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—Tranquila, Giselle, ya ha pasado. —La intento tranquilizar. Ella sonríe nostálgicamente. —No, no ha pasado. Está muy cansado, Any; lo peor de esto es que yo lo sé y él lo sabe. Se apaga… —No digas eso, nunca sabes cuándo es el momento. —Ojalá que no llegue nunca, no sé cómo voy a vivir sin él… Los ojos se me llenan de lágrimas pero las retengo. No puedo permitirme caer yo también. —Ve a la cafetería y tómate algo, te vendrá bien; no has comido en todo el día. —Tú tampoco, y encima era vuestra boda. —No te preocupes, lo importante es Anthony, la boda puede esperar. Venga, baja y despéjate un poco. —La animo. Giselle desaparece por la puerta, sorbiéndose la nariz. Está destrozada. Yo me siento en la butaca que hay al lado de Anthony y le observo. Ha envejecido tanto con esta enfermedad de mierda… Cojo una de sus arrugadas manos y deposito un beso en ella. —¿No me digas que he estropeado la boda? —dice con un hilo de voz. —Shhhh… No has estropeado nada y no hagas esfuerzos por hablar. Estás muy débil. Se ríe y muestra su dentadura. —¿Cómo está mi mujer? —Asustada, triste. Tienes que recomponerte para darle fuerza. —Ella, de por sí, ya es muy fuerte. Escucha una cosa, Any. — Coge mi mano—. Sé que esto te va a sembrar pánico, pero no es para tanto. Abro los ojos un poco y le miro también algo asustada. —Te acuerdas del pen drive que cogiste con la llave, ¿no? —Sí —afirmo. —Esa llave es maestra. La casa está en tu tierra. La dirección está grabada en una de las

Angy skay solo por ti 3 eternamente  
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