto se cerró porque se pedía un presupuesto de 20.000.000 de dólares para seguir manteniéndolo en pie, pero al ver que no daba los resultados obtenidos, los altos cargos dieron carpetazo al asunto, y todo se quedó en el submundo de los perdidos, donde las torturas y documentos del ser humano se quedan en el olvido, como todo el pasado suicida, como las historias más ficticias de Julio Verne; en una carpeta, como si no hubiera pasado. La sociedad es así de falta de memoria para el pasado.  La ouija no es un juego, y afecta tanto a sensibles como a fuertes. Y es un instrumento peligroso desde tiempos inmemorables. Yo solo aviso, y el que avisa no es traidor.

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Poetas malditos Por Sombra Paul Verlaine escribió: «Los poetas malditos son un grupo de escritores simbolistas que incorporaron el mal como esencia del hombre mismo y lo reflejaron en sus poesías...» Aquí pongo un ejemplo de estos poetas de su vida y obra. 

Edgar Allan Poe  Era la medianoche, en junio, tibia, bruna.  Yo estaba bajo un rayo de la mística luna,  Que de su blanco disco como un encantamiento  Vertía sobre el valle un vapor soñoliento.  Dormitaba en las tumbas el romero fragante,  Y al lago se inclinaba el lirio agonizante,  Y envueltas en la niebla en el ropaje acuoso,  Las ruinas descansaban en vetusto reposo.  ¡Mirad! También el lago semejante al Leteo,  Dormita entre las sombras con lento cabeceo,  Y del sopor consciente despertarse no quiere  Para el mundo que en torno lánguidamente muere. Ni que decir tiene que este poema es de Allan Poe. Uno de los poetas malditos. Uno de los mejores poetas de su género, pero con una historia tras de sí que si hoy día hiciesen una película con su vida, nadie nos la creeríamos. «Cosas del cine» diríamos... Tras morir sus padres, unos actores itinerantes, fue adoptado por una familia, digamos, con poder adquisitivo. El padre un rico comerciante, la madre un ama de casa que le dio todo el cariño que pudo. Pero de nada le valió eso. Mal estudiante, borracho, drogadicto. Trabajó como periodista, se alistó en el ejército y fue expulsado. Pasó de tenerlo todo a no tener nada. Como se ve, todo un “angelito». Por fin consigue un trabajo en Southern Literary Messenger, del cual consigue malvivir, y se casa en secreto con su prima, que por entonces era menor de edad, y subió un poco su popularidad, hasta que muere su esposa y ya su decadencia no tuvo límites. Las alucinaciones y la bebida fueron ya sus compañeras de viaje. Catorce años después de enviudar se casó con un antiguo amor de juventud y no se supo nada más de él hasta que un día se le vio por la calle deambulando y delirando, muriendo cuatro días después... Una pena de vida para alguien que escribió: Los Crímenes de la Calle Morgue, Balada Nupcial, El Cuervo, El Valle de la Inquietud, La Durmiente, Las Campanas, entre otros muchos poemas.

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Charles Baudelaire  Ella estaba desnuda, y, sabiendo mis gustos,  Solo había conservado las sonoras alhajas  Cuyas preseas le otorgan el aire vencedor  Que las esclavas moras tienen en días fastos.  Cuando en el aire lanza su sonido burlón  Ese mundo radiante de pedrería y metal  Me sumerge en el éxtasis; yo amo con frenesí  Las Cosas en que se une el sonido a la luz.  Ella estaba tendida y se dejaba amar,  Sonriendo de dicha desde el alto diván  A mi pasión profunda y lenta como el mar  Que ascendía hasta ella como hacia su cantil. Precioso poema de Charles Baudelaire, poeta, traductor, crítico francés; otro de los poetas malditos. Poeta que, como Poe, llevó una vida en la que las drogas y el alcohol eran sus compañeros de viaje. Vidas paralelas, a los dos los crió un padre que no era su padre biológico; a los dos todo lo que emprendían les salía mal por sus excesos y mala cabeza, y los dos, unos poetas increíbles. Muere por causa de la sífilis, que le hace sufrir una parálisis. Su madre le trasladó a una clínica de París donde murió al año de ser ingresado.  Antonin Artaud.  Allí donde huele a mierda  huele a ser.  El hombre hubiera podido muy bien no cagar,  no abrir el bolsillo anal,  pero eligió cagar  como hubiera elegido vivir  en vez de aceptar vivir muerto.  Para no hacer caca,  tendría que haber consentido  no ser,  sin embargo, no se decidió a perder  el ser,  es decir, a morir viviendo.  Hay en la existencia  algo particularmente tentador  para el hombre  y ese algo es  LA CACA. La Búsqueda de la Fecalidad, poema de Antonin Artud, para mí, poeta maldito por excedencia. Poeta, dramaturgo y actor francés, creador del estilo del teatro de la crueldad. Tuvo una infancia difícil marcada por problemas de salud mental, lo que le hizo estar ingresado en sanatorios mentales en varias ocasiones. Vida difícil la de este poeta, sufre varias crisis depresivas lo que le hace ser un fanático religioso, lo que no le impidió trabajar como

