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—¿Y tienes una barita mágica que lo va a hacer aparecer, verdad? —ironizo. No se ríe ni por un instante. Al revés, todos los músculos de su cuerpo están tensos. Serio es quedarse corto respecto a la posición en la que se encuentra Max ahora mismo. Abro los ojos y le insto a que me conteste. Este niega con la cabeza. —No, no la tengo. ¿No me digas? ¡Ja!, pienso para mí. Menos mal que no se me escapa la risita. El silencio se hace insoportable entre ambos. Jamás había estado así con Max, y me duele en el alma. Me levanto para irme, pero me impide dar un paso más, ya que mi mano se queda sujeta a la suya. Se levanta del asiento; su altura y la forma de mirarme me imponen, la verdad. —Any, ya está bien —se limita a decir mientras suelta un fuerte suspiro. —¿Disculpa? ¿Ya está bien, qué? —le escupo. —No podemos seguir toda la vida tirándonos cuchillos a la cabeza. —Yo no tiro cuchillos a nadie. Creo que te estás equivocando —digo envalentonada. Max resopla y niega enérgicamente con la cabeza. —Da igual, no vamos a llegar a ninguna conclusión. El caso es que tú no piensas ceder y yo no soporto que estemos así. —¿Por qué no lo soportas? —Levanto mi mirada hacia sus ojos. Lo veo dudar por un instante, pero enseguida recapacita y contesta seguro de sí mismo: —Porque te quiero demasiado. Me dedico unos minutos a recapacitar. Cada día tengo más claro que Max es diferente. Es una persona muy noble, pero, a su vez, estoy muy segura de que tiene un lado oscuro. Lo que no sé es cómo de oscuro es, y, realmente, no sé si quiero averiguarlo. —Max, no sé a qué conclusión quieres llegar, pero, por mí, está todo olvidado… Me levanto dispuesta a irme por donde he venido, pero su mano me detiene. Miro al frente y

Angy skay solo por ti 3 eternamente  
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