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Declaración “Gravissimum educationis” del Concilio Vaticano II y el Código de Derecho Canónico La declaración del Concilio Vaticano II, sobre la educación resalta una temática genuina a tener en cuenta en la formación de los más altos ideales de la persona humana. Es así que resalta el progreso de la técnica y de la investigación científica, los nuevos medios de comunicación como instrumentos que facilitan el patrimonio a la inteligencia y del espíritu, como también el desarrollo de los mismos pueblos. La educación propuesta por el Concilio Vaticano II, debe tener en cuenta a toda la vida del hombre, incluso la material, en cuanto que está unida a la vocación celeste para poder cumplir el mandato del divino Fundador. En este sentido todo hombre, de cualquier raza, condición y edad, por poseer la dignidad de persona, tiene el derecho inalienable a una autentica educación que corresponda al propio fin, carácter, sexo acomodada a la cultura y a las tradiciones patrias, y, al mismo tiempo, a las tradiciones fraternas con otros pueblos, para fomentar en la tierra la unidad verdadera y la paz. La educación católica propuesta por el Concilio Vaticano II, está orientada a respetar las diversas etapas de la vida de la persona, la cultura, pero a su vez estimulando la participación social, adhiriéndose activamente con otros grupos sociales, con capacidad de diálogo y presten su colaboración al logro del bien común. De ahí entonces que ruega a todos los que gobiernan los pueblos o están al frente de la educación a que no priven a los jóvenes de esos sagrados deberes (cfr. Gravissimum educationis 1965). Si lo anteriormente señalado es importante, no cabe duda que la familia en este orden de idea tiene un carácter sobresaliente, por considerarla como la escuela de las virtudes sociales, que todas las sociedades necesitan. Es ella donde el niño aprende a respetar y a dorar a Dios, como también a amar al prójimo según la fe


recibida en el bautismo. Tal educación es imposible llevarse a cabo si la sociedad civil no colabora en la misma, pues a ella le corresponde promover las más variadas formas de que la educación se lleve acabo respetando las creencias e interesándose por el conocimiento integral de la persona. En este sentido, la Iglesia está obligada a darle una educación que llene toda su vida del espíritu de Cristo, y al mismo tiempo y a todos los pueblos a promover la perfección cabal de la persona humana y desde allí contribuir a la edificación del mundo. En este orden de ideas, la iglesia como Madre y Maestra considera como elemento fundamental la instrucción catequética, que ilumina y robustece el espíritu y lo capacita para el servicio de la comunidad. Igualmente, les corresponde a los padres, como primera e intransferible responsabilidad de educar a los hijos, gozando de la libertad de elegir la escuela que considere idónea y competente para la educación integral de sus hijos. De esta manera, el Estado ha de prever a todos los ciudadanos a que accedan a una educación plural ajena de ideologías y sin retaliaciones proselitista que vaya en detrimento de la misma persona humana. (La Declaración Gravissimum educationis 1965), afirma en tal sentido: “Así, pues, la escuela católica, a la par que se abre como conviene a las condiciones del progreso actual, educa a sus alumnos para conseguir con eficacia el bien de la ciudad terrestre y los prepara para la difusión del reino de Dios, a fin de que con el ejercicio de una vida ejemplar y apostólica sean como el fermento salvador de la comunidad humana” p. 605. Si la Iglesia tiene un interés por las escuelas católicas de niveles superiores, también resalta la importancia de los institutos y casa de estudios superiores, sobre todo las universidades y facultades. En ellas se propone el estudio minucioso de los más recientes descubrimientos, los métodos de investigación y las nuevas necesidades de la sociedad; sin descuidar las huellas de los doctores que la han caracterizado, sobre todo, santo Tomás de Aquino, para llegar a un pensamiento netamente cristiano y humanista. Le corresponde a los obispos y conferencias episcopales promover las distintas facultades teológicas, donde no solo estudien los futuros ministros del culto, sino que también estén