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actor, escribir obras teatrales y ser creador de un estilo de teatro. Después de pasar varios años en reclusión psiquiátrica, publica el ensayo «Van Gogh, le suicidé de la Société» (1947), galardonado al año siguiente con el Prix Saint-Beuve. En 1948, estando en un asilo, muere víctima de cáncer. Una pena de vida de un hombre brillante. Estos son solo tres de los poetas malditos; por supuesto que hay más, pero estos son un ejemplo de hombres con un ingenio y una mente fuera de lo normal, pero una vida desastrosa. Es una pena que en algunos casos no vayan mente y vida unidos.  Actualmente hay poetas muy buenos, poetas del alma, poetas que han tomado el relevo de aquellos otros poetas que nos han hecho soñar y que, a pesar de la vida que llevaron, su poesía nos ha enamorado, emocionado y, muchas veces, nos ha hecho desear tener la pluma que ellos tenían... Yo soy una simple aficionada, puedo decir sin pudor que se me cae la baba cada vez que leo un poema de estos «poetas malditos» y sé que esta poesía que pongo de mi puño es una simple bufonada a su lado, pero es un pequeño homenaje a esa gente que a pesar de la vida que llevaron su legado queda para hacernos soñar.  MALDITA MUERTE Muerte cruel y traicionera.  Yo aquí luchando te espero  maldito ser carroñero  que de noche y en silencio  robaste lo que más quiero.  Maldita seas mil veces  y si por verte yo tengo  que bajar a los infiernos  allí te veré frente a frente.  Él era toda mi vida,  maldita vieja podrida.  Él rebosaba alegría  de vida y de energía.  Más tú, pobre envidiosa,  maloliente y celosa,  tu hoz maldita afilaste  viste como me amaba  y su vida tú segaste.  Ten presente lo que digo:  yo te veré cara a cara  y con mis puños desnudos  yo te daré tu castigo.  Y si en el infierno nos vemos  allí juro y mantengo  que tú pagarás con creces  todo el daño que me has hecho. 

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Una guitarra es como una mujer

