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Suspiro y Bryan se para en seco para darme la vuelta y ponerme de cara a él en medio de la calle. —¿Y cuál es esa duda? —dice cogiéndome de la cintura y apoyando su frente en la mía. Lo miro a los ojos un instante y entreabro mis labios para hablar, pero seguidamente los cierro. —No debes estar insegura. Si es lo que quieres, hazlo, dilo, grítalo al mundo. Pero no te lo guardes aquí —dice señalándome el corazón. Le doy un casto beso que el corresponde con amor y me mira para que continúe. —Quiero saber que pasó. Arruga el entrecejo y me mira sin entender. Lógico. —Quiero saber que pasó antes de que yo llegara a mi casa y me encontrara todo aquello. —¿No lo sabes? —pregunta realmente sorprendido. Niego con la cabeza y sé que no sale de su asombro. Creo que ni yo misma sé tampoco como he sido capaz de aguantar tantos años sin saberlo. —Pero… —No me atreví a preguntarle a Nina. No podía soportar más dolor, más culpa. —La culpa no fue tuya. Eso deberías de saberlo ya. —En aquel momento lo pensé, Bryan. Además, tuve el problema con las drogas, la cárcel… Todo se juntó. Y lo sé… Menuda joya soy…. Sonríe ligeramente y coge mi cara con ambas manos. —Suerte de haber encontrado esa joya en mi camino. Con las mismas vuelve a besarme, pero esta vez es un beso apasionado y, sin lugar a dudas, sin ganas de que termine. Un coche nos viene a buscar al aeropuerto y nos dirige hacia el hotel de Jim. Y hablando del rey de Roma… Me suena el teléfono; es él. Intento apartarme un poco, pero eso lo único que hace es que Bryan me pegue más a él. —Hola, Jim —me limito a decir.

Angy skay solo por ti 3 eternamente  
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