abiertas a los seglares, y coordinando apropiadamente el desempeño de las mismas puedan contribuir al bien de todos y a la edificación del bien común. Por su parte el Código de Derecho Canónico, que surge como una inspiración y adaptación al Concilio Vaticano II, ofrece unos cánones, que vienen a contribuir a la normativa y regulación de la misma. De esta manera el libro III, que corresponde a la función de enseñar de la Iglesia, y en especial el Título III, habla de la educación en los siguientes términos. Canon 793. Los padres y quienes hacen sus veces tienen la obligación y el derecho de educar a la prole. Canon 795. Como la verdadera educación debe procurar la formación integral de la persona humana, en orden al fin último y, simultáneamente, al bien común de la sociedad, los niños y los jóvenes han de ser ducados de manera que puedan desarrollar armónicamente sus dotes físicas, morales e intelectuales; adquieran un sentido más perfecto de la responsabilidad y un uso recto de la libertad, y se preparen a participar en la vida de la sociedad. Canon 799. Deben esforzarse los fieles para que, en la sociedad civil, las leyes que regulan la formación de los jóvenes provean también a su educación religiosa y moral en las mismas escuelas, según la conciencia de sus padres. Canon 807. La Iglesia tiene derecho a erigir y dirigir universidades que contribuyan al incremento de la cultura superior y una promoción más plena de la persona humana, así como al cumplimiento de la función de enseñar de la misma Iglesia. Canon 810. La autoridad competente según los estatutos deben procurar que, las universidades católicas, se nombre profesores que destaquen no solo por su idoneidad científica y pedagógica, sino también por la rectitud de su doctrina e integridad de vida; y que cuando falten tales requisitos, sean removidos de su cargo, observando el procedimiento previsto en los estatutos. Canon 815. En virtud de su deber de anunciar la verdad revelada, son propias de la Iglesia las universidades y facultades eclesiásticas ordenadas a la investigación de las


disciplinas sagradas o de aquellas otras relacionadas con éstas, y a la instrucción científica de los estudiantes en estas materias. Canon 817. Ninguna universidad o facultad, que no haya sido erigida o aprobada por la Sede Apostólica, puede otorgar grados académicos que tengan efectos canónicos en la Iglesia. Constitución Apostólica “Sapientia christiana” 15 de abril 1979 La Constitución Apostólica “Sapientia christiana” es la segunda Constitución Apostólica de Juan Pablo II y está dedicada a las universidades y a las facultades eclesiales. Fue firmada el 15 de abril de 1979. Juan Pablo II, en este importante documento, insiste en la necesidad de que el Evangelio impregne la vida cultural del mundo. En esta acción de la Iglesia en relación a la cultura, las universidades católicas han tenido y tienen una particular importancia que por su propia naturaleza – explica el Santo Padre –, «tienden a que se haga, por decirlo así, pública, estable y universal la presencia del pensamiento cristiano en todo esfuerzo encaminado a promover la cultura superior». De ahí que el Concilio Vaticano II no haya dudado en afirmar que «la Iglesia católica sigue con mucha atención estas escuelas de grado superior», recomendando vivamente «que se promuevan Universidades Católicas convenientemente distribuidas en todas las partes de la tierra» para que en ellas «los alumnos puedan formarse como hombres de auténtico prestigio por su doctrina, preparados para desempeñar las funciones más importantes en la sociedad y atestiguar en el mundo su propia fe». En efecto, la Iglesia sabe muy bien que la «suerte de la sociedad y de la misma Iglesia está íntimamente unida con el aprovechamiento de los jóvenes dedicados a los estudios superiores». Igualmente considera, que junto al esfuerzo de las universidades católicas está también el de las universidades eclesiásticas, que se ocupan especialmente de la Revelación cristiana y de las cuestiones relacionadas con la misma y por lo tanto están más estrechamente unidas con la propia misión evangelizadora. Propiamente a estas facultades es que está dedicada la “Sapietia christiana”. A ellas les ha sido confiada la


