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ZONA CRÓNICA

“Claro jefe, película de seguridad antibala de 170 micrones con certificado incluido”. ¿Qué es un micrón y cuán técnica es la respuesta que nos puede proporcionar la persona que comercializa la lámina? Si bien la tecnología produce hoy exóticos materiales de avanzadas propiedades, la historia del blindaje vehicular es apenas un abrir y cerrar de ojos en el tiempo, en comparación con la milenaria existencia de la pólvora china y el par de siglos con los que cuenta el armamento balístico. Una simple lámina… pero antibala. ¿Mito? La primera idea de un vehículo blindado se remonta a 1485, de la mano de Leonardo Da Vinci, con el diseño de su cono móvil. Sin embargo, su puesta en práctica apenas tiene 100 años desde que los primeros intentos de vehículos blindados hicieran su aparición en la Primera Guerra Mundial. Se trataba de rústicas máquinas de defensa con cañones de bajo calibre, montados sobre los clásicos Rolls-Royce de la época, mientras que los desprovistos estadounidenses operaban sobre los nacientes tanques franceses FT. Para 1939, el desarrollo forzado industrial de la Segunda Guerra Mundial, en cambio, había puesto en escena sofisticados vehículos militares con blindajes y armamentos de mayor capacidad y calibre; esta vez para el brutal ataque a líneas enemigas, al puro estilo de la Blitzkrieg, la guerra relámpago, cuyo principal componente era el famoso tanque Panzer, nombre abreviado de una de esas extrañas y complejas palabras alemanas que significa vehículo blindado de combate y que curiosamente deriva del francés pancier (coraza en español). Es más, muchos componentes de las ocho evoluciones con las que contó el Panzer en toda la guerra provenían de industrias francesas, incautadas por los alemanes, como la fábrica de unos tales hermanitos Renault. En algo también aportaron los soviéticos al final del conflicto bélico a los avances del blindaje que, como toda industria de la época, vio en la guerra un punto de inflexión para el desarrollo de nuevas tecnologías que permitieron la aplicación del blindaje en vehículos de la rama civil y comercial.

Autos civiles blindados. Lo primero que cruza mi mente son esos jeeps Mercedes serie G de Naciones Unidas en circulación por la ex-Yugoslavia, el bendito papamóvil, la cápsula espacial Cadillac One de Obama o, sin irnos tan lejos, los Narcoyotas (Land Cruiser VX) de la era post-Pablo Escobar. Hoy en día, esa lejana e inasequible máquina llamada auto blindado se encuentra cada vez más en uso no solo por la gente VIP, sino también por personas comunes que desean sentirse menos inseguras. Y es que nada tiene que ver el concepto de seguridad que vende el Estado con esa media docena de motos BMW, que cierran agresivamente el paso, seguidas de la Caravana Nissan Patrol Show — todos con medio vidrio abajo para poder ver cuántos guardaespaldas engafados caben dentro—, cuyo desapercibimiento se asemeja al de la bulliciosa chivateca móvil nocturna quiteña, con relación al concepto del ‘bajo perfil’ que reposa en la teoría de los libros de seguridad alemana o israelí. Un auto, a más de ser blindado, debe camuflarse entre el resto y tiene que pasar inadvertido para estar un paso adelante de sus agresores; por ende, tiene que ser meticulosamente preparado al estilo de un Lamborghini ‘bolognese’. En pocas, tiene que ‘volver a nacer’, lo que en el slang de la industria automotriz se conoce como desensamblaje y ensamblaje, un trabajo al detalle, netamente artesanal o de workshop. Así que mientras espera por su blindado en la fábrica, puede tomarse unas plácidas vacaciones veraniegas europeas de entre tres o cuatro meses, o tachar con ansiedad los días que pasan en el calendario mientras maldice a su proveedor por tenerlo a la espera de lo que será su refugio antipánico preferido. En forma paralela, mientras firmaba en el día 1 el contrato y la orden de producción de su primer blindado, se realizaba el pedido a una de las pocas factorías en el mundo especializadas en producir parabrisas antibala de calidad, del grosor requerido y con las mismas dimensiones y el equipamiento —sensor de luz y lluvia— original que montan cualesquiera de los modernos autos del mercado.

El Kevlar es un compuesto capaz de disipar la energia de una de bala y volver a las municiones de una extrana forma aplanada

Por Michele Ugazzi - Fotografía de Alejandro Reinoso Si por casualidad necesita blindar su carro, le contamos cómo escoger entre los siete niveles de protección que existen. El precio de este trabajo oscila entre los 20.000 y 60.000 dólares.

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El material del que está hecho el blindaje tiene la capacidad de generar una onda expansiva sobre su superficie que lo vuelve impenetrable hasta ciertos calibres de bala. Los vidrios tienen varias capas que evitan que las esquirlas toquen a algún pasajero.

Las láminas y los vidrios del blindaje son importados, por lo que adecuar un carro puede demorar entre tres y cuatro meses. El grosor de estos depende del nivel que requiera el auto por ser modificado, que va entre 1 y 7.

