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PIANISTAS DE LA SELVA

Por Esteban Michelena

Llega y se sienta, saluda, toma aire. Y apenas deja fluir

su voz, Segundo Nazareno nos remite a lo más profundo de la selva y de la identidad afroesmeraldeña. A sus 92 años, este negro inmenso, y dueño de un vozarrón que se podría escuchar en la mitad de un estadio de fútbol repleto, hace un viaje por arrullos, chigualos, alabaos, bambucos y otros ritmos tomados de su propio libro de los secretos. Potencia, gracia, humildad, alegría, inocencia, exuberancia, humedad, lluvia, soles: la música de don Naza conmueve y seduce, traslada y ofrenda a nuestro país una de sus más coloridas y vibrantes señas de identidad, paradójicamente negada, devaluada y, obviamente, invisibilizada. Pero, por fortuna, hoy a salvo y protegida para la historia. El Ministerio Coordinador de Patrimonio presentó De taitas y de mamas, un proyecto de registro audiovisual dedicado a la preservación de la memoria y patrimonio nacional de artistas populares, depositarios de estos secretos y otros altísimos valores étnico-musicales e históricos pertenecientes a diversas regiones del país. El proyecto reviste una importancia inconmensurable: hasta la fecha, increíblemente, no había un solo producto —de tal alcance y factura— no solo para reconocer y devolver algo del valor real que tienen estos músicos ecuatorianos, sino para contribuir a responder aquella vieja pregunta que nos atormenta de vez en cuando: ¿de qué materiales está hecha el alma del país amado? Pues de los que usted tenga y también de estos: los pasillos del manaba Mariano Palacios; las tonadas andinas de Julián Tucumbi; esos violines del amazónico Mishqui Chullumbo; la guitarra y el piano de la selva del ya legendario Papá Roncón, y las voces de Las Tres Marías, desde el valle del Chota.

Imposible reconocer y amar, complicado educar(se), respetar y apropiarse de elementos que hacen nuestra identidad, si no tenemos a la mano las plataformas adecuadas, accesibles y amigables para ese propósito. El proyecto, que transcurre bajo la dirección, el talento y amor al Ecuador sonoro de Ivis Flies, deja saber —al fin con pulcritud, prestancia y calidad— de esos otros “ecuadores” que sobreviven al frenético mundo urbano y contemporáneo. De taitas y de mamas, un documento y una colección de discos altamente valorable ahora mismo, empieza — igual hoy mismo— a tener un valor histórico superlativo: cuando los tataranietos o los panas gringos de Roncón, de Ivis o de Palacios quieran indagar sobre el lejano pasado de los abuelos, tendrán una fuente autorizada y calificada en que inspirarse, y un referente sobre el cual comentar e incluso rendir cuentas. Y este es el otro valor que, si bien no salta a la vista ahora mismo, es crucial: el no tener un acervo musical documentado, debidamente inventariado, registrado y tomado de primera mano de sus propios portadores deja vulnerable este precioso patrimonio nacional: no será extraño que, como antes llegaba cualquier aventurero para levantarse el patrimonio de nuestra flora y diversidad, algún rato caiga otro y saque partido a estas señas de identidad musicales, situación de la que ya ha habido antecedentes. Cuando llega don Naza y libera su voz poderosa, es mejor ponerle atención y respeto: es que, como ya no ocurre con frecuencia ni en cualquier lado, escucha usted los sonidos, la emoción, el sentimiento y los latidos de ese corazón ‘afroindestructible’ que, para alegría y orgullo de todos, como hoy, viene sonando desde tiempos ancestrales.

potencia, gracia, humildad, alegría, inocencia, exuberancia, humedad, lluvia, soles: la música de don naza conmueve y seduce, traslada y ofrenda a nuestro país.

28 SoHo

Edición 123

Pianistas de la Selva  

Por: Esteban Michelena

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