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O D L A REYN

A D E RU

S O J E L N A T …Y A C R E C N TA res Ochoa Fotografía: Dolo 92 SoHo

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el décimo mejor entrenador del mundo, el director técnico que tiene a los ecuatorianos soñando con ir al mundial de brasil el próximo año, se confesó con soho, habló del proceso que ha vivido al frente de la tri y de las expectativas que tiene para los juegos que vienen.

Por Esteban Michelena os alargues de esta entrevista

con Reynaldo Rueda fueron telefónicos y en un día inusual: es 31 de diciembre de 2012 y, cuando contesta, en su casa de Cali, se oye la agitación de la fecha. “Estoy contento”, ratifica el director técnico de la Tri. El día anterior ya le habían preparado sancocho de pescado. Y para recibir el Año Nuevo, viajaba a Yumbo, a casa de sus padres. Nada de farándula ni noche larga; este licenciado en Educación Física, director técnico graduado en Colombia y con un posgrado en Colonia, Alemania, es un lector metódico. En esos días, para fortalecer su rol de motivador, estaba terminando Bien hecho, de Ken Blanchard. “Propone que, en las relaciones, se mire primero lo bueno que tiene el otro. Y que desde ahí se empiece”. A cerca de tres años de estar en Quito, aún está conociendo la ciudad. Sabe cómo ir y volver de su casa en Cumbayá a la Casa de la Selección, al Atahualpa quiteño y Casa Blanca, el domicilio de sus directos colaboradores, por ahí restaurantes y los centros comerciales; no mucho más. Hoy, alegra su momento en Ecuador. Porque hacia julio de 2011, el hombre sufrió. Y harto. —En esos días vi una foto suya, aferrado a la mano de su hija Carolina: ojeroso, tenso, agobiado. Yo decía: a Reynaldo no le gusta este trabajo. —No debí haber aceptado venir, ni bien lo de Honduras, a otro desafío como Ecuador: faltó una transición. Sentimentalmente, aún estaba ligado a ese país, que hasta me dio la nacionalidad. Quise un poco de tiempo para dedicarme a mis padres pero, desde que me contactaron en Sudáfrica, Luis Chiriboga presionaba mucho. —Ejecutar su decisión le tomó tiempo y sinsabores. Los primeros pasos fueron en falso y alentaban un tardío arrepentimiento… —Sí. Esas primeras semanas en el hotel, sin vivienda, sin mis cosas, mi espacio, mi familia. Pero Ecuador no es oferta que uno deje pasar: su crecimiento, su posicionamiento en América. Las referencias que me dieron Bolillo, Luis F. Suárez: ellos fueron felices acá. (Rueda no habla de éxito ni de dinero. Le animó saber que sus compatriotas fueron felices. Así de simple). —Como director técnico de las menores de Colombia, ya anduvo por estos lares… —En los Bolivarianos de 2002, estuve 20 días en Ambato. Con la Sub20 recorrí gran parte del territorio en bus: Quito, Cuenca, Machala, Portoviejo, Guayaquil. Recuerdo la vez

