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路 PRESENCIAS AUSENTES 路

No. 1


Aquel

· Hay fragmentos, mixturas y voces donde yacemos y la temperatura del espíritu es alta cuantos más fragmenquien busca se encuentra

tos de lo que somos nos encontramos

· Satisfactoria movilidad al haber sufrido, emprendido y clausurado · Aquí moran los que aman, crean y proyectan · Bienvenidos son quienes así lo hagan también · Bienvenidos todos aquellos que hacen el amor posible y continuo

· Hemos

tomado el riego.

ENERO 9, 2012


NO EXISTE ACTO MAS INVASIVO Y PROFANO QUE UN BESO EN LA BOCA LIBRO DE LAS

· Índex Librorum ·

ARMAS

8 De caminatas y balcones. Por Víctor Paracetamol

16 Proxemia.

Por Mireia Anieva

10 Reversible.

17 ... .: :. ...

12 Soy tu Tigre.

18 La Metamorfosis.

14 Cómo tranquilizar a un ave caída.

19 Acta est fabula.

Por Olivia Vidal

Por Almirante Bolaños

Por Carlo H. Balandra

Por Carmilla Hash

Por Miguel Escalona

Por Vania Policanti


LIBRO

LIBRO

DE LAS

DE LA

FLORES

TÉCNICA

26

Mayra Jaimes Fotografía

46

¡Oye tú, ojos de torreta! Por Ana Laura Santos

50

No 3. ...... 26 No 4. ...... 28

No puedo dormir.

30

52

Mónica García Fotografía

Un fragmento de seda ...... 30 Helecho, hierba insomne ...... 32

34

Víctor Paracetamol

Por Almirante Bolaños

El día del milagro. Por Alejandra Isibasi

62

De la producción del arte comtemporáneo. Por Maribel Rojas

Fotografía

Atrás ...... 34 Escamas ...... 36 Natural ...... 37

38

Almirante Bolaños Fotografía

Víctor ...... 38 El Sueño ...... 39 Bonita eres ...... 40 Desde Marte ...... 42

como -olvidar a mi companero de danza, el chaparrito y nalgon que apodaron El Gorgojo


LIBRO

Somos piezas de porcelana, algunas más detalladas que otras · Estar ausente es romperse, al menos para alguien, pues es una cuestión de perspectiva · Esa ruptura expone lo que hay dentro de la

de las

concha, aquello que es blando, más dentro de la densidad de la carne

cantos y grafías que guardo con mucho cariño

ARMAS

· Aquí hay

· Todas

y cada una representan

un momento de ruptura, de exposición.

El

delicado mecanismo que detona la

expulsión de un fragmento del alma, una obra

· Causalidad

y

Casualidad.


10

11

· De Caminatas y Balcones · por Víctor Paracetamol

Y

ahí va ese joven. Diplomático y en breve formal. Nunca elegante, pues las normas sociales le han de repugnar y de la austeridad su representación y caudal. Muchas veces callado y con una sonrisa extraña en los días nublados. Sí, muy silencioso, pero no impotente. Su voz explota a la mínima chispa de inconformidad y exagera sin invención ni intención. No es dramático por naturaleza, no lo hace por oficio, es así, tan solo yuxtapuesto. Reacio ante lo rutinario. Un soldado que deshonra a su mundano ejercito. Solitario. Le encanta andar detrás de su sombra, la sigue por las calles de día o de noche. Pasatiempo sin igual el caminar sin rumbo, entre otros caminantes atolondrados y presurosos. Ese joven que aun puede suspirar, increíblemente. Y observa alrededor. A los que se quejan de la misma lluvia, pero a la vez se quejan del sol. Y esos mismos se quejan del frió y después del calor. Observa el mundo incoherente, contradictorio y soso. Y aquellos que sufren por tener y querer más y los que creen no tener y no ven lo que hay (o no querer ver). La intensa ceguera de la inconsciencia y el abuso del ego. Lloran por la perdida, pierden lo que no tienen y ruegan por lo que no conocen.

Incluso piden lo que no existe. Los mismos humanos que minan sus suelos y después olvidan donde han de pasar para no estallar. Y va con 10 monedas y un billete en los bolsillos. Lo sabe. No hace falta buscar entre las pertenencias, ni una billetera preocupada, acompañada de identificación con foto y los recuerdos de años mozos. Poco dinero no es libertad, sólo lo justo para saltar en los charcos y mojarse hasta la cintura, sin meditar. Lo necesario para capturar imágenes vivas, colocarlas en un espacio de película y como se conceptúa, robarse el alma de los que miran directo al flash. El alma. -Que reflexivo y estúpido que se vuelve el andar de pronto si uno se suelta de la somnolencia. Se dice a si mismo. -Melancólica condición, aquella de que uno vale por las monedas que trae. … Presta atención a su entorno. Más andares. La gente con su supuesta madurez. Se presumen a si mismos como un tesoro invaluable. Pisan el suelo como si los llevaran nubes en el aire, sin temer caer y a la vez, Ícaro les parece un perdedor. Sobrases. Personas que sin saber, pisotean

gigantes dormidos, en cualquier momento serán pisoteados de igual forma, gigantes que ellos mismos guardan en su interior, inseguridad, miedo, confusión. Y aun así, osan hablar de amor, sentimientos y mundos multicolores. De felicidad y tiempos amargos que creen que no volverán. Empero volverán, a sus casas, con escaleras carcomidas por el olvido. Estancias ya marchitas por la impaciencia. Fotografías viejas y llenas de miedo. Sucias sillas con marcas de llanto. La chimenea cayéndose a pedazos e invadida por dolores indefinidos. Y el balcón que da vértigo por la incertidumbre. Cuan triste si ni acaso se tiene un balcón. Joven andante. Recorre sus imágenes capturadas y su música Se arrastra por el mundo inconexo y patético de los lamentos. Pasa por su propio mundo de lamentos infundados y patéticos en su instancia. En su habitación de luz roja, desmejorada y no obstante, funcional como ornamento del universo. Los recopila cuando recopila los del mundo y las dimensiones alternas. Sin una razón aparente, o tal vez sí, el tratar de crear un patrón de medida. Se adhiere a la pared como insecto y desde ahí se asoma a la calle, y tampoco tiene balcón, y desea una terraza, pero no le pide a lo inexistente, ni pierde el orgullo de rodillas ante la nada. Al contrario, se deja caer en lo poético y evita pedir lo que ya tiene y perder lo que nunca fue suyo. Se lamenta en silencio, se aburre de eso y de todo. Lleva a la evolución su sensación, o lo intenta. Pensando en que salió mal, o si vale la pena al menos pensar en intentar. Recreando, lo que antes fue. Haciendo un nudo de todos esos lamentos e imágenes atrapadas. Destapando su filosofía y encuadrando la estructura de la mente. Y con la almohada apaga lo que queda de ilusión (abandonada). Después va, y lo escribe.


