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columna invent ario

BOTÁNICA POLÍTICA Algunas plantas se parecen a las personas: se desperezan, tienen hambre, sed, amor. Otras, a los políticos. Eso lo pude comprobar durante una visita a un bosque encantado donde florecen floripondios de cerámica, en la hermosa Cuenca. Durante un paseo matinal de un domingo cálido y de cielo despejado, la amable guía de Alexandra Kennedy, historiadora de arte quiteña, me hizo ver que entre las plantas hay también seres con la entraña torcida y el espíritu demagógico. Un inventario de seis especies vegetales cuyo pasado evolutivo es, seguramente, el mismo que el de ciertos candidatos que conocemos. El eucalipto fue traído al Ecuador por el superhéroe de los curuchupas, el fileteado —perdón, el finado— Gabriel García Moreno, como solución habitacional: su rápido crecimiento y su fuerte madera permitirían la construcción de casas de bajo costo y más resistentes al tiempo, la tempestad y los incendios. El “Un solo toque” del siglo XIX que tenía el plus de oler rico. El curuchupa y medio de ese entonces ordenó plantarlo por miles y se hizo según su palabra. Nadie reparó en el hecho de que el eucalipto absorbe tal cantidad de nutrientes que deja la tierra casi inservible. Igual que esos políticos que llegaron al país con soluciones sacadas de chisteras extranjeras, con armoniosos discursos, pero que no tardan en evidenciarse como un error aún más grave y terrible que el que se quería resolver y, tras sus fugaces pasos por el poder, dejaron al país árido, convertido en un desierto donde apenas florecieron la miseria y la desolación. La susana de ojos negros es una hermosa enredadera, de flores delicadas y naranjas, con un centro negro. Suben por el tallo de la planta que adornan y, cuando ya se han anudado bien en su anfitriona, la estrangulan. Una especie de femme fatale clorofílica, que es el retrato vegetal de esos políticos bien parecidos y sonrientes que trepan y trepan en las sondeos de votos hasta que tienen al

pueblo bien cogido del cogote y, ya ahí, no dudan en ahorcarlo. Me recordaron, además, a la típica asambleísta que “no tiene talento pero es muy buena moza” que gana elecciones, nunca va, pero no deja de apretar la teta estatal. Aunque sin vocación de viuda negra, las bromelias también son enredaderas con alma de político. Crecen desde el suelo y solo florecen cuando logran agarrarse de un tronco ajeno, al cual se arriman sin preguntar. Resulta evidente su similitud con esa subespecie de político oportunista que se arrima al primer palo que encuentran y, gracias a ese respaldo, cosecha elogios y triunfos. Como ellos, las bromelias se quedan en ese tronco hasta que encuentran un palo más fuerte y alto al que treparse. En kichwa, puma-maki quiere decir “mano de puma” y este arbolito lleva ese nombre por asemejarse a la temeraria garra del felino, aunque, a diferencia de esta, es completamente inofensiva. Idéntica a esos políticos que rugen, se abren la camisa y muestran los colmillos, pero que tras bastidores son tiernos gatitos pidiendo su lamida al tazón donde les sirven la leche de troncha, en actitud sumisa y complaciente. La mala madre tiene a su par político (iba a poner humano, pero me entró la duda) en el movimiento pro vida. Esta especie le debe su nombre al hecho de que produce miles de hijos, a los cuales abandona inmediatamente. Es decir, se preocupa porque nadie se interponga en el hecho de que los niños nazcan por borbotones y, una vez en el mundo, los olvidan para siempre. La flor de mayo es una hermosa orquídea que lleva ese nombre en homenaje a la Virgen. Sin embargo, por las variaciones climáticas de los últimos 50 años, ya no florece en el mes mariano, sino en marzo. Tal como sucede a esos políticos que están desfasados en el tiempo e insisten en las mismas viejas prácticas, la misma desgastada retórica y los mismos anacronismos ideológicos, ufanándose del ya casi imperceptible halo de gloria dejado por las guerras ganadas en el pasado.

las bromelias también son enredaderas con alma de político. crecen desde el suelo y solo florecen cuando logran agarrarse de un tronco ajeno.

8 SoHo

Edición 122

por josé María León


Botánica Política