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historias se xuales

Mi despedida Por Lilit Esta columnista mundana y libertina nos hizo soñar durante tres años con los excitantes relatos de sus aventuras sexuales. Ahora, en pleno clímax, pasa esta página y dice adiós. Despedida de una mujer de armas fotograf ía: alejandr a

quin tero ©

Esta noche ven a mi casa, le pedí, sabiendo que estaría sola. Y

cuando estuvimos frente a frente, él me miró con sus profundos ojos de gitano, y me contó, sin acercarse, todo lo que quería hacerme sobre el sofá. Palabras que hace tiempo no escuchaba. Me quedé en silencio, apretando las piernas, mordiéndome los labios. Él esperaba alguna reacción mía para proceder. Yo no podía resistir más, quería sentirlo encima, que me atacara como una pantera. ¿Me dejas que te dé un beso?, preguntó con deseo contenido. Entonces, me puse sobre él, abrí mis labios y mis piernas, y se hizo el silencio. El sexo es el acercamiento más contundente que se puede producir entre dos seres humanos. No hallo una sensación más intensa, ni una imagen que me haga delirar tanto como la que me devuelve el espejo mientras un hombre me penetra. Pero así como es intenso, es efímero. La pasión se va, nos abandona como si jamás nos hubiese conocido. Y nos quedamos esperando con ansias el próximo encuentro, la siguiente remecida que nos emocione hasta los huesos, hasta los gritos. Nada garantiza que el momento se repita, pero cuando al fin sucede, vuelvo a experimentar la noción de estar viva. Por medio del sexo, la naturaleza me recuerda que lato y siento. El otro día leí un tuit que decía: “Por las historias que cuenta, Lilit debe ser una mujer exuberante, con un cuerpo espectacular”. Me reí y traté de convencer a la tuitera de que no es necesario tener un cuerpo de presentadora de programa de farándula para tener buen sexo o levantar al tipo que te gusta. El sexo, como todo, es cuestión de actitud y de feeling. Tener buen sexo no es cuestión de suerte y tampoco de belleza. Es cuestión de libertad mental. No importa el tamaño de los senos o las libras de más o de menos que una pueda tener, ni siquiera importan las estrías, lo que cuenta es saber disfrutar del propio cuerpo y del cuerpo del otro. Y permitir que nos disfruten: sin complejos, sin vergüenzas, sin miedos. 98 SoHo

Muchas veces, las mujeres somos injustas al criticar el desempeño sexual de los hombres. Solemos quejarnos porque duran poco, porque la tienen pequeña o porque no tienen tacto. Pero, ¿y nosotras?, ¿somos buenas amantes?, ¿o tenemos telarañas mentales y tabúes que nos convierten en aburridas compañeras de juegos sexuales? ¿Qué les hemos enseñado nosotras a ellos? ¿O estamos esperando siempre ser servidas? ¿Somos buenas amantes o simplemente usamos el sexo para manipular y controlar? Es necesario que las mujeres se hagan estas preguntas. Es un error atribuirle al hombre la responsabilidad del orgasmo femenino, cuando son las mujeres las que debemos conocer nuestros cuerpos y las únicas que debemos mandar sobre nuestro placer. Lilit es un personaje literario. Nacido de mis entrañas, eso sí, pero tan real como Mafalda o Madame Bovary. Lilit es mundana y libertina, una mujer que sabe disfrutar del sexo y que lo grita a los cuatro vientos. Y eso, en una sociedad tan cerrada como esta, es una rareza. Me he divertido mucho escribiendo esta columna, pero ha llegado el momento de dejar de usar la máscara de Lilit. Empecé hace tres años a escribir la columna. Ha sido un agradable ejercicio de memoria, pues la mayoría de relatos que he contado corresponden situaciones que me ocurrieron entre los 20 y los 30 años. En esa década, viví fuera del país, viajé mucho y me dejé llevar por el loco vaivén de la juventud. Fueron años para experimentar. Tuve amantes de distintas nacionalidades, temperamentos, largos y anchos. A los 23 años, no solo que podía pasar la noche con un guapo extranjero, sino que, si me gustaba mucho, lo invitaba a vivir un tiempo conmigo. Pero uno crece y la vorágine pasa. Ahora tengo 34 años y lo máximo que podría traer a casa a vivir sería un gatito abandonado. Aunque si alguno de ustedes se disfraza de gato y se aparece esta noche por mi puerta, seguro querré acogerlo.

Edición 120


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