12

13

· Reversible · por Olivia Vidal

L

as cosas se han salido de control: primero piensas en un rumbo e intentas seguirlo; te aferras a la idea y cuando menos te lo esperas, la situación que se presenta, sin avisar, te abofetea tan sonoramente, que sólo eres capaz de escuchar el eco por un largo rato. Se te durmieron las puntas de los dedos y los labios, y aún así, puedes ver en la oscuridad el fuego que producen tus caricias, tanto como las llamaradas de tus besos. No te importa si es de día o de noche; si hace calor, frío o llueve, pero extrañamente observas con atención las partículas de polvo que flotan a un ritmo lento dentro de un rayo de luz y crees, de verdad, que cada gota de agua que compone este aguacero, viajó un sinfín de kilómetros sólo para convertirse en la sábana perfecta: la que atempera los cuerpos apenas rozando. Cualquier malestar desaparece mientras experimentas las subidas y bajadas de la montaña rusa en la que te acabas de montar, donde los vértigos sólo conducen al placer y culminan con los mejores aterrizajes flotantes. Te cuesta un trabajo enorme darte cuenta de que no duermes y no estás soñando, porque los espacios, los objetos y las personas a tu alrededor se mueven a velocidades difíciles de descifrar. El hambre, la sed, el cansancio y el dolor se acomodaron en un rincón de tu mente donde reposan plácidos, sin hacerse presentes. Los sonidos cobran de pronto una importancia inusitada: alcanzas a percibir todas las superposiciones auditivas del ambiente; del ruido, de las voces, de los secretos al oído, de las risitas suaves, de las respiraciones aceleradas, de la guturalidad profunda, de dos lenguas que se exploran, de las palmas de las manos cuando se encuentran con la ropa o la piel, del crujir de los muebles o el cabello cuando se revuelve.

El mareo es tal que llega un punto donde no sientes el suelo que te detiene, y tus reacciones son tan torpes como gráciles: recuerdas cuando te animaste a aprender a volar. Arriba es abajo; cerrar los ojos es abrir el adentro y el afuera al mismo tiempo: como relámpagos distingues luces de los colores que jamás vas a poder poner en un papel. El silencio te sabe delicioso: espacio amplio donde felizmente se alborotan en remolino todos tus pensamientos… pero la fuerza centrífuga provoca que a veces las palabras salgan como torrentes anárquicos. Algunas de ellas no son capaces de ver su propio filo y desgarran, hieren o simplemente despiertan miedos olvidados. Es casi imposible medir el impacto que van a causar, pero aún así, no te arrepientes de la ruta que tomaron para salir de tu boca, haciendo la escala obligatoria en el corazón primero, y en el resto de las vísceras después. Así que, cuando llegaste en piloto automático a tu cama pensando que ibas a dormir, descubres que esas pequeñas palabritas se empiezan a asentar en los bordes ásperos de la razón y encajan perfectamente en la lógica de las relaciones humanas: no tienen sentido, no llevan a ningún lado, no puede ser que se hayan salido de aquella espiral vertiginosa; para qué lo hiciste, arruinaste el momento, eso nunca se debe decir tan pronto, probablemente constituyen una mentira… etc. Ahí es cuando empieza el proceso de volver a la normalidad, cuando poco a poco el adentro que estaba afuera, lentamente se enrosca en sí mismo hasta esconderse otra vez: arde, molesta, inquieta y causa escalofríos mezclados con el máximo desazón y un poco de tristeza. A la vista de todos, el adentro desapareció y, aunque obviamente tú sabes de su existencia (que es la tuya), la vida misma se va a encargar de ir equilibrando fuerzas entre lo visible y lo invisible. Mientras, violentamente, da paso a las demás preguntas que van a taladrar tu ánimo por un tiempo: somos reversibles, pero ¿cuántos; quiénes; cómo y cuándo son capaces de desdoblarse, aunque sea un segundo, para brindar sin reservas absolutamente todo lo que los conforma?


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· Soy tu Tigre · por Almirante Bolaños

D

e forma soez me encontraste escupiendo mis dientes y rebuznando por mi arruinada camisa atigrada, la consentida. Sofisticado te sonreí con la soltura que los golpes me permitieron. Pensé tantas cosas ¡Dios, estabas divina! Aún recuerdo tus ojos ensanchados, clavados en mi desfiguro. ¿Qué tal muñeca? Te dije con sangre en la garganta. ¡Sin miedo, esta aún es nuestra noche! Para acercarme a tu cintura tuve que aprender a caminar, de nuevo. ¿Te lastimaron? Tienes sangre en un costado. Dijiste alarmada, pero indiferente, así como eres. Un poco de acero, ¡maricas! -Rugí con rabia- ¿Y sabes qué es lo peor? Esas cosas apenas se comprometen con el dolor, un corte en la carne y terminas bailando como un principiante, carajo. Por dentro me reprimía: dolor es sentir la mirada triste de mi princesa, eso es compromiso. Anda, dame un beso... bésame que me enfrío, bésame que me muero. Soy un tonto. Tu palma reventó el hueso de mi alma. Esa mirada, aun difuminada entre esos cristales de angustia logró perforarme el alma. El segundo más largo de mi vida, el dolor más agudo de mi vida. No necesitaba explicación, me quieres. Esa clínica: ahí sentí más odio que en la entraña de mis enemigos. Maldita gente no entendió que venía del quirófano, sólo necesitaba la paz y a mi chica... ¿Quién fuerza sus heridas para cerrarlas? Médicos, son gente enferma.

No esculpiste frase alguna de regreso a casa. Habías caído tan cansada, te miré por horas, oculto, sumergido; un invasor encogido de vergüenza en tu sillón tapizado en el perverso aroma de nuestros impulsos. Te pensé por años dentro de esas horas, tu cuerpo nebuloso yacía en la cama con la ligera gracia de la sangre que brota debajo del agua. Aguas profundas, el caudal mineral de tu espíritu que se desborda. Sí, me quieres. Y entonces las sentencias se revelan ante mis ojos tristes: soy la piedra bruta que el caudal de tu belleza privilegia con nuevas y blandas formas. La madrugada caía de forma distinta. Los únicos sonidos ambientales que palpitaban eran la tensa electricidad en mi quijada y el sonido de la nevera. ¿Recuerdas la nevera? Tantas veces golpeé mi cabeza con ella, parecía que tú esperabas que ocurriese, muchas veces actúe para complacerte. Complacerte. Con el continente preocupado bajé la mirada para apreciar los cortes en mi carne y las arrugas en mis manos. Complacerte es la razón, rugí en silencio. Matutina molestia roja en mis telones. Apenas los abro y la curiosidad de tu mirada me recibe. Te sonrío. En mi pecho late y has puesto tu cabeza para escucharlo. Eres mi tigre. Susurras con seguridad. Soy tu Tigre y tú el consuelo de una especie que se extingue.


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·Cómo tranquilizar a un ave caída·

 Puede recurrir a tu serenidad

por Carlo H. Balandra

para calmar el dolor que le provoca su livianidad. Se decolorará llorando. Se escuchará su sollozo, 

y muy remotamente, se verán las lágrimas rodar por el pico. Las aves pueden elegir desplomarse, Marcan rutas, y se desvían a placer.