misión de preparar con particular cuidado a sus propios alumnos para el ministerio sacerdotal. Una tarea de gran importancia de la que tiene que ser consiente toda la Iglesia. Cabe destacar que el mundo de hoy, caracterizado por unos progresos tan rápidos en la ciencia y en la tecnología, las tareas de la Universidad Católica asumen una importancia y una urgencia cada vez mayores. De hecho, los descubrimientos científicos y tecnológicos, si por una parte conllevan un enorme crecimiento económico e industrial, por otra imponen ineludiblemente la necesaria correspondiente búsqueda del significado, con el fin de garantizar que los nuevos descubrimientos sean usados para el auténtico bien de cada persona y del conjunto de la sociedad humana. Si es responsabilidad de toda Universidad buscar este significado, la Universidad Católica está llamada de modo especial a responder a esta exigencia: «Su inspiración cristiana – escribe el Santo Padre – le permite incluir en su búsqueda, la dimensión moral, espiritual y religiosa, y valorar las conquistas de la ciencia y de la tecnología en la perspectiva total de la persona humana». Es importante destacar que las universidades católicas no pueden no estar comprometidas en la difusión de la llamada cultura católica. De acuerdo a las siguientes características: 1) Una inspiración cristiana por parte, no sólo de cada miembro, sino también de la Comunidad universitaria como tal; 2) Una reflexión continua a la luz de la fe católica, sobre el creciente tesoro del saber humano, al que trata de ofrecer una contribución con las propias investigaciones; 3) La fidelidad al mensaje cristiano tal como es presentado por la Iglesia; 4) El esfuerzo institucional a servicio del pueblo de Dios y de la familia humana en su itinerario hacia aquel objetivo trascendente que da sentido a la vida. Como se puede observar a la luz de estas características es evidente que en una universidad católica, «los ideales, las actitudes y los principios católicos penetran y conforman las actividades universitarias según la naturaleza y la autonomía propias de tales actividades». Ella debe ser simultáneamente una comunidad de estudiosos, que


representan diversos campos del saber humano, y una institución académica, en la que el catolicismo está presente de manera vital». De acuerdo a la UNESCO en 1980, Juan Pablo II afirmaba que «el hombre vive una existencia auténticamente humana gracias a la cultura» y más adelante que «es a través de la cultura que el hombre llega a ser hombre, accede más plenamente al “ser que le es propio”» y destaca más adelante como al origen de está preocupación no se encuentra una idea sino más bien el hecho de que «el valor humano de la persona está en directa y esencial relación con su ser y no con su tener» la cultura es aquello a través de lo cual el hombre, en cuanto hombre, se hace más hombre, "es" más, accede más al "ser". En esta concepción fuerte, la cultura hay que entenderla como la conciencia crítica de aquello que realiza el hombre en cuanto ser, es decir, como experiencia de plenitud de lo humano en todas sus dimensiones, por eso la cultura es la fuente de la educación. Para la UNESCO (2008), afirmaba que «la primera y esencial tarea de la cultura en general, y también de toda cultura, es la educación» y que «la educación consiste, en efecto, en que el hombre llegue a ser cada vez más hombre, que pueda "ser" más y no sólo que pueda "tener" más, y que, en consecuencia, a través de todo lo que "tiene", todo lo que "posee", sepa "ser" más plenamente hombre» A partir de estas premisas la Constitución Apostólica “Sapientia christiana” enumera una serie de normas sobre la acción práctica de los profesores, de los estudiantes y de todo el personal que trabaja al interno de dichas facultades. Las normas se ocupan de la organización de los estudios, de los grados académicos, de los subsidios didácticos, de la administración económica etc. A continuación, se especifican la finalidad de algunas normas: Titulo I Norma I, II, III (Organizar Universidades y Facultades dependientes de ella misma) Artículo 1 hasta el articulo 10 Cuya finalidad es Las finalidades de las Facultades eclesiásticas son:


Cultivar y promover, mediante la investigación científica, las propias disciplinas y, ante todo, ahondar cada vez más en el conocimiento de la Revelación cristiana y de lo relacionado con ella, estudiar a fondo sistemáticamente las verdades que en ella se contienen, reflexionar a la luz de la Revelación sobre las cuestiones que plantea cada época, y presentarlas a los hombres contemporáneos de manera adecuada a las diversas culturas; Dar una formación superior a los alumnos en las propias disciplinas según la doctrina católica, prepararlos convenientemente para el ejercicio de los diversos cargos y promover la formación continua o permanente de los ministros de la Iglesia; Prestar su valiosa colaboración, según la propia índole y en estrecha comunión con la jerarquía, a las Iglesias particulares y a la Iglesia universal en toda la labor de evangelización. Título II Articulo 12 hasta el articulo 20 La comunidad académica y su gobierno. Artículo 11.

