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whisky en la cocina. —Max, dime dónde está Bryan. Tú tienes que saber los sitios a los que podría haber ido —no lo pregunto, lo afirmo. —Creo que sé dónde está. —¿Dónde? —pregunto desesperada. Max me indica una dirección; es de un bar. Salgo y cojo el coche. Me dirijo a toda prisa hasta que llego a la puerta. Es un bar de mala muerte, aislado. No voy ni a preguntarme qué hace Bryan aquí. Beber, lógicamente. Veo su coche aparcado en el callejón de al lado; sí, está aquí. Entro dentro y me lo encuentro al final de la barra. Está fumando; jamás lo había visto fumar. Veo como le pide otro whisky al camarero cuando levanta la mano. El camarero se lo sirve de inmediato. Lleva la camiseta desabotonada y se ha quitado el resto del traje por completo. Ni chaleco, ni corbata, ni chaqueta. Sigo en la sombra del viejo bar. La barra es de madera antigua y está desportillada por todos y cada uno de los filos. En las paredes hay un montón de cuadros de diferentes cantantes y las lámparas del bar son óvalos con tenues luces. Hay un par de plataformas donde dos chicas bailan al son de la tranquila música. Veo como una de ellas se pone justamente enfrente de Bryan y mi cuerpo empieza a temblar de rabia, pero Bryan le dice con la mano que lo deje tranquilo. La chica insiste y él se coge la cabeza con las manos. Le vuelve a decir que lo deje tranquilo, pero ella no se da por vencida. Dispuesta a terminar con la escenita, me acerco adonde está él. —Te ha dicho que te largues. ¿Estás sorda? —escupo de malas formas. La chica me mira y se va al momento sin hacer ningún comentario. Bryan no me mira. Pero sí habla. No sé cuántos whiskies llevará, pero habla perfectamente. —¿Cómo sabías que estaba aquí? —dice sin mirarme. —Max me lo ha dicho.

Angy skay solo por ti 3 eternamente  
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