¿SABES? TIENEN UN GRUPO DE LA LECHE

Por Ivangor

John esperaba impaciente sentado en el banco. Hacía 20 minutos que se encontraba allí y pensaba que todo aquello era una locura. El cielo hacía rato que tenía esos tonos oscuros que preceden la caída de la noche, y John miraba a un lado y al otro de la avenida, esperando a que llegara el desconocido. Tenía que escribir un artículo para la revista en la que trabajaba. El tema del artículo: “Los inicios del Rock”. Genial; a él no le gustaba la música y no tenía ni idea de eso. Ni tampoco le interesaba. Aguardaba que algún día le asignaran algo interesante, algún suceso impactante o alguna noticia de las que solo gustan a ese tipo de público al que no le atraen las noticias cotidianas. Algo como lo que se publica en el Inside View, por ejemplo. Pero nada, por ahora solo le habían adjudicado cubrir una reunión de jubilados con motivo del 30º aniversario de la biblioteca local, informar sobre un concurso de belleza para perros y cosas por el estilo. Y ahora esto. ¿A quién le interesaba esa música ruidosa? A él no. Por eso había intentado que le cambiaran el tema, pero no tuvo suerte. Sin embargo, un compañero le había dicho que él podía ponerle en contacto con un hombre que sabía mucho de eso y que le facilitaría mucho las cosas. “Te lo dará todo hecho”, le había dicho. Así que accedió, todo fuera por quitarse este artículo de encima lo más rápido posible y con el menor tiempo invertido. Su amigo le había dicho que hablaría con el tipo, que era un tanto raro, algo excéntrico, pero del que podría sacar mucha información. Dos horas más tarde le había conseguido una cita con él en la avenida principal. Le dijo que le aguardara en un banco y que él llegaría a partir de las ocho de la tarde. Parecía que fuera a hablar con un confidente sobre un espinoso asunto oculto del gobierno y no con un chiflado sobre una música pasada de moda. Estaba revisando distraídamente su grabadora cuando unas luces iluminaron la calzada. John levantó la cabeza y vio que era un camión, no su hombre. El camión pasó haciendo un estrepitoso ruido y un coche se paró a su altura. No había visto que detrás del camión hubiera alguien más, el remolque le había ocultado aquel gran coche rojo y blanco. John se levantó casi como un resorte y saludó con la mano. El hombre le hizo señas para que subiera. John titubeó y al final abrió la puerta del copiloto. Total, lo mejor era entrevistar a ese tipo raro y acabar con aquello cuanto antes. El hedor que salió del coche al abrir la puerta le resultó espantoso y arrugó la nariz. Aun así, se sentó en el asiento, casi arrepintiéndose de todo aquello. — Buenas noches –saludó-. Soy John Porthman, ¿y usted es…? — Hola, sí, te conozco. Me han hablado de ti antes de venir, por eso te he reconocido. Así que quieres que te hable de los inicios del Rock. — Si es usted tan amable… — Creo que has dado con el hombre adecuado, chico. El hombre acarició suavemente el volante forrado en piel y arrancó. Con un rápido movimiento de mano encendió la radio, que escupió un enérgico rock and roll. — ¿Le importa que encienda la grabadora? –inquirió John. — ¡Oh, por supuesto que no, muchacho! ¿Ya no se lleva lo de tomar apuntes a mano? — Bueno, supongo que cada uno usa sus métodos. Dígame, ¿cómo empezó el rock? –y encendió la grabadora. — Una pregunta demasiado general, muchacho, pero intentaré responderte lo mejor que pueda. ¿Listo para comenzar el viaje? Bien, agárrate fuerte.

