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Me levanté de golpe de la silla, tirando esta al suelo. Max me indicó que me calmara con la palma de sus manos hacia mí, pero mi cabreo aumentaba por segundos. —Bryan, lo siento. Sé que no voy a menguar tu enfado, pero de verdad que se me olvidó. Aunque no lo creas, no he estado bien estos días. Marian no ha parado de darme por saco y no tenía la cabeza para nada; por favor, perdóname. Lo vi tan desesperado que no pude decirle nada más. Marian es la mujer que le dejó plantado en el altar. A buenas horas aparece. Cogí la silla del suelo y me volví a sentar. —Vale, está bien, pero ¡por Dios, Max! Que no se te pasen esas cosas. Ahora cuéntame que quiere la tía esta. —Que me echa de menos. ¿Te lo puedes creer? Le miré y arqueé una ceja inmediatamente. Decididamente, este mundo se ha vuelto loco. —La habrás mandado a la mierda, ¿no? Max asintió y yo le miré entrecerrando los ojos. —¡Que sí! ¿Te piensas que estoy tonto? No pienso caer con esa arpía ni una vez más. Y estas cosas son las que me hacen pensar que soy el hombre más afortunado del mundo teniendo a quién tengo aquí a mi lado. La chica que me encontré de casualidad en aquel certamen. La chica que me robó el corazón en el primer momento en el que me miró a los ojos. La que me ha dado el mayor regalo del mundo, mis hijas. Estoy tan embobado mirándola, que no me doy cuenta de que la estoy poniendo nerviosa. Le sale una risilla tonta. —¿Por qué me estás mirando tanto? —Eres capaz de meterte en el peor bar que haya en todo Londres a buscarme… No lo pregunto, porque sé que es capaz de eso y mucho más. —¿Acaso lo dudas, nene? —me dice con cierta chulería. Hace que me salga una pequeña sonrisa. Por lo menos, no es tan triste como la del resto del

Angy skay solo por ti 3 eternamente  
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