Issuu on Google+

gara & jonay vanesa garcĂ­a


Transportémonos a un lugar mágico, adentrémonos en su historia y su majestuosidad.

 3


INTRODUCCIÓN Nos centramos en la isla de la Gomera, una de las Islas Canarias más puras y vírgenes. Su pasado cercano, su geografía, sus gentes; en especial dos personajes que dan nombre al Parque Natural de Garajonay. Se trata de una leyenda de amor y muerte, de alegría y desdicha; sólo apta para adultos. Conoceremos un poco más sobre nuestro país, su historia, su fisionomía; y sobre nuestra pareja, Gara y Jonay, que nos darán una lección de valentía.

 5

Antes de la llegada de los europeos en el s. XV la isla ya se encontraba habitada. Sus pobladores procedían del norte de África, presentando su cultura claras semejanzas con la de los pueblos bereberes. Su economía se basaba en la ganadería y en la recolección de los productos que ofrecía la isla, y sólo residualmente se dedicaban a la agricultura. Habitaban en cuevas o en pequeñas cabañas, y utilizaban la madera y la piedra para la fabricación de utensilios así como el barro para la cerámica. Sobre sus creencias se sabe que rendían culto, entre otros, a las montañas. Ello se pone de manifiesto por ejemplo en el Alto de Garajonay, lugar que da nombre al Parque, donde fueron encontrados restos arqueológicos ligados a la celebración de sus rituales. La isla estaba dividida en cuatro cantones o bandos: Agana, Orone, Ipalan y Mulagua, ubicados en los cuatro grandes barrancos de la Gomera.


Con la llegada de los europeos en el primer tercio del siglo XV, La Gomera es motivo de rivalidad entre España y Portugal. Los bandos gomeros se alían con unos y con otros, hasta la definitiva renuncia de Portugal. Al principio, la penetración de la cultura europea es pacífica y paulatina, hasta la llegada de Hernán Peraza “El Joven”, que establece imposiciones tributarias y vasallaje, provocando la sublevación de los bandos. Tiempo después, Hernán Peraza establece un pacto de hermanamiento, que se rompe al entablar relaciones con la princesa aborigen Iballa. Esta afrenta, una más, incita a los aborígenes a darle muerte. Como represalia, se produce una gran matanza siendo los gomeros capturados vendidos como esclavos, quedando la isla sometida por la fuerza. Un episodio relevante de la historia de la Gomera es su relación con los viajes Colombinos. En agosto de 1.492, durante el viaje del descubrimiento de América, las carabelas la Santa María y la Pinta atracaron para preparar la travesía. El 4 de septiembre se les une el propio almirante, a bordo de la Niña. Un año más tarde Colón vuelve a la isla al mando de diecisiete navíos, rumbo nuevamente a América. Aquí se suministra de animales vivos y vegetales comestibles sobre los que se basó la primera agricultura y ganadería en América. Durante el siglo XVI, la isla es lugar de paso de navegantes y conquistadores, actividad que decae posteriormente, sumiéndose la Gomera en el aislamiento y el olvido, bajo un régimen feudal que dura hasta entrado el s. XIX. En los setenta se comienzan a proteger los montes gomeros. El ICONA, organismo del Estado responsable por entonces de la conservación de la naturaleza inicia los trámites para la creación de un Parque Nacional, proceso que culmina en 1981 con la creación del Parque Nacional de Garajonay. Se inicia entonces un modelo de gestión donde la conservación de la naturaleza tiene máxima prioridad.


7


HISTORIA

 9

En Agulo, un municipio al norte de La Gomera, se encuentran los Chorros de Epina, siete chorros en siete puntos distintos, de los que emana un agua pura y cristalina. Cuentan que en vísperas a las fiestas del Beñesmén, las jóvenes en edad de unirse a un hombre, juntaban agua de los siete chorros en un estanquillo, para luego mirarse en ella, como era tradición. Esa agua era prodigiosa, mágica, y al parecer, descifraba los secretos del destino, sobretodo en lo referido al amor. A la salida del sol, las jóvenes acudían a conocer el reflejo de su destino, si el reflejo permanecía tranquilo y nítido era señal de buena suerte en el amor, en cambio, si se enturbiaba, malas vivencias se avecinaban. Una de esas jóvenes era Gara, una bella doncella, princesa de Agulo, del agua; que naturalmente esperaba ese momento con mayor inquietud. Aparentaba estar solemne, pero no lo estaba. Al amanecer, llegó su turno, al principio el agua se mantuvo nítida pero poco después comenzó a oscurecerse y a moverse. Gara no entendía nada, se encontraba desconcertada y confusa. El chamán, el sabio y viejo Gerián, único intérprete de aquellos designios, puso la mano sobre el hombro de la doncella y le dijo: “lo que ha de suceder sucederá, Gara, huye del fuego o éste te consumirá”.