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El hombre aferró el volante con fuerza y pisó el acelerador. El viejo cacharro aumentaba poco a poco su velocidad. «— Bueno, todo empezó allá por los años 50. No sabría decirte un año en concreto. Supongo que no hay una fecha en particular o un día exacto, aunque seguro que alguno se empeñará en ponerle hasta una hora. Pero creo que esto no es como decir cuándo empieza un programa de televisión. »Eran tiempos complicados. Yo los viví, muchacho, y espero que no te toque vivir algo similar. Todavía era más joven que tú cuando todas las piezas del puzzle comenzaron a unirse. Había mucha música y ganas de rebeldía. El blues, el gospel, la música negra en general y cualquier cosa que sonara en los bares. Los jóvenes la devorábamos con ganas, pero algunos queríamos más. Queríamos ser libres o, por lo menos, sentirnos libres, alejarnos de todo aquel ambiente establecido. »Entonces surgió. Empezaron a sonar canciones que ofrecían algo distinto, algo alegre y divertido. Un ritmo ágil que hacía que los pies se te movieran. Oh, sí, chico, era algo fantástico. Todos nos lanzábamos a bailar, incluso las chicas… ¡qué diablos! era una excusa genial para acercarnos a ellas. Un montón de nombres como Jerry Lee Lewis, Bill Haley, Little Richard, Bo Didley, Gene Vincent, Eddie Cochran, Buddy Holly, Ritchie Valens y, como no, Elvis Presley. ¡Y algunos de ellos hasta eran negros y triunfaron en aquellos años! Era imposible de imaginar, muchacho, te lo aseguro. Y todavía hubieron más, era una riqueza musical increíble, los artistas salían de debajo de las piedras y todos ellos nos hacían vibrar y, sin exagerar, hicieron historia en la música. »Quizá no te suenen algunos de ellos. Es normal, eres muy joven, chico. Pero seguro que te sonarían algunas de sus canciones si te las pusiera. Son himnos inmortales que actualmente parecen anclados en una especie de “inconsciente colectivo musical” –soltó una estridente carcajada. John seguía callado con la grabadora en la mano. Aquel hombre miraba al frente como sumido en un trance, con ojos soñadores. »—“Great Balls of Fire”, de Jerry Lee Lewis, por ejemplo. Nunca pensé que un piano pudiera usarse para tocar otra cosa que no fuera música clásica o en los cabarets de las películas del oeste –volvió a reír– Pero ese hombre aporreaba su piano con frenesí, como si le fuera la vida en ello. Y, ¿sabes? Hacía que te movieras. ¡Vaya si nos movíamos! O Johnny B. Goode de Chuck Berry, seguro que conoces el estribillo “Go, go, go Johnny go, go, Johnny B. Goode” -cantó mientras palmeaba el volante- es genial, esa canción te hace vibrar y habla justamente de cómo eran muchos jóvenes de aquella época. Quizá no sabían leer ni escribir, pero tocaban la guitarra como los ángeles y con eso tenían suficiente. Aún te diré más sobre Chuck Berry. Estoy convencido de que habrás visto mil veces a un guitarrista vestido de colegial dando unos saltitos levantando una pierna. Sí, quizá no lo recuerdes pero lo habrás visto. Es Angus Young, guitarrista de AC/DC, una banda de rock más actual. Pues bien, esos saltitos no son suyos, de eso nada, colega, son de Chuck Berry. Él ya los hacía en los 50 cuando tocaba sus solos de guitarra. Angus lo hace como homenaje a uno de los que considera sus maestros. Y aún hay más relaciones entre este artista, y esta canción en particular, con los grupos de música rock más actuales. ¿Te suena Meat Loaf ? Es un grandioso cantante que en los 90 se hizo famosísimo con su tema “I’d do anything for love (but I won’t do that)”, gran título, por cierto. Bueno, da igual si te suena o no – rió. Pues este hombre está en el mundo de la música desde los 70 y en aquellos años tenía Johnny B. Goode en su repertorio y unos años más adelante interpretaba un medley de rock and roll con canciones de Berry, Elvis, etc. Ese cabrón tenía temas propios suficientes para llenar un concierto, pero hacía versiones de estos clásicos. Pero todavía te haré un último apunte relacionado con Chuck Berry y su Johnny B. Goode. Judas Priest, un grupo de Heavy Metal de los más influyentes de todos los tiempos, grabó una versión bien cañera del tema en su disco Ram It Down de 1988. Y todavía podría ponerte más ejemplos. »Y te estarás preguntando, ¿qué coño me está contando este tío de grupos de Heavy y de rock duro? Pues muy sencillo, amigo –giró su cabeza y miró a John a los ojos. Éste sintió un escalofrío–: aquellos artistas de los 50 lo crearon todo. Fueron los cimientos sobre los que, más tarde, construyeron otros. Quizá a primera vista no lo veas muy claro y estés preguntándote qué relación tienen unos tipos con tupé moviendo las caderas a otros con melenas moviendo la cabeza, pero te aseguro, amigo, que sin los primeros no existirían los segundos. »Quizá si no hubieran sido esos los pioneros, hubieran llegado otros, ¿quién sabe? Todo gira como una rueda y no sabes a dónde te lleva. Con el éxito del rock and roll todos los muchachos queríamos ser como ellos. Oh sí, incluso

