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—¿Quieres que vaya yo? —Se ofrece Ulises. —Oh, no te preocupes, voy yo. Entro en la casa pero no lo veo. Max está en una de las esquinas del salón, con las manos en la cabeza y, de vez en cuando, se frota un poco la barbilla. Coge el vaso en el que se ha echado de whisky y le da un sorbo. Escondo mi cuerpo en el marco de la puerta y apoyo mi mano en él. Sabe que estoy aquí, lo sé. —No te escondas. Te he escuchado entrar —dice sin mirarme. —No me estoy escondiendo. Solo te miro. —¿Y qué ves? —pregunta levantando la cabeza y mirándome a los ojos. Muestro una sonrisita y salgo de mi <<escondite>> para ir donde está él. —Veo a un hombre alto, guapo, moreno con los ojos almendrados; mandíbula cuadrada, finos labios, barba incipiente de unos días y lleva puesto un bonito esmoquin negro con pajarita. La verdad es que va muy elegante. Se ríe. ¡Conseguido! —Eso solo es la fachada. —Cierto. Interiormente —giro su cara para que mire—, veo a un hombre fuerte, valiente, cariñoso, amable y, sobre todo, buena persona. Pero también veo a un hombre destrozado por amor, aunque él se niegue a reconocerlo. Veo como se le encharcan los ojos de lágrimas, pero se niega a que derramen por sus rosadas mejillas. —Y orgulloso —apunto. Entrecierra un poco los ojos pero lo justo para que no se note. —¿Te has permitido llorar alguna vez por eso? Niega con la cabeza. Sus labios muestran una fina línea que no se abre ni una sola vez. Es má s , me atrevería a decir que está apretando los dientes con rabia. Me levanto para

Angy skay solo por ti 3 eternamente  
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