El blindaje está directamente ligado a los principios de la física, pues el daño generado por las municiones se basa en la velocidad a la que viaja el proyectil y al tamaño de su calibre. Ahí radican los diferentes niveles de blindaje existentes, según varias normativas mundiales, cuya más común se basa en la sofisticada escala numérica del 1 al 7. La pregunta es: ¿contra qué tipo de armas quiere estar preparado? Junto a la pregunta, Lautaro nos pone sobre la mesa uno de esos almanaques con prácticamente todas las armas jamás inventadas por el ser humano. Con tanta amenaza, el siguiente paso es determinar la clase de armamento existente en el país y de allí seleccionar el nivel de protección deseado. Para los entendidos en armas y para efectos más ilustrativos, un nivel 2 es capaz de soportar desde una 9 milímetros hasta una Magnum 357, mientras que un nivel 3 es inmune a todo lo anterior y hasta una Magnum .44, el arma favorita de los gangs de Detroit. Con el nivel 1, prácticamente descartado para su uso por la poca resistencia balística, estas tres primeras protecciones son blindajes de tipo evasivo, es decir, que entregan a sus ocupantes el tiempo necesario para escapar de la escena del ataque. Un nivel 4, por su parte, ya cuenta con la capacidad de soportar el fuego de un fusil M16 estadounidense o del aclamado AK-47 ruso de los revolucionarios guerrilleros.

en día se conocen más de medio centenar de aplicaciones que van desde hilos para coser, cuerdas, pasando por esquís, neumáticos, chalecos antibala, hasta tanques de combustible de Fórmula 1 y sistemas de aterrizaje de vehículos espaciales como el Mars Pathfinder. De nuevo, la física en juego, el Kevlar es un compuesto capaz de disipar la energía de una de bala y volver a las municiones de una extraña forma aplanada. Genera algo así como una onda expansiva sobre su superficie que lo vuelve impenetrable hasta ciertos calibres de bala. En el caso del acero y el vidrio antibala, la munición, a pesar del gran poder y el estruendo producido por el arma de fuego, simplemente no los traspasa. Es aún más impresionante en las pruebas de impacto ver cómo el vidrio soporta municiones más rápidas que el sonido. Luego del impacto se oye cómo se quiebran las varias capas que se trizan lentamente; toda la pieza en su interior con un último recubrimiento

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Ahora, si quiere el nivel 5, agréguele más de una tonelada de peso muerto a su utilitario repartido entre los dos parabrisas y los vidrios laterales de 2 pulgadas de grosor, los 8 milímetros de acero balístico soldados a toda la carrocería, aros recubiertos con anillos especiales para rodar con llanta baja, y obtenga su propio Panzer personal como para descomedidamente aventurarse por los senderos de su finca agraria, ubicada a los alrededores de Santo Domingo de los Tsáchilas. En este nivel ya estamos hablando de un alto resguardo contra armas letales que abarcan todas las anteriores y hasta fusiles de asalto belgas FAL (Fusil Automático Ligero) con los que cuentan algunos uniformados de la policía nacional y el ejército, y que convierten a su vehículo en un blindado de reacción con el que podrá cómodamente sentarse a ‘echar bala’ a sus atacantes desde el interior sin ser penetrado. A mayor nivel antibala, mayor resistencia, mayor peso adquirido, mayor grosor y sofisticación de los componentes, pero sobre todo, mayor costo. Al ser tan personalizado y sujeto a tantas variantes en cuanto al tipo de material empleado y dimensiones, el blindaje, no tiene un precio fijo, pero en el país oscila entre 20.000 y 60.000 dólares o más. Los materiales empleados son básicamente dos: el acero balístico de entre 2 y 8 milímetros, y el innovador poliparafenileno tereftalamida. ¿Qué? Más conocido como Kevlar, esta fibra fue sintetizada por primera vez en 1965 por el monstruo corporativo DuPont, y hoy

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antiesquirla para evitar cualquier desprendimiento hacia sus pasajeros. En definitiva, para blindar un auto, hace falta algo más que una simple visita a un taller de metalmecánica de alto expertise sobre el tema. Se necesita uno que otro cálculo con base en la relación peso-potencia de su vehículo, mejoras en la potencia del motor, suspensión, poder de frenado, bisagras, motores eléctricos, sistemas eléctricos y de ventilación, entre otras adecuaciones que incluyen uno que otro juguete del agente 007. Es casi como visitar a su oculista para que le diagnostique si tiene miopía o hipermetropía y le recete la dioptría que necesita, con el fin de moldear los lentes adecuados y no ver doble. En este caso, seleccionar los materiales adecuados a base del auto disponible o incluso el auto indicado al material requerido requiere una asesoría por parte de un experto en el tema que le asegure la vida de sus seres queridos y más que nada le ‘venda tranquilidad’. Ahora lo sabe.

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A prueba de balas  

crónica sobre el blindaje de autos

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