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nos hubiéramos embadurnado la piel con betún para parecer negros como Little Richard o nos hubiéramos puesto unas estúpidas gafas como las de Buddy Holly… aunque todo ello no nos hubiera traído más que problemas en la universidad con los matones –soltó otra carcajada estridente. Pero lo que hicimos la mayoría fue comprarnos una guitarra. Existían un montón de tiendas de segunda mano y era un instrumento barato y accesible. Nos juntábamos unos cuantos, poníamos los viejos tocadiscos e intentábamos sacar esos sonidos. Todavía puedo escuchar el ruido de la aguja pasando por los surcos de aquellos singles –lanzó un leve suspiro– y también recuerdo lo mal que sonaban nuestros cacharros con sus cuerdas viejas y desafinadas. » ¿Sabes? Una vez escuché una frase muy buena sobre las guitarras. Se la escuché a Keith Richards, guitarrista de los Rolling Stones. Estos seguro que te suenan, son los que se cambian la sangre cada mes –se desternilló de risa como si fuera la ocurrencia más grande del mundo. Bueno, pues este tío me encanta y en una entrevista le oí decir mientras aferraba su guitarra acústica: ‘Las guitarras son como las mujeres. Tienen curvas y depende de cómo las toques te contestarán de una forma u otra. Si las tocas duro, te contestarán de forma potente. Si lo haces suave parecerá que te susurren al oído. Además, también tienen agujero’ –volvió a reír alocadamente. Keith es un cabrón sinvergüenza, pero no le faltaba razón al decir eso. Muchos chicos ven a sus guitarras como sus chicas, quizá porque no tienen a nadie a su lado o porque le dan más cariño a esos cacharros que a lo que de verdad importa. Algo similar le pasa a mucha gente con sus coches. ‘Los coches son chicas’, ¿no suelen decir eso, muchacho? –rió enseñando sus amarillentos dientes. »Llegué a aprender tres acordes. No es mucho, pero te aseguro que con eso ya puedes tocar alguna de esas canciones. ¿A que parece increíble? A mi también me lo parecía, pero lo logré. Los dedos me dolían una barbaridad, pero no dejaba de practicar; yo quería ser como ellos. »Seguramente todos los chicos de aquella época queríamos ser como ellos. Queríamos ser diferentes. Nos hacíamos los duros en la universidad para ganarnos a las chicas, había algunas a las que les gustaba todo ese rollo. En un bolsillo llevábamos una navaja automática y en el otro un paquete de chicles. Quieras o no, seguíamos siendo unos críos, aunque jugáramos a ser hombres malos. Era un poco como el vídeo de Jailhouse Rock de Elvis, algo como decir: “nena, he sido malo y he estado en la cárcel, si te van los tipos duros, has encontrado al más duro de todos”. ‘Tougher Than The Rest’, como diría Bruce Springsteen. Estarás pensando que era una estupidez, pero te aseguro, chico, que todos hemos hecho esas tonterías para conquistar a las chicas. Los tíos vamos de duros, como si no necesitáramos nada en el mundo, pero nos morimos por el beso de una chica guapa, aunque nunca lo lleguemos a admitir. Sin embargo, cuando no tenemos a nadie a nuestro lado, decimos que no nos importa, que nos da igual. Y una mierda. Hasta los más desgraciados necesitan cariño. Te lo digo yo, que soy perro viejo. »Pero no todo eran canciones festivas. También había baladas, preciosas baladas. Otra baza para conquistar a las chicas –sonrió levemente. Cómo olvidar ese Love me tender o Can help falling in love interpretados por Elvis. Las baladas eran cálidas, con ese toque de inocencia de la juventud. Voces susurrantes en la oscuridad. Voces que susurraban en un coche aparcado en las afueras de la ciudad, donde dos amantes se fundían en uno. Y más adelante llegaron las canciones playeras. ¡Los Beach Boys! Cómo olvidarlos, con esas armonías vocales y esas canciones que solo hablaban de surf, playa y chicas. Dios santo, esta gente no quería más que surfear en la playa. ¿Para qué mierdas quiero subirme yo a una tabla que flota en el agua? Pero era una música muy veraniega y alegre. Podías estar aislado en casa por una tormenta de nieve, que te ponías “Surfin’ USA” o “Surfin’ Safari” y creías estar en las playas de California desafiando a las olas en esas ridículas tablas. Bueno, cuando los escucho actualmente pienso más en los vigilantes de la playa –rió– supongo que vamos actualizando nuestras imágenes mentales». El coche frenó de pronto. John salió del ensimismamiento en el que se había sumido. Todas aquellas palabras del viejo, de alguna forma, lo habían acunado y le habían hecho perder la noción del tiempo. Y aquel olor nauseabundo que provenía del coche estaba provocándole arcadas. El hombre se giró hacia él y dijo: — No tienes muy buena cara, muchacho. Ya estaba entrando en los años ’60, iba a hablarte de los Beatles, los Rolling y todo eso, pero quizá no necesites tanto material. Creo que ya he hablado bastante -esgrimió una amarillenta sonrisa. — Sí, creo que tengo bastante material, ha sido usted muy amable –respondió John apresuradamente. Ahora, si le parece bien, podríamos volver a la calle donde nos encontramos.

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— Muchacho, pero si ya estamos en ella –rió con fuerza– Esta juventud… –dijo para sus adentros. John miró asombrado por la ventanilla. Se encontraban en el mismo lugar donde se había subido al coche del desconocido. No se había dado cuenta que habían vuelto. — Bueno, creo que lo que te he contado puede servirte para empezar. Ahora te toca a ti seguir con el trabajo. Y a mí seguir con mi camino. Soy viejo y la humedad de la noche afecta a mis huesos -acarició suavemente el volante con una mirada melancólica. Ojalá tuviera tu edad, chico, ojalá volviera a tenerla. John no sabía qué decir y bajó del coche agradeciendo al hombre su tiempo. El coche volvió a arrancar y John vio como el antiguo y grande coche de color rojo y blanco desaparecía por la carretera. — Una guitarra es como una mujer y los coches son chicas –susurró pensativo. Echó a andar calle abajo cuando se dio cuenta que la grabadora no tenía batería, de hecho no había grabado más que unos minutos. Al parecer se quedó sin batería nada más conectarla. Soltó toda clase de insultos, pero realmente no le preocupó. Tenía muy fresca en su cabeza toda la charla del viejo. “Una guitarra es como una mujer”, pensó sonriente mientras caminaba por la calle de regreso a casa.