Ellas pueden estrellarse en las ventanas, si así lo desean.   Pueden ser pilotos con vista cansada;

pueden replegarse y caer por voluntad propia.   Un mágico día, bien podría un ave pequeña, caer en tus manos.

Pocas veces, las aves, son capaces de sentirse cómodas en manos humanas.   - No vale perseguirla y atraparla  

Debe llegar por necesidad 

a dejarse morir entre tus dedos  o   a descansar después de una persecución.

  Ahora entonces...

...Acércala a tu aliento, calma con tu cercanía su dolor invisible. No hables. No puede entender las palabras. Los tonos son tan bajos, que sólo parecen ruido. Silénciate.

Exhala muy cerca de ella, hasta crearle una sola memoria en esa mentecita.   Puede olerte.  Y jamás olvidar tu aroma. Un ave no puede sentir su peso mientras la sostienes, sin embargo, si la conservas suficiente tiempo,

hasta que muera o hasta que se recupere... ...Es posible que pueda sentir: cuán ligera es.


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·Proxemia· ·... .: :. ...· por Carmilla Hash

Quiero besar tu camino al horizonte, para llegar al manantial de vida.

por Mireia Anieva

No existe acto más invasivo y profano que un beso en la boca.

Besar con hambre, con prisa, con furia.

me detendré, exploraré, jugaré.

Besar con la excitación propia de irrumpir una casa ajena. Y probar la cama, comer el pan de la mesa.

Subiré por tu vientre y cuando llegue a tu oído,

Besar como rugir, con el pretexto cavernario del territorio.

Treparé por tus pilares palpitantes y me adentraré en tu enmarañada jungla,

te recitaré mis 10 palabras favoritas.

Besar apropiando, gobernando. La boca como nación, como ayuntamiento;

la única entrada para acceder a la cueva profunda del invadido a gusto.


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21

·La Metamorfosis.·

· Acta est Fabula ·

por Miguel Escalona

por Vania Policanti

Te matizo, lienzo pétreo, parpadeando negruras.

Comenzar el día masticando cien lapsos. Recorrer las vitrinas tropezando con frutas secas olvidadas en el Día de los Necios. Masticar dos mil ladrillos sabor seca-necedad. Construir los ojos, exprimirlos, sobre el rostro del anciano que nada entiende. Engañar al niño eterno de palabras chicle-bomba mostrando sólo tu secreto delirante cargado de caramelos. Meter chistorras en un sobre, remitiendo carcajadas por correo irracional. Rasgar la falda de la chica que se enferma mientras lame, embelesada, su no-sé-nada chiquitito con sabor a calamar. Abrir la reja y recoger las huellas de quien no acaba de llegar: virtudes simples, simples anhelos de un cómo crustáceo ser; tus largas calles y tus calladas luchas. Otra vez abrir la boca solidificada del prófugo pastorcito que tragó agujas en silencio y robarle diez trocitos de pegajosa sinceridad: pero en silencio. Lanzar conejas preñadas de locura sobre el ciego que copula con la hija menor. Correr huyendo de los duendes que jamás pueden callarse. Huir corriendo entre los muslos del cangrejo que cayó. Escapar entre miradas moribundas de la belleza invertida. Escribir tu malestar con las garras del rabioso. Describir de diez maneras que maldices los momentos en que nada terminó. Bendecir los preceptos que reniegan en lo alto de la cerca. Acercarse a los benditos que enaltecen lo perdido. Perder cordura entre los sexos que corroen la desgana.

Mi piel abandonada al deseo de realidad al pensamiento vago y la libre continuidad de la metamorfosis. Ha sido un velo. El tejido de narraciones oníricas visiones líquidas del subconsciente.

El lienzo conspira contra memoria.

Proyecta películas sin dirección. Funciones privadas que albergan Una conciencia. La noción del descenso a la noche se pierde es eco enterrándome bajo tierras:

Sueño- Realidad-Realidad-Sueño Continúo mi búsqueda de cronista embriagado por la fantasía, aunque la resaca de la expedición me vulnere en las mañanas.


22

23

Inhalar vapores tiempo detrás de viejas bardas. Garabatear los huecos torpes de la pérdida total. Sangrar a Cálamo Currente como lo hiciste aquella vez. Inhumar pactos, ser como un héroe. Vaciar las venas de quien duerme dentro de un hueco incontenible. Hundir los ojos disecados en aquel hueco incontenible. Llamar a todos los ausentes. Irse tan lejos, como el osado, hasta las cumbres, detrás del viento. Comprar peritas en la plaza triste y ya sin manos. Cortar madejas del engendro trasquilado. Profanar ritos milenarios en la casa del juglar. Jugar con uñas, carne huesos. Jugar con todo lo acaecido. Hacer del hambre lindo juego. Asir las manos enmohecidas de quien jamás corrió con suerte. Correr tragando desenfado por el bosque oscurecido. Ser tan oscuro como el tiempo que aprisiona lo inconcluso. Mojar tus pliegues traicioneros con saliva de pastor. Corromper todo precepto impregnado entre las piernas, traicionando su pudor. Confundir lobos con asnos y cambiar tréboles con tuertos. Montar la bestia que camina sobre lodo y ser su musa desterrada. Ser un trébol para un muerto. Sacrificar antiguos dioses en el vientre del exilio bajo el celo desquiciante, bajo un íncubo perplejo. Incubar vínculos secretos acaecidos en invierno. Invernar como los tontos que soñaron lo perfecto. Perfeccionar alegorías que te sirvan para nada. Servir el rostro, la mirada, apelando a la modestia, sobre trozos de papel. Vomitar besos angustiados desde la torre de babel. Babear a solas, sin cordura. Cortar cordones que te unen a lo incierto. Insertar luces de bengala sobre arenas movedizas. Mover las piezas estorbosas avanzando hacia la reina que ha

perdido su corona. Perder le juego en el tablero que jamás se comprendió. Guardar perritos malolientes en cajitas de cristal. Canjear palabras por ausencias. Salir por la puerta trasera. Morder sangre a San Genaro y perder muelas, muy contentos. Perder al ninfo amonestado. Ser los becerros incongruentes de la vieja vaca absurda. Licuar cerebros vagabundos que escupían incompetencia. Escupir las ratas gordas de los míseros placeres. Engordar miserables para el próximo festín. Enredar cables telefónicos en los cráneos afeitados de los sordos que miraban como vacas. Rastrear restos enmielados y esconderse entre mil sombras que tragaste con enfado porque fuiste camaleón. Llorar cantos gregorianos en el fondo del jardín donde crecen suaves córneas para el hombre derrotado que se olvida en el andén. Derrotar sueños cantados con el llanto de un anfibio. Comer miedo, mendigar entre los muertos. Soñar siempre silenciosos que olvidamos retoñar. Derrotar en el olvido aquellas miradas bovinas que retoñan suplicantes bajo máscaras leprosas de quien no sabe engañar. Rasgar negros ropajes hilvanados en abril. Cosechar las incongruencias que dejaron los valientes en el patio de la casa que solías visitar. Barrer todo. Quemar lunas. Beber lícor de un pantano en el atrio de tu vida porque no fuiste la yegua que dejó la Navidad. Seguir siendo el cadalso en que discurre la infortuna del mono idiota que no puede, que acapara y que no entiende, que acapara, que no puede, come mierda y se fractura. Diseñar nuevos rencores con soberbia de gusano desgarrando la carroña mientras gimes, desahuciado, ya que Alea Jacta Est.