Dado que la Universidad o Facultad constituyen en cierto sentido una comunidad, es necesario que todas las personas que forman parte de ella, bien sea singularmente bien reunidas en consejos, se sientan cada uno a su modo corresponsables del bien común y presten asiduamente su colaboración para conseguir el propio fin. Consiguientemente se han de determinar cuidadosamente en los estatutos cuáles son sus derechos y deberes en el ámbito de la comunidad académica, a fin de que se ejerzan convenientemente dentro de los límites legítimamente definidos. De acuerdo a los estatutos se tomen clara y eficazmente precauciones para que la dirección académica y la administración de la Facultad se distingan debidamente del gobierno y administración del seminario o colegio.


Título III Articulo 22 hasta el 30 Profesorado Artículo 22. En toda Facultad debe existir un número de profesores, especialmente estables, que corresponda a la importancia y al desarrollo de las disciplinas, así como a la debida asistencia y al aprovechamiento de los alumnos. Artículo 25. Para que uno pueda ser legítimamente asumido entre los profesores estables de la Facultad, se requiere:  Los Profesores aportan al proceso educativo y a la vida universitaria, además de su competencia académica para crear ciencia y transmitirla, su calidad y madurez humana. Su labor es esencial para la formación integral de las personas que hacen parte de la Comunidad Universitaria y para el cumplimiento de todos los fines de la Universidad.  Los Profesores católicos están llamados a ser testigos y educadores de una auténtica vida cristiana, que manifiesta la lograda integración entre fe y cultura, entre competencia profesional y sabiduría cristiana.  Los Profesores tienen a su cargo las funciones de docencia, investigación y servicio y participarán en aquellas actividades que la Universidad juzgue necesarias para el logro eficaz de su misión. 

Los Profesores deben conocer, respetar y promover la identidad católica de la Universidad, asumir de manera responsable la colaboración que libremente decidieron prestarle y, en consecuencia, aceptar íntegramente los Estatutos, el Reglamento del Profesorado y los demás Reglamentos que rigen la vida universitaria. El proceso de selección de los Profesores deberá ser realizado de acuerdo con los criterios de idoneidad profesional y humana establecidos en el presente Estatuto y los Reglamentos de la Universidad.


Que, si de las evaluaciones periódicas del profesorado prevista en este Estatuto o la reglamentación respectiva, o en cualquier momento surgiere que algunos profesores incumplen los compromisos asumidos en el momento de su nombramiento, los deberes del Derecho Canónico o el Estatuto y Reglamentos que la Universidad les imponga, como asimismo no demuestren la idoneidad moral y académica exigidas, serán amonestados para que se corrijan. Es deber de los Profesores preocuparse de su continua formación integral, y en especial, de su perfeccionamiento académico.

La Universidad proporcionará, de acuerdo con sus posibilidades, los medios adecuados para que los Profesores puedan lograr ese fin. Título IV Articulo 31 al 35 Alumnos Los alumnos deben observar fielmente las normas de la Facultad en todo lo referente al ordenamiento general y a la disciplina —en primer lugar lo referente al propio plan de estudios, asistencia a clase, exámenes— así como en todo lo que atañe a la vida de la Facultad. Es deber de los Estudiantes, procurar el máximo desarrollo de todos los aspectos de su personalidad y buscar la Verdad para un mejor servicio al país y en consecuencia, aceptarán íntegramente los Reglamentos Generales de la Unidades Académicas, del Profesorado y de los Estudiantes que rigen la vida universitaria. De acuerdo a estos artículos en cuanto a la educación católica, tiene como objetivo garantizar de forma institucional una presencia cristiana en la educación superior, frente a los grandes problemas de la sociedad y de la cultura. 

Frente a una reflexión continúa a la luz de la Fe Católica, sobre el creciente tesoro del saber humano, ofreciendo una contribución con sus propias investigaciones.


  

La investigación científica autónoma, constantemente actualizada en el ámbito de las ciencias que cultiva, desarrollada al servicio de todos los hombres, en diálogo entre las diversas disciplinas y dentro del respeto a la visión cristiana del hombre. La docencia crítica y creadora de los saberes que cultiva, según los métodos y exigencias propios de la enseñanza universitaria. La formación de los alumnos universitarios en un profundo sentido ético de la profesión y de servicio solidario en la promoción de la justicia. La formación permanente de todos los miembros de la comunidad en las áreas científicas y técnicas cultivadas por la Universidad, de acuerdo con los mismos principios y orientación. La creación de una Comunidad Universitaria en la que las relaciones estén basadas en el respeto a la persona, la libertad, el amor a la verdad y la caridad propia de un espíritu cristiano. La contribución propia de una institución universitaria de la Iglesia al diálogo y entendimiento mutuo entre la fe y la cultura contemporánea, entre la Iglesia y la sociedad al servicio de todos los hombres, especialmente a los más necesitados.