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ENTRE LUZ Y OSCURIDAD

SUEÑO

Por Sombra e Hinata

El infierno está entre nosotros. Recordad que si nos portamos bien en la tierra nos esperará la gloria en el donde viviremos eternamente junto a nuestros seres amados. Y el día de nuestra muerte un ángel nos recogerá sus inmensas alas blancas y juntos haremos el viaje más largo y más corto de nuestra única vida; mientras nos por el terreno menos pantanoso sin pasar por el fuego del inmenso infierno, llegando por fin a las puertas del

cielo, entre guían cielo.

Pues ahora os digo que es mentira, todo mentira. Cada noche me hundo en las llamas del infierno, donde sufro dolores continuos, hasta que canta el gallo. Mis ojos se vuelven a abrir al mundo de los vivos, dejándome de nuevo aterrorizado otra noche más... y ya son seis meses así. Son torturas nocturnas; son pesadillas de un futuro próximo donde la escapatoria es seguir viviendo todo el tiempo posible, pero eso a mi edad es un poco imposible. Tengo noventa años, noventa... y tengo miedo, mucho miedo. Toda mi vida me han educado bajo la tutela de la Fe cristiana y casi siempre he sido un buen hombre, he ayudado en la medida de lo posible a todos los míos y al prójimo, pero por lo que percibo cada noche, no ha valido de nada. Voy a ir al infierno, y me quemaré durante toda la eternidad, mientras sufro dolores constantes. A los tres meses de que cada noche me sucedieran tales pesadillas con sus respectivos dolores, llamé a uno de mis hijos para que me pidiera cita y me llevara a uno de los mejores psiquiatras de la ciudad. Necesitaba ayuda y que me escucharan, y nadie mejor que un desconocido experimentado para eso... o eso lo pensé yo. Se lo conté todo; cada jueves le contaba mi otra vida de noche, pero él sólo me mandaba pastillas inútiles y consejos de ateo atontao. Y el miedo sigue ahí.  ¿Cómo decirle que hace años alguien me echó una maldición? Se reiría si le contase que hace tantos años que mi mente ya ni recuerda; un día de lluvia, maldita lluvia. Mi mente desvaría. Yo no quería, jamás quise, que pasase, pero de pronto vi a la anciana tendida debajo de mi coche. Como en una nebulosa, viene a mi mente: cómo baje del coche rezando porque fuese mi imaginación y no realidad lo que había pasado. En ese momento no me podía pasar eso; estaban a punto de ascenderme en mi trabajo y eso que estaba viendo no era nada bueno. Me fui. Simplemente, lleno de pánico, me fui, no sin antes oír en un último aliento agónico una maldición. Maldición que oigo cada noche al cerrar los ojos. «Maldito seas mientras vivas, en las noches estaré en tus sueños y cuando llegue la hora de tu muerte yo personalmente iré a por ti»   Me olvidé de todo. Mi mente lo olvidó todo, puso un escudo de defensa pensando que todo fue un sueño, hasta que empezaron los sueños de verdad. Ahora se acerca mi fin y sé que viene a por mí, sé que viene a llevarme a los infiernos, allí donde una maldita tarde de lluvia yo la mandé a ella. Sé que mi fin se acerca, ya noto su aliento en mi cogote, dentro de poco estaré en el infierno junto aquella vieja bruja a la cual yo la arrebaté la vida, pero ella me ha arrebatado mis sueños.  Ya llega la noche y, a pesar de las pastillas que me recetó ese médico, no dormiré tranquilo. Médico que se piensa que

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todo lo sabe y que con unos antidepresivos y con unas pastillas para dormir está ya todo arreglado. El sueño se resiste a llegar, mi mente es una noria, da vueltas y vueltas recordando toda mi vida. Mi mujer, a la que siempre le oculté lo ocurrido y que cuando me oía removerme en mis sueños y despertarme sobresaltado empapado en sudor, se preocupaba por mí, y la pobre siempre me decía que trabajaba mucho. Pobre, si supiese que en esos sueños veía una y otra vez la cara de esa gitana, su maldición, sus ojos llenos de sangre y odio. La misma cara que viene ahora noche tras noche a mí. No sé si duermo o estoy despierto, ni sé si estoy en mi habitación. Solo veo oscuridad, oigo voces a mi alrededor, presencias extrañas; oigo su voz, su risa: «Por fin te tengo, ya estás en mi poder». Siento sus garras en mi cuerpo, cómo me hundo  cada vez más en la tierra; se acabó mi lucha, ya no tengo fuerzas y aunque no me crean, tampoco tengo miedo. Ya todo ha terminado, aunque sé que esa vieja gitana será mi eterna compañera de viaje.