que, al mando de Selección Colombia, camino a Alemania perdí (2-1) en Quito: ese clima que el hincha impone en el Atahualpa. —La presión de Chiriboga, la magnitud y promesa del desafío. ¿Fue un lo tomas o lo dejas? —Sí. Ese es nuestro mundo. Y hay un desgaste normal de la profesión: siempre viajando, siempre errantes; vivimos y morimos de fecha en fecha, al pie del resultado. Los aviones y los hoteles se me hacen cada vez más insoportables. —¿Y aún extraña Cali, su gente? —Siempre hay nostalgia: mis padres, Blas Antonio y Orfa, cada vez más viejitos y necesitados de que esté con ellos. Con los años, uno valora más el estar juntos, compartir, hablar, cuidarlos. Ahora los tengo enfermos. Y siento que yo soy su tanque de oxígeno. (Reynaldo es un querendón de sus viejos. Cuando se refiere a ellos, ciertamente, deja notar la devoción y cariño que les unen). —¿Algún recuerdo de esos que acuden cuando los viejos están lejos? —Unos meses nos separamos de mi madre, por el trabajo de papá. Tenía 5 años, me fui con él hasta Barrancabermeja, donde, como transportista, tenía trabajo estable. Mamá no podía perder el suyo y nos separamos. Un tiempo difícil, pero también supuso disfrutar de la alcahuetería de papá y salir del régimen de mamá. Para el décimo mejor entrenador de fútbol del mundo, la familia fortalece y marca diferencia. Da cuenta de su propia línea de cinco: su esposa, Yedith; Alejandra, que estudia Periodismo y Comunicación; Carolina, que se graduó en el Colegio Americano de Quito y estudia Publicidad, y Juan David, que volantea por el medio campo colegial y no tiene definida su carrera. —Les gusta la comunicación y el periodismo. A este ritmo voy a tener que comprar una revista o una editorial, ríe de buena gana. Rueda es un señor tradicional católico por herencia de su familia y la de su esposa. “Lo somos. Y hacemos hincapié en los principios morales que, a mi entender, nos han permitido seguir juntos tantos años”, suscribe. De hecho, su película inolvidable es Kramer vs. Kramer. “Mire, lo que puede hacer una pareja enfrentada”. Aunque él, a la suya, mejor la celebra con los vallenatos del maestro Rafael Escalona. “Así me enamoré y me hice de familia, y el amor de la señora y los hijos”, remata. ESTE LARGO Y HOSTIL CAMINO

Un camino, que inició empedrado, continuó lleno de baches y, en la Copa América de Argentina, casi se vuelve abismo: un solo punto de un torneo que se lo tomó como el referente

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contacto crisis, que es un momento más del hostil camino. Volvimos, nos encerramos con el grupo a ver qué pasó y qué haríamos. Y como pareja, él y sus muchachos se comprometieron con una última oportunidad: el primer partido de eliminatorias frente a Venezuela, en el Atahualpa. Si no ganaba ese juego, al otro día, a Rueda lo maleteaban. Pero Ecuador impuso un 2-0. Y el D.T. compró oxígeno. —Ganar a Venezuela fue el punto de quiebre: los llaneros eliminaron al Ecuador del mundial de Sudáfrica y, perder con ellos, nos sacó de la Copa América. Era, “el” partido: octubre 7 de 2011 marca el cambio: somos fuertes, la afición nos acompañó. DIOS EMPUJA, PERO NO MARCA

El próximo partido de la Tri será contra Paraguay, el 26 de marzo. Un triunfo como locales afianzará a la selección en los primeros lugares de la clasificación para el Mundial de Brasil 2014.

de su capacidad y desempeño en eliminatorias. El naciente proceso se ahogaba en los vacíos que siembran las derrotas. —Coincidencias fatales: perdí a Saritama y Ayoví por lesión; Valencia venía de una para larga y, con Paraguay, me da 20 minutos: entre Torres a los 10 y Ortigoza, a los 19; le dan… ¡en el mismo tobillo izquierdo! Felipe Caicedo venía sin minutos. Son factores que tumban el entorno para trabajar. A Rueda le llovió largo. Y perdió el sueño. Entre julio y octubre de 2011, fue vulnerable por largos y tormentosos días. Encima, el fuerte desgaste mediático por el manejo de las controversias con Felipao y Pedro Quiñones, cuando pudo resolverlas con par telefonazos. “Pero el caso se me fue a los medios”. Y estos ya hablaban de un director técnico con las maletas listas. Al final de Copa América, Rueda estuvo caído. Es julio de 2011 y el primer partido de eliminatoria con Venezuela está a dos meses. En las redes sociales, hay virulentas campañas para que se vaya. En esos días, saliendo de la Casa de la Selección, la policía le retira su auto, por infracción de pico y placa. Nadie lo conoce ni reconoce. El Profe está a la baja. —La Copa América fue la primera convivencia real entre cuerpo técnico y jugadores. Fueron 20 días en que vivimos juntos, como marido y mujer; no viéndonos cada chance, como los novios. Pero no alcanzó y nos fue mal. Fue un mes de castigo, de casa por cárcel. Para entonces, en Córdova, en el Ramada Colón Hotel del Campo, Rueda fue a la habitación de Chiriboga. “Lo mejor es dar un paso al costado”. Al regresar a Quito, primera hora del 15 de julio, el director técnico precisa protección policial y Chucho Benítez tiene un incidente con un hincha. El presidente de la FEF reiteró: “Me he reunido con él hasta la madrugada. Y le he dicho al profesor que el ambiente, adentro, está muy pesado”. Felipao, paradójicamente, es uno de los que le defienden en los medios. —¿Cómo lidia alguien días tan largos? —Las experiencias acumuladas, lo que se ha ido construyendo. Uno debe tener claro que no es casual enfrentar una