La joven se marchó cabizbaja y en silencio, mientras que las demás muchachas fueron corriendo a comentarlo a sus conocidos. Gara intentaba quitarle importancia, ocultar sus temores, pero el extraño presagio corría de boca en boca. Ya en vísperas celebraban la llegar nobles y para participar

 11

a las fiestas del Beñesmén, en las que recolección del cereal, comienzan a menceyes de la vecina isla de Tenerife en ellas. De la montaña de fuego o

isla de Echeyde (infierno), venía el Mencey de Adeje, acompañado de su hijo Jonay, un joven fuerte y valeroso que visitaba la isla de La Gomera por vez primera. Las fiestas comenzaron y en seguida se cruzaron las miradas entre Gara y Jonay, penetrantes, intensas, que no cesaron en un buen rato. El tiempo se detuvo para ellos, como si nada más existiera, ni importara. Aún no conocían sus nombres y sentían pertenecerse. El amor llegó inesperadamente y de forma mutua.


Poco tardaron en comunicar su amor a sus familias y para añadir más júbilo a las festividades, hicieron público su compromiso. Anunciaron ante todos su unión con la mayor de las alegrías, un hecho relevante, ya que se trataba de familias ilustres.Y cuenta la leyenda, que en ese instante, el Teide, que vigila a todas las islas, se removió y comenzó a escupir lava y fuego por el cráter. Su furia era tal, que desde La Gomera el espectáculo era aterrador. Los allí presentes recordaron lo sucedido días antes en los Chorros de Epina, el fatal presagio que la inocente Gara cargaba sobre sus hombros. Todos señalaban a los jóvenes con el dedo acusador. El amor de Jonay y Gara, fuego y agua, resultaba ser imposible, pues, las llamas retroceden ante el agua y el agua se consume en el fuego. La ira que brotaba de la boca del volcán lo confirmaba, no era posible su alianza.


Bajo amenaza, les prohibieron sus padres que volvieran a encontrarse, su unión quedó maldita. Concluidas las fiestas del Beñesmén y sin peligro ya en la isla, regresaron los ilustres y nobles tinerfeños a su tierra. Entre ellos el padre de Jonay, que sin demora partió llevándolo con él de regreso a Tenerife. Jonay se alejaba con el alma vacía, un peso infinito lo doblegaba y entristecía. Gara, por su parte, desolada mientras su amado se alejaba mar adentro. La bella muchacha había perdido cualquier vestigio de esperanza. A él le sobrepasaba la impotencia. A ambos les parecía injusto y estaban dispuestos a dejar de lado su sensatez y responsabilidad. El transcurso de los días siguientes fue una condena para los dos. El chico no podía dejar así las cosas, y una noche, armado tan solo de su valentía, se lanzó al mar en secreto, en medio de la oscuridad, al encuentro de la mujer de su vida. Se ató a la cintura unas vejigas de animal llenas de aire, para que, cuando el cansancio y el agotamiento lo abordaran, pudiera flotar en medio del inmenso mar. Gara acudía a su memoria para darle fuerza y ánimo para continuar nadando. Pasó toda la noche en el agua helada, hasta que, aún dudosa, la luz del alba lo recibió al llegar a las playas de La Gomera. El muchacho se repuso durante unos instantes y ocultándose y escabulléndose hábilmente, fue a encontrarla.

 13

La vida les sonreía, sus ojos rebosaban felicidad y se abrazaron apasionadamente. Pero algo tenían que hacer. Sin demora corrieron a ocultarse, mientras pensaban cómo convencer al pueblo y a sus familias del error que cometían. El riesgo y la tensión no les impedían gozar de ese momento.


15


Escaparon por los montes de laurisilva hasta refugiarse en El Cedro, el pico más alto y denso de la isla. Allí, fue irremediable que ocurriera. Se entregaron al amor y se fundieron sus labios y sus ansias. Sus bocas se buscaban desesperadamente, sus manos acariciaban con ternura cada centímetro de piel, sus cuerpos se deslieron en uno sólo. Su amor se consumó de una forma mágica, sus almas se estremecieron y acabaron abrazados, agotados. Más no podía durar mucho esa pasión furtiva.

 17


Por infortunio, el padre de la joven aborigen, ya la había echado en falta y sospechaba que Jonay estaba con ella. Él ya tenía otros planes de boda para ella. De modo que, de forma inmediata, furioso, salió en su búsqueda junto a otros hombres. Su rechazo era inamovible e imperturbable. Los enamorados no tardaron en escuchar los gritos de aquellos que les perseguían. En ese momento, en el que se aproximaban ya a ellos,

surgió una mirada profunda y llena de complicidad. No hicieron falta palabras. Jonay cogió una pequeña vara de cedro y afiló sus extremos. Se colocaron uno frente al otro y sin dejar de besarse un instante, pusieron la vara entre sus cuerpos, a la altura del corazón. Sin titubear, se abrazaron con fuerza, hundiéndose la vara en sus cuerpos. La muerte les unió para siempre, justo en medio de lo que hoy conocemos como el Parque Natural de Garajonay.


Dicen los mayores, que en los profundos barrancos es posible escuchar aún el eco del último de los suspiros de los dos enamorados que antaño sellaron su unión en la infranqueable frontera de la vida y de la muerte.

 19



Garajonay