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una explicación. Aunque de poco me sirvió, pues viví el mayor infierno que alguien puede pasar. A los pocos días de que Bryan apareciera me enteré de que estaba embarazada. Y en honor a Anthony, decidimos ponerle su nombre al pequeñín que hoy trastea por la casa. Por la parte de Alfred y Jim, no volvimos a saber nada de ellos, excepto por las noticias que seguían en busca y captura. Un alivio, ya que no quisiera volver a encontrármelos en mi vida. —¿Cómo va ese pastel? —pregunta Bryan dándome un beso en la coronilla. —Uff, ¿quieres remover tú un rato? —digo enseñándole la fuente. —Claro, me encantaría. Con un salero que no es normal, coge la fuente y comienza a remover el chocolate. —Te sienta muy bien la cocina… —digo dándole un beso en la mejilla. Sonríe y me mira. —¿Qué piensas? Niega con la cabeza y deja la fuente en la encimera. —¿A ti, qué se te da bien? —pregunta pícaro. Toco su pelo, me agarra de las caderas para dejarme atrapada entre la encimera y él. Digo lo que primero que me viene a la cabeza cuando veo pasar por el salón a mi pequeño. —Pues no sé… muchas cosas. —¿Cómo qué? —¿Ser madre, por ejemplo? Suelta una pequeña carcajada. —¿Quieres ser madre de nuevo, señora Summers? Niego con la cabeza. ¡Ni loca! —Creo que con tres tenemos suficiente. ¿O es que quieres un equipo de fútbol? —Estaría bien, el equipo se llamaría los mini Summers. —Ja, ja. Dejémoslo en tres.

Angy skay solo por ti 3 eternamente