LIBRO

Aún

pienso en su grave rostro

· Estaba

herida y acorralada, no fue debido a mi insistencia tanto como a su interior fracturado

· Mirar

para entender el

conflicto, a veces me reprocho la falta

DE LAS

de mesura, debí ser cauto y abrazarla hasta calmarla

· No fue así · Ausencias

presentes, son constantes y casi tan

· Sentir que es preciso abordar una imagen en la oscuridad, ¿cuál es la intención? · Involcortantes como el vidrio

FLORES

untariamente suele retratarse el aire

que separa a los grises seres humanos.


路 No. 4 路

por

Mayra Jaimes


路 No. 3 路

por

Mayra Jaimes


31

“Amor impostergable y amor impuesto. Amor incandescente y amor incauto. Amor indeformable. Amor desnudo...” - Oliverio Girondo

· Un fragmento de seda · por Mónica García


32

Hierba sin nombre nacida al roce de una piel insomne con otra que no sabía conciliar el sueño, las de esos dos entrando donde rige la razón incuerda con los ojos abiertos, ignorando el rito tajante del sueño que divide a lo real en dos trozos... sin el rito que bendice, hurtada al jadeo, robada al llanto, irreverente, salió entre tu piel y la mía, donde habita el amor. Nació robándome el alma. La encarna en clorofila y fibras, alma sin cuerpo. volando mi fragilidad. · Helecho · por Mónica García


路 Detr谩s 路

por

V铆ctor Paracetamol


36

· Escamas·

tomas por

Víctor Paracetamol

· Natural·


38

tomas por

39

Almirante Bolaños

· Víctor ·

· La Siesta ·


路 Bonita eres 路

por

Almirante B.


42

43

· Maquinaria ·

· Mi trabajo en Marte ·

· Abrazador 1 ·

· Abrazdor 2 ·


LIBRO

Nunca

se está realmente solo

· Siem-

pre hay presencias que están ausentes

de un muy distinto modo, que nos ligan a través de una pequeña herramienta

“Voluntad” · Somos sumas de prioridades, una compleja secundaria llamada

DE LA

trama aritmética o algebraica según tu posición y consistencia

· De

hecho en

base a mis observaciones diría que el

TÉCNICA

hombre nunca está solo, la soledad es

en el espejo lo mismo que la libertad y la libertad también la llamamos

· Sólo

muerto se está solo

Muerte y libre.


47

·

Laura Santo s·

a An

¡OYE tú, OJOS de TORRETA!

A

todos nos conocen por apodos, desde el más simple hasta el más extravagante, por mi color blancuzco y mis lentes desde que tenía unos tiernos 5 años, se pueden dar una vaga idea de los miles a los que fui víctima desde pequeña y alguno, como Febo que me pusieron en mis años de CCH’ra por un chiste mal contado, todavía se mantiene vigente entre el grupo de amigos que conservo de esa época. Siempre causa interés saber por qué le dicen de cuál o tal forma a la gente –sobre todo conocida-, pero pocas veces pensamos en el motivo, así que me di a la labor de buscar algunos de los apodos más conocidos pero que en realidad poco sabemos del origen. Esta plática empezó con unos tragos en una reunión de cumpleaños, donde la mayoría de los asistentes tiene sobrenombres, una chica se acercó a uno de los comensales y le pidió un autógrafo y una foto. Mi amigo se llama Miguel Ángel, pero nos quedamos con la duda de si en realidad lo confundían con Michael Moore o Guillermo del Toro, gordito, güero, de lentes y barba de candado, podía ser cualquiera de los dos. En la mesa estaban el Tom, el Chore, la Artillera, el Tacho, el Juan Querendón, todos tienen su por qué, y en ese cúmulo de casualidades, estaban televisando una pelea de Saúl “El Canelo” Álvarez, novel boxeador tapatío que da lugar a su apodo el ser pelirrojo.

LIBRO de la TÉCNICA


48

49

Uno de mis favoritos de siempre es el del ilustre nadador de la época de sólo Dios sabe, Felipe “El Tibio” Muñoz, quién le debe el sobrenombre a su origen, pues su padre es nativo de la ciudad de Aguascalientes y su madre del municipio de Río Frío en el Estado de México. Felipe fue ganador del oro Olímpico en 1968 en estilo de pecho.

James Douglas Morrison Clarke, Jim Morrison, “el Rey Lagarto”, líder de la legendaria banda de los 60’s “The Doors”, en uno de sus arranques efusivos dijo: “Soy el rey lagarto y puedo hacer lo que sea”, aunque existen diversas teorías del Lizard King, esta es una de las más populares. Javier “El Chicharito” Hernández, la joya de la corona, el jovencísimo egresado chivista hoy jugador del Manchester United, quien heredó el apodo de su padre, también futbolista, por chaparrito y ojiverde. Y no muy lejos, ahí por La Noria cruzazulina, se encuentra Javier “Chuletita” Orozco, quien según mi amigo Diego Venegas (experto en deportes) me cuenta que al igual que su tocayo del ManU, hereda el apodo de su padre, futbolista de clase baja que le decía a su familia: “Juego fut para llevar la chuleta a la casa”. Nos quedan los “culés” y el FC Barcelona, quienes antes de estrenar el Nou Camp, jugaban en el estadio de Les Corts, donde la afición se sentaba en gradas que les dejaban el “cul” al aire que en plural y catalán es culs hasta degenerar en el tan conocido culé. Cuando pasaba la gente les miraba el derierré desde fuera del estadio gritando: “¡Les culets!”. Y a todo esto yo sólo digo una cosa, que cuidado con tener una madre como la mía que cuando te vistes de rojo en vez de aventarte el famoso piropo, te grita como dice mi amiga América: Rábano Chichón.

Mi abuela era un verdadero As en el arte del pseudónimo ajeno, apodó a todos nuestros vecinos como a Don Susanito, Doña Sinfonola, Don Pirinolo, el Culo Seco, el Charal Mojado y con ellos no hacía falta explicación, de sólo verlos cualquier duda quedaba disipada. Pero y ¿Cantinflas?, ¿Tin-Tán?, ¿Jim Morrison “El Rey Lagarto”?, ¿El “Chicharito” Hernández?, ¿El “Chuletita” Orozco?, ¿Por qué les dicen “culés” a los aficionados del FC Barcelona? Mario Moreno “Cantinflas” quien nació en 1911, dio vida en la mayoría de sus películas a un personaje con ese nombre, quien representaba al mexicano de la clase baja: el peladito y según la lengua popular era aquel que iba a las cantinas a inflar: Cantinflas. Luego, Tin-Tán que viene de un absurdo, literalmente, ya que al empezar en el Teatro de Revista, Pedro Meneses quien trabajara en la XEJ, al darse cuenta de su talento, lo lanza con el personaje de Topillo Tapas representando al pachuco (mexicano que emigra a Estados Unidos), pero al tener que alternar con una dupla de humoristas llamada Planillas y Topillos, Meneses le sugiere el cambio a Tin-Tán, así sin más. Mi madre heredó un poco -¿o un mucho?- del arte de mi abuela, cómo olvidar a mi compañero de danza, el chaparrito y nalgón que apodaron El Gorgojo o a aquel compañero de periodismo, alto, panzón y con las piernas largas largas, el cual conocíamos entre familia como El Alebrije; o bien, el profesor galán quien perdiera todo encanto aquella navidad que llegó a clase de suéter color tinto muy pegado. Desde entonces es conocido como el profesor Panza Guapa.