La Universidad en su tarea de servicio a la Verdad, la Universidad Católica se compromete a integrar con el saber científico, no solo el diálogo entre la fe y razón, sino una preocupación por las implicancias éticas y morales de los métodos y de los descubrimientos, colaborando de esa manera en la promoción del desarrollo del hombre y de la sociedad. En el XVII Congreso Mundial de la Educación Católica 2011 se trató sobre la promoción de valores en la enseñanza “ de acuerdo al padre Ángel Astorgano es precisamente el enfoque de formación de la persona en todos los ámbitos, además de generar más beneficios individuales, igualmente afirmó que “el derecho a una vida digna para todos debe ser el ideal de fuerza que lleve a esmerarse en la educación de las nuevas generaciones” y añade un valor sustancial al papel futuro que la persona debe desempeñar en la sociedad” considera que la escuela puede y debe ser un lugar donde “sembrando semillas de esperanza en el futuro tengamos frutos de emoción, de ilusión y de confianza, sin duda valores que ahora están poco extendidos en la población” expresó también que la educación católica es “una educación de calidad, desde la escuela a la Universidad, porque es una educación en libertad alejada de la imposición de dirigismos desde cualquier Administración”.


Concilio Plenario De Venezuela

Así como en el mundo, la Iglesia católica por su carácter de universalidad, ha estado presente en el devenir histórico de Latinoamérica y por ende de Venezuela. Entre el año 2000 y 2006 se ha celebrado el concilio plenario que ha dedicado entre sus conclusiones y propuestas un documento sobre la educación.

El concilio plenario de Venezuela (en adelante CPV), consiste en la convocatoria que ha hecho la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) como pastores de la grey a todos los miembros de la iglesia católica para analizar las dimensiones de la situación actual; hacer un juicio a partir de la fe iluminados por la palabra de Dios y del magisterio; y proponer unas líneas de acción pastoral como aporte a la construcción de un mundo mejor. Entre los documentos conciliares existe uno identificado con el número 12 que se titula “La Iglesia y la Educación”. Este documento es la reflexión de un número considerable de católicos de toda la nación que han asumido que “la educación es tarea de todos” como lo señala la CEV en el comunicado del mismo título de fecha 10 de julio de 2009.

En el documento sobre “la Iglesia y la Educación” (CPV1), se considera la educación como “un ministerio de servicio al hombre y al mundo”. Este concepto define el papel que ha ejercido conscientemente la iglesia católica en la promoción de la educación y la persona. Como ministerio, la educación es el servicio que la iglesia ejerce en favor de los hombres, es una tarea inherente a la naturaleza de la Iglesia que es madre y maestra.


Para la iglesia, (CPV2) “el objetivo de toda educación genuina es humanizar, personalizar y socializar al ser humano, orientándole eficazmente hacia su fin último que trasciende la finitud esencial del hombre”. En consecuencia, la educación es función esencial de la Iglesia pues su misión es la evangelización y todo proceso evangelizador implica la educación de los hombres, la educación es “don y tarea” a través de la cual quiere dar al hombre según el (CPV 6), “razones para vivir y ofrecer oportunidades para conseguir el pleno desarrollo de sí mismo.”

En base a estos fundamentos eclesiológicos, pastorales, antropológicos, teológicos y epistemológicos, la iglesia define su tarea educativa en conjunto con las iniciativas de otros entes apuntando a la máxima felicidad del hombre que consiste en la realización plena de sí trascendiendo sus limitaciones. La Iglesia siente suya la necesidad de promover una educación que sea

integral,

promotora

de

vida

y

transformadora de la sociedad. Junto a algunas normas surgidas de la reflexión sobre la educación en Venezuela, la Iglesia a través de las conclusiones del concilio plenario se propone el análisis serio de la situación por la que atraviesa la educación en Venezuela, el análisis pastoral de la realidad, la iluminación teológico-pastoral de la misma y la actuación a la que está llamada, sus orientaciones pastorales.

