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Miro a mi gran amiga Brenda y suspiro… —Brenda…—la llamo agotada. Cojo a Natacha y la siento en mi regazo. Miro sus bonitos ojos azules, iguales que los de su padre, y su cabello rubio agarrado en dos pequeñas coletitas. Qué hermosa es, y qué complicado es todo. Si no fuera por ellas, que iluminan mis días, no sé qué sería de mí. —Any, no empieces a darle vueltas a ese coco duro que tienes. No pasa nada, lo encontrarán y punto. No te vengas abajo. Eh, eh… Mírame —me dice al ver que agacho la cabeza para mirarme los pies, literalmente. —¿Crees en la suerte? ¿O en el destino, tal vez? Brenda me mira como si hubiera perdido el juicio. Levanta las cejas y, cuando va a contestarme, cierra la boca. En ese momento, la vuelve a abrir y la vuelve a cerrar. —El silencio vale más que mil palabras…—susurro. Miro de nuevo a la nada y Brenda no sabe qué hacer. Está nerviosa. Creo que sabe por dónde voy… Oigo una voz familiar y me sobresalto de repente. —La suerte es para quién la busca; el destino lo elegimos día a día cada uno. Max. Se sienta a mi lado y miro hacia él. Sus bonitos ojos marrones me traspasan hasta el alma. Brenda se levanta y me quita a Natacha de los brazos, coge el carrito, donde Lucy duerme plácidamente, y se va dirección a la salida. —Estaré en la terraza de la cafetería de enfrente; tengo la garganta seca. Ejem… No se puede ser más actriz. La miro con cara de reproche, pero ella hace como que no ha visto nada. —¿Qué haces aquí, Max? —Estoy realmente interesada. —Bueno, digamos que me he enterado de que tu vestido había desaparecido y… No le dejo terminar la frase. Sé que es de mala educación, pero me da igual.

Angy skay solo por ti 3 eternamente  
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