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miran l A ·

te Bolaño s·

NO PUEDO DORMIR E

ntonces estamos así, insomnes. La cama al poco rato acalora y con un gesto agresivo sacamos las piernas, miramos el techo y nos llevamos el antebrazo a la frente. Incluso se suspira con aliento a frustración. El no poder dormir va más allá de un estado de alerta, es un estado del alma, pues la quietud irresistiblemente tensa privilegia la meditación corrompida por los sentimientos y esas preocupaciones que con la actividad no tienen tanto valor. Las cosas pequeñas proyectan sombras enormes en el lienzo de la mente; opacan la visión de lo establecido y generan nuevos juicios, la distorsión de lo que damos por hecho comienza. Apenas acomodaste algo, un otro llegó para sustituirlo o volverlo irrelevante. Si no piensas mucho el momento se te vuelve preocupante; de pronto estás a solas con esa persona que todo el día has evitado, tú mismo. Entonces te hablas y te haces a la idea de que hay dos personas, pero eres tú, sediento de explicaciones y te miras con ojos de curiosidad, miedo. ¿Y de qué hablarás? ¿Qué es lo que puedes decirte y entender? Lo lógico es que esa persona te intente explicar el alboroto emocional de la mañana, de la frustración y de la velocidad con la que estás llevando tu vida a la quiebra. Mejor aún, te comienza a brindar el postulado

de esos pequeños grandes defectos que bien conoces y recluyes en la sombras que proyectas, donde no sean evidentes, de ese YO que eres tú y vive en la mente de otras personas. Te das cuenta que ahora hay tres tú. Mucho dilema, hace calor y entonces el esfuerzo por pensar en lo de mañana, fragmentos de conversaciones vienen a tu mente, sonríes por algo que pasó ayer en la cocina, sexo... sí, piensas en sexo, qué pasaría si le dijeras a esa persona... ¿Aún venderán goma de mascar sabor cola? Pero sólo haces tiempo, en aquel rincón permanecen el YO que vive en tu cabeza y el YO que vive en la cabeza de los demás. Evades y al final te hundes. Ahora estás bocaabajo o frente al computador, haciendo técnicamente nada. Hacer nada implica mucho esfuerzo y un cosquilleo nada grato de ingratitud, la providencia te ha castigado, Dios quizás o esos dos tipos en tu cabeza, ¿qué diría mi madre de esto? ¿Qué pasaría si esto otro? No es tan atractivo como piensa, no es aquello... Lo anterior son variables, putas variables. Pero la única constante es que, independientemente de la forma, nunca llegas a nada cuando la noche es un castigo y tu mente la prisión. El no poder dormir es una forma cara de no-ser.


53

ejandra Isibasi· ·Al

EL DÍA DEL MILAGRO I sa mañana Domitilia se desgarró el ano. Se había levantado antes del alba y llevaba allí más de cuarenta minutos, en cuclillas, con las manos colgadas de su cuerda para tender la ropa. Pujaba, jadeaba, y lloraba sin conseguir un solo movimiento intestinal, una sola contracción que aliviara el dolor que le causaba la burbuja de gas instalada entre el ombligo y su riñón derecho. Cada esfuerzo que hacía por evacuar al cadáver viviente que crecía en su vientre le significaba menos aire para respirar y le provocaba una reacción que resultaba adversa: la bola de aire que aplastaba los desechos en sus entrañas bloqueaba más y más el tránsito intestinal indispensable para la resolución pacífica y feliz de semejante embotellamiento. En un intento por ganar algo de espacio, Domitilia se colgó aún más de su tendedero y se encajó la cuerda en las palmas hasta la sangre, lo que la distrajo lo suficiente para relajarse y respirar. La súbita bocanada de oxígeno que llegó a su cerebro la mareó y le llenó el rostro de lágrimas; el mar, que ahora se iluminaba con el amanecer y se pintaba de rojo y naranja, se hizo líquido y turbio en sus ojos hasta desaparecer. Aunque todavía podía escuchar el batir de las olas, le parecía haber sido transportada lejos de su casa de palitos, plantas y gallinas en la que había crecido desde chica. Luego todo fue amarillo brillante y una mancha empezó a quemar los bordes de su visión hacia el centro, como el círculo negro que se cierra sobre las imágenes en el cine.

E

Agotada, pujó por última vez. La mancha negra se hizo roja y otra vez brillante, sus oídos estuvieron a punto de estallar, y sus mandíbulas hubieran podido romper una suela por la mitad de haberla mordido en ese momento. Apretó los puños, los brazos, las costillas, el abdomen y los ojos. Miles de luciérnagas atravesaron la noche que teñía su cabeza. Gritó y gritó y siguió gritando mientras el monstruo lentamente se abría paso en sus entrañas y coronaba su recto desgarrando piel y músculo. Sintió que no debía parar, prefirió usar sus últimas fuerzas para ponerse en pie mientras aquella masa hedionda y muerta se erguía como una columna detrás de sus piernas estiradas y temblorosas. La gravedad terminó el trabajo, Domitilia sintió cómo vaciaba su cuerpo sin mayor esfuerzo y quedaba limpia y ligera, lista para caer inconsciente al lado de esa inmunda pila de mierda recién zurrada. Debieron pasar al menos dos horas antes de que recuperara el conocimiento. El sol empezaba a quemar y el aire no había cedido con la entrada de la mañana, de modo que fluidos y sólidos, sudor y sangre se habían secado y brillaban de sal cuando por fin Domitilia pudo abrir los ojos. Estaba tendida en su patio y no alcanzaba a entender aún la pesadilla de la cual despertaba; lo más incomprensible era que llevaba días sin comer, curándose con agua de coco una diarrea interminable que amenazaba con dejarla en los huesos. Pero la noche anterior, una vez terminada la telenovela y al levantarse a apagar el televisor, un halo de luz azul llenó su cabaña desde aquel aparato viejo y la deslumbró. Inmediatamente Domitilia dejó de sentir el hueco de su panza, fue como si hubiera quedado preñada de comida. Lo que siguió es historia: en cuestión de horas la pobre había doblado su tamaño. Ahora estaba allí, tirada, secándose, igual que la escultura olorosa enfrente de ella. El tamaño del engendro era espectacular y la forma…. Tenía una base sólida e imponente que dibujaba –a los ojos de Domitilia- dos querubines, los dos cachetones, alados y felices de estar a los pies de una virgen bellísima, de rostro velado y manos juntas en el pecho, sin más detalle que ese velo que la cubría de la cabeza a los pies. El aire salado y el sol ardiente la habían petrificado y ennegrecido, y ahora era una efigie perfecta cuya sombra superaba la de cualquier planta del patio. Domitilia se levantó asustada y a pesar de la debilidad en sus piernas corrió hasta la hamaca que colgaba a la entrada de su casa, tomó a grandes sorbos una coca cola que estaba en el piso desde el día anterior y volvió desmayarse.