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RESEÑA SIN ESTRELLAS

TODO OSCURO, SIN ESTRELLAS

Por Ziebal de Gilead

Autor: Stephen King Título original: Full dark, no stars. Editorial: Plaza&Janés Detalle: Antología de novelas cortas. Número de páginas: 439 Año de edición: 2011 Puntuación: 7.0/10 Después del accidente de tránsito que a punto estuvo de costarle la vida en junio de 1999, Stephen King publicó varios libros ––Cazador de sueños, La chica que amaba a Tom Gordon, Buick 8: un coche perverso–– que adolecían de una más que dudosa calidad ––Mientras escribo fue la excepción–– y dejó insatisfechos a muchísimos Lectores Constantes por el final tan precipitado que le otorgó a su obra magna La Torre Oscura. No obstante, después de leer Duma Key, La historia de Lisey, La Cúpula y esta última antología titulada Todo oscuro, sin estrellas, he de admitir que el mejor King ––aquel que nos deleitaba con libros como Cementerio de animales, La zona muerta o Apocalipsis–– parece haber regresado para quedarse. Todo oscuro, sin estrellas es una antología que contiene cuatro novelas cortas muy bien escritas, con historias bastante elaboradas y con personajes nada maniqueos. A continuación comentaré cada una de las historias de forma breve para evitar destripar la trama.

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1922: Esta novela corta es la más larga del libro, con 167 páginas, y recuerda a la novela Dolores Claiborne: escrita a modo de confesión en primera persona por un único personaje, sin separación entre capítulos, ubicada en un pueblo muy pequeño y con unos personajes carismáticos. Si bien la historia no es de terror puro y se asienta en una granja del medio oeste americano, se incluyen algunos pasajes de horror, y el protagonista principal evoluciona convenientemente a un estado de locura convincente. Camionero grande: Otro relato cuyo personaje protagonista es un escritor ––en este caso, escritora–– y en el que King emplea el efectivo truco de desvelar al lector gran parte de la trama en las primeras mil palabras, lo cual hace que te pases toda la lectura pensando «Aquí viene la Gran Cosa Mala». Tiene cierto aire al relato “La chica de pan de jengibre”, de su anterior antología, y es similar a la película La última casa a la izquierda, de Wes Craven; de hecho, King menciona esta obra en un punto determinado del texto, como diciéndole al lector: «Sé que esa película existe, sé que se parece a mi relato, pero he querido contar esa historia desde mi punto de vista». Una extensión justa: La joya del libro. Relato cruel y duro. Tras leer esta historia se te queda un regusto a latón en la garganta, que te hace difícil comprender lo injusto de la balanza de la buena y mala suerte… ya sea azarosa o pactada. Situada en Castle Rock, el pueblo ficticio y recurrente de King. Un buen matrimonio: Relato que te hace pensar y volver a pensar en la archiconocida frase «Nadie conoce a nadie». Nadie es capaz de conocer verdaderamente a nadie, por mucho que lo amemos. Y aunque en principio todo el mundo es esencialmente bueno, siempre uno se puede llevar una sorpresa muy desagradable. Esa es la base de la historia, y King la desarrolla de forma magistral, aunque personalmente no me gusta el modo en el que se cierra la historia, con la visita del viejo Holt. La traducción, a manos de Óscar H. Sendín, es sobresaliente; la edición, a cargo de Plaza&Janés, sigue estando muy cuidada, respetando portadas y formatos originales, aunque la editorial debería revisar el modo de pegado y ensamblaje, pues últimamente se hace demasiado habitual que los libros terminen deshojándose. Y, como curiosidad, hay que mencionar que le edición inglesa en formato de bolsillo incluye un quinto relato ––Under the weather––, aunque eso, como diría el mismísimo Stephen King, es otra historia. Reseña por Javier Martos

