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Lo miro con los ojos como platos y luego miro a la recepcionista. Como le diga que está cambiando el nombre de su jefe por el suyo, se va a liar y gorda. —Vamos, cariño —le digo dándole un pequeño pellizco, que él nota—. No digas eso, hay veces que puede haber errores o que se atascan los ordenadores, etcétera. Bryan me mira sin saber por qué le he pellizcado y, en el oído, sin que la recepcionista me oiga, le susurro: —Eres un grosero. El me mira y entrecierra los ojos. Se pega a mi oído y me dice: —Espera que nos den la llave de la habitación y te vas a enterar de lo grosero que soy, y del pellizquito, claro. Levanto mis ojos para mirarlo y, seguidamente, creo que es la primera vez que con Bryan me pongo colorada. —Vamos, nena… ¿A estas alturas te sonrojas? La recepcionista nos mira. Qué vergüenza, nos ha escuchado, seguro… Me giro al mostrador. —¿Está todo bien ya? —Sí, aquí tiene, señorita, y disculpe por… —la corto. —No se preocupe, no ha sido nada. Mi marido, a veces, es muy maleducado. Discúlpele a él. Bryan me mira sin dar crédito y abre la boca exageradamente. Yo cojo su brazo y tiro de él hacia el ascensor. Según vamos acercándonos al ascensor, ya me empieza a entrar la risita tonta. Cuando las puertas se abren Bryan me empuja dentro de él de manera que quedo entre mi hombre y la pared como no, de cristal. —¿Sabes que nos está viendo todo el hotel? —rio sin parar. Bryan me muerde el lóbulo de mi oreja y reparte pequeños mordiscos en mi cuello, cosa que hace que me ría aún más fuerte. —¿Te da vergüenza? —pregunta pícaro.

Angy skay solo por ti 3 eternamente  
Angy skay solo por ti 3 eternamente  
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