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II ara llegar a la playa, todos los días Pancha y su hija debían pasar por donde Domitilia. Llevaban canastas y cubetas llenas de pescadillas, buñuelos y refrescos que vendían a los pocos turistas que visitaban el lugar, y después tomaban el camino largo hacia la carretera para vender el resto allí. Era buen negocio venderle a la gente que venía en los camiones de redilas y a los pasajeros de los colectivos, además era la única manera de estar enterado de lo que ocurría en los alrededores, recibir noticias, encargos y paquetes, o citar al médico o el cura. Así que esa mañana, puntuales como siempre, Pancha y su hija atravesaron el pueblo, pasaron por la tienda a comprar servilletas y limones, y al pasar al lado de la casa de Domitilia, espantaron a un puerco que siempre se escapaba de su corral. Varios naranjos y un platanero cercaban el jardín por lo que tuvieron que rodear la casa, como siempre, antes de saludar a su dueña y sus animales. La hija de Pancha que iba un poco más rápido fue quien advirtió la presencia de la estatua en uno de los costados del jardín, haciéndole sombra a tres polluelos, en medio de un tapete de flores blancas y hojas verdes, salpicada de diminutos pétalos de azahar. El sol perforaba el follaje de uno de los árboles que circundaban la estatua y la iluminaba suavemente, como si se tratara de estrellas, con algunos destellos.

- ¡Mami! Mira… mira la virgen de lodo allá al fondo. - No hija, eso no es lodo. Es… - Es mierda – dijo muy seca Domitilia que las escuchaba desde su hamaca, atrás del árbol. - Ay Domi… – alcanzó a responder la incrédula Pancha desde el otro lado mientras se dirigía hacia la estatua – ¡¡pues obraste muy bien!!

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La hija volteó hacia su madre con una mueca y no pudo contener la carcajada. - No se rían… no es chiste. - No, no es chiste Domi, es cierto, tienes razón… no es chiste, corrigió Pancha. ¡Es un milagro! ¡Es un milagro! Madre e hija corrieron hacia la virgen y comentaban entre ellas lo bella, lo perfecta, lo milagrosa que resultaba esta aparición. Desde aquel improvisado altar llamaban eufóricas a Domitilia, contemplaban la obra, lloraban de emoción y alegría. Entre tanto barullo y festejo no se percataron que la anciana no se levantaba; de hecho era necesario acercarse a ella para ver el charco de sangre que ahora manchaba el piso debajo de la hamaca. Se apresuraron en dejarla sola, debían mandar por el cura cuanto antes.


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III on la cabeza recargada en la ventana del camión y los brazos cruzados, le gustaba sentir el temblor del vidrio en su cabeza, eso lo aturdía lo suficiente para acordarse del efecto que le producía un buen coñac o el golpe accidental (pero placentero) que daba a los puros que fumaba en Querétaro, hace unos años, cuando estudiaba en el seminario. Aunque no los dejaban fumar o tomar allí, cada domingo su tío el vicario lo tentaba después de comer para degustar toda suerte de digestivos y tabacos que tanto extrañaba ahora que estaba en medio de la nada, perdido en la selva, el mangle o como le llamaran, deseando que pronto terminara este castigo que había sido ser enviado en misión hasta los confines del mundo. Nada en él merecía estar allí: ni su piel blanca y delicada que se ardía y llenaba de ampollas cada vez que debía bajar a la playa; ni su pobre estómago tan acostumbrado a las carnes asadas, las verduras al vapor y el buen vino; ni su refinado gusto por los toros y las corridas (aquí sólo había peleas de gallos, de vez en cuando); lo único que le parecía fácil obedecer era su voto de castidad en esa tierra de gente negra de cabello negro y ojos negros, supersticiosa e ignorante, con quien no compartía nada salvo su amor por el fútbol. Tal vez por eso cerraba muy seguido los ojos, para odiar en silencio y no ver nada, como ahora pegado de la ventana, aunque la gente creyera que era porque rezaba. El padre Fernández en realidad venía mentando madres. No podía creer que ahora debía ir a certificar un milagro. ¡Un milagro!, como si en esa tierra tal cosa fuera posible…. Los habitantes, al menos una vez al mes, veían un fantasma o ánimas errantes en el mar o predecían alguna catástrofe o presenciaban un milagro: lo que fuera, con tal de no morir en el olvido. Morir de hambre, de disentería, o de olvido. Pero esta vez, para él todos habían enloquecido. Al parecer las heces de una mujer habían tomado la forma de la virgen. ¡Las heces!... ¡La Virgen!... El padre Fernández, cada vez que ocurrían este tipo de insensateces (como le gustaba llamarlas), respiraba hondo y le pedía a la Santa Inmaculada que ayudara a toda la gente ignorante y tonta. El camión se detuvo, su cabeza rebotó violenta en el vidrio. Como de costumbre respiró muy hondo, abrió los ojos, parecía emerger de una larga meditación. Volteó a ver a su vecina de viaje, le dio dos palmadas en la

rodilla, se levantó y dio dos palmadas en el hombro al chofer, sonrió y dio las gracias. La solemnidad y el cuidado que ponía en sus movimientos agregaban veinte años a los casi treinta que tenía, a pesar de su rostro de niño. Bajó del camión, le preguntaron si quería caminar o prefería tomar una redila para la terracería, él decidió caminar. El sol estaba en su cenit. Mientras avanzaba, el padre Fernández procuraba ser amable con sus acompañantes, había que reconocerle que su deseo más sincero era en efecto el de seguir el ejemplo de Jesucristo, y entonces era amable; y sin proponérselo con esta actitud conseguía inspirar igual desconfianza que respeto. Preguntó pues por el milagro y cómo llegar al lugar de los hechos. No le extrañó que nadie supiera nada, eso ocurría todo el tiempo. De todas formas no tardó en encontrar la casa de Domitilia, un grupo de curiosos intermitentes e intercambiables la merodeaba desde hacía unas horas, como cuando los zopilotes indican dónde está el muerto. A su llegada, saludó a Pancha pensando que ella era la dueña de la casa, no le molestó la visión de una anciana moribunda en la hamaca que colgaba a unos metros de la estatua; lo único que él quería era irse de allí lo más pronto posible. Le señalaron la Virgen, como ahora la llamaban los nuevos beatos, y desde que la vio no pudo quitarle los ojos de encima. Era un monumento demasiado obvio para él, todo el odio que alojaba su corazón se esfumó ante esa imponente y dolorosa visión y, como cuando era niño, empezó a temblar. No podía ver más que un escroto, un par de bolas y un falo erecto, perfecto. Recordó las interminables e infames tardes de sacristía que debió sobrevivir en su juventud. Su garganta se cerró conforme descubría que una poderosa erección lo dominaba sorpresivamente. Perplejo, confundido, y para no ser descubierto, cruzó las manos bajo su ombligo y cayó de rodillas, cabizbajo y vencido, pidiendo a Dios que toda esa humillación terminara. ¡Pobre cura Fernández! De haber sabido que desde donde él estaba en verdad se veía un pene, no se habría entregado a la culpa tan animadamente como ahora lo hacía. Pancha, al verlo postrado, levantó los brazos y aun más incrédula que en la mañana gritó “¡Milagro! ¡Milagro! ¡Milagro!”.

