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La próxima vez me pega, estoy segura. Me tiro un rato quieta hasta que termina de pintarme; media hora más tarde, sale de la habitación un momento. Yo suelto una larga bocanada de aire. —¡Al fin! —Una no se casa todos los días —dice Nina pintándose las uñas. —¡Lo que me faltaba! —Sería divertido. Todos los días con un vestido nuevo —comenta Brenda. Nina se ríe por su comentario y yo pongo mala cara. —Mamá no se creería lo que yo estoy viendo. Nuestra rebelde niña se va a casar y ya tiene dos pequeñajas. Ojalá pudiera verte… Lo último lo dice con un susurro desgarrador que a mí me parte el alma. Veo como Brenda se gira y sé que es para secarse alguna lágrima. Brenda se llevaba muy bien con mi madre. Incluso, cuando tuve un tiempo en el que no le hacía caso a Brenda ni Ulises, ellos siempre se preocupaban de mamá Natacha, como solían llamarla. —Estoy segura de que esté donde esté, te estará viendo —dice Brenda viniendo hacia mí. Hago una mueca con la boca cuando veo que mi hermana tiene los ojos encharcados en lágrimas. —No lloréis, por favor. Si tengo que someterme al maquillaje otra vez, ¡iré sin pintar! Y es una amenaza, os lo aseguro —digo medio en broma para romper un poco el ambiente tan triste que se ha generado. Las dos se echan a reír y nos damos un fuerte abrazo que parece no tener fin. Veo que la puerta se abre y por aquí vienen mis cuatro niñas. Más bonitas no podían ser. Hemos elegido, entre Nina y yo, cuatro vestidos iguales para Helen, Leire, que es la pequeña de la familia, y mis dos diablillas, Lucy y Natacha. Los vestidos son beige, con un cinturón a la altura del pecho en color ocre. En medio tiene una pequeña flor del tono rosa palo. Les llega por debajo de las

Angy skay solo por ti 3 eternamente  
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