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Y, por lo visto, Dios bajó al graderío. Reynaldo es un creyente de fe manifiesta y gran parte de los seleccionados comparten esa devoción, entre evangélicos y católicos. —La fe, la moral, los valores. Veo ahí un patrón cultural entre los muchachos que yo refrendo: es importantísimo tener esa convicción, esa protección divina. Ellos piden volver a las duchas en pie, que no se lesionen. Y uno pide al Espíritu Santo que ilumine esas milésimas de segundo en que se ejecutan decisiones en las que se juega un partido, un proceso, una eliminatoria. —Pero del otro lado también le hablan a Dios. ¿Y él, cómo dirime a quién le juega? (Rueda apenas sonríe. Suspira. Sonríe. Comparece a la pregunta, tipo pase al vacío). —Todo pasa porque Dios bendiga la armonía, la férrea unidad del grupo, la integridad de las piernas. El resto, el nivel de juego, la puntería para mandarla adentro; eso es de acá, de este mundo. Y nos la medimos. —En la Selección no se visualiza aún al gran capitán: el que, con el temporal en contra, emocional y tácticamente sostiene y empuja al resto. —Un capitán es el portador de todo el trabajo del equipo. El nuestro es Walter Ayoví, seleccionado por sus compañeros por su experiencia de dos mundiales y su don de gentes, su capacidad de comunicar. Walter será el gran capitán, si el equipo va al mundial: en ese cargo, aún pesa la memoria de Iván Hurtado. —Su cuerpo técnico: ¿qué espera de quienes compartirán la gloria o el infierno? —Lealtad: uno puede correr en cancha una brillante idea táctica, con los aportes del cuerpo técnico. Pero si no hay lealtad, eso se siente en el ambiente. Yo quiero mucho a mi equipo, que me ha dado pruebas de pertenencia y respeto extraordinarias. —¿Se las juega con ellos? —Cuando renuncié a Honduras, quien recibió la primera propuesta para sucederme fue el profesor Alexis Mendoza, mi asistente técnico. Estaba en todo su derecho de tomar el cargo, pero vino a verme a casa y me dijo que no aceptaría. Ante esos gestos, uno se saca el sombrero. —El camino luce despejado, vamos segundos en la clasificación y con un equipo unido y generoso, supercomprometido con la causa común. ¿Qué hace para evitar desvíos? —Estamos tan cerca. Y tan lejos. Vivimos, todo el país, un momento de gran expectativa, pero no podemos desconcentrarnos.

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La idea futbolística se ha consolidado con los resultados: sabemos qué hacer y que aquello funciona. Pero mucho dependerá de la cohesión, del ambiente de fraternidad, solidaridad y respeto que una al grupo. —Veo ese todos para uno y uno para todos que logró cuajar Bolillo… —Eso de que a un grupo de amigos no le gana nadie está lleno de sentido. Cuando los muchachos subieron los videos estaban diciendo: vamos felices, estamos juntos, cualquier cosa es con todos y contra todos. Y eso lo palpé en el camerino cuando derrotamos a Chile, nos levantamos de un autogol y marcamos de a tres a un cuadro con jugadores que tienen un pasado reciente importante. Lo que pasó en ese partido tenía cualquier cantidad de señales de lo que podemos abrigar y esperar. —El camerino: ¿qué es, qué supone? —Es sagrado: el espacio para la intimidad total de un cuadro. Allí se sufre, se medita; hay tensiones, voces altas. Ahí también se abraza, se reza, se ríe; es el reducto donde solo deben entrar cuerpo técnico y jugadores, y lo que ahí ocurre ahí queda. Pero por malas costumbres de nuestros países, tienen gente de sobra e, incluso, cámaras de video que transmiten lo que pasa ahí; tema con el que no concuerdo para nada. —¿Y los medios? —Necesarios. Pero parece que la tarea está desvirtuada: un 80% es opinión y el resto es investigación, ese valioso imperativo previo a un comentario. Tienen mi respeto y consecuencia, pero no soy de los que se casan: tan importante es su revista como una radio del interior, que llevará su Selección a una comunidad pequeñita. ¿Exclusivas? ¿Cómo así? —¿Qué nos asemeja y diferencia del fútbol colombiano? —Los entrenadores de mi país han contribuido a la superación de su fútbol. Eso puede generar unas formas de hacer y jugar que se consolidaron en tres periodos seguidos, con dos mundiales. Pero la velocidad colectiva que puede alcanzar nuestro equipo alcanza momentos superlativos, memorables. Con un plus: la fortaleza e indiscutible capacidad de explosión, de vértigo que puede imprimir el futbolista afroecuatoriano. —Sí. Hay un aprendizaje, un antes y después de que, desde Dráskovic y Maturana, los jugadores afro no dejan de crecer. Pero hay pendientes: Chucho Benítez no termina de romperla, cuando viste la Tricolor… —A Chucho hay que tenerle más paciencia, enfrenta una especial dificultad cuando debe marcar con la Selección, mientras es goleador absoluto en México. Con él hemos hablado de su papá, Ermen. Y a él le toca ser mejor por largo. —Pero se nota que, armando guerrilla en los 35 metros, potencia su desempeño y el de Caicedo…