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IV ientras el aire la mecía y acariciaba tiernamente su cabello, Domitilia escuchaba el mar, las olas que batían una y otra vez al ritmo de su hamaca y del viento y de su propia respiración. Sentía que se hundía en ese arrullo y se entregaba a él resignada. De vez en cuando entreabría los ojos solamente para contemplar la peregrinación improvisada de sus vecinos hacia su patio. Traían flores y aguardiente, mezcal y veladoras, ofrendas de todo tipo, cervezas, charanda y niños. De haber podido, hubiera gritado, hubiera sacado a machetazos a toda esa gente de su patio, le hubiera escupido al cura por menso; pero antes que nada, Domitilia se hubiera servido un vaso de agua del pozo. Sus labios secos estaban pegados y así guardaban la poca humedad que le quedaba entre la lengua y el paladar; era cuestión de tiempo antes de que todo en ella se secara y desintegrara. Parecía que el destino de su estatua se había intercambiado con el de ella; y entendió que moriría como un despreciable pedazo de mierda, abandonada a su suerte.

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Pensó en su hijo. Cada vez que veía a los hombres regresar del mar, en sus lanchas con sus redes y sus tarrayas, pensaba en su hijo. Él seguiría enviando dinero después de ella muerta, y no había ni cómo avisarle ni cómo pedirle que ya no mandara nada. ¿Quién se iba a quedar con todo ese dinero? Tanto trabajo y esfuerzos enviados a nadie y a nada… Pobre, se había ido para el norte apenas hecho un hombre, con catorce cumplidos y la promesa de volver; pero ya había pasado mucho tiempo, varios temporales, varios huracanes, hasta dos temblores fuertes, y no volvería a tiempo para besarle la frente como se acostumbra al morir la gente.

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El padre Fernández terminó pronto el rosario, las letanías y la bendición; se despidió de Pancha y con un gesto de la mano se despidió de los demás. Sin entender bien porqué, caminó hasta la hamaca, le preguntó a Domitilia si se sentía bien. “Ya mejor” fueron sus últimas palabras mientras sonreía. El padre tomó sus manos ya heladas y le murmuró palabras en latín al oído, la bendijo, besó su frente salada; usó la silla que tenía la mujer para mantener abierta la puerta de su casa y se quedó junto a la hamaca en silencio mientras la puerta detrás de ellos se cerraba. Juntos escucharon el barullo del pueblo, las gaviotas que se peleaban el pescado de los hombres, el golpe de las olas contra las lanchas, el viento en los árboles, los niños gritando, los grillos, los perros, y el mar. Y poco a poco se abrazaron en el sueño púrpura del atardecer con las manos entrelazadas. Cuando el padre Fernández volvió a abrir los ojos ya era de noche. La mano rígida de Domitilia yacía entre sus dedos. La soltó. Comprendió que no podría regresar a la iglesia sino hasta llegada la mañana, una vez terminadas la devoción y la borrachera de los demás. Los pocos que seguían despiertos miraban perdidos el fuego de una fogata, y uno que otro de repente cantaba. Sólo el enorme cerdo, que otra vez se había escapado de su corral, daba vueltas. Iba y venía buscando basura y comida y, como era de esperarse, se detuvo frente al altar. Su fino olfato lo había llevado hasta aquel monumental festín y el padre Fernández se escuchó decir en voz alta “este comemierda se la va a tragar”.


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V ientras el aire la mecía y acariciaba tiernamente su cabello, Domitilia decidió abrir los ojos por última vez y despedirse del mar. De aquellas olas doradas y llenas de destellos vio cómo surgía, primero pequeñita y después cada vez más imponente, la silueta de su hijo convertido ahora en un hombre. Se estremeció tanto que los latidos de su corazón la sacudían en un temblor interminable y la poca agua que le quedaba dentro se derramó en una lágrima gorda que le mojó los labios. Él se acercó, la miró, acomodó su cabellera y le secó los ojos. Domitilia sintió cada músculo de su cuerpo relajarse, toda la agitación previa al encuentro se diluía ahora en una suave brisa de paz y cuando su hijo le preguntó cómo se sentía, ella suspiró un frágil “Ya mejor”, y sonrió. Su hijo la volvió a acariciar, le tomó las manos y, muy bajito en el oído, le relató cómo era su vida, sus anhelos y sus sueños; le describió todos los lugares que había conocido y todas las personas que lo habían ayudado; le habló de la mujer que amaba y del hijo que esperaba; la bendijo, le besó la frente, arrimó la silla que llevaba años esperándolo en la puerta de la casa y se sentó junto a ella, en silencio, con las manos entrelazadas, frente al agua púrpura del mar. Domitilia cerró los ojos, contenta.

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ibel Rojas ·

DE LA PRODUCCIÓN DEL ARTE CONTEMPORÁNEO

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uando Susan Buck, nos describe que el arte político1... es, en todas sus variedades, una práctica crítica contextualizada2, de inmediato nos remitimos a las vanguardias de la Modernidad; que en su postura de prácticas artísticas críticas replantearon los valores tradicionales de lo que hasta entonces era considerado arte; oponiéndose desde su resistencia al modelo cultural establecido. Sin embargo, el rompimiento con dichas vanguardias origino que lo político no necesariamente se presentará como un compromiso definido cargado de una ideología especifica sino como una instancia discursiva capaz de expresarse simbólicamente en todas sus formas de actividad social, individual y productiva. Como consecuencia: Lo político se manifiesta ahora [por] la elección del soporte, la factura y los símbolos empleados que a veces son variaciones lúdicas o paradójicas del código; [...] introducidos de manera intencional para

provocar una reacción crítica en el espectador.3 Esto a su vez, es encontrado en los artistas que vierten su interés en las estrategias de lenguaje, y en los temas políticamente correctos; como son los derechos humanos, la ecología, la identidad, etc., así como en aquellos que recurren a las posibilidades de las tecnologías de la información, y a la generación de espacios de legitimación cultural. De estas últimas devendrá la práctica artística sucedida en internet, que considerada un arte público -entendiéndose por esto:...aquellas prácticas artísticas y culturales que precisamente se dan por misión la producción de un dominio público4 o la producción de espacios de interacción comunicativa- toma como antecedente la relación entre arte y tecnología, dirigiéndola hacia una especificidad de ubicación y distribución pública del conocimiento artístico, enfati-