Siguiendo la metodología teológico pastoral, el presente ensayo pretende una síntesis de los elementos subyacentes sobre la educación como tarea evangelizadora de la Iglesia a través de tres momentos: a) Ver: que consiste en el análisis pastoral de la realidad, b) Juzgar: refiriéndose a la Iluminación Teológico-Pastoral en la que plantea la


educación que necesitamos y c)Actuar: en el que descubre los desafíos, las orientaciones pastorales y algunas normas conciliares que contribuyan a una educación de calidad para una vida de calidad.

1. Ver. Análisis Pastoral de la Realidad

Desde los albores de la evangelización, la Iglesia en Venezuela ha asumido una tarea educadora. La educación del indígena, del afroamericano, del mestizo, la creación de centros educativos para varones o solo para mujeres han sido solo algunos de los hechos que evidencian la labor educativa de la Iglesia católica.

Como lo afirma el CPV 9, “la Iglesia ha hecho suya la labor educativa a través de su obra evangelizadora,

creando

escuelas,

colegios,

universidades, seminarios; y sistematizando el acervo lingüístico y cultural de

los diferentes pueblos

atendidos”.

Esta labor educativa se ha orientado en la consecución de los fines y objetivos de la educación en el contexto del desarrollo de los pueblos y de la mejora en la vida de los ciudadanos. Más adelante, en el numeral 10 el CPV apunta: “esta notable expansión cuantitativa ha estado acompañada por la aspiración a una educación de calidad”.

El primer momento metodológico sobre el análisis pastoral se refiere a las luces y sombras presentes en la realidad nacional en lo referente a lo educativo. Por un lado, existe la tarea educativa, la responsabilidad del estado y otros entes, los intentos y la


inversión que se ocupan de la educación pero se constata en el numeral 11 que, a pesar de tantos esfuerzos positivos, y de las posibilidades económicas con que se ha contado, no se ha logrado la cobertura necesaria, ni se ha obtenido la calidad a que se aspiraba. Tanto en la escuela básica como en la media diversificada y profesional comprobamos, más bien, un proceso regresivo que continúa pesando negativamente sobre los fines y logros de nuestra educación, la cual no se ha hecho eco de las corrientes liberadoras pedagógicas de las últimas décadas desarrolladas en América Latina.

Situación tal que se lamenta por la insuficiente disponibilidad de recursos económicos, injusta distribución del presupuesto educativo, carencia de un verdadero proyecto educativo nacional, que integre la pluralidad y que sea compartido por toda la sociedad y que responda a las expectativas y necesidades de las mayorías. Más aún, la figura del estado educador coarta la posibilidad de participación de todos los entes involucrados en el proceso educativo y sesga la educación en un reducto ideológico.

Por tal motivo, la Iglesia se afianza en su acción evangelizadora para hacer presencia en la sociedad a través de obras de educación formal, hacer presencia en la escuela, fomentar la formación para el trabajo, crear centros de atención a los niños y jóvenes excluidos del sistema educativo.

El CPV 61 afirma que “La

Iglesia ha ido creando y consolidando diversas obras destinadas a la educación especial; a la reinserción social de personas en riesgo social: niños de la calle, víctimas de la droga y de la prostitución... Estas obras constituyen un conjunto de iniciativas que dan esperanza a personas abandonadas y abren caminos, y son modelos en la sociedad, para la solución de los problemas”.


Merece especial mención en Venezuela la obra educativa popular “Fe y Alegría” que trascendido las fronteras de Venezuela para arraigarse en el corazón de algunos países del continente como proyecto alternativo de formación integralpara la promoción de los pueblos.

Además de Fe y Alegría existen otras iniciativas nacidas en el seno de la Iglesia católica venezolana como apoyo a la educación de calidad entre las cuales destaca APEP, INVECAPI, y otros centros de capacitación promovidos por diferentes congregaciones religiosas o laicales.

Luego de analizar la realidad de la educación en Venezuela, la iglesia sensible ante las necesidades recurre al planteamiento del deber ser como siguiente paso metodológico, razón por la cual, se plantea un segundo momento.

