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Reciclar

llaN-

tas Por Andrea Costales

el destino de la mayoría de llantas es ensuciar el paisaje y convertirse en focos de infección. Unas cuantas, sin embargo, tienen una nueva vida y se convierten en objetos funcionales. Una llanta vieja desciende de la volqueta hacia el suelo de una mecánica al norte de Quito. Lleva insectos muertos pegados al caucho, y una vez se sumerja dentro de la pila de basura, se convertirá en cuestión de horas en posada de roedores. Esta llanta tardaría más de 100 años en degradarse. Olvidada a la intemperie, en solo unos días, los factores climáticos la podrían convertir en un foco de infecciones y proliferación de plagas. Según el Ministerio de Industrias y Productividad, el Ecuador importa cerca de

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en ecuador, 25 empresas, aproximadamente, reciclan este tipo de basura. donde la gente ve una pila de desechos o un mar de chatarra, ellos encuentran su principal fuente de ingreso económico.

Al país se importan 450.000 llantas anuales, de estas solo 150.000 se reencauchan. La mayoría son abandonadas en quebradas o basureros, de donde son recuperadas por recicladores artesanales.

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450.000 llantas anuales, de estas 150.000 se reencauchan. La mayoría, como la protagonista de esta historia, es abandonada en quebradas pestilentes y diversos basureros del país. Luego de ser depositadas en estos sitios, su destino depende del azar. A la mecánica en cuestión llegaron unos recicladores artesanales como parte de una expedición para encontrar materiales que luego puedan ser vendidos a recicladoras. En Ecuador, 25 empresas, aproximadamente, reciclan este tipo de basura. Donde la gente ve una pila de desechos o un mar de chatarra, ellos encuentran su principal fuente de ingreso económico. Los recicladores artesanales se zambullen en una colección de residuos sólidos. Y ahí posada en la peña, una llanta sobresale del resto: el textil que lleva por dentro y su acero aún están en relativo buen estado. Compran este tesoro porque, además de vender el caucho, seguramente tendrán clientes que se interesen en la tela y el acero. Regatean el precio con el "maistro" propietario de la mecánica, y suben la llanta a una camioneta Toyota para trasladarla a la Av. Colón y Francisco Salazar, donde queda el centro de acopio de Fui Reciclado, en Quito. Su objetivo es utilizar lonas y llantas desechadas como materia prima para crear artículos funcionales y de calidad. Antonio Portilla, gerente de la empresa, y su socio Takashi Hirakawa comenzaron hace ocho años este proyecto y desde entonces han reciclado 1.600 kilos. Hoy en día, con la colaboración de otras seis personas, han logrado convertir esta iniciativa en una experiencia exitosa. Una vez que la llanta ingresa al centro de acopio de Fui, atraviesa un proceso de clasificación de acuerdo con su tipo de caucho, diseño y labrado. Para facilitar el manejo, se le rebaja el grosor, se corta su estructura original, en función del tipo de producto que se vaya a realizar, y, finalmente, se lava para dejarla lista para la confección.


La empresa Fui Reciclado comenzó a operar hace ocho años. En este lapso han reciclado 1.600 kilos de llantas. Con este material crean artículos funcionales y de calidad que exportan a países como Japón, Estados Unidos y Holanda.

Cada producto es hecho a mano, en un proceso laborioso que requiere, además, paciencia y técnica. Al final, los productos son bautizados con un nombre. La ruda llanta, que alguna vez recorrió miles de kilómetros se transforma en un estuche llamado Cucuyo, un portadocumentos llamado Armadillo o un babero llamado Quilico, con el valor agregado de que, al ser de caucho resistente, hay una buena probabilidad de que duren más que su propietario. Los productos son distribuidos a locales en Quito, Cuenca, Guayaquil, Japón, Estados Unidos y Holanda. La misma llanta que pudo haber terminado en la hoguera, pro-

tagonista de paros y huelgas o enterrada sin lápida en alguna vieja vulcanizadora, ahora podrá convertirse en una maleta llamada Melcocha. Esa llanta, que recorrió caminos asfaltados, otros de tierra, lodo, lluvia y que, seguramente, y más de una vez, fue víctima de la demarcación de territorio por un perro callejero en cualquier poblado suburbano, ahora tiene la posibilidad de volverse la acompañante indispensable de alguna sofisticada mujer cosmopolita en Tokio. En definitiva, el problema fundamental no es la llanta en desuso, sino lo que se genera, o no, a partir de ella. Habrá que ver, entonces, lo que sucede con Melcocha, tras su vida útil.

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