zando la desmaterialización del objeto en pro de una estética de la recepción. Ésta manifestación además de resistirse en primera instancia a las prácticas artísticas tradicionales, a la fetichización del objeto, y a su circulación mercantil; pone de manifiesto abordar una crítica política hacia la esfera pública como punto de distribución del conocimiento artístico, promoviendo a su vez un medio especifico que sirva como dispositivo para la exhibición y percepción de sus obras. En este sentido, valdría la pena recordar que de manera análoga, los minimalistas asumieron una postura crítica ante ...el idealismo intrínseco de la escultura moderna,...5 proponiendo la incorporación del lugar dentro del ámbito de la percepción de la obra, produciendo así, una especificidad espacial para la escultura; extendiendo el idealismo del arte a su entorno espacial. El lugar era entendido

entonces como específico, abstracto y estetizado. Respecto al arte en la red, José Luis Brea comenta: ...la convergencia de las tecnologías de postproducción computerizada y telecomunicación en la red internet, [...] esboza un mapa de posibilidades de distribución de las formas y practicas artísticas que podemos calificar como postmedial,...6 las cuales, en su característica desjerarquizada y descentralizada posibilitan la reconfiguración de los dispositivos mediales bajo los cuales se crea y se exhibe el arte. De esta forma, las prácticas artísticas consideradas postmediales, verán su impacto sobre la experiencia estética del receptor, quien derrumbará no sólo ...las garantías que el sistema cultural proporcionaba en relación [...] a la formación del “individuo”; [y] en relación a la aspiración burguesa... [sino que además] ...necesariamente se [referirá a un] desplazamiento


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desde una significación simbólica, heredera de sus precedentes sentido mágico y religioso, hacia una Pero más allá de promover la participación del esnueva e ineluctable significación política.7 pectador, el arte de internet, intenta extender la creatividad a una escala social, requiriendo de una nueva Un resultado que alcanzará indiscutiblemente el dis- concepción en la praxis artística enriquecida en su tintivo de obra abierta; ya que la experiencia estética producción por el receptor. Es decir, que intenta esdel receptor afectará tanto a su interpretación, como tablecer una <<socialización de la creación>> como a la dotación de sentidos y a la valoración de la obra, <<el modo de apropiación estética más adecuado para así como a los aspectos sensibles y materiales de la una sociedad que se rija no ya por el principio de la misma. rentabilidad, sino por el principio creador>>8. Se trata ahora de que el espectador sea coparticipe en la proPor otro lado, es de destacar que en las últimas déca- ducción de la obra, no limitándose a la simple contemdas algunos artistas ya se habían aventurado a realizar plación, sino por el contrario insertarlo en el proceso un arte interactivo, participativo, efectivo y afectivo; de creación para que ésta cumpla su función como utilizando las formas, los materiales y soportes, así arte. Al respecto quiero agregar dos comentarios de como la participación y el contenido, en favor de la Paul Valéry: <<mis versos tienen el sentido que se obra; como fuera el caso de los happenings con Allan les quiera prestar>>, <<la obra del espíritu no existe sino en acto>> y fuera de ese acto (de recepción) lo Kaprow.

a repensar al artista como productor y su hecho estético; ya que el solo hecho de realizar una pieza de arte objetualmente condicionada lo determina a ser un simple productor de mercancías singulares, destinadas a los circuitos de lujo; alejándolo de las prácticas sociales o de los contenidos específicos destinados a la Por su parte, Walter Benjamín en su ensayo “el autor difusión social que requiere el arte. como productor”, hace la siguiente observación: El lector está en todo momento preparado para trans- Finalmente, quiero agregar que el aspecto político que formarse en escritor; es decir, en alguien que describe, actualmente se advierte en el arte contemporáneo y, pero también prescribe [...] aunque no lo sea tanto por como resultado, en el arte de internet, reaparece aholo que sabe acerca de un tema, cuanto por la posición ra como una parte constitutiva del propio discurso de que ocupa-10 la obra, que nos lleva a plantear nuevos argumentos en torno al arte y a su distribución. Es decir, que el receptor capaz de entender el discurso y adaptarlo a su propio contexto puede convertirse en cualquier momento en autor. Así pues, el propósito del arte en la red, nos conduce

Arte: s. m. o f.(lat. ars, artis, habilidad, profesión, arte) Actividad creativa del ser humano que consiste en transformar y combinar materiales, imágenes y sonidos, etc., para transmitir una idea o un sentimiento y producir un efecto estético, o para embellecer ciertos objetos o estructuras funcionales; conjunto de obras resultantes de esta actividad que pertenecen a un país, una época, un autor o una estética determinada[...]; Política: s.f. [...]5.Comportamiento prudente y hábil para conseguir un determinado fin: actuar con política. “Diccionario Enciclopédico Larousse Ilustrado”, Colombia, Larousse, 2003. 2 Susan Buck-Morss. “¿Qué es arte político?” INSITE 97. Traducido por Mónica Mayer, México, CONACULTA, 1997, pag. 27. 3 Felix Suazo, “Para una redefinición de lo político en las prácticas de creación contemporáneas”, México, Curare, No16, Julio Diciembre del 2000. s/n. 4 José Luis Brea, “La era postmedia. Acción comunicativa, prácticas (post)artísticas y dispositivos neomediales”, Edición electrónica pdf, pag. 14. 5 Douglas Crimp, “La redefinición de la especificidad espacial”, en Blanco, Paloma et al, Modos de hacer, arte crítico, esfera pública y acción directa, Salamanca. Universidad de Salamanca, 2001, pag. 148.

José Luis Brea, “La era postmedia...” Op cit., pag. 21. José Luis Brea, “El tercer umbral. Estatuto de las prácticas artísticas en la era del capitalismo cultural.” Edición electrónica pdf, pag. 41 8 Adolfo Sánchez Vázquez, “De la estetica de la recepción a la estética de la participación.” en Marchán, Simón et al, Real/Virtual en la Estética y la Teoría de las Artes. Barcelona, Ediciones Paidós Ibérica, 2006, pag. 24. 9 Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina, “La recepción de la obra de arte.” en Bozal, Valeriano et al, Historias de las ideas estéticas y de las teorías contemporáneas. Volumen II, Madrid, La balsa de la Medusa, 81, 1996, pag. 173. 10 Walter Benjamín, “El autor como productor.” en Wallis, Brian et al, Arte después de la modernidad. Nuevos Planteamientos en torno a la representación. Madrid, Editorial Akal, 2001. pag. 300. Este artículo fue originariamente concebido como un discurso para el <<Instituto para el estudio de fascismo>> en París, el 27 de abril de 1934. Ibidem, pag. 297.

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que queda es un objeto <<que no tiene con el espíritu ninguna relación particular>>9; en ellos argumenta que el propósito del arte se cumple al completarse la recepción de éste, y con ella, el espectador puede ser elevado a segundo creador.

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CURADURÍA & DISEÑO EDITORIAL POR: RAYMUNDO BOLAÑOS -DEDICADO A NANCY BAKMANMÉXICO, D. F. 2012


路 GRACIAS 路

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Somos · Amantes No. 1