2. Juzgar. Iluminación Teológico - Pastoral. La educación que necesitamos.

La persona, la doctrina y la obra de Jesucristo constituye el modelo educativo que ha orientado la evangelización por parte de la Iglesia católica en Venezuela y el mundo. El mandato de ir y enseñar recibido de parte del Señor Jesús es muy amplio, abarca la totalidad de la persona, su integridad, su trascendencia, sus necesidades y su expresión de ser en el mundo. En páginas anteriores se ha hecho mención a la tarea educativa de la Iglesia y a su preocupación por la calidad de la formación y la vida del hombre expresándolo en términos de compromiso como lo afirma el mismo concilio en el número 78 “El contemplar la realidad educativa desde la perspectiva de una Iglesia educadora, nos lleva


a resaltar los principios que recogen su doctrina y directrices pastorales para la formación del ciudadano cristiano que necesitan el mundo y la Iglesia de hoy”.

El fundamento antropológico, ontológico, praxológico, sobre el que el CPV diseña las líneas de acción en el momento actual de la educación venezolana parte del mismo objetivo que la Iglesia universal ha definido en la Gravissimum Educationis y que se ha desarrollado en páginas anteriores. Para Venezuela, el objetivo de la educación en la labor evangelizadora de la Iglesia sigue siendo “la formación de la persona humana en la búsqueda de su fin último y del bien de las sociedades”.

A través de este objetivo se propone la Iglesia venezolana la calidad de vida de los hombres y mujeres a través de una educación de calidad que responda según el (CPV 88)“a la aspiración de los seres humanos a realizarse biológica, intelectual, volitiva, afectiva, cultural y socialmente, según su dignidad esencial de seres espirituales y libres, creados a imagen y semejanza de Dios Padre”.

Ocupa un lugar especial en la labor educativa de la iglesia la atención a los más necesitados a la manera como Jesús enseñó a sus apóstoles. Sigue además la normativa jurídica contemplada en la CRBV que define la educación como un derecho de todos y todas. Una educación de calidad surge de la misma naturaleza del acto educativo en el contexto socio cultural enmarcado en un proyecto de nación que incluya a todos los entes responsables de la misma, y, por lo tanto, para el (CPV90), la educación es el mediopara “propiciar y facilitar el diálogo intercultural, como mecanismo capaz de crear un clima favorable que ayude a vivir la pluriculturalidad, en la construcción de un proyecto común


de sociedad y de un país que se reconoce a sí mismo como pluriétnico y multicultural” (Cf. PPEV 11)”. La intención de la Iglesia educadora es la común unidad de los pueblos respetando sus

particularidades

y

su

historia

fomentando espacios de reconocimiento personal mientras se aprende. Así lo interpreta y define en el numeral 91 cuando sostiene que:

“La educación tiene un carácter activo y transformador, y debe ayudar a la persona a tomar conciencia de la realidad en que se desarrolla su vida para transformarla. La educación está destinada a humanizar y, por ello, a transformar la realidad en que vive, o, como dice Pablo VI, a “crecer en humanidad” (PP 15.16.18) y que esté abierta a las relaciones fraternas con otros a fin de fomentar en la tierra la verdadera unidad y la paz (Cf. GE, cap. VII).”

3. Actuar: Desafíos, Orientaciones Pastorales Y Normas Conciliares

El tercer momento de la metodología en teología latinoamericana que es el aplicado por el CPV consiste en la acción. La realidad iluminada por la palabra de Dios exige la praxis, exige el actuar que se traduce en este documento en las líneas pastorales enumeradas como los desafíos que debe asumir la iglesia en Venezuela para dar respuestas concretas de cómo lograr la calidad de vida a través de la educación. Los desafíos que se plantea la Iglesia son los siguientes: 1. Toma de conciencia de que la educación es tarea de todos 2. Renovación pastoral de la escuela 3. Revalorización de la vocación docente.


4. Articulación de esfuerzos 5. Ampliación de la educación alternativa 6. Fortalecimiento de la educación religiosa y del programa ERE 7. Renovación de la pastoral universitaria

La manera como la iglesia afronta la situación para responder eficazmente con acciones acertadas, se desarrolla metodológicamente mediante un cruce de variables producto del análisis. Así, al ser (la realidad) se contrapone el deber ser conforme al dato revelado para definir acciones. La teoría y la práctica se complementan coherentemente al estilo más puro de Jesucristo el maestro, de modo que las acciones pastorales son las siguientes:

1. El primer desafío que se plantea la iglesia a través del CPV es la toma de conciencia de que la educación es tarea de todos. La orientación pastoral ante este primer

reto

consiste

en

diferentes

actividades, tales como promover acciones para despertar la conciencia de personas e instituciones que asuman su misión educadora, la recuperación moral de la gente, el dialogo permanente entre la iglesia y los diferentes actores de la sociedad, la interacción de todos los entes involucrados en el acto educativo. Un elemento que sobresale en el documento en este primer reto es la responsabilidad del estado, la iglesia, los medios de comunicación, la familia, la sociedad.