—Junto a Felipe, es evidente el tremendo daño que Chucho puede hacer como hombre de desequilibrio, de frente en los 35 metros, donde te voltea defensas. Se han complementado a la perfección y hacen una dupla de miedo. El Chucho goleador está en camino. HASTA BRASIL AÚN PASARÁ MUCHA AGUA BAJO EL PUENTE

—Argentina, como va, parece que en Brasil terminará en fiesta… —Argentina sufrió con Maradona y Batista (cesado al final de esa misma Copa América) el pesar de no hallar un equipo, una idea. Para desgracia nuestra, la encontró justo un sábado 2 de junio: Messi conectó, se destapó y nos hizo de a cuatro. Tiene a Alejandro Sabella, un señor de gran sabiduría y tres generaciones mundialistas: los juveniles que jugaron en Emiratos Árabes, Holanda y Canadá; los más grandes, como Mascherano, Zavaleta; los Lavessi y Agüero, además de Messi. Tiene con qué, pero veamos cómo se arman las series, quiénes y cómo llegan. Hasta Brasil aún pasará mucha agua bajo el puente. —Y un Messi listo a cargarse su propio mundial… —Tiene un recorrido óptimo que él sabrá consolidar y poner a su servicio y del equipo. Este debería ser “su” mundial. —Brasil, ¿cómo lo ve? —Tampoco encuentra el equipo ni la idea y no está acumulando los minutos para que eso ocurra: nunca será lo mismo buscar esos valores en amistosos o en las prácticas. Al jugar la clasificatoria, uno se provee de información de importancia superlativa de cara al siguiente desafío; es un capital que se incrementa cada fecha. —Que no juegue la clasificatoria tendrá su peso específico… —Brasil tiene súper población de jugadores: hasta cinco por puesto; el resto apenas llenamos el cupo. Pero deberá enfrentar primero, ser local: contener y hacer favorable la terrible presión de la que ya es objeto. A medio viaje, Felipe Scolari reemplazó a Mano Menezes. Y, segundo, el no haber jugado la previa: el no haber sufrido, perdido; no caerse, reencontrarse. Acá los cuadros deben llegar bien sufridos, bien zamarreados; compactitos, colectivamente lúcidos. —Tan cerca, tan lejos. ¿Qué le dice a la hinchada? —Que tenga muy claro que, así las cosas se den o no, nuestro grupo está totalmente comprometido, entregado a brindarles alegría, orgullo, ganas de seguir. Sabemos la importancia que tiene el fútbol en nuestras sociedades, todo lo que acarrea. Y que nos acompañen, con paciencia, con cariño, con respeto. Que será difícil que nos saquen y que, en su nombre y el nuestro, no bajaremos los brazos.

que nos acompañen, con paciencia, con cariño, con respeto. que será difícil que nos saquen y que, en su nombre y el nuestro, no bajaremos los brazos.

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Rueda Tan cerca Tan lejos