Issuu on Google+

columna invent ario

Amarse como

se aman los bonobos Hay una pregunta trascendental en la vida del ser humano. No tiene nada que ver con política ni religión ni siquiera con fútbol. Esa pregunta es: “¿Soy un bonobo o un chimpancé? Dada la evidencia aportada por la humanidad (bombardeos, matanzas en escuelas, guerras sin justificación, etcétera), es claro que la mayoría ha decidido ser chimpancé. Un inventario sobre las diferencias entre chimpancés y bonobos y su parecido con los homo sapiens: La izquierda erótica. Las sociedades de bonobos y chimpancés son radicalmente distintas, a pesar de que, según un reportaje de David Quammen para National Geographic, comparten un ancestro común del cual, evolutivamente, se separaron hace 900.000 años. La razón para tal diferencia parece ser la ribera del río Congo en que habita cada uno. Sobre la derecha, los chimpancés deben luchar por territorio y alimento con los gorilas, mientras en la izquierda, los bonobos no se enfrentan con nadie. ¿El resultado? Los chimpancés resuelven las cosas por la fuerza, mientras los bonobos lo hacen a través del sexo. Cuánto sufrimiento nos ahorraríamos si resolviésemos nuestras diferencias como los bonobos. ¿Que el Mashi se la tiene jurada a Janeth Hinostroza? Racatapún chin chin y resuelto el asunto; el Medio Oriente, por ejemplo, sería un inofensivo hervidero de lujuria árabe-judía. Fuck you, curuchupa. Los bonobos actúan como “si hubieran leído el Kamasutra”, dice el biólogo Frans de Waal, a diferencia de los chimpancés que muestran “poca variación en el acto sexual”. Las “variaciones bonobas” no suponen únicamente la cópula entre un macho adulto y una hembra adulta en el periodo de celo, sino que incluye guarradas como parejas del mismo sexo, felación, caricias íntimas, esgrima de penes, monta de macho por macho y frotamiento de vulvas entre hembras, en lo que Quammen llama “un torrente de cordialidad febril entre hermanas”. (¿qué dirán los curuchupas de estos peludos sodomitas?). Como en una comuna hippie, estos comportamientos

tienen fines comunicativos: expresar buena voluntad, calmar la inquietud, saludar, aliviar la tensión, vincularse afectivamente, solicitar alimento y reconciliación. Todo lo contrario de los chimpancés, que suelen resolver “las cuestiones sexuales con poder”. Igual que los humanos que han decidido ser chimpancés y quieren resolver, por ejemplo, la cuestión sexual de dos hombres que se gustan y se aman con el poder del dinero y el lobby ante los legislativos del mundo. Bonobas on top. Otra diferencia entre bonobos y chimpancés es que las bonobas ocupan los rangos sociales más altos, una posición que alcanzan mediante contactos afables (como las amorosas tijeretas) y no mediante la formación de alianzas y peleas, como los chimpancés machos. Cuánto cambiaría el mundo si hombres y mujeres gobernantes no actuasen todo el tiempo como chimpancés machos, que se abren la guayabera para mostrar el pecho peludo o que, en su defecto, se aflojan la corbata y piden que los maten. La dieta del bonobo: tirar mucho y... Dicen los biólogos que la conducta de los bonobos se debe, también, a que su dieta difiere en la de los chimpancés en la cantidad de hierba que consumen. Con una fuente inagotable de comida nutritiva, los bonobos no pasan hambre y tampoco tienen que competir por alimento, como sucede con sus vecinos de la derecha. ¿Se imaginan un mundo donde haya suficiente comida sana para todos? Shit happens. No hay que equivocarse, los bonobos no son los hippies idealizados por la cultura popular. A veces pelean y se agreden y, aunque ese comportamiento es ocasional, una agresión siempre deja huellas en la víctima. Afirman biólogos que los bonobos también se estresan, especialmente los machos, que tienen que vivir en el difícil límite de ser muy poco macho (y perder el respeto de sus pares) o de demasiado macho (y perder el favor de las hembras). ¿Y, entonces, qué esperamos para amarnos como se aman los bonobos?

los bonobos actúan como “si hubiesen leído el kamasutra”, dice el biólogo frans de waal, a diferencia de los chimpances.

8 SoHo

Edición 123

por josé María León


Amarse como se aman los bonobos