2. Para lograr la renovación pastoral de la escuela, la Iglesia a través del CPV se propone en primer lugar “desarrollar una propuesta pastoral que responda a las exigencias de la educación integral, animada por el espíritu evangélico de la caridad y que


favorezca iniciativas que estimulen al crecimiento en la fe, compromiso con la transformación de la sociedad y la construcción del Reino de Dios”.

Esta propuesta pastoral implica la participación de la comunidad educativa en las decisiones sobre los aspectos formativos y técnico administrativos, la organización de equipos pastorales que ofrezcan oportunidades de experiencias formativas para una educación en valores,

favorezca el crecimiento de su fe y la experiencia de Dios,

iniciativas formativas familiares para controlar y contrarrestar efectos negativos de la cultura emergente y el influjo indiscriminado de los MCS, inculturar la escuela al entorno y a las riquezas culturales de cada región al tiempo que la inserte en la globalidad del país y del mundo.

3. Ante la poca valoración que hace la sociedad de la profesión docente surge la necesidad de dedicar una atención especial a los educadores para que las orientaciones y acciones pastorales se encaminen a la dignificación de la profesión.

La iglesia ante todo es consciente de acompañar a los docentes para exigir a las autoridades

competentes

atención

adecuada,

formación permanente, condiciones sociales y salarios justos; dedicar mayor atención a la formación de los docentes favoreciendo su crecimiento personal, cristiano, espiritual y profesional para que sean profesionales cristianos ejemplares que den testimonio de su fe en el ejercicio de su profesión.

4. Al interior de sí misma, la Iglesia reconoce la débil interrelación de las organizaciones educativas con otras instancias pastorales, razón por la cual debe ofrecer orientaciones pastorales por medio de los departamentos de educación nacional y


diocesanos, y de otras instituciones educativas de iglesia. Exige a sí misma la articulación de esfuerzos con instituciones educativas oficiales y privadas asumiendo una posición que sea expresión de unidad. 5. Para lograr la ampliación de la educación alternativa, urge iniciativas para la atención integral de los excluidos.

6. Aprovechando las posibilidades que ofrece la legislación venezolana, se busca el fortalecimiento de la educación religiosa escolar y del Programa ERE, lo cual implica organizar y garantizar la formación explícita para impartir la educación religiosa, en los centros de educación superior de la Iglesia y en las escuelas de educación. Moreno (2008) considera que para la Iglesia la educación resulta más humanizadora cuando se abre a la trascendencia. Una sana laicidad implica desde la perspectiva eclesial que el Estado no considere la religión como un simple sentimiento 139individual, que se podría confinar al ámbito privado. La Iglesia y Estado comparten una misma preocupación pero por su naturaleza y misión, la iglesia orienta su esfuerzo en el reconocimiento de la trascendencia del hombre.

7. Como último desafío, le corresponde a la iglesia la renovación de la pastoral universitaria, y, para ello estima hacer presente el mensaje del Evangelio en la educación superior con una pastoral universitaria renovada, e impulsar la articulación de las instituciones católicas dedicadas a ella.


Referencias Bibliográficas

AAVV. (1975). Concilio Vaticano II. Roma: BAC. AAVV. (1986). Código de Derecho Canónico . Roma: BAC.

Congregación para la Educación Católica, La escuela católica en los umbrales del tercer milenio, 28/12/1997, 8. CEV Documentos Conciliares. Concilio Plenario de Venezuela. Caracas 2006 CEV. Comunicado “La Educación es Tarea de Todos” Caracas 10 de julio de 2009 Jacques Delors (dir.), La educación encierra un tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la educación para el siglo XXI, UNESCO - Santillana, Madrid 1996. Moreno A. Pamilys, Relación Entre El Estado Venezolano Y La Iglesia Católica Romana Desde 1964. En: www.Revista Memoria Política No. 12/2008: 124-167 ISSN: 1316712X. servicio.bc.uc.edu.ve/derecho/revista/mempol12/art5.pdf


Iglesia y la educación  

la iglesia y la educación

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