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OLIVER, BENJI

TODO PASA... Por Sebastian

...menos Grondona, el actual presidente de la AFA (asociación de fútbol argentino), de 80 años. Fue reelecto por novena vez consecutiva, al mando de dicha institución, por unanimidad. Contó con 46 de los votantes habilitados, a 3 no se les permitió votar por «llegar tarde».  Don Julio (una especie de Don Corleone del fútbol) comenzó su primer mandato allá por el año 1979, (con la dictadura militar), hace ya 32 años. Logró asentarse en el poder con gran habilidad, haciendo y deshaciendo a su antojo, consiguiendo que su voluntad fuera la ley. Cada vez que él dice algo todos los dirigentes le responden «sí, Julio», pero, curiosamente, después salen a criticar las medidas que ellos mismos le aprobaron al presidente. Off the record, se sabe que esto es así porque de oponerse en las votaciones sus clubes pueden verse perjudicados. Dicen las malas lenguas que el histórico descenso de River no solo se debió a sus enormes fracasos deportivos en los últimos 3 años, sino que también influyó que el presidente de dicha institución le dijera a Grondona que debía renunciar.  De esta manera, fue formando un poder como si fuera un rey, destruyendo a cualquiera que se atreviera a desafiarle su monárquico poder, llegando al punto que solo una vez en sus 32 años de «reinado» tuvo algo parecido a la oposición, cuando el ex árbitro, Nitti, en 1991, se presentó como opositor, pero sufrió una derrota arrolladora por 39 a 1.  No es menos curioso cómo Grondona, en esta ocasión, logró nuevamente la victoria, teniendo en cuenta que días atrás se le realizó una cámara oculta en donde hablaba de los manejos del negocio del fútbol, los manejos de dinero para la transmisión de partidos, y hace mención al traslado de una “plata negra”, e incluso llegó a decir que no le importaría matar a un periodista que suele hablar mal de él. ”Si los puedo matar, los voy a matar”, fueron sus palabras. Pero tal como reza su anillo de oro «todo pasa», y todo pasó como si nada, y fue reelecto una vez más ¡cómo si nada hubiera pasado!  Aunque esto no le puede sorprender a nadie, ya que el gobierno nacional y Grondona mantienen una relación por medio del «fútbol para todos», relación que nació cuando se le quitó el negocio del fútbol a la empresa Tyc (del grupo Clarín, enemigo declarado del gobierno) y el negocio fue a parar a manos del gobierno (o de canal 7, que es lo mismo). Es gracioso ver cómo en una parte de la cámara oculta, Grondona dice que en realidad no importa lo que el gobierno quiera, que el que toma las decisiones es él. También resulta muy gracioso ver cómo muchos periodistas de Tyc fueron contratados para relatar los partidos (¡y eso que supuestamente los que trabajan para ese grupo son lo peor de todo!) y resulta aún más gracioso que en los últimos días saliera el rumor

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de que le devolverían el fútbol a Tyc. ¿Acaso la presidenta de la nación deberá comerse sus palabras?  Pero como si todo esto no fuera suficiente, en las afueras de la calle Viamonte (sede de la AFA) el día de la «elección» el dirigente «enemigo» de Don Julio, Daniel Vila, se autoproclamó presidente, diciendo que tenía el apoyo de 66 clubes del interior del país y, por tanto, declaró nula la elección. El motivo de este apoyo es conocido; su mayor propuesta es la de «federalizar» el fútbol y, por tanto, el interior lo apoya. Aunque Grondona, ni lento ni perezoso, se apropió de esa idea y ya propuso hacer un torneo de primera división con 38 equipos. Algo nunca visto en ninguna parte del mundo, pero, por supuesto, todo vale (y todo pasa) en el fútbol argentino, a la hora de hacer negocios.  Don Julio, con gran habilidad supo quedarse en el poder tantos años, dándole a cada club las migajas suficientes para que le deban algún favor a la hora de votar. Los que intentan ir contra él siempre pierden; los escándalos de corrupción, de fraudes, de manejos ilegales y demás delitos, ni siquiera lo afectan, incluso lo fortalecen. En la AFA su voluntad es ley, el gobierno lo avala pese a todos sus manejos (o tal vez principalmente por ellos) mientras tanto, el que pierde es el fútbol argentino que se ve cada día más deteriorado y devaluado, cada día más violento, sin que a nadie parezca importarle, total, como dice el amo y señor del fútbol,” todo pasa”.

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El próximo número de La Trece Negra se publicará en Marzo de 2012


La Trece Negra Nº1