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—Giselle, tranquilízate. —¡Ay, Dios mío! ¡Ay, Dios mío! Empieza a abanicarse con la mano y entonces mi vista se va hacia la escalera donde Bryan se encuentra paralizado. Lo miro y no sé descifrar su expresión, es como si… ¿estuviera al corriente? No lo tengo muy claro, así que no le doy mayor importancia. Oigo un fuerte derrape y veo a Max entrar por la puerta corriendo. —¡Bryan! —chilla en cuanto entra. Nos mira a todos y se calla de golpe. Viene muy acelerado. Vuelve a mirar a Bryan. —Tenemos que irnos, ¡ya! Miro al hombre de mi vida y veo cómo su cara se transforma de nuevo a la tristeza. Da un pasional beso a mis labios con un significado que ahora mismo no sé descifrar. —Te quiero, no lo olvides nunca. Arrugo el entrecejo, ¿a qué se refiere? —¿Y por qué iba a olvidarlo? Vuelve a darme ese casto beso que sé que tiene algún significado, pero ahora mismo no se descifrarlo. Sale de la casa con Max y yo me quedo mirando a Giselle que me observa sin entender nada. Cojo las llaves del coche y salgo a toda prisa. —¿¡Adónde vas Any!? —me chilla Giselle. —¡No lo sé! —¿Cómo que no lo sabes? —dice preocupada. —¡Quédate con las niñas! ¡Algo no va bien! —¿Qué es lo que no va bien? No le contesto y corro hacia el vehículo. Una extraña sensación de pánico se apodera de mí sin saber por qué. Me incorporo a la carretera y, cuando me quiero dar cuenta, noto cómo mis lágrimas están cayendo como una cascada por mis ojos. Sigo el coche de Max, que va a toda

Angy skay solo por ti 3 eternamente  
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